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3 Sobre infiernos y purgatorios

El patrón de comunicación antagónica
durante el gobierno de Néstor Kirchner

Lucía Vincent[1]

1. Introducción

El gobierno de Néstor Kirchner inauguró una nueva etapa política en la Argentina. De entre la complejidad de cambios políticos, económicos, sociales y culturales que generó el periodo del kirchnerismo, este capítulo se concentrará en uno: la relación del gobierno con los medios de comunicación entre 2003 y 2007[2].

La Presidencia de Kirchner comenzó el 25 de mayo de 2003. Sin embargo, todo lo que sucedió después, incluidos los aspectos comunicacionales, solo puede comprenderse si se analiza en el contexto de lo que había ocurrido durante los dos años previos: el fracaso del gobierno de la Alianza y la renuncia de Fernando de la Rúa en diciembre de 2001, la profunda crisis económica y social en que quedó sumido el país, y los intentos posteriores por restablecer la normalidad institucional, la gobernabilidad y la autoridad presidencial.

Los niveles de indignación generalizada que se alcanzaron en aquellos últimos días de 2001, la desesperación por perder los ahorros, los saqueos a supermercados, la sensación de descontrol e incertidumbre, la desconfianza hacia toda la clase política tradicional, el clamor popular pidiendo que se vayan todos los políticos, las manifestaciones callejeras, las cacerolas, los piqueteros, las asambleas, la huida en helicóptero del presidente después de 34 muertos, la sucesión de cuatro presidentes en doce días son imágenes que quedarían grabadas en el imaginario colectivo. Y marcarían las decisiones, no solo de la mayoría de la sociedad argentina, sino también de los políticos que luego asumieron cargos de responsabilidad, como, probablemente, le sucedió al mismísimo Néstor Kirchner.

Esa crisis profunda del sistema de representación, que se cristalizó en 2001 (Quiroga, 2005: 356), fue el contexto en el que, un año y medio después, Kirchner llegó a la Presidencia, siendo el gobernador de una de las provincias más periféricas y despobladas de la Argentina (Santa Cruz), un desconocido para la mayoría de los electores, con un apellido difícil de pronunciar, una campaña electoral austera y sin muestras obvias de las cualidades de seducción que recomienda el marketing político. Esos días de hecatombe, de fin de una época y de interrogantes sobre la viabilidad del país en el futuro, quedarían englobados en una metáfora poderosa que el nuevo presidente usaría a lo largo de su gobierno para darle a su mandato un sentido de “refundación” (Ollier, 2005). Era la imagen del infierno: el haber estado en ese lugar era lo que justificaba, para Kirchner, la mayoría de las acciones de su gobierno:

Hemos estado en el infierno, estamos pasando por el purgatorio, pero no tengan ninguna duda de que durante todo este tiempo con mucho esfuerzo vamos a ir trabajando y mejorando en forma gradual, paulatina, para que Dios quiera que en estos cuatro años podamos dejar un escalón para que quienes vengan puedan seguir y de cuatro en cuatro llegar a que esta Argentina se vaya convirtiendo en un país normal, en un país serio. (Néstor Kirchner, durante la Firma de Convenios de Cooperación y Asistencia Técnica entre el Gobierno Nacional y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 31/07/2003).

En este proceso de “refundación”, uno de los cambios esenciales introducidos por el gobierno de Néstor Kirchner consistió en la manera en que el presidente se comunicó con la ciudadanía y en el vínculo que se estableció entre el gobierno y los medios de comunicación, en especial, con la prensa. Durante su gobierno, Kirchner cuestionó públicamente a los medios, explicitó una distinción entre medios amigos y medios enemigos, transmitió una idea de no mediación entre él y la ciudadanía, estableció estrategias de comunicación directa, buscó controlar la agenda pública y centralizó la información.

A su vez, la prensa comenzó el período con posiciones favorables hacia el nuevo gobierno y transitó luego hacia posturas oficialistas u opositoras; primero, en las secciones editoriales, y luego, en las informativas, impulsada por la estrategia del gobierno. La polarización del periodismo llevó a una mayor intensidad en los discursos y las prácticas en relación con los medios impulsados por el gobierno de Kirchner, de manera que se trató de dos fenómenos que se retroalimentaron.

La profundización del conflicto entre el gobierno argentino y los medios de comunicación llegó a extremos tan impensados durante la Presidencia de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), que el periodo de su esposo y antecesor, a primera vista, podría parecer de relativa calma. Para la mayoría de la opinión pública, fue el conflicto que mantuvo el gobierno de Cristina Fernández con el sector agropecuario en 2008 el propiciador de una relación tensa entre el gobierno y los medios.

Sin embargo, en este capítulo pretendo demostrar cómo, durante la gestión de Néstor Kirchner, se desplegó una relación novedosa entre el presidente y los medios, fenómeno que resultó determinante para comprender la evolución futura del vínculo entre ambos actores y que, en buena medida, determinó la vida política de este país hasta fines de 2015. Así, la relación del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner con los medios solo puede entenderse como continuidad del periodo anterior.

El objetivo de este capítulo es, entonces, describir y explicar el origen, el desarrollo y las consecuencias políticas de las disputas entre el Gobierno y los medios entre 2003 y 2007. El argumento que sostengo en este capítulo es que el gobierno de Néstor Kirchner impulsó lo que llamo un “modelo de comunicación controlada”, que implicó un quiebre en relación con las políticas de comunicación de los gobiernos anteriores, desde la vuelta de la democracia en 1983, y que guardó similitudes tanto con las dos primeras Presidencias de Juan Domingo Perón en Argentina como con los modelos de comunicación impulsados por otros gobiernos latinoamericanos a comienzos del siglo xxi, como el de Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, y, en distinta medida, los de Luis Inácio “Lula” da Silva en Brasil, y Tabaré Vázquez y José Mujica en Uruguay.

Por su parte, los medios reaccionaron con la instalación de lo que llamo un “modelo de periodismo binario”, que implicó que las prácticas periodísticas rompieran con una tendencia hacia la profesionalización y que acentuaran una polarización. Tanto las secciones editoriales como las informativas de la mayoría de los medios se ubicaron, de manera polarizada, a favor o en contra del Gobierno, incluyendo aquellos medios que se autodefinían como independientes. Entre ambos fenómenos se dio, a su vez, una retroalimentación por la cual, a medida que se profundizó el modelo de comunicación controlada del Gobierno, se radicalizaron las respuestas polarizadas de los medios y viceversa, aumentando su intensidad.

Para estudiar la relación de Néstor Kirchner con los medios de comunicación en Argentina, realicé un análisis de contenido de discursos presidenciales y de artículos periodísticos, al que sumé bibliografía sobre el periodo[3]. De los 862 discursos públicos pronunciados por Kirchner durante su mandato, seleccioné aquellos en los que hizo una mención directa al rol de los medios masivos de comunicación. Estos discursos fueron analizados en su contenido y puestos en contexto, con el objetivo de conocer la posición pública que asumió el presidente con respecto a este tema. Por otro lado, realicé un análisis de contenido de artículos publicados durante los cuatro años de gobierno en los tres principales diarios argentinos de circulación nacional, Clarín, La Nación y Página/12[4], con el objetivo de conocer la evolución de la relación entre el Gobierno y la prensa desde la perspectiva de este último actor.

El capítulo se organiza de la siguiente manera: primero, una descripción de las características del “modelo de comunicación controlada” impulsado por Néstor Kirchner durante su Presidencia, seguido del planteo de las posibles causas que explicarían este fenómeno. Segundo, la descripción del “modelo de periodismo binario” a partir del análisis de los casos de tres diarios de circulación nacional (Clarín, La Nación y Página/12) y un esbozo de sus posibles causas. Por último, algunas reflexiones finales que dan cuenta de la instalación de un “patrón de comunicación antagónica” en la Argentina de principios de siglo.

