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Conclusiones

En este libro analicé las búsquedas de encuentros eróticos y/o afectivos y las interacciones que se generan en dichos encuentros, entre mujeres y varones heterosexuales de entre 35 y 50 años de edad —solteros/as, divorciados/as y separados/as— que no están en ningún tipo de relación de pareja, en ámbitos cara a cara y virtuales de esparcimiento, que residan en el Área Metropolitana de Buenos Aires (2015-2017).

Este objetivo fue llevado a cabo desde una metodología cualitativa. Realicé observaciones en espacios de sociabilidad erótica y/o afectiva cara a cara —un espacio de catas de vino, eventos de speed dating y clases de salsa y bachata— y virtuales —Match, Badoo, Tinder y Happn—; entrevisté a sus usuarios/as; confeccioné mapas para poder observar cuáles son los circuitos urbanos a los cuales estas personas acceden con la finalidad de “ir de levante” y de tener citas. Asimismo, relevé y analicé notas periodísticas sobre estos espacios de sociabilidad cara a cara y virtuales y el contenido que presentan en sus sitios web.

El libro se estructuró en dos partes. La primera trató sobre las búsquedas de encuentros eróticos y/o afectivos, y la segunda sobre las interacciones que tienen lugar durante dichas búsquedas en los espacios de sociabilidad erótica y/o afectiva.

Los resultados principales de la investigación pueden ser problematizados y resumidos en tres grandes ejes: 1) el amor romántico y la heteronormatividad, 2) lo afectivo y 3)la soltería, la virtualidad y el mercado.

Dentro del primer eje, el amor romántico y la heteronormatividad, postulé la existencia de una tensión entre el proceso de individualización y el amor romántico. En el contexto de modernidad tardía los sujetos experimentan su realización personal como producto de su propia reflexividad y autonomía individual. El ámbito de lo afectivo e íntimo emerge, en este marco de desregulación e incertidumbre, como el espacio de anclaje y autorrealización. Sin embargo, los vínculos eróticos y/o afectivos en los sujetos de sectores medios no se entablan de manera permanente y lineal. Se adecuan, cada vez más, a sus aspiraciones personales y a su desarrollo en otras esferas de la vida. Esto lo observé en cómo las mujeres y los varones posponen, en algunos casos, la maternidad y la paternidad y cuestionan y plantean nuevos modelos de familia, de vínculos, de erotismo y de formas de búsqueda que coincidan con sus deseos, expectativas y necesidades. Esto lleva a la generación de lo que he dado en llamar “trayectorias heterogéneas y zigzagueantes”.

La carrera emocional de los sujetos se vuelve multiforme. Se insertan y reinsertan en el mercado de intercambios eróticos en pos de buscar vínculos eróticos y/o afectivos. Los espacios que son seleccionados para dicho fin se adecuan a los tiempos y posibilidades> de las personas. En los mismos operan criterios de selección basados en sus expectativas eróticas y habitus de clase, de manera interrelacionada. A partir de (re)ingresar en ámbitos de sociabilidad cara a caray virtuales, quienes buscan acumulan para sí una expertise de citas y vínculos eróticos y/o afectivos diversa.

El amor romántico, en tensión con el proceso de individualización, aparece como horizonte de sentido y como forma. En relación con el primero, a partir de los resultados obtenidos en esta investigación, observo que el ideario de pareja opera como un horizonte de sentido que todos/as, en mayor o menor medida, desearían alcanzar. Con dicha afirmación no pretendo sugerir que las personas siempre busquen pareja, pero sí que emerge en testimonios como un ideal deseable. Considero que existe a nivel simbólico una utopía de liminalidad a partir de lo amoroso.

Las personas en sus trayectorias afectivas entablan y buscan vínculos que no necesariamente apuntan a un contenido amoroso. Sin embargo, desde una lectura de las formas, en términos simmelianos, considero que la sociabilidad erótica y/o afectiva se encuentra fuertemente atravesada por el romanticismo. En las entrevistas observé que aunque las personas busquen o entablen solo vínculos sexuales, en dichos casos también se hacen presentes los guiones del amor romántico, en su interrelación con postulados del amor confluente, como forma de cortejo deseada. Por otra parte, en el contexto de las citas los guiones sociales del amor romántico operan como una forma, más allá de su contenido, que generan un aumento de la energía emocional y empatía entre las partes.

