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Cartas, reproches y muerte

Ramificaciones de una familia española en el conurbano bonaerense (1946-1954)

Celeste Castiglione

La historia familiar que aquí analizaremos tuvo su primer renglón documentado en el pueblo prerromano de los vacceos, una tribu celtíbera de la Edad de Hierro. Su principal asentamiento creció con la llegada de los romanos, que le dieron el nombre de Occellum Durii. Viriato, héroe lusitano del siglo ii a. C., resistió consiguiendo ocho victorias sobre Roma, que simbolizó con los trozos rojos que arrancaba de los vencidos y que luego colgaba en su lanza. Más adelante, la región pasó a ser ocupada por los musulmanes, de donde se cree que derivó su nombre hasta nuestros días: Azemur y Semurah, hoy Zamora.

En el siglo viii fue recuperada para los cristianos y perdida otras tantas hasta que Fernando i de Castilla la recupera definitivamente en el siglo xi, con momentos de esplendor, perdiendo luego su valor estratégico al desplazarse hacia el sur la frontera cristiana. Su suerte fue variada, y consolidó su estatuto de autonomía el 25 de febrero de 1983, como parte de Castilla y León.

La historia de la familia De Anta proviene de allí, pero se dispersa por diferentes escenarios, que constituirán una triangulación entre España, Estados Unidos y la Argentina a lo largo de los años, para los cuales poseemos unas 30 cartas que giran alrededor de la figura de Juan Manuel desde 1946 hasta 1961, año en el que falleció.

Las misivas nos llegaron de manera no del todo azarosa, ya que son de una parte lejana de la familia, que, intercaladas en álbumes de fotos, fueron sobreviviendo. Su formato era confundido con viejos libros que seguían la suerte de ellos trasladándose de biblioteca en biblioteca. Esta situación no es ajena a la de otros investigadores como Enzo Traverso (2020), Olga Larrazabal Saitua (2007), Leonor Arfuch, (2018) o Susana Novick (2021), quienes han llevado a cabo importantes estudios donde sus propios entramados familiares y diversos documentos personales nutrieron el desarrollo. Fue así que en el marco del contexto pandémico por el virus del Covid-19 recordamos esas fuentes, que se articularon con otros trabajos que estuvimos realizando sobre diferentes temas: las voces de los migrantes y sus descendientes como protagonistas de sus propias historias; la revalorización de sus biografías personales y familiares, enlazándolas con el entramado asociativo, el retorno o la evocación de la sociedad de origen; la muerte y su ritualización como evento axial dentro de las trayectorias migratorias (Castiglione, 2018, 2019a y b, 2020). En ese trayecto, y a raíz de las entrevistas que llevamos a cabo y que nos condujeron hasta aquí, estas evidenciaron el valor de lo emocional, que requería de tiempos prolongados, sin prisas, en sus casas, asociaciones y negocios, donde tenían a su alcance “prendas recordatorias” para ilustrar relatos, poner rostros a los protagonistas de las historias y fijar la memoria, para ellos y para nosotros como destinatarios de estas. Allí los entrevistados sacaban fotos, diplomas, recortes de diarios y galardones, que reubicaban en la narración a los distintos actores, armando al mismo tiempo un nuevo relato de lo acontecido. Este ejercicio requiere de una sensibilidad específica y una construcción a lo largo del tiempo entre las partes, que demanda confianza y gestos que la retroalimenten. La revalorización de este tipo de espacios de intercambio de lo emocional se inscribe dentro de las Ciencias Sociales (Le Breton, 1998; Gonzalbo Aizpuru, 2013; Núñez Seixas, 2011; Arfuch, 2013, 2018; Barrera y Sierra, 2020; Bjerg, 2019a, b), que en el marco de su amplia coloratura incorpora a los “documentos personales” como fuentes históricas. Estos han cobrado importancia, en las últimas décadas, a través de trabajos de autores reconocidos, así como también en su resguardo y conservación en archivos específicos[1] que nos habilitan a pensar que los enfoques microsociales, lejos de ser omniexplicativos, contribuyen a situar al sujeto en toda su profunda complejidad.

Estas fuentes personales nos permiten, como señala Núñez Seixas (2011), contextualizar familiar y socialmente la historia de los emigrantes, a través, en este caso, del intercambio epistolar, desde las clases sociales subalternas, poniendo rostros donde hasta hace poco tiempo parte de la historiografía ponía cifras o denominaba como “brazos” o “mano de obra”. Esta mirada nos habilita a poder acercarnos al estudio de sus decisiones, de las lógicas ocultas y las dinámicas temáticas que abordaban a lo largo de los años, sumando matices a través de estos objetos cotidianos que, como señala Arfuch, en su más cruda materialidad […] crean un contexto significante que (re)define semánticamente ese lugar (2018, p. 143).

1. El escenario

Este camino que queremos transitar se despliega en un espacio particular del partido de Avellaneda, llamado “Barracas al Sud” hasta 1904, cuando llevaba sus límites hasta los actuales “4 de Junio”, hoy Lanús, Lomas de Zamora y la localidad de Adrogué. La ciudad fue fundada el 7 de abril de 1852 y limita al norte con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (en adelante CABA); al este, con el Río de la Plata; al oeste, con Lanús y al sur, con Quilmes. Tener dentro de sus territorios vecinos a la CABA la ubicaba en un lugar privilegiado para acceder a los trabajos y residir en la provincia comprando un terreno y luego ampliando el espacio doméstico, de manera que la migración que paulatinamente desbordaba la ciudad encontraba en este espacio intersticial y en construcción un área alternativa que le permitía levantar sus casas, con huertas, fondos, talleres y galpones, así como realizar proyecciones y cambios. El puente era fundamental para conectar ambas riberas: el primero, realizado con mampostería, se inició en 1855, así como también las estaciones del F. C. Sud inaugurado en 1865 tuvieron sus primeras estaciones en Barracas al Sud, provocando un cambio notable en el desarrollo de sus áreas urbanas (Míguez, 2003). La era de los frigoríficos tuvo en la vera del río a “La Negra”, pionero en el faenado precario y brutal, como describe Esteban Echeverría (Salessi, 1995), que arrojaba sus desechos en el agua sin ninguna precaución higiénica hacia fines del siglo xix (Paiva, 2015). En la zona se instaló la usina de gas The South Barracas & Coke, para el alumbrado público, que luego se ocupó del servicio de aguas corrientes. La electricidad estuvo a cargo de la Cía. Cassels, que en 1902 se unió a la Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad. Asimismo, en 1889 se iniciaron las obras del puerto de Dock Sud (JEH de Barracas al Sud, 2009), lo que atrajo un importante número de trabajadores a la zona y a la provincia (De Cristóforis, 2016).

