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Introducción

Mónica Bartolucci, Bettina Favero y Miguel Ángel Taroncher

El impacto y las respuestas de las sociedades frente a las hambrunas, guerras o pandemias como las que se tramitan en la actualidad, las aprobaciones o desaprobaciones masivas de los fascismos, los ideales románticos en relación con diferentes revoluciones políticas, los cambios de humores sociales o en la instrucción pública de un país son justificados en muchas oportunidades por el sentimiento patriótico de los pueblos. Si bien es uno de los sentires humanos más íntimos y primarios, ha sido poco estudiado como tal, aun cuando sabemos que es causa a veces y consecuencia otras tanto de manifestaciones sociales heroicas, como también de sectarismos o fanatismos. Este amor patriótico a su vez remite a temas sensibles como la violencia, la pasión y el honor e incluso conduce a explicaciones contrarias, como la abulia social. Atender a estas premisas, en nuestro criterio, aporta a una mejor comprensión de las sociedades

El libro que aquí presentamos se propone revisar el nacionalismo argentino desde una perspectiva que da cuenta de estas cuestiones, estudiando diferentes experiencias y abordando prácticas concretas de distintos grupos de jóvenes entre 1955-1979. Creemos que, a partir del estudio de un conjunto de acciones cotidianas, desarrolladas en múltiples ámbitos de sociabilidad, pueden percibirse los diferentes modos de tramitar ese universo emocional marcado por el “amor a la patria” en un período de la historia argentina caracterizado por el enfrentamiento, la inestabilidad política y las dictaduras, siendo la última de ellas la experiencia más traumática del siglo xx. A esta perspectiva se le ha denominado también como “la nación desde abajo”, porque en realidad intenta poner en foco un objeto delimitado: la experiencia de los sujetos. Los trabajos que reflexionan acerca del concepto de “nación” como una comunidad, que también se conforma de modo banal en la vida cotidiana, en un territorio donde se comparte una geografía física y a la vez imaginada entre sujetos desconocidos entre sí pero que piensan y sienten del mismo modo, nos ha hecho reflexionar respecto de la complejidad del concepto de “nación” que aquí comenzamos a pensar. ¿Hay una sola noción de “nación” dentro de un mismo país si ella depende de los valores subjetivos? ¿Cuánto pesan los aprendizajes o los relatos de infancia suministrados a esos sujetos en distintos ámbitos? ¿Los paisajes compartidos, de los que nos hablan los autores, son solo geográficos o también imaginarios?

Respecto de nuestro período específico, nos hemos interrogado a su vez si existió alguna particularidad típicamente argentina respecto del modo de pensar y sentir el nacionalismo en las décadas de los sesenta y setenta. Para ello intentamos responder a una serie de preguntas que guiaron nuestro trabajo y los capítulos: ¿por qué un acto de reivindicación nacionalista sobre Malvinas, realizado con una buena dosis de violencia política por jóvenes peronistas, fue a la vez catalogado como “terrorista” y “heroico” por diferentes sectores sociales?; ¿qué potencialidad detentó el deporte, específicamente el fútbol en una competencia mundial en la Argentina bajo la dictadura, en cuanto práctica y espectáculo como factor de nacionalización?; ¿de qué forma se vivía y se sentía a la nación en un grupo de jóvenes católicos sesentistas que aspiraban a ser una juventud mejor para construir un mundo mejor?; ¿cuáles fueron y cómo se manifestaron las múltiples formas de encarnar la “defensa de la patria” aprendidas por los conscriptos en relación con la cultura material y simbólica que les fuera impuesta en el servicio militar obligatorio?; ¿de qué manera se manifestó la idea de luchar por la soberanía dentro de un grupo de soldados conscriptos, de cara a una inminente guerra con una nación vecina?; la creación de la materia Educación Democrática en la escuela secundaria argentina ¿significó una reinterpretación de la idea de nación de los sectores liberales, apelando a la idea de nación republicana, por encima del concepto más emocional de nación católica por el peronismo?; ¿podemos pensar en una ciencia nacional?; ¿cómo atravesó el nacionalismo los discursos y el imaginario colectivo sobre el desarrollo de los científicos argentinos de los sesenta y setenta? Finalmente, intentamos analizar con perspicacia para detectar que la relación personal con la nación generó un repertorio de emociones disímiles. Odio, amor, pasión, orgullo, resentimiento que cada uno tramitó a su modo en múltiples dimensiones de la vida diaria o a partir de participaciones definitivas o pasajeras en un partido político, una organización armada, una institución militar, eclesiástica, universitaria o deportiva, o incluso en un festejo local o en un acontecimiento de impacto nacional.

