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Capítulo I. Problemas clásicos, reformulaciones contemporáneas

A finales de la década de los sesenta y principios de los setenta, en el marco de lo que se dio a llamar la ruptura del consenso ortodoxo en torno al estructural-funcionalismo de cuño parsoniano (Giddens, [1984] 1995), se destaca el trabajo de distintos autores y autoras que se han orientado a elaborar un abordaje relacional sobre el problema del condicionamiento estructural y la potencialidad de la acción. Frente a una concepción de la acción estructuralmente determinada, pero también en oposición a una noción de estructura como epifenómeno de la acción, han surgido nuevas formas de pensar la mutua correspondencia entre ambos términos. En esta tesis, consideramos la teoría de la estructuración de Anthony Giddens (1993, [1984] 1995), la relación entre campos y habitus propuesta por Pierre Bourdieu ([1980] 2007), los desarrollos de Jürgen Habermas ([1981] 1992, [1981] 1999) respecto de la articulación entre el mundo de la vida y el sistema y el interés de Margaret Archer (2010) por la morfogénesis, como formas paradigmáticas de este modo de pensar el problema de la estructura y la acción en la teoría social contemporánea (Ritzer, 1997).

En este marco, la apuesta central de esta tesis doctoral consiste en incorporar los desarrollos de Judith Butler en continuidad con dicha tradición teórica. Y esto porque entendemos que esta autora ofrece, aunque de manera implícita, una conceptualización innovadora sobre este problema que aún no ha sido lo suficientemente explorada. En este sentido, dedicaremos los siguientes capítulos a rearticular la teoría butleriana sobre la acción performativa y las estructuras simbólicas, con miras a destacar lo que consideramos son sus aportes fundamentales para continuar pensando la producción, reproducción y transformación del orden social y sus sujetos.

En lo que respecta a la estructura expositiva de este capítulo, en primer lugar, seguiremos a Anthony Giddens ([1984] 1995) y a Pierre Bourdieu ([1980] 2007) quienes se han dedicado a sistematizar los postulados fundamentales de aquellos enfoques que se caracterizan por otorgar un carácter determinante a la acción o la estructura, de manera excluyente. Por un lado, el objetivismo, que se destaca por concebir los procesos sociales como el resultado de determinaciones estructurales objetivas ante las que se encuentra sometida la acción de los agentes. Por otro lado, la perspectiva subjetivista, que supone la primacía de la acción por sobre los condicionamientos estructurales.

A partir de ello, el segundo apartado se encuentra destinado a reflexionar sobre la posibilidad de elaborar una perspectiva relacional respecto del problema de la estructura y la acción. En este sentido, recuperamos algunas de las principales teorizaciones elaboradas por Anthony Giddens (1993, [1984] 1995), Pierre Bourdieu ([1980] 2007), Jürgen Habermas ([1981] 1992, [1981] 1999), y Margaret Archer (2010) en torno a este debate.

A continuación, explicitamos las interpretaciones más destacadas que se han hecho de la obra de Judith Butler, con miras a incorporar sus desarrollos a este campo problemático. Primero exponemos aquellos trabajos que se han abocado a analizar el nexo entre la performatividad y la agencia en los textos de Butler (Mc Nay, 2000; Sabsay, 2008, 2011, 2012; Salamon, 2010, 2014; Femenías, 2000, 2003; Pérez Navarro, 2008; Lloyd, 2007; Salih, 2002; Speer & Potter, 2002; Vasterling, 1999), señalando tanto sus aportes como sus diferencias respecto de la lectura formulada en esta tesis. Asimismo, afirmamos que existe un área de vacancia en torno a lo que consideramos es la teoría butleriana de las estructuras simbólicas que resulta imprescindible atender con miras a reflexionar sobre los procesos de producción, reproducción y transformación social.

Luego presentamos algunas interpretaciones sobre el problema de la relación entre la acción y la estructura en los textos de Butler que, a nuestro criterio, pueden ser agrupadas en dos líneas generales. Por un lado, aquella que ve en la teoría butleriana un exponente de la perspectiva determinista de las estructuras respecto del comportamiento de los sujetos (Benhabib, 1995; Mc Nay, 2000; Nussbaum, 1999; Boucher, 2006). Por otro, aquella que la caracteriza como un exponente del voluntarismo de la acción, de manera tal que supone sujetos libres y auto-determinados que producen aquello que pretenden (Bourdieu, [1998] 2000; Copjec, 2006b; Amorós, 2005; Boucher, 2006). Consideramos que estas dos interpretaciones son el resultado de las visiones dicotómicas que frecuentemente han dominado las ciencias sociales para pensar la relación entre la estructura y la acción. Y postulamos, en cambio, en línea con autores y autoras como Sabsay (2011, 2012), Salamon (2010, 2014), Femenías (2000, 2003), Lloyd (2007), Vasterling (1999), Burgos Díaz (2012) y Pérez Navarro (2008) y recuperando las propias reformulaciones de la autora a lo largo de su obra, que la teoría butleriana de la acción performativa y las estructuras simbólicas se caracteriza por postular un enfoque relacional.

En el último apartado exponemos lo que consideramos es el aporte de Judith Butler a la teoría social a partir de su puesta en diálogo con algunos de los principales postulados de Giddens, Bourdieu, Habermas y Archer, y esto con miras a seguir pensando el problema de la estructura y la acción en nuevos términos.

1. Objetivismo y subjetivismo

Los desarrollos de Anthony Giddens ([1984] 1995) y Pierre Bourdieu ([1980] 2007) constituyen referencias ineludibles tanto a la hora de sistematizar las distintas formas en las que ha sido abordado el problema de la estructura y la acción en la teoría social, como para repensar esquemas alternativos que permitan trascender las dicotomías que, según ellos, han signado las posiciones tradicionales. En este sentido, a continuación presentamos la modelización elaborada por estos autores a partir de la cual se diferencian dos formas opuestas, aunque igualmente sesgadas, de comprender dicho problema: el objetivismo y el subjetivismo. Como veremos, cada una de estas perspectivas le otorga carácter concluyente a uno de los componentes del binomio por sobre el otro. De manera tal que si, en el primer caso, son las estructuras aquellas que no sólo condicionan sino que determinan la capacidad de acción del sujeto; en el segundo, el sujeto es considerado un agente libre que actúa según la propia voluntad e intención. Cabe señalar que aquí no nos dedicamos a analizar críticamente el sesgo por momentos simplista que supone esta caracterización; antes bien, introducimos dichos esquemas al modo de tipos ideales, con miras a especificar diferencialmente lo que más adelante denominamos “enfoque relacional”.

Giddens y Bourdieu dirán entonces que la perspectiva objetivista se destaca por la primacía de las condiciones restrictivas de las estructuras por sobre la capacidad de agencia, de manera tal que la fuerza causal de las estructuras se erige como fundamento explicativo de todos los fenómenos sociales, incluyendo las acciones de los actores. Los sujetos son entendidos como objetos pasivos absolutamente determinados por las estructuras que en principio no conocen ni pueden influir; son sujetos cuya capacidad de acción es el resultado de fuerzas anónimas que escapan al propio control.

Ambos autores consideran la lingüística saussuriana y la corriente estructuralista que se ha propuesto pensar lo social a partir de la generalización de este modelo lingüístico como claros ejemplos de este tipo de abordaje. En palabras de Bourdieu, el estructuralismo deriva de la división entre “(…) la lengua y su realización en el habla, es decir en la práctica, y también en la historia, y de la incapacidad de pensar la relación entre estas dos entidades de otra manera que como el modelo y la ejecución (…) ([1980] 2007:55) De allí que, según señala el autor, el estructuralismo privilegia la estructura por sobre la materialidad de la realización práctica, reduciendo esta última a la actualización de una suerte de esencia anahistórica. En este punto, Bourdieu recupera la obra de Claude Lévi- Strauss como uno de los principales referentes de la perspectiva objetivista.[1] Por su parte, Giddens agrega que si el pensamiento estructuralista tiende a disolver la subjetividad en las estructuras abstractas del lenguaje; el funcionalismo ha priorizado el análisis funcional de las estructuras por sobre el carácter intencional de la acción, y destaca la propuesta elaborada por Robert Merton como referencia central.[2]

Podemos decir entonces que si el principal aporte del objetivismo consiste en poner en evidencia el papel de las estructuras en la determinación del mundo social; su mayor debilidad ha sido reducir la complejidad de la vida social a la interpretación de sus estructuras, desconociendo el rol de la acción en su producción y reproducción. En palabras de Bourdieu:

Esta visión emanantista que hace de la estructura (…) una entelequia que se desarrolla a sí misma en un proceso de autorrealización, reduce a los agentes históricos al papel de ‘soportes’ de la estructura, y sus acciones a simples manifestaciones epifenoménicas del poder (…) ([1980] 2007:68)

De este modo, se omite el proceso de constitución de las estructuras y se admite como evidente el sentido objetivado en las instituciones. Además, al focalizarse en el carácter determinante de las estructuras por sobre la acción, dirá el autor, este enfoque centra la atención en el problema de la reproducción social.