2. Néstor Kirchner y los medios: el modelo de comunicación controlada

La Presidencia de Néstor Kirchner implicó un cambio con respecto a las prácticas y los discursos de los gobiernos anteriores en relación con los medios. En parte, tuvo incidencia el vínculo que el propio Kirchner había mantenido con los medios durante su gobernación en Santa Cruz[5]. En dicha provincia, Kirchner favoreció con publicidad oficial a los medios que respondían a sus intereses –un elemento que resultaba clave para la mayoría de los medios locales para poder subsistir– y hostigó a medios y periodistas críticos. De esa manera, logró silenciar a medios opositores y generar un aparato de propaganda de medios oficialistas, en una provincia en la cual el gobernador lograba controlar todos los resortes de poder como si se tratara de un feudo. Kirchner, cuando era gobernador de Santa Cruz, recibió denuncias por calificar públicamente al diario La Opinión Austral como “diario de la oposición”, apelando a un argumento que luego trasladaría a sus discursos en contra de los medios cuando alcanzó la Presidencia. Estas prácticas de control de los medios luego serían reproducidas por Kirchner una vez que llegó al gobierno nacional, con las variaciones que implicaba un cambio de escala.

La política de Kirchner en relación con los medios a partir de 2003, sobre todo basada en un discurso de confrontación y de denuncia sobre su rol dentro de la sociedad, fue posible por un clima de época y un contexto particular de debilidad relativa de los medios. Mientras que en buena parte del mundo distintos líderes políticos acusaban a los medios por su impacto en la política, en América Latina nacieron varios gobiernos que se caracterizaron por mantener relaciones conflictivas con la prensa. Por su parte, la irrupción de nuevas tecnologías ponía en tela de juicio las prácticas más asentadas del periodismo a escala mundial, a la vez que en Argentina los medios habían sufrido un proceso de deterioro en su credibilidad al igual que buena parte de las instituciones políticas del país.

Para analizar las características del modelo de comunicación controlada, para el caso del gobierno de Kirchner, haré una distinción entre, por un lado, los “discursos” que el presidente hizo con respecto a los medios de comunicación y, por el otro, las “prácticas” o políticas de comunicación que su gobierno llevó adelante[6].

Discursos del presidente Kirchner sobre los medios

a. Cuestionamiento público a los medios

En sus discursos públicos, Kirchner hizo menciones explícitas a su enfrentamiento con ciertos medios o periodistas, convirtiéndolos en contradestinatarios recurrentes de sus alocuciones públicas. Los discursos de Kirchner sobre la prensa resaltaban la necesidad de que el poder político le pusiera un freno al poder de los medios, considerados como un poder fáctico. De los 862 discursos públicos que pronunció el presidente entre el 25 de mayo de 2003 y el 10 de diciembre de 2007, en 220 habló específicamente del rol de los medios de comunicación y de los periodistas, es decir, en un 25 % del total de alocuciones públicas. Estos cuestionamientos implicaron que el presidente deslegitimara el papel de los medios en la sociedad y los alejara de su imagen de prensa independiente, para asociarlos con determinados intereses políticos y económicos que eran favorables o contrarios a los intereses del pueblo (encarnados por el gobierno). Además, los medios quedaban deslegitimados en su rol de encargados de controlar las acciones del gobierno, es decir, como agencias de “accountability vertical” (O’Donnell, 2002), según el modelo de prensa anglosajón. En relación con los gobiernos anteriores, desde la vuelta de la democracia en Argentina, resultaba novedoso que el presidente hiciera pública una visión crítica sobre el rol de los medios, mostrando a la opinión pública una serie de lógicas y de mecanismos asociados con el ejercicio periodístico que, en el pasado, no se hacían visibles ni formaban parte del repertorio de temas presidenciales.

Los discursos de Kirchner en contra de los medios comenzaron cuando se cumplieron los primeros tres meses en el gobierno y en el contexto de una sucesión de medidas de alto impacto político generadas por el presidente. La estrategia en sus primeros meses de mandato fue confrontar con ciertos sectores establecidos en la sociedad, como buena parte del sector militar, los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la época menemista y algunos sectores del sindicalismo. Entre estos poderes fácticos, Kirchner incluyó a la prensa opositora que, desde su perspectiva, estaba asociada con la dictadura militar y con el neoliberalismo de la década del 90, pertenecía al establishment de la época menemista y era responsable de las catástrofes que habían sucedido en el país antes de su llegada[7].

En el período de elecciones de 2003, cuando Kirchner recién comenzaba su gobierno y necesitaba construir apoyos políticos, la confrontación discursiva con la prensa cumplió el rol de definir a un adversario con el cual polemizar. A comienzos de 2004, fundamentalmente a partir de tres actos políticos que marcaron el rumbo del gobierno como fueron el Encuentro Nacional de la Militancia, el acto en la ESMA y el congreso del Partido Justicialista, el conflicto con la prensa respondió a la necesidad del presidente de reafirmar su poder y de lograr una posición político-institucional dominante, estableciendo fronteras no solo con la oposición política sino también hacia dentro de su partido de pertenencia. Ubicando a la prensa en el lugar del “otro” a quien se debía confrontar, Kirchner vaciaba el campo político de adversarios que le pudieran disputar una elección. Vincular a ciertos medios con la política que se pretendía dejar atrás, tenía el propósito de delimitar una frontera con un pasado demonizado (Aboy Carlés, 2005: 135) y era funcional a la vocación presidencial de convocar a sectores medios de la sociedad que no se veían atraídos por la identificación, cada vez más visible, del presidente con el peronismo o, al menos, con cierto peronismo asociado con la “vieja política”[8].

A partir del segundo semestre de 2004, Kirchner utilizó la estrategia de cuestionar públicamente a algunos periodistas, con nombre y apellido, acusándolos desde el atril presidencial por sus actitudes pasadas y presentes, y adjudicándoles intencionalidades contrarias a los intereses de las mayorías. Mientras que desde distintos sectores era cuestionado por estar violando la libertad de prensa, el presidente realizaba una operación discursiva muy propia de él por la cual atacaba a sus contrincantes utilizando sus propios argumentos: Kirchner defendía su derecho a expresarse libremente ante los poderes asentados en la sociedad, como una atribución que presidentes anteriores habían cedido frente al avance del poder mediático[9].

En las elecciones de 2005, cuando el eje de las disputas se dirimían entre Kirchner y el expresidente Eduardo Duhalde, una vez que el presidente comprendió́ que le resultaba más beneficioso polemizar con el diario La Nación, este medio se convirtió́ en el principal contradestinatario del gobierno durante la campaña. El diario La Nación, por su historia y por su presente, encarnaba para Kirchner todo lo que él pretendía dejar del otro lado de la frontera: la dictadura militar, la década del noventa, el antiperonismo, la antipatria, los sectores más poderosos de la sociedad, la lejanía con el pueblo. Así, la campaña de 2005 estuvo caracterizada por un enfrentamiento visible y público entre el presidente y este diario[10].

En ese período de campaña por las elecciones legislativas, surgieron las primeras críticas del presidente hacia Clarín: a partir de la publicación de un par de artículos que el gobierno evaluó como negativos, el presidente acusó a la prensa de tratarse de una “maquinaria muy aceitada”, una suerte de poder paralelo al gobierno de turno. Además, denunció en general a los medios por tener casos de corrupción en su interior y por no respetar la libertad de expresión entre sus periodistas. De esta manera, aquella prensa que se mostraba con la autoridad moral como para investigar y sacar a la luz los actos de corrupción de la política, quedaba deslegitimada desde la enunciación presidencial[11].

El gobierno de Kirchner, una vez alcanzada la victoria electoral en octubre de 2005, no abandonó su estrategia de confrontar con la prensa, sino que la profundizó, al tiempo que lograba popularizar un discurso en contra del papel de los medios en la política argentina como ningún otro presidente lo había hecho hasta el momento. Cuando Kirchner cumplió tres años en el gobierno, había sido capaz de naturalizar un discurso en contra del papel ejercido por buena parte de la prensa en la Argentina.

