Trataré de usar un lenguaje coloquial, lo menos teórico posible, para dar cuenta de lo que les quiero comunicar. Luego, en la ponencia de la tarde, extenderé lo que digo aquí con intensas experiencias clínicas. Trataré de hablar con ustedes de las adicciones desde el punto de vista clínico y psicopatológico. Cuando les digo “clínico”, estoy señalando que no hablaré teóricamente. Los hechos clínicos vienen sin nombre en el envase, así que les hablaré así, sin jerga, como un analista que ha experimentado el hecho clínico denominado “adicción”, sobre los problemas que ha encontrado y sobre qué manera he hallado de clasificarla psicoanalíticamente, no como psicosis o perversión o depresión, sino qué elementos he hallado como patrones en un cuadro inequívoco y que lo diferencia de los demás cuadros. Les hablaré como una persona común, tratando de que todos nos entendamos. De manera que, si pasa el taxista, también pueda entenderlo. Así que pueden contar conmigo para no hablar del goce, la envidia y todas esas teorías.
El psicoanálisis es esencialmente una práctica, y las teorías remiten al hecho, pero no son el hecho. No hay adicciones, hay un sujeto que se droga o tiene comportamientos adictivos, y los motivos son altamente individuales y enlazados a su persona y su vida, identificaciones y su sociedad o grupo social. Por lo tanto, las clasificaciones generales solo sirven como estadística, pero igual les mostraré algunos patrones muy generales que he visto.
El punto de vista de las adicciones en psicoanálisis es realmente diferencial. No se centra en el objeto droga, sea sustancia o no, sino en el significado que en la vida psíquica esta adquiere, y también en la personalidad que decide aceptar el ingreso en ese mundo del que será difícil salir. Asimismo, no toda personalidad adictiva ingresa por la misma puerta, y la salida tampoco es por la misma puerta. He distinguido tres modos diferentes de acceder a las adicciones que quisiera compartirles como un aporte original y personal dedicado a ustedes, a ITESO, realmente lo hice para ustedes como gratitud por el esfuerzo que han hecho de dejarme compartir su casa.
Estabilidad e inestabilidad son dos estados mentales que gobiernan el destino de una persona durante su vida. El psicoanálisis ha brindado las herramientas para comprender cómo se pasa de un lado al otro, de la inestabilidad a la estabilidad y de esta última a la otra. Esto quiere decir que algo inestable puede estabilizarse y que algo estable puede desestabilizarse. Lo mismo, alguien puede crecer o decrecer, alguien puede aumentar su deseo de vivir o alguien puede simplemente acabar con su vida. Es algo común, demasiado común, querer vivir o no. Vivir no es sencillo, las oscilaciones de nuestro ánimo, los cambios de la vida, la personalidad con la que contamos, todo son factores. Hay gente sensible que ante el menor problema puede derrumbarse. Hay gente fuerte que, por más que le tiren encima un ejército de inconveniencias, sobrevive, y malherida se cura y sigue.
Para todos estos problemas de la vida, hay remedios y maneras de afrontar las vicisitudes. La fe, la aceptación de la realidad, hay gente que es capaz de ver firmemente la realidad. Hay otros que precisan apoyarse en otros para resolver sus problemas, inclusive culparlos por tener ese problema. Otros viven de eliminar al rival, o eliminarse y aislarse, crear falsas identidades para tapar lo que no pueden o negar quiénes son. Otros encubren su debilidad en la belleza o en algún don que tengan. Es decir, podemos vivir con la verdad o podemos mentirnos hasta el final. Pero, en el fondo, todos sabemos cuál es la Verdad. Sabemos que somos un fraude, o sabemos que ponemos el corazón en lo que damos. Sabemos lo que hemos logrado y quiénes son mejores que nosotros. De la verdad nadie escapa. Salieri sabía que solo era un músico burócrata de la corte y que Mozart era un pequeño genio que brillaba por sí mismo, que estaba iluminado. La pobreza del mundo, la precariedad de la vida, nos permite ver muy bien a los capaces, en lo que sea, pero capaces. Nos permite ver quién es capaz de amar y al egoísta, nos permite ver al justo y afanoso trabajador y al dotado, al que cualquier cosa que haga le cuesta poco. También al talentoso que desperdicia su talento. Todo se ve, todo se sabe. Hay quien puede soportarlo y quien no, pero la única verdad es la realidad. Todo está allí, hay quienes, como los sofistas de la antigua Grecia, desprecian la verdad e intentan taparla haciendo pasar el argumento más filoso por verdad. Y hay quienes, como los socráticos, preferirán morir por ese ideal, aunque el poder les mandase la cicuta o la hoguera. El mundo está dividido así, y no hay más razón que esta.
