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7 El PT en el poder: los gobiernos de Luiz Inácio “Lula” da Silva y Dilma Rousseff

Cambios y continuidades

Alberto A. Baldioli[1] y Santiago C. Leiras

Brasil proclamó la independencia y la abolición de la esclavitud, pero no terminó con el hambre. Se industrializó y adquirió un moderno parque industrial, pero no venció al hambre. Eso no puede continuar así. Mientras exista un hermano brasileño o una hermana brasileña pasando hambre, tenemos motivos de sobra para cubrirnos de vergüenza.
Luiz Inácio da Silva, Discurso de asunción
de su primera Presidencia, 1 de enero de 2003.

1. Introducción

Adquiere importancia el estudio y análisis de los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil entre 2003 y 2016, ya que dicha experiencia política se encuentra entre el grupo que, durante la primera década del siglo xxi, trataría con éxito de imponer un nuevo clima político en la región.

“Lula” da Silva era visto por la mayor parte de los analistas, en 2002, como alguien que potenciaría la ruptura con el paradigma neoliberal que dominó América Latina en la década de 1990, cuyos más claros ejemplos aparecían representados en las figuras de Carlos Saúl Menem, en la Argentina, Fernando Henrique Cardoso, en Brasil, y Alberto Fujimori, en el Perú, entre otros. Así también, dichos analistas tenían la convicción de que “Lula” da Silva iba a emular la reacción del mandatario venezolano Hugo Chávez, consistente en el rechazo al imperialismo estadounidense y al mercado de capitales; el establishment empresarial y político se iban a llevar una enorme sorpresa, como así también los más destacados intelectuales de izquierda del continente.

Tanto “Lula” da Silva como Dilma Rousseff expresaron, desde un primer momento, su vocación aperturista, democrática e institucional. Brasil, al ser una potencia industrial, no podía cerrarse al mundo, y al ser un país con un pensamiento estratégico de largo alcance, basado en un proyecto político de nación-potencia, se propuso como cometido respetar el mismo gobierno tras gobierno, sin importar el signo político del mismo (Polarolo, 2011), tratándose de una auténtica política de Estado.

No obstante, “Lula” da Silva tuvo que afrontar, desde su primera Presidencia, la responsabilidad de poner en marcha diferentes iniciativas de emergencia para combatir la pobreza, la indigencia y el analfabetismo, como así también los problemas habitacionales en todo el territorio federal (García, 2009), buscando para ello consejo a nivel internacional; Dilma Rousseff debería continuar este gran desafío.

El objetivo del presente trabajo es dilucidar los cambios y las continuidades que van desde la administración de Luiz Inácio da Silva a la de Dilma Rousseff, sus logros y limitaciones, y las consecuencias de sus actos gubernamentales.

2. Planteando el tema

A partir del 1 de enero de 2003, un cambio importante surgía en la República Federativa de Brasil. Un partido de izquierda llegaba al poder, y con ello, un líder metalúrgico que, a fines de la década de 1970, había enfrentado a la dictadura militar con una serie de huelgas en el estado de San Pablo, donde se concentra, hasta hoy, el más fuerte aparato productivo del país[2].

El Partido de los Trabajadores (PT) llegó con bases sólidas al poder, habiendo quedado atrás tres derrotas electorales frente a dos expresidentes, Fernando Collor de Melo y Fernando Henrique Cardoso. Las elecciones perdidas en 1989, 1994 y 1998 dejaron en el dirigente sindical, devenido en político, un aprendizaje importante, ya que, a partir de esas experiencias, procuró articular nuevas alianzas, y, de esa manera, poder llegar a una parte del electorado que, históricamente, no había votado a candidatos provenientes de la izquierda y que se mostraba renuente a brindar apoyo a alternativas programáticas de izquierda.

La conformación del PT data del 10 de febrero de 1980, en una reunión llevada cabo en el Colegio Sion de San Pablo, siendo el objetivo de la creación de dicho partido, según Lula, convertirse en la representación de los sectores más desfavorecidos[3]. Las bases doctrinarias del nuevo partido son de corte socialista, clasista y marxista, parecidas a los partidos socialistas y laboristas europeos, aunque con un severo tinte obrerista desde el principio, como así también de fuerte discurso populista tradicional (Cymes, 2009).

El nuevo presidente tenía que enfrentar grandes desafíos: el primero de ellos, mejorar la redistribución del ingreso en favor de las capas más pobres del país, representativas del Brasil profundo, al cual los anteriores mandatarios recientes no pudieron llegar; el segundo, solucionar ciertos problemas económicos que provenían de las crisis mundiales cíclicas que arrastraron a los países, tanto desarrollados, como en vías de desarrollo a planes de contingencia y ajuste, y debía devolver al país a la senda de un desarrollo sostenido[4].

“Lula” da Silva debía continuar, desde su Presidencia, también con el desarrollo militar de las Fuerzas Armadas de Brasil (FAB), y conseguir un incremento de fondos en investigación y desarrollo en el presupuesto federal, procurando tener mayor aceptación y reconocimiento entre uno de los sectores conceptualmente más reacios a procesos y propuestas de izquierda (Baldioli et al, 2007).

Durante los dos mandatos presidenciales de “Lula” da Silva, habría un boom petrolero en Brasil, con nuevas plataformas off shore y diferentes explotaciones de crudo, que impulsaría a la empresa nacional PETROBRAS a niveles nunca vistos; sin embargo, más adelante veremos que esto traería consecuencias a nivel institucional.

El apoyo electoral del PT a nivel general se debió a que los cambios de la Nueva Era, que trajeron aparejado la caída de gran parte de las desigualdades sociales, dieron nacimiento a una nueva clase media, más extendida que las anteriores; esto dio lugar a la aparición del “lulismo” como nuevo fenómeno político-social (Tible, 2013).

Esto generó las condiciones para que Dilma Rousseff, quien fuera ministra de Minas y Energía y luego, desde 2005 en adelante, ministra-jefa de la Casa Civil, se convirtiera en su sucesora para candidatearse a la Presidencia de Brasil en los comicios de 2010, para ganar la primera magistratura de la república el 31 de octubre de 2010 en el ballotage.

“Lula” da Silva dejaba así la Presidencia como ningún otro mandatario de Brasil anterior a él, aclamado por una multitud de lo más variopinta, en cuanto a su pensamiento político, con una elevada imagen pública –83 % de popularidad– y con un reconocimiento general de los brasileños (Ruarte y Carrizo,2011).

Dilma Rousseff, a diferencia de “Lula” da Silva, había sido integrante de las organizaciones de guerrilla urbana COLINA (Comando de Liberación Nacional) y del VPR-Palmares (Vanguardia Popular Revolucionaria), y, durante la larga dictadura militar (1964-1985), había sido encarcelada en 1970 y sometida a prácticas de tortura.

En 1973 fue liberada y se estableció en la ciudad de Porto Alegre, donde reanudó sus estudios en Economía, y en 1979, una vez indultada por el gobierno militar, comenzó a militar políticamente en el Partido Democrático Trabalhista (PDT) del viejo dirigente riograndense Leonel Brizola, haciéndose cargo, años después, de la Secretaría de Minería del gobernador de Rio Grande do Sul Alceu Collares, desde 1991 a 1995.

En 1999, Rousseff se incorporó al PT, y comenzó a destacarse en temas económicos y de energía, áreas de su especialidad. Desde 2003 a 2005, ocupó el Ministerio de Minas y Energía, dándole fuerte impulso al petróleo, a la electricidad y a las energías renovables, como así también a la fabricación de insumos industriales, impulsando fuertemente a PETROBRAS.

A partir de 2005, y al ver su gran desempeño político y como organizadora, fue designada por el presidente como jefa de la Casa Civil, para reemplazar al importante dirigente petista José Dirceu, quien había tenido que renunciar al verse involucrado en el escándalo del Mensalão[5].

Durante los años como jefa de gabinete, se involucró tanto en la política nacional como en la internacional en estrecha colaboración con el Dr. Celso Amorim: junto con el presidente de la república y el Canciller, sería una fuerte impulsora de la conformación y el fortalecimiento del BRIC[6].