Entre abril y mayo de 2006, el presidente destacó las limitaciones, carencias e incapacidades de amplios sectores del periodismo, denunciando que muchos periodistas no eran serios, no investigaban, no hacían análisis profundos, no tenían capacidad intelectual ni responsabilidad, no tenían humildad y eran oportunistas, mostrándose como opositores por simple conveniencia[12]. El último año del gobierno supuso la incorporación de Cristina Fernández de Kirchner como una voz legitimada dentro del Gobierno que enfrentó a la prensa opositora, sobre todo, desde el recinto parlamentario, utilizando notas de archivo para desacreditar a los periodistas. Entre las acusaciones que hizo la senadora a la prensa, se encontraba la censura que ejercían, la carencia de honestidad intelectual y de lógica argumentativa, la existencia de intereses económicos que no confesaban y el constituirse en oposición política sin haber sido votados. Por su parte, el presidente agregó nuevas acusaciones en contra de los medios a las ya habituales en sus discursos, como la utilización, por primera vez, de la palabra “monopolio” para referirse a ciertos grupos de medios, asociada con la noción de “hegemonía”, en clara referencia a Clarín[13]. Ya en medio de la campaña electoral por las elecciones de 2007, Kirchner explicitaba la existencia de una división en dos de las interpretaciones sobre la realidad del país, una oficialista y otra opositora, una verdadera y otra falsa.

b. División entre medios amigos y enemigos

En sus discursos, el presidente distinguió entre los “medios amigos” y los “medios enemigos”, en función de su relación con el gobierno y con ciertos poderes asentados en la sociedad, desconociendo la posible existencia de medios neutrales o independientes. Al igual que lo hizo Juan Domingo Perón, a los medios enemigos, Kirchner los ubicaba, en varias oportunidades, en el plano de lo “falso” y del “error”, negando su rol dentro de la sociedad, mientras que él se arrogaba el lugar de la “verdad”. Si bien la mayoría de los gobiernos mantuvieron relaciones tensas con los medios, lo original del gobierno de Kirchner (solo antecedido por Perón) fue la explicitación pública entre dos únicos grupos de medios: los oficialistas y los opositores.

En los discursos de Kirchner, los medios leales al gobierno eran los que realizaban un “buen periodismo” y, por lo tanto, merecían la protección estatal. Los medios que cuestionaban o criticaban al gobierno eran considerados como enemigos políticos, por lo que el gobierno mantenía con ellos un conflicto y el presidente los acusaba públicamente. No había lugar para medios independientes o imparciales, sino que todos estaban ubicados de un lado o del otro en función de su relación con el gobierno. Si bien todo discurso político implica oponerse a ciertas posiciones y contenidos planteados por un adversario, Kirchner mantenía en sus discursos una lógica propia del populismo: desprestigiaba y desacreditaba al adversario de manera tal que sus enunciados resultaban descalificados más allá de su contenido. Esta característica discursiva se potenciaba con otros dos elementos propios del discurso populista que Kirchner reprodujo en sus discursos: primero, que era el líder quien encarnaba la “verdad”, y, segundo, que a los sectores populares les quedaba reservado un rol pasivo, a ellos se les pedía confianza, fe y colaboración[14]. La convocatoria que realizó Kirchner al pueblo para que lo apoyara en su enfrentamiento con los medios se terminaba convirtiendo en una cuestión de fe: quienes seguían al líder debían al mismo tiempo creer en él y desconocer a los medios enemigos[15].

Esta distinción, entre medios amigos y enemigos, que realizaba Kirchner estaba destinada, fundamentalmente, a establecer una distinción entre los diarios y, en particular, entre los periodistas de prensa. En cambio, para Kirchner la televisión era una aliada que le permitía amplificar sus mensajes, como si el medio audiovisual no implicara distorsiones. Desde la perspectiva presidencial, no solo los medios estuvieron separados entre amigos y enemigos, sino que también los periodistas se dividían, explícitamente, entre “buenos” y “malos”, como dijo públicamente el día del periodista en 2006. Entre los medios enemigos, se encontraba, en primer lugar, el diario La Nación: con este medio el presidente Kirchner polemizó, desde el comienzo de su gobierno, acusándolo por sus actitudes durante la dictadura militar y por estar asociado, en el presente, con los sectores más poderosos de la sociedad. El momento de máximo enfrentamiento con este medio fue durante las elecciones de mitad de período, en 2005, pero las polémicas se mantuvieron a lo largo de todo el mandato de Kirchner.

En los discursos presidenciales, el diario Clarín comenzó a ubicarse en un lugar de contradestinatario luego de las elecciones legislativas, cuando el presidente hizo explícita una disputa con este diario por el manejo de la información y la imposición de la agenda. A principios de 2006, los enfrentamientos entre el presidente y el diario Clarín se hicieron más habituales, sobre todo cuando se sucedieron una serie de hechos como la reforma del Consejo de la Magistratura, el pago de la deuda al FMI, los conflictos con la Iglesia, la prórroga de la Ley de Emergencia Económica, las disputas con el radicalismo por las lecturas del pasado reciente y la agudización del conflicto con Uruguay por la instalación de dos plantas de celulosa. Hacia el final del periodo, en los discursos presidenciales, tanto La Nación como Clarín, fueron considerados como medios enemigos.

Las menciones a los medios amigos prácticamente no existieron en los discursos presidenciales. Más allá de los elogios a los “buenos periodistas”, que informaban correctamente, no eran habituales las alusiones directas a medios aliados. Fue entonces una alianza que se hizo visible más por las prácticas del gobierno de Kirchner que por sus discursos.

c. No mediación entre el presidente y la ciudadanía

Kirchner transmitió en sus discursos una idea de “no mediación”: entre él y la ciudadanía no había distancia, el vínculo era directo, no necesitaba de la intermediación de los medios para comunicarse con el pueblo[16]. A su vez, buscó comunicar la gestión de gobierno a través del uso de un lenguaje directo y llano que llegaba a todos, propio del discurso populista (De Ipola, 1983)[17]. Si bien los discursos presidenciales eran reproducidos por los medios, que siguieron cumpliendo con su rol de mediadores, la particularidad de Kirchner fue el énfasis que puso en sus discursos a la idea de que él no necesitaba de los medios para poder relacionarse con el pueblo, ni adaptarse a la lógica televisiva para mantener una buena imagen pública[18].

Al quitarles a los medios el papel de mediadores naturales, Kirchner disputaba con ellos la representación de la sociedad: los medios enemigos quedaban emparentados con sectores minoritarios, mientras que el presidente respondía a la mayoría del pueblo que lo había votado. En el discurso de Kirchner, quienes representaban al pueblo no eran los medios que respondían a la oposición, sino el líder no mediado, asociado con la mayoría.

En sus discursos para acentuar un vínculo directo con el pueblo, Kirchner recurrió a otras dos características propias del discurso populista: primero, la utilización de un lenguaje coloquial para mostrarse como uno más “del pueblo”, pretendiendo, de esa manera, alejarse de los políticos tradicionales que no sabían escuchar ni estaban consustanciados con las demandas populares; segundo, mostraba su sentido de pertenencia al pueblo y, al mismo tiempo, su condición de líder que debía diferenciarse del resto porque tenía otra responsabilidad, en un vaivén entre la simetría y la asimetría con el pueblo (De Ipola, 1983: 182)[19].

Los discursos que hicieron hincapié en la relación directa entre el presidente y la ciudadanía fueron habituales durante todo el gobierno de Kirchner. En el segundo semestre de 2004, Kirchner convocó al pueblo a que lo ayudara en su cruzada en contra de los medios opositores que daban información equivocada o tergiversada. La tarea de desenmascarar a la prensa opositora no quedaba solo en manos del presidente, sino que el pueblo debía sumarse a la misión. En este mismo periodo, Kirchner profundizó sus críticas a los medios por carecer de la legitimidad que solo las urnas podían otorgar y por no someterse a controles desde otros poderes, como sí debían hacerlo los tres poderes del Estado en un sistema republicano[20]. A su ya habitual reivindicación de la comunicación directa con la ciudadanía, le agregó su derecho a no someterse a los códigos impuestos por el periodismo, como la realización de conferencias de prensa. A su vez, el discurso de no mediación iba acompañado de prácticas que acentuaban el mensaje, como veremos a continuación.

Prácticas del gobierno de Kirchner sobre los medios

a. Estrategias de comunicación directa

Los discursos de Kirchner fueron muy habituales durante todo su mandato, desde la Casa Rosada o desde actos públicos, en distintos lugares del país a donde viajaba, principalmente, para la presentación de obras públicas, tratando de difundir personalmente los logros de su gestión. Estos actos eran organizados siguiendo una lógica y una estética similar a los actos de campaña y tenían como objetivo mostrar a un presidente activo, que resolvía los problemas de manera efectiva y que se encontraba en sintonía con las necesidades de la ciudadanía. En ellos, el presidente mantenía un contacto físico con los presentes, los abrazaba y los saludaba, reforzando esta cercanía con el discurso. En su caso, no contó con programas de televisión o de radio propios, ni hizo un uso frecuente de las cadenas nacionales de radiodifusión, como otros ejemplos de modelos de comunicación controlada de la región.

