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6 Fronteras económicas y topología empresarial en la provincia de Córdoba

Gabriela Inés Maldonado

Introducción

El profundo vínculo entre la técnica, la ciencia y la información, que constituye lo que Santos (1994, 2000) denomina medio técnico-científico e informacional, entre otras formas se expresa a través de la densificación científico-técnica de los paisajes agrícolas, los cuales son rápidamente alterados, atendiendo a los intereses de los actores hegemónicos. Esta densificación se materializa también a través de la consolidación y expansión de la modernización agrícola, representada hoy por el modelo de agronegocios, que tiene como resultado la estructuración de una renovada división territorial del trabajo agrícola.

En este sentido, sostenemos que la modernización agropecuaria, entendida como el proceso en el cual se incorporan los datos centrales del periodo histórico vigente, se encuentra representada hoy por la expansión del modelo de agronegocios y se sustenta en la consolidación de sistemas de infraestructura y topologías empresariales que determinan la forma en la que el territorio es usado.

Los elementos del medio técnico, científico e informacional se conjugan, inicialmente, en el seno de los espacios productivos agrícolas que muchas veces (por su especialización productiva) han sido los primeros en incorporar el modelo del agronegocio. Así, al menos en Argentina, capitales globales y nacionales se instalan, en primer lugar, en los sectores tradicionalmente agrícolas con vocación exportadora. Estos no solamente conjugan sino también promueven la modernización agrícola, arribando luego a territorios donde existían otras formas de producción y/o usos del suelo. Estos territorios pueden conformarse como espacios de modernización continuos o como fracciones discontinuas, pero en ambos casos se constituyen, siguiendo a Elias (2006), en fracciones del espacio total del planeta, cada vez más abiertas a las determinaciones exógenas y a los nuevos signos contemporáneos.

En este contexto, las fronteras agrícolas deben ser repensadas con base en las características singulares de la actual fase de la economía capitalista, las que involucran, por un lado, la más reciente versión de la era tecnológica en el ámbito de las nuevas formas de producir, de la acción del Estado, del dinamismo del mercado, entre otros (Torres Ribeiro, 2009). Por otro lado, involucran también la actual fase de financierización de la economía. En este sentido, es importante advertir que la expansión de la frontera agropecuaria y la consolidación del modelo de agronegocios asimismo se explican a través de la conversión de la tierra en un activo financiero, lo que implica que además de ser valuada es incorporada a un portafolio de inversiones.

La complejidad de los procesos que se desarrollan en las fronteras agrícolas nos permite pensar en ellas como fronteras económicas. En estos participan no solamente la conversión de un uso del suelo cualquiera hacia un uso agrícola particular, sino también (y fundamentalmente) factores técnicos, informacionales, financieros que incluyen cambios de estructura agraria, topologías empresariales, modificaciones en los precios de la tierra y, especialmente, una poderosa narrativa asociada al progreso y desarrollo. A su vez, y en simultáneo, el dinamismo que adquiere la forma en la que el territorio es usado en las fronteras económicas, mediante la exclusión de ciertos usos y hasta la expulsión de algunos actores sociales, debe provocarnos a pensar sobre qué, para qué y con quiénes el territorio es y está siendo usado. Esto considerando que este:

abriga todos los actores y no sólo los que tienen movilidad […]. Es el dominio de la contigüidad, y no solamente la topología de las empresas o cualquier otra geometría. Se refiere a la existencia total y no sólo a la noción de espacio económico. Incluye todos los actores y todos los aspectos y, por ello, es sinónimo de espacio banal, espacio de todas las existencias. La historia se produce con todas las empresas, todas las instituciones, todos los individuos, independientemente de su fuerza diferente, a pesar de su fuerza desigual (Silveira, 2008: 3).

Por lo expresado, en este capítulo se pretende poner en discusión un análisis situado en la provincia de Córdoba, a nivel departamental (Figura 1), que recupere algunas características de la expansión de la frontera agrícola. Para esto se realiza un análisis de la evolución del cultivo de cereales y oleaginosas y de la división territorial del trabajo de las empresas vinculadas a la transformación de granos y a la provisión de agroinsumos, especialmente en las zonas de expansión del modelo de agronegocios. Se aborda también el estudio de las modificaciones en lo que a unidades de explotación económica del suelo se refiere y su articulación con la conversión de la tierra en un activo financiero. Por último, se analiza la emergencia de conflictos por la tierra como un hecho que permite reconocer a las áreas de fronteras económicas como áreas caracterizadas por diversas territorialidades superpuestas.

Figura 1. Localización del área de estudio

Fuente: elaboración propia sobre la base de archivos vectoriales disponibles en la página web del Instituto Geográfico Nacional (IGN, s.f).

Para lograr el objetivo propuesto, el capítulo se organiza en tres apartados. En el primero de ellos procuramos dar cuenta de las características que ha asumido la agriculturización en la provincia de Córdoba. Para esto recuperamos datos de estimaciones agrícolas disponibles en el sitio web del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación (MAGYP). En el segundo apartado analizamos uno de los principales soportes que caracterizan la forma de producción agrícola traccionada por el modelo de agronegocios: los insumos agropecuarios. En este sentido, trabajamos datos vinculados a productos agroquímicos en la provincia de Córdoba, sobre la base del análisis de la información provista por el Censo Nacional Agropecuario (CNA) 2018, así como también la red de sucursales de empresas proveedoras de insumos agropecuarios relevada en trabajos de campo e indagaciones propias realizadas en las páginas web de las distintas empresas. También en este apartado analizamos datos vinculados a la transformación de granos, sobre la base de información generada en 2018 y 2019 por el entonces Ministerio de Hacienda de la Nación. En el tercer apartado pretendemos poner en discusión los aspectos vinculados a finanzas, discursos y narrativas. Para esto, a fin de dar cuenta de los cambios en términos de la explotación económica del suelo, analizamos información vinculada a las Explotaciones Agropecuarias sobre la base de datos de los CNA de 1988, 2002 y 2018. Asimismo examinamos la evolución del precio de la tierra rural a través de la sistematización de la información disponible en el Geoportal IDE de la provincia de Córdoba. También en este apartado estudiamos algunos aspectos vinculados a las narrativas de los distintos actores situados en las zonas de fronteras económicas así como también datos referidos a los conflictos por la tierra. Por último, el apartado final se destina a volcar algunas reflexiones en torno a lo abordado en este escrito.

