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El nacionalismo en primer plano: el Operativo Soberanía a través de las fotografías y los relatos de los soldados conscriptos (1978-1979)

Cristian Di Renzo[1]

Introducción

Las disputas territoriales entre las naciones que forman parte del Cono Sur han sido recurrentes a lo largo de los siglos xix y xx, y llegan incluso hasta la actualidad[2]. Los motivos que impulsaron la existencia de esos conflictos son múltiples, aunque comparten características comunes, tales como el aprovechamiento de recursos naturales en zonas fronterizas, producciones intelectuales basadas en concepciones geopolíticas antagónicas (o similares), entre otros. Incluso, en ocasiones, estas diferencias llevaron a que se produjeran enfrentamientos armados entre dos o más actores[3].

En este capítulo nos proponemos analizar el conflicto del Beagle entre Argentina y Chile en una de sus etapas más críticas (1977-1979). Pues, en este lapso temporal, las posibilidades de un enfrentamiento armado de carácter regional fueron reales y se manifestaron en el Operativo Soberanía y en el operativo de defensa chileno[4]. Nuestro aporte gira en torno al trabajo con fuentes inéditas e inusuales dentro de los estudios relacionados con los conflictos vecinales en Sudamérica, y, especialmente, en el ámbito del servicio militar obligatorio en Argentina. Particularmente, nos detendremos en las experiencias asociadas al proceso de movilización militar de cara a un enfrentamiento armado en el que se manifiestan y se expresan distintas formas de nacionalismo/s, intentando realizar, además, aportes sobre la comprensión histórica del clima emocional nacional en la década de 1970 [5].

La hipótesis que guía este trabajo es que, durante la movilización militar, los soldados conscriptos se encontraron frente a un conflicto limítrofe de larga data que fue motivado, a su vez, por las concepciones geopolíticas de la corriente nacional territorialista irredentista dentro del particular contexto argentino de finales de la década de 1970. Asimismo, se hallan presentes dentro de sus relatos expresiones de lo que podemos definir como un nacionalismo banal que se confunden y se entrelazan con emociones patrióticas en el escenario de un inminente enfrentamiento armado.

En lo que respecta al trabajo con las fuentes utilizadas para este apartado, seleccionamos una serie de fotografías dentro de una colección que fueron tomadas entre finales del año 1978 e inicios de 1979, que se complementan con una serie de entrevistas realizadas a exsoldados conscriptos movilizados. No desconocemos que en el ámbito sudamericano existen trabajos sobre la fotografía bélica, tal es el caso de la guerra del Paraguay (Cuarterolo, 2000; Klück Stumpf, 2019) o en la guerra del Pacífico (Bacca, 2008), aunque desde lógicas interpretativas distintas a la propuesta en este apartado. Del mismo modo, podemos considerar, en el ámbito del servicio militar obligatorio en Argentina, algunos trabajos que utilizan fotografías para ilustrar vivencias asociadas a tal experiencia (Ortiz Rodríguez, 2011). A estas perspectivas, proponemos un enfoque que se centra en el campo de la historia de las emociones contribuyendo a los nuevos análisis originados a partir del denominado “giro afectivo” (Lara-Domínguez, 2013). Del mismo modo, pretendemos abonar a los estudios que tienen como eje la problematización de las diferentes formas que adoptan los nacionalismos en Argentina (Manero, 2014) y las concepciones asociadas a ellas[6].

En este sentido, partimos de la idea de que estamos frente a una fuente histórica que demanda un nuevo tipo de crítica por parte del historiador, lo cual representa un desafío en nuestro campo (Mauad, 2005). Del mismo modo, coincidimos en que la imagen, al igual que cualquier texto visual, contiene tres componentes: el autor, el texto y el lector (Vilches, 1984), lo que da como resultado un producto complejo que debe ser trabajado en su totalidad a través de diversos pasos. Por ende, en nuestro trabajo como historiadores, no podemos permitirnos permanecer pasivos frente a una fotografía: esta incita nuestra imaginación, nos hace pensar acerca del pasado a partir del dato de materialidad que persiste en la imagen, y, en definitiva, toda imagen es histórica (Mauad, 2005: 473). Asimismo, coincidimos con los planteos de Berger (2014) y de Becker (2011), al considerar que una imagen es una apariencia, o conjunto de apariencias, que ha sido separada del lugar y del instante en que apareció por primera vez y preservada por unos momentos o unos siglos. Ningún otro tipo de reliquia o texto del pasado puede ofrecer un testimonio tan directo del mundo que rodeó a otras personas en otras épocas. En este sentido, las imágenes son más precisas y más ricas que la literatura (Berger, 2014: 6) y se tienen que tomar con todo el cuidado y suspicacia que damos a otros elementos de la evidencia en ciencias sociales (Becker, 2011: 42).

La metodología de estudio de las unidades iconográficas adoptada en este capítulo responde al esquema propuesto por Mauad (2005), dando prioridad al análisis cualitativo, donde cada unidad iconográfica tiene un valor por sí misma.[7] Finalmente, y en concordancia con Spradley (1979), en esta investigación se considera la entrevista (de carácter semiestructurado) como un método para hacer que la gente hable sobre lo que sabe y piensa y crear una situación en la cual una persona obtiene información sobre algo interrogando a otra persona (Spradley, 1979: 9, citado en Guber, 2001: 30)[8]. En lo que respecta a la aparición de los distintos relatos en este trabajo, se utilizarán solo los nombres o seudónimos de acuerdo con lo solicitado por los entrevistados, y aparecerán mediante la implementación de la letra cursiva.

Para favorecer la comprensión del encuadre general de las fuentes seleccionadas, hemos decidido organizar el capítulo en tres apartados. En el primero, “Acerca del conflicto del Beagle”, proponemos un repaso por la historia limítrofe entre Argentina y Chile centrado en el área en disputa y, particularmente, en el contexto bilateral de la década de 1970. En el segundo, “El Operativo Soberanía desde arriba”, nuestro interés radica en la descripción del operativo de movilización militar hacia la frontera con Chile por parte de las Fuerzas Armadas Argentinas. Mientras que en el tercero, “El Operativo Soberanía desde abajo”, proponemos el análisis de las fuentes seleccionadas a partir del andamiaje teórico-metodológico que hemos señalado en esta introducción. Pasemos entonces a la primera sección.

