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2 La “guerra a las drogas”

Dispositivos institucionales y las tensiones en el actual contexto. Algunos hallazgos para repensar las pr谩cticas sociales

Mg. Juan Ignacio Lozano

Introducci贸n

En 1994, John Ehrlichman, quien fue uno de los conspiradores en el Watergate, funcionario de Richard Nixon, accedi贸 a una entrevista en el que reconoci贸 que en la campa帽a聽 presidencial de 1972 ten铆an dos enemigos claros: la izquierda y colectivos contra la guerra de Vietnam y la poblaci贸n negra. Como no pod铆an hacer algo ilegal contra estos colectivos optaron por asociar a los hippies con la marihuana y a la poblaci贸n negra con la hero铆na. Ya en el gobierno establecieron la criminalizaci贸n del consumo, arrestando l铆deres y logrando desmovilizar ambos colectivos.

驴Que si sab铆amos que est谩bamos mintiendo sobre las drogas? Por supuesto. La invenci贸n de Nixon sobre la Guerra a las Drogas como herramienta pol铆tica fue c铆nica, pero cada presidente desde entonces, sea republicano o dem贸crata, ha hecho un uso similar por una u otra raz贸n. John Ehrlichman, 1994 (traducci贸n propia).

Nos interesa en este art铆culo identificar las pr谩cticas asistenciales referidas a la problem谩tica del consumo de drogas con diferentes vertientes ideol贸gicas y conceptuales que van a derivar en la construcci贸n de los modelos institucionales de estrecha relaci贸n con los distintos encuadres conceptuales vinculados a la 鈥済uerra a las drogas鈥. Tambi茅n apuntar algunos puntos de fuga en los cuales poder pensar otras intervenciones sociales posibles.

Algunas precisiones sobre consumo problem谩tico de drogas

La concepci贸n aceptada 煤ltimamente, y a la cual me interesa acompa帽ar, refiere a una idea de 鈥渃onsumo problem谩tico鈥 (Carballeda, Alfredo 2002, 2004, 2005; De Olmo, Rosa 1996; Touz茅, Graciela, 1992, 2005, 2010) promoviendo as铆 la percepci贸n de un consumo que no lo es. Esta distinci贸n no es menor, sino que repercute en pol铆ticas, en legislaciones, en protocolos de intervenci贸n, frente a la visi贸n estereotipada centrada en las sustancias y en los sujetos 煤nicamente como adictos que ponen en riesgo a la sociedad.

Interiorizarnos en el tema del consumo, del uso y el abuso de drogas es complejo ya que surgen multiplicidad de factores, perspectivas, elementos, desde diferentes representaciones sociales, pr谩cticas individuales y colectivas, sujetos, sustancias, contextos socio-econ贸micos, pol铆ticos, culturales e ideol贸gicos, en los que dicho uso de drogas se lleva a cabo. La premisa es partir de una perspectiva relacional, donde 鈥渓a droga o sustancia鈥 existe con el modo de vida en que se inscribe, defini茅ndose por un sistema social con rituales alrededor del consumo (Castel y Coppel, 1994).

Por聽 otra聽 parte,聽 si聽 algunas聽 personas聽 consumen聽 drogas聽 al聽 punto聽 de聽 que聽 no聽 pueden manejar sus vidas, hay que interrogarse no sobre las sustancias sino sobre las motivaciones que tienen esas personas para consumirlas de ese modo. As铆, en el an谩lisis del problema hay que contemplar los motivos de consumo de drogas que pueden conducir a las personas a tal conducta y los factores ambientales que tambi茅n pueden constituir聽 una聽 parte聽 importante聽 de聽 estos motivos (Kornblit, Camarotti, Di Leo, 2010).

Hist贸ricamente se concibe a los consumidores o usuarios a partir de dos l贸gicas hegem贸nicas: la mentada 鈥渃ura鈥, que desde una l贸gica sanitarista lo asume como una enfermedad,聽 y la que busca el 鈥渃ontrol鈥,聽 desde una l贸gica punitiva. Ambas refieren a la identificaci贸n de una conducta desviada, con una聽 falta de aceptaci贸n de las聽 normas聽 sociales.聽

Sobre esto 煤ltimo Becker (2009) establece que el car谩cter desviado de una pr谩ctica no depende de sus atributos intr铆nsecos, sino de una operaci贸n de definici贸n hist贸rico-social, cultural y por consiguiente, arbitraria y contingente. La consideraci贸n acerca de lo desviado o no tendr谩 estricta relaci贸n con la reacci贸n social a partir del 鈥渆tiquetamiento鈥. Lo que enuncia una creaci贸n socio-cultural, cuyas normas incumplidas ser谩n consideradas como desviaci贸n.[1]

Al iniciar la lectura desde una perspectiva hist贸rica, en lo que respecta al consumo de ciertas drogas, la consideraci贸n sobre una pr谩ctica 鈥渄esviada鈥 o 鈥渓eg铆tima鈥 obedece a construcciones sociales que sostienen o reprimen dichas pol铆ticas, con efectos legales en la actualidad.

Definici贸n del concepto de drogas

La denominaci贸n de drogas m谩s consensuada sostiene que son sustancias que al incorporarse al organismo humano tienen la capacidad para modificar funciones, promoviendo efectos, consecuencias y funciones. Roman铆 (1999, 2008) propone un interesante enfoque de las modificaciones y efectos buscados por el consumo de drogas. Para el autor, debe tenerse en cuenta el producto de las definiciones sociales, culturales, econ贸micas y pol铆ticas que las diferentes formaciones -grupos, colectivos e individuos- elaboran, negocian y/o disputan en el marco hist贸rico en el que se sit煤an sus pr谩cticas. Es decir, no debe disociarse sustancia qu铆mica consumida del sujeto que la consume, del contexto y vida cotidiana en que lo hace. Los sujetos, en su vida cotidiana, consumen y le dan sentido al hacerlo, reconociendo una utilidad social, expectativas culturales y condiciones sociales

en que se hace, las formas de obtener el producto, las dosificaciones que cada cual consume, las t茅cnicas de uso y la calidad del producto obtenido, adem谩s de las circunstancias concretas en las que se hace y otros aspectos menos relevantes. Todo esto modifica sustancialmente los propios efectos de las drogas, tanto subjetivos como objetivos, en lo inmediato y en el mediano o largo plazo. Los usos de drogas, como fen贸meno universal que son, se hallan imbricados muchas veces en la auto atenci贸n, un aspecto central dentro de los procesos de salud/enfermedad/atenci贸n (Roman铆, O., 2008:302).

