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Consideraciones conclusivas

Marcelo González y Luciano Maddonni ­

Nuestro acercamiento a la Filosofía de la Liberación en su polo argentino como movimiento complejo, explosivo y digno de ser estudiado –siguiendo la caracterización de Arturo Roig con la que iniciamos el libro– nos puso en la pista de la necesidad de investigar con detenimiento el salto cuantitativo y cualitativo en la producción textual de Enrique Dussel y Juan Carlos Scannone en el año 1971. A partir de aquí asumimos la labor de interpretar este año/evento adentrándonos en las trayectorias de ambos autores y buscando ofrecer tres tipos de aportes. Por un lado, un seguimiento pormenorizado de los textos en sus tramas de producción y circulación, priorizando una lectura atenta al trabajo intelectual desplegado, a su inteligibilidad interna y a sus interlocuciones. Por otro, una elucidación de la explosión liberacionista que se desmarcase de una interpretación en términos de continuidad/ruptura y en la que fuese posible dar cuenta simultáneamente de la autonomía de las etapas y de la radicalidad de la torsión producida. Por fin, una detección de los aportes filosóficos, históricos y teológicos para el campo de la reflexión latinoamericana. L@s lector@s interesados podrán ahora sopesar la entidad de lo alcanzado.

Por nuestra parte, una lectura del trabajo complexivo realizado nos sugiere tres consideraciones conclusivas, dedicadas respectivamente a las trayectorias de Dussel, de Scannone y a las semejanzas y diferencias que brotan de su confrontación.

1. La trayectoria de Enrique Dussel, tal como la hemos analizado a lo largo de la primera parte, puede interpretarse como el fruto de un pensador cristiano latinoamericano que se autocomprende como responsable de un desafío generacional de indagación del lugar y la originalidad de América Latina en la historia universal y de la iglesia católica en su seno, a partir de un trabajo intelectual creativo en el campo de la historia, la filosofía y la teología. El de-velamiento de América Latina a partir del distanciamiento del mundo cuyano/argentino a medida que se desenvuelve el primer periplo europeo y el fulgurante desentrañamiento del mundo semita a partir de su inmersión en la Palestina de fines de los años 50 en su búsqueda de una experiencia de radicalidad cristiana pueden ser vistos como dos fuentes de este proceso. Un amplio espectro de elaboraciones de desmantelamiento y creación de alternativas será puesto en movimiento a partir de estos disparadores. Entre las diversas vertientes de este trabajo que han sido estudiadas, proponemos un mapeo inicial de sus principales dinámicas.

a) La exigencia de llevar a reflexión/acción la marginalidad latinoamericana hetero y auto provocada marca a fuego la trayectoria dusseliana. Entre los múltiples andariveles por los que transcurre este trabajo, los análisis de la primera parte han puesto de relieve algunas operaciones particularmente relevantes.

Antes que nada, el itinerario del mendocino está atravesado por un laborioso ahondamiento en el afuera latinoamericano, pero ya no exclusivamente como marca de exclusión sino –y sobre todo– como matriz interpretativa. El ser dejado afuera por otros y el dejarse afuera uno mismo se convierten, así, en posibilidades de inteligibilidad, dado que habilitan una comprensión de las dinámicas vitales e intelectuales que hacen posible que los adentros generen sus afueras. El peso del análisis se desplaza desde la condición de exterioridad hacia lo que hace posible que los adentros hayan podido impregnar la cartografía de inclusiones y exclusiones. De este modo, quien ha quedado afuera puede devenir en agudo analista de todas las exterioridades; sean éstas las de quienes han sido ignorados o expresamente ubicados en posiciones subalternas, sean las que se han instilado en las tramas más recónditas de los mismos ninguneados, sean las de aquellos que, desde el seno mismo de los adentros, cuestionan sus exclusiones. El cuestionamiento de las ópticas de base de los análisis autocentrados de los adentros devienen en desafío a la creatividad intelectual llamada a dilucidar categorías, metódicas, dinámicas de pensamiento/acción, capaces de operar desde las lógicas propias de la historia, la filosofía y la teología como arietes de desmontaje y alternativa. Así, en el campo de la historia sobresale la labor de crítica y propuesta en torno a las periodizaciones y los lugares de enunciación, la destrucción/reconstrucción de grandes relatos, la detección de los núcleos mítico-ontológicos como nivel de análisis decisivo y el diagnóstico Ricoeur asumido primero, revisado luego y abandonado más tarde. En el espacio filosófico, la cuestión de la (ana)dialéctica, la dupla Totalidad/exterioridad y el complejo categorial novedad/historia/alteridad, junto con la interlocución cruzada con Heidegger y Levinas, componen una constelación central. El desmontaje del giro constantiniano vía la remitencia a las fuentes bíblicas en clave semítica, el ensayo de la personalidad particular de la historia de la Iglesia latinoamericana y el diagnóstico del fin de la cristiandad, son las puntas de lanza de su trabajo en sede teológica.

