Otras publicaciones:

9789871867844_frontcover

9789877230956_frontcover1

Otras publicaciones:

9789877230048-frontcover

9789877230406-frontcover

6 Resultados I. Análisis cuantitativo

A continuación se presentan los resultados obtenidos mediante análisis cuantitativos descriptivos, organizados conforme con la secuencia de categorías del Código de Observación, a saber: generalidades, gestos, vocalizaciones (unidades no verbales, ininteligibles y verbales), composiciones y funciones comunicativas, con excepción de un apartado de comparación intermodal de gesto-vocalizaciones (deícticos, representacionales, funcionales, expresivos, otros y dudosos), interpuesto entre el análisis de vocalizaciones y el de composiciones.

1. Generalidades

La Tabla 1 despliega la frecuencia de las intervenciones con gesto y/o vocalización según sean signos puros o en composición, contabilizadas durante el período observado. Se puede apreciar un neto predominio de las intervenciones realizadas sólo con elementos puros (gestos o vocalizaciones aisladas) por encima de las intervenciones con composición. Entre uno y otro tipo de intervención encontramos una diferencia de frecuencias del 56,3 % en la sesión 1, del 25,4 % en la sesión 8 y del 20,6 % en la sesión 15, lo cual revela que, aunque la diferencia se mantenga (diferencia promedio del 33,8 %), la misma se reduce en favor de un aumento de la tasa de composiciones, dato coherente con la expectativa de un aprendizaje normal del lenguaje, dado que éste necesita de composiciones para devenir gramatical. Pese a este incremento, las composiciones (gesto-gesto, gesto-vocalización, vocalización-vocalización) nunca llegan a superar las intervenciones de un solo elemento.

La Tabla 2 presenta los datos que permiten comparar el comportamiento general de gestos y vocalizaciones por separado, distinguiendo gestos puros y en composición. La frecuencia de vocalizaciones (totales, puras y en composición con gesto o vocalización) es superior a la de gestos (totales, puros y en composición con gesto o vocalización) a lo largo de todo el período. Esto señala una preferencia general por la modalidad oral en las intervenciones de cada sesión.

Tabla 1.[1] Frecuencia de intervenciones con elementos puros (gestos o vocalizaciones) y composiciones según sesiones

1 ajustada cap. 6

Se identificó una correlación positiva entre los gestos totales y las vocalizaciones totales (rs (14) = ,554; p< ,05). Esto permite ver que los comportamientos de las dos modalidades, fuera tanto del predominio de expresión oral como de las alternativas con que el gesto y la palabra se realizan (puros o en composición), ambos tipos de signo guardan cierta proporción en las frecuencias de uso, y que el aumento de signos orales no sucede a expensas de signos gestuales. La comunicatividad oral del niño se comporta de manera acorde con la comunicatividad gestual. Es como si en la predisposición a interactuar utilizara ambos recursos, con una marcada preferencia por la oralidad, pero sin disminución de las opciones que le ofrece la gestualidad.

No se hallaron correlaciones estadísticamente significativas entre las variables puras de gestos y de vocalización, ni tampoco entre las variables composicionales de uno y otro tipo sígnico, lo que señala que en cada sesión las circunstancias determinan aleatoriamente la frecuencia de las posibilidades comunicativas tanto para las intervenciones de un solo elemento como para las intervenciones de elementos combinados.

Los gestos integrados en composiciones constituyen 85,2 % del total de gestos. El promedio de frecuencias de los gestos en composición, en las 15 sesiones, es del 62,2 % mayor que el promedio de las frecuencias de los gestos puros, dato que ilustra la preferencia por la utilización de gestos integrados en composiciones y que se condice con otros estudios semejantes (Andrén, 2010). Hacia la segunda mitad del período es posible advertir un leve incremento de los gestos puros, que a partir de la sesión 8 tienen invariablemente una frecuencia superior a los dos dígitos y en tres ocasiones (sesiones 10, 13 y 14) superior a 20.

Con las vocalizaciones sucede lo opuesto. Para ellas se observa (Tabla 2) un neto predominio de las intervenciones puras por sobre las de las vocalizaciones integradas en composiciones. La relación sólo se invierte en la última sesión, donde las vocalizaciones en composición, tras obtener en las sesiones 12, 13 y 14 frecuencias semejantes a las de las vocalizaciones puras, logran ponerse por encima (sesión 15) en proporción de 246 a 170. Este dato se compadece con el curso esperable de la adquisición del lenguaje.

La comparación entre gestos integrados en composiciones y vocalizaciones integradas en composiciones revela también una diferencia en el promedio de frecuencias de 95,5 signos producidos favorable a éstas. Hacia la segunda mitad del período la diferencia de valores se agudiza y las vocalizaciones-composición superan las 100 en la mayoría de estas sesiones (excepto en las sesiones 10 y 11).

La frecuencia superior de las vocalizaciones totales a lo largo de todo el estudio habla de una neta predilección por la modalidad oral, lo que es posible conciliar con el hecho de que ella es la primera opción con la que el niño manifiesta sus estados de emoción y de necesidad. Se puede ver también cómo las vocalizaciones superan incluso a las intervenciones totales (Tabla 1), prueba de que, en promedio, hay por intervención más de una vocalización. La superior frecuencia de las vocalizaciones respecto de las intervenciones por sesión se hace evidente ya en la sesión 1 y va consolidándose a medida que progresa la investigación, en particular desde la sesión 12.