Es decir, planteo una coexistencia entre el proceso de individualización —que apuesta a una búsqueda de la intensidad a partir de diversos vínculos eróticos y afectivos y a la búsqueda de la autorrealización individual— y el amor romántico como forma y horizonte de sentido en las búsquedas eróticas y afectivas.

Lo anterior se vincula a cómo operan los guiones heteronormativos y románticos al momento de las búsquedas. En la construcción de la heterosexualidad prevalecen ambos guiones, los cuales se hallan intrínsecamente relacionados. Esto lo observé en el hecho de que dentro del horizonte de expectativa romántica se halla la búsqueda de una pareja en términos heteronormativos: monógama, de solo dos personas, bajo el modelo del compañerismo —basado en la comprensión, la entrega, la valorización de lo sexual y la realización de cada uno en el otro—, la cohabitación y el deseo de maternidad y paternidad en el marco de una pareja constituida.

Estos guiones —que tal como expliqué en el primer punto operan aunque no se busque una pareja, no se encuentre o se presente como una copia fallida del ideal al que se aspira— se enmarcan dentro de una sensibilidad erótica y/o afectiva urbana y de sectores medios en la cual no prevalece el modelo de amor para toda la vida y donde existe una mayor intelectualización y racionalización de lo romántico. Esto lo visualicé en los diversos criterios de selección que operan al momento de la búsqueda (de clase, etarios, de género y corporales) y en que las personas prefieren buscar en aplicaciones y sitios de citas, ya que les otorgan comodidad, pueden ser utilizados cuando y como quieran, y les permiten observar una multiplicidad de perfiles de manera rápida y económica.

Otro aspecto donde problematicé la heteronormatividad en relación con el romanticismo es que los espacios de sociabilidad eróticos y/o afectivos están signados por patrones heteronormativos. Los espacios de sociabilidad cara a cara se construyen desde la premisa de que todos/as sus usuarios/as son heterosexuales; esto lo observé en los chistes que circulan, las dinámicas y los comentarios. Desde estos espacios, los/as organizadores/as apuntan a la erotización de sus clientes/as. En los eventos de speed dating se estimula explícitamente que las personas formen parejas, y en las clases de salsa y bachata se incentiva la erotización en pos de que sus clientes/as aumenten su autoestima y se vinculen erótica y/o afectivamente con otros. Por su parte, los sitios virtuales en sus publicidades muestran principalmente a personas heterosexuales y se promocionan como ámbitos donde encontrar pareja o el amor. Es decir, más allá del uso que les den sus usuarios/as, están construidos desde guiones románticos y heteronormativos.

Respecto al segundo eje, me propuse indagar sobre lo afectivo a la luz de una apuesta feminista. En esta investigación describí y analicé las vinculaciones afectivas que emergen durante las búsquedas de encuentros y sus interacciones. Los aportes de las teorías y epistemologías feministas fueron fundamentales al momento del abordaje y el análisis. Pensar lo afectivo ha sido un tema que los feminismos han puesto en agenda desde fines del siglo pasado. Donde parecía que las ciencias sociales no tenían nada que aportar, han demostrado el carácter político y público de la esfera privada y cómo desde lo afectivo se puede problematizar la interacción social y elementos del orden estructural.

Los feminismos, en su apuesta crítica sobre lo dado y su análisis sobre las desigualdades de estatus y de poder derivadas de la condición de género, me permitieron abordar la heterosexualidad no como una categoría dada sino construida. Observé cuáles son los guiones que conforman el erotismo y el afecto en las personas que se definen a sí mismas como heterosexuales. Analicé tanto la masculinidad hegemónica como las resistencias que existen en algunos varones a esas normas. En relación con las mujeres, eché luz sobre cómo el ideario del cuidado y la afectividad recae principalmente sobre ellas.

