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4 La primera mención de Epicuro en la poesía de Luis Franco

Arturo Herrera[1]

“¡Atrévete a paladear el mundo por tu cuenta,

y aun a digerirlo!”

 

Luis Franco

Introducción

A lo largo de la cuantiosa obra literaria de Luis Franco (1898-1988) es notable la preferencia por ciertas obras de la antigüedad clásica, según las etapas de la vida y el género de su producción. Desde el comienzo hasta el último de sus libros, son recurrentes diversas formas de pervivencia de autores griegos y romanos como elementos compositivos que exceden lo únicamente literario y abarcan la cultura antigua, la historia, la filosofía, la política y la mitología (cf. Herrera, 2015b). A menudo, aparecen como formas vertebrales de su poética y de su pensamiento, y hay composiciones que entrarían cómodamente en la denominación de poesía de pensamiento (cf. Steiner, 2012). Entre los fenómenos de contacto con los clásicos que hemos estudiado en la obra de este autor (cf. Herrera, 2008, 2010, 2012a, 2012b, 2015a, 2015b), hay una inclinación por el pensamiento de raíz materialista: existe una veta epicúrea en torno a temas como el placer, y una actitud lucreciana cuando se trata de indagar creencias religiosas. Esa tendencia recurrente a lo largo de su amplia producción, pero ausente en sus primeros escritos, muestra los primeros indicios en el tercero de sus libros, el poemario Libro de gay vivir de 1923. Por la importancia capital de temas relacionados con el materialismo en la poética posterior de este autor, donde creación y pensamiento se combinan constantemente, en el presente trabajo examinamos una composición que consideramos la primera huella materialista epicúrea en los comienzos poéticos de Franco, confiados en que este dato positivo incide en la comprensión del poemario que la incluye, y seguros de que señala el inicio de una preferencia por ideas materialistas que reaparecerán en su poesía y en algunos de sus libros de ensayos, adaptándose al contexto de creación.

El Libro del Gay vivir y algunos poemas anticipatorios

Los primeros trabajos poéticos de Franco muestran claramente una tendencia hacia las formas y temas clásicos, los que pudieron llegarle por vía directa o a través de Leopoldo Lugones. En un principio, ese retorno se da mayormente en el orden de la poesía bucólica y, en menor grado, geórgica (Herrera, 2008, 2010, 2012b) hasta alcanzar, pocos años después, una combinación bucólico-geórgica. Son un ejemplo de ello los poemarios La flauta de caña, de 1920, y Coplas, de 1921. Este último, al parecer, es una muestra, o una selección, de los libros en elaboración, puesto que hay una sección titulada “De «Gay Vivir»”, como si se tratara de un adelanto, o un bosquejo, del Libro de gay vivir que editará en 1923. En algunas composiciones allí incluidas, hay señales de que, si bien no se aparta completamente del ejercicio poético bucólico, ya existen reiteradas menciones y tratamientos de temas y motivos como la alegría, el placer, el gozo del cuerpo, la voluptuosidad, en un tono que parece alinearse con ideas surgidas de lecturas relacionadas con el epicureísmo. Desde esta perspectiva, constituyen una muestra de este aspecto los poemas titulados “Purificaos!”, “¡Oh gozo!” y “Voluptuosidad” (Franco, 1921: 353, 355, 356); éstos, con leves modificaciones, conformarán el Libro de gay vivir. Aunque en estas y en otras composiciones la propensión a lo sensual y a lo hedónico no es suficiente para asegurar el contacto con el pensamiento de Epicuro, son un indicio a tener en cuenta porque sería la manera en que va preparándose la primera mención de este filósofo y la elección poética por un determinado modo de vida. Veamos, como ejemplo, dos de los poemas mencionados:

Purificaos!

Purificad vuestro cuerpo.
Sea cada uno el domador y el amigo de su sexo.

Purificad vuestra fuerza
en la lucha alegre y bella.

Purificad vuestra boca
Con la palabra justa y hermosa.

Purificad vuestro corazón
En el amor.

Purificad vuestros ojos, oh hermanos,
y veréis que el mundo es un milagro.

Todo el poema es una exhortación clara a despojarse de una mácula sobreentendida, que podemos suponer heredada como resultado de un estigma cultural que tiene al hombre en un estado imperfecto. Los conceptos de cuerpo, fuerza, alegría, amor, ojos, mundo, comparten el denominador común de lo sensorial, vital y material. Luego de esta exhortación y de, quizás, concretada la limpieza (“purificad”), viene un momento insistente y celebratorio del deleite:

¡Oh gozo!

