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Introducción

Desde los inicios de la literatura griega hasta el fin de la Antigüedad los autores griegos manifiestan un particular gusto por el uso de expresiones sentenciosas. Emanada de un legado tradicional, la gnome define el modo griego de transmitir la sabiduría arcaica y se presta, a la vez, al juego de interpretaciones que cada poeta le asigna. Este libro constituye la cuarta parte de la Antología gnómica de la literatura griega, que reúne el repertorio de sentencias de la poesía épica, lírica y dramática según un orden cronológico de autores. Después de los volúmenes dedicados a Homero y Hesíodo, a los poetas elegíacos y yambógrafos y a los poetas monódicos y corales,[1] la presente obra ofrece una recopilación de las sentencias que aparecen en las tragedias y fragmentos conservados de Esquilo, el primero de los grandes trágicos griegos de la época clásica.

Esquilo vivió aproximadamente entre los años 525 y 456 a. C. Fue testigo de una época trascendental para la historia de Atenas, aquella en que la ciudad consolidaba la transición de la tiranía a la democracia a la par que libraba las guerras contra el poderoso imperio persa. Entre los datos relativos a su vida se recuerda que luchó contra los persas en la batalla de Maratón (490 a. C.) y que obtuvo trece victorias en la presentación de sus obras, aunque hacia el final de su vida fue vencido por Sófocles. La tradición nos ha legado solo siete tragedias de su prolífica producción: Persas, Siete contra Tebas, Suplicantes, Prometeo encadenado, Agamenón, Coéforas y Euménides. Las últimas tres obras integran la Orestía, la única trilogía conservada. A ello se suma un importante número de fragmentos.

Dos referencias repetidamente evocadas por la crítica suelen mencionarse en relación con Esquilo. Una es su epitafio, tal vez escrito por un poeta contemporáneo o por el mismo Esquilo, que celebra en cuatro versos su condición de excombatiente de Maratón, sin hacer mención alguna de sus éxitos como autor trágico: “En esta tumba yace Esquilo, hijo de Euforión, ateniense, sepultado en Gela, la fértil en trigo. De su valor puede hablar el afamado bosque de Maratón y el medo de larga cabellera, que bien lo ha conocido”.[2] La otra referencia es una cita de Ateneo, según la cual el propio Esquilo habría considerado sus obras como “restos del gran banquete de Homero”.[3] Con ello daba a entender que los poetas trágicos hallaron su inspiración en los relatos míticos de la epopeya. Pero la influencia de Homero no se limitó al material mítico. Los autores trágicos adoptaron y adaptaron para la escena el lenguaje homérico, con su vocabulario solemne y grandioso y con sus formas gramaticales ya arcaicas para los auditorios del siglo V a. C.[4]

Esquilo compone un teatro complejo, de efectos visuales asombrosos. La profundidad de sus planteos se vierte en un estilo majestuoso y oscuro. Guillén[5] señala que gran parte de la dificultad que surge de la lectura de su obra radica en el entramado de las relaciones semánticas y en la complejidad de las imágenes. Por su parte, Centanni[6] considera que en Esquilo se combinan dos rasgos opuestos: por un lado, la simplicidad de las expresiones sentenciosas y proverbiales; por otro, la oscuridad de ciertas formulaciones de tipo enigmático, asociadas a juegos de palabras y a invenciones léxicas. Gnome y enigma son, a su juicio, los ingredientes de una propuesta poética cuya función es complacer al público, pues permite que cualquier espectador, en cualquier nivel social o cultural, se sienta sabio e inteligente.

El uso de la gnome por parte de Esquilo permite establecer similitudes y diferencias respecto de la poesía precedente. Se mantiene ante todo la tendencia arcaica a formular el pensamiento sentencioso en forma de antítesis. La auténtica poesía gnómica –señala Ahrens[7]– florece en tanto perdura su presupuesto espiritual: el predominio de una comprensión antitética del mundo. Tal oposición –añade– se funda en la oposición de ‘lo bueno’ (ἀγαθόν) y ‘lo malo’ (κακόν) y conduce a un resultado práctico: la codificación de lo permitido y de lo prohibido. A diferencia de la poesía anterior, las sentencias esquíleas son de sentido profundo y de difícil significado, poco adecuadas para repetirse de boca en boca al modo de los proverbios.