La compilación de los presentes trabajos se hace cargo de una nueva manera de mirar al nacionalismo a sabiendas de la profusa tradición historiográfica que han tenido y tienen los estudios en la Argentina y de la ambigüedad de un concepto “ubicuo”, que nomina tanto a las ideas o movimientos intelectuales, como a los grupos que las defienden, los nacionalistas. Desde ese lugar, intentamos sumar una perspectiva alternativa a quienes han revisado el tema desde las ideas, desde las trayectorias de los sujetos, o desde las redes que el nacionalismo articuló con el catolicismo, fascismo, anarquismo y también con el guevarismo (Navarro Gerassi, 1965; Barbero y Devoto, 1983; Buchrucker, 1987; Lvovich, 2001 y 2003; Devoto, 2002; Finchelstein, 2008, 2010 y 2016; Goebel, 2013; Mallimaci y Cuchetti, 2011). Incluso los científicos de corte liberal que aquí aparecerán son analizados bajo la lupa de defensores de la cuestión nacional, lo que matiza esta relación y vislumbra la tensión entre liberalismo y nacionalismo. Obviamente se han tomado en cuenta los trabajos de investigación que han relacionado de manera natural el campo de las derechas argentinas con las herencias nacionalistas (Bohoslavsky, 2006 y 2010).

Como hemos adelantado, los temas aquí planteados se asocian de modo muy natural al problema teórico que nos convoca: el del nacionalismo y las emociones sociales y políticas (Aschmann, 2014; Plamper, 2014). El estudio de los nacionalismos y las identidades nacionales es uno de los temas estrella en las historiografías europeas de los últimos años (Núñez Seixas, 2006, 2017 y 2018; Molina Aparicio, 2013; Quiroga, 2013; Billig, 2014; Giori, 2014 y 2017; Quiroga y Archilés, 2018). Luego de haber quedado subsumido en un prejuicio típico de la posguerra, asociando el estudio de los nacionalismos con el interés por los fascismos, este se convirtió en un tema olvidable para las sociedades. Hoy sabemos que son necesarios de ser comprendidos. Desde los años noventa en Europa, más quizás en algunas regiones como España, la perspectiva se ha renovado atendiendo a los mecanismos por medio de los cuales los individuos asumen sus procesos de identidades nacionales. Los trabajos incipientes que se enmarcan en una comunidad europea donde las segregaciones por regiones, los localismos, las patrias chicas, las etnias están en auge se orientan a revisar las facetas personales del nacionalismo y a explicar las apropiaciones que el individuo común hace de la nación.

Este enfoque del nacionalismo cotidiano o “desde abajo” se ha ido complejizando en los últimos tiempos. Al respecto, el libro compilado por Andreas Stynen, Maarten Ginderachter y Xosé M. Núñez Seixas (2020) lo analiza a partir de distintos casos anclados en esta temática que van desde la combinación de la razón y la emoción en las revoluciones hasta las prácticas silenciosas de la gente común en un pueblo rumano. De esta forma, un enfoque microanalítico, con documentos personales e inéditos en muchos casos, tiene

la ambición de mejorar nuestra comprensión de la dinámica entre las emociones y el nacionalismo. A través de un conjunto de estudios de casos diversos que provienen de varios contextos geográficos y utilizan una amplia gama de metodologías y fuentes, ofrece un enfoque multifacético que va más allá de las ordenadas dicotomías que han plagado los estudios de nacionalismo durante demasiado tiempo.