La emergencia del consumo de drogas como formas de experimentaci贸n fue simult谩neo a la aparici贸n de fuertes movimientos contraculturales, a partir de la d茅cada de los sesenta, consolid谩ndose un mercado de producci贸n, circulaci贸n y consumo que subsumi贸 a las sustancias psicoactivas dentro de la l贸gica de la mercanc铆a en general. La masificaci贸n promovi贸 el paso de un consumo buscando 鈥渆stilos de vida alternativos鈥 a un mero consumo regido por reglas de mercado.

Roman铆 (1999) sostiene que en sociedades urbano-industriales contempor谩neas la serie de cambios sociales, culturales, tecnol贸gicos, propiciaron la emergencia de un consumo聽 m谩s o menos compulsivo de una o m谩s drogas por parte de un individuo, como tambi茅n la organizaci贸n del conjunto de su vida cotidiana en torno al consumo.聽聽

En 1964, la droga dependencia fue definida por la Organizaci贸n Mundial de la Salud (OMS) como


… el estado ps铆quico, y a veces f铆sico, resultante de la interacci贸n de un organismo vivo y una droga, caracterizado por un conjunto de respuestas comportamentales que incluyen la compulsi贸n a consumir la sustancia de forma continuada con el fin de experimentar sus efectos ps铆quicos o, en ocasiones, de evitar la sensaci贸n desagradable que su falta ocasiona. Los fen贸menos de tolerancia pueden estar o no presentes. Un individuo puede ser dependiente de m谩s de una droga. (OMS, Serie Informe T茅cnico, 1964, 273).

Es importante recordar que el informe de la OMS realiz贸 importantes definiciones sobre la droga, adem谩s de sugerir una serie de clasificaciones que a continuaci贸n desarrollaremos.

En cuanto a la definici贸n, la droga es una 鈥渟ustancia que, introducida en un organismo vivo, modifica una o varias de sus funciones鈥. Esta definici贸n puede ser aplicada tanto a las sustancias 鈥渓铆citas鈥 como a las 鈥渋l铆citas鈥, seg煤n la clasificaci贸n del discurso jur铆dico. Una clasificaci贸n por dem谩s cuestionable o que en todo caso es interesante desarrollar, ante la imposibilidad de establecer pol铆ticas globales de despenalizaci贸n del consumo, cuando estad铆sticamente hay m谩s defunciones por drogas legales que ilegales.[2]

Entre las consideradas de uso ilegal est谩n la coca铆na, marihuana, crack, 茅xtasis, pasta base. Mientras que como institucionalizadas o de uso legal principalmente el alcohol, el tabaco y los psicof谩rmacos. Los psicof谩rmacos pueden distinguirse entre las drogas permitidas pero de circulaci贸n聽 regulada,聽 o sea que聽 est谩n聽 en聽 el聽 mercado聽 con聽 fines聽 terap茅uticos, como los medicamentos y psicotr贸picos. Luego est谩n las permitidas y socialmente estimuladas desde los medios masivos de comunicaci贸n, como el alcohol y el tabaco.

Con respecto a las聽 sustancias聽 il铆citas聽 o prohibidas, las prohibiciones se dan en el nivel jur铆dico-normativo, no tienen necesariamente relaci贸n con su nivel de perjuicio o peligrosidad. Y para eso, la OMS ha construido una clasificaci贸n cuestionable pero muy utilizada, bas谩ndose en la concepci贸n de drogas 鈥渂landas鈥 que no tendr铆an mayor peligrosidad y drogas 鈥渄uras鈥, por ejemplo, la coca铆na, la hero铆na y la pasta base.

A estas clasificaciones de la OMS se le suma otra que vincula sustancia con nivel de desarrollo social y econ贸mico de pa铆s, -entre pa铆ses y al interior de las clases sociales-, vinculando por ejemplo el consumo de alcohol a las clases sociales m谩s pobres. Mientras que el consumo recreativo y de 鈥渞esistencia鈥 durante los a帽os sesenta, propio de los pa铆ses industrializados, puede ser pensado como respuesta contestataria frente a un mundo del que hab铆a que huir por estar 鈥渄emasiado lleno鈥 de cosas y no por sus carencias.[3]

En funci贸n聽 de su peligrosidad, la OMS clasific贸聽 las drogas en cuatro聽 grupos, siendo las m谩s peligrosas las que crean dependencia f铆sica con mayor rapidez, mayor toxicidad y las聽 menos peligrosas aqu茅llas que crean 煤nicamente dependencia psicol贸gica. Los cuatro grupos, ordenados de mayor a menor peligrosidad, son: el primer grupo, los denominados opi谩ceos, es decir opio, hero铆na, morfina. En un segundo grupo, barbit煤ricos (depresores) y alcohol, el tercer grupo coca铆na y anfetaminas y en el 煤ltimo grupo, 谩cido lis茅rgico, cannabis, marihuana, hach铆s.

Por 煤ltimo, la frecuencia de uso de drogas tambi茅n motiva otras clasificaciones, aunque distan bastante y poco aportan: pero refieren a un consumidor experimental -que consumi贸 y no ha vuelto a hacerlo-, consumidor ocasional -algunas veces al mes-, consumidor habitual -que lo hace semanalmente- y consumidor intensivo -que lo hace diariamente-.