2. Gestos

En la Tabla 3 puede apreciarse que los gestos denotativos (deícticos y representacionales) poseen la mayor frecuencia durante de todo el período, de mayor diferencia en el comienzo, hacia el final (sesiones 12–15) en un grado menor, y en las sesiones 12 y 13 con exactamente la misma frecuencia de los gestos funcionales (conectivos, negativos y afirmativos). En tercer lugar están los gestos expresivos, luego los gestos-otros (expresión facial gesticulada comunicativamente), y por último los gestos dudosos, con frecuencia cero.

Tabla 3. Frecuencia de los tipos de gesto según sesiones

tabla-31_c

Ref.: T/totales.

Se identificó una correlación negativa estadísticamente significativa entre gestos denotativos y funcionales (rs (14)= –,544; p< ,05). La frecuencia de los primeros decrece cuando aumenta la de los segundos. El paralelo incremento de palabras denotativas (sección 3.2), que pasan de una frecuencia de 165 a casi duplicar este valor, permite pensar que hay un relevo desde la modalidad oral sobre aquellos gestos con la misma valencia semántica. Ello sugiere que los gestos funcionales crecen sobre los denotativos porque la función denotativa comienza a ser explotada, de forma creciente, por signos-palabra.

Asimismo, una correlación de tipo positivo estadísticamente significativa se identificó entre gestos funcionales y palabras denotativas (rs (14)= ,613; p< ,05 –para datos sobre palabras denotativas, cfr. Tabla 8–). Dado que los gestos de tipo conectivo contabilizaron 1 en su totalidad, la frecuencia de los gestos funcionales sólo corresponde a los gestos afirmativos y los negativos. La correlación indicaría por tanto que la producción de estos dos tipos crece junto con la de las verbalizaciones para referir. Pese a que Bruno expresa verbalmente tanto afirmaciones como negaciones durante todo el período (cfr. Tabla 11), ya sea para informar, ya sea para aceptar o rechazar –usos informativo y actitudinal–, cabe pensar que el aumento de la frecuencia de signos orales para referir, acompañado normalmente del aumento de palabras-tipo, ha delegado sobre la modalidad gestual las comisiones de afirmar-negar. Esta distribución de utilidades podría despejar recursos cognitivos al progreso de comunicación verbal, la que debe afrontar el reto de ligar dos o más signos y alistarse para el ulterior arribo de las reglas de articulación.

En la tabla 4 pueden apreciarse las frecuencias del gesto denotativo (deícticos y representacionales), según ha sido destacado el grupo de signos gestuales de mayor frecuencia durante todo el período. No se han hallado aquí correlaciones.

Tabla 4. Frecuencia de gestos deícticos y representacionales según sesiones

tabla-42_c

Ref.: T/totales.

En relación con los distintos gestos funcionales, la Tabla 5 informa las frecuencias:

Tabla 5. Frecuencia de gestos funcionales según sesiones

tabla-51_c

Ref.: T/totales.

Se identificó una correlación negativa estadísticamente significativa entre gestos denotativos y el subtipo de los gestos negativos (rs (14)= –,552; p< ,05), pero ninguna correlación entre gestos denotativos y el subtipo de gestos afirmativos. El resultado parece fortuito, porque nada lleva a suponer un vínculo particular entre el uso de gestos de negar y referir.

La Tabla 6 informa las frecuencias de los diferentes gestos expresivos:

Tabla 6. Frecuencia de los gestos expresivos según sesiones

tabla-61_c

Ref.: T/totales; p.d./propiamente dichos.

Se puede apreciar una distribución aleatoria entre los dos subtipos.

3. Vocalizaciones

3.1. Vocalizaciones en general

Como vocalizaciones fueron contabilizadas las UFC (unidades fonocomunicativas) correspondientes a las vocalizaciones no verbales (interjecciones expresivas y vocalizaciones propiamente dichas), las vocalizaciones verbales y las ininteligibles. Como puede observarse en la Tabla 7, la frecuencia de las vocalizaciones no verbales es siempre inferior a la de las verbales, y la diferencia entre ambas se va pronunciando con cada sesión de acuerdo con lo esperable. Las vocalizaciones ininteligibles se mantienen con frecuencia relativamente estable, con un ligero incremento a partir de la sesión 8 y con un pico en la sesión 14. El crecimiento del vocabulario y el de la locuacidad (palabras-tipo y palabras-caso) no inciden al parecer sobre la tasa de unidades ininteligibles. Razonablemente puede suponerse que, a esta altura, el niño continúa ensayando con grupos fonémicos y fonotácticos que aún no domina. En algún momento de su desarrollo los problemas de modulación, fuente de las dicciones ininteligibles, deben desaparecer.

Tabla 7. Frecuencia de las vocalizaciones en general (UFC) según sesiones

tabla-7_c

Ref.: T/totales.

En cuanto a las vocalizaciones no verbales (las interjecciones expresivas y las vocalizaciones propiamente dichas), la Tabla 8 muestra las frecuencias alternantes de cada sesión, mostrando que ninguna de estas dos variables de la oralidad extraverbal prima en la preferencia de uso.

Tabla 8. Frecuencia de las vocalizaciones no verbales según sesiones

tabla-8_c

Ref.: T/totales; p.d./propiamente dichas.

3.2. Palabras

Los tipos de palabra, conforme con el criterio de las valencias semánticas (cap. 5 sección 4.1), exhiben en la Tabla 9 cómo las denotativas (deícticas y representacionales) poseen la mayor frecuencia durante todo el período, secundadas por las funcionales. Las palabras expresivas, en tercer lugar, aumentan su frecuencia a partir de la sesión 11. Las palabras-otras (artículos, preposiciones, amalgamas) son de aparición muy limitada. La categoría de palabras dudosas supera a las dos últimas clases mencionadas.

