Otras publicaciones:

9789871867721_frontcover

9789877230307-frontcover

Otras publicaciones:

DT_Chartier_Burucua_13x20_OK-final

9789877230758-frontcover

6 La izquierda paraguaya y sus estrategias[1]

Una mirada desde los inicios de la transición democrática a la actualidad

José T. Sánchez-Gómez, Ignacio González-Bozzolasco y Fernando Martínez-Escobar[2]

1. Introducción

Al igual que varios países de la región, el Paraguay vio, en la década de los ochenta, un periodo de grandes transformaciones políticas. En febrero de 1989, en una coyuntura regional de grandes cambios políticos y económicos, un golpe de Estado, surgido en las entrañas del mismo régimen, puso fin a 35 años de gobierno ininterrumpido del general Alfredo Stroessner[3]. Este hecho abrió en Paraguay un periodo de ampliación de la participación ciudadana, las libertades públicas e incorporación en la escena política de nuevos actores. Con el inicio de la transición democrática, se constituyó así un nuevo orden político, con instituciones más democráticas y con nuevas reglas de juego para el acceso al poder, por lo que las contiendas electorales comenzaron a tener una relevancia preponderante y nunca antes vista en la arena política paraguaya.

Más allá de estas nuevas condiciones de apertura e inclusión política, las organizaciones de la izquierda paraguaya[4] continuaron enfrentado dificultades para ganar fuerza y protagonismo en este nuevo escenario. Entre estas dificultades, se destacan tres factores que marcaron las formas y condiciones de su acción.

En primer lugar, Paraguay no había tenido experiencias históricas de procesos electorales fiables, inclusivos y libres. Como sostiene Benjamín Arditi (1993:162), la transición paraguaya implicará “fundar exnihilo un régimen político democrático”. Sus regímenes políticos habían sido predominantemente autoritarios y excluyentes, en especial para las fuerzas de izquierda, que ni siquiera en las elecciones de fachada de la dictadura de Stroessner habían podido participar. En ese sentido, las estrategias electorales para los sectores progresistas serían algo por descubrir.

En segundo lugar, el país no había pasado por procesos de industrialización, urbanización y formación de partidos políticos con anclajes en la clase obrera, que en el siglo xx habían dado lugar, en varios países de América Latina, a la irrupción política relevante de partidos con bases populares y demandas programáticas, que, muchas veces, llegaron a constituirse en gobiernos capaces de implementar políticas públicas de bienestar para las clases trabajadoras, tal como sucedió en Brasil o Argentina. Paraguay tampoco había desarrollado enclaves mineros que permitieran una gran concentración territorial de la clase obrera, factor importante para revoluciones como en Bolivia, movimientos populistas como en Ecuador, o la formación de instituciones democráticas estables como en Venezuela. Siendo un país eminentemente agrícola, con importante población rural y sin un terreno montañoso, en Paraguay la geografía tampoco había ayudado al movimiento campesino a constituir organizaciones político-militares capaces de disputar seriamente el poder, tal como sí ocurrió, por ejemplo, en países centroamericanos. En todos estos países, sus características estructurales favorecieron la formación de sectores populares con capacidad de contrarrestar, en alguna medida, el poder de las oligarquías tradicionales.

Un tercer aspecto tiene que ver con la particular transición a la democracia en Paraguay. La caída de la dictadura no había sido resultado de un colapso del régimen militar (como Argentina tras la guerra de Malvinas), de movilizaciones populares que derrotaron a los regímenes autoritarios en referéndums (Chile y Uruguay), o de una suerte de pactos y posterior tutelaje como en Brasil. En Paraguay, la combinación de un ambiente internacional más favorable a la democracia y divisiones internas en las instituciones claves del régimen (Partido Colorado[5] y fuerzas armadas) fueron factores más determinantes para la democratización del país, antes que la movilización de la oposición o de los sectores populares que, si bien fueron muy valiosas por las condiciones adversas en las que se dieron, no alcanzaron la dimensión de otros lugares en términos comparados.

Estas razones favorecieron a que, tras la apertura democrática de 1989, los partidos tradicionales del país, el Colorado y el Liberal, siguieran conservando un fundamental predominio. El Partido Colorado (con permanencia en el poder desde 1947), pese a sus importantes pujas internas, mantuvo suficiente fuerza durante la transición como para seguir condicionando las reglas de juego. Por su parte, el Partido Liberal logró, con el inicio de la transición, reunificar sus tres escisiones bajo una misma estructura e instaurarse como la segunda fuerza política del país[6].