En el punto siguiente, desarrollaremos algunos de los aspectos más salientes de la etapa de Luis Ignacio “Lula” da Silva al frente de la Presidencia de Brasil.

3. Luiz Inácio da Silva en el poder (2003/2011)

Y yo, que durante tantas veces fui acusado de no tener un título universitario, consigo mi primer diploma, el título de presidente de la República de mí país.
Luiz Inácio da Silva, Discurso de asunción
de su primera Presidencia, 1 de enero de 2003.

3.1. La economía en su mandato

El 1 de enero de 2003, “Lula” Da Silva asumió la primera magistratura de Brasil y sorprendió a todo el mundo empresarial y político al nombrar como nuevo presidente del Banco Central a Henrique Meirelles, quien, hasta su retiro en 2002, fuera el presidente del Banco de Boston en su casa central, en los Estados Unidos de América, un hombre considerado como representante de la tradicional derecha liberal[7] y muy relacionado con el círculo de los grandes capitales. Este hecho fue muy alentador para los mercados internacionales; además, en su gabinete incluyó a lo más variado en cuanto a ideologías políticas: así, laboristas, trotskistas, socialistas y liberales convivieron bajo su conducción política.

En principio, hubo una continuación de la política económica de su antecesor en el cargo, el expresidente Fernando Henrique Cardoso (FHC), porque FHC, con el apoyo parlamentario del PT, tomo un crédito internacional del Fondo Monetario Internacional (FMI) por un valor de 30 000 millones de dólares, en agosto de 2002, por lo que, al siguiente gobierno, le cabía ejecutar 26 000 millones, teniendo la posibilidad de utilizar 10 000 millones de las reservas del Banco Central en forma adicional para subsanar cualquier maniobra especulativa contra el Real (Ortiz de Zárate, 2016).

A cambio del empréstito, el FMI le exigía a Brasil que saneara su economía y lograr un superávit presupuestario primario para 2003, que llegara aproximadamente al 3,75 % de su PBI.

Para lograr este enorme esfuerzo, Lula continuó con políticas similares a las que aplicó Cardoso en materia de tasas de interés, cargas tributarias, responsabilidad fiscal, relación con el Banco Central y con el FMI, y el apoyo ferviente al crecimiento agroexportador, otorgándoles préstamos a los hacendados grandes, medianos y pequeños[8].

A tal grado fue la continuidad de la política económica de su antecesor, que algunos intelectuales y analistas políticos señalaban que, más que tratarse de la primera Presidencia de Luis Ignacio “Lula” Da Silva, esta era la tercera gestión presidencial de Fernando Henrique Cardoso (Hunter, 2014).

Su administración fue eficiente en grado óptimo: se logró bajar la inflación, comenzó paulatinamente a recuperar el empleo de los factores de producción y bajar el desempleo. La incentivación en la producción con micro créditos, como así también el apoyo al mercado interno, y la pequeña y mediana industria, dieron como resultado el crecimiento positivo de la balanza comercial.

Fue tan exitoso su desenvolvimiento económico, que en 2005, “Lula” da Silva pagó completa toda la deuda tomada por Fernando Henrique Cardoso, con dos años de antelación a lo pactado en cuotas, entrando a formar parte de los países más eficientes del mundo, pero sosteniendo la relación con el FMI luego, como así también con el resto de los acreedores[9] (Torres, 2015). “Lula” da Silva fue muy prudente a la hora de incrementar el gasto público, que debía ser apuntando a la producción, al empleo y al consumo, impulsando al sector exportador, pero también protegiendo al mercado local. Esta dualidad marca un liberalismo social marcado.

Con el enorme crecimiento de la empresa de bandera PETROBRAS, del sector exportador, como así también del mercado interno, Brasil llegó a estar en el sexto puesto de la economía mundial (García, 2011).

La contracara de una política económica prudente ha sido una activa política social, la cual desarrollaremos a continuación.

3.2. Política social: la redistribución del ingreso. La lucha contra la pobreza como objetivo. Acciones determinantes

En 2002, siendo candidato por el PT, Lula viajó a la República Argentina para entrevistarse con el presidente argentino de aquel entonces Eduardo Duhalde, quien le dio algunas ideas sobre cómo combatir la pobreza, a través de la puesta en ejecución de programas sociales; de allí, surgió lo que sería el denominado Plan Hambre Cero, que, siendo ya presidente de Brasil, se constituiría en una importante acción política que beneficiaría a seis millones y medio de familias.

Contaría, para impulsar el Programa Hambre Cero, con la asistencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación-FAO (Herrero Villa, 2006). La tasa de mortalidad infantil en la administración Cardoso era de 32 muertes por cada mil nacimientos (Borges Martins, 2004), mientras que, durante la administración de Lula, descendió a 22,8 muertes por cada mil nacimientos (Sohr, 2011); sin duda, un plan exitoso, aunque no concluyente porque, año tras año, se avanzaba en los cuidados de niños recién nacidos.

Se instrumentó un plan de reforma agraria que intentaría ser de mucho mayor alcance que en los anteriores gobiernos, sobre todo, por el crecimiento del Movimiento Sin Tierra, que ya, en 2003, tenía el elevado número de 25 millones de familias. No obstante, durante sus dos mandatos, no pudo reparar este daño social en su totalidad. Esto lo llevó a tener ácidos críticos como James Petras quien, ya desde el primer año de la Presidencia de Da Silva, acusó cierta decepción por su desempeño como presidente en lo que respecta a los excluidos y marginales de Brasil (Petras, 2003).

Si bien es cierto de que “Lula” da Silva no pudo mejorar el problema de los desposeídos de la tierra, en sus primeros tres años de mandato sí mejoró las condiciones laborales de muchos campesinos cuando lanzó, ya en su primer año de gestión, el Plan de Erradicación del Trabajo Esclavo, conformando fiscalías especiales que, conjuntamente con las fuerzas del orden, liberaron más de 13 000 trabajadores que estaban en estado de esclavitud o trabajo degradante (Herrera Villa, 2006).

El presidente de la república encomendó al ministro de Justica y a la Secretaría Nacional de Derechos Humanos la elaboración de un proyecto de entrega de títulos de propiedad a familias residentes en barrios marginales (favelas), y la creación de una red de contención para jóvenes droga-dependientes, con el propósito de tratarlos y reintegrarlos a la sociedad (Ortiz de Zárate, 2016).

Entre los planes sociales más destacados, aparece el Plan Bolsa Familia, un plan de bienestar social brasileño que integra dos importantes instituciones: la familia y la educación. Toda familia con niños en edad escolar es beneficiada con sumas de dinero directas, entregadas para la asistencia del menor. Este plan, establecido en 2003 y convertido en ley nacional en 2004, representa una genuina política de Estado.

El Plan Bolsa Familia se recibe siempre y cuando no haya analfabetos entre los niños; en ese caso, por la ley de educación, el mismo será integrado en el sistema educativo, y, de esa forma, se le dará la asistencia social respectiva. Los ingresos de la asistencia son variados y dependen de la cantidad de hijos en edad escolar que tenga la familia.

Se trató del programa brasileño más exitoso de todos los tiempos, dado que, en una década de operación, logró reducir a la mitad la pobreza de Brasil (de 9,7 % a 4,3 %), gracias a su vasto alcance y cobertura –unos 50 millones de brasileños de bajos ingresos, o la cuarta parte de la población (Ceratti, 2014)–.

Los ingresos que percibe cada familia en el plan Bolsa Familia son un mínimo de 35 y un máximo de 176 reales al mes; según los estudios realizados desde el gobierno, los mismos se gastan en comida, útiles escolares y ropa. Este programa fue financiado por el Gobierno de Brasil y por el Banco Mundial. Años después de su puesta en práctica, el gobierno de Dilma Rousseff afirmó que 55 millones de brasileños habían sido beneficiados por el plan.

En el área educativa, el presidente Da Silva puso en marcha el Fondo de Manutención y Desenvolvimiento de Educación Básica –FUNDEB– a través del cual, se brindó atención a más de 40 millones de estudiantes, con inversiones anuales de más de 7 millones de reales, como así también Programa Universidad Para Todos –PROUNI–, que, hasta su llegada al poder, había becado a más de medio millón de brasileños.