Es evidente que, visto el nacionalismo desde una perspectiva cotidiana y subjetiva, debería ser incluido en el marco del “giro afectivo” historiográfico. Este giro ha ganado terreno en los últimos veinte años, y gracias a él se puede explicar el papel que han jugado en la historia las pasiones, los fanatismos, las creencias profundas en las personas y los procesos de inoculación de valores patrióticos de los Estados, para comprender las decisiones y las elecciones políticas asumidas tanto por parte de quienes tuvieron su cuota de poder, como de los ciudadanos de a pie. Si bien los sentimientos de las sociedades pasadas no son objeto de estudios enteramente nuevos, si tomamos en cuenta una genealogía de historiadores como Huizinga (1930), Febvre (1937), Elias (1939), Aries (1980) o Chartier (1992), en la actualidad han resurgido con fuerza. Desde finales de los años noventa del siglo xx, pero sobre todo en la primera década del siglo xxi, los textos dedicados al estudio de la historia de las emociones se han multiplicado. Hoy en día las emociones sociales en el campo de las humanidades son producto de un período posestructural que intenta dar respuestas a los procesos históricos y sociales, no ya solo poniendo el eje en los sujetos, sino también en sus sentimientos y sus múltiples relaciones. Asimismo, aun cuando quede mucho camino por recorrer desde un punto de vista teórico para abordar este tipo de problemas, se ha llegado a algunos acuerdos generales: los sentimientos individuales se enmarcan siempre en un proceso colectivo, estos son construidos históricamente, las emociones sociales cambian según los contextos y promueven acciones que modifican la realidad (Stearns, 1985; Reddy, 2001; Rosenwein, 2006; Frevert et al., 2014). En nuestro país, este giro afectivo se tradujo en trabajos historiográficos (Bjerg, 2019) y en estudios de diferentes momentos históricos respecto de procesos sociales, culturales y políticos (Bartolucci, 2020; Peire, 2020) que habilitaron “distintos tipos de emociones” (Bjerg y Gayol, 2020).

En la Argentina, a lo largo del siglo xx y desde un punto de vista ideológico específicamente, el nacionalismo apareció una y otra vez como una opción política que canalizó ideas de reconquistar un paraíso perdido, hispanista a veces, criollo y tradicionalista otras, católico casi siempre. Si algo caracterizó al imaginario nacionalista y a quienes filiaron con él, fueron las sucesivas advertencias respecto del peligro que significaron para el país los factores externos. Peligros desde afuera cuyos ropajes cambiaron cada tanto –liberalismo, masonería, capitalismo, comunismo– en complicidad, siempre, con un enemigo interno que colaboraba con estos agentes y para quienes les sería negada una legitimidad que terminaría en masivas violaciones a los derechos humanos. Específicamente acerca del período que aquí tratamos, la Argentina posperonista se caracterizó por la percepción de un continuo sentimiento de refundación de la patria y la idea de que una revolución, en términos de inversión de la realidad, siempre estaba por concretarse.

Nuestros años en cuestión fueron atravesados por nacionalismos de militares y de católicos, de izquierdas, de derechas, territorialistas y belicistas que prosperaron en gobiernos democráticos, autoritarios o dictatoriales y se encarnaron en sujetos de todos los estratos sociales, quienes, a su vez, conformaron colectivos nacionalistas que se disputaron, más o menos violentamente, el derecho de ser los representantes de la “nación verdadera”. Ese modo de sentir generó a su vez un conjunto de prácticas propias de un patriotismo individual que, de modo inmejorable, Oscar Terán denominó como una “matriz nacionalista” que

fue retomada y crispada por los movimientos políticos hegemónicos, en el sentido en que cada uno de ellos se sintió encarnación de la totalidad, amenazando excluir de la nacionalidad y por ende de la ciudadanía, a quien no se incluyera en el mismo arco de lealtades” (Terán, 1999).