La noción de tecnología de género y la lectura sobre masculinidad hegemónica me permitieron analizar las diferencias y opresiones que existen en las búsquedas de vínculos eróticos y/o afectivos entre varones y mujeres. La edad entendida como un componente más del erotismo opera de manera desigual entre ambos géneros. La figura del reloj biológico femenino asociado con la pérdida de la fertilidad es tenida en cuenta en los varones al momento de elegir con quién tener una pareja. Ellos, en tanto no se ven apremiados por dicho reloj, tienden a alentar la paternidad. Consideran que las mujeres cercanas a los cuarenta años de edad y que no han sido madres buscarán con más desesperación una pareja con quien tener hijos/as.

Desde la bibliografía especializada y a la luz de mi trabajo de campo observé que son pocos los casos en los cuales las mujeres se emparejan con varones más jóvenes. Existe una mayor devaluación social en la pérdida de la juventud de las mujeres respecto a los varones. En cambio, los varones tienden a vincularse con mujeres más jóvenes que son apreciadas por su condición etaria como eróticamente más deseables.

En relación con el deseo de tener hijos/as, en ningún caso, ni varones ni mujeres, dijeron que no deseaban ser padres o madres. Las mujeres y los varones que pospusieron ese deseo en pos de sus carreras profesionales u otros aspectos personales lo proyectan en un marco ideal de relación de pareja. En las mujeres que no tenían hijos/as y se encontraban cercanas a los cuarenta años de edad apareció una agencia activa para concretar el deseo materno. Se alejan del postulado heteronormativo de tener hijos/as en el marco de una pareja y cohabitación y optan, cada vez más, por la alternativa de ser madres solteras a través de técnicas de reproducción biotecnológicas. Esta elección muestra que estas mujeres de sectores de clase media tienen recursos económicos y afectivos para poder llevar a cabo su deseo. La discriminación masculina en torno a la desesperación femenina por tener pareja cuando están cercanas a los cuarenta años de edad y no han tenido hijos/as desconoce la agencia femenina y el corrimiento del postulado heteronormativo de maternidad en el contexto de una pareja.

Otro componente vinculado al anterior es que se visualizan en las mujeres redes de contención en sus búsquedas de manera más pronunciada que en los varones. La familia, las amigas y las terapeutas son actantes que las estimulan para que puedan llevar a cabo su deseo. Asimismo, las mujeres, aunque no estén en pareja, buscan y entablan vínculos eróticos, como así también en algunos casos salen de noche o viajan solas.

En aquellas mujeres que tienen hijos/as se observa que poseen, respecto a los varones, menos tiempo para sus búsquedas. Debido a la premisa de que las mujeres son supuestas como agentes esenciales de afecto, son ellas quienes están al cuidado de los/as hijos/as en mayor medida. No obstante, visualicé resistencias femeninas y otras agencias masculinas. Encontré varones que se ocupan en igual medida que sus exparejas del cuidado de sus hijos/as, lo cual impacta en su tiempo libre para buscar vínculos eróticos y/o afectivos.

Un aspecto que analicé en este libro es que las mujeres sufren al momento de la búsqueda violencias por parte de varones; por ejemplo, una mujer experimentó violencia verbal a través del chat de Tinder por tener una determinada edad y no aceptar una cita; una entrevistada vivió violencia física en una cita por haber querido finalizar el encuentro; y en las clases de salsa y bachata apareció la historia de un varón que maltrataba verbalmente y tocaba de manera indebida a las mujeres. Por su parte, no encontré que los varones hayan experimentado situaciones de violencia.

Otra huella que dejaron las lecturas feministas en esta investigación, que indaga sobre las vinculaciones afectivas y el amor, es la reflexividad en torno a mi papel como investigadora. En todo momento humanicé a mis entrevistados/as y mi relación con ellos/as. Sin descuidar los aspectos de confidencialidad y anonimato, aposté a tener un talk back, tal como nos propone bell hooks (1989), con quienes me compartían sus experiencias. Durante el año de trabajo de campo me contaron secretos e intimidades. Más de una vez me dijeron “creo que nunca se lo conté a nadie”. En aquellos casos en que expresaron situaciones que les generaban angustia o lloraron, me mostré contenedora verbal y corporalmente. Tuve en cuenta en todo momento que primeramente son sujetos que sienten y que mis preguntas los/as afectan.