Bajo las condiciones señaladas, para la izquierda paraguaya no hubo otra alternativa más que diseñar estrategias sin mayores puntos de referencia y recursos. Sumando aún más dificultades, la Guerra Fría cayó en el mismo período, aplastando muchas de las grandes tesis que, en el seno de la izquierda, se habían acuñado como certezas, incrementando aún más la incertidumbre con respecto a las nuevas reglas de juego y a los posibles caminos para avanzar en las disputas por el poder. Así, los sectores de izquierda siguieron, en un proceso que estuvo lejos de ser lineal, al menos tres tendencias estratégicas:

  1. La línea socialdemócrata, que se orientó hacia la construcción de organizaciones capaces de ser competitivas electoralmente, suavizando el énfasis en el trabajo encaminado a edificar bases partidarias clasistas (obreras o campesinas).
  2. La línea clasista, que se enfocó en construir organizaciones con bases en las clases populares.
  3. La línea armada, de los sectores que cuestionaron la legitimidad democrática del nuevo régimen y que plantearon continuar con trabajos clandestinos y de lucha armada.

El presente trabajo se concentra en las dos primeras estrategias, debido a que, sobre la tercera corriente, no existe suficiente información fiable a partir del inicio de la transición democrática[7]. Así, a la primera estrategia nos referiremos como socialdemócrata, y a la segunda como clasista. Vale decir que dichas estrategias estuvieron lejos de ser puras, excluyentes o inmutables en las organizaciones –a veces convivieron, a veces una predominó sobre la otra–; lo cierto es que sí tuvieron diferentes niveles de destaque como para hacer la caracterización que aquí se sugiere.

Para analizar cómo se fueron desarrollando estas estrategias en los sectores de izquierda, aquí se propone una periodización política dividida en cuatro etapas: a) la primera etapa (1980-1991), que incluye la lucha social clandestina durante la dictadura y su paso a la lucha política abierta en 1989, cuando surgen los procesos electorales y se posibilita el acercamiento de la izquierda a los sectores sociales organizados; b) la segunda etapa (1992-1999), el período en que los sectores de izquierda se bifurcan entre la izquierda socialdemócrata, que se concentra en las zonas urbanas, y la clasista, que orienta sus trabajos hacia los espacios rurales; c) la tercera etapa (2000-2007), que incluye los años que muestran un acercamiento entre las corrientes de izquierda y, desde cuyo seno, emerge la candidatura de Fernando Lugo, quien gana las elecciones presidenciales de 2008 y ubica a Paraguay en el giro progresista de la región, y, d) la cuarta etapa (2008-2012), cuando dirigentes de izquierda ingresan al gobierno, lo cual posiciona a la izquierda como actor político nacional, por primera vez, y genera un espacio político de articulación entre los diferentes sectores de izquierda. Este periodo va hasta el derrocamiento del gobierno, vía juicio político irregular, que marca la restauración del predominio de los partidos tradicionales-oligárquicos en el ámbito político.

Finalmente, el artículo cierra con la reconfiguración de la izquierda luego de la caída del gobierno y una reflexión final. Cabe aclarar que este no es un estudio exhaustivo de la acción política de la izquierda paraguaya durante el último cuarto de siglo[8], sino, más bien, un ejercicio analítico que, a partir de una lectura de las estrategias seguidas por las principales organizaciones de izquierda en la lucha por el poder, propone una serie de períodos que muestran variaciones y contrastes que aspiran a aportar a la reflexión sobre la historia política reciente y sus potenciales desarrollos futuros. Hacia el análisis de estos periodos nos volcamos a continuación.

2. Primera etapa (1980-1991): de la lucha clandestina a la lucha política abierta

Las estrategias de la izquierda, en los primeros años de democracia, estuvieron influenciadas por condiciones que venían desde los últimos años de la dictadura. Los años 80 habían sido años de ascenso de un movimiento social que se articuló en diferentes espacios (Arditi & Rodríguez, 1987). La militancia era mayormente urbana, gravitaba en la capital, Asunción, y los sectores movilizados eran el movimiento sindical y estudiantil[9], representados, respectiva y principalmente, por el Movimiento Intersindical de Trabajadores (MIT) y por los estudiantes de Medicina y otras carreras universitarias, principalmente de la Universidad Nacional de Asunción (González-Bozzolasco, 2013). En 1987, estos sectores convergieron en la articulación política Movimiento Democrático Popular (MDP), en el que diferentes vertientes de la gama de organizaciones socialistas conformaron un espacio para disputar una mayor presencia pública, atendiendo a que el régimen restringía la participación política electoral a los sectores progresistas en general. El MDP logró crecer en importancia entre 1987 y 1989, hasta que el cambio de sistema político dividió a la organización por diferencias sobre las estrategias que había que seguir[10].

Tras la caída de Stroessner, si bien las fuerzas de izquierda coincidían en la necesidad de la disputa pública del poder y la participación en elecciones, diferían en el grado de importancia que le otorgarían a la estrategia electoral. Una vez pasadas las elecciones presidenciales y legislativas de mayo de 1989 –que mostraron resultados casi nulos para la izquierda–, todas apostaron a las elecciones municipales que, en 1991, se desarrollaron por primera vez en la historia del país, y el énfasis de estos esfuerzos estuvo en Asunción. De los doce candidatos a intendente, cinco se reivindicaban abiertamente de izquierda, yendo desde la socialdemocracia, pasando por el guevarismo hasta llegar al trotskismo.