Ahora bien, si por el contrario se enfatiza la prioridad categorial del sujeto actuante por sobre la estructura, de manera tal que la constitución, el mantenimiento y la transformación de la sociedad son presentados como el resultado de la causalidad del agente, nos encontramos ante lo que Giddens y Bourdieu denominan una perspectiva subjetivista. Para este enfoque, los actores saben lo que hacen y hacen aquello que es su voluntad, ligando así la capacidad de acción a su carácter consciente e intencional. Si el agente es dotado de razón y efectúa acciones de forma intencional o con orientación a fines, la acción será el resultado del control reflexivo del agente sobre sus intenciones. En este sentido, la estructura es concebida como plenamente dependiente de la acción, es el producto emergente de decisiones y acciones de agentes competentes, por lo que carece de propiedades autónomas independientes.

En El Sentido Práctico ([1980] 2007), Pierre Bourdieu destaca la filosofía de la acción de Jean Paul Sartre como un exponente fundamental de la perspectiva subjetivista y le reconoce a éste el mérito de haber explicitado los supuestos fundamentales de aquellos que describen las prácticas como estrategias orientadas con referencia a fines planteados por un proyecto libre.[3] Asimismo, Bourdieu sostiene que la teoría de la acción racional acepta la idea de un sujeto económico económicamente incondicionado, un sujeto consciente y racional que elige libremente, excluyendo así las condiciones económicas y sociales en las cuales un tipo de preferencias aparecen como más o menos razonables según se ajusten más o menos a las exigencias objetivas. A partir de ello, el autor dirá entonces que la teoría de la acción racional sólo reconoce las respuestas racionales de un agente carente de historia, indeterminado e intercambiable, ignora la historia individual y colectiva de los agentes a través de la cual se constituyen las estructuras de preferencia.[4] Por su parte, Anthony Giddens ([1984] 1995) considera la fenomenología de Alfred Schütz como representante de esta perspectiva.[5]

Según lo dicho hasta aquí, si la principal contribución de este enfoque consiste en haber atribuido un peso importante a la capacidad de acción del sujeto como constructor del mundo social; esto se hace en detrimento de las condiciones sociales, es decir, pasando por alto la influencia que la posición del sujeto en un contexto determinado de relaciones tiene sobre su capacidad de acción. De este modo excluye toda interrogación sobre las propias condiciones de posibilidad de la acción, recayendo en el voluntarismo como condición de explicación de los fenómenos sociales.

En lo que respecta a la caracterización de estos dos enfoques, podemos decir entonces que en ambos casos se trata de una articulación particular entre la acción y la estructura en la que se asigna un peso causal a uno de los términos en detrimento del otro, quedando así presos de lo que Anthony Giddens ([1984] 1995) denomina una concepción dualista de la relación. En el próximo apartado nos dedicaremos a presentar un tipo de abordaje que se ha encargado de repensar la relación entre la estructura y la acción desde una nueva perspectiva.

2. Hacia un abordaje relacional del problema de la acción y la estructura

Una vez expuestos los principales postulados a partir de los cuales la teoría social ha analizado el problema de la acción y la estructura otorgándole un peso causal a uno de los elementos del binomio por sobre el otro, en el presente apartado nos dedicamos a introducir algunos textos que han producido un enfoque relacional de este problema. Como ya dijimos, en esta tesis proponemos concebir los desarrollos de Anthony Giddens (1993, [1984] 1995) sobre la estructuración, la relación entre campos y habitus en la teoría de Pierre Bourdieu ([1980] 2007), la articulación elaborada por Jürgen Habermas ([1981] 1992, [1981] 1999) entre el mundo de la vida y el sistema, y la morfogénesis de Margaret Archer (2010) como formas paradigmáticas de abordar dicho problema en términos relacionales (Ritzer, 1997).

Antes de continuar, debemos señalar que esta presentación se encuentra lejos de ser exhaustiva o de agotar los proyectos teóricos de tales autores y autoras. Antes bien, aquí procuramos identificar los principales rasgos que caracterizan sus conceptualizaciones sobre la estructura y la acción, con miras a introducir los desarrollos de Judith Butler en este mismo horizonte problemático. A partir de ello, como veremos más adelante, argumentamos que la teoría butleriana sobre la acción performativa y las estructuras simbólicas permite seguir pensando este problema desde un enfoque relacional, aunque incorporando algunas inflexiones innovadoras.

2.1 Anthony Giddens: estructuración

En primer lugar, consideramos la teoría de la estructuración de Anthony Giddens (1993, [1984] 1995) a partir de la cual se propone concebir la relación entre la acción humana y las estructuras sociales como una dualidad.[6] El sociólogo inglés, reconocido tanto por su trabajo académico como por su participación política, comprende la acción como una “(…) corriente de intervenciones causales reales o contempladas de seres corpóreos en el proceso en marcha de eventos en el mundo” (1993:78), destacando además la posibilidad del agente de actuar de otra manera o de abstenerse de esa intervención y, por lo tanto, de desplegar un espectro de poderes causales. Para este autor, la acción se encuentra pues vinculada con el poder entendido en sentido general, como la capacidad transformadora de la acción humana, la capacidad de intervenir en una serie de eventos, alterando su curso.

En este punto, Giddens agrega que los miembros de la sociedad tienen un conocimiento sobre las condiciones de su actividad que, lejos de remitir al conocimiento consciente de las condiciones de la propia acción, supone una relación entre: a) la conciencia discursiva, esto es, la explicación que los actores dan respecto de lo que hacen y las razones de su hacer; b) la conciencia práctica, la gama de destrezas utilizadas por los actores para continuar con los contextos de la vida social pero que, sin embargo, sólo conocen tácitamente; y c) la conciencia motivacional que corresponde a los deseos y emociones del individuo o condiciones no conocidas de la acción. De manera tal que si bien los agentes reflexionan sobre el mundo que los rodea, esto no significa que la acción presuponga lógicamente o implique necesariamente la intencionalidad de los sujetos involucrados. Dicho en otros términos, existe una distancia entre las intenciones y las acciones, distancia que abre paso a lo que el autor denomina consecuencias no deseadas de la acción.

Por otra parte, Giddens propone concebir a las estructuras como sistemas de reglas y recursos generativos, atributos institucionalizados de las sociedades que tienen implicación recursiva en la reproducción social. Sistemas que se encuentran fuera del tiempo y el espacio (salvo en sus actualizaciones) y se caracterizan por una ausencia del sujeto. En este sentido, se entiende que, para Giddens, las estructuras se diferencian de los sistemas sociales ya que estos últimos incluyen las actividades de los actores que aplican reglas y recursos en la diversidad de contextos de acción. Los sistemas sociales refieren entonces, dirá el autor, a los patrones visibles de las relaciones sociales que han llegado a ser una característica rutinaria de la sociedad y son reproducidas continuamente, de manera tal que las estructuras se hallan implícitas en los sistemas sociales.

En este marco, Giddens utiliza el término estructuración para referir a las condiciones que gobiernan la continuidad o modificación de las estructuras y, por lo tanto, la reproducción de los sistemas sociales. Se trata del proceso dinámico mediante el cual las estructuras llegan a existir a través de la reproducción recurrente de las prácticas sociales. En este sentido, el autor sostiene que si, por un lado, las estructuras generan destrezas y comportamientos al proveer reglas y recursos a los actores sociales; al mismo tiempo, son los actores los que recrean de continuo las condiciones estructurales que hacen posible su propio accionar. Las estructuras sociales son entonces el medio y el resultado de las prácticas que ellas organizan de manera recurrente. Dicho todavía en otros términos, para Giddens, las estructuras son constituidas a través de la acción, mientras que la acción es constituida estructuralmente.

2.2 Pierre Bourdieu: campos y habitus

En segundo lugar, proponemos comprender la teoría de las prácticas sociales elaborada por Pierre Bourdieu ([1980] 2007) como una apuesta por repensar las nociones de estructura y acción en términos de una relación dialéctica entre productos objetivados y productos incorporados de la práctica histórica, o entre los campos y los habitus.[7] El intelectual francés, reconocido por sus investigaciones sobre los sistemas de enseñanza, el sentido del gusto y el desarrollo del capitalismo en Argelia (entre otros), propone concebir los campos como sistemas de relaciones objetivas, espacios estructurados de posiciones, siempre históricamente constituidos. Se trata de sistemas de posiciones y de relaciones entre posiciones cuya estructura está dada por el estado de la relación de fuerzas entre los agentes o las instituciones que lo componen.[8] Es entonces en relación a la desigual distribución del capital que está en juego, que se definen las diferentes posiciones al interior de la estructura de un campo. Por otra parte, Bourdieu incorpora la noción de habitus para designar sistemas perdurables y trasponibles de esquemas de percepción, apreciación y acción resultantes de la institución de lo social en los cuerpos. Son sistemas socialmente constituidos de disposiciones estructuradas y estructurantes, adquiridos mediante la práctica y siempre orientados a funciones prácticas, que son un producto de la historia y, por lo tanto, son perdurables más no inmutables.

Ahora bien, para Bourdieu, existe entre los campos y los habitus una doble relación. Por un lado, dirá el autor, hay una relación de condicionamiento a partir de la cual se entiende que el campo estructura el habitus. De allí que el habitus sea comprendido como el producto de la incorporación del campo, de sus reglas y las propiedades que corresponden a sus posiciones. Es la objetivación o resultado de condiciones objetivas, por lo que a cada posición en el espacio social le corresponde un conjunto de disposiciones. Por otro lado, aunque simultáneamente, el autor sostiene que existe una relación de conocimiento o construcción cognoscitiva a partir de la cual se puede afirmar que el habitus es, al mismo tiempo, producto del campo y condición para su constitución.

