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Industria, subjetividades femeninas y tarea social

Los casos de María Scasso y Juana Micono en el sur del Gran Buenos Aires
durante el periodo de entreguerras

Denise Rocío Ganza

Valentín Alsina es una localidad del Gran Buenos Aires, actualmente ubicada en el municipio de Lanús[1], que reúne algunas características particulares que la convierten en un espacio privilegiado para el análisis de la evolución histórica de los alrededores de la Ciudad de Buenos Aires. En el marco de una investigación más general que se interesa por el influjo de la inmigración transatlántica en aquella localidad durante la etapa 1900-1960 hemos podido comprobar su marcado perfil industrial y la coincidencia entre nuestras observaciones sobre su devenir y las tradicionales afirmaciones de la historiografía acerca de la contribución de los extranjeros al desarrollo industrial argentino[2].

Más allá de la fuerte vinculación entre las áreas linderas con el Riachuelo y la industria saladeril y frigorífica, rápidamente Valentín Alsina comenzó a caracterizarse por la presencia de industrias de la rama textil (Ceva, 2010, p. 89), entre cuyos rasgos más comunes hasta bien entrado el siglo xx se encontró la promoción del paternalismo empresarial. Se trató fundamentalmente de una modalidad de control social liderada por empresarios católicos, no solamente en la Argentina, destinada a evitar la conflictividad obrera por medio de una estrategia reformadora. Esta tendió a concentrarse en la mejora de la calidad de vida de los trabajadores, al mismo tiempo que los organizó en sindicatos afines y los hizo objeto de un discurso moralizador (Barbero y Ceva, 1992; Venegas Valdebenito y Morales Barrientos, 2017).

Pero, además, no debemos dejar de mencionar que generalmente estas industrias tuvieron el carácter de empresas familiares y que, por lo tanto, existió una distribución de las tareas entre los miembros del grupo doméstico que no permaneció ajena a las cuestiones de género, perspectiva común de todos los capítulos de la presente obra. Entendido como la organización social de la diferencia sexual, implica relaciones de poder y tiene un carácter relacional, puesto que afecta tanto a varones como a mujeres, en la medida que ambos se encuentran atravesados por las normas y tradiciones construidas por la sociedad (Gregorio Gil, 1997, p. 146; Rosas, 2010, p. 19; Scott, 2008, pp. 20, 65, 68). Por su parte, la reciente atención historiográfica sobre la cuestión de las emociones ha evidenciado que estas normativas de género se ven reforzadas por otras vinculadas a las pautas afectivas que se establecen para las masculinidades y feminidades en un periodo histórico determinado (Barrera y Sierra, 2020, p. 134).

Por todo lo anterior, el presente trabajo pretende contribuir al conocimiento del proceso de integración de los inmigrantes europeos en un ámbito particular de la provincia de Buenos Aires, Valentín Alsina, por medio del estudio de los rasgos principales del aporte de algunos pioneros extranjeros de la industria de la zona al desarrollo de esta comunidad suburbana durante el periodo de entreguerras. Para ello, en esta ocasión, nos centraremos en la experiencia concreta de dos mujeres que, a partir de su matrimonio con sendos empresarios inmigrantes de la rama textil, desarrollaron una relevante tarea social, que en algunos casos excedió el área de Valentín Alsina.

Consideramos que los aportes de la perspectiva de género y la historia de las emociones nos permitirán analizar las trayectorias de María Scasso (esposa de Juan Campomar) y Juana Micono (esposa de Ugolino Giardino), poniendo énfasis en los aspectos subjetivos y los estereotipos de género que signaron sus vivencias en sus particulares contextos de actuación. Teniendo en cuenta el orden cronológico de la participación de estas mujeres, y tras esta introducción, el texto se ocupará inicialmente de la tarea de María Scasso. Ofreceremos una breve contextualización acerca de la trayectoria de la industria Campomar, fundada por un inmigrante de origen español a fines del siglo xix. Luego, nos concentraremos en el estudio de los vínculos relevantes que la empresa mantuvo con la sociedad de la localidad y las contribuciones mutuas que condujeron a su desarrollo, principalmente de la mano de María Scasso. Para ello, contaremos fundamentalmente con un archivo familiar preservado en la Fundación Ortega y Gasset Argentina (FOGA)[3].

En segundo término, nos ocuparemos de la figura de Juana Micono. Al igual que en el apartado anterior, comenzaremos por ofrecer una contextualización acerca del derrotero de la hilandería instalada por el inmigrante italiano Ugolino Giardino y su hermano hacia 1920 en Valentín Alsina. A continuación, también nos interesaremos por los lazos que la industria estableció con la comunidad, de los que en buena medida se encargó la propia Juana Micono y que excedieron la localidad de Valentín Alsina para protagonizar también la fundación de una villa veraniega en la provincia de Córdoba. Este análisis, a diferencia del anterior, se basará en fuentes de carácter más variado: bibliografía, prensa periódica, testimonios personales, etcétera[4].

1. La fábrica Campomar de Valentín Alsina y las contribuciones de María Scasso al desarrollo local

La fábrica de ponchos, mantas y frazadas Campomar fue instalada en Valentín Alsina en 1883 por iniciativa del español Juan Campomar, proveniente de Palma de Mallorca, y no tardó en convertirse en la principal firma lanera del país e inclusive extender su actividad al Uruguay (“Álbum Argentino”, 1910, p. 55; Belini, 2010, pp. 7-8).

Juan había nacido en España en 1861, en el seno de una familia dedicada a la elaboración de paños y cueros para la fabricación de sombreros y calzado. Junto con sus padres y hermanos se dirigió al Río de la Plata, estableciéndose inicialmente en Montevideo. Más tarde, Juan arribó a la República Argentina y, poco tiempo después, inició el emprendimiento fabril en Valentín Alsina (Ibarra, junio de 1998, p. 6). Por otra parte, el 13 de febrero de 1888 contrajo matrimonio con María Scasso en la Parroquia de San Ponciano (La Plata). Según los datos que figuran en el acta matrimonial, María era de nacionalidad argentina, nacida en Mercedes (provincia de Buenos Aires), hija de padres italianos. Contaba en ese momento con apenas 16 años (Parroquia de San Ponciano, 13 de febrero de 1888).

