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Introducción

Dra. Lourdes Farias y Dra. Soledad Veiga

¿Y para que intervenciones sociales en tiempos de penurias?

Esta pregunta surge a partir de la elegía de Hördelin en “Pan y vino” acerca de la necesidad de los poetas en la penuria de la noche. Entendemos que estos tiempos nuestros también ameritan esta pregunta para los profesionales que intervienen en lo social.

Es una inquietud que nos interpela y nos conduce a pensar y debatir en torno a los principales desafíos que se nos presentan a los profesionales en la actualidad, en un contexto de recorte y ajuste del Estado.

 El ejercicio profesional de los autores de este número se desarrolla en distintas organizaciones, sean del Estado o de la Sociedad Civil, en donde cotidianamente la realidad nos reclama saberes y conocimientos pero que las urgencias de la tarea y los impactos subjetivos de estar en contacto con la necesidad y el sufrimiento de los sujetos nos impiden elaborar y profundizar. Los rápidos y constantes cambios que se suceden en los procesos sociales, la agudización de problemáticas instaladas en la sociedad y la emergencia de nuevas situaciones que requieren de nuestra tarea, hacen necesario que pensemos nuestra intervención profesional, con el fin de poder responder sólidamente ante las demandas cotidianas.

Dice Heideger “Cuanto más se acerca la noche del mundo a la medianoche, tanto más exclusivamente reina la penuria… Entonces, aún es más serio eso de que cada uno llega lo más lejos posible mientras vaya hasta donde puede por el camino que le ha sido asignado” por lo tanto se hace necesario y urgente discutir las implicancias de la cuestión social en la actual coyuntura, haciendo especial hincapié en las manifestaciones de la vida cotidiana. “El tiempo es de penuria porque le falta el desocultamiento de la esencia del dolor, la muerte y el amor” en ese camino andamos…

Por lo tanto esta revista, viene del desconcierto.

En esta revista, estamos discutiendo el dolor, buscamos develar y mostrar las tensiones más dolorosas en las que se encuentran las intervenciones sociales.

Particularmente aquí, nos centraremos en la importancia y necesidad impostergable de discutir y repensar  las intervenciones de los profesionales de las disciplinas que intervienen en contextos sociales complejos, opacos, de opresión y represión, habida cuenta las serias dificultades encontradas cotidianamente para dar respuesta a las demandas, no solo por la escasez de políticas públicas efectivas, sino además, por la falta de referentes teóricos solventes y aggiornados a la realidad social actual.

En esta revista, venimos a decir que consideramos que es imprescindible no renunciar a dar la batalla por la razón científica, debido a que entendemos la importancia de la ciencia moderna para la resolución de conflictos en todos los órdenes, como así también valoramos su capacidad de mejoramiento de las condiciones de vida de las personas, pero a la vez también sabemos que el poder científico, ha sabido erigirse como mecanismo de control de los unos sobre los otros, desempeñando un papel crucial en la estructura de dominación y control que rige en nuestras sociedades y que en nombre de la ciencia, ha atentado contra los derechos humanos en más de una ocasión.

A partir de los diferentes artículos, buscamos poner en tensión y discusión, la intervención social de los agentes de diferentes disciplinas que intervienen en lo social en el marco de cierta lógica que los estados neoliberales presentan respecto de las políticas públicas basada en que, al mismo tiempo que se recortan y achican recursos en la inversión social, se intensifican las respuestas punitivas, represivas y de control  como estrategias de gestión de la pobreza que a su vez aumenta exponencialmente como consecuencia de la expansión neoliberal.

Scribano (2012) sostiene que la dominación del capital basa su eficacia en la estructuración sistemática de tres grandes componentes: a) la configuración de una maquinaria de depredación de los bienes comunes a escala planetaria; b) la producción y administración local de dispositivos de regulación de las emociones y los mecanismos de soportabilidad social y c) la superproducción y ramificación de un gran aparato militar represivo. En esos intersticios, los profesionales que intervenimos en lo social, tenemos que movernos, ajustados, restringidos y acotados, esperando encontrar niveles mínimos de acierto en nuestras intervenciones.

En estos textos discutimos esas condiciones, o en todo caso invitamos a repensarlas conscientemente  para poder discutirlas y en el mejor de los escenarios, poder diseñar nuevas intervenciones que se ajusten a los tiempos duros en que nos toca intervenir.

Consideramos que en el marco de las actuales características de las estrategias  de control de la miseria en los países periféricos como Argentina, combatir la pobreza, significa en la mayoría de los casos dar vía libre a las fuerzas represivas para una persecución cada vez más agresiva a los considerados criminales -generalmente pequeños delincuentes comunes-  en su mayoría sujetos pobres, considerados residuos humanos (Wacquant, 2007) que deben ser eliminados debido a que sobran y no son necesarios para la reproducción ampliada del capital. Para Motta (2005), cada vez más, los pobres son visualizados como criminales que en vez de tener derecho al acceso a las políticas públicas, merecen odio y condena de la sociedad, lo que origina intervenciones sociales por parte del estado que van en esa línea.

De esa manera, una gran masa de trabajadores desocupados, cobra el estatus de inservible y en la lógica del sistema jurídico y penal liberal más conservador se considera, desde esa misma perspectiva, que dicha masa de trabajadores sin trabajo, está conformada por delincuentes que deben ser intervenidos represivamente con toda la parafernalia estatal. Es la lógica imperante del neoliberalismo de guerra.

El capitalismo tiene una lógica destructiva para los sectores más pobres y empobrecidos de las sociedades que compromete seriamente su presente y futuro. Harvey (2005), al caracterizar el capitalismo contemporáneo, muestra como el capital, en su búsqueda desenfrenada por generar valor desde su tradicional forma de reproducción expandida vía la explotación de la fuerza de trabajo, agrega procesos de acumulación por desposesión y expropiación. En este sentido, abre de forma violenta nuevos mercados, buscando una colocación lucrativa del capital excedente, controlando militarmente y desbastando territorios y países ricos en recursos naturales, contaminando el medio ambiente, avanzando sobre los activos públicos estatales, cancelando los derechos de los trabajadores, promoviendo golpes de Estado en los gobiernos contrarios a sus intereses y llegando a condenar a la pobreza más extrema y a comprometer la sobrevivencia de la vida sobre estos territorios porque las fuerzas represivas de los Estados, caen con todas sus fuerzas sobre las comunidades devastadas, en una clara estrategia de arrasamiento.

En ese sentido, puede decirse que la política pública más directa y focalizada destinada al combate y erradicación de la pobreza, es la punitivo-represiva, y consecuentemente la criminalización de los pobres y su estigmatización como responsables de sus propios problemas de marginalidad y exclusión de los sujetos individuales, sociales y colectivos.

Este marco, ha reconfigurado las políticas sociales, dando algunos giros que van del reconocimiento de los derechos hacia su erradicación, negación e incluso revulneración de los derechos conquistados por algunos sectores sociales.

Lo antes dicho, nos convoca a analizar cierta lógica de las políticas públicas del Estado en el marco de los modelos de desarrollo de los diferentes momentos y procesos sociohistóricos.

Es por ello que nos resulta indispensable repensar y rediscutir las intervenciones sociales. Cuestionar su génesis y su estructura para aggiornarlas a la coyuntura que hemos descripto.



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