En otros términos, las estructuras producen los habitus que determinan las prácticas, las cuales a su vez producen y reproducen las estructuras. Por lo tanto, los agentes determinan activamente la situación que los determina. El habitus como sentido práctico opera reactivando el sentido objetivado: es entonces mediante la inculcación y apropiación de disposiciones duraderas que se alcanzan a reproducir las estructuras objetivas. Pero es también a través de la práctica que resulta posible habitar las estructuras, apropiárselas, y, por lo tanto, mantenerlas en actividad, imponiéndoles revisiones y transformaciones que son a su vez la contraparte y la condición de la reactivación.

Dicho esto, Bourdieu señala que el ajuste entre el habitus y el campo es sólo una de las formas posibles de acción, buscando así evitar universalizar el modelo de la relación circular de reproducción perfecta que sólo aplica cuando las condiciones de producción del habitus y sus condiciones de funcionamiento son idénticas. La producción y reproducción del orden social no es pues entendida como el producto automático de un proceso mecánico a partir del cual la estructura condiciona al habitus y éste reproduce las estructuras. Más bien, se trata de un proceso que se lleva a cabo a través de estrategias y prácticas mediante las cuales los agentes se temporalizan y contribuyen a definir las estructuras. En este sentido, Bourdieu desarrolla la noción de estrategia para designar un conjunto de líneas de acción objetivamente orientadas, construidas sin cesar por los agentes en la práctica, y que se definen en el encuentro entre el habitus y un estado particular de las relaciones de fuerza en el campo. Son propensiones a actuar que, lejos de ser planteadas en un proyecto explícito y consciente, son sugeridas por el habitus como sentido de juego.

2.3 Jürgen Habermas: sistema y mundo de la vida

En tercer lugar, debemos señalar el aporte de Jürgen Habermas ([1981] 1992, [1981] 1999) sobre la relación entre el sistema y el mundo de la vida.[9] Este pensador alemán, reconocido como uno de los exponentes de la teoría crítica y de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt, desarrolla un paradigma comunicativo que enfatiza la centralidad del entendimiento lingüístico y de la intersubjetividad de la acción. Por un lado, es a partir de la noción de mundo de la vida, retomada fundamentalmente de la fenomenología de Schutz, que el autor presenta una perspectiva interna del sujeto en acción. El mundo de la vida permite designar un saber de fondo común, una serie de suposiciones no expresadas formalmente (conjunto de saberes, normas, valores, etc.), que deben ser mutuamente comprendidas para que la comunicación tenga lugar. Aún más, lejos de tratarse de un saber meramente implícito, el autor sostiene que el mundo de la vida se concreta en prácticas sociales.

Habermas dirá entonces que en la medida en que los consensos sociales sean alcanzados mediante argumentos que busquen defender o criticar las pretensiones de validez en que se basa la comunicación lingüística, más que en meras pretensiones de poder, nos encontramos ante una racionalidad comunicativa o pragmática. Esto es, en la medida en que la discusión sobre las pretensiones de validez logre superar las pretensiones de poder, los potenciales de racionalidad propiamente humanos se realizan en la práctica. A partir de ello, el autor distingue entre la acción estratégica (en la que el lenguaje se utiliza como medio para transmitir información o inducir un tipo de comportamiento) y la acción comunicativa (en la que el lenguaje opera como fuente de integración social, fuerza generadora de consenso), con miras a pensar un tipo de racionalidad comunicativa que no se reduce a la acción racional estratégica, pero tampoco refiere a acciones reguladas por la costumbre o por el seguimiento de las normas sociales sin entablar una argumentación.

Por otra parte, el sistema representa una perspectiva externa, la perspectiva del observador que no se encuentra implicado. Esta noción de sistema, retomada del funcionalismo, remite a mecanismos impersonales de coordinación de la acción, medios sistémicos que operan independientemente de la voluntad y conciencia de los individuos. Para Habermas, el sistema tiene sus raíces en el mundo de la vida pero en última instancia desarrolla sus propias características estructurales, de manera tal que cada uno de los componentes del mundo de la vida (la cultura, la sociedad y la personalidad) tienen sus elementos correspondientes en el sistema.

En este marco, el autor señala que en las sociedades modernas occidentales se ha producido una colonización del mundo de la vida por el sistema, invadiendo los ámbitos de acción que se integran a través del entendimiento. De allí que el mundo de la vida ha quedado desacoplado de los ámbitos de acción formalmente organizados y ha caído bajo su dependencia.

2.4 Margaret Archer: morfogénesis

Por último, consideramos el trabajo de Margaret Archer (2010) quien ha propuesto repensar la literatura sobre la acción y la estructura en términos de una morfogénesis.[10] Para ello, en primer lugar, la autora distingue su trabajo de tres orientaciones: el conflacionismo descendente, que le adjudica poder causal al sistema reduciendo las propiedades de la acción a las propiedades del sistema; el conflacionismo ascendente, que niega el carácter constrictivo de las estructuras sociales; y, por último, el conflacionismo central que la autora identifica con la teoría de la estructuración de Anthony Giddens.

Ahora bien, tanto el abordaje morfogenético como el conflacionismo central postulan la mutua relación entre la acción y la estructura de manera tal que las estructuras son entendidas como el resultado de la interacción práctica, a la vez que las prácticas sociales se encuentran delineadas por condiciones estructurales. Sin embargo, Archer dirá que a diferencia de la estructuración, la morfogénesis no es sólo dual sino también secuencial. En este sentido, la autora sostiene que mientras en el conflacionismo central la estructura y la agencia se presentan como temporalmente simultáneas, produciendo una conjunción indistinguible entre ambos momentos y perdiendo así sus propiedades autónomas, la morfogénesis incorpora una diferencia en los intervalos de tiempo en los que operan la acción y la estructura, que permite considerar la existencia de secuencias infinitas y ciclos de cambio estructural, de alteraciones en la acción y de elaboración estructural.

Archer expone la secuencia del ciclo morfogenético del siguiente modo. En primer lugar, existen algunas propiedades emergentes que son tanto estructurales como culturales. En este punto, la autora reserva el nombre de estructura para designar a los fenómenos e intereses materiales, y el de cultura para los fenómenos no materiales o ideas, enfatizando que se trata de elementos no sólo fundamentalmente diferentes sino también relativamente autónomos. Una vez que emergen las estructuras, reaccionan frente a la acción y la alteran. Archer dirá entonces que la estructura precede lógicamente a la acción, sin que por ello se entienda que la acción está absolutamente determinada por la estructura. Pero dado que los actores participan de la elaboración estructural introduciendo modificaciones, el resultado no es necesariamente una reproducción o morfoestasis sino que también puede ser una elaboración estructural o morfogénesis. De manera similar, para esta autora, el sistema cultural, que se encuentra compuesto de teorías, creencias e ideas interrelacionadas, precede a la acción y a la interacción, a la vez que influye y es influido por esta acción conduciendo así a la elaboración estructural.

De este modo, Archer argumenta que resulta posible diferenciar una acción de otra realizada posteriormente y, por lo tanto, condicionada por las consecuencias estructurales de aquella acción previa, exponiendo así el ciclo infinito que se abre entre el condicionamiento estructural, la interacción social y la elaboración estructural. Dicho en otros términos, tanto las estructuras como el sistema cultural preceden a la acción pero la elaboración estructural es posterior a la acción y a la interacción que se da en ellos. En este marco, Archer pretende desarrollar un análisis unificado de la relación entre la estructura, la cultura y la acción.

Habiendo presentado lo que consideramos son algunas de las principales apuestas que han logrado explicitar un abordaje relacional respecto de la acción y la estructura; como ya dijimos, en esta tesis buscamos repensar la teoría de Judith Butler en clara continuidad con esta tradición teórica. Incluso sostenemos que esta autora produce un aporte innovador a dicho problema, por lo que resulta primordial, si no necesario, revisitar sus principales postulados. ¿Cómo entiende Butler la tensión entre la estructura y la acción?

¿Qué herramientas teóricas elabora y moviliza para dar cuenta de la relación entre ambos términos? ¿En qué sentido los desarrollos de la autora pueden coincidir o disentir con aquellos presentados en este apartado? Y, ¿en qué aspectos se puede decir que la propuesta butleriana produce un aporte innovador para seguir pensando el problema de la estructura y la acción? Tales interrogantes orientan en adelante nuestra exposición.

3. Judith Butler y la teoría social

Desde la publicación de El género en disputa ([1990] 2011), Judith Butler se ha constituido sin duda como una de las pensadoras contemporáneas más reconocidas mundialmente en el campo de la teoría feminista y de género. De allí que exista una gran cantidad de bibliografía abocada a discutir y analizar sus principales intervenciones en este punto. Si bien no es nuestra intención presentar un listado completo y exhaustivo de los trabajos que se han dedicado a recuperar el aporte de Butler en dicho campo a nivel global, consideramos resulta posible destacar a modo orientativo los desarrollos de Blumenfeld y Sönser (2005), Dorlin (2009), Lloyd (2007), Salamon (2010, 2014), Salih (2002), entre otros. La recepción de la obra de Butler en Argentina, desde donde se escribe esta tesis, continúa y acentúa esta misma línea de lecturas tal y como queda reflejado en los trabajos de Sabsay (2007a, 2007b, 2008, 2010, 2011, 2012), Femenías (2000, 2003), Mattio (2009, 2010), Bacci, Fernández Cordero y Oberti (2003), Burgos Díaz (2000, 2002), Cano (2013), Soley Beltrán (2009), De Mauro Rucovsky (2016), Pérez Navarro (2008), Vacarezza (2011), por mencionar algunos ejemplos. Por último, para un análisis sobre la recepción de Butler en Argentina, ver Vacarezza (2017).

