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Introducción

El destacado autor italiano Leonardo Morlino, en su obra Cómo cambian los regímenes políticos, nos recuerda que el estudio de la estabilidad se enfrenta con algunos aspectos esenciales de la dicotomía persistencia-cambio. Descubrir las leyes de esa dicotomía, señala el politólogo italiano, ha sido uno de los motivos constantes del pensamiento político occidental, así como sacar generalizaciones empíricas de la oposición continuidad-cambio ha sido, y es, uno de los objetivos principales de las ciencias sociales contemporáneas (Morlino, 1985).

Precisamente, uno de los ejes principales de la discusión política argentina en los últimos años ha girado en torno al carácter de “cambio o continuidad” del proyecto kirchnerista con relación a aquel encarnado por el menemismo durante la década de 1990. La radicalización del conflicto político, cuyas expresiones más emblemáticas han sido, entre otras, el conflicto con el sector agropecuario en 2008 y la dura confrontación entre el poder ejecutivo nacional y el grupo mediático Clarín a partir de dicho 2008, generó condiciones para la propia radicalización del debate intelectual y político siendo el eje cambio/continuidad uno de los tópicos principales en la discusión.

En dicho debate, han sido participes, entre otros, destacados intelectuales afines al oficialismo como los filósofos Ricardo Forster (2010), vocero principal del colectivo Carta Abierta, José Pablo Feinmann (2011) y Horacio González (2011), como así también importantes voces críticas como el filósofo Tomás Abraham (2012), la socióloga Maristella Svampa (2007), y la ensayista Beatriz Sarlo (2011), quien presentara esta visión en la publicación de su autoría Entre la audacia y el cálculo. Kirchner 2003-2010.

Merece ser destacado que, además de las contribuciones señaladas, otros aportes han adquirido relevancia para un mayor conocimiento del kirchnerismo, pudiendo ser mencionadas, entre otras, la publicación colectiva de Andrés Malamud y Miguel De Luca La política en tiempos de los Kirchner (2011), los trabajos de Alberto Baldioli y Santiago Leiras, publicados en la obra colectiva coordinada por este último autor Democracia y Estado de excepción. Argentina 1983-2008 (Baldioli y Leiras, 2012; Leiras, 2012), como también el análisis llevado a cabo por Jorge y Diego Bercholc (2012) sobre los discursos presidenciales, en el libro Los discursos presidenciales en la Argentina democrática 1983/2011, y la publicación colectiva coordinada por Javier Balsa (2013) Discurso, política y acumulación en el kirchnerismo.

Por cierto que, más allá de la rica discusión planteada en torno de este tema, está presente en la política argentina una pretensión de refundación del estado y la sociedad en los inicios de cada nueva etapa política: aquello que bien podría representar un proceso de alternancia política entre diferentes actores es percibido como el comienzo de un nuevo ciclo histórico de la república que viene a constituir una verdadera bisagra de la historia.

Así es cómo, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, estuvo presente esa pretensión fundacional, estableciendo 1983 como frontera entre la democracia y la dictadura, en contento de desarrollo de la transición democrática en las postrimerías de un régimen militar en franca y desordenada retirada tras la debacle militar de Malvinas.

Con la asunción de Carlos Menem, en 1989, y en medio de la vorágine hiperinflacionaria que obligó a la entrega anticipada del poder por parte de Raúl Alfonsín, el propio 89 se constituyó en la nueva bisagra de la política argentina, estableciendo, de hecho, una continuidad entre gobiernos civiles, militares, democráticos o pseudo-democráticos en tanto expresiones de un mismo modelo de estado desde la segunda posguerra.

Esta inclinación a inaugurar un nuevo tiempo histórico no estará ausente durante las experiencias de Néstor y Cristina Kirchner, siendo 2003 el momento de quiebre de la historia hasta entonces vivida. La construcción de este nuevo relato político tuvo como marco de fondo la crisis terminal de la Argentina entre finales de 2001 y comienzos de 2002.