Tabla 9. Frecuencia de tipos de palabras según sesiones

tabla-9_c

Ref.: T/totales.

Ninguna correlación pudo identificarse entre las clases de palabra. Se encontró sin embargo que las palabras denotativas correlacionaron positivamente con las vocalizaciones ininteligibles (rs (14)= ,554; p< ,05), lo que sugiere que el uso creciente de signos verbales para referir va de la mano con nuevos fracasos de modulación (presumiblemente, de palabras nuevas). La mayor locuacidad del sujeto se traduce en mayor número de expresiones correctas e incorrectas (al nivel de la incomprensibilidad). Por otro lado, se encontró que las palabras denotativas correlacionaban con el showing (rs (14)= ,551; p<,05), ambos tipos semióticos utilizados para referir.

3.2.1. Palabras denotativas

La Tabla 10 muestra las frecuencias de las palabras denotativas, subdivididas entre palabras deícticas y palabras representacionales, a su vez subdivididas según los subtipos señalados en el Código de Observación:

Tabla 10. Frecuencia de las palabras denotativas (deícticas y representacionales) según sesiones

tabla-10_c

Ref.: Pal./palabra; Pron./pronombre; Demostr./demostrativo; Represent./representacional; Sust./sustantivo; Adv./adverbio; T/totales; en gris, categorías mayores.

A partir de la sesión 12 se produce un incremento de las palabras representacionales respecto de las deícticas. Dicha tendencia resulta esperable de acuerdo con que el lenguaje va ganando progresivamente independencia de la inmediatez de los objetos y las situaciones señalables (por gesto o palabra) y proyectándose a terrenos contrafácticos a partir de poder nombrar distintas situaciones de tipo virtual. En particular, la mayor frecuencia de palabras nominativas (sustantivos comunes o propios) permite entender que Bruno elige la alusión categorial o el nombre apelativo por encima de la significación deíctica, que utiliza signos de menor especificidad. La independencia respecto de situaciones inmediatas fuerza al niño a hablar de las distintas cosas empleando sus nombres.

Dentro de la categoría de las palabras representacionales, encontramos una distribución evolutiva de las siguientes características: se observa un aumento paulatino (y esperable) en la frecuencia de adjetivos, nombres propios y verbos (para estos últimos, con una merma notable en las sesiones 9-11); hay asimismo una relativa disminución de la frecuencia de onomatopeyas a partir de la sesión 8, con un repunte hacia el final de las sesiones (lo que impide suponer algún reemplazo por palabras léxicas).

Se identificó también una correlación positiva estadísticamente significativa entre verbos y adverbios-otros (rs (14)=,653; p<,01), lo cual puede comprenderse porque estos segundos son los modificadores naturales del signo verbal. El uso de verbos (y la creciente disponibilidad de recursos mentales para la tramitación de signos) invita al sujeto a acompañar adverbialmente la expresión lingüística de las acciones.

3.2.2. Palabras funcionales

La frecuencia de las palabras funcionales se presenta en la Tabla 11:

Tabla 11. Frecuencia de los tipos de palabras funcionales según sesiones

tabla-111_c

Ref.: T/totales.

Si bien las palabras conectivas desempeñan un papel central en el proceso de la gramaticalización, su presencia resultó notoriamente exigua durante todo este estudio (las marcas morfosintácticas en Bruno fueron fundamentalmente ejemplos de flexión, no de unidades coordinantes o subordinantes). Por defecto, son los adverbios de afirmación y negación los que han posicionado esta categoría inmediatamente bajo la de las palabras de tipo denotativo. La frecuencia de las palabras afirmativas se eleva en modo sensible a partir de la sesión 8, superando desde allí, en algunos casos, la frecuencia de las palabras negativas.

3.2.3. Palabras expresivas

La Tabla 12 informa la frecuencia de las palabras expresivas[2]:

Tabla 12. Frecuencia de los tipos de palabras expresivas según sesiones

tabla-12_c

Ref.: T/totales.

La frecuencia de palabras expresivas no permite sino señalar que aumentan solamente por el número de las interjecciones impropias (interjecciones de palabra o frase) a partir de la sesión 11, sin incidencia de los determinantes interrogativos o exclamativos.

3.2.4. Palabras-otras y palabras dudosas

La frecuencia de las palabras-otras y las palabras dudosas se encuentra en la Tabla 9 supra. Las palabras-otras son escasas; las dudosas, al contrario, de frecuencia considerable, lo que habla de imprecisión modulatoria (casos [a] del Código de Observación) y de equivocidad pragmática que, en ocasiones, afecta a los términos usados por el niño (casos [b]). Las palabras dudosas aumentan con el avance de las sesiones y de acuerdo con el incremento de las vocalizaciones, permitiendo suponer que la modalidad oral aumenta su frecuencia de manera general tanto en los casos de expresión lograda como en los de una realización fallida.

4. Comparación intermodal de las frecuencias de uso según valencias semánticas

Tomando en conjunto ambas modalidades oral y gestual en virtud del parámetro de valencias semióticas (unidades denotativas deícticas y referenciales, funcionales, expresivas y otras), se vuelve posible comparar cómo el sujeto se vale de una y de otra para cada utilidad. Ello podría indicar si en algún caso los progresos comunicativos se encuentran sesgados por alguna relación entre modalidad y valencia semántica.

4.1. Signos denotativos

4.1.1. Signos deícticos

La Tabla 13 exhibe las frecuencias comparadas intermodalmente para gestos deícticos y palabras deícticas:

Tabla 13. Comparación intermodal de las frecuencias de signos deícticos según sesiones

tabla-13_c

Ref.: T/totales.

