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5. Símbolos y antisímbolos

En el capítulo VI de Atención e interpretación, sostiene Bion:

Melanie Klein se refiere a la formación del símbolo como si se tratara de una función particular que pudiera desintegrarse o desordenarse y dar origen a una perturbación profunda en una personalidad.

Esta referencia tiene implicancias diversas que vale la pena recorrer. La primera es la idea de que el paciente psicótico toma contacto con el símbolo, que llega al umbral de la posición depresiva y desde allí ve la forma del símbolo, sus implicancias, y decide volver atrás. El desorden que lo llevó hasta el umbral, al igual que al no psicótico, es insoportable para el yo, que se deja vencer por la fragmentación. Los demás pasan, y él queda. No puede ir hacia allí, una ingobernable ansiedad de destrucción se apodera de él. Ha visto algo que no puede tolerar. Ha creído de sí cosas que no eran, tiene que probarlas y, a cambio de eso, por no comprobarse su creencia en los hechos, romperá el lenguaje, los oídos o la visión, o no accederá a los pasajes propuestos.

Lo más importante es que no dejará el incesto. No se soltará del sostén de la unidad. Ha decidido no pasar, no consensuar con terceros. Soltarse es acceder a la separación. Mejor dicho, las separaciones. Del yo y no yo. De la realidad y la fantasía. De infancia y madurez. No pasará a soltar sus símbolos privados y ponerlos en cuestión, o cambiarlos por otros consensuados. No es lo mismo creer que se es el mejor que pagar los costos de ser el mejor cuando en realidad se es en algo el mejor. No es lo mismo afirmar haber compuesto buenas obras y que esas obras sean evaluadas, criticadas, tener que aprender a ganar o perder, y todos esos problemas de individuarse.

Dominado por un superyó agobiante, su dios le prohibirá el acceso a ser un hombre común, tal vez le dictará asesinatos o cosas menos dramáticas, pero lo dirigirá en contra de la investigación.

Sigue diciendo en el capítulo citado:

Este significado (el del psicótico) es bastante diferente del que uno supone que reside detrás de una conjunción constante que es de naturaleza pública y no privativa del individuo. El primero es: a) una comunicación privada realizada por Dios (o el demonio o el destino): cuando el símbolo psicótico se enfrenta en la práctica, su significación parece consistir menos en que simboliza algo y más en que indica que el paciente se encuentra en una concordancia privada con una deidad o con un demonio.

Bion no agrega los puntos posibles b y c. Queda de todos modos claro que el conflicto con la realidad se resuelve en la omnipotencia o la entrega al misterioso superyó primitivo, innato. El psicótico esquiva la realización, la realidad le produce un alto nivel de desorganización. Sin embargo, sabe que debe tener un argumento. La realidad no le es ajena. Sabe que debe poner algo en lugar de esa realidad. Se halla frente a un superyó ingobernable que no le brinda la salida del símbolo, esencialmente de la separación que implica el símbolo. El símbolo es esencialmente un reemplazo y una renuncia. Es edípico. Se tiene que sustituir un objeto por el propio yo, esa es una operación esencial. Desprenderse de la unidad, o del par deidad, cualquiera que esta sea, y aceptar la presión de la experiencia viva es una situación imposible para su idiosincrasia. Esta operación de la posición depresiva no le es posible, y a cambio surgen la destrucción de los lazos simbólicos y la evidencia de la deidad o el demonio.

Por esta operación fallida, Bion recurre a pensar el grupo, que podría ser el b no enunciado. Sostiene que la bestialidad humana es esencial y que la otra operación psicótica es la vida en rebaño. Lo que no se tolera, esencialmente, es la soledad. Por ello se recurre al grupo.

Y el punto c no enunciado, que podría ser una tercera y trascendente situación, es el siguiente:

Aislado en el grupo, pero estrechamente comprometido en una situación que es probable que estimule características de par”. El nacimiento, la dependencia, el emparejamiento y la guerra son situaciones básicas a las cuales corresponden las direcciones emocionales básicas.

A continuación, en el texto, comienza su controvertida relación con el establishment, que ocupará gran parte del libro y sus posteriores conferencias y que merece una discusión aparte. Es tanto lo que dice como lo que no dice, y tanto a lo que alude, que habría que enlazarlo a su biografía para hallar coordenadas de sentido.

El símbolo, propiedad de ahora en más del mesías, o del individuo excepcional, o de la parte excepcional de la personalidad, se escapa del contacto con los sentidos. Los sentidos convocan al par, a la dependencia o a la guerra. Las tres formas Bion las considera resistenciales para el contacto con O, con la deidad. La separación del nacimiento, y Bion hace un gran esfuerzo por no nombrar a Rank (en secreta alianza con Freud), se transforma para él, en el final de su obra, en un eje fundamental para entender la cesura del nacimiento y su salto a un periodo anterior de la relación con el pecho. Donde Rank ve una catástrofe que inaugura un periodo de dependencia y de angustia de separación, que, digamos de paso, cambió el análisis de las etapas tempranas, Freud ve la protofantasía. Freud, más instintivista. Rank, centrado en el trauma y sus consecuencias. La teoría de la preconcepción une a Bion con Freud en la ampliación de las protofantasías. En cambio, en el punto que aquí estamos explorando, Bion queda del lado de Rank, al postular que esencialmente la atmósfera del psicoanálisis es reconducir al problema resistencial de la búsqueda del grupo, o sea, el rebaño y su tendencia a depender de alguien, el líder, de aliarse con un grupo para atacar a otro grupo, la guerra, y crear parejas de elite mesiánicas. Las tres defensas de rebaño están interesadas en suspender el terror de la cesura. Prolongar un mundo fuera del campo del pensamiento en lo gregario. El grupo y su funcionamiento psicótico poseen la fuerza que el individuo no tiene. Crean religiones. El pensamiento es esencialmente individual, simbólico y recurre a símbolos idiosincráticos que no reemplazan la realidad, pero respetan su objetividad. El antisímbolo del psicótico y del grupo se dirige a evitar la separación, a afianzar una situación ilusoria de restablecimiento de la deidad o de lo demoníaco. Toda la lucha entre el místico y el establishment que discute Bion representa la situación intermedia que la raza aún se halla elaborando como individuo y como grupo. Claramente, Bion desconfía del grupo, y nos lo hace saber. El pensamiento va en busca de Dios, absoluto, desconocido. Duda tolerada. Noción de infinito. El grupo crea, como el psicótico, en sí mismo una voz de Dios. La omnipotencia reemplaza al símbolo. Dios está aquí. Esto y aquello son la verdad y la dirección. Símbolo y antisímbolo aparecerían como una resultante posible en el umbral de la posición depresiva.



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