Acerca del conflicto del Beagle

A lo largo de todo el siglo xix, Argentina y Chile, en consonancia con los demás países sudamericanos, fueron desarrollando medidas tendientes a la incorporación de nuevos territorios o preservando los existentes, delimitando fronteras tanto internas como externas (Botana, 1988; Salazar, Mancilla y Durán, 1999; Bohoslavsky y Godoy Orellana, 2010; entre otros). Sin embargo, el proceso mediante el cual ambos países fueron consolidando progresivamente sus fronteras no estuvo exento de conflictos. Una y otra vez, aparecieron momentos de tensión con diferente intensidad y de concordia desigual, puesto que entre Argentina y Chile existe una de las fronteras terrestres más extensas del mundo, de 5 308 km. Tal es el caso del canal de Beagle y las islas Picton, Lennox y Nueva[9].

Las diferencias en torno a la soberanía sobre esta zona comienzan hacia finales del siglo xix, teniendo como punto de partida el Tratado Bilateral de Límites de 1881 debido a la ambigüedad de algunos puntos de él. Para Pablo Lacoste (2003: 293), el Tratado de 1881 fue una continuidad de la percepción de las fronteras que predominaba en Chile y en la Argentina en el siglo xix. Es tal vez por ello por lo que en él no aparecieron pretensiones de ningunos de los dos países acerca de avanzar sobre el océano contrario al de sus costas. Distintas serían las actitudes del grupo nacional-territorialista irredentista, ya que en sus postulados existía una necesidad de que Argentina se convirtiera en una potencia bioceánica para poder así cumplir con su inevitable destino de grandeza (Escudé, 1998; Cavaleri, 2004; Di Renzo, 2018, 2020). Los años que siguieron al Tratado de 1881 hasta 1902 (Pactos de Mayo) fueron de tensión, ocupaciones territoriales, aclaraciones y de carrera armamentista, en la que también participó Brasil.

Si bien los años que transcurren entre la firma de los Pactos de Mayo (1902) y el Rechazo al Laudo Arbitral (1977) presentan signos de cooperación y entendimiento bilateral, también presentan intervalos conflictivos y violentos, de los cuales la corriente nacional-territorialista irredentista se va a valer para reafirmar su posición, lo que dará impulso a nuevas elaboraciones intelectuales que, en repetidas ocasiones, se encuentran carentes de innovación teórica. Se destacan como momentos de tensión el incidente ocurrido en el islote Snipe, situado en el canal de Beagle (1958) y la controversia por la zona de laguna del Desierto (1965) ( Lanús, 2000; Sanchís Muñoz, 2010; Rapoport, 2016; Di Renzo, 2018).

En lo que respecta al contexto previo de producción de las fuentes con las que trabajaremos en el tercer apartado, debemos destacar que el 22 de julio de 1971 se suscribe el acuerdo para el arbitraje entre Argentina y Chile[10]. En el Tratado de Solución de Controversias (1972), el Árbitro Británico acepta designar una Corte Arbitral para determinar el límite en el canal de Beagle y la potestad sobre las islas Picton, Lennox y Nueva e islotes adyacentes. La Corte de Arbitraje ad hoc estaría compuesta por cinco jueces de la Corte Internacional de Justicia, quienes formularían, a su vez, un informe que sería entregado a Su Majestad Británica, que decidiría aprobarlo o rechazarlo[11]. La sentencia tendría el carácter obligatorio e inapelable por cualquiera de los dos países involucrados (Lanús, 2000: 511; Sanchís Muñoz, 2010: 452). El 31 de diciembre de 1976, la Corte Arbitral emitió su decisión y estableció los términos del Laudo el 18 de febrero de 1977. La reina Isabel II aceptó sin objeciones la decisión de la Corte Arbitral el 18 de abril de 1977, y el 2 de mayo del mismo año se produjo la notificación a ambos países, que se encontraban, al momento de la notificación, bajo dictaduras instauradas en el poder mediante un golpe de Estado[12].

El 11 de septiembre de 1973, mediante un golpe de Estado (Huneeus, 2016), el general Pinochet Ugarte se hizo con el poder en Chile bajo múltiples justificaciones, entre ellas la de reinstaurar el orden interno perturbado por la ideología “marxista-leninista” del gobierno de Salvador Allende[13]. Tras el golpe de Estado de 1973, fueron los Carabineros y las Fuerzas Armadas quienes cumplieron con el rol de “reinstaurar el orden” e impartir el miedo dentro de su población a través de distintos mecanismos, que iban desde el arresto violento hasta la tortura seguida de muerte, tipología que recaía principalmente sobre los opositores políticos. A su vez, los miedos que generan las acciones de represión directa e indirecta tienen su origen en matrices mentales de percepción provenientes de ideologías, ideas y creencias. Son miedos derivativos, sedimentos de experiencias pasadas de confrontación directa con la amenaza, que sobreviven a aquel encuentro y que se convierten en un factor importante de conformación de la conducta humana, aun cuando ya no exista amenaza directa alguna para la vida o la integridad de la persona (Timmermann López, 2012: 188).

En lo referente al caso argentino, la profundización de la violencia ejercida desde el Estado (definido por numerosos autores como “terrorismo de Estado”) fue la marca característica de la etapa iniciada desde la instauración de la dictadura cívico-militar del Proceso de Reorganización Nacional (Duhalde, 1999; Novaro-Palermo, 2003; Quiroga, 2006; Canelo, 2000, 2008, 2012; entre otros). Los militares argentinos justificaron el golpe a través de la existencia de una “situación de emergencia”, que, a su vez, justificó el decisionismo absoluto. Al pretender representar una experiencia refundacional, la dictadura cívico-militar del Proceso llevó a cabo una serie de estrategias tendientes a evitar, en primera instancia, la concentración del poder, y más precisamente la “personalización” a través de la división tripartita del poder, con una supremacía de la Junta Militar, tal como es señalado en Los Documentos Básicos. Pues la gestión del general Onganía (1966-1969) había dejado como legado a los militares argentinos cuán corrosiva podía resultar la supremacía presidencial por sobre la Junta Militar, a través de la cual las Fuerzas Armadas controlaban la experiencia autoritaria (Canelo, 2012: 130). De este modo, la Junta Militar sería el órgano supremo y estaría compuesta por los jefes de las Fuerzas Armadas, que tendrían un plazo de tres años como máximo en el cumplimiento de sus cargos. Además, la Junta tendría el poder de designar y remover al presidente, al igual que a la Comisión de Asesoramiento Legislativo (CAL). La división tripartita del poder recaía también sobre subsecretarías, intervenciones sobre medios de comunicación, organizaciones sindicales y empresarias, obras sociales y los directorios de empresas públicas y privadas bajo administración estatal, entre otros (Canelo, 2012: 131).