Córdoba: consolidación y expansión de la agricultura

Al igual que lo que acontece en la región pampeana en general, la actividad agropecuaria en la provincia de Córdoba tiene una trayectoria territorial sustantiva, aunque no homogénea. Considerando los tres cultivos de mayor producción de la región pampeana (trigo, maíz y soja) entre las campañas 1970-2021, en la mencionada provincia, se observa un notable crecimiento de la superficie destinada a los mismos: el cultivo del trigo registra un incremento del 330%; por su parte el cultivo del maíz evidencia un aumento del 210%; y, con respecto a la soja y puesto que a inicios del periodo de referencia el cultivo de la misma era incipiente, el incremento de la superficie destinada a esta superó el 14 mil por ciento (estimaciones propias realizadas sobre la base de datos disponibles en el sitio web del MAGYP).

Como hemos señalado, esta trayectoria no ha sido homogénea. Para dar cuenta de lo anterior nos apoyaremos en una serie de mapas que permiten visualizar la expansión a nivel departamental de los tres cultivos mencionados. Los mapas presentan un análisis sustentado en tres cortes temporales: 1970, 1995/6 y 2020/1. El primer corte temporal, que constituye el punto de partida del análisis comparativo, se identifica con el inicio del proceso de agriculturización;[1] por su parte, se selecciona la campaña del periodo 1995/6 por corresponder a la campaña inmediatamente anterior a la autorización del ingreso de la semilla de soja transgénica al país; por último, se utiliza la campaña 2020/1 por ser el último ciclo agrícola finalizado del que se dispone información.

Con relación al cultivo de maíz (Figura 2), cuya producción cuenta con una importante trayectoria en la provincia de Córdoba, hacia 1970 evidencia una notable concentración en términos de superficie destinada a su cultivo en el departamento Río Cuarto en primer lugar, en el departamento Juárez Celman en segundo lugar, y luego en otros del centro y sur de la provincia, disminuyendo la superficie relativa de su cultivo hacia el norte y oeste provincial. Entre 1970 y 1995/6 son los departamentos ubicados al norte y noreste, específicamente Tulumba y Sobremonte en primer término, y San Justo y Colón en segundo, los que registran mayor variación relativa en la superficie destinada a su cultivo, lo que se traduce en una participación más homogénea de cada departamento en el total de la superficie cultivada a nivel provincial en la campaña 1995/6, sin que lo anterior implique pérdida alguna de protagonismo de Río Cuarto y Juárez Celman. Por último, entre las campañas 1995/6 y 2020/1 en términos relativos incrementan significativamente la superficie destinada al maíz los departamentos del sur de Córdoba (Gral. Roca, Pte. Roque S. Peña y Unión) a los que se suman Tulumba (al norte) y Santa María, Calamuchita y Gral. San Martín en el centro de la provincia. Todo lo anterior redunda en una dispersión de la superficie relativa cultivada con maíz en el sur, noreste y este de la provincia de Córdoba.

Figura 2. Superficie cultivada con maíz en la provincia de Córdoba y su evolución entre las campañas 1970, 1995/6 y 2020/1, expresadas en porcentajes y a nivel departamental

Fuente: elaboración propia sobre la base de datos disponibles en Estimaciones Agrícolas (MAGYP, s.f.) y de archivos vectoriales disponibles en la página web del IGN (s.f.).

Por su parte, el trigo también evidencia un incremento en la superficie cultivada en la provincia de Córdoba (Figura 3). En el primer periodo de referencia, la mayor concentración de superficie cultivada sobre el total provincial se registraba en los departamentos Marcos Juárez en primer lugar (en el este de la provincia), y en los departamentos Unión y Río Cuarto en segundo lugar. Continúan el resto de los departamentos del sur provincial (Gral. Roca, Pte. Roque S. Peña, Juárez Celman, Gral. San Martín y Tercero Arriba) disminuyendo la importancia relativa en los ubicados en el centro de la provincia y no registrándose superficie destinada a su cultivo (al menos no de manera significativa) en la totalidad del norte y oeste provincial. Entre las campañas 1970-1995/6 los departamentos que en términos relativos evidencian mayor incremento de superficie cultivada destinada al trigo son San Javier, ubicado al oeste de la provincia; Totoral, en el norte provincial y, en último lugar, Colón, Unión y Gral. Roca. A pesar de lo anterior, la distribución de la superficie destinada al cultivo de trigo sobre el total provincial no cambia significativamente, evidenciándose hacia 1995/6 una mayor concentración hacia el este y sur de la provincia. Por último, entre las campañas 1995/6 y 2020/1 sí se observa un notable incremento de la superficie cultivada con trigo en diversos departamentos del norte de la provincia, específicamente en Tulumba, Río Primero y San Justo, y en menor medida en otros del norte y centro de la provincia tales como Totoral Colón, Gral. San Martín, Santa María, Río Segundo y San Javier; y por último y en menor medida en otros departamentos del sur y este provincial. Como corolario, se observa que hacia 2021 el porcentaje relativo de superficie destinada al cultivo de trigo, sobre el total de la superficie cultivada a nivel provincial, ya avanza sobre distintos departamentos del norte de la provincia, siendo el oeste el único sector que prácticamente no registra cultivo de este cereal.

Figura 3. Superficie cultivada con trigo en la provincia de Córdoba y su evolución entre las campañas 1970, 1995/6 y 2020/1, expresadas en porcentajes y a nivel departamental

Fuente: elaboración propia sobre la base de datos disponibles en Estimaciones Agrícolas (MAGYP, s.f.) y de archivos vectoriales disponibles en la página web del IGN (s.f.).