Me valí, tal como propone Haraway, de “otros poderes sensoriales”, además de la visión, como el tacto, el gusto y la escucha activa para llevar a cabo la investigación. Reí con ellos, tomé vino, bailé salsa, miramos juntos/as perfiles de aplicaciones de citas, entre otras muchas actividades.

Las entrevistas me hicieron interpelar sobre mi forma de amar, mi propia carrera emocional, sobre mis propios miedos y sobre cuáles son mis expectativas eróticas y/o afectivas. Durante algunas entrevistas fui abordada por los/as entrevistados/as como “asesora sentimental”. En los casos que me solicitaron consejos acerca de cómo conocer pareja, les explicité mi desconocimiento, pero compartí con ellos/as experiencias de otras personas en su misma situación de manera anónima.

Desde la apuesta feminista de Donna Haraway tuve en cuenta desde qué lugar producía conocimiento y la empatía de habitus de clase y de orientación sexual que existía con mis sujetos de estudio. Esto me llevó a ser reflexiva y repreguntar sobre gustos e intereses sobre los cuales los/as entrevistados/as se explayaban de manera naturalizada. Traté de ser una extranjera en mi propio habitus. Esto me sucedió especialmente en las catas de vino, dado que comparto gustos e intereses musicales, literarios y políticos con las personas que concurren. También estuve atenta al hecho de que ser una mujer cis heterosexual jugó un papel al momento de realizar las observaciones y las entrevistas. Yo era para los varones una posible candidata más con quien tener un encuentro erótico y/o afectivo. Con las mujeres que circulan en los espacios que observé no percibí que se generaran situaciones de competencia. La única oportunidad en la cual advertí que yo era vista como “competencia desleal” por parte de otras mujeres mayores que yo, fue cuando quise ingresar, al comienzo de mi trabajo de campo, a una discoteca para mayores de 35 años.

Por último, las epistemologías feministas me permitieron echar luz sobre cómo la violencia aparece en las búsquedas, cómo opera en las trayectorias afectivas de pareja de mis entrevistados/as, cuáles son las desigualdades de poder que atraviesan las búsquedas de varones y mujeres, y cómo opera el carácter opresivo de la masculinidad en todos los miembros de la sociedad, incluidos los varones heterosexuales de sectores medios.

El tercer eje que atraviesa la investigación es la soltería, la virtualidad y el mercado. En esta investigación la soltería y la soledad no fueron analizadas desde una perspectiva pesimista del fenómeno. Postulé que existen diversas maneras de experimentarlas, como una elección y disfrute y/o como soledad. La variación en el estado anímico depende principalmente de cuánto tiempo haya pasado desde que las personas están solos/as, tal como los/as entrevistados/as se definen. Las personas entrevistadas que hacía poco tiempo que estaban solteras experimentaban ese estadio como libertad, en tanto provenían de relaciones marcadas por los celos y el control, que son formas de violencia en la pareja que han sido atravesadas por la mayoría de los/as entrevistados/as.

Encontré casos donde hacía varios años que no tenían una relación de pareja de largo tiempo o que nunca la habían tenido. Dichos/as entrevistados/as experimentaban esa condición con disfrute y de acuerdo a sus intereses. Enmarcaban sus búsquedas en términos meramente eróticos. No obstante, la familia y el entorno de pares aparecen como actantes que se preocupan por el hecho de que no estén en pareja. El estar en pareja o al menos en vínculos eróticos aparece como una tecnología del yo en la cual se coloca la normalidad, la felicidad y la autorrealización subjetiva de las personas. Existe una demanda social para que personas heterosexuales entablen vínculos, especialmente de pareja, y para que tengan hijos/as. Pero esta tecnología del yo opera como una tecnología de género de manera más marcada sobre las mujeres que sobre los varones. Esta presión, en algunos casos, genera angustia y distancia a la mujer de su entorno y su familia.