No parecen estos problemas del psicoanálisis, pero profundamente lo son. Creo que el taxista me está entendiendo. Estabilidad e inestabilidad remiten directamente a cómo la vida es un lugar para vivir o solo para sostenerse, un largo padecer que lleva toda la existencia tratando de encontrar organización interna, o un lugar para disfrutar a pesar de ser seres para la muerte. No es lo mismo la vida del inestable que la del estable. Miren alrededor, mírense a ustedes mismos en los momentos de inestabilidad y sabrán lo que vive el inestable con su desorganización… El estable, aunque pueda caerse por periodos, es extraño que no retorne. El inestable es raro que tenga la meseta de la estabilidad por mucho tiempo, siempre debe hacer una maniobra para reestabilizarse. El estable puede vivir más o menos bien con lo que lo frustra, el inestable tratará de tapar esa frustración con algo, en resumidas cuentas, intentará sacárselo de encima. Se dormirá, beberá, reemplazará a la mujer que lo abandonó por cualquiera que ande por ahí, nada vale ni dura mucho para él. Siempre deberá luchar por mantenerse con esa sombra del derrumbe que le corre. Son dos mundos visibles al clínico. Eso he visto en mi consulta durante 35 años.
Enfrentar la tendencia a morir o a desintegrarse es una tarea ardua. La vida no viene regalada, hay que sostenerla hasta flotar. No todos flotan, como dije, hay quienes viven tratando de no ahogarse. Los invade el agua de la muerte, la pulsión de muerte. Conjurar la pulsión de muerte o, dicho coloquialmente, la tendencia a no vivir, es una tarea que tiene factores que propongo estudiar brevemente con ustedes. Pasar de la inestabilidad a la estabilidad es hallar un tope, como el péndulo que pasa al otro lado y, al volver, debe tratar de encontrar un ritmo, una oscilación. Si se pasa a cualquiera de los dos lados de más, corre riesgo de romperse, como un columpio, hay una velocidad que no se debe pasar. La mente tiene un ritmo. El estable palpa el límite, sabe cómo no pasarse, habitualmente. Puede tener deseos de robar, pero tenderá a no hacerlo, puede tener deseos sexuales con el esposo de su amiga, pero tratará de controlarlo. Sabe que del otro lado habrá consecuencias peligrosas. La pulsión de muerte es peligrosa. Y hay quien ama el peligro o, dicho de otra manera, hay quien ama morir. Les decía que el estable puede pasar la raya por motivos diversos, pero siempre estará consciente de ello, y pagará las consecuencias, todos hemos pagado. El inestable no puede frenar el impulso, va a caer, llevado por una tendencia irrefrenable, cae en una adicción que le destruirá, pero que se transforma para él en un bien, un bien preciado, una forma de vivir. Killing me softly, matándome suavemente, cantaba Roberta Flack. Aunque no lo crean, he observado un gran placer en esas muertes lentas, tan hermosas como la melodía y letra de esa canción. Luego tenemos la versión Kurt Cobain, en Rape me, o en Smells like teen spirit, en la que dice: “Soy peor en lo mejor que hago, y siempre lo seré hasta el final”, “Carga las armas, trae a tus amigos, con las luces apagadas es menos peligroso”. Una ideología de la muerte se apodera del sinsentido, una excitación toma al inestable, es mucho más que depresión, es una depresión organizada en ideas, una búsqueda de la cero tensión, del fin, Nirvana. El bien ha sido trocado, o nunca ha sido logrado. La excitación reemplaza a los sentimientos, el triunfo sobre el mundo de los límites, los duelos, las pérdidas, la verdad del yo, todo queda suspendido en una especie de delirio tóxico. Ya se está libre de las penas y los límites de la vida. Se armarán grupos para ponerse contra la realidad de quienes aceptan no saber, dudar, temer. Una ideología