Durante los periodos de campaña electoral (a fines de 2003, en la mitad del período en 2005 y en las nacionales de 2007), el presidente Kirchner asumió el desafío electoral como algo personal y se involucró de lleno en las campañas, aunque no fuera candidato. Así, los actos de campaña se convirtieron en un elemento esencial de contacto directo con la ciudadanía, que luego era reproducido por la televisión. Kirchner los utilizaba como un mecanismo imprescindible para afianzarse en el cargo y para revertir la escasez de votos con la que había llegado a la Presidencia en 2003.

En abril de 2004, cuando la prensa instaló que había finalizado la luna de miel del gobierno de Kirchner con la opinión pública a partir de una serie de problemas que monopolizaron la agenda, como el de la inseguridad y la crisis energética, el gobierno de Kirchner inauguró una nueva estrategia de comunicación: la realización de actos frecuentes en la Casa Rosada con la presencia de funcionarios, empresarios, personalidades de distintos ámbitos sociales que daban su apoyo a las palabras presidenciales. Con esta política, el presidente no solo procuraba mostrar el fuerte respaldo con el que contaba su gobierno, sino que se aseguraba la cobertura de sus discursos en todos los medios.

Durante todo el gobierno, Kirchner mantuvo las técnicas propias de la campaña permanente o del marketing gubernamental, a través de las cuales, procuró mantener un vínculo fluido y positivo con la opinión pública, evitando la mediación. En varias oportunidades, los periodistas lo criticaron por “vivir en campaña”, algo que él reivindicaba como su estilo para gobernar y su manera de resolver los problemas, en contraste con liderazgos pasivos y desentendidos de las preocupaciones del país[21].

b. Control y centralización de la información

Kirchner buscó consolidarse como el actor dominante a la hora de construir la agenda pública mediante el manejo de la información y de los tiempos de difusión. Procuró imponer los temas que, a su juicio, eran de interés público y evitar que los medios (o sectores sociales, a través de ellos) instalaran sus asuntos de interés, como era habitual durante gobiernos anteriores. A su vez, controló a otros miembros del gobierno en sus declaraciones públicas y no realizó reuniones de gabinete, para que no hubiera versiones encontradas, como había sucedido durante el menemismo[22]. Se mostró poco dispuesto a responder a preguntas críticas o provenientes de medios que consideraba opositores, y elegía y discriminaba a sus interlocutores. Contó con equipos de trabajo encargados de monitorear a los medios, de generar contenidos para distribuir entre los medios afines y de contrarrestar las noticias negativas que podían afectar al gobierno.

La concentración de las decisiones en la figura del presidente continuaba con una tendencia hacia la personalización ya vigente en gobiernos anteriores, pero cuya principal novedad era que ahora se relativizaba el poder de los medios de comunicación como los mediadores indiscutidos dentro del sistema político. Desde los primeros meses en el gobierno, los medios identificaron un estilo K de gobierno, que implicaba que el presidente desconociera ciertas prácticas habituales dentro del periodismo y no concediera entrevistas con preguntas abiertas, no participara de conferencias de prensa y no se vinculara con los periodistas a través del vocero de la Presidencia. Este cambio en relación con gobiernos anteriores era el que mayores críticas recibía de parte de agrupaciones de periodistas y asociaciones de medios, nacionales y regionales, que, en general, se guían por los postulados del periodismo anglosajón[23].

También, desde muy temprano en su gobierno, incluso desde antes de asumir, Kirchner se esforzó por marcar la agenda de temas, imponiendo los asuntos a los que los medios debían prestar atención, como, por ejemplo, el descabezamiento de la cúpula militar al comenzar su mandato. La serie de medidas durante los primeros cien días de gobierno hicieron que los medios adaptaran sus coberturas al ritmo impuesto por el presidente. A comienzos de 2004, inauguró la estrategia de desmentir públicamente las noticias de los diarios y de explicar los entretelones de las decisiones del gobierno, como las negociaciones con el FMI, para mostrar transparencia en la comunicación. Estas prácticas del gobierno de Kirchner le valieron, desde muy pronto, denuncias por estar violando la libertad de prensa. En 2006, las disputas de Kirchner con el diario Clarín se centraron, específicamente, en qué actor imponía la agenda de temas, un lugar que ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder.

Asociado con el control de la información, el gobierno de Kirchner utilizó fondos del presupuesto público como premios y castigos para los medios, sobre todo, a través de la distribución discrecional de la publicidad oficial[24]. En el segundo semestre de 2004, Kirchner hizo mención, por primera vez, al criterio de distribución de la publicidad oficial, argumentando que las mayores pautas a los medios con menores ventas era una manera de compensar las fallas del mercado y permitir la expresión de todas las voces en la sociedad.

c. Regulación, legislación y creación de nuevos medios

El gobierno de Kirchner mostró una importante contradicción en las cuestiones vinculadas con la regulación de los medios, ya que las escasas medidas tomadas en materia de radiodifusión fueron muy favorables a algunos de los medios considerados como opositores. En el caso del gobierno de Kirchner, y en comparación con otros modelos de comunicación controlada de la región, tuvieron un mayor peso los elementos discursivos con respecto a los medios que las políticas sobre radiodifusión. Esta contradicción resalta el sentido político de los discursos de Kirchner sobre los medios, su pragmatismo y sus altos niveles de discrecionalidad. Por último, los cuatro años de gobierno de Kirchner con discursos negativos sobre el rol de los medios de comunicación fueron un antecedente central para la posterior reforma de la ley de servicios audiovisuales que impulsó Cristina Fernández de Kirchner durante su gobierno.

Durante la gestión de Kirchner, se mantuvo la ley de radiodifusión que estuvo vigente, aunque con modificaciones, desde el año 1980, y que recién sería modificada en 2009 durante el gobierno de su sucesora. Además, durante el gobierno de Kirchner se promulgó la ley de Protección a los Bienes Culturales (por la cual se benefició a los grandes multimedios endeudados), se extendieron las licencias de radiodifusión y se autorizó la fusión en el mercado de la televisión por cable entre Cablevisión y Multicanal, con el claro propósito de beneficiar a los principales concesionarios de medios y agudizando una tendencia monopólica en ese sector.

Causas del modelo de comunicación controlada de Néstor Kirchner

a. Nivel de institucionalización

El surgimiento del modelo de comunicación controlada durante el gobierno de Néstor Kirchner se dio en un contexto de “democracia invertida”, es decir, en el que la rutinización de las reglas y procedimientos era solo parcial (por la incapacidad de las instituciones para limitar la disputa de poder) y en el que los liderazgos dominantes e inestables se habían sucedido unos a otros (Ollier, 2010 y 2013). Ante la debilidad de los partidos políticos y una fuerte influencia de fuerzas externas, las posibilidades de estabilidad del gobierno de Kirchner estaban condicionadas por la capacidad que el presidente tuviera de controlar los factores de poder, entre los que se incluían los medios de comunicación. La baja institucionalización argentina se transformó, entonces, en una condición de posibilidad del modelo de comunicación controlada.

b. Coyuntura político-institucional del país

La profunda crisis política de 2001 y sus consecuencias fue el acontecimiento anterior al nacimiento del gobierno de Kirchner. El presidente construyó una frontera con respecto al período previo, en el cual, entre otras características, los medios de comunicación habían cobrado un gran protagonismo. Presidentes anteriores, como Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde, se habían adaptado a las lógicas impuestas por la videopolítica, pero ninguno se aseguró una salida airosa del gobierno, sino todo lo contrario, sobre todo en los casos de De la Rúa, que debió abandonarlo anticipadamente, y de Duhalde, que vio precipitada su salida. Ante estas experiencias anteriores, Kirchner realizó un aprendizaje por el cual comprendió que, para lograr la estabilidad durante su gobierno, debía ser capaz de controlar factores de poder externos, entre los que sumó a los medios de comunicación. Es decir que, luego de recientes casos de inestabilidad presidencial, en los que los medios habían cumplido un rol crucial, Kirchner buscó consolidarse con un “liderazgo dominante” (Ollier, 2013), para lo cual necesitaba controlar el enorme poder que habían acumulado los medios en los últimos años. Con este propósito, utilizó su propia experiencia previa como gobernador de Santa Cruz, en la que controló a la prensa de manera férrea. En conclusión, la coyuntura de salida de la crisis político-institucional fue el desencadenante del modelo de comunicación controlada.