A grandes rasgos, podemos sostener que esta empresa familiar atravesó cuatro etapas principales antes de su definitiva desaparición. A principios del siglo xx ganó relevancia dentro del sector, tanto por la iniciativa de compra de modernas máquinas como por su incorporación a un conjunto de establecimientos de la firma Campomar & Soulas. Este comprendería también la hilandería de lanas peinadas ubicada en Avellaneda (Pavón –actual Hipólito Yrigoyen– 177) y la fábrica de paños y casimires emplazada en el barrio porteño de Belgrano (Blanco Encalada 1550), tres grandes plantas donde se realizaba la totalidad del ciclo productivo. Eduardo Soulas, flamante socio de Campomar, era un importante comerciante de lanas desde las últimas décadas del siglo anterior (Hora, 2009, p. 329; Ibarra, junio de 1998, p. 6).

Figura 1. Logotipo de las industrias Campomar y Soulas (1919)

Fuente: FOGA, Fondo Campomar.

La segunda etapa estuvo caracterizada tanto por los efectos de la Gran Guerra como por el inicio de un importante cambio generacional en la empresa, tras el fallecimiento de Juan Campomar el 22 de junio de 1919 (“A cien años del nacimiento de Juan Campomar”, mayo de 1961). Con respecto a lo primero cabe recordar aquí que existen posiciones historiográficas contradictorias acerca de los efectos de la Gran Guerra en lo que refiere al desarrollo de la industria local. Mientras una visión más antigua solía sostener la existencia de un impulso para el sector secundario, vinculado a estos acontecimientos internacionales y en virtud de la necesidad de proveer al mercado interno de mercancías que anteriormente solían importarse, otra más reciente ha puesto de manifiesto que lo que predominó fue un impacto negativo por la dependencia respecto de la materia prima y los insumos extranjeros. No obstante, hubo excepciones, como fue precisamente la rama textil, que contaba con capacidad productiva suficiente y materia prima nacional (Barbero y Rocchi, 2002, pp. 62-63). Principalmente, las tejedurías lograron exportar paños y frazadas para el abastecimiento de los países de la Entente. Para Dorfman (1986, pp. 347-348), fue precisamente en las industrias textiles donde se operó la transformación más interesante durante la contienda internacional.

Más precisamente, hacia 1915 la empresa Campomar se encontraba en una situación de plena expansión, vinculada fundamentalmente a la fabricación de mantas para el gobierno francés, tal como deja ver la correspondencia intercambiada durante el viaje a España que Juan y su esposa, María Scasso, junto con sus hijas menores, emprendieron para alejarse del invierno local, debido a un desmejoramiento de la salud del jefe de familia (Carlos Campomar, 10 de junio de 1915, 1.° de agosto de 1915; Miguel Campomar, 12 de mayo de 1915, 22 de mayo de 1915, 29 de mayo de 1915, 11 de junio de 1915, 17 de junio de 1915, 26 de junio de 1915, 10 de julio de 1915, 31 de julio de 1915, 14 de agosto de 1915, 2 de septiembre de 1915).

La distribución de las tareas entre los hijos del matrimonio ya se dejó entrever durante este periodo de ausencia de Juan y se consolidó tras su fallecimiento. De allí en adelante, y hasta los años 60 del siglo xix, durante una tercera etapa, la empresa sostendría un importante ritmo de crecimiento de la mano de la labor de los herederos. En 1923, la firma había aumentado su capital al doble y el número de obreros empleados alcanzaba a 2500 (Hora, 2009, p. 329). Por otra parte, hacia 1925, la empresa integraba la Cámara Española de Comercio y formaba parte del grupo destacado por su antigüedad en la entidad y porque solía proporcionar los dirigentes de esta (Fernández, 2006, p. 220).

No obstante, la historia de Campomar terminaría con la concreción de un proceso que podríamos calificar de “vaciamiento”. En el año 1968, la familia vendió su paquete accionario a un grupo delictivo, liderado por militares retirados, que emprendió maniobras fraudulentas similares sobre quince importantes empresas nacionales. En el caso de Campomar, la venta de las acciones fue seguida poco después por la declaración de quiebra de la Justicia (en función del incumplimiento de un acuerdo previo, vinculado a la convocatoria de acreedores). El lapso entre uno y otro acontecimiento daba tiempo al directorio para vender los bienes de la empresa a otra, a precios muy bajos, concretando el proceso al que nos referíamos al principio de este párrafo (Ibarra, agosto de 1998, p. 5; “La justicia decretó la quiebra”, 11 de agosto de 1970; “La masacre de empresas”, 22 de agosto de 1970).

2. María Scasso en su familia y en la comunidad

Antes de detenernos específicamente en el rol que María Scasso cumplió en cuanto a la tarea social emprendida por la industria Campomar, es preciso mencionar de una manera más general los vínculos que la última mantuvo tanto con el conjunto de la localidad de Valentín Alsina como con la colectividad española de la zona, en el marco de las estrategias paternalistas que ya hemos mencionado.

En primer lugar, estas relaciones estuvieron emparentadas con la necesidad de promover el acercamiento con los trabajadores de la industria, tras un periodo de intensa conflictividad obrera durante el año 1919. Se trató de un conflicto originado en la fábrica de Belgrano, que se prolongó durante tres meses. Se reclamaba con motivo de la excesiva extensión de la jornada laboral y por mejoras salariales. El movimiento, que no resultó exitoso, parece haber sido liderado por anarquistas y socialistas, y pudo haber estado influenciado por el clima de la Semana Trágica (Ibarra, agosto de 1998, p. 5)[5]. Durante este periodo, se difundió un volante dirigido a los españoles de Valentín Alsina y, en particular, a los catalanes. En él se acusaba a José Solá, peluquero de la zona (del mismo origen), por ser confidente de la familia Campomar y transmitirle los comentarios realizados por los obreros en su local. En una publicación posterior, se mencionaría nuevamente a ese sujeto y se agregaría la referencia a un gerente de origen gallego, de apellido Galván (“A los obreros”, abril de 1920), a quien se acusaba de liderar un grupo de confidentes de la familia Campomar, al que se solía denominar “sagrada familia” (“A los obreros”, marzo de 1920; “Manifiesto”, ca. 1920)[6]. Estas circunstancias demuestran, entre otras cosas, que la preferencia de la familia Campomar por la contratación de obreros de origen español no fue suficiente para evitar la tensión.