Cuatro son los pilares sobre los cuales se ha planteado, en el nuevo relato, la existencia de este “nuevo tiempo histórico” de la política argentina a partir de 2003: la puesta en marcha de un nuevo modelo de desarrollo productivo con inclusión social y redistribución del ingreso, la mejora en la calidad de las instituciones democráticas, una política en el terreno de los derechos humanos que viene a finalizar con “el ciclo de impunidad” consagrado en las leyes de Punto Final y Obediencia Debida dictadas durante el gobierno de Raúl Alfonsín, y los indultos de Carlos Menem y la recuperación del rol del estado, ausente durante los años 90 (Leiras 2015a, 2015b).

Es objetivo general del presente libro analizar los cambios que acontecieron durante las experiencias de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner en el poder, como así también las continuidades en relación a la década de 1990, comprendiendo la Presidencia de Néstor Kirchner (2003-2007) como así también la primera y segunda Presidencia de Cristina Fernández (2007-2011 y 2011-2015).

Es el propósito particular de la obra analizar comparativamente la experiencia del kirchnerismo en relación a otros fenómenos políticos emergentes en el marco del Cono Sur.

Esta publicación colectiva se encuentra enmarcada en el proyecto La Argentina en tiempos del kirchnerismo: entre la continuidad y el cambio, de desarrollo en el período 2014-2017 en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

Así también, la obra reconoce su continuidad con el desarrollo del proyecto de investigación UBACYT 2012-2015, De la vieja a la nueva democracia en Venezuela: entre la continuidad y el cambio fundacional. Dicha investigación, si bien ha comprendido el abordaje de la “vieja” democracia venezolana entre 1958 y 1999 y la “nueva” democracia en el periodo que tiene inicio a partir de 1999 con la asunción de Hugo Chávez Frías, ha contemplado en forma complementaria la realización de un estudio en relación con “experiencias afines” en la región, siendo el período abordado el comprendido entre 1999 y 2012.

El resultado de dicha investigación ha sido la publicación de la obra colectiva América del Sur en los comienzos del nuevo milenio: entre la continuidad y el cambio (Leiras, 2015c), con la cual esta obra reconoce su continuidad.

El período señalado representa, sin duda, una etapa de cambio político, el cual tuvo su correlato en diferentes países de la región, pudiendo ser destacados, entre otros, “Lula” Da Silva en Brasil, en 2003, y Dilma Rousseff, a partir de 2011; Néstor Kirchner en Argentina, en el mismo 2003, y Cristina Fernández de Kirchner, a partir de 2007; Evo Morales en Bolivia, en 2005; Rafael Correa en Ecuador, en 2007; Fernando Lugo en Paraguay, en 2008, y en Uruguay, Tabaré Vázquez en 2005 y Hugo Mujica en 2009.

En función de los objetivos de carácter general y particular anteriormente expuestos, se formula el siguiente interrogante:

¿Hubo realmente un cambio trascendental frente a las políticas de la década del 90, o existe una continuidad de la matriz política noventista durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner?

A partir del interrogante propuesto, la hipótesis central de esta investigación será la siguiente:

El relevo gubernamental producido en mayo de 2003 no habría producido una sustantiva reformulación de los presupuestos ideológicos, jurídico-políticos y organizacionales contenidos en la matriz presente a lo largo de la década de 1990 sino, más bien, una ratificación de dichos contenidos programáticos, los cuales se habrían mantenido vigentes a grandes rasgos.

Metodología

Con el propósito de poder cumplimentar los objetivos precedentemente expuestos, y someter a verificación la hipótesis principal de esta investigación, recurriremos de manera principal a fuentes secundarias, a partir de una exhaustiva búsqueda de material bibliográfico que nos permitirá una adecuada aproximación al caso que será desarrollado a lo largo de la presente investigación.

