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1 El envejecimiento y las vejeces en el escenario nacional

En este capítulo se presenta la perspectiva epistemológica desde la que se aborda el objeto de estudio, las líneas de investigación y corrientes teóricas a las que se adhiere en la investigación. Se comienza definiendo los modelos de intervención en lo social (Arias 2012) y las dimensiones de análisis que guían la secuencia de cada momento histórico. Luego se desarrollan la especificidad de los modelos de intervención en lo social y particularmente la configuración del modelo de intervención en el campo gerontológico.

Se recupera la articulación de la noción de los modelos con el concepto de cuestión social, ahondando en su abordaje como cuestión nacional en el contexto singular de América Latina. Se detalla la intervención en el campo gerontológico en el escenario nacional (Carballeda 2012, 2015), realizando un análisis situado en Argentina desde crítica decolonial y la interseccionalidad a partir del cuestionamiento de los saberes colonizados que reproducen acríticamente los conceptos elaborados en otros contextos y el recupero de las categorías centrales trabajadas por los autores nacionales.

Finalmente se presentan los antecedentes de la construcción histórica de los conceptos de envejecimiento y vejeces, y de los derechos: desde los inicios del pensamiento gerontológico nacional hacia el enfoque integral de los derechos humanos de las personas mayores.

1.1 Modelos de intervención en lo social

Los modelos de intervención son entendidos siguiendo el planteo de Arias quien toma la definición de Bourdieu, Chamboredom y Passeron en su definición de modelo como

cualquier sistema de relaciones entre propiedades seleccionadas, abstractas o simplificadas, construidos conscientemente con fines de descripción, de explicación y previsión, y por ello plenamente manejable (2008, 83 en Arias 2012, 17).

La autora realiza un estudio de los modelos de intervención dirigidos a la pobreza, construye el modelo de asistencia y promoción y sus modificaciones y continuidades a lo largo de los diferentes momentos históricos. Este modelo se consolida en la década del 60 configurando una forma de intervención en lo social estable. Luego se producen una serie de cambios parciales de contenido a lo largo de 50 años, para finalmente entrar en crisis en la última década.

Arias (2012) analiza desde el Trabajo Social la caracterización de los modelos y sus variaciones en el tiempo a partir de las siguientes dimensiones: las características generales del período, dando cuenta de los principales elementos del contexto nacional e internacional; los aportes de las Ciencias Sociales y su influencia en la intervención, la idea de sujeto, el rol del Estado, la definición de lo comunitario, lo promocional y lo asistencial y el proceso de profesionalización de la intervención.

Por otra parte, Carballeda utiliza la noción de modelo para el abordaje teórico de la intervención en lo social y particularmente para el análisis del Trabajo Social en el campo de la salud, a través de la conceptualización y comparación entre diferentes modelos y la construcción de esquemas conceptuales explicitando semejanzas y diferencias entre estos (Carballeda, A; Barberena, M; Belzitti, C; Mendoza, M; Capello, 2002).

El estudio del Trabajo Social desde sus formas de intervención a partir de distintas secuencias cronológicas y utilizando la noción de Modelo, se centra en la necesidad de acceder a la construcción de esta disciplina desde una perspectiva de análisis sistemático, intentando conocer en profundidad sus elementos constitutivos como así también sus formas de actuación (1).

Los autores plantean la existencia de los siguientes modelos de intervención en el campo de la salud: Desarrollista, de Reconceptualización, de Trabajo Social Alternativo y de Intervención frente a la Nueva Cuestión Social. El estudio comienza con la construcción de un Modelo de Análisis Global o Referencial, y se aplica en un análisis cronológico desde 1960 hasta 1995.

Carballeda señala que la noción de modelo posibilita ordenar y sistematizar las prácticas de intervención abordando distintos aspectos de la misma.

La idea de sujeto de intervención que se utiliza, el marco teórico que la sostiene, y la intervención típica que se produce como producto de la relación entre lo conceptual, la noción de sujeto y el contexto, da cuenta de una serie de posibilidades de análisis de la Intervención en lo social y también a sus peripecias de orientación y dirección. (2012, 6).

La noción de modelo aplicada a la práctica profesional hace referencia a una construcción simbólica que tiene como objetivos el conocimiento y la transformación del objeto que modeliza (Bialacowsky, A, Camilloni, A., Forteza, 1988 en Carballeda, A; Barberena, M; Belzitti, C; Mendoza, M; Capello, 2002).

Un modelo es entendido como la representación de un sistema; pero no solamente desde la comprensión y explicación de los problemas sino, también desde, la forma de intervención sobre éstos. Por otro lado, el término modelo designa un esquema sintético y abstracto que intenta ordenar dentro de una construcción rigurosa los elementos de la realidad. De esta forma, el modelo, es considerado por los autores como un instrumento conceptual que abarca los siguientes aspectos; la relación entre los aportes teóricos, la transmisión del conocimiento y la intervención práctica; desde una perspectiva contextualizada. En este sentido se considera relevante recuperar los antecedentes del abordaje de la intervención en lo social a partir del análisis de los modelos de intervención y su construcción histórica, en este caso aplicando este concepto al campo gerontológico.

Los modelos de intervención están estrechamente vinculados a los modelos político-históricos más amplios de la Argentina. A su vez en el modelo de Intervención con personas mayores que desarrollaremos en el presente libro se produjeron sucesivas modificaciones en sus distintas dimensiones: la idea de sujeto de la intervención, la definición del envejecimiento y la vejez, la definición de los derechos de la población mayor, la definición de la intervención social en el campo gerontológico y la profesionalización de la intervención en el campo gerontológico. Estas modificaciones, continuidades y tensiones se producen en el marco de los factores contextuales de cada momento histórico. Entre ellos se pueden señalar: las características generales de cada período, es decir, las modificaciones en el modelo productivo y la estructura social y los modelos generales de intervención en lo social; el rol del Estado; los aportes de los autores argentinos al campo gerontológico y las teorías gerontológicas vigentes en cada momento.