A partir de 1920, entonces, de la mano de la Asociación Católica de Obreros Textiles y Empleados de Campomar (ACOTEC), creada por iniciativa de Jaime Campomar (uno de los hijos de Juan), se realizaron aportes educativos, sociales y culturales, tanto en Belgrano como en Valentín Alsina (Ibarra, agosto de 1998, p. 5). Esta idea contó fundamentalmente con la inspiración del ideario católico a través de la figura de Monseñor Miguel de Andrea, quien participó de la fundación de la Liga Patriótica Argentina en 1919 y actuó en el terreno social a través de la organización de un activo movimiento socialcristiano, basado en la idea de fortalecer el acercamiento entre las clases altas y las fracciones más cultas de las clases populares (Ibarra, agosto de 1998, p. 5; Lida, 2013, pp. 12-13, 39).

A pesar de no vincularse de manera directa con el desarrollo de la localidad de Valentín Alsina, la participación de la familia Campomar en la creación de la actual Fundación Leloir, instituto de investigaciones bioquímicas, merece un párrafo aparte, ya que muestra el carácter más ambicioso que fueron adquiriendo sus contribuciones a la comunidad. El Instituto de Investigaciones Bioquímicas Fundación Campomar fue creado en 1947 por iniciativa de Jaime Campomar, a modo de homenaje a sus padres, Juan y María, e inaugurado el día 3 de noviembre de dicho año. Se propuso el objetivo de realizar investigaciones básicas y formar investigadores y técnicos, bajo la forma de una entidad civil sin fines de lucro. Su primera localización fue en J. Álvarez 1719 (Ciudad de Buenos Aires) y fue designado como director el ilustre científico Luis F. Leloir (Instituto de Investigaciones Bioquímicas Fundación Campomar, 195, p. 3), quien años más tarde, el 27 de octubre de 1970, obtendría el Premio Nobel de Química por la labor que desarrolló en esta institución (Instituto de Investigaciones Bioquímicas Fundación Campomar, 1973, p. 30).

Pasaremos ahora a detenernos en el rol específico que cumplió María Scasso en el marco de esta dinámica. En primer lugar, nos ocuparemos de las características de las relaciones que estableció en el seno de su propia familia, donde las normativas de género y las pautas afectivas propias de la época jugaron un papel fundamental.

Con respecto a ello, la correspondencia intercambiada durante el viaje al que nos referimos anteriormente resulta muy iluminadora, por dos motivos. Por un lado, y principalmente, porque las cartas enviadas por los hijos varones del matrimonio que permanecieron en la Argentina a sus padres y hermanas que se encontraban en el extranjero cambian de destinatario según los temas tratados. Resulta notorio que predominan los asuntos de negocios tratados con el jefe de familia, Juan Campomar, y, al mismo tiempo, que las referencias a la madre se acentúan cuando se introducen temas de índole familiar.

Las cartas a las que nos referimos están escritas por Miguel, Carlos y Eduardo Campomar. Este último es aún un niño y, por lo tanto, sus cartas se dirigen a toda la familia: padre, madre y hermanas menores (Eduardo Campomar, 28 de mayo de 1915). En cambio, las misivas de Miguel y Carlos están claramente atravesadas por su compromiso de atender los negocios familiares durante la ausencia de Juan. De hecho, en una ocasión, Carlos se refiere a sí mismo como “informante comercial” (Carlos Campomar, 10 de junio de 1915).

Aunque observamos una diferencia formal en el modo de dirigirse entre ambos (Miguel suele encabezar las cartas con la referencia a su padre, Sr. Juan Campomar, luego acompañada de la fórmula “queridos papás”, mientras que Carlos suele dirigirse al mismo tiempo a Juan Campomar y María Scasso), hay coincidencia en cuanto a la discriminación de los temas de tratamiento preferente con uno u otro progenitor. En ocasiones, se aclara que se le dirigirá a la madre otra carta (Miguel Campomar, 12 de mayo de 1915) o se incorporan mensajes al final, como por ejemplo el siguiente[7]:

Estimada mamá:

He recibido su cartita y tomo buena nota de sus recomendaciones. En cuanto se refiere á Victoria, Ud. ya nos conoce y sabe que haremos pasable su estadía entre nosotros. A la fecha no está aquí; la esperamos para el domingo 27 del corriente.

En cuanto á Josefa, esta tan tranquila, que no parece destinada á pasar el duro trance y con ese genio está ganada la mitad de la jornada.

Nosotros lo pasamos muy bien aquí y nos divertimos como podemos. Vamos todos los Domingos al Colón, para el cual tenemos abono y asi pasa el tiempo hasta que llegue la epoca en la que podamos estrecharlos de nuevo en nuestros brazos.

Las noticias de esta extensa carta los informan de todo, asi lo creo y, en tal concepto me encuentro satisfecho.

Sin mas, reciban afectuosos saludos por encargo de Efraim, Rivadavia, Barceló, Pellegri, Costa, etc, que siempre nos preguntan con interés por Uds.

Besos de parte nuestra á Titi, y Rosita y Uds. reciban los afectuosos besos de su hijo que los quiere (Carlos Campomar, 25 de junio de 1915).

Fuera del contexto de este viaje, algunos años después, otra carta también muestra que las comunicaciones podían organizarse de hombre a hombre y de mujer a mujer. En este caso, Miguel Campomar, en una carta dirigida a su hermano Carlos, le indicaba en la posdata que su esposa ya le había escrito a la mamá de ambos, María Scasso (Miguel Campomar, ca. febrero de 1920).

En este punto, creemos que estas cuestiones ilustran bien “cómo las masculinidades y feminidades normativas prescriben pautas emocionales que a su vez definen los contornos de estos arquetipos sexuales con mayor nitidez” (Barrera y Sierra, 2020, p. 134). De los ejemplos anteriores se desprende claramente la existencia de normas que regulan las expresiones emocionales, en nuestro caso a través de la división de los asuntos de interés entre los progenitores: las cuestiones domésticas, familiares y de demostración de afecto quedaban reservadas para la madre, mientras que las de índole laboral y comercial, para el padre.

