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7 Sobre una referencia de Polibio en la Gazeta de Buenos Ayres

Una aproximación

Fernando Suarez[1]

Introducción

A dos días del supuesto asesinato de Mariano Moreno, la Gazeta de Buenos Ayres publicó la traducción de un discurso titulado la “Disciplina Militar u obligaciones de un oficial para el soldado; y del soldado para sus oficiales”. El por qué y la necesidad de esta proclama es una incógnita. El autor del texto traducido por la Gazeta cita al Caballero de Folard conocido por su obra sobre las enseñanzas de Polibio y por presentar una visión militar considerada válida para los ejércitos dentro del contexto de la revolución del Río de la Plata.

Marco teórico

Para la elaboración del presente trabajo utilizaré como eje conceptual y categoría de análisis la idea de representación. El término pertenece a la rama de lo que hoy conocemos como la “nueva historia cultural”, siendo el historiador Peter Burke su máximo exponente. En sus trabajos,[2] se condensan los nuevos enfoques para la investigación historiográfica, redefiniendo los objetos y sus metodologías. Esta nueva corriente se manifestó ante la crisis de los paradigmas historiográficos hegemónicos, tales como el de los Annales y otras corrientes explicativas, como el estructuralismo y el marxismo, los cuales se consideraron totalizantes (Bruno, 2009).

Para Leonor Arfuch, “la representación supone algo que viene a ocupar el lugar de otra cosa” (Arfuch, 2002: 206). Y siguiendo a la misma autora, la representación no consiste en una copia de la realidad porque, según Ricoeur, citado en el mismo texto, hay siempre creación en su referencia a lo real. En ese sentido cada vez que representamos algo, aparecen allí elementos propios de nuestra subjetividad. Por lo tanto, las representaciones “no son simples reproducciones, sino que se trata de una interacción entre un sujeto y un objeto, que se enfrentan en un acto de construcción y reproducción que los modifica permanentemente” (Arfuch, 2002: 206).

Uno de los historiadores que se ocupa del estudio de las representaciones desde una perspectiva social es el francés Roger Chartier en su libro El mundo como representación, en el que analiza la simbología de la sociedad del Antiguo Régimen. Para Chartier, las representaciones sociales constituyen las formas en que las comunidades comprenden y dan cuenta de su sociedad juntamente con los elementos que la caracterizan, y los esquemas productores de lo social que se generan (1996: 56-57).

Contexto histórico de la publicación

En un contexto general, la publicación que aquí investigamos se enmarca necesariamente en el suceso europeo del desarrollo revolucionario en las colonias americanas.

En 1808, los ejércitos franceses al mando de Napoleón invadieron parte de España. La Corona española quedó acéfala y Napoleón ubicó a su hermano José Bonaparte en el trono. La dominación total de España por los franceses precipitó el estallido del 25 de mayo de 1810 en el Virreinato del Rio de la Plata. Con él se dividía en dos momentos el proceso revolucionario. El de larga gestación y el de sucesivas realizaciones graduales, hasta alcanzar el punto máximo: la independencia de 1816.

Los asistentes del cabildo abierto del 22 de mayo de 1810 votaron deponer al Virrey Cisneros de su cargo por haber caducado la autoridad que lo había asignado (Ternavasio, 2009: 67).

Acabado el proceso de la Primera Junta de Gobierno, se inicia el de la Junta Grande, que fue un gobierno ejecutivo formado en las Provincias Unidas del Río de la Plata el 18 de diciembre de 1810 con la incorporación a la Primera Junta de los diputados provenientes del interior. La Junta Grande gobernó hasta el 22 de septiembre de 1811, cuando fue reemplazada por el Primer Triunvirato luego de un golpe institucional encabezado por el Cabildo de Buenos Aires.

Posiblemente, uno de los sentidos de la publicación de esta traducción sobre el discurso de la disciplina militar por parte de la Gazeta de Buenos Aires, se debe a la derrota del ejército argentino en Paraguay. Recuérdese que el 19 de enero de 1811 el ejército de la Provincia del Paraguay al mando del gobernador español Bernardo de Velasco (que respondían aún a los realistas) vence a las tropas enviadas por la Junta de Buenos Aires comandadas por Manuel Belgrano, en la batalla de Paraguarí. Ricardo Levene sentencia: “El fracaso de esta acción se debió a los errores cometidos por Belgrano y Machain, pero más aún al hecho de no haber incorporado el general argentino las fuerzas dejadas a retaguardia” (1957: 202).

