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1 Investigar sobre afectividad y sexualidad

Metodología y reflexividad

El capítulo se estructura en dos bloques: por un lado, la estrategia metodológica y las fuentes de construcción de datos; por el otro, la propuesta epistemológica y reflexiva de mi análisis.

1. Estrategia metodológica

La metodología de este libro se basa en un abordaje cualitativo. Para la construcción de los datos realicé observaciones participantes presenciales y virtuales, entrevistas en profundidad, mapas de espacios de interacción, y relevé y analicé notas periodísticas sobre los espacios de sociabilidad cara a cara y virtuales, así como los contenidos de los sitios web de los espacios.

 Observaciones

Para analizar las interacciones en estos encuentros realicé observaciones participantes cara a cara y virtuales. Juan Ignacio Piovani (2007) retoma a Barbara Kawulich (2005) para explicar que la observación participante conlleva el involucramiento de la investigadora en una variedad de actividades, y por un período prolongado de tiempo, con el fin de observar a los miembros de una cultura en su vida cotidiana y participar de sus actividades facilitando una mejor comprensión de los mismos.

La técnica de la observación participante implica lograr el acceso a los espacios donde las interacciones se llevan a cabo, seleccionar informantes clave, concurrir sistemáticamente a estos espacios, clarificar hallazgos a través de controles con algunos de los miembros, llevar a cabo entrevistas formales y conversaciones informales, realizar un registro de notas organizadas y estructuradas que expliquen diversos aspectos de la población y la temática que se quiere abordar.

Los espacios cara a cara y virtuales fueron elegidos bajo el criterio de que representan una variedad de consumos culturales propios de los estilos de vida de personas de clase media, residentes en el Área Metropolitana de Buenos, y que están situados en barrios de clase media. Asimismo, los sitios web apuntan a personas pertenecientes a la clase media o media alta.

Pude tener acceso a estos casos a partir de una búsqueda que llevé a cabo sobre espacios de sociabilidad para personas del rango etario aquí abordado en diarios de circulación masiva, como La Nación y Clarín. Realicé, también, cinco entrevistas exploratorias a personas que no estaban en pareja, que eran de sectores de clase media y que transitaban por espacios de sociabilidad para “conocer gente”: espacios de danza, grupos de runners (corredores), cursos de fotografía, entre otros, y aplicaciones y sitios web.

De todos los espacios mencionados en las entrevistas exploratorias seleccioné las clases de salsa y bachata[1], las catas de vinos y los eventos de speed dating (citas rápidas o multicitas)[2]. Estos tres ámbitos de sociabilidad cara a cara fueron elegidos en base a distintos criterios. Representan una variedad de consumos culturales propios de sectores de clase media y son accesibles para los sujetos que los frecuentan, tanto económica como geográficamente. Estos ámbitos de sociabilidad son pagos pero económicos para los/as entrevistados/as, y están ubicados en barrios mayoritariamente de clase media de la Ciudad de Buenos Aires donde ellos/as circulan, tal como presento en la sección “Mapas de los espacios de interacción” dentro de este capítulo.

En relación con el criterio de regularidad, elegí las clases de baile, dado que, por poco o mucho tiempo, ya sean clases de rock, salsa, bachata o tango[3], son una práctica frecuente entre los/as entrevistados/as. Elegí, teniendo en cuenta lo anterior, específicamente la salsa y la bachata porque son danzas donde dicen encontrar, de forma más explícita, aquello que buscan: más cercanía corporal, ya que son “bailes latinos”. La regularidad también aparece en las catas de vinos y se le agrega lo novedoso de este tipo de evento. Según el organizador de la cata, el consumo “masivo” de vinos boutiques y la proliferación de bodegas comenzó a gestarse al comienzo del nuevo siglo. Estos espacios como lugares de encuentro aparecieron en una nota en el diario Clarín (10 de mayo de 2015) denominada “Levante entre copas: el vino, una nueva excusa para buscar pareja”. Hoy hay una multiplicidad de vinerías en barrios de clase media que ofrecen eventos de catas a través de la red social Facebook. Además, me interesa el mundo del vino por sus efectos de desinhibición al momento de sociabilizar. 

El sitio de speed dating fue elegido porque es un espacio donde la gente paga para tener citas y es promocionado de ese modo. Su dinámica, tal como presento en su descripción, permite tener una multiplicidad de citas en un lapso de tiempo corto. A diferencia de los eventos de speed dating, las clases de salsa y bachata y las catas de vinos no son promocionadas específicamente para personas que no están en pareja y que buscan encuentros eróticos y/o afectivos, pero, como analizo en la investigación, son elegidas principalmente por ellas. A priori, son pensadas por sus usuarios/as como espacios donde vincularse de ese modo. Este emergente es uno de los criterios que me llevó a analizar estos dos ámbitos.

Las aplicaciones y sitios web fueron elegidos también porque son utilizados masivamente por los/as informantes, son accesibles y se promocionan como espacios donde tener encuentros eróticos y/o afectivos. Los sitios web elegidos fueron Match y Badoo[4] porque eran los más nombrados por los/as entrevistados/as y porque son presentados por los diarios Clarín, La Nación e Infobae como los sitios con más usuarios. La aplicación que me propuse seguir al principio de la investigación fue Tinder, por su masividad y la posibilidad, novedosa, de marcar con una cruz el desagrado y con un corazón el agrado por otro/a usuario/a.  

A medida que avanzaba en el trabajo de campo, Happn aparecía como una aplicación ampliamente utilizada por mis informantes. Cuando Tinder empezó a masificarse ellos/as comenzaron a utilizar Happn. Mis informantes explican que Tinder comenzó a ser utilizada por usuarios/as que ellos consideran, en base a sus criterios estéticos de clase, de sectores sociales más bajos. Happn devino, entonces, como una aplicación donde encontrarse con personas de su estatus social. La relevancia que empezó a tener Happn para los/as usuarios/as de clase media me llevó a tomarla en consideración como un espacio virtual a ser observado.

a) Espacios de sociabilidad cara a cara

En primer lugar, observé tres espacios de sociabilidad cara a cara que se encuentran geográficamente ubicados en barrios de sectores medios de la Ciudad de Buenos Aires—Palermo, Almagro, Belgrano, Núñez, Las Cañitas, Recoleta, San Nicolás y Monserrat (zona del Microcentro)— y a los cuales concurren personas que viven en el Área Metropolitana de Buenos Aires: una discoteca donde se aprende y baila salsa y bachata, un sitio web que genera encuentros cara a cara en bares y pubs que tienen como propósito los eventos de speed dating y una vinería que realiza catas de vinos de bodegas nacionales e internacionales y propone dinámicas para que las personas que participan se conozcan y tengan temas de conversación en común, tales como charlas con sommeliers, cenas en mesas compartidas y conciertos de música soul, jazz y blues.

En relación con mi injerencia en el campo, a la discoteca donde se baila y se toman clases de salsa y bachata asistí una vez por semana por el transcurso de un año. A las catas de vinos fui a cada uno de los eventos que se promocionaban —en promedio dos por mes— durante un semestre. Mientras que al espacio de speed dating accedí solamente dos veces, dado que la persona que lo organiza comenzó a viajar para vender el producto por otros países de América Latina y encarar estrategias para diversificar su mercado. Pero pude realizarle tres entrevistas en profundidad de dos horas promedio cada una, además de mantener charlas informales durante las observaciones y conversaciones por Whatsapp[5]. Para observar el espacio de speed dating y que mi presencia no fuese disruptiva para las personas y tampoco entorpeciera el trabajo de la organizadora, acordamos que cooperaría como colaboradora. Ella y dos empleados se encargaban de las cuestiones centrales del evento y yo los apoyaba en lo que me pidiesen, como por ejemplo acomodar las mesas y las sillas. Esto me permitió tener charlas informales con los/as personas que concurrían, observar las interacciones y pautar una entrevista con una de las usuarias de este servicio.

En estos espacios de sociabilidad les expliqué de forma oral a los/as organizadores/as y a cada uno de sus usuarios/as que estaba realizando una investigación y el propósito de la misma. Les solicité su consentimiento de forma oral, el cual fue otorgado. Asimismo, los/as organizadores/as de los espacios de salsa y bachata y de catas de vino me presentaron frente a todo el grupo, les comentaron mi investigación y les consultaron si estaban de acuerdo en que yo realizara mis observaciones. Luego tomé nota de lo observado y mantuve en todo momento el anonimato de las identidades de mis informantes.

Estos espacios de sociabilidad cara a cara tienen su contraparte virtual, tal como presentaré más adelante. Cada uno posee una página de Facebook o un sitio web en el cual se promocionan los eventos y se suben fotografías de los mismos; en el caso del speed dating, tiene una plataforma donde pueden visualizarse cuáles fueron los resultados de las citas. Es decir, hay una interrelación entre los vínculos online y offline (Constable, 2008; Kaufmann, 2012; Linne y Basile, 2014; Rodríguez Salazar y Rodríguez Morales, 2016). Pero a los fines analíticos, y dado que el énfasis de sus eventos está depositado en el encuentro cara a cara, ubico en ámbitos de sociabilidad cara a cara el mayor dinamismo de estos espacios.