Con respecto al rol del Estado y su incidencia en los modelos de intervención, sostenemos que el Estado no es solo un gobierno, el Estado son las instituciones, las normativas, los procedimientos.

Estado es narrativa de la historia, silencios y olvidos, símbolos, disciplinas, sentidos de pertenencia, sentidos de adhesión. Estado es también acciones de obediencia cotidiana, sanciones, disciplinas y expectativas. Cuando definimos al Estado, estamos hablando de una serie de elementos diversos, tan objetivos y materiales como las fuerzas armadas, como el sistema educativo; y tan etéreos pero de efecto igualmente material como las creencias, las obediencias, las sumisiones y los símbolos. (Linera, 2010, 14).

Para comprender las características de un modelo de intervención, su persistencia, sus movimientos y transformaciones es relevante pensar su vinculación las distintas dimensiones del Estado. La dimensión material, conformada por el régimen y sistema de instituciones, la dimensión simbólica del Estado, relacionada con el sentido común, las percepciones y las ideas, y la dimensión relacional vinculada con las jerarquías y relaciones entre personas, las correlaciones de fuerza, luchas y enfrentamiento.

De esta forma se hace énfasis en la dimensión ideal del Estado, su sistema de creencias y percepciones, “concepciones, enseñanzas, saberes, expectativas, conocimientos” (Linera, 2010, 14) que traccionan la intervención en lo social generando cierta performatividad. Asimismo, se relaciona esta dimensión ideal con las instituciones y correlaciones de fuerza que se construyen en torno a las personas mayores.

12. La cuestión social desde una mirada decolonial y su vinculación con la intervención profesional

Los modelos de intervención en lo social se enmarcan en la respuesta y abordaje del Estado, las instituciones y la profesión a los problemas sociales, entendidos como manifestaciones de la cuestión social.

La cuestión social es una categoría analítica central en las Ciencias Sociales y en el Trabajo Social en particular. Sus definiciones pueden agruparse en dos grandes líneas de análisis: las nociones próximas al determinismo y las más cercanas a la idea de condicionantes sociales. Ambas posturas ubican la génesis de la cuestión social en la modernidad (Carballeda, 2010).

Las visiones ligadas al determinismo ubican el surgimiento de la cuestión social en Europa durante el siglo XIX, en relación con la conflictividad producto de las consecuencias de la Revolución Industrial. La mirada de los determinantes sociales hace hincapié en la relación casi lineal de una causa y un efecto; dado el sistema capitalista con su correspondiente contradicción entre capital y trabajo, se produce como consecuencia la cuestión social.

En este sentido, la cuestión social se origina a partir de la contradicción entre capital y trabajo,

la particularidad que adquiere dicha relación en sus manifestaciones específicas en cada momento histórico constituye el punto de partida que permite desentrañar las cuestiones en que se explicita la cuestión social y por lo tanto, su relación con el campo problemático (Rozas Pagaza, 2001, 219).

La autora define a la intervención como campo problemático al pensarla como el escenario cotidiano en el que se objetivan las manifestaciones de la cuestión social, que se encuentran presentes en la cotidianeidad de los sujetos.

La génesis de la intervención del Trabajo Social se produce en el momento en que Estado responde a las manifestaciones de la cuestión social a través de sus instituciones. Es en este contexto en el que se enmarca a la construcción histórica de la profesionalización de la intervención.

El Trabajo Social como profesión, solamente se pone en nuestras sociedades cuando la “cuestión social” además de reconocida como tal, es objeto de un trato específico del Estado. Solo cuando el Estado se propone intervenir con formas institucionales, se crea el espacio para la profesionalización del Trabajo Social (Netto, 2002, 19).

Posteriormente Rozas Pagazza (2014) plantea que la relación entre cuestión social, políticas sociales e intervención profesional no es un hecho mecánico y en su análisis es relevante la contextualización en el marco de los tipos de estado que instituyen la profundización de la cuestión social. Desde este marco la concepción de política social adquiere un nuevo sentido ligado a los derechos y a la ciudadanía.

El debate actual pasa por renovar nuestra comprensión sobre la política social como la definición estratégica de todo desarrollo y, en ese sentido como estructurador de ciudadanía y de derechos sociales, esta definición implica un posicionamiento teórico diferente de la comprensión tradicional de las políticas sociales (Rozas Pagaza, 2014, 2).

Por otra parte, desde la perspectiva de los condicionantes sociales, la génesis de la cuestión social está vinculada a diferentes causas, es multilineal; ya que en las Ciencias Sociales las relaciones que se presentan entre los distintos fenómenos están vinculadas por la probabilística.

La comprensión de la cuestión social desde esta visión abre el abanico de posibilidades de análisis e incluye las cuestiones sociales en diferentes niveles de complejidad; entre ellos se mencionan los problemas vinculados al género en lo referente a al rol de la mujer como trabajadora y/o madre, la cuestión indígena que se expresó en su forma más dramática en la campaña de 1880 y la cuestión obrera, vinculada a los problemas laborales (Suriano 2000 en Carballeda 2010).

En este sentido, Carballeda (2010, 2011, 2013) desarrolla las particularidades de la cuestión social en América, advirtiendo que la misma se constituye en nuestro continente a partir de la invasión de la mano de los europeos impuesta por la conquista.

Los inicios del orden capitalista en nuestro continente son muy distintos a los europeos, faltan siglos para que se produzca la fase fabril y mercantil del capitalismo (…) la creación de la fuerza de trabajo en América es una imposición del colonizador, no un producto “evolutivo” que llega desde el Medioevo (Carballeda, 2010, 56).