Imagen 1. Ubicación del Partido de Avellaneda en el presente

d:UsuarioDesktopAvellaneda.png

Fuente: https://bit.ly/3TpHlO2.

De acuerdo al censo de 1947, que reúne información de los anteriores, aunque no tan detallada, la población del territorio era la siguiente:

Tabla 1. Población del Partido de Barracas al Sur, luego Avellaneda en los Censos Nacionales de 1869-1895-1914 y 1947.

1869

1895

1914

1947

Argentinos

Extranjeros

Total varones

Argentinas

Extranjeras

Total mujeres

5645

10185

68.745

100.107

42.573

142.680

98.895

32.264

131.159

273.839

Fuente: Elaboración propia con base en los datos del censo de 1947, p. 32.

Allí se observa la presencia significativa (de un 27%) de población extranjera con respecto al total general del partido, así como una relativa paridad entre varones y mujeres.

Avellaneda fue escenario de una de las más importantes concentraciones urbanas industriales y comerciales que nutría el cinturón fabril (Farías, 2015), que, como se observa en la Tabla 1, aumenta su población de 1869 a 1895, lo que evidencia un crecimiento significativo y marca un ascenso demográfico importante. Como señala Ganza (2015), de acuerdo al censo industrial de 1954, desde 1947 se había duplicado la cantidad de establecimientos fabriles en la provincia de Buenos Aires. El Censo Nacional Agropecuario de 1937 evidencia que la zona de Avellaneda no era una zona agrícola tradicional, sino que estaba conformada por unidades económicas entre las que se destacaban las huertas y viñedos que se extendían hasta Berisso (De Marco, 2017).

La región también fue escenario del desarrollo asociacionista, que había empezado a partir de 1852 con el Club Español y la Asociación Española de Socorros Mutuos de Buenos Aires, pero también en Avellaneda se asentaron diferentes asociaciones étnicas con diversos objetivos (recreativos, médicos, mutuales, beneficencia, culturales, deportivas o combinadas), que junto a las italianas contribuyeron a armar un importante entramado a la vera de la vía central, hoy Avenida Mitre[2].

2. Metodología

Las cartas constituyeron parte de nuestra formación dentro de la infancia. Las primeras incursiones literarias las tienen como grandes protagonistas porque este registro les sumaba un acercamiento a los detalles de la cotidianeidad, de las emociones y de la subjetividad de las protagonistas, en donde el lector se sentía parte de las vivencias de una huérfana y su trayectoria educativa en la novela de Jean Webster (1912), con la hija de un comerciante francés que se transforma en la reina de Suecia de Annemarie Selinko (1953) o espiaba la profundidad del amor prohibido de Chordelos de Laclos ([1782]2001). Luego serán las cartas de Freud, Marx y Gramsci recopiladas en volúmenes, donde se combinan aspectos personales, teóricos y del contexto histórico que atravesaron fragmentos de nuestras formaciones.

De modo específico, combinando la sociología, las migraciones y el intercambio epistolar resulta insoslayable mencionar el texto pionero de Thomas y Znaniecki (2004) El campesino polaco en Europa y América, publicado por primera vez entre 1918 y 1920, en donde señalan que

Todo proceso social es el producto de una continua interacción entre la realidad individual y la realidad social objetiva […] para la ciencia social no puede haber cambio en la realidad social que no sea el efecto común de valores sociales preexistentes y de actitudes individuales que actúan sobre ellos, no hay cambio en la conciencia individual que no sea el efecto común de actitudes individuales preexistentes y de valores sociales que actúan sobre aquellas (Thomas y Znaniecki, 2004, p. 293).

Para estos autores, la realidad es una construcción simbólica de procesos dinámicos de objetivación y subjetivación, que abrieron un camino y nutrieron el campo del giro emocional que despliegan las Ciencias Sociales desde hace, al menos, cuatro décadas.

Consideramos este conjunto de cartas y fotos como “fuentes personales” de una familia que no fue parte de la “alta historia” como la denomina Álvarez Gila (2011), ni representantes emblemáticos de una Asociación de Socorros Mutuos, ni tampoco como parte de enclaves migrantes que se articulaban en algunas zonas como los gallegos de Munro, los japoneses de Florencio Varela, los alemanes de Villa Ballester o los vascos de la empresa Álvarez Vázquez de José C. Paz, por citar solo algunos.

Estas fuentes personales son “documentos íntimos y al mismo tiempo colectivos” (Sierra Blas, 2004) que resultan indispensables para el conocimiento de la vida cotidiana y que redunda en forma positiva dialogando con estudios que trabajan en escalas mayores. Asimismo, contribuyen a recuperar al emigrante en toda su condición humana, lejos de su “santificación” o comportamiento casi “autómata” arrastrado por las fuerzas del push-pull como señala Álvarez Gila (2011), en toda su complejidad y contradicción.

En la Argentina, estas fuentes han sido estudiadas por María Bjerg, que profundiza en la migración danesa (2004) y noruega (2016) desde diarios personales. Liliana Da Orden (2008, 2010, 2015) se concentra en la migración gallega a través de cartas en numerosos trabajos que, en coincidencia con Álvarez Gila (2011), remarcan la visibilidad que tuvo la mujer, reconfigurando su rol dentro de la historiografía. Como señala el autor, este tipo de registro posee limitaciones puesto que explora un fragmento de la “conversación epistolar”. Es decir, como ocurre en este caso, solo tenemos las cartas recibidas por una de las partes. A ello se suman las dificultades que podemos atravesar para “aprehender” su contenido en toda su profundidad por la sutileza del léxico o por los modismos familiares, puesto que es el registro más cercano a la lengua oral (Sotomayor Sáez, 2019).