Salsa y bachata

Las clases de salsa y bachata fueron un ámbito al que los/as entrevistados/as concurrían frecuentemente. Elegí uno de los espacios que los/as entrevistados/as refirieron en distintas oportunidades: una discoteca donde se imparten clases los martes, jueves y domingos. El evento es organizado por dos profesores, una mujer y un varón. Ellos/as dan junto con otra docente la clase de salsa y junto con otros/as profesores/as, que van variando, la de bachata. Luego de la clase de los jueves va un disc-jockey de salsa y bachata invitado y la noche se extiende hasta cerca de las cuatro de la mañana.

Hay personas que toman solo una de las dos clases y otros/as ambas. Sobre la edad de las personas que concurren a este espacio, si bien hay personas más jóvenes, la mayoría ronda entre los 35 y 45 años. La cantidad de varones y mujeres es en promedio similar, aunque en algunas oportunidades hay más varones que mujeres o viceversa.

Para la investigación observé las distintas clases de salsa y bachata, pero sobre todo las de los días domingos, debido a que había más cantidad de personas. En relación con la dinámica de las clases, las de bachata tienen lugar de 19 a 20:30 horas y las de salsa de 20:30 a 22 horas.

El espacio donde tienen lugar las clases es grande; hay dos pisos, aunque para las clases se utiliza solo uno en forma de rectángulo. De un lado está la puerta y enfrente la cabina del disc-jockey. Al costado hay sillones y mesas donde la gente deja sus cosas y se cambia los zapatos; y del otro lado, una barra, pero durante las clases está cerrada.

Las clases de salsa y bachata constan, cada una, de tres partes: precalentamiento, clase y final. En el precalentamiento se practican los pasos básicos, que son los movimientos de pies que están presentes en todos los pasos. Luego los profesores dividen la clase en tres niveles: principiante, intermedio y avanzado. Cada uno de los profesores toma uno de los niveles y se ocupa de ir marcando y enseñando los pasos. Explican los pasos uno a uno, por momentos sin música y en otros con música.

Cuando termina cada una de las clases, los profesores ponen un tema “libre” para que la gente baile como y con quien quiera. Para finalizar la clase hacen un sorteo de clases gratis, con el número que le dan a cada persona con la entrada. Luego del sorteo, los/as organizadores/as invitan a que todos/as vayamos a comer juntos/as. Esto sucede los martes y domingos. Los jueves no se sale a cenar, dado que ese día, luego de las clases, el lugar funciona como discoteca. No obstante, el lugar regala pizzas que son colocadas en la barra para que cada uno/a se sirva y se pueden comprar bebidas.

En relación con la continuidad entre los espacios cara a cara y los virtuales, los/as organizadores/as de las clases tienen una cuenta de Facebook donde suben las fotografías de las diferentes clases y eventos.

Catas de vinos

Observé por un semestre, durante el año 2016, una vinería que realiza catas de vinos, en promedio dos viernes por mes. Las reuniones son publicitadas a través de una pizarra en la calle que avisa cada semana si habrá o no cata, y a través de su perfil de Facebook.

La cata tiene lugar en el sótano de la vinería. Allí hay sillas y mesas. Cuando la cata comienza, el/la sommelier comenta de qué bodega provienen los vinos y cuáles son sus características. Explica la forma correcta de catar un vino, los tipos de uva, y dialoga con la gente consultándoles qué les parece. Se prueban alrededor de cinco vinos. El primero, siempre, es un blanco o rosado, luego vienen los favoritos del público, malbec o cabernet sauvignon, la última botella que se cata es la más cara.

En las catas en las cuales hay mucho público, hay alrededor de 25 personas; en las más pequeñas, 15. Las personas que frecuentan el espacio tienen entre 35 y 55 años. Concurren en grupo, en pareja o solos/as.

Luego de la degustación de los vinos se ofrece de manera gratuita una picada de fiambres o empanadas y hay un recital acústico, en el que tocan dúos o bandas conocidas del dueño. Cuando terminan de tocar las bandas, las personas comienzan a retirarse, pero antes compran los vinos que acaban de catar o algún otro. El dueño les hace un descuento sobre los vinos que se cataron esa noche. Algunas personas deciden quedarse en el sótano tomando más vino y conversando.

Speed dating

Los eventos de speed dating que observé tienen lugar, en promedio, dos sábados al mes y son publicitados a través de su sitio web. La metodología del speed dating consiste en tener diferentes citas en un lapso de tiempo corto, por ejemplo tres horas. Según se explica en la página web del espacio de speed dating que observé, es una forma de conocer gente creada en 1998 en Los Ángeles, Estados Unidos, y patrocinada por una red internacional de origen judío que promovía encuentros entre jóvenes judíos/as solteros/as.

Para darle sustento a la metodología de las citas rápidas como forma idónea para encontrar pareja, y restablecer el precepto romántico de “amor a primera vista”, en su sitio web apelan a una nota periodística de La Gaceta Online sobre una investigación que se realizó en la Universidad de Ohio, Estados Unidos. No obstante, no especifican la fuente precisa ni la fecha de esta investigación.

Cada evento de speed dating ofrece diez citas de ocho minutos cada una. En aquellos eventos donde hay más usuarios y usuarias, la cantidad de citas ronda en alrededor de 14. El rango etario observado es de 34-45 años para mujeres y de 35-47 años para hombres. Si bien no indican explícitamente que son encuentros para heterosexuales, lo dan por sentado. Para los varones gays y las mujeres lesbianas publicitan eventos exclusivos.

¿Cómo se accede a un evento de speed dating? Primero, a través del sitio web, donde aparecen publicitados los eventos. Hay encuentros de speed dating según edad y género, por ejemplo: “Rango de edad para este evento. Mujeres: 34-45. Varones: 35-47”, con la posibilidad de acceder si se tienen dos años menos o más.

Si una persona ingresa por primera vez, debe completar un perfil de “Solicitud de membresía” que consta de tres pasos.

Paso 1: “Datos personales”. Seleccionar un alias, una clave e indicar nombre, apellido, fecha de nacimiento, correo electrónico, país de residencia, nacionalidad, número de Documento Nacional de Identidad, país de residencia, provincia, localidad, barrio, dirección, sexo, teléfono de línea, número de celular, el teléfono de coincidencias (es el teléfono al cual llamarán los/as usuarios/as con quienes se tengan coincidencias en el evento), los contactos de las redes sociales que se utilizan (Facebook, Twitter, LinkedIn, MSN, Skype, WhatsApp, Google+, MySpace, Badoo), y cargar fotos.

Paso 2: “Tu descripción”. Indicar estatura, peso, contextura física, color de pelo, color de ojos, estado civil, cantidad de hijos, con quién vive actualmente, si fuma, si toma alcohol, educación, ocupación, profesión y religión. A continuación, solicitan que se escriba una breve reseña sobre la profesión, actividad o negocio del/a usuario/a y otra reseña donde se cuente brevemente cómo es el/la usuario/a y qué cosas le gustaría dar a conocer.

Paso 3: “Qué buscas”. Hacer una reseña sobre qué tipo de relación y persona es la que se está buscando.

Luego de completar el perfil hay que elegir el evento: singles (solteros/as), singles profesionales, singles sin hijos, singles con hijos.

Dos sábados por mes, de 19 a 22:30 horas aproximadamente, tienen lugar los eventos de speed dating. Los lugares donde transcurren son bares en Palermo, Belgrano, San Telmo o en la zona del Microcentro. Concurren alrededor de sesenta personas, debido a que se desarrollan dos eventos de speed dating en simultáneo, por ejemplo uno de 35-45 (mujeres) y 37-47 (varones), y otro de 45-59 (mujeres) y 47-63 (varones).

Antes de que comience la acreditación, junto con los dos empleados ya hemos armado las mesas con números. En cada una de las mesas hay carteles verdes, para el evento de 35-45 (mujeres) y 37-47 (varones), y naranjas para el evento de 45-59 (mujeres) y 47-63 (varones).

Comienzan a llegar las personas y se desarrolla el primer momento del evento: la acreditación. La mayoría de los/as usuarios/as, tal como se indica en el evento, avisaron o reservaron a través de la dirección de e-mail y de WhatsApp. Algunos/as pagaron con tarjeta de crédito desde la página web y otros/as abonan en la acreditación. Hay usuarios/as frecuentes que son invitados/as por la propia organización debido a que faltan mujeres o varones, para que el evento sea equitativo y todos/as puedan tener la máxima cantidad de citas.