Por último, y con relación al cultivo de la soja (Figura 4), como es de suponer el escenario de expansión de la superficie cultivada con esta oleaginosa evidencia datos de mayor magnitud (proceso que también explica, en parte, la expansión del cultivo de trigo producto de la asociación trigo/soja en cada campaña). A inicios del periodo analizado la superficie total cultivada con soja, a nivel provincial, era ciertamente insignificante, alcanzando poco más de 15.000 ha cultivadas. Este punto de partida hace, como contracara, que cualquier estimación porcentual de la expansión de la superficie destinada al cultivo de soja sea superlativo. A inicios del periodo analizado, los departamentos provinciales que concentraban mayor superficie relativa (siempre considerando que eran unas pocas hectáreas) se encontraban dispersos en diferentes partes de la provincia, pero con mayor concentración relativa en el centro y oeste de la misma. En el periodo comprendido entre 1970 y 1995/6 los departamentos que evidencian el mencionado crecimiento superlativo se ubican mayormente en el centro-sur y este de la provincia. Específicamente se destacan los departamentos Marcos Juárez y Santa María en primer lugar; seguidos por Río Cuarto, Juárez Celman, Pte. Roque S. Peña y Unión. En menor magnitud se ubican los departamentos Tercero Arriba, San Justo e Ischilín. Lo anterior se traduce en un aumento de protagonismo del cultivo de soja, en la campaña 1995/6, de los departamentos ubicados en el centro-sur y este de la provincia. Entre 1996 y 2021 es notable el incremento de la superficie cultivada en el sur, norte y noreste provincial, destacándose en primer lugar el departamento Gral. Roca, en segundo lugar San Justo y en tercer lugar Tulumba y Río Seco al norte, San Alberto, San Javier y Pocho al oeste, y Río Cuarto y Pte. Roque S. Peña en el centro-sur provincial. Este proceso claramente se ha traducido en una modificación notoria en términos de porcentaje de superficie de soja cultivada. En la actualidad entonces, los departamentos que en términos relativos más superficie destinan al cultivo de esta oleaginosa en la provincia son: Río Cuarto en primer lugar, los ubicados al este tales como San Justo, Unión y Marcos Juárez en segundo lugar, y los ubicados al sur y centro de la provincia en tercer lugar (Gral. Roca, Pte. Roque S. Peña, Juárez Celman, Tercero Arriba, Río Segundo y Río Primero). Igualmente, los demás departamentos ubicados el centro y norte de la provincia evidencian un porcentaje importante de superficie cultivada con soja.

Figura 4. Superficie cultivada con soja en la provincia de Córdoba y su evolución entre las campañas 1970, 1995/6 y 2020/1, expresadas en porcentajes y a nivel departamental

Fuente: elaboración propia sobre la base de datos disponibles en Estimaciones Agrícolas (MAGYP, s.f.) y de archivos vectoriales disponibles en la página web del IGN (s.f.).

En términos generales, se puede observar que especialmente el sur, norte y noreste de la provincia de Córdoba han experimentado, y se encuentran experimentando, un importante proceso de agriculturización. Incluso este proceso ha sido identificado, en el norte de la provincia, como belt agrícola (Astegiano, 2015).

Estudios específicos realizados en algunos departamentos o sectores de la provincia de Córdoba dan cuenta que, por ejemplo, en el departamento Río Seco la transformación socioproductiva impulsada por el modelo de agronegocios ha sido sustantiva desde inicios del presente siglo ya que donde

históricamente predominaba la producción familiar de tipo campesino centrada en la cría extensiva de bovinos y caprinos sobre una base de pasturas naturales y monte, se observa el ingreso de empresas que invierten en la producción de granos para exportación y en la ganadería intensiva (Silvetti et al., 2018:59).

Por su parte, Salizzi (2018, 2020a), con relación al norte de Córdoba, señala que el avance de la frontera agrícola puede dividirse en dos cortes temporales:

el primer período, que representa el inicio de la expansión del modelo productivo de los agronegocios sobre el norte cordobés, es denominado transición mixta (de 1991 a 2001), en referencia a la incorporación combinada de ganado bovino y agricultura. Y el segundo es llamado agriculturización del norte cordobés (de 2001 en adelante), en función del reemplazo de la ganadería por cultivos agrícolas (principalmente soja y maíz) y la incorporación de ganadería intensiva (Salizzi, 2020a:6-7).

Por último, en trabajos anteriores (Maldonado y Cóccaro, 2006) también hemos analizado las características de la expansión agrícola en el sur de Córdoba, asociada no únicamente al reemplazo de superficie destinada a ganadería sino también al desmonte.

Sostenemos que este proceso de agriculturización, visualizado en parte por la transformación del uso del suelo agropecuario, se constituye en una de las formas en las que la dinámica de la frontera económica tiene expresión. Lo anterior también es sustentado y explicado por la expansión y consolidación de una red de sucursales y casa matrices de empresas vinculadas tanto a la transformación de granos como a la provisión de insumos agropecuarios. Esta red se entrelaza solidariamente con la estructura urbana de la provincia de Córdoba. Por lo expresado, en el próximo apartado nos detendremos a analizar la mencionada red, en la provincia de Córdoba.

Topología empresarial y agriculturización: expresiones en la provincia de Córdoba

Las características del proceso de agriculturización experimentado en la provincia de Córdoba, sustentado en el despliegue del denominado paquete tecnológico que asocia maquinaria agrícola, semillas y productos agroquímicos, ha demandado de manera creciente la provisión de diversos insumos agropecuarios tales como semillas modificadas genéticamente o híbridas, fertilizantes, fungicidas, entre otros. A modo de ejemplo, en la Figura 5 se presenta el porcentaje de uso de fertilizantes, insecticidas y herbicidas sobre el total de la superficie cultivada, a nivel departamental y en el año 2018. En este sentido, con relación al uso de fertilizantes, se puede observar que la mayor concentración se registra en el centro de la provincia de Córdoba, destacándose los departamentos Marcos Juárez, Unión, Calamuchita, Santa María y Pocho, siguiendo en importancia el resto de los departamentos provinciales y registrándose la menor superficie con uso de fertilizantes en Cruz del Eje (8%) (no se disponen datos del departamento Minas). Por su parte, el uso de insecticidas evidencia un comportamiento relativamente similar al de fertilizantes, con porcentajes mínimos (4,5% en San Alberto) y máximos (90% en Minas) parecidos. El uso de herbicidas manifiesta valores mayores en la totalidad de la provincia, con mínimos que inician en su uso en el 23% de la superficie cultivada en el departamento Cruz del Eje y máximos del 100% en el departamento Pocho. Salvo pocas excepciones (evidenciadas por aquellos departamentos que tienen gran parte de su superficie en zona de sierras) la totalidad de los departamentos de la provincia registran el uso de herbicidas en más del 50% de su superficie cultivada.

Figura 5. Superficies destinadas a uso agrícola en las que se aplica agroquímicos, expresada en porcentajes y a nivel departamental (año 2018)

Fuente: elaboración propia sobre la base de datos del CNA 2018 disponibles en la página web del INDEC y de archivos vectoriales disponibles en la página web del IGN (s.f.).