Para sorpresa general, en estas elecciones sucedió uno de los acontecimientos políticos más sobresalientes de la transición democrática. En el mismo periodo en el que el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil ganaba municipios como San Pablo y Porto Alegre, en 1988, y el Frente Amplio de Uruguay se hacía con Montevideo un año después, en la capital paraguaya ganaba el movimiento socialdemócrata Asunción Para Todos (APT). Este movimiento fue una escisión del MDP y tuvo el impulso de la recién constituida Central Unitaria de Trabajadores[11] (Giménez, 2005). La izquierda no ganó en otros municipios del país, con lo cual quedó claro que el lugar donde había espacios para la disputa política era la principal zona urbana del país, y en ese momento, la clase trabajadora organizada constituía un importante motor en esas luchas.

Tras la victoria socialdemócrata en Asunción, se dio un distanciamiento entre el movimiento político y la organización sindical. APT suavizó su perfil de izquierda para priorizar una gestión orientada a lo “social”, con políticas dirigidas a mejorar las condiciones de sectores excluidos de la capital, pero sin un enfoque que privilegiara la construcción de una base clasista. De ahí, su alejamiento de la CUT. En lo que respecta al movimiento sindical, este se encontraba en un momento de auge y centró sus esfuerzos en la lucha gremial, el diseño de un nuevo código laboral y las disputas por las influencias en los nuevos espacios de representación tripartita (Estado, empresarios y trabajadores), conformados gracias a la nueva Constitución Nacional de 1992. El gran hito del ascenso del movimiento sindical, en la primera parte de los años 90, fue la huelga general de 1994, la primera tras casi cinco décadas.

Por otra parte, los sectores de la izquierda de orientación clasista vieron, tras sus bajos resultados electorales, las limitaciones de las elecciones para la construcción de poder, así como las crecientes dificultades para trabajar con el movimiento sindical en general. Así, la izquierda clasista lentamente giraría hacia las zonas rurales y el campesinado organizado, sector cada vez más afectado por el crecimiento del modelo mecanizado de producción de granos, la crisis de la producción minifundiaria y el empobrecimiento rural.

Las diferencias estratégicas de la izquierda se encontraron nítidamente acentuadas tras el siguiente desafío electoral, las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente de diciembre de 1991. APT y la CUT se presentaron en conjunto bajo la coordinadora Constitución para Todos (CPT), pero ya con estrategias diferentes. La primera organización, pensando más en una proyección partidaria nacional, formalizó su participación aliándose con movimientos independientes de otras zonas del país. La segunda, más gremial, optó por una lista que instalara reivindicaciones sindicales, priorizando una articulación con sectores sociales. Juntos, lograron tan solo el 11 % de los votos para una Asamblea Constituyente en la que el Partido Colorado (ANR)[12] tuvo mayoría absoluta, 55 % de las bancas, y el Partido Liberal (PLRA) obtuvo el segundo lugar con 27 % (Tribunal Superior de Justicia Electoral, 2015). Por otra parte, fue notoria la derrota de las organizaciones campesinas que se presentaron en el Frente Popular Paraguay Pyahurá y el Movimiento de Civilidad Democrática, sin lograr representación en la asamblea. También, participaron el Partido Revolucionario Febrerista (PRF), considerado del campo progresista –aún con muchas ambigüedades–, que había logrado una banca, y el Partido de los Trabajadores, que no logró espacios en la Asamblea.

3. Segunda etapa (1992-1999): la bifurcación entre la izquierda socialdemócrata y la clasista

Tras los malos resultados de la izquierda en la Asamblea Nacional Constituyente, hubo algunos reposicionamientos. APT vio debilitada sus chances de seguir creciendo autónomamente –sus cuadros estaban abocados a las tareas administrativas de la gestión municipal y el distanciamiento con la CUT llegó al punto de la ruptura– y se insertó en un frente independiente de cara a las elecciones generales de 1993: el emergente Partido Encuentro Nacional (PEN), liderado por el empresario Caballero Vargas. También, sectores del PRF se habían pasado al PEN. Este nuevo partido respondía a una línea socialdemócrata más corrida al centro en comparación con APT, contaba con empresarios nacionales en sus filas y llegó a ser la tercera fuerza electoral del país. Así, en este periodo, la socialdemocracia, originalmente vinculada a los movimientos sociales, que había ganado Asunción, dejó de lado su proyección partidaria e ingresó como ala progresista del PEN. Desde ahí, realizaron alianzas con el PLRA para elecciones importantes como la intendencia de Asunción (1996) –en la que ganó un liberal que terminó desplazando a sus aliados– y las generales de 1998, en la que la chapa PLRA-PEN quedó segunda detrás de los colorados.

Por su lado, la izquierda clasista siguió moviéndose hacia las zonas rurales en este período. Esto, probablemente, se debió a las divergentes dinámicas sociales del movimiento sindical y campesino. Si bien el movimiento sindical tuvo un importante crecimiento durante la primera mitad de los 90, para finales de la década el sindicalismo perdió fuerza movilizadora (Heisecke, 2005, pág. 200). Aunque no hay conclusiones taxativas del por qué, algunos factores pudieron haber afectado negativamente, como la quiebra de los bancos nacionales en la segunda mitad de los 90, que desinfló a los activos sindicatos del sector bancario, la creciente sindicalización en las instituciones públicas, que favoreció la creación de organizaciones burocratizadas, clientelistas y ligadas al Partido Colorado, y los grandes escándalos de corrupción entre autoridades gubernamentales y sindicales, que terminaron por desarticular y desprestigiar al sector de los trabajadores.