En el contexto latinoamericano la fuerza de trabajo también presenta características singulares, formas de opresión y de resistencia particulares. De esta manera, la génesis de la cuestión social está ligada al origen de la patria y se encuentra atravesada por las luchas por la recuperación de la integración perdida, como consecuencia de la colonización.

La historia de América da cuenta de una forma singularizada de construcción del concepto de Cuestión Social. De este modo, los problemas sociales americanos requieren de una mirada y análisis diferenciado. El origen de la Cuestión Social en América está marcado por la conquista, la violencia y la imposición forzada de una forma de interculturalidad que se transformará en más y nuevas formas de integración en terrenos de lucha y resistencia. Por otra parte, la conquista implicó la ruptura de los mecanismos de protección social generando expresiones de la desigualdad que se impusieron a través de relaciones coloniales de dominación diferentes a las que se habían constituido en Europa (Carballeda, 2013, 2).

Asimismo, el despliegue de la cuestión social está estrechamente vinculado con los orígenes de los movimientos nacionales, desde los que se proponían nuevas propuestas de integración.

Se puede concluir que, al pensar la cuestión social, la visión de los condicionantes sociales permite analizar el conjunto de problemas relacionados con la edad y abordar la cuestión social vinculada al envejecimiento y la vejez; teniendo en cuenta que la misma se encuentra en permanente relación con otros factores como el género, la pobreza, la cuestión obrera y migratoria, entre otros. Pensar en los problemas sociales de los mayores en nuestro contexto implica situarlos desde las generalidades de los procesos que se originaron en América y particularmente en nuestra realidad nacional.

La perspectiva latinoamericana a través de los aportes de la crítica decolonial permite dar cuenta de la desigualdad propia de nuestro continente. En este marco, las formas de transitar la vejez se encuentran atravesadas por las condiciones de explotación y vulnerabilidad; y las acciones del Estado hacia la población mayor conforman, en términos generales, estrategias tendientes a la construcción de condiciones igualdad e inclusión social.

Al analizar la intervención con personas mayores en nuestro país es relevante explicitar las particularidades del contexto latinoamericano. En nuestro continente la fuerza de trabajo, y los esquemas clasificatorios por edad presentan características singulares, formas de opresión y de resistencia particulares. En Latinoamérica la cuestión social está ligada al origen de la patria y se encuentra atravesada por las luchas por la recuperación de la integración perdida, como consecuencia de la colonización y los movimientos nacionales que se plantearon diferentes formas de disminución de las desigualdades y nuevas propuestas de integración. Pensar en los problemas sociales de las personas mayores en nuestro contexto implica situarlos desde las particularidades de los procesos que se originaron en América y en nuestra realidad nacional.

Asimismo, pensar a las vejeces desde la interseccionalidad, permite dar cuenta de las múltiples formas de opresión estructural que sufren las personas mayores, mostrando así su heterogeneidad y desigualdad en las condiciones de vida. Desde una mirada latinoamericana y nacional, es imprescindible plantear el análisis del envejecimiento desde la perspectiva de la crítica decolonial, como también desde la particular construcción de las desigualdades que atraviesan a las personas mayores. Es relevante la deconstrucción de las miradas hegemónicas y eurocéntricas a partir de un pensamiento nacional, considerando los intereses de nuestra población y haciendo énfasis en la disputa de los sentidos para visibilizar las características propias de nuestro continente, conformado por países subordinados a un poderío económico exterior que han atravesado períodos de mayor o menor dependencia de las economías centrales y que han transitado por gobiernos populares luego de períodos de cruentas dictaduras militares y fuertes embates económicos.

En síntesis, la edad no es una categoría suficiente a la hora de pensar las desiguales trayectorias y diversas formas de transitar el proceso de envejecimiento en el contexto latinoamericano, ya que la desigualdad en la vejez está relacionada con la génesis de la cuestión social en Latinoamérica. De esta forma, las clasificaciones de género, etnia y territorio permiten visibilizar la producción y reproducción cotidiana de la sociedad condicionando diversas, heterogéneas y desiguales tránsitos por la vejez.

En este sentido, retomamos la propuesta de Quijano (2007) que permite entender a la colonialidad del poder como un patrón que establece categorías que tienden a justificar la desigualdad a partir de la diferencia. La colonialidad del poder y del saber, a diferencia del colonialismo, es un patrón que continúa vigente. El poder capitalista se funda en la imposición de una clasificación racial/étnica de la población del mundo y establece una distribución del poder, a partir de estas clasificaciones sociales y del género y el trabajo, tornando la diferencia en desigualdad

Podemos concluir que pensar el modelo de intervención en el marco de la cuestión social permite dar cuenta de las desigualdades inherentes a las formas de envejecer en nuestro continente y los problemas sociales que atraviesan los mayores como consecuencia de esta desigualdad estructural.

1.3 Trabajo Social en el campo gerontológico

El Trabajo Social en el campo gerontológico participa de la Gerontología como campo interdisciplinar cuyo objeto está conformado por los múltiples y diversos aspectos del fenómeno del envejecimiento humano, biológico, psicológico, social y cultural.

Retomamos la definición de Gerontología propuesta por el trabajador social argentino Abraham Monk (1997 en Paola; Samter, Manes, 2011); entendida como un campo aplicado al que pertenecen aquellas disciplinas científicas y todas las profesiones que están relacionadas directa o indirectamente con el proceso de envejecimiento humano.

El Trabajo Social como disciplina aporta a la Gerontología su particular abordaje teórico, institucional y ético-político en la resolución de los problemas de las personas mayores y en el trabajo por la reivindicación y concreción de los derechos humanos de esta población.

En este marco, la intervención en lo social es entendida como una acción artificial e intencional e implica un grado de reflexividad.

No existen intervenciones “naturales” sino procesos de acción de la sociedad (…) Desde el origen de la intervención social se vio ligada con propósitos de orden pedagógico que apuntaban a sostener procesos de integración social frente a los peligros de las libertades políticas, frente al problema de la anomia (Arias, 2012, 27).

