La investigación que aquí se presenta fue posible gracias al apoyo del CONICET, cuya beca doctoral posibilitó mi dedicación exclusiva a la tarea durante cinco años. Me inserté en el Instituto de Investigaciones “Gino Germani”, de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, en el Grupo de Estudios sobre Política Social y Condiciones de Trabajo. Junto con la materia Política Social, de la misma Facultad, fueron espacios vitales en la formulación y tratamiento de los problemas que aquí se abordan. La Facultad de Ciencias Sociales distinguió mi proyecto doctoral, en 2018, con el premio Fondo Semilla para el Fomento de la Investigación de Posgrado, alentando su desarrollo. Esta urdimbre institucional sostuvo el trabajo que se condensa en este libro, cuya publicación fue posible, también, por la labor de la Facultad junto con la Editorial Teseo.
El escrito que sigue, que expone el camino conceptual realizado de manera “achatada”, no deja entrever el sinuoso proceso que implicó recorrerlo. Lo atravesé sostenida, impulsada, interrogada por colegas cuyas presencias reconozco en estas páginas y a quienes quiero agradecer. En primer lugar, agradezco el enorme trabajo de mi directora, Estela Grassi, una investigadora de oficio, tan lúcida y apasionada, como comprometida, sensible y generosa. Me llevo muchos aprendizajes de su forma de habitar la investigación y de su pionera labor en el campo de estudios. También quiero agradecer a Claudia Danani, otra auténtica “maestra”, que me acompaña en mi formación desde los primeros años de la carrera de grado, invitando y provocando continuamente la discusión. Estoy en deuda con ellas por el estímulo, la confianza y los empujones para seguir estudiando. Me quedo corta, porque la disposición que ellas alentaron a trabajar incansablemente sobre nuestros propios argumentos para enriquecer la discusión con (lo mejor de los/as) otros/as es un aprendizaje que trasciende el ámbito académico.
En estos años compartidos con el equipo, mis compañeras y compañeros aportaron a mi investigación doctoral mucho más de lo que se imaginan, compartiendo su acervo en el campo de estudios, abriendo el juego a discusiones y formaciones compartidas, recreando experiencias de investigación colectiva y, no menos importante, con invaluables consejos prácticos. Ellas son Paula Aguilar, Malena Hopp, Emilio Ayos, María Crojethovic, Florencia Luci, Analía Minteguiaga, Tatiana Jack, Maitena Fidalgo, Camila Charvay, Sandra Guimenez y Mariana Frega. Va un agradecimiento especial para Malena y Paula, que habilitaron con generosidad experiencias de formación y de trabajo conjunto que estimo muchísimo. Y también para Emilio, María y Tatiana, compañeras/os de los martes en Política Social.
Agradezco los intercambios con compañeras/es y profesoras/es del Doctorado en Ciencias Sociales, de la Maestría en Investigación Social y de la Carrera de Trabajo Social, de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. En especial, quiero destacar el aporte de Ramiro Cárdenes en las conexiones que aquí se establecen con el campo de la filosofía política, sin las cuales este trabajo no hubiera sido el mismo. También están presentes en este libro, de forma insospechada, las discusiones que hilamos junto con un grupo de compañeras sobre memorias y archivo, en el marco de las prácticas pre-profesionales de la Carrera de Trabajo Social en el Ex CCD “Virrey Cevallos”, durante tantos años: Magdalena Oesterheld, Sofía Anastasía, Niza Durán, Daniela Escobar, María Belén Lavalle y Eliana Recalde. Finalmente, gracias por el apoyo en el cierre de este escrito a María de la Paz Toscani, Paula Sagel, Florentina Cavaro y a mis generosas compas de trabajo Mariela Ozuna, Mayra Schaller y Emma Palmieri.
Son realmente tantos y diversos los lugares desde los cuales personas queridas acompañaron el proceso de investigación, que no entran en el reducido espacio que les deja este género de escritura. Amigas/os, compañeras/os, familia, les agradezco con un gran abrazo por fuera de estas páginas.