Consumo problem谩tico de drogas

En este trabajo nos interesa complejizar a partir de una concepci贸n m谩s productiva, como situar, en t茅rminos anal铆ticos, el consumo de drogas cuanto se convierte en un problema. Una manera de evitar las clasificaciones estandarizadas.[4]

A priori, podr铆a definirse que lo problem谩tico en un consumo surge con la periodicidad, al convertirse en un consumidor ocasional, habitual o intensivo. Sin embargo, los intentos clasificatorios no necesariamente dan cuenta de pr谩cticas y sentidos. Un consumo experimental puede convertirse en problem谩tico seg煤n las sustancias. Porque justamente el hecho reside en la imposibilidad o dificultad por parte de un sujeto de tener control, en su campo de decisi贸n y obviamente en recurrir a pr谩cticas riesgosas.

Touz茅 (2010) y El Abrojo (2001) establecen que m谩s all谩 de las posibles formas聽 de consumir y vincularse con drogas, se constituye un uso problem谩tico cuando una persona, ya sea de forma ocasional o cr贸nica, ve afectada su salud f铆sica o mental, sus relaciones sociales primarias -familia, pareja, amigos-sus relaciones sociales secundarias -trabajo, estudio- y sus relaciones con la ley.

Este desplazamiento de la droga o sustancia a un contexto y a un sujeto permite tener una perspectiva relacional que impacta de manera distintiva a la hora de constituir un problema de pol铆tica p煤blica. Los聽 tres聽 elementos que forman parte del consumo y que son imprescindibles refieren a las sustancias, los individuos y el contexto.

El uso de drogas puede tener prop贸sitos muy variados, desde la medicina tradicional vinculados a aliviar dolencias, a momentos de relax y descanso. Es decir que nos encontramos ante un universo complejo de drogas, desde los contextos hasta la construcci贸n consensual que producen y estimulan ciertos consumos de drogas. Respectos de aquellas drogas que no tienen este consenso social, su consumo tambi茅n puede ser espor谩dico y casual, no necesariamente abusivo y problem谩tico. El mentado abuso refiere en cambio a un consumo con periodizaci贸n y en dosis importantes. Los bebedores en manera excesiva durante los fines de semana es un ejemplo de esta situaci贸n.

Si cuesta evidenciar y diferenciar entre uso, abuso y dependencia, resulta m谩s c贸modo asociar el consumo con una pulsi贸n de muerte y no por ejemplo a la experimentaci贸n,聽 el placer y a la subjetividad. Al connotar la droga negativamente por fuera del sujeto y del contexto, se refuerza la abstinencia y la represi贸n como m茅todos de intervenci贸n.

La adicci贸n[5] se da cuando las personas perciben que no pueden prescindir de una sustancia o de una actividad, consumida de forma continuada en el tiempo. Com煤nmente se refiere como adicci贸n a las actividades no s贸lo vinculadas a sustancias porque el mismo patr贸n de conducta que se establece en relaci贸n con las drogas puede establecerse con actividades como por ejemplo mirar televisi贸n, interactuar con la computadora o jugar compulsivamente. Se habla entonces de dependencia f铆sica y/o psicol贸gica en el caso del consumo de sustancias y psicol贸gica en el caso de actividades y de un s铆ndrome de abstinencia cuando se prescinde del consumo.[6]

La dependencia de drogas tiene relaci贸n con un determinado estilo de vida, y no s贸lo con un tipo y efecto farmacol贸gico de una sustancia sobre el individuo. Lo farmacol贸gico tiene un papel importante, pero no se lo puede considerar como el factor 煤nico de la dependencia. Roman铆 (1999) sostiene que la adicci贸n o toxicoman铆a es un estado complejo de ciertas personas usuarias de drogas y en el que influyen las propiedades farmacol贸gicas de las sustancias usadas, los aspectos gen茅ticos, el entorno social, los rasgos psicol贸gicos y las experiencias personales.

Respuestas institucionales al consumo problem谩tico de drogas

Los modelos te贸ricos y metodol贸gicos para abordar el denominado 鈥渃onsumo problem谩tico鈥, aluden a perspectivas 茅tico-jur铆dicas, m茅dico-sanitarias y psicosocial (Carballeda, 1991). Las mismas expresan hegem贸nicamente pr谩cticas tradicionales que en t茅rminos concretos se traducen en el abstencionismo como respuesta de abordaje. Los tratamientos desarrollados a tal fin plantean entonces una concepci贸n reeducativa y efectista.

Existe un importante protagonismo de las sustancias, las cuales ocupan un lugar m谩s que relevante en el tratamiento. Si nos referimos a las formas de tratamiento m谩s cercanas al modelo m茅dico-sanitario, la sustancia -droga- es reemplazada por otra que sustituye a aquella que es considerada nociva, por otra juzgada menos nociva, produci茅ndose de esta forma un interesante juego en el que lo 煤nico importante que cambia desde la perspectiva del paciente es la legalidad de una u otra sustancia. De la misma forma se interviene, en los tratamientos que se llevan a cabo en los programas denominados ahora en la Argentina 鈥淐omunidades Terap茅uticas”.[7]

La pol铆tica prohibicionista y los tratamientos abstencionistas derivan entonces en que lo problem谩tico de ciertos consumos no son las consecuencias sobre la vida cotidiana de las personas, sus expectativas, sino evitar la ilegalidad. Se intenta por ejemplo cambiar una conducta indeseada, vinculada a la ilegalidad, por otra m谩s cercana a lo legal y a lo planteado por el discurso vigente. En ambos casos, poco ocurre con la situaci贸n estructural y profunda del paciente, ya que solo pudo modificarse su esfera externa e inmediata. Por estas razones, es posible que tanto los tratamientos de sustituci贸n como los de reeducaci贸n generen en los pacientes una especie de 鈥渘ueva dependencia鈥, ahora legal y aceptada por la normativa social.