La intervención es interpelada por una serie de preguntas en la permanente búsqueda de integración de lo que la crisis fragmentó. En nuestro país los espacios de intervención fueron transformados por los acontecimientos vividos desde la última dictadura cívico-militar, presentándose la problemática de la fragmentación, y la expresión de nuevas formas de la cuestión social. Estos cambios interpelan a las políticas públicas en general, a las instituciones y a las intervenciones concretas de trabajadores y trabajadoras sociales. En este sentido, la intervención en lo social constituye un instrumento de transformación en las prácticas concretas, un dispositivo de integración y facilitación del diálogo en las resoluciones e los problemas sociales y en la comunicación con las instituciones (Carballeda, 2013).

En el campo gerontológico, estos problemas adquieren nuevas expresiones, interrogantes y desafíos para la intervención profesional.

En los adultos mayores, la fragmentación social construye nuevas formas de complejidad, en la manifestación de problemas sociales que se presentan como representaciones de la cuestión social actual (Carballeda, 2015).

Particularmente pensar a las vejeces como territorio implica tomar en cuenta las singularidades de la intervención en el campo gerontológico. La intervención en clave de integración de la sociedad implica la propuesta de otro orden discursivo, nuevas gramáticas y relatos que nominen y construyan más y nuevas formas de encuentro e interrelación. Es en los diálogos entre lo contextual, lo territorial y lo microsocial que la intervención facilita, que se hace posible recuperar gramáticas perdidas, resignificarlas, recuperando la palabra, estableciendo otros órdenes discursivos. En estos la presencia de lo colectivo, lo histórico y lo propio en términos de identidades compartidas se presenta como un camino posible y necesario. En los territorios de la vejez esta tarea se muestra con algunos elementos singulares y se aproxima claramente a la noción de Derecho Social La intervención se hace viable, especialmente desde una búsqueda que integre presente y futuro y no se transforme en una mirada nostálgica del pasado (Carballeda, 2015).

La intervención en lo social despliega una serie de nociones, instrumentos y valores comunes a la disciplina aplicados al proceso de envejecimiento y a las personas mayores, entendidas como sujetos de derechos y no simples objetos de asistencia.

1.3.1 Fundamentos de la intervención en el campo gerontológico

Cazzaniga (2012) define a la intervención profesional del Trabajo Social como una puesta en acto de acciones a partir de una demanda, en el marco de una especificidad profesional, que se configura desde una matriz teórica. La intervención es pensada como un proceso artificial que tiene implicancias ético-políticas.

La intervención de Trabajo Social se entrelaza al mecanismo más abarcativo que la sociedad define en cada época para dar respuesta a las manifestaciones de la cuestión social, y lo hace como especialista de lo social asistencial. Se trata de una práctica profesional específica –no la única sostenida por un conjunto de saberes fundados teóricamente que le permiten comprender, decir y hacer, desplegando su intervención en los espacios públicos estatales y públicos societales, lugares que se estructuran como aspectos de la institucionalidad social de cada momento histórico (Cazzaniga, 2007). La autora plantea los siguientes elementos constitutivos de la matriz para reflexionar sobre la intervención profesional: la intencionalidad de la intervención, los sujetos, espacio/tiempo y cuestiones instrumentales.

Siguiendo la propuesta de Cazzaniga, en el campo gerontológico la intervención en lo social genera distintos interrogantes. Entre ellos se pueden señalar: ¿para que trabajamos con las personas mayores? ¿Quiénes son los sujetos de la intervención, cómo son definidos, cuáles son sus características, las particularidades de sus demandas y problemas? ¿Cuáles son los tiempos y espacios a tener en cuenta en la intervención en el campo gerontológico? ¿Cuáles son las adecuaciones instrumentales para trabajar con la población mayor?

Es importante destacar que la intervención en lo social desde el campo gerontológico implica un marco teórico particular. Este posicionamiento teórico-conceptual fue construyéndose y replanteándose a lo largo de los diferentes momentos históricos en la conformación de la profesión. Desde el Trabajo Social se entiende al envejecimiento y a los sujetos de la intervención recuperando el concepto de envejecimiento diferencial. Como señala Ludi (2005) al hablar de vejez es necesario no perder de vista su carácter de construcción social y cultural que otorga sentidos diferentes a la experiencia particular de envejecer. La autora propone el concepto de situaciones de vejez, entendiendo que el mismo posibilita enunciar las

situaciones problemáticas abordadas, identificando y mencionando cuestiones específicas –no comunes- de cada una de ellas, y a la vez identificar y nombrar otras que pueden agruparse de acuerdo con aspectos comunes a las mismas (2005: 41).

   Esta denominación refiere tanto a las condiciones estructurales como a las contextuales, atravesadas éstas por dimensiones sociales, económicas, políticas, culturales e históricas.  

La referencia a la heterogeneidad y multiplicidad de formas de envejecer nos permite cuestionar los estereotipos y preconceptos acerca de la vejeces, implícitos en una mirada adultocéntirca, que está atravesada por un contexto de valores mercantilistas que enaltecen al adulto por su vinculación con el momento vital de la producción en el mercado de trabajo.

La ciencia del hombre no solo ha sido etnocéntrica y androcéntrica, sino que también ha sido adultocéntrica. Pero mientras la crítica relativista y feminista hace tiempo que ha hecho mella en la consideración de la diversidad cultural, la crítica generacional no ha conseguido todavía deconstruir los estereotipos predominantes sobre los grupos de edad subalternos, percibidos a menudo como preparación al –o como regresión del– modelo adulto (Feixas, 1997: 15).

En contraposición a los prejuicios y a mirada adultocéntica, podemos distinguir el posicionamiento teórico de la Gerontología Crítica. La intervención pensada desde esta perspectiva concibe a las personas mayores como sujeto de derechos, cuestionando la mirada que se centra en las necesidades y considera a los sujetos envejecidos como un mero objeto de intervención (Paola, 2015).