Como el de bañarse al aire libre,
Como el de comer miel salvaje,
Como el de poseer una moza sobre la hierba
¡Oh gozo del verso que nace!

Fundo mi cuerpo y mi alma en el verso
Tal como dos bocas en la unidad del beso.

En este otro poema, lo natural y lo cultural se sostienen en el concepto de gozar. Es decir: bañarse, comer, poseer, acciones realizadas en un medio natural (“aire libre”, “miel salvaje”, “una moza sobre la hierba”), generan el mismo placer que el escribir un poema: “el verso que nace”. Un producto cultural que origina la misma fruición que vivencias naturales, unidad que se hace explícita en los dos últimos versos: “Fundo mi cuerpo y mi alma en el verso / Tal como dos bocas en la unidad del beso.” Cabe mencionar, en apoyo de que Franco tenía una publicación mayor en ciernes, que estas dos composiciones podrían considerarse ensayos, o versiones previas, de un poema paradigmático y muy conocido, titulado “Loa del cuerpo sano” (Franco, 1923: 94s.) de fuerte evocación al pensamiento materialista antiguo (Herrera, 2015a).

A fines de 1922, Franco –que había seguido trabajando en el proyecto del próximo libro– publicó en el número 79 de la revista Plvs Vltra, también a modo de adelanto, el poema “Huerto maduro”. En este nombra a Epicuro y lo incluye, al año siguiente, en el Libro del gay vivir. De esta manera, establece una fecha a partir de la cual, un Franco de 25 años muestra explícito interés por la figura de este filósofo. La presencia de ideas filosóficas, tratadas poéticamente, en este poemario de 1923 marca más distancia y mayor contraste entre el bucolismo de su primer libro La flauta de caña y también de Coplas. Sigue cultivando una poesía de tipo bucólico-descriptiva, pero a la vez amplía el contacto que ya tiene con los clásicos al incluir temas e imágenes del pensamiento filosófico antiguo.

La opulencia de Epicuro

En un estudio anterior, “Títulos de poemas en latín y griego en el Libro del gay vivir de Luis Franco” (Herrera, 2012a), establecimos un vínculo entre Franco y Lucrecio, partiendo de un verso en latín de Lucrecio colocado como epígrafe y confrontándolo con el tema del impulso amoroso desarrollado en el poema “Initus” (Franco, 1923: 33-34). Allí es evidente una pormenorizada atención al De rerum natura. A partir de ahí, podemos asegurar la incursión y el gusto por el pensamiento antiguo, ya sea por lectura directa de fuentes o por citas de fragmentos hechas en manuales o compendios. El hecho puntual es: si leía a Lucrecio y le resultaba habitual y accesible, incluso en latín, sin duda estaba a pocos pasos de llegar a Epicuro.

Numerosas composiciones del poemario de 1923 muestran un tono hedonista y materialista, pero la mayor parte son ampliaciones de diversos pasajes de De rerum natura. Por lo tanto, es recién en el poema “Huerto maduro” donde encontramos la primera evidencia del pensamiento de Epicuro en la poesía de Franco, es decir, una recepción que no esté mediada por la lectura de Lucrecio, sino sostenida por una interpretación personal. El poema completo es el siguiente:

Huerto maduro

Entré, después del sol, al huerto.

Medio oculta en los árboles reía la mañana.

El peso de oro de los frutos

Maduros dulcemente doblegaba las ramas.

Un guindo ofrecía sus guindas,

Rojos pezones vivos que el sol acariciaba.

Un granado bello y sanguíneo

En venturosa plétora abría sus granadas.

Al pecado paradisíaco,

Desnudas como Evas, tentaban las manzanas.

Duraznos rosa y ámbar claro

(Éste o aquél mellizo) la boca hacían agua.

Nogales con más nueces que hojas,

Y qué de peras rubias y ciruelas moradas.

Mas recordándote, oh Epicuro,

Sólo probé los sobrios higos que tú gustabas.

(Franco, 1923:
27-28)

Casi todo parece una exaltada celebración de la abundancia y la fertilidad de los árboles frutales. Sin embargo, esta percepción del sentido total se reorganiza al final donde irrumpe la evocación de Epicuro: “Mas recordándote, oh Epicuro / sólo probé los higos que tu gustabas.” A partir de aquí, una segunda lectura impone otra interpretación.