La Gazeta de Buenos Ayres

La historiadora Noemí Goldman escribió hace unos años un artículo titulado “Libertad de imprenta, opinión pública y debate constitucional en el Río de la Plata (1810-1827)”, en el cual afirma que la libertad de imprenta se estableció en el Río de la Plata una vez iniciado el movimiento de mayo, por los decretos del 20 de abril y el de 26 de octubre de 1811. El primero era copia textual del promulgado en las Cortes de Cádiz. En la misma disponían que “todo hombre podía publicar libremente sus ideas y sin previa censura, y que las disposiciones contrarias a esta libertad quedaban sin efecto” (Goldman, 2000: 10).

La Gazeta estaba financiada con fondos públicos y su fin era informar a la sociedad sobre los “sucesos interesantes, y satisfaciendo a las censuras, discursos o reflexiones del Censor” (Idem). Para Goldman, la Gazeta de Buenos Ayres trataba de promover la “controversia pública”. Para el historiador Ariel Alberto Eiris, el proceso revolucionario “inició un amplio proceso político con significativas transformaciones ideológicas y culturales”. Este autor destaca la importancia de los medios de prensa “ante la necesidad de legitimar y ponderar la extensión de la guerra revolucionaria” y reafirma que la Gazeta de Buenos Ayres tendió a “conformar un sustento legitimador para la Primera Junta” (2014: 104).

Según Néstor Cremonte, la Gazeta

apareció en Buenos Aires el 7 de junio de 1810 y se dejó de publicar el 12 de septiembre de 1821, por decreto del gobierno de Martín Rodríguez, para ser reemplazada con el Registro Oficial. Los interesados se suscribían en la Imprenta de los Expósitos por un período no menor a tres meses en la capital y seis fuera de ella. Su precio –el pago era por adelantado– se estipuló en un peso al mes para la capital, diez reales para los pueblos comprendidos en la Administración General de Correos y doce para los del Perú y Chile. En todos los casos se entregaba a domicilio franco de todo porte y la tirada rondaba en trescientos ejemplares, de los cuales la Junta Provisional Gubernativa retiraba doscientos para distribuir oficialmente y el resto era comercializado por Agustín Donado, el administrador del taller contratado por el Cabildo a fines de 1809. El formato era In. 4º y la tipografía plana a columna por página (2010: 12-13). 

Jean-Charles, chevalier de Folard (1669-1752)

En el número “Extraordinario” de la Gazeta de Buenos Ayres del 22 de enero se publica la traducción de un discurso sobre disciplina militar en el que se menciona a Polibio. El texto traducido se presenta de la siguiente manera:

Por hacer pues obsequio á esta buena madre, y suplir la falta de libros -que instruyan esta porcion preciosa del estado, se presenta la siguiente traduccion de un discurso, en que los exemplos, antes que las áridas reflexiones, ilustran al oficial, forman al soldado, y presentan en compendio las mas útiles lecciones sobre disciplina militar (GBA, 22 de enero de 1811, 57-58).

Según Agustín Mackinlay, “la interminable labor de traducción y paráfrasis de la Gazeta de Buenos-Ayres debe entenderse como una de esas «revoluciones del lenguaje», paralela —y complementaria— a la Revolución de Mayo. Citar a los verdaderos autores de cada una de las combinaciones de palabras de la Gazeta, además de poco práctico, hubiera disminuido esa dosis de novedad típica en las expresiones retóricas de los artículos de Moreno” (2013).

La traducción del artículo sobre la disciplina militar menciona a Jean Charles de Folard, escritor militar francés nacido en 1669 y fallecido en 1752. Sus comentarios a la Historia de Polibio (1727) (edición francesa traducida del griego por Dom Vincent Thuillier, Comentarios o Cuerpos de Ciencia Militar enriquecidos con notas críticas e histórica por M. de Folard) parecieran haber influido significativamente en su redacción.