Como señalamos, los cambios evidenciados en el uso del suelo agropecuario también se asocian a la utilización creciente de diversos insumos agropecuarios como los mostrados en la figura anterior. La provisión de estos insumos se apoya en la consolidación y expansión de una red de sucursales y casas matrices de empresas vinculadas a la transformación de granos y a la provisión de insumos agropecuarios. Esta red de empresas y sus sucursales se traducen en topologías empresariales que permiten reconocer la selectividad espacial que se expresa en la forma en la que usan el territorio. Siguiendo a Silveira, advertimos que cada empresa

tiene una forma particular de combinar los objetos que necesita para el ejercicio de su acción y una forma particular de organizar las acciones para poner a funcionar tales objetos. Se trata de puntos y áreas que la empresa selecciona y que conforman su base material de existencia (Silveira, 2007:15).

De esta manera, en la actividad agropecuaria la dialéctica entre un orden global y un orden local se materializa a través de las exigencias de los agentes empresariales, quienes desenvuelven su racionalidad mediante la búsqueda de lugares susceptibles de ser incorporados a los circuitos espaciales de producción de commodities agrícolas. El ejercicio del poder regulatorio por parte de las empresas y del poder público no es independiente de los sistemas de ingeniería y de los sistemas normativos presentes en cada lugar.

En la Figura 6 se representa parte de la red que compone la topología empresarial vinculada a la provisión de insumos agropecuarios en general. En esta se representa la cantidad de unidades comerciales de empresas tales como Nidera, Basf, Bayer/Monsanto, Compañía Argentina de Granos, Dow/Dupont, Don Mario Semillas, Los Grobo, entre otras, radicadas en los distintos centros urbanos de la provincia. Se puede observar que se destacan algunos centros urbanos radicados en sectores que, al menos desde el inicio del periodo analizado en este trabajo en términos de agriculturización, podríamos decir que cuentan con una larga trayectoria territorial vinculada a la actividad agrícola. Nos referimos específicamente a localidades como Marcos Juárez, Villa María y Las Varillas. Pero también se destacan allí, y en ocasiones con una concentración de empresas similar a la de las ciudades mencionadas previamente, localidades ubicadas en el área de expansión agrícola, tales como Río Primero, Jesús María, Vicuña Mackenna, Laboulaye, Gral. Levalle y, en menor medida, Huinca Renancó.

Figura 6. Red de unidades comerciales de oficinas de empresas proveedoras de insumos agropecuarios en la provincia de Córdoba (año 2016)

Fuente: elaboración propia sobre la base de relevamiento realizado en el año 2016 y de archivos vectoriales disponibles en la página web del IGN (s.f.).

Astegiano (2015:114) observa que la consolidación de la agricultura en el norte cordobés estuvo asociada a la “aparición y el establecimiento de un aglomerado empresarial que acompañó y lideró el proceso de modernización en la región y en otras regiones”. La autora señala que la red de empresas vinculadas a insumos agropecuarios y acopio de granos comienza a expandirse en esta región hacia fines de la década de 1990. Estas unidades comerciales están

conglomeradas en puntos estratégicos del norte cordobés como son General Paz, Jesús María y Sinsacate, localidades próximas a la estación de ferrocarril, donde se instalan tanto aquellas que prestan servicios y venden maquinarias e insumos como los principales centros de acopio de la región (Astegiano, 2015:114).

Astegiano agrega además que entre las empresas radicadas allí se encuentran tanto compañías multinacionales y nacionales líderes en este rubro (tales como Aceitera General Deheza o Cargill) como firmas locales que han conformado una red propia en la región.

Algo similar se registra en el sur de Córdoba. La localidad de Vicuña Mackenna es sede de distintas empresas proveedoras de agroinsumos, ya sean oficinas comerciales representantes de empresas transnacionales recientemente radicadas en la localidad, o empresas regionales que han generado su propia red de comercialización con algunas sucursales en el sur de Córdoba. En trabajos anteriores (Picciani y Maldonado, 2019; Maldonado, 2021) hemos advertido que Vicuña Mackenna es definida por los mismos actores que allí se radican, vinculados a la actividad agrícola, como “la nueva zona núcleo”. Otrora centro de producción agropecuaria mixta, pero con importante incidencia de la actividad ganadera, en las entrevistas realizadas gran parte de los actores coincidieron en reconocer que la mayor parte de los campos que antes se dedicaban a la ganadería hoy se dedican a la agricultura. En relación con lo anterior, en los trabajos de campo realizados durante 2016 se relevó en la ciudad la existencia de 8 empresas proveedoras de agroinsumos (sin contar el rubro metalmecánico) que incluyen también acopios y moliendas. De las 8 empresas, 6 se instalaron con posterioridad al año 1996.

Por su parte, la localidad de Huinca Renancó, ubicada en el departamento General Roca (el más meridional de la provincia de Córdoba), comienza a experimentar el arribo de algunas empresas líderes del sector a inicios del presente siglo, poco antes de 2010. En este sentido, entre los años 2006 y 2009 se construye allí una planta de acopio de la empresa AGD. Más recientemente, en 2019, Los Grobo se suma a la red de empresas allí existentes a través de la instalación de una oficina comercial que, en palabras de Agustín Valdés (responsable de dicha oficina),

[tiene por objetivo] todo lo que es venta de las diferentes gamas de insumos que va necesitando el productor, semillas, ya sea maíz, soja, trigo, girasol. Los diferentes cultivos que por ahí más fuertes son en la zona. A su vez también tenemos la línea de semillas forrajeras ya que esta zona además de agrícola tenemos muchos productores que son mixtos, donde dan valor agregado con el animal, entonces tenemos esa línea también. Después hacemos acopios, tenemos… bueno, fertilizantes, silobolsas (Los Grobo, 12/9/2019).

Gustavo Grobocopatel agrega a lo anterior: “y asesoramiento en mercados” (Los Grobo, 2019).