La primera observación es que el mismo título remite a un huerto en sentido literal y, a la vez, al κῆπος de Epicuro. El otro detalle, de mucha mayor relevancia, es el pormenor de los higos relacionados con el gusto del filósofo por este fruto, lo que presenta un problema de identificación de fuente y de recreación poética. En primer lugar, parece no corresponder a un determinado pasaje de textos antiguos. En segundo lugar, es claro que la referencia, por su grado de precisión, no está empleada como una mera ocurrencia poética o sólo como una metáfora. Aun si el vínculo entre comer higos y este filósofo no proviniera exactamente de fuentes clásicas, el verso de Franco no dejaría de relacionarse con la frugalidad y la moderación que aconsejaba Epicuro respecto de la comida para conseguir el contento (αὐτάρκεια), por ejemplo:

Καὶ τὴν αὐτάρκειαν δὲ ἀγαθὸν μέγα νομίζομεν, οὐχ ἵνα πάντως τοῖς ὀλίγοις χρώμεθα, ἀλλ’ ὅπως ἐὰν μὴ ἔχωμεν τὰ πολλά, τοῖς ὀλίγοις ἀρκώμεθα, πεπεισμένοι γνησίως ὅτι ἥδιστα πολυτελείας ἀπολαύουσιν οἱ ἥκιστα ταύτης δεόμενοι, καὶ ὅτι τὸ μὲν φυσικὸν πᾶν εὐπόριστόν ἐστι, τὸ δὲ κενὸν δυσπόριστον, ὅτι τε λιτοὶ χυλοὶ ἴσην πολυτελεῖ διαίτῃ τὴν ἡδονὴν ἐπιφέρουσιν, ὅταν ἅπαν τὸ ἀλγοῦν κατ’ ἔνδειαν ἐξαιρεθῇ, καὶ μᾶζα καὶ ὕδωρ τὴν ἀκροτάτην ἀποδίδωσιν ἡδονήν, ἐπειδὰν ἐνδέων τις αὐτὰ προσενέγκηται. τὸ συνεθίζειν οὖν ἐν ταῖς ἁπλαῖς καὶ οὐ πολυτελέσι διαίταις καὶ ὑγιείας ἐστὶ συμπληρωτικὸν καὶ πρὸς τὰς ἀναγκαίας τοῦ βίου χρήσεις ἄοκνον ποιεῖ τὸν ἄνθρωπον καὶ τοῖς πολυτελέσιν ἐκ διαλειμμάτων προσερχομένοις κρεῖττον ἡμᾶς διατίθησι καὶ πρὸς τὴν τύχην ἀφόβους παρασκευάζει. (Epicur. Ep. ad Men. 130-131).[2]

(También consideramos el propio contento de las personas un gran bien, no para conformarnos exclusivamente con poco, sino con objeto de que, si no tenemos mucho, nos conformemos con poco, auténticamente convencidos de que sacan de la suntuosidad el gozo mayor quienes tienen menos necesidad de él, y de que todo lo natural es fácil de procurar y lo superfluo difícil de procurar. Y los gustos sencillos producen igual satisfacción que un tren de vida suntuoso, siempre y cuando sea eliminado absolutamente todo lo que hace sufrir por falta de aquello.
El pan y el agua procuran la más alta satisfacción cuando uno que está necesitado de estos elementos los logra. Así, pues, el habituarse a un género de vida sencillo y no suntuoso es un buen medio para rebosar de salud, y hace que el hombre no se arredre ante los obligados contactos con la vida, y nos dispone mejor hacia lo suntuoso cuando después de una falta prolongada nos acercamos a ello, y nos hace intrépidos ante el azar) (Epicuro, 1996).