En el caso de los tratamientos reeducativos dicha dependencia se traduce en la casi permanente relaci贸n de aquellos que son dados de alta con las instituciones tratantes o con la incorporaci贸n de ex adictos -en su condici贸n de tales- al equipo de 茅stas.

Una importante cantidad de instituciones suelen ser de iniciativa religiosa, las que con frecuencia utilizan un discurso preventivo que se asimila a un car谩cter testimonial. Por ello el “testimonio” suele ser un protagonista no solo preventivo sino tambi茅n en instancias de un tratamiento. A tal efecto, los modelos institucionales que coinciden con el encuadre 茅tico-jur铆dico plantean una serie de t茅cnicas y formas de llevar adelante el tratamiento.

Diferente es el encuadre profesional que plantea y se vincula mayoritariamente con聽 pr谩cticas psicol贸gicas y sociales y tienden a operar justamente en ese punto, pasando la sustancia -droga- a un segundo plano. Aqu铆 el sujeto es paciente y tiene vinculaci贸n con el sistema de salud, los diferentes servicios de salud mental y atenci贸n primaria de la salud, ya que no se privilegia por ejemplo el tratamiento de tipo reclusivo o de internaci贸n, reduci茅ndose a una menor complejidad en las prestaciones que se brindan.

Carballeda (1991) establec铆a que estas experiencias pueden ser clasificadas en aquellas que ponen el acento en la sustancia -droga-; los que entienden que la farmacodependencia es una expresi贸n sintom谩tica de una problem谩tica de base m谩s profunda, que organiza una recuperaci贸n en etapas, fuertemente con una estrategia grupal y de 鈥渁utoayuda鈥.

Las etapas suelen referir a un primer momento de recibimiento o admisi贸n, en el que le suministran informaci贸n y pautas a cumplir; luego a una integraci贸n la con la comunidad que vive en el lugar para finalmente pasar a una etapa de construcci贸n de una reinserci贸n social.

Esta forma de abordaje es claramente pensado como un modelo reeducativo, al no pensarse el 鈥渁fuera鈥 los procesos de reca铆das -esto es, volver a consumir- son m谩s generalizados. Podemos observar tambi茅n los rasgos ahist贸rico y asocial ya que no deja de ser un aislamiento al paciente del 鈥渞iesgo鈥 que es la oferta de drogas en el ambiente social, por eso el abordaje se plantea, m谩s all谩 de la utilizaci贸n de t茅cnicas grupales, como un proceso altamente individualizado. Plantea una relaci贸n unicausal en la que las drogas socialmente no aceptadas tienen un rol predominante.

Diferente es la estrategia de aquellas instituciones que consideran el consumo problem谩tico a partir del fen贸meno adictivo, reponiendo las dimensiones sociales, hist贸ricas y econ贸micas del contexto, sin dejar de lado los aspectos individuales. El paciente es atendido tomando en consideraci贸n su vinculaci贸n con el contexto, de ah铆 que esta forma de asistencia ponga el acento especialmente en los tratamientos de tipo ambulatorio y en la aplicaci贸n de t茅cnicas grupales.

Estos modelos institucionales ponen en un segundo plano la “oferta de drogas” como causa fundamental del fen贸meno adictivo, pasando tambi茅n a un segundo plano el eje reeducativo o moralizante de los tratamientos sintom谩ticos.

Las Comunidades terap茅uticas

Las comunidades terap茅uticas podemos pensarla como una herramienta institucional para la resoluci贸n de consumo problem谩tico que puede contar con distintos grados de participaci贸n activa de los pacientes, los miembros que componen la comunidad, sus familias. Los cambios esperados tambi茅n son relativos seg煤n la instituci贸n, que van desde el abstencionismo a generar cambios m谩s profundos.

Bacelar (2007) identifica que en la actualidad coexisten diferentes tipos de Comunidades Terap茅uticas que brindan distintos servicios. Si bien poseen puntos de identificaci贸n com煤n, que hacen que 茅sta se presente como la estructura acorde聽 por excelencia al tratamiento de consumos problem谩ticos de drogas.

Tipo de Comunidades Terap茅uticas

Conformaci贸n

Tipo de Tratamientos

Conducci贸n de las mismas no son profesionales

Comunidades religiosas o pacientes egresados de este tipo de tratamiento.

Tratamientos basados en la propia experiencia sin el abordaje profesional. Testimonio

Conducci贸n de las mismas son profesionales

Profesionales Equipos interdisciplinarios profesionales (m茅dicos, psic贸logos, trabajadores sociales, abogados, operadores Socio terap茅utico.)

Ofrecen un abordaje acorde a la complejidad que la patolog铆a adictiva聽 demanda.

Mixtas

Ex pacientes y profesionales

Tratamientos psicoterap茅uticos con la intervenci贸n de los Operadores que han sido ex pacientes.

Fuente: Bacelar, Daniel (2007) 鈥淐omunidad terap茅utica, desaf铆os actuales鈥 en 鈥淥perador Comunitario. Introducci贸n a la problem谩tica de las adicciones鈥. Documento interno Sada.

En las comunidades terap茅uticas, el equipo es el que eval煤a el estado del paciente, supervisa y coordina los grupos de pacientes, asigna actividades, revisa las actividades de la casa, organiza proyectos sociales y recreativos, etc.

Los pacientes tienen roles diferentes, con mayor grado de involucramiento y relevancia seg煤n el progreso individual y grupal, un rol activo del proceso terap茅utico.

Historia del Cenareso, la primera instituci贸n estatal referida a la tem谩tica

En el a帽o 1973, se crea el Centro Nacional de Reeducaci贸n Social (CENARESO), un hospital monovalente, 煤nicamente dedicado al tratamiento de las adicciones, y suele ser considerado, en la bibliograf铆a consultada, un caso relevante para estudiar los fen贸menos mediante los cuales diferentes conceptualizaciones te贸ricas de un problema social que se plasman en dispositivos institucionales y c贸mo estos, a su vez, pueden modificar o no aquellas conceptualizaciones.