Este camino tiene como uno de sus protagonistas al importante texto compilado por Núñez Seixas y González Lopo (2011), que establecen criterios metodológicos para el análisis de las cartas que es necesario explicitar. Uno de ellos consiste en reparar en que quienes escribían se encontraban dentro de un sector social privilegiado, ya que solo una parte de los migrantes a principios del siglo xx “hasta por lo menos, 1946” (Núñez Seixas, 2011, p. 28) expresaban su experiencia por escrito. Esto implica un sesgo elitista, a pesar de que se desarrollen en un momento de cierta democratización de lo escrito para las clases populares (Martínez Martín, 2008). La segunda característica que presentan es que las cartas, por lo general, se encontraban atravesadas por el género, aunque en este caso 17 fueron escritas por mujeres y 13, por hombres. La tercera es que estos escritos no siempre son expresiones o muestras de sentimientos espontáneas, sino lo contrario, y en este caso se desarrolla con una importante intensidad dado que hay un reclamo constante de la necesidad de respuesta por parte de los protagonistas, con temáticas vinculadas a propiedades y capital, aunque articuladas con momentos de profunda confianza y familiaridad. En este sentido, la cuarta particularidad pone en evidencia la necesidad de reparar en el rol o prestigio que desempeña el receptor de estas. Asimismo, la distancia y las posibilidades de acción son parte de la “forma” en la que son escritas, que junto con el grado de confianza, afectividad y jerarquía son elementos fundamentales para adentrarnos en su análisis.

Asimismo, resulta importante destacar que estamos ingresando a la intimidad de documentos que no fueron pensados para ser leídos y estudiados, en donde se intercalaban las preocupaciones por la salud, las felicitaciones por cumpleaños, casamientos, fiestas y noticias sobre muertes. De este modo, la relación entre los sujetos (el emigrante y aquellos con quienes mantiene una correspondencia) y el objeto (la carta) no es en modo alguno neutral, sino que se halla fuertemente matizada y atravesada por factores de índole sociocultural (Álvarez Gila, 2011, p. 110).

En este caso, es importante señalar que las cartas han sido seleccionadas atendiendo a la relación entre Juan Manuel y su hermana Fructuosa, y otro eje de análisis que se conforma entre la familia Delgado, entre el padre de Patrocinio (casada con Juan Manuel) y después su nueva esposa. En cuanto a las fotos, estas han sido cuidadosamente elegidas para ilustrar referencias puntuales de los escenarios descriptos, pero no serán objeto de estudio del presente trabajo.

3. La Familia De Anta: el escenario

La familia se conformó en el último cuarto del siglo xix, en Jambrina, a escasos kilómetros de Zamora, pero a lo largo del intercambio epistolar son nombrados Moraleja del Vino y Casaseca de las Chanas, todas situadas al sudoeste de Zamora.

Imagen 2. Ubicación de Zamora

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Fuente: https://www.mapasdeespana.com/provincia/mapa-provincia-zamora.

Imagen 3. Selección de los municipios cercanos

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Fuente: https://www.mapasdeespana.com/provincia/mapa-provincia-zamora.

Nos adentraremos en esta familia, que tuvo cinco hijos: el mayor, Esteban, fue cura, destinado a Texas, en EE. UU.; Juan Manuel, que estaba destinado a la carrera militar, pero deserta a la Argentina con ideas anarquistas y anticlericales, seguido por Ángel, que desarrolla una exitosa trayectoria como profesor en el Colegio del Salvador de la Compañía de Jesús hasta 1949 cuando se jubila; Fructuosa (viuda joven) tiene ocho hijos y permanece en el solar familiar, y Protasio, que también contrae matrimonio en Jambrina, aunque muere a edad temprana y deja dos hijos (Agustín y Carlos, futuro cura).

4. De Jambrina a Sarandí-Avellaneda: Fructuosa De Anta

El intercambio epistolar se encuentra sostenido, en gran parte, por las mujeres de la familia. Fructuosa es la única mujer de los cinco hermanos, que se casa, tiene ocho hijos y permanece en Jambrina. Como declara en la primera carta con la que contamos, reanuda la relación a través de la hija de Ángel, Elvira, que la insta a escribir nuevamente a esta parte de la familia. Inicia la misiva con reproches: “Cuánto tiempo sin saber de vosotros directamente pues por Elvirita supe algunas veces como estabais y ya que no quereis [sic] escribir lo hago yo […]”, y la cierra de la misma manera:

Una vez mas [sic] te ruego que me escribáis pues es tanta la alegría que recibe al saber de los seres queridos pues aunque no te haya escrito ten por cierto que nunca os olvide solo que esperaba siempre a que alguna vez lo haríais pero ya que no fue así yo rompo el hielo de la indiferencia haber [sic] si haceis [sic] vosotros lo mismo[3].

Sus ruegos causan efecto, y son rápidamente correspondidos por su hermano Juan Manuel. Si bien es menor (y mujer), sus palabras son firmes y fuertes en sus reclamos en cuanto a conocer noticias, hecho que tal vez nace de haberse quedado en el solar familiar y seguir sosteniendo las relaciones sociales y económicas. A lo largo del intercambio se evidencia una confianza de cierta paridad en el trato, tal vez ganada por sostener la unidad familiar o debido a que era una “señora” del pueblo, alfabetizada, o por su viudez, que la lleva a asumir diferentes roles o por un contexto social, que tal vez estuviera cambiando, auspiciando la disolución de las jerarquías masculinas y patrilineales, al menos con sus contemporáneos. En cuanto a los reclamos, los hace extensivos a las mujeres de la casa (a su esposa Patrocinio o a su hija mayor, Esther), en caso de que él no lo pueda hacer:

Yo quisiera recibir alguna carta vuestra si no puedes pudiera hacerlo Patrocinio ¿Esther? Como me alegraría, pero por mi parte te prometo escribirte como lo hago para Elvira y nuestro hermano Esteban. Cuéntame que haces, que empleo tienes yo creo que por nuestro hermanos sabrás como me quedé viuda y con ocho hijos de ellos solo dos varones el mayor lleva el nombre de nuestro querido padre (qepd) y el pequeño se llama como su padre pero le llamamos Nazaridre tiene 14 años y el mayor 21 de las hijas la mayor esta [sic] casada y habita en Zamora y es la que tiene los dos nenes la segunda hace un año que se fue a Estados Unidos al lado de mi hermano esta[sic] muy bien la tercera esta en casa y la cuarta esta[sic] casada también asi [sic] pues tengo en casa cinco la segunda que tengo en casa tiene 16 años y la mas [sic] pequeña tiene 12 ya ves te doy detalles de todos mis hijos[4].