Por el contrario, en la segunda parte de los 90, el desarrollo del tejido organizativo rural comenzó a mostrar frutos. En 1994, se realizó la primera gran marcha campesina en Asunción, evento que luego se iría repitiendo anualmente hasta la actualidad. Seguidamente, surgieron nuevos partidos políticos de base campesina. Se formó el Partido Paraguay Pyahurá (PPP), en 1996, con una relación directa con la Federación Nacional Campesina (FNC) y con una posición crítica contra la izquierda que utilizaba las elecciones para la construcción de poder (Partido Paraguay Pyahurá, 2013). Un par de años después, surgió otro partido de base campesina, el Partido Convergencia Popular Socialista (PCPS), y venía afianzándose la construcción del Movimiento Patria Libre (PL) como partido con fuerte base rural.

En lo que refiere al contexto político nacional, la última parte de los años 90 fue de severas crisis políticas que tuvieron implicancias en las trayectorias de la izquierda[13]. En las elecciones de 1998, había ganado la dupla colorada Cubas (presidente) y Argaña (vicepresidente). Esta fórmula electoral respondía a dos facciones rivales de la ANR. Tras asumir el gobierno, sus conflictos internos escalaron hasta el asesinato del vicepresidente, en 23 de marzo de 1999. La responsabilidad política había caído sobre la facción de Cubas (llamada oviedismo por responder al Gral. Lino Oviedo), contra la cual se unió la oposición en el Congreso (incluyendo a sectores colorados) para iniciar un juicio político. El conflicto aumentó aún más cuando se movilizaron sectores sociales y políticos en las calles, incluyendo a organizaciones campesinas, para forzar la caída del gobierno. Al final, varios jóvenes murieron y, finalmente, el presidente Cubas fue al exilio. Esos días quedaron conocidos como el Marzo Paraguayo. El resultado posterior fue la conformación de un acuerdo político para formar el gobierno de Unidad Nacional bajo la Presidencia de González Machi (ANR), que sumó al PLRA y al PEN. Este gobierno terminó asociado fuertemente a la corrupción y, debido a su falta de legitimidad, sufrió juicios políticos e intentos de golpe, que no prosperaron en sus intenciones de tumbarlo. Ante el ingreso del PEN a la coalición de gobierno, el movimiento interno País, heredero de Asunción Para Todos, se retiró y fundó el Partido País Solidario (PPS) en el 2000, lo que tendría un nuevo impacto en el desarrollo de la izquierda en el país.

Al final de este periodo, nuevas condiciones para la aproximación de los sectores progresistas fueron configurándose. Por un lado, el movimiento campesino estaba volviendo a actuar en Asunción y otras zonas del país como importante actor sociopolítico, trayendo a la izquierda clasista consigo; y, por otro lado, la socialdemocracia apareció claramente definida como partido político, País Solidario, también con su eje de acción principal en la capital.

4. Tercera etapa (2000-2007): el acercamiento de las izquierdas

El nuevo siglo se inició en medio del periodo de inestabilidad política derivado del Marzo Paraguayo y la crisis económica regional, que alimentaron un lento proceso de crecimiento y convergencia en los sectores de izquierda. Mientras que País Solidario era la novedad en la línea socialdemócrata, por la línea clasista, un importante frente de acción surgió con las movilizaciones de 2001/2 contra un proyecto privatizador empresas públicas del gobierno de González Machi. Así, se constituyó el Congreso Democrático del Pueblo (CDP), un espacio de articulación de partidos, movimientos de izquierda, organizaciones campesinas y sindicatos que unieron acciones contra las privatizaciones, proceso que, al final, fue frenado (Maidana, 2005: 186). Esta unidad de acción a nivel nacional, así como el desenlace favorable –en tanto que las privatizaciones no continuaron– fueron significativos en el campo de la lucha social, aunque aún no en la lucha política.

Las elecciones de 2003 fueron de avances para ambas líneas estratégicas, aunque con diferentes resultados que destacar. Por una parte, la orientación socialdemócrata con el PPS consiguió elegir 2/45 bancas en la Cámara de Senadores y 1/80 en Diputados, logro importante considerando la historia de la izquierda; y, por otra parte, los grupos de izquierda de orientación clasista, si bien no lograron espacios en el Congreso, conformaron un frente electoral bajo la chapa Izquierda Unida-Patria Libre, la cual incluyó a algunos partidos como Patria Libre (PPL), Partido Comunista Paraguayo (PCP), Partido de los Trabajadores (trotskista), Partido Socialista Paraguayo y varias organizaciones sociales, campesinas e indígenas. Hay que destacar que, pese al resultado electoral, este inicio de ejercicio electoral conjunto no se había dado desde la apertura política de 1989[14].