adictiva. El mal ocupará el lugar del bien, una verdadera religión satánica amparada por la propaganda y la diversión, enjoy. Se filtrarán en los grupos y cooptarán a los más débiles, a los caídos del Edén, muchos se incluirán y no volverán, otros podrán hacerlo trabajosamente entre instituciones y analistas y psiquiatras que intentarán retornar al ángel caído. Hay una íntima relación que ha suspendido la ética entre el inestable y el mal. El mal como sistema de pensamiento encuentra argumentos que superan toda ficción. Todos sabemos qué es lo correcto y qué no lo es; sin embargo, cuando el péndulo no vuelve, los argumentos más extraños dan justificación a la actividad destructiva. Un negativismo social organizado en slogans o consignas. “Maldición, va a ser un día hermoso”, dice una conocida canción de un grupo underground muy popular que indica las consecuencias de haberse levantado luego del consumo… El mal invierte la luz de la vida y se apodera de los ojos y la ilusión de vivir haciendo del mundo una tortura que abandonar. Soportar la vida les es muy difícil, y el mal se la hace más llevadera. Señalo esto porque, aunque no lo crean, a pesar de todo, esos mundos privados que los inestables crean son una forma de vivir, de soportar existir, crean un neomundo para soportar el mundo, por momentos estéticos, por momentos violentos y oscuros, pero esos mundos paralelos los salvan del delirio o la depresión suicida, aunque muchas veces incluyan esas variantes o las ejecuten. Pero estamos seguros de algo, si pudieron crear ese paramundo o mundo paralelo, pueden volver en algo, no se sumergieron hasta el final aún, debemos respetar esas construcciones. Precisaríamos otra conferencia para describir esos mundos y sus formas organizadas, porque las tienen… Tendría mucho que contarles.
El mundo del inestable que ha recobrado la estabilidad en el grupo adictivo es un hueso duro de roer. Se escapa del objeto droga. La sustancia se sostiene en una organización con características de mafia que socialmente halla amparo en múltiples actividades sexuales, políticas y hasta grupales y familiares. No puede deslindarse la droga del mecanismo social y familiar de su circulación. La comunidad siempre tiene su lado B, sostener los valores es un trabajo permanente, y el mundo en que vivimos tiene un lado B que el estable ve de lejos, y teme. Sostener la ilusión de la bondad de la vida, a pesar de las pruebas en su contra, no es una tarea educativa, es una tarea de la verdad. Solo el amor auténtico puede enfrentar la desilusión, quien cae lo hace por desilusión. Todos a los que asistí estaban desilusionados. Un adolescente cada vez que ingresaba a la consulta me cantaba “Hey, cruel world, no tenés lo que hay que tener, no necesitamos tu fe”. Una hermosa canción de Marilyn Manson que ha descripto ampliamente esa ideología nihilista, y que brinda a quien la toma un mundo donde vivir.
Siempre me pregunto en qué momento pasó el límite. En qué momento tuvo la curiosidad. Quien se suicida o mata o estafa o ingresa en el submundo adictivo, o incluso psicótico alucinatorio, en un momento pasó el borde. De ese que no se vuelve tan fácil. Es un momento crucial, un pacto con el demonio que no ha pasado desapercibido en los mitos de Fausto o inclusive en la Biblia. Esta depresión disfrazada de manía ya ha tomado un rumbo nuevo, ha encontrado una organización omnipotente que se alejó de la busca de ayuda, llegarán a nosotros por los juzgados, las familias, la psiquiatría, que ya no sabe qué hacer con ellos…
He hallado a modo de síntesis tres grupos de candidatos a pasar del lado de la inestabilidad…
- Los adolescentes, y estados mentales adolescentes en la adultez, que llegan con problemas tempranos irresueltos.