Una segunda operación es la puesta en el centro del trabajo intelectual de la vertiente semita (judía), considerada como de igual portada y pregnancia para la historia universal, la filosofía y la teología que la indoeuropea (griega). Aflorada muy tempranamente en su itinerario, será una fuente permanente de crítica y propuesta, desplegada en su potencialidad con cada nuevo abanico de interlocuciones y ante cada gestación categorial y metódica. Podría decirse que se trata de una suerte de macro-afuera respecto de las interpretaciones excluyentes y marginalizantes en el cual Dussel abrevará incesantemente.

Una tercera operación es el talante intelectual que Dussel va configurando a lo largo de su trayectoria. Tres líneas pueden detectarse. Por un lado, el mendocino concibe su trabajo a partir de motivos semítico-cristianos proponiendo un ejercicio reflexivo en la línea de los profetas de Israel y de los apologistas cristianos del siglo II en las coordenadas del final simultáneo de la cristiandad y la modernidad. Por otro lado, se entiende como parte de un trabajo generacional junto con otras voces, en cuyo concierto parece recortarse como pionero, líder carismático atractor y creador de alternativas que requerirán años de trabajo para su pleno despliegue. Por fin, la figura de Marx emerge con frecuencia (aun antes de su “giro” marxiológico en el exilio mexicano) con un modelo de articulación entre el servicio a la militancia y la dedicación sin reservas a una investigación intelectual capaz de alcanzar las capas más profundas de las cuestiones en juego.

b) La convergencia entre las dinámicas de fondo, las operaciones claves y el talante intelectual conformado, desemboca en una suerte de “estilo” de pensador signado por un abanico de movimientos básicos. El primero es la presencia impregnadora de una suerte de núcleo intelectual que anima el conjunto de su trabajo al que podría caracterizase como sigue: América Latina constituye un lugar de enunciación que, geopolíticamente marcado por su marginalización, es capaz de devenir un espacio valorativo, crítico, hermenéutico y creativo con potencia de interlocutar con los más diversos abordajes gestados en otros lugares y que puede fungir como primus inter pares respecto de otros ámbitos maginalizados del concierto internacional. Se trata de una convicción tempranamente emergida, pacientemente desplegada y laboriosamente trabajada en sus implicaciones históricas, filosóficas y teológicas que tiene, como piedra de toque, la posibilidad de gestar grandes relatos en cada uno de estos ámbitos.

El segundo movimiento consiste en la elección de grandes interlocutores con, gracias, contra y más allá de los cuales ensayará pensar como autor con propuesta propia. En algunos casos se trata de autores en cuya obra se reconocen macro-relatos, categorizaciones-fuente o metódicas de profundidad ante la cuales cualquier alternativa debe mostrar su capacidad; siendo Aristóteles, Tomás de Aquino, Hegel y Marx los más visitados. En otros casos, son autores-horizonte, a los que se pondera como alternativas críticas y fuentes de novedades conceptuales/metódicas, en cuyo seno es posible iniciar un trabajo de develación/propuesta desde el propio lugar; Ricoeur, Heidegger y Levinas son, para el período estudiado, los más relevantes.

