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3. Pregenitalidad y genitalidad

Cuando Freud escribió La organización genital infantil, la teoría sexual en psicoanálisis dio un vuelco sin precedentes. Creía que las relaciones con el objeto estaban marcadas por la dualidad pregenital y genital, que iba acompañada de aquella otra, Duelo y melancolía.

En términos sencillos, las tesis podrían resumirse así: en la pregenitalidad la relación con el objeto es parcial y la meta es, básicamente, masturbatoria y narcisista. Agregada la dualidad instintiva, podríamos decir también que es básicamente masoquista y no tiende al desarrollo, sino a su evitación. En cuanto a la genitalidad, la relación con el objeto es de identidad separada, se reconoce la complementariedad y la responsabilidad sobre él.

Freud recurrió al concepto de “regresión” para mostrar la dinámica entre lo genital y lo pregenital. El modelo kleiniano hizo dinámica la relación entre las dos zonas al decir que las pulsiones pregenitales y genitales están juntas de entrada, mostrando así que la relación con el objeto es dinámica y que los triunfos genitales siempre pueden perderse y volver a lograrse con un madurativo esfuerzo.

El lazo con el duelo y la melancolía se vuelve paralelo. Si hay duelo, hay evolución y desarrollo, hay posibilidad de establecer vínculos genitales. Si predomina la melancolía, la tendencia desintegrativa tiene preponderancia y la pregenitalidad predomina en las relaciones con el objeto. La teoría de las posiciones viene también a hacer dinámica esta relación, de tal manera que la posición esquizoparanoide es esencialmente agresiva y las pulsiones sexuales primarias son utilizadas para el narcisismo, visto por la autora como básicamente negativo. En la posición depresiva, hay un duelo por el daño y control pregenital sobre el objeto y una mayor conciencia de la propia agresión generada, ahora sí, por el naciente y siempre en tensión amor por el objeto.

Otro vuelco que resume las posiciones freudianas de la segunda tópica es la aparición de las imagos pregenitales, dominadas esencialmente por un superyó agresivo. Las fantasías pregenitales y sus combinaciones edípicas dieron aún más color al cuadro de la inestabilidad de las posiciones masturbatorias, ampliando el repertorio psicopatológico y permitiendo el análisis de ansiedades tempranas en la fantasía inconsciente en la personalidad estable, y personificadas en las relaciones reales de los objetos, que quedaban confundidos con esas fantasías pregenitales, en la personalidad esencialmente inestable. De este modo, pregenitalidad/duelo/fantasías psicóticas pasaron a conformar un eje novedoso del análisis. Si en el paciente estable las fantasías pregenitales invaden la relación objetal, en el paciente inestable, corporizan la relación objetal, dejándola invadida por esas ansiedades tempranas.

La sexualidad en psicoanálisis, por lo tanto, implica una estructura psicopatológica y metapsicológica. Pregenitalidad va unida a la falla del duelo, fantasías edípicas tempranas esencialmente agresivas, un superyó agresivo y destituyente y una proliferación de objetos que no logran unidad. Genitalidad va unida a la posibilidad de duelar, elección de objeto sexual estable y un superyó moderadamente articulado en su agresividad.

Por último, observamos que la genitalidad en psicoanálisis no es sinónimo de heterosexualidad. Puede haber una heterosexualidad pregenital. Lo que cuenta es el funcionamiento. Lo mismo, puede haber homosexualidad con genitalidad en el sentido descripto, lo que cuenta es el funcionamiento.

El punto de vista sexual en psicoanálisis se centra en el funcionamiento mental, en estados mentales, no en las formas en las que la sexualidad se presenta fenomenológicamente.



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