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7 El diseño en el nuevo milenio:
¿el re-conocimiento de una profesión?

Si trazamos un paralelo con la realidad argentina, situaría nuestro punto de inflexión en el legado de la crisis socio-económica del 2001. Más allá del aumento de la pobreza, empezamos a mirar hacia nosotros y ver con qué y quiénes contábamos para generar y capitalizar nuestras ideas. Podríamos rotularlo como el movimiento de diseño ‘post cacerolas design’ que se renueva
constantemente.

(Gustavo Losicer, Revista 90 + 10, año 2008)

A partir del año 2000, específicamente del período denominado como ‘crisis de 2001’ en Argentina[1], se produjo una devaluación de la moneda nacional que generó disminución de las importaciones y aumento de las producciones nacionales que abastecerían nuevamente al mercado interno. Las condiciones económicas y productivas que comenzaron a imperar a partir de 2002 iniciaron un camino de recuperación y reactivación que se incrementó a partir de 2003. Como plantea Stella Puente:

En Argentina post-devaluación puede vislumbrarse un contexto que, tras la profunda crisis del 2001-2002, trae nuevas esperanzas a la producción cultural. La recuperación parcial de los ingresos de la población desde el 2003 en adelante y el escenario macroeconómico favorable a una mejor inserción de nuestros bienes y servicios culturales en los mercados externos permiten planear y poner en marcha ideas y proyectos con perspectivas bien distintas a las de la década del ‘90. (Puente, 2007: 48)

Si bien la autora refiere al crecimiento que comenzó a gestarse en relación al campo cultural, podemos decir que esa situación de mejoramiento de las condiciones económicas y productivas se produjo en los diferentes órdenes de la sociedad. Es decir que se inició una nueva etapa económica y productiva para el país, la cual también contribuyó al desarrollo de la actividad del diseño. En este sentido, un entrevistado expresa:

Siento que en ese momento se empezó a expandir esta idea de diseño argentino. Entonces eso fue, me parece… hubo un antes y un después de esa época, del 2002 digamos, post crisis. (Daniel W., DI FADU UBA, diseñador independiente en estudio propio)

La participación de este servicio en el mercado se vio incrementada tanto en forma de autoproducción o autogestión de proyectos –puesta en escena de numerosos estudios de diseño, producción de objetos bajo la modalidad de la autoproducción– como de una mayor promoción de la incorporación de diseñadores en las empresas, llevada a cabo por diversos programas o centros gubernamentales, ante lo cual algunas PyME comenzaron a incorporar servicios de diseño. Esto, sin dudas, fue impulsado por dos cuestiones clave: por un lado, la instancia económica post devaluación, que permitió incentivar la producción local y disminuir las importaciones, pudiendo abastecer ahora con productos nacionales al mercado interno; y por otro, este incremento de la autoproducción generó un mayor reconocimiento social en relación al diseño –a la actividad de diseño en sí–, dado por la creciente visibilidad de emprendimientos independientes vinculados a él, estimulado también por los medios de comunicación, lo cual directa o indirectamente, comenzó a atraer la mirada de los industriales hacia los diseñadores.

La mayor participación del diseño en el mercado comenzó a revertir, así, la situación de escasez de políticas públicas promotoras de la incorporación de esta actividad en el sistema productivo. En este sentido, es importante destacar que si bien esta incorporación de diseño en el sector no llega a ser significativa, en este escenario empieza a vislumbrarse cierto interés de los empresarios por incorporar diseñadores, cuestión sobre la cual debe focalizarse aún más, según plantean los entrevistados, a fin de afianzar ese lazo:

A partir de 2001 el diseño industrial se empezó a movilizar mucho más. Pero protagonismo, yo creo que le falta todavía para tener protagonismo. Creo que tiene muchísimo potencial para que cuando haya un desarrollo industrial más fuerte sí sea quizás protagonista como, no sé, lo fue el diseño industrial en Estados Unidos en la crisis mundial, después del 29, que tomó protagonismo para reactivar la industria, pero… En este momento yo creo que le falta… Todavía falta construir cosas y atar cabos entre las empresas y los diseñadores para que funcionen las cosas. (Leandro, DI FADU-UBA, diseñador independiente en estudio propio)

Sí, todavía falta mucho, pero realmente este año y el año pasado estoy empezando a ver que ya piden diseñador industrial por ejemplo, y antes no se pedía, antes pedían proyectista o pedían diseñador o se pedía dibujante. Y ahora se pide diseño industrial, se pide más específico, antes no se sabía qué se pedía. Eso ha cambiado para bien, porque realmente hay muchos diseñadores industriales que se están incorporando al trabajo, entonces ya de a poquito se va sabiendo. (Sebastián, DI FADU-UBA, trabaja en empresa)

Ahora es más fácil que cuando empezamos, obviamente, como los chicos que vayan saliendo de la Facultad ahora van a tener mucha mayor apertura en general, hay muchas empresas que ya trabajan con estudios de diseño. Cuando nosotros salimos casi ni existía, ni hablar cuando empezamos la carrera. Como que hubo una apertura muy rápido. Pero así y todo es difícil. (Daniel W., DI FADU BA, diseñador independiente en estudio propio)

La mayoría de los entrevistados coincide en cuanto a la mayor difusión del diseño en la sociedad a partir de este momento. Pero destacan, también, que aún se debe trabajar en la imbricación entre diseño e industria, principalmente desde el Estado, incentivando aún más la actividad en el país.

Ahora bien, en ese contexto, la proliferación de emprendimientos vinculados al diseño en la Ciudad de Buenos Aires[2], principalmente a través de producciones autogestionadas (producciones de diseño independiente, autoproducción de objetos de uso cotidiano, mayor cantidad de estudios de diseño), alcanzó mayor visibilidad al conformarse, hacia inicios de 2000, un circuito comercial en torno al barrio de Palermo, el cual se posicionó como núcleo referencial del diseño. En este sentido, algunos entrevistados expresan:

¿A qué crees que se debe este mayor reconocimiento del diseño?

–A la difusión de la Facultad y a los productos de autogestión de Palermo, donde se empezaron a ver, y de repente la gente decía “ah, mirá, este tiene diseño, esto es distinto al que había antes”. ¿Por qué? Porque está diseñado. (Javier, DI, FADU-UBA, trabaja en empresa de POP)

–El negocio del diseño empezó a abrirse también. Digamos, los servicios o los negocios que se generan alrededor del mundo del diseño…aparecen viajes que llevan al alumno a conocer Europa, ver las grandes obras de diseño, o a Nueva York…y qué sé yo, todo lo que tiene que ver con Palermo, el cordón gastronómico, todo lo que es la moda… digamos, todo lo que empieza a funcionar alrededor de un público que empieza a ser entendido del diseño. (Dolores, DI FADU-UBA, becaria UBACyT y docente en UBA)

–Palermo es un código que la gente entiende como diseño fácilmente y lo asimila y lo toma. Diseño igual Palermo, esa asociación, pero es como una visión incompleta de lo que es el diseño. (Leandro, DI FADU-UBA, diseñador independiente en estudio propio)

En relación a esto, algunos entrevistados sostienen que ese contexto generó, como contrapartida, cierta confusión con respecto al fin mismo de la actividad:

Creo que en primera instancia sí benefició, ahora ya lo está perjudicando. Inicialmente sí me parece que benefició, se instauró bien o mal un término que antes no se usaba. Entonces al menos generó un disparador de decir, bueno, a ver, qué es diseño. Pero sí ha habido grandes metidas de pata, sobre todo en lo que es la industria, de esta cuestión de pensar al diseñador como el loco creativo que va, hace un desarrollo, se lo presenta a una empresa sin tener idea de lo que esa empresa necesita, cuando la empresa ya hizo su primera experiencia, no funcionó por ningún lado, dice “no quiero saber más nada de diseñadores porque lo único que hacen es traerme algo que después no lo puedo meter por ningún lado, me sale fortuna y nadie lo entiende”. Entonces en ese sentido es donde ya me parece que se empieza a hacer una tergiversación mala de la palabra diseño y termina siendo contraproducente. (Luciana, DI, FADU-UBA, diseñadora independiente en estudio compartido con una socia)

Entonces a veces pienso que por ahí la palabra diseño para el diseñador industrial nos atenta, porque uno dice diseño y ve revistas de diseño, decoración, Palermo viejo, objetos de baja escala… Y si un industrial va ahí y ve eso no te va a llamar para… Dice “ah ¿quién hizo esto? Un diseñador industrial… Entonces para lo que yo necesito no lo voy a llamar”. En un punto me parece que atenta. (Esteban, DI, FADU-UBA, diseñador independiente free lance)

A su vez, este entrevistado plantea esta ‘tergiversación’ del diseño, pero apelando a una aplicación que reduce o limita su potencial, cuando es producido en baja escala, como en el caso de la autoproducción, la cual es incentivada, según él, por la propia situación industrial:

A mí me da como… no bronca, pero la palabra diseño está como muy embarrada, está muy asociada a lo textil, a lo gráfico desde ya, está muy asociado a la moda, a la decoración. Y eso en un punto nos atenta porque lo industrial es otro palo, en un punto nos atenta. La serialización de estas series chiquitas, pseudo industriales, pseudo artesanales, no son artesanales, pero tampoco llegan a ser cien por ciento industriales… En algún punto también nos atenta porque no nos estamos metiendo en grandes escalas de producción, matricerías importantes, son todas cosas resueltas casi artesanalmente. Por ahí fabricadas industrialmente, pero se quedan ahí digamos. Después hay algunos que les dan la vuelta, lo terminan industrializando, algunos exportan, pero se quedan en escalas chicas. Para mí está la escala más grande, productiva, pero tiene que ver con una política. Eso es política de Estado. No hay una política de Estado de incentivar la industria y ahí caemos nosotros. Que haya muchos diseñadores haciendo autoproducción a escalas chicas, diez, cien, quinientos, siguen siendo chicas. Me parece que es una muestra de lo pobre que es la industria. (Esteban)

Al mismo tiempo que agrega:

No reniego de todo lo que pasó desde el 2001 para acá a nivel diseño que hubo, porque la verdad que es bueno, una buena manera de mostrarnos sobre todo en cuanto a capacidad creativa. Pero a nivel crecimiento como organización, como industria, todavía estamos verdes, estamos verdes. (Esteban)

La autoproducción resultaría, desde la visión de este entrevistado, una consecuencia de una política industrial “pobre”, que da lugar a producciones pequeñas, realizadas, en cierta medida, al margen de lo que ‘debería ser’ el diseño industrial, o para lo que este debería ser aplicado: los procesos industriales, las producciones a gran escala. En este sentido, pueden plantearse dos reflexiones. Por un lado, ante la diversidad de acción del diseñador, la aún anclada legitimación de este discurso ‘industrialista’ parece desestimar la producción autogestionada, que se evidencia con fuerza en este período, lo que indicaría cierta pugna de dominio de saberes, de tradiciones, de espacios de inserción en mayor o menor medida dominantes. Esto es, ante la supuesta dominación de un discurso industrialista en torno al desempeño profesional del diseñador, la dominación que parece alcanzar en la práctica activa la autogestión supone una lucha de discursos y prácticas al interior de un campo complejo.

Pero, por otro lado, podemos cuestionar si es la “pobreza” de la industria nacional la que condujo a generar estas prácticas autogestionadas, o fue la ‘pobreza’ de la inserción y participación de los diseñadores en este sector lo que las generó.

En relación a esto, así como al crecimiento evidenciado en el período de este tipo de producciones autogestionadas, cabe preguntarnos: ¿es posible pensar en una mayor incidencia de estos perfiles dada la escasez de incorporación de diseñadores al interior de las empresas? Para responder esa pregunta, es preciso analizar detenidamente los casos de diseñadores orientados a trabajar en empresas que deciden optar por trabajos independientes. Analicemos, entonces, ese perfil a fin de comprender en profundidad esa situación.

7.1. Perfil de diseñador orientado a la industria

¿Diseño ‘autogestionado’ o desencuentro
con la industria?

En relación a este perfil profesional, reconocido desde la disciplina como el ámbito de mayor especificidad e incumbencia del diseñador, la inserción da cuenta de una proporción de egresados que no remite precisamente a una mayoría, lo cual refleja cierta ambigüedad. Por un lado, hablamos de una actividad –el diseño para la producción industrial– que es inherente a la formación de este profesional, pero por otro, ella refleja cierta limitación en su desarrollo, evidenciada tanto en el proceso de integración del diseñador a la industria y a su dinámica interna, como en el acceso a ella. Tal como expresa una entrevistada: “Hay muchos estudios de diseño que son autogestionados, es gente que se abrió y empezó a hacer algo solo, no es que son empresas que crecieron con el diseñador, hay casos de esos, pero no hay tantos” (Georgina, diseñadora autoproductora). A su vez, otro entrevistado plantea la dificultad de integrarse a la producción industrial dadas las condiciones de su desarrollo en este país:

Hoy por hoy no pareciera haber cantidad de trabajo suficiente para vivir sólo de eso. Las empresas no están preparadas para mantener un diseñador industrial solamente haciendo diseño. Es un país netamente de servicios, muy poco industrial, entonces es más limitado todavía. (Javier, trabaja en empresa de POP).