Parte de la topología empresarial también se conforma por los establecimientos agroindustriales que transforman parte de los cereales y oleaginosas que se cultivan en la región. En la Figura 7 se puede observar la localización de estas plantas, en la provincia de Córdoba. Allí se puede notar que si bien existe una relativa dispersión territorial de las agroindustrias, su localización no ha acompañado con la misma intensidad a las unidades de comercialización de agroinsumos. Las agroindustrias que transforman maíz se localizan en los departamentos San Justo (noreste de la provincia), Río Cuarto, Gral. San Martín, Juárez Celman y Marcos Juárez (todos en el centro-sur y este de la provincia). Por su parte, los establecimientos que se dedican a transformar granos de soja se localizan en los departamentos de Río Segundo, Tercero Arriba, Río Cuarto y Juárez Celman. Los establecimientos agroindustriales vinculados al trigo evidencian tanto mayor número así como también mayor dispersión territorial, pero siempre con tendencia a localizarse en el centro y este de la provincia. Se encuentran establecimientos de este tipo en 12 de los 26 departamentos provinciales.

Figura 7. Establecimientos agroindustriales según tipo de grano industrializado (maíz, soja o trigo) en la provincia de Córdoba (años 2018-2019)

Fuente: elaboración propia sobre la base de datos del Ministerio de Hacienda de la Nación (2018, 2019a, 2019b) y de archivos vectoriales disponibles en la página web del IGN (s.f.).

Siguiendo a autores como Santos (1994) y Elias (2006), sostenemos que la creciente dependencia de la producción agrícola de recursos financieros, científicos, tecnológicos e informacionales ha reestructurado las relaciones entre el campo y la ciudad, así como también los flujos establecidos dentro de las redes urbanas. En tanto que las ciudades locales y los centros regionales se tornan esenciales para la realización de la agricultura moderna, puesto que ofrecen una serie de servicios a la actividad productiva (como asistencia técnica, financiera, contable, venta de insumos químicos, biológicos, maquinaria, entre otros), las metrópolis nacionales se tornan en los centros de regulación de la producción en general. De esa forma, se establece un movimiento de articulación entre las fuerzas centrífugas y las fuerzas centrípetas (Santos y Silveira, 2001). Esto es, una relación directa entre la creciente dispersión territorial de las actividades modernas (fuerza centrífuga) y la mayor centralización del comando productivo en pocos centros políticos-económicos (fuerza centrípeta).

Financierización, discursos y sentidos invisibilizados

Con mayor énfasis desde el aumento de los precios de los alimentos en los años 2007/8 en los mercados internacionales y la crisis financiera global, el sector agrícola ha atraído rápidamente la atención del sector financiero. Un rasgo importante que distingue la tierra de otros tipos de recursos naturales es tanto su potencialidad para la producción de cultivos como su función de stock de valor o fuente de apreciación. En el mismo sentido, la emergencia de los denominados cultivos flexibles, que son fácilmente intercambiables puesto que pueden destinarse a comida, combustible o alimento animal, resuelve una de las principales dificultades de la actividad agrícola: la necesidad de diversificar su portafolio de producción para evitar shocks de precios (Borras et al., 2012).

En este contexto, y precedido también por la necesidad de un incremento de escala a fin de mejorar la rentabilidad de la producción agrícola, se observa una tendencia a la concentración de la explotación económica del suelo. En la Figura 8 se han sistematizado datos vinculados a la cantidad de Explotaciones Agropecuarias (EAP) a nivel departamental, en la provincia de Córdoba, entre los años 1988, 2002 y 2018 (se omite el registro del departamento Capital, por ser un área mayormente urbana). El descenso en el número total de EAP a nivel provincial es del 35% entre los años 1988 y 2002, y del 21% entre los años 2002 y 2018. Se puede observar en la mencionada figura que entre 1988 y 2002 la totalidad de los departamentos de la provincia registran una disminución de las EAP, siendo Pocho, Ischilín y Río Seco los que, en esta ventana temporal, muestran la menor disminución (hasta un -19%) y, como contracara, Río Primero, Colón, Santa María, Tercero Arriba, Gral. San Martín y Juárez Celman los que registran un descenso en el número total de EAP de más del 40%. Entre los años 2002 y 2018 también la totalidad de los departamentos evidencian una disminución en el número total de EAP, pero en este caso las mayores magnitudes se registran en otros departamentos (con excepción de Colón) ubicados en el centro-oeste de la provincia (Punilla, San Javier y San Alberto) y en el norte (Río Seco). Como corolario, en la totalidad del periodo 1988 y 2018, salvo algunos departamentos ubicados al sur y al noroeste de la provincia (7 en total), el resto dan muestras de una significativa disminución del número de EAP en valores que van desde el 40 al 72%.

Figura 8. Explotaciones Agropecuarias en la provincia de Córdoba. Evolución de su cantidad entre los años 1988, 2002 y 2018, expresada en porcentaje y a nivel departamental

Fuente: elaboración propia sobre la base de datos del CNA 2018 y 2002 (INDEC, s.f.), del CNA 1988 (INDEC, 1991) y de archivos vectoriales disponibles en la página web del IGN (s.f.).

Este proceso claramente ha ido acompañado, como ya se observa hace años en la región, de una tendencia hacia la concentración de la explotación económica del suelo evidenciada por el incremento de EAP de mayor superficie. De esta manera, en la Figura 9 se puede notar que la participación de las EAP de hasta 200 ha sobre el total de las existentes, a nivel departamental, va disminuyendo entre 1988 y 2018, concentrándose al inicio del periodo en el noroeste de la provincia de Córdoba y el departamento Marcos Juárez, y hacia el año 2018 solo en los departamentos ubicados en el extremo oeste de la provincia. Como contracara, las EAP de más de 1000 ha, que entre 1988 y 2002 se concentraban mayormente en el departamento Gral. Roca (al sur) y Sobremonte (al norte), hacia el año 2018 incrementan notablemente su participación en todos los departamentos, aunque con mayor relevancia en el norte y sur de la provincia (Figura 10).

Figura 9. Explotaciones Agropecuarias de hasta 200 hectáreas en la provincia de Córdoba. Porcentaje de participación sobre el total de explotaciones en los años 1988, 2002 y 2018, a nivel departamental

Fuente: elaboración propia sobre la base de datos del CNA 2018 y 2002 (INDEC, s.f.), del CNA 1988 (INDEC, 1991) y de archivos vectoriales disponibles en la página web del IGN (s.f.).