Puede apreciarse cómo, la mayor parte del tiempo, la palabra deíctica aventaja en su frecuencia al gesto de la misma clase –salvo en las sesiones 2, 4 y 6–. La diferencia crece entre las sesiones 8 y 15, confiriendo a la palabra una frecuencia que a veces duplica la del gesto. Los deícticos gestuales son la forma inaugural de la significación extensional, previa a la aparición de los referidores deícticos verbales, pero desde el comienzo del período de dos palabras son, para el niño en cuestión, menos utilizados que las palabras del mismo tipo. La cantidad de deícticos gestuales se reduce a partir de la sesión 8 (en adelante siempre por debajo del valor 60) de forma compensatoria con la consolidación de los deícticos-palabra.

4.1.2. Signos representacionales

La Tabla 14 exhibe las frecuencias comparadas intermodalmente para gestos y palabras representacionales:

Tabla 14. Comparación intermodal de las frecuencias de signos representacionales
según sesiones

tabla-14_c

Ref.: T/totales.

La disparidad entre gesto y palabra de este tipo se mantiene a lo largo de toda la investigación, con neta superioridad de los signos orales. En las sesiones 10 y 11 se da la menor distancia entre las dos modalidades, con una frecuencia superior al 80 % de palabras sobre gestos realizados. En la última sesión, la frecuencia de gestos se reduce a 0.

4.2. Signos funcionales

La Tabla 15 exhibe las frecuencias comparadas intermodalmente para gestos y palabras funcionales:

Tabla 15. Comparación intermodal de las frecuencias de signos funcionales según sesiones

tabla-15_c

Ref.: T/totales.

También para gestos funcionales (elementos comunicativos no referenciales ni expresivos) se observa mayor frecuencia en la modalidad oral por sobre la gestual. Bruno suele afirmar/negar con ‘sí’, ‘ahá’ y con ‘no’ en mucha mayor frecuencia que con gestos de cabeza o manos. Si bien en las sesiones 3, 10, 14 y 15 la cantidad de palabras y gestos se aproxima, la diferencia entre unas y otras se mantiene durante el total de la investigación siempre a favor de las primeras.

4.3. Signos expresivos

La Tabla 16 exhibe las frecuencias comparadas intermodalmente para gestos expresivos y palabras expresivas:

Tabla 16. Comparación intermodal de las frecuencias de signos expresivos según sesiones

tabla-16_c

Ref.: T/totales.

Para el comportamiento de elementos inequívocamente emocionales, fueron comparados gestos expresivos no sólo con las palabras expresivas (según consta en nuestro Código de Observación: interjecciones impropias y determinantes interrogativos y exclamativos –estos dos últimos con frecuencia de 0– supra Tabla 7), sino además con el total de las UFC expresivas, esto es incluyendo interjecciones propias o expresivas. Las unidades expresivas de tipo verbal no dan la verdadera dimensión de la emotividad oral y, con ello, la idea directriz de comparar modalidades sería inconducente. Al proceder de esta manera, se puede observar que la expresividad oral es importante, con frecuencia incluso superior a la del gesto de la misma clase, el que supera por su lado a las meras palabras expresivas.

4.4. Signos-otros y dudosos

La Tabla 17 exhibe las frecuencias comparadas intermodalmente para gestos-otros y palabras-otras:

Tabla 17. Comparación intermodal de las frecuencias de signos-otros según sesiones

tabla-17_c

Ref.: T/totales.

Como unidades semánticas de tipo ‘otro’ se ha considerado, por el lado de las palabras, cualquier unidad verbal de palabra fuera de las clases previamente individualizadas, a saber, las amalgamas y demás palabras con presencia todavía minoritaria: artículos, preposiciones, etc.; los gestos-otros, como se ha indicado en el Código de Observación, representan los casos de comunicación no oral que caen por fuera de los tipos habituales, comprendiendo sobre todo expresiones faciales realizadas para un interlocutor. La frecuencia total de gestos-otros es superior a la correspondiente de palabras-otras, pero comienzan a imponerse hacia la sesión 11 (excepción: sesión 14).

La Tabla 18 exhibe las frecuencias comparadas intermodalmente para gestos dudosos y palabras dudosas:

Tabla 18. Comparación intermodal de las frecuencias de signos dudosos según sesiones

tabla-18_c

Ref.: T/totales.

La comparación entre signos dudosos ofrece un panorama diferente al de los signos-otros, más afín al de todos los otros campos de comparación intermodal. Aquí no hubo registro de ninguna gesticulación, mientras que la palabra hizo acto de presencia en todas las sesiones observadas, (reconocible en su rol de palabra aunque sin posibilidad de decidir si era palabra tal o cual, si empleó sustantivo o adjetivo o algún otro tipo. Este resultado revela que mientras la morfología del gesto goza de elevada precisión, y por lo tanto su frecuencia es aquí 0; la de la palabra, que debe abordar un rico elenco de combinaciones (fonémicas y fonotácticas, por su parte integradas en voces completas) y que –para hacerlo– necesita una modulación sofisticada, se muestra a la zaga y todavía en proceso de pulido.

De una manera general puede afirmarse, para toda esta sección de comparaciones intermodales, que hay una preferencia neta por la oralidad, con la excepción de la valencia de los signos-otros, donde el gesto supera ajustadamente a las palabras. Por otra parte, si se tiene en cuenta que el tipo de las palabras funcionales conectivas (coordinantes y subordinantes) suma nada más que 4 (Tabla 11) y que las palabras-otras (artículos, preposiciones, etc.) despuntan recién hacia la segunda mitad de las sesiones, se advierte que las palabras con función cohesiva (quitando pronombres) gravitan en esta etapa de forma muy incipiente. En todas las demás categorías se observa el dominio de la oralidad, en un momento en el que el habla aún no ha desarrollado su completo potencial, a saber, la articulación gramatical.

