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3 Los derechos de las personas mayores desde la perspectiva de la justicia social

El capítulo comienza con el desarrollo de las características generales del período: los cambios en el modelo productivo, en la estructura social y la instauración del Estado de Bienestar en Argentina. En este período se presentan claras rupturas con el momento anterior y se presentan lineamientos que van a ser retomados durante el desarrollo del Estado Reparador.

Se desarrollan los siguientes aspectos centrales de la intervención social en el campo gerontológico: las acciones de la Fundación Eva Perón, la Declaración de los Derechos de la Ancianidad, la apertura del Hogar de Ancianos “Coronel Perón”, la ampliación de la seguridad social, y las políticas sanitarias que ponderaron el derecho a la longevidad y la estrecha vinculación con las políticas sociales; desarrollando un análisis del material histórico referente a los mismos. En este marco, se destaca la conceptualización del anciano como un sujeto de necesidades específicas diferenciado de otros grupos vulnerables, la vinculación de las necesidades de los mayores como un derecho garantizado por el Estado, y la ampliación de los derechos sociales con la incorporación de diversos elementos más allá de la seguridad social y la vivienda en situaciones de pobreza. Analizamos las continuidades y rupturas con el paradigma asilar en el período inmediatamente previo.

Se aborda la institución del sistema de reparto en nuestro país, en consonancia con los antecedentes de la ampliación y consolidación de la seguridad en otros países del mundo. En este periodo se amplía la cobertura del sistema de seguridad social y se consolida un régimen basado en la solidaridad intergeneracional.

Se analizan los antecedentes de la intervención del Trabajo Social en el campo gerontológico desarrollados durante el Estado de Bienestar argentino y la relación de los mismos en la conformación de nuevas subjetividades y diferentes formas de atravesar el proceso de envejecimiento ligadas a la justicia social y la dignidad.

Se abordan los aportes de Ramón Carrillo, como precursor de la Gerontología en nuestro país, destacando el concepto de envejecimiento, la prolongación de la vida como un derecho, la vinculación de las políticas sanitarias con las políticas sociales y la implicancia de los problemas y desigualdades sociales en la salud de la población.

Se realiza el análisis de los datos presentes en los documentos históricos: entre ellos el texto de la Fundación Eva Perón: “Un sueño hecho realidad: Hogar de Ancianos Coronel Perón”, el libro “Sociología Peronista”, la Constitución de 1949 y textos inéditos y artículos periodísticos de Eva Perón sobre los derechos de los ancianos. En este sentido, se desarrolla la idea del sujeto de la intervención, el concepto de envejecimiento y ancianidad, la noción de justicia social y la ayuda social en esta etapa de la vida durante el Estado de Bienestar argentino.

A partir del análisis de los documentos históricos y de los aportes de los pensadores nacionales como ideas precursoras de la Gerontología en nuestro país, se postula el Modelo de Intervención de Protección de los Derechos de las Personas Mayores Trabajadoras. En el mismo se plasman las principales conceptualizaciones y tensiones en torno al abordaje de necesidades y problemáticas de las personas mayores en nuestro país, en lo referente a los siguientes aspectos de la intervención social: ayuda social, seguridad social y salud, que son abordados en sus dimensiones teórica, institucional y ético político.

3.1 El Estado de Bienestar en Argentina

Desde el año 1946 se instaura en Argentina el gobierno de Juan Domingo Perón y comienza un período considerado central para el desarrollo del Estado de Bienestar Social en nuestro país. Este tipo de Estado implementó una serie de modificaciones en las políticas públicas en general y en las políticas sociales en particular, conformando un hito en nuestra historia que marca notables diferencias con el período anterior (Tenti Fanfani, 1989; Carballeda, 2010a; Rozas Pagazza, 2003).

De esta forma, durante el primer gobierno peronista se consolida la versión argentina del Estado de Bienestar como un particular Estado Protector. En términos generales, este momento se caracteriza por la movilidad social ascendente con fuertes repercusiones en la estructura social. La estrategia de desarrollo se caracterizó por la producción de bienes de consumo masivo y el crecimiento del mercado interno a partir de la sustitución de importaciones generando mayor demanda y producción. El Estado de Bienestar se caracterizó por la intervención estatal en la economía a través de la creación de empresas estatales y el aumento de la inversión pública en salud, seguridad social, vivienda y educación. (Arias, 2012).

Cabe señalar que las acciones llevadas a cabo en Argentina tienen como contexto los cambios desarrollados en relación con los Derechos Humanos a nivel mundial. El 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas realiza en París la Declaración Universal de los Derechos Humanos, estableciendo por primera vez, los derechos fundamentales que deben protegerse en el mundo entero.

Con respecto a la seguridad social el primer antecedente mundial lo conforma el programa de seguro social para la vejez, diseñado en 1883 por Otto Von Bismarck en Alemania. Programa que junto con la indemnización a los trabajadores y el seguro de enfermedad conforma el primer sistema basado en los principios de la seguridad social en el mundo. Después de la primera guerra mundial, los sistemas de seguros sociales se comenzaron a desarrollar en varias regiones del mundo.

En 1944, con el giro experimentado por la guerra, la histórica Declaración de Filadelfia de la OIT hacía un llamamiento a favor de ampliar las medidas de seguridad social y de promover, a escala internacional o regional, una cooperación sistemática y directa entre las instituciones de la seguridad social, el intercambio regular de información y el estudio de los problemas comunes relativos a la administración de la seguridad social. (OIT, 2009).

En este contexto mundial, en Argentina es durante el gobierno peronista que se llevan adelante distintas acciones destinadas a los mayores, entre ellas se destacan los avances en materia previsional, las políticas desarrolladas por el Ministerio de Salud y las intervenciones de la Fundación Eva Perón.

3.2 Consolidación del Sistema de Seguridad Social

El Sistema de Seguridad Social se conformó como un aspecto esencial en la consolidación del Estado de Bienestar, en tanto esquema de protección social en general y particularmente como parte de las acciones dirigidas a los mayores en su trayectoria vital como trabajadores, y a partir de este período en la figura de jubilados y pensionados.

Cabe señalar que Danani y Hintze (2011, 13) definen a la seguridad social “como parte de las condiciones generales de la reproducción de la fuerza de trabajo y, por lo tanto, de la reproducción de la vida en las sociedades capitalistas”. En la actualidad en nuestro país el Sistema de Seguridad Social abarca el conjunto de beneficios dirigidos a cubrir las contingencias y necesidades que tienen alguna probabilidad de ocurrir a lo largo de la vida de las personas, que las obligan a dejar de trabajar y de percibir ingresos laborales –temporal o permanentemente– y que ponen en riesgo las condiciones de vida del trabajador y de su familia o generan cargas económicas extra (por ejemplo: un accidente de trabajo, una enfermedad, un período de desempleo, el embarazo y nacimiento de un hijo/a, la invalidez parcial o total, o el fallecimiento del proveedor/a de ingresos del hogar, etc.) e incluye aquellos eventos que ocurren con certeza: como el envejecimiento y la muerte. El Sistema de Seguridad Social incluye los siguientes beneficios: las asignaciones familiares, el seguro de desempleo, la cobertura de riesgos del trabajo, la cobertura de salud, y la cobertura previsional de jubilaciones y pensiones. En el presente libro se abordan los aspectos de la seguridad social vinculados a la vejez, específicamente jubilaciones y pensiones.

Cabe señalar que las acciones desarrolladas en este período tienen como antecedentes el Informe de las clases obreras de Bialet Massé, analizado en el capítulo anterior; el proyecto de Ley Básica del Seguro Nacional, presentado en la Cámara de Diputados en 1917 por Augusto Bunge y elaborado a partir de legisladores argentinos, entre ellos diputados socialistas que realizaron diversos análisis de experiencias extranjeras (Flier, 2005). Asimismo, en el boletín publicado en el año 1932 por la Confederación General del Trabajo de Argentina, se presentan comentarios sobre la Ley Francesa de Seguros Sociales promulgada en 1930 (Rosales, 2003).

De esta manera, distintas experiencias extranjeras, principalmente europeas, constituyeron referencias para la elaboración de un sistema de seguridad social en Argentina. No obstante, también existieron importantes intercambios entre los países de la región Latinoamericana. (Flier, 2005). Estas indagaciones y aportes fueron configurando movimientos de intercambios de experiencias y conceptualizaciones, que se expresan en el desarrollo de un proceso particular de construcción de la seguridad social en la región latinoamericana.

A partir de los antecedentes antes mencionados, durante este período los trabajadores y los sindicatos ampliaron sus conquistas laborales obteniendo una mayor protección para los asalariados. Se produjo una expansión del sistema de seguridad social con la sucesiva creación de cajas específicas para cada rama de actividad, financiadas por aportes y contribuciones sobre la nómina salarial. De este modo, el acceso a la seguridad social quedó vinculado a la inserción formal de las personas en el mercado de trabajo (Explora, 2012).

En este período histórico se conquistaron para gran cantidad de trabajadores protecciones contra accidentes y enfermedad, vacaciones pagas y el derecho a la jubilación. El Sistema de Seguridad Social fue proporcionando cobertura progresiva a todos los sectores activos.

Aparecieron regímenes varios originados en mutualidades desarrolladas a partir de las corporaciones profesionales, de forma tal que los sectores de periodismo (1939), navegación (1939), comercio (1944), industria (1946), autónomos (1954), rurales (1954), domésticos (1956), se fueron sumando a los precedentes de los ferroviarios privados (1915) y bancarios (1923) (Mongiardino, 2012, 22).

Con la sanción de la ley N° 14.370 en el año 1954 se concluye con el sistema de capitalización, de ahorro privado, para avanzar hacia un régimen de reparto, en el mismo la generación presente de trabajadores sostiene a quienes no participan en el mercado laboral por vejez o invalidez. Dicha ley favoreció una progresividad en la redistribución a través de la implementación de una escala de haberes previsionales tendiente a mejorar la situación relativa de aquellos trabajadores que percibieron salarios más bajos (Golber, 2010).

Es en este período donde en el sistema previsional se produce una expansión significativa de la cobertura, a través de la incorporación de distintos grupos de trabajadores, a un sistema que continuó siendo fragmentado, a pesar de la homogeneización de las diferentes reglas que aplicaban a las distintas cajas de previsión y de las intervenciones en favor de la coordinación entre estas. Esta expansión está vinculada con las numerosas luchas gremiales de la época, elemento central en la dimensión relacional del Estado, es decir en la correlación de fuerzas presentes en este período.