Figura 10. Explotaciones Agropecuarias de más de 1000 hectáreas en la provincia de Córdoba. Porcentaje de participación sobre el total de explotaciones en los años 1988, 2002 y 2018, a nivel departamental

Fuente: elaboración propia sobre la base de datos del CNA 2018 y 2002 (INDEC, s.f.), del CNA 1988 (INDEC, 1991) y de archivos vectoriales disponibles en la página web del IGN (s.f.).

Hemos observado, hasta el momento, que el proceso de agriculturización que ha motorizado la expansión de la frontera económica especialmente en el norte y sur de la provincia de Córdoba, ha sido también sustentado por la expansión de la red de sucursales de empresas proveedoras de agroinsumos. También en este apartado hemos observado que este proceso se encuentra acompañado por la creciente concentración de la explotación económica del suelo. Siguiendo esta perspectiva de análisis, sostenemos que además la expansión de la frontera económica, expresada en este caso por la expansión del modelo de agronegocios, no sería posible sin la conjugación con lo anterior de la existencia de tierras aún no incorporadas al modelo de agronegocio y susceptibles de serlo, así como también de excedentes de capital financiero que buscan lugares de realización a fin de incrementar su tasa de rotación.

En este sentido, si se analizan los datos del Geoportal IDE de la provincia de Córdoba referidos al precio de la tierra rural, entre los años 2019 y 2021 (Figura 11), se puede observar que son también los departamentos ubicados al norte y sur de la provincia los que, en términos relativos, han experimentado un incremento en el precio de sus tierras agrícolas mayor a la media provincial. Específicamente, en la Figura 11 se presenta la variación porcentual del incremento del precio de la tierra rural, a nivel departamental, por encima o por debajo de la media provincial. Aquellos valores menores a 100 dan cuenta de departamentos en los cuales el precio de la tierra se ha incrementado entre 2019 y 2021, pero este aumento se ha hecho en una proporción menor a la media provincial; y viceversa, aquellos departamentos que registran un valor superior a 100 son los que han demostrado un incremento en el precio de sus tierras rurales por encima de la media provincial. Salvo los ubicados al oeste, todos los departamentos en el norte, este y sur provincial tienen un valor superior a 100, siendo más significativo el incremento en Sobremonte, Ischilín, Tercero Arriba y Gral. Roca.

Figura 11. Precio de la tierra rural en la provincia de Córdoba. Variación porcentual entre 2019 y 2021, a nivel departamental, con relación a la variación media provincial

Fuente: elaboración propia sobre la base de datos disponibles en el Geoportal IDE de la provincia de Córdoba y de archivos vectoriales disponibles en la página web del IGN (s.f.).

Visser (2017) señala que para que la tierra se convierta en un activo financiero, deben concurrir una serie de condiciones, las cuales son: a) el potencial de ganancias que un objeto genera en el futuro, el que preferentemente debe superar la tasa media de los mercados financieros; b) la escasez del objeto, la cual no necesariamente es real, sino que también puede ser construida discursivamente; c) la liquidez, es decir, el objeto debería ser lo suficientemente líquido como para ser fácilmente vendido cuando los inversores así lo desean; d) la estandarización, puesto que el objeto convertido en activo debe ser comparable con otros activos financieros a través de distintos indicadores de estandarización y puntos de referencia; y, e) la legitimidad del objeto, ya que este debería estar enmarcado como moral y socialmente aceptable, o al menos no ser considerado como “inmoral” y socialmente inaceptable.

Parte de la legitimidad del objeto a la que hace referencia Visser se encuentra fuertemente anclada en una poderosa matriz discursiva que asocia a este modelo de producción, por un lado, como el medio para resolver la creciente demanda de alimentos a nivel mundial y, por otro, como herramienta y hasta sinónimo de progreso.

Con relación al primer punto señalado, en trabajos anteriores (Maldonado, 2020) hemos analizado el Informe de Valoral Advisors[2] (2018) titulado “Global Food & Agriculture Investment Outlook Investing profitably whilst fostering a better agriculture”, el cual se presenta como una descripción a 360% del panorama de inversión de toda clase de activos, con un análisis actualizado de las principales estrategias financieras y con una sección especial destinada a América del Sur.

El informe destaca que el crecimiento económico mundial ofrece una perspectiva positiva del crecimiento continuo de la demanda de todo el espectro de productos agrícolas y alimentarios, por lo que los inversores pueden encontrar muchas razones para invertir en el sector […] [América del Sur] posee un entorno político y económico más favorable al mercado, por lo que puede ofrecer al sector agroalimentario regional la oportunidad de convertirse en un proveedor cada vez más importante de alimentos para el mundo y una fuente de desarrollo sostenible para la región (Maldonado, 2020:63).

En este contexto, esta forma de construcción discursiva también es continuamente generada y reproducida por las empresas transnacionales que fabrican (y hasta monopolizan) los insumos agropecuarios requeridos para el desarrollo de este tipo de agricultura. Así, por ejemplo, Bayer/Monsanto promueve el lema “Health for all, hunger for none” (“Salud para todos, hambre para ninguno), guiados por el propósito de “Science for a better life” (“Ciencia para una vida mejor”). En el mismo sentido, Syngenta (s.f.) señala que: “Nuestra ambición es proporcionarle más seguridad alimentaria de manera sostenible para el medio ambiente a un mundo cada vez más poblado, mediante la creación de un cambio mundial escalonado en la producción agrícola”.

El segundo aspecto señalado tiene que ver con la identificación de este modelo agrícola, prácticamente a nivel de sinónimo, con el progreso y desarrollo regional. En esta matriz discursiva operan fuertemente no solo las empresas que producen agroinsumos sino también distintas asociaciones y medios de comunicación vinculados al modelo de agronegocios. Liaudat (2018:217) advierte que los tópicos propios del discurso de los agronegocios

se basan en una visión del desarrollo influenciada por el paradigma neoliberal de la sociedad del conocimiento y el empowerment. Este paradigma comprende la perspectiva de que más tecnología es sinónimo de progreso, que la responsabilidad de la innovación es del individuo, la sobrevaloración del conocimiento como recurso central en la producción agropecuaria […] y la determinación del papel del Estado como garante de las condiciones jurídicas para el desarrollo privado de las tecnologías.

En el desarrollo de sus investigaciones, Astegiano (2015:116) ha reconocido que la Sociedad Rural de Jesús María “funciona en la actualidad como una institución que difunde continuamente el modelo productivo del agronegocio, realizando eventos mensuales y anuales de promoción de dichas empresas”. En la página web de la asociación señalan que “la Institución trabaja en forma permanente en la elaboración, estudio y análisis de cuestiones relacionadas con la producción primaria, el desarrollo regional, de zonas urbanas, actividades y emprendimientos de gran alcance” (Sociedad Rural de Jesús María, s. f.).