La Gerontología Crítica establece una clara demarcación con el enfoque que denomina Gerontología Tradicional, de fuerte cuño positivista, sustentado en una concepción biomédica. Una de las contribuciones más importantes de esta perspectiva ha sido la de reclamar un examen crítico de los modelos conceptuales desarrollados por la Gerontología Tradicional, la consideración de sus supuestos y el análisis de la carga moral y ética de los constructos gerontológicos (Yuni, Urbano, 2008).

El Trabajo Social en el campo gerontológico pone en diálogo su matriz teórica con las teorías y conceptos de la Gerontología desarrollada desde sus inicios como interdisciplina. El Trabajo Social desde la perspectiva disciplinar encuentra su marco de referencia en las teorías sociales que conforman lo que conocemos como Ciencias Sociales, por lo tanto, para dar cuenta de la significación de la misma toma en cuenta el desenvolvimiento dialéctico de los nuevos paradigmas que dan vida a los debates actuales (Paola, 2015, 135).

A continuación, presentarnos una serie de teorías de relevancia para la Gerontología. Entendemos que las mismas son importantes a nivel internacional y han tenido influencia en la intervención social nacional. Sin embargo, como fue planteado en la introducción el objeto de estudio está enfocado en las producciones nacionales, que los autores argentinos han planteado a la largo de la historia y en la actualidad.

Entre las principales teorías podemos señalar por sus aportes al pensamiento crítico la teoría del ciclo vital y la teoría de la actividad. Siguiendo el análisis de Sánchez Salgado (2002) la teoría del ciclo vital, desarrollada por Berenice Neugarten (1999) sostiene que el ciclo de vida es un todo, por lo que la vejez presenta continuidades con la edad adulta. Se propone el análisis de la diversidad del ciclo vital a partir de tres dimensiones: tiempo vital, tiempo social, y tiempo histórico que conforma el contexto político, económico y social que encuadra la vida cotidiana del individuo.

La teoría de la actividad postulada por Robert Havighurst (1963), define a la vejez como una etapa de pérdida de roles sociales como consecuencia de la jubilación y la viudez, por lo que la persona mayor debe sustituirlos por nuevas funciones. Esta teoría sustenta políticas que trabajan la participación de los mayores, a través de la realización de diversas actividades educativas, recreativas y, en menor medida, productivas. Oddone (2013) realiza una revisión de la teoría de la actividad al afirmar que, la misma pasa por alto que las distintas actividades tienen diferentes significados para las personas, está orientada a los denominados “viejos-jóvenes” y se centra más en el momento posterior a la jubilación, que el envejecimiento propiamente dicho. No es la actividad social per se la responsable de la satisfacción vital sino el sentido que el sujeto logró encontrar o darle a la actividad que eligió, debe ser considerada la calidad de la actividad en relación con el sentido que esa actividad posee para el sujeto.

El paradigma del curso vital “puede definirse como: el estudio multidisciplinario del desarrollo de la vida humana (ontogénesis humana) mediante el establecimiento de puentes conceptuales entre (a) los procesos de desarrollo biológicos y psicológicos; (b) el curso de la vida como institución social, desde el doble punto de vista: el de las regulaciones sociales y culturales de la cual es objeto y de su construcción por los individuos en función de sus recursos y el de sus perspectivas biográficas; (c) el contexto socio histórico y los cambios que este experimenta” (Lalived´Epinay 2011, 20).

La noción de vejeces postulada por Bourdieu (1990) y retomada por Lalived´Epinay (2008) permite dar cuenta de la heterogeneidad y la multiplicidad de formas de envejecer. Es en los diferentes campos en los que se disputa la frontera entre juventudes y vejeces. Esta frontera es en todas las sociedades un objeto de lucha dentro de cada campo que tiene sus propias leyes generales. Los sujetos no actúan libremente: sus prácticas están condicionadas por la historia anterior que ha sido incorporada en forma de habitus. (Borudieu 1990).

En este marco destacamos los aportes de la Gerontología Crítica y la Gerontología Feminista trabajadas por los referentes en el campo nacional; entendidas como insumos de la matriz teórica del Trabajo Social en el campo gerontológico.

La investigación feminista realizó aportes para desvelar el carácter socialmente construido de los significados y valores que rodean la vida de las mujeres mayores y analizar las normas culturales que limitan su existencia libre en la vejez (Freixas, 2008). Pensar el envejecimiento desde la perspectiva de género permite incorporar elementos del orden simbólico respecto de las expectativas y creencias sociales que troquelan la organización de la vida colectiva y producen desigualdad entre hombre y mujeres. (Lamas, 2007).

Desde el siglo pasado el género y la vejez aparecen como categorías culturales específicas que permiten la revisión de las estructuras de poder y dominación ejercida sobre mujeres y mayores (Yuni, Urbano, 2009). El pensamiento crítico muestra que la modalidad tradicional de establecer la distinción entre lo público y lo privado, formó parte de un discurso legitimador de la opresión de las mujeres en el ámbito privado (Jelin, 2010). En la actualidad existen múltiples esquemas de género, es decir diversas simbolizaciones acerca de la diferencia sexual en tanto constante biológica. (Lamas, 2007).

Tanto la Gerontología Crítica como la Gerontología Feminista sostienen que el conocimiento gerontológico es conocimiento social y, por lo tanto, se explicita su dimensión ética y valorativa.

1.3.2 El sujeto de la intervención en el campo gerontológico

El sujeto de la intervención en el campo gerontológico nos interpela en tanto persona mayor con necesidades y padecimientos específicos. En el proceso de intervención social se aborda no solo las demandas de los sujetos, sino también sus capacidades y potencialidades a la hora de construir respuesta a los problemas sociales y garantizar el cumplimiento de sus derechos.