Esta búsqueda de material bibliográfico será complementada recabando información de fuentes primarias tales como artículos periodísticos, discursos oficiales, documentos públicos, fuentes jurídicas y datos de carácter económico, electoral e institucional entre otros recursos.

Asimismo, la presente investigación se fundamentará en el método comparado como procedimiento para el tratamiento de las unidades de observación definidas como objeto de investigación. Se tratará de una comparación de carácter diacrónica, a partir del cual nuestra unidad de análisis será abordada en diferentes contextos.

Tal como fuera planteado en el punto anterior, la investigación se propone comprender los cambios que acontecieron durante las experiencias de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner en el poder, como así también las continuidades en relación a la década de 1990, comprendiendo el mismo la Presidencia de Néstor Kirchner (2003-2007), como así también la primera y segunda Presidencia de Cristina Fernández (2007-2011 y 2011-2015).

Así también, a través del transcurso de la obra, se propone analizar comparativamente la experiencia del kirchnerismo en relación con otros fenómenos políticos emergentes en el marco del Cono Sur, con particular énfasis en las experiencias de Brasil, Chile y Paraguay.

Aspectos teóricos centrales

Los gobiernos de América Latina emergentes en la primera década del siglo xxi han sido manifestaciones emblemáticas del denominado “giro a la izquierda” (Levitsky y Roberts, 2014; Paramio, 2006; Leiras, Malamud y Stefanoni, 2016) en la última década, pudiendo ser destacados, entre otros, el propio Hugo Chávez Frías en Venezuela; Lula Da Silva en Brasil, en 2003, y Dilma Rousseff a partir de 2011; Néstor Kirchner, en Argentina, en el mismo año, y Cristina Fernández de Kirchner a partir de 2007; Evo Morales en Bolivia en 2005; Rafael Correa en Ecuador en 2007; Fernando Lugo en Paraguay en 2008, y Tabaré Vázquez en 2005, José Mujica en 2009, y nuevamente Tabaré Vázquez, a partir del presente año en Uruguay, dando origen a diferentes alternativas de izquierda: Populista, Neopopulista y Socialdemócrata (Castaneda, 2006; Lanzaro, 2007; Roberts, 2008)[1].

Más allá de los matices señalados, he aquí algunas coordenadas para definir el giro a la izquierda en la región:

  1. Contrariamente a lo que se desprende de la retórica del peligro rojo que aparece hoy bajo la guisa de una crítica al populismo, estas izquierdas no están fascinadas por el libreto político marxista. Esto se debe en parte a los criterios de razón teórica y práctica antes mencionados: las izquierdas conciben la igualdad, la solidaridad, el pensamiento crítico y el cuestionamiento del statu quo como variables dependientes del contexto y no como un conjunto de consignas ideológicas.
  2. La mayoría de las izquierdas se han vuelto menos hostiles hacia la propiedad privada y el mercado. y han llegado a aceptar la coexistencia con ellos, pero desafían la ortodoxia, que hace solo una década, era pregonada como encarnación de la racionalidad económica.
  3. En contraste con la ideología del Estado mínimo y el pretendido juego de suma cero entre un Estado grande, derrochador e incompetente y un sector privado eficiente y vital, la izquierda considera que el Estado sigue siendo la instancia decisiva para regular los mercados e implementar políticas de redistribución a pesar de que algunas de sus corrientes abogan por una política de éxodo del Estado.
  4. La izquierda desconfía de la ambición de Estados Unidos de imponer un orden unipolar en el mundo con él a la cabeza, lo cual es consistente con su herencia antiimperialista, pero no tiene reparos en negociar acuerdos comerciales con él y con cualquier otro país si éstos son ventajosos para sus respectivos pueblos.
  5. La democracia electoral multipartidista –el eje de la concepción liberal de la política– es un elemento constitutivo del imaginario de las izquierdas, pero también lo es la experimentación con formatos posliberales de la participación política (Arditi, 2009).

