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8 Bibliotecas argentinas y cultura clásica en la Revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires (1879)

Una aproximación

María Paz Fourmantin[1]

Introducción

En este trabajo me propongo analizar el texto “Artículo publicado en La Gazeta de Buenos Aires relativo á la Biblioteca Pública, bajo el título «Educación»”, aparecido en el tomo I de la Revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires (1879), y presentado como la reproducción de un original publicado en La Gazeta de Buenos-Ayres (1810).

Por un lado, el análisis estará centrado en la identificación de la influencia de la cultura clásica en Argentina -ya que el texto abunda en menciones que denotan dicha influencia-; y por otro, en el doble anclaje histórico 1810-1879. En este último aspecto, se lo puede mirar a la luz de las políticas de la Primera Junta de Gobierno, y también indagar en los motivos de su reproducción en una revista publicada casi setenta años después.

Un artículo con mirada clásica

El artículo, publicado originalmente bajo el título “Educación”,[2] cumple la función de fundamentar la inminente fundación de la Biblioteca Pública de Buenos Aires (llamada en la actualidad Biblioteca Nacional Mariano Moreno). En sus argumentos se encuentran elementos de anclaje con la cultura clásica. En este apartado los iremos destacando.

En primer lugar, se menciona a las musas que “con el horror de los combates huyen á regiones mas tranquilas” (1879: 462). Se culpa al contexto de enfrentamiento por la ignorancia en la que están cayendo progresivamente jóvenes e instituciones y se propone realizar políticas culturales para contrarrestarlo, como es el deber de los magistrados.

Los miembros de la Junta se perciben como fundadores cuyo deber es “criarlo todo” en un contexto convulsionado y de cambios. Mirando hacia modelos civilizados europeos afirman “(…) hicieron mirar en todos tiempos las Bibliotecas Públicas, como uno de los signos de la ilustracion de los pueblos, y el medio mas seguro para su conservacion y fomento” (463). Esto sirve para avalar la decisión anunciada de la Junta de fundar la Biblioteca Pública de Buenos Aires y así favorecer a la población culta que hará grande a la patria, asemejándose a los modelos gloriosos a imitar.

El texto transmite una fe inquebrantable en el poder de las bibliotecas que por sí mismas ejercen una influencia positiva en quienes acudan a ellas. Ya sea a fuerza de costumbre, en quienes presentaran resistencia, o a fuerza de facilitar recursos para aumentar los conocimientos, en los amantes de las letras. Entonces es inevitable que con el tiempo “(…) produzca algun dia hombres, que sean el honor y gloria de su patria” (463).

Se hacen nuevas alusiones a la cultura clásica nombrando personalidades destacadas y bibliotecas que han pasado a la historia. Por ejemplo, “la numerosa Biblioteca de Ptolomeo Filadelfo [que contaba con] setecientos mil libros entre el edificio antiguo de Ptolomeo Soter, y la nueva coleccion del templo de Serapis” (463-464), que pasó a la historia a pesar de los incendios y su destrucción total.

La capital de un Imperio amerita un párrafo aparte ya que es digna de admiración por la grandeza alcanzada. Se vincula este esplendor con “Las treinta y siete [bibliotecas] que contaba Roma en los tiempos de mayor ilustración” (464).

Finalmente, se ancla el pasado con el presente y las culturas admiradas con la que se aspira a tener. Las bibliotecas, en este trabajo de copiar lo admirado, se ubican en un lugar de privilegio ya que “las que son hoy dia tan comunes en los pueblos cultos de Europa, son miradas como el mejor apoyo de las luces de nuestro siglo” (464).

Si estas bibliotecas aportaron a la grandeza de Roma o a la cultura de un pueblo conquistador antaño y en la “actualidad”, sirven entonces para justificar la importancia de apostar a una en Buenos Aires concluyendo que esta “crecerá en proporción del sucesivo engrandecimiento de este pueblo” (464).

Se cierra el artículo con un pedido de donaciones y la lista de patriotas que ocuparán cargos jerárquicos en la nueva biblioteca.