En el plano de análisis de las políticas sociales históricamente se han desarrollado dos enfoques presentes en las políticas gerontológicas: la vejez como objeto y la vejez como sujeto de derechos. Huenchuan Navarro (2004) señala que el enfoque predominante estuvo ligado a la conceptualización de la vejez como objeto de carencias económicas, físicas y sociales.

Las primeras se expresan en falta de ingresos, las segundas en falta de autonomía, las terceras en falta de roles sociales. Por lo tanto, la intervención se define a partir de lo que las personas mayores no poseen en comparación con otros grupos sociales y de acuerdo con un modelo androcéntrico de la organización y funcionamiento de la sociedad. Los instrumentos de política son así paliativos para superar esas pérdidas o carencias. Esta interpretación también está presente en los enfoques referidos a la pobreza y a los problemas de integración social (UN. ECLAC, CELADE, 2004, 174)

La autora señala un cambio de paradigma con el surgimiento del enfoque de derechos que, en el marco de las políticas gerontológicas, el mismo promueve la habilitación de las personas mayores y favorece la construcción de una sociedad integrada para todas las edades, incluyendo los derechos sociales como el derecho al trabajo, a la asistencia, al estudio, a la protección de la salud y a la libertad de la miseria y del miedo, entre otros. La concreción de estos derechos requiere de una la acción positiva de los poderes públicos, la sociedad y las personas mayores.

Ambos enfoques atravesaron históricamente la intervención en lo social en el campo gerontológico. En las últimas décadas se ha incorporado la visión de los derechos humanos de las personas mayores, la misma ha interpelado las prácticas concretas de intervención en el marco de los cambios en los modelos de Estado.

Comprendemos a los agentes sociales tanto en su capacidad de agencia (hacer-transformar) como en su constitución a partir del discurso social y fundamentalmente de la mirada del otro. Individuo sujetado a la estructura social y a sus propios deseos (y al de los otros), que tiene capacidad de agencia por lo tanto reproduce el “estado de cosas” y tiene potencia para transformarlo (Danel 2015, 176).

En este sentido, es importante recuperar los debates acerca de la conceptualización del sujeto de la intervención. En los últimos años se observa un pasaje de la noción mayor como un beneficiario pasivo, es decir un objeto de asistencia; a un sujeto de derechos, con capacidades para hacer y decidir.

La intervención social a través de la palabra, la mirada y la escucha se presenta como una posibilidad de rejerarquizar el lugar del relato como capacidad reconstitutiva en la perspectiva de construcción de continuidades de orden existencial que permitan la elaboración de más y nuevas formas de encuentros que faciliten el encuentro del lazo social perdido. En síntesis, trabajar en los lugares donde el “vacío social” generó rupturas en formas de relación y tramas sociales (Carballeda, 2015, 225).

El campo gerontológico se constituye en un espacio socio ocupacional de la disciplina del Trabajo Social, y es en este marco donde cobra importancia la reflexión sobre las concepciones de vejez, recuperando la construcción socio histórica de las nociones relativas al proceso de envejecimiento. En este sentido afirmamos siguiendo a Danel (2015, 173) que:

Los -otros- ocupan centralidad, ya que tematizar la intervención no es otra cosa que analizar las trayectorias vitales de aquellos sujetos con los que trabajamos.

La autora señala la complejidad de la vinculación entre las conceptualizaciones de los sujetos de la intervención del trabajador social, con las percepciones y el sentido que le otorgan a este momento de la vida las personas mayores. En este marco, el campo gerontológico es un espacio de disputa por la construcción de sentido en torno a la vejez.

Los sujetos se instalan en el lugar esperado/deseado por el discurso profesional, lo que nos permite visualizar las contradicciones, disputas, hegemonías y subalternidades que se expresan en el campo gerontológico. El trabajador social en el proceso de intervención contribuye a la construcción de los sujetos. Por una parte, por el poder de la enunciación y por las respuestas posibles que se despliegan. Las vejeces como producción social, en el movimiento contradictorio entre autonomía y dependencia encuentran en las intervenciones de estos/as profesionales experiencias heterogéneas, ambiguas, complejas (Danel 2015, 174).

En este sentido, en los capítulos siguientes se analiza el proceso histórico desarrollado en nuestro país y las diferentes miradas acerca de los mayores con las modificaciones, tensiones y debates en torno a las mismas.

1.4 El enfoque de derechos en el campo gerontológico

El enfoque de derechos presenta una mirada particular de las vejeces y las distintas modalidades de intervención en ese campo. Nos parece relevante recuperar los aportes que se han realizado desde la disciplina del Derecho en el análisis de la construcción histórica de los derechos de las personas mayores.

Davobe (2013) plantea la vinculación de la disciplina del Derecho con la Política, haciendo hincapié en los derechos humanos de la población mayor. La misma utiliza la noción de modelos para dar cuenta de la construcción histórica del Derecho en relación con las personas mayores y su aporte específico a la Gerontología como interdisciplina.

El Derecho de la Vejez, o Derecho de la Ancianidad; comprende el estudio de cinco cuestiones principales: la discriminación por edad, la vulnerabilidad y la capacidad jurídica de las personas mayores; los derechos humanos de autonomía referidos a la autodeterminación, la libertad y la propiedad en la vejez; los derechos humanos de participación vinculados a la familia, la inclusión social y la participación política.; los derechos sociales fundados en las exigencias de la igualdad material de las personas mayores y los sistemas de protección y garantías en orden de asegurar el acceso a la justicia de este grupo. A su vez, estos ejes se relacionan con los “cinco principios a favor de las personas de edad”, del documento adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 16 de diciembre de 1991 (Davobe, 2015, 44).

Desde la mirada disciplinar del derecho los mayores tienen los mismos derechos que corresponden a todos los seres humanos. Estos derechos están por encima de todo “derecho” en singular.