En aquellos casos en que las personas quieren concretar encuentros eróticos y/o afectivos, los/as amigos/as y terapeutas son actantes que facilitan la información. Sugieren aplicaciones y sitios web de citas como así también actividades cara a cara, como por ejemplo catas de vino, clases de salsa y bachata o eventos de speed dating. En algunos casos, especialmente las mujeres, acceden a las mismas acompañadas por amigas. Si bien se vislumbra en las mujeres la necesidad de la compañía como forma de impulso para concretar sus búsquedas, ellas igualmente transitan el espacio público de manera autónoma. En tanto el espacio público está sexualmente organizado de forma masculina, esgrimen estrategias para sentirse acompañadas, por ejemplo cuando van a bares solas hablan con el barman. Otra estrategia que emplean es concurrir a espacios de sociabilidad donde asisten personas que van solas, como por ejemplo los tres espacios cara a cara aquí analizados.

Los varones que experimentan negativamente la soltería lo hacen de forma más solitaria que las mujeres. Quienes buscan encuentros transitan solos de manera más fluida el espacio público y aparecen menor cantidad de menciones sobre otros actantes que estimulen o que intervengan en sus búsquedas.

En la carrera emocional de los sujetos visualizo que más allá de que exista un disfrute en torno a la soltería, la soltería es relatada como lo que he dado en llamar un “estado paréntesis”. El horizonte de sentido que aparece es el ideario de entablar una pareja enmarcada en guiones románticos, de compañerismo, y que trascienda lo meramente sexual. Es decir que no existe un cuestionamiento radical o un horizonte erótico y/o afectivo que se corra de dichos postulados heteronormativos y románticos.

La inserción y reinserción en las búsquedas de encuentros eróticos y/o afectivos permitió la generación de un mercado de servicios de encuentros. El modo a partir del cual abordé dicho mercado apuntó a echar luz en la construcción de lazo social en los espacios de sociabilidad. Desde una apuesta sociológica de corte interaccionista analicé cómo se construye lazo social en ámbitos de sociabilidad cara a cara y virtuales, los cuales están signados por espacios, códigos, gramáticas, lenguajes y criterios propios e interrelacionados.

Mi perspectiva discutió con aquellos abordajes que teorizan de manera negativa sobre el fenómeno de la virtualidad como forma de sociabilidad y que consideran que la modernidad tardía está signada por la pérdida de cohesión social. La individualización no es sinónimo de individualismo, sino que supone institucionalización y existencia de lazos sociales de otro tipo. Tal como presenté, hay una fuerte dependencia con la esfera del mercado y con otros actantes.

En la esfera virtual no observo fragmentación social sino, por el contrario, entiendo que en y desde lo virtual se generan nuevas formas de construcción de lazo social. Si bien los ámbitos de sociabilidad online y offline tienen diferencias entre sí, considero que nuestra existencia transcurre en un onlife entre ambos registros. Los individuos se relacionan entre sí a través de medios virtuales para posteriormente encontrarse cara a cara, y viceversa. El offline ha potenciado las posibilidades de sociabilidad. De allí que considere a la virtualidad como una facilitadora en la sociabilidad erótica y/o afectiva.

Aunque las formas de vinculación virtual en sitios web y aplicaciones de citas sean más efímeras y fugaces, respecto al cara a cara, no son menos importantes e intensas para los sujetos. Si bien se observan una infinidad de perfiles en un corto lapso de tiempo y hay una visualización estratégica y racional atravesada por diversos criterios de selección, postulo que existe sociabilidad. En esa visualización rápida y racionalizada como así también en los chats emergen imágenes, deseos y emociones compartidas.

La sociabilidad virtual se adecua al tiempo que los sujetos posean y quieran dedicarle. Las personas utilizan las aplicaciones y sitios de citas en la noche, antes de irse a dormir; cuando terminan de comer; mientras realizan otras actividades, y cuando están aburridos/as en el trabajo. A las mujeres que son madres y carecen de tiempo para salir en búsqueda de encuentros eróticos y/o afectivos les facilita la generación de los mismos.

