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4 La situación actual de las salas en Madrid

Modelo de negocio

Al entrevistar a los responsables de salas, las primeras preguntas pretendían definir el modelo de negocio que prima en el sector. A este respecto, todos los entrevistados han coincidido en definir la hostelería como la principal fuente de negocio. Ante esto, Raposo (Café La Palma y Ciudad Oasis) comenta que “no es cierto que no se gane, pero el margen de beneficio es más reducido en una sala de 150 personas” (entrevista personal, 10/05/2019). González (Café La Palma y Ciudad Oasis) complementa esta afirmación: “en clubbing no se cobra entrada y la entrada de los conciertos es para pagar el caché de los grupos y cubrir los gastos de técnico, mantenimiento, promoción, etc.” (entrevista personal, 10/05/2019). Por su parte, Torrego (Tempo Club) explica que al cobrar alquiler toda la taquilla es para los grupos y este sólo alcanza a sufragar los gastos propios del concierto (entrevista personal, 13/05/2019). “Te puedo reconocer, sin ambages, la supervivencia de vivir del régimen de alquiler. Un grupo tocando para 20 personas no es un modelo sostenible”, afirma Raposo.

Para Villar (El Sol y Siroco), “la noche [el clubbing que se extiende tras las actuaciones] es, de lejos y con mucha diferencia, la principal fuente de ingresos” (entrevista personal, 17/05/2019). De hecho, Villar comenta que una sala como Siroco, sólo con conciertos no sería viable, en El Sol sí tienen más peso económico debido a la capacidad. Por tanto, podemos afirmar la importancia de tener licencia de apertura durante toda la noche para una sala como Siroco. Algo con lo que no cuenta Tempo. “Tempo no tiene público de clubbing, lo pudo tener en el pasado cuando tenía licencia para abrir hasta las seis [de la mañana]”, explica Torrego.

Pese a que el modelo que prima es el alquiler, todos reconocen excepciones. “En el aniversario, por ejemplo, nos dejamos 10.000 euros en cachés. No creo que ninguna sala de este aforo en Madrid se los deje”, afirma Raposo (Café La Palma y Ciudad Oasis). Torrego (El Sótano y Tempo Club) también comenta que en Tempo Club se hace producción propia cuando hay marcas que ponen dinero de por medio o bandas. Desde Siroco y El Sol cada vez también se están haciendo más producciones propias (donde la sala corre con los gastos del concierto), especialmente en los meses de verano para poder competir con los festivales de música.

El modelo cambia completamente cuando nos vamos a las salas de la periferia. Según Gila (programador de la sala Rocka Sonora): “Para facilitar un poquito la actuación de las bandas, y que no tuviesen que pagar, pero para tener un mínimo asegurado en barra, lo que hacíamos era añadir una consumición obligatoria a la entrada” (entrevista personal, 16/05/2019). Sin embargo, la principal fuente de ingresos seguía siendo el bar del local. En el caso de Rocka, el programador comenta que no tenían el añadido de la discoteca, pero sí disponían de unos locales de ensayo para alquilar que eran la principal actividad este centro de música integral.

Todos los responsables de las salas concluyen que en las salas de aforo pequeño es insostenible depender de la taquilla. Respecto a esto, González (Café La Palma y Ciudad Oasis) afirma que “el modelo está anticuado”, esgrimiendo que antes eran las salas las que pagaban a los grupos, pero este modelo no fue cuidado por las bandas, que no tenían conciencia de que, detrás suyo, había gente arriesgando dinero.

Las salas dieron la vuelta a la tortilla y empezaron a cobrar alquiler. Pero ahora hay más oferta de salas, nuevos espacios… y los grupos ya no quieren tocar tanto. Cuesta llenar una programación continua que no se limite a viernes y sábado (González – Café la Palma y Ciudad Oasis).