Se crearon 11 nuevas universidades federales en todo el país, acrecentando, de esta manera, la educación superior pública y gratuita; de este modo, el gobierno de “Lula” da Silva integró, con una enorme red de educación, a la juventud con el apoyo, además, a través de becas. La política social en el plano tendrá su expresión en el plano internacional con el desarrollo de una activa diplomacia, que desarrollaremos a continuación.

3.3. “Lula” da Silva: estadista internacional

En el plano internacional, el gobierno de Lula luchó ostensiblemente para derribar las trabas a las exportaciones y cupos de los Estados Unidos y de la Unión Europea. Trató, de ganar una plaza permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, con resultado negativo. Durante toda su Presidencia viajó a ochenta países en giras constantes con el propósito de hallar oportunidades de negocios para las empresas brasileñas.

Asimismo, el expresidente desarrolló una destacada actividad en pos del fortalecimiento del MERCOSUR, y apoyó desde el principio la inclusión de Venezuela[10]. Su pensamiento era que América Latina fuera más independiente, procurando marcar distancia con los EE. UU., a través de la oposición al ALCA[11] (Lapper, 2006).

Sin embargo, la relación más difícil que tuvo fue con Hugo Chávez debido a que el mandatario venezolano era demasiado polémico para él y pretendía que Brasil se pliegue al ALBA[12], dejando de lado sus conexiones con el mundo desarrollado, algo que, por supuesto, Lula no podía ni quería hacer; no obstante, pensó que una fórmula viable sería una Confederación Sudamericana de Naciones[13] dado que esta podría contener al MERCOSUR, al ALBA y a la CAN[14] (Ortiz de Zárate, 2016).

En todo este periplo regional, Lula encontró un fuerte apoyo del presidente argentino Néstor Kirchner (Ortiz de Zárate, 2016), quien era notablemente pragmático, aunque, a nivel internacional, no gozaba del mismo predicamento, ni poseía la retórica, ni la faz conciliadora que tenía “Lula” da Silva, aprendida desde sus días de líder sindical.

A partir del bienio 2006-2007, comenzó a congelarse el MERCOSUR, debido al diferendo sobre el gas boliviano. El presidente de Bolivia, Evo Morales, tomó la decisión de aumentar fuertemente el precio del gas y de nacionalizar compulsivamente las explotaciones de PETROBRAS, incautándole la maquinaria de explotación más dos refinerías que tenía la firma de bandera. El conflicto terminaría cuando PETROBRAS le vendiera las dos refinerías a la empresa argentino-española Repsol YPF.

Otro conflicto que complicó al MERCOSUR fue el que enfrentó a la Argentina y el Uruguay por la instalación de las papeleras a orillas del río Uruguay del lado oriental. Este conflicto comenzó enfrentando a Néstor Kirchner con el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, a tal punto que ambos mandatarios cortaron el diálogo entre sí, y el presidente argentino terminó solicitándole al rey Juan Carlos de España su mediación en el conflicto. (Pradal, 2008).

Con la llegada al poder de Cristina Fernández en 2007, la conflictividad en el MERCOSUR fue in crescendo debido al incremento de las políticas proteccionistas que ya habían comenzado un año antes de la mano del secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno. Este hecho causó un gran desentendimiento con el gobierno brasileño, y causó un fuerte disgusto para “Lula” da Silva.

A nivel regional, Lula logró evitar el conflicto armado entre Ecuador y Colombia, debido a la violación de la soberanía del primero, por parte de las fuerzas de comandos militares de Colombia, para dar caza a los líderes terroristas de la organización FARC[15]. El presidente de Venezuela Hugo Chávez apoyó en todo momento al presidente ecuatoriano Rafael Correa y, además, desató su ira contra Álvaro Uribe. “Lula” da Silva, con el propósito de impedir un enfrentamiento armado, envió con precisas directivas a su canciller, Celso Amorim, para lograr que ambos mandatarios se sentaran en la mesa de negociaciones en la cumbre en Santo Domingo, República Dominicana[16] (Relea y Campo, 2008).

En un 2008 con innumerables conflictos en el subcontinente, se agregó el de la “fantasmal 4.a Flota de los EE. UU.”[17], que el presidente norteamericano quería volver a poner en funciones rápidamente; Brasil protestó enérgicamente contra su posible utilización sobre América Latina y la iniciativa fue desactivada.

A nivel global, en 2010, Brasil, en forma conjunta con Turquía, mediaron en el conflicto de las plantas nucleares iraníes; esto tuvo como consecuencia un gran entendimiento de “Lula” da Silva con el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad, que llevó, primero a la visita oficial a la República Islámica de Irán, y luego, a la firma de un tratado con Turquía e Irán para el intercambio de uranio enriquecido con fines industriales pacíficos[18].

“Lula” da Silva, al mediar en Oriente Medio, comenzó a tener ciertos choques con EE. UU. y con su presidente, Barack Obama. Obama expresó su disgusto por las gestiones unilaterales de Lula en el frente de Irán, que, desde su perspectiva, socavaban los esfuerzos estadounidenses para someter al régimen de los ayatolas a una cuarentena internacional. De esta manera, Obama renunció a participar, a finales de mayo, en el III Foro de la Alianza de Civilizaciones y declinó la invitación brasileña de realizar una visita de Estado antes de las elecciones generales de octubre de 2010 (esta visita se produciría pero con Lula ya fuera de la Presidencia, en marzo de 2011). En la recta final de su mandato, un decepcionado Lula confesaba su “tristeza” porque los Estados Unidos de Obama, pese a los discursos presidenciales, “no habían cambiado” la relación con América Latina, cuya “importancia”, el poderoso vecino del norte, “seguía sin reconocer” (Ortiz de Zárate, 2016).

En suma, una política “tercermundista” en el plano internacional, y con énfasis social en el plano interno, vino a compensar la ortodoxia en materia económica (Hunter, 2014). Sin embargo, este delicado equilibrio político no pudo impedir la consumación de uno de los mayores escándalos políticos de la era “Lula” Da Silva: el Mensalão.

3.4. El lado oscuro de la Administración: el Mensalão

El sábado 14 de mayo de 2005, sale a la venta el número 1905 de la revista Veja. En la página 54 de la edición, en el artículo “El hombre clave del PTB”, se lleva a cabo una denuncia de un extendido esquema de corrupción en la empresa de correos, lo que fue destacado en la portada de la revista con el titular “El vídeo de la corrupción en Brasilia”.

El artículo relata, con base en grabaciones hechas con una cámara escondida, que el director del Departamento de Contratación y Administración de Material, Mauricio Marinho, les explica a sus interlocutores (dos empresarios) el funcionamiento del esquema de pago de propina para defraudar licitaciones, esquema que sería gestionado por el director de Administración de los Correos, Antônio Osório Batista, y por Roberto Jefferson, diputado federal por el estado de Río de Janeiro y presidente del Partido Trabalhista Brasileiro-PTB. El vídeo, anteriormente divulgado por las principales cadenas de televisión, muestra a Marinho desembolsando la suma de R$ 3 000 como adelanto para garantizar el fraude.

Con la participación de agentes de la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN) en la investigación del fraude, se sospecha que fue el propio gobierno quien comandó las mismas con el objetivo de deshacerse de aliados indeseados sin hacerse cargo del respectivo costo político.

A partir de ahí, se traba una batalla política en la que el gobierno intenta, sistemáticamente, obstruir la instalación de una Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) para investigar los hechos.

Un acontecimiento decisivo para la instalación de la Comisión fue el titular del periódico Folha de São Paulo de viernes 3 de junio de ese año: “Operación sofoca de la CPI cuesta R$ 400 millones”. En el artículo “Operación contra CPI envuelve R$ 400 millones en enmiendas”, publicado en la sección “Brasil”, el periódico denuncia que el gobierno estaría liberando la suma antes mencionada en la forma de enmiendas al presupuesto, como moneda de cambio para que el Legislativo no hiciera ninguna investigación.