En relación con el involucramiento afectivo, la virtualidad funciona como un medio de erotización pero también de compañía y diversión para los sujetos que no están en pareja. Es decir, las personas no solo van a buscar vínculos eróticos y/o afectivos sino que también se reapropian de los espacios según sus deseos y necesidades. No obstante, no desconozco los efectos negativos que genera el ámbito virtual, como ansiedades, frustraciones y angustias. Los/as entrevistados/as comentan que intentan no depositar demasiadas expectativas en estos ámbitos virtuales ni dedicarle excesivo tiempo a su uso.

Los espacios de sociabilidad virtual son considerados, en la mayoría de los casos, como una forma segura de conocer personas en tanto que a partir de distintas conversaciones pueden tener una mayor idea de cómo y quién es la otra persona. Las mujeres se cuidan de cualquier situación de violencia de género que puedan experimentar en sus citas con desconocidos/as, las pautan en espacios públicos, cercanos a sus casas, y le avisan a alguien de su entorno que tendrán un encuentro. Además, a través de redes sociales como Facebook pueden obtener más información sobre las personas.

Otros aspectos que son señalados positivamente por sus usuarios/as son la gratuidad, aunque con diferencias según la plataforma, y la mayor cantidad de perfiles que se pueden observar respecto a los espacios de sociabilidad cara a cara. La rapidez y la racionalización que existe en la visualización de los mismos tienen efectos despersonalizantes sobre las personas que se encuentran en las fotografías. Se marca de manera instantánea agrado o desagrado sobre los perfiles. En la forma a través de la cual se contemplan las imágenes están contenidas representaciones, recuerdos, sentires y criterios de selección de la persona que observa. Debido a ello considero que el modo desde el cual las personas miran los perfiles nos permite problematizar sobre estructuras y expectativas de clase, sexuales y genéricas que intervienen en la mirada, las cuales fueron analizadas.

Las aplicaciones y sitios web de citas potencian la agencia erótica femenina, aunque con sus limitaciones. Dentro de la construcción de la sexualidad de las mujeres heterosexuales es poco probable que en ámbitos cara a cara aborden eróticamente a un varón. En el ámbito virtual esto se perpetúa, pero aparece una mayor agencia. Las mujeres a través de dar like indican si alguien les resulta atractivo, no obstante, luego de que ambos hayan marcado reciprocidad aparece la expectativa femenina de que sean ellos quienes comiencen la conversación.

Las búsquedas en estos sitios virtuales están atravesadas por guiones del amor romántico y la heteronormatividad, pero también hay corrimientos en torno a los mismos. En los perfiles aparecen referencias a búsqueda de pareja, pero también otras que apuntan principalmente a encuentros eróticos, a saber, “busco pasar un buen momento” o “busco sexo casual”. Si bien en las mujeres hay búsquedas de encuentros meramente eróticos, las menciones sexuales explícitas aparecen solo en los perfiles masculinos.

En relación con los espacios de sociabilidad cara a cara, especialmente en las catas de vino y en las clases de salsa y bachata, se observa que tienen lugar interacciones que trascienden el orden de lo erótico, se generan grupos de pares, de pertenencia, de contención y de amigos/as. Estas dinámicas grupales no se aprecian en la sociabilidad virtual, signada por vínculos entre dos usuarios/as. Asimismo, tal como expliqué páginas antes, los espacios de sociabilidad están sexualizados en términos heterosexuales y heteronormativos.

Analicé también la existencia de lazos sociales entre los/as emprendedores/as de los espacios de sociabilidad cara a cara con sus clientes/as. Los lazos sociales que estrechan se basan en la reciprocidad, la camaradería y la contención que trascienden meras lógicas económicas. Las personas encuentran allí un espacio de pertenencia. La perspectiva interaccionista me permitió observar estos aspectos y correrme de análisis que ponen el foco en el mercado bajo la lógica costo-beneficio.