Levin[8] (2014) y Manzano (2014) destacan que fue la primera instituci贸n del Estado dedicada exclusivamente al tratamiento de los adictos, producto por un lado del contexto internacional, la presi贸n de la Organizaci贸n de las Naciones Unidas de que los Estados Parte deb铆an establecer centros asistenciales y de investigaci贸n en materia de tratamientos para las adicciones y por el otro de una demanda creciente de consumos problem谩ticos en los hospitales p煤blicos.

En los sesenta los consumos problem谩ticos y sus dispositivos estaban bajo la 贸rbita de hospitales psiqui谩tricos, c谩tedras de psiquiatr铆a y del Instituto Nacional de Salud Mental, creado en 1957.

El concepto de 鈥淪alud Mental鈥 en oposici贸n a la 鈥淗igiene Mental鈥 (Levin, 2014), junto a la consolidaci贸n del Instituto mencionado, la incorporaci贸n de las Comunidades Terap茅uticas,聽 entraron en colisi贸n con el poder psiqui谩trico que no quer铆a perder terreno.

Levin (2014) vincula que la VII Reuni贸n de Ministros de Salud P煤blica de los Pa铆ses de la Cuenca del Plata, en 1971 en la que deb铆an adaptarse a las modificaciones introducidas en la Convenci贸n de Sustancias Psicotr贸picas inclu铆a, adem谩s de mayor fiscalizaci贸n a los psicotr贸picos, la necesidad de atenci贸n m茅dica de los usuarios de sustancias psicotr贸picas. Justamente el representante argentino -Dr. Caglioti-, interventor del Hospital Est茅vez es designado con la tarea de 鈥渄ise帽ar鈥 una instituci贸n asistencial para toxic贸manos.

Cagliotti viaja a diferentes pa铆ses, sobre todo a Estados Unidos, contempor谩neos en la creaci贸n de estas instituciones y de las primeras pol铆ticas org谩nicas en los Estados Unidos que buscaban tratar a los adictos, adhiriendo a los postulados internacionales (Richard Davenport-Hines, 2003).

El Cenareso es creado de manera descentralizada del Ministerio de Bienestar Social de la Naci贸n. Cagliotti fue director del CENARESO entre 1973 y 1987, al mismo tiempo que se desempe帽aba, durante la mayor parte de este per铆odo, como secretario ejecutivo de la CONATON (Comisi贸n Nacional de Toxicoman铆as y Narc贸ticos) y secretario ejecutivo del ASEP (Acuerdo Sudamericano sobre Estupefacientes y Psicotr贸picos). Adem谩s tuvo activa participaci贸n en la vigente Ley 23.737, la que como mencionaremos es prohibicionista, punitivista y sancionada en los primeros a帽os de menemismo.

El Cenareso se instal贸 en la sede del ex Hospital de Tisiolog铆a Dr. A. Cetr谩ngolo, cuyas instalaciones fueron modificadas y acondicionadas para cumplir con su nueva funci贸n.

Con una planta f铆sica de 30.000 metros cuadrados, y una planta permanente inicial de cerca de 300 profesionales fue el centro m谩s relevante en los tratamientos de rehabilitaci贸n a personas con consumo problem谩tico de drogas de Am茅rica Latina, ofreciendo asistencia gratuita, adem谩s de planificar tareas de prevenci贸n y capacitaci贸n.

Valeria Manzano (2014) refiere que el Cenareso fue una de las instituciones primeras que el Estado promovi贸 como un 鈥減adre sustituto鈥 para los j贸venes identificados como toxic贸manos. Ir贸nicamente, en la segunda mitad de la d茅cada de los setenta el equipo de psic贸logos del Cenareso hizo uso de una de las teor铆as m谩s cuestionadas desde las esferas oficiales como el psicoan谩lisis. Psic贸logos y trabajadores sociales, sistematizaban informaci贸n sobre antecedentes familiares de los pacientes usando un marco psicoanal铆tico deudor de nociones patriarcales. As铆, se construy贸 un an谩lisis probabil铆stico de consumo problem谩tico en familias en las que los adultos hac铆an uso de 鈥渄rogas legales鈥 como el alcohol, o en 鈥渇amilias mal integradas鈥, donde no hab铆a 鈥渁utoridad paterna鈥.

Por ello, el Cenareso y su fuerte sesgo explicativo en base a la instituci贸n familiar, llev贸 a que el discurso oficial sea erigirse como un 鈥減adre鈥 para los j贸venes que hab铆an asistido. A principios de los ochenta ya hab铆an atendido casi cinco mil j贸venes varones -la atenci贸n a mujeres seria a帽os despu茅s-, los que con un a帽o de tratamiento recib铆an el alta (Manzano, 2014).

En definitiva es interesante destacar que la primera instituci贸n en b煤squeda de una respuesta a un problema p煤blico estuvo influenciada desde su fundaci贸n por un contexto internacional.

Las primeras reacciones de principios de la d茅cada de los setenta fueron la creaci贸n de la CONATON (Comisi贸n Nacional de Toxicoman铆as y Narc贸ticos), los CEPRETOX (Centro de Prevenci贸n de las Toxicoman铆as) y, sobre todo, el Cenareso adem谩s de la aparici贸n de las primeras Comunidades Terap茅uticas.

La necesidad de problematizar el aislamiento 聽聽聽聽

Este breve apartado es en pos de identificar que entre las modalidades de tratamiento de las instituciones que hemos descrito es central la concepci贸n de la droga, y su interrelaci贸n con el contexto y el sujeto.