Asimismo, existen numerosas intervenciones que han recuperado algunos conceptos de Butler para repensar problemas sociales en el campo de los estudios del género y las sexualidades. Sobre la ciudadanía, el espacio público y el discurso mediático en torno al trabajo sexual y los derechos de las comunidades trans, ver Sabsay (2009b, 2011); para analizar la relación entre lo material y lo fantasmático en la construcción de los cuerpos trans, Salamon (2010); para indagar sobre la solidaridad y la articulación del movimiento LGBT, ver Mattio (2010); para examinar la vida cotidiana y la militancia en las décadas del sesenta y setenta, Oberti (2011); respecto de la Ley de Identidad de Género, Aguilar y Fernández Cordero (2013); sobre la producción social de feminidades, Vacarezza (2015); entre otros.

Ahora bien, a medida que avanza en su obra, Butler se ha dedicado al debate teórico y al análisis de la coyuntura de una gran variedad de temáticas que si bien incluyen la teoría y la lucha feministas no se limitan a ellas. Existe extensa bibliografía que da cuenta de algunos desarrollos puntuales en este sentido. En relación a la teoría sobre la performatividad, se pueden revisar los artículos publicados en Soley-Beltrán y Sabsay (eds.) (2012) y los trabajos de Boucher (2006), Kosofsky Sedgwick (2003), Lloyd (2007), Mc Nay (2000), etc. Sobre la performatividad y su potencialidad paródica, ver Pérez Navarro (2008, 2012), Burgos Díaz (2012), Roden (2001), Nussbaum (1999), Amorós (2005), entre otros. Para examinar la concepción butleriana de la vida psíquica y sus aportes para los estudios psicosociales, ver por ejemplo: Baraitser (2015), Baraitser y Frosh (2008), Frosh (2016). Algunos textos que estudian la importancia del psicoanálisis y, más específicamente, de la teoría lacaniana en la obra de Butler: Salamon (2014), Sabsay (2012), Burgos Díaz (2012), Martínez (2015). Sobre los desarrollos de Butler en torno a la filosofía y la ética: Frosh (2011), Baraitser (2009), Femenías y Martínez (coord.) (2015), Femenías, Cano y Torricela (comps.) (2013), entre tantos otros. Para un análisis sobre la vulnerabilidad y sus consecuencias para pensar la hegemonía, Sabsay (2016).

En este marco, cabe destacar la menor repercusión que han tenido los escritos de Butler en el campo de la teoría social. Entendemos que esto es resultado de las dinámicas propias del ámbito académico tendientes a la creciente especialización y departamentalización del conocimiento, frente a las cuales se erige el pensamiento de Butler, interviniendo activamente tanto en el campo de la filosofía, la teoría feminista y los estudios de género/sexualidades, como en el psicoanálisis, la teoría lingüística y la política. A partir de ello, el principal aporte de esta tesis doctoral consiste en insertar la teoría de Judith Butler en el campo de la teoría social con miras a repensar el problema clásico de la relación entre la estructura y la acción desde un nuevo marco interpretativo. Y esto porque entendemos que los desarrollos de esta autora, rearticulados en función de dicho horizonte problemático, permiten decir algo nuevo respecto de la producción, reproducción y transformación del orden social y sus sujetos.

En lo que respecta a la bibliografía abocada al análisis de las nociones de estructura y acción en la teoría butleriana, debemos decir que si bien existen algunos trabajos que señalan la concepción sobre la performatividad del género como un claro ejemplo de las teorías de las prácticas sociales (Reckwitz, 2002)[11] e incluso analizan el nexo entre la performatividad y la agencia en la obra de Butler (Mc Nay, 2000; Sabsay, 2008, 2011, 2012; Salamon, 2010, 2014; Femenías, 2000, 2003; Pérez Navarro, 2008; Lloyd, 2007; Salih, 2002; Speer & Potter, 2002; Vasterling, 1999), aludiendo sólo brevemente, en el mejor de los casos, a las normas sociales que limitan, modelan o determinan la acción; no existen estudios dedicados a rearticular, sistematizar o analizar acabadamente la concepción butleriana de las estructuras sociales. A continuación introducimos dichos textos para establecer de un modo más claro las continuidades y rupturas respecto de la interpretación aquí elaborada.

En primer lugar, en Judith Butler (2007), Moya Lloyd presenta la teoría butleriana sobre la performatividad con miras a comprender la construcción del género como resultado de la relación entre la agencia y las normas culturales que restringen aquello que puede ser un cuerpo a la vez que lo invisten de sentido. En este mismo sentido, en On Judith Butler and Performativity (2002), Sara Salih destaca la centralidad del concepto de performatividad en la obra de Butler y su importancia para comprender la constitución del cuerpo y el género, así como la posibilidad de subvertir dichas construcciones.

Consideramos que uno de los principales aportes del trabajo de Lloyd consiste en exponer acabadamente las implicancias de la teoría butleriana para repensar la mutua correspondencia entre la acción y las normas en torno al género; mientras que el texto de Salih constituye un resumen contundente de los principales desarrollos de Butler sobre la performatividad y el género. Sin embargo, en esta tesis argumentamos que al circunscribir su análisis a la generización de los sujetos, ambos trabajos limitan las repercusiones de los desarrollos de Butler al campo de los estudios de género/sexualidades, sin tener en cuenta sus consecuencias para repensar las principales categorías de la teoría social.

Por su parte, en Del texto al sexo. Judith Butler y la performatividad (2008), Pablo Pérez Navarro repone la genealogía de la performatividad con miras a analizar la capacidad de acción y transformación que tiene el sujeto en la teoría butleriana. En este sentido, el autor argumenta que, para Butler, el sujeto es entendido, al mismo tiempo, como resultado de las estructuras de poder y como el locus donde se actualizan dichas estructuras, abriendo así paso a la posibilidad de su resignificación. En Butler’s sophisticated constructivism: a critical assessment (1999), Veronica Vasterlig señala que es a través de su teoría sobre la performatividad que Butler logra elaborar una concepción de la agencia que permite considerar tanto el modo en que el lenguaje constituye y condiciona al sujeto como la capacidad de iniciativa e intervención que éste tiene en un determinado curso de acción. Y esto, sin que ello implique la completa determinación del sujeto por parte del lenguaje, ni el total control sobre el curso futuro de su acción.

Ambos textos se caracterizan por producir una exposición de los principales desarrollos de la teoría butleriana en torno a la performatividad teniendo en cuenta tanto el carácter determinante de las estructuras o normas sociales como la posibilidad de la transformación social. De este modo, se destaca un doble aspecto de la performatividad: por un lado, es como mecanismo de normativización; y, por otro, como condición de posibilidad de formas de acción que subviertan la norma cultural.

Ahora bien, lo que las propuestas de Lloyd y Salih, Pérez Navarro y Vasterling tienen en común es que si bien exponen detalladamente la perspectiva butleriana sobre la performatividad y su relación con la acción, no le otorgan igual importancia a la concepción butleriana de las estructuras sociales. Aún más, en ninguno de los textos se produce una rearticulación explícita del modo en que Butler comprende las estructuras, sino que su referencia se limita al carácter determinante o limitante que éstas tienen respecto de la acción. Incluso en aquellos casos que se hace alusión a la teoría foucaultiana para comprender el modo en que las estructuras de poder producen y modulan a la sociedad y sus sujetos, no se considera la influencia implícita de la teoría lacaniana en este punto.

Otros textos se han abocado a incorporar la teoría butleriana para repensar distintos objetos de análisis. En Assuming a body. Transgender and rethorics of materiality (2010), Gayle Salamon se propone examinar la relación entre lo material y lo fantasmático en torno a la construcción de los cuerpos trans. Para ello, la autora recupera la teoría butleriana sobre la performatividad de género a partir de la cual se opone a aquellas lecturas que explican la construcción social del cuerpo exclusivamente en términos de constricción o de agencia individual y voluntaria, y enfatiza, en cambio, la interrelación entre el sentimiento interno de género y las estructuras sociales que lo informan. En esta tesis, destacamos la importancia de este trabajo para abordar el problema de la construcción de los cuerpos trans e incluso acordamos en la necesidad de incorporar el funcionamiento de las estructuras sociales al análisis.

En Fronteras sexuales. Espacio urbano, cuerpos y ciudadanía (2011), Leticia Sabsay se pegunta por el proceso de democratización sexual que tuvo lugar en Buenos Aires a partir de la nueva legislación referida a la despenalización del trabajo sexual y la consecuente visibilización de colectivos de travestis y mujeres transexuales en el espacio público. En este marco, la autora destaca la centralidad de la teoría de la performatividad desarrollada por Butler para elaborar una concepción del sujeto del género que evite recaer en el esencialismo a la vez que logre oponerse a la impronta liberal del paradigma constructivista, sea en su deriva culturalista o lingüística. Para Sabsay (2008, 2011, 2012), la teoría de la performatividad de género constituye un fundamento para la acción política en tanto logra desestructurar la polarización entre sujeto y autonomía, oponiéndose así al ideal liberal de la acción en la cual el sujeto es su origen o destino, abriendo paso a una noción radical de libertad en diálogo constitutivo con el poder.