Desde ACCES se reafirma lo dicho por las salas. Ruah, su director, señala que “en Madrid se alquila mucho, pero por sostenibilidad; porque es muy complicado estar pagando cachés fijos todos los días y que aquello sea sostenible” (entrevista personal, 15/05/2019). Para Olmedo (La Noche en Vivo), el alquiler de las bandas garantiza un mínimo:

No representa ni el 20 por ciento de lo que cuesta abrir la puerta de la sala […] es un gesto de responsabilidad de la gente que va a estar actuando, una forma de respeto a la sala para no hacerle un destrozo o quitarle el sitio a otra banda que se merecía más tocar” (entrevista personal, 16/05/2019). Olmedo confirma que el 70 por ciento de las salas de las asociaciones están bajo un alquiler, al ser estos más elevados que en el centro hace que las salas de las afueras se puedan permitir otro tipo de condiciones más beneficiosas para los artistas.

Respecto a la dependencia de la hostelería, desde La Noche en Vivo se informa que “la única forma de desligarse sería mediante ayudas como en Europa”.

La música en directo está unida a la hostelería, porque normalmente hablamos de salas de aforos pequeños […] Esa labor cultural que tenemos, donde los artistas dan sus primeros pasos, es muy difícil que se sustente por el precio que tiene el tener equipo técnico, trabajadores… y ahí tienes que depender de la venta hostelera (Olmedo – La Noche en Vivo).

Ruah (ACCES) comparte esta opinión y añade que depender de la hostelería “te crea un sello. […] Cuando ya dependes solo o mucho del alcohol, es una marca asociada a que ‘la gente bebe mucho’… pero esto es en todas partes”. ACCES está intentando luchar contra el estigma mediante actividades como el Open Doors Day, para que la gente que no suele ir a conciertos vea el trabajo que se realiza a diario en cualquier sala.

Ruah se refiere a las dificultades de crecimiento que tiene ACCES debido al cierre constante de salas por motivos de sostenibilidad y cansancio. “En Europa la música está protegida y apoyada, hay salas que no tienen ni bar”, sentencia.

Principales problemas legislativos

En las cuestiones relativas a los principales problemas legislativos, la ZPAE cobra gran protagonismo. Desde Café La Palma se denuncia que no poder abrir hasta las 6 de la mañana (porque no se conceden licencias) es su principal dificultad ya que “no es lo mismo abrir a las 7 de la tarde, cuando la gente está en las terrazas, que a las 2 de la mañana, cuando la gente está tomando copas”, afirma Raposo. Por el contrario, González (Café La Palma y Ciudad Oasis) comenta que los problemas legislativos no son diferentes a otros tipos de sectores (complicaciones, nuevas legislaciones, adaptaciones a la evolución de la ciudad). “Hace unos años Moby Dick o Caracol se consideraba que estaban apartadas, pero ahora ya no lo están psicológicamente hablando”, dice González. En esta cuestión, Torrego se muestra más combativo: “Ahora mismo prohíben abrir. De 2012 a 2017 no prohibían, pero ponían unas restricciones muy fuertes. No podías estar a algunos metros de un local similar, y meten como local similar una cafetería”.

Desde ACCES se traslada el problema a que: “El 90 por ciento de las salas de España, por lo menos en Madrid, son espacios que eran cualquier cosa y se han transformado en salas de conciertos. Eso para insonorizarlo en súper complicado”. Aunque Ruah reconoce “no estar al día con la ZPAE”, comenta que la licencia de “local patrimonio cultural de la ciudad” solucionaría este problema legislativo. El problema es que aún “no se termina de considerar a todos los espacios como culturales”, afirma Olmedo (La Noche en Vivo).

Martínez-Esteve (Tempo Club y Alive! Music Bar) afirma:

La ZPAE no es algo exclusivo de Madrid […] Es una normativa para regular el ruido, una normativa genérica que se aplica al ruido de tráfico, obras, restaurantes… incluye en ese saco a las salas dentro del régimen hostelero, es un punto delicado porque una sala no termina de ser un restaurante, es un espacio dónde se desarrolla cultura […] El problema con el que se encuentran las salas es que tienen una limitación horaria muy agresiva […] y actualmente no se pueden abrir, no se otorgan nuevas licencias y solo existe la posibilidad de recobrar salas que tengas estas licencias (entrevista personal, 18/05/2018).