En cuanto a la mención de los higos, en el libro X de Vida de los filósofos más ilustres de Diógenes Laercio, referido particularmente a Epicuro y su doctrina, no hay una mención tan precisa a la preferencia por esta fruta; pero, tradicionalmente, se sabe que es un alimento común entre los filósofos de la Antigüedad como, por ejemplo, para Zenón: ἔχαιρε δέ, φασί, σύκοις χλωροῖς καὶ ἡλιοκαΐαις (D.L. 7.1), “Dicen que [Zenón] disfrutaba de los higos frescos y de los secos”. Es probable, entonces, que la relación higos-Epicuro haya llegado a Franco a través de otra fuente o de una tradición múltiple. Según un biógrafo, desde muy joven leyó y releyó a Friedrich Nietzsche (Correas, 1962: 19), y ésta podría ser una de las vías por las cuales accedió a un detalle así. Por esto mismo, sería pertinente postular este vínculo con aquella afirmación de Humano, demasiado humano (aforismo 192, vol. II) en que Nietzsche relaciona los términos “higos” y “Epicuro” con el concepto de “opulencia”: “Der Philosoph der Ueppigkeit.  — Ein Gärtchen, Feigen, kleine Käse und dazu drei oder vier gute Freunde, — das war die Ueppigkeit Epikur’s. (El filósofo de la opulencia. —Un pequeño jardín, higos, quesillos y además, tres o cuatro amigos, — tal fue la opulencia de Epicuro)”.

El aforismo señala las modestas preferencias del filósofo, entre las cuales está el gusto por los higos. Por supuesto que Ueppigkeit equivale, en sentido irónico, a “frugalidad”, giro que también Franco le imprime al final de su poema. Los dos últimos versos de “Huerto maduro” significan, entonces, la elección de la frugalidad y, por ampliación, una suerte de adhesión a este aspecto del pensamiento de Epicuro.

En base a estas consideraciones, la relectura del poema completo tiene otro efecto. En él se enumeran los abundantes frutos maduros de los árboles de un huerto que colman la vista, “el peso […] de los frutos […] / doblega las ramas” (vv. 3-4): guindas, granadas, manzanas, duraznos, nueces, peras y ciruelas. Están presentados como una tentación de abundancia y delicia, por eso en la descripción resalta el color, el tamaño y la cantidad, por ejemplo: “Nogales con más nueces que hojas, / y qué de peras rubias y ciruelas moradas” (vv. 13-14). Esta prodigalidad es la imagen del camino de la opulencia, en oposición a un modo de vida sencillo al cual habría que habituarse, según Epicuro (τὸ συνεθίζειν οὖν ἐν ταῖς ἁπλαῖς καὶ οὐ πολυτελέσι διαίταις Ep. ad Men. 131). Más aún, en la mayoría de las frutas el color natural se mantiene en la escala cromática del rojo y dos de ellas, además, están explícitamente asociadas con deseos carnales los que, en el contexto, se entienden también como abundantes: las guindas, “rojos pezones vivos” (v. 6); las manzanas, “desnudas como Evas” (v. 10). Este aspecto también se relacionaría con la advertencia de Epicuro sobre los excesos de placeres –entre ellos, los carnales– (ἀπολαύσεις παίδων καὶ γυναικῶν Ep. ad Men. 132) que impedirían la sobriedad (νήφων λογισμὸς ibid.) para la vida placentera no viciosa.

En contraposición con este recorrido de las delicias y la abundancia, o como una alternativa, irrumpe en el último verso la imagen de un fruto color oscuro, poco o nada llamativo y bastante deslucido, que no despierta atracción visual ni apetencia para el estómago. Ante el panorama tentador de todas las otras frutas, la preferencia del poeta por los higos significa el autogobierno seguido por la autosuficiencia, conductas evidentes en la acción de elegir y en hacerlo con moderación: es el contentarse con lo poco y proporcionado en medio de la abundancia ofrecida y puesta al alcance de la mano sin esfuerzo. Esta actitud surge del hecho simple y puntual de evocar a Epicuro, es decir, de recordar sus enseñanzas o el camino que su pensamiento y sus acciones proponen.

En este contexto, el adjetivo de la hipálage “sobrios higos” vale tanto para el poeta como para el filósofo y su doctrina, pues “Epicuro aconseja la frugalidad y la vida sencilla” (Epicuro, 1996: 36). Si, además, observamos las alusiones de Franco al placer erótico, podemos extender también la relación a otros dos aspectos que menciona el filósofo en torno a la moderación y al gozo: “οὐ γὰρ πότοι καὶ κῶμοι συνείροντες οὐδ’ ἀπολαύσεις παίδων καὶ γυναικῶν οὐδ’ ἰχθύων καὶ τῶν ἄλλων, ὅσα φέρει πολυτελὴς τράπεζα, τὸν ἡδὺν γεννᾷ βίον, ἀλλὰ […] (Epicur. Epist. ad Men. 132. 1-3).” (“Pues ni las bebidas ni las juergas continuas ni tampoco los placeres de adolescentes ni los del pescado y de más manjares que presenta una mesa suntuosa es lo que origina una vida gozosa, sino […]”) (Epicuro, 1996).