Como se percibe en este párrafo, la carta tiene un tono de “reencuentro”, de tentativa de actualizar las noticias en cuanto a su vida, de su viudez, sin dar un mayor detalle, y la situación de sus hijos, en donde resulta relevante su estado civil, su descendencia y el lugar de residencia.

La segunda mención a la viudez la realiza en su siguiente carta[5], que resulta una de las más ricas en cuanto a las temáticas que aborda; por esa razón nos tomaremos la licencia de presentarla completa, a fin de observar cómo combina una multiplicidad de temas, articulando dimensiones temporales, espaciales, y estableciendo lazos de confianza y de comunión ideológica. Esta ha sido transcripta como se encuentra en la original:

Mi querido hermano:
Recibí tu carta del 5 del presente la cual tardo solamente tres días pues el dia [sic] ocho ya estaba en mi poder. No puedes imaginarte la alegría que nos dio a todos y debo decirte que quiero me disculpes al no contestarte tan pronto como tu [sic] lo hiciste, mas[sic] tu recordaras que este es el tiempo de la matanza o mondongo como se dice por aca [sic] y cuando llego tu carta yo estaba en casa de nuestro primo Zacarias de matanza pues como sabes esta viudo y aunque tiene una criada es muy viejecita y soy yo la que todos los años le arreglo el mondongo pues no todas lo hacen bien y además que el me considera como si fuese una hermana y yo a el lo mismo en esta labor se pasaron tres días y después tuve que hacer los mismo en mi casa y esta fue la causa de la demora. Si como dices estais [sic] bien en todos los sentidos es decir de saluz [sic] y económicamente yo te felicito por ello y hago votos porque siempre sigáis lo mismo y no me admira tu entusiasmo por tu nietita pues como yo tengo dos se cuanto se quieren por eso alguien dijo “los nietos dos veces hijos”. ¿Cómo llegaste a pensar que porque heras[sic] el más pobre de todos no quisieran escribirte? Las riquezas no son motivo de olvidar los lazos que una la sangre y si tu te creías pobre yo con mi gran carga familiar con mi situación de viuda con todos los trastornos que nuestra guerra de liberación dejo tras de si no vivo nada desahogada ¡todo cuesta tanto! En fin, lo principal es tener saluz [sic] y por ahora todos gozamos de ese beneficio. Me dices que tu diversión es la caza no me extraña puesto que desde chico tenías esa aficción [sic] ¿y los pájaros ya no te gustan? A mi Agustín le gustaban tanto de chicos que Nazario (qepd) siempre le llamaba Juan Manuel. Antes de terminar este recibo tu segunda carta del 12 y con ellas las fotografías que mucho nos alegraron al como esta Esther de bonita o linda como diran en esa [foto] no representa la edad que verdaderamente tiene pues me creo que caminara por los 34 pero se conoce que se hace la chiquita y los años pasan y la dejan todos los que la ven le dan de 22 a 24 años sin embargo tu estas muy viejo y muy moreno se conoce que de los aires del cazadero y bien se ve que haces[sic] buen tirador pues aprovechas el tiempo, ya es cobrar piezas en dos horas. Me dices que ahí la vida es monótona y te dire [sic] que yo hago vida casi monjil no salgo de mi casa mas [sic] que los días que tenemos misa pues te dire [sic] que como desde la guerra escasean los sacerdotes por que[sic] entonces asesinaron a muchos los rojos, en este pueblo el que teníamos murió de viejo el pasado y regenta esta parroquia el de Peleas y por esta causa no tenemos misa diaria asi [sic] que en casa no me falta que hacer pues has de saber que cierto y confecciono ropas de encargo pero ya mi vista se cansa y mis hijas no quieren que cosa para nadie en esta labor ellas me ayudan y cuando no coso mi mayor distracción es leer mucho casi es vicio el que tengo me quedo muchas noches hasta pasada las doce. Yo quisiera contarte muchas cosas del pueblo pero va para otra pues esta ya es demasiado extensa. Un abrazo de todos mis hijos y recibir otro de vuestra hermana y tia. Fructuosa

La carta se inicia con una disculpa por la demora en la respuesta en esa relación que se ha iniciado y que no quiere interrumpir, expresando su “alegría” de haberla recibido (Ver Imagen 4). Su demora se explica en el “tipo” de trabajo que se realiza en ese momento en ámbitos rurales y con los que ella colabora no solamente en su establecimiento sino también en el de su primo. En ese sentido se considera buena en esa faena (línea 8 en el original), y marca que hay actividades dentro de ese proceso, estrictamente femeninas, que no “todas” hacen bien. Ella acude a asistir al primo y cumplir con ese rol, ya que es viudo, y a la criada, que es anciana, lo que evidencia su idoneidad para llevarlas a cabo. Su condescendencia con el resto de las mujeres en sus relatos abreva la idea de que era un personaje que gozaba de cierta independencia, poder y estatus dentro del pueblo.

Inmediatamente pasa, tal vez con cierta desconfianza, o bien podría ser un “modismo”, porque comienza la frase “Si como dices” (línea 9 en el original), a felicitarlo por su estado de salud y bienestar económico, sin dejar de establecer un tono burlón y de confianza con respecto a su aspecto ya que lo ve “muy viejo y muy moreno” (línea 28 en el original). También lo lleva al mundo de la infancia recordando su adoración por los animales, y especialmente los pájaros, (re)construyendo una alianza fraterna entre ellos y con el pasado en común. Fructuosa recalca que la interrupción epistolar no se encontraba vinculada a su “riqueza” o a su carencia con respecto a los otros hermanos (uno cura y otro profesor), que gozaban de puestos fijos y del prestigio social de sus profesiones, en comparación con él, que trabajaba en tareas vinculadas a la caza de animales pequeños, llevando una vida más bohemia que él denomina y que ella parafrasea de “monótona” (línea 30 en el original). Los “lazos que une la sangre” (línea 16 en el original) son, para ella, poderosos e indisolubles. Allí Fructuosa se ubica en una relación de paridad que resulta llamativa, lo cual puede significar que la diferencia de edad es mínima, e insiste: “Si tú te creías pobre yo con mi gran carga no solo por su viudez y los hijos que permanecen en su casa, sino también como consecuencia de la situación política. En la línea 18 enfatiza: “Con todos los trastornos que nuestra guerra de liberación dejo tras de si no vivo nada desahogada ¡todo cuesta tanto!. Las alusiones políticas son retomadas por Fructuosa en la línea 33 (en el original), donde responsabiliza a los “rojos” por el asesinato de los sacerdotes y la forma en la que la Iglesia soluciona esta falta enviando curas de parroquias vecinas, aunque el de la suya murió de viejo. Asimismo, hacia el final, retoma las referencias hacia su vida cotidiana, en donde manifiesta que también es modista y gran lectora (“casi es vicio”, expresa con pudor), dando cuenta de una actividad multifacética y un gran dinamismo.