El sistema de seguridad social tiene un lugar central en las políticas sociales y en la protección de los derechos abriendo un abanico de fortalezas, debilidades, virtudes y defectos.

Como otras políticas, une concepciones y “haceres” sobre el trabajo, las necesidades sociales y el carácter público o privado que la sociedad haya asignado a ambos; pero es el más vigorosamente institucionalizado de los modos posibles de organizar la protección (como sea que se la conciba); se vincula con los derechos laborales; distingue entre riesgos cubiertos y se apoya en esquemas contributivos, lo que le da un potencial de exigibilidad que otros sistemas no tienen. Así, su arquitectura y funcionamiento definen dinámicas y distribuciones del bienestar, y patrones de legitimidad, con sentidos y orientaciones en disputa (Danani, Hintze 2013, 46).

Cabe señalar que la esperanza de vida al nacer entre los años 1946- 1948 era de 61,1 años (Grushka, 2014) dato que configura una vejez mucho más acotada que la que conocemos en nuestros días, esta situación es favorable al sistema de seguridad social, dado que la cantidad de trabajadores activos eran considerablemente mayor, y el tiempo de vida de una persona percibiendo el beneficio de la jubilación o pensión era también acotado. Según datos del Censo Nacional realizado en 1947, solo el 6,6 de la población tenía 60 años y más.

En 1944 había 428.000 afiliados totales que representaban el 7% del total de trabajadores, y en 1949 se alcanza la cifra de 2.328.000 afiliados en 1949, lo que representaba, un 35% de los activos. (Ruffa, 2019). Otra fuente indica que en 1944 había 300.000 trabajadores que estaban afiliados a las cajas de previsión, mientras que en 1949 ese número ascendía a 3.500.000 (Rapoport, 2012, 327 En Dvoskin, 2017). Más allá de la diferencia numérica del aumento de la cobertura, es notable la ampliación producida durante este período, indicador de la incorporación de trabajadores que quedaban excluidos del sistema y de los derechos que este conllevaba.

3.2.1. La seguridad social como solidaridad organizada

A continuación, se presenta un análisis del discurso de la época sobre la seguridad social presente en el texto Sociología Peronista editado por la Escuela Superior Peronista en 1954. Este documento histórico es tomado como dato para el presente estudio por su relevancia en la comprensión de la dimensión ideal de la seguridad social, sus concepciones, definiciones e ideas centrales plasmadas en el texto.

En el documento se describen las diferentes formas de previsión social: individual, semicolectiva y colectiva o social. Destacándose la previsión social colectiva como la forma más cercana a la seguridad social como derecho, ya que este sistema está garantizado por el Estado a través de las jubilaciones y pensiones. El sistema jubilatorio tiene como objetivo que el trabajador mantenga un nivel de vida adecuado durante su jubilación, por este motivo se promedian los períodos de trabajo mejor retribuidos.

Incluye a todos los trabajadores, no solo a los económicamente más débiles, como ocurre en el seguro social. En lugar de fundamentarse en la necesidad, el régimen jubilatorio se fundamenta en el trabajo (Escuela Superior Peronista, 1954, 255).

El Sistema de Seguridad Social es considerado como complementario a otros regímenes sociales para garantizar una protección integral de las personas, teniendo en cuenta que la seguridad social solo reconoce prestaciones en dinero. La previsión social en este período adquiere una serie de caracteres propios que conforman su particular forma de entender la seguridad social. En primer lugar, la diversidad de medios “procurando la organización de múltiples regímenes, siempre que no superpongan las cargas o los beneficios. Estos regímenes públicos, semi-públicos, sindicales y privados, responden a la conciencia social de la Nueva Argentina” (Escuela Superior Peronista, 1954, 256). En segundo lugar, se destaca la protección integral del sistema, es decir las prestaciones están ligadas al trabajo pero también contemplan distintas circunstancias de vulnerabilidad. El primer factor considerado en la seguridad social es el relacionado con el trabajo realizado .

El otro factor no está en acción directa del trabajo, sino de un servicio que ha de prestarse a quien, por distintas circunstancias no se encuentra comprendido en las jubilaciones (Escuela Superior Peronista, 1954, 257).

En tercer lugar, la seguridad social se caracteriza por la efectividad de los derechos ligada a la concreta y progresiva consolidación del sistema previsión y extensión de su cobertura

La evolución acelerada no se desenvolvió en el terreno de las concepciones, puesto que tradujo el avance sobre derechos exigibles, convertidos en una auténtica realidad (Escuela Superior Peronista, 1954, 258).

En cuarto lugar, se destaca la garantía de los derechos adquiridos. En esta modalidad las distintas prestaciones que integran la previsión social son acordadas por directorios integrados por representantes de los propios trabajadores, y estos definen el avance de la previsión. Ante una prestación denegada el trabajador puede recurrir al directorio y en última instancia a la Justicia para obtener el cumplimiento de sus derechos.

Esta directa participación de los interesados en el reconocimiento de los beneficios, es la mejor garantía de su efectividad (Escuela Superior Peronista, 1954, 258).

En quinto lugar, se destaca la participación sindical como un elemento constitutivo de la seguridad social que se fortalece a través del principio de división por cajas en sectores afines de trabajo, de esta forma, se favorece la relación entre los trabajadores de cada categoría profesional y las instituciones de previsión social. En sexto lugar, se presenta la solidaridad social como fundamento del sistema de previsión social, a diferencia del seguro social que establece una equivalencia entre los beneficios y las contribuciones de acuerdo con la lógica individualista.

La solidaridad, que es el fundamento de la previsión, importa así la unión y la ayuda mutua de todos los individuos de un grupo social primero y de todos los grupos sociales después, confundiendo al individuo con la comunidad nacional” (Escuela Superior Peronista, 1954, 260).

En este marco, la acción social es considerada como complementaria a la seguridad social.

La previsión argentina incluye a todos los trabajadores, cualesquiera sean sus ganancias, pero limita en cambio, el haber de los beneficios, a efectos de que no excedan de límites socialmente justos. De esta manera solidariza a los trabajadores de mayor desahogo económico (que aportan por el total de las remuneraciones y soportan reducciones progresivas de éstas, al establecerse el haber del retiro), con los de menos desahogo económico (que se jubilan con la totalidad de los mejores sueldos o salarios percibidos (Escuela Superior Peronista, 1954, 261).

La seguridad social es entendida en su acepción político-social en permanente relación con las distintas políticas públicas, particularmente las políticas sociales; y con la estructura económica del país.

La seguridad se apoya en una estructura fundamentada en principios que afectan al orden económico, político, moral, jurídico y social de todos los pueblos (…) Queremos alcanzar para la Argentina una amplia seguridad social, que se traduzca en una protección biológica y económica, tanto para el hombre como para la mujer, que los cubra de todos los riesgos sociales y profesionales, sobre la base de una solidaridad organizada (Escuela Superior Peronista, 1954, 261).

La asistencia social, basada en los pilares de la justicia y la dignidad es pensada como complementaria a la previsión social, y a su vez, esta última es entendida desde una mirada integral. La seguridad social incluye a las medidas llamadas como acción social, o “declaraciones a favor del trabajador, de la ancianidad, de la educación y la cultura, las disposiciones sobre propiedad en función social, y de todas las que animan un profundo sentido social” (Escuela Superior Peronista, 1954, 263).

Los principios y el marco conceptual que sustenta esta visión y las acciones antes señaladas generaron la ampliación y consolidación de la seguridad social en nuestro país. Durante este período se fueron ampliando las conquistas en los derechos sociales como resultado de movimientos y luchas de distintos actores, como el movimiento obrero y los sindicatos. De esta forma se constituye el derecho a la seguridad social en plena relación con los derechos vinculados al trabajo es posible considerar que a través de estos procesos se fueron construyendo, política y socialmente, otras subjetividades, otras concepciones del adulto mayor.

En este sentido, las ideas que sustentan el sistema de seguridad social y la ampliación concreta de su cobertura y beneficios favorecieron la conformación de nuevas subjetividades con novedosas formas de atravesar la vejez, para ese momento histórico. Las intervenciones en lo social redujeron la desigualdad entre las vejeces y propiciaron nuevas formas de pensar el envejecimiento ligadas a los derechos y la noción de trabajo y jubilación.

Se puede concluir que en las características de la seguridad social están presentes las ideas de justicia social, dignidad, redistribución de los ingresos y solidaridad social que son rectoras de la intervención en lo social en este período. La seguridad social se concibe en relación con los derechos otorgados por la categoría de trabajador, con una lógica de solidaridad organizada y redistribución del sistema.

3.3 La Fundación Eva Perón y sus acciones destinadas a los ancianos

En 1948 se crea la Dirección Nacional de Asistencia Social, dependiente de la Secretará de Trabajo y Previsión, y queda bajo su cargo la Sociedad de Beneficencia. Unos meses antes obtiene personería jurídica la Fundación de Ayuda Social, que posteriormente fue llamada Fundación Eva Perón, esta institución estuvo encargada de ejercer el control de la asistencia social en todo el país (Paola, Samter y Manes, 2011). El surgimiento la Dirección Nacional implicó el desplazamiento de la Sociedad de Beneficencia como institución encargada de llevar adelante las políticas que afectaban a las personas mayores.

Según Golber (2010) las funciones de la Fundación Eva Perón fueron las siguientes: prestar ayuda pecuniaria o en especies, facilitar elementos de trabajo, otorgar becas para estudios universitarios y especializados, construir viviendas para su adjudicación a familias indigentes y construir establecimientos educacionales, hospitalarios, recreativos o de descanso.

La Fundación ocupó planteó en el plano discursivo y en su accionar una fuerte crítica a las intervenciones implementadas hasta el momento, poniendo en juego una nueva concepción de sujeto. Asimismo, se destaca la construcción de una nueva conceptualización de intervención vinculada al derecho social (Tenti Fanfani, 1989; Carballeda 1995).

La Fundación Eva Perón llevó adelante dos modalidades de intervención: continuó brindando ayuda social a través de grandes instituciones de internación y distribuyó bienes materiales y subsidios de diversa índole (Paola, Samter y Manes, 2011).

