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Conclusiones

A lo largo de la tesis buscamos dar cuenta de procesos de (re)organización (inter)comunitaria indígena en el marco de luchas por la autonomía, construcción de subjetividades políticas y emergencia de disputas territoriales, a partir del caso de comunidades diaguitas del departamento Santa María (Catamarca). Asimismo, nos propusimos comprender el surgimiento de dichos procesos en el contexto catamarqueño de las últimas dos décadas, destacando los avances que ha habido en términos de reconocimiento de derechos para los pueblos indígenas desde fines del siglo XX a nivel nacional, los cuales habilitaron y fortalecieron procesos de (re)emergencia étnica como los analizados en la presente tesis. De ese modo, observamos la importancia que el “renacimiento indio” ha asumido en la posibilidad de abrir el debate en torno a las resistencias e identidades indígenas actuales en el Valle Calchaquí, en el marco de constantes e históricas negaciones y cuestionamientos a la legitimidad de su etnicidad.

Al mismo tiempo, encontramos que, a pesar de los avances normativos e institucionales señalados y de los cambios que los mismos generaron en la relación entre pueblos indígenas y Estado, los derechos que tienen las comunidades en tanto pueblos preexistentes continúan en un estado de incumplimiento efectivo. En este punto, destacamos la falta de respuestas por parte de las instituciones competentes (como es el caso del INAI) para, por ejemplo, otorgar reconocimiento formal a las comunidades luego de años de haber presentado la documentación requerida para la emisión de las personerías jurídicas correspondientes. Del mismo modo, se puede mencionar la no implementación de los relevamientos territoriales estipulados por la ley 26.160 (y sus modificatorias) para el reconocimiento del territorio comunitario diaguita, así como el desconocimiento y la negación sistemática por parte de diferentes instituciones públicas de los derechos territoriales y culturales de las comunidades, así como el no respeto a su cosmovisión y territorialidad comunitaria (en el ámbito de la salud, educación, etc. y a nivel municipal, provincial, principalmente). Esto, a su vez, se ha visto acompañado por la falta de medidas y políticas de protección a la posesión y propiedad de los territorios que tradicionalmente ocupan en el marco del avance de modelos de desarrollo capitalistas megaextractivos que amenazan la vida de los territorios y territorialidades comunitarias.

En tal sentido, señalamos que no resulta suficiente la existencia de marcos legales o políticas de reconocimiento mientras persistan relaciones de colonialidad del poder/saber/ser que subordinan, niegan y/o acorralan la diversidad de modos de vida y territorialidades indígenas existentes. Es por ello que los reconocimientos institucionales son comprendidos frecuentemente como “una trampa”, en palabras de una de las autoridades comunitarias entrevistadas.

Por otro lado, identificamos algunas transformaciones que en términos macroeconómicos han caracterizado el escenario en el cual se inscribe el problema de investigación. Entre ellas destacamos los efectos que generó la mecanización y modernización de la cosecha de la caña de azúcar en las estrategias económicas de las familias campesinas e indígenas que año tras año migraban para trabajar en la zafra azucarera en el NOA; como también los cambios que generó en Catamarca la promoción de la agricultura empresarial mediante la implementación de políticas de fomento (diferimientos impositivos) para algunas actividades agropecuarias, generando el ingreso de capitales extranjeros y la instalación de plantaciones intensivas de nogales, viñedos y bodegas en el departamento de Santa María; y, principalmente, las profundas transformaciones que a partir de la década del noventa se evidenciaron a raíz del impulso que recibió el desarrollo de la megaminería transnacional en la provincia, transformaciones que se expresan en términos de la estructura productiva provincial, en los impactos socioambientales, pero principalmente en la fractura sociometabólica que ha generado en las configuraciones territoriales y los entramados sociocomunitarios de la región.