En relación a las propuestas de Salamon y Sabsay, entendemos que estas autoras elaboran una recuperación exhaustiva de los principales desarrollos teóricos de Butler e incluso analizan distintos objetos de estudio desde dicho marco conceptual. En ambos casos, el problema de la estructura y la acción atraviesa sus principales argumentos, sea en torno a la vinculación entre lo material y lo fantasmático en los cuerpos trans, o a la ciudadanía y la regulación sexual del espacio público, respectivamente. Sin embargo, sus trabajos no se encuentran abocados a sistematizar la teoría butleriana de la acción y la estructura, ni a considerar las consecuencias lógicas que tiene la generalización de dichos postulados en diálogo crítico con otros referentes de la teoría social.

Por otra parte, hay textos que retoman los argumentos de Butler en torno a la acción social en diálogo con diferentes perspectivas teóricas. En Gender and Agency. Reconfiguring the subject in feminist and social theory (2000), Lois Mc Nay produce una lectura crítica de la teoría butleriana de la acción social a partir de la cual se propone elaborar un paradigma generativo que reemplace el determinismo simbólico por una comprensión dialógica de la subjetivación, arrojando luz sobre sus aspectos creativos y productivos. Más específicamente, Mc Nay afirma que al postular la inestabilidad del sistema simbólico como condición de posibilidad de la agencia, Butler privilegia la indeterminación estructural por sobre la idea de praxis, quedando así presa del paradigma negativo.

En este sentido, la interpretación que aquí hemos elaborado comparte con la lectura de Mc Nay tanto el interés por recuperar los desarrollos de Butler para pensar problemas de la teoría social, como la centralidad que le confiere a la teoría foucaultiana y la lacaniana en su interpretación. Sin embargo, como veremos a lo largo de la tesis, nos diferenciamos en el modo en que entendemos dichas teorías, así como la apropiación que realiza Butler de las mismas, y sus consecuencias para concebir la agencia y su relación con las estructuras sociales. Asimismo cabe destacar que si bien Mc Nay orienta su crítica a lo que considera es el determinismo de la teoría butleriana, no se dedica a exponer las características específicas que tienen aquellas estructuras que, desde su lectura, determinan la acción.

En Sobre sujeto y género: lecturas feministas de Beauvoir a Butler (2000), María Luisa Femenías presenta un recorrido por el trabajo de distintas pensadoras que se han abocado a estudiar la categoría de sujeto y su relación con el género. En este marco, la autora recupera algunos de los principales postulados de la teoría butleriana y propone comprender la agencia como una práctica performativa de rearticulación o resignificación que es inmanente al poder. Femenías dirá entonces que, para Butler, así como para Foucault, el poder es aquello que constituye al sujeto, es su condición de posibilidad y ocasión de su formación; pero también es posible que el sujeto asuma el poder en su propio accionar, de manera tal que el poder es al mismo tiempo condición de posibilidad y efecto de la agencia. Más adelante, en Judith Butler: introducción a su lectura (2003), Femenías repone más extensamente la concepción butleriana de la agencia y su relación con los modos en que el poder sujeta al individuo vía la interpelación y la teoría de la conciencia, con miras a pensar sus consecuencias para la transformación social.

Por su parte, en From performatives to politics (2002), Susan Speer y Jonathan Potter desarrollan un análisis comparativo entre la teoría butleriana y la psicología discursiva a partir del cual destacan el carácter simultáneamente constrictivo y habilitante de la concepción butleriana sobre la performatividad. Más específicamente, los autores argumentan que es vía Foucault, Derrida y el psicoanálisis que Butler elabora una concepción de la agencia performativa que, en su relación con las estructuras, permite comprender el proceso de constitución del sujeto generizado como simultáneamente atravesado por la constricción y la creatividad.

En este punto, cabe destacar el aporte de los textos de Mc Nay, Femenías y Speer y Potter para abordar los desarrollos de Butler en torno a la acción social desde un enfoque diferencial, en diálogo con otras perspectivas teóricas. Sostenemos además que la propuesta de Femenías constituye un referente ineludible a nivel local que ha logrado sistematizar las principales categorías de la teoría butleriana de manera clara y sucinta sin por ello perder potencialidad analítica. En relación al problema de la estructura y la acción que aquí nos convoca, consideramos que si bien los textos de Femenías y Speer y Potter arrojan luz sobre el condicionamiento estructural; le han otorgado mayor centralidad a la categoría de acción en detrimento de la estructura. Por otra parte, entendemos que si bien recuperan la tradición foucaultiana que informa la teoría butleriana en este punto, no consideran la influencia de la teoría lacaniana para pensar la acción y las estructuras sociales.

Como ya dijimos, la principal apuesta de esta tesis doctoral consiste en producir una relectura de los textos de Judith Butler que permita insertar sus formulaciones en el campo de la teoría social, en diálogo con autores y autoras como Giddens, Bourdieu, Habermas y Archer. En este sentido, nuestra interpretación se diferencia tanto de los trabajos que analizan el aporte de Butler exclusivamente en relación a los estudios de género/sexualidades, como de aquellos que se han abocado a producir una síntesis de sus principales argumentos. Antes bien, como veremos a lo largo de la tesis, aquí sostenemos que es a partir de una particular rearticulación de la teoría butleriana que resulta posible aportar un marco interpretativo singular al problema clásico de la relación entre la estructura y la acción.

En términos generales, si bien la bibliografía presentada en este apartado nos permite configurar un estado de la cuestión sobre el tema de la acción en la obra de Judith Butler que es fundamental para nuestro análisis, una de las principales debilidades que acarrean dichos trabajos consiste en que en ninguno de los casos se produce una rearticulación explícita de aquello que se entiende cuando se habla de estructura social o determinación en la teoría butleriana. Si bien todos estos textos destacan la centralidad de la performatividad para pensar la agencia, no termina de quedar claro qué es aquello que la condiciona y cuáles son las categorías específicas a partir de las cuales se puede concluir si la determinación en relación a la acción es total o parcial. Dicho en otros términos, al presentar una serie de enunciados teóricos respecto de la concepción butleriana de la acción y concluir sobre su carácter determinista o voluntarista, se omiten los supuestos sobre los que se fundamenta dicha conclusión, y que giran en torno a la relación de la acción con las estructuras sociales y al modo en que éstas determinan, condicionan, modulan, constituyen y/o dan vía libre a las acciones.

Aún debemos agregar que si bien existen en los textos de Judith Butler ciertos lineamientos y referencias generales en torno a las categorías de acción y estructura, así como respecto de sus implicancias para pensar la determinación y la transformación social, la autora no produce una conceptualización explícita y sistemática de dichas nociones. De allí que rearticular la teoría butleriana de la acción performativa y las estructuras simbólicas constituye una contribución fundamental de esta tesis tanto al campo de la teoría social en general como a los estudios en torno a la obra de Butler en particular.

En segundo lugar, y según lo hemos presentado en la Introducción, la hipótesis general que atraviesa nuestra investigación consiste en comprender la teoría butleriana sobre la acción performativa y las estructuras simbólicas como el resultado de la tensión entre dos campos de fuerza. Sin embargo, ninguno de los textos que hemos presentado en este apartado recupera acabadamente las formulaciones de la teoría lacaniana en este punto. Consideramos que tal es otro aporte original de nuestra tesis.

3.1 Leer a Judith Butler desde una perspectiva relacional

A continuación presentamos algunas de las principales lecturas que se han hecho en torno al problema de la relación entre la acción y la estructura en la obra de Butler y que, a los fines de esta tesis, pueden ser agrupadas en dos líneas generales. Por un lado, aquellas que proponen entender la teoría butleriana como un claro ejemplo de determinismo por parte de las estructuras (Benhabib, 1995; Mc Nay, 2000; Nussbaum, 1999; Boucher, 2006). Por otro lado, aquellas que identifican a Butler como un exponente del voluntarismo de la acción (Bourdieu, [1998] 2000; Copjec, 2006b; Amorós, 2005; Boucher, 2006).

En Gender and Agency (2000), Lois Mc Nay afirma que es como resultado de la influencia del paradigma negativo para pensar la formación identitaria, que Butler le asigna prioridad al momento de la sujeción y la constricción estructural del sujeto por sobre el momento de la agencia. De este modo, según señala la autora, la perspectiva butleriana supone una concepción determinista de la acción social que ignora el rol activo del sujeto y su capacidad de reflexión y acción independientes.

Por su parte, en The Politics of Performativity (2006), Geoff Boucher sostiene que la teoría butleriana se caracteriza por oscilar entre el voluntarismo y el determinismo, y sitúa su matiz determinista en la introducción revisada de El género en disputa (2011) donde, según señala el autor, Butler propone concebir al sujeto como el resultado de las instituciones y a la acción como un mero efecto del lenguaje. Boucher dirá entonces que, desde una perspectiva butleriana, el poder forma al sujeto y su interioridad psíquica, así como a su capacidad de acción, reemplazando la determinación biológica y natural de los sujetos por un neo-determinismo más bien discursivo.