Incluso, la reivindicación nacionalista excedió todos los marcos ideológicos de derechas e izquierdas y fue parte del lenguaje y las representaciones políticas en las que abrevaron la mayoría de los grupos peronistas de aquellos años, pero también de los antiperonistas. De modo que derecha, izquierda, peronismo, antiperonismo son solo categorías operativas en la superficie de las identidades político partidarias, que terminarían de definir y en todo caso completarían el cuadro de los nacionalismos cotidianos que aquí intentamos mostrar. Es importante aclarar que la idea de matriz nacionalista nos convocó entonces a repensar diferentes clivajes que cruzaron la cultura política argentina y a ponerlos en sintonía con la cuestión nacional en general y en los sentimientos que proyectaron en diferentes sectores juveniles. Los capítulos que siguen son un intento de responder a una serie de cuestionamientos que en los últimos años nos hicimos en el marco del proyecto de investigación Emociones y nacionalismos. Subjetividades, experiencias y místicas patrióticas de la juventud entre 1955 y 1979, cuyos avances fueron presentados en el III Workshop “Historia de la Juventud. Nacionalismos cotidianos, emociones e identidades. Argentina 1955-1979” realizado en el Espacio Cultural “La Casa del Balcón” entre el 20 y el 21 de noviembre de 2019. Allí tuvimos la oportunidad de dialogar con especialistas en el tema, como también intercambiar ideas y opiniones con los comentaristas de cada bloque y el público presente. No queremos dejar de agradecer las perspicaces observaciones de José Bustamante Vismara, Juan Luis Besoky, Valeria Galván, María Liliana Da Orden, Mariana Pozzoni, Camillo Robertini, Celina Albornoz y de nuestro conferencista invitado, Xosé Manuel Núñez Seixas.

La obra se estructura en varios capítulos. En el primero de ellos, “El cóndor pasa una vez más. Antiguas causas nacionales en nuevos peronistas: Dardo Cabo y las Malvinas en 1966”, Mónica Bartolucci analiza la “Operación Cóndor”, el secuestro de un avión comercial un 28 de septiembre de 1966, cuya ruta original era desde Buenos Aires hasta Río Gallegos y que fue redirigido a punta de pistola hacia las Islas Malvinas por un grupo de militantes del Movimiento Nueva Argentina (MNA), una facción peronista surgida del Movimiento Nacionalista Tacuara. En especial, la autora atiende a los símbolos que se enarbolaron durante el operativo, las ayudas financieras a las que acudieron para concretar el plan y las repercusiones inmediatas que provocó ese hecho de violencia armada en la sociedad. El accionar del grupo Cóndor que quedó en la memoria histórica y militante como un hito de soberanía y rebelión es una guía para revisar el entretejido entre viejas tradiciones nacionalistas y nuevas causas revolucionarias sesentistas y la apelación de los organizadores al sentimiento respecto del irredentismo sobre el territorio de Malvinas, convertido para ese momento en un típico caso de nacionalismo desde abajo, cotidiano inoculado lentamente en la sensibilidad patriótica argentina, lo que desde los estudios sociológicos europeos se definió como “banal”.