Hugo Quiroga destaca la existencia de un dato histórico fundamental en la realidad política de los países latinoamericanos en este marco: la democracia electoral ha encontrado consenso en todos ellos. En 2010, ningún Estado de la región estaba gobernado por otro principio que no fuera el electivo. Con todos sus contrastes, matices y déficit, es un hecho novedoso y alentador para América latina que el proyecto democrático, basado en el sufragio universal y la competencia política, sea el modo de vida elegido por gobernantes y gobernados, luego de una historia repetida de fracasos y de largos períodos de discontinuidad institucional. Los avances en la cultura política expresan, en el entendimiento colectivo, que un poder democrático (legal y legítimo) se instituye a través de la elección de los gobernantes por los gobernados. Con sus altibajos, se ha resuelto el conflicto primordial de toda sociedad: la sucesión del poder en términos pacíficos (Quiroga, 2010).

En este prolongado ciclo, a lo largo del cual la democracia se ha constituido en “the only game in town” (Przeworski, 1995), el surgimiento de regímenes democráticos electos, cuya característica definitoria ha sido la relativa irrelevancia de los límites constitucionales sobre el ejercicio del poder y la existencia de fuertes restricciones –por acción u omisión– en el ejercicio de los derechos y garantías individuales, ha constituido un rasgo central.

La perplejidad que generaron estas nuevas democracias, llamadas imperfectas o iliberales (Zakaria, 1997; Merkel, 1999, 2004) –adjetivación que calificó la baja calidad en formas constitucionales y contenidos ciudadanos de dichas democracias–, radicó en los fuertes conflictos y tensiones, tanto en términos axiológicos como en el terreno de las prácticas concretas, entre las nuevas democracias y los fundamentos del liberalismo constitucional, y que comprendió también al propio modelo de democracia contenido en el desarrollo histórico del Estado de derecho.

Si bien los modelos deficitario o iliberal de democracia se fundamentaron en la soberanía popular, como principio de legitimidad del poder político, y en el acceso al poder mediante elecciones competitivas, tanto por parte del Poder Ejecutivo como así también del Poder Legislativo, existieron determinadas prerrogativas que definieron límites al ejercicio del control institucional, como por ejemplo la extralimitación puesta de manifiesto a través de la utilización recurrente y sistemática de poder de veto, o de los decretos de necesidad y urgencia, que han tenido como consecuencia una violación de los límites constitucionales y el debilitamiento de las garantías respecto del ejercicio del poder político basado en el gobierno de la ley (Bosoer y Leiras, 1999).

Aquí es donde estaría presente entonces el debate sobre la propia calidad institucional de las democracias emergentes[2] en América Latina y de aquellas instituciones democráticas que permitieran un mejor control de la ciudadanía hacia los líderes políticos (Schmitter y Guilhot, 1998)[3]. En este sentido, el funcionamiento de las denominadas “democracias delegativas” (O´Donnell, 1997, 2011) en las últimas dos décadas, tanto en América Latina como en el este europeo, estuvo alejado de los parámetros de desenvolvimiento que permiten definir a las democracias propias de los países capitalistas desarrollados, como institucionalizadas.

Al respecto, el autor argentino Guillermo O’Donnell sostenía lo siguiente:

Al usar el término delegativa me refiero a una concepción y práctica del poder ejecutivo según la cual por medio del sufragio se le delega el derecho de hacer todo lo que le parezca adecuado para el país. También demuestra que las democracias delegativas son intrínsecamente hostiles a los patrones de representación normales de las democracias, a la creación y consolidación de las instituciones políticas y, específicamente, a lo que denomino “rendición de cuentas horizontal”. Con esto me refiero al control de la validez y legitimidad de las acciones del Ejecutivo por parte de otros organismos que son razonablemente autónomos de aquel (O´Donnell, 1997: 293).