Por otra parte, otra asociación como Consorcios Regionales de Experimentación Agrícolas, conocida como CREA, presente a través de distintas regionales en la totalidad de la provincia de Córdoba, expone su método como símbolo de progreso. También radicada en Jesús María, CREA Córdoba Norte (s.f.) propone como estrategia para 2025: “Instalar una visión ampliada del agro, como motor del desarrollo y generador de riquezas y oportunidades”. Por su parte, el sur de Córdoba es abarcado por la regional que se encuentra en la localidad de Vicuña Mackenna, denominada CREA Zona Centro.

Al respecto de este tipo de perspectiva, Liaudat (2018:102) señala que “esta visión de la historia y del desarrollo de la sociedad tiene un fuerte supuesto sobre el progreso, que estaría determinado por la evolución lineal de la ciencia y la tecnología”. A su vez, la autora advierte que “el método CREA es presentado como método científico y desde ese momento lo constituyen en un símbolo de progreso para el agro posible de imitar en otros sectores sociales” (2018:84).

Por su parte, el grupo Los Grobo, recientemente instalado en Huinca Renancó, señala que:

Vemos gente capacitándose constantemente, pensando y re-pensando en cómo mejorar, debatiendo los conceptos que sustentan y proyectan la mejora. Gente que trabaja junto a científicos, explorando las fronteras tecnológicas, aumentando la productividad y calidad de los productos. Innovando, creando valor para la sociedad, desde el laboratorio, desde el campo […] Vemos trabajadores que lideran, que transforman, que desafían, que no le temen al cambio. Que generan progreso, mejor educación y calidad de vida para los pueblos y su gente. Traccionando hacia adelante, articulados con lo global (Los Grobo, s. f.).

La aceleración de la conversión de la tierra en un activo financiero, por su doble condición de sustrato para cultivos y stock de valor, sustentada en matrices discursivas y simbólicas, se materializa en profundas transformaciones territoriales, que no solo tienen que ver con los tipos de actores que participan en el proceso (aspecto ya de por sí relevante) sino especialmente con la creciente presión para la expansión de la frontera económica. En esas fronteras, el movimiento de la reorganización del capital se intensifica, en términos de fusiones y de formación de consorcios, y los territorios son mejor equipados para facilitar la circulación, tornándose esto en fuente de ventajas competitivas (Bernardes, 2015).

En este sentido, Neuburger (2017) señala que desde la perspectiva que podríamos denominar hegemónica ha primado históricamente la concepción de fronteras como áreas de tierra libre, con disponibilidad de recursos naturales, susceptibles de ser incorporadas a la “civilización” y a la economía capitalista, con un abordaje signado por la perspectiva colonial. Sin embargo, la autora advierte que las llamadas “áreas de tierra libre” son en realidad áreas densas en territorialidades negadas por los actores dominantes. Observamos que, de manera creciente, aquellas áreas más densas en territorialidades, en oportunidades divergentes, dan muestras de las confrontaciones de diversas racionalidades que se pueden tornar visibles a través de la conflictividad social.

Gigena et al. (2013) realizan un detallado análisis sobre los conflictos vinculados a la tierra. En el marco de este análisis se puede reconocer que la provincia de Córdoba es la que registra mayor porcentaje de incidencia de este tipo de conflictos, representando el 8,1% del total de conflictos relevados a nivel nacional. Esto involucra a 69 casos que afectan a 1077 familias. En la Figura 12 se han recuperado aquellos conflictos reconocidos en la provincia de Córdoba. En esta se puede observar que la concentración de la conflictividad se encuentra en los departamentos del norte y oeste de la provincia, con mayor incidencia en Cruz del Eje, Río Seco, Pocho, Sobremonte, Tulumba, Ischilín, Minas y San Alberto.

Figura 12. Conflictos por la tierra en la provincia de Córdoba (año 2011)

Fuente: elaboración propia sobre la base de datos de Gigena et al. (2013) y de archivos vectoriales disponibles en la página web del IGN (s.f.).

En estos departamentos se han evidenciado y evidencian crecientes y violentos procesos de expulsión de campesinos y pequeños productores a la par que se registran notables incrementos en la tasa de deforestación.

Salizzi (2020a:6) ha realizado una detallada investigación en la que da cuenta que “la deforestación de las áreas boscosas constituye una de las consecuencias ambientales más reconocidas en el norte cordobés en relación con el proceso de expansión territorial del modelo productivo de los agronegocios”. El autor analiza y sistematiza información provista por el Proyecto de Monitoreo de Deforestación en el Chaco Seco (FAUBA) para el periodo 2002-2016 y observa que la evolución de la superficie deforestada en los departamentos Río Seco, Sobremonte y Tulumba se ha mantenido elevada y constante con un significativo incremento en el año 2016 en el departamento Río Seco (en el que comparativamente, además, la superficie deforestada es mayor desde 2010) (Figura 13).

Figura 13. Evolución anual de la superficie desmontada en los departamentos Río Seco, Sobremonte y Tulumba, al norte de la provincia de Córdoba, entre los años 2002 y 2016

Fuente: Salizzi (2020a:10).

En este sentido, Silvetti et al. (2018) señalan que los campesinos del norte de la provincia ven reducidas las superficies en las que el ganado caprino (uno de los tipos de producciones más comunes entre campesinos del norte de Córdoba) puede pastorear. También advierten que “se resiente igualmente el acceso a otros servicios ecosistémicos que provee el bosque nativo (e.g., leña y madera) y se deterioran las redes sociales locales, debido a la emigración campesina” (Silvetti et al., 2018:59).