Sin embargo, esta nueva forma de organización se tradujo en diferentes pujas inter e intraarmas, y, a través de ellas, se canalizaban intereses personales y facciosos de los distintos agentes involucrados. En consecuencia, al no haber una estructura de poder centralizada, diferentes voces eran escuchadas, lo que significaba la posibilidad de que existieran diferentes interlocutores a la hora de definir diversas cuestiones. La Cancillería no estuvo exenta a este tipo de cuestiones y, por lo tanto, debió compartir su lugar con las demandas producidas por las convicciones personales de varios integrantes de las Fuerzas Armadas, sobre todo de aquellos cuya voz era escuchada y apoyada por alguna facción. Entre ellas, la facción más intransigente en las negociaciones que sustentaba sus postulados a partir de las elaboraciones intelectuales de los civiles y militares que formaban parte de la corriente nacional territorialista irredentista.

En este contexto, el dictamen de la Corte Arbitral (2 de mayo de 1977) mostró en Argentina tres posiciones que pueden interpretarse como “dura, intermedia y benévola” (Lanús, 2000: 517; Russell, 1990: 47). La primera posición sostenía que se debía rechazar el Laudo y estaba representada por una parte del Ejército y la Armada. Una segunda posición sostenía rechazar los “considerandos” y aceptar la “parte dispositiva”, esgrimida por parte de la Cancillería. Por último, existía un sector ligado a la Consejería Legal y parte de la Fuerza Aérea que consideraba la aceptación del Laudo.

Como hemos señalado, la división tripartita del poder y la existencia de diversas posiciones, que contaban con sus propias razones y mecanismos para impedir los objetivos de las otras posiciones o favorecer sus posturas por sobre las otras, influyeron sobre los procesos de negociación diplomática. En este sentido, la producción intelectual, académica y militar sobre la temática tuvo un rol central en la construcción del conflicto, puesto que las tesis y los conceptos asociados a ellas fueron utilizados como fundamento en el accionar de los distintos actores sociales involucrados, especialmente por aquellos que apostaban por la salida armada en el periodo 1977-1979 (Di Renzo, 2018). Por consiguiente, la puesta en marcha del Operativo Soberanía respondía, justamente, al sector más duro que encontraba en la salida armada una solución al conflicto limítrofe. Estas concepciones son propias de la corriente nacional territorialista irredentista de corte belicista, tal como veremos en el siguiente apartado[14].

Operativo Soberanía desde arriba

El llamado “Operativo Soberanía” consistía en una serie de acciones militares que debían ejecutarse tras la orden central de las Fuerzas Armadas Argentinas[15]. Dentro de este marco de hipótesis de guerra, se elaboró una “Directiva Estratégica Militar” (DEMIL), que fue aprobada por la Junta Militar, donde al parecer se establecía el concepto general de la guerra, el objetivo político de la guerra y la organización de las fuerzas (Madrid Murúa, 2003: 39). Pues la guerra tenía fecha y hora exacta de comienzo: la Argentina cruzaría la frontera para ocupar las islas Picton, Lennox y Nueva el viernes 22 de diciembre de 1978 a la hora 22 (Áreas y Palazzo, 1983: 39; Passarelli, 1987: 28). Para los periodistas Tabaré Áreas y Sergio Palazzo, la cuenta regresiva había comenzado unos días antes, el 2 de diciembre, fecha en la que fracasó la reunión entre los cancilleres Washington Pastor y Hernán Cubillos (Áreas y Palazzo, 1987: 39). Es decir, desgastada la vía diplomática, la opción de elegir la salida armada apareció como el medio para resolver la disputa limítrofe.

En consecuencia, los preparativos pudieron evidenciarse desde el momento de los traslados de tropas hacia la frontera con Chile en determinados puntos desde el mes de octubre. En este sentido, siguiendo las órdenes del memorándum denominado “Planeamiento Conjunto de las Operaciones Previstas contra Chile”, como lo describe Passarelli (1998), se desplazaron desde Buenos Aires la Brigada i de Caballería Blindada y la x Brigada de Infantería, ambas pertenecientes al Primer Cuerpo del Ejército; lo mismo sucedió desde el Litoral, en donde fueron movilizados la ii Brigada de Caballería Blindada y la vii Brigada de Infantería, ambas pertenecientes al Segundo Cuerpo del Ejército, comandadas por el entonces general de división Leopoldo Fortunato Galtieri; también había sido trasladada desde Mar del Plata el Grupo de Artillería de Defensa Antiaérea 601 hacia las provincias de Chubut y Neuquén.

Las acciones militares consistían en la ocupación de las islas en disputa por parte de la Infantería de Marina y posteriormente la presentación de un reclamo al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas[16]. Las operaciones no se limitarían a las islas Picton, Lennox y Nueva, sino que estaba previsto avanzar sobre el territorio chileno mediante operaciones de los distintos cuerpos del Ejército en cuatro puntos. El primer movimiento que debía realizar el Ejercito se preveía para las 0 horas del 23 de diciembre, cuando cruzarían la frontera por cuatro puntos estratégicos con tropas de la ix Brigada de Infantería de Montaña en Chubut y Santa Cruz; posteriormente, se intentaría ejecutar un accionar similar al de Israel en la guerra de los Seis Días, intentando, pues, atacar a la aviación chilena en tierra[17]. Precisamente, la provincia de Chubut era considerada como vulnerable frente a un eventual avance de las tropas chilenas debido a la escasa altura de la cordillera de los Andes en la zona de las poblaciones de Río Mayo y Alto Río Mayo, habiendo un camino directo hacia los yacimientos petroleros de Comodoro Rivadavia, abastecimiento por el cual numerosas unidades se desplegaron en la zona (Áreas y Palazzo, 1983: 42; Passarelli, 1987: 29). Además, se crearon nuevas unidades en la Patagonia: tal es el caso de la brigada en Río Gallegos, que envió a los cuadros de más alto nivel de instrucción y espíritu de combate (Áreas y Palazzo, 1983: 43). Sin embargo, el Ejército no solo estaba emplazado en el sur, sino que estaba dispuesto en otros sitios a lo largo de la frontera: tal es el caso del Tercer Cuerpo ubicado desde Mendoza hasta Jujuy, que irrumpiría en el territorio chileno en un segundo momento e intentaría dividir al país vecino ocupando ciudades claves, preferentemente Santiago de Chile o Valparaíso. Si bien se estimaba que el Ejército Argentino era superior en cuanto a número en el poder naval y aéreo, ambos países estaban relativamente equiparados[18].