Los derechos humanos son todos aquellos derechos subjetivos cuyo título radica en la personeidad de su sujeto, o en algunas de las dimensiones básicas del desenvolvimiento de esa personeidad y de los que se es titular los reconozca o no el ordenamiento jurídico positivo y aun cuando éste los niegue (Davobe, Di Tullo, 2013, 66).

El enfoque de los derechos humanos de las personas mayores fue instalándose en el plano internacional, luego de un recorrido que comienza con la Declaración de los Derechos de la Ancianidad en 1948, impulsada por Argentina y que fue consolidándose a lo largo de los años a partir de una serie de declaraciones y tratados.

A nivel internacional se destacan el Plan de Acción Internacional de Viena sobre el Envejecimiento de 1982 y el de Madrid de 2002. Estos instrumentos legales, son los primeros con alcance internacional, que abordan de manera específica los derechos de los mayores desde una mirada integral. En los mismos se destaca la idea de la no discriminación hacia las personas mayores y la promoción de una sociedad para todas las edades.

La promoción y protección de todos los derechos humanos y libertades fundamentales, incluido el derecho al desarrollo, es esencial para la creación de una sociedad incluyente para todas las edades, en que las personas de edad participen plenamente y sin discriminación y en condiciones de igualdad. La lucha contra la discriminación por motivos de edad y la promoción de la dignidad de las personas de edad es fundamental para asegurar el respeto que esas personas merecen. La promoción y protección de todos los derechos humanos y libertades fundamentales, es importante para lograr una sociedad para todas las edades. (Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento del año 2002, Introducción Párrafo 13).

De esta forma, el Plan de Acción Internacional de Madrid destaca la importancia de la implementación de políticas sobre el envejecimiento que incluyan a la población mayor desde un punto de vista que abarque toda la sociedad.

En el 2003, se realizó la Primer Conferencia Regional Intergubernamental sobre envejecimiento en América Latina y el Caribe, en la misma se comenzó a trabajar en la construcción de un espacio institucional para la elaboración de una Convención Internacional de Derechos Humanos para las Personas de Edad.

En cuyo marco los Estados participantes asumieron que: el compromiso de no escatimar esfuerzos para promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales de todas las personas de edad, trabajar en la erradicación de todas las formas de discriminación y violencia y crear redes de protección de las personas de edad para hacer efectivos sus derechos e impulsar la elaboración de una Convención sobre los derechos humanos de las personas de edad en el seno de Naciones Unidas (Davobe, Di Tullo, 2013, 34).

Desde ese momento, los países de la región especialmente Argentina, Brasil y Chile comenzaron a elaborar una serie de documentos dentro de los que se destacan la Declaración de Brasilia, del 6 de diciembre de 2007; que conforma un instrumento necesario para la concreción de la Convención en el seno de Naciones Unidas. En forma simultánea a este proceso de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización de Estados Americanos (OEA) avanzó en el desarrollo de un instrumento para su región.

En el plano americano, la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores fue sancionada en junio de 2015. Argentina fue el país que puso en agenda la temática del envejecimiento en la OEA. Esta convención constituye un hito en la declaración de los derechos de esta población, y convierte a América en la primera región en elaborar un instrumento específico para las personas mayores.

Este marco legal descripto anteriormente fue enmarcando a lo largo de la historia muchas de las políticas para mayores. Como se señaló anteriormente, su aplicación no es lineal y automática, sino que está en permanente tensión y vinculación con diferentes factores que hacen a la toma de decisiones en las políticas gerontológicas.

El principio de la titularidad de derechos debe guiar las políticas públicas. Se trata de orientar el desarrollo conforme al marco normativo de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales plasmados en acuerdos vinculantes tanto nacionales como internacionales (CEPAL, 2006).

En Argentina, la Constitución Nacional, presenta un débil reconocimiento de los derechos de la ancianidad. La Constitución Nacional de 1853 no incluyó derechos especiales a los mayores. En cambio, la Constitución de 1949 estableció el Decálogo de la Ancianidad, que un hito en el reconocimiento de los derechos para los mayores en su época, reconociendo los primeros derechos de las personas mayores: asistencia, vivienda, alimentación, vestido, cuidado de la salud física y moral, esparcimiento, trabajo, tranquilidad y respeto. No obstante, estas modificaciones dejaron de tener vigencia con la polémica derogación constitucional de 1956. En 1994, a través del otorgamiento de jerarquía constitucional a distintos tratados internacionales sobre derechos humanos, se consiguió en forma indirecta ampliar el reconocimiento de ciertos sectores sociales particularmente vulnerables, entre ellos los mayores.

1.4.1. Trabajo Social y derechos humanos

La disciplina del Trabajo Social está estrechamente ligada con los derechos humanos. A continuación, se presentan las referencias a los derechos humanos y particularmente a la intervención con personas mayores en La Ley Federal de Trabajo Social y ejemplo el Nuevo Plan de Estudios elaborado por la Carrera de Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

Ley Federal de Trabajo Social 27072 sancionada el 10 de diciembre de 2014 posiciona a la profesión en el ámbito de los derechos humanos. Entre sus objetivos se destaca: promover la jerarquización de la profesión de Trabajo Social por su relevancia social y su contribución a la vigencia, defensa y reivindicación de los derechos humanos, la construcción de ciudadanía y la democratización de las relaciones sociales (Art. 3º). En la misma se define al Trabajo Social como:

La profesión basada en la práctica y una disciplina académica que promueve el cambio y el desarrollo social, la cohesión social, y el fortalecimiento y la liberación de las personas. Los principios de la justicia social, los derechos humanos, la responsabilidad colectiva y el respeto a la diversidad son fundamentales para el trabajo social. Respaldada por las teorías del trabajo social, las ciencias sociales, las humanidades y los conocimientos indígenas, el trabajo social involucra a las personas y estructuras para hacer frente a desafíos de la vida y aumentar el bienestar (Art 4º).