Una de las intervenciones relacionada con los mayores fue la creación del Hogar de Ancianos “Coronel Perón”. Según los documentos históricos analizados el Hogar cumple con una serie de derechos “naturales de los ancianos”: derecho a la asistencia, la vivienda, la alimentación sana, la salud física, el bienestar moral, el esparcimiento y respeto. La noción de derechos “naturales” está vinculada con el clima de época en relación con los derechos humanos; podemos inferir que el derecho pensado desde lo “natural” está ligado a la condición humana, en este caso, particularmente de los ancianos.

La institucionalización de los ancianos conformó uno de los de los pilares de la intervención con las personas mayores en ese momento histórico. En este marco, visualizamos una continuidad en esta forma de abordaje con el periodo anterior, si bien, se produjeron avances concretos en el reglamento interno y el desarrollo de la vida cotidiana dentro de la institución. En palabras de Eva Perón

De esta pasión por el bien del prójimo es fruto, entre otros, este Hogar de Ancianos, que además de reparar una injusticia social, proporciona a la ancianidad la satisfacción de ser útil y digna hasta sus últimos pasos en la Tierra (1948b, 268).

La vida de estas personas con “necesidades” se debía desarrollar en una institución social administrada y financiada por el Estado Nacional. Como se señaló anteriormente, el anciano que quería podía trabajar y cobrar. Para aquellos ancianos que pudieran vivir con su familia se les debía otorgar una pensión a la ancianidad, proyecto que fue aprobado por ley (Mariluz 2009). Las residencias de ancianos no se concebían como instituciones en las que regía un orden carcelario sino como hogares para alojar a los ancianos con necesidad de un albergue (Golber, 2010).

La sociedad está obligada a reintegrarle algo de lo mucho que tomó de él. Está obligada a velar por su salud, por su bienestar, por su tranquilidad. Está obligada a ahorrar el espectáculo ingrato de la mendicidad y la sensación desconsoladora y desmoralizadora que ofrecen en muchas partes del mundo los ancianos desvalidos. Porque una pésima conclusión moral puede extraer un hombre, en la plenitud de sus medios vitales, de la presencia de un anciano caduco, que necesita exhibir la desgracia de su debilidad y su decadencia para estimular la compasión y obligar la limosna (Perón, 1948b, 268).

La Fundación Eva Perón consideraba al Hogar de Ancianos la forma de proporcionar a los mayores un habitad digno, basado en el respeto y la valoración de su capacidad productiva. Esta idea se veía reflejada en el trabajo voluntario y remunerado de los residentes. Asimismo, se destaca la importancia de las actividades de esparcimiento realizadas periódicamente, como recitales de música y proyección de filmes; y la posibilidad de aprender oficios y desempeñarse como ayudante de los encargados de sección (Ferioli, 1990).

De las salas de esparcimiento los internados prefieren las instaladas en los dormitorios donde por las noches celebran su tertulia de sobrecena o echan un inocente partido de naipes. Pero también el salón principal los atrae para reuniones más numerosas, para audiciones musicales de discos, para ejecuciones al piano de con acompañamiento de coro (pues siempre hay alguno que sabe tocar y varios con afición al canto) y a veces para exhibiciones de películas cinematográficas. Es un salón primoroso. En las tardes estivales arroba con su luz tamizada y su frescura (…) La biblioteca está al lado. Cuenta con más de mil quinientos volúmenes, que los ancianos consultan a menudo, encargándose un bibliotecario de orientar a los que necesitan (Fundación Eva Perón, 1948).

Cabe destacar que la Fundación inició la construcción de tres Hogares de Ancianos en las Provincias de Córdoba, Santa Fe y Tucumán que no llegaron a inaugurarse debido a que los mismos se encontraban en construcción cuando se produjo el golpe de estado de 1955.

Asimismo, en este periodo se desarrollan importantes acciones y aportes conceptuales que conforman antecedentes relevantes de la profesionalización del Trabajo Social en general y de la intervención de la profesión en el campo gerontológico. En términos generales la profesión comienza a ligarse fuertemente con la intervención del Estado.

La práctica de los asistentes sociales, visitadoras de higiene, médicos, ahora se desliza dentro de un nuevo marco y nuevos condicionamientos, si se quiere explicativos de los problemas y con su forma de resolución vinculándose fuertemente con la política social y con la idea de dignidad que les daba un nuevo sentido (Carballeda, 2010a, 65).

En forma particular en la intervención con mayores se destaca la referencia al Servicio Social en el Hogar Presidente Perón, ya que dentro del personal se incluye una encargada del Servicio.

“El personal lo integran un director, un secretario técnico, un secretario administrativo, una encargada del servicio social, una madre superiora, hermanas de caridad, oficinistas, servidores, operarios” (Fundación Eva Perón, 1948).

Los asistentes sociales participaban en el proceso vinculado al trabajo optativo y remunerado en el Hogar a través de charlas y entrevistas de orientación. De esta forma, se produce una nueva articulación en el campo de la intervención a partir de la inclusión de los derechos sociales y la dignidad en las prácticas profesionales (Carballeda, 2010a).

Este período histórico ha generado una serie de controversias y tensiones según la perspectiva de distintos autores. Rozas Pagazza (2003) presenta tres posturas en relación al accionar de la Fundación Eva Perón; la primera considera que la asistencia fue pensada como un derecho y en consecuencia, los pobres se constituyeron en sujeto de derechos; la segunda postura considera que la Fundación realizó acciones de asistencia clientelista con el fin de generar lealtades a Perón, y la última perspectiva considera que el accionar de la Fundación en articulación con otras políticas sociales generaron un proceso de inclusión de los sectores “dominados” a partir de la redistribución de la riqueza, que tuvo como resultado la ampliación de los derechos sociales sin correspondencia con los derechos civiles y políticos.

En relación con la intervención con personas mayores dentro de la segunda postura ubicamos el planteo de Mariluz (2009) que considera a las acciones de la Fundación como clientelismo político, ligado a una modalidad paternalista y a la construcción de lealtad que debe ser retribuida al líder. En este sentido plantea

Las políticas que se implementan como ayudas en realidad tienden a obturar y frenar la constitución de ciudadanía que debe proveer el marco democrático construyendo, en realidad, esquemas de ciudadanía tutelada o subordinada y que serán reguladas por los intereses del gobierno” (36).

El autor señala que la entrega personal de los bienes por parte de Eva Perón favoreció la relación clientelar que se patentiza en la figura del mediador. Asimismo, la figura de la mujer en la escena política de la mano de la acción social propició la asociación con el rol de madre y cuidadora. El autor concluye que en este marco la atención de la vejez estaba relacionada con la esfera doméstica.

El presente estudio se enmarca en la primera postura considerando que las acciones de la Fundación generaron posibilidades para la constitución de mayores en sujetos de derechos,

Las políticas desarrolladas por la Fundación Eva Perón implicaron un salto cualitativo en relación a las acciones desarrolladas en el período anterior y, a su vez, plantearon lineamientos de avanzada, que no van a retomarse hasta muchos años después (Paola, Samter, Manes, 2011, 58).

Es en este período donde se posiciona la temática de la población mayor en la agenda pública, desde una mirada ligada a su humanidad, enmarcando la intervención con mayores en el enfoque de derechos. Perspectiva innovadora en ese momento histórico y que a su vez va a ser retomada en los orígenes del PAMI y en las acciones desarrolladas durante el período 2003-2015.

3.3.1 La vejez como acreencia

En el análisis de los documentos históricos de la Fundación Eva Perón y de los discursos de la época se destaca la concepción de los problemas sociales de los mayores como injusticias y desigualdades atravesadas por la población y en especial por los trabajadores que no contaron con leyes que los protegieran en este marco de explotación y llegan a la vejez en marcadas condiciones de desigualdad. En palabras de Eva Perón:

La Ayuda Social, que tengo el honor y el deber de presidir, ha querido crear para reparar una injusticia e incluir en su labor solidaria a un sector del pueblo, que llega al ocaso de la vida huérfano de cariños y económicamente incapacitado para proveer a su necesidad. (…) los ancianos que ya no pueden producir porque produjeron para los otros y no encontraron leyes que protegieran al productor, también triunfarán (2004, 256).

Asimismo, se observan múltiples referencias al curso vital, las diversas formas de atravesar la vejez están ligadas con la trayectoria de vida y laboral. La condición actual de pobreza o vulnerabilidad de los mayores se asocia a causas sociales y estructurales que impactan en el modo de vivir y envejecer. El texto de la Fundación hace referencia a estos factores estructurales causantes de los problemas sociales de los mayores: “

Trabajaron, produjeron y no poseen nada. Es que la sociedad, impía en su desenvolvimiento material, no se percató de su modestia y no atinó a orientarlos ni a compensarlos; y la familia náufraga en el oleaje social, tampoco supo retenerlos a bordo en su última travesía” (Fundación Eva Perón, 1948).

En este marco, se presenta a la vejez desde una mirada centrada en el anciano trabajador generalmente varón, los mayores trabajadores, produjeron a la largo de su vida y hoy son considerados acreedores de una deuda social. Los mayores inmigrantes, trabajadores y actuales jubilados, y acreedores de derechos, son algunas de las denominaciones utilizadas en la intervención social con mayores.

Al mismo tiempo, en el caso del Hogar Presidente Perón se vislumbran espacios diversos para diferentes formas de envejecer. Las acciones no son unificadas, ni homogeneizantes. Las personas mayores pueden encontrar lugares particulares dentro del dispositivo institucional.

En la descripción de la población residente en el hogar está presente la diversidad de las trayectorias vitales de los ancianos.

Los italianos del taller de escobería cultivan su oficio. Uno de los tejedores español actuó de tipógrafo en varias imprentas del país, pero, dice, ha vuelto a su ocupación de muchacho; y el otro nativo considera blanda la tarea de impulsar el bastidor porque ¡desempeñó en la vida tantas tareas pesadas como ferroviario! (Fundación Eva Perón, 1948).

Cada trayectoria vital presenta continuidades con las diferentes tareas desarrolladas por los ancianos en el hogar. Los trabajos y el esparcimiento están vinculados con los intereses y la historia de cada residente.

Uno de los internados que posee título de ingeniero, está encargado de la planta eléctrica; otro experto en crías de aves de corral atiende al gallinero; otro agricultor, guía al arado; otros, sastres, colaboran en el taller de costura (…) Fueron sastres en su plenitud y todavía pueden pasar la aguja y pedalear a la máquina en el taller de costura (Fundación Eva Perón, 1948).