En lo que respecta al enfrentamiento naval, la Flota de Mar fue dividida en dos grupos de tareas (GT), que habían sido ubicados en dos sitios estratégicos. Por una parte, el GT1 se encontraba en la boca oriental del canal de Beagle, mientras que el GT2 se encontraba emplazado delante del estrecho de Magallanes; en aguas australes argentinas se encontraban destructores, corbetas misilísticas y, entre otros, el crucero ARA General Belgrano, el cual había sido reequipado en cuanto a su armamento para mejorar su poder de fuego con cañones de seis pulgadas para tiro naval y baterías de misiles Sea Cat con un alcance aproximado de 4 000 metros (Passarelli, 1998: 35). Todos entrarían en enfrentamiento con la flota chilena y se necesitaría de apoyo aéreo (Madrid Murúa, 2003). De hecho, en enero de 1978, el contraalmirante Barbuzzy afirmó: “La flota de mar está pronta para cumplir con su deber en resguardo de todas aquellas obligaciones que son de su propia competencia”[19]. Precisamente, el año 1978 fue el año más agitado en cuanto a escalada militar registrada en el sur desde fines del siglo xix. Los preparativos incluían operaciones tanto diurnas como nocturnas por parte de la Aviación Naval con el portaaviones 25 de Mayo, así como del Crucero General Belgrano. También el destructor porta misiles Hércules efectuaba ejercicios de disparo de cohetes mar-aire, mientras que el destructor Bouchard realizaba operaciones de superficie y antisubmarina. En definitiva, todo indicaba que el sector “duro” iba a ganar la puja interna y que se comenzaría con las hostilidades de acuerdo a lo previsto en los planes.

Como veremos en el siguiente apartado, los soldados conscriptos que entrevistamos coinciden en que, desde de diciembre de 1978 y hasta pasado el año nuevo (1979), se encontraban en alerta máxima y en que sus superiores habían intensificado los ejercicios de adiestramiento y simulacros de ataques, como también coinciden en la denominada “bajada de línea” que, por su contenido, se encontrarían conceptualmente alineadas con los postulados de la corriente nacional territorialista irredentista.

El Operativo Soberanía desde abajo: imágenes y emociones

Pocas experiencias resultan tan traumáticas como lo es la guerra. No es de extrañar, puesto que, al momento de iniciarse las hostilidades o durante los mismos preparativos, todos los actores involucrados sufren una modificación más o menos drástica de su cotidianeidad. En este sentido, al trabajar con los testimonios de los soldados conscriptos, se trata de comprender las perspectivas y experiencias de los actores sociales que no han trascendido en la documentación oficial. Dicho de otro modo, y en consonancia con el planteo de Alessandro Portelli (2007), se intenta contribuir con un relato abarcador e integrador[20].

Durante el devenir del siglo xx, los jóvenes conscriptos debieron participar de los conflictos armados orquestados en torno al escenario nacional, algunas veces apoyando las causas y en otras sin compartir los ideales que los motivaban. Sin embargo, esto no significó que no tuviesen una idea conformada acerca de lo que significaba “defender a la nación”. Conscientes o no, el aparato estatal, desde fines del siglo xix, buscó implantar el proyecto de la nación en la mente del ciudadano y tuvo éxito en la formación de una identidad que se manifiesta en lo cotidiano, no necesariamente en forma voluntaria, y que Billig (2014) denominó como “nacionalismo banal”. Su hipótesis radica en que la adhesión al cuerpo de la nación por parte de los sujetos y los distintos colectivos sociales transluce en las acciones y las expresiones cotidianas. En ellas es posible apreciar la forma en que el nacionalismo se ha insertado en las distintas subjetividades de cada Estado moderno. Siguiendo estos lineamientos teóricos, los jóvenes conscriptos habrían operado en torno a su propia concepción de lo que implicaba ser patriota, es decir, a la resignificación que le otorgaron a la imposición nacionalista (Di Renzo y Mosiewicki, 2019: 153) que, al momento de la movilización militar, se manifiesta en emociones patrióticas.

Por otra parte, y de acuerdo a los planteos teóricos de Frevert (2014), emociones y poder están íntimamente relacionados, y un estudio de este tipo demanda, entonces, indagar en los procesos impulsados por el Estado para intentar controlar qué deben sentir los sujetos. En esta ocasión, las fuentes orales y las fotografías corresponden a conscriptos movilizados en el marco del Operativo Soberanía pertenecientes a las clases 1953-1960 del Grupo de Artillería Antiaérea 601, Jefatura de Mar del Plata, principal grupo de artillería antiaérea del Ejército Argentino. Asimismo, todos los relatos producidos en la investigación presentan la particularidad de que, al momento de prestar servicio, este se encuadraba bajo la ley de obligatoriedad[21].

Como hemos mencionado anteriormente, habían sido trasladadas desde Mar del Plata unidades pertenecientes al Grupo de Artillería de Defensa Antiaérea 601 hacia la provincia de Chubut y Neuquén (a las ciudades de Neuquén, Las Lajas, Barda del Medio, Covunco Centro y Zapala). De este modo, las imágenes con las que contamos fueron producidas por dos soldados conscriptos en las provincias de Neuquén y Chubut y fueron tomadas con cámaras que ellos mismos habían llevado sin el control de sus superiores. Posteriormente, en momento de visitas o de salidas por franco, fueron los familiares los que se encargaron de revelarlas. Las dos colecciones fueron guardadas por Héctor, soldado conscripto clase 56 que, al momento de la entrevista, nos facilitó el material, el cual guarda con mucho afecto[22].

Foto 1. Héctor movilizado en el marco del Operativo Soberanía. Diciembre-enero, 1978-1979. Colección privada.