En las salas ya establecidas, el problema se traslada a la convivencia con los vecinos y el ruido provocado por los asistentes a la sala que salen de la misma a fumar y a beber latas. “No hay una gestión por parte del Ayuntamiento y la Policía contra los lateros, que es el problema fundamental”, afirman desde la Sala Siroco. “Somos el escaparate y muchas veces viene la policía y, en lugar de ir a por los lateros, vienen a pedirnos los papeles a nosotros […] Nos encontramos con un problema de que se cierran salas, pero no se abren”, afirma Martínez-Esteve (Alive! Music Bar y Tempo Club).

La gente después del concierto sale a fumar y no la culpo porque prefiera tomarse una lata –explica– pero hacen ruido, levantan la voz… El Ayuntamiento de Madrid no pone ninguna regulación para intentar educar a la sociedad de que hay que hablar más bajo, que no puedes beber alcohol en la calle… (Martínez-Esteve – Alive! Music Bar y Tempo Club).

Olmedo (La Noche en Vivo) hace mención a la falta de crecimiento del parque de salas que refleja Martínez-Esteve (Alive! Music Bar y Tempo Club): “Creo que no está creciendo ese circuito. La normativa está imposibilitando que crezca este circuito porque la demanda yo creo que sería superior en muchas zonas de Madrid”.

En cualquier caso, el problema de convivencia con los vecinos también se aplica a las salas del extrarradio no afectadas por la ZPAE. Gila (Rocka Sonora) comenta que: “En ciertas zonas, como los vecinos no están acostumbrados, y la gente al salirse a fumar hace algo de ruido, era todo un poco problemático. Y al no ser rentable, se decidió que seguíamos sólo con los locales de ensayo”.

Olmedo (La Noche en Vivo) coincide con la idea de descentralizar el ocio nocturno del centro, pero “es un camino a medio plazo que hay que ir desarrollando”. Raposo (Café La Palma y Ciudad Oasis), por su parte, observa las mismas prisas del ayuntamiento de Madrid en la aplicación de otras normativas como Madrid Central, algo que Ruah (ACCES) califica como un “problema de mayor gravedad”.

En cualquier caso, todas las salas coinciden en dos aspectos. En primer lugar, la gran mayoría de las salas cumple con la legislación medioambiental de ruidos, aforo, seguridad, etc. Siendo la fuente del ruido la calle y no la sala. Y, en segundo lugar, apoyan al gobierno municipal en su intento de reducir la contaminación de la ciudad, pero entienden que la normativa necesita una aplicación de formas más paulatina y centrada en otros aspectos más contaminantes.

Para finalizar con este apartado, merece hacer referencia al caso de El Sótano. La sala, propiedad de Torrego, abrió sus puertas como “asociación privada” para sortear la ZPAE, pero al ser un proceder incorrecto se tuvo que cerrar. El cierre coincidió con el juicio de La Noche en Vivo contra el Ayuntamiento por la ZPAE: juicio que ganó la asociación en julio de 2017. Durante ese tiempo no hubo ZPAE y el propietario pidió la licencia de apertura. El Ayuntamiento de Madrid comunicó a Torrego que no reconocía la sentencia y, por tanto, no podía abrir. Torrego llevó esto a juicio y ganó. Actualmente, el Ayuntamiento ha recurrido y se espera la sentencia final (a fecha de noviembre de 2019). Una sentencia que puede modificar el devenir de esta normativa.

El problema del ruido

Las salas indican que los problemas de ruido contra los que luchan la ZPAE, se deben a la proliferación de los llamados lateros; los cuales también ejercen una gran competencia desleal sobre las salas.

Raposo (Café La Palma y Ciudad Oasis) comenta al respecto:

No es tanto la legislación como la desidia de la misma. En frente tenemos a un ciudadano pakistaní que vende latas. Para empezar, cuando abrió ese establecimiento tenía licencia de frutería y no de venta de alcohol…y vende alcohol hasta las mil. Entonces, eso es un problema para los vecinos. Pero tampoco hay que mirar hacia otro lado, el problema principal es del público, clientes y consumidores. Si está prohibido el botellón, que bebas una lata en la puerta de un garito no está bien hacerlo. Y, ya no sólo que intentes colar cosas, sino que vayas a fumarte un cigarro y te bebas la lata del chino y que luego entres a mear y bailar a la sala. Esto es un problema de todos. No es sostenible.

