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Conclusión

De la lectura de Nicolescu puede obtenerse que la actitud transdisciplinaria sugiere al trialismo una fundamentación filosófica fuerte además de herramientas que podrá aprovechar incorporando a su sistemática. La teoría trialista sería una aplicación del procedimiento transdisciplinario y, como dije en oportunidad de relacionarla con el pensamiento complejo, podrá aportar categorías a la transdisciplinariedad.[1]

Así como el trialismo prevé tres dimensiones; el pensamiento complejo, tres elementos en la humanidad ‒individuo/especie/sociedad‒ y la transdisciplinariedad, tres aspectos ‒teorético/fenoménico/experimental‒, pareciera que la tríada de lo diverso atraviesa constantemente al pensamiento humano llevándolo siempre más allá, y en nuestro caso, más allá de la norma.

Este trabajo ha aportado la metodología transdisciplinaria de Basarab Nicolescu en vinculación con las relaciones entre valores del trialismo a aplicar al comité de bioética asistencial, el cual se convierte en un caso más de la fértil aplicación de las categorías dikelógicas actualizadas por el pensamiento complejo y transdisciplinario. También se ha realizado el análisis trialista, aplicándose la novel categoría de las “consecuencias” en la dimensión sociológica y naciendo la categoría de las “razones filosóficas” en el aspecto social y la de “procedimiento” en la dimensión normológica.

El comité de ética es un intento de volver a unir al hombre despedazado por el pensamiento simplificante, que hizo eclosión en un aspecto sensible como es la salud, debido a los avances tecnológicos que desnudan los dilemas éticos que deben acompañar los procesos biológicos y psicológicos. Frente a ello, un saber complejo permite la articulación de juicios de hecho y juicios de valor provenientes de las distintas disciplinas que representan los distintos valores del ser humano, a fin de dotarlo de capacidad reflexiva. A ello tiende una vida valorativa, una vida más verdadera.

La razón de ser del comité es el cuestionamiento al saber-poder del médico por parte del paciente, lo que requiere un entrenamiento y conocimiento por parte de éstos acerca de sus derechos o de las limitaciones de aquéllos. Lo que, a pesar de contar con una ley respectiva, todavía falta madurar, por lo difícil que se me hizo acceder a la información y a la población también. Es importante, como señalan un integrante francés y otro rosarino de un comité, que los propios médicos tengan consciencia de ellos, porque de lo contrario, no tendrán oportunidad de plantear los casos, que son la vida del comité.

Parece que también el comité de bioética, al menos en los ámbitos rosarino y parisino, es el reflejo de lo que ocurre a nivel político: egoísmos, mezquindades, inseguridades, intolerancia, desprecio por los demás. Si nos quejamos de ello a nivel nacional, de los partidos políticos, no menos puede ocurrir en nuestra comunidad doméstica. “Las corporaciones médicas, la Iglesia y los distintos grupos de presión pugnan por imponer sus intereses tanto en el nivel legislativo como en los Comités y Comisiones”.[2] Es mi intención, mi finalidad, liberar al hombre de ataduras y reconocer y promover en todos la autonomía. “L’éclaircissement de ce ‘au nom de quoi’ me semble être une condition préliminaire absolue à toute recherche transdisciplinaire, comprise le sens […]”.[3]

Si bien Bertomeu parece un poco utópica o idealista al creer que con la deliberación se puede lograr el convencimiento, pudiendo ello ser remotamente posible, al menos me conformaría con lograr la participación de todos los profesionales relacionados con el problema de la salud, para que, fruto de la deliberación, pueda ocurrir algún cambio, o se fundamente una postura, para luego votar y vencer con el número, sin llegar a vencer con la exclusión, que en muy poco se diferencia de la fuerza. En ello consiste la democracia aplicada al comité: diálogo, transparencia y votación. Mientras más se considere el caso, más participen los afectados, más se tomen en cuenta las circunstancias, más opciones, argumentos en cada una de ellas y claridad haya, mientras más argumentada sea una posición conservadora, a fin de mantenerla, en tanto es poseedora de una presunción de anacronismo, y mientras más revolucionaria sea la recomendación, en tanto es poseedora de una presunción de liberación humanista, más se acercará a la complejidad del valor que postulo.

