En las supervisiones 14 y 15 de sus Seminarios de Psicoanálisis dictados en Brasilia, Bion, en la particular situación de despegue de su trayectoria psicoanalítica, pone sobre la mesa, a propósito de dos materiales clínicos, ideas fundamentales que estaba elaborando sobre la técnica, el estado de los psicoanalistas y preconcepciones novedosas sobre el lugar de la cesura del nacimiento, la sonrisa y la personalidad. La primera no tan novedosa, la de la cesura, ya la había presentado decididamente en Elementos de psicoanálisis en un capítulo que hace referencia a la suspensión del self ambiental y la atmósfera de privación que reactiva situaciones tempranas; y a nivel del mito, la propuesta de inclusión del bíblico mito originario de la caída del Edén. Ambas teorías dan cuenta de lo impactante de la experiencia del nacimiento. En estas supervisiones se explaya haciendo revelaciones sobre esa base, dejando de lado orientaciones a las que el cuerpo analítico acudiría dado el material presentado, expresado en las correctas intervenciones del analista, que Bion desvía hacia sus nuevas ideas, orientándonos sobre el estado de su pensamiento, muy en discordancia con las aserciones teóricas clásicas.
En la primera de las supervisiones, la 14, la paciente dijo sentirse afectada por algo que había ocurrido con su padre hacía nueve años. Él había tenido problemas con la policía. Nunca más se habló del asunto en su casa, pero ella había seguido el tema por las noticias.
En el comienzo de la sesión, la paciente hizo algo que no hacía habitualmente: miró al analista y le sonrió. Bion une los dos hechos, el que ella le sonrió y la catástrofe de hacía nueve años. Entiende la sonrisa como una primerísima vivencia de comunicación, algo inocente y primigenio. Coloca esa sonrisa como una profunda apertura, como el pasaje de la vida intrauterina a la primera respiración, si se me permite la comparación. El paso de lo eterno a lo temporal, del infinito a lo finito y el descubrimiento de la mirada esencial y amiga. La caída del Edén alega la pérdida y el encuentro abierto como una inocencia y una posición frente al mundo de recepción y agrado expresado en la sonrisa. El estado atemporal se asocia al temporal a través de esa sonrisa. Se ha hablado mucho del grito, pero poco de la sonrisa. Bion, en su optimismo y vitalidad psicoanalítica, suele llenar de esperanza el espacio de la sesión, y pone de relieve la sonrisa.
Asocia –decía– un hecho con otro, enlazando la sonrisa con la catástrofe del nacimiento. Entiende esta situación planteada en la sesión como un momento de crecimiento en el que –subraya– las teorías tienden a obturar una catástrofe que proviene desde el fondo de los tiempos. Detrás de las apariencias, el oído analítico del nuevo Bion propone oír aquella conmoción. Convoca a un psicoanálisis del desprendimiento, una cesura de la experiencia y la teoría. Él cree que esa catástrofe, tal cual lo creía Rank, es un momento central al que se vincularán catástrofes posteriores. Es importante pensar qué quiere decir sobre la sonrisa como hecho paralelo a esa catástrofe. Parecería indicar una conexión íntima con el otro. Un par catástrofe/sonrisa que vincula en su doble vía con la sensación extrema de necesidad y sensación íntima de unidad. Los psicoanalistas –dice Bion– parecen haber perdido esa sonrisa con sus ruidosas teorías. En esa zona de la dualidad manifestada, se llega en momentos aptos, libres de la estructura del conocimiento y de la cultura, a esa emoción de desprendimiento y de íntima necesidad. Una reconducción primitiva que se observa en este Bion anticonceptual, que construye sobre los elementos de la sesión hechos psicoanalíticos, aquello que él considera esos hechos, claramente alejado de cualquier interpretación convencional. Es como si Bion preguntara: “¿Usted, como psicoanalista, puede ver esa sonrisa, o el espectáculo sensorial de sus teorías le impide tomar contacto con esa situación esencial tanto de catástrofe como de sonrisa comunicativa?”