5.Composiciones

5.1. Composiciones de gesto y vocalización por cantidad de componentes

Se analizan aquí las composiciones por cantidad de componentes de gesto y de vocalización. La Tabla 19 aporta las frecuencias de cada tipo identificado: G-V, gesto-vocalización; G-G, gesto-gesto; 2G-V, dos gestos-una vocalización; 2V, dos vocalizaciones; 2V-G, dos vocalizaciones-un gesto; 2G-2V, dos gestos-dos vocalizaciones; 3V, tres vocalizaciones; 3V-G, 3 vocalizaciones-un gesto; 4V+, cuatro o más vocalizaciones; composiciones otras. La composición G-V posee con mucho la mayor frecuencia, representando el 54 % del total, seguida por las composiciones V-V (24 %) y de dos vocalizaciones + gesto (11 %). Todas las demás frecuencias se ubican por debajo de los dos dígitos.

Tabla 19. Frecuencia de composiciones de gesto y vocalización por cantidad de componentes según sesiones

tabla-19_c

Ref.: T/totales.

Las composiciones gesto-vocalización predominan durante todo el período superando a los casos de 2 vocalizaciones, que incluyen como subtipo las composiciones de dos palabras (Tabla 20) y han dado nombre a este estadio concreto del desarrollo lingüístico. De hecho, las composiciones bimodales en general poseen mayor presencia que las unimodales. El resultado de sumar las frecuencias de todos los tipos de emisiones bimodales (G-V, 2G-V, 2V-G, 2G-2V y 3V-G) supera a la suma del total de casos de composición unimodal (2V, 3V y 4V, o G-G): sobre un total de 1687 composiciones, se obtuvieron 1152 composiciones bimodales (68,3 % de las composiciones totales del sujeto) contra 531 composiciones con solo vocalizaciones (31,5 % del total). El 0,2 % restante corresponde a casos de composición sin vocalización (G-G).

Se han identificado las siguientes correlaciones: (a) unimodal, entre 2V y 3V (rs (14)= ,523; p< ,05); y (b) bimodales, entre 2V-G y 3V-G (rs (14)= ,729; p< ,01) y entre 3V y 3V-G (rs (14)= ,747; p< ,01). Esto marca que el incremento en número de signos expresados en composiciones no sucede a costa de composiciones más sencillas sino que, por el contrario, aumentan de frecuencia de manera paralela. Es como si las comunicaciones formadas por menos signos, para las que tendría el niño mayor experticia –(a) 2V; (b) 2V-G y 3V–, sirvieran de base para los ensayos con más unidades –(a) 3V; (b) 3V-G)–. Por otro lado, el aumento de las frecuencias ocurre no solamente en la modalidad oral sino que las composiciones bimodales, muy lejos de volverse recesivas, acompañan el aumento de las comunicaciones del sujeto.

Las composiciones gesto-gesto apenas suman 4 casos en todo el período, lo que lleva a pensar que la expresión gestual se encuentra especialmente cómoda o en el formato puro o en composición con vocalizaciones. Hay, asimismo, intervenciones con más de dos unidades de la oralidad (3V y 3V-G) desde el primer registro. Este dato particular, emparejado con la ausencia de composiciones palabra-palabra en el comienzo, muestra cómo los signos orales no verbales se integran solventemente con otros verbales para generar intervenciones comunicativas efectivas. Este formato de expresión descubre, en la modalidad oral, un curso desde manifestaciones con semiosis inintencional (durante la intersubjetividad primaria), transitando asociaciones de unidades de palabra y no palabra, hasta la comunicación verbal stricto sensu (palabra-palabra), condición para la aparición de reglas de morfosintaxis.

Si se considera, por un lado, las correlaciones entre distintas composiciones uni- y bimodales (2V/3V, 2V-G/3V-G, 3V/3V-G), y, por otro, que desde la sesión 12 se produce un incipiente crecimiento de las composiciones de cuatro elementos (2V-2G, 3V-G y 4V), se ve que el aumento del número de componentes no está atado a constricciones de modalidad. Ello respalda la idea de que el niño se apoya indistintamente en todos los recursos a disposición para comunicar, y que la relativa autonomización de la palabra al interior del sistema gramatical es el producto de una previa colaboración intermodal. Aunque este punto deberá ponerse entre paréntesis por la frecuencia escasa de algunas de estas composiciones (sólo 12 para las variables de cuatro elementos en todo el período estudiado), las intervenciones observadas apuntan a un crecimiento simultáneo de composicines uni- y bimodales.

Según el Código de Observación, las vocalizaciones abarcan tanto palabras (vocalizaciones verbales) como no palabras (vocalizaciones no verbales) y además los ininteligibles. Ello permite distinguir, en el nivel de las composiciones bimodales, los casos de gesto-vocalización (G-V) y los de gesto-vocalización palabra (G-P); en el nivel de las composiciones de dos o más elementos de modalidad oral se ha distinguido, como subconjunto de todas las posibilidades de esta clase, la categoría de palabra-palabra (P-P), una categoría exclusivamente de palabras, sin cuidar su número, que era importante aislar porque sobre este tipo de composiciones habrán de montarse luego las reglas morfosintácticas. Las frecuencias de estas dos variables G-P y P-P se detallan en la Tabla 20. Conforme al curso esperable de la evolución lingüística del niño, las composiciones palabra-palabra aumentan con el correr del tiempo, desde una frecuencia 0 en las primeras 3 sesiones hasta una frecuencia de 42 en la última sesión (con pico de 47 en sesión 13). Ello tiene lugar sin la disminución de la frecuencia de composiciones bimodales o de unimodales V-V.