Otro aspecto destacado por O´Donnell ha sido el “carácter esquizofrénico” de los estados en el que se basan las nuevas democracias. La coexistencia de instituciones y prácticas políticas de carácter democrático y autoritario, estas últimas como expresión de la denominada vieja política (Panizza, 2000), han constituido su rasgo principal:

En estas situaciones, estados ineficaces coexisten con esferas de poder autónomas y con base territorial. Estos estados son incapaces de asegurar la efectividad de sus leyes y sus políticas a lo largo del territorio y el sistema de estratificación social. Las regiones periféricas al centro nacional (que por lo general sufren más las crisis económicas y cuentan con burocracias más débiles que el centro), crean (o refuerzan) sistemas de poder local que tienden a alcanzar grados extremos de dominación personalista y violenta (patrimonial y hasta sultanista, en la terminología weberiana), entregados a toda suerte de prácticas arbitrarias” (O´Donnell, 1997: 296).

En muchas de las democracias deficitarias o iliberales que están surgiendo, la efectividad de un orden nacional encarnado en la ley y en la autoridad del Estado se ha ido desvaneciendo no bien nos alejamos de los centros nacionales y urbanos. La crisis del Estado, en tanto representación de legalidad y la consecuente incapacidad para hacerla cumplir en forma efectiva, llevaba a la construcción de una democracia con una “ciudadanía de baja intensidad”:

En muchas zonas marrones, se respetan los derechos participativos y democráticos de la poliarquía, pero se viola el componente liberal de la democracia. Una situación en la que se vota con libertad y hay transparencia en el recuento de los votos pero en la que no puede esperarse un trato correcto de la policía o la justicia, pone en tela de juicio el componente liberal de esa democracia y cercena severamente la ciudadanía. Esta bifurcación constituye el reverso de la compleja mezcla de componentes democráticos y autoritarios en estos estados (O´Donnell, 1997: 173).

Los diferentes casos abordados a lo largo de esta obra nos permitirán discernir en buena medida algunos de los atributos desarrollados en este marco de referencia conceptual.

Estructura capitular

La estructura de la obra se presenta a lo largo de siete capítulos en dos partes bien diferenciadas: la primera, bajo el título “La Argentina en tiempos del kirchnerismo, entre la continuidad y el cambio, comienza con el capítulo de Mara Pegoraro “La flexibilidad estratégica de los partidos: los límites del liderazgo. Alfonsín y Kirchner”, en el cual la autora parte de la premisa de que no solo en el peronismo el liderazgo estructura a la organización política, sino que este fenómeno se registra también dentro de la Unión Cívica Radical y en particular se evidenció en el período alfonsinista. Este período contiene una complejidad adicional pues resulta relativamente sencillo ubicar su inicio pero no así su clausura. La pregunta que se desprende de aquí es entonces cómo liderazgo y organización devienen imbricados en ambas imaginarios partidarios. Simultáneamente, Pegoraro intentará aventurar una respuesta de por qué el peronismo ha logrado sortear, con mejor éxito que el radicalismo, el desafío que enfrentan todos los partidos políticos en sistemas presidenciales: ofrecer liderazgos cada cuatro o seis años.

El capítulo 2, de Hernán Fair, “Néstor Kirchner y Fernando de La Rúa: transformaciones ideológicas de dos experiencias de gobierno desde un análisis comparado del discurso”, propone analizar la construcción de los liderazgos políticos de Néstor Kirchner y Fernando de la Rúa, desde una matriz de análisis comparado del discurso. De manera particular, se estudian las transformaciones y continuidades histórico-políticas e ideológicas de De la Rúa y Kirchner, a partir del análisis comparado de sus discursos de apertura de sesiones ante la Asamblea Legislativa, durante los años 2001 y 2007. Asimismo, el autor procurará responder a los siguientes interrogantes: ¿qué transformaciones político-ideológicas se pueden identificar en el contenido y en la modalidad de enunciación de Kirchner y De la Rúa? ¿Qué significantes clave, cadenas equivalenciales y tópicos expresan el contraste entre ambas presidencias y en qué difieren, desde el estilo de construcción, de su imagen pública? ¿En qué medida se pueden establecer algunas continuidades históricas entre ambos discursos políticos?