El tercer movimiento es la elucidación de los límites de estos horizontes para el pleno despliegue de las exigencias del primero. Luego de un trabajo más o menos prolongado dentro de los pensadores-horizonte, Dussel detecta su agotamiento y la exigencia de una dilatación; casi siempre como fruto de la irrupción de una novedad no integrable en sus coordenadas o del descubrimiento de un pliegue de las problemáticas antes no advertido. Se trata de un horadamiento hecho con ellos y gracias a ellos, pero en cuyo tránsito su condición de marco queda obsoleta. Las nuevas coordenadas horizónticas, por tanto, serán al mismo tiempo el descubrimiento de sus bloqueos y la posibilidad de nuevas vigencias al trabajar dentro de otros “lugares”.

c) La explosión liberacionista de 1971 puede, a la luz de las dos dinámicas anteriores, ganar en inteligibilidad si se la concibe en el seno de la trayectoria de Enrique Dussel. La dupla dependencia-liberación, ya ampliamente trabajada por las ciencias sociales y la militancia latinoamericana, irrumpe en el itinerario de Dussel como un desafío en toda la línea. Por un lado, el autor tiene que descubrir cómo sus aperturas empalman con el núcleo intelectual de fondo que impregna su itinerario. Por otro tiene que abrirse a una novedad, a un afuera que irrumpe, develando la insuficiencia de los autores-horizonte en los que venía trabajando y en los que se inspiraban sus proyectos de gran calado. Finalmente, abierto el nuevo horizonte liberacionista, será necesario proceder al trabajo de des-montaje y creación en historia, filosofía y teología. Dicho de otro modo, la explosión liberacionista ha tenido como masa crítica un itinerario jalonado por convicciones, búsquedas, por eclosiones, desafíos y aperturas, que, ante la explosión del horizonte y de las posibilidades intelectuales habilitadas por él, desencadenó una onda expansiva que torsionó la totalidad de la trayectoria dusseliana.

2. La trayectoria de Juan Carlos Scannone despunta en el marco de un apostolado intelectual de corte católico y jesuítico como programa vital, y en la intersección de los entornos formativos Fiorito-Rahner-Müller, cuyo factor común parecería ser el intentar escuchar, a la vez, lo que se retiene como mejor de la tradición y los esfuerzos contemporáneos del pensar. En esta línea, la densidad de su dilatada formación irá forjando su personal y especial talante filosófico.

Impregnancia, diálogo y armonía parecen ser las principales ganancias de aquel tiempo y que lo acompañarán en lo sucesivo. Santo Tomás, y con él Maréchal, Lonergan y Pryzwara por un lado, y por el otro Blondel, Heidegger y Levinas, y con ellos, Fessard, Henrici, y Brunner pueblan un territorio de pensamiento que, lentamente, llevará el nombre del jesuita. La sola mención de todos estos interlocutores es indicativa de la impregnancia del pensamiento y estilo de Scannone. Lo característico del jesuita es la puesta en interacción dialógica de aquellos autores elevados a la calidad de interlocutores y el esfuerzo por mantenerlos en movimiento, es decir, en permanente dinámica e interrelación correctiva. Esto lo lleva a un pensar atento a los espacios de resonancia, en busca de la verdad como equilibrio y armonía. Los tres últimos (Blondel, Heidegger y Levinas) son escogidos para delinear su primer proyecto filosófico y retenidos al ritmo de un trasfondo, interlocución y reaseguro, respectivamente. Nuestro trabajo mostró la presencia de la intentio et modalitatis de Blondel como suelo siempre presente –explícita y sobre todo implícitamente– en todos sus trabajos. Parafraseando su tesis doctoral, podemos hablar del trasfondo blondeliano de los primeros escritos de Scannone. Por otra parte, Heidegger parece ser el autor elegido como el interlocutor primero y visible desde dónde comenzar el discurso. De ahí que el alemán opere en la economía del discurso scannoneano como el en sobre el que se apoya el más allá. Por último, Levinas aparece en términos de reaseguro o garantía, tanto confirmatoria de una sensibilidad por la cuestión de la alteridad, afirmada ahora en su radical trascendencia ética, como en su carácter de antídoto ante el riesgo de todo cierre, circular y totalitario.