El escenario de inserción dentro de la industria no se presenta como el espacio de desarrollo mayormente elegido por estos profesionales, al mismo tiempo que estos no encuentran una demanda alta por parte de este sector para incorporarse a él. Ambas instancias se combinan y dan lugar, de acuerdo con las entrevistas realizadas, a un mayor interés por trabajar de forma independiente (por ejemplo, en un estudio propio o compartido con otros profesionales), opción muchas veces elegida frente a la posibilidad de trabajar en una empresa realizando tareas ‘de diseñador’ (proyectación, diseño y desarrollo de productos en 3D, gestión de la producción, entre otros). En ese sentido, podemos observar el siguiente relato de un entrevistado, quien ha trabajado varios años en una fábrica de juguetes, hasta que decide comenzar a trabajar en forma independiente para la misma fábrica:

–Y después hacía ya la parte gráfica de los juguetes, y ya me gustaban más los juguetes, ya a lo último después me desligué de la empresa, empecé a trabajar en forma contratada hasta hace muy poco. Y ahí hacía la parte de diseño, más que nada la parte de diseño 3D, la parte de diseño del producto en sí. La parte gráfica empezamos a… la empezó a hacer otra persona y después yo traté de desligarme porque no era lo que más me interesaba. Hasta hace poco, y ahora supuestamente por cada trabajo, me contrata para hacer un trabajo en particular, esa es la condición que pongo ahora…

¿Por qué no te interesaba, qué era lo que no te interesaba?

–No, el tema es… Después de todo lo que tiene que ver con el aprendizaje propio está la relación con los empleadores y bueno, ya llega un momento que había cumplido una etapa y quería hacer otra cosa. (Sebastián, DI, FADU-UBA, diseñador en empresa al mismo tiempo que realiza trabajos independientes de diseño)

Este entrevistado luego se inserta en una empresa que se dedica a la venta de productos de bazar y gastronomía, en la cual realiza trabajos de publicidad y diseño, pero más vinculados a la gráfica, al mismo tiempo que lleva a cabo externamente trabajos para la fábrica de juguetes en la que estaba anteriormente. Si bien este entrevistado ha estado vinculado a empresas, su deseo de trabajar nuevamente de manera independiente se encuentra latente:

Pero también ya estoy buscando qué puedo hacer próximamente, ya no me quiero quedar acá [en la empresa de venta de productos de bazar] un tiempo muy largo. […] Ver, por ahí no me gustaría otra empresa, a mí me gustaría formar un estudio o ver de qué manera con ciertos clientes, tener clientes fijos como si fuera la fábrica de juguetes, dos o tres más como para poder tener cierto trabajo fijo y que me implique la misma cantidad de dinero que estoy ganando ahora. […] Pero bueno, no me gusta trabajar en relación de dependencia en general. […] Me parece que el ser humano necesita generalmente tener sus proyectos, por lo menos a mi tipo de persona, y me parece que necesito tener un proyecto propio, no trabajar para proyectos de otros. Aunque sea con socios, que sea un proyecto compartido, pero que sea un proyecto propio. (Sebastián)

Al mismo tiempo que agrega:

Me gustaría trabajar para industria en forma independiente. Para no desperdiciar también todos los conocimientos que adquirí en procesos industriales de alta producción, que eso no es fácil de adquirir, es muy difícil. (Sebastián)

En algunos casos, el perfil desarrollado no es permanente, ni único, puesto que se puede solapar y combinar con otros, como en este caso, en el que se imbrica una modalidad en relación de dependencia con una forma de trabajo independiente. En relación a este planteo, podemos observar el relato de otra entrevistada, quien también ha trabajado en empresas –fábrica de muebles y de calzado–, pero que, tras haber adquirido experiencia y conocimientos al interior de las mismas, decidió emprender su propio proyecto:

Y bueno, ese fue el último lugar donde estuve en relación de dependencia, estuve casi dos años. Ahí fui creciendo, empecé ayudando en el área de diseño y después dirigiendo el área esa ya con tres personas a cargo. Y lo que había un poco de proyección ahí, era meterse ya más en lo comercial y a mí mucho no me interesaba, convertirse medio en vendedor. Y quería meterme más en la cosa de diseño más que de rediseñar productos. Entonces me fui de ahí y empecé en el 2009, no hace mucho, a hacer cosas por mí cuenta. (Georgina, DI FADU-UBA, autoproductora)

Esta diseñadora inicia, así, un camino en la autoproducción, alejada de la modalidad en relación de dependencia al interior de las empresas. Del mismo modo que Martín, otro entrevistado, quien ha trabajado en una empresa metalúrgica mientras estudiaba en la Universidad, y que, luego de tres años de trabajar allí, decidió sumarse con otros compañeros de Facultad a un emprendimiento independiente que estos habían iniciado:

Y el último año me acuerdo que había como bastante… Todas las semanas venía un diseñador que trabajaba para la empresa. Al principio me sumaron a estas reuniones y después como que no había mucho lugar para que yo hiciera algo ahí, no había mucho trabajo y ya él se ocupaba de todo. Entonces, bueno, decidí que no quería trabajar más en la empresa. Me interesaba hacer algún proyecto independiente, me interesaba vincularme más que nada por lo que ellos [sus compañeros] venían haciendo hace un año. Quería hacer algo así. (Martín, DI FADU-UBA, diseñador independiente en estudio propio, compartido con dos socios)

A su vez, Javier, otro entrevistado, relata su trayectoria como diseñador free lance, hasta que se incorpora a una fábrica, pero aún con deseos de trabajar de forma independiente:

–Y así estuve un año con clientes free lance, con esta empresa, con la de San Nicolás y la Facultad. […] Hasta que un día, verano 2009, enero 2010, me llama el dueño y me dice que quería incorporarme en la fábrica. Entonces lo evalué y finalmente decidí incorporarme y ahí ya entré como diseñador también, en principio estaba haciendo lo mismo [diseño de POP], pero dentro de la empresa, y más tiempo y con un sueldo fijo, que era un poco lo que me interesaba. Y después en realidad me derivó la atención de una de las cuentas más importantes. Entonces hacía los diseños de todos los vendedores, pero atendía como ejecutivo de cuenta a este cliente. Y ahí estoy hace un año y medio. Todavía sigo trabajando ahí. Así que bueno, esa es un poco la historia y en este momento me siento un poquito agotado de estar acá. Por ahora sigo estando.

¿Agotado en qué sentido?

–Profesional y personal. Ya no me resulta copado…

¿Cómo es el trabajo? ¿Tenés que cumplir una cantidad de horas?

–No, tengo que estar disponible, tengo un celular y tengo un handy, entonces me encuentran, hay días que trabajo desde mi casa, hay días que voy a ver clientes y no voy a la empresa, lo manejo. Así que en ese sentido tiene esa comodidad, el dueño me tiene confianza, pero, bueno, hace un tiempito me estaban explotando mucho, mucho, ellos hacían el tema de las vidrieras y eso, y me agotó muchísimo, entonces, dije, la verdad que no se aguanta. (Javier, DI FADU-UBA, trabaja en una empresa fabricante de POP)

Este entrevistado plantea en un futuro la posibilidad de desarrollar un emprendimiento de tipo independiente que le permita recuperar el “manejo de los tiempos” que tenía cuando trabajaba free lance, además de poder contar con una mayor variedad de trabajos para realizar. Si bien en la empresa en que trabaja se le presenta cierta flexibilidad horaria, la posibilidad de trabajar solo y gestionar sus tiempos lo motiva más a pensarse como ‘independiente’.

Un caso ‘atípico’, en relación a este perfil, es el de Alejandro, un diseñador que trabaja en Buró –reconocida empresa orientada al diseño de mobiliario para oficinas, fundada por Reinaldo Leiro, uno de los diseñadores (en su caso, arquitecto) pioneros en el campo del Diseño Industrial en Argentina–, casi desde su egreso de la carrera en la UBA:

Empecé [la carrera] en el 87, de las primeras camadas sería. Me recibí en el 90. En el 92 comencé en esta empresa. Una cosa un poco atípica en estas épocas, estar casi veinte años adentro de una empresa. Empecé como junior, digamos. (Alejandro, DI FADU-UBA, trabaja en empresa)

Hablamos de un caso ‘atípico’ por tratarse de una inserción en la industria con un rasgo de permanencia tal que refleja una situación no característica para el perfil, que suele presentar más dinamismo en la entrada y salida de profesionales del sector industrial.

Ante el panorama de dificultad de integración de los diseñadores en las empresas, interesa indagar en profundidad las causas de esa situación, las que han conducido a una débil incorporación de estos profesionales en la industria, cuestión que será analizada a continuación, a partir de dar cuenta de las diferentes miradas de los egresados sobre este espacio de inserción y su vinculación con él.

El diseño en la industria. Dificultades percibidas para la incorporación de profesionales en el sector

Desde los inicios mismos de la actividad del diseño industrial, la relación con la industria se ha perfilado en términos de una mayor o menor integración, de una articulación oscilante que vuelve una y otra vez a poner en cuestionamiento esta particular relación, atravesada históricamente por prácticas y discursos que acercan o alejan la actividad a la producción industrial:

El Diseño Industrial tiene una aparición en el mundo de la producción con un cuestionamiento y un pasaje desde los teóricos de cuestionar el industrialismo con un sentido, inclusive, de fealdad de los objetos de uso y eso lo crean los artistas primero. En Inglaterra, cuando la gran crecida industrialista de la Revolución Industrial, Ruskin y otros teóricos, autores básicamente que vienen del arte, plantean que los objetos son feos, lo primero que plantean es volver al Medioevo, a la artesanía medieval, como cosa del hacer manual y todo eso. Pero eso va generando, también, una cosa que la industria sigue haciendo cosas, sin integrarse, entonces está desde el comienzo esa cuestión. (Entrevista a Ricardo Blanco)

En un punto, la figura del diseñador ha emergido a fin de volver más bellos los objetos industriales, elevando la calidad de la producción industrial y generando, al mismo tiempo, más consumo. Esta instancia, adaptada ciertamente a un contexto de desarrollo de la industrialización, no tiene un correlato en países de Latinoamérica, como Argentina, principalmente centrado en un modelo agroexportador. Ante este escenario, entonces, cabe analizar esta particular relación, a partir de la posibilidad efectiva de acceso, por parte de los diseñadores industriales, a las empresas, a fin de dar cuenta, en este contexto particular, de cómo perciben los profesionales esta inserción, cómo la vivencian, y cuáles son las principales dificultades que atraviesan. Es de este modo como podremos comprender esta mayor o menor integración entre diseño e industria en relación a las dos últimas décadas, a partir de la mirada de los diseñadores industriales egresados de la UBA.

Si pensamos en el contexto en que se encontraba el Diseño Industrial recién iniciada la carrera en la Universidad de Buenos Aires, debemos retrotraernos a la situación económica de quiebre industrial nacional, en un momento donde, como hemos observado, la empresa SIAM Di Tella, con todo lo que esta llegó a significar productivamente para el país, fue literalmente ‘liquidada’. Ante este escenario, la inserción profesional de los diseñadores industriales al interior de las empresas se vio sumamente afectada:

El tema es que el panorama industrial pos-militares y todo fue como bastante complejo y… uno lo veía más crítico en el momento… ¿Cómo los industriales no apuestan al diseño? Digamos hay muchas situaciones, que los industriales no podían apostar a nada y muchas veces agarraban lo más fácil que era traer, copiar y no generar como un riesgo de invertir en algo nuevo. En el panorama industrial en ese momento no existía el diseño, no hay un reconocimiento de qué era, la figura del diseñador industrial no existía. (Roberto, DI FADU-UBA, diseñador independiente en estudio propio)

Esta visión se asemeja a experiencias planteadas anteriormente por otros entrevistados, en referencia al desconocimiento de las cualidades en tanto prestaciones que estos profesionales pueden ofrecer a las empresas, ámbito para el cual fueron formados, a fin de desarrollar tareas de diseño de productos. Enfocándonos en esa cuestión, podemos preguntarnos: ¿a qué se debe este desconocimiento? ¿Cuál es la causa que dio lugar a esta supuesta paradoja basada en una formación profesional sostenida en un servicio para la industria y un supuesto desconocimiento de esto por parte de las empresas?

De acuerdo con lo expresado por diversos entrevistados, una de las principales causas sería la anteriormente mencionada desvinculación de la propia formación al interior de la Universidad de las experiencias propias del mundo productivo “real”, que genera un panorama incierto de inserción en la industria ante la ausencia de un proyecto integrador entre la Facultad y las empresas que permita a los alumnos vincularse a ese contexto:

La Facultad no te facilita pasantías, entonces es todo mucho de autogestión, de hablar uno con el otro, de un contacto que tengas… No hay eso, entonces capacitás a gente y gente re capaz que sale como bueno, acá tengo mi título y qué hago ahora. Vas a tocar la puerta de una industria que por ahí está buscando ingeniero u otro perfil, o algún diseñador, pero tampoco tiene muy en claro, le hablaron de lo que era el diseño, pero por ahí nunca contrató a un diseñador entonces no sabe muy bien cómo manejarlo o qué pedirle. Me parece que hay un problema de comunicación por ahí. Las empresas que están mirando mucho para afuera se dan cuenta de que el diseño puede agregar un valor en la cadena de producción y es conveniente, que se pueden optimizar cuestiones de la producción, que es necesario, que es como un eslabón más de la cadena. Pero por ahí la mayoría de las PyME que no están mirando para afuera para ver cómo funciona la cosa no tienen mucha idea. Entonces me parece que es para nosotros un problema porque estamos capacitados para hacer algo, pero nadie te quiere. Tampoco generalizarlo, hay mucha gente que sí labura en empresa, pero también hay mucha gente a la que le pasa esto. (Georgina, DI FADU-UBA, autoproductora)

La escasa articulación entre la Facultad –a través de la formación impartida– y las empresas genera posteriormente cierta sensación de incertidumbre en los egresados al momento de insertarse profesionalmente. La cuestión de la “comunicación”, planteada también como un problema por esta entrevistada, remite a este no saber exactamente cuál es la formación de un diseñador industrial, al desconocerse sus potencialidades como profesional, su capacidad de brindar servicio al interior de la industria, cuestión que atraviesa a la mayoría de las entrevistas:

Para mí el diseñador industrial es fundamental en la industria, lo que pasa que los industriales no lo saben. (Sebastián, DI FADU-UBA, trabaja en empresa)

La empresa todavía me parece que no sabe lo que es un diseñador industrial, es ese problema. Como que los empresarios conocen a los ingenieros, a los arquitectos, pero no saben lo que es un diseñador industrial o qué puede aportar un diseñador industrial. (Georgina, DI FADU-UBA, autoproductora)

Del mismo modo, Hugo Kogan expresa que el desconocimiento es mutuo, entre el diseñador y el industrial:

Entonces tenemos un hiato terrible en donde el diseñador no sabe lo que es un empresario, no sabe, no tiene la menor idea de lo que es un empresario…Y el empresario no sabe lo que es un diseñador, lo que un diseñador le puede aportar. El diseñador no sabe lo que le puede aportar, ni sabe lo que el otro necesita ni este sabe lo que el otro le puede aportar, nada, no se conocen, son desconocidos. (Entrevista a Hugo Kogan)

El desconocimiento de las prestaciones que un diseñador puede brindar a la industria es un tema recurrente en la mayoría de las entrevistas, lo cual da cuenta de una de las mayores dificultades que se presentan a los diseñadores que buscan insertarse en las empresas.