Desconocemos el autor y el traductor del artículo en cuestión publicado en la Gazeta del día 22 de enero. Asimismo, desconocemos si la bibliografía utilizada fue traída de la Universidad de Chuquisaca, donde estudió Moreno, o de alguna biblioteca personal de Buenos Aires. No se brinda esta información en el ejemplar consultado.

Evidentemente, la presencia de este texto en dicho periódico se inscribe en el marco latinoamericano de las referencias y fuentes teóricas influyentes del militarismo de la época postcolonial. Según Fernando Falcón, se pueden identificar dos. En la primera están:

(…) las memorias sobre campañas y hechos de armas que se iniciaban con una narración de las mismas y finalizaban con una serie de preceptos de acción en forma de máximas, que formaban parte de la formación y la cultura de los dirigentes de los ejércitos y armadas de la época. Por lo general estos preceptos se contrastaban con ejemplos extractados de la antigüedad clásica, no sólo para facilitar la comprensión de los lectores, generalmente especializados y cuya formación intelectual obligaba a la temprana lectura de los mismos, sino bien para demostrar la validez general de tales preceptos en todo momento y circunstancia (2002: 62)

Esta primera etapa de teóricos de la guerra se extiende entre los años 1700 y 1750 y sus máximos referentes eran autores como “Montecuccoli, Turpin de Criseé o de la Antigüedad clásica, como en los casos más comunes de Feuqueries, Puyseguyr el Caballero de Folard y Bouchard de Bussy” (Falcón, 2002: 63).

Siguiendo a Falcón, existe una segunda etapa de producción intelectual sobre la guerra y ésta se basaba en las campañas recientes de los ejércitos permanentes y profesionales de las coronas inglesas, española y prusiana (2002: 63). El historiador concluye su trabajo diciendo:

El estudio de los lenguajes políticos y su evolución nos indica que cada uno de dichos lenguajes mantiene su correspondiente lenguaje militar, el cual no es más que la expresión conceptual de la política aplicada al difícil arte de la guerra. Esta concepción, basada en los parámetros metodológicos de la historia intelectual, abre nuevas perspectivas en el estudio de la Guerra de Independencia y la historia militar (Falcón, 2002: 92).

Como puede observarse, tales producciones se encuentran tanto en Venezuela como en Argentina en la misma época, gracias a los medios de difusión revolucionarios apoyados en los ideales de la Ilustración y las nuevas teorías de producción intelectual.

Algunas palabras sobre Polibio en la Gazeta de Buenos Ayres

La edición “Extraordinaria” del 22 de enero de la Gazeta de Buenos Ayres está encabezada con un epígrafe en latín de Tácito: “Rara temporum felicitate, ubi sentire quae velis, et quae sentias, dicere licet” (1811: 57). Para el historiador Néstor Cremonte, el epígrafe va a ser una: “pieza comunicacional retórica de anclaje y sostén destinada, en esa cita de origen, a decir y contra-decir la totalidad, y no es que después no pudiera hacerlo, sino que hay un todo que se dice ahí construyendo una apuesta textual de autoridad y prestigio (por la rúbrica, por la lengua)” (2010: 83-84).

El teórico militar Folard, citado en el texto, como se sabe, toma como ejemplo, además de estrategias de guerra de la Antigüedad clásica, sentencias relativas a la disciplina militar, la producción de autores vinculados con el servicio teórico de los generales en campaña y teóricos de la disciplina considerada un arte, el arte de la guerra.

Cabe señalar aquí la importancia de la historia antigua en tiempos de revolución independentista.

Conclusión

A modo de conclusión nos gustaría destacar tres cuestiones: por un lado, la gran figura de Moreno en todo el andamiaje intelectual de la Revolución de Mayo; por otro lado, la yuxtaposición de documentos: el diario publicado en Buenos Aires, el texto de Folard, publicado medio siglo antes en Francia, y el de Polibio, de la época clásica, una clara intertextualidad dentro de la Gazeta de Buenos Ayres. Y, para terminar, destaco las representaciones de la Antigüedad clásica en un periódico creado, sostenido y financiado por la revolución americana, lo cual nos da pie a pensar en el aparato erudito de Moreno y en la presencia de los antiguos para los modernos como ejemplo a seguir y como preceptos teóricos fundamentales para la defensa de este territorio, su pueblo y Estado.