Así como en su momento el Derecho pasó por diferentes etapas de complejidad impura, simplicidad pura y complejidad pura en el trialismo, donde se desarrolla un Derecho integrado a la vida y los valores, tal vez ocurra lo mismo con la Medicina, en donde el comité sea tal vez un eslabón que permita reflexionar a las ciencias médicas sobre la necesidad de tomar contacto con su contexto social y valorativo, para incorporarlos a su objeto, y los comités devengan entonces innecesarios.

El desarrollo del Derecho de la Salud, en donde se inscribe esta investigación, exhibe que la justicia, elemento clave para diferenciar a una rama jurídica por su especial exigencia, muestra que en este estadio de la justicia oscilante, debe fomentarse la autonomía del paciente, siendo la libertad y la autonomía consiguiente necesitadas de protección. Lo que ocurre en 2013 a nivel político en Argentina, pero que no ocurría en la década de los 90 de corte “neoliberal”.

La clave de la evolución, y pienso que para lo mejor, está en la ruptura con lo establecido, que sólo puede hacerse cuando se proponen conexiones entre las disciplinas, o cuando una disciplina se abre a realizar interrelaciones con otras.[4] La transdisciplinariedad apunta a la integración, al intercambio, al nacimiento “entre” y “de” disciplinas, a que hay aspectos de todas en cada una de ellas.[5] Esto las hace devenir, no ser y en el cambio está la clave del progreso de la investigación.

Cabe resaltar que la Medicina trate de quebrar el modelo cuantitativista y biologista introduciendo un espacio de audiencia, para darles a los casos la calidad que exigen los continuos desafíos. De hecho provino de un país anglosajón en sus orígenes y la particularidad es una de las claves del cambio porque se ve al ser en evolución, dinamismo, parecido a otros, no a reglas o dogmas.

La manera en que tendrían que funcionar los comités poco puede tener que ver con la “dación” de una recomendación, en tanto se sustituye una actitud paternalista por otra. En lugar de saber y dar el médico la salud, la da un grupo de expertos que saben de ética. Por ello, debería progresarse a que se apropien de la ética todos los profesionales de la salud. Y así como el comité puede dar la ética, así el médico la tomaría para luego darla, en los ámbitos de salud, a los pacientes, para que se esparza en toda la población. A los valores hay que practicarlos para aprenderlos y también aprenderlos por imitación. Como en el caso del poder, y el saber sobre la salud es en alguna medida un poder, el objetivo no es acumularlo, sino compartirlo y ejercerlo. De esta manera, el comité vendría a ser el eslabón intermedio en la cadena de la futura participación plena del paciente en las decisiones de salud.


  1. Véase GALATI, “Visión…”, cit.
  2. BERTOMEU, op. cit., pág. 38. En el caso del médico que preside el comité del hospital Unidad Local, la reticencia parecía mayor en tanto le comuniqué innecesariamente mi condición de no creyente.
  3. NICOLESCU, Nous…, cit., pág. 243. “La aclaración de este ‘a nombre de quién’ me parece ser una condición preliminar absoluta a toda investigación transdisciplinaria, comprendido el sentido […]” (trad. del autor).
  4. “L’interdisciplinarité cesse ainsi d’être un luxe ou un produit d’occasion pour devenir la condition même du progrès des recherches”. PIAGET, “L’épistémologie…”, cit., pág. 133. “La interdisciplinariedad termina así de ser un lujo o un producto de ocasión para devenir la condición misma del progreso de las investigaciones” (trad. del autor).
  5. Es así como este trabajo completa, complementa mi anterior investigación doctoral sobre las relaciones de la complejidad con el trialismo. Véase GALATI, “La teoría trialista…”, cit., y también GALATI, “Introducción…”, cit.


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