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2 Primeros antecedentes del modelo de intervención en el campo gerontológico

En este capítulo se presentan los antecedentes relevantes para analizar los cambios en la intervención y las tensiones en la conformación de los derechos de los mayores en Argentina. Comienza con el desarrollo las primeras intervenciones por parte del Estado a través de la Sociedad de Beneficencia con la implementación de asilos, en el marco de un conjunto de acciones desarrolladas para mitigar la pobreza y la mendicidad. Abordamos las particularidades del paradigma asilar, la conceptualización del anciano como mendigo y las vinculaciones entre vejez y pobreza.

Se analizan las contribuciones de Bialet Massé como un precursor en la problematización de las desigualdades sociales de nuestro país y la incipiente visibilización de los mayores en el marco de la precarización y explotación de los obreros a comienzos del siglo XX.

Asimismo, se hace referencia a la creación de las cajas previsionales y la conformación del sistema de protección social en simultaneidad con la sanción de un conjunto de leyes que protegen a los trabajadores frente a determinados riesgos sociales, entre los que se destacaba la vejez, junto con los accidentes de trabajo y la enfermedad.

Finalmente se analizan los debates en torno a la sanción a las primeras leyes de seguridad social y la relación entre las categorías de vejez y trabajo a partir de la construcción de la figura del jubilado y pensionado.

2.1 Primeros antecedentes de intervención: vejez y pobreza

Las primeras intervenciones por parte del Estado en nuestro país fueron desarrollados a través de la Sociedad de Beneficencia, creada el de febrero de 1823 como una institución paraestatal con la finalidad de mitigar la pobreza y la mendicidad. La misma se fundó sobre los principios del pensamiento liberal imperante en esa época, en su vertiente positivista con las ideas centrales de progreso y orden.

La Sociedad estaba a cargo de asistir a los pobres, bajo esta categoría se incluía a niños, mujeres y hombres, sin distinción de edad. Los mayores eran objeto de asistencia por su condición de pobre, sin ser considerados un grupo con necesidades específicas. En esta época ubicamos la instauración del paradigma asilar, que implicaba una conceptualización del “anciano” como mendigo y la vinculación entre vejez y pobreza. Una de las instituciones que albergaba a ancianos en ese momento era el Asilo de Mendigos, donde eran alojados hombres sin importar su edad, como era propio de la época no existía una referencia puntual a las personas mayores ni acciones específicas para los mismos.

Las primeras acciones deliberadas que incluyeron a las personas mayores de nuestro país tienen como objetivo ocultar a los pobres, procurando “esconder el espectáculo de la mendicidad”, y propiciando su reclusión en los asilos creados con esa finalidad. Según los registros de las Memorias de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires del año 1860, donde se detalla que la creación del Asilo de Mendigos se relaciona con la sanción de una ordenanza municipal prohibiendo la mendicidad.

La mendicidad por las calles ha sido prohibida por una ordenanza, después de instalado el asilo; y aunque no del todo, la población está exenta del penoso espectáculo de los mendigos que han disminuido notablemente. Ha cesado desde luego esa triste industria a que se entregaban muchos individuos de ambos sexos, abusando de la pública caridad y la ciudad queda dotada de un establecimiento que le hace honor. (Suarez, Zatelli 1986 en Paola et al., 2011, 49)

En este sentido, Mariluz (2009, 10) señala que, si bien en el Asilo no había distinciones de edad y no se puede establecer con precisión la cantidad de mayores albergados; se puede observar en los registros de la época la presencia de ancianos asilados. El autor destaca dos registros documentales: en la Memoria de 1879 se presenta la referencia a

…la necesidad de asilar…a aquellos que por sus años, achaques o incapacidad no pueden proporcionarse los medios para vivir” y por otra parte, en una nota en que el Administrador solicita ropa se observa “…el abrigo es, por otra parte, una de las necesidades indispensables en personas de una edad tan avanzada como son la mayor parte de los pobres asilados.