Análisis de las referencias clásicas

Las Musas

El artículo presenta unas musas “asustadas” que dejan a la deriva la institución de su cuidado, ya que “con el horror de los combates huyen á regiones mas tranquilas, é insensibles los hombres á todo lo que no sea desolación y estrépito, descuidan aquellos establecimientos que en tiempos felices se fundaron para cultivo de las ciencias, y de las artes” (462).

Las musas son nueve hermanas, hijas de Mnemósine y de Zeus. Divinidades conocidas como cantoras divinas, cada una cumple una función determinada dentro de las ramas del arte y el conocimiento (la poesía épica, la historia, la pantomima, la flauta, la poesía ligera y la danza, la lírica coral, la tragedia, la comedia, y la astronomía) ayudando a sus servidores en su desarrollo.

Impulsoras de lo artístico y todo lo vinculado al conocimiento, son consecuentemente opositoras de los enfrentamientos. Por esto ayudan con su palabra y su arte a reestablecer la paz y la armonía.

Es necesario invocarlas y traerlas a Buenos Aires para que contrarresten el clima de enfrentamientos, para que compensen los colegios convertidos en cuarteles, para que ilustren a quienes comenzarán a ocupar lugares de mando. Esta tarea se hará desde la Biblioteca Pública con la élite que pueda concurrir a empaparse de los conocimientos que proveen las musas.

En 1879, en un contexto convulsionado también es necesaria la llegada de las musas para seguir educando a la élite que desea permanecer en sus puestos de mando y poder. Ese grupo se formará en saberes que otorgarán un lugar central a la cultura de donde provienen estas divinidades.

Las Bibliotecas de la Antigüedad

En el texto se hacen alusiones a bibliotecas fundadas en diversos momentos históricos. En primer lugar, a la Biblioteca de Ptolomeo Filadelfo, Ptolomeo Soter y el Templo de Sérapis. Con esto se hace referencia a la mítica Biblioteca de Alejandría, cuyos grandes impulsores fueron Ptolomeo Soter y su sucesor Ptolomeo Filadelfo. Esta biblioteca, por medio de gestiones culturales, logró albergar en poco tiempo una cantidad enorme de volúmenes. Las políticas culturales que fomentaron su desarrollo tendieron a tratar de albergar la totalidad del saber y de las producciones de aquel entonces.

Sus gestores eran conscientes del valor y poder simbólicos que implicaba la introducción de un libro en un claustro que lo conservara y su posesión, siendo no solo el conocimiento el motor de su propiedad, sino también una muestra de grandeza: “no se destinaron tanto á la ilustracion de aquellos pueblos, cuanto á ser una demostración magnifica del poder y sabiduría de los Reyes, que los habian reunido” (464).

Además, esta biblioteca estaba acompañada por dependencias para la producción de nuevos saberes. Alejandría constituía el reservorio del pasado y el lugar de promoción presente y futura.

En el artículo se resalta que Julio César en el año 48 a.C. ocasionó el primer incendio de la biblioteca: asediado en Alejandría quemó la flota egipcia a modo de defensa y este fuego llegó a la biblioteca consumiendo aproximadamente cuarenta mil rollos de su colección.

Otros incendios le sucedieron hasta que finalmente en el año 391 de nuestra era, por un edicto del emperador Teodosio I fue destruida en su totalidad por hombres que se expresaron en contra de todo templo pagano. Este acto implicó la pérdida del conocimiento acumulado en siglos en un amplio territorio y preveniente de distintas civilizaciones, vital para el avance de la humanidad.

Finalmente, en el texto se hace alusión a las bibliotecas de Roma – “la verdadera escuela de los conocimientos” (464), pero mostrando un anclaje causal entre estas instituciones y la grandeza de esas naciones en la “actualidad”“aquella nacion célebre, y las que son hoy dia tan comunes en los pueblos cultos de Europa, son miradas como el mejor apoyo de las luces de nuestro siglo” (464). En Roma las bibliotecas variaban entre el afán de la formación, discusión, comunicación de sus poseedores y el de ser muestras de poder. Según afirma González Marín, “la recitatio en Roma compartiría con las bibliotecas públicas valores que reforzaban los lazos de pertenencia a una comunidad restringida y elitista” (2014: 211).