Finaliza con la promesa de contar cuestiones vinculadas al pueblo, que retoma en otras entregas. La carta está destinada a su hermano, pero también para que puedan leer sus sobrinas Esther e Irma, ya que firma “vuestra hermana y tía” (línea 41 en el original)[6].

Imagen 4. Detalle de la primera página de la carta de Fructuosa De Anta

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Fuente: Archivo personal de la autora.

Imagen 5. Lista de las pertenencias de Juan Manuel enviada por Fructuosa el 16 de mayo de 1948

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Fuente: Archivo personal de la autora.

En la carta siguiente aborda la temática de las propiedades que le corresponden a cada uno, y lo hace en un papel separado, como le manifiesta al inicio: En una nota aparte te dire lo que te pertenece y pues que quieres saber de quien son hijos mis yernos te diré…”[7]. El interés de Juan Manuel acerca de la economía y el estatus familiar en la sociedad de origen se manifiesta en las respuestas de Fructuosa acerca de las relaciones sociales y los lazos de parentesco. ¿Estaría pensando en un retorno o, tal vez, evaluar si resultó ventajoso migrar? Fructuosa le explica, en confianza, que estuvo contrariada con uno de los enlaces de sus hijas, pero es flexible frente a la evidencia: “Esta boda no fue muy de mi agrado pero hoy veo con satisfacción que ellos se quieren y viven bien es muy trabajador”. En esta misma esquela es implacable en cuanto a la forma de juzgar a las mujeres del pueblo:

Ayer mismo hable con Angela y me encargo mucho te mandase sus recuerdos ella esta muy joven y guapa vale mas que sus hijas” e inmediatamente expresa: “Pedro el de Mariano no esta mal pero mejor estuviera si tuviese otra mujer tu sabes con quien se caso [sic]”.

En esa mención de los lazos afectivos pasados y de la amiga que le encarga que transmita los recuerdos se pone de manifiesto la categoría que Álvarez Gila (2011) posiciona como una de las funciones epistolares en donde un comentario aparentemente intrascendente robustece los lazos del emigrante con respecto a su lugar de origen. En definitiva, la carta es contradictoria, pues por un lado menciona personas y vecinos con la naturalidad que brinda saber que el receptor los conoce sin mayores referencias acercándole el pueblo, pero al mismo tiempo, al concluir la lista de sus pertenencias, le expresa que “mas [sic] si lo deseas dimelo y te lo mando”.

La línea temática vinculada a las propiedades y pertenencias pone de relieve una importante cantidad de matices, porque el que se quedaba en España resguardaba y custodiaba los bienes, al mismo tiempo, tácitamente, pudiendo emplearlos para su usufructo o expresamente enviando una renta. En este caso queda de manifiesto que hay bienes que le corresponden a Juan Manuel. Asimismo, en la medida que el emigrado comenzaba a enviar señales de un asentamiento más prolongado, e incluso definitivo, los bienes toman otro carácter. De acuerdo a la lista que envía Fructuosa, hay algunos ítems claros, pero otros un tanto difusos en cuanto a la forma de ser divididos y enviados, a menos que sea ella misma la que los compre. Como escribe, a modo de lista (ver Imagen 5):

Lo que te pertenece es El corral de la plaza

La bodega honda

La alvillera del monte

Y parte de la tierra que fue viña

El vacillar de los llanos

La era de la Patera la tierra del

La raya de Avedillo una parte

En Valdelarrede la tierra de los

Castañares y una parte en los Barrosos además [sic] de los muebles

Y útiles de la labor y demás chismes de casa tienes lo mismo tu lote
Una cuba en el teso y muchas cosas que no me molesto a escribirlas[8].

La siguiente carta es de diciembre de ese mismo año[9], donde da cuenta acerca de tres situaciones: el habitual reclamo por el silencio, la muerte de una perra de caza de Juan Manuel –hecho por el que se entera de manera indirecta, pero sabe cómo lo afecta– y por último, la muerte temprana de un familiar:

Tiempo hace que nuestra correspondencia se ha interrumpido la causa no la se [sic] por mi parte estoy segura que conteste a tu ultima no asi [sic] a la que recibí de Esther que aun [sic] no le conteste [sic] pero lo hago al mismo tiempo que a ti. […]se [sic] que todo buen cazador ama a sus perros como asi [sic] mismo, se también que esas muertes no deshacen la casa, tu [sic] lo sabes muy bien pues ya probaste de todo […]. Poco puedo contarte de esto que días pasados se murió el hijo mayor de nuestro primo Zacarias, llamado Geminiano y casado con la hija de Andres Tirita y Claudia dejo cuatro hijos el mayor de doce años esta [sic] siendo un golpe terrible para nuestro primo[10].

Con respecto a la muerte del joven, nuevamente omite las causas o los detalles de su deceso, pero lo hace parte de la familia al incorporar el “nuestro primo”, en un constante intento de acercarlo, después de siete meses de silencio.

La mención de la perra es otra forma de abordaje además de darle a conocer que sabe de sus pasiones por actividades de caza, las armas y los animales, que en Juan Manuel son protagonistas de sus fotos de manera predominante y parte de su supervivencia.

Imagen 6. Juan Manuel en su casa

D:UsuarioDesktopcamión2.jpg

Fuente: Archivo personal de la autora.

Imagen 7. Juan Manuel con el grupo de cazadores

d:UsuarioDesktopJM.jpg

Fuente: Archivo personal de la autora.