Aunque estos primeros años del nuevo siglo significaron avances en la izquierda partidaria y en el movimiento social, con el electo gobierno de Duarte Frutos (Partido Colorado) se inició un periodo de masivas persecuciones contra el movimiento campesino. La represión se ejerció, principalmente, entre los años 2003 y 2005, desde varias instituciones estatales como la Fiscalía, Poder Judicial y la Policía Nacional, con el resultado de más de dos mil dirigentes campesinos/as imputados (Via Campesina, 2006) y víctimas de la represión. Fue uno de los momentos más conflictivos en la lucha por la tierra desde la democracia, y los golpes afectaron duramente las capacidades de movilización del campesinado.

Pasado el proceso unitario de 2003, la izquierda clasista entró en un proceso de reinvención. Dos fuerzas provenientes de militantes que participaron en lo que fue Izquierda Unida y el CDP iban a constituirse en los partidos más sólidos a nivel electoral dentro de esta línea estratégica. Estos fueron el Partido Movimiento al Socialismo (P-MAS) y el Partido Popular Tekojoja (PPT), que surgieron en 2006; el primero centrado en Asunción, y el segundo, en las zonas rurales.

Fernando Lugo emergió como figura política de las experiencias de este período. Entre 1994 y 2004, había sido obispo del departamento de San Pedro, una de las zonas más pobres del país y con movimientos campesinos sólidamente organizados. Durante sus años de obispo, Lugo había establecido conexiones con organizaciones campesinas, partidos de izquierda, ramificaciones locales de los partidos tradicionales y comunidades eclesiales de base en todo el país. Además de acompañar acciones directas de los movimientos sociales, como ocupaciones de tierras o huelgas de trabajadores (en alguna ocasión ingresando como preso solidario para acompañar a huelguistas detenidos), su proyección como figura progresista también fue alimentada por liderar procesos específicos como la campaña de recolección de firmas contra el ALCA, que él coordinó en 2003. En 2004, Lugo se mudó a Asunción y participó en la conformación de un grupo que se preparaba para intervenir en política y que, posteriormente, derivaría en Tekojoja.

Una nueva crisis política en el Partido Colorado brindó las condiciones para que la proyección de Lugo como figura política excediera las expectativas iniciales. Las disputas internas por el control de la ANR (2005/6), que puso en posiciones rivales a las corrientes lideradas por el presidente Duarte-Frutos y el vicepresidente Castiglioni, posibilitaron a Lugo posicionarse con chances reales para las elecciones de 2008. Así, detrás de la candidatura del exobispo, se constituyó una coalición de fuerzas políticas que terminó incluyendo a sectores de varias líneas ideológicas, como al tradicional Partido Liberal. En lo que refiere a la convergencia de las izquierdas, la irrupción política del exobispo facilitó la generación de un acercamiento organizativo entre las líneas socialdemócratas y clasistas. Además del PPT y el PMAS, a Lugo lo apoyaron el PPS y la Alianza Patriótica Socialista, agrupación que aglutinaba a otras izquierdas clasistas. Vale mencionar que, aunque las estrategias electorales apuntaron a apoyar al mismo candidato, las izquierdas se presentaron de manera separada para los cargos legislativos.

5. Cuarta etapa (2008-2012): la convergencia en el gobierno y el golpe contra la izquierda

Con la candidatura de Fernando Lugo, se repetía la idea de una alianza para enfrentar al Partido Colorado, como en el año 1998, pero esta vez con varias diferencias. En primer lugar, ni el Partido Colorado, ni la oposición eran ya lo mismo. La ANR había pasado por un importante proceso de fragmentación, tras el Marzo Paraguayo, con la salida de UNACE (Abente-Brun, 2009); y en la oposición, el peso político del PLRA había disminuido e iba en posición secundaria frente al candidato progresista[15]. En segundo lugar, las corrientes de izquierda estaban más consolidadas y habían unido esfuerzos en la candidatura de Fernando Lugo. Aun cuando para el 2008 el movimiento social, en general, venía en declive en lo que respecta a su capacidad de impulsar acciones directas, se había constituido un tejido de organizaciones que convergerían y darían lugar al posicionamiento de un candidato viable en el escenario político nacional. En tercer lugar, el clima político regional había cambiado favorablemente hacia las fuerzas progresistas. En una década, una variedad de fuerzas de izquierda había asumido el gobierno en la mayoría de los países de la región sudamericana, mostrando resultados exitosos en la reducción de la desigualdad, recuperación de cierta soberanía sobre recursos naturales y desarrollo económico. En síntesis, estas condiciones favorecieron a que un candidato que venía del campo progresista ganara las elecciones de 2008, y la izquierda y movimientos sociales alcanzaran funciones de gobierno.