c. Estrategia de construcción del liderazgo presidencial

Las condiciones de llegada de Kirchner al poder, con una débil legitimidad de origen por la escasez de votos, y con la necesidad de diferenciarse del estilo de conducción anterior, que había arrastrado a amplios sectores de la sociedad a oponerse a todos los políticos luego de la caída del gobierno de la Alianza, llevaron a que el nuevo presidente emprendiera una estrategia de legitimación que sobredimensionara esta demanda social en contra de los políticos, utilizándola en su favor. Kirchner se mostró como un presidente fuerte, apeló a congraciarse con la opinión pública y se presentó como un outsider de la clase política tradicional e, incluso, del peronismo, aunque hubiera sido gobernador por ese partido durante doce años y se dispusiera a dominarlo rápidamente durante su Presidencia. Su estrategia se basó en la confrontación con los que, para él, eran los principales grupos de poder, entre los que incluyó a los medios, que fueron visualizados desde el gobierno como instituciones políticas equiparables con la oposición política. Kirchner, con discursos y prácticas en contra de los medios, pretendió quitarles el carácter de mediadores y de cuarto poder, y, por lo tanto, buscó deslegitimar su función frente a la ciudadanía. La estrategia de construcción de una posición política dominante por parte del presidente Kirchner fue la causa directa del modelo de comunicación controlada.

3. El modelo de periodismo binario durante el gobierno de Néstor Kirchner

Durante el gobierno de Néstor Kirchner, y a partir de la instalación de un modelo de comunicación controlada, la prensa asumió una posición reactiva a los estímulos del gobierno: se ubicó mayoritariamente a favor o en contra del gobierno como dos posiciones predominantes, asumió su rol de actor político y se alejó de los ideales de independencia y profesionalismo, dejando en un lugar complejo y reducido a posiciones periodísticas intermedias.

a. Periodismo oficialista

El gobierno de Kirchner generó que varios medios y periodistas se alinearan a favor del gobierno, explicitando su posición. La información y la opinión transmitida por ellos fue seleccionada y enmarcada de acuerdo a criterios favorables al gobierno. Se trató de medios que se vieron favorecidos por la publicidad oficial, que tuvieron acceso a las fuentes de información del gobierno y que mostraron escasas disidencias o fisuras internas.

En mi investigación, estudié el caso de Página/12 como un diario que se ubicó, desde el principio del periodo, en un lugar de periodismo oficialista. Desde que fue fundado en 1987, Página/12 asumió una posición política e ideológica explícita a favor de la izquierda. Se trataba de un diario de opinión, que privilegiaba la extensión, la profundidad y la calidad de los artículos. Su repercusión siempre fue más allá de la cantidad de sus lectores, sobre todo, por el impacto político de sus investigaciones periodísticas, que cumplieron el rol de dar a conocer numerosos casos de corrupción durante los años menemistas.

Cuando comenzó el gobierno de Néstor Kirchner, este diario se mostró tan expectante como la mayoría de la sociedad. Sin embargo, la serie de medidas impulsadas por Kirchner al principio de su gobierno se encontraban en línea con la posición editorial del diario. Esto derivó en que, rápidamente, Página/12 se convirtiera en un diario defensor del gobierno de Kirchner. Una vez que, en los inicios de su mandato, el presidente lanzó la iniciativa para anular las leyes de obediencia debida y punto final, este diario le dio su voto de confianza a este gobierno, con el que quedó ligado hasta el final. La novedad no estuvo dada en que este diario explicitara su línea editorial, ya que, desde sus orígenes, había sido un diario de opinión. La particularidad estuvo dada, primero, en que, del acuerdo en particular con determinadas decisiones de Kirchner, el diario pasara luego a una defensa general y contundente de este gobierno, dejando cada vez menos espacio entre sus filas para la disidencia; segundo, en su abandono de las viejas prácticas del periodismo de investigación que lo habían caracterizado. Así, Página/12 pasó de ser un diario crítico durante los gobiernos anteriores a transformarse en un diario oficialista, que, además, se vio beneficiado por la distribución de la publicidad oficial y por el acceso a las fuentes de información del gobierno, dos elementos claves para su subsistencia.

b. Periodismo opositor

Varios periodistas y medios se ubicaron en una posición contraria al gobierno de Kirchner, con criterios informativos, editoriales y columnas de opinión críticos u opositores. En general, se trataba de medios que mantenían su reivindicación de los ideales de la prensa independiente, por lo que las tensiones y contradicciones fueron frecuentes al interior de estos medios, entre un periodismo más o menos profesional, y otro, marcadamente opositor. La paradoja que encierran estos medios es que transitan un camino por el cual tienden a no guardar su ecuanimidad en relación con el gobierno, por lo que algunas de sus prácticas periodísticas se emparentan con las del periodismo oficialista. Acostumbrados a que su rol y su actividad no fueran públicamente cuestionados, los medios opositores asumieron la defensa del periodismo profesional o independiente, que, según su propia visión, ellos encarnaban.

En esta investigación analicé, por un lado, el caso de Clarín, que siguió un curso desde aliado del gobierno, pasando por críticas y ambigüedades, para concluir como un medio opositor. Por otro, el caso de La Nación, que, luego de un breve periodo de gracia, se ubicó en una clara posición opositora al gobierno. Cuando Kirchner asumió como presidente, recibió el apoyo unánime de medios y periodistas, tal vez con la única excepción de la famosa columna de Claudio Escribano en La Nación[25]. Las secciones informativas de La Nación y de Clarín mostraron la serie de decisiones de alto valor simbólico encaradas por Kirchner al inicio de su gobierno, con el presidente como el principal protagonista de las noticias y sin que esta información reflejara posiciones negativas. Las columnas de opinión y los editoriales de ambos diarios fueron más matizadas, con pasajes que apoyaban explícitamente al nuevo presidente con críticas muy fuertes a su estilo para gobernar. Luego de estos primeros cien días, y cuando se dio el conflicto entre Kirchner y el vicepresidente Daniel Scioli, el diario La Nación terminó su luna de miel con el presidente y se ubicó como un diario opositor, cada vez de manera más evidente, también en las secciones informativas. A lo largo de todo el periodo, sin embargo, este diario publicó noticias favorables al gobierno e incluyó columnas de opinión de personas allegadas al oficialismo, lo que demuestra que se trató de un proceso complejo y repleto de matices.

A partir de la visita al país de la delegación de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en marzo de 2005, se difundieron informes de este organismo y de algunos referentes nacionales, además de editoriales y artículos de opinión publicados en los diarios que, en su conjunto, desplegaban una serie de críticas hacia la estrategia de comunicación del gobierno y una defensa de la profesión periodística y del lugar de los medios en una sociedad democrática, basadas en un modelo de prensa liberal. También, en ese año, resultaron significativas algunas opiniones vertidas desde dentro del periodismo, como las del periodista de La Nación Joaquín Morales Solá, quien afirmaba que el gobierno de Kirchner había impactado al interior de las redacciones, porque contaba con fuertes apoyos entre los periodistas, incluidos aquellos que escribían en diarios alineados con la oposición. De esta manera, hacía explícitas las fisuras que se daban al interior de los diarios ante un gobierno que marcaba una frontera cada vez más clara entre aliados y detractores. Las elecciones de mitad de período, en 2005, fueron la coyuntura en que el diario La Nación abandonó su lugar de pretendida independencia para mostrarse como un diario opositor, tanto en sus secciones editoriales como en las informativas. A partir de una serie de columnas, artículos y editoriales, se transformó en el principal opositor de Kirchner durante la campaña electoral, motivado por el propio discurso presidencial que lo ubicó en ese lugar. La Nación defendió, desde su línea editorial, el rol del periodismo independiente, al tiempo que atacaba al presidente por despreciar las instituciones y carecer de espíritu republicano.

Por su parte, el diario Clarín, que desde el comienzo del periodo había mostrado posiciones ambiguas en sus secciones editoriales e informativas con respecto al gobierno, a comienzos de 2006 se consolidó como un diario opositor, sobre todo, a partir de la disputa con el presidente por el control de la agenda de temas, con una serie de noticias no favorables para el gobierno que el diario reforzó en sus secciones informativas, fundamentalmente, en sus tapas. Clarín se ubicó en varias oportunidades en un lugar de defensa de los principios del periodismo según el modelo liberal, al tiempo que acusaba a Kirchner de pretender concentrar el poder.