Bibliografía

Fuentes primarias

Anónimo. “Discurso sobre la disciplina militar ú obligaciones de un oficial para el soldado; y del soldado para sus oficiales. Traducción”, Gazeta Extraordinaria de Buenos Ayres, martes 22 de enero de 1811, pp. 57-65. Recuperado el 10 de marzo de 2018 de <https://tinyurl.com/y5f65y22>.

Fuentes secundarias

Arfuch, L. (2002). “Representación”. En C. Altamirano (coord.). Términos críticos de sociología de la cultura. Buenos Aires: Paidós, pp. 206-209.

Bruno, P. (2009). “Apuntes historiográficos sobre la historia de la cultura”. En Estudios de historia cultural. Difusión y pensamiento. En Estudios de Historia cultural. Recuperado el 30 de noviembre de 2019 de <https://tinyurl.com/yxarlcty>.

Chartier, R. (1996). El mundo como representación. Estudios sobre historia cultural. Barcelona: Gedisa.

Cremonte, N. (2010). La Gazeta de Buenos-Ayres de 1810: luces y sombras de la ilustración revolucionaria. La Plata: Universidad Nacional de La Plata.

Eiris, A.A. (2014). “Mariano Moreno y la construcción del discurso legitimador de la Revolución de Mayo a través de la Gazeta de Buenos Ayres”. En Temas de Historia Argentina y Americana XVII. Enero y diciembre, pp. 103-133.

Falcón, F. (2000). “La relación entre la guerra y la política en la primera república venezolana (1810-1812)”. En Politeia, Instituto de Estudios Políticos, Universidad Central de Venezuela, N° 28, pp. 61-92.

Goldman, N. (2000). “Libertad de Imprenta, opinión pública y debate constitucional en el Río de la Plata (1810-1827)”. En Primas. Revista de Historia Intelectual, N° 4, pp. 9-20.

Levene, R. (1957). Historia de la Nación Argentina. Buenos Aires: Ed. El Ateneo.

Mackinlay, A. (2013). “La erudición perdida de Mariano Moreno”. En Frenos y Contrapesos, sábado 10 de agosto. Recuperado el 15 de noviembre de 2019 de <https://tinyurl.com/y6639z6k>.

Ternavasio, M. (2009). Historia de la Argentina 1806-1852. Buenos Aires: Siglo XXI.

Apéndice. Artículo de la Gazeta de Buenos Ayres

Gazeta de Buenos Ayres, N° “Extraordinario”, 22 de enero de 1811

gazeta bs as

Anónimo: “Discurso sobre la disciplina militar ú obligaciones de un oficial para el soldado; y del soldado para sus oficiales. Traducción”, Gazeta Extraordinaria de Buenos Ayres, 22 de enero de 1811, pp. 57-65.[3]

 

Gazeta Extraordinaria de Buenos-Ayres

Martes 22 de enero de 1811

 

Rara temporum felicitate, ubi sentire qua velis,

et qua sentias, dicere licet.

Tácito lib. I. Hist.

 

Un pueblo ilustrado y valeroso no há hecho mas que comenzar á servir á la patria, si se contenta con haber derribado el infame ídolo del despotismo, y con quemar respetuoso sus inciensos ante el busto venerable de la libertad. Para cumplir con los sagrados deberes de un verdadero hijo suyo, es preciso, que sacando su obra de la esfera de empresa, reproduzca cada momento sus esfuerzos, que la continúe y perfeccione con solidez y dignidad, y que cuente como perdidos vergonzosamente todos los instantes de su vida que no ha consagrado á su servicio.

Ni para esto son por si suficientes las luces del sabio magistrado: son igualmente necesarias las fuerzas del soldado, dirigidas por la constante severidad de la disciplina; y miéntras aquellas levantan el templo augusto de la razón, y de las leyes, velan éstas, para que la turbulenta discordia no interrumpa su admirable construcción. En menos palabras: la sabiduría, que jamás anda sin la providad, y la prudencia; y la fuerza militar sostenida por la subordinación, y la disciplina son como si dixeramos los brazos vigorosos de la patria. Por hacer pues obsequio a esta buena madre, y suplir la falta de libros -que instruyan esta porcion preciosa del estado, se presenta la siguiente traducción de un discurso, en que los exemplos, antes que las áridas reflexiones, ilustran al oficial, forman al soldado, y presentan en compendio las mas útiles lecciones sobre disciplina militar.