Por otro lado, un análisis del reglamento interno del Asilo de Mendigos[El Reglamento Interno del Asilo de Mendigos está disponible en el texto Suarez, Carlos y Zatelli, Mirta, (1986) Algunas características de los establecimientos para la atención prolongada a personas mayores. Instituto de servicios sociales para jubilados y pensionados[/footnote]. permite dar cuenta de su función de control social y atención paliativa sobre los asilados. Las actividades de la vida diaria están pautadas en forma rígida y esquemática, con horarios exactos para cada una de ellas sin posibilidades de modificación.

A las siete se tocará la campana para reunirse en el comedor, hacer una plegaria y recibir el desayuno en orden y silencio (…)

Después de las seis de la tarde, pueden acostarse libremente, pero al sonar las campanas de las ocho, deben cada uno retirarse a su dormitorio respectivo (…)

La entrada libre queda absolutamente prohibida (…)

Los asilados no tienen días fijos de salida, pero la Superiora está autorizada para concederles un permiso de tres veces al año”.

La institución regulaba las actividades laborales de los asilados, pero no los retribuía económicamente por su trabajo “Después del desayuno se entregarán a las ocupaciones que se les asigne (…) sin pretender ninguna retribución”. El ingreso a la institución implicaba una pérdida de los objetos y hábitos personales para subsumirse en la dinámica institucional, se puede destacar que en el Reglamento no se encuentran presentes referencias a los derechos de los asilados ni a sus intereses o necesidades más allá de las básicas referidas al alimento y al alojamiento.

Los asilados no deben tener baúl en los dormitorios, a su entrada deben entregar su ropa a la ropería del establecimiento (…)

Los asilados deben permitir, cada vez que sea necesario, la revisión de su cama y mesa de noche, sin hacer la menor observación (…)

Ningún cuadro, imagen u otro objeto cualquiera debe colocarse en las paredes (…)

Todo juego queda absolutamente prohibido.

Luego de la enumeración de las disposiciones generales el reglamento concluye:

Los asilados hallándose reunidos por la común desgracia, bajo un mismo techo, donde la caridad pública les proporciona una vida cómoda y tranquila, deben todos respetarse mutuamente, para vivir en paz y buena armonía, y estar en el deber cada vez que ocurra alguna desavenencia, de presentar sus quejas ante la Hermana Superiora y no hacerse jamás la justicia por sí mismo.

La intervención era considerada como un mecanismo de control social de la pobreza sin problematizar el origen socio político de la misma, el rol de Estado era proveer de las necesidades mínimas. “

El anciano a atender era el indigente y el desamparado y se concebía su atención en base a la ayuda, ya sea en dinero o especias para, finalmente, proveerle un lugar de internación como morada final” (Mariluz, 2009, 10).

La mendicidad como espectáculo no deseado en el medio urbano y la “común desgracia” como causa de la intervención social se plantean en el reglamento como elementos de la dimensión ideal del Estado y su intervención con los pobres sin distinción de edad. La vida “cómoda y tranquila” proporcionada por la Sociedad de Beneficencia a través del Asilo de Mendigo estaba delineada a partir de un estricto reglamento con actividades y horarios pautados sin posibilidad de discusión o reclamo por parte de los asilados que recibían de la mano de la beneficencia una cuota de control social.

2.2 El informe Bialet Massé y el envejecimiento de las clases obreras

En los inicios del siglo XX el país se caracterizaba por un contexto de fuerte crecimiento económico, proliferación de situaciones de desigualdad y aumento de la protesta y organización obrera. El gobierno del General Roca sancionó la Ley 4144, de Residencia, con el objetivo de desactivar la movilización obrera con la expulsión del país de los ideólogos extranjeros que lideraban el movimiento de los trabajadores y formuló un plan para hacer previsible y controlable a la organización obrera.

En este marco, el ministro del Interior, Joaquín V. González, le solicitó al médico y abogado Juan Bialet Massé, la elaboración de un informe sobre el estado de la clase obrera en el país, para establecer los fundamentos de la Ley Nacional del Trabajo, que funcionaría como un elemento mediador en la relación laboral.

Este trabajo tiene gran valor por varios motivos entre los que sobresale la temprana introducción de la relación entre la pobreza, los valores culturales nativos y las formas de opresión vinculadas a la explotación (Arias, 2012, 33).