Las bibliotecas se constituyeron, entonces, como lugares para acumular saberes con afán de conocer y compartir la tarea de cultivarse con quienes pertenecían a un mismo grupo de élite dentro de la comunidad, con la que se establecían rasgos restringidos. Dando a la palabra pública el sentido que también le dieron quienes redactaron el artículo.

Como sintetiza González Marín, “Entonces las bibliotecas se convierten en un ins­trumento más en el diseño de estrategias políticas y en la propaganda ideológi­ca. La creación o la reparación de bibliotecas públicas constituyeron decisiones políticas encaminadas a proyectar una imagen determinada” (2014: 218).

Se cierra la alusión histórica a la Biblioteca de Alejandría afirmando: “el fuego disipó ese monumento de vanidad de que los pueblos no habian sacado ningun provecho” (1879: 464). El afán de la Biblioteca Pública no será, como se condena, la acumulación desmedida sino el poner un cúmulo de conocimiento al servicio del cultivo de la población.

En este sentido, los tomos con los que se fundará la Biblioteca Pública serán los iniciadores de un corpus de textos canónicos que irá en aumento bajo el tamiz de los bibliotecarios, encargados de velar por los intereses de la patria.

En tanto centros de poder simbólico, las bibliotecas conservaron las funciones de ser reservorios del saber, y espacios donde se manifiestan poderes individuales y colectivos. Por eso, en los contextos específicos de disputas de poderes, se retorna a los modelos de los grandes imperios y sus modos de construir, mostrar y transmitir su patrimonio cultural.

Referencias en contexto

Cabe preguntarse, por una parte, por qué en los albores de los procesos independentistas la Primera Junta de Gobierno se remite a la cultura grecolatina para justificar un acto que brindará grandeza a este territorio en conformación; y, por otra parte, por qué casi setenta años después se recupera este artículo.

Como todo texto alusivo a la educación y a una política educativo-cultural, el artículo no puede ser analizado de manera aislada, sino como un documento que es producto de los saberes culturales y políticas de un grupo de personas en un contexto determinado. Por eso es conveniente detenerse a analizar ambos momentos históricos, enfocándonos en su vinculación con la cultura clásica.

Gazeta de Buenos-Ayres

La Gazeta de Buenos-Ayres, comenzó a circular el 7 de junio de 1810 y dejó de publicarse en el año 1821. Consistía en un boletín informativo -impulsado por Mariano Moreno desde la Primera Junta de Gobierno- para comunicar y difundir ideas patrióticas después de la Revolución de mayo. Si bien no es el objeto de este artículo, es de notar que los números de este periódico estuvieron encabezados por una cita perteneciente a Tácito[3] escrita en su idioma original. En esta ya podemos notar la influencia y el estatus que se le confiere a la cultura clásica. El artículo que nos interesa en esta oportunidad fue publicado en la Gazeta de Buenos-Ayres el día 13 de septiembre de 1810 (Redes Federales, “Novedades: 13 de septiembre: Día del Bibliotecario”, 12/09/2018).

En la época de la colonia, la cultura clásica tuvo un lugar de privilegio en diversos ámbitos -como la administración, el derecho, la religión, la educación- en consonancia con la centralidad que tenía en Europa. Se consolida como un capital simbólico con el que podía contar un reducido grupo que accedía a la formación esencial, el mismo que disponía de otros capitales propios del grupo de élite de pertenencia.

Los miembros de la Junta, gestores de la biblioteca, piensan desde esa cultura y con la trayectoria de su formación las bases que quieren fundar y por eso se amparan en argumentos que remiten a los clásicos para justificar sus decisiones ante sus contemporáneos.

Revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires

En el año 1879 se publica el primer tomo de la Revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires. Esta fue impulsada por Ricardo Trelles, el director de dicha institución. Su último volumen se registra en 1883.

En la primera página de la publicación, bajo el título “Fundación de la revista” se lee: “daremos á la publicidad todos los documentos de indisputable utilidad, que tenemos compilados, y los que nos sea posible conseguir en adelante, para servir á la Historia y á la Administración de estos países” (1879: 3). Recorriendo sus páginas encontramos el texto: “Artículo publicado en la Gazeta de Buenos Aires relativo á la Biblioteca Pública, bajo el título ‘Educación’”.