El s铆ntoma -consumo problem谩tico- puede ser considerado como indicador de enfermedad; como expresi贸n de un conflicto psicol贸gico y social o como denuncia de situaciones que deben ser transformadas. En s铆ntesis, de acuerdo con este enfoque muestra la revelaci贸n de algo que es preciso reconocer y abordar con el paciente y sus grupos referenciales (Carballeda, 1991).

Las conceptualizaciones y formas de abordaje que se aproximan a los modelos 煤ltimos, proponen que aquellas personas que atraviesan una situaci贸n compleja puedan tener un rol activo en la din谩mica de su tratamiento y por otro lado, pensar alternativas frente al contexto.

Otro elemento constitutivo son las instituciones presentes en los territorios, con importante presencia en tres niveles -primaria, asistencia y rehabilitaci贸n-. Es decir, transformar la l贸gica de la exclusi贸n y de la instrumentalizaci贸n de los consumos problem谩ticos. No solo pensar en los sujetos sino en sus familias y grupos de proximidad, irreemplazables en la construcci贸n de su sociabilidad, respetando las particularidades concretas de los grupos sociales y comunidades, promoviendo la integralidad, es decir, evitando la segmentaci贸n, muchas veces presente, de pol铆ticas p煤blicas en聽 las familias y los grupos sociales.

Por lo expuesto, salvo en momentos inici谩ticos, muchas veces considerados de necesaria desintoxicaci贸n, el 茅nfasis es la necesidad de trabajar en forma ambulatoria con los sujetos.

Una alternativa creciente han sido los denominados 鈥淗ospitales de d铆a鈥, esto es, la concurrencia diaria, o m谩s espor谩dica, durante parte del mismo, con actividades diversas.

La creciente complejidad de la problem谩tica adictiva hizo, a su vez, que los modelos institucionales que se manejan desde una perspectiva ambulatoria incorporen formas de abordaje con arreglo a las cuales el paciente desarrolla diferentes actividades en la instituci贸n bajo la modalidad de hospital de d铆a, circunstancia que sirve a la realizaci贸n de programas en los que se integra a la comunidad trav茅s del desarrollo de distintas actividades recreativas, de capacitaci贸n, publicaciones, etc. (Carballeda, 1991).

Claro que estas l铆neas ya est谩n presentes desde los mismos setentas, como lo atestiguan documentos por ejemplo del FAT, en 1977.

Evidentemente, al conceptualizarse la problem谩tica adictiva desde una perspectiva no sectorizada y con marcados condicionamientos de tipo social, la b煤squeda de las distintas instancias institucionales tender谩 a resolver o dar respuesta a la problem谩tica estructural. Esta modalidad de trabajo, al incorporar lo social, muestra una interesante perspectiva que pueden derivar en mayores niveles de eficiencia en los programas que se desarrollen.

La estrategia de atenci贸n primaria de salud, sumada a una articulaci贸n program谩tica y conceptual con el segundo nivel de atenci贸n, muestra la posibilidad de potenciar los recursos ya existentes al incorporar el abordaje del paciente farmacodependiente y su grupo familiar, increment谩ndose la capacidad de respuesta a la importante demanda que la problem谩tica del uso problem谩tico de drogas ha generado en los 煤ltimos a帽os.聽

En suma: el trabajo preventivo asistencial incorporado a los programas de atenci贸n primaria de salud se conforma como un camino posible y necesario para brindar respuestas operativas y concretas en este campo.

Sobre todo, para resistir los embates de la psiquiatrizaci贸n que r谩pidamente se interesa por espacios de reclusi贸n y encierro para lograr 茅xitos en tratamientos sobre todo de j贸venes de sectores populares.

La construcci贸n hegem贸nica del sistema represivo en torno a la tem谩tica

Como lo describimos anteriormente Nixon, en un mensaje televisivo, recurri贸 a un aluvi贸n de leyes punitorias encarceladoras y aumentadoras de penas, declarando la 鈥済uerra a la drogas鈥, o sea, no resolviendo los problemas estructurales de los distintos malestares que se estaban constituyendo en el pa铆s.

Instalado el tema de la droga al que acompa帽贸 una campa帽a medi谩tica, prontamente diluy贸 la posibilidad de problematizar otros, de instalar otras agendas p煤blicas, que hubieran apostado a la mejorar los 铆ndices de igualdad. Nixon descubri贸 r谩pidamente que el calificar a las drogas como 鈥渆nemigo p煤blico No. 1鈥 y encarcelar con este motivo a miles de personas le otorgaron beneficios secundarios.

Para 1980 se hab铆a cuadruplicado la poblaci贸n encarcelada y los nuevos presos eran dominantemente negros o latinos pobres. La tasa de encarcelamiento de EEUU es hoy la m谩s alta del mundo, supera al segundo pa铆s, Rusia, cuya pol铆tica con respecto a drogas es similarmente represiva, en un 20%; y es el doble de la del tercer pa铆s, Sud谩frica.

En EEUU se tuvieron que construir nuevas c谩rceles, la mayor铆a de ellas聽de gesti贸n privada. Se estima que EEUU gasta por a帽o en la 鈥済uerra contra las drogas鈥 por lo menos 50.000 millones de d贸lares, mientras que los pa铆ses donde se practican la despenalizaci贸n, la reducci贸n de da帽o y la contenci贸n ambulatoria de pacientes gastan mucho menos y hacen mucho menos da帽o al tejido social y a los propios sujetos con consumo problem谩ticos.

Nuestro contexto nacional ha tenido ambivalencias, pero lo cierto es que 鈥渓ucha contra la droga鈥 sigui贸 siendo una prioridad.

La Procuradur铆a de Narcocriminalidad del Ministerio Publico Fiscal, en su informe de 2016 sostiene que se propuso caracterizar las causas iniciadas por estupefacientes durante el a帽o anterior, 2015, demostrando que la gran incidencia de la persecuci贸n son los delitos menores.