El informe Bialet Massé ha sido considerado como la referencia insoslayable en la evaluación de la situación de los trabajadores y las trabajadoras de uno de los períodos de máximo apogeo de la oligarquía en la segunda presidencia de Roca y como el precursor del Derechos Laboral en Argentina. (Recalde en Bialet Massé, 2010). Su informe es un documento fundacional de las Ciencias Sociales en Argentina, en el mismo describe la situación de pobreza de los obreros asociada a las precarias condiciones laborales, y pondera a los sujetos trabajadores y sus potencialidades culturales.

El obrero, el criollo, el indio, etc. Serán considerados portadores de identidad, de capacidades específicas a partir de una trayectoria histórica como sector social (Arias, 2012, 34).

Bialet Massé destaca el lugar de los niños y las mujeres, fuera de estas categorías establece conceptos generales como el de trabajadores y obreros, sin referencias directas a la población de edad avanzada, como era propio de aquella época, los mayores no representaban un grupo específico de edad y continuaban trabajando en proporción similar a los obreros adultos.

Así, por ejemplo, en su argumentación sobre la mejor manera de calcular la duración de una “jornada racional” de trabajo, postulaba que ésta debía ser válida para el “obrero fuerte como para el débil, para el torpe como para el hábil, para el viejo como para el joven”. Partiendo de la idea de que la jornada laboral “no puede ser igual en todos los trabajadores”, este autor propuso un máximo de siete horas para la mujer y de seis para el niño, pero no sugirió variaciones para las edades mayores, es decir que, pasada la infancia, la edad fue considerada como una constante (Otero, 2016, 48).

Cabe señalar que en esta época (específicamente entre 1895 y 1914) la esperanza de vida al nacer era de 39,5 años (Grushka, 2014), por lo tanto la noción de vejez era muy distinta a la mirada de nuestros días debido a que la gente envejecía en edades más tempranas y la etapa era muy acotada.

No obstante, en el informe Bialet Massé hace referencia a los primeros antecedentes de las jubilaciones e incluye las categorías vejez prematura y muerte temprana.

2.2.1 Primeros antecedentes de las pensiones a la vejez

El autor señala la existencia de pensiones a la vejez, y hace referencia a la falta de estas. Cabe señalar que las pensiones en ese momento no implicaban el cese de las actividades sino la asignación de tareas de acuerdo con sus fuerzas. Asimismo, describe las situaciones de explotación que sufren los obreros mayores sin una pensión por retiro.

He conocido un peón que ha trabajado treinta años en una estancia: sus hijos, nacidos en ella, heredaron la deuda del padre, y el viejo se vio, no amparado por una pensión de retiro, sino en la libertad de ir a cualquier parte a morirse de hambre, desde que los hijos se hicieron cargo de la deuda que tenía con la estancia, es decir, con el patrón (Bialet Massé, 2010, 140).

Por el contrario, el autor describe una situación diferente en la que presta especial atención al caso del ingenio Esperanza, en Cruz Alta, Tucumán, por contar con obreros pensionados por accidentes o vejez, quienes gozaban de asistencia y jornal pudiendo ocuparse en actividades acordes a su condición.

La casa tiene un médico y botiquín que asiste a los obreros. En caso de accidentes del trabajo se presta toda la asistencia y se da el jornal. Si el individuo queda inútil se le da una pensión, sin perjuicio de que se le dé una colocación compatible con su estado.

Lo mismo sucede con los ancianos; al que cumple los sesenta años de edad, habiendo servido en la casa más de quince años, se le da pensión, sin perjuicio de que se le dé colocación compatible con sus fuerzas.

Única casa en la República que hace esto. Actualmente hay cinco pensionados y una pensionada, viuda de un accidentado. Los cinco pensionados trabajan en ocupaciones cómodas.

En Tucumán dicen que don Pedro Alurralde es muy lírico; él me dice que hace muchos años está convencido de que, aun prescindiendo de toda consideración humanitaria, se debe cuidar al peón como a sus animales de trabajo: educarlo, mantenerlo y alegrarlo.

