Imágenes y conceptos
El individuo orgánico se produce a sí mismo, se hace lo que es en sí, e igualmente, el espíritu es solamente lo que se ha hecho consigo mismo, y se hace consigo lo que es en sí.
Hegel
Decididamente, Bion estableció que la fila C de la tabla es la fila en donde sucede el psicoanálisis. La ubicuidad de la imagen, la variedad limitada y no infinita que presenta, permite visualizar una serie de problemas que se observan en el análisis como hecho seleccionado.
Como analistas prácticos, sabemos cómo ordenan el trabajo las escenas, los sueños y las narraciones. La sesión no es la misma si podemos discurrir entre imágenes a cambio de detenernos en lo que el paciente dice.
La fila C está asociada a la representación-imagen freudiana, al preconsciente, al primer preconsciente. El momento en que la imagen retiene su relación directa con lo primitivo. Pero no solo eso. La imagen, que Bion ubica en la tabla asociada al mito, contiene parte del recorrido de la especie, modos de funcionamiento mental preverbales, que nos remiten al estado en el que lo universal encuentra experimentación viva en el objeto particular. Así como el embrión es una reproducción desde el comienzo al final del desarrollo de la evolución, la imagen está relacionada con el grupo, con la filogénesis; por tanto, es una producción individual y grupal, y cumple una función mítica.
La fila C de la tabla implica una evolución del pensamiento. Es el momento en que lo individual y grupal se unifican, el momento en que comprendemos que nuestro mito individual, finalmente, castración mediante, está unido al mito de especie o, dicho de otra manera, a la comprensión de que nuestra historia personal es una historia más del grupo atravesada por nosotros según nuestra personalidad, nuestras identificaciones, y finalmente la comprensión de que, al fin y al cabo, es otra simple historia más, como dirían los estudiosos del mito, el paso de la tragedia a la comedia.
También, la fila C en el origen es el sueño, la función alfa primitiva a la que debemos dirigirnos si queremos recobrar el sueño primario del cual provenimos.
La fila C implica la captación imaginativa de la verdad, un pensar especulativo que suplanta al concepto. Hegel llamaría a esto “devolver al mundo prosaico la conciencia de su idealidad intrínseca”. Hay un intercambio dialéctico con un fin objetivo, guiar el sentido del material analítico. El sentido no puede provenir de los conceptos, sino de una unidad entre los universales y el objeto de la experiencia, pasando previamente por el mito personal. La fila C, el sueño y sus formaciones visuales y auditivas, pero sobre todo visuales, ayudan en esa búsqueda. La imaginación del drama presentado se despliega, como ya lo señaló Bion en Elementos de psicoanálisis, en una personificación, con su fondo vital como centro. La idea de personificar acompaña a la de experimentar en un presente. Una ingenuidad y cercanía que el concepto ha perdido y que la imagen evoca. Condillac, a quien Bion cita en el capítulo XVII de Elementos…, sostiene que debemos ubicar la percepción unida a la imaginación y la memoria al nombre. Sin memoria significa olvidarnos de la representación, la memoria del nombre, con el fin de recobrar la imaginación de la percepción, la cercanía experimental en donde nació el concepto que guarda la memoria. Recobrar la especulación de lo percibido. La percepción no se puede extraer de ningún discurso. La percepción se posa sobre los objetos y genera la impresión. Esta impresión es lo que Condillac llama “conciencia”. Coincide con el paso de dato a impresión descrito por Bion en Aprendiendo de la experiencia y en su citado “sistema percepción conciencia freudiano encargado de percibir las cualidades psíquicas”.
Nos identificamos con series, películas o narraciones de esa manera, a través de historias universales que versan sobre el mito y diferentes modos de atravesarlo. El componente global del mito, la sustancia arquitectónica, es extraído de la historia de la especie y –dice Bion– de las historias que han sobrevivido dando imagen a nuestro destino. El mito es parte de la autoconciencia, existencia autocontenida, que abarca tanto lo que es como su autoconciencia, y su potencial devenir. Este último depende directamente de la experiencia del sujeto, de lo que decida sobre ella.
En síntesis, del mito como determinante filogenético pasamos al mito como etapa encarnada en la identidad, para luego intentar llegar a una etapa de simbolización y realización en la fila C. El análisis obtiene las formulaciones de ese recorrido, y el paciente, con el mito revivido, dramatiza y piensa con el analista la escena, y establece o no transformaciones.