En la próxima carta, ya fechada en 1950, el lapso de respuesta se amplía de manera considerable, por lo que el “tono” combina la nostalgia y el reproche:

Mi querido hermano:
Recibí tu tarjeta de Navidad la cual me lleno de alegría pues ya me figuraba que te habías olvidado que tenías una hermana.
En el mes de Febrero del pasado año recibi [sic] la tarjeta anunciándome la boda de Esther y conteste dándole mi enhorabuena y nada mas [sic] supe de vosotros, la causa no puedo saber, mas no por eso me olvido de ninguno pues te dire[sic] que este año mis hijas fueron las Mayordomas de La Purísima nuestra amada Patrona y por tanto en ese día mi pensamiento volo [sic] hasta vosotros que bien quisiera que en ese día mis queridos hermanos me hubiesen acompañado; el único que me hace las veces de hermano es Zacarías y como tal se porta yo por mi parte también hago lo que puedo por el. [sic] ¡Es tan bueno![11]

El reclamo es corto pero profundo, dentro de una carta también breve pero interesante en cuanto a las noticias y a lo que Fructuosa considera significativo: la inserción cada vez más profunda de ella y su familia en su propia tierra a través de sus ramificaciones y presencias en lo religioso, entendido como un escenario performático dentro del espacio público en una escena que hubiera deseado compartir con los que se encontraban lejos. El primo sigue siendo nombrado como parte de sus relaciones cercanas, a las que corresponde de manera constante con la ayuda en las tareas de la “matanza”, con el acompañamiento por la muerte del hijo y ahora en su posicionamiento como una persona prestigiosa dentro del pueblo.

En 1951 Fructuosa continúa con un intercambio que tendrá como eje otro registro, más práctico y vinculado a la compra/venta de algo que no queda del todo claro, pero de lo que ya habían intercambiado misivas que se han perdido:

Mi querido hermano:
Recibí tu carta del 13 pasado Noviembre y al ver que el documento que yo te pedia [sic] no puedes mandarlo te mando yo ese para que tu [sic] lo firmes y me será igual. Espero lo mandes lo antes posible para de ese modo yo hacer la permuta que te había dicho antes. Veras donde dice “El vendedor” y estampas tu firma y la cantidad aquí se pone lo mas [sic] corta posible con arreglo al líquido imponible que se paga en la contribucion [sic] Urbana [sic]. No puede escribirte hoy mas [sic] pues esperan para llevar esta á Zamora ya que en el pueblo no se pueden poner por avión[12].

Por alguna razón, el ruido en la comunicación no genera enojos, tampoco los reproches a los que es tan afecta, sino la acción de Fructuosa para solucionarlo rápidamente, en forma efectiva con el fin de facilitar el trámite con arreglo a la normativa y con cierta urgencia, activa una logística para que la carta salga cuanto antes, solicitando reciprocidad. Su escritura es ágil, concreta, y evidencia que se ha compenetrado en temáticas no siempre habilitadas para las mujeres en esos tiempos. Esta es la última carta con la que contamos de Fructuosa. Sin embargo, sabremos de ella a través de su hija María Cruz, que había partido hacia EE. UU. para estudiar inglés bajo la tutela del tío Esteban De Anta, cura en Texas, con comentarios cariñosos y referencias constantes que triangulaban las emociones.

5. De Moraleja del Vino a Sarandí: Patrocinio Delgado

La familia Delgado era oriunda de Moraleja del Vino, un pueblo cercano a Jambrina, y amiga o pariente lejana de los De Anta. Cuando Juan Manuel queda viudo de Evangelina Vignoles en 1929, con quien tuvo dos hijas, Esther e Irma, envían a la hija de Federico Delgado, Patrocinio, a que se casara con él y ayudara con la crianza de sus hijas, que tenían 7 y 15 años respectivamente. En el pueblo queda el padre solo, del que tenemos su primera carta de 1946:

… sabéis que estuve dos meses en cama bastante grave y el fue el motivo de no contestar como me encuentro menos mal pero tan pesado que no puedo salir de casa así que me estoi [sic] con mi sirvienta y así pasamos la vida no dejéis la amistad de vuestros hermanos y sobrinos que es la alegría para mi más grande no savin los vesos [sic] y abrazos que los doi [sic] muchos días en la foto.[13]

En la pequeña esquela de nueve renglones manifiesta tres veces la alegría, así como la emoción por la carta y el envío de una foto que él besa recurrentemente. La salud es una preocupación constante, no solo la propia sino la de la familia a la distancia, y recomienda que no se pierda el contacto con el resto de los parientes.

La referencia a la “sirvienta” que lo cuida fue mencionada en una carta de Fructuosa un mes después cuando le escribe a Juan Manuel:

Yo supe hace muy pocos días que el padre de Patrocinio esta [sic] ya muy viejecito pero tiene con el[sic] una buena hembra que a toda costa quiere que le deje a ella la casa donde vive y el [sic]dice que no puede pues es de su hija y su nieta yo creo que se ha casado con ella[14].

El juicio implacable de Fructuosa con respecto a las mujeres se despliega contra Antonia, a quien en este caso califica de “buena hembra”, que aprovechando la soledad del anciano busca quedarse con la casa de Patrocinio, la única descendiente. Sus sospechas se ven confirmadas en una carta de principios de 1949, con motivo de desear felicidades por el casamiento de Esther:

Esta que escribe es mi esposa querida ester [sic] y familia no le desea a Vs. mas[sic] que tenga mucha dicha y felicidad en su matrimonio y Dios le de un buen marido y mejor padre (…) Federico Delgado y Antonia de Delgado[15].

Imagen 8. Detalles de la carta

Fuente: Archivo personal de la autora.

La carta, que Federico encomienda para que escriba su esposa, tiene muchos errores ortográficos y una letra casi infantil y el “de” que se agregaba a partir del casamiento se observa desprolijo y superpuesto en la firma.

La próxima noticia proviene de Casaseca de las Chanas, paraje vecino de Moreleja del Vino. Esta se encuentra mecanografiada, escrita por un abogado, en nombre de Antonia, con dos objetivos: contarle acerca de la muerte de Federico a la hija –Patrocinio– y dejar clara, legitimando a través de la escritura formal del letrado, la posición como esposa. Es significativo que demoró casi un mes en comunicarle el fallecimiento, lo que evidencia que primero buscó una orientación legal:

Distinguida señora:

Lamento tener que dirigirme a V. en circunstancia tan lamentable cual es la presente, ya que, sabe que me uní en matrimonio a su padre, al que estimé mucho.

Después de una pequeña enfermedad, y, dada su avanzada edad, que ya la ciencia médica no pudo preveer [sic], falleció el pasado día 24 de Mayo.