En ese escenario enmarcamos la defensa territorial (inter)comunitaria indígena del pueblo diaguita catamarqueño, atravesada por conflictos y disputas con actores y lógicas económicas y políticas hegemónicas –modernas, coloniales, capitalistas, patriarcales–, frente a los cuales, en la mayoría de los casos, las identidades y territorialidades indígenas se han reafirmado aún más. La reorganización a partir de una matriz comunitaria indígena –retroalimentada por los procesos de resurgimiento indígena y (re)existencia comunitaria– se ha convertido en refugio frente al avance de la modernidad y el capitalismo extractivo en sus territorios, pero también una propuesta emancipatoria y una forma de construcción de poder y resolución de necesidades comunitarias más autónoma respecto a formas políticas y económicas hegemónicas. De ese modo, identificamos que para los procesos de territorialización diaguita de las comunidades bajo estudio en las últimas dos décadas ha sido fundamental tanto la afirmación identitaria como el ejercicio de la comunalidad y la defensa y control de los territorios (inter)comunitarios.

Así, a partir del análisis de los procesos antes mencionados, observamos como diferentes nociones se retroalimentan y entrelazan de manera particular, a saber: identidad étnica, territorio/territorialidad, comunalidad, autodeterminación/autonomía, en el marco de contextos de, por un lado, avance en el reconocimiento de derechos como pueblo preexistente y, por otro, manifestación de conflictos, tensiones y amenazas para los territorios comunitarios a partir del avance de lógicas coloniales, capitalistas y extractivistas. En ese sentido, señalamos que la hegemonía del modelo extractivo constituye un límite para la efectivización y el reconocimiento de derechos territoriales indígenas, a la vez que la presencia y defensa territorial por parte de los pueblos y comunidades indígenas constituye un límite que encuentran los gobiernos y empresas transnacionales al desarrollo y expansión de las actividades extractivas que pretenden promover en los territorios.

Respecto a la identidad étnica hemos analizado el modo en que se ha dado en Catamarca la construcción de un movimiento indígena, la Unión de Pueblos de la Nación Diaguita de Catamarca, que reclama su reconocimiento como “sujeto político que reivindica su diferencia” (Revilla Blanco, 2005). La reapropiación de la identidad indígena, así como la construcción de una nueva subjetividad política colectiva en torno a la misma, se ha ido tejiendo en el marco de luchas concretas que las comunidades han venido dando. Así, la emergencia de la subjetividad política indígena y su expresión intercomunitaria, permitió articular las demandas, los conflictos y la construcción territorial en torno a una causa común, una construcción política colectiva con un sentido compartido. Es decir, la “politicidad de la etnicidad” no estará marcada sólo por la pertenencia étnica, sino también por la defensa de la “causa indígena” y de los territorios (inter)comunitarios.

A partir del análisis de los procesos de reorganización (inter)comunitaria diaguita en el departamento de Santa María (Catamarca) se identificaron cuatro momentos diferenciados: un primer momento (2000-2010) de reencuentro con la identidad diaguita, reconocimiento de derechos y reorganización comunitaria; un segundo momento (2010-2014) caracterizado por procesos reivindicativos, politización de las identidades étnicas y organización intercomunitaria para la defensa territorial; un tercer momento (2014-2018) signado por la conformación de la UPND de Catamarca, manifestación de conflictividades y mayor visibilización política; y un cuarto momento (2018- actualidad) marcado por la construcción de resistencias creativas y nuevas articulaciones para la autodeterminación territorial intercomunitaria. En cada uno de estos momentos, a su vez, encontramos fases de mayor visibilidad (expresiones públicas, acciones directas, etc), como también períodos de latencia de la acción colectiva, es decir, de trabajo organizativo al interior de las comunidades, en los territorios, posibilitadores de nuevos momentos de visibilidad de la acción colectiva. 

De ese modo, a partir de dicha periodización, observamos que el proceso de reorganización comunitaria diaguita estuvo signado por diferentes conflictos territoriales, así como por luchas por el reconocimiento de sus derechos como comunidades indígenas. La conformación de una organización intercomunitaria como la UPND de Catamarca –así como la articulación con el pueblo nación diaguita a nivel regional–, significará un hito fundamental en dicho recorrido. En todo momento la autodeterminación comunitaria y la defensa territorial han sido eje en la lucha de la UPND, convirtiéndose en su causa y su horizonte. Así, hallamos que la reapropiación de su identidad étnica ha ido de la mano de la construcción y defensa de territorialidades comunitarias indígenas.