En la acreditación, a las personas se les da una lapicera, una tarjeta donde poner las percepciones de cada una de sus citas, y un cartel para colgarse donde aparece el nickname (alias) y un número de identificación. Al finalizar el evento deben entregar la tarjeta a la organización.

A medida que las personas se acreditan, se van armando en diferentes espacios del bar grupos de mujeres por un lado y de varones por otro. Cerca de las 20 horas la organizadora reúne a todas las personas y les da las pautas de interacción (sobre este punto me explayaré con más detenimiento en el capítulo 5). Explica que a cada uno/a se le dio una tarjeta donde poder ir colocando cita por cita qué le pareció la otra persona. Hay tres estados para elegir: 1) “¡Me encantó, quiero verlo de nuevo! (Estás eligiendo darle a saber que te gustó y te gustaría conocerlo más, sin presiones)”. 2) “Me gustó, como amigo/a. Me gustaría conocerlo/a más. (Seamos amigos, luego vemos)”. 3) “No somos compatibles. ¡Pasemos a la siguiente cita!”. Esto que está representado en tres emoticones[6], ella lo presenta en unas cartulinas a tamaño ampliado.

Imagen 1: Emoticones para marcar en cada cita y explicación

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Fuente: fotografía propia de una parte de la tarjeta que se les entrega a las personas que asisten al evento de speed dating.

Comienza el speed dating, las mujeres se sientan cada una en una mesa y tienen citas con varones, de ocho minutos. Cada ocho minutos la organizadora hace sonar una campana que da la pauta de que hay que cambiar de cita. Rápidamente cada uno/a escribe el número de cita; el número de identificación de la persona que tiene enfrente; su nickname y alguna característica que le recuerde a esa persona, e indica cuál de los tres emoticones representa esa cita. Las mujeres se quedan sentadas mientras que los varones rotan a la siguiente mesa.

Imagen 2: Tarjeta de un/a usuario/a donde se coloca la impresión que le causó cada cita

image3Fuente: fotografía propia de una parte de la tarjeta que se les entrega a las personas que asisten al evento de speed dating.

En la mitad del evento la organizadora anuncia que habrá un break de treinta minutos e invita a la gente a que prueben los tragos que ofrece el bar, que no están incluidos en la entrada. Luego continúan las citas. Cuando estas terminan, cada una de las personas le entrega a la organización la tarjeta que recibió al comienzo, donde resume sus  intereses. En ella coloca el número de identificación de la cita y una cruz o tilde en el emoticón correspondiente: en el primero si le gustó, en el segundo si le gusta como amigo/a o en el tercero si no son compatibles. Esta información es procesada por la organización y en el lapso de dos días cada uno/a puede ingresar con su nombre de usuario al sitio web y ver, en el caso de que haya compatibilidad mutua, la dirección de e-mail de la otra persona y el teléfono de coincidencias, tanto si le gustó como para amistad.

Imagen 3: Indicaciones de coincidencias en el sitio web del/a usuario/a

image4Fuente: fotografía propia de una parte de la tarjeta que se les entrega a las personas que asisten al evento de speed dating.

b) Espacios de sociabilidad virtuales

Observé cuatro sitios web y aplicaciones, con características diferenciadas, que tienen como finalidad la generación de vínculos eróticos y/o afectivos entre personas: Match, Badoo, Tinder y Happn. Las observaciones –solo de los perfiles públicos de los/as usuarios/as, pero no de sus conversaciones y coincidencias con otros/as usuarios/as, dado que son privadas— me permiten analizar los criterios de selección de los sujetos, cómo se presentan en las imágenes, lo que escriben sobre ellos/as mismos/as y las referencias que hacen en relación con qué tipo de persona buscan, qué tipo de vínculo desean y las características de las páginas.

Para obtener información de los sitios de citas y aplicaciones, inventé para Match, Badoo, Tinder y Happn un usuario de varón y otro de mujer y les fui modificando la edad a lo largo de las observaciones, desde los 35 a los 50 años, que es el rango etario sobre el cual me interesa indagar. Estos/as usuarios/as no marcaron sus supuestas preferencias, tenían como fotografías un paisaje de una nube y un sol —solo en el caso de aquellas aplicaciones en las que era obligatorio poner una imagen, si no, no la tenían—, no interactuaban con ninguna persona sino que simplemente fueron utilizados/as para observar los perfiles, que son públicos, y las funciones que poseen las aplicaciones. En Tinder y Happn fueron observados, dentro del rango etario y sexualidad analizada, 70 perfiles de mujeres y 70 de varones para cada aplicación durante el año 2016. En Badoo y Match, fueron analizados 10 perfiles de mujeres y 10 de varones, en tanto proveen mayor cantidad de información.

Desde allí tuve acceso a una multiplicidad de imágenes. Sobre estos perfiles no se mostrará ninguna fotografía, sino que se realizará un análisis general sobre ellas. La forma a partir de la cual analizo las imágenes entiende a estas no como realidades y objetos cerrados, sino que comprende que hay representaciones, discursos y recuerdos por fuera de ellas. Estos componentes externos también hacen a la imagen. Teniendo en cuenta esta premisa retomaré las lecturas de Deleuze (1987), Danto (2004) y Nancy (2007) para el abordaje de las imágenes.

En relación con los espacios de sociabilidad virtuales, estas cuatro formas de encuentro tienen características que las distinguen unas de otras. En la red social y aplicación Match se pondera la escritura de un perfil en el cual se consignan gustos, de qué se trabaja, si se estudia, cuáles son las características corporales de la persona, entre otras informaciones. Por lo que la palabra escrita, además de las fotos, adquiere un tinte de mayor importancia. Esto lleva a que la correcta forma de expresarse y de escribir vuelva a alguien, según los criterios de selección de los/as usuarios/as de sectores de clase media aquí analizados, deseable. En cambio, en Badoo, la información escrita que requiere el perfil es menor y adquieren mayor importancia las fotografías. Para poder utilizar algunas opciones que ofrece la página, que también funciona como aplicación, se vuelve obligatorio presentar imágenes. Por último, en las aplicaciones Tinder y Happn, las fotografías hacen al perfil y ambas están sincronizadas a la red social Facebook. De igual forma que en Badoo, se puede indicar agrado o desagrado marcando un corazón o una cruz. Pero en Tinder y Happn, en comparación con Match y Badoo, la palabra escrita tiene un lugar mínimo.

 En relación con la información escrita de los perfiles, además de las fotografías, Match solicita la siguiente información específica del usuario o usuaria: edad, lugar de residencia, qué busca (por ejemplo, hombres de 36 a 40 años), cuántos son los kilómetros de búsqueda, sus intereses, si hace deporte, si posee mascotas, signo del zodíaco, cosas favoritas, lugares favoritos, y hay un espacio para escribir una pequeña reseña. Luego, para marcar compatibilidad, Match solicita información sobre el/la usuario/a y sobre las personas que serían de su agrado: estatura, tipo físico, color de ojos, color de cabello, si fuma, si bebe, ocupación, ingresos, estado civil, si tiene hijos, si quiere hijos, tono de piel, fe, religión, idiomas, máximo nivel de educación alcanzado. No todos los casilleros deben ser completados, se puede indicar la opción “Te lo digo luego” o no explicitar, con la opción “Sin preferencias”. Todas estas preguntas que realiza Match se deben a que, a diferencia del resto de las aplicaciones aquí analizadas, actúa por medio de filtros y de algoritmos de compatibilidad, tal como me explicó en una entrevista la asesora en vínculos de Match para América Latina. En cambio, las otras aplicaciones solo funcionan según la geolocalización y la edad de búsqueda, y ambas pueden ser modificadas por el/la usuario/a.

La aplicación Badoo está sincronizada a la red social Facebook y, además, el/la usuario/a tiene que especificar, en primer lugar, su edad, ubicación, qué busca; por ejemplo “Hacer nuevos amigos”, “Quiero chatear” o “Quiero salir con una chica de entre 30 y 35 años”. Puede indicar si trabaja, cuál es su nivel educativo y una breve reseña de algún tema sobre el que quiera manifestarse, o cuáles son sus intereses (por ejemplo gastronomía o música). Asimismo, la red social indica cuándo fue la última conexión de cada usuario/a.

En la sección “Quiero”, los/as usuarios/as pueden precisar qué desean del/a otro/a. Los aspectos sobre los cuales pueden indicar preferencia son: relación (si tiene una relación o no), sexualidad, apariencia (aquí pueden indicar estatura, color de pelo y de ojos), consumo de bebidas alcohólicas y tabaco, nivel educativo, idiomas, con quién vive y si tiene hijos/as. Al igual que en Match, pueden no solicitar cierta información. En Badoo los perfiles poseen un puntaje, de 1 a 10, según cuántas personas indicaron que le gustaba el perfil y sus fotografías.

