Los historiales de Freud revisitados.
Trauma de nacimiento: ¿filogénesis o génesis?
Evolución, filogénesis y estructura
Entre las páginas 109 y 157 de sus Problemáticas II. Castraciones. Simbolizaciones, Laplanche pone de relieve una serie de cuestiones dignas de llamarse “filosofía psicoanalítica”. Hablaré sobre los puntos más relevantes de esas páginas. Una relectura de su lectura del Freud de la segunda tópica, ese Freud un tanto negado, tan valioso para lo que luego sería el pensamiento kleiniano.
El pensamiento kleiniano no ha contado con grandes teóricos. Su ambición clínica los ha llevado a pensar en términos sencillos las experiencias del consultorio. Celos, envidia y terminología edípica clara y sin ambigüedades han marcado su modo de explicar las cosas. Laplanche, con su enorme capacidad evocativa y orientando su brújula hacia la interpretación e historiografía, genera que volvamos al origen de las ideas y las pongamos en marcha. Nos revela problemas que, en los genios de la ambigüedad aconceptual, como por ejemplo Bion, quedan dados como supuestos, dejándonos la tarea de reinterpretar sus postulados, que generalmente están enlazados a una historia psicoanalítica y sus divisiones. Un ejemplo de ello es la idea de cesura. Apenas tenemos una orientación de su ligazón psicoanalítica. Sin embargo, la tiene, y allí es donde autores como Laplanche asoman como maestros del con-texto. En este caso, en las páginas antedichas de sus Problemáticas, toma la discusión de Freud con Rank en relación con la angustia de nacimiento. Bion parte de la cesura no haciendo, como es habitual en él, ninguna alusión teórica a aquella problemática. Por suerte, autores como Laplanche nos obligan a recorrer y discutir aquellas ideas controversiales y fundantes, aportando así el sustrato que muchos conceptos como este de Bion tienen en el cuerpo teórico psicoanalítico.
En esta ocasión, y como elaboración de la reunión anterior sobre El hombre de los lobos, tomaremos algunos problemas planteados en el caso y, como dije, seguiremos a Laplanche en su texto, ampliándolo y discutiéndolo.
Comenzaremos por la cita que hace Laplanche de Rank, que en su decisivo artículo propone el trauma de nacimiento como prototipo de todas las angustias ulteriores. Sabemos que, hasta la aparición de ese artículo, Freud tenía como un eje central del psicoanálisis la angustia de castración. Esto introduce dos problemas: la línea evolutiva que inaugura el trauma y la línea estructural y filogenética, a la que podríamos denominar “instintivista”, todas coherentes con Freud, sobre todo la filogenética, de manera muy explícita.
Rank ubica la angustia del nacimiento como la base de todas las angustias posteriores, incluso la de castración. Como un problema aleatorio se desprende la concepción del Edipo. Cómo se presenta ahora el Edipo tomando en cuenta la evolución, la filogénesis y la estructura. Podemos ver en Freud los tres niveles: como filogenético, evolutivo o como etapa estructurante junto al narcisismo. Cada autor pondrá preponderancia en alguno de los lados, pero insistimos en que el filogenético, ese de que el niño viene preparado para comprenderlo, es decir, comprender la relación entre los padres y ser llevado por el drama hacia su actuación, es basal en este último Freud. En El hombre de los lobos, se observa esa lucha tensional entre lo evolutivo y lo filogenético en torno al tema de la visión o no visión de la escena primaria. El hombre de los lobos ya entiende el complejo de Edipo como una protofantasía, o lo experimenta en acto. Freud se pone conjetural en el caso por la tensión entre sus Edipos. Las tres posiciones chocan y se interceptan, se intercambian.