En ese sentido, en los últimos años se evidencia un fortalecimiento organizativo intercomunitario a nivel político, con mayor visibilidad de sus acciones y presencia territorial. Dicho fortalecimiento se manifiesta en los vínculos que comienzan a establecerse con el Estado, en particular el gobierno provincial, donde la UPND de Catamarca se posiciona con firmeza y pone condiciones al diálogo, exigiendo el reconocimiento de derechos y poniendo límites toda vez que se entrometieran o afectaran los territorios y la vida comunitaria sin su consentimiento. De ese modo, la territorialidad comunitaria se va vigorizando en el marco de la (re)construcción de una espacialidad propia, subalterna y autónoma a la vez, mediante la cual se reconstruye el sujeto colectivo y el territorio común en tanto espacio social vivido.

Como hemos mencionado al inicio, optamos por un abordaje territorial que hace hincapié en las relaciones de poder y la tensión entre autonomía/heteronomía. Hemos recurrido a los aportes de la geografía crítica para pensar los conceptos de territorio, territorialidad y (des)territorialización en el marco de procesos de dominio (político-económico) y/o de apropiación (simbólico-cultural) de los espacios geográficos por parte de diferentes sujetos sociales, entendiendo que los procesos de territorialización pueden asumir diferentes configuraciones, funciones y sentidos de acuerdo con los agentes y los contextos históricos, geográficos y culturales específicos en que se desarrollan.

De ese modo, resaltamos que los territorios se configuran sobre espacios geográficos, pero al mismo tiempo se conforman como espacios sociales y simbólicos, atravesados por tensiones y conflictos. Así, las disputas territoriales implican una confrontación/negociación de mundos sociales, culturales y políticos entre diferentes actores, donde se ponen en juego diversos “sentidos de territorio” (Cruz, 2020) que compiten para territorializarse en el espacio.

Respecto a los sentidos construidos recuperamos la distinción realizada por Cruz (2020) entre, por un lado, el uso de la noción de territorio como “categoría de la práctica normativa, hegemónica e institucionalizada” incorporada en las diferentes esferas de acción/intervención del poder estatal mediante las políticas públicas y también por medio de la planificación estratégica de las corporaciones capitalistas; y, por otro, la utilización de la palabra territorio como “categoría de la práctica insurgente e instituyente” vinculada principalmente a las acciones de los movimientos sociales. Dentro de esta última, identificamos en el caso de las comunidades diaguitas bajo estudio múltiples sentidos y escalaridades en torno a la noción de “territorio”: la idea de territorio comunitario como delimitación territorial del espacio geográfico de cada comunidad, de acuerdo con su ocupación y apropiación material y simbólica; la concepción del territorio de la nación diaguita enlazada a la identidad como pueblo y al entramado (inter)comunitario; y la noción de territorio-vida y territorio-Pachamama como espacio vital que nos contiene ontológicamente, en un vínculo de pertenencia y retroalimentación con la naturaleza. En ese sentido, el territorio no es concebido como recurso a ser explotado, o como una “cosa” a ser apropiada privadamente, que es el modo en que el capitalismo y la modernidad comprenden la tierra y los “recursos naturales”, sino como la base de la vida misma, que hace posible la existencia.

Como mencionamos, en el caso de las comunidades que forman parte de la UPND de Catamarca la etnización territorial es algo que está en proceso, en construcción permanente, y que se afirma en la medida que la organización comunitaria e intercomunitaria se fortalece territorialmente. Así mismo, dicho proceso ha estado vinculado intrínsecamente con la afirmación identitaria indígena y con la construcción/revalorización de saberes y prácticas tradicionales, reconocidas como ancestrales.

En ese marco, nos propusimos analizar diferentes dimensiones de la territorialidad de las comunidades diaguitas de Santa María: política, económica, educativa y sanitaria. Así, observamos que la territorialización política (inter)comunitaria es construida a partir de un modo particular de ejercicio del poder, que se diferencia –y en algunos casos contrapone– de las formas políticas partidarias y estatales hegemónicas. En ese sentido, los procesos de reorganización (inter)comunitaria han fortalecido las formas comunitarias de toma de decisiones por fuera de las estructuras políticas liberales, poniendo en práctica el ejercicio directo de la decisión común que surge de las asambleas comunitarias.