Ante esa denuncia, buena parte de la base gobernante se une a la oposición y defiende la instalación de la CPI. Frenado y abandonado por sus exaliados, Roberto Jefferson empieza el contraataque. El lunes 6 de junio, el mismo Folha de São Paulo publicó una entrevista con el diputado del PTB, hasta entonces miembro de la bancada aliada del gobierno del presidente “Lula” da Silva. En la entrevista, Jefferson cuenta que Delúbio Soares, tesorero del PT, les pagaba una mensualidad de 30 000 R$ a algunos diputados del Congreso Nacional brasileño para que votaran según la orientación del bloque del gobierno. Roberto Jefferson se refirió a esa modalidad como mensalão.La palabra mensalão, o mensualidad pagada a los diputados, se vuelve famosa en todo el país por esta entrevista. Según Jefferson, el operador del mensalão habría sido el empresario Marcos Valério de Souza, cuyas agencias de publicidad SMP&B y ADN eran responsables de varias cuentas de órganos públicos. La divulgación de la noticia profundizó la grave crisis política en el gobierno brasileño y el episodio queda conocido como o scandalo do mensalãoescándalo de las mensualidades.

Después de la denuncia de una operación para acabar con la CPI y de la entrevista con Jefferson, se hace ineludible la instalación de la comisión para investigar tanto las denuncias de corrupción en Correos como las mensualidades.

Luego de perder esa batalla, el gobierno asumió entonces la conquista de los cargos clave de la CPI del Correo, instalada el 8 de junio. La Presidencia y la relatoría fueron ambas ocupadas por aliados del Palacio de Planalto: el senador Delcídio Amaral (PT-MS) y el diputado federal Osmar Serraglio (PMDB-PR), respectivamente.

Respecto de la CPI del mensalão, esta fue instalada el 20 de julio también con aliados del gobierno en los principales cargos. Como presidente es escogido el senador Amir Lando (PMDB-RO) y como relator el diputado federal Ibrahim Abi-Ackel (PP-MG). Este último fue Ministro de Justicia en el gobierno Figueiredo, época en que fue acusado de implicación en el “escándalo de las joyas”.

El “escándalo de las mensualidades” tuvo un efecto dominó a través de la caída de dirigentes importantes del PT: tales fueron los casos de José Dirceu, José Genoino, Delubio Soares y Silvio Pereira, entre otros[19]. Además este hecho fue posiblemente, no obstante haber sido protegido de las investigaciones, lo que obligó a Lula a tener que ir a segunda vuelta electoral en su reelección (Ortiz de Zárate, 2016).

Años después investigaciones judiciales relacionadas con la empresa estatal Petrobras y un supuesto esquema de pagos conocido como “Lava Jato” comprometerían a una nueva administración del PT, ya en esta oportunidad en manos de Dilma Rousseff. Esta etapa será abordada en la siguiente sección.

4. “La Dama de Hierro del PT”: Dilma Rousseff en el Poder (2011-2016)

Voy a honrar a las mujeres, proteger a los más frágiles y gobernar para todo […] No descansaré mientras haya brasileños sin alimentos en la mesa, mientras haya familias en las calles, mientras haya niños abandonados. La familia es el alimento, la paz y la alegría. Este es el sueño que voy a perseguir.
Fragmento del Discurso de asunción de Dilma Rousseff
realizado el 1 de enero de 2011

4.1. La economía en su mandato

La nueva presidenta, desde un primer momento, afirmó que continuaría con las políticas de su antecesor en el cargo y que trataría de profundizar los cambios progresistas de la administración de “Lula” da Silva.

Sin embargo, su ministro de Economía, Guido Mantega, le aconsejó blindar la economía a través de medidas de corte proteccionista, debido a que, en ese entonces, todavía existían problemas de divisas como consecuencia de la crisis financiera de 2008/2009 en la Unión Europea y los Estados Unidos. En este contexto, Dilma Rousseff llevó a cabo medidas destinadas a proteger la economía brasileña; sin embargo, la administración de Rousseff debió devaluar el Real paulatinamente y, promediando el 2012, la moneda brasileña tuvo que soportar un 12 por ciento de devaluación; consultado al respecto, el ministro Mantega afirmó que esta medida era para “desintoxicar” a la economía interna.

La economía del país comenzaba a tener sobresaltos. Si bien el desempleo era bajo, las tasas de crecimiento comenzaron a descender en forma pronunciada; así, en 2010, el crecimiento del PBI había sido del 7,5 %, y en los años subsiguientes, se puso de manifiesto la tendencia decreciente de la economía brasileña, con registros de 2,7 % en el año 2011; 0,9 % en 2012, y 2,3 % en 2013 (Cuadro I).

Sumado a todo ello, comenzaron a aflorar los conflictos de carácter salarial, y para evitar una espiral inflacionaria, los salarios se depreciaron levemente, de modo tal de procurar garantizar la competitividad del sector industrial; Así, el salario mínimo, que se encontraba en R$ 510 (US$ 275) al asumir Rousseff, fue elevado a R$ 622 (US$ 348) para 2012, y a R$ 678 para 2013 (US$ 326). La evolución implicó un 33 % de aumento nominal en reales, pero, a la vez, una leve reducción en dólares del 6 % comparado con 2012, debido al proceso de devaluación del real. 

No obstante, en 2012 se llegó a la tasa de desempleo más baja (Armendáriz, 2013), pasando del 7 %, en 2010, al 6 % en 2011, 5,5 % en 2012, y un ligero aumento del 5,7 % en el año 2013 (Cuadro II).

Como resultado de la política económica implementada comenzaron a tener lugar manifestaciones de hostilidad en la población, en particular en las clases medias y altas, con movilizaciones que tuvieron su pico en 2013 en reclamo por mejoras en educación e infraestructura como ejes principales. A pesar de todo, la presidente Rousseff seguiría destinando recursos federales a los sectores más bajos de la sociedad, aplicando políticas de neto corte social. En el próximo apartado, observaremos estas políticas con mayor detenimiento.

4.2. La política social. La implementación de medidas contra la pobreza

A mediados de 2011, Dilma afirmó que se debían profundizar los planes contra la pobreza extrema, argumentó que en los últimos dos años había aumentado y que destinaría una serie de medidas para resguardar a las familias en esa situación, con el objetivo de eliminar la miseria para el 2014 (Colitt y Ribeiro, 2011).

Dilma puso como principal objetivo de su gestión terminar con la pobreza extrema en Brasil para el final de su mandato. Mundialmente, se considera en situación de pobreza extrema a la persona que recibe menos de US$ 1,25 por día. Con eje en el programa Hambre Cero (Fome Zero), Lula había conseguido una notable reducción de la pobreza extrema, que había caído de 19 millones de personas a 10 millones de personas en 2009, tendencia a la baja que se había estancado en su último año de gobierno, impactada por la crisis mundial. De este modo, al asumir Dilma Rousseff, la pobreza extrema había vuelto a subir, instalándose en 12 millones de personas en 2011. Ese mismo año, Rousseff informaba que aún existían 16 millones de brasileños y brasileñas en situación de pobreza extrema.

Rousseff, que había gestionado el programa Hambre Cero durante el gobierno de “Lula” da Silva, consideró que, hasta ese momento, los planes sociales habían atendido principalmente al aspecto del ingreso monetario directo de las personas en situación de pobreza extrema, pero que ese enfoque había llegado a un límite y era necesario diseñar nuevos programas que abordaran con energía la naturaleza multidimensional de la pobreza.

“Brasil avanza refinando cada vez más su política social” afirmaba Dilma Rousseff en 2012. Con este criterio, lanzó en junio de 2011 el programa Brasil Sin Miseria que, por un lado, buscó atender a los múltiples componentes de la pobreza extrema (ingreso, informalidad, educación, salud, vivienda, género, etc.), y por el otro, estableció por primera vez una organización estatal para localizar a las personas en situación de pobreza, recurriendo, para ello, a la participación activa de los municipios. 

La política social de la expresidente Rousseff, implementada para un enfoque multidimensional de la lucha contra la pobreza extrema, consideró seis dimensiones básicas: ingreso monetario (desigualdades de ingreso por género o raza, acceso a las tarjetas de crédito, bancarización, etc.), inserción productiva (desempleo, informalidad, trabajo infantil, sindicalización, etc.), condición demográfica (cantidad de niños por familia, negros o mujeres jefas de hogar, migrantes internos, etc.), educación (analfabetismo, deserción, acceso a la digitalización, etc.), condiciones de vida (servicios sanitarios, pavimento, alumbrado, vivienda, energía eléctrica, transporte, etc.) y seguridad alimentaria (acceso a los alimentos, calidad, precios).