Ahora bien, en The Proffesor of Parody (1999), Martha Nussbaum agrega que el enfoque de Butler recae en un determinismo absoluto de los sujetos por parte de las estructuras de poder, determinismo a partir del cual se agota toda posibilidad de transformación social. De manera tal que si, según Nussbaum, Butler propone entender las estructuras de la personalidad como efectos de poder y si en definitiva el cuerpo sólo es poder, no se entiende de qué modo resulta posible el cambio y la resistencia. Dicho en otros términos, Nussbaum sostiene que si en la teoría butleriana los sujetos se encuentran presos de las estructuras de poder, la parodia se revela como una simple burla que, lejos de modificar las estructuras, es funcional al sistema.

En este mismo sentido, en Feminist Contentions (1995), Seyla Benhabib argumenta que la teoría butleriana de la performatividad implica una perspectiva determinista de los procesos de individuación y socialización y, por ende, una teoría normativa de la agencia. Para esta autora, la teoría de los actos de habla no permite explicar la capacidad de auto- determinación de los agentes humanos ya que la agencia no es entendida como un atributo inherente a la voluntad de sujetos individuales autónomos sino como un efecto del discurso. Benhabib incluso sugiere que Butler arrastra este problema vía la teoría foucaultiana en la que el sujeto pierde fuerza categorial frente a las formaciones de poder-saber, de manera tal que tanto los sujetos como la posibilidad de resistencia son entendidos como resultados de determinados discursos. Ahondaremos en este debate en los capítulos subsiguientes.

Por otro lado, debemos señalar aquellos textos que presentan la teoría butleriana como exponente de una perspectiva voluntarista del comportamiento de los sujetos. En este sentido, en La dominación masculina ([1998] 2000), Pierre Bourdieu caracteriza la propuesta butleriana como una visión netamente voluntarista que entiende los sexos como elecciones o roles que pueden interpretarse a capricho y ser abolidos por un acto de magia performativa. De manera tal que, para este autor, la teoría butleriana supone sujetos libres y auto-determinados que, al modo de las drag queens, producen lo que pretenden, ignorando que los dualismos sexuales se encuentran profundamente arraigados en las estructuras y en los cuerpos. En palabras del autor, “el orden de los sexos es lo que sustenta la eficacia performativa de las palabras –y muy especialmente de los insultos–, así como lo que se resiste a las redefiniciones falsamente revolucionarias del voluntarismo subversivo” (Bourdieu, [1998] 2000:127) En el capítulo II de esta tesis nos dedicaremos a analizar el contrapunto entre la teoría de la performatividad y la concepción bourdiana del discurso, con miras a repensar el carácter voluntarista que Bourdieu le asigna a la propuesta butleriana. A partir de ello, y una vez que hayamos reconstruido la teoría butleriana de las estructuras simbólicas (capítulo III y IV), en el capítulo V retomaremos la crítica esbozada por Bourdieu respecto del carácter voluntarista de la parodia.

Joan Copjec (2006b) propone entender la teoría butleriana como una apuesta por la diseminación radical que ignora los requerimientos de la construcción del sentido. Se trata, según señala la autora, de un historicismo voluntarista a partir del cual las diferencias sexuales son postuladas como infinitamente maleables y discursivamente construidas. En palabras de Copjec, “(…) Butler concluye, a partir de los conceptos cambiantes de mujer, algo acerca del ser, la existencia de las mujeres” (2006b: 24) El error de Butler sería entonces, desde esta lectura, el haber confundido una regla del lenguaje con una descripción de la cosa-en-sí, la constitución de la identidad femenina con la variabilidad de los discursos sobre la mujer.

En lo que respecta a su sesgo voluntarista, Boucher (2006) argumenta que a medida que avanzamos en la obra de Butler, desde sus primeros escritos hasta Dar cuenta de sí mismo ([2005] 2009), su lectura del mecanismo de interpelación en Althusser borra gradualmente la preocupación por el componente institucional de la formación de la subjetividad y la reemplaza por un enfoque exclusivamente interpersonal e intrapsíquico que evacúa la materialidad de las instituciones y reduce el campo social a la suma de encuentros diádicos. De este modo, dirá el autor, eleva lo individual por sobre lo institucional. Como resultado, Boucher incluso señala que Butler propone pensar la posibilidad de resistencia en términos de narrativas personales y melancolía subjetiva, más allá de los determinantes estructurales del sistema social. Otra lectura posible será esbozada en los capítulos III y IV de esta tesis.

De manera similar, en La gran diferencia y sus pequeñas consecuencias… para la lucha de las mujeres (2005), Celia Amorós destaca cierto voluntarismo en la propuesta elaborada por Butler e incluso sostiene, a partir de ello, que en la teoría de la performatividad la subversión parece equiparable a la plena liberación respecto de la norma. Retomaremos ambos puntos en los capítulos IV y V.

Presentados algunos de los principales referentes de estas dos líneas interpretativas, en esta tesis argumentamos que ambas propuestas constituyen un claro producto, así como un refuerzo, de las visiones dicotómicas y sesgadas en las que muchas veces ha caído la reflexión sociológica para pensar la compleja relación estructura-acción. De allí que, siguiendo la propuesta de autores y autoras como Sabsay (2011, 2012), Salamon (2010, 2014), Femenías (2000, 2003), Lloyd (2007), Vasterling (1999), Burgos Díaz (2012), Pérez Navarro (2008), entre otros, y recuperando además las propias aclaraciones y ajustes que Butler elabora en torno a estas lecturas críticas de su obra, fundamentalmente en los prólogos de El género en disputa ([1990] 2011) de 1990 y 1999 respectivamente, pero también en Cuerpos que importan ([1993] 2010), Deshacer el género ([2004a] 2005) y más adelante con Mecanismos psíquicos del poder ([1997b] 2001) y Dar cuenta de sí mismo ([2005] 2009); sostenemos que resulta posible articular un abordaje relacional de la teoría butleriana que logre eludir tanto el determinismo de las estructuras como el voluntarismo de la acción.

Como vamos a ver a lo largo de la tesis, desde esta perspectiva, el sujeto no es entendido como un ser absolutamente libre de las normas sociales ni completamente determinado por las estructuras; antes bien, se trata de un sujeto condicionado por las estructuras que funcionan como límites de su accionar y, al mismo tiempo, como su condición de posibilidad. Las estructuras de poder producen a los sujetos, determinándolos parcialmente, mediante la repetición de ciertas normas sociales y la exclusión de figuras consideradas ininteligibles por el sistema. Pero si los sujetos son concebidos como el resultado de las estructuras simbólicas, éstos son al mismo tiempo el locus de su producción y reproducción. De manera tal que si es mediante la repetición de normas y prácticas sociales que los sujetos producen y reproducen las estructuras, es precisamente en esa repetición donde puede producirse una desviación de la norma que haga entrar en crisis el orden simbólico vigente. Podemos decir entonces que en la teoría butleriana el sujeto actuante produce, actualiza y subvierte las estructuras, las que a su vez producen y subordinan al sujeto.

Ahora bien, tanto las críticas elaboradas por Bourdieu, Copjec, Benhabib, Nussbaum, Mc Nay, Boucher y Amorós, sea que propongan entender la teoría butleriana en su carácter voluntarista o determinista, como las lecturas que destacan un enfoque relacional, en todos los casos, discuten en torno al problema de la relación entre la acción y la estructura en la teoría butleriana. Todas estas intervenciones entienden, acertadamente en nuestra opinión, que la teoría butleriana permite producir enunciados sobre la potencia (o impotencia) del sujeto para la acción en relación con un marco de determinación estructural. Sin embargo, en ninguno de los casos se desarrolla una lectura o síntesis de la concepción butleriana de la acción y la estructura, sino que aquello se omite pasando directamente a acordar o disentir con lo que se cree dice la autora.

En este marco, entendemos resulta fundamental producir una rearticulación de la teoría butleriana en torno al problema de la relación entre la estructura y la acción. Por un lado, para fortalecer y enriquecer el debate que se da al interior de aquellos trabajos que toman la obra de Butler como objeto. Por otro lado, y aquí es donde entendemos reside el mayor énfasis de esta tesis, para insertar los desarrollos de esta autora en el mapa de discusiones del campo de la teoría social, con miras a determinar en qué aspectos su propuesta permite continuar pensando algunos de sus problemas clásicos. Leer a Butler en diálogo con aquellos autores que se han encargado de elaborar un abordaje relacional del problema de la estructura y la acción nos permitirá entonces mostrar que la autora en cuestión no sólo presenta interrogantes afines sino que introduce aportes innovadores en este punto: tal es la principal contribución de nuestra tesis.

3.2 Reformulaciones contemporáneas

Según lo hemos dicho hasta aquí, queda claro que nuestra propuesta consiste en releer la teoría elaborada por Butler en consonancia con los desarrollos de autores y autoras como Giddens, Bourdieu, Habermas y Archer, en torno a lo que entendemos es un abordaje relacional de las nociones de estructura y acción. Así pues, si como ya vimos, Giddens elabora la noción de estructuración para concebir la vinculación entre la acción y las estructuras; Bourdieu comprende la doble correlación entre los campos y los habitus como una relación de condicionamiento y construcción cognoscitiva; Habermas analiza la mutua determinación entre el mundo de la vida y el sistema; y Archer conceptualiza la relación entre la cultura, las estructuras y la acción a través de la noción de elaboración estructural; a lo largo de la tesis buscaremos rearticular una teoría butleriana sobre las estructuras simbólicas y la acción performativa, allí donde las estructuras determinan parcialmente la acción de los sujetos, y éstos, a su vez, producen, reproducen y transforman performativamente dichas estructuras.