En este sentido, el trabajo voluntario y el empleo rentado también se encuentran presentes en el Hogar Presidente Perón. Los mayores son percibidos como trabajadores y productores, relacionando el derecho al trabajo con la dignidad y con la justicia social.

El trabajo remunerado es voluntario pero el ambiente de laboriosidad en que se vive en la casa induce a la mayoría a encargarse de alguna tarea, siempre liviana y entretenida, y que al ofrecerle una distracción provechosa ameniza y dignifica su existencia (…) No es lo más importante para ellos (que ya no carecen de nada) la remuneración percibida por la producción. Pero tampoco deja de ser un atractivo, porque les da la sensación de una vida todavía útil a la sociedad que les testimonia su aprecio (Fundación Eva Perón, 1948).

En este sentido se destaca el espacio destinado a la laborterapia: con la producción de escobería, trapos de piso, caminos en el telar y sobres con membrete en la imprenta.

Con toda la producción se vende o se utiliza en la casa con la asignación de un valor comercial, se les adjudica a los productores el 75 % del importe, que depositan o invierten a su voluntad (…) Aún en la ropería se ve pedaleando a la máquina de coser a dos ancianos, viejos sastres (Fundación Eva Perón, 1948).

Estos derechos dentro de la institución conforman un elemento disruptivo que diferencia al hogar de los asilos de la Sociedad de Beneficencia, donde el trabajo era obligatorio y no se percibía retribución alguna por el mismo.

También se encuentran presentes referencias al futuro y a la posibilidad de aprendizaje de los ancianos, nociones que están relacionadas con la categoría proyecto de vida, en este caso ligada a la continuidad del trabajo. Este concepto conforma en la actualidad uno de los elementos centrales en la Gerontología al vincular la posibilidad de planificación del futuro con el bienestar de los mayores (Arias; Iacub, 2013). En las referencias al Hogar Presidente Perón se encuentran presente la noción de futuro y de aprendizaje de nuevas habilidades que se consideran también posibles en la vejez.

Y el que se empecina en el ordeñe – ¡tiene tanto tiempo por delante para aprender! – y no logra embocar el copioso chorro en el balde (…) Son muchos los que vuelven a practicar un oficio ya olvidado; otros se animan a aprender con juvenil entusiasmo. (Fundación Eva Perón, 1948).

Se puede concluir que los sujetos de la intervención son nombrados desde otra perspectiva, la pobreza, la desigualdad y la indigencia adquieren nuevas significaciones ligadas a la injusticia y a la obligación del Estado, estas concepciones también son productoras de nuevos significados. En este sentido, pensar la intervención en lo social como dispositivo permite problematizar las formas de construcción de subjetividad que la misma implica. Esta categoría implica diferentes perspectivas de visibilidad, surcos de poder y enunciación (Carballeda, 2010b).

3.3.2 Dignidad y cuidados de los ancianos en el Hogar Presidente Perón

Al analizar el documento de la Fundación Eva Perón sobre el Hogar Presidente Perón se observan dos imágenes complementarias sobre la institución. Por un lado, la referencia a la institución como una casa, vinculada con la cotidianeidad y la intimidad propia del hogar y por otro lado, una mirada totalizadora de la institución, ya que la misma proporciona todos los recursos a los mayores residentes, atravesando cada esfera de la vida cotidiana que se desarrolla puertas adentro.

La bendición del sol cae sobre el ocaso feliz de estas vidas rescatadas por la justicia social para la dignidad humana. En otras épocas (y hoy mismo en otros pueblos), estos ancianos habrían recibido el sol en un patio de conventillo, en una plaza pública o en un camino desolado, como una caridad más. Hoy están en su casa, limpia, segura, bien provista, donde el sol al borde de un estanque, en amable plática, es un reconocimiento más (…) El instituto proporciona todo a sus recoletos que solo aportan su humanidad (Fundación Eva Perón, 1948).

A través de la distribución y las comodidades edilicias se busca seguir el modelo de la vida doméstica en un hogar.

El lavadero y planchador mecánicos cuentan con los últimos implementos en la materia: el taller de costura posee las máquinas y demás elementos necesarios; y el depósito oloroso a limpio, es un dechado doméstico (Fundación Eva Perón, 1948).

La imagen del hogar como casa está reforzada por la figura del padre de familia. En palabras de la Fundación Eva Perón (1948)

El hogar, tan presente en la mesa, no les falta a estos ancianos que comen suficiente y abundantemente y son servidos como padres. Atienden al comedor las muchachas de aspecto y de maneras impecables”. Refiriéndose a la vajilla y la mantelería “nada los diferencia de una decente dotación casera en que el afecto personal se adhiere a cada objeto.

Puede observarse en esta cita una referencia a los valores imperantes en la sociedad patriarcal reflejados en la atención de mujeres en el servicio de los ancianos hombres, en este ejemplo se visualiza el impacto de los estereotipos de género en la modalidad de atención en la institución.

Por otro lado, la intervención entendida como justicia social implica una cierta estética relacionada con la dignidad y el cuidado de los mayores. Numerosas referencias dan cuenta de la importancia de los espacios físicos, el confort, la pulcritud y la completa provisión de los bienes necesarios para transformar el asilo en un hogar. Al referirse a la arquitectura del hogar se destacan las siguientes referencias:

Las paredes blancas, las tejas rojas, los árboles verdes saludan desde lejos al visitante. Un pórtico de imponente arquitectura destinado a acoger más bien que a clausurar, da acceso al establecimiento, cuyos jardines recuadrados por una galería en sombra constituyen el vestíbulo más encantador (…) En las pulcras dependencias de la Dirección, la sala de recibo está alhajada con gusto extraordinario. No se trata de lujo, sino de decoro hogareño, destinado como el resto de la casa, a alejar toda idea de asilo impersonal “standarizado” (Fundación Eva Perón, 1948).

En la descripción de la institución es notoria la referencia a colores, aromas y sabores propios de una casa y distintivos con respecto a los antiguos asilos y los hospitales.

La enfermería es de urgencia únicamente, para no convertir la casa en hospital, lo que la desnaturalizaría (Fundación Eva Perón, 1948).

Las cuestiones edilicias refuerzan la diferenciación de los hogares de la Fundación con los asilos de la Sociedad de Beneficencia. Los Derechos de la Ancianidad al ser aplicados en el marco del Hogar Presidente Perón se presentan a través la dimensión estética. Los colores, el entorno, el mobiliario conforman un clima de reivindicación de los derechos de los ancianos entendidos como parte de las acciones de justicia social hacia esa población.

Otro aspecto central es la abundancia de los recursos y materiales que destacan en el dispositivo de intervención las ideas de dignidad y justicia para la población vulnerable.

Los dormitorios, en los pabellones más capacitados se componen de espaciosas piezas con ventana de celosías al jardín, radiador para la calefacción a vapor, artefacto de luz eléctrica y cuatro camas cada una adosada a los cuatro ángulos, dejando un ancho vacío en medio. (…) Nada más prolijo, más cómodo y más acogedor (Fundación Eva Perón, 1948).

Incluso puede destacarse el lujo como uno de los valores de este modelo de intervención que se plasma en los distintos dispositivos. En palabras de Eva Perón

Por eso mis “hogares” son generosamente ricos… más aún, quiero excederme en esto. Quiero que sean lujosos. Precisamente porque un siglo de asilos miserables no se puede borrar sino con otro siglo de hogares “excesivamente lujosos (Perón, 1973, 156).

El lujo y los “mármoles” son pensados como elementos de reparación de las injusticias y de las desigualdades vividas por diversos sectores de la población.

Además tiene mucho de profundo sentido de reparación de injusticias. (…) para reparar el alma de los niños, de los ancianos y de los humildes, el siglo de humillaciones vividas, sometidos por un sistema sórdido y frío, es necesario traer algo de mármoles y lujo (Perón, 1973, en Carballeda, 2010a).

En la documentación analizada, el Hogar Presidente Perón es considerado un ejemplo como institución por contar con maquinaria moderna y una variedad de insumos que hace que la vida cotidiana se desarrolle con dignidad y por plasmar en el plano edilicio y en la atención los derechos establecidos en el Decálogo de la Ancianidad.

3.4 Los derechos de los mayores, un asunto constitucional

Una de las acciones más destacadas de este período es la proclamación de los Derechos de la Ancianidad en 1948 y su posterior incorporación a la Constitución Nacional en 1949.

Para el gobierno de ese entonces, la ancianidad era un tema de rango constitucional. Esta perspectiva social hizo de la Argentina un país pionero en plantear la temática del envejecimiento humano en los foros internacionales (Mariluz 2009, 28).

El día de la proclamación de los Derechos de la Ancianidad Eva Perón expresaba en su discurso:

La sola proclamación de los Derechos no llenaría nuestros objetivos y nuestras aspiraciones, todos ellos acordes con los principios solidarios y la política justiciera que inició desde esta casa el coronel Perón. Nuestros objetivos van más allá. Nuestras aspiraciones buscan realizarse más profundamente aún, abanderadas no sólo de los ancianos desvalidos de nuestra sociedad, sino de todos los olvidados de la tierra.

En el Decálogo de la Ancianidad el primer punto enunciado es el derecho a la asistencia, en primer lugar, por parte de la familia y en “casos de desamparo” por parte del Estado. En segundo lugar, se encuentra el derecho a la vivienda, caracterizada como “un albergue higiénico, con un mínimo de comodidades hogareñas e inherentes a la condici6n humana”. Continúan los derechos a la alimentación “sana, y adecuada a la edad y estado físico de cada uno” y el derecho al vestido “decoroso y apropiado al clima”. El derecho al cuidado de la salud física, enunciado como “preocupaci6n especialísima y permanente”, el derecho al cuidado de la salud moral, relacionado con el “libre ejercicio de las expansiones espirituales, concordes con la moral y el culto”. El derecho al esparcimiento, es decir, a “gozar mesuradamente de un mínimo de entretenimientos para que pueda sobrellevar con satisfacci6n sus horas de espera”. El derecho al trabajo cuando las condiciones lo permitan y vinculado a la laborterapia productiva que “evitara así la disminuci6n de la personalidad”. Por último, los derechos a la tranquilidad y al respeto.