En relación con el mercado y el amor romántico indagué en cómo lo romántico, el consumo y el hedonismo se encuentran en íntima relación al momento de las búsquedas y de las citas. En las expectativas de búsqueda de vínculos eróticos y/o afectivos de estos sujetos de sectores medios, además del modelo del compañerismo, aparecen los viajes, la música, los deportes y los consumos exclusivos. En las aplicaciones y sitios web de citas los perfiles que son observados de manera positiva son aquellos que se enmarcan en dichos estilos de vida. Desde una perspectiva de género observé que las mujeres aparecen en sus perfiles como consumidoras de deportes y música más que como agentes productores.

En términos estructurales considero que las búsquedas en personas heterosexuales se presentan de forma homogámica, entre sujetos de igual clase, en este caso la media. Aparece de manera explícita un rechazo a cualquier posibilidad de vincularse con personas de sectores populares. Por ejemplo, aunque estos sujetos de clase media hayan sido usuarios/as del sitio web y aplicación Badoo, lo dieron de baja porque consideran que la mayoría de los/as usuarios/as poseen gustos y una hexis corporal popular. Se observa cómo la idea pasional e irracional del amor romántico se ve atravesada por un ideario de racionalización y de confluencia de intereses. Otro criterio de selección determinante en sus búsquedas es que las personas posean formación universitaria, esto es mayormente indispensable para las mujeres.

En el libro hice un análisis de corte macro sobre los criterios de selección en personas heterosexuales de sectores medios, pero también me valí de perspectivas interaccionistas que me permitieron analizar las vinculaciones afectivas que se ponen en juego durante las búsquedas. Desde estos abordajes eché luz sobre la forma de amar, los deseos, las resistencias y la conformación de lazos sociales. Realicé contrapuntos a la visión instrumentalista e hiperracionalista con la cual Illouz analiza el romanticismo. Considero que la mayor racionalización y hedonismo que enmarca las búsquedas coexiste con el modelo de amor como emoción intensa, entendido como horizonte de sentido que guía las expectativas y los deseos de los sujetos. Asimismo, en el contexto de la cita, si bien el consumo genera erotismo, existen ciertos guiones románticos que lo trascienden, como por ejemplo la cercanía corporal y el deseo sexual. Estos juegan un papel fundamental en el desarrollo deseable de la misma y facilitan la posibilidad de un segundo encuentro.

Lo anterior nos adentra en el registro corporal que fue tenido en cuenta en los capítulos. Analicé cómo la corporalidad tiene un papel central en las búsquedas. En los diferentes ámbitos en los cuales transcurre la sociabilidad erótica y/o afectiva, el sex appeal es un capital con peso propio. En la actualidad, las características corporales, el atractivo físico y la belleza son evaluados positivamente tanto en varones como en mujeres. Pero hay diferencias según los géneros, las expectativas corporales que se depositan sobre las mujeres son mayores que sobre los varones. Las mujeres más deseadas serán aquellas que posean cuerpos curvilíneos y de contextura más bien delgada, y sobre todo que tengan una actitud seductora, como por ejemplo a través de la mirada, y que vistan ropa que les marque la figura. No obstante, esta actitud atractiva debe darse dentro de ciertos límites que no rebasen los atributos sensuales y seductores admisibles para una feminidad “aceptable”.

Las expectativas corporales masculinas por parte de las mujeres son menores. En los perfiles de las aplicaciones y sitios web de citas no se observan fotos de cuerpo entero de mujeres que no sean delgadas, mientras que sí las hay de varones. En algunas mujeres el hecho de que ellos tengan panza o canas es apreciado positivamente en tanto denota masculinidad, en términos hegemónicos. Sin embargo, también hay mujeres que se refieren al hecho de que cuidan sus cuerpos y que, por ende, esperan lo mismo de ellos; vinculan corporalidades de personas deportistas y con músculos con un buen desempeño sexual. La expectativa de sexo donde prime el goce de ambas partes opera como un criterio de selección tanto en varones como en mujeres.