En Tucumán mismo hay quien niega que todo eso sea real; por esto quise ver por mis ojos a los pensionados y vi a tres; lo que me hace suponer que los demás están vivos y electivos, como me lo aseguraron empleados y obreros. (Bialet Massé, 2010, 184).

Asimismo, Bialet Massé describe la heterogeneidad en las condiciones laborales de los obreros y sus consecuencias sobre el envejecimiento de los trabajadores en el país. Esta caracterización de los problemas sociales y sus causas socioeconómicas es planteada por el autor en términos similares a los utilizados en Ciencias Sociales para el análisis de la cuestión social y la problematización de la realidad social. Los problemas sociales se originan como consecuencia de las condiciones de explotación, vinculados a las precarias condiciones de trabajo.

Si bien en el informe de Bialet Massé no se incluye un capítulo específico para los ancianos se encuentran citas puntuales que dan cuenta de las primeras referencias a los mayores y sus particularidades dentro del conjunto de los obreros.

El obrero frugal necesita leer, necesita solaz, música, paseo, por la sencilla razón de que es hombre; necesita el club político, porque es ciudadano; necesita ahorrar para la vejez, o asegurarse.

Lo que no debe tomarse en cuenta es la cuota de ahorro, porque el ahorro es el resultado de un esfuerzo sobre sí mismo; pero si ese esfuerzo se hace privándose de lo necesario, resulta en daño de su vida; el ahorro sería un suplicio acumulado.

Necesita, en una palabra, vida civilizada, porque es miembro de una nación culta; y todo eso no se hace con menos del 50 por 100 sobre la ración mínima.

No hay que alarmarse ni hacer aspavientos: ese jornal mínimo de familia no es más que de uno y ochenta a dos pesos en el Interior y él no puede menos que duplicar los beneficios de las industrias, triplicar el valor de los terrenos y quintuplicar el comercio.

Se dirá que hay industrias y trabajos que no podrán soportar la carga; pues que cesen: pero no se haga la concurrencia rabiosa sobre el sudor y la sangre del pobre; tenemos donde colocar al sin trabajo; 30.000 leguas de campo vacío lo reclaman (Bialet Massé, 2010b, 54).

El autor propone dentro de las condiciones necesarias de los obreros la posibilidad de ahorro para la vejez. Si bien en la época de elaboración del informe las pensiones son casos aislados en ese momento histórico, la referencia al ahorro es un antecedente de los derechos que van a ser enunciados en la década del 40, ya que pone la carga de este ahorro dentro del jornal mínimo, que en consonancia con el concepto de frugalidad parte de una mirada integral de las necesidades de los trabajadores en tanto humanos y ciudadanos.

2.2.2 La frugalidad y la alimentación digna en la vejez

El autor ubica a los mayores dentro de la familia y los nombra sujetos que deben recibir el frugal, es decir, la ración, vestimenta y alimento cultural necesario, indispensable e irrenunciable para prolongar la vida y mejorar la salud.

La frugalidad sin vicios es el ideal de las calidades del obrero, que lo ponen en condiciones de mejor salud, de más prolongada vida, de mayor potencialidad nacional (…) Eso lo necesita el, lo necesita la mujer, los hijos que no pueden producir aun; la madre o el padre ancianos, la hermana invalida; ese conjunto que constituye la familia, a quien el hombre ama, y debe amar, como a sí mismo.

La sociedad no puede considerar al hombre separado de la necesidad de reproducirse, que le ha impuesto la naturaleza, y sin la cual la sociedad misma se acabaría. Sin familia no hay sociedad.

Esa ración es lo necesario, lo indispensable, lo irrenunciable, porque no se puede renunciar a la vida, no se puede tratar el suicidio.

Mas, si queremos al hombre civilizado, culto, moral, hay que darle además alimento moral, de cultura y civilización, descanso del trabajo para que los pueda gozar (Bialet Massé, 2010b, 10,11).

Muchos de los planteos de Bialet Massé continuaron vigentes en diferentes momentos de nuestra historia. El autor reconoce a los ancianos en su necesidad de una alimentación digna y denuncia la desigualdad en la alimentación en un país rico donde sus obreros comen el alimento inferior y a precios elevados. Describe en su texto detalladamente las raciones insuficientes que reciben los obreros, y la extrema debilidad física provocada por la falta de alimento.