Los derechos de los mayores fueron tomados como uno de los fundamentos para las acciones de la Fundación Eva Perón. El texto publicado por la Fundación comienza manifestando “Vamos a ofrecer en estas páginas un reflejo de tan señalada obra, honra de una nación que ha sabido proclamar y cumplir los Derechos de la Ancianidad”. En el ingreso al Hogar Perón se visualizaba claramente el decálogo como elemento central de la institución.

En la recepción del Hogar se encontraba el texto del Decálogo de la Ancianidad junto con el escudo nacional y dos medallones con la esfinge en relieve de Juan Domingo Perón y de Eva Perón (Fundación Eva Perón, 1948).

El 24 de febrero de 1950 fue inaugurado el Parque de esparcimiento “Derechos de la Ancianidad” construido en los terrenos expropiados a la familia Pereya Iraola, ubicados en la ciudad de La Plata.

La Argentina lleva la propuesta a la Asamblea General de Naciones Unidas desde donde se difunde para que el resto de los países comiencen a debatir sobre el tema. Según Ferioli (1990) cincuenta y seis países expresaron su admiración por esta declaración y muchos de ellos lo adoptaron como legislación de fondo.

Quiero ahora anticiparles algo que es muy importante: el sábado próximo, ante el señor Presidente, los señores ministros, senadores y diputados de la Nación y cuerpo diplomático, voy a proclamar los Derechos de la Ancianidad, lo que se hará por primera vez en el mundo, ya que todas las legislaciones que existen a este respecto son muy reducidas o constituyen una simple esperanza, pero nunca una realidad. Nosotros vamos a darle al señor Presidente la posibilidad de realizar una verdadera protección de los ancianos, y haremos un llamado al mundo para que tenga en cuenta esos propósitos que tienden a materializar definitivamente muchas esperanzas (Perón, 2004, 253).

El Decálogo de la Ancianidad representaba uno de los ejes rectores de la concepción de envejecimiento y ancianidad de la época. Los derechos fundamentales para esta población se encontraban presentes como fundamento teórico y en la dimensión ético-política de las intervenciones sociales con los mayores, ligados al rol del Estado como garante de estos.

Los derechos incluidos en la Constitución Nacional dejaron de tener vigencia con la polémica derogación constitucional de 1956. Sin embargo, la proclamación de los Derechos de la Ancianidad marcó un importante antecedente para la proclamación de la Convención Interamericana sobre la protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores que fue sancionada por la OEA en el 2015

3.4.1 Los derechos de la ancianidad y su relación con los derechos laborales

Los Derechos de la Ancianidad se ubican dentro de los derechos laborales. Los ancianos son sujetos de derechos en tanto trabajadores que se encuentran por fuera del mercado laboral. En este momento histórico se consolida la figura del jubilado y pensionado, con una referencia implícita a la trayectoria laboral y productiva y la identidad de trabajador que devienen en jubilado en el momento de la vejez.

Las progresivas conquistas de los hombres, en relación con sus derechos esenciales, de una manera general, han estado determinadas por su propia capacidad de producción. De ahí el aspecto esencialmente reivindicatorio de las luchas sociales y del reconocimiento por la sociedad de los derechos de los trabajadores. Pero hemos avanzado mucho por ese camino y nosotros creemos que ha llegado el momento de considerar el derecho de los que ya no pueden trabajar como parte integrante del programa de previsión social que impulsa nuestra actualidad hacia índices superiores de convivencia y reconocimiento de valores sociales (Perón, 1948a, 264).

La conformación de los mayores en sujetos de derechos se encuentra claramente relacionada con el sistema de seguridad social y la acción social como medida complementaria.

El derecho a la vida es un derecho natural, figure o no en los códigos o en los programas. La más avanzada legislación mundial en la materia lo reconoce así al establecer el derecho de los niños y no hay razón valedera para que esa concepción, que es la que está más a tono con nuestra condición humana, no se aplique también a los ancianos, es decir, a los que ya no producen ni pueden solventar por sí mismos los problemas de la subsistencia, porque faltó en su época un sentido de previsión que los librara de la miseria en el declinio de su vivir (Perón, 1948a, 264).

En la Constitución Nacional de 1949 fue incluido el derecho a la seguridad social dentro de los derechos del trabajador, entendido como:

[…] el derecho de los individuos a ser amparados en los casos de disminución, suspensión o pérdida de su capacidad para el trabajo promueve la obligación de la sociedad de tomar unilateralmente a su cargo las prestaciones correspondientes o de promover regímenes de ayuda mutua obligatoria destinados, unos y otros, a cubrir o complementar las insuficiencias o inaptitudes propias de ciertos periodos de la vida o las que resulten de infortunios provenientes de riesgos eventuales (Art.37).

En este período, se consolida la categoría de ancianidad o vejez a partir de su correspondencia con los derechos ligados al trabajo a lo largo de la vida y a las contingencias sociales que pueden producirse en este momento vital, considerando a los mayores sujetos de derechos y necesidades específicas.

Estas transformaciones conforman un elemento distintivo de la época, generando importantes antecedentes para la consolidación del campo gerontológico en nuestro país y particularmente para el Trabajo Social con personas mayores. Los fundamentos y concepciones particulares del envejecimiento y la vejez de este período, en relación con las manifestaciones de la cuestión social y las desigualdades sociales atravesadas por los mayores a lo largo de su vida son elementos novedosos que van a ser retomados en otros períodos históricos.

La intervención en este marco conlleva una nueva concepción de sujeto de las políticas sociales como un sujeto de derecho social.

Este nuevo sujeto ahora comienza a ser leído desde otra perspectiva y por lo menos desde el enunciado de las políticas y las instituciones, ya no es obviamente alguien moralmente enfermo o débil, sino que la acción social lo coloca en un lugar diferenciado, como acreedor de una deuda que la sociedad tiene para con él (Carballeda 1995, 3).

En este período se despliegan una serie de estrategias simbólicas para favorecer la construcción de nuevas identidades colectivas alrededor de la figura del trabajo y del jubilado, sin embargo, no se encuentran presentes referencias a la organización ni la a la grupalidad de personas mayores. Aparece como central la figura del trabajador, que está vinculada con la persona mayor como jubilado o pensionado en el caso no poder acceder a la seguridad social.

3.4.2 De acreedores y deudores

La persona mayor en tanto sujeto de derechos es considerada un acreedor, que tiene derecho a ser indemnizado por su trabajo y esfuerzo. En referencia al Hogar Presidente Perón se destaca “el corazón argentino exaltado para el altruismo, supersensible hoy a la gratitud, los acoge dignamente para indemnizarlos” (Fundación Eva Perón, 1948). Asimismo, los valores de la honra, la dignidad y el respeto a los ancianos están vinculados con el aporte que hicieron a la sociedad a lo largo de su vida.

Honrar, dignificar y respetar a los ancianos que todo lo dieron en la vida, es propio de los pueblos grandes y de los hombres sabios y prudentes (Juan Perón, Burzaco, 15 de mayo de 1949, Libro de Oro Hogar Presidente Perón).

Según Ferioli (1990) Eva Perón afirmaba que asumía como dirigente su condición de “deudora” con el pueblo mencionando cuatro grupos específicos dentro de la sociedad: los trabajadores, las mujeres, los niños y los ancianos. En este marco, los mayores representaban a los últimos olvidados de la sociedad, pensados ahora como acreedores de una deuda por parte del Estado y la sociedad en su conjunto.

Entre las tensiones propias de este período se encuentra la definición de la ancianidad en sus diferencias y similitudes con la niñez. La vejez es pensada como el ocaso de la vida, como un momento de mayor vulnerabilidad, siendo este un punto de encuentro con la niñez. En este sentido se establecen dos grupos específicos de atención por parte de las leyes y la intervención social: los niños y los ancianos.

A la legislación que presupone la salvaguarda del niño, que es el porvenir, supremos la que establece los derechos de los ancianos, que son el pasado. Pasado y porvenir fundamentan nuestras esperanzas en un mundo mejor y en una sociedad más justa y más digna de nosotros mismos. (Perón, 1948a, 266).

Se destaca la concepción de la vejez como un momento diferenciado en el curso de la vida, como el ocaso y el fin de la existencia, y como tal, junto con la niñez, requiere mayor intervención por parte del Estado. La vejez y las condiciones de desigualdad atravesadas por los ancianos son un asunto público. En palabras de Eva Perón

Los ancianos como los niños, merecen toda nuestra protección. Comienzo y fin de la peripecia vital, ingresan y salen de la existencia desprovistos de los instrumentos que requiere la lucha (…) la niñez y la ancianidad como dos polos de la preocupación y el deber social (1948b, 268).

El derecho está vinculado a la acreencia que otorga la categoría de trabajador, elemento que funciona como organizador de los derechos, pero a la vez deja afuera a aquellos mayores que no se encuentran dentro de esta condición. De esta manera, se liga el derecho a la historia laboral y al pasado. Sin embargo, los mayores tienen como punto de encuentro con la niñez su vulnerabilidad y en este punto también son considerados objeto de cuidados.

A su vez, otra de las tensiones presentes en el modelo es la conceptualización de la vejez como un momento de espera, el ocaso después de una vida de trabajo, y en muchos casos de injusticias; y al mismo tiempo, como una culminación fecunda de la vida productiva social y laboralmente. La metáfora de ocaso de la vida es legitimadora de la acción social destinada a los mayores y a su vez da cuenta de un prejuicio sobre la población de edad.

La bendición del sol cae sobre el ocaso feliz de estas vidas rescatadas por la justicia social para la dignidad humana (…) La naturaleza se une al arte humano para premiar su esfuerzo. El sol no los quema sobre las desnudeces y las hambres; el sol los halaga sobre la satisfacción de la última espera sin necesidades ni rencores: el verde de los campos alivia su mirada cansina; la policromía de las flores les da ocio de verbena: y el agua mansa, espejo de la armonía universal, les infunde la serenidad de las últimas horas de la vida (Fundación Eva Perón, 1948).

