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Introducción

Esteban Salizzi, Sol Lanteri, Tania Porcaro y Juan Luis Martirén

Este libro surge de los encuentros anuales que el Grupo de Estudios sobre Fronteras y Regiones (GEFRE) viene impulsando desde el año 2016, con la intención de ampliar los debates internos en torno al estudio de las fronteras, así como fortalecer los lazos académicos con una diversidad de investigadores e instituciones interesados en la temática. De hecho, el V Seminario Internacional Bordes, límites, frentes e interfases: “Aportes recientes para el estudio de fronteras”, que dio lugar a los trabajos que aquí se presentan, fue una empresa conjunta con la Red de Estudios Rurales (RER) del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, que sirvió para consolidar el vínculo existente entre ambos equipos de trabajo.

El seminario en cuestión fue pensado como un evento presencial en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires durante el año 2020, más específicamente en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, con motivo del quinto aniversario de los encuentros. Por tratarse de una edición especial, la propuesta se orientó a la incorporación de representantes de diversas disciplinas, grupos e instituciones, para reflexionar sobre las múltiples formas en las que sus investigaciones dialogaban con el universo de las fronteras. La pandemia por COVID-19, como sucedió con tantos otros proyectos, alteró los planes iniciales. El evento se realizó el año siguiente, los días 26 y 27 de agosto de 2021, en modalidad virtual. El seminario se trató de una experiencia muy enriquecedora en términos académicos, al ampliar el horizonte de temas, problemas y enfoques teórico-metodológicos asociado al estudio de las fronteras en el país y la región. Asimismo, estuvo inevitablemente atravesado por la emoción que significó el reencuentro (virtual) con muchas y muchos colegas, amigas y amigos.

Del seminario surgieron una serie de trabajos, cuyas versiones ampliadas se compilan en este volumen. Los debates que tuvieron lugar durante las dos jornadas se enfocaron en torno a las formas de abordaje y la construcción teórico-metodológica que se vienen desarrollando desde diversas disciplinas, como la Geografía, la Historia, la Sociología, la Antropología y la Arqueología. Las y los investigadores participantes aportaron sus visiones y experiencias en el estudio de diferentes tipos de fronteras, incluyendo aquellas interestatales, interétnicas, urbanas y productivas, entre otras. El resultado fue un diálogo entre producciones científicas enmarcadas en diferentes instituciones y diversos marcos teórico-conceptuales y epistemológicos. Asimismo, las discusiones no se limitaron a la reflexión científica, sino que apuntaron también al tratamiento de problemas sociales relacionados a las fronteras y a la posibilidad de transferir respuestas a la comunidad.

En la Argentina, si bien el estudio de las fronteras constituye un tema clásico y transversal a distintas disciplinas humanas y sociales, en los últimos años se han producido revisiones y nuevas contribuciones a la luz de los avances en cada marco disciplinar. Las nuevas miradas, desde variadas perspectivas teóricas, escalas temporales y espaciales, metodologías y fuentes, destacan la complejidad de los procesos de formación, delimitación, representación y simbolización fronteriza, intentando aprehender la complejidad de las interacciones entre diversos agentes e instituciones, en un marco temporal que abarca desde la formación y consolidación de los Estados nacionales y del mercado capitalista hasta la actualidad.

En el caso de la Historia argentina, a diferencia de otros países americanos, los estudios sobre fronteras tuvieron un escaso desarrollo en la historiografía a comienzos del siglo XX, con excepción de aquellos aportes que las concebían como un mero límite de separación entre sociedades y destacaban los aspectos bélicos de las relaciones interétnicas, como las campañas militares y los malones. Recién en la década de 1960 comenzaron los primeros debates, poniendo a consideración la tesis turneariana desde tópicos como la ocupación del suelo, el poblamiento y la producción rural. Sin embargo, a partir de la década de 1980 –al calor de la apertura democrática y la renovación de campos disciplinares afines, como la historia rural, política y económica– comienza una verdadera renovación y ampliación de este campo de estudios, revisando las historias nacionales liberales e incluyendo estudios a escala local y regional, así como diversos actores sociales.

En relación con la Geografía argentina, en las últimas décadas se comenzaron a revisar las miradas clásicas y estáticas sobre las fronteras, que estuvieron vigentes hasta finales del siglo XX. En este tiempo, se buscó delinear una mirada amplia sobre las fronteras que permitió trascender el estudio exclusivo de los procesos de diferenciación entre estados nacionales. Se impulsaron, así, diferentes trayectorias de investigación que apelan a esta categoría con la finalidad de analizar procesos de exclusión social, conflictos por el uso del suelo, fragmentación del espacio urbano, avances del agronegocio, disputas interétnicas, entre otros fenómenos sociales. Las problemáticas abordadas han remitido a las escalas clásicas –nacionales y regionales–, pero también se vienen incorporando recortes más acotados asociados a la vida cotidiana, al espacio habitado y a la intimidad. La categoría de frontera se ha expandido para dar cuenta de una pluralidad de prácticas y discursos asociados a la constitución, diferenciación y/o relacionamiento de una diversidad de entidades espacio-temporales.