Las bebidas fermentadas convienen a todos los que no encuentran en una alimentación demasiado pobre sino una reparación insuficiente; al adulto que trabaja mucho y come mal, al convaleciente que se rehace, al anciano que se acaba, al obrero y al marino que necesitan calentarse. Ellas les protegen contra el uso exclusivo del aguardiente. Pero los vinos generosos, y el alcohol mismo, son sobre todo preciosos en los países húmedos y pantanosos (Bialet Massé, 2010b, 46).

Pero en este país tan superabundantemente rico hay algo de anómalo. Los ganaderos escogen para la exportación los mejores novillos, los mejores capones, y los exportan; esas excelentes carnes se venden en Europa a más bajo precio que la inferior que se deja para el propio mercado; el pan que se hace con trigos argentinos se vende allí más barato que en los pueblos de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba en que se producen. Comemos lo inferior y lo pagamos más caro.

Nada es todavía esto; mientras la costurera de Tucumán, de la Rioja y Córdoba; mientras el obrero de la Rioja y Catamarca, de Corrientes y Santiago sienten los efectos de la ración insuficiente, del hambre lento, que degenera la raza, se ostentan rodeos por decenas de millares y hay vacas y ovejas por millones. (Bialet Massé, 2010b, 12).

Denuncia las raciones de alimento insuficiente que reciben los obreros y propone las medidas de una ración necesaria para evitar el deterioro de las personas como consecuencia de la exploración.

He traído esto a colación para tratar de la ración en las minas de la Rioja. La que se les da ahora es irrisoria, y con lo que ellos le añaden de su jornal, todavía agotante y mísera; ellas explican esa vejez o acabamiento prematuro, como lo he hecho notar al describir el trabajo en la Mejicana.

Allí todos, barretero, apire, aguatero y obrero de taller, necesitan una ración que no baje de 4.500 a 5.000 calorías, si no se quiere entregar al ogro de la explotación tantas vidas (Bialet Massé, 2010b, 47).

Bialet Massé visualiza los intereses que provocan la desigualdad de la población y las consecuencias que esta tiene sobre los problemas sociales que afectan a los obreros.

2.2.3 Vejez prematura y muerte temprana como consecuencias del desgaste laboral

La vejez es presentada en su relación con la historia laboral de los obreros. El autor enuncia las categorías de vejez prematura y muerte temprana que son consecuencia de la explotación a los obreros y de las desiguales condiciones de vida que tienen su origen en cuestiones estructurales.

No se diga que por pereza, por vicio, no; el que padece de esa inanición lenta, de esa vejez prematura, de esa muerte anticipada e inmerecida, es el obrero que arranca el oro de las entrañas del Famatina; es el obrero que hace y mueve ferrocarriles; es el obrero que cuida el ganado que se exporta; es la mujer laboriosa y abnegada que lava y plancha y cose para dar un pedazo de pan a sus hijos; no es la resaca del vicio de las grandes ciudades, no es White Chapel, no; es la víctima del error y de la codicia, del prejuicio y de la ignorancia. (Bialet Massé, 2010b, 12, 13).

El autor hace hincapié en los síntomas físicos de la vejez temprana en los obreros. Si bien podemos afirmar que la noción de vejez está ligada a decrepitud o desgaste físico, es notable la vinculación que hace Bialet Massé de las cuestiones biológicas con las causas socioeconómicas que generan desigualdad.

A la mitad de la campaña están casi agotados; obreros que daban al empezarla 155 kilográmetros en la escala de tracción, dan apenas 105; la lengua amarilla y el color subictérico de los ojos denuncian, a simple vista, una irritación del hígado, que corresponde al género de vida. Ninguno tiene cincuenta años, y a los cuarenta presentan signos de una vejez prematura (Bialet Massé, 2010a, 328).