En 1971 la solidez construida durante los más de veinte años que se cuentan desde sus primeros pasos intelectuales, es conmovida por la explosión liberacionista, con epicentro en el corazón de su propuesta filosófica. Ya recorrido el trabajo filosófico efectivo del jesuita, podemos señalar ahora algunas de las propiedades de la metáfora explosión para el caso Scannone.

a) En primer lugar, desde una consideración historiográfica se pueden señalar tres cuestiones. Por un lado, rastreados los registros escritos y reconocidas las intenciones reflexivas previas a aquel año, se advierte que no hay preocupaciones ni perspectivisticas ni temáticas que aludan a una problemática semejante. Por otro lado, esta explosión es simultáneamente latinoamericanista y liberacionista, lo que habla de una mutua pertenencia entre ambos significantes. Y por último, la reconstrucción de este año nos indicó que es necesario considerar a 1971, como un año símbolo, puesto que fue posibilitado por una serie de encuentros despertadores iniciados en 1969, que se activaron al calor de una atmósfera intelectual y social efervescentes, encausada por iniciativas concretas que encontraron en Scannone un hábil y convocante animador.

b) En términos analíticos, la explosión alude, en primer lugar, a la irrupción de América Latina como nuevo horizonte que radicaliza el desde dónde del pensar, que se reconoce ahora en su auténtica esencia (auto)crítica e históricamente practicante, dándole una mayor criticidad y determinación práctico-política e histórica. En este escenario, la originalidad de la propuesta de Scannone se desenvuelve en el esfuerzo reflexivo de llevar la dupla dependencia/liberación, que caracteriza la situación histórica de América Latina, a una dimensión más radical; tarea que, según su compresión, sólo puede emprender el pensamiento filosófico ontológico. Bajo esta consigna el gesto liberacionista de Scannone se proyecta en dos dimensiones. Por un lado, críticamente, reconduce la dependencia a la voluntad de poder, quintaesencia de la modernidad filosófica e histórica, que se concretiza en sistemas totalitarios. Por otro, propositivamente, busca la estructura ontológica y la mediación óntica en la cual un proceso de liberación puede ser auténtico; búsqueda que tejerá minuciosamente en la red semántica trascendencia-alteridad-novedad. De modo que la ecuación explicadora de la dependencia quedaría planteada del siguiente modo: modernidad; voluntad de poder; cerrazón; Totalidad. La propia de la liberación se integraría por los siguientes términos: posmodernidad; libertad; apertura; Alteridad.