Otro acontecimiento de carácter nacional suscitó el interés de Maylén Bolchinsky. En “El fútbol es una fiesta: nacionalismo cotidiano, juventud y dictadura en torno a la ceremonia inaugural del Mundial 78”, la autora revisa el acto de apertura del Campeonato Mundial de Fútbol Argentina 1978, organizado por el gobierno de facto (1976-1983). Partiendo del problema del nacionalismo y la adhesión al concepto de “patria” como construcciones culturales forjadas en el cruce de las prácticas y experiencias cotidianas, los discursos y las representaciones políticas, se entiende al fenómeno deportivo como un factor de nacionalización, que particularmente permite analizar el entramado juventud y dictadura. El despliegue de la ceremonia, asemejado con la celebración de una fiesta patria, puso en escena diferentes formas de representar a la nación, vinculadas al ideario militar que, en una interpretación simbólica, se “encarnaba” en los cuerpos juveniles. Desde otro ángulo, el suceso vinculado en su preparación a la vida escolar y a la educación física involucró un proceso formativo centrado en la corporalidad de los jóvenes y ligado a un sentimiento patriótico. No obstante, a nivel de las subjetividades de sus protagonistas, la participación en la ceremonia puso en juego diversos sentidos de pertenencia nacionales, atravesados por la política dictatorial tanto como por tradiciones culturales y deportivas, comportamientos sociales y simbologías patrióticas. Desde allí se muestra cómo a nivel personal la nación se interioriza también desde las prácticas corporales y se encuentra estrechamente vinculada al universo emocional de los sujetos.

Bettina Favero observa el problema no ya desde la perspectiva nacional, sino desde un acontecimiento repetido, un rito anual urbano en el marco de la ciudad de Mar del Plata. En “Prácticas nacionalistas cotidianas: los jóvenes del ‘Pequeño Mundo’. Mar del Plata, años sesenta”, Favero analiza, desde un espacio micro pero heterogéneo, las particularidades culturales y sociales de un sector juvenil marplatense vinculado a la Iglesia católica. El Oratorio Juvenil “Pequeño Mundo”, perteneciente a la Obra Don Orione de Mar del Plata, nació un 13 de mayo de 1961 bajo la guía del padre Pablo Marinacci y tuvo como lema “una juventud mejor por un mundo mejor”. Así, desde esta perspectiva fundacional, estudia esta agrupación a partir de la óptica de un proceso de nacionalización cultural y de nacionalismo cotidiano que tiene como centro la participación y el compromiso de estos jóvenes católicos. Específicamente, y a partir de un evento particular, observa cómo se experimentó la nación en torno a una manifestación que llegó a cobrar con el paso de los años dimensiones masivas: “La Caravana de la Primavera”. Un acontecimiento que ayudaba a la juventud “a ser honesta, sana, limpia, caritativa, trabajadora y noble, estructura vital y fortaleza de la patria y de la comunidad”.

El valor de la nación es revisado desde otra perspectiva, la de los sujetos o actores juveniles en un momento de compromiso con ella, los soldados de la patria. En ese sentido, en su trabajo “El nacionalismo en primer plano: el Operativo Soberanía (1978-1979) a través de las fotografías y los relatos de los soldados conscriptos”, Cristian Di Renzo articula en tres partes el conflicto Beagle y su situación en la década de 1970. Por un lado, retoma algunos conceptos básicos acerca de la construcción del conflicto y en cómo son reinterpretados a la luz del contexto setentista en Argentina. Por otro lado, trabaja sobre el operativo militar de movilización hacia diferentes puestos fronterizos y sobre los conceptos asociados a ella. Por último, analiza desde el campo de la historia de las emociones un corpus de cuarenta fotografías producidas por los propios soldados conscriptos entre octubre de 1978 y enero de 1979 que son acompañadas por testimonios orales de algunos de ellos.

Del mismo modo, Francisco Mosiewicki escribe “Empuñar la nación: armas, cultura material e instrucción militar obligatoria para la defensa de la patria. Buenos Aires, 1970-1976”, donde revisa las disposiciones emocionales conformadas entre los conscriptos del servicio militar obligatorio y las armas que debieron empuñar durante el tiempo que duró su experiencia de instrucción militar, a la luz de cuatro trayectorias recuperadas entre 1970 y 1976. Una multiplicidad de disposiciones emocionales se impone sobre esos sujetos a la hora de tomar un arma, desde la idea de la defensa de la patria, que le otorga un sentido instrumental, hasta la puja por la demostración de virilidad. El choque entre el universo civil y militar cambia, transforma la identidad de los sujetos que se ven obligados a manejar esas herramientas bélicas, muchas veces, sin haber tenido un previo encuentro con ellas.