El programa Brasil Sin Miseria asignó a cada beneficiario una suma mensual de 70 R$ (33 US$) y una serie de acciones coordinadas que pudieran atacar todas las dimensiones de la pobreza, especialmente la inclusión productiva –calificación profesional, asistencia técnica, extensión rural y fomento a la producción– y el acceso a bienes y servicios públicos, en especial en las áreas de salud, educación, vivienda, acceso al agua y a la energía eléctrica. La implementación del programa asignó un papel esencial a los municipios.

En el lapso de dos años, se empadronaron 2 millones de personas y se estimaba que aún existían otras 700 mil personas que faltaban ser localizadas. El Plan Brasil Sin Miseria fue complementado con los programas Beca Verde, Mi Casa, Mi Vida II y Brasil Cariñoso.

El programa Bolsa Verde (Beca Verde) fue lanzado simultáneamente con el programa Brasil Sin Miseria. Dirigido a la población rural en situación de pobreza extrema, tenía como objetivo promover conductas de protección ambiental y reciclado, asignando un subsidio de 100 reales mensuales.

El programa Mi Casa, Mi Vida II fue lanzado el 16 de junio de 2011 y ha tenido como objetivo construir dos millones de viviendas hasta 2014, con una inversión de 125 millones de reales. Significó una ampliación de la primera versión del programa lanzado en 2009, durante el gobierno de Lula, que se había propuesto construir un millón de viviendas, de los cuales 250 mil ya habían sido entregadas al momento de anunciar la segunda parte. Esta nueva versión de programa en marcha buscaba incluir a algunos sectores de la clase media baja, mejorar la calidad de las viviendas, instalar calentadores de agua a energía solar, para “reducir la cuenta de electricidad”, y permitir que las mujeres que eran jefas de hogar puedieran suscribirse al programa sin la necesidad de contar con la firma del esposo.

El 13 de mayo de 2012, Dilma lanzó el programa Brasil Cariñoso, una ampliación del ya existente Bolsa Familia (Beca Familia). El programa se orientó a los niños menores de seis años en situación de pobreza extrema. A tal fin, asignaba a cada familia un monto de 70 R$ (33 US$) por cada niño menor de 6 años, a la vez que se proponía construir seis mil guarderías, así como medidas de salud infantil, como suplementos de vitamina A y hierro, y medicación gratuita para los niños con asma. En octubre de 2012, el gobierno anunció que había rescatado de la miseria a 2,8 millones de niños gracias al programa Brasil Cariñoso.

Sin embargo, esta política social, acompañada de una política internacional de sesgo “tercermundista”, en un clima económico más desfavorable, no pudo alejar las sospechas sobre la existencia de un esquema generalizado de corrupción, frente al cual, la presidente Rousseff procuró actuar con suma energía.

Un clima de corrupción institucional, en un contexto en el cual comenzaban a ponerse de manifiesto las carencias estructurales del “Brasil potencia emergente”, daría lugar a un espacio para la protesta social en medio del cual se iba a desarrollar la campaña electoral de 2014. En el punto siguiente, abordaremos las elecciones presidenciales llevadas a cabo durante ese año.

4.3. Las elecciones presidenciales de 2014

El proceso electoral, como mencionáramos precedentemente, se dio en un contexto político caracterizado por un fuerte aumento de la protesta social que, con un importante pico de movilización durante 2013, tendió a disminuir durante el 2014. El aumento de las tarifas del transporte público constituyó el principal detonante de las protestas que llegaron a convocar a 2 millones de personas a lo largo de todo el país, como así también los gastos derivados de la organización de la copa del mundo en Brasil. Contra muchos de los pronósticos, el desenlace del mundial de Futbol no representó un factor de relevancia en el desarrollo de la campaña electoral.

El proceso electoral fue marcado por la muerte del entonces candidato del Partido Socialista Brasileiro-PSB Eduardo Campos, en un accidente aéreo el 13 de agosto de 2014. En su lugar, fue proclamada como candidata la exsenadora y, hasta entonces, aspirante a la Vicepresidencia, Marina Silva.

Eduardo Campos había anunciado, en octubre de 2013, la conformación de una alianza de carácter programática con la Red Sostenibilidad de la exsenadora y exministra de Medio Ambiente del Gobierno de Lula, Marina Silva. La misma había presentado la solicitud de inscripción de su nuevo partido que, finalmente, fue denegada por el Tribunal Superior Electoral (TSE). En abril de 2014 había sido anunciada la precandidatura de Eduardo Campos a la Presidencia de Brasil, con Marina Silva como compañera de fórmula. A continuación, haremos una breve descripción del fugaz fenómeno de Silva, generado a partir de la muerte de Eduardo Campos.

4.3.1. Auge y caída de los outsiders: Marina Silva

Las elecciones presidenciales de 1989 en Brasil dieron lugar a un nuevo y efímero fenómeno político el cual ha sido el de Fernando Collor de Melo[20]. El entonces candidato presidencial por el Partido de la Reconstrucción Nacional-PRN y gobernador del estado nordestino de Alagoas, luego de un ajustado triunfo en la primera vuelta electoral, derrotó en el ballotage y por un estrecho margen a Luis Ignacio “Lula” da Silva, candidato por el Partido de los Trabajadores-PT.

La candidatura de Collor de Melo, en medio de una campaña presidencial en la cual se presentó como un actor ajeno a la política partidaria tradicional, logró capitalizar el cambio de época que se avecinaba producto de la crisis económica de final de la década –resultado de la recesión económica e hiperinflación– y el desgaste de aquellos actores partidarios que habían piloteado la primera etapa de la transición democrática en Brasil. Tales eran los casos del Partido del Frente Liberal-PFL y del Partido del Movimiento Democrático Brasileño-PMDB, opciones moderadas provenientes del viejo bipartidismo tutelado por las fuerzas armadas, entre 1965 y 1985, encarnado en la oficialista Alianza para la Reconstrucción Nacional-ARENA y el opositor Partido por el Movimiento Democrático-PMD.

Veinticinco años más tarde, y luego de una largo ciclo de duración equivalente al anterior, un nuevo fenómeno pareció –o pretendió al menos– avecinarse en la política brasileña, a casi treinta años de la instauración de la nueva república. Una candidata, Marina Silva, relativamente ajena al juego partidario de las últimas dos décadas –recordemos al respecto su paso por el Ministerio de Medio Ambiente durante la Presidencia de “Lula” da Silva origen de su ruptura posterior con la estructura del PT– y en medio de una crisis económica, resultado de la combinación entre recesión y una moderada inflación, parecía amenazar con su ascenso el “bipartidismo vigente desde 1994” expresado en el Partido de la Social Democracia Brasileña-PSDB, por una parte, y el PT, por la otra.

La candidatura de Marina Silva surgió como resultado de la tragedia ocurrida con la muerte del candidato presidencial por el Partido Socialista Brasileño Eduardo Campos. Se trataba de una candidata de un partido al que no pertenecía y que, de acuerdo a los datos disponibles a 2014, tenía 34 escaños en una Cámara de Diputados de 513 miembros –un 6,62 % de las bancas– y 4 escaños en un Senado federal compuesto por 81 miembros –lo que representaba el 4,93 % de las bancas–[21].

Con el recuerdo de la experiencia de Fernando Collor de Melo, y teniendo en cuenta el final de la misma en 1992, nos preguntamos en aquella oportunidad:

¿Se impondría el “estilo Marina”? ¿Esto significaría gobernar con un estilo ajeno a la política partidaria tradicional? ¿Con qué estructura de apoyos territoriales y/o funcionales se llevaría una propuesta ambiciosa de reforma política? ¿Resultaría inevitable que Marina Silva se convirtiese en Collor de Melo o el mismo Janio Quadros? (Leiras, 2015)[22].