A su vez, otra de las causas señaladas al momento de plantear esta escasa contratación de diseñadores en la industria lo constituye la práctica de la “copia” de productos o modelos industriales. Esta instancia remite a un cierto desinterés por parte de los empresarios de incorporar diseñadores industriales, puesto que consideran más factible el viajar a otros países en busca de nuevos modelos de productos, para luego producirlos en sus propias fábricas, tal como plantean diversos entrevistados:

Siempre fue copiar cosas de afuera, traer matrices viejas. Pocas empresas tuvieron diseñadores industriales que yo conozca… (Hernán B., diseñador independiente en estudio compartido con socios)

No está bueno copiar, y el discurso es “yo hago diseño” cuando en realidad están copiando diseño, o readaptando, pero encima en manos de los proveedores. El 90% de las empresas muebleras es así. Lo que me di cuenta es que son los mismos proveedores, es el proveedor el que se encarga de asociar al diseñador… Desde ese lugar te digo que no se valora. O sea, la figura del diseñador no está en ese circuito. Hoy eso está cambiando. (Yamila, autoproductora)

Algunos fabricantes no saben que les hacemos falta. Y si nos reconocen, igualmente les es más redituable viajar una vez por año a China o Italia y de ahí tomar prestado los diseños de productos o comprar una matriz para producción. (Gustavo, diseñador independiente en estudio propio)

La práctica de la copia se plantea como inherente a la cultura industrial argentina. Si bien se encuentra vinculada a la instancia de desconocimiento de los servicios que el diseño industrial podría brindar a la producción de bienes, también es claro que el contexto de desindustrialización que tuvo lugar tanto en los años setenta como en los noventa incidió en la escasez –o, mejor dicho, en la ausencia– de políticas de desarrollo de productos nacionales, con diseño y producción en el país, lo cual generó un marco propicio para ese tipo de prácticas.

A su vez, otra cuestión que afecta la incorporación de diseñadores en la industria tiene que ver con experiencias no satisfactorias en empresas que han contratado diseñadores para que presten algún tipo de servicios, los cuales, contando con escasa experiencia en este ámbito, no alcanzaban a resolver los problemas o demandas requeridas:

Hay una cuestión que todavía persiste en muchos empresarios, de todo o nada, es decir, contactan un diseñador, no sale nada, no sale bien y ya no quieren otro diseñador. (Entrevista a Ricardo Blanco)

Esta instancia se vincula con una cuestión anteriormente planteada: la escasez de preparación o formación universitaria que vincule al diseñador con la industria y sus necesidades, o lenguajes propios. Instancia altamente influyente en el proceso de integración del diseñador al interior de ese contexto productivo:

¿Por qué hay tanta empresa que no tiene la menor idea todavía de qué pasa con el diseño y por qué tantos diseñadores abandonaron la idea de trabajar en una empresa antes de haberlo intentado o a veces habiéndolo intentado una vez y habiendo dicho “no se puede”? Y acá hay varias causas, pero hay una que yo creo que tiene que ver bastante, no la única, que es que las universidades argentinas, en general, son academicistas, vienen de una cultura académica, del siglo XIX, con una preponderancia muy grande de lo que es la pureza de la formación, que significa que un hombre que está estudiando una carrera universitaria en la UBA no puede hablar de dinero ahí, no puede hablar de a quién le vendés ni a quién le comprás, eso está prohibido. […] Entonces los profesionales, digamos así, que lo son parcialmente, lo son en su formación académica, pero no están preparados para actuar, para gestionar, para hacer, nunca en su vida, nunca, vieron una fábrica, no saben lo que es un capataz, se encuentran con una altísima dificultad porque nadie les enseñó, no tienen la culpa. Los que se dieron cuenta y se ocuparon de eso, son los que están trabajando. ¿Por qué algunos trabajan y otros no trabajan? ¿Por qué está esta industria que produce y no tiene diseñadores? Porque vos cuando vas a ver algunas industrias de pymes te dicen “no me hables de los diseñadores, porque yo llamé a uno que no sabés el desastre que me hizo”… Y, lógico. (Entrevista a Hugo Kogan)[3]

Nuevamente se pone en evidencia la necesidad de vincular la formación con el contexto productivo para el cual, finalmente, está orientada. En este punto, cabe preguntarnos: ¿es la Universidad responsable de la formación de sus egresados, así como de sus dificultades de inserción y ejercicio profesional en un ámbito “tradicional” como es la producción industrial? ¿Tiene la Universidad un grado de responsabilidad en esta desvinculación entre el profesional que forma y el universo para el cual está preparado para ofrecerle sus servicios? En relación a esta cuestión, los egresados plantean lo siguiente:

Yo como que no puedo esperar a que la Facultad me dé todo. Creo que hay cosas que se tienen que aprender posteriormente. (Hernán B., diseñador independiente en estudio compartido con socios)

 

No sé si pretendo que la Facultad dé todo porque no todos necesitan todo eso, es la realidad, tenés una estructura armada y de mil tipos hay dos que aprovecharon eso y otros novecientos que se dedicaron a otra cosa. Entonces también, considerando que es pública, gratuita, está bueno que esté al servicio de todos, pero me parece que también uno tiene que saber moverse y saber buscar y meterse en lo que necesite. Me parece que hay un poco también por ese lado. (Martín, diseñador independiente en estudio propio, compartido con dos socios)

Yo creo que hay un problema desde la Facultad, la Facultad hace lo que puede, es gratuita, y bueno, tiene pocos recursos. Pero me parece que si yo tuviera que modificar algo diría que hay que meter a la empresa en la Facultad, meterla desde el punto de vista que la empresa banque un proyecto de la Facultad, un trabajo, bueno te laburamos gratis para hacerte un producto, pero entonces vos nos abrís las puertas a ver tu industria, a la maquinaria. Entonces el tipo se mete en lo que es un diseñador, en cómo piensa, en los trabajos que puede hacer un diseñador y uno se mete en la dinámica de una empresa que no conocemos. (Georgina, autoproductora)

Esto es, por un lado, encontramos a quienes plantean que la Universidad no puede “dar todo” lo que un egresado necesita para insertarse profesionalmente, puesto que sostienen que una vez recibido, uno debe orientarse y encaminarse en el área que más ‘lo seduzca’ e interese y, en relación a eso, capacitarse o especializarse. A su vez, se encuentran quienes sí plantean una necesidad de mayor vinculación de la Facultad, de los contenidos formativos, y la lógica empresaria, a fin de contar con mayores recursos al momento de la inserción. En relación a esto, Blanco planteaba:

Ahora es responsabilidad de la Universidad enseñarles a los industriales también lo que servimos. […] Yo creo que en parte, en última instancia la Universidad dio una respuesta, da una respuesta, puede dar una respuesta al problema, si los industriales no la conocen, no la saben, también es parte de ellos. (Entrevista a Ricardo Blanco)

En este punto, es preciso plantear la dificultad que se genera en la Universidad de Buenos Aires para llevar adelante prácticas que requieran una importante cantidad de movilización de recursos, tanto humanos como económicos. En este sentido, la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo no está exenta de esas necesidades y demandas, las cuales buscan ser saldadas en el marco de cada cátedra, en la medida de lo posible.

A su vez, en este contexto de escasez de articulación entre la formación recibida y el desempeño al interior de la industria[4], esto es, entre la Universidad y la lógica de las empresas, se presenta al alumno una visión ciertamente acotada, desde el punto de vista de los egresados, en cuanto al rol que debería desempeñar el diseñador al interior de ellas. En este sentido, se plantea:

El diseñador dentro de la industria es una partecita que ni siquiera es la parte más importante y es uno más dentro de un trabajo. Cuando vos entrás a una fábrica, un choque muy grande que a veces hay con los diseñadores es que entran a una fábrica y tal vez se desilusionan pensando que van a ser el personaje principal de la fábrica y no lo es, pero ni a palos con la capacitación que sale de la carrera. (Ezequiel, trabaja en industria del sector salud)

[En la Facultad] se fomenta un diseñador muy individualista, qué sé yo, y no se propone esta cosa de un diseñador como un engranaje dentro de un mecanismo, un tipo que es solamente una parte de todo un proyecto, y bueno entonces te forman de una manera que después resulta que no. (Andrés, docente universitario y diseñador en estudio independiente)

Sin dudas, el contexto actual en el que se enmarca la producción ha dado lugar a un escenario en el cual se vislumbra un esquema dinámico de integración e interrelación de las partes que la conforman, en torno al cual el diseñador no sólo debe operar diseñando productos, sino también participando en la gestión misma de la producción.

Esto es, si bien el diseñador fue inicialmente concebido para el diseño y desarrollo de productos al interior de la industria, esta instancia no sólo fue modificada dadas las experiencias desarrolladas en el contexto latinoamericano, y específicamente argentino, en el cual la relación entre diseño e industria ha sido en efecto particular, sino que, además, el nuevo modelo posfordista de producción dinámica y flexible[5] dio lugar a un esquema productivo integrado, de mayor comunicación entre las áreas en juego.

Esta necesidad de interrelación e integración con diferentes instancias genera aprendizajes de diversa índole que el egresado debe incorporar en su camino profesional. Es en ese trayecto donde esos dilemas –comprendidos como factores de desarrollo, aprendizaje y ‘expertización’ laboral– inciden y delinean no sólo el perfil profesional, sino la propia construcción identitaria del diseñador, atravesada, como hemos expresado anteriormente, tanto por elementos subjetivos como objetivos en juego.

Ahora bien, las cuestiones planteadas reflejan las vicisitudes que forman parte del escenario complejo de inserción de los diseñadores al interior de la industria. Es preciso destacar, entonces, que la dificultad de inserción de estos egresados en ese ámbito da cuenta de instancias tales como la falta de conocimiento de la figura del diseñador, de sus aportes, competencias y capacidades en relación a las empresas; la falta de comunicación entre los diferentes componentes de esta cadena (entre universidad, diseñadores e industria); la escasez de articulación entre los conocimientos sobre el rol a desempeñar en la industria y la participación efectiva y “real” de este profesional en torno a ella. La sumatoria de estos factores sin duda ha influido en la configuración de este perfil profesional, adaptándolo a un contexto dinámico ante el cual el egresado debe desarrollar nuevos saberes y competencias, así como experiencia que le permita operar interactivamente en el entorno de la producción, sin sentir el impacto del “choque” que se pueda producir entre sus saberes previos y el ‘mundo’ productivo.

Así, el diseñador industrial se constituye como una figura vulnerable que debe adoptar, ante un contexto dinámico, nuevas orientaciones y especificidades, al no encontrar la inserción legitimada y específica en la industria, sector para el cual, tradicionalmente, fue concebido. Es en esta realidad que debe atravesar el profesional donde surge el tipo de discurso que evidencia la necesidad de ‘no reducir’ a la escena industrial al diseñador:

A mí me preocupa un poco cuando sólo tendríamos que tener más empresas para trabajar, porque es como mantener y seguir sosteniendo que el único lugar de ingreso y de desarrollo del diseñador industrial es la empresa, y me parece que tenemos un área mucho más diversa y más rica. (Pedro, DI, FADU-UBA, docente en la carrera de DI-UBA y diseñador independiente en estudio propio)

Ahora bien, al haber analizado las principales dificultades que atraviesa la inserción de estos profesionales en la industria, es posible pensar el por qué de una mayor elección por una modalidad de trabajo independiente. Si bien no podemos pensar que estas dificultades sean las únicas causas por las cuales estos egresados optan mayormente por ese perfil, sí en gran medida influyen en la elección. Analizaremos ahora ese perfil, el del diseñador independiente, en sus diferentes formas, y trataremos de comprender, entonces, las motivaciones que dieron lugar a su mayor elección.

7.2. Perfil de diseñador ‘independiente’: en estudio, free-lance o autoproductor

7.2.1. Inserción independiente en estudios de diseño

Al plantear el perfil profesional orientado a una inserción laboral de tipo independiente y, particularmente, al analizar los casos que evidencian ese tipo de inserción surge una primera reflexión: existe un anhelo en estos profesionales por desempeñarse de modo independiente, a pesar del tradicional postulado que planteara una formación orientada a la participación en la industria.