Otro abordaje posible ha sido el de la inoculación que significó la educación como las políticas científicas en la construcción de un modelo de nación y en la adhesión al concepto de “patria” que se construyó en el cruce de los discursos y las representaciones políticas. Augusto Geraci, en “La legítima nación. Disputas curriculares entre ciudadanía, democracia y nación en la educación durante el posperonismo (1955-1973)”, se detiene en la organización de la asignatura dedicada a la formación ciudadana en aquellos años, Educación Democrática. Enmarcada en un período de crisis institucional recurrente de más largo aliento, de golpes de Estado, proscripciones y de un paulatino deterioro de normas democráticas, la asignatura intentó ser un espacio para la educación liberal, indispensable para reeducar en “la libertad” frente a la siempre latente opción “totalitaria”. Así, Geraci analiza dicha asignatura y sus contenidos en el nivel medio durante el período 1963-1966 a partir de los decretos presidenciales que le dieron inicio y fin, la conferencia de prensa y entrevistas radiales brindadas por la Comisión Honoraria creada para la creación de la asignatura, su diseño curricular, y los manuales usados por los estudiantes de la época propuesta.

Por su parte, Karina Bianculli aborda las relaciones que entre los conceptos de “ciencia” y “nación” se evidenciaron en un debate desplegado acerca de la definición de las políticas científico-tecnológicas entre fines de los años sesenta y principio de los setenta, en su capítulo denominado “Ciencia y nación: configuraciones científicas y pugnas políticas en torno a la definición de las políticas científico-tecnológicas de la Argentina (1966-1976)”. Bianculli retoma los estudios históricos sobre las políticas en ciencia y tecnología en la Argentina y analiza en profundidad las tensiones entre las configuraciones e instituciones científicas que representaron tradiciones, redes nacionales e internacionales de científicos y líneas de desarrollo e investigación que se vinculan con diferentes ideas de nación (como marco de las proyecciones del desarrollo económico, social y cultural de la Argentina de aquellos años). El debate es reconstruido a través del análisis de las revistas Ciencia e Investigación y Ciencia Nueva: dos foros que permiten visibilizar las tensiones y los actores en estas arenas que a un mismo tiempo son científicas, políticas y culturales.

El presente, dimensión temporal inescindible de nuestros oficios de historiadores, nos permite acercar una nota más sobre este tema. Contemporáneamente a la realización del workshop y su resultado en forma de compilación, se desarrollaron procesos de singular importancia a nuestro alrededor. Las calles y las plazas de Chile, Bolivia, Ecuador, por nombrar solo algunos casos urgentes de América Latina, se plagaron de jóvenes generaciones luchando por nuevos y mejores derechos, soportando la violencia represiva con cierto tono de orgullo, lo que en otro momento de nuestros paradigmas se hubiera definido como “modernización”, que actualmente se podría conceptualizar como una ampliación del horizonte de expectativas. En Argentina se cerraba una campaña electoral cargada de banderas celestes y blancas desde todas las tribunas, producto de un siempre presente sentimiento de mística patriótica, donde cada participante enarbolaba la insignia nacional en defensa de sus propios paisajes internos de nación, diferentes entre sí, acunados en los relatos de infancia, la escuela, el trabajo, los amigos, la universidad, las lecturas o las experiencias personales. También la humanidad sintió el dolor de una pandemia que transparentó oscilaciones entre actitudes en pos de un nacionalismo defensivo y una necesidad de colaboración internacionalista en las dirigencias y signos de pavor y miedo hacia el otro cercano, aún compatriota. Ofrecemos entonces estas reflexiones para colaborar en advertir sobre nuestros patriotismos escindidos y comprender el punto de mira desde los cuales cada uno de los protagonistas de esas manifestaciones está seguro de hablar por todos, está convencido de actuar en el nombre de la patria.

 

Mar del Plata,

septiembre de 2020

Bibliografía

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