- Las personas en momentos críticos de la vida, duelos patológicos, pérdidas significativas, crisis personales de todo orden.
- Los pacientes con personalidad psicótica constitutiva.
Tomemos a estos últimos para pensar la constitución psíquica de la dificultad de tolerar el dolor, el duelo y la pérdida. En donde la personalidad estable acepta los límites del dolor de la vida y cede hacia lo que la realidad propone, la personalidad psicótica reacciona con omnipotencia. Omnipotencia y omnisciencia, lo saben todo, ellos pueden arreglarlo. Un Dios que no permite construir la torre de Babel se impone en ellos. Colaborar en su estructura psíquica está prohibido, ataca su creencia omnipotente. Él no debe investigar, no debe querer relacionarse con otros para construir un saber. Suplanta el saber por un fuerte impulso envidioso a la realidad, y la negación de la dependencia. Solo dependen de un dios omnipotente sin evidencias de la realidad. Una megalomanía consciente o inconsciente gobierna sus lazos con la vida. Se aislará, y hará su ejército de aliados, o solo se reunirá para hablar del consumo o para atacar a los caretas o conservadores o tontos que aceptan las tareas racionales de la vida. Un mundo sin angustias y controlado alrededor del objeto adictivo se organizará alrededor de toda una identidad tanática y críptica que unirá a los seguidores sectarios de los grupos. Habrá grupos más oscuros, underground, habrá más hedonistas ostentando sus lujos y dinero, los habrá sadomasoquistas, aislados mesiánicos psicóticos, habrá los sociópatas infiltrados en el poder. No es tan sencillo el mal. Se une a los aspectos más destructivos del self, a un crudo narcisismo en busca del trastoque de los valores, y lo peor, se disfraza y se infiltra en los valores. Somos muy vulnerables, es sencillo perder el rumbo, la necesidad de calma, de evasión del dolor es una zona definitoria para todos nosotros.
La sustancia, si bien es un objeto material, confirma la omnipotencia esencial del adicto. La sustancia es lo de menos, la base del sostén de la sustancia es una profunda creencia psicótica en los poderes mágicos de ella y la posibilidad de eliminar la realidad de manera alucinatoria. Bion nos llamó la atención en el final de su vida sobre que detrás de la omnipotencia hay un profundo nudo religioso. Como lo confirman los grupos en que merodean los adictos, la organización que se produce alrededor de ellos es una fuerte organización tribal a la que se le adosan ideologías sin sustento lógico, pero que dan coherencia delirante a un grupo que la necesita para confirmar sus acciones en contra de la realidad.
Bion detectó ese funcionamiento esencial del grupo, lo llamó “grupo de suposición básica” y aisló tres tipos: el de dependencia, el de ataque y fuga, y el de emparejamiento. El primero, el de dependencia, sigue a un líder que genera la ilusión de unión grupal, se tirarán al río con sus familias por el líder, es realmente un grupo muy fácil de detectar. El líder los libera de pensar, él guiará los destinos aunque diga lo que diga. El segundo, el de ataque y fuga, es un grupo oposicionista que se une para atacar la tarea como sea, no importa el motivo, lo central es unirse para justificar la actividad irracional y negar el principio de realidad y atacar la tarea. Un proselitismo negativo los comanda. El tercero es la elite, el grupo único y diferente, los elegidos, la vanguardia de la que saldrá el mesías, y todos participan de ese ritual iniciático; me viene a la memoria el grupo de intelectuales y hipsters que seguían a Jim Jones y que se mataron y asesinaron a sus niños por su mandato. Se los ve arrogantes, muchas veces artistas, derechistas fanáticos, izquierdistas también, que no aceptarán lo relativo del mundo y la necesidad de unirnos para trabajar en tareas mínimas para ayudar y ayudarnos. Son tantálicos, absolutistas, y ellos tienen, por supuesto, la dirección, saben hacia dónde se va. Por eso generan una gran adhesión, hay millones buscando el sentido… No saber, trabajar y aprender de la experiencia es más difícil, y muestra nuestra insignificancia en el mundo actual y en la historia de la especie. Es realmente difícil tolerar, como decía Borges, que toda empresa humana es vana, y que vivir con el sentimiento de perentoriedad sabiendo que seremos chupados por el infinito implica humildad y la aceptación de lo relativo de las cosas. Pero para soportar eso hay que tener con qué… La omnipotencia y la brutalidad son inmediatas y brindan la ilusión de ser especial.