Tabla 20. Frecuencia de composiciones gesto-palabra y palabra-palabra

tabla-20_c

Ref.: (a) incluye todas las variantes de composición G-V, a saber, G-V, 2G-V, 2V-G, 2G-2V, 3V-G; (b) incluye todas las variantes de V-V, a saber, 2V, 3V y 4V+; T/totales [3]

La interpretación de la Tabla 20 revela que durante todo el estudio la palabra ha preferido combinarse con el gesto, rasgo característico del anterior período holofrástico (12 a 18 meses), y no –quizás más esperable– con una segunda unidad de palabra. Así pues, el espacio de las composiciones está dominado por la bimodalidad, y la predominancia de los elementos orales dentro de la totalidad de las intervenciones del niño no se acompaña de un comportamiento igualmente predominante de composiciones exclusivamente orales. La denominación de período de dos palabras no marca una dominancia de este tipo de composición sino la posibilidad de realizarla, lo que en nuestra investigación sucede por primera vez en la sesión 4. Sobre un fondo de vocalizaciones invariablemente dominantes (Tabla 2) y de composiciones bimodales prevalentes, las composiciones de palabra, necesarias a la gramaticalización, crecen como una especialización dentro de la expresión oral. Cabe dejar sentado que no se identificó correlación entre G-P y P-P.

El crecimiento de composiciones exclusivamente de palabra a partir de la mitad del período (Tabla 20) es coherente con el progreso esperable en la adquisición del lenguaje. Este incremento de frecuencia no resiente, sin embargo, la frecuencia de las otras formas de composición ni la de formaciones puras (Tablas 1, 2 y 4). Si las composiciones gesto-vocalización son dominantes durante el período (Tabla 19), la transformación cognitiva encaminada hacia la oralidad gramatical no resulta de una sustitución cuantitativa de los gestos por palabras, sino de la alternativa de ocupar los espacios (slots) que alguna vez tuviera el gesto con signos palabras (McNeill habla de language slotted gestures y de una mixed syntax [McNeill, 2007]). La incorporación gradual de una unidad verbal segunda en los formatos composicionales, sin una concomitante desaparición de formaciones comunicativas previas, revela que el desarrollo de los recursos semióticos del niño corresponde a un proceso dinámico que suma sin restar, que añade construcciones nuevas de única modalidad sin descartar las opciones semióticas más primitivas. Por eso el gesto y la palabra serán siempre y mutuamente asistenciales en los intercambios cara a cara, aunque ésta pueda eventualmente prescindir de aquél. La solidaridad entre expresión gestual y oral respalda la idea de que existe un único procesamiento cognitivo para ambas modalidades y con la capacidad de conciliar ambos tipos de signo por sobre sus diferencias, por ende no encapsulado en un tipo particular de representación mental.

Si tomamos en cuenta que el conjunto de composiciones de palabra describe una tendencia ascendente, el progreso general de las habilidades comunicativas del niño observado parece conforme con la expectativa general del desarrollo del lenguaje, el cual supone una ampliación progresiva del vocabulario y de composiciones de única modalidad.

5.2. Composiciones de gesto y vocalización por tipo de acoplamiento

Se analizan aquí las composiciones comunicativas divididas en equivalentes, complementarias, suplementarias, expresivas, dudosas y otras según el Código de Observación. La Tabla 21 aporta las frecuencias de cada uno de los tipos:

Tabla 21. Frecuencia de composiciones por tipo de acoplamiento según sesiones

tabla-211_c

Ref.: CEQ/composición equivalente; CC/composición complementaria; CS/composición suplementaria; CE/composición expresiva; CD/composición dudosa; CO/composición-otros; T/totales.

Se observó una frecuencia mayor de composiciones equivalentes (casi un 58 %), lo que constituye un dato de interés e inesperado en la medida en que investigaciones precedentes (Volterra et al., 2005) habían observado un creciente reemplazo de esta forma de composición por otras cognitivamente más complejas (complementarias y suplementarias). En paralelo, si bien las composiciones de tipo suplementario se encuentran presentes ya en la primera sesión, no se ve en ellas un aumento progresivo. La frecuencia de composiciones complementarias, por su lado, decrece en la segunda mitad del período. Un resultado de interés lo constituye la alta frecuencia relativa de las composiciones expresivas (12,5 %), consideradas por primera vez en este estudio. Su frecuencia es mayor que la de las composiciones suplementarias (9,56 %) y es apenas menor a la de las composiciones complementarias (14,6 %).

El predominio de las composiciones equivalentes se extiende durante todo nuestro estudio, lo que es un dato de interés porque, como se dijo, en investigaciones previas se ha informado que el número de composiciones de tipo suplementario supera en frecuencia a los tipos equivalente y complementario ya a finales del período holofrástico. Aquellos resultados mostraban una muy razonable progresión de menor a mayor dificultad en el procesamiento cognitivo (expresiones equivalentes → complementarias → suplementarias), pero los datos de nuestras observaciones no pueden brindar una serie tan límpida y prolija.

Las composiciones complementarias decrecen sin haber sobrepasado nunca la frecuencia de las suplementarias, a las cuales deberían más tarde ceder el lugar predominante. Al final de las sesiones la frecuencia de las composiciones suplementarias es todavía inferior a la de las composiciones equivalentes y no evidencian un aumento de tendencia sostenida. Todo ello desafía la transición gradual entre composiciones equivalentes, complementarias y suplementarias. Desde luego, los resultados obtenidos en un estudio de caso podrían ser producto, simplemente, de un estilo comunicativo, pero no hay que descartar que aquella transición merezca todavía una consideración más detallada y nuevas investigaciones.