En la descripción de los residentes también se encuentran presentes ciertas generalizaciones y estereotipos ligados a la nacionalidad y la edad. En las concepciones acerca de la vejez puede vislumbrarse una equiparación con la niñez y una identificación con la abuelidad, visualizando al mayor como un sujeto sin potencia. En primer lugar, se destaca cierto estereotipo en la equiparación del momento de la vejez con el retorno a la niñez, idea que sigue presente hasta nuestros días en el imaginario social en la frase de uso popular “los ancianos son como niños”. En el decir de Eva Perón en referencia a los ancianos “¿Puede abandonársele porque es nuevamente como un niño; porque su organismo es fácilmente presa de las enfermedades: porque su mente y su pulso vacilan? (Perón, 1948b, 268).

En segundo lugar, se destaca la utilización de la categoría abuelo. Denominación que equipara vejez cono abuelidad y reduce a los mayores únicamente a la esfera privada, una vez que han concluido su etapa productiva en el mercado laboral.

Se sabe quiénes son los ancianos internados, pero no se les pregunta. Desde que se incorporan al hogar, todos son “los abuelos”. A veces, hasta el nombre propio se olvida deliberadamente para evitar recuerdos gratos quizá en unos, pero ingratos en otros (Fundación Eva Perón, 1948).

En esta idea se encuentra presente la tensión entre la noción de vejez, equiparada a la abuelidad dentro del mundo privado del “hogar”, y la visión ligada a su capacidad para el trabajo y la producción en la sociedad de la que es parte. En palabras de Eva Perón

[…] el ocaso de sus vidas supone una larga etapa de labor, una sostenida contribución al engrandecimiento del patrimonio común, un enriquecimiento de ese tesoro colectivo que es la patria, y del que cada uno es artífice a su modo” (1948b, 268).

En relación con la noción de abuelidad cabe destacar que en el Hogar Presidente Perón los ancianos son pensados como objeto de generosidad.

Si la Argentina del General Perón puede exhibir satisfecha este generoso hogar de ancianos, los “abuelos” corresponden adecuadamente a la generosidad de que son objeto (Fundación Eva Perón, 1948).

A su vez, son considerados sujetos de derechos por atravesar el momento de la vejez, por un lado, amparados por los Derechos de la Ancianidad, y por otro lado, en tanto trabajadores que han servido a la patria con esfuerzo. Puede destacarse una tensión entre la denominación de abuelos y la noción de acreedor de una deuda y constructor de la sociedad a lo largo de su vida.

¿Hay algún anciano que no haya dado algo, que no haya aportado alguna partícula de sí mismo al bien colectivo; que no haya de alguna manera, ¿influido en el complejo y diversos procesos de crecimiento social que se opera constantemente en una colectividad humana? Las excepciones no hacen las reglas. El concepto general es que la ancianidad representa una culminación fecunda, a la que el individuo llega (Perón, 1948b, 268).

En esta cita podemos dar cuenta de la mirada colectiva acerca de los derechos superadora de la concepción de derecho en términos individuales.

Se puede señalar que, en las distintas concepciones de envejecimiento, vejez y de sujeto de la intervención encontramos diversos procesos simbólicos que inciden en la dimensión ideal de la construcción y deconstrucción de la desigualdad. En este sentido, uno de los procesos planteado por Reygadas (2015) como estrategias simbólicas que deconstruyen las desigualdades y promueven equidad es la de-construcción de categorías hegemónicas y la construcción de clasificaciones alternativas. Entre ellas se pueden observar en este período la construcción simbólica del anciano como acreedor de una deuda que el Estado y la sociedad tiene para con él, las referencias a los derechos de la Ancianidad con jerarquía constitucional y la revalorización del aporte de los mayores a la sociedad. De igual modo, el planteo de la heterogeneidad de las formas de atravesar la vejez en función de la trayectoria vital y laboral es un elemento significativo en la de-construcción de las categorías hegemónicas imperantes hasta este período (entre ellas se destaca la concepción del anciano pobre ligada al espectáculo de la mendicidad) y en consecuencia la elaboración de otros conceptos que impliquen desnaturalizar los prejuicios, pensar categorías puentes y favorecer la elaboración de un sentido común alternativo.

Asimismo, las denominaciones de acreedor social y sujeto de derechos constituyen una estrategia vinculada a re-valorizar lo subalterno, en este caso, otorgarle valor a la historia y la trayectoria de los mayores que fueron trabajadores, obreros y explotados en condiciones de desigualdad. Los ancianos obreros son puestos en valor a partir de los aportes realizados a la sociedad a través del esfuerzo y de la producción, como parte central en la construcción de la nación que debe ser indemnizada durante la vejez.

Al menos en el plano discusivo, las categorías de derechos del trabajador y derechos de la ancianidad conllevan un cuestionamiento a la clasificación generada en torno a la etnia en nuestro país, todos los trabajadores son sujetos de derechos más allá de su color de piel o su condición social, asimismo todos los mayores son sujetos de derechos por su condición de ancianos más allá de las clasificaciones en torno de la categoría de raza.

De igual modo, la ampliación del acceso material a la jubilación genera una redistribución de recursos y una constitución de nuevas identidades como el jubilado o pensionado, con derechos propios a partir su inclusión en el sistema de seguridad social, en tanto trabajador.

Desde la perspectiva de la decolonial y de la interseccionalidad se plantea la relación entre la categoría edad y las distintas variables que condicionan los procesos sociales: clasificación social, género, etnia. En este sentido, se entiende que el rol del Estado puede incidir en estas relaciones profundizando la desigualdad o desplegando estrategias que tiendan a la igualdad.

Así como la colonialidad, en tanto elemento específico de poder en América Latina, configura identidades basadas en la clasificación racial/étnica y la desigualdad que ésta genera, también las estrategias que tienen a la inclusión pueden incidir en la configuración de formas contra hegemónicas de transitar la vejez. En los materiales analizados estas nuevas configuraciones se construyen en relación con la noción de ancianos como sujetos de derechos, jubilados y pensionados, denominaciones que persisten hasta la actualidad.

El ingreso de mayores que históricamente estuvieron excluidos al sistema de seguridad social, favoreció la configuración de un nuevo sujeto colectivo en relación con los derechos obtenidos en su condición de trabajadores.

Los Derechos de la Ancianidad conforman la fundamentación de las intervenciones, son legitimados por la Constitución, y al mismo tiempo se originan en la necesidad que conlleva la ancianidad como ocaso de la vida. En los documentos analizados está presente una tensión inherente a la noción de derecho en relación con las necesidades de la población mayor y la conceptualización de los derechos basados en el aporte de los mayores a lo largo de su vida. En este sentido el derecho a la seguridad social también se fundamenta en la historia del trabajador.

Estas cuestiones, plantean tal vez una nueva forma de relación con el Estado, donde una necesidad se transforma en un derecho social no cumplido (Carballeda, 2010, 68).

Hasta ese momento, las necesidades se ubicaban fuera de lo legal y por consecuencia eran cubiertas por la caridad y el asistencialismo. En el caso de las personas mayores los Derechos de la Ancianidad incluidos en la Constitución Nacional constituyen el fundamento para legalizar las necesidades de los mayores y transformarlas en derechos.

En lo relacionado a los derechos sociales la Reforma de la Constitución de 1949 trajo una estructuración amplia, proponiendo un proyecto de Nación en el que se plasmaban avances sociales y una filosofía humanista, tal es así que en el Preámbulo puede leerse como objetivo “… constituir una Nación socialmente justa…”. Los preceptos de lo que se proponía como justicia social fueron plasmados en el Artículo 37 de dicha Reforma, donde se desarrollan los Derechos del Trabajador, de la Familia, de la Ancianidad y de la Educación y Cultura. (Sbarra Mitre, 1983).

Asimismo, podemos plantear una tensión entre las nociones de actividad y pasividad en la enunciación de los derechos de la ancianidad. La actividad reflejada en la mención al trabajo y la pasividad relacionada con el entretenimiento para las “horas de espera”, que insinúan una referencia a la muerte, consideradas propias de la vejez y en el mismo sentido, el derecho a la tranquilidad que hace referencia a una vida libre de angustias y preocupaciones, en los “últimos años de existencia”. Esta concepción está ligada a la esperanza de vida del período que, como se señaló anteriormente implicaba una vejez muy acotada en cantidad de años por vivir en esta etapa.

Los derechos implican a su vez, una serie de obligaciones por parte del Estado como garante de estos. En esta obligación se halla otra tensión inherente a la noción de derechos es su relación con las figuras de Eva y de Juan Domingo Perón, particularmente en la figura Eva Perón en su condición de mujer. En este sentido, puede pensarse la relación del género femenino con el rol de cuidadora de niños y ancianos. Asimismo, vuelve a aparecer la tensión entre la infantilización de la vejez y la revalorización de su aporte a la sociedad a lo largo de su vida. A su vez, en muchos casos, se valora la historia de explotación y desigualdad, y se relacionan los derechos de los ancianos la dignidad que otorga el trabajo en el marco de un estado de derechos. En el momento de la vejez la continuidad con el mundo del trabajo aparece en la figura de jubilado y en la remuneración percibida en el caso de los residentes del Hogar Presidente Perón a partir de la realización de un trabajo optativo.

Pensar a los ancianos como sujeto de derecho presenta como contrapartida la obligación de la sociedad para con los mayores. En el análisis de los discursos y el material de la Fundación se destaca la noción del deber del Estado, de la familia y la sociedad en su conjunto, en la concreción de los derechos de las personas mayores. De esta forma, los derechos de los mayores presentan como contrapartida un deber público y social. En palabras de Eva Perón

[…] lo que consideramos básico como derecho del anciano y como deber de la colectividad que produce y marcha hacia el porvenir (…) Estos son los derechos proclamados. El deber de la colectividad es permitir que se hagan efectivos” (Perón, 1948a, 265).

Uno de los fundamentos del deber de la sociedad es la trayectoria de los mayores y sus aportes a la comunidad a lo largo de toda su vida.

La sociedad está obligada a reintegrarle algo de lo mucho que tomó de él. Está obligada a velar por su salud, por su bienestar, por su tranquilidad. Está obligada a ahorrar el espectáculo ingrato de la mendicidad y la sensación desconsoladora y desmoralizadora que ofrecen en muchas partes del mundo los ancianos desvalidos (Perón, 1948b, 268).

Por otro lado, los derechos están relacionados con la condición de personas de los ancianos, es decir, están anclados a su humanidad.