Héctor relata que con 18 años debió ingresar al Ejército Argentino por obligación y que, un par de meses después de hacerlo, lo estaban trasladando al sur para enfrentarse con los chilenos: “Mucho no sabíamos, no teníamos ni idea de de qué se trataba”[23]. En la foto 1, resalta esa juventud, esos 18 años que tenían la mayoría de los soldados conscriptos entrevistados, con su atuendo militar que debía llevar durante la instrucción y guardia diarias[24]. La postura erguida, los brazos al lado del cuerpo y la gorra en la mano derecha nos indican la idea de lo que una fotografía debía retratar: un joven que se encuentra cumpliendo con el servicio militar obligatorio –la vestimenta da cuenta de ello–, pero también se aleja de la seriedad presente en las fotografías oficiales y de lo estricto de la instrucción que recibían a diario, en donde la risa no era un gesto aceptado. Asimismo, como podemos observar, se da prioridad al encuadre que pretende el fotógrafo: el camión que se encuentra por detrás y no la totalidad del cuerpo de Héctor, que ve recortados sus pies. Las mismas características podemos analizar en la siguiente imagen:

Foto 2. Héctor  junto a dos compañeros movilizados en el marco del Operativo Soberanía. Diciembre-enero, 1978 -1979. Colección privada.

En la foto  2, podemos observar la simetría de los dos soldados conscriptos que se encuentran a cada lado de Héctor, en el medio con la gorra en la mano, empero, esta vez, en la izquierda. Una vez más, se dio prioridad a que fuera el camión del Ejército y no la totalidad de los cuerpos lo que debía entrar en la fotografía. Asimismo, puede observarse la vegetación por detrás y que solo uno de los tres tiene la gorra puesta. Los testimonios de los conscriptos entrevistados coinciden en lo importante de la vegetación agreste de la zona, ya que era el único resguardo en los días de altas temperaturas, y tal vez por ello el fotógrafo, otro soldado conscripto, hizo el esfuerzo por realizar tal encuadre.

Sin embargo, no debemos obviar que los soldados conscriptos se encontraban movilizados ante una inminente guerra vecinal. Al respecto, Carlos, conscripto clase 53, quien ingresó por una prórroga de estudio caducada, relata el momento del traslado junto a sus compañeros: “No me acuerdo bien de qué día fue, pero algo que no me voy a olvidar nunca es la sensación de que tal vez no volvíamos”[25]. Pues las posibilidades de entrar en combate eran reales y así lo hacían constar, por ejemplo, el teniente coronel Roberto Atilio Boccalandro, jefe de Grupo de Artillería de Defensa Aérea 601, o el coronel Aldo Carlos Máspero, con quienes, recuerda Carlos, “en momentos de incertidumbre se generó una situación de camaradería”[26]. Estas apreciaciones también nos señalan la existencia de un determinado clima emocional nacional en la Argentina de la década de 1970 (Di Renzo y Mosiewicki, 2019; Bartolucci, 2020), aunque dejamos este punto más como un planteo que como una afirmación, ya que demandaría un análisis de mayor profundidad[27].

Así, aunque en las fotografías no tienen la intencionalidad de mostrar la cotidianeidad que les tocó vivir, las entrevistas nos brindan otro tipo de información[28]. Una concepción bastante extendida en las instrucciones recibidas por parte de los conscriptos movilizados era el planteo de entender la guerra como un partido de futbol[29]. En los distintos testimonios recogidos, se hace referencia a esta situación, lo cual consideramos que guarda una relación directa con el reciente triunfo en el Mundial de Futbol de 1978 disputado en Argentina[30]. “En las arengas esto era frecuente y a muchos de nosotros nos parecía que esto era así, queríamos ganar como sea”, recuerda Daniel, dato (la necesidad del triunfo más que la supervivencia personal) que se repite en casi todas las entrevistas realizadas[31]. Esto, a su vez, nos señala la existencia de una relación entre las concepciones geopolíticas extendidas dentro de los altos mandos militares y la existencia previa de cierto sentimiento nacionalista extendido dentro de los soldados conscriptos movilizados. Haciendo paralelismos entre la pelota y las armas, los oficiales superiores intentaban elevar la moral de los conscriptos de cara al enfrentamiento armado dentro de una lógica que no aceptaba grises. Del mismo modo, José hace referencia a que, “a mediados del 78, después del Mundial, se intensificaron los entrenamientos y la bajada de línea de que los chilenos eran de lo peor”, y, además, a que su armamento era inseparable: eran un FAL y un Obús de 105 mm[32]. En esto coincide Carlos, quien además recuerda cómo el armamento con el cual contaba era de última generación: una ametralladora de la empresa MAG del año 1978, “lista para ser usada con 2 000 municiones y dos recambios”[33]. En este punto, debemos señalar que el armamento de cada conscripto entrevistado aparece como un elemento central de su experiencia en la frontera. Bourke (1999: 146-152) describe que, para los soldados, sus herramientas bélicas dejan de ser simples instrumentos para matar, ya que en contextos de guerra se transforman en amigas, compañeras, parejas o esposas, de manera que se establece un nuevo tipo de relación.

Podemos sostener que el recuerdo de aquellos pertrechos militares que les tocó llevar durante su estadía obligatoria en las provincias patagónicas les genera cierta nostalgia a los entrevistados, ya que, a la hora de hablar de ellos, se genera una notable interpelación y, en algunos casos, afecto, que se confunde y entrelaza con la emoción patriótica dentro del particular contexto que les tocó transitar[34]. En la siguiente imagen, los soldados conscriptos se muestran con su armamento.

Foto 3. Héctor junto a dos compañeros movilizados  en el marco del Operativo Soberanía. Diciembre-enero, 1978-1979. Colección privada.

En la foto 3, podemos analizar que los tres tienen puestos sus cascos de combate, y, en cuanto a sus gestos, podemos evidenciar que al menos dos de ellos (Héctor es uno) se encuentran sonriendo. En este sentido, a través de las entrevistas, podemos afirmar que, a pesar de encontrarse en una situación de movilización militar de cara a un enfrentamiento armado que implicaba un acto de defensa a la integridad territorial de la patria, los jóvenes no dejaban de lado la posibilidad de que existieran momentos de distención o incluso de diversión. Esta posición se refuerza a través de los relatos de los entrevistados como Carlos, Daniel, José o Pablo, quienes coinciden acerca de la cordialidad que tenían los vecinos chilenos en la ciudad de Zapala, en la provincia de Neuquén (Argentina) o en la misma capital provincial que contrastaba con la bajada de línea nacionalista de sus superiores y, en algunos casos, con sus propias imágenes negativas previas. En realidad, estos episodios de contacto con la población en general se daban en los momentos de ocio y recreación cedidos por el personal militar, en los que ellos, en palabras de Pablo, recobraban su “juventud”. También José recuerda aquellos momentos en los cuales él y su grupo de amigos ocasionales escapaban a las situaciones de violencia que vivían diariamente, en particular: “Disfrutábamos de las fugas más que de las salidas formales, íbamos a pasear y a comer a los barrios chilenos”, como vemos en la siguiente imagen.