Como ven, el grupo va adosado a la sustancia y a los mecanismos psicóticos. No hay duda de que esta actividad maníaca roza la delincuencia y los paragrupos que se infiltran por doquier.
De estos, los más graves e ideológicos, pasemos al grupo de quienes han sufrido una pérdida difícil, esencialmente débiles en su mayoría, con trastornos en el desarrollo, por abandonos, muertes tempranas, separaciones tempranas de los padres, infidelidades en periodos en donde los padres son los organizadores mentales del mundo, y más, mucho más… Quedan la mayoría de las veces con una depresión que se cronifica con crisis intermitentes, pero con un inevitable perjuicio en el yo. Están prevenidos por lo crónico de sus extensos tratamientos, esos largos 10 o 15 años en que les costó reponerse, sabiendo que ya no serán iguales, como quien estuvo en una guerra, la vida pasa su factura en los achaques y el aprendizaje de vivir con los límites. Adicciones a la comida, al alcohol, a los juegos, a las personas, a sustancias de segunda línea, y más de una vez, caídas en la metanfetamina, morfina y otros opiáceos.
Estos deprimidos hallan en la droga un soporte para su narcisismo, una sustancia que agrega al ánimo un faltante indispensable para que la vida no sea un gris monótono. Se caen sus proyectos, sus relaciones, sus carreras, tardan en reponerse de las pérdidas, tardan mucho, el tiempo del narcisismo puede ser eterno. Su cuerpo engorda mucho o adelgaza mucho. Se aíslan mucho o faltan mucho. Hay un too much que no llega al extremo, pero alguien debe rescatarlos, solos no se dan cuenta. Son rescatables, y por suerte siempre hay quien precisa a los débiles, aunque sea para sentirse más fuerte o útil en algo. También, a veces, hay gente generosa que los despierta de su largo sueño. La medicación psiquiátrica es muy útil para ellos, los grupos de autoayuda, la fe. Todo brinda el equilibrio faltante. Se pegan como babosas, como un peso muerto, su mundo simbólico está empobrecido, como su interés. No hay dinámica ni sueños. Solo esperan como hojas al viento. En psicoanálisis los llamaríamos “anal pasivos”. Que una cita de Tinder les falle puede ser el comienzo de la borrachera o el juego compulsivo, o la salida sexual prostituyente. Pasan por la puerta y el primero que pase se los lleva. Ni hablar si son chicas bonitas o jóvenes apuestos. Con este cuadro están en serios problemas… El mundo es un lugar lleno de problemas para ellos… No comprenden en ese momento los códigos, y créanme que afuera siempre hay alguien esperándolos, es como si hubiera un espacio activo esperándolos, es asombroso, pero siempre hallan en la puerta a alguien que los hunda más, lo contrario es más difícil… Como el pájaro carpintero halla su árbol para picotear, afuera hay gente esperando su oportunidad para llevarlos y aprovecharse de su desesperación… Qué desdichada es la vida de estos pacientes que han perdido la orientación, no pueden separar lo peligroso de lo no peligroso, no pueden distinguir a alguien bueno de alguien que lo parece, en el mejor de los casos se internan en mundos ultraconservadores aterrados de la maldad de la vida. Fácilmente se vuelven racistas o ingresan en el club del rifle. Ante la falta de criterio, estos inmaduros confusos ven como peligroso cualquier hecho, e increíblemente caen en las manos de estafadores o mesiánicos que vuelven a meterles en serios problemas con la sola ilusión de seguridad.