Conoce dejó algunos bienes que sabe V. en mi deseo a resolver esta cuestión de la mejor forma posible, que, como hija del mismo, tiene su parte o porción, sin embargo, es lógico que en tanto V. no ordene otra cosa en relación con la parte o legítima que le toca que mi posición ha de ser encaminada a resolver de la mejor manera posible, y amigablemente, esta cuestión. A este respecto se precisa que proceda V. a dar poder notarial en ésa, a favor de D. VIRGINIO GARCÍA GAGO, abogado, residente en Zamora, calle de San Torcuato.

Puede V. dar instrucciones concretas sobre la forma en que haya de destinarse los bienes vendidos, siempre que para ello desee V. venderlo, y como no desconocerá que aporté al matrimonio bienes de cuya aportación existen los oportunos justificantes, aparte de mi condición de viuda, que me señala el vigente Código Civil la cuota vidual usufructuaria, confío ordene en qué forma he de reponerme de dicha suma, o bien, si es que desea vender las propiedades dejadas por su fallecido padre y esposo mío[16].

La carta continúa con otros párrafos en donde también la insta a que tome la decisión de manera perentoria, porque de lo contrario redundaría en un mayor gasto; esto constituye un primer paso para indagar acerca de los verdaderos deseos de Patrocinio y del reconocimiento de su posición, que va a tener que lidiar con la noticia de la muerte de su padre al mismo tiempo que “amistosamente” deja entrever que ella posee sus derechos como viuda, además de haber contribuido con bienes, que no detalla. Pero, en definitiva, el núcleo central es pedirle que decida qué quiere hacer con su “parte”, no con la totalidad.

No es difícil pensar en el momento de recepción de la carta y los sentimientos encontrados entre las novedades, la distancia y la capacidad de acción que le quedaban a esta mujer, hija única, que debía decidir qué hacer. En este caso no tiene hermanos que hayan quedado allí, de manera que recurre a unos primos, que se comprometen a ayudarla, pero le advierten que

Tu padre a su fallecimiento había vendido todo lo que le pertenecía acaso algo de lo vuestro de lo cual a mi entender no podía disponer; por lo tanto de su herencia nada esperéis por que la señora como tu la llamas se encargó de dilapidarlo. Por ahora creo no debes mandar poder de ninguna clase hasta nuevo aviso o sea esperar a que nosotros regresemos a Moraleja e indagamos si algo queda de los bienes de tu madre; si tuvierais algún documento con referencia a este particular podrías remitirlo para obrar en consecuencia[17].

Su prima Rosario, angustiada, le avisa que están de viaje en Asturias en la casa de un hijo, y que lamentablemente no habían sido apoderados por su tío, por lo que no tenían figura legal para obrar, pero que algo intentarían a su vuelta a pueblo.

Coinciden con Fructuosa en cuanto al juicio negativo de la esposa del padre, a la que no quieren llamar “señora”, como parte de un título que merece un tipo de respeto que no es el que le adjudican. Pero terminan con una oración que confirma que su padre ha sido estafado como sospechaban: “NOTA: Tu padre falleció en la Casa de los pobres de Zamora pero antes habían vendido toda clase de ropas muebles hasta la casa”.

De manera que la esperanza filial de una muerte apacible de su padre en su lecho aún en compañía de Antonia se encuentra desarmada, frente a la imagen del anciano, desprovisto de su hogar, su cama y hasta sus ropas.

Asimismo, casi como una luz de esperanza los primos apelan a una documentación que permita la venta de los bienes de su madre, en donde cualquier papel resultaría fundamental para poder probar y reclamar algo, a fin de enviárselo. Esa estafa que sufre Patrocinio, que la deja desguarnecida en cuanto a sus posibilidades de herencia, aun siendo hija única, fue aprovechada a la distancia por una mujer que vio la oportunidad de timar a un anciano solo, si solo tomamos lo dicho tanto por Fructuosa como por los primos. Amparada en la distancia, con la ayuda de un abogado y una importante dosis de astucia, Antonia reclama sus derechos. Pero ya nada más se sabe de su desenlace y Patrocinio queda en la Argentina como muchas migrantes que ven desdibujada la posibilidad del retorno porque ya no hay donde volver. Tal vez, incluso, queda atrapada en el matrimonio con Juan Manuel –bohemio, cazador, pobre–, cuidando de dos jovencitas (Esther e Irma), sin descendencia propia, rodeada de animales, en un paraje que no era ni rural ni urbano, como se observa en las fotos que seleccionamos y que componen el escenario: detrás de los árboles, junto a los perros, las gallinas, una pajarera inmensa, un molino, y la hijastra, con gesto adusto.

Imagen 9. Patrocinio Delgado e Irma De Anta

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Fuente: Archivo personal de la autora.

Imagen 10. Frente de la casa

Fuente: Archivo personal de la autora.

Se sabe, por referencias, que su temperamento era áspero y con escasa predisposición a demostrar afecto, con la excepción de la hija de Irma, a quien beneficiaba con sus habilidades como cocinera. La rigidez de sus formas las aplicaba a cocinar determinados platos en función de los días y las estaciones, propia también de una tradición que continuó. Después de la muerte de Juan Manuel, en 1961, vivió recluida hasta su muerte en 1976, pasados los 80 años. Hablaba sola con la televisión, sin amigos ni ningún tipo de socialización, constituyendo una presencia omnisciente en la casa, observadora de los cambios que la familia iba transitando, en una tensa relación con Irma –su principal cuidadora–, que es la que queda como señora a partir de su casamiento en 1944 con un empleado del puerto que asciende en su carrera administrativa hasta llegar a ser inspector de la Flota Fluvial Argentina.