Foto 4. Día libre de soldados conscriptos movilizados en el marco del Operativo Soberanía. Diciembre-enero, 1978 -1979. Colección privada.

Consideramos que la fotografía resulta un soporte de memoria útil para la historia porque muestra el propio pasado en su contenido, aporta información sobre su propia génesis y acerca de una realidad espaciotemporal de lo acontecido, y presenta un doble testimonio; tanto de lo retratado como del fotógrafo que retrata (De las Heras, 2012: 115). Así, en la foto 4 se puede evidenciar la alegría, aparente o real, que poseían los soldados conscriptos pese a estar transitando alertas constantes de inminentes ataques enemigos. Todos con camisas dentro del pantalón de acuerdo a la “moda del momento”, señala Pablo, y zapatos, “como no podía ser de otra manera”. Sin embargo, en las entrevistas, en raras ocasiones asocian la movilización con emociones positivas. Por el contrario, destacan la dureza del trato, la violencia, los ejercicios repentinos y las alertas rojas de posibles ataques chilenos. También coinciden en la cotidianeidad de las instrucciones en las que sus superiores impartían, reiteradas veces, concepciones acerca de la superioridad argentina, su destino de grandeza y la importancia de las islas y del canal en disputa, que la mayoría desconocía[35]. Del mismo modo, la vida en los sitios en los que les tocó vivir esta experiencia no es recordada de la mejor manera, por las altas temperaturas y en ocasiones por la escasez de agua y comida. Aquí el enemigo en la guerra se confunde con la hostilidad del ambiente, que aparece como otro de los rivales que vencer dentro de los relatos obtenidos.

En estas condiciones, no parece extraño que la idea de la defensa de la patria se desdibuje en una lógica de supervivencia personal. Para asegurar un traspaso de conceptos ideológicos que implican la puesta en peligro de la propia vida, es necesario generar empatía con los fines de quienes buscan imprimir esas ideas en las bases (Di Renzo y Mosiewicki 2019: 164)[36]. De todos modos, los exsoldados conscriptos manifiestan, casi en su totalidad, la voluntad de entrar en combate en defensa de la nación argentina en caso de ser necesario. Esto es un dato relevante que refuerza las concepciones de un nacionalismo banal (Billig, 2014) extendido dentro del común de la población, ya que, hasta antes de la movilización militar, la gran mayoría de los entrevistados coinciden en que, si bien desconocían la existencia del canal de Beagle y de las islas en disputa, identificaban al vecino trascordillerano como un posible enemigo, al igual que a Brasil (concepciones extendidas dentro de la corriente nacional territorialista irredentista). Pues estas dos hipótesis de conflicto (Brasil y Chile) han sido mantenidas en la Argentina prácticamente desde su formación como nación independiente. Por ende, abonamos a las hipótesis (Di Renzo, 2018; Di Renzo y Mosiewicki, 2019) que sostienen que el sentimiento antichileno presente en la Argentina es previo a la etapa más crítica del conflicto (1977-1979). Este resultará fortalecido por las acciones emprendidas por la dictadura cívico-militar para generar consenso (Risler y Schenquer, 2019), pero en mayor medida se nutrirá con las denuncias realizadas frente a la presunta colaboración con Gran Bretaña en el marco de la guerra de Malvinas (1982). Matar o morir entonces era no simplemente por la preservación de la propia vida, sino que representaba mucho más dentro de la lógica binaria que los militares impartían y que muchos de los soldados conscriptos compartían. Aquí, la emoción nacionalista se materializaba en acciones concretas, y los actores presentes son el reflejo de esta situación.

Sin embargo, el miedo a la muerte existía y así lo recuerda Carlos, que, movilizado desde la ciudad de Mar del Plata, recuerda: “Lo que más me impactó fue que, cuando nos estábamos yendo para el sur, los últimos vagones del tren iban llenos, pero no con personas, sino con féretros y bolsas”. Esta imagen contrastaba con la idea impartida por sus superiores de que a los “chilenos los hacían pedazos en veinte minutos”[37]. Esta situación también es recordada por Héctor y por los demás entrevistados, pues la imagen que les dejó el traslado hacia el sur fue muy impactante. Jean Delumeau (2002: 10) afirma que el miedo a la muerte es una constante en toda persona. Implica un resguardo frente a la pérdida de la seguridad y el enfrentarse a lo desconocido. En contextos bélicos, también es asociado a la cobardía. Por esta misma razón, adquiere sentido lógico que los soldados buscaran ocultarlo. El miedo, quizás, es uno de los indicadores más relevantes del estándar emocional militar, y, tal vez por este motivo, en casi la totalidad de las fotos obtenidas, los soldados conscriptos aparecen sonriendo en un intento de no mostrar debilidad[38]. De todas maneras, las tensiones fueron una constante, el miedo, moneda corriente, y los soldados conscriptos coinciden en que este episodio marcó sus vidas. De hecho, recuerdan con mucha felicidad el momento de la vuelta a casa, el abrazo con la familia, el reencuentro con la novia de la secundaria y una serie de actos juveniles que poco a poco fueron dejando de lado para insertarse paulatinamente, a la vida adulta. Pues, en definitiva, la patria se encarnaba en cada uno de ellos, en sus seres más cercanos y en los sentimientos que les despertaba defender a su bandera dentro de un particular clima emocional nacional.

A modo de conclusión

Las concepciones geopolíticas de los militares argentinos en el periodo 1977-1979, sumadas a la intransigencia de un sector de las Fuerzas Armadas argentinas, posibilitaron el deterioro de las relaciones bilaterales, apostando a la solución por medio de las armas. Paralelamente, otros sectores, utilizaron una serie de mecanismos como también otros canales de comunicación con el fin de afirmar la vía diplomática como la oficial, y deseable, para destrabar el conflicto.