Causas del modelo de periodismo binario

a. Nivel de institucionalización

La prensa en Argentina, luego de una búsqueda, durante los años 90, por acercarse al modelo anglosajón de prensa independiente, no se consolidó con los atributos que definen este modelo, sino que mantuvo una baja institucionalización, con procedimientos dependientes de los gobiernos de turno y relaciones clientelares con el Estado. Esta baja institucionalización del periodismo argentino fue la condición de posibilidad para que se desplegara el modelo de periodismo binario durante el gobierno de Kirchner.

En sus orígenes, la prensa en Argentina fue facciosa, pero a fines del siglo xix, comenzaron a incorporarse ciertos códigos profesionales como la objetividad. Aunque los diarios abandonaron su orientación facciosa, esto no significó que adoptaran los principios de independencia y de objetividad profesional que caracterizan al modelo anglosajón, sino que se mantuvieron como medios vinculados estrechamente con el poder político. Durante la década del 90, en la que predominaron políticas neoliberales, el sistema de medios argentino se volvió concentrado e hipercomercial (Rossi, 2009). De manera paralela, los medios asumieron cada vez más un rol de “cuarto poder”, encargado de controlar las acciones del gobierno, según un modelo de prensa liberal. Pero la histórica imbricación entre los medios y el poder político de turno no condujo a la conformación de una prensa independiente, sino a un sistema de medios en el que primaba la lógica comercial y las mutuas influencias entre los medios y el sistema político.

b. Crisis del periodismo

La crisis económica de 2001 en Argentina dejó varios medios en un lugar de vulnerabilidad y de dependencia de las políticas del Estado para poder continuar con su negocio. A su vez, los niveles de legitimidad que habían alcanzado mientras daban a conocer los escándalos de corrupción durante la década del 90 comenzaron a deteriorarse al igual que otras instituciones, por ser considerados, por buena parte de la opinión pública, como actores también responsables del fracaso del período anterior.

La irrupción del periodismo posindustrial (Anderson, Bell y Shirky, 2013) implicó que se desdibujaran las características centrales del periodismo como era considerado hasta ese momento: realizado por profesionales, desde un determinado lugar, siguiendo una periodicidad, con un acceso privilegiado a las fuentes y a la información, y siguiendo ciertas reglas de veracidad. El mundo digital permitió que cualquier individuo fuera emisor de mensajes y de información, desde cualquier lugar y sin la necesidad de respetar ciertos estándares profesionales. Por lo que el periodismo más tradicional se vio puesto en cuestión. Esta posición de debilidad relativa de la prensa fue la que desencadenó el surgimiento de un modelo de periodismo binario.

c. Impacto del modelo de comunicación controlada

El modelo de comunicación controlada, impulsado por el gobierno de Kirchner, derivó en una polarización del periodismo, entre medios oficialistas y opositores. Luego de la crisis de representación y del debilitamiento del sistema de partidos, los medios ya no respondieron a determinados partidos políticos, sino que se ubicaron a favor o en contra del gobierno, reproduciendo el modelo de amigo-enemigo propio del populismo. Los medios de comunicación son actores políticos con intereses determinados y constructores de realidades. Sin embargo, su discurso no ponía de manifiesto su toma de posición, sino que se resguardaban en un lugar de pretendida neutralidad e imparcialidad a la hora de transmitir información. Ante las críticas que recibieron por parte del presidente Kirchner, los diarios rompieron con esa tradición y asumieron una posición cada vez más declarada en defensa de sus intereses y en oposición al gobierno, denunciando al presidente por violar la libertad de expresión. Se trató de un logro de este gobierno, que, por un lado, naturalizó un discurso en contra de los medios y, por el otro, llevó a estos diarios a posiciones visiblemente más polarizadas, los hizo jugar como actores políticos y contrarrestó su poder relativo.

Por último, se generó un proceso de retroalimentación por el cual, cuanto mayor fue la reacción del periodismo, ubicándose en posiciones favorables o contrarias al gobierno, mayor fue la intensidad del modelo de comunicación controlada desplegado por el gobierno de Kirchner. En conclusión, el modelo de comunicación controlada fue la causa directa del modelo de periodismo binario. Luego, ambos modelos se influyeron mutuamente, acentuando su intensidad.

4. Reflexiones finales

Como consecuencia de la instalación de un modelo de comunicación controlada y de un modelo de periodismo binario, en la Argentina, durante el gobierno de Kirchner, se desarrolla un patrón de comunicación antagónica: el espacio de debate público, con los medios como actores centrales, se convierte en un campo de disputas políticas polarizadas, en donde la comunicación queda supeditada al enfrentamiento político. La sociedad se divide de manera dicotómica entre quienes adhieren al gobierno y quienes se le oponen. Entre ambos polos, se genera un desconocimiento y una deslegitimación del adversario, que es visualizado como un antagonista. Ni el gobierno, ni los medios oficialistas u opositores, ni los sectores sociales asociados con ellos, privilegian la información, el debate o la búsqueda de consensos. En cambio, priman los intereses políticos de cada uno de los polos y la comunicación en función de estos fines. La disputa por la mediación implica batallas por quién controla la información, quién impone la agenda pública de temas, qué interpretación de la realidad se construye y cómo impacta en la opinión pública. La consecuencia es una democracia en la que la comunicación política entre el Gobierno y la ciudadanía se basa en el manejo de la información y en la lucha por los sentidos, y en donde se ve afectada la construcción colectiva a partir de acuerdos.

La comprensión del vínculo que el gobierno de Néstor Kirchner mantuvo con los medios resulta una dimensión clave para explicar cómo se estructuró la política argentina durante los últimos años. Kirchner llegó a la Presidencia con un escaso número de votos y cuando el país daba los primeros pasos luego de una profunda crisis económica, política y social. Basó su búsqueda de legitimidad y de construcción de un liderazgo dominante en una estrategia de comunicación directa con la ciudadanía. Ubicó a cierta prensa en el lugar de opositora política, cuestionó su rol como mediadora indiscutida y alimentó una división en dos del espacio social: de un lado, el líder con su pueblo; del otro, los medios opositores que encarnaban a los peores enemigos. A estos medios, el presidente pretendió quitarles el lugar simbólico de mediadores privilegiados entre el poder político y la opinión pública. Buscó deslegitimarlos en su papel republicano de cuarto poder encargado de fiscalizar las acciones del gobierno. Y desacreditó a aquellos medios o periodistas que se autodefinían como prensa independiente, para devolverles el lugar histórico reservado a la prensa partidaria, con tan poco poder como la deslucida oposición. Kirchner atacó a los medios que consideró opositores de manera explícita y pretendió contar con la iniciativa a la hora de fijar la agenda de temas de interés público, controlando la información que brindaba el gobierno y los tiempos de difusión. En las coyunturas más críticas para su gobierno, intensificó la disputa discursiva con la prensa opositora, como un mecanismo para construir apoyos políticos y atravesar de manera airosa las crisis y los desafíos. Sin embargo, en lo que se refiere a políticas de comunicación que implicaran un cambio en comparación con lo heredado de las administraciones anteriores, el gobierno de Kirchner mantuvo la discrecionalidad en el manejo de la radiodifusión y benefició, con sus medidas, a los grandes medios. El modelo de comunicación controlada de este gobierno significó una estrategia para construir y consolidar posiciones presidenciales dominantes y supuso la profundización del fenómeno de la personalización del poder en la figura presidencial. No implicó, en cambio, una institucionalización de las prácticas de comunicación del Gobierno, un fortalecimiento de las mediaciones políticas como los partidos políticos, una democratización del sistema de medios, ni una mayor participación ciudadana basada en una comunicación transparente y plural entre las instituciones políticas y la sociedad.