“Yo no soy partidario de legislar sino de educar. Es un tema educacional de todos. El público tiene que ser consciente que, si entra en un bar y no consume, al final, no va a haber sitio dónde hacer conciertos”, añade González (Café La Palma y Ciudad Oasis). La inacción en este aspecto también es reflejada en la opinión de Torrego (El Sótano y Tempo Club):

Mucha gente sale a la calle a fumar y beber, y habría que controlar mucho más eso por parte de la policía. Está bien que regulen que todo en la sala está bien, pero también si se ponen a poner multas a la gente que está bebiendo en la calle, a lo mejor, la gente dejaría de beber, o de chillar y de dar patadas al cubo de basura.

Indudablemente, la proliferación de lateros está relacionada con una importante pérdida del poder adquisitivo de gran parte del público más joven (el cual tienda a consumir latas de cerveza fuera de la sala para ahorrar dinero). En este sentido, Villar (El Sol y Siroco) comenta:

Hay que hacer una buena regeneración generacional porque si no la sala se muere. En ese sentido nosotros estamos muy atentos. Nosotros como programadores siempre tenemos la dualidad de querer tener una programación de calidad, por un lado, pero nunca puedes olvidar que es un negocio. Si te dedicas a programar solamente trap pues te vas a hundir, porque son chavales jóvenes que no consumen nada.

Además, Villar (El Sol y Siroco) añade:

Madrid es una ciudad culturalmente increíble […] y ahora se está apoyando con subvenciones. Pero el problema fundamental es la guerra que hay de los vecinos hacia los locales, cuando el problema no es de los locales. Tienes que luchar donde está el problema. El problema no es que tú tengas un local donde vendes cerveza dentro y la gente está dentro. Si no hay una lucha real contra las mafias chinas y de pakistaníes de lateros, pues tenemos un problema. Y al final, el problema es el de los vecinos para con los locales… porque saben que la policía no hace nada contra los lateros. Nosotros hacemos lo que podemos, pero no podemos decirle a la gente lo que tiene que hacer en la calle porque no podemos.

Gila (Rocka Sonora) también alude a un problema educacional, pero pone la clave del problema en los grupos: “No hay mucha cultura de música en vivo, por el problema que comentaba. Las bandas organizan conciertos menores por decirlo de alguna manera. Hay falta de consideración a salas como la nuestra, que curiosamente tenemos condiciones bastante favorables”.

Del mismo modo, desde las asociaciones de salas se esgrimen otra clase de problemas también notables. Ruah (ACCES) comenta que el principal problema ahora mismo son las condiciones de contratación laboral con los artistas:

El personal de sala está muy claro. Con los artistas el problema es más delicado. Evidentemente nosotros queremos respetar las condiciones dignas laborables de los músicos, pero si tú tienes que dar de alta a los músicos y te dicen que aquí mínimo tiene que cobrar cada músico 70 euros por barba, si son cinco son 350, más la Seguridad Social […] y vendes 15 tickets… lo puedes hacer un día, pero no lo puedes estar manteniendo. Hay que apoyar esa escena emergente, y esta escena hay que apoyarla o bien ayudando a las salas para que puedan cumplir con la normativa laboral o hacer una normativa laboral adecuada para que en función de los ingresos pagues la Seguridad Social.

Por su parte, Olmedo (La Noche en Vivo) también aboga por una necesaria adaptación y unificación de la normativa de las distintas administraciones.

Finalmente, desde las asociaciones se nombra a la proliferación de los festivales urbanos al aire libre como un problema para el parque de salas de la ciudad, sin embargo, Olmedo (La Noche en Vivo) apunta que: “Se puede llegar a una fórmula partida, trabajando para promocionar las dos cosas. Yo creo que es algo que se está desarrollando”.