Centrémonos ahora en la otra tensión, la de lo evolutivo y lo estructural, ya que se ha trasladado a dos grandes corrientes del psicoanálisis. Unos creerán, como Rank, que el nacimiento marca la evolución, y que el desarrollo es de más a menos. Más angustia a menos angustia, la de castración será, en ese sentido, menos que la de separación. En cambio, el eje estructural señalará a la estructuración como eje psicopatológico. La represión primaria marcará la constitución del sujeto, una especie de hito divisor. Esta división no es privativa del grupo estructuralista. También, quienes respetan la evolución de la libido, apoyando al Freud/psicopatológico, sostienen momentos estructurales. Hablarán de destete, splitting bueno/malo, paso de la zona anal uno a la dos, paso de la posición esquizoparanoide a la depresiva. Centrarán la tensión evolutiva de problemas tempranos y los posteriores en cada etapa. En cambio, los estructuralistas, menos instintivistas y más culturalistas pondrán en la estructuración el problema central de Edipo. Inclusive, pensando lo filogenético, pensarán en la inscripción o no del nombre del padre. El modo de pensar de Freud yo creo que se acerca más a lo genético que a lo estructural, aunque también las dos ideas coexisten en él. No solo eso, como veremos, la inclusión de lo filogenético y esa escisión del más allá del principio del placer y la pulsión de muerte complejizan la situación teórica, teniendo que hacer revisiones y observar qué corrientes se desprenden de cada nuevo postulado y su pertenencia paralela a otros que llevó adelante. No es tan sencillo afirmar algo sobre Freud, sobre todo por las consecuencias que traen uno y otro postulado. De hecho, el que aquí tomamos hoy a partir de Rank es un Freud que suele ser evitado en las teorizaciones y en las repostulaciones posfreudianas, sean estas lacanianas, laplancheanas o kleinianas.
El Freud evolutivo, casi un Freud/Abraham, amplía el problema de las etapas psicosexuales y el campo filogenético. Klein, en su fantástica teoría de las posiciones, trató de elaborar este choque entre la estructura y la evolución en dos posiciones estructurantes. Tal vez dejó un poco de lado la filogénesis en la teoría, pero es una evidencia en todo su material. Bion zanja ese problema con la teoría de la preconcepción y su sesgo etológico, retornando gratamente al Freud animal, digámosle así, contra el Freud cultural. Toda la problemática del Edipo, la amenaza de castración y el incesto queda reformulada desde esta posición. Todo está planeado. Todo tiene un plan preexistente. El sujeto freudiano filogenético es un sujeto con un plan. No sabemos cómo llevará ese plan a cabo, cómo decidirá los ejes del drama entre lo que se le ofrezca como identidad externa, y cómo responderá a la evolución y a las experiencias que deba enfrentar. Pero podemos decir que para Freud el plan está.
El plan
Miremos lo que dice Klein (1957) en Envidia y Gratitud:
La envidia excesiva interfiere en una adecuada gratificación oral actuando como un estímulo hacia la intensificación de deseos y tendencias genitales. Esto implica que el bebé se dirige demasiado pronto hacia la gratificación genital […]. He sostenido que las sensaciones y deseos genitales operan probablemente desde el nacimiento […]. Aquí habremos de considerar de nuevo los efectos de la confusión temprana que se expresa como un esfumamiento de los límites entre los impulsos y fantasías orales, anales y genitales […]. Cuando la superposición llega a una incapacidad de experimentar de modo suficiente, y en su debido periodo de desarrollo, la predominancia de cualquiera de estas tendencias, entonces la vida sexual posterior y la sublimación son desfavorablemente afectadas (pp. 200-201).