La gestión gubernamental inauguró a la izquierda como actor político nacional[16]. Aun cuando los partidos de izquierda obtuvieron magros resultados legislativos –3/45 bancas en el Senado y 2/80 en Diputados[17]–, estos participaron ampliamente en la dirección de ministerios, secretarías y otras organizaciones estatales. Este acceso a espacios de poder, vía Poder Ejecutivo, puso en tensión el campo político nacional. La incorporación de una izquierda con capacidad de articular demandas sociales históricas –como los derechos a la tierra, acceso a la salud y otros derechos sociales–, más el acercamiento de los movimientos sociales en las mesas de negociación gubernamental, llevaron a que el debate político se articulara en un eje izquierda-derecha (Martínez Escobar, 2015), algo novedoso en la política paraguaya. Aun cuando el propio desarrollo de estas políticas no implicaba reformas profundas, fue suficiente para que pusieran en dura oposición al Partido Colorado, a otras fuerzas conservadoras como UNACE y Patria Querida, e, incluso a sectores del aliado PLRA, generando un clima de inestabilidad permanente y un Congreso sumamente adverso a la gestión de Lugo. En consecuencia, para dar un mayor soporte político al gobierno, en 2010 se formó el Frente Guazú (FG)[18], una coalición entre diferentes corrientes progresistas dentro de un partido, que serviría de paraguas y articularía las líneas socialdemócratas y clasistas, un hito en el proceso histórico de la izquierda en el país.

El creciente desarrollo político de la izquierda sufrió una interrupción con la destitución de Lugo, vía juicio político irregular, en 2012[19]. Si bien solo el presidente había sido destituido, pronto toda la izquierda en el Estado fue perseguida por la nueva administración del PLRA[20], mostrando que un objetivo del golpe parlamentario era acabar con la izquierda en el gobierno y su proyección como alternativa de poder.

Esta proyección de la izquierda podía verse en algunos aspectos que se merecen considerar. Primero, la popularidad del presidente abría la puerta a que la izquierda pudiera proponer otra candidatura con chances de disputar las elecciones en 2013, amenazando aún más con superar el bipartidismo Colorado y Liberal. Esto debilitaba el apoyo político del PLRA ante la eventualidad de verse relegado a una posición secundaria una vez más. Segundo, la izquierda y sus políticas en el gobierno –aun cuando lejos de ser radicales– iban poniendo en cuestión al orden oligárquico y sus instituciones, llevando a que la élite económica, política y mediática[21] viese cómo el acostumbrado control directo sobre el Poder Ejecutivo iba perdiéndose. Finalmente, con los movimientos sociales decayendo en fuerza, ya desde antes de 2008, el estado de movilización para dar soporte al gobierno en las calles era bajo, factor agravado considerando la ya baja representación parlamentaria de izquierda. Si bien las organizaciones populares estaban más cercanas a los espacios de decisión gubernamental (alimentando el punto mencionado anteriormente), estas no estaban preparadas para movilizarse en defensa del gobierno, y desde los espacios gubernamentales, la izquierda no supo, o no pudo, activar más fuerza social. En suma, cuando sucedió el trágico evento de Curuguaty, el 15 de junio de 2012, este proveyó de las condiciones políticas necesarias para derrocar al presidente y a la izquierda en el gobierno.

6. Conclusiones: de la caída de la dictadura a la caída del gobierno progresista

Desde la caída de Stroessner, cuando concluía la dictadura en Paraguay, la izquierda vino aprendiendo a moverse en el nuevo mundo político. Incluso el golpe más duro contra la izquierda, en junio de 2012, enseñó una nueva lección sobre las reglas de juego del poder: la democracia paraguaya sigue basada en una estructura e instituciones oligárquicas que van a reaccionar para defenderse ante potenciales cambios en su lógica de poder.

Tras el golpe de 2012, se abrió un nuevo periodo de divergencias y convergencias en el seno de la izquierda. Para las elecciones generales de 2013, en las que toda la izquierda participó, el Frente Guazú se dividió y algunos miembros terminaron impulsando la fundación de la alianza Avanza País (AP)[22]. Lo cierto es que tanto el FG como AP presentaron candidaturas a la Presidencia y al Congreso, y obtuvieron mejores resultados en el Senado, 5/45 y 2/45 bancas, respectivamente[23]. Así, la izquierda se constituyó, por primera vez en la historia, como tercera fuerza política en dicha cámara. Otro dato interesante es que tanto el FG como AP formaron dos listas de alianzas, lo cual sigue mostrando que persisten tendencias convergentes entre las organizaciones de izquierda.

Más allá de que el Partido Colorado haya vuelto a ganar las elecciones de 2013, con el empresario Horacio Cartes a la cabeza, importa resaltar algunos elementos más sobre la trayectoria de la izquierda y el movimiento social. La marcha campesina de marzo de 2014 se hizo en el marco de una nueva huelga general que aglutinó a la izquierda y a organizaciones campesinas y sindicales. En 2015, se reactivó el Congreso Democrático del Pueblo como eje articulador de un frente antipolíticas privatistas del gobierno. Estos aspectos muestran que las estrategias electorales y clasistas siguen confluyendo. Resta saber, y solo el futuro lo dirá, si será suficiente para que la izquierda vuelva a constituirse en una alternativa de poder más sólida en los años que vendrán.