En segundo lugar, una carta en particular, dirigida a su padre por Miguel Campomar, ofrece una descripción perfecta de los estereotipos de género de la época, al referirse a las opiniones de su padre sobre su novia[8]:

En su carta del 16 tuve un párrafo á parte que fue para mi el más hermoso pues se trataba de mis asuntos amorosos, en ella me daba palabras que mucho me alegraron sobre todo al saber que Ud. estaba conforme, pues en mi siempre existía una preocupación al saber que Ud. no estaba del todo satisfecho, crea Papá que era todo lo contrario de lo que Ud. pensaba, yo en Maria Carmen tengo cifradas todas mis esperanzas pues ella es una señorita buena, amable, educada, sencilla, juiciosa, facil de conformar, muy cariñosa, obediente pues en muchas cosas yo le he dado á conocer mis costumbres y ella en todas trata de conformarme y agradarme, un detalle tal vez pero que es importante es que yo al explicarme con ella, siempre le he dicho que yo quiero que sea mujer de casa, que conosca los quehaceres de la casa y entre ellos la cocina y ella lo primero que hizo fué meterce á aprender á cocinar… (Miguel Campomar, 14 de agosto de 1915).

Estas expectativas sociales, y de estos varones en particular, en torno al rol femenino nos remiten a las normativas de género imperantes durante la primera mitad del siglo xx, a un ideal o discurso de la domesticidad que asociaba la realización femenina a rasgos presuntamente naturales que tienen su desarrollo en el ámbito del hogar (Lobato, 1993, p. 70; Arce Pinedo, 2005, p. 251), y que en el fragmento se resumen en el término “mujer de casa”.

Por otra parte, en cuanto a las tareas concretas de María Scasso de cara a la comunidad de Valentín Alsina, el principal ejemplo por mencionar es el de su intervención para la consecución de la sede definitiva de la parroquia local. Esta funcionó en un emplazamiento provisorio desde 1908 y en 1923 comenzó a construirse su edificio definitivo en Presidente Teniente General Juan Domingo Perón (ex-Boulevard Valentín Alsina– 2998) luego de que María Scasso donara el predio correspondiente (“Álbum Argentino”, 2010, p. 122; Álvarez, 2014, p. 6; De Paula, Gutiérrez y Viñuales, 1974, pp. 133-134; Levitán, 1993, 190; Marta Campomar, s/f; Scaltritti, s/f, pp. 3-6). De hecho, la advocación (San Juan Bautista) fue elegida para homenajear al recientemente fallecido Juan Campomar. Más tarde, el testamento de Carlos, uno de los hijos de la pareja, previó la donación de dinero a varias instituciones, entre ellas la mencionada parroquia (“Cuantiosa fortuna”, s/f).

Indudablemente, este hecho vuelve a poner de manifiesto el compromiso de toda la familia Campomar, y de María en particular, con el ideario católico. En este sentido, la Figura 2 nos muestra una placa conmemorativa ubicada en la fachada de la iglesia como forma de homenaje a estas contribuciones materiales de los miembros de la empresa para con la comunidad católica de la zona.

Figura 2. Placa conmemorativa en homenaje a Juan Campomar y María Scasso, ubicada en la fachada de la parroquia San Juan Bautista de Valentín Alsina

Fuente: Fotografía gentileza de Natalia Martínez Sayé (febrero de 2020).

Pero, por otra parte, también debemos señalar que a través de María Scasso se canalizó el estrecho vínculo entre la industria Campomar y la vida institucional de una de las más destacadas entidades de la zona: la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos de Valentín Alsina. A tal punto colaboró ella con su desarrollo que se convirtió en la madrina de la asociación y, como tal, participó del acto de colocación de la piedra fundamental del primitivo edificio social a principios del siglo xx (Cumini, febrero de 1947, p. 25).

3. La trayectoria industrial de Ugolino Giardino y la tarea social de Juana Micono

Ugolino Giardino nació el 26 de marzo de 1887 en Trivero, provincia de Biella (Piamonte, Italia), como resultado del matrimonio conformado en 1865 por Alejandro Giardino y María Verzoletto. Esta pareja había tenido un total de dieciséis hijos, de los cuales lograron sobrevivir los siguientes siete: Juan, Silvestre, Siler, Félix, Ugolino e Irma. A excepción de Silvestre, que ya había formado su familia en la tierra de origen, padres e hijos emprendieron el viaje hacia el Río de la Plata en 1896. Según el testimonio de Ada Giono de Micono (sobrina política de Ugolino), al hacerlo, llevaron consigo dos telares manuales (Álvarez, abril de 2000, p. 4; Giono de Micono, 2017, p. 23).

Al llegar al Brasil, el viaje se vio complicado por la declaración de fiebre amarilla en el barco. Por esa razón, los pasajeros fueron sometidos a una cuarentena y debieron permanecer en Santos. Trabajando en una fazenda, se produjo la muerte de uno de los hermanos de Ugolino, Siler, cuando tenía apenas 19 años (Giono de Micono, 2017, p. 24).

En 1897, la familia volvió a viajar, rumbo a su destino definitivo: la Argentina. Inicialmente se radicaron en la zona de Congreso, donde instalaron sus telares para comenzar a trabajar. Por su parte, Ugolino se desempeñó como personal de servicio en una casona del mismo barrio. Precisamente, habría sido un evento ocurrido con la familia empleadora de Ugolino el que condujo a los Giardino a trasladarse a Valentín Alsina. Nuevamente según el relato de su sobrina Ada Giono, Ugolino habría decidido irse de aquella casa tras un comentario de otros sirvientes, que le hicieron saber que el señor estaba dispuesto a “comprarlo” a sus padres. Tras escaparse y caminar largamente, habría llegado a Valentín Alsina. Allí, otro hecho casual lo llevó a conocer a Juan Campomar, que se encontraba junto con un grupo de obreros que cavaban zanjas en la zona. Luego de enterarse de que los Giardino eran hilanderos, Campomar le solicitó a Ugolino hablar con su padre, dado que necesitaban obreros especializados para su fábrica. Producto del ofrecimiento laboral, toda la familia se trasladó a Valentín Alsina, donde construyeron progresivamente su casa en Rosetti (actual Patxot) 2651 (Giono de Micono, 2017, pp. 24-26).

Figura 3. Ugolino Giardino y Juana Micono en su domicilio de Valentín Alsina (1919)

Fuente: Museo de la Casa Municipal de Villa Giardino (Córdoba, Argentina).