La ley establece entre las incumbencias y obligaciones de los trabajadores sociales la “defensa, reivindicación y promoción del ejercicio efectivo de los derechos humanos y sociales” (Art 9º).

Con respecto a las temáticas específicas de actuación profesional la ley señala que entre las incumbencias de la disciplina se encuentra el “asesoramiento, diseño, ejecución, auditoría y evaluación de políticas públicas vinculadas con los distintos ámbitos de ejercicio profesional”, entre los que se señala el trabajo con la temática de la ancianidad entre otros temas relevantes para la profesión (Art. 9º).

Asimismo, se puede observar que la referencia a los derechos humanos se encuentra presente desde la formación de los trabajadores sociales, podemos señalar como ejemplo el Nuevo Plan de Estudios elaborado por la Carrera de Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, aprobado en el año 2012.

Hoy, el desafío de operar en una sociedad compleja y profundamente desigual, de construir practicas restituyentes y constituyentes de derechos exige ampliar las capacidades para la intervención social en el marco de la reconstrucción público. Reafirmando el compromiso con las disputas de 1os sectores populares de nuestro país, es necesario profundizar la reflexión teórica, metodológica y política sobre la intervención profesional ampliar las capacidades para intervenciones a niveles regionales y nacionales: fortalecer desde la construcción de conocimientos propios de la disciplina y en relación con otros campos disciplinares, un profundo conocimiento de la realidad para desarrollar la profesión desde una perspectiva crítica centrada en la realidad americana, regional y local (EXP-UBA: 28,6431201 2, Anexo II).

Por otra parte, el Nuevo Plan de Estudios contempla el abordaje del envejecimiento y la vejez en la formación de los futuros profesionales, a través de la inclusión de la Materia Electiva “Sociedad y Envejecimiento: Nuevos desafíos profesionales”, que permite abordar las particularidades de la intervención y los avances en la investigación desde el Trabajo Social en el campo gerontológico.

1.5 La construcción histórica del envejecimiento en el escenario nacional

En los capítulos siguientes realizaremos un recorrido histórico analizando las particularidades del modelo de intervención en el campo gerontológico argentino dando cuenta de su singularidad y recuperando los aportes de los pensadores nacionales sobre la temática. Desde el enfoque decolonial, se recuperan los principales aspectos de la intervención social con personas mayores teniendo en cuenta que en nuestro país se desarrollaron diversos avances legislativos, conceptuales e institucionales que conformaron hitos en el campo gerontológico para el país y la región. En este marco el recupero de “lo nacional” es entendido como expresión de la decolonialidad del saber.

Como se señaló en la introducción, parte de la matriz teórica de la Gerontología se desarrolló a partir de teorías y conceptos generados en Europa y Estados Unidos, construidos en realidades muy diferentes a la nacional y, por lo tanto, no resultan suficientes para comprender las particularidades de la cuestión social de las vejeces en Argentina y la intervención social implementada.

En este marco, el estudio recupera los aportes de autores argentinos y su mirada acerca de la vejez, reconociéndolos como parte del pensamiento nacional. En términos de Jauretche, “pensar en nacional” es hacerlo desde la propia realidad, en oposición a las ideas pro-colonialistas;

lo nacional no significa, en modo alguno, negar lo extranjero, ni sustentar un nacionalismo xenófobo, sino aplicar solamente el buen criterio: -lo nacional es lo universal visto por nosotros (Galasso, Ibáñez, 2012, 13).

En este sentido, una concepción nacional es aquella que tiene la capacidad de plantear una idea originalmente, sin trasladar en forma mecánica conclusiones que fueron válidas en otro contexto histórico social.

Jauretche plantea que en los países soberanos sus habitantes piensan naturalmente en función de su propia realidad, sin la opción de pensar de manera antinacional. Su planteo se centra en proponer que los argentinos pensemos desde el “pensamiento nacional”, como un pensamiento opuesto al pro-colonialismo.

Una concepción nacional es aquella capaz de plantear originalmente la revolución, sin trasladar mecánicamente conclusiones que fueron validadas en otro cuadro histórico social. A nadie se le ocurre que tenga que ser una construcción hecha con elementos conceptuales surgidos como productos nativos. Lo que hace que una ideología sea foránea, extraña, exótica, antinacional, no es su origen sino su correspondencia con la realidad nacional y sus necesidades (Galasso, Ibáñez, 2012, 12).

Desde este marco, en los próximos capítulos se desarrollarán un análisis del campo gerontológico desde una mirada crítica situada en nuestras coordenadas históricas y geográficas. Se retoman, entre otros, los aportes de los siguientes autores: Bialet Massé y su aanalisis acerca de la explotación obrera y las consecuencias sobre el proceso de envejecimiento, Ramón Carrillo como precursor de la Gerontología (Chiarenza, 2005), Eva Perón en su mirada de la vejez en clave de justicia social, y su participación los debates en torno al Decálogo de la Ancianidad (Ferioli, 1990). Asimismo, se abordan los aportes de Mario Strejilevich como un impulsor en la construcción de un pensamiento crítico y la defensa de los derechos humanos y sociales de la vejez (UNLa, 2014).

Por otro lado, se retoman los trabajos de los autores nacionales contemporáneos en sus aportes a las disputas por el saber hegemónico en el campo gerontológico. Salvarezza (1981, 2002) Oddone (1991, 2012, 2013), Gastrón (2008) Yuni y Urbano (2005, 2008); quienes analizan las particularidades del envejecimiento en el país; y específicamente los aportes de Paola, (1998, 2011, 2015), Ludi, (1995, 2002) y Danel (2012, 2015) quienes desde el Trabajo Social contribuyen al análisis de las políticas sociales y la intervención en el campo gerontológico.



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