La voz poética de los versos de Franco practica una elección: teniendo la opulencia a su alcance, sabe que su estómago puede saciarse con menos. En este sentido, destacamos la correspondencia con otra frase del filósofo: “Ἄπληστον οὐ γαστήρ, ὥσπερ οἱ πολλοί φασιν, ἀλλ’ ἡ δόξα ψευδὴς ὑπὲρ τοῦ <τῆς> γαστρὸς ἀορίστου πληρώματος (Epicur. Sent. Vat. 59.1).” (“Lo insaciable no es la panza, como el vulgo afirma, sino la falsa creencia de que la panza necesita hartura infinita.”) (Epicuro, 1996).

La evocación del filósofo en el penúltimo verso resalta la importancia semántica del título, “Huerto maduro”, porque recuerda el κῆπος de Epicuro. Las consistentes imágenes que quedan entre ambos extremos sugieren otros significados. Es decir, toda esa abundancia equivaldría a otras doctrinas o a otros modos de vida, y los higos significan las simples enseñanzas de Epicuro. El estado de madurez del huerto es también así una figura bivalente: no sólo es la descripción de todas las delicias, sino también indicaría la madura elección de la sobriedad y el saciarse con lo poco, equivalente a la madurez del contento como αὐτάρκεια.

“Huerto maduro” resulta así una composición paradigmática a partir de la cual poemas como los citados, “Purificaos!” y “Oh gozo”, pueden ser leídos en relación con esta mención-elección de Epicuro: la purificación en las cosas naturales y el goce de lo sencillo. En un plano de mayor abstracción significaría la saciedad y la hartura de las cosas simples y naturales.

Conclusión

El establecimiento de estos puntos de contacto, directos e indirectos, entre “Huerto maduro” y algunos pasajes de Epicuro conlleva una serie de consecuencias. En primer lugar, no se trata de una mención ornamental, sino que señala positivamente a partir de qué momento ingresa a la obra de Franco el interés por un materialista de la Antigüedad. Este contacto afecta, y amplía, la comprensión del poemario que, desde el título, presenta como temática abarcadora la alegría de vivir (Libro del gay vivir). Permite, además, hacer una particular lectura de muchos otros de sus poemas cuyo tema es la sencillez, el contento, el cuerpo y la naturaleza. Refuerza, junto a la presencia ya estudiada de Lucrecio (Herrera, 2012a), la poetización de temas filosóficos y el inicio de su poesía de pensamiento. Hace posible también distinguir que muchas de las composiciones del Libro del gay vivir referidas a la voluptuosidad y al ímpetu amoroso, siguen a Lucrecio, y las que tratan del contento en lo sencillo, siguen aseveraciones de Epicuro. Consideramos que esta distinción puede ser utilizada como un principio crítico de clasificación y lectura, tanto de los poemas incluidos en este poemario como en los posteriores. En efecto, si bien se puede trazar una línea materialista en un gran número de composiciones, ahora podrían agruparse en epicúreas y en lucrecianas, reservando un tercer grupo para aquellas que fusionan ambas tradiciones y que, además, muestren la recepción de otros filósofos materialistas de la Antigüedad.

Por último, “Huerto maduro” resulta un punto de partida de gran relevancia para el camino que se inicia con esa mención en un poema de 1922. El poeta tenía 25 años y ya era visible su interés por Epicuro y por Lucrecio, quienes reaparecerán en muchos de sus escritos posteriores no sólo como un motivo poético de pensamiento, sino también como una toma de posición crítica en la prosa frente a las costumbres y creencias establecidas.

Bibliografía

Fuentes primarias

Franco, L. (1923). Libro del gay vivir. Buenos Aires: Editorial Babel.

——– (1921). Coplas. Buenos Aires: s.d.

——– (1922). “Huerto maduro”, Plvs Vltra, nº 79, Buenos Aires, 1 de diciembre.

Fuentes secundarias

Cornavaca, R. E, (1995). “Lucrecio: ¿Un moderno en la antigua Roma?”. En AA.VV. Modernidad y literatura. Córdoba: Escuela de Letras-Facultad de Filosofía y Humanidades, UNC.

Correas, B. (1962). Luis Franco. Buenos Aires: Ediciones Culturales Argentinas.

Diógenes Laercio (1972). Lives of Eminent Philosophers. R. D. Hicks (ed.). Cambridge: Harvard University Press.