En la mayoría de las tragedias clásicas, el mito se experimenta en el segundo momento, en el de encarnación del mito, ello desencadena la acción trágica, como podemos ver en Edipo o Hamlet. El relator, sea Sófocles o Shakespeare, expresa en el texto la capacidad de universalizar un drama humano. La función analítica cumple esta misma función. Del paciente depende la posibilidad de sustituir identidades por pensamientos. Pasar del mito personal al mito grupal.
Bion detectó entonces tres fases del mito. La preconcepción del complejo de Edipo, el mito individual y el mito racial, o el mito como pensamiento.
La preconcepción del complejo de Edipo. Segunda tópica, Freud, Klein y Bion
La posibilidad de conocer está centrada en una estructura edípica inicial. La personalidad se enfrenta en el conocer a la problemática edípica. El mundo mismo es una terceridad que debe enfrentarse, que confronta la omnipotencia y nos obliga a tomar decisiones tempranamente. Ese eje es la sustancia de la especie, una conciencia inmediata de la noción de soledad, abandono, muerte, exilio y confrontación con lo desconocido. Esa es la preconcepción del complejo de Edipo. Bion la introduce especialmente para resaltar el rol del superyó primitivo que queda de relieve, exageradamente, en el campo de la psicosis. Allí no puede realizarse la unión de los sentidos y la realidad, los ojos no pueden unirse con la visión, la voz con el oyente, el oído con lo escuchado. Se fragmenta la relación, lo que une, por un dios que no permite la unión. Esa gráfica visión que Bion utiliza a través de los mitos del Edén y Babel, más adelante en las excavaciones de Ur, nos ubica frente a la imposibilidad de unir la preconcepción con el objeto de su unión.
La personalidad, o este superyó primitivo que se revela en ella, esta personificación de la pulsión de muerte, deja en evidencia el fracaso de la preconcepción edípica, a la vez que la enuncia. La preconcepción es vacía, pero con un grupo de orientaciones básicas en estado de espera. Esa espera, ese vacío que necesita de la imagen y la relación para ser vista en cuanto preconcepción y en cuanto realización, es lo que el psicótico invade. Es un elemento esencial que pone en evidencia la conciencia de especie y la personalidad que la experimenta. La personalidad es un eje central de esa preconcepción innata.
Freud pensaba lo mismo. En la segunda tópica, la filogénesis y su dualidad incesto y amenaza de castración operarán como una disposición filogenética que llevará a unirse edípicamente al mundo o al suicidio incestuoso. Melanie Klein, su más ferviente seguidora, relacionó el conocimiento filogenético con la comprensión del vínculo sexual entre los padres y señaló tempranamente en el capítulo ocho del Psicoanálisis de niños la deformación en imagos de la relación real de la pareja conyugal. La pareja, debido a la presión instintiva de Tánatos, presenta un carácter agresivo que, desde la temprana filogénesis, dificulta la relación, debido al terror y la puesta a prueba del yo frente a los celos primitivos y asesinos. Freud apoyó esa idea en su contemporáneo El malestar en la cultura. Klein también, siguiendo a Freud, toma como origen de la ansiedad filogenética al padre de la horda primitiva como inhibidor de los instintos. Descubrir la relación, y sobre todo el pene del padre, revelaba el nexo entre el padre totémico, su prohibición –la del incesto– y el odio parricida asociado a ese freno. En ese sentido, el padre de la horda es una defensa frente a la pulsión de muerte. La desintegración y el orden del padre primitivo habilitan el trasfondo mítico de preconcepción.
Bion, heredero de esa pareja combinada, concibe a la filogénesis con ese trasfondo, pero remarcando el papel del superyó primitivo –que tiene un origen diferente al de Klein, pero lo dejamos para otro momento–, y además, subrayando el papel innato de la personalidad. En la preconcepción edípica de Bion, la personalidad es decisiva en el atravesamiento de este primer momento. La personalidad, intuitivamente, conoce la terceridad, se experimenta como personalidad en la experiencia de ella, y toma una decisión en cada experiencia con ella. La experiencia del mundo a través del objeto se reedita en cada contacto con la realidad, especialmente en la sesión analítica, en donde tenemos la oportunidad de analizarla. Como vemos, la preconcepción del complejo de Edipo tiene una fuerte apoyatura en la segunda tópica freudiana. Como en tantos otros aspectos, Bion está profundamente relacionado con Freud y la profundización de algunas de sus postulaciones.