Como rasgo distintivo de Esquilo puede señalarse el nuevo rol que asume la sentencia en su obra: la gnome debe obligar a reconocer, debe persuadir en favor de determinada acción, debe ser medio de prueba que favorezca en el interlocutor el conocimiento de lo más conveniente.[8] Una diferencia interesante respecto de Homero es la que atañe a la inserción de la sentencia en el texto. De esa relativa indiferencia que exhibe la poesía homérica en relación con el personaje que pronuncia una sentencia –indiferencia que en más de una ocasión hace que la misma sentencia aparezca en boca de personajes muy dispares– se llega al modo en que procede Esquilo, quien selecciona a conciencia qué sentencias pronuncia cada personaje y qué sentencias pronuncia el coro, porque esas gnomai constituyen el fundamento de su pensar y de su obrar.

En las gnomai ubicadas en las partes líricas del coro, Ahrens reconoce la voz del poeta:

Las sentencias del coro son una fuente inapreciable para conocer la comprensión fundamental del poeta. En ellas el coro busca, en efecto, ganar claridad para sí mismo sobre los principios del obrar y sobre las causas mismas de la desgracia y de la dicha, y aun en Esquilo podemos estar seguros de que en las afirmaciones fundamentales del coro el poeta manifiesta su propia comprensión del mundo. (…) A partir de esto se puede deducir que quien oye una sentencia coral esquílea se encuentra con el poeta mismo.[9]

El estudio de las gnomai en la obra de Esquilo permite identificar un total de doscientas cuarenta y tres sentencias,[10] distribuidas del siguiente modo: diez sentencias en Persas, veintiséis en Siete contra Tebas, treinta y cuatro en Suplicantes, sesenta en Agamenón, veintidós en Coéforas, veinticuatro en Euménides, veintidós en Prometeo encadenado y cuarenta y cinco en los Fragmentos. En relación con estos números conviene recordar que nuestro conocimiento de la literatura griega antigua sigue siendo incompleto y fragmentario. Teniendo en cuenta que a Esquilo se le atribuyeron aproximadamente noventa tragedias, de las cuales solo sobrevivieron siete, es posible imaginar el considerable caudal de reflexiones sentenciosas que se ha perdido.

El material gnómico conservado descubre las grandes inquietudes que recorren la obra de Esquilo. Allí están los poderes que fijan el ordenamiento del mundo, la irrevocabilidad de las leyes divinas, la dignidad del hombre superior, el riesgo de su caída, la relación entre culpa y desdicha. Y allí está su ética inexorable. El hecho de que el propio poeta haya concebido sus gnomai con la pretensión de una validez incuestionable nos invita a una lectura atenta del corpus de sentencias para alcanzar, por esta vía, una comprensión más honda de su teatro.

Sobre esta antología

La presente antología de sentencias de Esquilo ha sido realizada por un equipo de profesores de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza, Argentina), en el marco de un proyecto acreditado ante la Secretaría de Ciencia, Técnica y Posgrado de dicha universidad. El equipo, con la dirección de María Estela Guevara de Alvarez y la codirección de María Guadalupe Barandica, está integrado por Esther Driban, Susana Aguirre de Zárate, María Candela López, Pablo Arias, Malena Lourdes Orozco y Agustín Salomón.

Para la selección del material se han seguido los siguientes criterios:

  1. La identificación de sentencias responde al concepto de gnome, definido por Aristóteles en Retórica 1394a 22-26:

Sentencia es una declaración, pero no ciertamente sobre lo particular, por ejemplo, qué clase de persona es Ifícrates, sino sobre lo universal; tampoco sobre todas las cosas universales, por ejemplo, que lo recto es lo contrario de lo curvo, sino sobre aquello que concierne a las acciones y que puede ser elegido o evitado al obrar.

Según esta definición quedarían excluidas todas las afirmaciones referidas al mundo físico. Sin embargo, hemos incorporado a la antología aquellas sentencias de sentido metafórico en donde la mención de elementos o fenómenos naturales alude a situaciones de la vida humana. Así, por ejemplo, ocurre en la gnome que pronuncia el Coro en Suplicantes, vv. 166-167: χαλεποῦ γὰρ ἐ / πνεύματος εἶσι χειμών, “De un viento impetuoso sobreviene la tempestad”. El viento impetuoso representa aquí la pasión por una mujer, comparable con las ráfagas de viento que dan inicio a una tormenta.