Por último, llegamos a ellos, quienes más preocupan, nuestros púberes y adolescentes. Sobre ellos se libra una extraordinaria combinación de hechos. Cuántos caen… Qué fácil que es… Qué momento de la vida más dificultoso… No son niños, no son maduros, y tienen que ingresar con sus incipientes orientaciones a un mundo que les espera, irse de un mundo del que se van, su hogar, hacer de cuenta que pueden hacer cosas de grandes, entrenarse en ser alguien que no son… No hay quien esté preparado para esto… Solo tienen la inocencia y la inconsciencia, qué lindos dones, salvo que deben ingresar al mundo que les dejaron los adultos, que no es un lugar muy grato para el desarrollo de la vida, y, sin embargo, deben creer en líderes y autoridades para apoyarse y crecer.
La oferta del universo y sus dificultades de aceptar que en el mundo hay niños y jóvenes, desgraciadamente, fueron descubiertas tempranamente por muchos de ellos, a través de exposiciones sexuales tempranas, violencia física, abandonos o pérdidas casi irreparables. Ya entienden que el bien y el mal tienen una batalla en la que no creen que pueda triunfar del todo lo justo. No han podido tener suficientemente su familia idealizada, o, como dice Stephen King, vivir más tiempo en la Atlántida, me gustaría contarles esa historia que relata alguna vez. Pobre de ellos, los que acceden a la dura verdad de ver lo real sin aún estar mentalmente preparados. Como en la película La vida es bella, el padre cubre al niño de la verdad tremenda. Sabe que al niño no podemos quitarle la ilusión, que los padres y la sociedad con los adolescentes se deben hacer responsables de la crudeza de lo humano, pero la vida solo a veces es como en el cine. Algunos tipos de familias brindarán una vida de country, de barrio privado en donde se recrea una ilusión de seguridad, otras se las verán con la crudeza cara a cara, juntando los pesos para vivir e intentando tener un espacio distinto para los niños, otras verán en el irse de México o Argentina o Brasil una salida hacia un mundo mejor. No importa lo que hagan, pueden ser hippies que amen a sus jóvenes e intenten darles un mundo mejor. Ese deseo de los padres será esencial para ingresar a la adolescencia y contar con una familia idealizada dentro.
Desde allí parten los chicos, y parten hacia el grupo, porque el adolescente sin el grupo no es nada, deben salir de la familia para hacer su identidad. Y allí, en el grupo, no todos sobreviven, quien no cuente con ese espacio de ilusión se las verá difícil. Nada hay tan dificultoso como un grupo, y allí deben morar unos cuantos años. Por lo general, se encontrarán con líderes no positivos. Los adolescentes débiles son esperados por los jóvenes psicopáticos, ni que hablar de los perversos cuarentones que merodean las escuelas. Ellos, para los jóvenes que no han hallado su sostén interno, son la puerta de entrada a un mundo adulto desconocido. Hay muchos libros y películas sobre el tema y, claro, nuestras propias vidas. Los seres oscuros son los que saben qué hay en el mundo desconocido. Son los que saben sobre el dinero, el placer, las mujeres, los hombres, la sexualidad y, obviamente, las drogas. Esperan a los jóvenes débiles afuera… Para ejemplificar esto, comentaré un episodio clínico.
El hijo de 16 años de un psicoanalista me consultó por problemas con el consumo. En realidad, me consultó el padre por problemas con los amigos del joven, quienes le resultaban inquietantes. El jovencito lo hizo por problemas con el consumo de sustancias. Ya ahí tenía un problema, dos problemas, tres. El padre era psicoanalista y no estaba al tanto del consumo de su hijo. Qué hacer con esto. Ya vería… Por ahora tenía tres problemas: el consumo, los amigos y un colega, creo que este último era el mayor problema. No hay nada peor que un colega mirándonos teniendo nosotros una importante información.