Como hemos observado en relación al anterior perfil, la escasa permanencia, o incluso la búsqueda y necesidad de orientar la profesión hacia una inserción de tipo independiente se vuelve un rasgo cada vez más característico. Esto es no solamente atribuible a la dificultad planteada en cuanto a la integración de estos profesionales al interior de la dinámica de las empresas, sino también a las condiciones de mercado, a la movilidad reflejada por él en las últimas décadas, dada por la reestructuración laboral y las nuevas configuraciones de trabajo, además de un rasgo ‘autogestivo’ que devino de una mayor individuación en los procesos sociales, los cuales incidieron aún más en esta modalidad de inserción independiente (Correa, 2010a). Esto, en cuanto a un plano más estructural, a lo que se suma también, desde uno más subjetivo, personal, la posibilidad de obtener, a través de las prácticas autogestionadas, un mayor reconocimiento que al interior de las empresas, así como una capacidad de poder desempeñarse ‘libremente’. En este sentido, un entrevistado plantea:

–Para las empresas en general trabajé como independiente, de hecho elijo trabajar como independiente, no me veo yendo todos los días a trabajar al mismo lugar a la misma hora y volviendo… eso me mata. También entiendo que podría no ser así, pero bueno…

¿Por una cuestión de horario?

–Sí, por la cuestión horaria, espacial, por un lado. Creo que eso es una cuestión coyuntural, tendría que ponérmelo a pensar un poco más, pero particularmente por lo menos, por mi modo de acción, yo digo, tengo como una acción extremadamente ecléctica, puedo estar escribiéndote una ponencia para un congreso y puedo estar estudiando una materia del Doctorado, al rato irme a ver a un proveedor de plástico que no hizo tal cosa y tenía que hacerla… Me gusta ir saltando, entonces eso me lo permite la independencia, el no ser un asalariado. […] Creo que no elegiría trabajar en una empresa. Creo que si puedo elegir, me mantendría así, con patas en diferentes lugares, no dependiendo de la decisión de nadie, por lo menos de varios y no de una sola… Y trabajando en proyectos muy diferentes todo el tiempo que pueda, si no, me aburro. (Pedro, DI, FADU-UBA, docente en la carrera de DI-UBA y diseñador independiente en estudio propio)

En relación a las motivaciones que conducen a esta elección “independiente” en términos de inserción, se pueden plantear cuestiones vinculadas a la gestión del tiempo, la realización personal, la satisfacción al desarrollar proyectos propios, elección por trabajar en determinados proyectos, entre otras. En este sentido, podemos observar los relatos de otros egresados, quienes plantean:

Cuando empecé a trabajar en diseño, muy poco trabajé en relación de dependencia, enseguida le escapé… Me gusta más como tener varias… Creo que hay muchos diseñadores que les pasa de tener como diversificado también en distintas cosas, o sea, no estar como con un trabajo que empieza, termina y cierra, y es así, ¿no? Es como poder cambiar… Tener distintos proyectos. (Soledad, diseñadora independiente en estudio propio)

Creo que además un poco las carreras proyectuales te impulsan un poco a eso, es más difícil trabajar en relación de dependencia, no estar de acuerdo con determinadas cosas, o sea no… No sería en términos de remuneraciones y condiciones laborales. Más allá de eso, digo en lo proyectual uno tiene una idea del diseño que a veces si tenés a alguien por encima por ahí piensa de otra forma, y si sos una persona que quiere hacer prevalecer su idea va a chocar todo el tiempo y en un momento te agota. Decís “bueno, yo quiero hacer mi propia experiencia y hacer lo que a mí me parece que está bien”. Entonces creo que en las carreras proyectuales se da más eso. (Daniel W., diseñador independiente en estudio compartido con socio)

Esta ‘diversificación’ a la que hacen referencia algunos entrevistados cuando mencionan, por ejemplo, “tener diversificado en distintas cosas”, “tener patas en diferentes lugares”, “trabajando en proyectos diferentes”, remite, sin dudas, a la amplitud que se presenta como inherente a la formación, dados los saberes diferenciados que la componen, así como también la ‘abstracción’ que se imprime en la propia formación académica. También se evidencia en estos registros un deseo por no estar en relación de dependencia y poder generar un proyecto propio, que de alguna manera permita dar curso a esta diversidad de tareas. De alguna manera, la elección y la intención de trabajar en forma independiente parece prevalecer en esta área ‘proyectual’. En relación a esto, una cuestión es ciertamente significativa: la posibilidad de armar un estudio propio se presenta como la primera opción a contemplar por los ‘nuevos ingresantes’ que buscan una incorporación al escenario laboral:

Hay un montón de estudios porque hoy cualquiera en su casa tiene un estudio, hoy te manejás casi todo por mail, es muy fácil tener un estudio, te hacés una página y tenés un estudio. (Daniel W., diseñador independiente en estudio compartido con socio)

Esta mayor accesibilidad en términos de una temprana incorporación al mercado laboral es una cuestión que difiere de la situación experimentada por los estudiantes de Diseño Industrial en los noventa, momento en que, como hemos observado, imperaba cierto desconocimiento e incertidumbre sobre el desempeño profesional del diseñador. Pero igualmente cabe destacar que esta accesibilidad, la posibilidad de insertarse a través de estudios propios, si bien vino acompañada en este nuevo contexto por una mayor difusión y visibilidad del diseño, no parece haber cambiado demasiado, desde los inicios mismos de esta carrera, dado que el perfil del estudiante ‘típico’ remitía a una posición socioeconómica que no evidenciaba dificultades económicas para ello:

Había como una cosa de que a todos les iba bárbaro y todos se montaban su estudio…Y yo digo, claro, lo que pasa que no…Digamos, al ser una carrera cara, eso lo aprendí con los años, al ser una carrera cara, entonces algunos hacían pasantías y no sé qué. Pero lo cierto es que ninguno tenía necesidad de comer, de dinero. Entonces, claro, yo puedo jugar al estudio, puedo jugar a hacer una pasantía que no me la paguen, puedo hacer un montón de cosas que total tengo tiempo y hago experiencia y armo… O sea, la perspectiva que se vivía era, bueno, salís, te pones tu estudio, trabajás. (Raquel, trabaja en el INTI)

Yo tengo mi teoría personal, no sé si será muy… Son carreras caras, o sea, y por lo tanto la mayoría de los alumnos tienen… O sea, vienen de familias con un nivel, con un poder adquisitivo de medio para arriba, y no trabajan muchos, a la noche sí, más. (Soledad, diseñadora independiente en estudio propio)

En estos discursos surgen ciertas cuestiones que reflejan la situación del egresado: hablamos de un sujeto proveniente de sectores socioeconómicos medio-altos y altos, lo cual incide posteriormente en la inserción, puesto que, tal como plantea la primera entrevistada “no había necesidad de comer”, esto es, no había un apremio económico que los movilizara a insertarse en espacios de relación de dependencia, sino que podían asumir la opción de instalar un estudio de diseño –tal como ella plantea: “podían jugar al estudio”– y buscar proyectos a desarrollar para terceros. Esto, a fin de generarse un espacio de inserción que no implicara una estructura demasiado grande –un ambiente de trabajo, una computadora con programas de diseño y acceso a Internet y un teléfono sería el capital suficiente para iniciar– y al mismo tiempo, que permitiera obtener clientes y proyectos de su satisfacción –que podrían ser elegidos al desarrollarse de forma independiente– al punto de volverse ‘conocidos’ en el campo y comenzar a generar mayor reconocimiento y demanda de trabajos.

Pero si bien esto se presenta en cierta forma como el ámbito ‘ideal’ de desarrollo profesional, varias dificultades se enlazan en relación a este perfil. Una, ciertamente la más significativa, según el relato de los entrevistados, es la dimensión ‘comercial’ dada al emprendimiento personal, como en este caso, a través de un estudio propio. Esto, justamente, por no contar desde la propia formación universitaria con materias vinculadas a la dinámica comercial y de ‘negocio’ en torno al diseño:

Mi experiencia en la Facultad con la UBA es que la Facultad te prepara para diseñar y punto. Tenés ciertas materias, digamos, legales, cómo lidiar con un cliente o cuestiones impositivas… cuestiones comerciales, cero, eso es ensayo y error todo el tiempo o capacitarse por otro lado. (Esteban, diseñador free lance)

Hay una electiva que es Marketing, pero es lo que puede ser más parecido, pero es electiva y no sé muy bien cómo es, pero es como para saber el tema de los registros de los productos. No hay ninguna materia que te diga “bueno, hay que ir por este lado o por este lado, se trabaja de este modo”. Para mí, falta. Más ahora que estamos con esta movida que estamos con pequeños emprendimientos. (Laura, diseñadora independiente en estudio de diseño compartido con un socio)

La adquisición de experiencia y afianzamiento en materia comercial no se presenta como una instancia sin mayores dificultades, ya que depende de un aprendizaje y un expertise que el egresado va construyendo posteriormente, en el día a día.

A su vez, el tema de lidiar con los pagos muchas veces se presenta como un obstáculo inherente al trabajo independiente del diseñador. Si bien se plantea en las entrevistas que una vez que el estudio de diseño –o los propios diseñadores– son mayormente conocidos en el campo ‘cuesta menos’ cobrar los trabajos realizados, en un nivel inicial esto suele ser una dificultad para los ‘nuevos ingresantes’.

De este modo, los obstáculos, en términos comerciales, que se presentan en relación a los profesionales ‘independientes’ en algunos casos inciden en la continuidad del perfil. Tal es el caso mencionado de Javier, un entrevistado que durante algunos años compartió un estudio de diseño con su socio, también diseñador industrial, pero que, a raíz de los condicionantes económicos, decidió abrirse camino en la industria, diseñando POP en relación de dependencia:

Estaba bueno tener el estudio propio. Sinceramente nunca nos rindió, siempre andábamos medio justos en cuestión económica. El problema que tenía el estudio era que éramos los dos muy parecidos en algún punto, entonces faltaba quizás alguien que complementara para que eso fuera una empresa. Como diseñador independiente genial, vos venías, me pedías un trabajo, te lo desarrollábamos perfecto, pero cuando empezó a menguar y empezamos a buscar, ninguno tenía un perfil comercial, y no nos poníamos muy de acuerdo para dónde ir y qué hacer. (Javier, trabaja en empresa de POP)

A pesar de los obstáculos comerciales planteados –que en este caso, los condujo a cerrar el estudio– la elección de trabajar de forma independiente se presenta con mayor peso con respecto a estar bajo relación de dependencia:

¿Por qué elegiría trabajar por mi cuenta? Por el manejo de los tiempos, porque en definitiva ganaba mejor cuando estaba por mi cuenta. Y por la variedad. Pero lo que más disfruté cuando estaba solo era el manejo de los tiempos. Completamente mío. Tengo ganas de recuperar eso y desarrollar otras áreas también, la de dar cursos, como te decía. (Javier)

Esto es, aún no habiendo contado con una buena experiencia en forma independiente –dado que debieron ‘disolver’ el estudio por causas económicas–, la elección de esta forma de trabajo parece imperar, a pesar de que presente complejidades que deban ser sorteadas a fin de poder permanecer en dicha posición y sostener la elección.

En algunos casos se plantea en relación a este perfil cierta fantasía con respecto al desempeño laboral, a fin de mostrar una situación que muchas veces no condice con la ‘realidad’ vivenciada, en función de sostener y legitimar esa posición:

Hace algunos años, el Centro Metropolitano organizó unos desayunos de trabajo en donde estaba buenísimo, para conocer, para ver en qué andábamos, entonces hacen una ronda y cada uno se presentaba. A mí me causa gracia porque era como que a todos les iba maravilloso, pero nadie te contaba en serio en qué andaba, para ver en qué está produciendo, qué objeto hiciste, de que estás viviendo. En realidad la entrada viene por otro lado, yo siempre soy como medio crítico y me molesta cuando se quieren salvar las apariencias y… En realidad resulta que todo el mundo está atrás de encontrar algo y de hecho toda mi generación o muchos de mi generación se han volcado a dar clases, lo cual es bastante contradictorio, porque estás dando clases, estás formando diseñadores para que no tengan laburo, entonces uno se plantea si es correcto hacerlo, pero también es verdad que tenés que hacerlo para poder… Es muy cruda la verdad. (Andrés, docente universitario y diseñador en estudio independiente)

Si bien estos profesionales, como he mencionado, provienen de familias de sectores medios y medio-altos, la necesidad de mantener el capital económico –y ciertamente la posición en la estructura social– de alguna manera queda reflejada en ese pasaje. A su vez, este entrevistado da cuenta así de dos cuestiones en torno al desempeño de los diseñadores independientes: por un lado, esta supuesta apariencia de una situación laboral ciertamente óptima; por otro, la escasez de trabajo vinculado a la formación, lo cual, afirmaría la idea de una autogestión a fin de que los diseñadores puedan insertarse profesionalmente en el mercado.

Esto es, se plantea la autogestión como modalidad de inserción ante un contexto que se percibe como desfavorable para la integración del diseñador en el mercado, o principalmente en relación a la industria. Esto es, como expresa un entrevistado: “En este país es todo muy difícil, es decir, insertarse, y si no sos un autovendedor te cuesta” (Andrés). Pero, ante esto, cabe pensar si no es la propia intención de insertarse de manera independiente la que, de algún modo, reduce la posibilidad de inserción, en este caso, al interior de ese sector. En relación a esto, es posible pensar que el interés por ser un “autovendedor” refleja, sin dudas, un desinterés por trabajar en relación de dependencia, cuestión sobre la que vuelven una y otra vez los entrevistados en sus discursos[6].

Al analizar esta modalidad de trabajo independiente, a través del desempeño en estudios de diseño, cabe destacar que instancias como las propias falencias en materia de comercialización –cómo generar un ‘negocio’ en torno al diseño–, distantes de la formación académica obtenida, así como las dificultades vinculadas a ‘cobrar’ el trabajo realizado, evidencian la necesidad de profesionalizarse a fin de brindar mayor solidez a la posición alcanzada dentro del campo. Esta mayor o menor profesionalidad desarrollada pone en juego ciertas competencias, saberes y habilidades que definen las posiciones dentro de este, permitiendo alcanzar el objeto en juego: el reconocimiento y la legitimidad.