La esperanza electoral en ascenso dio rápidamente paso a la realidad, ya que, en la primera vuelta, quedó posicionada en el tercer lugar de la elección presidencial habiendo obtenido el 21,32 % de los votos. Como desde 1994, el “Viejo Bipartidismo del PSDB-PT” volvió a ser el centro de la disputa electoral.

Las elecciones generales de Brasil de 2014 se llevaron a cabo el 5 de octubre. Debido a que ninguna de las fórmulas presidenciales logró una mayoría absoluta de los votos emitidos, se realizó una segunda vuelta el 26 de octubre de 2014 en la que se enfrentaron la, hoy, expresidenta de la república, Dilma Rousseff, quien concurrió por la reelección en representación del Partido de los Trabajadores (PT), y el senador Aécio Neves del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), por ser los dos candidatos con mayor votación en primera vuelta habiendo obtenido el 41,59 y 33,55 % de los sufragios respectivamente (Cuadro III).

4.3.2. Finalmente… la disputa entre el PT y el PSDB continuó

Tras una muy dura campaña durante el ballotage, la candidata, y por entonces presidenta, Dilma Rousseff se alzó vencedora con el 51,64 % de los votos en la disputada segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, frente al 48,36 % del candidato opositor Aécio Neves (Cuadro IV). Aunque el empate que señalaban las encuestas desde el inicio de la segunda vuelta y el leve ascenso de Rousseff en la recta final ya presagiaban el triunfo oficialista, la ruda campaña que polarizó al país tuvo en vilo a la opinión pública hasta el minuto final.

En efecto, una campaña dura y plagada de acusaciones mutuas tuvo como resultado el margen más estrecho en unas elecciones presidenciales desde la recuperación de la democracia, en 1985, y dejó un mapa político del país dividido. No es una novedad la brecha entre el norte y el sur en cuanto a sus preferencias políticas, pero estas se habían acentuado y puesto al gobierno de Rousseff en una situación incómoda, con una fuerte oposición en los estados que son el motor de la economía del país, como Sao Paulo, y un apoyo incondicional en los estados nordestinos, como Bahía, principales beneficiarios de las políticas sociales redistribuidoras. Paradójicamente, los esfuerzos por reducir la brecha socioeconómica norte/sur habían llevado a incrementar la divergencia política.

El descenso en el apoyo al PT también se había expresado en las segundas vueltas a la elección de los gobernadores de los estados; no obstante, el PT y su aliado PMDB habían retenido Acre, Ceará y Rio Grande do Sul. En cambio, el PSDB de Neves había ganado en los estados de Goias, Mato Groso do Sul y Pará, mientras que su aliado, PSB, había ganado en la capital federal (Brasilia) y Paraíba, aunque este último gobernador endosó la candidatura presidencial de Dilma en contra de la posición oficial de su partido. Por otra parte, la reelección presidencial de Dilma se sentenció, no solo con el granero de votos nordestino, sino también con su buen desempeño en Rio de Janeiro y Minas Gerais, tierra natal de Aécio Neves, en la que ocupó con éxito el puesto de gobernador entre 2003 y 2010 y, que sin embargo, le había vuelto la espalda en las presidenciales (Cuadro V).

La presidente reelecta dijo entender la necesidad de reformas y rechazó que la estrecha victoria fuera a impedir las transformaciones que el país necesitaba. Señaló que la primera debía ser una reforma política que renovara la credibilidad de la ciudadanía en las instituciones por causa de la corrupción y la impunidad.

Las denuncias recibidas durante la campaña y, sobre todo, el último escándalo de la petrolera estatal PETROBRAS, a la que se acusaba de financiar al propio PT, había sido una de las mayores armas arrojadizas de la oposición contra el gobierno. Dilma decretó una renovada lucha contra la corrupción, aunque ello ya le valió numerosos contratiempos en la primera legislatura, en la que perdió hasta 6 ministros por causa de las denuncias de prácticas delictivas (Ayuso, Ortiz de Zárate, Serrano y Villar, 2014).

Precisamente, fueron las denuncias por corrupción las que abrieron un proceso cuya consecuencia fue la destitución de Dilma Rousseff, no pudiendo la expresidente completar su segundo período presidencial; este proceso será abordado a continuación.

5. El fin de Dilma Rousseff y el proceso de impeachment. Brasil entre la legalidad y la (i)legitimidad

Brasil, en medio de una crisis social, movilización callejera, fuerte presión mediática y crisis económica, había visto agravarse aún más su situación a partir de la ruptura de la alianza legislativa entre el eterno socio de, prácticamente, todas las coaliciones de gobierno desde 1985 –inicio de la Nueva República Brasileña–, Partido del Movimiento Democrático Brasileiro (PMDB), y el Partido de los Trabajadores (PT), oficialismo desde el año 2003, lo que abrió la posibilidad de la puesta en marcha del impeachment contra Dilma Rousseff. Este proceso fue paralelo a aquel iniciado en el ámbito judicial, producto de las investigaciones llevadas a cabo por el Juez Federal Sergio Moro en el marco del caso Petrobras.

Numerosas fueron las repercusiones de dicho proceso como así también las caracterizaciones del mismo; entre ellas se destacó aquella por la cual se definió dicho proceso como un “golpe de Estado”[23] tanto desde diferentes sectores intelectuales como por parte de la propia presidente Rousseff.

Veamos en qué consistió este proceso de juicio político.

En una maratónica sesión llevada a cabo el 17 de abril, fue aprobado el inicio del proceso de impeachment en la Cámara de Diputados por 367 a favor, 137 en contra, 7 abstenciones y 2 ausentes. Se repitió el desenlace favorable al inicio del proceso en la sesión del 11 de mayo en el Senado Federal por 55 votos a favor y 22 en contra. Como mencionáramos, este proceso se desarrolló en el marco de una crisis económica y social, fuerte movilización callejera, presión mediática y la ruptura de la alianza de gobierno entre el Partido de los Trabajadores (PT) y el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB).

El juicio político fue llevado a cabo en el Senado Federal durante las maratónicas sesiones del 29, 30 y 31 de agosto de 2016. La jornada final del juicio político en la Cámara Alta estuvo marcada por la tensión que, hasta el último instante, demoró y enredó la histórica sesión. Los senadores petistas pidieron que se votaran las dos cuestiones principales separadas: si Rousseff era culpable de los crímenes de responsabilidad de los que se la acusaba y debía perder su cargo, por un lado, y si, en consecuencia, debía ser inhabilitada para el ejercicio de cualquier función pública por un plazo de ocho años. La moción de la defensa fue finalmente aceptada por el titular del Supremo Tribunal Federal (STF), Ricardo Lewandowski, que presidió esta etapa del proceso contra Rousseff.

Entonces, el magistrado llamó a sufragar a los legisladores por medio del sistema electrónico, que resultó en las sentencias definitivas. Por 61 votos a favor, 20 en contra y sin abstenciones, Dilma Rousseff fue hallada culpable de crímenes de responsabilidad, y depuesta al superar el umbral necesario de dos tercios del Senado, o sea, 54 de sus 81 miembros para su aprobación. En tanto, por 42 votos a favor, 36 en contra y tres abstenciones, no quedó inhabilitada para volver a ocupar funciones públicas por ocho años.

Se había puesto en marcha un mecanismo previsto en la Constitución de Brasil[24] y, mientras se llevaba a cabo, la permanencia y normal funcionamiento de las instituciones públicas, a través de las pautas sucesorias definidas en circunstancias de esta naturaleza, había quedado asegurada; recordemos al respecto que el expresidente y actual senador por el estado de Alagoas por el Partido Trabalhista Brasileiro (PTB) Fernando Collor de Melo había sido suspendido y luego destituido por el mismo procedimiento en 1992 asumiendo, en su lugar, la Presidencia de Brasil el vicepresidente Itamar Franco, quien culminó el mandato presidencial de Collor de Melo (Leiras, 2009).

Mirando más allá de Brasil, nos encontramos con un procedimiento que en la región no parece reconocer fronteras ideológicas: 8 presidentes han sido sometidos a este proceso con diferentes desenlaces[25]: el mencionado Fernando Collor de Mello en 1992 (derecha conservadora), en Brasil; Carlos Andrés Pérez en 1993 (socialdemócrata), en Venezuela; Ernesto Samper en 1996 (derecha liberal), en Colombia; Abdalá Bucaram en 1997 (derecha populista), en Ecuador; Raúl Cubas en 1999 (“centro”), Luis González Macchi en 2002 y Fernando Lugo en 2012 (izquierda radical), todos en Paraguay, y la propia Dilma Rousseff en 2016 (izquierda socialdemócrata), en Brasil (Cuadro VI).