En la teoría estructural, esencialmente centrada en momentos fundantes, el eje es el hecho que define una estructura. Pero también están presentes en Freud, como dijimos, los problemas que ubican el problema en el campo evolutivo y la filogénesis. Hay un “par” filogénesis y periodos evolutivos que opera como una dualidad freudiana bastante desestimada por el pensamiento hegemónico, y que nosotros creemos que es central en su idea sexual y psicopatológica, tanto en su vertiente instintiva como en su vertiente evolutiva. El punto de vista genético está vinculado a etapas, a posiciones, a un plan. Personas que quedan ubicadas en problemáticas de tipo oral con el objeto, por ejemplo, donde la fase fálica es una más de las etapas y no una estructurante. Nosotros creemos que Freud está más en esta línea. Freud habla de etapas, todo el tiempo habla de progresión, regresión, fijación. En el mismo Edipo, sostiene que el Edipo es biológico, que sucederá sí o sí en determinado momento. En ese momento comprenderá las relaciones sexuales entre los padres, la diferencia de los sexos, etc. Hay un despliegue de la sexualidad que va en una línea preexistente. Lo mismo sucede con la psicopatología, que está enlazada estrictamente a esas fases, y las consecuencias que tiene su atravesamiento. Luego, cómo cada sujeto viva esa fase es otro problema. Pero que se va a desplegar, se va a desplegar. El abandono de las teorizaciones psicopatológicas en psicoanálisis está directamente enlazado al abandono de la teoría instintivista y la teoría evolutiva. El psicótico va a tener el mismo despliegue evolutivo que el no psicótico. Allí vemos una intersección entre evolución y estructura, como otro interjuego. Veamos el párrafo de Klein recién citado en el que la genitalización de la fase oral es un problema habitual de la personalidad psicótica. La función oral de incorporación del objeto bueno idealizado se ve entorpecida por la temprana genitalización que no permite una relación relativa a la fase. La envidia al pecho, que es atacado pregenitalmente y genitalizado, y con quien, por la confusión envidiosa producida en relación con sus buenos productos, es vivido, por el ataque, como peligroso. El psicótico ataca el plan evolutivo instintivo, y eso define una estructura. En la clínica, la genitalización de la relación con el pecho es un factor decisivo en el tratamiento. No poder distinguir el análisis como una relación oral continente/contenido en donde alguien ubica sus problemas en alguien y es alimentado por interpretaciones ataca la propia base de la relación analítica. Esto para dar un ejemplo. Quiero señalar simplemente que este Freud ha sido oscurecido y realmente el Freud evolutivo es un Freud esencial. La misma pulsión de muerte es un elemento instintivo fundamental que invade las etapas. La etapa de sadismo máximo de Klein es exactamente eso, la profunda comprensión del postulado freudiano en las fases tempranas del modo evolutivo sexual que tiene la pulsión de muerte para presentarse. El duelo no es más que la elaboración de esas etapas tempranas en donde el instinto de muerte gobierna hasta el momento de pasaje a la posición depresiva o la segunda etapa anal de Abraham. Klein se pregunta por qué Abraham no incluye explícitamente la teoría de la pulsión de muerte en su celebrado artículo del 26 sobre la evolución de la libido. Creemos que la respuesta es que al cuerpo psicoanalítico le costó asimilar esa idea freudiana hasta la aparición de Klein, que, siguiendo una simpática descripción, le dio tripas y explicación dinámica a algo que el padre del psicoanálisis había postulado.