El mito privado
Del mito inicial relacionado con la preconcepción, pasamos ahora a la historia personal del mito. Ella depende de tres factores visibles: la experiencia, la personalidad y las identificaciones. La forma en que la preconcepción cobra identidad recorre estas tres variables. Es un momento constitutivo de la organización mental, una unidad más o menos rígida que da coherencia al sentido e ideales propios y que constituirá el eje del psicoanálisis en cuanto a su desenmascaramiento. Establece una lógica en donde antes había un vacío. El mito es personificado y vivido en pasión. El mito privado arrastra conductas y creencias sobre el sí mismo, sus objetivos, sus ideales y las problemáticas que acarrea la posición frente al mito privado. Todo lo que sucede en el mito opera en el territorio social de sus escenas. Nada está libre del mito, vivimos en el mito. Puede ser una vertiente parricida, una incestuosa, una vengativa. La narrativa de lo inconsciente y del yo está estructurada como mito. Qué protagonista somos es uno de los ejes del psicoanálisis, qué drama opera como escenografía. Como en todo mito, las escenas varían y nos podemos hallar en diversas zonas del mito según lo que en la experiencia esté sucediendo. Bion insistirá en que la tabla contiene usos del mito o el mito entero. El uso del mito según la hipótesis definitoria constituirá la narrativa de cada sesión, de cada situación edípica expresada en ella. La utilización de las variantes míticas que acompañan a la preconcepción edípica es tan numerosa como el analista necesite. Puede usar el mito de Fausto si le gusta más que el del Edén, o el de Medea si quiere ampliar el rol de la mujer que mata a sus hijos, Antígona para expresar el ideal ético frente al poder del superyó. Los mitos utilizados por Bion son los que pertenecen a su propio mito e historia, lo mismo que las elecciones o construcciones de Freud. Cada analista tiene sus mitologías sociales y personales que pueden reemplazar al mito del Edén o Babel. Lo central es comprender que la estructura edípica como preconcepción es un fundamento clínico del conocer, una disposición. Puede utilizar como modelo a Trotsky para dramatizar la persecución fatal de Estado a quien persigue el ideal a cambio de Edipo. También a Cristo para la misma función, o para indicar la soledad frente al abandono de Dios. Tótem y tabú puede ser reemplazado por Los hermanos Karamazov de Dostoievski o El rey Lear de Shakespeare para modelizar la guerra fratricida y parricida. Los comodines míticos sostienen un trasfondo edípico inevitable. De la misma manera puede usar a Noé para pensar en el sujeto creador y los conflictos que acarrea el problema mítico de la fundación. El mismo Edipo puede usarse para el aspecto no explotado suficientemente del error de origen, Edipo no sabe quiénes son sus padres, parte de una falla esencial con relación al origen, que finalmente es la falla de todo origen y fin. En eso se basa cualquier racismo o aristocracia, en negar la falla de origen. La predestinación de Edipo y la culpa originaria que arrastra serán su rebelión. Vital, Edipo se opone a su destino, puede ser ciego frente a él, pero le anima como héroe trágico a la liberación del superyó obstructor que quiere afirmar su pasado como sentencia. Libre pero criminal. El analista puede ver en el mito personal los problemas universales. Pero esencialmente sabe que el mito personal es una manera de frenar simbólicamente la falla de origen y abandono que marca a todo ser humano. La preconcepción edípica se sustanciará en la idea de que nadie sabe de dónde viene, y cuando tiene la ilusión de saberlo en el mito personal, sabe que se dispersará y deberá partir hacia un lugar que remite inexorablemente a la muerte. Las identidades son el soporte de una base fallada. Sirve para vivir en tanto no obstruya la preconcepción, que es un conocimiento de pérdida inicial o soledad y de muerte final, de exilio. El mito personal dará narrativa a ese problema esencial en sus personificaciones.