En este sentido, estos profesionales ‘independientes’, tal como plantean Dubar y Tripier (1998) en relación a los profesionales liberales calificados bajo esta categoría, “son enfrentados a la doble cuestión del discurso a un cliente y del reconocimiento de su expertise[7]. Esos autores señalan:

Para conservar e incrementar su clientela, ellos deben pasar la prueba de su competencia, de la calidad de sus productos o servicios, de su dominio de una forma específica de expertise. Para retener la autonomía, ellos deben demostrar su capacidad de auto-control sobre sus actividades.[8] (Dubar y Tripier, 1998: 185)

Es decir, estos profesionales tienen que demostrar ante ‘el otro’ –en este caso, sus clientes– su profesionalidad: entendida como competencias y habilidades en el marco de un propio expertise que dé lugar al reconocimiento del trabajo por parte de este. Tal como plantea un entrevistado:

Profesionalizar el diseño de producto es el gran reto que tenemos. Y yo, por un lado, tengo un aspecto positivo a resaltar que es ese, yo creo que es indispensable, por otro lado, no está bien pago, con lo cual nosotros vamos a tener que encargarnos de darle, no sé si más valor, pero sí valorizar más nuestra profesión, eso es una cosa un poquito más compleja. (Daniel S., diseñador independiente en estudio compartido con dos socios)

De este modo, la autogestión no sólo devendría en términos de generarse o gestionarse el empleo –‘auto-vendiéndose’, como expresaba un entrevistado–, sino que también tendría que dar lugar a una mayor valorización de la profesión, llevada a cabo por estos mismos profesionales. Ellos saben que el mercado, y su posicionamiento dentro de este, debe ser ganado, es resultado de una lucha por el reconocimiento y la legitimidad, con lo cual es por esto que entienden que deben, ellos mismos, encargarse de darle más valor a su trabajo, en función de una mayor profesionalización del diseño.

7.2.2. Diseñador independiente free-lance

El perfil de diseñador free-lance se caracteriza por trabajar individualmente, sin contar con una estructura armada a modo de estudio de diseño, dado que generalmente trabaja desde la casa, contando con los recursos mínimos y al mismo tiempo suficientes, pero con una capacidad de absorción de trabajo limitada. En este sentido, tal como lo define un entrevistado:

…después están los de chancleta, los de pantufla que laburan en la casa, y bueno, pueden llegar a laburar muy bien, pero es otra cosa. Vos llamás acá y si no estoy yo te atiende otro, es una empresa. (Daniel S., diseñador independiente en estudio compartido con dos socios)

El perfil de free-lance generalmente es una primera opción laboral que se presenta tanto al estudiante como al recién egresado que se inserta en el mercado. Dados los requerimientos mínimos que necesita para montar la estructura de trabajo –los mismos que los mencionados para el caso anterior: computadora con programas de diseño y teléfono–, siendo estudiante ya puede comenzar a desarrollar este perfil, a partir de contar con la experiencia de haber realizado ejercicios de diseño en la Facultad. Pero esta estructura, si bien le permite resolver trabajos puntuales, al mismo tiempo limita la capacidad de desarrollo laboral, lo cual directamente incide en su posibilidad de crecimiento:

Sí, está la figura…A mí no me gusta, pero es la figura de free lance. No me gusta, no porque, de hecho lo que yo hago podría encuadrarse en eso, pero yo creo que el free lance pierde mucho más de lo que gana con encasillarse en ese lugar porque, digamos… Vos querés un trabajo puntual, yo te lo cotizo, lo hago, se termina relación. O sea, no hay relación laboral de ningún tipo. […] El free lance es una persona que trabaja en general en su casa, en realidad haciendo como trabajos puntuales, como para cuando un estudio excede su capacidad o una empresa excede su capacidad, llamo a un free lance ¿no? […] No sé, yo lo veo, es como una changa, es muy de acá, argentino, hacer changas de diseño, ¿no? Es decir, tapar baches y el menos beneficiado es el que lo hace, el free lance. (Soledad, diseñadora independiente en estudio propio)

La incertidumbre de esta forma de inserción se refleja en este relato, puesto que el trabajo ‘bien pago’ es ciertamente aleatorio. Además, la inserción se desarrolla en un plano de precariedad, sin ningún tipo de seguridad social. Es por esta razón que una gran proporción de los egresados, de acuerdo con sus relatos, elige trabajar en forma independiente, pero no como free-lance, aunque algunos, como planteaba esta entrevistada, podrían encuadrar su trabajo en esta modalidad. A su vez, otra entrevistada planteaba su elección como ‘independiente’, pero alejada del formato free-lance:

Trabajé en relación de dependencia y después empecé a ver la veta de que no encontraba el trabajo en relación de dependencia que realmente me hiciera sentir bien. Surgieron estos dos y después otro tercer pedido en forma externa, que fue medio como un puntapié inicial. Y a los seis meses nos incorporamos dentro de lo que era IncuBA ya con el perfil de decir, bueno, quiero generar un proyecto propio, que tenga una estructura más sólida que simplemente ser un diseñador free lance. (Luciana, diseñadora en estudio independiente compartido con una socia)

Igualmente, en algunos casos se presenta la posibilidad concreta de establecer una relación con el cliente, a partir de contar con proyectos continuados, lo cual permite la posibilidad de proyectar un crecimiento en relación a esta inserción:

Hay algunos que yo conozco que son free lance, pero tienen como un ‘abono’, es como que son prestadores de servicios de tal lugar [de una empresa]. (Georgina, diseñadora autoproductora)

Ahora bien, las diferencias entre este tipo de perfil y la inserción en un estudio de diseño que alberga socios e incluso empleados, que cuenta con una mayor estructura y con una mayor capacidad de desarrollo de proyectos, son claras, pero las dificultades que se presentan en cuanto a la dimensión económico-comercial del trabajo son similares entre estas dos formas, al menos, en el caso del estudio de diseño, al momento del inicio de este. Las cuestiones vinculadas a la forma de generar clientes, a cómo cobrar los trabajos, esto es, cómo generar un ‘negocio’ en torno al diseño, se presenta de la misma manera para aquellos que directamente iniciaron un estudio, sin pasar por la experiencia de ser free-lance, y estos:

–Después con mi socio nos separamos en el 2008 y hoy llevo el estudio solo y free lance y es difícil, muy difícil ser independiente…

¿A qué se deben esas dificultades?

–Que vendo un intangible, entonces, dependo de la necesidad de un tercero. Y ese tercero, lo pongo como un industrial, una industria, lo que sea, no la está pasando bien, la coyuntura hace que no la esté pasando bien. Por un lado eso. Después que somos muchos diseñadores, muchos. El costo siempre va a ser… El que maneje mejor costo siempre va a tener una ventaja en relación al número, después está la experiencia, cómo lo resuelvas, eso también influye. En mi caso yo sólo ofrezco diseño para terceros en principio, no tengo una especialización en algo. También es complicado que te llamen, “si nunca hizo esto”, siempre va a terminar… Lo más probable es que llamen a alguien que sí lo hizo a que no lo hizo. Eso influye. (Esteban, diseñador free lance)

Los diseñadores entienden que las demandas de sus trabajos se enmarcan en situaciones contextuales, que dependen de un ‘otro’ –clientes, empresarios– que los reconozca. La lógica del campo tiene su funcionamiento en estos actores, en sus posiciones, en sus participaciones, y en la illusio recreada en torno a él. En la medida en que estos profesionales logren profesionalizarse y profesionalizar al diseño, desarrollarán mejores condiciones laborales (mayor demanda de trabajo, mejores sueldos, mejores condiciones comerciales).

7.2.3. Diseñador independiente ‘autoproductor’

El perfil de autoproductor está constituido, como he mencionado anteriormente, por una producción autogestionada de bienes de uso cotidiano, en la cual un área central es la producción de mobiliario. Si bien, cabe aclarar, esta práctica no es nueva, puesto que remite a los inicios mismos de la actividad de diseño en el país, ha alcanzado mayor visibilidad en esta última década, a partir de la denominada ‘crisis de 2001’ y de la mayor producción de ‘diseño independiente’ enmarcada en ese contexto. Así, se comenzaba a delinear una ‘vieja’ práctica, reposicionada al interior de ese contexto económico que daría lugar a la participación de numerosos actores en el plano del arte y la cultura.

De este modo, podemos plantear la gestación de un nuevo escenario productivo signado por la proliferación de proyectos económicos, muchos de ellos nacidos como estrategias de producción independiente, instancia que se volvería ampliamente difundida en el período post crisis 2001, especialmente vinculados a la producción económica y cultural local.

Ahora bien, ante ese nuevo escenario, cabe preguntarnos: ¿tuvo la industria que ver con esta configuración del diseño independiente? ¿Tuvo que ver la escasez de inserción que planteáramos con respecto a los diseñadores en las empresas con este ‘auge’ de la autoproducción y la autogestión del diseño? En un punto importante sí, y esto mismo es lo que supieron captar desde la Universidad al considerar la posibilidad de redefinir la disciplina en términos de generar una orientación vinculada a esa práctica, adaptada a ese contexto. A su vez, en relación a estos interrogantes, un entrevistado plantea la necesidad de desarrollar proyectos independientes, dadas las condiciones laborales que se presentan al diseñador al momento de insertarse:

El cuentapropismo en este país es muy importante porque lo otro es como que no funciona. Entonces es uno de los países donde más emprendedores hay del mundo. ¿Es gratis? No, simplemente porque si no sos emprendedor te comen los piojos. Entonces es muy difícil agarrar una empresa pujante, que te lleve, que te forme, que te dé un buen sueldo. Entonces te la rebuscás por tu cuenta. (Daniel S. diseñador independiente en estudio compartido con dos socios)

A su vez, en relación al desarrollo de estos emprendimientos, la dificultad que se evidencia es similar a la planteada en los casos de estudio de diseño y diseñadores free-lance, al plantearse escasos conocimientos en materia comercial:

Y, lo que nos pasa por ahí como tratando de ser autoproductores independientes, al menos a mí o lo que hablé con otros amigos, es que es muy difícil, no tenemos formación comercial, nada en la Facultad, cero, es como un vacío muy grande. Y es una limitación enorme porque por ahí hacemos algo y estamos muy perdidos en… bueno ¿y ahora qué hago con esto? ¿Dónde lo meto? (Georgina, diseñadora autoproductora)

Nuevamente se refleja la cuestión de incertidumbre o vacío con respecto a cómo desarrollar una venta, un negocio en torno al diseño. Ante esto, la necesidad de ‘profesionalizar’ la formación se vuelve evidente.

En este sentido, y ante la puesta en escena de una diversidad de proyectos autogestionados que comenzaron a requerir espacios de difusión, es que surgieron las primeras ferias de diseño en la Ciudad de Buenos Aires, principalmente en el barrio de Palermo, las cuales iniciaron un circuito de producciones independientes vinculadas al diseño de indumentaria, de objetos, accesorios, mobiliario y luminaria, entre otros productos, que incidieron en la mayor visibilidad de la actividad.

La visibilidad de la autoproducción en la década de 2000: la puesta en escena de las ‘ferias de diseño’

La conformación de las ferias de diseño da cuenta de la creación de espacios de intercambio mercantil, inicialmente promovida por diseñadores egresados de la UBA –industriales, de indumentaria– que han generado un circuito de diseño en la Ciudad.

En este sentido, un espacio que se ha generado en la Ciudad de Buenos Aires con el fin de difundir y volver visible en la escena pública las producciones de numerosos diseñadores es el barrio de Palermo, y las diversas ferias de diseño que se alojaron en su interior. En este caso, la Feria Puro Diseño, un evento que se organiza en la Ciudad de Buenos Aires desde el año 2001, se ha configurado como un espacio referencial para la difusión de los diseñadores independientes. Esta feria comenzó a volverse un espacio de visibilidad para los diseñadores, principalmente de indumentaria, pero con el tiempo fue incorporando también las producciones de diversos diseñadores industriales. Un entrevistado expresa lo siguiente:

En un momento dado decidimos empezar a hacer productos. Con el florerito enseguida nos fue bien porque fuimos al Malba y les encantó, entonces se empezó a vender, y después, en el 2008, tomamos la decisión de presentarnos en Puro Diseño, que fue una decisión importante porque es como que nos dio mucha visibilidad. (Andrés, docente universitario y diseñador en estudio independiente)

Con respecto a esto, la irrupción en la escena pública, desde inicios de 2000, de las primeras ferias de diseño de la Ciudad dio lugar no sólo a una mayor visibilidad pública del ‘diseño’, sino también a una reconfiguración urbana del barrio de Palermo, en relación a las nuevas edificaciones construidas, a la apertura de numerosos locales de gastronomía y gourmet y una irrupción de nuevos locales de diseño, tanto de indumentaria como de productos para el hogar. Tal como analiza Sergio Braticevic:

A partir de las transformaciones que comenzaron a darse en los años noventa, a remolque de una distribución del ingreso regresiva que estimulaba nuevas pautas de consumo, la fragmentación territorial se intensificó en determinados rubros (por ejemplo en el sector gastronómico), lo que hizo que algunos espacios vieran alterada su fisonomía habitual. En este sentido, la implantación del complejo de Diseño en Palermo es un proceso que se relaciona de manera directa con los cambios que se fueron produciendo en el decenio 1991-2001. (Braticevic, 2007: 314)

Del mismo modo, Paulina Becerra plantea:

Efectivamente, Palermo se constituyó en muy poco tiempo en una referencia obligada para copiar, inspirarse, diferenciarse o analizar otros tipos de propuestas comerciales. Junto con el fenómeno numérico (según datos del CEDEM, Palermo pasó de tener 758 locales en el año 1993, a 1243 en el año 2002), la novedad fue la gran cantidad de propuestas de autor tanto en diseño como en gastronomía, que de manera viral fueron apropiándose de un territorio configurado hasta ese momento por casas bajas y talleres mecánicos. (Becerra, 2006: 10)

En otro punto expresa:

A diferencia de otros “Sohos”, en el nuestro lo característico fue la espontaneidad del fenómeno. Lejos de una planificada intervención inmobiliaria, como en el caso de Puerto Madero, una suerte de guerrilla urbana compuesta por diseñadores, artistas, productores y chefs tomó por asalto el poder en esa parte de la Ciudad y le dio una nueva fisonomía e identidad que hoy derrama hacia múltiples direcciones. (Becerra, 2006: 10)

En este sentido, podemos observar cómo los diferentes estudios mencionan la nueva configuración que ha adquirido el barrio de Palermo con la irrupción de numerosos diseñadores locales en materia de indumentaria, así como artistas, arquitectos y también diseñadores y productores de objetos de uso cotidiano, mobiliario, luminarias y diversos accesorios para el hogar. De este modo, la conformación de espacios de circulación y promoción del diseño dio lugar a una nueva performance de articulación estética, económica y cultural en barrios de la Ciudad (Correa, 2010a), que se sumarían a la inicial propuesta de Palermo como núcleo de diseño.