En el caso de la UPND de Catamarca, las comunidades territorializan un modo de hacer política y de relacionarse con diferentes actores e instituciones que jerarquiza la asamblea de la organización como un espacio fundamental para la deliberación y toma de decisiones intercomunitaria. En ese marco, los procesos de reorganización (inter)comunitaria también permitieron a las familias comuneras visibilizar las relaciones de poder y dominación que les afectaban, las cuales hasta el momento eran mayormente asumidas y aceptadas con naturalidad y, por tanto, percibidas como inmutables. Como dijimos, esta situación habilitó cambios y el pasaje de la subordinación a la resistencia y la afirmación territorial. Como contraparte, podríamos decir que es justamente por esa misma razón que las comunidades enfrentan persistentemente intentos por parte de partidos políticos y representantes de la política gubernamental de limitar su autonomía y debilitar las estructuras políticas que hacen a la reproducción comunitaria de la vida.

“Hay que ponerse de novios, pero no casarse” es la frase que resume el tipo de vínculo que circunstancialmente construyen las comunidades con el Estado. Se relacionan de manera estratégica, dialogando, construyendo acuerdos, reclamando y exigiendo, siempre en el marco de la búsqueda de la autodeterminación indígena comunitaria y su afirmación política territorial.

Respecto de la dimensión económica, caracterizamos las formas que asumen las relaciones de producción, la organización del trabajo, la tenencia de la tierra, los medios de producción, los modos de intercambio y comercialización, los consumos, la relación con la naturaleza, entre otros elementos que hacen a la reproducción material de la vida de las comunidades. En tal sentido, identificamos la importancia que asume lo comunitario y el principio de corresponsabilidad (mediante prácticas solidarias y de ayuda mutua como el ayni o la minga, como también de reciprocidad y agradecimiento para con la Pachamama) que hacen a la reproducción de la vida familiar en las comunidades. Una matriz comunitaria e indígena que sostiene y acompaña la organización de las territorialidades comunitarias diaguitas.

Asimismo, encontramos un fuerte componente de autogestión colectiva y el desarrollo de prácticas “convivenciales” –en términos de Illich (1978)–, mediante la gestión directa y participativa de las comunidades para la resolución de necesidades sociales o comunitarias, lo cual potencia la construcción de modos más autónomos de producir y de vivir en sociedad. Como hemos mencionado, en el marco de tensiones territoriales y disputas con el paradigma territorial hegemónico, durante los últimos años las comunidades desarrollaron estrategias para fortalecer sus producciones y fomentar el arraigo territorial, en muchos casos mediante proyectos que se propusieron fortalecer el trabajo comunitario, la agroecología, la diversidad, la reciprocidad, las prácticas y saberes tradicionales y la territorialidad intercomunitaria indígena.

Con relación a la dimensión sanitaria, analizamos las políticas de salud y la situación de la atención sanitaria presentes en los territorios bajo estudio. En ese sentido, identificamos la existencia de tensiones y conflictos entre los saberes y prácticas de la medicina tradicional comunitaria y la biomedicina del sistema de salud público. Si bien se observa un avance en la creación de políticas públicas de revalorización y reconocimiento de derechos indígenas, al mismo tiempo se evidencia cierta descoordinación y poca incidencia real en los territorios, donde se reproducen generalmente lógicas de invisibilización y colonialidad hacia los saberes y prácticas de los pueblos indígenas en general y la carencia de perspectivas interculturales en la atención de la salud en particular. En paralelo, se observa en el seno de las comunidades un creciente proceso de revalorización de las prácticas y saberes de la medicina indígena ancestral, que se manifiestan en forma de r-existencias (Porto Gonçalves, 2006), y que son parte de los procesos de defensa y reconocimiento étnico territorial que las comunidades actualmente protagonizan.