 

Discurso sobre la disciplina militar,

ú obligaciones de un oficial para el soldado; y del soldado para sus oficiales.

 

Traduccion

 

Folard, á quien se debe seguir siempre en semejantes materias, dice en sus bellos comentarios de Polybio: “que á la disciplina militar debieron los griegos sus victorias contra los persas, y los romanos sus conquistas.” Las tropas para estar perfectamente instruidas en el manejo de las armas deben estar en continuo exercicio. Este se pierde con la inacción. Por experto y atrevido que sea un general en emprender acciones grandes, si es descuidado en la observancia de la disciplina militar de sus tropas, serán inútiles todos sus esfuerzos, y lo precipitarán en las mayores desgracias. Es de tanta gravedad este asunto, quanto que la seguridad y gloria del estado, así como su reputación pende de él solamente. Esto debe empeñarlo con particularidad á conservar en sus tropas la observancia de las leyes militares con un rigor inflexible para que no se debiliten, pues el soldado, como dice Homero, necesita de muy poco tiempo para olvidarlas y despreciarlas, siendo de temer, que el rigor del castigo baste á restablecerlas.

Dos puntos establecen la disciplina militar: reglamentos sabios, y su exacta y rigorosa observancia, tanto en el oficial como en el soldado.

No es tanto el número de soldados la que hace temible un exército, como la facilidad de hacer de todos ellos un solo cuerpo animado de un mismo espíritu. Tales fueron esos pequeños exércitos de la Grecia, que combatieron con millones de persas.

Mas en casos semejantes deben preferirse los grandes exemplos á los mejores preceptos. Referiremos algunos conforme se ofrezcan á nuestra memoria.

Lisandro, general de Esparta, hizo castigar á un soldado por haber salido de su puesto, quando marchaba al enemigo. El guerrero delinqüente se atrevió á replicarle: “mi géneral, si he desamparado el puesto no ha sido para robar”. –“Amigo mío, le respondió Lisardo; un soldado debe compararse á una muger de honor, que lo pierde solo por la presunsion”.

El general Clearque, lacedemonio, profería continuamente estas palabras: un soldado debe temer mas á su capitán, que al enemigo.

Theagenes el ateniense dirigiendo sus tropas contra Megara, contestó á los soldados, que le pedian su puesto: “yo os lo daré quando llegue el caso de atacar.” Mientras tanto les armó una emboscada con su caballería, la que cargando sobre 1a infantería como si fuese enemiga; les mandó tomasen el puesto que quisiesen para rechazarla. Fué su intención, que los mas valientes tomasen por sí mismos el frente; y los cobardes la espalda.

Scipion el grande, nombrado el africano, revistando sus tropas cerca de Numancia halló bastante alterada la disciplina militar por descuido de sus xefes. Para restablecerla, manda saliesen de su campo los vivanderos y mercaderes, que mantenian el luxo de los oficiales, y la embriaguez de los soldados. Obligó a toda la infantería á que en las marchas llevase consigo víveres para muchos días, acostumbrándolo á que vadease los rios, y sufriese las intemperies. Tampoco olvidó de disminuir la superfluidad de equipages en el estado mayor del exército romano, y después de haber reprendido al frente de él la pereza y frivolidad de los oficiales, dirigiéndose á -Cayo Memmio le dixo: “tú no me serás inútil sino por algún tiempo; pero lo mas temible es, que lo has de ser siempre para la república, y para tí mismo”.

El cónsul Quinto Metélo en la guerra contra el Rey Jugurta queriendo reanimar el espíritu de la disciplina militar, que se hallaba relajada, prohibió á sus soldados de no sustentarse con otra cosa, que 1o que adquiriesen por si mismos.