La clave del mito privado es la creencia en acto que sostiene. El sujeto encarna un mito sin relatividad. La ceguera trágica de Edipo comanda la acción. Podemos ver allí una interpretación particular de Bion sobre la arrogancia de Edipo. Bion toma de la arrogancia de Edipo el impulso a conocer a cualquier coste. Es llamativa la elección, ya que su arrogancia es a la vez su ceguera. No puede oír lo que Tiresias le señala. Defiende su posición con la tragedia. Hará lo que hará, llevado por un impulso fatal. Esto rescata Bion como eje investigador de Edipo. Resuena siempre el eco de la arrogancia de sus primeros textos, en los que es nombrada como parte del trípode de la parte psicótica de la personalidad junto a la curiosidad y la estupidez. Es clara la diferencia, pero en ningún grupo de estudio ha pasado desapercibida esa comparación. La fatalidad, la ceguera, hasta la arrogancia un tanto estúpida, señalan la dirección de Edipo, que, en el fondo, no creía en los dioses, o al menos es una posición frente al superyó. Es lo que Bion quiere señalar, pero no deja de resonar la arrogancia psicótica de Second Thoughts. Edipo enfrenta una batalla que sabe perderá. Esa es su arrogancia en el doble sentido, en el de la valentía de superar el terror religioso y el de saber que es una batalla que perderá. Es el mito en tragedia, un nivel carnal de la fila C. En el punto que sigue, será el mito en comedia, en la comprensión de lo relativo del mito, la necesidad de identidad mítica y la comprensión de que finalmente nuestro mito es igual que cualquier otro, ya que a todos nos atraviesa la misma serie de problemas relativos a nacer, vivir y morir. Entramados en la misma historia perentoria, todo depende de la simpatía con que podamos afrontar esa tragedia básica de ser uno más, como cualquier otro.
Edipo en la fila C
La fila C resume en su universalidad el mandato central de las protofantasías freudianas, los dos imperativos, la prohibición del incesto y la amenaza de castración.
Hay un timing del mito humano gobernado por estas sentencias esenciales que, si bien operan desde el inicio, alcanzan la madurez simbólica en el pensamiento, en la fila C de la tabla. La tendencia al incesto es inevitable, la lucha contra ella será en el mito una lucha por toda la vida. La repetición de lo mismo, el estancamiento conservador que, negando la muerte, busca la muerte. La amenaza de castración viene desde el fondo mítico de los tiempos a socorrernos. Pone en marcha la renuncia y el exilio. Cuando no opera como tal, invoca al análisis como función de corte. El análisis es la amenaza de castración. “¡Salga de ahí, salga de su situación incestuosa!”, dice.
La fila C como zona no conceptual ofrece la tensión dramática del sujeto que porta esta esencialidad universal del mito. Todas las historias individuales, los mitos sociales, las identidades que operan en el yo como resistencia quedan cuestionadas como deseo de repetir lo mismo, como retorno al útero, como defensa resistencial de la continuidad. La liberación de la fila C es el grito de amenaza, que es en el fondo un grito de la especie por la salvación. Hay que salir, hay que huir. Hay que dejar de ser para retomar la duración de la inocencia. Las guerras edípicas, fratricidas, parricidas, filicidas no pueden hallar el destino de salida que implica la fila C. No pueden oír el grito freudiano de abandono de lo sensorial, de la memoria y el juicio. La voluntad de la amenaza de castración es la de no saber, la de solo saber que hay que salir del incesto. El insistente Laplanche, estudioso de Hans, remarca todo el tiempo que Hans debe inventar el caballo, animal de angustia, para que lo saque del incesto. La amenaza que proviene del superyó, la amenaza ancestral tal vez refiera a aquella identificación primitiva con el padre que Freud postulaba en el capítulo siete de Psicología de las masas… Se ha subrayado mucho el papel fundante de aquella identificación primitiva, pero creo que ha quedado opacada la función tercerizante y amenazante frente al deseo de incesto sobre la que operaba.
La fila C instituye la esencia relativizadora del mito individual, la síntesis intuida pero resistida de la relativización de las identidades, de la liberación del yugo sensorial de ser algo, de defender lo sido en oposición al amenazante por venir. Decimos que la fila C es la fila del análisis porque la sentencia edípico-freudiana de deseo de incesto y la amenaza que la prohíbe se ponen en juego en su esencia. La función mítico-analítica es la instauración del Oráculo que prohíbe y amenaza. Aquí podemos ampliar a Bion con Freud, ya que Bion ve la fila 2, Tiresias, como una resistencia. Podemos pensarla en la fila C, a C2, como una resistencia que habilita la salida del incesto. La fila C pone al mito en acto, tenemos a un actor tomado por el universal en un mito individual.
Finalizando y sintetizando, la imagen se impone como el eje central de la función analítica en cuanto abre sentidos y direcciones que el concepto obtura. Está atravesada por el mito en sus tres tiempos bionianos: la preconcepción del complejo de Edipo, el mito personal y el mito como realización grupal y relativizadora de identidades.