. El psicoanálisis de Bion busca esa sonrisa, ese hecho que dividió las aguas de una vida como cesura. Si aún estamos elaborando la cesura como grupo social, ¿cómo reconducir el análisis a esa situación primitiva de separación del self ambiental? En Atención e interpretación –texto que elaboraba en ese periodo–, estudiando las transformaciones de continente/contenido, en el capítulo 12, estudia los elementos de la categoría C de la tabla, mostrando la fila C como una zona en donde establece una cesura entre la narración histórica y la función mítica como imágenes que intentan reorganizar un trasfondo de experiencia. No es lo mismo la narración histórica de la paciente de lo que sucedió hace nueve años o la cesura del nacimiento que la experimentación que recurre a esas imágenes para expresar el trasfondo catastrófico y atemporal de una experiencia emocional. La esquizoidia encubierta en la memoria, el recuerdo se oponen a la función analítica, preparada en el modelo de Bion para oír lo que se encuentra fuera de la expresión organizada. Para él, el psicoanálisis trata con cesuras sin mediaciones representativas. Sorpresas intuitivas, cesuras, captaciones de situaciones nuevas. En la paciente de las supervisiones, señala exactamente eso, que la paciente ya no quiere lo repetido, lo que se espera, y toda su acción sintomática de ausencias y expresiones negativas da cuenta de su necesidad de que se escuche ese trasfondo, el ser/cesura de la situación.
No podemos dejar de asociar esta supervisión sobre la cesura a su propia cesura. Bion realmente estaba disfrutando de la vida. Se había retirado de todo lo que lo hacía reconocible en el mundo, leía a los poetas, y en la tumultuosa Los Ángeles de los setenta estaba viviendo y experimentando ser otro. Atravesando su historia se reconduce y nos reconduce a otros problemas, a los problemas que él piensa que son los problemas del psicoanálisis. Básicamente la elaboración de la cesura y la indagación de la personalidad.
La experiencia del nacimiento es muy diferente a la experiencia del destete. Rank dio en el centro del problema, y Bion, sin mucha discusión, lo retoma directamente. El destete implica una situación secundaria, que en todo caso reactiva aquella primera experiencia impresionante. Ese pasaje es casi el pasaje de la eternidad a la finitud. El pasaje de una experiencia de unidad a una experiencia de procesos de separación. Pero aquella primera vez que tal vez, y esta idea tiene un color del Bion de este periodo, el cristianismo ha intentado expresar en la crucifixión. El pasaje a la temporalidad finita, esa separación del hijo de Dios que se asume como mortal. El destete es una segunda separación, así como la separación del cuerpo materno en el control de esfínteres, así como el pasaje a la lectoescritura y la socialización, etc. Ese primer corte, que vuelve, como un trasfondo con filogénesis en Freud, como angustia de nacimiento en Rank, es lo que Bion trata de analizar. Un pasaje mítico que parece resonar no solo en esta, sino en cada supervisión de Brasil.