  1. Conforme a la definición aristotélica, solo se han incorporado sentencias de tipo enunciativo. Quedan fuera de la antología las sentencias exhortativas, como así también los desarrollos gnómicos y las proposiciones gnomoides, es decir, cercanas a la gnome.[11]
  2. Se incluyen como sentencias las afirmaciones introducidas por verbos de decir o de opinión. Las gnomai con verbo en primera o tercera persona tienen el valor de cita de autoridad, como se ejemplifica en las siguientes sentencias de Agamenón y Euménides, pronunciadas por el Coro y por Atenea respectivamente:

A. v. 471: κρίνω δ’ ἄφθονον ὄλβον, “prefiero una dicha que no despierte envidia”.

Eu. v. 432: ὅρκοις τὰ μὴ δίκαια μὴ νικᾶν λέγω, digo que las cosas que no son justas no triunfan con juramentos”.

  1. Al igual que en la poesía homérica y en la lírica arcaica, hay en Esquilo numerosas cadenas de sentencias. Son especialmente frecuentes en Agamenón.[12] En la antología, cada una de las sentencias que integran cadenas ha sido ingresada en forma independiente.
  2. Quedan fuera de la antología las sentencias que aparecen en versos incompletos y que contienen palabras truncas, situación que afecta principalmente a las gnomai de los Fragmentos. Se puede citar como ejemplo de sentencia mutilada –y por lo tanto no incorporada– el frg. 451h, vv. 4-5 (Radt, 2009: 466): . . ἐ]στιν χάρις ἐν θ[εο]ῖς]. . [.]σι τοῖς δικαίοις. Lucas de Dios (2008: 760) traduce: “hay agradecimiento entre los dioses [para con los hombres] justos”.

     

El material de la antología se ordena del siguiente modo:

  1. Referencia a la obra en que aparece la sentencia. Se establece una numeración independiente para las sentencias de cada tragedia. Las abreviaturas de autores y obras son las del Diccionario de Liddell-Scott-Jones (1996).
  2. Sentencia en español. En la traducción española se ha resignado de algún modo la versión poética de los textos, a fin de destacar la unidad significativa de la gnome. En ocasiones se ha omitido la traducción de ciertas partículas o de nexos que restarían a la sentencia algo de su autonomía en el marco de una obra de carácter antológico. En la transcripción de nombres propios se sigue a Fernández Galiano (1969).
  3. Sentencia en lengua griega. El texto griego de las sentencias corresponde a las ediciones de Smyth (1926) y de Murray (1966).
  4. Notas. Las notas aclaran cuestiones lingüísticas o aportan comentarios útiles para la interpretación del texto. El análisis de tipo morfológico solo se incluye cuando es necesario especificar particularidades dialectales o propias del registro poético, esto es, cuando el texto ofrece diferencias respecto del dialecto ático empleado en prosa.

La antología concluye con un índice temático, en el que se da ingreso a las sentencias catalogadas según temas y subtemas, lo que permite el acceso a las gnomai en forma independiente de su identificación por tragedia. Nos alienta el deseo de ofrecer una obra de consulta accesible para docentes y estudiantes, que sea provechosa incluso para quienes, aun sin conocer la lengua griega, deseen aproximarse a la literatura griega antigua a través del conocimiento de su repertorio gnómico.

M. E. Guevara de Alvarez


  1. Guevara de Alvarez (2012, 2014, 2016).
  2. Vita 9.10: Αἴσχυλον Εὐφορίωνος Ἀθηναῖον τόδε κεύθει / μνῆμα καταφθιμένον πυροφόροιο Γέλας· / ἀλκὴν δ’ εὐδόκιμον Μαραθώνιον ἄλσος καὶ ἔλποι / καὶ βαθυχαιτήεις Μῆδος ἐπιστάμενος.
  3. Ath. 8.347e: τεμάχη τῶν Ὁμήρου μεγάλων δείπνων. Como bien se ha notado, ‘Homero’ hace aquí referencia al cuerpo entero de la épica arcaica, no solo al autor de Ilíada y Odisea. Cf. Säid (2005: 220-221).
  4. Goldhill (1997: 129).
  5. Guillén (1989: 313).
  6. Centanni (2007: 1177-1179).
  7. Ahrens (1937: 112).
  8. Ahrens (1937: 114).
  9. Ahrens (1937: 128, 142). Traducción de Agustín Salomón.
  10. Número referido a las sentencias de tipo enunciativo.
  11. Sobre la distinción entre gnome auténtica y proposición gnomoide, ver Ahrens (1937).
  12. Ver, por ejemplo, las cadenas de sentencias en Agamenón vv. 369-384, vv. 461-471, vv. 517-565, vv. 750-771.


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