Si llegase a abrirse otra oportunidad para la izquierda, tal como fue la elección de 2008, una cuestión es claramente diferente: ahora sí hay marcos de referencia a donde mirar para aprender, algo que en 1989 no se tenía. También, ahora se cuenta con una continuidad de experiencias propias no interrumpidas desde la violencia estatal, con actores políticos que son el fruto un proceso de formación que se remonta, al menos, a un cuarto de siglo atrás, lo cual no es menor, teniendo en cuenta la historia de generaciones políticas diezmadas por las desapariciones forzosas y el exilio. Ahora, al menos, ya no hay reglas de juego por descubrir desde cero, como cuando se inauguraba la apertura democrática. En este nuevo tiempo, un desafío se centrará en saber hacer uso del beneficio de inventario de las diferentes experiencias del campo progresista, desde los difíciles tiempos de la dictadura hasta el sinuoso proceso de apertura democrática en el Paraguay. Además de la revisión de la colección propia de errores y aciertos, las experiencias progresistas de los países vecinos y la propia capacidad inventiva para (re)pensar qué estrategias seguir, servirán para orientar con más solidez, al menos en alguna medida, los caminos para seguir por la izquierda en Paraguay.

Bibliografía

Abente-Brun, Diego (2009). “Paraguay: ‘The Unraveling of One-Party Rule’”. Journal of Democracy, 1, 143-156.

Arditi, Benjamín, y Rodríguez, José Carlos (1987). La sociedad a pesar del Estado. Movimientos sociales y recuperación democrática en el Paraguay. Asunción: El Lector.

Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (2012). Informe de Derechos Humanos sobre el caso Marina kue. Asuncion: CODEHUPY.

Duarte-Recalde, Liliana (2012). “Variaciones en el Comportamiento Electoral en Paraguay”. America Latina Hoy, 60, 117-138.

Giménez, Adolfo (2005). “Reorganización sindical no debe repetir errores”. En Palau, Marielle y Ortíz, Aristides. Movimientos Sociales y expresiones políticas. Asunción: BASE IS, CEPAG y SPP.

González-Bozzolasco, Ignacio (2013). El nuevo despertar. Breve historia del Movimiento Intersindical de Trabajadores del Paraguay (1985-1989). Asunción: Germinal/Arandurã. .

Heisecke, Ernesto (2005). “Construcción de los proyectos de izquierda del Paraguay desde la perspectiva de los movimientos sociales”. En Palau, Marielle y Ortíz, Aristides. Movimientos Sociales y expresiones políticas. Asunción: BASE IS, CEPAG y SPP.

Maidana, Ananías (2005). “Las fuerzas subjetivas de a revolución. La izquierda y su responsabilidad”. En Palau, Marielle y Ortíz, Aristides. Movimientos sociales y expresiones políticas). Asunción: BASE IS, CEPAG y SPP.

Martínez Escobar, Fernando. “Las nuevas fuerzas políticas autodenominadas progresistas y/o de izquierda en el Paraguay (2008-2012)”. En Leiras, Santiago (comp.). Buenos Aires: EUDEBA.

Partido Paraguay Pyahurá (6 de Marzo de 2013). Partido Paraguay Pyahurá. Obtenido de https://bit.ly/2YIcToB.

Tribunal Superior de Justicia Electoral. (2015). Obtenido de https://bit.ly/3dmaJ1E.

Vía Campesina. (28 de Julio de 2006). 16 días de lucha y de resistencia en Paraguay. Obtenido de https://bit.ly/2SHSKed.