Algunas últimas reflexiones

En este intercambio que hemos mantenido en la planificación de este trabajo y dentro del grupo de investigación, numerosos han sido los libros y artículos que compartimos, adaptándonos a esta etapa de pandemia. Entre ellos, el de Almudena Hernando (2015), que nutrió y contribuyó a pensar a estas mujeres y a ese hombre que asume camaleónicamente distintos roles. Con ella nos preguntamos a qué obedece la construcción identitaria a lo largo de la historia, estableciendo que esta puede ser de dos tipos: la relacional y la individual. La primera la asocia a los vínculos y la segunda a la que se realiza a través del “yo”, que abreva especialmente en el mundo masculino y en el orden patriarcal. La autora señala: “Defenderé que la clave de luchar contra el orden patriarcal es sacar a la luz la dimensión (la parte de la identidad) relacional del ser humano, demostrar su existencia (sin negar la importancia de la individualidad)” (2015, p. 84), en donde lo afectivo y la supervivencia se encuentran. En el camino que hemos transitado, las mujeres han sido protagonistas de esta función transmisora (Castillo, 2002), que se corporizaba en las cartas y en los diálogos que al mismo tiempo iniciaban y/o sostenían acciones. Coincidimos con Da Orden (2015) en que, lejos de intentar una “representatividad”, estas fuentes nos acercan los universos de dos mujeres que compartieron una contemporaneidad. Si bien desde dos funciones distintas, estas parientes coexistieron en un tiempo, con espacios simbólicos diferentes. Fructuosa encara su vida de manera activa, ávida, tal vez desde una viudez que le daba independencia al no tener que compartir o someter sus decisiones a la aprobación masculina, desplazándose por múltiples roles físicos e intelectuales, y también lo hace su hija, María Cruz, que parte a EE. UU. a estudiar inglés y se incorpora a la Embajada de España bajo el amparo de Esteban De Anta, combinando su idoneidad y el prestigio de su tío. Su historia merece un capítulo aparte, que haremos en el futuro. Fructuosa establece vínculos con su hermano Juan Manuel en un registro de paridad, cargado de reproches amorosos, intentando y logrando sostener el diálogo, alternando cuestiones prácticas en función de la herencia y los legados, y, al mismo tiempo, trayendo los recuerdos que construyen un lazo espacial y temporal con él. Este hombre alterna con actitudes de ermitaño orgulloso, rodeado de perros, pájaros, armas y un escenario intermedio entre las “matanzas” del espacio rural y la ciudad; se victimiza apelando a la pobreza, al tiempo que pregunta sobre sus bienes y enseres, así como también por la posición de la familia en Jambrina.

Por otro lado, la vida de Patrocinio (“Patro”, como le dice Fructuosa cariñosamente) es la de una mujer anclada en su mundo privado. Casi “trasplantada” en este nuevo escenario, se encuentra, al poco tiempo, descubriendo que su padre fue engañado por una mujer que le sacó todo y lo dejó morir en una “casa de pobres”. Su conexión con su tierra comienza a disolverse y evidencia que el retorno es inviable. Su identidad se construye aferrándose a las costumbres conocidas y no logra establecer una alianza con las hijas de Juan Manuel que permita que esta “familia ensamblada” y ella misma puedan encontrarse en algún punto de conciliación emocional que no fuera la severidad y la tensión generacional. Solo algunos gestos de complicidad que establece con la hija de Irma, María Isabel o Marisa, como es alternativamente llamada, permiten vislumbrar que bajo esa coraza de sorda rigidez sus funciones de abuela y de colaboradora con “la casa” fueron cumplidas por ella.

Las cartas con relación a Patrocinio se concentran en las enviadas por un padre cariñoso, un anciano de salud vulnerable que besa las fotos, al descubrimiento de que las próximas noticias son escritas por una mujer extraña, luego atravesadas por el discurso legal y parientes que llegaron tarde. Su voz no aparece sino a través del eco de los otros, perdiéndose en el pasado. Este acercamiento a estos pequeños universos familiares, lejos de allanarnos alguna incógnita, nos sumergen aún más en la complejidad y las múltiples tensiones que encerraban estos itinerarios y en donde las pequeñas/grandes resistencias del mundo femenino se encontraban inmersas, sosteniéndolos.

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  1. Universidades de Alcalá, Rede de Arquivos e Investigadores de Escrita Popular, Arquivo da Emigración Galega o la reciente muestra epistolar “Un océano de cartas” organizada por el CCEBA, la Fundación España, la Consejería de Trabajo y el Centro de Documentación epistolar, la de “Historias correspondidas”, organizado por el Museo de Arte Municipal de Tandil, junto con el Centro Cultural de España en Buenos Aires, así como el repositorio www.sobrecartas.com, con el apoyo del HCNA, la FEDESPA y la Federación Regional de Sociedades Españolas, entre otras.
  2. La Asociación Española de Socorros Mutuos de Avellaneda, la Sociedad Italiana de Roma, la Asociación Española de SM de Barracas y Buenos Aires y la Asociación Cosmopolita poseen panteones en el Cementerio Municipal de Avellaneda, fundado en 1874. Frente a él se encuentra el cementerio judío, inaugurado en 1906.
  3. De Fructuosa De Anta a Juan Manuel De Anta, 20 de diciembre de 1947.
  4. De Fructuosa De Anta a Juan Manuel De Anta, 20 de diciembre de 1947.
  5. De Fructuosa De Anta a Juan Manuel De Anta, 19 de enero de 1948.
  6. En ambas imágenes se puede observar su letra, carente por completo de signos de puntuación y acentos, que dificultan la lectura retrospectiva. También se destaca una decoloración, probablemente del envío de alguna foto.
  7. De Fructuosa De Anta a Juan Manuel De Anta, 16 de mayo de 1948.
  8. De Fructuosa De Anta a Juan Manuel De Anta, 16 de mayo de 1948.
  9. De Fructuosa De Anta a Juan Manuel De Anta, 18 de diciembre de 1948.
  10. De Fructuosa De Anta a Juan Manuel De Anta, 18 de diciembre de 1948.
  11. De Fructuosa De Anta a Juan Manuel De Anta, 7 de enero de 1950.
  12. De Fructuosa De Anta a Juan Manuel De Anta, 28 de diciembre de 1951.
  13. De Federico Delgado a hijos y nietas, 24 de noviembre de 1946. En función del resto de las cartas, se deduce que el “hijos” es una forma cariñosa de referirse a Juan Manuel y Patrocinio, de la misma manera que se siente abuelo de las hijas de su hijo político.
  14. De Fructuosa De Anta a Juan Manuel De Anta, 20 de diciembre de 1947.
  15. De Federico Delgado y Antonia de Delgado a Nieta y familia, 18 de febrero de 1949.
  16. De Antonia García a Patrocinio Delgado, 22 de junio de 1950.
  17. De Rosario Idelfonso a Patrocinio Delgado, 24 de septiembre de 1950.


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