En Tinder aparece, como en Match y en Badoo, en primer lugar, la edad del/a usuario/a, la distancia a la cual se encuentra, se puede colocar el trabajo y la educación y una pequeña reseña en caso de que se desee. Al estar relacionado con Facebook podemos ver los contactos en común con el/la otro/a usuario/a de Tinder; no obstante, nunca se publicará en Facebook que se está utilizando la aplicación.

En Happn aparece la edad, cuándo el/la usuario/a estuvo conectado/a a la aplicación la última vez, a cuánta distancia se encuentra y un mapa que indica las coordenadas geográficas en donde se “cruzó” con la otra persona.

Imagen 4: Ejemplo de mapa a partir del cual Happn muestra la esquina en la cual los/as usuarios/as se cruzaron

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Fuente: fotografía propia del mapa que aparece en la aplicación Happn.

Se puede agregar información sobre estudios y trabajo, como así también una pequeña reseña sobre algo que se quiera comentar.

Un rasgo que tienen en común todas las aplicaciones es que existe la opción de pagar para acceder a una cuenta premium que permite nuevas funciones que, en algunos casos, aumenta la cantidad de personas que es posible conocer y, en otros, hace más visible el perfil del usuario o usuaria. Este punto será desarrollado en el capítulo 4.

Los sitios de citas y aplicaciones, aunque son utilizados por personas de distintas clases sociales, según mis observaciones son empleados principalmente por personas de sectores de clase media o media alta y en sus publicidades apuntan a personas pertenecientes a estos mismos sectores. La asesora en vínculos de Match para América Latina indicó, durante la entrevista que le realicé en el mes de octubre de 2016, que utilizan el sitio web Match un 67,4% de personas que poseen un nivel educativo entre universitario incompleto hasta doctorado. Asimismo, es necesario tener acceso a un smartphone (teléfono inteligente) o a una tablet (tableta) con Internet donde tener descargadas las aplicaciones, o tener Internet en algún otro dispositivo para poder navegar por los sitios.

 Entrevistas

Se llevaron a cabo 30 entrevistas en profundidad a personas que concurren a los espacios de sociabilidad cara a cara y virtuales especificados.

Tuve acceso a los/as entrevistados/as que utilizan las aplicaciones y sitios de citas a partir de la técnica de bola de nieve, por conocidos de conocidos, quienes a su vez me mostraron sus perfiles, a los cuales les tomé fotografías para llevar a cabo un análisis posterior. Los contactos con aquellas personas que concurren a eventos de speed dating, catas de vino y clases de salsa y bachata fueron realizados personalmente.

La distribución, según género y edad, de las entrevistas es la siguiente:

Cuadro 1. Distribución de las entrevistas según género y edad

Edad

Mujer

Varón

35-39

5

5

40-45

5

5

46-50

5

5

Fuente: elaboración propia.

Construí una muestra teniendo en cuenta estado civil (en el caso de las personas que son solteras incluyo si alguna vez convivieron con una pareja aunque no se hayan casado), en qué ámbito y qué tipo de puesto desarrollan laboralmente[7], máximo nivel de instrucción alcanzado y carrera cursada, tipo de hogar en el cual viven[8], si tienen hijos/as (en aquellos casos que manifestaron explícitamente no querer tener más hijos/as también fue indicado) y cuáles son los ámbitos donde buscan vínculos eróticos y/o afectivos (ver Anexos 1 y 2).

Entrevisté a los/as organizadores/as de los espacios cara a cara de sociabilidad y a una asesora en vínculos de Match para América Latina. Si bien observé un espacio de catas de vino (espacio A), le realicé también una entrevista a una organizadora de otro espacio (espacio B) para poder tener una visión comparativa sobre el fenómeno. En el espacio A realicé entrevistas y tuve charlas informales, tanto por Facebook como cara a cara, con el organizador y el empleado del lugar. En las clases de salsa entrevisté en tres oportunidades a los organizadores del espacio (de forma individual y conjunta) y tuve charlas informales, cara a cara y por WhatsApp, en más de una oportunidad. Asimismo, entrevisté a la organizadora de speed dating en varias oportunidades y tuve charlas informales con ella tanto cara a cara como de forma virtual.

Las entrevistas a los/as organizadores/as las realicé con la finalidad de analizar las dinámicas de estos espacios de sociabilización cara a cara y cómo perciben los/as organizadores/as a su público. Asimismo, los/as organizadores/as fueron mis informantes clave. Me facilitaron el ingreso al campo, me presentaron con futuros/as entrevistados/as y me explicaron las dinámicas propias de cada espacio (ver Anexo 3).

Por otro lado, entrevisté a personas que comenzaron a utilizar páginas web donde conocer personas con quienes vincularse erótica y/o afectivamente y a concurrir a estos espacios de sociabilidad en la década del noventa y que continuaban (o no) utilizándolas al momento de la entrevista. Estas entrevistas las realicé para historizar el mercado de sitios de encuentros en el Área Metropolitana de Buenos Aires (ver Anexo 4). 

Asimismo, entrevisté a una mujer, a quien le atribuí el seudónimo de Paz (39 años), que al momento de la entrevista, a diferencia del resto de la muestra, estaba en pareja con alguien que había conocido en un sitio de citas.

Realicé entrevistas en profundidad de tipo biográfico (Denzin, 1989), registrando aquellos repertorios de motivos y turning points (puntos de inflexión) que configuren atmósferas decisionales, con el objeto de identificar las búsquedas de encuentros eróticos y/o afectivos y las interacciones que se generan en dichos encuentros, en mujeres y varones heterosexuales que no están en pareja, de entre 35 y 50 años de edad.

Lo planteado supone, desde el punto de vista teórico y metodológico, centralizar en los relatos de vida de estas personas. Presto atención a los contextos históricos y culturales, pero con el objeto de recuperar la perspectiva del actor para comprender los afectos que intervienen en sus búsquedas, sus percepciones y experiencias (Longa, 2010; Meccia, 2012). 

Retomo las claves metodológicas que propone Meccia (2012) para analizar las entrevistas como relato de vida. Propone tener en cuenta:

1) La capacidad de agencia que los individuos se asignan a sí mismos y a los demás. Esto me permite visualizar las tensiones y negociaciones que plantean las personas entrevistadas en relación con los discursos sobre el amor romántico y la heteronormatividad.

2) Las formas de presentación discursiva que aparecen en el relato de vida en relación con el pasado y el presente. Esto me es útil para observar cómo describen los diferentes vínculos eróticos y/o afectivos que han tenido a lo largo de su vida, cómo experimentan el estar solteros, y cómo vivencian el buscar vínculos de este tipo.

3) Evidenciar “los contenidos implícitos, las grandes oposiciones, las estructuraciones fundamentales que organizan la relación de la persona con el mundo y aclarar la organización de su estructura socioafectiva” (Delor, en Kornblit, 2004: 26). Para tal fin se deben tener en cuenta las secuencias (aluden a acciones o situaciones destacadas en la línea de tiempo del actor), actantes (personajes o fuerzas impersonales que habilitan o no acciones y relaciones del actor) y proposiciones argumentativas (unidades del discurso donde aparecen apreciaciones valorativas de acciones, situaciones o relaciones que incumben a los distintos actantes). Por ejemplo, cómo el hecho de tener que cuidar a los/as hijos/as restringe a las mujeres en las búsquedas de encuentros eróticos y/o afectivos cara a cara, pero las vuelve usuarias más asiduas de búsquedas por sitios web de citas o aplicaciones desde sus casas. O la visión positiva que tienen las personas que no están en pareja pero quieren estarlo sobre sus terapeutas, en tanto los/as incentivan y les facilitan información sobre cómo buscar.

Para los fines analíticos de la investigación no me propuse elucidar si los hechos ocurrieron tal como el/la entrevistado/a los narra, sino poner el foco en los elementos que los/as entrevistados/as recuperan discursivamente sobre lo sucedido. Es decir, sobre las expresiones de la experiencia. Esto es, cómo la vida es narrada (Ariza, 2016: 297).

Retomo de los relatos de vida la idea de los turning points en la vida erótica y afectiva de los/as entrevistados/as con el fin de indagar en aquellos vínculos o circunstancias, en relación con lo erótico y afectivo, que marcaron puntos de inflexión en sus trayectorias vitales. Cuando estaba por finalizar las entrevistas y las personas habían relatado sus diferentes relaciones y cómo los/as habían marcado, yo tomaba una hoja de papel y trazaba una línea de tiempo. En ella los/as entrevistados/as rememoraban y sintetizaban aquello que me habían contado, como así también nuevos eventos que no habían sido mencionados, pero que consideraban trascendentales (Boniolo, 2009; Leclerc-Olive, 1999).