El capítulo 3, “Sobre infiernos y purgatorios. El patrón de comunicación antagónica durante el gobierno de Néstor Kirchner”, de Lucia Vincent, pretende demostrar cómo, durante la gestión de Néstor Kirchner, se desplegó una relación novedosa entre el presidente y los medios, fenómeno que resultó determinante para comprender la evolución futura del vínculo entre ambos actores y que, en buena medida, determinó la vida política de este país hasta fines de 2015. Así, la relación del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner con los medios solo puede entenderse como una continuidad del periodo anterior.

El objetivo de este capítulo es, entonces, describir y explicar el origen, el desarrollo y las consecuencias políticas de las disputas entre el gobierno y los medios entre 2003 y 2007. El argumento que sostengo en este capítulo es que el gobierno de Néstor Kirchner impulsó lo que llamo un “modelo de comunicación controlada”, que implicó un quiebre en relación con las políticas de comunicación de los gobiernos anteriores, desde la vuelta de la democracia en 1983, y que guardó similitudes tanto con las dos primeras presidencias de Juan Domingo Perón en Argentina como con los modelos de comunicación impulsados por otros gobiernos latinoamericanos a comienzos del siglo xxi.

Para finalizar esta primera parte de la publicación colectiva, Santiago Leiras, en el capítulo titulado “¿Continuidad o cambio? La pretensión fundacional del kirchnerismo”, intenta abordar la pretensión fundacional en el relato político del kirchnerismo, entendiendo que, para cumplir con este cometido, es central analizar los cambios que acontecieron durante las experiencias de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner en el poder, como así también las continuidades en relación a la década de 1990, procurando dar respuestas al interrogante siguiente: ¿Hubo realmente un cambio trascendental frente a las políticas de la década del 90, o existe una continuidad de la matriz política noventista durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner?

Dado que resulta difícil comprender el surgimiento del kirchnerismo sin hacer referencia al telón de fondo de la crisis terminal de la Argentina entre finales de 2001 y comienzos de 2002, serán abordados los aspectos centrales de dicha etapa de la política argentina, tomando como punto de partida el colapso de la experiencia aliancista entre 1999 y 2001 y la experiencia de Eduardo Duhalde, a partir de 2002, para luego encarar las experiencias de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner.

La segunda parte del presente libro, bajo el título “Las proyecciones del debate en el Cono Sur (o parte de él)” tiene comienzo con el capítulo de Ana Farías Antognini y Sergio Toro Maureira “Los gobiernos socialdemócratas en Chile. De Lagos a Bachelet y… de nuevo Bachelet, el cual tiene como objetivo describir los avances y retrocesos de las políticas socialdemócratas adoptadas por los gobiernos de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet en Chile. Los autores afirmarán constatar que las reformas aplicadas desde los años 2000 se ubicaron dentro de los límites de la democracia liberal y la economía de mercado, al mismo tiempo que definieron cambios socio-estructurales graduales para mejorar las condiciones sociales sin dañar el sistema establecido.

Así, afirmarán Farías y Toro, la izquierda chilena presentó altos grados de autonomía frente a la sociedad civil organizada, lo que le permitió disponer de un aparato estatal independiente sin arraigo social.

El capítulo tiene cuatro partes divididas en un objetivo cronológico y causal. La primera parte definirá los antecedentes relacionados con la renovación de la izquierda en dictadura y la manera en que el modelo liberal fue asumido por buena parte de los grupos de izquierda. La segunda parte describirá el contexto de aplicación de las políticas socialdemócratas. En esta parte, se profundizará sobre la aplicación de políticas socialdemócratas en una coalición en que estos partidos convivían con fuerzas demócratas cristianas. La tercera parte se hace cargo de los efectos en la aplicación de un modelo socialdemócrata que mantuvo buena parte los principios liberales de la economía y las políticas sociales. La cuarta parte trata de un pequeño acápite de las políticas implementadas por Bachelet en el primer año. Todo terminará con una conclusión sobre lo discutido durante el capítulo.