Ahora bien, merece ser destacado que los fundamentos sobre los que se ha sustanciado el proceso en Brasil no fueron contundentes. La imagen pública de los legisladores que habían llevado a cabo este proceso estuvo fuertemente cuestionada y la imagen positiva de Michel Temer fue aún más baja que la de la propia Dilma Rousseff.

Se ha tratado en definitiva de un proceso legal, y no de un golpe de Estado en sus variantes “tradicional” o “blanda”, pero sin duda débil en términos de su legitimidad política (Leiras, 2016).

6. Conclusiones

Ha sido el objetivo del presente trabajo dilucidar los cambios y las continuidades del PT en el poder, desde la administración de Luis Ignacio da Silva hasta la de Dilma Rousseff, sus logros y limitaciones, y las consecuencias de sus actos gubernamentales.

El proceso, que culminó con la destitución de Dilma Rousseff, significó, al mismo tiempo, el final de la experiencia de un gobierno de izquierda en Brasil, en un contexto que parece avizorar un cambio de época en la región a través de experiencias como la Mauricio Macri en Argentina y la puesta en marcha del ciclo Temer en la Presidencia de Brasil, entre otras.

En un somero balance del proceso acontecido entre 2003 y 2016, podemos señalar como aspectos más destacados:

  1. La puesta en marcha de una política social de amplio alcance, iniciada durante la Presidencia de “Lula” da Silva y profundizada durante la Presidencia de Dilma Rousseff.
  2. Una política económica conservadora durante amplias presidencias, en particular, en el aspecto fiscal, la cual se puso de manifiesto en diferentes momentos de ambas administraciones –la designación de Henrique Meirelles, durante la primera Presidencia de “Lula” da Silva, y la de Joaquim Levy, durante el breve segundo período presidencial de Dilma Rousseff–. De todas maneras, estos ciclos ortodoxos convivieron con etapas más heterodoxas en el manejo de la economía.
  3. Durante ambas presidencias, una diplomacia de alto perfil y de corte “tercermundista” aparece como un común denominador en ambas presidencias.
  4. La corrupción como estigma aparece durante ambas presidencias, el Mensalao, durante la Presidencia de “Lula” da Silva, y el Petrolao, durante la Presidencia de Dilma Rousseff; de todas maneras, aparece en la Presidencia de Dilma Rousseff un compromiso más activo en la lucha contra la corrupción, que llevó a la destitución de numerosos y destacados integrantes de su gabinete presidencial.
  5. De todas maneras, el mayor compromiso de Rousseff no impediría la puesta en marcha de un proceso de enjuiciamiento que culminó con su destitución en un contexto de una crisis social, movilización callejera, fuerte presión mediática y crisis económica, y ruptura de la alianza legislativa entre el Partido del Movimiento Democrático Brasileiro (PMDB) y el Partido de los Trabajadores (PT). En este marco, una situación de irregularidad administrativa suscitada con la presentación de la ejecución presupuestaria de 2014 constituyó el disparador para la puesta en marcha del proceso de impeachment.
  6. La destitución de Dilma Rousseff, y su reemplazo por su vicepresidente Michel Temer, representa la tercera oportunidad en la cual se produce la asunción por parte de un vicepresidente en Brasil: los dos casos anteriores habían sido los de Itamar Franco, por la destitución de Fernando Collor de Melo en 1992, y José Sarney, como consecuencia del fallecimiento del presidente electo Tancredo Neves antes de la asunción presidencial.

El desenlace de la crisis reciente en Brasil –¿principio del fin o solo el comienzo?– trae una necesaria discusión sobre la necesidad de la reforma política en el país sudamericano. ¿será posible este debate? He aquí algunos ejes para esa posible reforma:

  1. La institución del juicio político y la instrumentación de mecanismos que permitan compensar al titular del Poder Ejecutivo con recursos alternativos a la “censura presidencialista” como, por ejemplo, adelantamiento de elecciones, disolución de la asamblea legislativa, etc.
  2. La figura del vicepresidente, institución sin rol institucional claramente asignado y con similar legitimidad de origen que el presidente, debido a que es elegido en una fórmula Presidencial.
  3. El sistema electoral, con sus consecuencias de fragmentación e indisciplina partidaria, sobre representación política de los estados federales y la construcción de una gobernabilidad compleja en su construcción y costosa en términos fiscales y políticos y éticos.
  4. La instrumentación de mecanismos de ampliación de la democracia representativa.

Se trata de un debate que se inicia, la agenda política lo amerita, las urgencias también. Se trata de una discusión no solo urgente sino también importante.

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Fuente: Sitio Tribunal Superior Eleitoral, https://bit.ly/2W52X5v.

Cuadro IV. Eleição: Eleições Gerais 2014 Brasil – 2º Turno,
26/10/2014, presidente

cuadro-4-cap-7_c

Fuente: Sitio Tribunal Superior Eleitoral, https://bit.ly/35euK7R.

Cuadro V. Gobernadores electos, Brasil, 2014-2018

Estado

Código

Gobernador

Vicegobernador

Partido

1a./2a. Vuelta

Acre

AC

Tião Viana

Nazaret Lambert

PT

2a. Vuelta

Alagoas

AL

Renato Filho

Luciano Barbosa

PMDB

1a. Vuelta

Amapá

AP

Waldez Góes

Papaleo Paes

PDT

2a. Vuelta

Amazonas

AM

José Melo

Henrique Oliveira

PROS

2a. Vuelta

Bahía

BA

Ruí Costa

Joao Leão

PT

1a. Vuelta

Ceará

CE

Camilo Santana

Izolda Cela

PT

2a. Vuelta

Distrito Federal

DF

Rodrigo Rollemberg

Renato Santana

PSB

2a. Vuelta

Espirito Santo

ES

Paulo Hartung

Cesar Coinago

PMDB

1a. Vuelta

Goiás

GO

Marconi Perillo

José Eliton

PSDB

2a. Vuelta

Maranhão

MA

Flavio Dino

Carlos Brandao

PCdoB

1a. Vuelta

Mato Grosso

MT

Pedro Taques

Carlos Favaro

PDT

1a. Vuelta

Mato Grosso do Sul

MS

Reinaldo Azambuja

Rose Modesto

PSDB

2a. Vuelta

Minas Gerais

MG

Fernando Pimentel

Antonio Andrade

PT

1a. Vuelta

Pará

PA

Simão Jatene

Zequinha Marinho

PSDB

2a. Vuelta

Paraíba

PB

Ricardo Coutinho

Ligia Feliciano

PSB

2a. Vuelta

Paraná

PR

Beto Richa

Cida Borghetti

PSDB

1a. Vuelta

Pernambuco

PE

Paulo Câmara

Raul Henry

PSB

1a. Vuelta

Piauí

PI

Wellington Días

Margarete Coelho

PT

1a. Vuelta

Rio de Janeiro

RJ

Luiz Fernando Pezão

Francisco Dornelles

PMDB

2a. Vuelta

Río Grande do Norte

RN

Robinson Faria

Fabio Dantas

PSD

2a. Vuelta

Rio Grande do Sul

RS

José Ivo Sartori

José Paulo Cairoli

PMDB

2a. Vuelta

Rondônia

RO

Confucio Moura

Daniel Pereira

PMDB

2a. Vuelta

Roraima

RR

Suely Campos

Paulo Quartiero

PP

2a. Vuelta

Santa Catarina

SC

Raimundo Colombo

Eduardo Pinho Moreira

PSD

1a. Vuelta

Sao Paulo

SP

Gerardo Alcklim

Marcio Franca

PSDB

1a. Vuelta

Sergipe

SE

Jackson Barreto

Belivaldo Chagas

PMDB

1a. Vuelta

Tocantins

TO

Marcelo Miranda

Claudia Lelis

PMDB

1a. Vuelta

Fuente: elaboración propia en base a Tribunal Superior Eleitoral y Wikipedia.