En este sentido, el Operativo Soberanía no es solo la puesta en marcha de un plan militar de cara al enfrentamiento armado, sino que también es la materialización de las concepciones geopolíticas desarrolladas en el cambio de siglos xix a xx y que fueron retomadas por parte de los intelectuales civiles y militares que formaban parte de la corriente nacional territorialista irredentista. Si bien a lo largo de más de 100 años de convivencia bajo la forma estatal las guerras entre los países latinoamericanos por disputas territoriales existieron y se cobraron muchas vidas, entre Argentina y Chile no fue así, aunque existieron diferentes momentos de tensión, de los cuales el año 1978 fue el más crítico de ellos. Distintos sectores del Ejército, de la Armada y, en menor medida, de la Fuerza Aérea creían que una guerra terminaría con la intransigencia chilena en las negociaciones y abriría el camino hacia la resolución de acuerdo a sus planteamientos, que, a su vez, se encontraban orientados por una amplia gama de concepciones geopolíticas. Es así como los generales que estaban a cargo desplegaban sus argumentos a sus tropas, intentando convencer e interpelar a los jóvenes conscriptos de que el enemigo se hallaba tras la cordillera y que había que intervenir para que no siguieran avanzando al territorio nacional. Los distintos relatos, producto del trabajo realizado mediante las entrevistas, arrojan estas afirmaciones y otras más, que, junto con la riqueza de las fotografías, nos imponen la necesidad de seguir trabajando sobre ellas; este trabajo, de hecho, es la primera aproximación a ellas a través de la compleja relación entre nacionalismo/s y emociones.

Tras la solución definitiva del conflicto del Beagle con el Tratado de Paz y Amistad en el año 1984, podemos decir que en Argentina y Chile comienza la etapa de construcción de una nascent security community (Kupchan, 2010: 184), es decir, que se encuentran en el primer momento del camino para establecer una alianza de paz duradera. Sin embargo, la imagen negativa de ese otro, que es diferente y ajeno a los valores nacionales, perdura hasta nuestros días y basta con observar algunas de las expresiones de nacionalismo más popular para dar cuenta de ello. Por ende, tendrán que pasar muchos años más para que estas naciones que estuvieron al borde la guerra y se consideraron como enemigas devengan en aliadas.

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Fuentes

Fuentes iconográficas

Archivo personal de Héctor. Fotografías capturadas entre los meses de octubre de 1978 y enero de 1979, en las provincias de Neuquén y Chubut cedidas al investigador.

Fuentes orales

Carlos, entrevistas realizadas los días 14/03/2017, 20/03/2017 y 30/03/2017 en la ciudad de Mar del Plata (Argentina). Entrevistador: Cristian Di Renzo.

Daniel, entrevista realizada el día 20/02/2018 en la ciudad de Mar del Plata. Entrevistador: Cristian Di Renzo.

Héctor, entrevista realizada el día 10/12/2018 en la ciudad de Mar del Plata (Argentina). Entrevistador: Cristian Di Renzo.

José, entrevista realizada el día 3/07/2017 en la ciudad de Mar del Plata. Entrevistador: Cristian Di Renzo.

Pablo, entrevista realizada el día 12/03/2018 en la ciudad de Mar del Plata. Entrevistador: Cristian Di Renzo.