En primer lugar, sostenemos entonces que Butler comparte con estos autores el carácter dual a partir del cual se propone concebir la relación entre la estructura y la acción. Desde esta perspectiva, las estructuras son entendidas como el resultado de prácticas sociales, las que a su vez se encuentran condicionadas por circunstancias estructurales. Las estructuras son, al mismo tiempo, medio y resultado o condición y consecuencia de la repetición ritual de normas y prácticas sociales. O, dicho todavía en otros términos, la acción produce y reproduce las estructuras, las que a su vez la condicionan.

Incluso se puede establecer un punto de contacto entre las formulaciones butlerianas y los desarrollos de Margaret Archer en torno a la temporalidad de dicha relación. Esto es, como ya vimos, Archer propone repensar la relación entre estructura y acción en términos de una morfogénesis, destacando no sólo la mutua determinación entre ambos términos del binomio, sino también su carácter secuencial. Se entiende entonces que la estructura y la acción no son dos momentos temporalmente simultáneos, sino que operan en intervalos de tiempo diferenciados, dando lugar a la existencia de ciclos infinitos de cambio estructural, alteraciones en la acción y elaboración estructural.

De manera similar, sostenemos que la concepción butleriana de la estructura y la acción, lejos de referir a una serie de momentos discretos, considera cierta dimensión temporal al definir la acción performativa como un proceso de reiteración ritualizada. Como veremos a lo largo de la tesis, para Butler, las estructuras sociales llegan a existir a través de la repetición ritual de normas y prácticas sociales, de manera tal que las estructuras son pues medio y resultado de la acción social. En este sentido, podemos exponer la secuencia butleriana del siguiente modo: en primer lugar, existen normas y prácticas que estructuran la vida social; dichas normas y prácticas deben ser repetidas, citadas, reiteradas ritualmente para existir y, por lo tanto, dependen de la acción performativa; una vez que se producen y reproducen las estructuras sociales a partir de la repetición ritual, éstas reaccionan frente a la acción y la condicionan o determinan de manera parcial, abriendo así paso a un ciclo infinito.

En este punto, nos oponemos a la lectura elaborada por McNay (2000) que supone que al enfatizar la dimensión retrospectiva del tiempo, lo que queda en evidencia en su concepción sobre la performatividad como repetición, la teoría butleriana debilita la fuerza desestabilizadora de la acción performativa y la convierte en un acto estático donde la reproducción del sistema de sexo-género se reinscribe incesantemente siempre igual a sí mismo. Para esta autora, la conceptualización de la agencia desarrollada por Butler se encuentra pues determinada por las estructuras que son retrospectivamente anteriores a la acción. En contraposición a ello, aquí argumentamos que en la teoría butleriana las estructuras condicionan a la acción y son, al mismo tiempo, resultado de las prácticas sociales; de allí que, como efecto de este proceso, la acción performativa pueda introducir corrimientos respectos de las normas que reitera, abriendo paso a la posibilidad de la transformación social. Abordaremos esto más específicamente en los capítulos II, IV y V de esta tesis.

En torno a la teoría de acción social sostenemos que tanto Butler como Bourdieu destacan el carácter ritual y corporal a partir del cual proponen concebir los procesos de producción, reproducción y naturalización de las estructuras sociales, así como la constitución de aquello que queda excluido de dichas construcciones. Sin embargo, mientras Bourdieu entiende la performatividad del lenguaje como un efecto de la legitimidad del hablante; en la propuesta butleriana, el discurso deja de ser aquel medio que representa la realidad material anterior y externa a él, para designar una práctica que produce no sólo al mundo social y sus sujetos sino también su efecto de materialidad. A partir de ello, como veremos en los capítulos II y V de esta tesis, los autores difieren en torno a su concepción de la acción y sus consecuencias para pensar la transformación social. En este sentido, incluso argumentamos que la teoría butleriana se encuentra orientada a elaborar una alternativa que logre trascender lo que considera es el tinte reproductivista o conservador del abordaje de Pierre Bourdieu.

Más adelante, en el capítulo IV, veremos que Butler propone analizar el modo en que las estructuras simultáneamente producen y subordinan al sujeto tanto psíquica como socialmente, allí donde lo psíquico y lo social son entendidos como dos momentos de un mismo movimiento, de manera tal que los contenidos psíquicos se encuentran formados socialmente, y los discursos sociales interpelan a los sujetos operando a través del investimento psíquico (Baraitser & Frosh, 2008; Sabsay, 2012). A partir de ello, la autora propone complejizar el planteo de Bourdieu al comprender la encarnación de la norma ya no como una simple incorporación sino como un modo de interpretación que se sostiene por las idealizaciones de la fantasía. Asimismo, en el capítulo IV sostenemos que es en oposición al análisis desarrollado por Bourdieu ([1998] 2000) en torno a la dominación masculina que se destaca el aporte de la teoría butleriana para comprender la constitución sexo-genérica de los sujetos, así como la posibilidad que éstos tienen de desobedecer dichas normas abriendo paso a múltiples identificaciones. Repensar el proceso de constitución psíquica y social de los sujetos a partir de la relación entre la norma y la fantasía, y señalar el carácter constitutivo del proceso de generización/sexuación de los sujetos, tales son, según entendemos, algunos de los aportes fundamentales de Butler al problema de la estructura y la acción.

Por otra parte, entendemos que Butler coincide con Giddens en lo que respecta a su crítica al voluntarismo de la acción. Para este autor, el conocimiento que los sujetos tienen sobre las condiciones de su propia acción, lejos de ser total y consciente, supone una relación compleja entre distintos factores que escapan a la intencionalidad de los sujetos involucrados, produciendo efectos inesperados o consecuencias no deseadas de la acción. En este mismo sentido, Butler sostiene que toda acción performativa admite siempre una distancia entre el contexto en el cual se origina y los efectos que produce, y entre las intenciones del actor y el resultado de sus acciones. Como veremos, es precisamente a partir de este desacople que la autora incorpora además la posibilidad de producir repeticiones que, lejos de reproducir el orden dominante, logren subvertirlo de maneras inesperadas. Nos dedicaremos a exponer detalladamente este punto en el capítulo II.

Por último, en relación a los desarrollos de Habermas sobre la racionalidad comunicativa, en esta tesis argumentamos que dicho constructo teórico comparte con la propuesta butleriana la centralidad asignada a la intersubjetividad. En este sentido, mientras Habermas entiende la acción a partir de la comunicación con otro y de la existencia de una serie de saberes compartidos no expresados formalmente; Butler destaca el carácter constitutivo de la intersubjetividad en la formación del sujeto, ya que es ante el llamado de un otro y dirigiendo el relato de sí a un otro que el sujeto se constituye. Sin embargo, veremos que mientras Habermas entiende las normas como la base que posibilita la comunicación, como aquello que proporciona a los actores sociales una base para la mutua comprensión; Butler sostiene que las normas no sólo posibilitan la comunicación sino que, al mismo tiempo, circunscriben la esfera de lo humanamente inteligible, excluyendo de sus términos a aquellos seres que no aceptan los modos de razonamiento y las afirmaciones de validez proferidas por las normas occidentales de racionalismo. Recuperaremos este doble sentido a partir del cual Butler comprende la normatividad en el capítulo III.

Dedicaremos los siguientes capítulos a indagar en qué sentido una relectura de los textos de Judith Butler puede contribuir a la teoría social, específicamente en torno al problema de la relación entre la estructura y la acción. Como veremos a lo largo de nuestra exposición, en esta tesis argumentamos que resulta posible pensar el aporte de Butler en torno a cuatro ejes fundamentales: a) su concepción sobre la performatividad del discurso y sus consecuencias para la acción; b) el proceso de encarnación de la norma y su relación con la fantasía; c) el carácter constitutivo de las normas sexo-genéricas en el proceso de producción y subordinación de los sujetos; y d) su concepción sobre la transformación social y los distintos modelos a partir de los cuales ésta puede tener lugar.

4. A modo de conclusión

Esta tesis se caracteriza por repensar los desarrollos teóricos de Judith Butler a la luz de interrogantes y problemas clásicos de la teoría social. En este sentido, en el presente capítulo nos hemos dedicado a construir el problema a partir de la cual procuramos producir una lectura innovadora de los textos de esta autora.

En los primeros apartados hemos presentado distintos modos en los que se ha entendido el problema de la relación entre la estructura y la acción en la teoría social contemporánea, según sea que se le asigne el carácter determinante a las estructuras objetivas por sobre la capacidad de acción; se le otorgue primacía a la acción incluso a pesar de los condicionamientos estructurales; o se suponga la mutua determinación entre ambos términos. A partir de ello, en esta tesis argumentamos que así como Anthony Giddens, Pierre Bourdieu, Jürgen Habermas y Margaret Archer son considerados autores centrales para abordar la relación de mutua determinación entre la estructura y la acción, existe en la teoría de Judith Butler un aporte innovador a este problema que aún no ha sido expuesto de manera acabada.

A continuación, nos hemos dedicado a dialogar con otras lecturas que se han hecho de la obra de Judith Butler. En primer lugar, hemos recuperado aquellos trabajos que se han abocado a repensar la teoría de la performatividad en relación a la categoría de acción, señalando lo que consideramos son sus puntos críticos. En segundo lugar, frente a aquellas interpretaciones que destacan el carácter determinista de la teoría butleriana, y también en oposición a aquellas que la identifican como un exponente del voluntarismo de la acción, nos hemos propuesto articular un abordaje relacional netamente butleriano que logre eludir ambas críticas.