Cuadro VI. Juicio político a presidentes en América Latina, 1992-2016
Presidente País Año Ideología Desenlace
F. Collor de Melo Brasil 1992 Derecha conservadora Destitución
C. Andrés Pérez Venezuela 1993 Social­demócrata Destitución
E. Samper Colombia 1996 Derecha Liberal Absolución
A. Bucaram Ecuador 1997 Derecha Populista Declaración Inhabilidad
R. Cubas Paraguay 1999 Centro Renuncia
L. Gonzalez Macchi Paraguay 2002 Centro Absolución
F. Lugo Paraguay 2012 Izquierda Radical Destitución
D. Rousseff Brasil 2016 Izquierda Social­demócrata Destitución

Fuente: elaboración propia y Pérez Liñán A. (2009).


  1. UBA.
  2. En 1978, tras ser reelegido por el 98 % de los votos de los afiliados como presidente del sindicato metalúrgico del ABC paulista, comenzó con una campaña para impulsar mejoras salariales. Esto generó un enfrentamiento con la dictadura brasileña, la cual, en 1979 prohibió los paros de actividades, algo que Da Silva desafió con un paro general de actividades, que terminaría con el sindicato intervenido y él en la cárcel. Este hecho le generó una gran popularidad.
  3. Lula tuvo una infancia muy infeliz, en la pobreza más extrema en el norte de Pernambuco. Luego su familia peregrinó a las zonas marginales de Santos y San Pablo, hasta que, años después, pudiera afincarse en la zona de villas de emergencia dentro de la ciudad de San Pablo.
  4. De Brasil se puede decir, por su tamaño de producción industrial y su reconocimiento en el mundo, que es una país desarrollado industrialmente, pero que tiene una importante masa de población pobre, por lo cual hablaríamos de un desarrollo económico inequitativo.
  5. En octubre de 2012, fue condenado por corrupción por el Tribunal Supremo, y, en 2016, le fueron dados 23 años y tres meses de prisión efectiva por el delito de corrupción.
  6. Brasil, Rusia, India y China, a la que se agregó Sudáfrica, en 2011, y ahora la sigla es BRICS, es un grupo de economías desarrolladas emergentes.
  7. Era un amigo muy considerado del presidente de los Estados Unidos de América Bill Clinton y de todos los grandes financistas internacionales.
  8. Esto le creará un enorme problema con la encargada de medioambiente, Marina Silva, porque, debido a este incremento de las parcelas cultivadas o usadas para ganado, se quemaron grandes extensiones de la Amazonia, lo que originaría la denuncia de los ambientalistas y la posterior renuncia de la ministra de Medio Ambiente.
  9. Debemos recordar que, en 2003, Lula recibió una deuda pública total de 259 000 millones de dólares, entre los cuales, estaban los 40 000 millones ingresados sobre el final de los días de Cardoso. Con lo que, al pagar la deuda contraída por Cardoso, quedaban todavía alrededor de 200 000 millones de dólares de deuda total.
  10. Venezuela era un importante proveedor de hierro para las plantas siderúrgicas brasileñas y también proveía combustibles.
  11. Área de Libre Comercio de las Américas.
  12. Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América.
  13. Esto fue pensado por Alejandro Toledo, presidente de Perú de aquel entonces, y Lula se mostró muy satisfecho con la idea, y comenzó a organizar y programar la misma. Ambos mandatarios no eran afectos al pensamiento bolivariano de Chávez; para ellos ese pensamiento radicalizado era irracional.
  14. Comunidad Andina de Naciones.
  15. Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, una organización guerrillera fundada en 1964, que luchó contra el estado colombiano desde aquel entonces, pero que, con el tiempo, comenzó a cultivar y traficar cocaína para apertrecharse con las mejores armas.
  16. El expresidente argentino Néstor Kirchner y el mandatario Venezolano Hugo Chávez, fueron de la partida negociadora, pero ninguno de los dos tenía ni por asombro la capacidad y el tesón negociador del Canciller brasileño y de Lula.
  17. La 4ta. Flota del Caribe, América Central y América del Sur fue disuelta en 1950. Y Brasil sospechaba que fuera utilizada contra Venezuela, lo que llevaba a un conflicto de intereses estratégico en la región.
  18. El gobierno de EE. UU. rechazó los postulados de los mediadores, desconociendo sus buenos oficios.
  19. Perdieron sus cargos a consecuencia del “Escándalo de las mensualidades” Mauricio Marinho, jefe del Departamento de Contratación de los Correos, el 14 de mayo; el director de administración de los Correos, Antonio Osório Batista, y su asesor inmediato, Fernando Godoy, el 16 de mayo; Luiz Appolonio Neto, presidente del Instituto de Resseguros de Brasil (IRB), el 21 de mayo; toda la dirección de los Correos y del IRB, el 7 de junio; los directores de Furnas: Dimas Fabiano Toledo, Rodrigo Botelho Campos y José Roberto Cesaroni Cury, el 30 de junio; José Dirceu, ministro de la Casa Civil, el 14 de junio; Roberto Jefferson, presidente del PTB, el 17 de junio; Silvio Pereira, secretario-general del PT, el 4 de julio; Delúbio Soares, tesorero del PT, el 5 de julio; Glenio Guedes, director del Consejo de Recursos del Sistema Financiero, el 6 de julio; José Adalberto Vieira da Silva, asesor del diputado José Nobre Guimarães, el 8 de julio; José Nobre Guimarães, dirigente del directorio provincial del PT-CE, el 9 de julio; José Genoino, presidente del PT, el 9 de julio; Marcelo Sereno, secretario de comunicación del PT, el 9 de julio; Henrique Pizzolato, director de marketing del Banco de Brasil, el 10 de julio; Luiz Gushiken, del Ministerio de la Comunicación y Gestión Estratégica fue rebajado. Su cartera dejó de ser un ministerio. El 12 de julio, Luiz Gushiken es rebajado nuevamente, deja de comandar la Secretaría de Comunicación y se transforma en asesor de Lula, el 21 de julio, Valdemar Costa Neto, diputado federal y presidente del PL, renunció al mandato, el día 1 de agosto, Marcio Lacerda, secretario-ejecutivo del Ministerio de la Integración Nacional, cartera del ministro Ciro Gomes, el 2 de agosto, Manoel Severino, presidente de la Casa de la Moneda de Brasil, pide dimisión en 3 de agosto, Danilo de Camargo, coordinador de la Comisión de Ética del PT el 6 de agosto.
  20. Expresidente de Brasil entre 1990 y 1992, destituido por juicio político y suspendido en sus derechos de presentarse a cargos públicos durante ocho años. Actualmente, es senador federal del estado de Alagoas por el Partido Trabalhista Brasileiro-PTB.
  21. Câmara dos Deputados https://bit.ly/2Yegpqm.
  22. El fenómeno de Collor de Melo ha sido abordado en Leiras, 2009. La versión completa se encuentra en Leiras, 2011.
  23. La expresión golpe de Estado se usó posiblemente por primera vez cuando Napoleón, el 9 de noviembre de 1799, provocó la caída del directorio y se incorporó definitivamente en el uso del vocabulario político cuando Luis Napoleón, el 2 de diciembre de 1851, disolvió la asamblea, ordenó el arresto de su principales opositores y solicitó al pueblo el poder de dictar una nueva constitución. Tres son las acepciones más corrientes: a) alzamiento contra el orden político vigente por parte del propio jefe de gobierno o alguno de sus componentes; b) medida grave, que puede o no ser violenta, por el que uno de los poderes del Estado usurpa atribuciones del otro; c) uso en todo o en parte, de coerción de un sistema político para cambiar a las autoridades o las reglas legales, o parte de ellas, en condiciones que violan dichas reglas legales (Arlotti, 2003).
  24. Constitución de la República Federativa de Brasil, Sección III “De la responsabilidad del Presidente de la República”, artículo 86.
  25. 4 de ellos fueron destituidos –Collor de Melo, Pérez, Lugo y Rousseff–, 1 destitución por declaración de incapacidad para gobernar –Bucaram–, 1 renuncia –Cubas– y 2 exoneraciones –Samper y González Macchi–.


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