Juan era un hermoso joven, vital, apasionado y, por supuesto, si es argentino, futbolero. Era simpatizante de un club del ascenso, Defensores de Belgrano. Era un club que llevaba gente de clase media alta. Había ingresado por un amigo con la barra brava, compuesta básicamente de adolescentes y dos o tres hombres de mala vida, los cuarentones. Juan venía muy golpeado por una dura separación de sus padres, hecho que había llevado parte de su periodo de latencia y el ingreso a la pubertad. Estuvo perdido, por suerte entre abuelos y algún amigo del padre, que fue de paso quien le dio el amor por Defensores de Flores. Defensores de Flores se ofreció como una familia, y lo es en parte, conozco bien al club, pero en toda familia pasan cosas… y claramente el club se transformó en organizador de sus días, los partidos de fútbol, entrenamientos, etc. Allí comenzó a llevar paquetes que le daban los personajes oscuros a lugares, que se imaginan de qué se trataba. Allí le metieron la cocaína como modo de socializar, las chicas prostituidas del grupo, allí se pescó la sífilis y ni que hablar de la marihuana y el alcohol. Una familia especial. Comenzó a tener los obvios problemas escolares y todo lo que sabemos. Juan era un joven decididamente sano, débil y en crisis. La familia idealizada, tan necesaria para vivir, había caído en el peor momento. Este joven no hubiese ingresado en este problema si no hubiera sido por esa desilusión. Era y es hoy un joven estable que ejerce la abogacía y va en camino de su primer hijo.
Cuatro episodios del tratamiento analítico:
- Habiendo descubierto el sistema grupal parafamiliar de Defensores de Flores, se fue construyendo en la relación conmigo una familia idealizada en reparación. Eso incluyó hablar al padre de la situación, confesar que el abuelo lo estaba usando como dealer, mula, cada vez que iba a su casa de La Costa. El grupo mafioso logró que Juan pusiera bajo el asiento del abuelo drogas varias para traficar en la zona vacacional. Juan llegaba antes al lugar vacacional, sacaba la droga y la vendían.
- La mayor crisis de Juan no fue dejar el consumo –como era un joven desilusionado, eso tardó cinco meses, casi sin intervención médica–, sino el grupo que se volvió interna y externamente una persecución. Interna, porque una parte de él estaba agradecida por esos años maníacos y también familiares, por lo tanto tenía culpa y un sentimiento de traición. Externo porque el grupo no era justamente un culto a la comprensión y empezó a sentirse amenazado por la salida cautelosa de Juan.
- En el final de una de las sesiones, bajé a abrirle la puerta de salida y allí estaban… unos diez simpatizantes de la barra brava de Defensores de Flores. Con una sonrisa de Guasón, me miraban y se reían. “¿Qué dice, doc, anda bien el pibe?”, me preguntaron. La amenaza era clara. En el análisis se filtra el campo social de manera directa muchas veces. Claramente, yo tenía información analítica que era amenazante para el grupo.
- Sin entrar en otros detalles, Juan debió salir del país para culminar su escuela secundaria y, como dije, todos fuimos lo suficientemente inteligentes para llevar adelante, como una familia, la situación.
Este ejemplo muestra el valor de poder distinguir los tres tipos de acceso al consumo que he hallado y me parece importante diferenciar. Vuelvo a recordarlos para terminar:
- Los adolescentes que llegan con problemas tempranos sin resolver.
- Las personas que han atravesado crisis o pérdidas difíciles de reparar.
- Los pacientes con personalidad psicótica de base.
Espero haber contribuido con esta descripción al pensamiento y la práctica de ustedes. No es mucho, pero lo he hecho con deseo y pasión por comunicarnos sobre este serio problema que es parte de nuestras familias, nuestra vida y nuestro difícil y amado mundo. Gracias a ITESO, la APG y a Guadalajara, a todos ustedes y al taxista.
- Conferencia inaugural en congreso sobre adicciones en ITESO, mayo del 2024.↵