Antes del consulado de Varron y Flaco al abrirse una campaña, se exigia de las tropas una promesa auténtica y verbal, de que no se escusarian á peligro alguno por cobardía ó temor, que ninguno abandonaria su puesto, que no se separarian, sino para tomar los dardos: matar un enemigo, o salvar la vida de un ciudadano. Después creyeron convertir esta promesa en un juramento á presencia de los dioses. Pueden lisongearse nuestras tropas de no parecerse en esto á los romanos, porque para ser valientes no necesitan jurar por su ley; esto no es para ellos.

Citemos también una expresion conceptuosa de Scipion el africano. Conocia á un soldado algo cobarde, pero que cargaba su escudo con muchos adornos. “No me maravillo de eso, le dijo, sino, que pongas mas empeño en adornar una arma defensiva, haciendo mas confianza de ella, que de tu brazo y espada”.

La historia romana hace mencion de los Machos de Mario. Ved aquí lo que eran. Mario que hizo tanto ruido en la decadencia de la república, queriendo disminuir en su exercito la multitud de bagages, que habian llegado al mayor desorden y dispendio, mandó á todos sus soldados a que llevasen á cuestas un fardo, que, no solo contubiese su ropa, sino tambien sus provisiones de boca; y para que la carga fuese mas soportable, y pudiesen descansar fácilmente en la marcha, esta especie de mochila antigua se llevaba pendiente de una orquilla. Este fué el origen del proverbio romano: los Machos de Mario.

E1 cónsul Metélo tenía un hijo en el exército, que él mandaba. No le permitió jamas que se alojase en su tienda de campaña, sino en las de las tropas, y que desempeñase las obligaciones de un simple soldado. Otros muchos consules y generales romanos han hecho lo mismo.

Marco Emilio Scauro cónsul romano prohibió á un hijo suyo ponérsele á su presencia, castigándolo así, por haber echado pie atras en una batalla. Le hizo tanta impresion al joven este castigo, que el mismo se quitó la vida.

Publio Nasica para desterrar de sus tropas la licencia y ociosidad, les hizo construir embarcaciones en lo mas rigoroso del invierno, sin que la republica tubiese por entonces necesidad de ellas.

En tiempo de Caton, en los exércitos romanos al soldado que era sorprendido en el robo, se le cortaba la mano derecha. Por una preocupación de la que estamos desprendidos, el consul guardaba consideración á los oficiales, que incurrian en el mismo crimen, y solo se reducia a sangrarlos en la plaza pública, en medio de sus tropas.

El célebre Pirro Rey de Epiro, habiendo devuelto los prisioneros hechos á los romanos, decreto el senado con parecer de Appio Claudio el castigo, según esta maxima, de que el soldado no debía jamas rendirse, y que ó ha de vencer ó morir. En consecuencia, la caballeria pasó á la infantería, y los demás fueron incorporados en las tropas, que gozaban menos prest. [sic]. A mas de esto los prisioneros de Pyrro sufrieron la condena de acamparse fuera del exército, hasta que cada uno de ellos hubiese tomado despojos del enemigo.

Otacilio Craso procedió del mismo modo con los soldados que Annibal tubo baxo su dominio; no se les permitió, que acampasen en las mismas tiendas con el resto del exercito.

Los cónsules Décimo Junio, y Scipion para conservar la disciplina militar, hacían castigar en público, y vender en almoneda a los desertores.

Domicio Corbulón en la campaña de América condenó á dos cuerpos de caballería, y tres de infantería, que habían huido del enemigo; á que pasasen la noche á la inclemencia fuera del campo, y mientras no expiaron su delito con una accion gloriosa, no alternaron con sus camaradas.

En tiempo del cónsul Amelio Cotta muchos caballeros romanos se negaron al trabajo de las trincheras en caso urgente; habiéndolo notado los censores, los denunciaron para que se castigase su desobediencia, y se honrase la disciplina militar. El senado expidió un decreto por el que perdieron estos refractarios todo el tiempo de su servicio, y fueron puestos á medio sueldo; y el pueblo confirmo esta sentencia, impuesto de la relacion que le hicieron los tribunos.

Quinto Mételo, el Macedonio, mandando, un exército romano en España, ordeno á cinco batallones recobrasen un puesto que habian perdido, añadiendo: soldados antes de partir, haced vuestro testamento, porque solo vencedores volvereis á entrar en mi campo.