En el informe se encuentra planteada una escala de desgaste laboral que está relacionada con la prematuridad de la vejez, el caso límite lo conforma el trabajo minero. En las minas de La Rioja no se encuentran obreros mayores, ya que a los 40 años el minero se encuentra agotado y viejo. Bialet Massé concluye que “los hombres se agotan rápidamente, quedan inservibles en la flor de la edad” (2010a, 243). De esa forma, la dureza del tipo de trabajo condiciona formas diferenciales de envejecimiento de los trabajadores, por ejemplo, en los estibadores del puerto de Colastiné, los trabajadores son menores de cincuenta años, y a los cuarenta llegan a una condición de vejez prematura (Otero, 2016).

Por el contrario, en algunas ocupaciones es frecuente la presencia de obreros mayores. Como ejemplo podemos mencionar la empresa de trenes del Central Córdoba, el autor destaca ciertas condiciones laborales favorables y señala que “No se admiten aprendices de menos de quince años y hay obreros de muchos años” (Bialet Massé, 2010a, 356).

l autor denuncia el trabajo excesivo y la falta de descanso, señala los esfuerzos extraordinarios y los pequeños sobrecargos del trabajo diario que tienen consecuencia directa en la vida de los obreros.

Un sujeto que no debe trabajar más que ocho horas al día, le hacemos trabajar nueve y lo soporta, pero ese exceso le come la vida y se la acorta, produciendo en él una vejez prematura y una muerte temprana (Bialet Massé, 2010b, 98).

En el informe se encuentra presente un concepto de envejecimiento relacionado con las condiciones sociales, específicamente con las situaciones laborales y la explotación obrera. Bialet Massé denuncia la desigualdad vivida entre los obreros y los dueños de la fortuna. El agotamiento y la extenuación prolongada tienen como consecuencia el envejecimiento y deterioro de la población.

Tal es, Excmo. Señor, la explotación del bosque del Nordeste Argentino, que se retira sin dejar más rastros que las colonias que lentamente van haciéndose y algunas estancias que se pueblan, labrando gruesas fortunas, que se van a gozar fuera, dejando una masa de hombres extenuados y envejecidos por un trabajo tan malamente explotado. Urge la ley que evite, en lo posible, tan funestos resultados (Bialet Massé, 2010a, 160).

El autor destaca en su relato las diferencias entre los lugares donde los obreros reciben un buen trato, condiciones dignas de trabajo y un salario adecuado. Como ejemplo se destaca el caso de un corral en Santa Fe.

Allí también hay numeroso personal, también viejo y contento; ¡claro! lo pagan bien y bien lo tratan (Bialet Massé, 2010a, 139).

Luego del análisis del “Informe sobre el estado de las clases obreras argentinas” se puede concluir que Bialet Massé es uno de los precursores nacionales de la Gerontología al postular los conceptos de vejez prematura y muerte temprana, vinculándolos con las condiciones de explotación de los obreros argentinos, dando cuenta de las pensiones que existían en ese momento histórico y proponiendo la implementación de estas para una vejez en condiciones dignas.

2.3 Inicios de la Seguridad Social en Argentina

Los orígenes de las primeras leyes jubilatorias pueden ubicarse hacia fines del siglo XIX, las que se mantenían dentro del concepto graciable o semigraciable de los beneficios y comprendían a grupos específicos de funcionarios y empleados de la Nación.

Recién en las leyes de presupuesto para los años 1901 a 1904 se dispuso a deducir el 5% de los sueldos de los empleados públicos y de los jubilados en concepto de aportes personales para ir generando un fondo de jubilaciones (Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, 2003, 11).

En el período de 1900 a 1912 las luchas sindicales impulsan los primeros intentos en materia de seguridad social. Las demandas obreras se centraban en la cobertura de accidentes de trabajo, la fijación del salario, la duración de la jornada (Isuani, 1985).

La primera etapa en la historia de la seguridad social en nuestro país inicia con la Ley 4.349, que estableció en 1904 el primer régimen orgánico de previsión social en Argentina. De esta forma se crea la Caja Civil para los trabajadores que desempeñaban cargos permanentes en la administración estatal con remuneraciones que figuraban en el Presupuesto Anual de Gastos de la Nación: docentes y empleados del Consejo Nacional de Educación, empleados de bancos oficiales y de ferrocarriles argentinos, magistrados judiciales y funcionarios con cargos electivos. El artículo 1 de la Ley 4349 establecía que los fondos de la Caja tenían como destino el pago de jubilaciones y pensiones a los afiliados.