El desarrollo y la filogénesis son muy importantes en Freud. Lo que plantea como escenas primordiales. La escena primordial es fundante y hace que el sujeto venga preparado para comprender las relaciones sexuales entre los padres. Las dos corrientes, la filogenética y la genética, como decíamos, se juntan y hacen su aparición en esa experiencia del sujeto. El desarrollo y la predisposición a comprender se vuelven un engranaje central, con todas sus vicisitudes. En la etapa oral, por ejemplo, la predisposición a entender las relaciones de objeto con esas características orales es un elemento esencial. La tendencia a poseer masivamente, oralmente, la necesidad permanente de un objeto que calme la tendencia desintegrativa será un factor central. La predisposición genera un modo de relacionarse con el objeto. Ahora, como vimos más arriba, esta predisposición puede ser invadida por aspectos genitales y producirse una genitalización temprana. Lo que ocurrirá, como habitualmente en la clínica, es que la genitalización tomó una forma succionante si se trata de la etapa oral uno. En la etapa anal, la predisposición genera determinados modos de control y tiranía sobre los objetos, o un particular modo de un asedio del superyó que somete al yo y genera especiales modos vinculares. Ahora, cuando se genitaliza esa zona, se dan todas las subvariedades del sadomasoquismo sexual. Meltzer, en su oscuro libro Claustrum, ha intentado mostrar la patología que se produce cuando los splittings de la geografía mental centrada en el interior del cuerpo de la madre no son llevados adecuadamente a cabo. La evolución es natural para este autor. Tiene un orden prefijado. Los splittings del cuerpo materno se van generando separando modos y funciones. Cuando, por problemas centrados en la envidia o la frustración, esto no se produce, la consecuencia claustrofóbica genera modos de vida ubicados en las zonas del cuerpo materno con las características genitales o anales descritas. Meltzer, probablemente ya cansado cuando escribió su último corto estudio, no explotó el bosquejo propuesto suficientemente para hacerlo asequible a la imaginación y a la investigación clínica, pero dejó abierto el camino de investigación.
Volviendo al hombre de los lobos. Decíamos que este caso inaugura una zona en donde la filogénesis y la genética se entrecruzan en la escena primaria. La filogénesis antecede a la evolución y las etapas evolutivas se despliegan sobre la escena primaria, lo cual estaría indicando que el Edipo opera como una preconcepción. No es el lugar de hacer comparaciones entre los Edipos, pero encontraríamos variantes entre el kleiniano y este freudiano, que esencialmente yo creo que Bion es quien lo retoma y comprende en mayor consonancia con Freud. Klein, si bien nombra la filogénesis, pone el acento en los modos en que las zonas y los modos sexuales operan presionados por la base instintiva. Freud y Bion lo ponen en el rol mítico pasional que determina al sujeto.
Incesto y amenazas filogenéticas
Freud sostiene que el esquema filogenético se llevará a cabo, aunque las vivencias personales no armonicen del todo con la persona. Hay un determinismo filogenético. El yo ejerce resistencia contra eso. Por más que se la intente frenar, la determinación instintiva, una tendencia inevitable al incesto o la muerte, presionará. Hay una tendencia al incesto y una amenaza que nos protege del desenlace mortal. Es necesario que aparezca el padre primordial que describió en Tótem y tabú y otros textos para que la tendencia al incesto sea frenada. Una y otra vez la amenaza nos protegerá. El animal de angustia en el hombre de los lobos y en Hans opera como un freno a la tendencia incestuosa, podríamos decir que la mayor o menor gravedad se determina por eso, un animal o muchos lobos parecen indicar tanto el grado de peligro como el grado de integridad del yo. Que la amenaza sea sobre el pene o que la amenaza sea sobre la integridad del yo es diferente, y diferentes las consecuencias para el yo. Lo mismo si la amenaza es sobre el ano, como en el hombre de las ratas. La amenaza opera como soporte. El animal de angustia pone tope a una tendencia hacia el incesto. El animal que amenaza es el representante de la angustia de castración. Por eso marcamos los grados de amenaza según la zona pregenital o genital en juego. La vida del hombre de los lobos tenía en jaque a su yo, en el hombre de las ratas en jaque la estabilidad/inestabilidad, un tanto más erotizado, un tanto más integrado que el hombre de los lobos. Fíjense que Freud dice que ambos casos son de neurosis obsesiva, lo cual es dudoso en ambos casos por el grado de compromiso del yo. Los grados de neurosis obsesiva nos orientan a pensar cuándo es una problemática neurótica y cuándo no. En La pérdida de realidad en la neurosis y psicosis, Freud dice que toda neurosis es una micropsicosis, con lo que señala que el grado determina la patología y la defensa. Hay defensas obsesivas que podríamos denominar “escisiones obsesivas” por el grado de separación extrema de los objetos y el yo, rayando con la esquizoidia. Otras en las que es lícito decir “neurosis obsesiva”, en la que el grado indica que la defensa que opera es la represión.