En tiempo del consulado de Publio Valerio decretó el senado que el exército vencido en Sira cerca de Sirmio, estubiese á campo raso todo un invierno.

En otra ocasión los senadores de Roma hicieron entender á una columna, que habia huido, que no se admitirían ni de reclutas, en tanto no hubiesen purgado su crimen con una victoria.

También un batallón, que habia desempeñado mal sus funciones en las guerras contra Annibal, fue sentenciado á no tener otro alimento en siete años que cebada en lugar de trigo.

Cayo Ticio, comandante de un batallón por haber dado paso á sus tropas, que huian, fue condenado por su general Pisón á presentarse todos los dias descalzo, y sin espada en la plaza de armas hasta mudarlas centinelas. Ademas se le prohibió, que se bañase, comiese y bebiese con sus conciudadanos. En una palabra, fue desterrado de la sociedad.

El famoso Sylla, de sangrienta memoria, tenía no obstante sus bellas qualidades. Tubo particular cuidado en sostener la disciplina militar. Todo un batallon por haberse dexado forzar el puesto, quiso Sylla se le presentase todas las mañanas, así oficiales como soldados, sin calzado ni espada en la plaza de arma de su campo delante de la tienda de campaña del general.

Corbulon, de quien ya hemos hablado, hizo romper en dos pedazos por uno de sus granaderos, el uniforme de Emilio Rufo, comandante de caballería, para castigarle dos crímenes igualmente graves, á la vista de un amante de la disciplina militar. No solo había vuelto la espalda al enemigo, sino que en otra ocasion había maniobrado mal por la posición en que tubo la caballería, que mandaba. Se le obligo á Rufo á estar de plantón con su uniforme roto por 24 horas en medio de la plaza de armas.

El celebre Atillo Regulo en el transito de Gamio á Lucera, viendo que una parte de sus tropas retrocedía á presencia del enemigo, se puso al frente de su batallon pretorial, para impedir la fuga, é hizo publicar esta ordenanza lacónica: todo el que huyere será castigado como desertor.

Cotta, cónsul en Sicilia mandó dar baquetas en su presencia á un tribuno de la familia Voleria[4] de las principales casas de Roma, por haberse descuidado en la disciplina militar. El mismo castigo impuso á Publio Aurelio pariente suyo, porque habiendole confiado el mando de su exército en su ausencia, halló á su vuelta el campo forzado, y las trincheras quemadas. Después el mismo Aurelio baxó á servir de ultimo soldado raso.

Fulvio Flaceo[5] cónsul y censor arrojó del senado á su propio hermano, tribuno de un regimiento, por haberle hecho marchar sin su orden.

Catón el antiguo, dando la vela á toda su esquadra, hizo ajusticiar a un soldado, que se habia quedado en tierra, el qual gritaba le viniesen á tomar. Mas bien quiso Caton, que sirviese de exemplo á los demas, que de presa al enemigo. Dice Frontin, que para este acto de firmeza necesaria, orzó con toda su esquadra; y para hacer ver que el soldado no tenia escusa, cuidó Catón de recordar, que había hecho la seña antes de levarse.

Marco Antonio, al saber que sus enemigos habían quemado sus máquinas de guerra, mandó diezmar dos batallones de guardia, hizo cortar la cabeza á dos oficiales, separó al coronel del regimiento, que se componía de dos batallones y prohibió el trigo á los soldados, sin otra racion que cebada.

Un regimiento romano compuesto de 4 mil hombres, por haber saqueado el pueblo de Rhéga sin permiso del general fué condenado á muerte: se conducían al suplicio 50 soldados por dia, prohibió sepultura á los cadáveres, ni que se traxese luto. ¡Terrible exemplo.

El dictador Lucio Papirio Cursor quiso cortar la cabeza á Fabio Rullo su teniente porque éste, contra la orden del general en xefe, había dado batalla en su ausencia: se ganó la acción, pero faltó á la ordenanza. No bastaron las suplicas de la tropa, para que Cursor dexáse de perseguirlo hasta Roma: costó mucho conseguir el perdón, pues estubo por mucho tiempo inflexible á los ruegos del pueblo y del senado, y las suplicas del padre, y el hijo del teniente culpado.