  1. El presente artículo es una versión revisada y ampliada de Sánchez, José T.; González Bozzolasco, Ignacio y Martínez, Fernando (2015), “Paraguay y las trayectorias de Izquierda, en Kersffeld, Daniel (editor). Desde sus cenizas. Las izquierdas en América Latina a 25 años de la caída del Muro de Berlín (Quito: FES-ILDIS/Universidad Andina Simón Bolívar). La elaboración del artículo contó con la colaboración de Celeste Gómez.
  2. UC-EUA, UCA-Paraguay y UBA-CONACYT.
  3. El golpe de Estado dirigido por el general Andrés Rodríguez contra el régimen de Stroessner el 2 y 3 de febrero de 1989.
  4. En este trabajo, se utiliza el término singular “izquierda”, como campo político-ideológico que aglutina a diversas expresiones (en plural) que se adhieren a variantes como la socialdemocracia, el marxismo-leninismo, maoísmo, trotskismo, guevarismo, etcétera. Aquí, se opta por incluir dentro de la izquierda a los grupos que se autodefinen como tales, y se analizará, preferentemente, a los que lograron participar en espacios institucionales de poder en estos 25 años.
  5. La trilogía Gobierno-Fuerzas Armadas-Partido Colorado proveyó de los pilares al régimen del Gral. Alfredo Stroessner (1954-1989).
  6. Paraguay comparte con Honduras el hecho de contar con sistemas políticos dominados por bipartidismos que provienen del siglo xix, cuando oligarquías tradicionales constituían partidos políticos para disputarse el poder a lo largo de la región. En el caso paraguayo, se trata del Partido Colorado, también conocido como Asociación Nacional Republicana (ANR), y el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), también conocido como Partido Liberal. En los demás países de América Latina, o ya no existen partidos de aquella época, o solo uno de ellos permanece políticamente relevante.
  7. Si bien existen en el Paraguay, durante el periodo analizado, testimonios de organizaciones armadas que reivindican tener objetivos políticos (como el Ejército del Pueblo Paraguayo –EEP– y la Agrupación Campesina Armada –ACA–), la escasa producción rigurosa y con basamento empírico al respecto presenta lecturas muy contradictorias a propósito de su carácter. Mientras que trabajos como el de Colmán (2011) trazan una vinculación directa de estos grupos con la rearticulación de la izquierda en 1990, investigaciones como la de Pereira (2015: 30) los señala como “efectivos rótulos de acciones paramilitares o parapoliciales empleados para atribuir una actitud violenta a la población campesina del norte paraguayo, que se resiste a abandonar su territorio y perder su modo de vida y producción”.
  8. Por razones de espacio, el artículo tampoco propone un examen de las variaciones en la estructura económica y otros factores que, sin duda, atraviesan los cambios sociales y las estrategias políticas aquí consideradas.
  9. Este accionar variará de forma radical con las anteriores estrategias aplicadas por las organizaciones de izquierda, durante las décadas de los 60 y 70, que, frente un régimen más represor del espacio público, se vieron forzadas a realizar la mayor parte de su acción política bajo la clandestinidad.
  10. El MDP no fue el único espacio de militantes de izquierda, pero se lo toma de referencia porque surge de una corriente más movimentista que caracteriza la última parte de los 80.
  11. La creación de la Central Única de Trabajadores (CUT), en 1989, fue un hecho político notorio, y su conformación fue muy influenciada por la experiencia de sus pares brasileños de la Central Única de los Trabajadores (CUT) y el PT (González Bozzolasco, 2013).
  12. Como ya se mencionó, al Partido Colorado, formalmente, se lo conoce como Asociación Nacional Republicana (ANR), y el Partido Liberal es, formalmente, denominado Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA).
  13. Esta crisis fue también económica. Hacia fines de los 90, la crisis neoliberal afectó a varios países de la región, y Paraguay fue particularmente contagiado por las dificultades económicas de Brasil y Argentina.
  14. Una diferencia con relación a quienes venían de la experiencia del Congreso Democrático del Pueblo es que la Federación Nacional Campesina y su organización política afín, el Partido Paraguay Pyahurá, no formaron parte del proyecto electoral Izquierda Unida-Patria Libre.
  15. Vale agregar que el sistema electoral en conjunto fue mostrando una creciente volatilidad en los diez años previos a las elecciones de 2008 (Duarte-Recalde, 2012), indicando que las lealtades electorales con los partidos políticos tradicionales se venían debilitando.
  16. Insistimos que entendemos por izquierda al polo político (y no a organizaciones particulares), y su constitución como actor político nacional está relacionado a que modificó el debate político hacia un novedoso eje izquierda-derecha.
  17. La izquierda se presentó separada en las elecciones legislativas. Para ver detalles de los resultados electorales, ir a Tribunal Superior de Justicia Electoral (https://bit.ly/3bIO5jQ).
  18. Guazú es “Amplio”, “Grande”, en guaraní. Si bien no toda la izquierda se reunió en este espacio (el Partido de los Trabajadores y Paraguay Pyahurá no lo hicieron), sí se puede decir que la mayoría lo hizo.
  19. El 15 de junio de 2012 hubo un enfrentamiento con muertes entre policías y campesinos en un proceso de desalojo en una ocupación de tierras, en el distrito de Curuguaty (departamento de Canindeyú). El proceso, seguido por la fiscalía y policía en el desalojo, descubierto después, fue completamente ilegal (Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay, 2012), lo cual, aún hoy, lleva a generar suspicacias sobre las razones reales que motivaron el enfrentamiento. Una semana después, el Congreso utilizó el evento para destituir a Lugo por mal desempeño en sus funciones, aunque sin otorgarle el derecho al debido proceso en el juicio político, violando preceptos de la constitución paraguaya.
  20. Si bien autoridades que formaban parte de los sectores progresistas renunciaron ante la salida de Lugo, muchas personas permanecieron en el servicio público en otros niveles de funciones, y terminaron siendo destituidas o forzadas a salir por el gobierno liberal.
  21. Hasta la cúpula de la Iglesia Católica iba mostrando su oposición al gobierno Lugo. Esta posición alcanzó su máxima expresividad cuando la Iglesia pidió a Lugo su renuncia cuando el Congreso inició el juicio político en junio de 2012.
  22. Otros miembros salieron del FG y fundaron partidos que no integraron alianzas, tales como Kuña Pyrenda. Sin embargo, KP también integra el renovado Congreso Democrático del Pueblo.
  23. El expresidente Fernando Lugo fue electo senador al liderar la lista del FG.


Deja un comentario