El planteo freudiano es realmente la peste, una tendencia y una amenaza, que, por supuesto, están implícitas en el mito edípico, y que Freud lleva en estos textos citados por Laplanche, textos esenciales de la segunda tópica, a un límite impensado. Quien no escucha la amenaza de castración inevitablemente en esta concepción retrocede hacia el suicidio. ¿Por qué podría no escucharse la amenaza de castración, si es tan constituyente y filogenética como la tendencia al incesto? Dejamos la pregunta abierta. El nacimiento operaría como un primer fantasma de castración evidenciado en la experiencia más allá de la preconcepción filogenética. Y la prohibición del incesto se instala como ley fundamental contra la tendencia. Veamos un poco lo que dice Freud. Empecemos por el pie de página del texto de Laplanche que sitúa el problema en cuestión. Allí Laplanche señala que por esa época había un comité que se reunía para cuestiones organizativas o teóricas. Freud envía una carta a ese comité ante la aparición de la tesis de Rank sobre el trauma de nacimiento. Esta es parte de la cita del acta del comité con la carta de Freud:
Para retomar esto en mi propio lenguaje alguna pulsión debe estar asociada al traumatismo de nacimiento, y ella tendería a restablecer la existencia anterior. Se la podría llamar pulsión de felicidad en el sentido erótico […]. Aquí comienzan las dificultades: si esta pulsión de felicidad proviene del pasaje de un estado feliz a uno desdichado, ¿de dónde proviene lo negativo? ¿A qué se debe que el retorno, que es profundamente pulsional, esté marcado por la angustia?, ¿por qué los hombres tienen esta angustia, que no es otra que la del incesto?, porque el retorno al seno materno no es otra cosa que el incesto, se oponen al fantasma del retorno intrauterino, ¿de dónde provienen? Su representante es evidentemente el padre, la autoridad, que no permite el incesto. Pero ¿por qué han erigido una barrera contra el incesto? Mi explicación era histórica y social, filogenética. He hecho remontar la barrera del incesto a la historia primordial de la familia humana, y he visto en el padre la barrera real que se erige contra el incesto. En esto Rank no comparte mi opinión. Se rehúsa a tomar en consideración a la filogénesis y considera la angustia que se opone al incesto, simplemente, como una repetición de la angustia de nacimiento […]. Es verdad que la angustia de nacimiento se transfiere sobre el padre, pero según Rank él no es más que su pretexto. Fundamentalmente, la actitud hacia la matriz o aparato sexual femenino es considerada ambivalente desde el comienzo… (p. 147).
Dejemos aquí la cita de la carta de Freud. Solo digamos que luego agrega que la pulsión no puede ser ambivalente desde el comienzo. Sostiene que la pulsión de retorno a la madre se asocia luego a la angustia de nacimiento, pero en el origen no es ambivalente, simplemente quiere su retorno al cuerpo materno. Rank piensa, por el contrario, que el trauma de nacimiento es lo que genera la angustia, que se reactiva ante cada separación. Rank cree que hay una experiencia positiva. Freud, en una situación extrema e incómoda, podríamos decir, sostiene la filogénesis y homologa pulsión de muerte e incesto como una tendencia extrema inevitable en una tesis irreductiblemente instintivista. Para Freud el incesto y la amenaza de castración son dos elementos filogenéticos esenciales. Para Rank la angustia de nacimiento opera como el prototipo de una terceridad, el precursor de la amenaza de castración. Hay una tensión allí, a los fines del método psicoanalítico, podemos sostener la tesis de Rank como más verosímil. La de Freud invoca una creencia y una síntesis, tal vez un mayor nivel de abstracción, que puede llevar a confusiones del tinte que tienen los seguidores de Jung. No creemos que Freud creyera en cuestiones tan ambiguas. Sí, no