Se sabe la conducta, que tubo Manlio respecto de su hijo en semejante caso; y lo que tiene de mas singular este grande exemplo es que el mismo hijo de Manlio condenado a muerte por su padre, tuvo valor de contestar á los soldados, que se interesaban por él. “Amigos mios, les díxo, no es tan apreciable mi vida, que consienta que por ella se pierda la ordenanza del exército: tened pues presente, que la disciplina militar es la primera ventaja de la república”.

Máximo Quinto Fabio hacia comunmente cortar el brazo derecho á los prófugos.

El cónsul Cayo Curio hacía la guerra á los dardanianos. En una expedición algo peligrosa cerca de Irrachium, uno de los cinco regimientos que iba mandando, se determinó á no seguirlo. Al momento hizo formar los otros quatro para desarmar la legión rebelde. No paró en esto: la obligó á cegar el forrage, y á desempeñar las funciones mas viles, propias de los criados de la tropa, y esto á vista de todo el exército. Al dia siguiente sufrieron otra ignominia. Los hizo trabajar en los atrincheramientos, medio desnudos como los esclavos. Después extinguió la legión, y repartió sus soldados en varios cuerpos, para que allí disimulasen su vergüenza.

Citemos á Marco Salinator del cuerpo consular. En la asamblea del pueblo romano fue condenado, por no haber distribuido los despojos á las tropas con igualdad.

Citemos también al cónsul Quinto Petilio, muerto en un combate contra los ligurianos. El senado Romano negó las pagas, reclutas, y raciones á la legión en que habia muerto.

Citemos últimamente otro exemplo de disciplina militar. Los soldados, que quedaron de la batalla de Cannas fueron desterrados á Sicilia, desde allí suplicaron á Marcelo tuviese á bien mandarlos á la guerra. El cónsul consultó al senado, y se les negó, diciendo, que no convenia confiar la salvación de la patria á hombres, que no habían sabido defenderla.

Los griegos y romanos dieron pruebas las mas admirables de la disciplina; mas no han sido ellos solos. La primera vez que Filipo, Rey de Macedonia levantó tropas prohibió los bagages en su exército, y jamas consintió que un oficial de caballería tubiese mas de un criado. No pasaba mas que uno á cada piquete de infantería, para que cargase la tienda, y el molino. Cada soldado llevaba consigo la harina para 30 días.

El Rey Antigono, uno de los sucesores de Alexandro, sabiendo que su hijo se hallaba hospedado en casa de una viuda que tenía tres hijas muy amables y juiciosas, lo hizo salir de allí al instante, á pretexto de darle mejor alojamiento. Pero al mismo tiempo, prohibió la posada en casa de las madres de familia á todo militar, que tubiese menos de 50 años.

Mario para hacer elección de dos exercitos, que habian sido mandados por varios capitanes, eligió el de menos número, al instante, que supo era el mas bien disciplinado.

Caton en su esquadra no tomaba de otro vino, que el de sus marineros.

Alexandro, y Scipion para sus banquetes rara vez se sentaban, comían con sus soldados y marchaban al frente de ellos.

Masinisa, Rey de Numidia á los 90 años, comia en pie paseando por delante de su pabellón.

Un general romano para darle al senado una idea de la disciplina militar en sus tropas, refirió este pasage. Un arbol cargado de fruta se hallaba á la orilla de mi campamento, al dia siguiente lo hallé intacto; mis soldados pasaron la noche alrededor de él sin tocarlo.

Estos hechos históricos que hemos compendiado suplen sin duda por un tratado metodico sobre la disciplina; esperamos tenga su efecto en nuestros hermanos compatriotas, rivales ya de las naciones antiguas, y de las europeas modernas.


  1. Licenciado en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Docente de la Escuela de Agricultura y Sacarotecnia de la UNT.
  2. Autor de Formas de historia cultural y ¿Qué es la historia cultural?, entre otras obras. 
  3. Transcripción del documento realizada por Ana María Risco. Se respeta la gramática y ortografía originales.
  4. Probablemente se trate de la familia Valeria. El error es del original.
  5. Se refiere a Fulvio Flaco. La errata es del original.


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