En relación a esta cuestión, cabe destacar que las ferias de diseño se originaron a partir de la conjunción de cierta necesidad de realizar emprendimientos creativos, de tipo independientes, de generar un proyecto autogestionado, enmarcado en la posibilidad de hacer, como plantea Bourdieu (1998: 318) “de la necesidad virtud”, a fin de generar, en función de la propia capacidad reflexiva y creativa, un emprendimiento comercial.

Ahora bien, con respecto a la difusión que alcanza en este contexto el diseño, podemos pensar dos cuestiones: por un lado, se vio incrementada por una producción autogestionada de objetos, la cual dio lugar a escalas productivas pequeñas, y, por otro, esta ‘autogestión’ fue llevada a cabo no sólo por diseñadores, sino por un abanico de productores, artistas, sujetos creativos que vieron en este ‘fenómeno del diseño’ una posibilidad de inserción laboral, al encontrar en estas pequeñas producciones un emprendimiento creativo y comercial ciertamente accesible. Esto generó una ‘apropiación’ de la disciplina, que hizo, de sí misma, una práctica masiva, lo cual generó una mentada distorsión de esta:

O sea, la verdad que para mí ir a plaza Serrano y que digan que es diseño, no es diseño. Es otra cosa, llamalo emprendimiento creativo, lo que quieras, pero no es diseño. Al menos desde mi interpretación. O sea, hoy es diseño todo, diseño de vela, diseño de bijouterie. […] Hay casos puntuales donde te digo sí, gente con la que he trabajado, de iluminación, que empezó como una cosa más de diseño de autor y hoy por hoy tiene ese perfil, pero es una empresa, produce, genera, tiene una proyección a futuro. Es otra estructura. Pero la señora que hace resina en su casa colándola y que hace un florero con forma de girasol, y que le pone diseño, eso no es diseño. (Luciana, diseñadora independiente en estudio compartido con una socia)

En relación a estas pequeñas producciones de diseño desplegadas en Palermo, es importante destacar que el impulso que les dio la propia formación universitaria, al fomentar el desarrollo de las iniciales producciones en series de pequeña escala, tal como planteara Blanco anteriormente, expresado ahora por los propios egresados:

Muchos de estos emprendimientos nuevos que aparecen a partir de la crisis tienen que ver también con la Facultad, porque hay un trabajo práctico que se hacía en la cátedra de Blanco, que es legendario, donde vos en el último año lo que hacés es una serie de producción, tenés que hacer, ponele, veinte productos, de un producto de consumo, simple, por ejemplo, puede ser, no sé, un cenicero, una taza de café, una bandeja, algo, vos lo decidís y vos tenés que pensar cómo lo vas a fabricar, y tu entrega es entregar los veinte productos. Al desarrollarse ese tipo de ejercicio desde la Facultad los pibes se iban de la Facultad con eso bajo el brazo, con una pequeña serie de producción y habiendo experimentado ese tipo de producción, entonces, ¿qué aparece? La autogestión, el emprendedor, el tipo que al no haber industria y no poderse meter en la empresa, ¿qué hace? Va a vender sus productos a estos mercados que se empiezan a generar y que además ellos mismos son los que los generan, porque son los diseñadores que se meten ahí los que terminan haciendo que Palermo crezca, y ahí aparece moda, aparecen productos. (Dolores, becaria UBACyT y docente en FADU-UBA)

En este sentido, la práctica de la autoproducción fue una instancia que surgió desde los mismos alumnos, al asumir que ellos podían –y querían– realizar sus propias piezas, lo cual fue contemplado por la Facultad. En función de esto, no sólo se redefinió institucionalmente la disciplina, sino el propio perfil profesional, tradicionalmente orientado a la industria, ahora vinculado también a la autoproducción, constituyéndose en uno de sus perfiles más desarrollados en estos últimos años. Beatriz Galán sostiene: “En nuestro medio, el liderazgo del diseño en el ámbito de las industrias culturales fue acompañado desde proyectos pedagógicos por la Universidad de Buenos Aires” (Galán, 2008: 6), en clara referencia a la práctica de autoproducción en el marco de la Cátedra Taller de Diseño Industrial, a cargo del Arq. Ricardo Blanco, en el Cuarto Nivel, a partir del año 2000 en adelante[9].

De este modo, ante el contexto de crisis y reestructuración del mercado laboral de los años noventa, el trabajo independiente se volvió una modalidad visible y elegible por numerosos profesionales, y la disciplina también fue adaptada a esta situación, ante la creciente inserción de diseñadores bajo esa modalidad. Ahora bien, ¿por qué esta práctica se volvió elegible para esos profesionales? ¿Se trata de una elección propia de desarrollar proyectos autogestionados, o nuevamente, se presenta como una consecuencia de la distancia manifestada entre el diseño y la industria? Ambas cuestiones son ciertamente las claves de su desarrollo. Pero, en este sentido, Hugo Kogan expresa:

…en 2011 tenemos, a raíz de lo que está sucediendo, que les sucedió a muchos diseñadores que no tenían posibilidades de ubicarse dentro de una empresa, empezaron a diseñar, a hacer autoproducción, son diseñadores productores… Lo hacen por cuenta propia, entonces qué hacen, para poder competir tienen que elegir una tecnología y un material, y especializarse fuertemente en eso para poder competir, tener precios. Entonces sobre ese material empiezan a trabajar, se especializan, trabajan con resinas o trabajan con cortes de cuero o con cortes de cartón, lo que fuera, y se van especializando. Y sacan realmente productos muy buenos, pero avanzan sobre esa tecnología que es la que conocen, no pueden pasar a otra, si no tienen que empezar de cero otra vez, entonces pasan dos años, tres, cuatro, cinco, y siguen haciendo resinas… Decime si un tipo… Yo no creo que lo pueda haber elegido por decisión, un tipo que estudió veinticinco años (jardín de infantes, primario, secundario, universidad y alguno se hace un posgrado) para estar goteando resina dentro de un tachito, no creo. (Entrevista a Hugo Kogan)

El planteo realizado por Kogan refleja, en cierta manera, la disposición de una práctica profesional –la autoproducción– que no se corresponde, desde su visión, con la propia formación obtenida. Del mismo modo, otro entrevistado expresa:

Para mí son productos profesionalmente de medio pelo, pero no porque el producto final sea de medio pelo, porque por ahí son cosas divinas y se venden fenómeno, a precios carísimos, no reniego de eso. Pero me parece que profesionalmente como que se quedan ahí, muy limitado. (Esteban, diseñador free lance)

Esto es, si lo pensamos desde la concepción más tradicional del diseño industrial, el profesional estaría habilitado para una práctica ciertamente vinculada a la industria, con lo cual esta instancia autoproductiva, de alguna manera, no se correspondería con su perfil, no se identificaría en él, y quedaría, por esta lógica, deslegitimada. Es, justamente, por el anclaje mismo de esa tradición que se evidencia este tipo de discursos. Pero, contemplando la redefinición que experimenta la profesión, que parte desde la misma Universidad no sólo al abrir nuevas cátedras, y con esto, nuevas orientaciones, sino desde la incorporación de prácticas basadas en las producciones de series chicas, el diseño industrial estaría habilitado para este tipo de desarrollo laboral: la autogestión sería entonces un espacio de identificación como diseñadores. En efecto, contradictorio, puesto que en esta misma contradicción se constituye esa figura profesional, al ser concebida al servicio de la industria, o mejor dicho, de las producciones industriales, pero que, al dotarla de saberes diversos, el propio espacio institucional performativo habilita para una inserción que excede al sector productivo.

La apertura, que se genera en la Facultad, recién hacia los años 2000, acompaña este proceso de mayor desarrollo autogestivo de sus egresados, en función del cual esta práctica deviene mayormente elegible, y por esto mismo, dominante en cuanto actividad profesional, esto, a partir de cambios, ciertamente transformadores, configurados tanto en un nivel macro como en uno micro. En un nivel macro, dadas las condiciones estructurales del mercado de trabajo, la mayor flexibilización laboral en un contexto global posfordista y un proceso de individuación que acentuó la elección por esta modalidad de trabajo. Mientras que en una dimensión micro, los intereses, deseos, las propias aspiraciones personales de ‘independencia’, de devenir sujetos “hacedores” de sus propios proyectos, de sus propias empresas, tienen lugar, a la luz de una formación ampliada, “libre”, que no los limita, y que les permite concebir este tipo de proyectos.

Es así que se articulan, para dar lugar a esta práctica, diversos actores: la Universidad, avalando una orientación ‘independiente’ de sus egresados, y acompañándolos en este proceso; los diseñadores, que vieron mayores probabilidades de inserción en un desarrollo autogestionado; la industria, incidiendo en esta práctica al no demostrar un alto grado de interés por este tipo de profesionales; y el mercado, que los alojó y les dio mayor visibilidad social en esta última década, principalmente en torno a este perfil reposicionado: el de autoproductor.

7.2.4. Perfil de ‘diseño de autor’

El perfil de ‘diseño de autor’, claramente identificado al circuito de ferias de diseño y autoproducción de Palermo –puesto que es en torno a esta configuración que alcanza mayor desarrollo– es el que generó visibilidad del diseño en este contexto:

…el diseño recién de alguna manera empieza a aparecer, a tener resonancia pública, a partir del diseño de autor, de lo que se llama diseño de Palermo, y eso en realidad es el diseño de pequeñas series producidas por los mismos diseñadores, sean de moda o sean de objetos. (Entrevista a Hugo Kogan)

Si bien la autoproducción dio lugar al ‘diseño de autor’, o, podemos decir, este se constituye como una variante de la primera, la diferencia entre ambos se remite a lo que este representa, a cómo es percibido por el público, así como al sentido que promueve, buscando una distinción no sólo del objeto diseñado en sí, sino del propio diseñador. En relación a esto, el diseñador que desarrolla el producto –entendido como ‘autor’ que realiza una obra con un sello propio– es reconocido como un artista, una pseudo estrella del diseño, con la que algunos se sienten identificados, pero otros no:

A mí me parece que con las lámparas nosotros estamos a mitad de camino de varios proyectos. O sea, por ahí, como imagen final, como producto, se podría enmarcar en diseño de autor, porque digamos, es particular… Unos modelos, otros modelos son más adaptables a cualquier situación. Pero en algunos casos, algunos nos identifican mucho, son muy personales. Pero el proceso en sí no es el mismo de diseño de autor conocido como en Europa, digamos, donde yo soy un diseñador, tengo una chapa, una empresa me contrata a mí o compra mi diseño por lo que represento yo, a lo Starck. […] Entonces, como mecanismo no es diseño de autor, digamos, como estrella de rock que va, una empresa se lo banca y chau. Es como más… más de abajo. (Roberto, diseñador en estudio independiente)

Al mismo tiempo, un entrevistado que divide su tiempo entre su estudio de diseño y un proyecto de diseño de mobiliario –a modo de diseño de autor, en el cual trabaja más por disfrute que por una cuestión comercial– expresa cierta identificación con ese perfil:

–Y ahí sí, tratamos de ir sacando cosas nuevas, no día a día, pero, por ejemplo para la última feria que fue hace un mes sacamos tres productos nuevos, son productos que salen en revistas. Es como esa parte de diseñador, como se dice, estrella, que uno tiene, que le gusta que le digan “qué lindo lo que hacés”…

¿Lo ves eso como diseño de autor?

–Sí, definitivamente sí. Tiene la mano del diseñador, el diseño que llega a la gente es el diseño que elegimos nosotros, sin ningún intermediario que me diga no me gusta que hagas esto, prefiero que hagas esto otro. Hoy no nos deja plata, pero yo veo que a futuro puede llegar a dejar algo y también, más allá de lo económico, es algo que nos gusta, a mí me gusta hacerlo y a mi socio también. De hecho nos juntamos extra laboralmente, los fines de semana. Pero lo hacés a gusto. (Hernán B., diseñador en estudio independiente, realiza paralelamente ‘diseño de autor’)

También este perfil es vinculado a un trabajo de tipo artesanal, con una mayor impronta estética, pero que al mismo tiempo representa productos de elevado costo en términos económicos:

Hay otra gente que te va a hablar de diseño de autor, o sea, otros perfiles que a mí realmente no me interesan. […] Hacer una intervención de un objeto netamente estética para que se venda fortunas, no me interesa ese perfil de diseño. (Verónica, diseñadora en estudio independiente)

Los productos de ‘diseño de autor’ evocan una realidad ciertamente alejada de la producción industrial, y acercada en mayor medida a una artesanal, la cual no alcanza a ser masiva. En este sentido, el ‘diseño de autor’ es desarrollado para un segmento limitado, reducido. En relación a esto, una entrevistada expresa:

Para mí el diseño de autor no es que está mal, es que es para algunos. Después hay otras cosas que… La industria es mucho más amplia. Y tiene mucho más impacto. Porque hace una cantidad de productos que le llega a la gente. Siempre el mito de que autor es Starck. [Su exprimidor] es como el ejemplo del diseño de autor, fantástico, pero es una escultura. Y funciona en ciertos ámbitos, en las grandes ciudades, a cierto público, con cierta lógica. Después hay un montón de otra gente que necesita productos razonables.[10] (Raquel)

De este modo, es posible pensar este perfil como una instancia que se encuentra cercana al arte, a la creación de una obra cuyo sello del autor –al estilo de un artista– genera un reconocimiento. Pero se trata de obras o piezas de diseño que no están pensadas precisamente para cubrir una necesidad funcional para un consumo masivo, puesto que son productos concebidos como piezas únicas, ‘exclusivas’. La individualidad en la que el diseñador concibe su producto se plasma en esa producción, resuelta en la unicidad, en la singularidad de la pieza diseñada.