Las entrevistas tuvieron una duración de alrededor de dos horas cada una, en algunos casos hice más de una entrevista por persona. Las mismas fueron realizadas en un café o en un lugar de común acuerdo, sin la presencia de terceros. Respeté la voluntariedad y confidencialidad de su participación a través de la utilización de seudónimos —también en aquellos casos que me indicaron que podría utilizar sus nombres verdaderos los modifiqué— y la protección de cualquier dato potencialmente sensible. Les di una hoja de consentimiento informado que contenía los datos sobre la investigación y mi contacto. Las entrevistas fueron desgrabadas, transcriptas, codificadas y analizadas a través de la utilización del programa Atlas.ti y a partir de matrices de datos realizadas con el programa Excel. Con estos programas pude identificar aquellas categorías emergentes que aparecían en el análisis y que no habían sido tenidas en cuenta al comenzar la investigación, como por ejemplo el papel de los/as hijos/as, las técnicas de reproducción biotecnológica, la importancia de la dimensión temporal al momento de la búsqueda, la multiplicidad de parejas que han tenido la mayoría de los/as entrevistados/as a lo largo de su vida y que me hicieron pensar la noción de trayectorias heterogéneas y zigzagueantes, el papel de los/as terapeutas incentivando a las mujeres que quieren buscar pareja con el propósito de tener hijos/as, tal como aparece en ciertas entrevistas. Asimismo, los programas de análisis me permitieron visualizar regularidades en las entrevistas y en las observaciones y lo específico y único en cada una de ellas.

Las entrevistas fueron realizadas con guiones de entrevista flexibles. El modo de abordar el comienzo de las entrevistas se basó, a partir de las propuestas de Elena Achilli (2005) y Elsie Rockwell (1997), en no comenzar la conversación con preguntas predefinidas o bajo un guion de entrevista prepautado, sino permitirle al/la entrevistado/a que pondere sobre qué temáticas quería explayarse. Para pautar las entrevistas les comentaba a las personas que la investigación era sobre cómo se vinculan con las aplicaciones o los espacios de sociabilidad cara a cara a los cuales concurrían. Este disparador hacía que, en la mayoría de los casos, al comenzar la entrevista los relatos sobre sus experiencias en estos ámbitos se encauzaran sin mi intervención. Luego, la entrevista tomaba su propio curso según la historia personal de cada entrevistado/a. No obstante, algunos aspectos que sí son de importancia para la investigación fueron abordados como ejes de entrevista, y no como preguntas estructuradas, a saber: sus trayectorias de pareja, cuáles fueron sus parejas más significativas, si poseen vínculos sexuales; cómo se vinculan con los espacios de sociabilidad cara a cara y virtuales a los que acceden, por qué comenzaron a acceder a esos espacios, si iban a otros, qué buscaban y qué expectativas tenían —tipos de vínculos, expectativas sexuales y eróticas—, cómo se sentían en esos ámbitos. Sobre el amor examiné, a partir de solicitarles descripciones de escenas, cómo aparecían los discursos sobre el amor romántico al momento de la seducción, como horizonte de sentido del cual se valen los sujetos. Respecto a la soledad, abordé cómo vivencian el no estar en pareja. En torno a la corporalidad y seducción, indagué en cómo aparece la corporalidad en las pautas de cortejo, cuáles son los guiones de seducción, cómo juega en la edad, qué sujetos son corporalmente deseables y cómo se presentaban ellos/as estéticamente frente a escenarios (Goffman, 1979) de cortejo, erotismo y encuentros eróticos y/o afectivos.

En relación con el papel de las redes sociales, aplicaciones y sitios web de citas y encuentros, les consulté qué opinaban sobre los mismos, cuándo los usaban y por qué eran utilizados en determinadas circunstancias; cómo opera la dimensión temporal al momento de buscar encuentros eróticos y/o afectivos, en un contexto en el cual las personas entrevistadas dicen carecer de ellos; qué diferencias de intensidad, acercamiento, comodidad encuentran entre conocer personas a partir de espacios de sociabilidad cara a cara y hacerlo a partir de espacios virtuales.

Todos estos ejes fueron atravesados por la dimensión afectiva: cómo se sentían ante el hecho de no estar en pareja, en las búsquedas y al momento del cortejo.

Se consultó además sobre indicadores sociodemográficos, a saber, profesión, máximo nivel de educación alcanzado, estilos de vida: gustos e intereses de clase que influyen directamente al momento de la búsqueda.

En las entrevistas en profundidad, también me valí de la noción de escena de Vera Paiva (2006) como recurso para explorar sobre las experiencias cotidianas de estos actores en sus búsquedas de encuentros eróticos y/o afectivos. A través de los relatos de escenas en las entrevistas busco analizar no solo sus creencias y representaciones sobre las mismas, sino también la forma en que fueron experimentadas por los/as propios/as entrevistados/as.

Las escenas organizan el recuerdo sobre lo que sucedió, explica Paiva; sin embargo, son únicas y nunca se narran de la misma forma, por lo que nunca serán las mismas después de haber sido descriptas. Dice la autora: “decodificarla aumentará la probabilidad de modificarla”[9] (Paiva, 2006: 32). Durante las entrevistas, a partir de las preguntas que iba haciendo, estimulé a que se describiera el espacio de la escena, el tiempo y el ritmo en el cual sucedió, como así también una descripción sobre los detalles de las prácticas y de la interacción que se fue desarrollando durante la misma (Paiva, 1999, 2005, 2006).

La autora sugiere, para la descripción de una escena, ejercicios imaginarios de ponerse en el lugar del otro sujeto que se encuentra presente durante el transcurso de la escena relatada: que el/la entrevistado/a imagine que se observa a sí mismo por fuera de una escena de la cual es parte, es decir que se abstraiga de la escena que relató y la explique como si fuese alguien externo. Esto tiene como objetivo subyacente estimular el conocimiento sobre el contexto social de los escenarios dentro de los cuales los/as entrevistados/as pueden desenvolverse, como así también lograr cierta reflexividad sobre sus interacciones.

 Mapas de los espacios de interacción

Otra apuesta fue el mapeo de los espacios de sociabilidad a los cuales hacen referencia los/as entrevistados/as. Por cuestiones de confidencialidad y anonimato no aparecen mapeados aquellos lugares que han sido observados. A partir de las diferentes referencias espaciales que realizaron los/as entrevistados/as confeccioné mapas que me sirven, por un lado, para visualizar cuáles escenarios ellos/as consideran como lugares para tener citas y cuáles para conocer personas con las que tener potenciales encuentros eróticos y/o afectivos. Los espacios de citas están compuestos por una escenografía de citas (Illouz, 2009) en la cual es posible conversar sentados mientras se come o se toma algo, es decir, da lugar a una mayor intimidad. En cambio, los espacios de “levante” o para “conocer gente”[10] son espacios como discotecas o bares donde se está principalmente de pie, circulan más personas y el sonido ambiente es ruido y música. Otro punto que me permite el mapeo de los espacios es distinguir cuáles son espacios elegidos por mujeres y cuáles por varones.

Por otro lado, en los mapas puedo identificar los espacios de sociabilidad de los/as entrevistados/as según su clase social. Los espacios elegidos se encuentran en comunas [11] principalmente de clase media. Según el informe El sector medio en la Ciudad de Buenos Aires: una aproximación a partir de la estratificación de la población porteña según ingreso realizado por la Dirección General de Estadística y Censos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (2013), en las Comunas 2 (Recoleta), 5 (Almagro y Boedo), 6 (Caballito), 10 (Floresta, Monte Castro, Vélez Sarsfield, Versalles, Villa Luro y Villa Real), 11 (Villa del Parque, Villa Devoto, Villa Gral. Mitre y Villa Santa Rita), 12 (Coghlan, Saavedra, Villa Pueyrredón y Villa Urquiza), 13 (Belgrano, Colegiales y Núñez), 14 (Palermo) y 15 (Agronomía, Chacarita, Paternal, Villa Crespo y Villa Ortúzar), ubicadas en el norte y centro de la Ciudad, el sector medio tiene un peso mayor que en el conjunto, todas ellas con el 56% o más de los hogares pertenecientes a ese segmento. El espacio en el que es más frecuente encontrar hogares de este estrato es la Comuna 6, donde 65 de cada 100 hogares corresponden a este subconjunto, seguida de las Comunas 11 y 14 (ver Mapa 8 de las Comunas de la Ciudad de Buenos Aires en el Anexo 5).

Los mapas confeccionados serán utilizados en la descripción y análisis del mercado de encuentros eróticos y afectivos que desarrollo en los capítulos 4 y 6. Presento aquí una vista general de los lugares tanto de citas como para conocer personas con las cuales poder tener vínculos eróticos y/o afectivos. En el caso de la Ciudad de Buenos Aires, están principalmente en las comunas de sectores de clase media (Mapa 1).

Mapa 1: Vista panorámica de espacios de sociabilidad de citas y de “levante”/“donde conocen gente” del Área Metropolitana de Buenos Aires por donde transitan los/as entrevistados/as.