El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner heredó, de su antecesor, una situación conflictiva entre el gobierno y los medios de comunicación que, lejos de apaciguarse, se vio profundizada durante su mandato. La nueva presidenta en 2007 encontró a la mayoría de los medios alineados entre oficialistas y opositores, y a la ciudadanía ya acostumbrada a los argumentos presidenciales críticos sobre los medios opositores. Si cada conflicto del gobierno anterior había implicado una profundización del antagonismo con los medios –que, a juzgar por el resultado de las elecciones de 2005 y de 2007, había resultado exitoso–, era de esperar que, ante una nueva coyuntura desafiante para el gobierno, recurriera también a acentuar esta confrontación. Cuando el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, a poco de andar, enfrentó un profundo conflicto con el sector agropecuario, recurrió, casi como una estrategia natural, a la disputa con la prensa opositora. Cuanto más compleja era la coyuntura, mayor era el nivel de intensidad del modelo de comunicación controlada y mayor la polarización de los medios, hasta convertirse en el epicentro de toda la política argentina con la aprobación, en 2009, de la nueva ley de servicios audiovisuales. Los altísimos niveles de conflictividad entre el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y los medios opositores solo pueden comprenderse a la luz de una trama de disputas que comenzaron cuando Néstor Kirchner entró a la Casa Rosada.

Bibliografía

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Sigal, Silvia y Verón, Eliseo (2004). Perón o muerte. Los fundamentos discursivos del fenómeno peronista. Buenos Aires: Legasa (Primera edición, 1986).