En el último apartado hemos esbozado lo que entendemos es el aporte de Butler a la teoría social a partir de su puesta en diálogo con algunos postulados de Giddens, Bourdieu, Habermas y Archer.


  1. En Introducción a la obra de Marcel Mauss (Mauss, [1936] 1979), Lévi-Strauss sostiene que cada sistema societal es una estructura tal que una modificación cualquiera en uno de sus elementos entraña una modificación en los demás. Se trata de un sistema de reglas que organiza la vida social y permanece como un código subyacente o inconsciente para sus actores. A partir de ello, la apuesta teórica de este autor consiste en abocarse a la identificación de las estructuras inconscientes del pensamiento simbólico que organizan toda sociedad.
  2. Merton ([1949] 2002) destaca dos elementos fundamentales de las estructuras sociales y culturales: por un lado, los objetivos, propósitos e intereses culturalmente definidos y sustentados como objetivos legítimos; por otro lado, las normas que definen, regulan y controlan los modos admisibles de alcanzar dichos objetivos. En este marco, el autor distingue distintos tipos de adaptación individual según la relación que se establezca entre las metas culturales y las normas institucionalizadas.
  3. Para Sartre (2006) la existencia precede a la esencia. Esto significa que el hombre empieza por existir, surge en el mundo, y después se define. Comienza por ser nada y sólo será, más adelante, tal como se haya hecho. De manera tal que la vida no es nada antes de que los sujetos le asignen el sentido que éstos elijan. El hombre está condenado a ser libre: “(…) el hombre, sin ningún apoyo ni socorro, está condenado a cada instante a inventar al hombre” (Sartre, 2006:37) Dicho esto, cabe destacar que, para Bourdieu ([1980] 2007), es posible oponer textos y pasajes del propio Sartre a este análisis. Allí donde Sartre reconoce las síntesis pasivas de un universo de significaciones ya constituidas, la necesidad del estudio de las acciones sin agente y las producciones sin productor. Sin embargo, Bourdieu sostiene que no por ello debemos ignorar el rechazo de su teoría a todo tipo de conciencia supra-individual a favor de la transparencia del sujeto de la acción.
  4. Aún debemos agregar que, para Bourdieu, la teoría del actor racional al postular la dependencia de la elección respecto de preferencias que se suponen universales y conscientes, tales como la maximización del beneficio económico, ignora que las prácticas pueden tener otros principios que las causas mecánicas o fines conscientes. “Así es como la teoría llamada del ‘actor racional’ se balancea entre el ultrasubjetivismo finalista de la conciencia ‘sin inercia’ que vuelve a crear desde cero, a cada instante, el sentido del mundo y que no puede hallar continuidad ni constancia sino en la fidelidad de sí mismo (…) y el determinismo intelectual que, aunque a menudo se defina contra él, no está separado en realidad más que por algunos efectos del lenguaje de un determinismo mecanicista que reduce la acción a una reacción mecánica con determinaciones mecánicas, y a los agentes económicos a partículas indiscernibles, sometidas a leyes de un equilibrio mecánico” (Bourdieu, [1980] 2007:75).
  5. Schütz (1932, 1993) propone concebir la acción como una actividad conscientemente proyectada hacia el futuro cuyo motivo contiene una referencia a la corriente de la conciencia de otro. Se trata entonces de un acto orientado o motivado por razones, a partir del cual se construye la realidad intersubjetivamente. En este sentido, la acción es concebida como un acto consciente, intencional y reflexivo. Para ver una lectura alternativa sobre la fenomenología de Schutz, que se opone a la crítica esbozada por Bourdieu y Giddens, ver Belvedere (2004, 2011).
  6. Distintos autores se han dedicado a analizar la teoría de la estructuración de Anthony Giddens. Ver por ejemplo: Bourdieu y Giddens. La superación de los dualismos y la ontología relacional de las prácticas sociales (2011), donde Jefferson Jaramillo Marín aborda la teoría desarrollada por Giddens como parte de una ontología de las prácticas sociales. Por su parte, en La fundamentación del núcleo conceptual de la teoría de la estructuración de Anthony Giddens (1999), Alfredo Andrade Carreño caracteriza el contexto histórico e intelectual en que se formula esta teoría y reconstruye los diálogos críticos que ésta mantiene con distintas corrientes de pensamiento. En Beyond the antinomies of structure (2010), Omar Lizandro analiza críticamente las nociones de estructura, propiedades estructurales, reglas, recursos y sistema social en la teoría de la estructuración de Giddens, señalando algunas relaciones con Lévi-Strauss y Wittgenstein. Por último, en El dilema: acción y estructura. Una visión desde Jeffrey Alexander y Anthony Giddens (2005), Miguel Ángel Beltrán intenta reflexionar sobre el modo en que la teoría de la estructuración logra restablecer el vínculo acción/estructura y la relación micro/macro.
  7. Algunos textos que se han abocado a analizar la teoría de las prácticas de Pierre Bourdieu, son: Bourdieu y Giddens. La superación de los dualismos y la ontología relacional de las prácticas sociales (2011), donde Jefferson Jaramillo Marín aborda la teoría desarrollada por Bourdieu como parte de una ontología de las prácticas sociales. Por su parte, en Poder, habitus y representaciones: recorrido por el concepto de violencia simbólica en Pierre Bourdieu (2004), Alicia B. Gutiérrez distingue tres fases en la obra de Bourdieu respecto de la noción de habitus: un primer momento que remite a las formulaciones más deterministas de La Reproducción, centrado fundamentalmente al análisis de la reproducción de las estructuras sociales; una segunda etapa en la cual rescata las capacidades generadoras del habitus y de invención del agente, sobre todo en El sentido práctico; y una última fase, centrada en Response en la cual Bourdieu plantea la posibilidad de modificar los habitus, y con ello las prácticas, mediante un proceso de auto-socioanálisis a partir del cual el agente pueda explicar su sistema de disposiciones y, con ello, tomar distancia respecto de éste. En La teoría del habitus y la crítica realista al conflacionismo central (2008), Omar Aguilar presenta un análisis crítico de la teoría del habitus de Bourdieu partiendo de la noción de conflacionismo central tal y como ha sido desarrollada por Archer. Por su parte, en Beyond the antinomies of structure (2010), Omar Lizandro expone lo que considera son los principales fundamentos del estructuralismo metodológico de Lévi-Strauss y, a partir de ello, analiza la propuesta elaborada por Bourdieu. En este sentido, sostiene que si bien por un lado, Bourdieu retoma el estructuralismo metodológico de Lévi-Strauss en su concepción sobre las estructuras; por otro, introduce su crítica allí donde Lévi-Strauss confunde el modelo de la realidad con la realidad del modelo.
  8. 7 Para Bourdieu ([1980] 2007) la estructura del campo es siempre objeto de disputa, se encuentra permanentemente en juego. Habrá quienes pretendan conservar la estructura de distribución del capital específico y quienes pretendan subvertirla. Quienes dentro de un estado determinado de la relación de fuerzas se encuentran en una posición tal que detentan el monopolio del capital específico, entendido como el fundamento del poder o de la autoridad característica de un campo, se inclinan a su conservación. Para éstos se trata de defender la ortodoxia, dirá Bourdieu. Sin embargo, aquellos que disponen de menor capital tienden a utilizar estrategias de subversión, de herejía, poniendo en evidencia la relación de fuerzas y obligando a los dominantes a producir un discurso defensivo de la ortodoxia. Bourdieu denominará heterodoxia a esta ruptura crítica.
  9. Para abordar el aporte de Jürgen Habermas al problema de la relación entre la estructura y la acción, ver: La teoría crítica: de Frankfurt a Habermas. Una traducción de la teoría de la acción comunicativa a la sociología (1996), donde José Antonio Noguera analiza la teoría de la acción comunicativa de Habermas y el modo en que ésta logra superar las antinomias del funcionalismo y de la fenomenología. Por su parte, en Social and System Integration: Lockwwood, Habermas, Giddens (2010), Nicos Mouzelis presenta la distinción entre integración social e integración sistémica tal y como ha sido desarrollada primero por Lockwood y luego por Habermas y Giddens, con miras a elaborar una perspectiva crítica de dichas intervenciones.
  10. Para un abordaje de la perspectiva morfogenética de Margaret Archer, ver: Relational Thinking: a critique of co-deterministic theories of structure and agency (2008), de Francois Dépelteau, donde el autor propone ir más allá de lo que caracteriza como un enfoque co-determinista a partir de un abordaje relacional de la estructura y la acción; por su parte, en Acción, estructura y emergencia en la teoría sociológica (2008), Aldo Mascareño analiza la relación entre la acción y la estructura y la noción de emergencia en el trabajo de distintos autores entre los que se destaca Margaret Archer.
  11. En Toward a Theory of social practices: a development in culturalist theorizing (2002), Andreas Reckwitz se propone sistematizar cuatro versiones de la teoría cultural: el mentalismo, el textualismo, el intersubjetivismo y la teoría de las prácticas sociales, con miras a destacar las principales características, así como las ventajas y desventajas, de esta última. En este marco, el autor destaca los estudios performativos del género desarrollados por Butler como una teoría de las prácticas sociales. Sin embargo, no se dedica a exponer aquello que entiende son las prácticas sociales desde la perspectiva butleriana.


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