habiendo abandonado esa línea hasta el final de su vida, creía que era una evidencia para él. La prohibición del incesto y la amenaza del padre estriban en la prolongación de la raza humana. Se debe prohibir el incesto y salir en busca de otros objetos diferentes al materno. Los dos coinciden en que la angustia es la angustia de volver a recuperar la unidad con la madre, pero para Freud es por una mitología ancestral, para Rank es por la comprensión traumática de haber experimentado la separación. Esto me recuerda aquella discusión que Freud mantiene con Rolland sobre el sentimiento oceánico. Freud paradójicamente usaba la tesis del primer vínculo con el pecho. Aquí, salvando que Freud no ve en el tema una cuestión religiosa, sucede más o menos lo mismo, pero al revés. Ortega y Gasset recuerda, en El Espectador, aquellos versos de Mérimée: “La felicidad es como una gana de dormir”. Ese momento de soltarse de las ataduras y la lucha por la identidad. Es una felicidad que nada tiene que ver con la muerte en su sentido dramático, que es un intento de volver a hallar el sueño eterno. La vigilia es en realidad la conciencia de haber pasado al estado de conciencia y luego volver a perderla. El dormir es una pérdida de esa zona ganada, que es abandonada en el sueño, en esa gana, a la zona de acceso y salida.
Volviendo a la cuestión de retorno y la pulsión de muerte, creo que la idea de retorno al útero ubica en su lugar el problema de la pulsión de muerte, que desde afuera se ve como destrucción. Pero, en la clínica, el observable que indica ese retiro es la sensación de alivio, de alivio del mundo, de lo que hay que soportar del mundo y sus duelos, su infinita pérdida. Los pacientes que no tienen ese sentimiento interno de fe y esperanza pierden permanentemente esa ilusión de prosecución y la tendencia a la búsqueda de ese alivio destituyente, orgánica y mentalmente, que simboliza el deseo de no vivir, o el de vivir dentro de algo protector, aparece como una búsqueda unificadora con el infinito. Esa gana de Mérimée es la pulsión de muerte. Muchos delirios tienen esa idea de unidad con el cosmos, o la limpieza de lo impuro o vuelta a un orden natural, inclusive muchos movimientos, tanto pacifistas y ecológicos como los grupos racistas. Pareciera que es una pulsión de morir, pero, vista desde el otro lado de la moneda, es una de aliviarse del tormento de existir.
Esto trae como tema paralelo a los procesos de escisión, que marcaron un hito en el psicoanálisis porque nos permitieron entender la función de limitar, segmentar la relación tanto con las necesidades como con las demandas de la vida. Un organismo débil que debe enfrentar necesita una protección, y una de ellas, la más importante, es la escisión. Todo el modelo kleiniano es un modelo sobre escisiones. De los sentidos, de las partes de la madre, de las partes del self, de la verdad, de la realidad psíquica y externa, son innumerables los estudios sobre la escisión, y pudieron dar cuenta de que, antes que la represión como el gran estabilizador defensivo, la vida es solo buscar alivio, y dividir al objeto y a la tendencia desintegrativa es una herramienta mental importante. Así que releer el alivio en la tendencia desintegrativa es algo importante. Hay una búsqueda que es ser solo una conciencia, un cuerpo sin órganos, como planteaba Deleuze en relación con Artaud. Separarse esquizofrénicamente del sistema de especializaciones que nos espera, separarse del útero, del pecho, de la madre, crecer, envejecer, morir. Y por encima, contra una tendencia que quiere volver todo atrás. Yo pienso que Freud estaba sobre ese punto. Rank arranca del pecho, Freud de antes del pecho. Porque el pecho de Rank, el nacimiento, tiene una doble vía, la de la separación y la de la unión al pecho. Van conjuntamente, podría decirse. ¿Y antes de nacer? Más allá de las