Estamos tratando de llevar un poco de alivio a todos los que sufren y a todos los que necesitan, sin preguntarles a que raza pertenecen, ni cuál es la religión que profesan. Solo pensamos que se trata de seres humanos que necesitan de nosotros y, en consecuencia, entendemos que es nuestro deber acudir inmediatamente en su auxilio (Perón, 2004, 253).

Asimismo, se puede relacionar el Decálogo de la Ancianidad con la desigualdad en las condiciones en el tránsito de la vejez, observando situaciones de vulnerabilidad y exclusión social que requieren de un instrumento legal que fundamente el accionar del Estado para la protección de esta población. En palabras de Eva Perón:

Así los Derechos de la Ancianidad, proclamados para proteger a la inmensa legión de quienes llegan al final de la existencia sin disponer de los más elementales recursos para subsistir, revelan con esa preocupación por la salvaguardia de los atributos morales y físicos del individuo comprende todas las etapas de la existencia humana (1948b, 267).

De esta forma la vejez se plantea como un momento de la vida central en el curso vital con necesidades y derechos específicos.

Se puede concluir que los derechos de la Ancianos incluidos en la Constitución de 1949 implican una mirada integral y reparadora de las injusticias y las desigualdades atravesadas por las personas mayores, cuyos derechos fueron vulnerados a la largo de su vida. Ante todo son definidos como seres humanos y personas con necesidades específicas, que dan lugar a derechos particulares por atravesar el momento de la vejez.

3.5 El envejecimiento desde la perspectiva de la salud pública. Los aportes de Ramón Carrillo

Las dimensiones biológicas del envejecimiento fueron abordadas en la época por el Dr. Ramón Carrillo, quien es considerado uno de los precursores argentinos de la Gerontología (Chiarenza, 2005). El Doctor Ramón Carrillo fue uno de los más importantes sanitaristas argentinos, fue Ministro de Salud Pública de la Nación entre 1946 y 1954.

En este período, desde el Ministerio de Salud se desarrollaron políticas sanitarias que extendieron la cobertura de salud a todo el país. Estas acciones están fundamentadas en el derecho a la preservación de la salud como uno de los derechos fundamentales del trabajador

El cuidado de la salud física y moral de los individuos debe ser una preocupación primordial y constante de la sociedad, a la que corresponde velar para que el régimen de trabajo reúna los requisitos adecuados de higiene y seguridad, no exceda las posibilidades normales del esfuerzo y posibilite la debida oportunidad de recuperación por el reposo (Constitución de la Nación Argentina 1949).

La política sanitaria del período se caracterizó por la ampliación de los derechos y la vinculación con la política social. El derecho a la longevidad, es decir a llegar a la vejez, fue conceptualizado en estrecha articulación con los problemas sociales y las desigualdades atravesadas por la población en general y los ancianos en particular. En la perspectiva acerca de la salud pública de Ramón Carrillo se destaca que el fin principal de la medicina es prolongar la vida, es decir, democratizar el acceso a la vejez. Desde esta postura, las causas de las desigualdades en la longevidad son sociales y éstas generan desiguales índices de morbilidad y mortalidad en los distintos sectores de la población.

Si se estudian sectores sociales diversos, se comprueba que entre los más pobres y dentro de una misma ciudad, allí donde hay subalimentación, mala vivienda y escasos salarios, la longevidad es menor, la talla y el peso más bajo y el coeficiente de inteligencia también inferior.

La condición social, constituida por el régimen de trabajo y las formas diversas de existencia, determina índices de morbilidad y de mortalidad también diversos. En los estratos sociales populares hay más enfermos y más fallecimientos. Las diferencias hacia abajo de orden económico-social son, pues, causas de esos índices de morbi-mortalidad más elevados” (Carrillo, 1974,19).

El derecho a la salud está ligado al derecho de contar con las mismas posibilidades para prolongar la existencia, es decir, derecho a llegar a la vejez en condiciones sociales igualitarias que equiparen la esperanza de vida. En palabras de Ramón Carrillo:

Se comprende, entonces, cuánto sentido encierra la frase del general Perón, pronunciada al inaugurar la Primera Exposición de Salud Pública, cuando dijo, más o menos: “Proclamo igual derecho para todos los argentinos frente a la enfermedad y frente a la vida. Todos los argentinos deben tener el mismo derecho a vivir sanos, a ser bien atendidos en caso de enfermedad ya las mismas posibilidades para prolongar su existencia en forma de ser felices y útiles a los suyos y a la sociedad”. Al expresarse así, el general Perón no hizo sino glosar su principio, enunciado en los Derechos del Trabajador, referente al derecho a la salud; derecho que está relacionado con el de la seguridad social y al del bienestar (Carrillo, 1974, 20).

En las palabras citadas encontramos la referencia directa al derecho a la longevidad, ligado al derecho a la vida y al bienestar, la preservación de la salud permite llegar a la vejez. Desde esta concepción se cuestionan y se incluyen en la agenda pública las desigualdades sociales que tienen como resultado el aumento de la mortalidad en las poblaciones empobrecidas y su consecuente vulneración del derecho a transitar la vejez.

Estas ideas se relacionan con el concepto de muerte temprana, planteado por Bialet Massé, desarrollado en el capítulo anterior, destacándose el análisis que el autor realiza sobre las causas estructurales que ocasionan la muerte de los obreros en condiciones de explotación y la vejez prematura vinculadas a las desiguales formas de inserción en el mercado laboral. Como en el “Informe de las clases obreras” la posibilidad de llegar a la vejez y las condiciones de tránsito por la misma están vinculadas a factores sociales relacionados con la pobreza y la explotación de los trabajadores.

En relación con el concepto de envejecimiento el Dr. Carrillo hace hincapié en los factores relacionados con el medio y el entorno social. Considera al envejecimiento como un proceso que se produce desde el nacimiento.

Es que desde que el hombre nace comienza a envejecer y, a medida que cumple el ciclo, aumenta su angustia (En Chiarenza 2005, 135).

A media que avanza el proceso de envejecimiento aumenta el declive de los individuos, “implacablemente, se consumen las reservas vitales, hasta que, traspuesta la mitad del camino, adquiérase noción de la propia inevitable decadencia, anticipo de la muerte, que suele aproximarse con un cortejo de achaques” (136).

Textualmente manifiesta Carrillo:

La lucha contra la vejez es una lucha contra las enfermedades sobreagregadas al mero hecho de vivir. En el fondo, es una lucha contra el tiempo. Se trata de que las enfermedades no lleguen antes de hora o, de ser posible, que no lleguen nunca, y que la vida dure lo que la biología preceptúa que debe durar (En Chiarenza 2005,136).

En el proceso de envejecimiento inciden factores intrínsecos en las células y factores extrínsecos del medio biofísico, geofísico y biosocial, relacionados con la civilización moderna, estos factores determinan una vida más corta que la biológicamente normal. La vejez se caracteriza por una serie de procesos biológicos (deshidratación, fagocitosis y esclerosis; floculación coloidal; aparición de una “substancia V” en el medio interno o en los tejidos; y por mediaciones del sistema intermediario reticuloendotelial), “en virtud de las cuales el intercambio entre el medio y la célula se bloquea paulatinamente.” (En Chiarenza 2005, 139). En este sentido, Carrillo plantea que no existe el elixir de la juventud eterna, sino que por el contrario el desafío para los investigadores es “encontrar un medio que permita conservar el mayor tiempo posible la vitalidad celular y el normal recambio célulo-ambiental”.

La noción de tiempo es central en este planteo, la lucha contra el tiempo planteada por Carrillo se relaciona con los procesos de anticipación de la vejez y el deterioro observado en los obreros por Bialet Massé, el tiempo se modifica a partir por factores sociales que inciden en los aspectos biológicos de la vida humana.

Estas ideas fundamentan en el plano de la salud pública la relación entre políticas sociales económicas y sanitarias. En este período se destaca la centralidad estatal, es decir una mayor presencia del Estado en el diseño y ejecución de políticas sociales (Carballeda, 2010a). En las palabras de Ramón Carrillo se encuentra presente la noción de políticas sanitarias como subsidiarias de las políticas sociales y en relación con la génesis de la cuestión social y su manifestación en los distintos problemas sociales. La salud es pensada en estrecha relación con la desigualdad, la explotación, el hambre y la desocupación.

Es evidente que actualmente no puede haber medicina sin medicina social, y ésta no puede existir sin una política social del Estado. ¿De qué le sirve a la medicina resolver científicamente los problemas de un individuo enfermo, si simultáneamente se producen centenares de casos similares por falta de alimentos, por viviendas antihigiénicas -que a veces son cuevas- o porque ganan salarios insuficientes que no les permiten subvenir debidamente a sus necesidades? (…) ¿Cómo puede enorgullecerse la medicina de aplicar sus técnicas cada vez más perfectas para resolver situaciones individuales, si por cada caso que soluciona tiene infinidad de problemas colectivos de salud que nunca podrán ser resueltos por iniciativa personal del médico?

Los problemas de la medicina, como rama del Estado, no podrán ser resueltos si la política sanitaria no está respaldada por una política social. Del mismo modo que no puede existir una política social sin una economía organizada en beneficio de la mayoría, tampoco puede existir una medicina destinada a la protección de la colectividad sin una política social bien sistematizada para evitar el hambre, el pauperismo y la desocupación (Carrillo, 1974,19).

En este marco, el rol del Estado es entendido como fundamental para resolver los problemas estructurales que son causales de los problemas sanitarios y el objetivo de su accionar son los sectores más vulnerables. “Para comprender bien nuestros objetivos de gobierno en materia sanitaria, es necesario fijar previamente con claridad los fines de la ciencia médica organizada y dirigida por el Estado en beneficio de la mayoría, es decir, de los no pudientes” (Carrillo, 1974,19).

Como se señaló anteriormente en la mirada acerca de la salud de Ramón Carrillo se destaca que el fin principal de la medicina es prolongar la vida, es decir, democratizar el acceso a la vejez y este objetivo está vinculado a la mejora de las condiciones de existencia y de trabajo.

¿Cuáles son, pues, los fines de la medicina? Ante todo, prolongar la vida. Sabemos que la vida, por obra de la medicina, ha aumentado de duración, en los últimos cien años, un promedio de 20 a 25 años.

