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Reflexiones finales

Los coronavirus (CoV) son una gran familia de virus que causan enfermedades que van desde el resfriado común hasta aquellas más graves, que comprometen seriamente la salud. El 31 de diciembre de 2019, China notificó la detección de casos confirmados por laboratorio de una nueva infección por coronavirus (COVID-19) que, posteriormente, fueron comprobados también en varios países de distintos continentes. La evolución de este brote motivó la declaración de la OMS de una emergencia de salud pública de importancia internacional (ESPII). De esta manera, el 11 de marzo de 2020, el Director General de la Organización Mundial de la Salud, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, declaró el estado de pandemia. A partir de ese momento la vida de millones de personas en la mayor parte del mundo cambió de manera súbita e impensada.

Es probable que el brote del COVID-19 tenga, a largo plazo, un impacto en nuestro comportamiento y estilo de vida personal. Este documento tuvo como objetivo analizar las primeras semanas de aislamiento preventivo y distanciamiento social, la percepción de las relaciones en el barrio, el nuevo dimensionamiento del espacio y, principalmente, cómo comunidad e instituciones reaccionan, accionan, proponen, cambian, se adaptan en este contexto de emergencia sanitaria.

Estudiar el comportamiento social en el espacio colectivo, puede aportar evidencias de nuevas formas de interactuar, de participar y del uso de estos espacios. Entre los interrogantes que se plantean, se encuentra el rol que adquiere la dimensión virtual, como nuevo “lugar” de interacción entre las personas, ya sea en los servicios educativos y de salud, en la actividad comercial o para establecer otros canales de organización comunal, por mencionar algunos.

También la organización interna de la ciudad y la interacción con otras, probablemente, cambie. En la planificación urbana, se podrá prestar especial atención al diseño y a la funcionalidad del equipamiento colectivo, los acondicionamientos y usos del espacio verde y en la forma en la cual nos movilizamos, por traer aspectos a la discusión. En esta línea, es importante pensar en nuevas centralidades, dado que podrían fomentar vínculos comunales resignificados para acercarse con ese otro, el vecino, y recuperar la proximidad de las relaciones que plantea la vida barrial.

De esta manera, las diferentes dimensiones (política, social, económica, jurídica, virtual, entre las principales) que conforman el espacio público así como sus tipologías tradicionales (calle, vereda, plaza, parque, frente de agua) adquieren renovados significados a la luz de los acontecimientos, donde la planificación del espacio público, del espacio colectivo, incluyendo su dimensión virtual, cobran relevancia.

Queda claro que el espacio virtual no es el espacio físico, aunque no por ello deja de haber un intercambio sociocultural, con otros códigos y significados que enmarcan dicha interacción. Una de las preguntas que surge es respecto al tipo de espacio que propone/genera el mundo digital: ¿reproduce las desigualdades del espacio material? Si por espacio virtual entendemos el acceso a Internet podemos decir que, por sí solo, no es espacio público dado que el requisito es, precisamente, estar conectado, poder contar con un dispositivo y tener el conocimiento y acompañamiento necesarios para propiciar una experiencia positiva. Por lo que el desafío es poder garantizar condiciones de igualdad de oportunidades en el acceso a los recursos tecnológicos, a la información y al acompañamiento durante el uso de los entornos digitales, pero también en el acceso a los servicios básicos, en definitiva, a mejores condiciones en el hábitat. Si bien la conexión virtual queda reducida al reflejo de las desigualdades sociales, también produce nuevas e incipientes formas de organización social que tienden a la solidaridad y la co-producción cooperativa del espacio.

Precisamente, posibilitar el encuentro en este accionar colectivo y de articulación social se presenta como uno de los grandes desafíos actuales para enfrentar la nueva realidad emergente. La interacción social, la proximidad entre sujetos sociales diversos pero que traccionan hacia un objetivo común, ha sido un disparador para visualizar, también, las limitaciones en la conexión social multisectorial.

Finalmente y con el propósito de encauzar las acciones de participación de los nuevos actores sociales que protagonizan formas solidarias de actuación, se presenta el programa que denominamos “Apoyo a la red solidaria en la distribución de insumos” elaborado a partir de los resultados de la encuesta y bajo el paradigma de la gobernanza (Anexo I).



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