En el tiempo transcurrido entre una publicación y otra, el camino para consolidar las bases de una nueva nación se apoyó en saberes y modelos de otros países. La distancia entre la élite dirigente y el pueblo persiste durante décadas, así como el afán de un reducido grupo formado de tutelar a la población que no se encuentra en condiciones de generar un gobierno autónomo. En estas décadas, si bien la lengua y la cultura latinas no continuaron teniendo un lugar de privilegio en el currículum escolar y en la sociedad, sí siguieron portando un estatus y siendo valoradas dentro de determinadas esferas.

A modo ilustrativo, se puede mencionar que en el año 1865 Amadeo Jacques presenta el primer currículum del Colegio Nacional de Buenos Aires. Este sufrió múltiples cambios en las décadas posteriores, pero como afirma Dussel, “El eje de las materias literarias, humanísticas y de las lenguas extranjeras siguió siendo el vertebrador del Colegio Nacional. Se configuró así un currículum humanista, sobre una base enciclopedista, al que se consideró como la síntesis más democrática de la cultura” (2006: 98-99). No es de extrañar entonces que se siguiera apelando a autores, referencias, citas de la cultura clásica en diversos ámbitos porteños.

Más cercano en el tiempo a la reedición del artículo en cuestión es la creación de la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares[4] en 1870, propiciada por Sarmiento. Esta institución propone un funcionamiento más democrático, poniendo el foco en el préstamo de libros –práctica innovadora para la época-, propiciando un acceso más amplio hacia los saberes “encerrados” en las bibliotecas.

Esta política entra en conflicto con la manera de comprender las funciones de una biblioteca del entonces director Quesada, quien polemizó con Sarmiento y las nuevas propuestas. Mostrando la diferencia insalvable que percibe entre un establecimiento y otro, afirma:

 (…) la Biblioteca de Buenos Aires está destinada á proporcionar al estudioso i al erudito los medios de instrucción sin gasto; (…). Destinada al desarrollo científico del país, es un centro de estudio, no de mero entretenimiento. Esas obras no pueden salir del establecimiento, diferenciándose en este punto de las Bibliotecas populares i del sistema de préstamo tan generalizado en Alemania (El Boletín, 1875, N° 6, 206, cit. por Planas, 2011: 3-4).

Persiste con los años ese modelo en la Biblioteca Pública que solo atiende a una élite que es quien puede –y pudo cuando se comience a publicar la Revista– comprender la cita de Tácito y las múltiples referencias a la cultura grecolatina. Son además quienes posiblemente adherirán a lo expresado en el artículo, siendo ellos parte del reducido grupo que accede a esa porción de la cultura y hace uso de la biblioteca.

Conclusión

La cultura clásica tuvo una gran influencia en el territorio americano, herencia que se consolidó como un capital simbólico que era deseable poseer y una cultura a la que era habitual remitirse.

Una institución cargada de poder simbólico es la biblioteca, institución que desde la época de la República romana se presenta como símbolo de poder económico, político y cultural. Cargada de estas notas es que la élite que integra la Primera Junta en 1810 se dispone a la publicación del artículo que reedita la Biblioteca Pública de Buenos Aires en 1879.

A partir del análisis realizado, se puede percibir cómo se apela a la Tradición Clásica -su literatura, su historia, sus costumbres- para justificar la importancia de las bibliotecas como lugar que contribuye a engrandecer la patria. Esa biblioteca, en un nuevo contexto, sigue teniendo algunos rasgos en común: está pensada para que se cultive un grupo de élite reducido, se constituye en una muestra de poder y una apuesta para una nación que espera el engrandecimiento a la luz de determinados modelos.

La cultura clásica está atravesada por circunstancias históricas en el siglo XIX que, si bien provocan su “decadencia”, no impiden que siga estando presente en múltiples ámbitos. En 1879 se vuelve a apelar al artículo “Educación” porque su contenido sigue siendo comprensible para quienes lo publican y los nuevos lectores. Además, las ideas presentes en el artículo representan el pensamiento de estos nuevos editores: el espacio de la biblioteca como un capital deseable para un grupo reducido de letrados a quienes estaría reservada la tarea de cultivar al pueblo en determinados saberes; la grandeza de la nación por determinados signos; y la cultura latina como modelo.