Imagen 1

Referencias: Violeta, lugares de cata de vinos. Rojo, lugares donde se sale (solo/a o con amigos/as) de “levante” y para “conocer gente”. Azul: Lugares de salsa y bachata. Amarillo, lugares para ir con cita. Fuente: mapa de elaboración propia a través del servidor de aplicaciones Google Maps.

Notas periodísticas y sitios web

Analicé los contenidos que aparecen en los sitios web de Match (http://match.com.ar/), Badoo (https://badoo.com/es-ar/), Happn (https://www.happn.com/es/) y Tinder (https://www.gotinder.com/). En cada uno de ellos hay información escrita sobre el funcionamiento de los sitios y aplicaciones; los servicios que ofrecen; los países en los cuales operan; consejos para tener más posibilidades de entablar vínculos; privacidad y seguridad; secciones que son presentadas como “historias” en las cuales parejas que se conocieron a partir de estos sitios y aplicaciones cuentan sus experiencias; y estadísticas sobre cantidad de usuarios. También analicé los videos que generan Tinder y Happn para promocionarse.

Las notas periodísticas de los diarios La Nación, Clarín y Página/12; de portales como Infobae y MinutoUno, y de la revista Time me aportaron datos contextuales sobre los ámbitos cara a cara y virtuales. En estos medios aparecen entrevistas a organizadores de estos espacios que explican a través de estadísticas qué edad tienen sus usuarios/as, qué es lo que más buscan, en qué horario del día son más utilizados, entre otras cuestiones.Analicé los contenidos que aparecen en los sitios web de Match (http://match.com.ar/), Badoo (https://badoo.com/es-ar/), Happn (https://www.happn.com/es/) y Tinder (https://www.gotinder.com/). En cada uno de ellos hay información escrita sobre el funcionamiento de los sitios y aplicaciones; los servicios que ofrecen; los países en los cuales operan; consejos para tener más posibilidades de entablar vínculos; privacidad y seguridad; secciones que son presentadas como “historias” en las cuales parejas que se conocieron a partir de estos sitios y aplicaciones cuentan sus experiencias; y estadísticas sobre cantidad de usuarios. También analicé los videos que generan Tinder y Happn para promocionarse.

En relación con los espacios de sociabilidad cara a cara, cada uno de ellos posee un perfil de Facebook donde suben imágenes y promocionan sus eventos. Desde estos perfiles los/as usuarios/as interactúan dejando opiniones y comentarios. El espacio de speed dating, además del perfil de Facebook, posee un sitio web desde el cual se promociona. Los perfiles de Facebook y sitios web también fueron analizados.

2. Propuesta epistemológica y reflexividad

Me posiciono en esta investigación sin desconocer que mi presencia ha tenido un impacto en los espacios que observé, como así también en las entrevistas que realicé. Reconozco también que estoy dotada de un habitus que interviene en el proceso investigativo. El habitus implica “un sistema de esquemas adquiridos que funcionan en estado práctico como categorías de percepción y de apreciación o como principios clasificatorios al mismo tiempo que como principios organizadores de la acción” (Bourdieu, 1987: 26). Estos esquemas se combinan con las interacciones específicas que cada uno de los sujetos mantiene. Es decir, sumado al influjo cultural y sociohistórico, cada uno de nosotros cuenta con una trayectoria biográfica que hace variar nuestras prácticas y perspectivas. Ambos aspectos definen nuestras percepciones sensoriales y nuestros gustos, en otras palabras, las afinidades electivas (Bourdieu, 1998: 282) que nos unen con otras personas o cosas.

El habitus de clase también puede apreciarse en el cuerpo de los sujetos, en su hexis corporal (Boudieu, 1990), es decir, en el modo en que llevan y mantienen el cuerpo. Dentro de la hexis corporal se ubican la apariencia física, el tono de voz, el modo en que los sujetos emplean las palabras al momento de hablar, la forma de caminar y las gestualidades.

Mi forma de producir conocimiento es situada, es decir que es localizable y parcial. Atravesada por las condiciones materiales desde las cuales produzco —una universidad pública en la Argentina—, por mi habitus de clase, mi género, mi edad, mis enfoques teóricos y metodológicos. Retomando a Donna Haraway (1991), generamos conocimiento situado, parcial, por lo que, para Haraway, hay que dejar en claro desde dónde se construye conocimiento. Dice al respecto:

Lucho a favor de políticas y epistemologías de la localización, del posicionamiento y de la situación, en las que la parcialidad y no la universalidad es la condición para que sean oídas las pretensiones de lograr un conocimiento racional (Haraway, 1991: 335).

Este tipo de conocimiento debe ser crítico, no caer en el relativismo, en el sentido de no estar posicionado en ninguna perspectiva mientras se pretende estar en todas. Para Haraway no es posible una pretensión de verdad universal ni de racionalidad científica, sino que, según su punto de vista, la objetividad se define como la conversación entre los diferentes conocimientos situados.

En una misma línea, Rosana Guber (2001) nos propone ser reflexivos/as acerca del lugar desde el cual estamos produciendo conocimiento. Nos sugiere tener en cuenta nuestros atributos socioculturales, tales como la clase social, el género y la edad, dado que estos marcarán el modo en que interpelamos y somos interpelados por quienes estudiamos. Haraway nos invita a examinar nuestra mirada como investigadores/as y sobre cómo nos ven los sujetos que estudiamos:

¿Cómo ver? ¿Desde dónde ver? ¿Qué limita la visión? ¿Para qué mirar? ¿Con quién ser? ¿Quién logra tener más de un punto de vista? ¿A quién se ciega? ¿Quién se tapa los ojos? ¿Quién interpreta al campo visual? ¿Qué otros poderes sensoriales deseamos cultivar además de la visión? (Haraway, 1991: 333).

En esta investigación tengo en cuenta estos interrogantes para esclarecer desde dónde se produce conocimiento y para incorporar las dimensiones de lo afectivo dentro de las ciencias sociales, que ha sido un avance logrado desde el feminismo académico. La incorporación de lo afectivo discute con la tradición epistemológica cartesiana que, tal como explica la feminista Helena López, “entroniza la razón a expensas del cuerpo” (2016: 11). En este libro la dimensión afectiva, sexual y corporal es tenida en cuenta no solo para analizar las experiencias en las búsquedas eróticas y afectivas de las personas, sino también cómo mi afectividad, mi género, mi sexualidad y mi corporalidad se ponían en juego al momento de investigar. En términos de Bergman Blix (2015) y Asa Wettergren (2015), cuál fue mi participación emocional.

De la misma manera pondero la subjetividad de los/as entrevistados/as más allá de los testimonios que puedan brindarme para la investigación. Apunto, siguiendo a hooks (1989), a un talk back con quien tengo enfrente, sin descuidar la reflexividad y vigilancia epistemológica que debo tener como investigadora. Durante el desarrollo del trabajo de campo, las personas me veían como “una asesora sentimental”, como alguien que las escuchaba y a quien le comentaban cuestiones personales. Me contaban luego de las entrevistas, en charlas informales en los espacios de observación, si habían conocido a alguien o cómo se sentían.

2.1. De investigadora a “asesora sentimental”

En las entrevistas en profundidad a mujeres y a varones que buscan establecer encuentros eróticos y/o afectivos, una de las primeras impresiones que tuve fue el nivel de espontaneidad y de reflexión que poseen los/as entrevistados/as para dialogar sobre cuestiones del orden de las emociones, en relación con el amor y la búsqueda de pareja. Todos/as se consideraban “expertos” para hablar de estas cuestiones, lo ejemplificaban a partir de escenas de la vida cotidiana y con reflexiones y anécdotas sobre trayectorias eróticas y afectivas.[12] No obstante, en algunos momentos, para constatar ciertas hipótesis o ideas que tenían en relación con lo afectivo, me consultaban a mí sobre cómo superaba o vivenciaba una determinada situación. Por ejemplo, algo que apareció en una de las entrevistas fue una diferenciación entre el amor a los “veintipico” y el amor maduro. El amor maduro era para ellos/as el amor a su edad, de cuarenta años o más, cuando ya habían tenido alguna pareja estable por varios años y con quien habían convivido, y luego estaba el amor que ellos denominaban a los “veintipico”, al que ubicaban en mi persona. Mientras marcaban las diferencias —que el amor a los “veintipico” era más pasional, que uno siente que si se separa “se muere”, que es donde se proyecta y donde lo que prima es la intensidad—, me consultaban en medio de su reflexión cuántos años tenía, a lo que yo respondía veintiocho o veintinueve, según el caso. Y me volvían a explicar nuevamente sus representaciones sobre cómo había sido el amor para ellos/as a esa edad y me repreguntaban “¿o no que es así?”. 