En el ambiente de la salsa y la bachata donde existe un alto nivel de  contacto y trabajo corporal prima por parte de sus docentes una pedagogía erótica y de desarrollo de sex appeal de sus estudiantes. Estos ingresan a ese espacio en pos de conocer personas con quienes vincularse eróticamente, pero estas dinámicas lo que terminan generando es una re-erotización en términos subjetivos. Esto tiene impacto en su autoestima y les facilita tener vínculos eróticos con sus compañeros/as, los cuales se mantienen en secreto, o preferentemente con personas externas al ambiente. Asimismo, la suma de likes en los perfiles de los sitios web y aplicaciones de citas, que se traducen en charlas virtuales y/o cara a cara, aumentan la autoestima de los/as usuarios/as debido a que se sienten deseados/as por otros/as. Las charlas que solo quedan en el registro virtual devienen compañía y en ciertos casos amigos/as virtuales. Estos son usos heterodoxos que hacen los/as usuarios/as de las aplicaciones.

En el contexto de las citas cara a cara las gestualidades eróticas que aparecen son miradas, roces corporales, besos y relaciones sexuales. Generan erotismo y/o romanticismo. En el ámbito virtual, a través de los chats, los/as usuarios/as se envían fotografías eróticas, como por ejemplo desnudos, que operan erotizando a los sujetos.

Esta investigación abre camino a nuevas preguntas sobre el amor romántico, los guiones de la heteronormatividad y el mercado erótico y/o afectivo. En futuros análisis me interesa llevar a cabo un trabajo comparativo en pos de observar cómo sucede este fenómeno en otros contextos. Existen dos posibles escenarios que me resultan interesantes para comparar: a) ciudades de menor cantidad de población, como las capitales provinciales del país. En ellas, si bien poseen dinámicas de ciudad, existe otra apreciación sobre el tiempo, hay un mayor grado de vinculación social en términos comunitarios y el mercado de sociabilidad erótica y/o afectiva es distinto y de menor dimensión; b) las búsquedas en personas heterosexuales de este mismo rango etario en sectores populares y de las clases altas, en tanto poseen otros circuitos de sociabilidad por sus intereses, gustos e ingresos.

En resumen, en este libro realicé un aporte al análisis de las búsquedas y los intercambios eróticos y afectivos entre personas heterosexuales en ámbitos cara a cara y virtuales, incluidas las escenas de cita. Analicé, en ambos escenarios, gramáticas, espacios y códigos de interrelación, que las personas van interpretando y aprehendiendo para ser y sentirse deseadas. Pero a su vez indagué en las apropiaciones y desviaciones que hacen los sujetos de los espacios. No solo se vinculan para concretar encuentros eróticos y/o afectivos, sino que también se re-erotizan, encuentran compañía y/o generan amigos/as y grupos de pertenencia, en un marco de incertidumbres.

Eché luz sobre cómo lo afectivo, específicamente el amor romántico, es una variable explicativa fundamental para entender las dinámicas sociales que involucran y trascienden la sexualidad y el género. En un contexto de desregulación, virtualidad y de una nueva forma de generación de lazo social, el amor romántico opera como un horizonte de sentido en las personas heterosexuales. Este guía las búsquedas y (re)aparece en la carrera emocional de los sujetos de manera fallida pero siempre presente. Las búsquedas y trayectorias afectivas de las personas no son lineales, sino que, tal como las he dado en llamar, son heterogéneas y zigzagueantes. Están constituidas por negociaciones y distanciamientos entre experiencias y horizontes de expectativa.

Las preguntas que atravesaron esta investigación y que quedan abiertas invitan a las siguientes reflexiones: ¿Cuál es la sensibilidad erótica y afectiva de las mujeres y los varones heterosexuales? ¿Qué tipos de vinculaciones existen hoy en día en la era de la virtualidad y la fugacidad? ¿Qué sentidos les otorgan los sujetos heterosexuales a las nuevas formas de vinculación? ¿Qué consecuencias afectivas producen las mismas a nivel estructural y subjetivo? ¿Cómo cuestionan y reproducen el discurso romántico y heteronormativo?



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