La unidad funcional cuerpo-mente es un eje freudiano inalienable. Hay una continuidad entre uno y otro, tanto psíquica como corporalmente. Donde comienza lo psíquico hay una base corporal. Donde termina también la hay. No son dos mundos distintos. Son registros distintos. El cuerpo puede ser inundado por fantasías neuróticas o psicóticas. Lo psíquico puede ser invadido por estados corporales y cambiar su rumbo. Es un diálogo permanente. Bion llegó a conjeturar que los estados anfibio-prenatales se presentan con sus formas psíquicas en nuestra personalidad.
La unidad sensorial del cuerpo presta sustancia a los desplazamientos psíquicos. A su vez, la unidad sensorial del cuerpo puede ser invadida por escisiones que le hacen pagar al cuerpo por evasiones de la realidad psíquica. Un cuerpo no registrado puede llevar a que sus funciones naturales sean eliminadas. El dolor, el hambre, hasta el deseo de vivir y su fuerte base corporal pueden ser expulsados de la relación con el cuerpo. Hasta tal punto puede llegar la influencia psíquica en el cuerpo. Y el cuerpo puede enviar señales de deterioro a la realidad psíquica avisando descompensaciones que son representadas en sueños e ideas que lo expresan.
La misma teoría de la preconcepción es básicamente corporal. La preconcepción innata se dirige en el comportamiento hacia algo y solo puede percibir algo. La preconcepción es una dirección de lo humano en el ingreso al mundo. Las direcciones primeras son corporales y psíquicas. Allí se organizan sentidos a partir de sensaciones de catástrofes o de alivio. Se dice que el psicosomático para en algo. Que el cuerpo opera como límite de una desorganización irrefrenable. Nietzsche le decía, si no recuerdo mal, a Paul Rée, su amigo, que lo lastimase para no sentir la decepción amorosa que le causó Lou Andreas-Salomé. El cuerpo es la sede del síntoma, en muchos casos el lugar de descanso para morir. Las enfermedades mortales tienen siempre un contenido psíquico previo que fue o no fue detectado. Recuerdo a un entrenado pescador que, agobiado por problemas psíquicos, quedó capturado por un anzuelo en una corriente intensa del río. El anzuelo para peces grandes lo enganchó increíblemente y no pudo zafar, por lo que cayó en una corriente mortal del Paraná. El pescador pescado. Los hechos psíquicos potencian acciones. Las acciones corporales también pueden ser accidentes psíquicos. Todos quienes lo conocían dijeron que esos meses se hallaba agobiado por una muerte difícil de superar y el cierre inexplicable de su empresa. Nadie pensó que el accidente fuera casual. Las acciones tienen un peso mental visible, que puede expresarse en accidentes.
La preconcepción es física y psíquica. La dirección hacia lo psíquico viene predeterminada, es una dirección. Lo físico y lo psíquico viven permanentemente en una frontera dinámica. Son un péndulo. Ante la posibilidad de inseminación, un paciente no pudo en repetidas ocasiones lograr extraer su semen para el inicio del proceso. El cuerpo se negaba a expresarse o se asociaba a contenidos psíquicos que explorar. Lo mismo, la ovodonación es un proceso físico que trae consecuencias psíquicas que tienen que ser analizadas. El lugar presente de la donante de óvulo puede generar fantasías expulsivas del bebé, como lo he visto en la clínica.
El cuerpo incide en la mente, y la mente, en el cuerpo. El cuerpo no está separado, y el psicoanálisis trata del cuerpo en lo psíquico y de lo psíquico en el cuerpo. Hay continuidad, no hay división. Esa semiótica y culturalista idea importada al psicoanálisis de que el cuerpo está separado de lo significado no es lo que Freud pensaba. El cuerpo expresa como el iceberg del significado una posible significación. Un protosímbolo que pugna por volverse símbolo. Y a la inversa, cuando lo psíquico se desborda, el cuerpo es la zona que frena la desorganización, y necesita ser resignificado con nuevas representaciones. Cuerpo psicosomático y somatopsíquico.