Ante esto, y situándome no solo como investigadora, sino también como una persona atravesada al igual que ellos/as por el discurso del amor romántico, les respondía que sí, que algo de eso sucede. Aunque personalmente considero que las representaciones que ellos/as ponderan sobre el amor entre los veinte y los treinta son los rasgos más prototípicos del amor pasión: que implica una conexión entre amor y atracción sexual (Giddens, 2006). Sin embargo, si alguien me entrevistase a mí sobre cuestiones vinculadas al amor a mi edad, pensaría que el amor pasión se ubica en la adolescencia, o lo que llamaría, siguiendo con las expresiones de los/as entrevistados/as, a los “diecipico”. Es decir, cómo representan idealmente el modo en que yo amo, no es el modo en que yo lo haría.

Realizar estas entrevistas me hizo cuestionar sobre mi manera de amar y sobre mis propias representaciones y sentidos sobre lo amoroso. En relación con esa distinción entre el amor maduro y el amor a los “veintipico”, una de las entrevistadas (Sandra, 50 años), quien antes me había preguntado si yo estaba en pareja, me dijo al pasar, durante el transcurso de la entrevista, “¿qué te pasaría si hoy a vos tu pareja te deja?”. Para ella era importante conocer si yo estaba en pareja o no, o si al menos había tenido un vínculo de pareja, para de este modo constatar si yo podía comprender lo que ella me estaba contando sobre sus relaciones y emociones, es decir, si yo como entrevistadora podía captar lo que me quería transmitir, no solo desde lo racional, sino también desde lo afectivo.

Otro punto al cual quiero referirme es cómo estos/as entrevistados/as, cuando aparecía una sensación de incertidumbre, me consultaban mi opinión sobre alguna de sus prácticas o si alguna de las otras personas que yo había entrevistado había encontrado una solución certera para una determinada situación. Preguntas y pedidos al estilo de cómo conseguir pareja, cuál era mi opinión sobre el amor y qué me sucedía a mí personalmente ante una determinada situación iban apareciendo en las diferentes charlas. Una de las entrevistadas (Celeste, 46 años), cuando comenzó la entrevista, me dijo: “Espero que después de la entrevista me digas cómo hacer para conseguir pareja”. Yo me reí y consideré que era un modo que la entrevistada había utilizado para generar empatía. La entrevista fue muy amena. Ella, especialista en temas de comunicación, tenía un análisis muy interesante sobre las redes sociales en su relación con los vínculos eróticos y/o afectivos. Yo sentía que esto nos colocaba en una posición de horizontalidad para pensar marcos teóricos y repensar mi objeto de estudio.

Celeste, al momento de la entrevista, era una asidua usuaria de Match, aunque muy crítica sobre la posibilidad de que ella pudiera conocer por esos medios a alguien con nivel educativo universitario a quien amar. Era muy explícita en su búsqueda de un vínculo donde prime el amor. Según su punto de vista, hay algo del orden de lo ficcional y de lo no espontáneo en las redes sociales que va en contra de lo que ella consideraba como amoroso.

Cuando la entrevista ya estaba finalizando, me consultó si yo “que era experta en estos temas” pensaba que ella podría llegar a conseguir una pareja “de verdad” por este tipo de redes sociales. Ante esa pregunta primero dudé si en mi libreto sociológico podía responder eso. Pero a nivel humano, estaba frente a una persona que me había contado escenas de su vida que según me comentó casi nadie las sabía. Lo primero que le respondí fue que de ninguna manera era una experta y que simplemente estaba comenzando a investigar sobre la temática. No obstante, me pareció que sí podía compartirle la experiencia anónima de otras personas, que siendo universitarias habían conocido a sus parejas por medio de las redes sociales y que hoy convivían sin otorgarle importancia al hecho de haberse conocido por Tinder, Badoo o Match. Eso tuvo un impacto positivo en Celeste, quien se entusiasmó con lo que yo le comenté. Entiendo que con la entrevista y la charla final pudo cuestionar, aunque sea en parte, un prejuicio propio que la hacía sentir incómoda con ella misma y con el hecho de buscar pareja por esos medios.

Una segunda escena de entrevista en la cual fui colocada en el lugar de “asesora sentimental” fue con Santiago (47 años). En diferentes momentos de la entrevista, mientras él expresaba sus sentimientos positivos en relación con el hecho de tener una pareja o cuando hizo mención a los celos, me consultaba: “¿Alguna vez te pasó?”. Mi punto de vista en el diálogo que habíamos entablado parecía tener para él cierto valor, lo cual a mí me llamaba la atención. Esto que también me había sucedido en otras entrevistas me hizo preguntar: ¿Cómo yo que tengo una trayectoria vital y, por ende, amorosa más corta puedo dar una opinión interesante? La respuesta que encontré a esa pregunta es que, por un lado, la entrevista les habilita un espacio donde poder compartir parte de sus emociones y una escucha activa sin cuestionamientos. En segundo lugar, me interpelaban porque suponían que yo había estudiado sobre la temática —aunque no lo haya hecho desde la psicología, como a veces creían, sino desde las ciencias sociales—, lo cual hacía que mi palabra se volviese más experta. Pero principalmente, quienes me hacían estas preguntas veían en mi respuesta un modo de gestionar sus expectativas ante la búsqueda y poder confrontar sus prejuicios o representaciones, tal como mostré en el caso de Celeste, como así también de incrementar su autoestima, de orientar y de reflexionar sobre sus búsquedas de vínculos eróticos y afectivos.

Cuando la entrevista finalizaba, les consultaba si tenían amigos/as que estuvieran solteros/as. A los pocos días, sin que haya sido necesario repreguntarles, ellos/as mismos/as me avisaban por WhatsApp que le habían contado sobre la entrevista a un amigo o amiga y que esa persona quería ser entrevistada. En uno de los casos, Carolina (49 años) me escribió un viernes por la noche diciéndome que estaba reunida con una amiga, quien utilizaba un chat telefónico de citas y que quería que la entrevistara. La nueva entrevistada, Sandra (50 años), me comentó sobre lo importante que había sido para Carolina la entrevista y que a partir de la misma había podido hacer un balance de sus relaciones. Cada uno de los/as entrevistados/as se llevó algo de la experiencia de la entrevista, a Carolina y Sandra les fue útil como espacio “terapéutico”; mientras que a mí me sirvió para ver el modo a través del cual los/as entrevistados/as gestionaban el no estar en pareja, cuáles eran sus percepciones sobre el amor, qué esperaban de una pareja y el rol central que tenían los/as hijos/as (tenerlos o no) en estas personas de cuarenta años o más.

A partir de esa entrevista comencé a notar que el tema de la maternidad, la paternidad y los/as hijos/as, que no había tomado en consideración al momento de plantear mi proyecto de investigación, aparecía fuertemente en las distintas entrevistas o en charlas informales que entablaba con personas de cuarenta años o más. El tema de la maternidad/paternidad aparece de forma diferenciada según el género, como explicaré en los próximos capítulos, y tiene efectos concretos y múltiples en las búsquedas. Algunos/as entrevistados/as buscan una pareja con la cual tener un/a hijo/a, a otros/as el hecho de tener hijos/as les impide salir para poder conocer gente en espacios cara a cara en determinados momentos de la semana, en otros casos algunos/as entrevistados/as tuvieron problemas con exparejas que les recriminaban que pasaban más tiempo con sus hijos/as que con ellos/as; y también hay entrevistados/as que no quieren tener más hijos/as y prefieren vínculos con personas que ya tengan hijos/as.

El ser percibida por los/as entrevistados/as como alguien de su misma clase social es un aspecto sociocultural que intervenía al momento de hacer las entrevistas. Cuando yo les consultaba qué atributos debería tener una persona para que les resultara interesante, al momento de entablar una relación de pareja, lo primero que aparecía eran referencias a que tuviera estudios universitarios; por ejemplo, en el caso de Mateo (44 años), me dijo: “No podría fijarme en una mujer que usa camisetas de fútbol”. Cuando mencionaban frases como esa, yo repreguntaba a qué se referían o por qué. Ante esto me indicaban con la mirada y con pocas palabras que yo entendía de lo que estaban hablando. Es decir, apelaban a nuestro habitus de clase (Bourdieu, 1987) y estilo de vida (Sautu, 2016)  común para explicarme que no establecerían un vínculo de pareja con alguien de sectores populares.

En el caso de Micaela (44 años), ella se había mudado al barrio de Palermo, donde residía al momento de la entrevista, hacía un año. Empezó a ir sola a las catas de vino por interés y como forma de conocer gente. Mi primer diálogo con ella surgió durante una de las observaciones devido a que mis empanadas, que nos daban cuando terminaba la degustación, habían quedado apoyadas en su mesa. Ella había estado toda la noche en silencio y era la primera vez que la veía en la cata. Cuando me senté, me preguntó si iba frecuentemente y le contesté que estaba haciendo trabajo de campo en el marco de mi proyecto de tesis. Le pareció pertinente el tema y se ofreció para ser entrevistada, me dijo “yo soy el caso”. Me contó que le había costado tomar la decisión de ir a la cata porque le resulta extraño salir sola, y que estaba a punto de marcharse hasta que yo me acerqué y comencé a hablar con ella. Durante la charla le presenté a distintas personas habitués del lugar y al dueño, quienes se sentaron a hablar con nosotras.[13] Esto fue experimentado con entusiasmo con Micaela. Cuando nos despedimos me agradeció haberla incluido en el grupo y me propuso pautar un día y horario para la entrevista.