Respecto a la dimensión educativa también identificamos tensiones entre las comunidades y el sistema educativo oficial. Si bien en los últimos años se han evidenciado avances en el reconocimiento de derechos (mediante el izamiento de la wiphala en las escuelas, la designación de referentes en el marco de CEAPI, el otorgamiento de becas a estudiantes indígenas, etc), también se observa la continuidad de prácticas coloniales y el desconocimiento y discriminación por parte de diferentes autoridades educativas respecto de las formas organizativas comunitarias indígenas. De allí la lucha permanente que establecen las comunidades diaguitas con las diferentes instituciones que forman parte del sistema educativo oficial para que se respeten sus derechos culturales y territoriales como pueblo indígena.

Resaltamos en ese marco la importancia que asumen las formas propias y tradicionales de transmisión intergeneracional de saberes, mediante la práctica y el compartir familiar y comunitario. En términos de la organización para la defensa de la territorialidad indígena (inter)comunitaria se destaca el lugar de la asamblea como espacio de formación política y de construcción de corresponsabilidades comunitarias. Allí donde se entrama la lucha y se construye la defensa territorial (inter)comunitaria, donde se asumen los posicionamientos colectivos y se deliberan los caminos por transitar, es donde, además de compartir aprendizajes, las comunidades reconocen su potencia y expresan su autodeterminación, a partir de procesos de afirmación identitaria que implican –como ya hemos visto– una revalorización de prácticas y saberes que les son propias y que han sido por mucho tiempo desacreditadas, desvalorizadas, despreciadas en el marco de la colonialidad imperante.

Encontramos que en el marco de sus diversas resistencias y luchas las comunidades diaguitas construyen una territorialidad para la vida, es decir, una identidad afirmada en un modo de comprender el territorio que –desde un punto de vista material y simbólico está en función de la reproducción ampliada de la vida familiar y colectiva. Una territorialidad (inter)comunitaria que se construye en su multidimensionalidad desde una ontología relacional, como señala Escobar (2015), que defiende lo común y comunitario arraigado al territorio y a la reproducción de su identidad como pueblo; diferente –y antagónica– a las territorialidades capitalistas extractivas que conciben el territorio como recursos a ser explotados en el marco de una acumulación por desposesión (Harvey, 2004) para la reproducción del capital a partir de lógicas coloniales basadas en una fractura del metabolismo sociedad-naturaleza. De ese modo, mientras las territorialidades extractivas hegemónicas (con la megaminería como ejemplo paradigmático) se vuelven excluyentes de otras territorialidades existentes (o potencialmente existentes) y se guían por la lógica del capital, las territorialidades para la vida se presentan múltiples, relacionales, con la reproducción ampliada de la vida como objetivo y el bien común como condición. En ellas se expresan otros modos no hegemónicos de organizar la vida, que tratan de ruinas y nacimientos, de viejo y nuevo, de irrupción, de creación, de insurgencias y de nuevas construcciones que constituyen luchas por la significación.

De pendientes y desafíos

A lo largo de la investigación han surgido nuevos interrogantes, así como hemos podido identificar dimensiones de análisis que no ha sido posible incluir en el marco de la presente tesis, pero que resultan relevantes para continuar indagando en un futuro. Entre los elementos que han quedado como pendientes podemos mencionar el abordaje a partir de la variable género. Consideramos que esta perspectiva podría aportar elementos relevantes para la comprensión del rol de las mujeres en los procesos de territorialización comunitaria y en las resistencias indígenas dada la significativa participación de las mujeres en los procesos de (re)organización comunitaria y de luchas territoriales diaguitas. En efecto, la actual secretaria general de la UPND de Catamarca es mujer, así como la delegada en el CPI y varias autoridades comunitarias (caciques de Alto Valle El Cajón y de Toro Yaco), lo cual es expresión del protagonismo que las mujeres asumen en dichas construcciones.