Las causas por tenencia para consumo personal que ingresan al sistema de justicia, quedan asentadas en el sistema y luego no se avanza a partir del 鈥淔allo Arriola鈥[9],聽archiv谩ndose la mayor铆a de ellas.

No obstante esto, y a pesar de que la Corte Suprema ya ha se帽alado la inconstitucionalidad de este tipo penal (cuando no existe trascendencia a terceros), no puede dejar de se帽alarse el elevado volumen de causas iniciadas en las que s贸lo se investigan conductas de tenencia para consumo personal. El an谩lisis de esta circunstancia a la luz de la forma de inicio de la mayor铆a de las causas judiciales, evidencia que una parte importante de los recursos de las fuerzas de seguridad terminan estando destinados a la criminalizaci贸n de las personas consumidoras de este tipo de sustancias, manteniendo as铆 la inercial selectividad del sistema penal. Como se se帽al贸 en el m贸dulo correspondiente, al menos en la CABA, el 91% de estas causas se inician por la actividad prevencional de las fuerzas de seguridad (Procunar, Informe 2016).

Como acredita el informe y lo hemos citado anteriormente, las preocupaciones en todo caso debieran orientarse a la persecuci贸n respecto del tr谩fico de estupefacientes y la criminalidad organizada, dimensiones del crimen organizado y sus v铆nculos existentes con otras actividades delictivas, como el lavado de dinero, la corrupci贸n y el desv铆o de precursores qu铆micos.聽

A modo de cierre

Hemos hecho referencia en este art铆culo una presentaci贸n y sistematizaci贸n de los debates en torno a las drogas. La construcci贸n de un problema, refiere reci茅n a la 茅poca de posguerra y a un contexto internacional que encuentra en estos temas las posibilidades de introducir l贸gicas de control, militarizaci贸n, capitalismo (con el crecimiento de las drogas legales y elaboradas en laboratorios).聽

Nos interesa observar las instituciones que fueron cre谩ndose y explicar c贸mo llegamos a la actualidad a contar con esquemas diversos de atenci贸n, de impronta estatal, privado, o religioso.

Adem谩s de marcar un contexto y resultados a la vista de la denominada guerra a las drogas, con miles de muertes al a帽o, tema en el que no avanzamos por pertinencia tem谩tica, pero cuyos rasgos nos interesaron para dar cuenta aqu铆 de lo que ha sido el caso argentino.

Al respecto, Rafael Pardo (2010) presenta al menos nueve anomal铆as sobre el paradigma convencional que inspira el r茅gimen de prohibici贸n de drogas, en base a la experiencia no solo argentina sino latinoamericana.

La clasificaci贸n de drogas prohibidas tiene algunas psicoactivos y otras no. La prohibici贸n enfatiza las sustancias de origen natural pero descuida las de origen qu铆mico. Ignora y criminaliza usos tradicional es de ciertas sustancias como as铆 tambi茅n usos m茅dicos. Por otro lado racionalizar, desmantelar la producci贸n, encarcelar jefes narcos no hace m谩s que generar reemplazos. La militarizaci贸n s贸lo aument贸 los niveles de violencia. Los procesos de extradici贸n y negociaci贸n de pena tampoco funcionan Pardo (2010: 16).[10]

Cuando pensamos este tema en los sectores populares no podemos desestimar la dimensi贸n territorial, cuyo impacto se da en los v铆nculos e identidades, en los actores sociales y en que respuestas preventivas y asistenciales se pueden construir.

Justamente por la complejidad del problema que se percibe en el territorio en sus variadas dimensiones, es nuestro inter茅s aqu铆 ofrecer esta deconstrucci贸n para ordenar y repensar las pr谩cticas, las intervenciones profesionales en instituciones que naturalizan por si el consumo, la abstinencia y el aislamiento que impactan sobre derechos elementales de los sujetos.

El contexto nacional no escapa a las vicisitudes del contexto latinoamericano en cuanto a estrategias globales, con presupuestos alt铆simos sobre el llamado combate al narcotr谩fico y escasos recursos para asistencia y tratamientos con abordaje comunitario.聽