Bibliografía

Fuentes primarias

Anónimo. “Artículo publicado en La Gazeta de Buenos Aires relativo á la Biblioteca Pública, bajo el título «Educación»”, Revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires, tomo I, 1879, pp. 462-465. Acceso Libre. Repositorio Digital – Biblioteca Nacional Mariano Moreno Recuperado el 5 de octubre de 2019 de <https://tinyurl.com/y4cj9hlz>.

Fuentes secundarias

Anónimo (2018). “Novedades. 13 de septiembre: Día del Bibliotecario”. En Redes Federales, Biblioteca Nacional del maestro, 12 de septiembre, Recuperado el 19 de octubre de 2019 de <https://tinyurl.com/y4u2lt3b>.

Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (s/f). “Sobre la CONABIP. Historia”. Recuperado el 19 de octubre de 2019 de <https://tinyurl.com/y3mxlavd>.

Dussel, I. (2006). “Currículum y conocimiento en la escuela media argentina”. En Anales de la educación común: “Filosofía política del Currículum”. Publicación de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires, Dirección Provincial de Planeamiento. Tercer siglo, Año 2, Nº 4, agosto, pp. 95-105. Recuperado el 19 de octubre de 2019 de <https://tinyurl.com/y6htz7wn>.

González Marín, S. (2014). “Las primeras bibliotecas públicas en Roma y su impacto en la concepción de la literatura latina”. En Revista de Estudios Clásicos, Nº 41, pp. 205-223.

Grimal, P. (2008). Diccionario de mitología griega y romana. Barcelona: Editorial Paidós.

Pigna, F. ([2004] 2008). “25 de mayo de 1810 – Un camino hacia la independencia”. En El Historiador, 10 de diciembre. Adaptación del libro Los Mitos de la Historia Argentina I (2004). Buenos Aires: Editorial Norma. Recuperado el 19 de octubre de 2019 de <https://tinyurl.com/y5uo3xlh>.

Planas, J. (2011). “«La esencia de una biblioteca popular»: Una polémica sobre los lectores y las modalidades de acceso a la lectura”. II Jornadas de Intercambio y Reflexión acerca de la Investigación en Bibliotecología, 27 y 28 de octubre, La Plata, Argentina. Recuperado el 19 de octubre de 2019 de <https://tinyurl.com/y65vwa5b>.

Apéndice. Artículo de la Revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires

Revista Pública de Buenos Aires, Tomo I, 1879

Anónimo. “Artículo publicado en la Gazeta de Buenos Aires relativo á la Biblioteca Pública, bajo el título «Educación»”, Revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires, tomo I, 1879, pp. 462-465.

 

Artículo publicado en la Gazeta de Buenos Aires relativo á la Biblioteca Pública, bajo el título «Educación»

 

Los pueblos compran á precio muy subido la gloria de las armas; y la sangre de los ciudadanos no es el único sacrificio que acompaña los triunfos: asustadas las Musas con el horror de los combates huyen á regiones mas tranquilas, é insensibles los hombres á todo lo que no sea desolación y estrépito, descuidan aquellos establecimientos que en tiempos felices se fundaron para cultivo de las ciencias, y de las artes. Si el Magistrado no empeña su poder y su zelo en precaver el funesto término á que progresivamente conduce tan peligroso estado, á la dulzura de las costumbres sucede la ferocidad de un pueblo bárbaro, y la rusticidad de los hijos deshonra la memoria de las grandes acciones de sus padres.

Buenos Aires se halla amenazado de tan terrible suerte; y cuatro años de glorias han minado sordamente la ilustración y virtudes que las produjeron. La necesidad hizo destinar provisionalmente el Colegio de San Cárlos para cuartel de tropas; los jóvenes empezaron á gustar una libertad tanto mas peligrosa, cuanto mas agradable; y atraidos por el brillo de las armas, que habian producido nuestras glorias, quisieron ser militares, ántes de prepararse á ser hombres. Todos han visto con dolor destruirse aquellos establecimientos de que únicamente podía esperarse la educacion de nuestros jóvenes, y los buenos patriotas lamentaban en secreto el abandono del gobierno, ó mas bien su política destructora, que miraba como un mal de peligrosas consecuencias la ilustracion de este pueblo.