Asimismo, la variable etaria y generacional resulta sumamente fértil para continuar el análisis, dada la significativa presencia de jóvenes en roles de autoridad o asumiendo cargos comunitarios (caciques, delegados de base, referentes de salud comunitaria, secretarios, etc.) en las comunidades diaguitas de la UPND de Catamarca. Se ha mencionado durante la tesis la importancia de la transmisión intergeneracional de saberes y prácticas, así como del “sentimiento indígena”, pero no se ha podido profundizar dicho análisis. Dimensionar la presencia de jóvenes en las comunidades e indagar su relación con la construcción (inter)comunitaria indígena y la defensa territorial es algo que consideramos sumamente valioso en el marco de escenarios y procesos que a nivel macro generalmente desalientan y corroen la permanencia de jóvenes en los territorios y los modos de vida comunitarios. En ese sentido, resulta interesante interrogarse acerca del efecto que tiene en la juventud la construcción de los entramados comunitarios y el fortalecimiento de identidades indígenas territorializadas.

Por otro lado, quedó pendiente complementar el análisis territorial con la producción de nuevos mapeos comunitarios participativos (las comunidades ya han presentado al INAI un croquis de cada territorio producido por ellas mismas), a partir de los cuales poder identificar los procesos de (des)territorialización a lo largo del tiempo, los usos, las apropiaciones y las significaciones en torno a los territorios (inter)comunitarios[1].

A partir de la investigación hemos identificado temas que suscitan nuevos interrogantes. En ese sentido, si bien se realizó una primera aproximación, sería relevante un trabajo más exhaustivo en torno a la relación entre las identidades campesinas e indígenas en la zona bajo estudio, así como a los procesos históricos concretos que han influido en la “reinvención” indígena analizada. Lo mismo podría decirse de las pertenencias y tradiciones político-partidarias (hay casos de comuneros o dirigentes indígenas que se identifican con el peronismo, por ejemplo) y el diálogo existente –si es que lo hubiera– con la pertenencia y discursividad política indígena, que tiene otra raíz, otra lógica de construcción y otros objetivos. Así mismo, surgen interrogantes en torno a las significaciones y percepciones sobre estos procesos y construcciones territoriales indígenas por parte de quienes no se identifican como indígenas, pero que comparten territorios con las comunidades.

Esta tesis nos ha permitido ver que son diversos los desafíos que se presentan para los procesos de organización territorial indígena comunitaria de las comunidades diaguitas en Catamarca. Algunos de ellos están vinculados a la problemática relación con el Estado, las tensiones con los posicionamientos coloniales y el individualismo capitalista, la revalorización de su cultura –desde la medicina ancestral hasta las semillas propias–, la (re)construcción de territorialidades para la vida frente a las constantes amenazas que presenta el avance de territorialidades capitalistas extractivistas, la identificación de los modos más eficaces para la defensa y cuidado de los territorios comunitarios, entre otros.

Como señala Patzi Paco (2007), la gestión comunitaria y la organización del poder a nivel comunal son temas recurrentemente relegados o simplemente ignorados por la institucionalidad hegemónica. Ya hemos señalado que la existencia de marcos legales o políticas indigenistas no resulta suficiente si no se logra disolver la colonialidad y las asimetrías de poder que aún prevalecen, así como los dispositivos de disciplinamiento que en las diferentes dimensiones de lo social subordinan, niegan y/o acorralan la diversidad de modos de vida y territorialidades indígenas existentes. En ese sentido, si bien las comunidades luchan persistentemente por el reconocimiento formal de sus instituciones para el acceso y cumplimiento efectivo de sus derechos como pueblo indígena, la lucha principal que llevan adelante se concentra en el control territorial, que incluye el cuidado y reproducción de sus territorialidades y formas de vida comunitarias. En ese marco, adquieren importancia los ejercicios legítimos de autodefensa territorial que llevan a cabo las comunidades indígenas para hacer valer sus derechos colectivos.

De allí la centralidad que asume la articulación y la unión intercomunitaria para la defensa territorial efectiva, más allá de posibles reconocimientos formales y la obtención de documentos legales que den validez a las demandas. Así, frente a las múltiples disyuntivas mencionadas la organización (inter)comunitaria se presenta como una herramienta fundamental para fortalecer la autodeterminación territorial y la reproducción de la vida comunitaria, aportando así a la construcción de caminos de emancipación social y al cuidado de lo común frente a la matriz colonial que guía la acumulación capitalista.


  1. Esto es algo que quedó pendiente de realizar principalmente por lo que implicó el período de pandemia, y porque este tipo de trabajo requiere más tiempo y recursos para su realización.


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