Tomando en cuenta este contexto, cobran particular interés las reflexiones que vienen desarrollando otras disciplinas sociales acerca de las fronteras, en diálogo con las disciplinas antes mencionadas. Asimismo, se torna prioritario repensar los conceptos utilizados (como frontera, límite, borde, periferia, entre otros) en función del problema de cada investigación, evitando el uso de categorías a priori. La aproximación mediante distintas escalas de análisis (macro, meso, micro y multiescalar), el uso de fuentes y la creación de metodologías diversas enriquecen el análisis, otorgando densidad histórica y social a las perspectivas de estudio. Los capítulos incluidos en este libro dan cuenta de ello, constituyendo sólidos aportes para el conocimiento y debate renovado de las fronteras desde múltiples enfoques y disciplinas.

Los temas y problemas que se abordan pueden ser organizados en tres áreas temáticas principales referidas a las fronteras interétnicas, productivas y urbanas/rururbanas. Esta distinción solo responde a fines analíticos y/o disciplinares, siendo su manifestación empírica generalmente simultánea o superpuesta.

En lo que respecta a las fronteras interétnicas, existe un cierto consenso en considerarlas como espacios dinámicos, multiculturales y de compleja interacción, signados por múltiples agentes e instituciones que se relacionan mediante acuerdos, diplomacia y confrontaciones y, por lo tanto, con disímiles formas de operación en el tiempo y el espacio. A partir de relecturas de fuentes trilladas, nuevas preguntas, documentos y enfoques multidisciplinares, las nuevas pesquisas desmitificaron antiguos estereotipos, como la barbarie o el belicismo de los pueblos originarios propios del paradigma positivista y modernista de finales del siglo XIX. Al complejizar las miradas en torno a su composición social, política, económica y cultural, se pudieron indagar las estrategias de poder, los circuitos de intercambio interétnicos e inter-tribales, la formación de identidades étnicas, la etnogénesis y el mestizaje, los intermediarios políticos y culturales y las formas de vinculación de los gobiernos con las poblaciones indígenas, mediante negociaciones, acuerdos de paz o campañas punitivas.

Las fronteras productivas, por su parte, remiten a los espacios de expansión territorial del capital y sus lógicas productivas. Su expresión más común ha sido la referencia a las fronteras agrarias y, más recientemente, a la difusión del modelo productivo agroindustrial, aunque también pueden reconocerse aquellas definidas por otras actividades, como la minería y los hidrocarburos. El acento está puesto aquí sobre una mirada procesual de la transición entre distintas formas de ocupación y organización productiva del espacio, no solo contemplando el cambio en el uso del suelo, sino el complejo sistema de relaciones sociales que allí se establece. Se trata, así, de su reconocimiento como un territorio en disputa, en el que no solo se manifiestan los conflictos derivados de la convergencia entre proyectos disímiles de organización productiva del espacio, sino también entre los discursos y sentidos que los racionalizan y legitiman.

Finalmente, las fronteras urbanas y rururbanas ponen de relieve problemáticas asociadas a formas de segregación, fragmentación y división socioespacial, así como a las transiciones e hibridismos, las centralidades y las periferias. La famosa dicotomía entre lo rural y lo urbano ha dado lugar a importantes debates y modelos teóricos. Su análisis en términos históricos ha apelado, por momentos, a una diferenciación taxativa, pero también se han delineado nuevas miradas más complejas, basadas en la idea de que no se trata necesariamente de categorías excluyentes. Lo rural y lo urbano se entrelazan, interponen y trazan una suerte de hibridación llena de complejidades, que es necesario repensar y dotar de nuevos instrumentos teóricos y metodológicos. Igual de significativas se presentan las diversas maneras de entender las fronteras urbanas, que incluyen no solo demarcaciones territoriales, sino también un complejo cúmulo de dimensiones sociales, étnicas, religiosas, de clase, de género, entre otras. Estos enfoques vienen reflexionando acerca de las prácticas de los agentes, la naturaleza de los vínculos, las tradiciones, los recursos, las diferencias sociales, culturales o étnicas, así como los cambios que se suceden con el paso del tiempo.