  1. Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales (INHUS CONICET). Centro de Estudios Históricos (CEHis – CIC), Facultad de Humanidades, UNMdP. Correo electrónico: cristiandirenzo1@gmail.com.
  2. En Sudamérica podemos nombrar los conflictos latentes entre Chile y Bolivia, Chile y Perú, Colombia y Venezuela, Guyana y Venezuela, Guyana y Surinam, entre otros.
  3. Podemos citar la guerra del Pacífico (1879-1884), la guerra del Acre (1899-1903), el conflicto entre Perú y Ecuador (1830-1999), la guerra del Chaco (1932-1935), entre otras.
  4. Vale la aclaración de que este capítulo tiene como antecedente una tesis de maestría en Historia (2018), denominada “Entre la diplomacia parcial y la guerra total: concepciones geopolíticas de militares argentinos en el marco del conflicto por el canal de Beagle y las islas Picton, Lennox y Nueva (1977-1979)”. Tras las investigaciones pertinentes, evidenciamos que se osciló entre una diplomacia parcial, puesto que la representación exterior argentina no se encontraba unificada y confrontaban distintas posturas, y entre la guerra total, ya que las tres Fuerzas Armadas Argentinas –Ejército, Armada y Fuerza Aérea– estaban en condiciones efectivas de dar inicio a las hostilidades. Asimismo, dejamos constancia de que la producción de especialistas civiles (académicos, políticos o diplomáticos) y militares sobre la temática tuvo un rol central en la construcción del conflicto. Estos estudios se continúan en el plan de tesis doctoral titulado De la hipótesis de guerra a la cooperación en Defensa: actores, estrategias y políticas en las relaciones entre Argentina y Chile entre las décadas de 1970-1990. La dirección de ambos proyectos se encuentra a cargo del Dr. Germán Soprano.
  5. Acerca del nacionalismo y sus diferentes formas de abordaje, véase la introducción de esta obra compilatoria.
  6. Preferimos la utilización de la denominación “concepciones” ya que, de acuerdo con lo sostenido por (Kosselleck, 1992: 117), una palabra se convierte en un concepto si la totalidad de un contexto de experiencia y significado sociopolítico, en el que se usa y para el que se usa esa palabra, pasa a formar parte globalmente de esa única palabra”. A su vez, un concepto articula redes semánticas, lo que le confiere un carácter inevitablemente plurívoco. Tal plurivocidad sincrónica tiene, pues, fundamentos diacrónicos (ella es un emergente de la malla de significados tejida a lo largo de su misma historia), indica una inevitable asincronía semántica. En definitiva, en un concepto se encuentran siempre sedimentados sentidos correspondientes a épocas y circunstancias de enunciación diversas, los que se ponen en juego en cada uno de sus usos efectivos (esto es, vuelve sincrónico lo diacrónico). De allí deriva la característica fundamental que distingue a un concepto: lo que lo define es, precisamente, su capacidad de trascender su contexto originario y proyectarse en el tiempo (Palti, 2007: 300).
  7. El concepto que se encuentra presente dentro de esta lógica analítica es el de “intertextualidad”, que ha presentado un destacado desarrollo dentro del campo de la literatura para extenderse hacia otras áreas. Véase Bakhtin y Holquist (1981), Reyes (1990), Camarero (2008), entre otros.
  8. Asimismo, coincidimos con los planteos de Rosana Guber al considerar que la entrevista es una situación cara a cara donde se encuentran distintas reflexividades, pero, también, donde se produce una nueva reflexividad (Guber, 2001: 30).
  9. El canal de Beagle es una vía interoceánica de 200 millas (322 km aprox.) de longitud y que, en su punto más ancho, llega a las 3 millas (5 km aprox.), localizado en el extremo meridional de América del Sur. Constituye, junto con el estrecho de Magallanes y el Pasaje Drake, uno de los canales interoceánicos que unen el Pacífico con el Atlántico en el extremo sur americano. En tanto, las islas que estuvieron en disputa poseen una acotada extensión. Nos estamos refiriendo a las islas Picton, de 105 km2, Lennox, de 171,5 km2 y Nueva, de 120 km2 que, en conjunto con varios islotes, forman un archipiélago.
  10. Las mismas fueron iniciadas en Argentina por la dictadura cívico-militar instaurada con el golpe de Estado de 1966. A respecto véase Lanús (2000), y Sanchís Muñoz (2010).
  11. Los miembros de la Corte Arbitral fueron el Sr. Hardy C. Dillard (EE. UU.), Sir Gerald Fitzmaurice (Reino Unido, posteriormente designado presidente), Sr. André Gros (Francia), Sr. Charles D. Onyeama (Nigeria) y el Sr. Sture Petrén (Suecia). Todos ellos eran miembros de la Corte Internacional de Justicia.
  12. Tanto el régimen instaurado en Chile en 1973, como el implantado en Argentina el 24 de marzo de 1976 pueden ser considerados como dictaduras, una de las formas que adoptan los autoritarismos (Rouquié, 1981).
  13. Véase Declaración de Principios del Gobierno de Chile. 11 de marzo de 1974, Santiago de Chile.
  14. Existen expresiones contemporáneas que, si bien forman parte de la citada corriente, no manifiestan soluciones belicistas para destrabar el conflicto. Un ejemplo de ello lo constituye el general de división del Ejército Argentino Juan Enrique Guglialmelli. Al respecto véase Di Renzo (2020).
  15. Para obtener más precisiones sobre los aspectos militares y estratégicos del Operativo Soberanía, véase revista Somos (8 de julio de 1983) y Madrid Murúa (2003). También se puede acceder a datos complementarios y desconocidos sobre el rol del general Martín Balza y del Grupo de Artillería 102 en Soprano (2020).
  16. De acuerdo con los datos recogidos por Áreas y Palazzo, se preveía también bombardear la ciudad de Punta Arenas y otros objetivos relacionados con el transporte y el abastecimiento (Áreas y Palazzo, 1983: 28).
  17. Para más información acerca de la guerra de los Seis Días, ver Oren (2006). Un dato que destacar es que Argentina, en ocasión de tal enfrentamiento, en el cual Israel atacó a Egipto, Siria y Jordania, expresó su posición a la ONU a través de Nicanor Costa Méndez en pos del retiro de las fuerzas israelíes. Esta posición fue respaldada por 18 países latinoamericanos.
  18. Se estimaba que la diferencia era de 1,8 a 1 en favor de la Argentina (Stepan, 1982; Passarelli, 1998: 36).
  19. Datos extraídos del diario Clarín del 12 de enero de 1978.
  20. Se realizaron en total 10 entrevistas semiestructuradas. Se realizó una selección de ellas para este capítulo bajo el objetivo específico que se propone.
  21. Hacemos referencia a la Ley n.° 4.031 del año 1904. Esta tuvo vigencia hasta el 31 de agosto de 1994. Al respecto véase: Rodríguez Molas (1983); Forte (1999); Garaño (2013); y Avellaneda (2017).
  22. Coincidimos con la postura de Edwards (2010), quien sostiene que las fotografías son objetos intensamente emocionales por las características propias que poseen.
  23. Héctor, entrevista realizada el día 10/12/2018 en la ciudad de Mar del Plata (Argentina). Entrevistador: Cristian Di Renzo.
  24. Se entiende a la juventud como una etapa de transición delimitada por sus diferencias con la niñez y el mundo de los adultos, conviviendo con los límites que la misma sociedad le imprime (Souto, 2007).
  25. Carlos, entrevistas realizadas los días 14/03/2017, 20/03/2017 y 30/03/2017 en la ciudad de Mar del Plata (Argentina). Entrevistador: Cristian Di Renzo.
  26. El coronel Aldo Máspero fue condenado por los jueces Alfredo Ruiz Paz, Elvio Osores Soler y Víctor Bianco, que lo consideraron como coautor penalmente responsable de los delitos de privación ilegítima de la libertad doblemente agravada por mediar violencia y amenazas, imposición de tormentos agravados y homicidio calificado. Este proceso es un desprendimiento de los juicios orales realizados por crímenes cometidos en los centros clandestinos de detención conocidos como “La Cueva” y “Base Naval II”. En tanto, Roberto Boccalandro durante 1977 fue el jefe del Área 151 y, por ende, responsable de los C.C.D. que funcionaban en los partidos de General Alvarado, General Pueyrredón, Lobería, Necochea y San Cayetano, como así también de los secuestros y asesinatos cometidos en su jurisdicción. Véase bit.ly/2J0ucf3. Consultado en línea por última vez: 1/03/2020.
  27. Tomamos como referencia conceptual el trabajo de Casquete (2017).
  28. Esto se puede comprender bajo el concepto de “intertextualidad”, tal como hemos mencionado con anterioridad.
  29. Una de las figuras claves en el proceso de negociaciones bilaterales fue el nuncio Pio Langhi, quien sostuvo que varios militares y civiles interpretaban el conflicto en clave de un partido de futbol, en donde un empate era de por sí descalificador (Passarelli 1998: 15).
  30. Acerca de las relaciones entre la dictadura y los jóvenes problematizando el despertar patriótico en el marco del Mundial del Futbol de 1978, véase Bolchinsky (2018) y el capítulo de la misma autora en esta compilación.
  31. Daniel, entrevista realizada el día 20/02/2018 en la ciudad de Mar del Plata. Entrevistador: Cristian Di Renzo.
  32. José, entrevista realizada el día 3/07/2017 en la ciudad de Mar del Plata. Entrevistador: Cristian Di Renzo.
  33. Sobre la compra de armamentos, PBI y política relacionada a este sector, véase López (1990) y Dobry (2011).
  34. En sintonía con estos análisis, véase el capítulo del Lic. Mosiewicki presente en esta compilación. También Bjerg (2019).
  35. Parte de este discurso es propio de la corriente nacional-territorialista (irrendentista).
  36. Al respecto, Bourke (1999) analiza la función que el estado emocional “agéntico” ejerce sobre los miembros de un ejército a la hora de perpetrar acciones violentas.
  37. Estas concepciones son propias de un nacionalismo territorialista irredentista de carácter belicista.
  38. Por cuestiones de extensión de este trabajo, no ha sido posible incorporar más fotografías que las que se detallaron. Acerca del miedo, véase también Ginzburg (2015).


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