En la supervisión siguiente, la 15, se pregunta por qué la paciente se ausentaba de la sesión. Cuál era la molestia con el análisis. El analista le interpretaba que tenía dificultades en relación con él. Bion preguntaba insistentemente al supervisado por qué estaba haciendo análisis. La paciente hablaba de sus cursos de pintura, etc., pero Bion no se encontraba convencido de por qué la paciente estaba en análisis. La insistencia de Bion era un tanto exasperante. Pero iba hacia algo. Decía que había una puerta en la habitación, que la paciente podría irse si lo deseaba. ¿Qué la retenía? ¿Cuál era el motivo de que se quedara? Todas las intervenciones del analista parecían artificios irrelevantes ante su punzante pregunta. Sostiene inclusive que las intervenciones del analista son excusas. En la supervisión anterior, insistía con la angustia de nacimiento y la sonrisa. Aquí nos presenta el otro alfil de su escudería, la personalidad. Bion quiere ver la personalidad del paciente. Por qué hace lo que hace, quién es de verdad. Quiere despejar todas las malezas, todas las convenciones. De eso se trata el psicoanálisis, de despejar todas las convenciones. Bion ya no interpreta en esta época el si viene o no viene con relación al encuadre, sino por qué hace lo que hace. Eso es tan trascendente como el nacimiento o la sonrisa. Ese hecho transmite mucho más que teorizaciones sobre la separación y el Edipo. Bion va claramente hacia otro lado. Está en otro lado y quiere transmitirlo, está realizando una nueva cesura en el psicoanálisis y sabe que puede llegar a ser otro poeta no cantado, como dice incesantemente también en Memorias del futuro en relación con los ignotos desconocidos. Sabe que puede no ser leído, y con razón. Sabemos que se lee poco del Bion del final de su obra. Que ha quedado capturado en sus primeros libros, como Klein quedó enterrada en un montón de identificaciones proyectivas, y poco se elabora sobre su obra ya.
En un momento la paciente dice: “Siempre he sido así, siempre quise ser la mejor”. Y relata un recuerdo infantil en el que debía decir un poema en el colegio y no pudo hacerlo, y de esa forma había defraudado a la maestra. El analista, según una interpretación posible y clásica, le dice que ella quiere ser su mejor paciente. Bion le dice que la paciente no dijo eso. Usted mismo dijo que no apareció en varias sesiones. Yo querría saber por qué la paciente no vino, vuelve a atacar Bion. También me gustaría saber por qué ha vuelto, quién cree ella que es el analista y quién cree que es ella. Yo le diría que ella dijo que usted es aburrido (la paciente había sugerido eso). Eso no se les dice habitualmente a todas las personas, sin embargo, fue capaz de tratarlo a usted como un felpudo. Es una buena manera de mostrar a la paciente su personalidad. Luego de esto, Bion le señala que él cree que la paciente teme que el analista no quiera analizarla realmente. Que ese tipo de intervenciones, como la que el analista le dijo, no van al punto que a Bion le preocupa, que es, como ya sabemos, por qué la paciente está en análisis. La paciente se revuelve porque no está segura de que el analista la esté analizando bien, puede haber allí un enojo y, da la impresión, una pataleta primitiva, que esté indicando mucho más que cualquier argumento representado. Ella no quiere cumplir con cosas que se han elegido para ella, pero que ella no ha elegido. Esta parece ser la revuelta de la paciente. Los pacientes están esperando que nosotros seamos diferentes, que tengamos algún respeto por su personalidad. La paciente está comunicándole algo valioso, y le da la oportunidad de escucharlo si el analista puede entender esa expresión que tienen los estadios tempranos. Bion propone observar, estar allí, dedicar tiempo al desarmado del sistema defensivo hasta que se configure de tanto observar el hecho psicoanalítico. “A mí no me interesa la historia que relata la paciente”, dice Bion, “lo que sí me interesa es por qué ha aparecido y el modo en que ha aparecido”. Hasta ahora la paciente da a entender lo que no quiere. No quiere que vuelva a aparecer una persona que produzca la misma cosa, aburrida, vieja. Si esta paciente sigue yendo con usted, quizás se vuelva más claro por qué está en análisis. Hay que esperar que se acumule el material, al principio impreciso. Las teorías todo lo van a obstaculizar. Tiene que ver lo que ocurre en su consultorio, y para eso es preciso que se desprenda de lo que conoce y vaya viendo lo que se empieza a configurar de los aspectos tempranos.
A veces el paciente se encontrará sin saber qué hacer para transmitir su significado, o el significado que quiere transmitir será demasiado intenso para poder expresarlo con propiedad. El analista se tiene que familiarizar con los hechos que tienen lugar en la sesión, dice en el capítulo citado de Atención e interpretación. La experiencia tiene que observarse hasta que de pronto aparezca la catástrofe, la sonrisa o la personalidad, como en las supervisiones comentadas.