Las diferencias obtenidas pueden explicarse, en parte, porque nuestra pauta clasificatoria no coincide exactamente con la Volterra et al. (2005), (cap. 5, sección 5.3). En efecto, ese trabajo computa composiciones de formato [‘esto’ + pointing] como de tipo complementario, bajo el supuesto de que el gesto sirve en ellas a la desambiguación. Puede juzgarse (a falta de este dato en la investigación de marras) que la presumible alta frecuencia del formato [‘esto’ + pointing] pudo incrementar el número total de las composiciones de tipo complementario. Esta estructura la hemos contabilizado, sin embargo, en la categoría de los equivalentes, priorizando la obvia redundancia entre estos dos signos deícticos.

La frecuencia de composiciones expresivas (12,5 %), consideradas por primera vez, deja pensar que sería conveniente, en adelante, que las investigaciones sobre primeras composiciones de gesto-palabra las incorporasen. Posiblemente la omisión se deba al interés por la palabra desde el mirador lingüístico, que excluye manifestaciones emotivas no referenciales. Si el horizonte es la proposición (sujeto-predicado), no puede extrañar que otros factores, presentes en la semiosis del niño pequeño, hayan quedado marginados.

La persistencia, durante todo el período, de las composiciones expresivas, que involucran siempre un signo de valor emocional (interjección, gesto emotivo), junto con la mayor frecuencia de composiciones de la clase equivalente, hacen pensar que los usos más simples de la oralidad, los más originarios, conviven con el aumento de expresiones que implican un compromiso cognitivo superior (como es la atribución –protopredicación– que se ve en la composición suplementaria). Así, lo primitivo convive con nuevas estrategias (tal como puede constatarse en los adultos, para quienes el dominio del léxico no elimina las interjecciones). Esta perduración de los primeros usos comunicativos junto con los ulteriores, más sofisticados, permite catalogar el enriquecimiento de los recursos semióticos del niño como un proceso dinámico de avance y de conservación, donde la innovación cohabita con lo viejo y ambos se respaldan y se interpenetran (para el caso, el léxico recogerá la comisión de expresar emociones y la enunciación gramatical acogerá en su seno a las interjecciones expresivas).

No se hallaron correlaciones entre tipos de composición.

6. Funciones comunicativas

Las frecuencias de las diferentes funciones comunicativas se indican en la Tabla 22:

Tabla 22. Frecuencia de las funciones comunicativas según sesiones[4]

tabla-22_c

Ref.: F/función.

Algo más de un cuarto de las comunicaciones del niño tuvieron función informativa (27 %), con un sensible incremento a partir de la sesión 8. En orden decreciente, siguen la función declarativa (14,4 %), la función-otro (11,8 %) y la función conativa (11,6 %). En conjunto, la función dudosa (11,2 %) y la función-otro, que conforman el subgrupo de las comunicaciones a las que no fue asignada ninguna función precisa, suman 23 % y se ubican como segunda opción detrás de la función informativa. Ello sugiere que, cerca de las intervenciones destinadas a la atribución de propiedades, un nutrido número de intervenciones no ha podido ser catalogado usando las opciones que describen históricamente los actos de comunicación adulta. Esto no puede ser indiferente a que se ha investigado un lapso temporal dentro del que la oralidad es todavía inmadura y el procesamiento de inputs cognitivo-comunicativos se materializa en verbalizaciones imprecisas y/o insuficientes respecto del código preestablecido de la lengua.

No se han encontrado correlaciones entre las funciones comunicativas. Sí se identificó una correlación entre función informativa y palabras funcionales (rs (14)= ,735; p< ,01) y otra entre función actitudinal y, una vez más, palabras funcionales (rs (14)= ,820; p< ,01). Estos datos revelan que en buena medida las informaciones, de tenor predicativo, corresponden a respuestas y no a enunciaciones acabadas, dado que las palabras funcionales han sido, en nuestro estudio, adverbios tanto afirmativos como negativos (Tabla 11). Lo mismo con respecto a lo actitudinal, donde ‘sí’ o ‘no‘ son elementos de la aceptación y del rechazo.

Asimismo, se ha identificado una correlación positiva estadísticamente significativa entre la función informativa y las composiciones equivalentes (rs (14)= ,804; p< ,05). El resultado es en primera instancia llamativo, visto que la función informativa aporta datos nuevos y que la composición equivalente es redundante en términos de información. Pero, como hemos visto, la información puede ser aportada por un adverbio de afirmación (o negación) o en el gesto correspondiente o en composiciones que integren ambos tipos de signo. Por su parte, la función actitudinal correlaciona negativamente con las composiciones complementarias (rs (14)= –,617; p< ,05), por cierto un dato de difícil interpretación debido a que, de un lado, la función del caso corresponde a las intervenciones en las que se aceptan o rechazan las proposiciones de un segundo comunicador, y, de otro lado, las composiciones de este tipo están forzadas a ofrecer variantes de significado en las modalidades oral y gestual.

La función expresiva y la función-otro correlacionan con las vocalizaciones no verbales (interjecciones expresivas y vocalizaciones propiamente dichas), respectivamente rs (14)= ,671; p< ,01 y rs (14)= ,542; p<,05, resultados que se compadecen con la condición emocional de esta última variable.