La Junta se vé reducida á la triste necesidad de criarlo todo y aunque las graves atenciones que la agobian no le dejen todo el tiempo que deseáran consagrar á tan importante objeto, llamará a su socorro á los hombres sabios y patriotas, que reglando un nuevo establecimiento de estudios adecuado á nuestras circunstancias, formen el plantel que produzca algun dia hombres, que sean el honor y gloria de su patria.

Entretanto que se organiza esta obra, cuyo progreso se irá publicando sucesivamente, ha resuelto la Junta formar una Biblioteca Pública, en que se facilite á los amantes de las letras un recurso seguro para aumentar sus conocimientos. Las utilidades consiguientes á una Biblioteca Pública son tan notorias, que seria escusado detenernos en indicarlas. Toda casa de libros atrae á los literatos con una fuerza irresistible, la curiosidad incita á los que no han nacido con positiva resistencia á las letras, y la concurrencia de los sabios con los que desean serlo produce una manifestación recíproca de luces y conocimientos, que se aumentan con la discusión, y se afirman con el registro de los libros, que están á mano para dirimir las disputas.

Estas seguras ventajas hicieron mirar en todos tiempos las Bibliotecas Públicas, como uno de los signos de la ilustracion de los pueblos, y el medio mas seguro para su conservacion y fomento. Repútese en hora buena un rasgo de loca vanidad la numerosa Biblioteca de Ptolomeo Filadelfo: setecientos mil libros entre el edificio antiguo de Ptolomeo Soter, y la nueva coleccion del templo de Serapis, no se destinaron tanto á la ilustracion de aquellos pueblos, cuanto á ser una demostración magnifica del poder y sabiduría de los Reyes, que los habian reunido. Asi los fines de esta numerosa coleccion correspondieron á el espíritu, que le habia dado principio; seis meses se calentaron los baños públicos de Alexandria con los libros, que habian escapado del primer incendio ocasionado por César, y el fuego disipó ese monumento de vanidad de que los pueblos no habian sacado ningun provecho.

Las naciones verdaderamente ilustradas se propusieron y lograron frutos muy diferentes de sus Bibliotecas Públicas. Las treinta y siete que contaba Roma en los tiempos de mayor ilustracion, eran la verdadera escuela de los conocimientos, que tanto distinguieron á aquella nacion célebre, y las que son hoy dia tan comunes en los pueblos cultos de Europa, son miradas como el mejor apoyo de las luces de nuestro siglo.

Por fortuna tenemos libros bastantes para dar principio á una obra, que crecerá en proporción del sucesivo engrandecimiento de este pueblo. La junta ha resuelto fomentar este establecimiento, y esperando que los buenos patriotas propenderán á que se realice un pensamiento de tanta utilidad, abre una suscripcion patriótica, para los gastos de estantes y demás costos inevitables, la cual se recibirá en la Secretaría de Gobierno; nombrando desde ahora por Bibliotecarios á el Dr. D. Saturnino Segurola, y á el Reverendo P. Fr. Cayetano Rodriguez, que se han prestado gustosos á dar esta nueva prueba de su patriotismo, y amor á el bien público; y nombra igualmente por Protector de dicha Biblioteca a el Secretario de Gobierno Dr. D. Mariano Moreno, confiriéndole todas las facultades para presidir á dicho establecimiento y entender en todos los incidentes que ofreciese.

(Documento del Archivo General de Buenos Aires)


  1. Profesora de Letras por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Docente de la Escuela de Agricultura y Sacarotecnia, escuela preuniversitaria dependiente de la UNT. Auxiliar Docente de “Lengua y Literatura Latinas I” de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT.
  2. El artículo completo se encuentra en el Apéndice del presente trabajo. Las citas fueron extraídas de manera textual.
  3. Rara temporum felicitate, ubi sentire quae velis et quae sentias, dicere licet (Tácito, Historiae I,1).
  4. La Comisión se creó en 1870 con la promulgación de la Ley Nº 419, propiciada por Domingo Faustino Sarmiento, presidente en ese año. Esta institución sigue vigente en la actualidad.


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