En estrecha relación con aquellas tres grandes áreas temáticas, este libro se estructura en diez capítulos. Los tres primeros recuperan diferentes enfoques y aportes relativos a las fronteras interétnicas. En el primer capítulo, titulado “La tierra adentro en las Pampas y la Patagonia, siglo XIX”, Ingrid de Jong recupera los principales aportes de la Arqueología y la Etnohistoria al conocimiento de la territorialidad indígena en aquellas regiones, focalizando en sus diversas prácticas territoriales desde la noción de territorios abiertos. Por su parte, Marcela Tamagnini sintetiza, en “Lecturas etnohistóricas sobre la gran frontera sur indígena (siglos XVIII-XIX)”, la configuración del campo de los estudios de frontera, especialmente en la Etnohistoria, área disciplinar desde donde la autora sitúa su propia investigación sobre la Frontera Sur de Córdoba o Frontera del Río Cuarto en el largo plazo. Seguidamente, el capítulo “Arqueología histórica en las fronteras interétnicas pampeano-patagónicas: trayectos, problemas y perspectivas”, escrito por Victoria Pedrotta, resume el recorrido histórico de la especialidad considerando las cuestiones teóricas y conceptuales y sus formas de abordaje, así como las perspectivas que se vislumbran a futuro dentro de ese campo disciplinar.

Los siguientes cuatro capítulos dialogan sobre las fronteras económicas y productivas. María Eugenia Comerci escribe “El abordaje de las fronteras desde perspectivas relacionales. Estudio de caso en los bordes pampeanos”. La autora reflexiona sobre el avance del capital, abordando el proceso de territorialización y las disputas por el acceso a los recursos. El quinto capítulo pertenece a Sebastián Gómez Lende y se titula “De frentes y cercamientos: las fronteras tecnológico-conceptuales, geográficas y políticas del extractivismo. Estudios de caso en la Argentina contemporánea”. El autor reflexiona acerca de los vínculos entre los conceptos de frontera, extractivismo y acumulación por desposesión, analizando sectores como la minería, la pesca, la agricultura y los hidrocarburos en la Argentina. Para ello, indaga en las transformaciones producidas en las tecnologías, los recursos y las escalas productivas, así como algunas particularidades relativas a las fronteras interestatales e interiores.

En el capítulo siguiente, “Fronteras económicas y topología empresarial en la provincia de Córdoba”, Gabriela Inés Maldonado examina las fronteras agrícolas como fronteras económicas, para pensar su expansión a través de los factores técnicos, informacionales y financieros que incluyen cambios en la estructura agraria, las topologías empresariales, el precio de la tierra y las narrativas asociadas al progreso y el desarrollo, promoviendo la exclusión de ciertos usos y la expulsión de actores sociales. Por su parte, Germán Rosati escribe el capítulo “Frontera, deforestación y despoblamiento. Discutiendo algunas hipótesis sobre la expansión reciente de la frontera agraria en Argentina”. Allí, el autor pone en debate los vínculos entre el despoblamiento rural, la deforestación y la expansión de la frontera agraria, a través de la indagación de información cuantitativa y la construcción de indicadores sobre uso y cobertura del suelo y variables demográficas.

Los últimos tres capítulos proponen un análisis teórico y conceptual sobre lo urbano y lo rural. La perspectiva antropológica a la que apela Ramiro Segura, en el trabajo “Entre muros (materiales) y límites (categoriales). Notas para una antropología de las fronteras urbanas”, se orienta a estudiar la complejidad de los límites o separaciones en el mundo urbano. Se enfoca en el caso de la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA) para indagar sobre tres dinámicas de/en las fronteras urbanas: las características de su trazado, el trabajo de los actores que refuerzan o discuten esas fronteras y la experiencia de cruzarlas cotidianamente. El capítulo de María Mercedes Cardoso, “Revisión de algunas claves teórico-metodológicas para superar la dicotomía rural-urbana en la frontera entre el campo y la ciudad”, contribuye a desandar en filigrana la compleja trama de dimensiones, conflictos y tensiones que surgen en la confluencia entre lo rural y lo urbano. Ofrece un análisis de los diferentes instrumentos teóricos y metodológicos sobre este problema, con la intención de buscar nuevas claves para superar esa tradicional (y anacrónica) dicotomía. Por último, el trabajo de Andrés Barsky se titula “La producción alimentaria en los bordes de la ciudad y la gravitación política de una agenda territorial periurbana. El AMBA como caso de referencia”. El autor realiza una reflexión acerca de la reconfiguración de la agenda pública relacionada con el abasto de los alimentos de cercanía, en una aglomeración urbana densamente poblada como es el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).

Estos capítulos, al igual que el cúmulo de eventos, publicaciones y demás actividades que venimos desarrollando, se constituyen como aportes fundamentales hacia la consolidación de un campo de estudios que, si bien se revela como heterogéneo y diverso, manifiesta temas y problemas comunes sobre los cuales seguir indagando. Pensar el concepto de frontera, su ambivalencia y sus alcances se torna un factor clave para las ciencias sociales y las humanidades. También lo es la mirada multidisciplinar, que puede ofrecer herramientas más complejas para entender la problemática. Se hace necesario evitar anacronismos, simplificaciones y reduccionismos a la hora de estudiar las fronteras, así como historizar el concepto, delimitarlo en sus múltiples aristas y proponer metodologías más comprensivas. Estas estrategias contribuyen a posicionar a la frontera como un concepto fundamental para el estudio de las relaciones sociales en sus múltiples contextos espacio-temporales.



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