Prácticamente vivimos una generación más que antes. Pero, para afirmar esa conquista, esa prórroga, hasta ahora no se ha inventado nada mejor, para cuidar al sano o al enfermo curado, que mejorar las condiciones de su existencia y de trabajo, a fin de que el rendimiento de ese hombre y de la colectividad aumenten en propio beneficio y en beneficio de toda la Nación (Carrillo, 1974,19).

El derecho a la salud está ligado al derecho de contar con las mismas posibilidades para prolongar la existencia, es decir, derecho a llegar a la vejez en condiciones sociales igualitarias que equiparen la esperanza de vida. El derecho a la salud y a la prolongación de la vida implica un deber para el Estado y al mismo tiempo una obligación individual. En palabras de Ramón Carrillo “el Estado debe cuidarlo, pero el individuo está también obligado a cuidarse, pues para llegar a ser adulto, a ser capaz de producir y rendir, ha costado mucho a su familia y al Estado, el cual, si sufre algún accidente o se enferma, trata de recuperarlo para la sociedad” (1974, 20, 21).

Con respecto a las obras públicas, Carrillo presenta en una conferencia dictada en 1951 en el Aula Magna de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires las diferentes características y obras sanitarias requeridas para las poblaciones jóvenes y las envejecidas. Ubicando a la Ciudad de Buenos Aires dentro de estas últimas.

Las obras que más se requieren son hospitales y hogares para crónicos, ancianos e inválidos. Por eso cuando se construye un hospital para niños, en una ciudad que entra en el período de detención de su desarrollo, no es arriesgado profetizar que algún día ese hospital terminará siendo un hogar para ancianos. ¡He ahí una paradoja dramática que nos brinda la demografía! (Carrillo en Veronelli; Veronelli Correch, 2004, 523).

Para concluir, se puede destacar en el trabajo de Carrillo acerca del envejecimiento como un proceso que se desarrolla desde el nacimiento en relación con el medio, la vida moderna, las desigualdades y los problemas sociales que atraviesan los distintos sectores de la población. Las intervenciones para garantizar el derecho a la preservación de la salud y de la vida implican al mismo tiempo un rol activo del Estado en la resolución de los problemas sociales y un deber para el individuo.

3.6 El Modelo de Intervención de Protección de los Derechos de las Personas Mayores Trabajadoras

La consolidación del Modelo de Protección de los Derechos de las Personas Mayores Trabajadoras implica una serie de rupturas con la intervención en lo social del período anterior, en consonancia con avances relacionados con los derechos humanos y la seguridad social en diversos países del mundo, y a su vez presenta continuidades y tensiones en sus dimensiones teórica, institucional y ético-política.

Muchas de las acciones concretadas en este período presentan como antecedentes los debates y propuestas realizadas por diversos legisladores argentinos, particularmente diputados socialistas en los años anteriores al gobierno peronista. Asimismo, los logros en materia de derechos en este período se desarrollaron en el contexto de luchas y reclamos de los obreros a través de organización en sindicatos y la movilización social que conformaron elementos centrales de correlación de fuerzas de la época.

Como se señaló anteriormente, el análisis de las características del modelo en este período comprende el análisis del Decálogo de la Ancianidad, las acciones de la Fundación Eva Perón hacia la población mayor, los aportes de Ramón Carrillo desde el Ministerio de Salud y el análisis de los cambios en la Seguridad Social durante este período, haciendo énfasis en los documentos que dan cuenta de su conceptualización.

Cabe señalar que se desarrollan las particularidades, tensiones y contradicciones del modelo de intervención desde la crítica decolonial problematizando los procesos de legitimación, construcción y deconstrucción de la desigualdad en la multiplicidad de sus condicionantes y las estrategias que tienden a la inclusión y la construcción de igualdad. Entendiendo que la colonialidad configura identidades; y de igual modo las estrategias que tienden a la igualdad pueden generar nuevas subjetividades relacionadas con la deconstrucción y limitación de la desigualdad. Es así con el afianzamiento del Modelo se va conformando a lo largo de los períodos la figura de jubilado y pensionado como eje central en la garantía de los derechos de la población mayor.

A continuación, se presenta un cuadro, de elaboración propia, que permite sintetizar las principales características del Modelo de Intervención de Protección de los Derechos de las Personas Mayores Trabajadoras en este período.

Cuadro Nº 1 Caracterización del Modelo de Intervención de Protección de los Derechos de las Personas Mayores Trabajadoras durante el Estado de Bienestar

Variable

Dimensiones

Subdimensiones

Valores

Modelo de Intervención de Protección de los Derechos de las Personas Mayores Trabajadoras

Dimensión Teórica

Definición del envejecimiento y la vejez

Etapa vital con necesidades y derechos específicos

Ancianidad como ocaso de la vida

Tensión ancianidad/ niñez. Diferencias y similitudes

Heterogeneidad en las formas de transitar la ancianidad

Tensión: Referencias a los mayores como ancianos y abuelos

Idea de sujeto de la intervención

Acreedor de una deuda por parte del Estado y la sociedad en su conjunto

Sujeto de derechos. Se distancia de la noción de objeto de caridad

Problemas sociales de los mayores originados en la desigualdad, la injusticia social y la explotación.

Dimensión Institucional

Definición de la intervención social

Justicia Social: ante las injusticias padecidas por los ancianos a lo largo de la vida.

Ayuda social: como complementaria a la justicia social y ligada a los derechos humanos

Dignidad: relacionada la igualdad de oportunidades, la satisfacción de necesidades básicas y a su vez el lujo y la abundancia de recursos como un derecho

Técnicas e instrumentos de intervención

Asistencia Social: Hogar Presidente Perón

Pensiones no contributivas

Seguridad social: Jubilaciones. basadas en la solidaridad intergeneracional

Salud: Derecho a la longevidad

Estrategias individuales, no se encuentran referencias a la grupalidad y organización de los mayores

Dimensión Ético-política

Definición de los derechos de la población mayor

Derechos de la ancianidad:

Legalidad (Constitución Nacional de 1949)

Tensión: Originados en la necesidad y la vulnerabilidad de la población mayor y a su vez basados en la trayectoria laboral

Tensión: Obligaciones del Estado que a su vez son identificadas con las figuras de Eva y Juan Domingo Perón

Ligados a los derechos del trabajador

Derecho a la longevidad y derechos de los ancianos desde una mirada integral

Relación entre Justicia Social, Ayuda social y Dignidad

Fuente: elaboración propia

La Dimensión Teórica o ideal del Modelo de Protección de los Derechos de las Personas Mayores Trabajadoras, incluye las definiciones de vejez, envejecimiento e intervención en lo social con personas mayores; en este periodo se considera al anciano como un sujeto de necesidades específicas y a partir de esas necesidades se convierte en sujeto de derechos no cumplidos. Las nociones de necesidad y derechos se encuentran relacionadas. La consideración del anciano como un sujeto de derecho implica una ruptura con la concepción de objeto de caridad, propia del período anterior. Los mayores son considerados acreedores de una deuda por parte del Estado y la sociedad en su conjunto.

La intervención social presenta en sus fundamentos en la justicia social y la dignidad, basadas en el trabajo; diferenciándose de la caridad y la filantropía. Los problemas sociales son pensados en relación con el medio social, las desigualdades y la injusticia (Carballeda, 2010). Desde esta mirada se corre el eje de los problemas en la individualidad y pasan a la sociedad en su conjunto dando cuenta de las desigualdades atravesadas por las personas a la largo de su vida y particularmente en la ancianidad.

La intervención con los mayores está ligada a la categoría de trabajadores, tanto la seguridad social, la salud y los derechos que garantiza la política social están en relación el trabajo. Las referencias a los mayores que encontramos en los documentos históricos son dirigidas a hombres, trabajadores a la lo largo de su vida y jubilados. En este período se hace énfasis en una mirada singular de la vejez, masculina, heterosexual, obrera y/o migrante a partir de un cuestionamiento a la vejez hegemónica hasta esa época, descripta como blanca y burguesa. En esta nueva forma de pensar a la población mayor se incluyen los obreros que habían sido invisibilizados hasta el momento, pero quedan afuera otras vejeces, las mujeres, las diversidades de género y los pueblos originarios, entre otras.

Asimismo, la desigualdad es entendida como producto de la injusticia social y la explotación y se encuentra presente la noción de heterogeneidad de las vejeces, en tanto visibilización de las diversas formas de envejecer de acuerdo a las trayectorias vitales.

En este marco, los problemas sociales de la población mayor son producto de múltiples causas, entre ellas la explotación y vulnerabilidad atravesada a lo largo de la vida; y la falta de leyes y acciones del Estado que protejan a esta población. Esta mirada se encuentra presente en las distintas fuentes analizadas: en las referencias de la Fundación Eva Perón, en el discurso de Ramón Carrillo y en los materiales referentes a la seguridad social.

En la Dimensión Institucional del Modelo de Intervención se incluye la definición de la intervención, sus técnicas e instrumentos. Presentamos tres subdimensiones de análisis: asistencia social, salud y seguridad social, ligadas a la implementación de políticas sociales por parte del Estado y la Fundación Eva Perón.

Las políticas analizadas presentan un marcado centralismo del Estado y están fundamentadas en el derecho social, y en las garantías y obligaciones públicas con la población en general y las personas mayores en particular.

Particularmente en la intervención con la población mayor, puede destacarse el efecto reparador de las políticas públicas frente a las injusticias sociales atravesadas en diversos momentos del curso vital y específicamente en la ancianidad, momento de la vida en que pueden profundizarse los elementos ligados a la vulnerabilidad y la exclusión social. Asimismo, la intervención social relacionada con los derechos se distancia de la caridad en sus distintas dimensiones.

La Dimensión Ético Política incluye los valores rectores del modelo de intervención: entre ellas desatacamos los derechos humanos y de la ancianidad, la justicia social, la dignidad y la asistencia social. La asistencia social está ligada a la justicia, y se hace presente cuando se presentan situaciones de explotación, injusticia y exclusión. En este marco, el origen de los problemas sociales de los mayores está vinculado a cuestiones estructurales o macrosociales, alejándose de la culpabilizarían de las personas que atraviesan estas problemáticas. La dignidad es un eje rector en este modelo, considerando a la estética y el lujo como expresiones de la redistribución de recursos e ingresos.

En síntesis, en las diferentes dimensiones del modelo se destaca la relación de los derechos de los ancianos con la categoría de trabajadores y con los derechos que, en la práctica, se vinculan directamente con el empleo.



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