En esa vivienda, Ugolino conoció a quien sería su esposa, Juana Micono (la pareja aparece ilustrada en la Figura 3). Dos años menor que él, había llegado a la Argentina a muy temprana edad, junto con sus padres, todos de origen italiano. En Buenos Aires, Francisco Micono, su padre, se desempeñó como sastre y las mujeres de la familia prestaron sus servicios en una casa particular. La llegada a la vivienda de los Giardino se produjo tras una experiencia fallida como trabajadores agrícolas en la provincia de Córdoba. Francisco había regresado solo a Buenos Aires y se encontraba en una reunión de paisanos en Valentín Alsina, cuando relató su experiencia y Alejandro Giardino le ofreció la posibilidad de ocupar una habitación y una cocina en la casa familiar (Giono de Micono, 2017, p. 26).

Cuando Ugolino y Juana contrajeron matrimonio, el 1.° de diciembre de 1910, él cumplía funciones en la fábrica Campomar, pero también era propietario de un pequeño almacén, que estaba a cargo de sus cuñadas. Más tarde, en un local del que su suegro era dueño, instalaron otro almacén y casa de comidas que atendía Juana. Dos años después, Ugolino abandonaría su trabajo en Campomar para dedicarse de manera exclusiva a su negocio (Giono de Micono, 2017, p. 27)[9]. El matrimonio no tendría descendencia.

El origen de la empresa textil de Ugolino y Juan Giardino data del 1.° de mayo de 1920, cuando los hermanos instalaron algunas máquinas en un pequeño establecimiento de la calle Boulevard Alsina (actual Presidente Teniente General Juan Domingo Perón) 3069, el cual empleó a un total de veintidós obreros (Hilanderías y Fábrica de Tejidos Ugolino y Juan Giardino, 1945). Para dirigir el establecimiento, Ugolino pensó en su hermano Juan, que por ese entonces era capataz de cardas de la firma Campomar y Soulas (Giono de Micono, 2017, pp. 27-28).

Figura 4. Establecimientos de la fábrica de los hermanos Giardino en Valentín Alsina (ca. 1945)

Fuente: Hilanderías y Fábrica de Tejidos Ugolino y Juan Giardino, 1945, s/p.

La expansión de la fábrica resultó muy rápida. Por ese motivo, los hermanos Giardino adquirieron un local en la calle Remedios de Escalada de San Martín 2328, de la misma localidad de Valentín Alsina, con la finalidad de disponer de la primera tintorería para la firma. En 1928, los obreros que trabajaban ya se contaban en 700 y la fábrica se especializaba en la producción y venta de artículos variados: frazadas, mantas, lanas de tejer y telas cardadas. Más tarde, se ocuparon de la instalación de una hilandería de lanas peinadas, a los fines de expandir la producción, incorporando la de casimires y telas finas. Asimismo, en 1935, se anexó una hilandería de algodón, para completar la disponibilidad de materias primas de origen nacional. Con la continuidad del progreso de la firma, en los albores de los años 40 del siglo xx, las instalaciones de la empresa (Figura 4) habían crecido considerablemente en extensión, pero además se contaban por miles los obreros empleados (Hilanderías y Fábrica de Tejidos Ugolino y Juan Giardino, 1945). Según recuerdan las memorias escritas en 1945 con motivo de los 25 años de la firma, esta había llegado a satisfacer en buena medida las necesidades del mercado interno argentino y las del Gobierno Nacional (Hilanderías y Fábrica de Tejidos Ugolino y Juan Giardino, 1945). No obstante, la fábrica de Valentín Alsina cerró sus puertas en 1946, poco antes del fallecimiento de Juana Micono y una década antes del de su marido Ugolino (Álvarez, abril de 2000, pp. 6-8).

Cabe señalar que, anteriormente, en 1944 se produjo la unión de Ugolino y Juan Giardino con el emprendimiento de otra parte de la familia, “Giardino y Cía.”, que había encabezado Félix (hermano de Juan y Ugolino) hasta su fallecimiento en 1941. Esta asociación resultó en que se instalara una fábrica en la localidad de Villa Caraza, del mismo partido de Lanús, cuyo nombre fue “La Proveedora”, y funcionó hasta fines de los años 50 del siglo xx (Osvaldo Giardino, 21 de enero de 2019).

4. Juana Micono en su familia y en la comunidad

Al igual que para el caso anterior, antes de detenernos específicamente en el rol que Juana Micono cumplió en cuanto a la tarea social emprendida por la industria encabezada por su marido, se hace necesario referirnos de manera general a las relaciones que la empresa estableció con la comunidad. Estas pueden ser divididas en dos: por un lado, las que hacen al desarrollo de Valentín Alsina y el partido de Avellaneda en general y, por el otro, las particularidades de la creación de Villa Giardino, en la provincia de Córdoba.

Del mismo modo que ocurrió con la industria Campomar y los emprendimientos sociales impulsados por Jaime, también los Giardino construyeron su propia “obra social” en Valentín Alsina. A propósito de ello, el libro confeccionado con motivo de las bodas de plata de la firma destaca dos acciones. En primer lugar, la implementación de una colonia de vacaciones en Villa Giardino, a la que asistían los hijos e hijas de los obreros de la fábrica entre los meses de diciembre y marzo, por veinte o treinta días, en contingentes de sesenta o setenta niños. Los costos de los pasajes, el personal destinado a acompañarlos y la atención médica corrían por cuenta de la empresa. Por otra parte, se mencionaba el funcionamiento de un club, destinado a las prácticas deportivas, dentro del establecimiento (Hilanderías y Fábrica de Tejidos Ugolino y Juan Giardino, 1945).

En otro orden de cuestiones, Juan y Ugolino Giardino participaron activamente de las entidades empresariales de Avellaneda, a través de sus tareas en el Centro Comercial e Industrial del partido. En este sentido, no solamente fueron socios de la institución (Centro Comercial e Industrial de Avellaneda, 1928, p. 141): Ugolino se desempeñaba como síndico de la rama de “Tejidos” en ocasión de las bodas de plata del centro (Centro Comercial e Industrial de Avellaneda, 1928, p. 79) y la firma resultó distinguida durante la entrega de medallas y diplomas que se efectuó con motivo del 50.° aniversario de este (Centro Comercial e Industrial de Avellaneda, 1953, p. 41).