En 1915 a partir de la sanción de la Ley 10.650 la previsión social comienza a llegar a las empresas privadas y deja de ser un privilegio de los empleados. De esta forma se pone en funcionamiento el nuevo régimen jubilatorio para el sector ferroviario.

Desde 1904 a 1939 se produce la creación de distintas Cajas Previsionales comenzando en 1904 con la Caja Nacional de Jubilaciones y Pensiones para los funcionarios, Empleados y Agentes Civiles. Estas legislaciones tenían como sujetos a los trabajadores en general y los mayores en su condición de jubilados ligados a su pertenencia al mercado laboral. Danani y Hintze (2010) señalan que, aunque de manera fragmentaria y hasta contradictoria, la relativa amplitud de las prestaciones desarrolladas en el período mencionado conllevó una primera invocación a los derechos sociales.

En sus orígenes la seguridad social protegía solo a ciertos colectivos de trabajadores asalariados y registrados que, gracias a la capacidad de presión de sus organizaciones, habían logrado obtener respuestas a sus demandas. La historia del sistema de seguridad social consistió en la ampliación paulatina del ámbito de cobertura hasta alcanzar a la totalidad de los trabajadores autónomos o trabajadores por cuenta propia (Ministerio de Trabajo, 2012).

En el caso de los mayores, como el resto de los sujetos de la seguridad social estos derechos se desprendían de su condición de trabajadores. De esta forma se comienza a construir la noción de persona mayor como jubilado, incluida bajo esta categoría en la política pública.

2.4 Antecedentes del Modelo de Intervención de Derechos de las Personas Mayores Trabajadoras

A lo largo del capítulo hemos abordado los primeros antecedentes de la intervención en la temática de las personas mayores, los mismos están ligados por un lado a la noción de trabajo y por otro lado a la beneficencia con aquellos que quedaban excluidos del mercado laboral, específicamente los pobres y mendigos.

La seguridad social inicia con los primeros regímenes orgánicos de jubilaciones y pensiones a los trabajadores de determinadas ramas y actividades. Estos primeros esbozos del sistema previsional argentino eran de carácter limitado y particular. Pertenecer a una determinada actividad laboral otorgaba ciertos derechos previsionales con una incipiente contributividad. Durante este período ingresan en forma paulatina distintas ramas y profesiones. Estos primeros regímenes se caracterizan por una falta de coordinación y una notable heterogeneidad.

Desde 1904 hasta mediados de la década del 1940 aumentó el número de trabajadores jubilados y pensionados en forma considerable. Sin embargo, el porcentaje de afiliación a la seguridad social era muy bajo, e incluía a un 7% del total de trabajadores a mediados de la década 40. La cantidad de personas afiliadas a las distintas cajas de seguridad social pasó de los 24.000 trabajadores estatales, en 1904, a 428.000 personas (Isuani y San Martino, 1993).

El carácter distintivo de estos primeros derechos es su origen relacionado con una aplicación desigual determinada por el tipo de actividad.

En consonancia con los planteos de Bialet Massé las condiciones laborales eran determinantes en los modos de envejecer, obreros exhaustos, desgastados y explotados, con raciones inadecuadas en la alimentación presentaban signos de una vejez prematura y muerte temprana. Ante este panorama Bialet Massé plantea la necesidad de las pensiones a la vejez, la importancia del ahorro, y la centralidad de condiciones adecuadas de trabajo para generar un envejecimiento más satisfactorio.

En síntesis, en estos primeros antecedentes encontramos al trabajo como un eje vertebrador de las condiciones sociales a la largo de la vida y particularmente en la vejez. La seguridad social nace relacionada con la categoría de trabajador en sistema particularista y desarticulado. Por otro lado, la intervención social con personas mayores se origina vinculada a la beneficencia y a atención asilar, específicamente con quienes quedan excluidos del mercado laboral y solo pueden sobrevivir a través de la mendicidad.



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