El prestigio, en términos de distinción, que supone este consumo, constituye la afirmación de la existencia de este mismo perfil, esto es, se reproduce en el momento mismo en que encuentra en el mercado un comprador que entiende esta lógica, y acepta sus reglas, a fin de ‘distinguirse’ en función del valor simbólico y económico que porta el objeto. El diseñador, a su vez, alcanza un reconocimiento en esta transacción, que lo posiciona en un espacio de legitimidad que consolida aún más esta práctica en el mercado.

7.2.5. Diseñador docente-investigador

Este perfil remite al rol docente o de investigación del diseñador industrial, tanto en universidades nacionales como al interior de diversas instituciones públicas o privadas de promoción de la actividad.

Con respecto a la dimensión educativa, una cuestión significativa subyace a las características de los entrevistados: la mayoría de ellos son o fueron docentes de la carrera de Diseño Industrial de la UBA. Es decir que podrían no conformar un perfil profesional, sino una práctica que puede ser adicionada a la labor propia del perfil en el que el egresado se inserta. Pero, en el escenario actual en que se amplían los espacios de inserción del diseñador, la labor vinculada a un desarrollo académico de docencia e investigación se presenta con mayor presencia como salida laboral, lo cual habilitaría a una definición en términos de poder categorizarlo como un perfil más de orientación y acción profesional[11].

En este sentido, podemos observar el relato del siguiente entrevistado, quien comenzó a dar clases de manera adicional a la labor en su estudio de diseño –compartido con dos socios–, hasta que, con el tiempo, estas le empezaron a insumir un tiempo mayor al dedicado al estudio:

Con uno de mis socios, empezamos a trabajar en la UADE, se dio la oportunidad en la UADE, se abrió la carrera de diseño industrial y nos preguntaron si la podíamos armar nosotros, armar el proyecto para presentarlo en CONEAU y eso. Bueno, lo hicimos, salió aprobado y entonces él se dedicó a eso y quedó como Director de la carrera, yo doy digamos muchas clases ahí… Pero lo que pasó realmente es que lo que empezó a ser un proyecto medio alternativo, esto de dar clase, empezó a competir seriamente con el estudio. (Andrés, docente universitario y diseñador en estudio independiente)

La combinación de este perfil con otro tipo de actividades se evidencia de manera significativa, puesto que la inserción en la docencia ha devenido un perfil ciertamente activo entre estos profesionales, en algunos casos como una instancia más atractiva que la propia práctica del diseño de productos:

Hay algo de eso que me interesa, la parte del diseño donde yo tengo que sentarme en el estudio a ponerme a diseñar y digo “me encanta que me paguen para esto”. Ahora cuando tengo que ir a un taller a ver un proveedor y me traen la parte más de fierros, me refugio, me siento más cómodo en la actitud universitaria, intelectual, de la reflexión. Entonces me interesa más el proyecto que el producto. […] A mí, personalmente, la parte tecnológica la domino, entiendo, pero no es algo que me llame la atención. Ahora sí me interesa la parte más intelectual, reflexiva. De hecho mi laburo está un 70% repartido en docencia y un 30 en el estudio. (Daniel, docente universitario y diseñador en estudio independiente)

Tal como sostiene este entrevistado, el interés por “la parte intelectual, reflexiva” lo condujo a priorizar un perfil docente por sobre el del diseñador de productos, tradicional área de inserción. Del mismo modo, otro entrevistado plantea que se siente mayormente identificado con el perfil docente, aunque también se reconoce vinculado a diversas actividades, en mayor o menor medida ligadas a la docencia:

[Yo me defino] como docente, de hecho siempre me reconocí más como docente que como diseñador industrial, y reconocía a mi familia como docentes, tanto mi papá como mi mamá eran docentes universitarios y así, y la gente con la que me relacioné en mi adolescencia y también ahora, en la mayoría tienen perfil docente. […] Bueno, sí, hice las dos carreras paralelas, hice Diseño Industrial y Profesorado de Educación Primaria. […] Después estudié una Maestría en Gestión y Política de las Ciencias de la Tecnología, y después terminé en un Doctorado de Ciencias Sociales… No, yo no me defino en un solo lugar. A veces hago diseño industrial, a veces hago docencia, a veces hago docencia en diseño industrial, a veces hago productos, a veces hago investigación científico-tecnológica, a veces hago investigación científica, a veces hago transferencia tecnológica, a veces hago extensión en docencia, extensión en diseño, a veces hago recreación. No, no me defino. (Pedro, docente en la carrera de DI-UBA y diseñador independiente en estudio propio)

Este relato evidencia el anclaje de la diversidad performativa, en función de la cual este entrevistado desarrolla mayormente un perfil docente-investigador que por momentos alterna con una labor independiente en su estudio de diseño.

El escenario de mayor apertura y flexibilidad que brindó la Facultad en las dos últimas décadas potenció la inserción en diferentes instancias, una de ellas constituida por el perfil de docente-investigador, el cual fue habilitado mayormente por un contexto de incentivo a la investigación científica desarrollada en el país. El crecimiento de la cantidad de becas de Maestría y Doctorado dirigidas a formar investigadores, otorgadas tanto por el CONICET como por la UBA, acompañó este proceso, en el cual varios diseñadores encontraron una posibilidad de desarrollo profesional:

Digamos, recién ahora hay una visión más flexible de cuál es el perfil del diseñador y donde las cátedras empiezan a poner diferentes tipos de ejercicios para que el alumno pueda ver que no es la única manera salir a diseñar un producto. De hecho, yo soy becaria, o sea, no estoy diseñando productos, estoy trabajando en investigación, y es absolutamente válido. (Dolores, becaria UBACyT y docente en FADU-UBA)

Ahora bien, en cuanto al rol orientado a la enseñanza, se observa la elección por la docencia desde un lugar que permita poder cambiar, en un punto, la forma de impartir la disciplina, acercando a los alumnos a experiencias concretas del mundo productivo “real”. Con respecto a esto, existen dos cuestiones que se evidencian en las entrevistas: la necesidad de ‘bajar’ los contenidos teóricos a un campo más pragmático, más empírico, a fin de que los alumnos puedan reconocer este campo de acción desde un plano más ‘real’, y otra, emparentada con una posibilidad de redefinir las prácticas mismas de enseñanza, comprendidas por algunos como ciertamente negativas.

En cuanto al primer punto, se plantea lo siguiente:

Yo la viví así, el último año nuestro nos la pintaron así, vamos a tratar de poner un contexto semi-real y estuvo buenísimo, a mí me encantó. Y un poco con el que era un importante cliente en ese momento. Cuando yo estuve de adjunto dije “quiero mantener eso, me parece buenísimo”. Y hasta algunos me han escrito en las paredes ‘yo no soy tu cliente’, cuando desaprueban algo y no lo ven en ese momento. Y lo que yo estaba tratando de hacer era acercarlos con la realidad para darles herramientas. (Martín, diseñador en estudio independiente, fue docente de la carrera de DI-UBA)

Aquí se evidencia un interés por formar a los alumnos con requerimientos más cercanos al mundo productivo, cuestión que muchas veces no es percibida como significativa por estos al encontrarse aún en un contexto alejado de la ‘real’ inserción que debe vivenciar el egresado.

En cuanto al segundo punto, observamos los siguientes testimonios:

He hecho una crítica sobre cómo son los docentes, cómo se diseña, no es solamente la corrección, y ser malo en la corrección… Realmente es como que muchas veces es la crítica por la crítica, y la crítica individual en vez de tratar de ver el problema en general e ir avanzando… Para ello, por ejemplo, ahora que soy docente como que traté de no tener ninguna de las formas que a mí no me habían… Hubo docentes a los que yo no les hablé por un año porque sentía que era como una cosa de agresión que no valía la pena. (Andrés, docente universitario y diseñador en estudio independiente)

Sufrí mucho las materias de taller y amé las materias teóricas… Creo que tenía mucho que ver con el trato y el maltrato de los docentes. Yo era, tenía formación docente y de hecho trabajaba como docente y veía el desempeño de los que de alguna manera guiaban mi laburo y no me gustaba, me sentía incómodo, me molestaba inclusive, el autoritarismo, el maltrato, el desprecio por la producción ajena… No es general, pero lo sufría, en los casos donde se evidenciaba lo sufría. (Pedro, docente en la carrera de DI-UBA y diseñador independiente en estudio propio)

–… en la UBA hay una tradición de la enseñanza que viene de la Arquitectura que es muy dura, muy mala, con muchos vicios negativos en la práctica docente…

¿Como cuáles?

–Y…el desprecio, la falta de pedagogía, nada se explica, todo es… Como una sobrevaloración de los aspectos más superfluos del diseño y poca profundización en los temas que realmente importan. Yo creo que la Facultad de Arquitectura y Diseño se ha poblado durante un tiempo de docentes que están esperando que del otro lado alguien los deslumbre con grandes ideas y se quejan y parece que las generaciones nuevas no leen, no estudian, no dibujan, no nada. Y así, yo apenas egresé empecé a dar clases también, y siempre me molestó mucho escuchar entre mis pares docentes ese tipo de comentarios. Creo que esto de a poco está cambiando, pero es cierto que hay una tradición del profesor de la UBA en esta Facultad, que viene de las carreras de Arquitectura que siempre fueron más de ese estilo, que sí, que es muy malo. Y la verdad es que las nuevas generaciones traen nuevas cosas que hay que saber sacarles el jugo, hay que comprenderlos. (Marco, diseñador industrial en estudio propio y docente universitario en DI-UBA)

La posibilidad de desplegar una nueva modalidad más adaptada a la capacidad reflexiva de los alumnos y que sea diferente de aquel tratamiento que recibieron como estudiantes, donde se percibía cierta desinformación, así como una escasa comunicación al momento de evaluar los proyectos entregados, entre otras cuestiones mencionadas, como el maltrato, parece ser una cuestión a plantearse como docentes universitarios[12].

A su vez, cabe destacar que esta opción por desarrollar una labor docente refleja, como he planteado, una posibilidad de ingreso económico, el cual, ante momentos de escasez de demanda laboral, se torna beneficioso, y en algunos casos una necesidad:

Muchos diseñadores hoy hicieron autoproducción, muchos se metieron en docencia, muchísimos, y otros por ahí hacen otras cosas. Vivir del diseño, sólo del diseño, creo que muy pocos. (Esteban, diseñador free lance)

En realidad resulta que todo el mundo está atrás de encontrar algo y de hecho toda mi generación o muchos de mi generación se han volcado a dar clases. (Andrés, docente universitario y diseñador en estudio independiente)

En algunos casos la docencia también denota prestigio:

La Facultad es más como una cosa necesaria por ahí para la chapa, de decir, “bueno, y además doy clases”. (Soledad, diseñadora en estudio independiente y docente universitaria en FADU-UBA)

La búsqueda de reconocimiento simbólico da cuenta también de un motivo de inserción en la actividad docente, particularmente en un espacio legitimado como la UBA, institución ciertamente reconocida en el área de las disciplinas proyectuales, tal como sostienen los propios entrevistados.

En los últimos años, la docencia y, en especial, la investigación alcanzaron un mayor desarrollo en términos de inserción profesional, dada la mayor reflexión instalada en torno a pensar el diseño como cuestión social. En este sentido, diversos profesionales se orientaron a producir mayor conocimiento en ámbitos académicos e institucionales, en relación a esta actividad y su vinculación con la industria, el mercado, la cultura, la identidad cultural y específicamente, con la sociedad. En este contexto de mayor producción de conocimiento en torno al diseño también tuvieron incidencia las instancias gubernamentales que fueron creadas en esta última década a fin de impulsar su acción. Tal como plantea una entrevistada:

[A partir de 2001 empiezan] las instituciones, empiezan a aparecer los programas de promoción del diseño, las agencias de promoción del diseño, que aparece el Programa de Diseño dentro del INTI, aparece el CMD en la Ciudad de Buenos Aires y aparece el Plan Nacional a nivel Nación. (Dolores, becaria UBACyT y docente en FADU-UBA)

Entre ellos, podemos mencionar los casos del Centro Metropolitano de Diseño, dependiente del Ministerio de Modernización, Innovación y Tecnología del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; el Centro de Investigación y Desarrollo en Diseño Industrial, en el marco del Instituto Nacional de Tecnología Industrial; así como el Plan Nacional de Diseño, dependiente del Ministerio de Producción de la Nación, programas o centros gubernamentales que han impulsado la investigación en materia de Diseño Industrial, buscando propiciar una mayor promoción así como un mayor desarrollo de esta actividad en el sistema productivo.