7. Conclusiones generales del análisis e interpretación de los datos cuantitativos

Se ha registrado un claro predominio comunicativo de la oralidad en las intervenciones puras o de único componente, y a la vez un predominio de composiciones bimodales respecto de las unimodales. Si la semiosis comunicativa bimodal es norma durante el período holofrástico, la cual ya había sido verificada, la novedad de nuestro estudio es la prosecución de esta estrategia en la etapa siguiente. La construcción gesto-palabra, base de posteriores yuxtaposiciones de signos verbales, no estaría afectada por el incremento de composiciones exclusivamente de palabras, las cuales se desarrollarían en paralelo como una segunda ruta.

La mayor frecuencia de gestos y de palabras corresponde a los signos denotativos. Dentro de las palabras, los sustantivos comunes son el tipo más utilizado, con una frecuencia que casi duplica la de palabras demostrativas, lo que permite ver que es el nombrar, como designación categorial, la mejor herramienta en la alusión a objetos o acontecimientos (por sobre la significación deíctica). La comparación intermodal reveló el mismo predominio oral dentro de cada valencia semántica (denotativa, funcional, expresiva y dudosa), excepto por la clase ‘otros’.

En relación con las composiciones, la mayor frecuencia de la bidimensionalidad muestra que el par de gesto-vocalización no es una marca distintiva o excluyente del período holofrástico, sino que guarda su lugar cuando hay acoplamientos de más de dos signos. Dentro de las composiciones bimodales, los pares gesto-palabra conforman las 4/5 partes (cerca del 86 %), señalando que el signo verbal se encuentra cómodo en su asociación con gestos y que es preferido a vocalizaciones no verbales. Dado que la frecuencia de composiciones bimodales gesto-vocalización (tanto verbales como no verbales), se mantiene con el paralelo crecimiento de composiciones sólo de palabra, cabe entender que no hay sustitución de un formato por otro, sino aprovechamiento en simultáneo de ambas variedades de expresiones sígnicas.

Esta valoración encuentra algo más tarde aval con el aumento de la cantidad de componentes por composición, cuando el acoplamiento de signos gestuales y verbales trepa al número de 4 sin discriminar entre modalidades. Todo lo cual permite defender, en primer término, la hipótesis de una estructura comunicativa de carácter bimodal que abonaría la tesis de McNeill (1992, 2005, 2007); en segundo término, la hipótesis de que la adquisición lingüística debe inscribirse, en sus primeras fases, dentro de un proceso lento en el que participan diferentes competencias cognitivas (decodificación de signos, intencionalidad de meta, lectura de mente, capacidad de producir distinto tipo de signos con diversas características, etc.), proceso del que el lenguaje se desprende como una particular especialización (si deviene una estructura modularizada, no es estructura encapsulada, por la primera hipótesis); por último, puede asimismo defenderse la idea de que este camino que lleva al lenguaje desde competencias anteriores reviste características de sistema dinámico (cap. 3), esto es, un desarrollo en tiempo progresivo y a la vez irreversible donde las innovaciones surgen del comportamiento interactivo de los elementos previos.

Sobre las composiciones, evaluadas por la colaboración entre sus componentes, las equivalentes fueron las de una mayor frecuencia. Ya ha sido destacado hasta qué punto ésto diverge de otros resultados procedentes de investigaciones anteriores. Las diferencias pueden proceder de una clasificación distinta para las intervenciones de este tipo, o reflejar un sesgo personal del sujeto observado. Las composiciones de tipo expresivo han alcanzado una frecuencia digna de que se las considere en investigaciones que aborden esta temática y esta etapa particular de la temprana infancia.

En materia de funciones comunicativas, la mayor frecuencia para la función informativa marca que los diálogos entre niño y adulto pasan, durante esta etapa, fundamentalmente por las averiguaciones y respuestas sobre el medio y sobre los mismos agentes de la interacción. Junto con la función informativa cabe destacar la alta frecuencia de la función-otro, de la que se ha efectuado un fino análisis cualitativo en el capítulo siguiente. Nuevos estudios deberán determinar si la desorganización de la secuencia de composiciones equivalentes → complementarias → suplementarias ha sido un hecho idiosincrático o tiene sostén desde otros casos.

El abordaje multimodal de la primera infancia y en particular del desarrollo ontogenético de las habilidades comunicativas de los niños en proceso de adquisición del lenguaje revela que los factores intervinientes son de más amplio espectro que lo que se manifiesta en los enfoques limitados excluyentemente a los signos verbales.


  1. Aquí y en todas las tablas, los % se redondean hacia arriba cuando el segundo decimal es superior a 0,05.
  2. No deben confundirse con la totalidad de las UFC expresivas (Tabla 16), categoría que no sólo contempla las palabras expresivas (interjecciones de palabra o frase/impropias y pronombres interrogativos-exclamativos) sino también las interjecciones expresivas (=propias).
  3. En la Tabla 19 la nomenclatura G-V corresponde exclusivamente a composiciones de dos unidades (una por cada una de las modalidades expresivas) y su objetivo es permitir la comparación con el comportamiento de composiciones con más elementos (2V-G, 2V-2G, etc.). En cambio, en la Tabla 20, esa misma nomenclatura G-V comprende todas las composiciones gesto-vocalización (tal como está indicado allí en las referencias). Por esto la frecuencia de G-V es mayor aquí que en la tabla anterior.
  4. En ciertas sesiones se puede apreciar que la frecuencia de las funciones comunicativas es superior a la de las intervenciones totales (Tabla 1). Eso se debe a que, como ha sido puntualizado (Código de Observación), en ciertos casos una intervención debió marcarse con doble función (en las sesiones 2, 3, 9, 10, 11 y 15).


Deja un comentario