——– (1999). Vida de los más ilustres filósofos griegos, 2 vols. Traducción, prólogo y notas de José Ortiz y Sainz. Barcelona: Folio.

Epicuro (1926). Epicurus. The extant remains. Cyril Bailey (ed). Oxford: Clarendon Press.

——— (1996). Obra Completa. José Vara (ed). Madrid: Cátedra.

Herrera, A. (2008). “Elementos bucólicos en el libro La Flauta de caña de Luis Franco”. En Actas del XX Simposio Nacional de Estudios Clásicos. Córdoba.

——– (2010). “El canto pagano de la cigarra en algunos poemas de Luis Franco”. En Aportes científicos desde Humanidades 8, Catamarca: Facultad de Humanidades, UNCa.

——– (2012a). “Títulos en latín y ‘griego’ en el Libro del gay vivir de Luis Franco”. XXI Simposio Nacional de Estudios Clásicos “Significación y Resignificación del Mundo Clásico Antiguo”. Tucumán: UNT.

——– (2012b). “«Andanzas crepusculares» de Luis Franco: un ensayo de bucólicas con detalles virgilianos”. En L. Galán y M. D. Buisel (eds.). Jornadas de Estudios Clásicos y Medievales “Diálogos Culturales”. La Plata, edición online. Recuperado el 16 de noviembre de 2019 de <https://tinyurl.com/y3xqskrs>.

Herrera, A. (2015a). “Phýsis y hedoné en algunos poemas de Luis Franco”. Trabajo presentado en las IV Jornadas de Filosofía. Cuidado del otro, cuidado de la naturaleza. La filosofía y los desafíos de hoy. Catamarca: UNCa. (inédito)

Herrera, A. (2015b). Luis Franco y la Tradición Clásica. Apropiación estética e ideológica de la Antigüedad clásica. Córdoba: Ediciones del Boulevard.

Nietzsche, F. (1953). Humano, demasiado humano, vol. II. En F. Nietzsche. Obras Completas. t. IV. Traducción, introducción y notas de Eduardo Ovejero y Maury. Buenos Aires: Aguilar.

——– (1954). Morgenröte. En F. Nietzsche. Werke in drei Bänden. Band 1. München. Recuperado el 16 de noviembre de 2019 de <https://tinyurl.com/y4gt8fxs>.

Steiner, G. (2012). La poesía del pensamiento. Del helenismo a Celan. México: FCE.

Apéndice. Selección de poemas de Luis Franco

Purificaos!

Purificad vuestro cuerpo.

Sea cada uno el domador y el amigo de su sexo.

Purificad vuestra fuerza

en la lucha alegre y bella.

Purificad vuestra boca

Con la palabra justa y hermosa.

Purificad vuestro corazón

En el amor.

Purificad vuestros ojos, oh hermanos,

y veréis que el mundo es un milagro.

(Luis Franco, Coplas, 1921: 353)


¡Oh gozo!

Como el de bañarse al aire libre,

Como el de comer miel salvaje,

Como el de poseer una moza sobre la hierba

¡Oh gozo del verso que nace!

Fundo mi cuerpo y mi alma en el verso.

(Luis Franco, Coplas, 1921: 355)


Huerto maduro

Entré, después del sol, al huerto.

Medio oculta en los árboles reía la mañana.

El peso de oro de los frutos

Maduros dulcemente doblegaba las ramas.

Un guindo ofrecía sus guindas,

Rojos pezones vivos que el sol acariciaba.

Un granado bello y sanguíneo

En venturosa plétora abría sus granadas.

Al pecado paradisíaco,

Desnudas como Evas, tentaban las manzanas.

Duraznos rosa y ámbar claro

(Éste o aquél mellizo) la boca hacían agua.

Nogales con más nueces que hojas,

Y qué de peras rubias y ciruelas moradas.

Mas recordándote, oh Epicuro,

Sólo probé los sobrios higos que tú gustabas.

(Luis Franco,
Libro del gay vivir, 1923: 25-28)


  1. Licenciado en Letras por la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Catamarca (UNCA) y Doctor en Letras por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba. Docente de “Latín y Literatura Latina II”, “Griego y Literatura Griega II”, “Seminario de Literaturas Clásicas” y “Literatura Regional del Noroeste Argentino” en la Facultad de Humanidades de la UNCA.
  2. Citamos la edición de Bailey.


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