En relación a este perfil docente-investigador, cabe destacar la importancia que adquiere, a partir de este período, la apertura de estos programas estatales, instancia que desde el momento del cierre del CIDI en 1988 no tuvo lugar en nuestro país. Esto es, desde ese momento no se había vuelto a promover el diseño de manera activa, tanto al interior de la industria como de la sociedad en general, por parte del Estado.

Es así que numerosos diseñadores industriales durante esa década comienzan a incorporarse a la actividad de promoción del diseño, a fin de volverlo un factor clave en los procesos productivos, brindando mayor información sobre gestión del diseño en las empresas, y buscando articular los diversos actores que conforman la cadena productiva, para generar un mayor acceso de la población a bienes de calidad.

Cabe mencionar que en estos últimos años se ha promovido más investigación y reflexión sobre esta actividad, mayor divulgación del conocimiento producido en relación a las instancias anteriormente mencionadas. El perfil del diseñador investigador o inserto en programas institucionales de promoción del diseño en los diferentes sectores productivos ha contribuido para este fin. La articulación con la docencia, necesaria, permite difundir en gran medida esas contribuciones.

7.3. Reconfiguración del campo de desarrollo profesional

En relación a lo planteado, se presenta un nuevo repertorio en cuanto a la inserción profesional de los diseñadores, vinculado al crecimiento que adquiere el diseño a partir de esta última década. El nuevo escenario brindó a los diseñadores industriales mayores posibilidades de acción, porque si bien hacia los años noventa comenzaban a plasmarse en el campo profesional, a partir de esta última década se acentúan los perfiles profesionales diferenciados, avalados institucionalmente por la Universidad:

Yo creo que en la [Universidad] de Buenos Aires se viene dando… Y, desde la crisis que se viene manifestando, por lo menos vengo viendo… Por ejemplo, Beatriz Galán [Docente de la carrera de Diseño Industrial de la UBA] trabaja mucho desde ese lugar, desde el lugar de abrir las experiencias a los alumnos para que aparezcan otras cosas. De hecho, ellos están trabajando hace mucho con lo que es artesanías, con el diseño social. (Dolores, becaria UBACyT y docente en FADU-UBA)

Eso de que el diseñador industrial tiene un multiperfil. […] Hay como muchas formas de poder abarcar el diseño industrial, y sobre todo con el desarrollo que se dio a partir de 2001 también, se empezaron a abrir especializaciones. O sea, hay tipos ahora que se dedican sólo a hacer productos para medicina, hay otros que sólo se dedican a hacer productos para packaging, otros que hacen productos en resina, otros que hacen calzado… Hay un montón de profesionales que están inmersos en la docencia, como una fuente de ingreso importante, porque también hay un montón de instituciones ahora, cada vez hay más. (Leandro, diseñador en estudio independiente)

Este ‘auge’ del diseño dio lugar a nuevas configuraciones profesionales, instalando, al mismo tiempo, la idea de ‘negocio’ en torno a esta actividad, cuestión que antes no era percibida como tal, no porque este no implicara en sí una instancia comercial, sino porque las condiciones productivas del país hasta este momento no lo habían posicionado en ese lugar, salvo en ciertas excepciones que hemos mencionado anteriormente, vinculadas a experiencias de los años sesenta, donde la actividad tuvo un desarrollo significativo.

Ahora bien, con respecto a esta reconfiguración del campo profesional desarrollada a partir de los años 2000, el siguiente esquema refleja el crecimiento de ciertas prácticas así como la participación de los actores que intervienen en él:

Figura 2: Esquema del campo del Diseño Industrial, escenario
en la década de 2000

Actores intervinientes: Mayor participación de diseñadores en el mercado (preeminencia de inserción en formas autogestionadas: estudios de diseño, autoproducción, diseño de autor, free lance; en menor medida inserción en empresas en relación de dependencia); estudios de diseño independiente; industria (gradualmente más receptiva a incorporar diseño en la producción); centros de promoción del diseño industrial; instituciones académicas de formación. Se acentúa la diversidad de perfiles profesionales, así como la competencia entre diseñadores instalados y nuevos ingresantes (y entre estos entre sí) en lucha por el reconocimiento y la legitimidad.

De este modo, en este nuevo escenario, se evidencia una reconfiguración, en relación a la década anterior, del campo de inserción profesional del Diseño Industrial, dada la mayor actividad evidenciada en torno al mismo en esta última década, en la cual influyó ciertamente el nuevo contexto productivo de incentivo a la producción y consumo de bienes nacionales. En este escenario, se presenta una mayor inserción de estos profesionales de manera autogestionada, a partir de la generación de proyectos de tipo independiente, sea a través de la proliferación de estudios de diseño, la participación free lance o la autoproducción, en relación a la cual el ‘diseño de autor’ ha devenido una práctica de creciente actividad, a partir de la puesta en escena de circuitos de diseño en la Ciudad de Buenos Aires, como en el caso del barrio de Palermo. También se refleja una mayor promoción de la incorporación de diseño en la industria, en la cual influyen los centros o programas gubernamentales destinados a este fin. Gradualmente las empresas, principalmente las PyME, se orientan a contratar servicios de diseño para su producción.

La diversidad de perfiles profesionales tiene su anclaje en este nuevo escenario, al interior del cual los mismos ellos son definidos en torno a la lucha por el objeto en juego: la obtención de reconocimiento y legitimidad. La figura del diseñador busca ser reconocida en ese entramado complejo, escenario de luchas y contradicciones, encuentros y desencuentros ante una indefinición que la atraviesa, inherente a su propia formación.


  1. Ese nombre refiere a un momento crítico que vivió Argentina en materia social, económica, política, institucional, dado el deterioro generado por las políticas de convertibilidad, flexibilización laboral, medidas económicas de amplia apertura al mercado internacional, que provocaron un crecimiento de la desocupación, pauperización de sectores medios (Kessler, 2003; Lvovich, 2003) y mayor vulnerabilidad y marginalidad de los sectores más bajos de la sociedad (López y Beccaria, 1997) en los años noventa. En relación a la producción, la industria nacional redujo su participación en el mercado interno y externo, ante una elevada importación de productos y un ingreso de capitales y empresas extranjeras (Aspiazu, Basualdo, Schorr, 2001). El modelo económico liberal asentado en los años noventa generó mayor exclusión y desigualdad social, además de las consecuencias económicas y políticas mencionadas (López y Beccaria, 1997). El período culminó con el fin de la convertibilidad en el año 2001, un ‘corralito’ bancario y pluralidad de asambleas barriales en búsqueda de una mayor integración social (Aguilar y Correa, 2002). Ante la pérdida de trabajo, numerosos sujetos se ‘volcaron’ al desarrollo de emprendimientos de tipo autogestionados. En este caso, fábricas recuperadas, cartoneros y demás actores sociales aparecieron en escena (Svampa, 2005), así como diversidad de productores independientes, principalmente de sectores medios o medios empobrecidos (Wortman, 2003), como los denominados ‘diseñadores independientes’, que iniciaron sus producciones en ferias de diseño independiente a partir del 2001 (Correa, 2010a; 2010b).
  2. Justamente por este crecimiento notable del Diseño en la Ciudad de Buenos Aires la misma pasó a integrar el programa de Red de Ciudades Creativas de la UNESCO, y ha sido declarada por esta misma organización, Ciudad Creativa del Diseño, en el año 2005.
  3. La cursiva es resaltado de la autora.
  4. En relación a esto, y en base al Informe desarrollado por la Fundación Observatorio PyME, cabe destacar otro dato surgido de la encuesta realizada: la principal fuente a la que acuden los empresarios para contratar servicios de diseño son las relaciones profesionales, especialmente entre las pequeñas industrias (57%). En cambio, para las empresas medianas (35%) la contratación a través de los proveedores habituales cobra mayor importancia que para las pequeñas (25%). Aunque en menor medida, también son consultadas publicaciones y medios especializados (18%), o bien contactadas universidades que cuentan con carreras afines, principalmente por parte de las empresas más grandes (14%) (FOP, 2011: 7). Con lo cual se observa un acercamiento de los industriales a las universidades para buscar profesionales en Diseño, instancia que indicaría, por un lado, un cierto interés por profesionales formados en la universidad, y por otro, un reconocimiento de la disciplina como servicio aplicado a las industrias.
  5. En relación a este nuevo carácter flexible, así como reflexivo, que adquiere el posfordismo, de mayor intervención de los conocimientos y saberes en la propia producción, a fin de contribuir en términos cualitativos a ella, en detrimento del propio quantum fordista, puede leerse Renato Ortiz (1997), Scott Lash y John Urry (1998), Richard Sennet (2006), Manuel Castells (2006), entre otros.
  6. Cabe aclarar que aquellos que ya estaban desarrollando prácticas independientes tenían una clara intención de no insertarse en empresas en relación de dependencia, sea porque habían salido de estas o sea porque nunca estuvieron –y porque nunca sintieron deseos de ingresar–, mientras que en aquellos casos que sí efectivamente trabajaban en empresas (cuatro casos), dos entrevistados planteaban un mayor interés por trabajar de forma independiente –querían volver a esta práctica, puesto que la habían realizado previamente–, y otros dos percibían ciertos beneficios por trabajar en las empresas en que estaban –una dedicada a la fabricación de artefactos para la salud, y otra dedicada a la producción de muebles para oficina–, entre los cuales se observan: aprendizaje, nuevos conocimientos, dinámica laboral, además de la cuestión de la seguridad social.
  7. Fuente original: “…ils sont confrontés à la double question de leur rapport à une clientèle et de la reconnaissance de leur expertise”. (Traducción de la autora)
  8. Fuente original: “Pour conserver et accroître leur clientèle, ils doivent faire la preuve de leur compétence, de la qualité de leurs produits ou services, de leur maîtrise d’une forme spécifique d’expertise. Pour garder leur autonomie, ils doivent démontrer leur capacité d’auto-contrôle sur leurs activités.” (Traducción de la autora)
  9. De manera análoga a esta situación, Saulquin plantea el impacto de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, especialmente de la carrera de Diseño de Indumentaria “en la constitución de las economías creativas metropolitanas”, esto es: “En medio de la mayor crisis del sector industrial, algunos alumnos y egresados de la FADU fueron impulsados a crear sus propias marcas y establecerse en el barrio de Palermo de la Ciudad de Buenos Aires, que presentaba ya algunas características propicias, como la cercanía de un mercado sensible a los valores del diseño; se multiplicaban las iniciativas emprendedoras con base en diseño, lo que hacía necesario desarrollar circuitos de apoyo y comerciales” (Galán, 2008: 6-7).
  10. Philippe Starck es un diseñador industrial francés que se caracteriza por diseñar productos con una identidad estética propia, productos concebidos como ‘exclusivos’, ‘distintivos’ en términos de Bourdieu, si pensamos el consumo como una práctica clasificatoria de distinción. Su producto tal vez más reconocido es el exprimidor Juicy Salif, diseñado para la firma italiana Alessi, que se ha convertido en ícono del diseño moderno.
  11. Cabe destacar, en relación a esto, el crecimiento de la disciplina del Diseño en las universidades nacionales a partir de 2000, evidenciado en el incremento de la cantidad de inscriptos en las carreras de Diseño (Gráfico, Industrial, de Indumentaria y Textil, entre otros) que tuvo lugar en los últimos años en la Universidad de Buenos Aires. También la apertura de estas carreras en diversas universidades públicas y privadas, como el caso de la Universidad de Palermo, que abrió sus puertas a los Diseños a fines de los años noventa, remite a un mayor desarrollo de la disciplina en los últimos años. Tal como plantea un entrevistado: “El hecho de que la Ciudad de Buenos Aires sea la Ciudad de Diseño por la UNESCO, también es un gancho importante para todas las universidades privadas que están captando estudiantes latinoamericanos a partir de eso, o sea, la Universidad de Palermo, la UADE ahora abrió una carrera de Diseño Industrial muy interesante. Creo que es la ciudad donde hay más estudiantes de diseño del mundo” (Leandro). A su vez, según un artículo publicado en el Diario Clarín, esto tiene su correlato: “Entre 2000 y 2008 el número de los alumnos regulares de la FADU creció un 51%, el de Medicina un 31 y en el resto de las grandes [Abogacía, Economía, Psicología] hubo descenso. (…) Desde 2000, explica Sorín [Decano de la Facutad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA], el crecimiento de las carreras de la FADU fue sostenido. Pero de 2003 a 2005 fueron “los diseños” los que abultaron la matrícula. “La FADU –dice Sorín– creció fuerte con la incorporación a fines de los 80 de Diseño Gráfico y Diseño Industrial. Imagen y Sonido pegó un salto con el boom del cine argentino sobre fines de los 90 y también entre 2002 y 2003 cuando muchos se pasaron de las escuelas de cine privadas. Pero de 2003 a 2005 la que más creció fue Diseño de Indumentaria y Textil”. (Artículo publicado en el Diario Clarín el 12-5-2008). De acuerdo con él, en Buenos Aires es donde se evidencia un mayor crecimiento de la disciplina del Diseño, no sólo por la promoción de la actividad en términos públicos y privados, razón que le valió la nominación de ‘Ciudad del Diseño’, sino que además cuenta con “el mayor número de alumnos de diseño del mundo: unos 14 mil”. Este significativo incremento de la matrícula en la FADU da cuenta de una mayor actividad vinculada a ‘los diseños’ a partir de 2000, cuestión que incidió, a su vez, en un mayor desarrollo del perfil docente de estos profesionales, al interior de distintas universidades, tanto públicas como privadas.
  12. En relación a esto, algunos entrevistados recordaban la película argentina “El hombre de al lado”, dirigida por Mariano Cohn y Gastón Duprat, en la cual el protagonista es un diseñador industrial, quien, en su rol docente, al momento de evaluar los trabajos presentados por sus alumnos, refleja una actitud ciertamente despótica.


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