De igual modo, según los relatos de su sobrino-nieto Osvaldo Giardino y su sobrina política Ada Giono de Micono, Ugolino también habría ocupado funciones directivas en el Banco Comercial e Industrial de Avellaneda (que comenzó a funcionar en 1913) y la compañía de seguros “La Comercial e Industrial de Avellaneda” (creada en 1919), ambas instrumentadas en el marco de las actividades del centro. Al mismo tiempo, Ugolino habría promovido la instalación en Valentín Alsina de una sucursal del Banco de Italia y Río de la Plata (Centro Comercial e Industrial de Avellaneda, 1928, pp. 10-11; Giono de Micono, 2007, p. 32; O. Giardino, 21/01/2019).

Además, Juan y Ugolino se encontraban fuertemente vinculados a distintas autoridades políticas y miembros representativos de la Iglesia católica. Eran habituales los banquetes realizados con ellos en las instalaciones de la fábrica, según relata Osvaldo Giardino (21 de enero de 2019). Entre las figuras que solían asistir, mencionó a Monseñor de Andrea, a quien ya nos referimos por sus vínculos con la familia Campomar. Asimismo, su testimonio señala una presunta participación política de Ugolino Giardino como concejal de Avellaneda por la Unión Cívica Radical y como candidato para desempeñar el cargo de intendente (O. Giardino, 21 de enero de 2019)[10].

De lo que sí tenemos suficiente constancia es de la importante participación de Ugolino en el movimiento de oposición desarrollado en Valentín Alsina con motivo de los primeros intentos de autonomía de Lanús: la intención de crear el partido de Hipólito Vieytes. En este contexto, Ugolino Giardino se desempeñó como presidente de una de las dos agrupaciones que representaron la postura antiautonomista y se pusieron al frente de las iniciativas para evitar la creación del nuevo partido, el “Comité pro-separación de Valentín Alsina de la autonomía de Lanús (“Valentín Alsina en contra de la autonomía”, 5 de agosto de 1919, p. 5).

Por otra parte, la fundación de Villa Giardino, localidad veraniega ubicada en el Departamento de Punilla de la provincia de Córdoba, se constituyó en un aspecto muy particular de la relación de Ugolino y su esposa Juana Micono con la comunidad, con dicha mujer como principal protagonista.

Figura 5. Anuncio del remate de lotes del 9 de abril de 1939 en el pueblo Alejandro Giardino

Fuente: Archivo personal del historiador local de Villa Giardino, Roque Rosales (Villa Giardino, Córdoba).

El matrimonio adquirió la estancia “Alto de San Pedro”, que fue rematada judicialmente, (Giono de Micono, 2007, p. 29) y el 9 de abril de 1939 –domingo de Pascuas– se efectuó el primer remate de lotes (Camarca, 2009, p. 14; Giono de Micono, 2007, p. 32; Loyola y Rosales, 2005, p. 18). En el anuncio que reproduce la Figura 5 se destacaban los beneficios que se otorgarían a los adquirientes: facilidades de pago y diez mil ladrillos gratis para los compradores que se comprometieran a edificar dentro del plazo de seis meses. Al respecto, son de destacar tres cuestiones. Por un lado, que este procedimiento de ayuda para la construcción no se limitó al caso del pueblo Alejandro Giardino, como fue bautizado en honor al padre de Ugolino y Juan. Según el testimonio de su sobrino-nieto Osvaldo, la misma modalidad fue habitual en el vínculo entre patrones y obreros en la fábrica de Villa Caraza, por ejemplo (O. Giardino, 21/01/2019). Por otra parte, la urgencia por edificar fue hecha propia por la familia vinculada a la industria textil. De hecho, entre los sitios indicados para la consulta sobre el loteo figura el denominado “Chalet Giardino” de la villa veraniega. Conocido como “Villa Juanita”, en la actualidad es habitado por descendientes de la familia Micono. Finalmente, existen testimonios de la activa promoción que la familia realizó sobre las ventajas del pueblo, incluidos viajes a su cargo, para promover la venta de lotes, algunos de los cuales fueron luego donados por sus propietarios para diversos emprendimientos vinculados a la comunidad (Loyola y Rosales, 2005, p. 47; Roque Rosales, 26 de mayo de 2019).

Finalmente, el pueblo fue fundado de manera oficial el 24 de septiembre de 1939, con la asistencia de Ugolino y Juana (Roque Rosales, 26 de mayo de 2019). La labor del matrimonio fue realmente activa a lo largo del tiempo. Aun después de su fallecimiento, esta continuó a través de las gestiones de otros parientes, principalmente los de la familia Micono.

Por citar algunos ejemplos, debemos mencionar la construcción de la iglesia Nuestra Señora de Lourdes, la cual comenzó en 1942 y finalizó con su inauguración el 11 de febrero de 1943 (Camarca, 2009, p. 38). Esta iglesia y el Instituto “Juana Micono de Giardino”, que comenzó a funcionar en sus inmediaciones en el mismo año 1942, se encuentran bajo la dirección de la Congregación de la Virgen Niña, cuyo convento se ubica en el mismo predio que las instituciones anteriores (Camarca, 2009, p. 38; Giono de Micono, 2007, pp. 33-34). Además, el matrimonio de Juana y Ugolino, así como familiares de generaciones posteriores, contribuyeron a la creación de numerosas obras e instituciones a través de donaciones diversas: el dique San Juan para la provisión de agua corriente y la usina eléctrica de la localidad, la sala de cine-teatro “Alejandro Giardino” (donde funcionó la primera sociedad de fomento de la villa veraniega), la Casa del Teatro, el Correo, la Policía, el Edificio Municipal, la Gruta de Nuestra Señora de Lourdes, la Maternidad y Sala de Primeros Auxilios “Juana Micono de Giardino” (establecimiento considerado modelo en su época), el Jardín de Infantes “Irma Giardino de Giono”, la escuela y jardín de infantes “Esteban Echeverría” y otros institutos educativos (Giono de Micono, 2007, p. 30; Loyola y Rosales, 2005, p. 28).

Figura 6. Placa conmemorativa en memoria de Juana Micono (Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos de Valentín Alsina)

Fuente: Fotografía de Denise Ganza (noviembre de 2015).