c) Finalmente, en perspectiva sintética se observa que esta irrupción del nuevo horizonte latinoamericano y liberador no implicó el abandono de autores, temas e intuiciones sino una repolarización desde una nueva clave. Las ideas maduradas en su etapa de formación se revelan decisivas en los años siguientes para su interpretación de la historia del pensamiento filosófico, su comprensión de la situación posmoderna que se anunciaba a comienzos de los años 70 y el lugar de la filosofía latinoamericana en ella; como así también en su diagnóstico ontológico de la situación de dependencia y de la estructura de la liberación. Blondel, Heidegger y Levinas son escuchados con atención, llamados al diálogo y respondidos desde un pensamiento propio, que se pone al servicio de la efervescente realidad latinoamericana del momento. Por lo tanto, para el caso de Scannone, la hipótesis hermenéutica de una explosión filosófica postulada como característica general del polo argentino de la Filosofía de la Liberación Latinoamericana para el año 1971, ha de interpretarse de manera tal que, sin disminuir en nada el carácter disruptivo del paso, haga de las rearticulaciones, reelaboradas desde un nuevo horizonte, la condición de posibilidad de la tematización de la novedad. Scannone parece moverse de manera consecuente con su propuesta de trascendencia desde adentro, gesto aprendido y aprehendido desde su formación y primeras letras filosóficas. La irrupción del nuevo horizonte latinoamericano y liberador no se da en el registro del abandono sino en el de la re significación y repolarización desde una nueva clave. Esto es válido tanto para la tradición filosófica aprendida como para su propio pensar. Respecto de lo primero, ya que el horizonte abierto por la pregunta por el ser fue re comprendido y transformado desde el horizonte de la trascendencia ética e histórica, verdadero más allá metafísico. Con esto, el horizonte de la filosofía latinoamericana de la liberación asume crítica y creativamente el horizonte de la filosofía tradicional occidental, pero la reubica y libera, dándole la posibilidad de hacer efectiva la pregunta por el ser. Y, en lo que hace a lo segundo, también somete el bagaje y categorías de su primer proyecto a la muerte de la voluntad de auto-fundamentación, en un ejercicio de coherencia consigo mismo. La breve enunciación de las operaciones realizadas por Scannone puede explicitar mejor esta idea. Antes que nada, lo nuevo requiere ser asumido como tal; es decir, no reconducido al horizonte anterior sino abriendo el pensamiento al desafío reflexivo por acogerla respetando su irreductibilidad. La novedad de lo que irrumpe se impone. Además, tal paso se da radicalizando y no abandonando la comprensión alcanzada hasta el momento de los autores, temas e intuiciones. Es decir, no parece comprensible su propuesta liberacionista sin el espesor de su dilatada formación en la que forjó su singular talante filosófico. Más aún, la irrupción horizóntica habilita tanto nuevas lecturas de los mismos autores como el establecimiento de originales interlocuciones entre ellos; lo que, a su vez, resulta imprescindible para un pensar a la altura de la novedad disruptiva. La lectura scannoniana de Blondel, Heidegger y Levinas, su re visitación de la analogía, su primer acercamiento crítico a Hegel, su búsqueda de un nuevo pensar, su énfasis en la actitud dialógica, su preocupación en torno al momento óntico-personal, se sumergen en el nuevo horizonte para reemerger más “ellos mismos” que antes y así, potenciados, abrirse como claves de un pensamiento nuevo de lo nuevo.

3. Las trayectorias de Enrique Dussel y Juan Carlos Scannone convergen a partir de 1969, primero de manera casual y luego estable y programáticamente. Como podrá colegirse de nuestro estudio, las semejanzas no son pocas: ambos llegan a la Argentina casi simultáneamente luego de prolongados períodos de formación; los dos han hecho de la filosofía y, en otro sentido, de la teología sus campos de especialización y trabajo, y consideran la labor académica como central en sus vidas; cada uno de ellos pertenece a distintos nodos de las redes católicas post-conciliares internacionales y los acomuna el desafío de su aggiornamento exigente en las nuevas coordenadas culturales e intelectuales. La presencia del horizonte Heidegger, un talante fenomenológico y la confrontación insistente con el sistema hegeliano, y una interpretación de la modernidad como proceso agotado, impregnan los dos itinerarios.

Pero tampoco faltan diferencias de peso: el perfil decididamente latinoamericano de Dussel, su estilo intelectual totalizante, protagónico, agonístico y de gran relato no signan el talante de Juan Carlos Scannone, mucho más afecto a los diálogos pacientes y minuciosos, al trabajo discreto y con una atención constante a los equilibrios, las ponderaciones y las inclusiones. La maduración de su interrelación devendrá muy pronto en un amplio intercambio de contactos, interlocuciones, intereses y lecturas, dando lugar a un proyecto creativo de nuevas redes en el que las Jornadas Académicas de San Miguel, el “Grupo Calamuchita” y la participación a dos voces en instancias claves del desarrollo del “polo” argentino de la Filosofía de la Liberación serán los emergentes privilegiados. No obstante, en cada una de las intervenciones donde el dúo toma la palabra sus distintos perfiles y abordajes no se subsumen.