El capítulo 6, de José T. Sánchez-Gómez, Ignacio González-Bozzolasco y Fernando Martínez Escobar, “La izquierda paraguaya y sus estrategias: una mirada desde los inicios de la transición democrática a la actualidad”, se concentrará en dos de las tres estrategias desplegadas por la izquierda en Paraguay –socialdemócrata y clasista–, debido a que sobre la tercera corriente –armada– no existe suficiente información fiable a partir del inicio de la transición democrática.

Los autores procurarán destacar que dichas estrategias estuvieron lejos de ser puras, excluyentes o inmutables en las organizaciones –a veces convivieron, a veces una predominó sobre la otra–; lo cierto es que sí tuvieron diferentes niveles de destaque como para hacer la caracterización que se hará sugerencia a lo largo del capítulo.

La segunda parte finaliza con el capítulo de Alberto Baldioli y Santiago Leiras “El PT en el poder: los gobiernos de Luiz Inácio “Lula” da Silva y Dilma Rousseff. Cambios y continuidades”. El objetivo del presente trabajo es dilucidar los cambios y las continuidades que van desde la administración de Luiz Inácio da Silva a la de Dilma Rousseff, sus logros y limitaciones, y las consecuencias de sus actos gubernamentales.

Los autores procurarán destacar la importancia del estudio y análisis de los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil entre 2003 y 2016 ya que dicha experiencia política se encuentra entre aquellas que, durante la primera década del siglo xxi, tratarían con éxito de imponer un nuevo clima político en la región.

El proceso que culminó con la destitución de la experiencia de Dilma Rousseff, afirmarán los autores, significó, al mismo tiempo, el final de la experiencia de un gobierno de izquierda en Brasil, en un contexto que parece avizorar un cambio de época en la región a través de experiencias como la de Mauricio Macri, en Argentina, y la puesta en marcha del ciclo Temer en la Presidencia de Brasil, entre otras.

Bibliografía

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  1. En la búsqueda de una definición de izquierda acorde con la tradición política radical en América Latina, ver Gargarella (2014).
  2. Entendemos como calidad democrática aquella capacidad para aprovechar el potencial único que la poliarquía ofrece en tanto régimen político. Sostuvimos que, si bien la participación efectiva y la competencia política evidencian una democracia, un enfoque multidimensional de la calidad democrática pone énfasis en otros factores tales como la calidad de la vida social, el desarrollo de la ciudadanía, la eficacia institucional y en forma particular, la rendición de cuentas horizontal (Corbettta y Pérez Liñán, 2001).
  3. Siendo los indicadores más relevantes: 1. Una constitución sancionada garante de la igualdad política de todos los ciudadanos, 2. Elecciones regulares que son celebradas, cuyos resultados son respetados por aquellos que ejercen relaciones de autoridad, 3. Elecciones libres y transparentes y de resultados inciertos, 4. No-existencia de partidos o movimientos antidemocráticos que rechacen las condiciones precedentes, 5. Aquellos líderes electos y representativos no son controlados en su conducta por grupos no electivos, 6. Alternancia en el poder de partidos o alianzas que ocurre dentro de las reglas, 7. Una segunda alternancia en el poder de partidos o alianzas que ocurre dentro de las mismas reglas, 8. Acuerdos de carácter formal o informal sobre las reglas de juego, 9. Estos acuerdos, tanto como la constitución, son efectivamente aplicados a todos los grupos y territorios, 10. Como resultado de lo anterior, las condiciones para la competencia política son iguales para todos los ciudadanos y grupos sociales. 11. Esta igualdad procedimental ha producido igualdad sustantiva para todos los ciudadanos y grupos sociales.


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