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Conclusión

El movimiento de la conciencia es el lógos que escinde, determina y reconcilia lo que es. El ser aparece inmediatamente a la sensibilidad, pero el lógos lo interroga. Al interrogarlo destina su determinabilidad, lo media consigo y lo elimina. Esta determinabilidad se identifica en la conciencia como lenguaje. En este movimiento, la escisión se reconcilia en una unidad.

En la filosofía de Hegel -específicamente en la Fenomenología del Espíritu– el pensamiento se articula como lógos y determina la realidad puesto que la realidad ya está destinada a determinarse en cuanto se la interroga. El pensamiento que se plantea como saber exige una determinación del saber y su contenido, su forma y su materia.

La escisión en el saber es la diferencia no interiorizada entre la conciencia y su objeto, el desgarramiento no resuelto, la diferencia no asumida como finitud subsistente en la infinitud. Es decir, es la diferencia que aún persiste como diferencia para la conciencia y que impide la realización absoluta del conocimiento: la eliminación de la cosa en sí como incognoscible. Pero la escisión reconciliada no es una mera unificación del contenido sin rastros de su unificación. La escisión reconciliada muestra el recorrido del movimiento de la conciencia. Exterioriza la articulación de sus momentos.

Sin embargo, lo real insiste siempre. Persiste en su insistencia. Lo real insistente es el problema de la escisión. La conciencia debe volver a recorrerla para volver a articularla y reconciliarla consigo misma. Este movimiento es infinito puesto que toda finitud sólo puede subsistir en la infinitud. Una finitud que permanece separada y contrapuesta absolutamente a la infinitud desaparecería. Una infinitud que permanece separada y contrapuesta absolutamente a la finitud se limitaría y, al limitarse, cancelaría su infinitud. Por lo tanto, toda finitud se conserva en la infinitud y toda infinitud ya está presente en la finitud: ambas ya están reconciliadas y, en efecto, se contraponen relativamente. Esta reconciliación determina el movimiento de la conciencia en pos de aglutinarse con lo real y sostenerse a sí misma en este movimiento.

La conciencia resuelve el problema de la escisión, pero debe volver a resolverla infinitamente, de modo que la escisión es y no es. Así, pues, el problema de la escisión para la conciencia es vérselas siempre con lo sensible y con la percepción, reconciliar sus diferencias y volver a reconciliarlas en el lenguaje (lógos) como término medio. En esta reconciliación la conciencia se identifica con el concepto. De la misma manera con la autoconciencia que, como tal, es la conciencia que se pone a sí misma como objeto. Ella se las tiene que ver siempre con la vida singular, con el deseo, con la independencia y la libertad. Al superar sus momentos olvida, reinicia su camino y debe volver a superar tales momentos.

Sin embargo, cada movimiento no exige una repetición de sí mismo: en el infinito toda finitud puede ser combinada infinitamente y de diversas maneras, aunque sujetada al aspecto general de la escisión, la determinación y la reconciliación. De esta suerte, se puede presentar una conciencia escéptica como conciencia de una época en general, combinada con un grado de desarrollo del entendimiento y pasar a una conciencia estoica o desventurada combinada con otros grados de desarrollo del entendimiento. Nada lo impide. Al ser el pensamiento infinito, todo está pensado. Pero, dado que lo real insiste siempre en el infinito, todo está por pensarse infinitamente.

Nos hemos limitado a indagar los movimientos de la conciencia y autoconciencia con el objeto de mostrar que la escisión aparece en cada uno de estos movimientos y en sus ámbitos correspondientes. Cada escisión está dispuesta en su ámbito de movimiento y la conciencia la resuelve articulando el lógos en ese ámbito. A modo de ejemplo, hemos visto que, en la certeza sensible la escisión es entre un esto sensible singular y la suposición de la conciencia de esta certeza en el ámbito de la sensibilidad. La conciencia resuelve la escisión en lo universal, puesto que lo universal ya está presente en el concepto de reconciliación y toda escisión se supera al universalizarla. La conciencia demuestra que no puede decirse la singularidad que se supone, sino que sólo se dice lo universal.

El lógos inteligible se ha impuesto ante la sensibilidad. Sin embargo, la absolución de la certeza sensible no agota el objeto de la sensibilidad, puesto que este universal aún es sensible y debe seguir el recorrido de la percepción y el entendimiento, etc. Sin embargo, la sensibilidad vuelve a insistir, vuelve a mostrarse la escisión y persistirá en su insistencia. Esta perseverancia de lo real justifica el problema de la escisión. El pensamiento conceptual la resuelve porque debe resolverla conforme a su procedencia infinita y debe mantenerse en ese movimiento problemático infinitamente.

La tarea de la Fenomenología del Espíritu de Hegel es fundamentar la ciencia. Lo que está en juego, en efecto, es el sujeto de ciencia como sujeto absoluto, no el hombre, el ser humano o la humanidad en general. Por lo tanto, esta obra de Hegel muestra un problema metafísico -la escisión que posibilita el movimiento en el pensamiento- para resolverlo en el conocimiento y asegurar una epistemología. Con este problema, es fácil notar que la ciencia ya ha asumido un problema metafísico y se mantiene en él, puesto que no puede renunciar a su procedencia. Todo objeto de la ciencia es infinito. Las ciencias no pueden agotar su objeto de estudio porque sus objetos contienen la infinitud. No pueden agotarlo porque lo real insiste siempre

Septiembre, 2020.



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