La “explosión” liberacionista de 1971, que los tiene como protagonistas de primer orden, no podrá –como esperamos haber mostrado en esta obra– ser adecuadamente ponderada si no se tienen en cuenta ambas dinámicas. Dicho en otras palabras, las trayectorias de Dussel y Scannone no explotan del mismo modo, aunque ambas lo hagan ante semejantes exigencias vitales, intelectuales y académicas. Por un lado, en ambos casos se produce una torsión global de los itinerarios con Levinas como interlocutor-catalizador y con el horizonte de la elaboración de la dupla dependencia-liberación llevada a cabo por las ciencias sociales y la militancia política latinoamericana como desafío. La detección de la centralidad de la (ana)dialéctica, la importancia concedida a diversas vertientes de la tradición bíblica y de la teología cristiana en su transposición filosófica (alteridad, yo-tú-nosotros, creación, denuncia, conversión) y la labor creadora a nivel categorial y metódico, son convergentes para los dos autores.

Pero, por otro lado, los modos y efectos de la explosión no son los mismos en uno y otro. Mientras que en Dussel la explosión tiene los visos de una torsión que desenmascara no sólo la insuficiencia y obsolescencia de su horizonte interpretativo anterior, sino su complicidad en el ocultamiento de América Latina, en Scannone la explosión tiene los tintes de una radicalización que exige re polarizar sus direcciones, sin abandonar los materiales que la posibilitaron. De aquí que las posiciones adoptadas frente a la tradición de pensamiento en las cuales se forjaron son diferentes. Mientras que la operación dusseliana parece concentrarse en la denuncia del edificio conceptual horadado, el gesto liberacionista scannoneano se esfuerza por enmarcarse como una repolarización de la tradición desde la cual discernir, reconocer y liberar su verdad. Además, el anclaje liberacionista no tendrá el mismo peso en lo sucesivo de ambas trayectorias. Enrique Dussel hará de dicho anclaje la matriz de todo su itinerario posterior, abriéndolo a nuevas categorizaciones, interlocutores y trabajando desde su seno en nuevas propuestas filosóficas, históricas y teológicas. Juan Carlos Scannone, en cambio, ejercerá otro tipo de liberacionismo, que partiendo de la problemática dependencia-liberación enfatizará cada vez más la mediación de la experiencia histórica de liberación de los pueblos, su memoria y su sabiduría popular de vida como nuevo punto de partida y horizonte para el pensamiento latinoamericano puesto al servicio de la liberación.

El trabajo de focalización que nuestro estudio ensayó conlleva nuevos desafíos en clave de agenda para el proyecto de investigación del cual emergió. Por un lado, los análisis de las trayectorias de Dussel y Scannone, el valor estratégico del año 1971 y el perfil explosivo de la irrupción del horizonte expresado por la dupla dependencia/liberación tendrán que confrontarse con investigaciones igualmente pormenorizadas en torno a otros protagonistas del polo argentino. Si aun en dos autores que se vincularon tan estrechamente las diferencias no son menores, cabe esperar que la ampliación del espectro conlleve la identificación de muchas más complejidades y diversidades. Por otro lado, esta apertura de escala habilitará una nueva perspectiva de los comienzos de movimiento, de su maduración en torno a 1973 y de las conflictividades y desmarques que, entre 1974 y 1975, emergerán en su seno. En este sentido, el análisis de las trayectorias, argumentamos, permitirá una mirada a estos procesos que no recaiga en el sesgo producido por taxonomías construidas desde otros criterios. Finalmente, esta aproximación compleja al polo argentino, hará posible una nueva mirada a los otros polos del movimiento liberacionista latinoamericano; también en este caso priorizando las trayectorias, el análisis exhaustivo de la producción textual y el trabajo intelectual implicado en su forja.



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