Aspectos positivos

Pese a estos problemas señalados, la mayor parte de los entrevistados opina que la situación en la ciudad de Madrid es buena, especialmente sí se compara con el resto de las ciudades españolas.

Raposo (Café La Palma y Ciudad Oasis) comenta que: “Habiendo pasado por tres épocas, he de decir que la crisis se notó mucho […] Ahora se está empezando a remontar, pero con mucho esfuerzo porque la competencia es muy fuerte”. Su compañero González (Café La Palma y Ciudad Oasis) comenta que: “Madrid tiene los problemas de ser la ciudad más grande de España. Hay mucha gente, y, por tanto, más oferta y gente en contra”. Además, Raposo apunta a una falta de profesionalización en otras ciudades: “Una sala en Vitoria de 300 personas… yo les hablaba de cosas y no se enteraba de nada, ya no de grupos sino de subvenciones”.

Villar (El Sol y Siroco) tiene una opinión similar: “Hemos pasado una crisis terrorífica que se ha notado […] De un tiempo a esta parte las cosas han mejorado. Sobre todo, desde el año pasado y esta temporada hay mucha demanda de la sala”. Villar opina:

Sí que sé que en muchas ciudades hay mucho movimiento, y que es diferente el norte que el sur y en el Levante. En Madrid hay muchísima escena y muchísimas salas, cada vez más […] Cada banda de cada ciudad tiene su circuitillo, lo complicado es montarte una gira por España y no palmar. Eso no tiene mucha solución, hay cosas como GPS [Girando Por Salas] y como AIE [Artistas, Intérpretes y Ejecutantes] que ayudan un poquito, pero es para bandas muy contadas.

Martínez-Esteve (Alive! Music Bar y Tempo Club) comparte opiniones similares, apuntando: “No hay comparación, las bandas que puede haber en otras ciudades no es comparable con la cantidad de oportunidades y el circuito de salas y los contactos”.

Olmedo (La Noche en Vivo) lanza algunos datos positivos: “Yo creo que es un sector muy profesionalizado, hay un número consolidado de 50 salas en Madrid haciendo música en directo y con una amplia trayectoria”. Para Olmedo:Estamos mejor que nunca, tanto desde la oferta en cuanto a número de salas, como desde la oferta de la red que se ha creado en torno a La Noche en Vivo de profesionalización y unión del sector. Ahora mismo, somos un ejemplo para cualquier ciudad. Llevamos 20 años de asociación, a ese nivel podemos sacar pecho por Madrid como una ciudad referente en la asociación de salas de música en directo”.

Ruah (ACCES) denuncia que “Barcelona siempre ha tenido autoridades culturales en el Ministerio bastante más sensibles que las de Madrid en lo que respecta a las salas […] llevan un poquito de ventaja”.

Torrego (El Sótano y Tempo Club) expresa la opinión más dura sobre la ciudad: “En Madrid se quieren cargar directamente las salas de conciertos. En ciudades tipo Ámsterdam, Berlín o Londres hay modelos mejores. Hay alcaldes de la noche que ayudan a regular”.

Respecto a la sostenibilidad de las salas alejadas del centro, Gila (Rocka Sonora) es claro: “Depende de muchos factos, de los costes que tengas, del tiempo que lleves…”. Y como ejemplo pone a la sala de Carabanchel Gruta 77. Pero, destaca el bajo apoyo de las instituciones, “lo que había eran problemas de todo tipo”.

La situación de profesionalización actual del sector se debe, en gran parte, al trabajo realizado por las asociaciones de salas estatales y locales. ACCES lleva 13 años realizando un amplio trabajo, que se ve reflejado en proyectos de circuitos como Girando Por Salas (GPS) o en el impulso de una plataforma europea de salas de música en vivo como es Live DMA. Además de esto, la relación con otras entidades, como la asociación de salas de Cataluña (ADDAC), Kultura Live (un ente similar del País Vasco) o La Noche en Vivo (asociación de Madrid que se independizó de la asociación estatal), es continua y fructífera. Por medio de la asociación, las salas han encontrado una voz importante en el Consejo Estatal de la Cultura (INAEM), ganando una importante visibilidad y poder. Ruah apunta: “Nos reunimos una o dos veces al año como mínimo, 70 u 80 personas que trabajan en salas de música en directo de cada extremo, se sientan y ven que tienen una problemática complicada… la comunicación es constante, es muy importante la comunicación entre Comunidades Autónomas”. Olmedo (La Noche en Vivo) presenta una opinión similar:

Cuando surgimos había mucha rivalidad y eso se entendía como competencia y, ahora mismo, se toma de otra manera. La profesionalización lleva, también, a estar pendiente de muchas cosas; y esas cosas de tu día a día en el trabajo de una sala, te lo da lo que estás hablando con tus compañeros. Por la parte de las relaciones institucionales, está claro que la fuerza que da un colectivo, y la representatividad, no te la da ir individualmente.

Desde ambas asociaciones se han lanzado proyectos realmente interesantes para el sector. ACCES ha sido impulsor de la Plataforma Estatal por la Música (PLAM), una entidad que une a todos los agentes del sector para intentar cambiar los encorsetados modelos de contratación de la ley actual. Por parte de La Noche en Vivo, se ha impulsado un censo de locales “histórico culturales” que ayuda a proteger a las salas que reúnen ciertas características de antigüedad y programación constante.

Todas las salas indican que estamos ante pequeños y medianos negocios, con plantillas de trabajadores que van desde los seis (Rocka Sonora) hasta los 30 trabajadores (El Sol), y que merecen y necesitan ser protegidos y respetados. Para ello, durante las entrevistas se lanzaron diferentes soluciones de mejora para el sector por parte de las salas y de las asociaciones.

Entrando en materia de soluciones, todas las personas apelan a la responsabilidad común de todos los agentes del sector. Raposo (Café La Palma y Ciudad Oasis) afirma:

Ya se está multando a la gente que bebe en la calle y se está intentando respetar el descanso de los vecinos. Se dan subvenciones a grupos, salas y promotoras… Se trata de currárselo y dar con la tecla. Yo no soy partidario de legislar, sino de apelar a la responsabilidad individual de cada uno.

También comenta que la sala ha ampliado la carta para adaptarse a los nuevos públicos. González (Café La Palma y Ciudad Oasis) centra más las soluciones en los propios grupos: “El grupo de música también tiene que ser consciente que no puede dar 18 conciertos en un mes porque hay que ser realista. Entonces, hay que ser coherentes con lo que uno es y con lo que uno hace”.

Torrego (El Sótano y Tempo Club) menciona la necesidad de contar con “alcaldes de la noche”. Y comenta que “en casi todas las salas de Madrid los conciertos están para cubrir gastos y para hacerse un nombre como sala, [pero] dónde está el dinero realmente es en la noche [clubbing]”.

Desde ACCES se reclama una formación general en el sector “para reconocer las profesiones que existen en el sector”. Ruah apunta que: “La gente se hizo su profesión sobre la marcha, no estaría mal definir todas las profesiones que existen en el sector. También, en un momento dado crear módulos y estudios específicos”. Ruah también se refiere a la importancia de crear circuitos autonómicos y que el INAEM (Ministerio de Cultura) destine subvenciones a los espacios de música en directo con programación estable.

Gila (Rocka Sonora) muestra la necesidad de cambiar y relajar algunas cosas por parte de la administración para facilitar las cosas. Además, “lo que debería hacer la gente es ir menos por libre, porque si entre los grupos y toda la gente de la escena que haya se cuidara un poco más pues funcionaría mejor”. Martínez-Esteve (Alive! Music Bar y Tempo Club) comparte esta opinión afirmando que:

Todo el mundo tiene que apostar por educar, porque así enseñamos que hay que respetar a los vecinos, enseñamos a que un artista no haga perder el tiempo a una sala, enseñamos a que el público viene a ver a un artista profesional y viene con una educación musical […] La manera de hacerles presión no es salir a la calle y hacer una manifestación o reivindicarnos a través de las redes sociales, es crear tú el cambio. ¿Quieres hacerlo tú? Hazlo tú.



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