En este contexto, entre fines del siglo pasado e inicios del presente surgen en diferentes partes de Córdoba, pero especialmente en el norte y oeste provincial, distintas asociaciones que nuclean a pequeños productores y campesinos. Entre ellas podemos mencionar la Asociación de Productores del Noroeste de Córdoba (APENOC); la Unión Campesina de Traslasierra (UCATRAS); la Organización de Campesinos Unidos del Norte de Córdoba (OCUNC); la Unión Campesina del Norte (UCAN); y la Unión Campesina del Oeste Serrano (UCOS) (estas uniones de campesinos se integran en el Movimiento Campesino de Córdoba – MCC). El MCC manifiesta que luchan

por una vida digna, que proponemos y construimos soluciones en los territorios: escuelas campesinas, puestos de salud, mejoramiento de la producción y comercialización, obras de agua, resistencia activa y defensa jurídica de la tierra. Por su parte, el estado cordobés viene promoviendo el desmonte, permitiendo los desalojos, promoviendo un modelo agropecuario basado en las recetas de Monsanto con su paquete tecnológico que fumiga y envenena (Vía Campesina, 07/08/2013).

Asimismo, reclaman que se contemple y respete el modo de producción campesino, el acceso al agua y al territorio.

En esta línea, sobre el MCC Salizzi (2020b:4197) señala que:

la disputa por la propiedad de la tierra fue uno de los principios constitutivos de la organización, sobre el que se centraron las actividades desarrolladas durante sus primeros años de existencia. Sin embargo, progresivamente fueron ampliando el espectro de sus reclamos para abarcar otras problemáticas que afrontaban diariamente los pequeños productores.

El encuentro de territorialidades divergentes y antagónicas expresadas en estos casos a través de conflictos que han logrado adquirir cierto grado de visibilidad no debe obturar la búsqueda de otros antagonismos no siempre visibles o visibilizados. La potencia del discurso normativo que asocia progreso y desarrollo a una forma determinada de producción agropecuaria, que además se constituye en solución para la provisión de alimentos al mundo (“cuya población crece rápidamente”), se asienta sobre la negación o invisibilización de otras formas de producción. Este proceso se convierte en una poderosa narrativa que busca legitimación social mientras transforma profundamente y de diversas formas los territorios en los que avanza y se materializa.

Reflexiones finales

A lo largo del capítulo hemos presentado y analizado datos vinculados a la producción agrícola, la aplicación de productos agroquímicos, la expansión de redes comerciales de empresas que producen y proveen insumos agropecuarios y la no tan clara expansión de las agroindustrias que transforman la producción primaria; también datos vinculados a explotaciones agropecuarias, variación del precio de la tierra, desforestación, conflictos por la tierra, entre otros. Los datos, en su totalidad, se han referido a la provincia de Córdoba y en su mayoría se han presentado a nivel departamental, con excepción de la red de sucursales de ventas de agroinsumos.

A través de los distintos datos y análisis realizados se puede observar que la provincia de Córdoba se caracteriza por: un notable proceso de agriculturización; poseer porciones de su superficie, tanto en la zona núcleo de la región pampeana como en áreas de expansión del agronegocio, que se constituyen en fronteras económicas; ser sede de agroindustrias vinculadas a la transformación de soja, maíz y trigo; por la articulación de la trama productiva a través de espacios urbanos que participan, por un lado, como nodos de las topologías empresariales vinculadas a la transformación de granos y provisión de agroinsumos; y por otro, como puntos de anclaje y plataformas para la organización y reorganización de las actividades productivas bajo el modelo de agronegocios.

Al respecto, si bien las transformaciones en términos de producción agropecuaria se han y están materializando en toda la provincia, es posible reconocer áreas de expansión de la frontera económica vinculadas a la actividad agrícola, tanto en el norte como en el sur. En este sentido, ciudades como Jesús María ubicada al norte de Córdoba; y Vicuña Mackenna y más recientemente Huinca Renancó, localizadas en el sur provincial, se fortalecen como puntos de comercialización de agroinsumos en áreas de expansión del modelo de agronegocios, incluso algunas de ellas son denominadas por diversos actores sociales como localidades nodales de la “nueva zona núcleo agrícola”. Este proceso se sostiene por un discurso que consolida la construcción de hegemonía y, como tal, invisibiliza otros sentires, otras territorialidades, otras formas de pensar, producir, vivir y relacionarse con el territorio. Al decir de Massey (1999), lo que subyace en todos estos conflictos son distintas geografías imaginativas, diferentes narrativas en torno al territorio, a su devenir, a las alternativas posibles y a los senderos del desarrollo y progreso que se delinean.

En este sentido, somos testigos de la construcción de poderosas imaginaciones geográficas que operan sobre la realidad, y al hacerlo reúnen las diferencias espaciales bajo el signo de la secuencia temporal: lo atrasado y lo nuevo; lo viejo y la innovación, todo reunido en una secuencia lineal cuyo recorrido garantiza el arribo al “progreso”. Se trata de una imaginación geográfica que ignora las diferencias estructurales, las necesarias rupturas y las desigualdades.

Así, la lógica que se introduce es la lógica global, donde la aceleración permanente del proceso de rotación y acumulación de capital financiero se constituye en soporte que anima su reproducción. Los actores y regiones que no se adapten a estos imperativos quedan excluidos del “progreso”. Siguiendo a Boaventura de Souza Santos (2010) podemos señalar que formas alternativas de producción locales se invisibilizan por encontrarse “del otro lado de la línea” que establece el pensamiento occidental abismal, línea que determina el límite entre lo civilizado y lo no civilizado, entre el progreso y atraso.

En el territorio confluyen un sinnúmero de fuerzas, diferentes, convergentes, divergentes, solidarias, complementarias y antagónicas. Es en el territorio donde adquieren materialidad. No solo es una tarea ineludible, sino especialmente urgente enfatizar que existen otras relaciones y otras relaciones posibles, otros actores y otros actores posibles, otros objetos y otros objetos posibles que explican la verdadera totalidad que define el territorio. En esta línea, no solo es una tarea ineludible, sino especialmente urgente, recuperar sentidos y sentires invisibilizados que incluyan la diversidad que efectivamente caracteriza el territorio.

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  1. Se debe advertir que no todos los departamentos registran datos para 1969/1970, por lo que se han tomado datos de la primera campaña en la que se registra información, siempre a inicios de la década del 1970.
  2. Valoral es una empresa especializada en la comercialización de activos vinculados a la alimentación y la agricultura. Desde esta compañía señalan que tienen como objetivo ayudar a los inversores a invertir de la manera más rentable para fomentar una agricultura más productiva, eficiente y sostenible. Sus principales sedes se localizan en Luxemburgo y Argentina y, según la información disponible en la página web de la empresa, quienes lideran la compañía han “vivido su infancia en las pampas argentinas” (Valoral Advisor, s. f.).


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