  1. EPYG- UNSAM.
  2. Este capítulo se basa en parte de los resultados de mi tesis doctoral: Vincent, Lucía (2014), “Los medios y los fines. El gobierno de Néstor Kirchner y su relación con la prensa”, tesis de Doctorado en Ciencia Política de la Escuela de Política y Gobierno, Universidad Nacional de San Martín.
  3. Néstor Kirchner pronunció 862 discursos durante su Presidencia. En 220, hizo mención al rol de los medios, un 25 %. Todos los discursos fueron extraídos de la página de Internet de la Presidencia de la Nación: https://bit.ly/3cUNonJ Presidencia [consulta: 2009].
  4. El análisis de medios incluyó las secciones informativas, de opinión y editoriales de estos tres diarios y fue realizado de manera sistemática y exhaustiva, día por día, durante todo el periodo del gobierno de Kirchner. En total, fueron consultadas 4944 ediciones de diarios.
  5. Para un estudio de los antecedentes del vínculo entre Kirchner y los medios en Santa Cruz, ver Curia, 2006; Garrone y Rocha, 2003; Mochcofsky, 2003.
  6. Esta división solo pretende simplificar el análisis y de ninguna manera supone, como dicen Verón y Sigal (2004: 15), que analizar los discursos implique solamente estudiar lo que los políticos “dicen” en oposición a lo que “hacen”, ya que son precisamente los discursos los que permiten identificar los mecanismos significantes que estructuran el comportamiento social, es decir, solo a través de los discursos cobra sentido lo que los políticos hacen. Las prácticas de los gobiernos vienen acompañadas de un discurso que les da sentido a la acción, con lo cual, ambas dimensiones conforman un todo que únicamente tiene sentido dividirlo para simplificar su abordaje.
  7. En noviembre de 2003, Kirchner diría lo siguiente: “Allí se levanta queriendo regresar la vieja Argentina que queremos superar, que debemos dejar atrás. La Argentina de la violación de los derechos humanos, la de la justicia en la medida del poderoso, la de la destrucción de las fuentes productivas y el cierre de las fábricas, de la corrupción estructural, la del empobrecimiento constante de nuestros sectores medios, la de la exclusión social, la de la concentración económica y el endeudamiento eterno. Todavía está allí y tiene sus defensores. La defienden no solo los que fueron sus beneficiarios directos, claros y concretos; también la defienden quienes fueron los responsables de la implementación de esas políticas. Se expresa cultural y periodísticamente a diario, luciendo impúdicamente su desprecio, casi racista, por lo nuestro insistiendo en su fórmula de subordinación intelectual. Hay que reconocerles coherencia, saludaron la larga noche dictatorial y sus medidas económicas, se maravillaron con los supuestos logros de los 90 que tanto nos costaron y nos cuestan, aplaudieron las medidas que contribuyeron a que la recesión profundizara la depresión y reclamaron cuantos ajustes anunciaron en tanto no les implicara sacrificio de sus intereses.” (Kirchner, en el Acto de Clausura de la 51 convención anual de la Cámara Argentina de la Construcción, 18/11/2003).
  8. “Seguro que en los esfuerzos por volver a construir la identidad nacional, en los esfuerzos por consolidar la pluralidad y el consenso, en los esfuerzos de sentir orgullo de defender nuestras cosas, vamos a tener el agravio cotidiano, diario, de aquellos que nos acusan de ser irracionales porque decimos que tenemos que priorizar nuestra deuda interna; por aquellos que nos acusan de ser irracionales, verborrágicos y que sobreactuamos, por decir que, con absoluta buena fe, vamos a pagar lo que podemos pagar y no comprometernos a aquello que no podemos pagar. […] No importa, no tengo radio, ni micrófono, ni diarios, pueden seguir escribiendo, pero las convicciones de una generación que dio todo por un nuevo país, aún en el marco de su propio error, siguen absolutamente firmes” (Kirchner, ante la Asamblea Legislativa, 1/03/2004).
  9. “A mí me parece muy bien que el periodismo piense lo que quiera, elabore, estudie, investigue, espectacular, pero también nosotros tenemos todo el derecho del mundo a pensar las cosas que decimos, a coincidir y a no coincidir. Ahora, si pensar diferente del periodismo es ser adolescente o atacar la libertad de prensa, me parece que el autoritarismo se estaría colocando del otro lado. Acá, hay que ser abiertos de ambos lados.” (Kirchner, en la firma de acuerdo para la construcción de la planta de clinker de cemento portland, en Pico Truncado, 4/03/2005).
  10. “Hay un diario nacional en el cual algunos periodistas de ese diario dicen que ustedes, que son trabajadores, clase media argentina, vienen a estos actos porque nosotros los traemos a la fuerza. Es una falta de respeto a la voluntad popular para que ustedes sepan. Señor director del diario La Nación: el pueblo viene por conciencia y porque acompaña al gobierno popular para cambiar la patria y el país.” (Kirchner, en Esteban Echeverría, Provincia de Buenos Aires, 2/8/2005).
    “Dos cosas les voy a decir y por favor escúchenme. La primera: dicen que hacemos política; claro que toda la vida los que queremos la democracia hacemos política a toda hora porque sabemos lo que pasó en este país cuando no hubo política, cuando hubo oscuridad, cuando hubo falta de democracia, cuando hubo falta en el respeto a los derechos humanos, cuando no se respetó la dignidad de la gente. Y segundo: ahora yo me pregunto, cuando aquellos que escriben en esos medios dicen estas cosas, ¿qué están haciendo, periodismo o política? Están haciendo política, están defendiendo los intereses de siempre, están defendiendo los intereses de las minorías que nosotros respetamos pero lógicamente tenemos que tener en cuenta y respaldar fuertemente a la mayoría del pueblo argentino, que es el que necesita el respaldo y el cariño permanente de todos nosotros. Son cosas que hay que tener en claro.” (Kirchner, en Esteban Echeverría, Provincia de Buenos Aires, 2/8/2005).
  11. “Nosotros, y en este caso voy a hablar en mi calidad de santacruceño, como me tocó ser gobernador de mi provincia durante doce años, de una provincia muy lejana, sufrimos los ataques de algún periodismo muy aceitado, que es obra de una maquinaria muy aceitada acá en el país, sabemos que durante la campaña electoral tenían que tratar de desgastarnos de alguna forma. […] En algún diario, que profesa una ideología bastante contraria a la nuestra, pasa permanentemente eso acá en la Argentina. Entonces, esa es la libertad de prensa que dicen, ‘escribí esto, porque si no escribís esto…’. A mí me lo han reconocido ellos mismos, muchos de esos chicos que se ven sometidos a ese tipo de cosas, algunos de ellos por allí están por acá” (Kirchner, en el acto por la repatriación de los fondos de Santa Cruz, 1/8/2005).
    “No importa que sean opositores, hay muchos que son opositores. Yo sé que el que escribe en el diario La Nación tiene que ser opositor, qué va a hacer, si no… Porque esto de la libertad de prensa… Si la empresa quiere, hay libertad de prensa. Miren si un periodista va a escribir algo que esté en contra de lo que piensa el dueño de la empresa periodística, ¿se imaginan ustedes? […] En el caso de La Nación son opositores y apoyaron la dictadura del 76 y todas esas cosas están claras, y uno lo recuerda permanentemente” (Kirchner, durante la firma de convenios con Mar del Plata, 7/7/2006).
  12. “Algunos creen que escribir o ser periodista significa tratar de mostrar grandes diferencias con las cosas que un gobierno puede llevar adelante, en vez de mostrar una calidad intelectual, investigativa, seria y responsable en el análisis, donde la elevación de su capacidad intelectual, de la capacidad de escribir, de la capacidad de analizar, de la capacidad de estudiar, dé elementos fundados. Cuánta falta le hacen a nuestro país plumas serias, responsables, fundadas, para poder encontrar esa visión que genere las verdades relativas que ayuden a construir una verdad desprovista del odio, provista de la calidad investigativa e intelectual que este país necesita; desprovista del oportunismo, pero provista de la seriedad y la responsabilidad que este país necesita para la recuperación de la autoestima, de amar y querer lo argentino” (Kirchner, en el acto por la firma de convenios con la provincia de Corrientes, 18/4/2006).
  13. “Ahora yo me pregunto, todos aquellos que en algunos medios hablan de hegemonía y son dueños de radios, de televisión y dueños de casi todo –algunos que andan por ahí – y esa acumulación, ese hegemonismo que se da del otro lado, que más que libertad de prensa es dominación de empresa, yo creo que tiene que haber mucha sinceridad en este tema, en todos los temas” (Kirchner, en la reunión de intendentes radicales, justicialistas, vecinalistas y de otras pertenencias partidarias, 6/7/2006).
  14. En la entrevista que le hizo Página/12 a Kirchner al cumplirse un año de gobierno (23/05/2004), el presidente dijo una frase que condensaba esta misma idea: “El primer día que entré a este despacho y miré para afuera vi la Plaza Colón. Había una gran soledad ahí abajo. Pero supe desde el primer momento que esa era mi realidad. Yo acá, en la Casa de Gobierno, y un pueblo que espera”. Sigal y Verón (2004: 33) dieron cuenta de cómo el “modelo de la llegada” de Perón a la Presidencia, en 1944, incluía una noción del pueblo como un “actor social pasivo”. Lo que el líder le demandaba al pueblo era, primero “confianza”, luego “fe” y más adelante “colaboración”. A lo cual, agrego, que esta visión de la pasividad del pueblo sería compartida por Kirchner, quien también solicitó en varias oportunidades la confianza y la “ayuda” o colaboración de su pueblo.
  15. “Lo único que les quiero pedir, así como me ven, es ayuda, ayúdenme a dar la batalla por las utopías, a pelear contra los duros intereses, a poder estar comunicado con mi pueblo y poder decirle la verdad, ayúdenme y estén atentos contra aquellos que informan e informan mal, aquellos que los quieren confundir, que no quieren que el pueblo pueda ganar definitivamente la batalla de la igualdad y la justicia”. (Kirchner, 28/7/2004).
  16. “Hemos puesto al gobierno del lado de la gente, del lado de nuestro pueblo. A nuestro modo, con nuestro estilo, hemos sacado al gobierno de los despachos a la calle, a los barrios, a los pueblos y a las ciudades donde nuestra gente vive, trabaja, sufre y lucha” (Kirchner, ante la Asamblea Legislativa, 1/03/2004).
  17. “Sé, y ustedes lo saben como yo, que los intereses de algunos sectores se han acostumbrado a que los dirigentes políticos sean empleados o gerentes de ellos. ¡Conmigo, minga! Yo voy a defender a los argentinos y los intereses de la patria como corresponde […] Queridos amigos, estoy contento de estar aquí, estoy emocionado y por ahí se me cae una lágrima, ¿pero saben lo que es volver a un lugar donde me atendieron tan bien y hoy me reciben de esta manera? Esto me da una fuerza tremenda, me alienta, me da polenta, me da coraje”. (Kirchner, en Ituzaingó, Provincia de Buenos Aires, 3/09/2003).
  18. “No le tengo miedo a la extorsión ni me van a correr con ninguna pluma. Voy a seguir hablando con el pueblo en forma permanente” (Kirchner, 4/3/2005).
  19. “Sabemos que quienes tenemos responsabilidad de conducción de Estado en los distintos lugares y nos tenemos que entender primero nosotros antes que nadie, somos simplemente hombres comunes con responsabilidades importantes. Porque es cierto también que nos ha pasado a los dirigentes políticos, que cuando juramos, al otro día nos entramos a poner serios, cerramos la puerta del despacho y creemos que somos estadistas elegidos por mano y obra del espíritu divino que nos ha puesto en ese lugar. Y nos olvidamos que somos iguales que todos nuestros hermanos, lo único es que tenemos un trabajo distinto por un período de tiempo y que tenemos que responder muy bien porque si no, evidentemente, no se van a acordar con mucho agrado de nosotros en el futuro” (Kirchner, visita a Rawson, 27/06/2003).
  20. “Podrán decirse muchas cosas de los políticos, en muchos casos los hubo que merecen el reproche y que avergüenzan a la actividad política, pero es preciso dejar en claro que sólo quienes hacen política buscan la obtención del poder por la voluntad de sus conciudadanos y lo ejercen bajo la responsabilidad de tener que revalidar el título ante ellos. Hay muchos otros poderes, mucho más oscuros que los poderes a que se accede a través de la política, que no permiten ni quieren que se los controle, ni revalidan títulos ante nadie y se manejan con presiones y exigencias insaciables. Son poderes que actúan evadiendo toda responsabilidad” (Kirchner, en el acto de homenaje por el centenario del natalicio de Ricardo Balbín, 29/07/2004).
  21. “A mí no me van a correr con actitudes de lobbistas o generando cuatro o cinco notas de opinión en los diarios, donde algunos opinadores se ponen serios y dicen: ‘tenemos que esperar a que termine de hacer campaña’. No, yo no estoy haciendo campaña, estoy gobernando de la mañana a la noche. Lo que pasa es que para algunos hacer campaña es juntarse de vez en cuando con la gente, para mí gobernar es tratar de estar al lado de la gente permanentemente, no cuando haya un proceso electoral, no cuando haya una determinada acción en un determinado momento. […] Se enojan algunos porque dicen: ‘ese estilo que se acerca a la gente como si fuera…’ ¿Y a quién quieren que me acerque? Si la gente son mis hermanos, son mis amigos, son los que sueñan y sufren en esta tierra. ¡Para quienes quieren que gobernemos! En serio, a veces me pregunto en soledad por qué les molesta tanto eso”. (Kirchner, firma de convenios en Cerrito, Entre Ríos, 2/09/2003).
  22. “ –Pero usted nunca junta a sus ministros ¿no? –No. –¿Sabe lo que pasa? Estando solos puedo charlar con intimidad y a fondo. Ellos se sueltan y yo tengo una capacidad de elaboración distinta. Tengo una visión mucho más global que si los juntara a todos. Porque, si no, empiezan a mirarse, ¿no? Salen y dicen una cosa por afuera, lo que ha pasado siempre. Somos así los seres humanos” (entrevista a Kirchner en Clarín, 23/05/2004).
  23. “Dicen: no, primero tiene que hacer conferencias de prensa porque si no es antidemocrático. Quiere decir que si uno no hace las conferencias de prensa como algunas señoritas o señores periodistas quieren, es antidemocrático. Yo hablo con la gente, con el pueblo y con los periodistas cuando los encuentro y cuando quiera pero donde se da y como se da, pero no voy a dejar de hablar con ustedes y decirle a los argentinos qué es lo que pienso y qué es lo que sucede” (Kirchner en Pico Truncado, 4/03/2005).
  24. La publicidad oficial aumentó de manera exponencial durante el gobierno de Kirchner. Según informes de Poder Ciudadano y de la Asociación por los Derechos Civiles (citados por Califano, 2009: 363), en 2003 se gastaron $ 46 267 906; en 2004, se duplicó esa suma ascendiendo a $ 99 815 380; en 2005, el gasto se incrementó hasta los $ 127 462 075; en 2006, llegó a los $209 638 869, y, finalmente, en 2007, el gasto en publicidad oficial alcanzó los $322.392.600, lo que significó un incremento del 54 % con respecto al 2006.
  25. Escribano, Claudio, “Treinta y seis horas de un carnaval decadente”, La Nación, 15/05/2003.


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