Cuando le realicé la entrevista, ella me consultó de dónde era y le comenté que solía vivir muy cerca de donde vivía ella. Me pidió si podía contarle de lugares donde poder ir a escuchar música o a tomar algo sola donde vaya gente, según dijo, “como vos o yo”. Aquí se pusieron en juego la clase social y el lugar de residencia en común. Con la frase “como vos o yo” se refería, en el marco de un barrio con lugares caros, a espacios que sean accesibles y a los que concurra gente con intereses que ella presuponía comunes conmigo en tanto teníamos un habitus de clase y estilo de vida similar: escuchábamos el mismo estilo de música (rock y funk), ambas íbamos a la vinería, yo había vivido en el mismo barrio que ella y ambas habíamos estudiado y trabajado en el sector público.

Ser cis [14]mujer heterosexual también jugó un papel al momento de realizar las observaciones y las entrevistas. En una de las primeras observaciones en las clases de salsa y bachata, yo estaba practicando unos pasos con un compañero de mi misma edad y que apenas conocía. Si bien ingresé al campo desconociendo estos ritmos, ya hacía dos meses que asistía una vez por semana a las clases, por lo cual sabía cuándo un varón marcaba un paso y cuándo se estaba acercando de más, tal como nos habían explicado las profesoras (mujeres). Este compañero que estaba en nivel principiante como yo en vez de marcar el paso siempre me tomaba de la cintura muy fuerte y me empujaba hacia él innecesariamente. En una oportunidad, tomé la decisión de dejar de pasar desapercibida como investigadora y le dije de forma concisa que no estaba marcando el paso y que me estaba apretando. Respondí ante un cortejo que consideraba abusivo. Ante mi expresión de enojo me dijo que no me ofendiera y me sugirió que yo marcara los tiempos del paso, hecho que no sucede en la bachata donde, tal como nos decían una y otra vez, “el hombre marca y la mujer refina”. Cuando yo marqué los tiempos del paso, tal como lo había explicado la profesora, quedó en evidencia que no era necesario apretar tanto al partenaire (pareja) para que el paso saliera correctamente.

Asimismo, hubo dos episodios que me hicieron reflexionar sobre mi sexualidad y género. El primero fue luego de realizar una entrevista a uno de los varones un día miércoles por la tarde. Me volvió a escribir un viernes a las 11:30 de la noche diciéndome que se había quedado pensando en todo lo que habíamos hablado y que le gustaría invitarme a tomar algo para continuar la charla. El segundo fue con uno de los entrevistados que me citó para realizar la entrevista a las 19:30 horas, en su casa. Aunque yo le propuse que fuera en un bar, él me dijo que prefería ir a su casa luego de su larga jornada de trabajo. Acepté, dado que al momento de la entrevista ya teníamos todo un entorno en común dentro del ámbito que yo observaba y que distintas personas sabían que estaría realizando la entrevista. Al finalizar, dos horas y cuarto después, me ofreció de forma cordial si quería quedarme a tomar algo con él. Dado que ya tenía otros planes y no me interesaba relacionarme con él a nivel personal, más allá del marco de la entrevista, le agradecí la invitación y di por finalizado el encuentro. Esta situación me sirvió para darme cuenta de que aquello que yo consideraba como una entrevista formal podía ser visto por ciertas personas como una forma de levante, y devenir en algo más si yo quisiera, y que los/as entrevistados/as me presuponían heterosexual, sin que yo hubiera hecho referencia alguna sobre mi orientación sexual. A su vez, me hizo dar cuenta de los riesgos de tipo sexual que una puede correr como mujer al momento de investigar.

Mis atributos socioculturales como la clase social, el género, el lugar donde resido y la edad generaban empatía y sinergia con los/as entrevistados/as. Me colocaban, ante la mirada de los/as entrevistados/as no solo en el papel de investigadora, sino como una persona dispuesta a escucharlos/as o como un potencial encuentro erótico.

En resumen, en este capítulo expuse la estrategia metodológica y mi apuesta epistemológica. Desde una perspectiva feminista, en la cual me encuadro, llevé a cabo un ejercicio de reflexividad sobre mi lugar en la investigación y el vínculo que establecí con los/as entrevistados/as. En los próximos capítulos me propongo analizar, a la luz de mis perspectivas teóricas explicitadas en la Introducción, el material empírico.


  1. La salsa y la bachata son dos géneros musicales bailables originarios del Caribe y fusionados con otros ritmos urbanos y folclóricos.
  2. Cita rápida, speed dating o multicita es un proceso formalizado de emparejamiento o sistema de citas que consiste en que cada persona tiene diez citas en una noche, cada una del lapso de ocho minutos. Basado en el precepto de que “la primera impresión es la que vale”, propone que diez mujeres y diez varones de un mismo rango de edad tengan encuentros de ocho minutos, tiempo que es considerado como suficiente para saber si alguien resulta agradable o no.
  3. Para el caso del tango y la milonga, véase Carozzi (2014, 2015). La autora estudia las relaciones entre las posiciones generizadas y la manera en que se distribuye el movimiento en el mundo del tango, a partir de una etnografía de clases de tango y milongas del centro de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
  4. Match y Badoo nacieron como sitios web, pero hoy pueden descargarse como aplicaciones para el celular. El último fue Match, desde octubre de 2016. En cambio, Tinder y Happn surgieron como aplicaciones. En el caso de Tinder, a partir de marzo de 2017 puede ser utilizada desde cualquier dispositivo con acceso a Internet (información recolectada en http://blog.gotinder.com/introducing-tinder-online/).
  5. WhatsApp es una aplicación de mensajería multiplataforma que permite enviar y recibir mensajes de texto, de voz, imágenes y videos
  6. Emoticones es una palabra que deriva del inglés emoticons. Son un conjunto de caracteres informáticos que representan una emoción a partir de dibujos de caras, de personajes o de objetos
  7. Los/as entrevistados/as al momento de la entrevista se encontraban con trabajo
  8. Recupero la clasificación de tipo de hogar utilizada en los censos de 1991, 2001 y 2010 y que corresponden al Nomenclador de Agregado de Hogares. Los hogares unipersonales son aquellos que solo cuentan con un integrante, pudiendo tener o no servicio doméstico. Los hogares multipersonales familiares están compuestos por personas que se vinculan por relaciones de parentesco y dentro de este tipo de hogar se distinguen los hogares nucleares y los extendidos. En esta investigación no aparecen hogares extendidos. Dentro de los nucleares están aquellos donde convive una pareja sola o una pareja con hijos/as (hogar nuclear completo o “núcleo conyugal”), o un/a jefe/a con al menos un/a hijo/a (hogar nuclear incompleto).
  9. “… decodificá-la aumentará a probabilidade de modificá-la” (Paiva, 2006: 32). Traducción propia al idioma español.
  10. Las expresiones espacio de “levante” y para “conocer gente” se desprenden de categorías que utilizan los/as propios/as entrevistados/as para describir los espacios.
  11. La Ciudad de Buenos Aires se encuentra organizada en 15 Comunas que se rigen por la Ley 1777 sancionada en el año 2005. Se trata de unidades descentralizadas de gestión política y administrativa que pueden abarcar más de un barrio porteño (información obtenida del sitio web del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, recuperado de www.buenosaires.gob.ar/comunas).
  12. Este punto fue observado y discutido junto con Maximiliano Marentes durante el Círculo de Estudios que impartimos juntos en la Universidad Nacional de San Martín, durante el primer cuatrimestre del año 2016. El mismo se llamó “Estudios sociales del amor. El carácter social del amor, emociones y afectos
  13. Micaela empezó a ir a las catas en agosto de 2016, para diciembre de ese mismo año ya había comenzado a tomar clases de pilates con una de las clientas habitué e iba a los cumpleaños de las personas que había conocido en este espacio de sociabilidad.
  14. Cis es una forma de llamar a las personas que no son trans. Es decir, aquellas que se identifican con el género asignado al nacer (Radi, 2015). Los términos cis y trans oponen dos prefijos latinos. Cis quiere decir ‘de este lado’, mientras que trans significa ‘del otro lado’ (Blumer, Ansara, Watson, 2013). Asimismo, a partir del prefijo cis se nombra a la mayoría dominante y se explicita que las identidades no trans también son construidas (Serano, 2016).


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