experiencias prenatales, ¿antes de las experiencias prenatales? ¿Antes del ánima? Es natural que esa fuerza vital que tiende a unir y a establecer circuitos de diferenciación, como lo es la misma gestación, un largo circuito de escisiones de partes del cuerpo, tenga en algún momento un tope. Allí, cuando aparece el tope del nacimiento, comienza la maduración. Pero, en medio, durante, no sabemos en qué momento, ha aparecido la conciencia. El tope de la conciencia. La conciencia parece ser un tope. Una mínima unidad de identidad, de personalidad. Fuera del plan. La personalidad de una conciencia recién nacida que lleva adelante un plan que le antecede y que presiona sobre el buen o mal humor de esa personalidad que puede ver el desarrollo que se le impone con alegría e ir tomando prestado lo que se le ofrece en el plan, pecho, madre, objetos. O puede tomar muy mal todo esto y decidir ir en contra y querer acabar con todo el plan, que no le genera entusiasmo ninguno. Inclusive, ir toda la vida contra esa imposición y morir así. Entre la filogénesis de Freud y la experiencia traumática de Rank, hay un nuevo personaje, esa conciencia que Bion ubicó como Personalidad, que entre la tensión de esos dos polos Freud/Rank intercede por la vía de la independencia de la decisión del algo que está ahí, que proviene del ánima, y se transforma en quien comanda el aparato semiótico-filogenético-experimental.
Encuadre y trauma de nacimiento
Rank inaugura el tratamiento de las ansiedades tempranas en los tratamientos psicoanalíticos. Sus postulados generaron el comienzo del análisis de la relación con el pecho, la ansiedad de separación, orales, anales, y les dio espacio a pensar los momentos tempranos del Edipo a los pioneros de la pregenitalidad. Los analistas, hasta Rank, no analizaban los problemas tempranos en la angustia de separación, y esto puso en valor las variables del encuadre. Desde allí comenzó una verdadera filosofía del encuadre. La técnica nunca fue una función importante en el análisis hasta que apareció el grupo kleiniano. Y creo que Rank fue un pionero. Es evidente que Melanie Klein toma esa línea. Los cortes, los horarios, todo tomó un color distinto en las sesiones. Ya no se trata de angustia de castración, se trata de castraciones primitivas con ansiedades primitivas asociadas. La amenaza de vida que conllevan las primeras separaciones es muy diferente de la angustia de castración que tendrá, por ejemplo, Hans en el Edipo clásico.
Hemos llegado hasta aquí hoy, discutiendo y ampliando la propuesta de Laplanche. Tomamos los ejes de la discusión Rank/Freud, las polaridades dinámicas evolución/filogénesis, filogénesis/estructura y evolución/estructura. También discutimos la dualidad incesto/amenaza de castración como dinámica y revisamos los tres tipos de Edipo que pueden verse en Freud, el evolutivo, el filogenético y el estructural.
- Esta clase fue impartida el 17 de mayo del 2025 en Adepsime como parte del curso anual “Historiales revisitados”. Participaron allí la profesora adjunta Melisa Perea, los asistentes regulares Alejandra Lauría, Alejandra Martino, Andrea Mocheggiani, Andrés Kastner, Benjamin Ortiz Basualdo, Gisel Giacovaz, Janet Zouguth, María Tezanos Pinto, Rosa Amaro, Verónica Musa, Victor Davico, Estefanía Cavello, Judith Rubio, Macarena Morales. Estos miembros regulares de los grupos anuales han fortalecido con sus aportes y su estudio el trabajo fervientemente psicoanalítico. En esa clase, con ocasión de problemáticas extraídas de la lectura previa de El hombre de los lobos, leímos las páginas 109 a 157 de las Problemáticas II de Laplanche Castración. Simbolizaciones editadas por Amorrortu. Adepsime (Asociación Psicoanalítica de Mendoza) es una agrupación civil sin fines de lucro con sede en San Rafael, cuyo objetivo es estudiar y difundir la teoría psicoanalítica.↵