Si bien las fuentes disponibles nos muestran un mayor compromiso de Juana Micono con las tareas en el ámbito de la localidad cordobesa de Villa Giardino, es preciso señalar que, al igual que María Scasso, cumplió un rol central en los vínculos entre la empresa y la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos de Valentín Alsina. De hecho, para conocer acerca de esta relación basta con ingresar a la actual sede social de la institución. Allí podemos hallar una placa conmemorativa (Figura 6) colocada en memoria de Juana, por sus contribuciones a la institución y por haberse constituido en madrina del nuevo edificio social, tal como María Scasso lo había sido del primero. El recordatorio fue colocado en diciembre de 1947, algunos meses después de su fallecimiento. En la revista social, se destacaba la personalidad de Micono con las siguientes palabras:

El día 19 de octubre próximo pasado quiso la Atropos enlutar a la gran masa mutual de Valentín Alsina, arrebatándole a una de sus más queridas benefactoras, doña Juana Micono de Giardino. Dama extensamente vinculada en el corazón mismo de la población alsinense; respetuosa y respetada por sus nobles actos humanitarios, supo conquistar la simpatía y el cariño de todos los que tuvimos el honor de tratarla y conocer sus excelsas virtudes (“Juana Micono de Giardino (Q.E.P.D)”, junio de 1948).

Pero definitivamente, el hecho que mejor condensa los vínculos que Juana Micono tuvo con la comunidad en cuanto a su tarea social es otro testimonio material: un monumento erigido en su honor en Villa Giardino. Este la representa acompañada de dos niños (Figura 7), y, como recuerda la inscripción en bajo relieve, fue inaugurado el 2 de febrero de 1949, algunos meses después del primer aniversario de la muerte de Juana, que falleció en octubre de 1947 (Giono de Micono, 2007, p. 31).

Figura 7. Escultura en homenaje a Juana Micono de Giardino (Instituto “Juana Micono de Giardino, Villa Giardino, Córdoba, Argentina)

Fuente: Fotografías de Denise Ganza (mayo de 2019).

En cuanto a sus características formales, la escultura en cuestión está construida en material de fundición y montada sobre un prisma cuadrangular de mármol que se apoya en cuatro escalones. Fue diseñada por Silvio Olivo, un escultor presuntamente llevado por la familia desde Buenos Aires, y sería producida en la Fundición Sarubbi y Barili, también ubicada en Buenos Aires (Daniel Rivero, 17 de junio de 2021). Por otra parte, el monumento se encuentra emplazado en el establecimiento escolar “Juana Micono de Giardino” (al que ya nos referimos anteriormente), en el frente de su entrada principal, y en las inmediaciones de la iglesia Nuestra Señora de Lourdes, donde, por intermedio de una autorización papal, descansan los restos de Juana y Ugolino[11].

En cuanto a cómo se recuerda a Juana Micono a través de dicho monumento y, en consecuencia, qué aspectos de su personalidad se destacan, no es menor que se encuentre acompañada por niños. El protagonismo de estos últimos resulta enfatizado por la inscripción en bajo relieve en el mármol que da soporte a la escultura: “Homenaje de gratitud y de amor que a la memoria querida de Doña Juana Micono de Giardino tributan su esposo Conde Ugolino Giardino, sus familiares, las religiosas, los niños y el pueblo, por la obra cristiana y humanitaria realizada en esta villa”. Además, los testimonios de varios pobladores de Villa Giardino recuerdan la relación privilegiada que los benefactores mantuvieron con aquellos. En particular, hacen referencia a las contribuciones de Juana en las celebraciones de la primera comunión y a las visitas realizadas a “Villa Juanita”, en especial durante las fiestas patrias, cuando los desfiles culminaban con la entrega de dulces en su casa (“Juanita Campos”, 2005, p. 49; “Inés Rivero”, 2005, p. 52; Barrionuevo, 2017, p. 140).

Como propusimos inicialmente, creemos que un análisis desde la perspectiva de género puede ser útil para profundizar en este aspecto. Para ello, comenzaremos por recordar dos cuestiones importantes. Por un lado, que el matrimonio Giardino-Micono no tuvo descendencia. Pero, además, como ya vimos, el hecho de que el protagonismo de las mujeres en el marco de las estrategias paternalistas de los empresarios textiles no fue una característica privativa de esta familia.

En este sentido, cabe recordar lo que ya mencionamos anteriormente con respecto a la dinámica interna de la familia Campomar: la existencia durante la primera mitad del siglo xx de un ideal de la mujer que suponía su natural desarrollo en el ámbito del hogar. En el caso de Juana Micono, el elemento central de esta realización, la maternidad biológica, parece haber estado vedado (suponemos que, por los condicionantes de época y por la profunda adhesión del matrimonio al catolicismo, no se trató de una elección). En este sentido, posiblemente, haya operado una cierta “sustitución” a través de este vínculo cercano con niños de su familia y de la comunidad. Una relación que tuvo centro en Villa Giardino, donde no solo se ocupaba de los niños locales, sino que también se desarrollaban las actividades de la colonia de vacaciones ofrecida a los hijos de los obreros de la fábrica de Valentín Alsina (Hilanderías y Fábrica de Tejidos Ugolino y Juan Giardino, 1945).

Pero, además, debemos atender al concepto de maternidad social (Arce Pinedo, 2005, p. 258; De Paz Trueba, 2020). Como podemos observar en la labor de Juana y su íntima relación con la fe religiosa que profesaba, esta estrategia buscaba hacer extensivas las virtudes femeninas del ámbito del hogar a la sociedad en general, con la tarea asistencial como eje y el catolicismo como inspiración.

Reflexiones finales

Entre los muchos empresarios extranjeros que dinamizaron la industria nacional desde fines del siglo xix, se encontraron los Campomar y los Giardino, ambos vinculados a la industria textil, y de origen español e italiano, respectivamente. En las páginas anteriores no solamente procuramos dar cuenta someramente de la evolución de estos emprendimientos sino que, en especial, nos concentramos en el rol adoptado por las esposas de estos industriales en relación con sus familias y con la comunidad.