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  1. Publicada originalmente en 1963 y con ultima reedici贸n en espa帽ol en 2009, en 鈥淥utsiders: hacia una sociolog铆a de la desviaci贸n鈥, Howard Becker analiza la desviaci贸n sorteando los conocidos planteos acerca de la moralizaci贸n y falta de integraci贸n social para acercarse a los significados locales de manera etnogr谩fica, enfatizando las distorsiones que imponen las miradas “desde arriba”. Posteriormente intenta documentar similitudes de actividades generalmente tratadas como distintas (sus trabajos de campo refieren a consumidores de marihuana, m煤sicos de jazz y bailarines) apostando a identificar redes complejas de cooperaci贸n, grupos sociales que establecen reglas que definen situaciones y comportamientos 鈥渁propiados鈥. Quien no es capaz de vivir seg煤n las normas es considerado un outsider.
  2. Para el caso argentino, el Observatorio Argentino de Drogas, dependiente de la Sedronar, public贸 un informe sobre la mortalidad asociada al consumo de psicoactivos. Del mismo se desprende que analizando 鈥渓as muertes relacionadas al consumo de drogas seg煤n causa, sexo, edad y sustancias (鈥) Se observan dos patrones epidemiol贸gicos diferentes. Por un lado, las muertes atribuibles al consumo de drogas por enfermedades cr贸nicas (enfermedades cardiovasculares, c谩nceres, infecciosas, neuropsiqui谩tricas y otras enfermedades) que se concentran en grupos etarios mayores (m谩s de 50-55 a帽os), afectando principalmente a los varones. Por otro lado, las muertes por lesiones se concentran en edades m谩s j贸venes y, en el caso de las muertes por sobredosis, es en el 煤nico caso donde las muertes de mujeres superan en ciertos grupos etarios a las de varones. Estos patrones pueden observarse en parte en las diferentes tasas espec铆ficas de mortalidad relacionada al consumo de drogas seg煤n edad. Finalmente, otra caracter铆stica a resaltar es la variable influencia de cada sustancia seg煤n el tipo de causa de muerte. Es notorio el peso del consumo del tabaco en las muertes por enfermedades cardiovasculares, infecciosas y c谩nceres. Mientras que el consumo de alcohol se asocia m谩s frecuentemente con las muertes por enfermedades neuro-psiqui谩tricas, las enfermedades hep谩ticas -catalogadas en 鈥渙tras enfermedades鈥- y lesiones. Por 煤ltimo, si bien la cantidad absoluta y relativa de muertes por sobredosis deber铆a ser sometida a un an谩lisis m谩s profundo, cabe destacar la influencia del consumo de sustancias de uso indebido鈥 (Observatorio Argentino de Drogas (2014) 鈥淢ortalidad asociada al consumo de psicoactivos). Disponible en http://www.observatorio.gov.ar/media/k2/attachments/MortalidadZRelacionadaZalZConsumoZdeZDrogasZ-ZResultadosZArgentinaZ2011Z-ZAoZ2014.pdf
  3. Gonz谩lez Zorrilla, 1987; Carballeda, 1991; Del Olmo, 1981, 1986, dan cuenta de este proceso hist贸rico en relaci贸n a la historia del consumo en pa铆ses desarrollados y del tercer mundo.
  4. Los datos fiables y con capacidad de comparabilidad arrojan resultados que no alejan al pa铆s de la media internacional. La Encuesta Nacional de Prevalencia de Consumo de Sustancias Psicoactivas (ENPreCoSP) 2008, relev贸 51.000 hogares. Con una metodolog铆a utilizada, similar a la encuesta de hogares y a la de factores de riesgo, los datos obtenidos de la prevalencia del consumo de sustancias psicoactivas en la poblaci贸n de 16 a 65 a帽os son los siguientes: Tabaco 76,2%; Alcohol 52,6%; Marihuana 6,9%; Tranquilizantes 3,5%; Coca铆na 2,1%; Estimulantes 0,8%; Inhalables 0,6%; 脡xtasis 0,4%; Pasta Base 0,2%. El problema de la masificaci贸n del abuso de sustancias como problema social global es una configuraci贸n que se empieza a dar tres d茅cadas atr谩s con una extensi贸n del uso no farmac茅utico de psicof谩rmacos y psicotr贸picos. La irrupci贸n de la coca铆na a mediados de la d茅cada de 1980 persiste con otras sustancias y derivados de ellas de menor calidad (Comit茅 Cient铆fico Asesor en Materia de Control del Tr谩fico Il铆cito de Estupefacientes, Sustancias Psicotr贸picas y Criminalidad Compleja, 2009).
  5. La terminolog铆a 鈥淎dici贸n a las drogas鈥 refiere a un consumo repetido de una o varias sustancias psicoactivas, hasta el punto de que el consumidor (denominado adicto) se intoxica peri贸dicamente o de forma continua, muestra un deseo compulsivo de consumir la sustancia (o las sustancias) preferida, tiene una enorme dificultad para interrumpir voluntariamente o modificar el consumo de la sustancia y se muestra decidido a obtener sustancias psicoactivas por cualquier medio. La noci贸n de 鈥淐onsumo problem谩tico鈥 tambi茅n refiere a un patr贸n de consumo que provoca problemas, ya sean individuales o colectivos, de salud o sociales. Cuando empez贸 a usarse esta expresi贸n, denotaba que la intoxicaci贸n y/o consumo de sustancias se realizaba en respuesta a un problema en la vida. Este t茅rmino se viene utilizando desde mediados de la d茅cada de los 60 en un sentido m谩s general para evitar hacer referencia a los conceptos de alcoholismo o drogadicci贸n como enfermedad. Oliver D. Meza Canales, Dr. Edgar E. Guerra Blanco (2017) (鈥淧ol铆tica de drogas en las Am茅ricas: Redefiniendo el problema y el papel del Estado鈥 Centro de Investigaci贸n y Docencia Econ贸micas M茅xico, CDMX).
  6. Touz茅 (2010) expresa que un uso de drogas es problem谩tico para una persona cuando el mismo afecta negativamente en su salud f铆sica o mental; sus relaciones sociales primarias (familia, pareja, amigos); sus relaciones sociales secundarias (trabajo, estudio); sus relaciones con la ley.
  7. Para mayores referencias se sugiere leer el 煤ltimo libro de Emilio Ruchansky 鈥淯n mundo con drogas鈥, 2015, 1 掳 Edici贸n, Editorial Debate.
  8. Levin, Luciano (2014) El Centro Nacional De Reeducaci贸n Social. Una Historia De Las Modificaciones Terap茅uticas. Psiencia. Revista Latinoamericana De Ciencia Psicol贸gica 6(1) 27-39 Psiencia. Latin American Journal Of Psychological Science.
  9. Se conoce como fallo 鈥淎rriola鈥 la sentencia por la que la Corte Suprema declaro inconstitucional perseguir penalmente la tenencia de sustancias para consumo personal. Sin embargo, hay varias instancias judiciales y sobre todo jurisdicciones provinciales que desconocen la totalidad o parcialmente el mismo. El fallo exhort贸 鈥渁 todos los poderes p煤blicos a asegurar una pol铆tica de Estado contra el tr谩fico il铆cito de estupefacientes y a adoptar medidas de salud preventivas, con informaci贸n y educaci贸n disuasiva del consumo, enfocada sobre todo en los grupos m谩s vulnerables, especialmente los menores, a fin de dar adecuado cumplimiento con los tratados internacionales de derechos humanos suscriptos por el pa铆s鈥.
  10. En 鈥淭okatlian, J. G. (2010) 鈥淒rogas y prohibici贸n: una vieja guerra, un nuevo debate鈥. Libros del Zorzal, Bs As.


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