En términos generales, es importante destacar que las similitudes registradas entre ambos casos no resultan menores. Ambas empresas realizaron relevantes contribuciones en los terrenos educativo, social, cultural y sanitario, y en el marco de estrategias de corte paternalista se vieron influenciadas por el ideario católico y mantuvieron relaciones fluidas con miembros de la Iglesia. No obstante, la participación de Campomar en la creación de la Fundación Leloir, por un lado, así como la fundación de una villa veraniega por parte de Ugolino Giardino y su esposa, Juana Micono (con una activa participación de otros miembros de la familia a lo largo del tiempo), por el otro, resultan particularidades dignas de destacar.

Con respecto a las experiencias de María Scasso y Juana Micono en particular, las semejanzas resultan muy importantes, aunque también existen matices. Entre los aspectos similares, podemos destacar la importancia del factor religioso, que se muestra por ejemplo en su compromiso con la instalación de espacios destinados a la profesión de la fe católica en sus distintos ámbitos de incumbencia, como la parroquia San Juan Bautista de Valentín Alsina o la iglesia Nuestra Señora de Lourdes en Villa Giardino. Asimismo, ambas mujeres tuvieron un rol central en cuanto a los vínculos entre las industrias Campomar y Giardino y uno de los más importantes emprendimientos asociativos de la zona, la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos de Valentín Alsina, que se benefició de sus contribuciones económicas.

En cuanto a los matices, resulta interesante observar las diferencias en sus vidas personales. Mientras María fue madre de una familia numerosa, dentro de la cual se ocupó de las cuestiones afectivas y domésticas, mientras su marido se concentraba en el mundo de los negocios, Juana no tuvo descendencia. Sin embargo, como ya señalamos, la relación privilegiada que mantuvo con los niños de Valentín Alsina y más particularmente con los de Villa Giardino es una evidencia del funcionamiento de la idea de “maternidad social” como posible sustituto del ideal de la maternidad biológica. En este sentido, la modalidad de representación elegida en el monumento erigido para homenajearla resulta muy elocuente.

Para terminar, entonces, podemos decir que en el contexto de estos “juegos de inclusión/exclusión” (Barrancos, 2001, p. 10) aquellas eran las tareas primordiales de las mujeres, las que, a su vez, las dejaban fuera de otros espacios en el ámbito empresarial, como está demostrado que también sucede en la actualidad (Sánchez Famoso, Maseda y Erezuma, 2017). No obstante, aun en el marco de la aceptación de los condicionamientos propios de la época, María y Juana lograron llevar a cabo acciones que no las ubicaron en un lugar marginal sino, por el contrario, en un rol protagónico al lado de sus maridos.

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  1. Es preciso indicar que, al igual que el conjunto del territorio correspondiente al actual municipio de Lanús antes de su autonomía, hasta 1944 la localidad de Valentín Alsina se encontró comprendida en el municipio de Avellaneda.
  2. Desde hace varias décadas, diversos autores han destacado la contribución del fenómeno de la inmigración “masiva” con respecto a la expansión industrial argentina, tanto en cuanto a la oferta de mano de obra como a su protagonismo en el rol empresarial (Beyhaut Cortés Conde, Gorostegui y Torrado, 1965; Cortés Conde, 1964; Dorfman, 1986).
  3. Desde ya, nuestro profundo agradecimiento a la Dra. Marta Campomar, actual vicepresidente de la entidad, que nos permitió y facilitó el acceso a este valioso repositorio perteneciente a su familia. Asimismo, agradecemos a todo el personal de FOGA por su gentil asistencia.
  4. Lamentablemente, para el caso de la industria Giardino y Juana Micono no hemos tenido acceso a fuentes semejantes a las disponibles en FOGA para el caso de Campomar. No contamos, hasta la fecha, con correspondencia ni fuentes empresariales o institucionales (del colegio de Villa Giardino que lleva el nombre de Juana, por ejemplo).
  5. Cabe señalar que varios de los documentos consultados y referidos en este apartado se hallaban firmados por una agrupación denominada “Los judíos errantes”, de filiación anarquista.
  6. Si bien no tenemos constancia de una relación certera entre ambas situaciones, es preciso mencionar que Miranda Lida, en su libro sobre Monseñor de Andrea, hizo referencia a la organización por parte del clérigo de la denominada “Sociedad de la Sagrada Familia”, grupo integrado por matronas de la alta sociedad que tenía a su cargo la protección de los Círculos de Obreros de diferentes barrios (Lida, 2013, p. 39).
  7. Con la intención de evitar la interrupción de la lectura por la reiterada incorporación de la indicación “sic”, aclaramos que la cita respeta en su totalidad la grafía original del texto.
  8. Con la intención de evitar la interrupción de la lectura por la reiterada incorporación de la indicación “sic”, aclaramos que la cita respeta en su totalidad la grafía original del texto.
  9. Cabe aclarar, respecto de la boda, que se habría efectuado en la Catedral Nuestra Señora de la Asunción de Avellaneda. Sin embargo, se intentó certificar la fecha indicada sin éxito a través de la búsqueda en la página web Family Search (de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días) y presencialmente. En este último caso, se revisó el índice, entre los años 1907 y 1917.
  10. Si bien intentamos contrastar esta información con los datos disponibles, tanto en el Archivo Histórico de Avellaneda como en la municipalidad del mismo partido, solo logramos encontrar indicios acerca de la participación de Juan Giardino como “gran contribuyente” en ocasión de asambleas celebradas junto con los concejales los días 13 de enero y 12 de mayo de 1938 (Honorable Concejo Deliberante de Avellaneda, 13 de enero de 1938, ff. 22-29; Honorable Concejo Deliberante de Avellaneda, 12 de mayo de 1938; ff. 43-45).
  11. Fue el sumo pontífice Pío XII quien autorizó la excepción de que los restos de Juana Micono pudieran ubicarse detrás del altar en 1949. Antes, Ugolino había sido beneficiado con el otorgamiento del título de “conde papal” en virtud de la labor social allí realizada. Sus restos se ubicarían en el mismo espacio, tras el fallecimiento en 1956 (Loyola y Rosales, 2005, p. 32). Si bien no hace al objetivo central de este capítulo, es importante destacar que el carácter excepcional de la permanencia de Juana y Ugolino en un espacio no reservado para tal fin en las sociedades contemporáneas, sumado a la existencia del monumento que hemos analizado, parece poner de manifiesto una mayor inversión de tiempo y capital en tanto expresión de poder de estas personas, tal como propuso Celeste Castiglione (2019) en su detallado análisis sobre los panteones de las asociaciones de inmigrantes.


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