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1 La transición demográfica

Definiciones

El concepto de “transición demográfica” fue formulado a mediados del siglo xx, aunque el demógrafo francés Adolph Landry ya había propuesto hacia 1933 la noción muy similar de “revolución demográfica”. Fueron autores como Frank Notestein y Kingsley Davis quienes emplearon el término luego de la Segunda Guerra Mundial, utilizando el vocablo aparentemente más neutro de “transición”, y tuvieron gran éxito. El concepto se incorporó al vocabulario de las ciencias sociales y en pocos años se volvió relativamente común.[1]

El concepto de “transición demográfica” incluye tres dimensiones distintas. En primer lugar, se trata de una descripción de cambios estructurales de largo plazo, ocurridos básicamente en Europa entre 1750 y 1950; en segundo lugar, se postula un modelo causal de explicación de esos cambios; y, en tercer lugar, se incluye también la idea de convergencia global. Esto último quiere decir que, en cuanto aspecto del proceso de modernización, la transición demográfica será experimentada, tarde o temprano, por todos los países y regiones del mundo.[2]

Así entendida, la transición demográfica comprende un largo período de cambios estructurales entre dos etapas de “equilibrio demográfico”. Ambas, las fases pre y postransicional tienen un crecimiento poblacional casi nulo y una estructura de edades con una razón de dependencia cercana a 0,6.[3] En la fase pretransicional, el crecimiento nulo o casi nulo es el resultado de una combinación de tasas muy altas de fecundidad y mortalidad, mientras que en la fase postransicional el mismo resultado se alcanza con una combinación de tasas muy bajas de mortalidad y fecundidad. La proporción de gente en el grupo de edades de 15-64 años es similar en ambas fases, pero la composición del numerador de la razón de dependencia es radicalmente distinta. En la fase pretransicional, el grupo de edad de 0-14 años es mucho mayor que el grupo de 65 y más, mientras que en la fase postransicional el peso de ambos grupos es similar y cercano al 20 %. La transición demográfica es precisamente la gran transformación que conduce de una fase a la otra.

Gráfico 1.1. Esquema de la transición demográfica.

El proceso se presenta en forma esquemática en el gráfico 1.1, utilizando la evolución de las tasas brutas de natalidad y mortalidad y la tasa de crecimiento vegetativo o natural de la población. Como se puede ver, en la fase previa a la transición, las tasas brutas de natalidad y mortalidad oscilan entre el 40 y el 45 por mil y el crecimiento natural es bajo, apenas superando el 0 %. La transición se inicia con el descenso gradual de la mortalidad (línea A), mientras que la natalidad sigue siendo elevada y solo comienza a declinar muchos años después. El desfase entre ambos índices, representado por el área gris del gráfico 1.1, expresa precisamente la transición, reflejada, si miramos las tasas de crecimiento natural, en un aumento gradual, que llega a un máximo cuando la diferencia entre la natalidad y la mortalidad es mayor (línea B). A medida que avanzamos en el tiempo y cuando ambos índices siguen descendiendo progresivamente, la tasa de crecimiento natural también baja, acercándose a cero cuando las tasas brutas de natalidad y mortalidad están ya por debajo del 10 por mil (línea C). Este esquema general es claro pero muy simplificado; eso se puede apreciar en cuanto observamos la evolución de la natalidad y la mortalidad en casos concretos, como veremos dentro de poco.

El rápido crecimiento de la población se basó en interacciones y cambios profundos entre la mortalidad y la fecundidad. En términos de la historia humana, la transformación vivida fue absolutamente nueva. El modelo explicativo habitual de la transición demográfica no incluye las migraciones, a pesar de que, durante la transición demográfica europea, la migración ultramarina fue muy fuerte. La explicación del descenso de la mortalidad se vincula a mejoras en la nutrición, la salud pública, las prácticas de higiene y los avances en la medicina, pero la particular combinación de estos factores y el peso relativo de cada uno de ellos son algo que solo resulta inteligible en cada caso específico. El descenso en la fecundidad, por su parte, dependió de cambios tanto en la conducta individual como en la grupal, incluyendo la modificación en la escala de valores que condujo a controlar el número deseado y efectivo de hijos.

Las visiones históricas globales del mundo moderno han considerado la transición demográfica como un aspecto de la revolución industrial y el proceso de urbanización; pero la historiografía reciente ha comenzado a modificar esta visión excesivamente esquemática subrayando el carácter global, interactivo y acumulativo de las fuerzas en juego: el capital, el Estado moderno y la ideología racionalista del mundo occidental. De hecho, el impacto social de la industrialización fue muy limitado antes de las últimas décadas del siglo xix, mucho después del inicio de la transición demográfica. En sus orígenes, los motores del cambio parecen haber sido las complejas redes de conexiones implicadas por las así llamadas “revoluciones industriosas”, la rápida expansión del comercio ultramarino, el desarrollo del Estado moderno y la fase final de la así llamada “gran domesticación”.[4] Este último hecho se refiere al lento pero continuo avance de la frontera agrícola sobre los bosques y tierras “vacías” disponibles desde mediados del siglo xviii en el norte y el este de Europa, Siberia y vastas zonas interiores de África, Asia y las Américas. Dicho en breve, la transición demográfica no fue un simple resultado de la industrialización, sino el efecto global, acumulativo e interactivo de fuerzas que venían operando desde los comienzos de la modernización. Este marco general es importante para captar los múltiples significados de la convergencia demográfica global y entender apropiadamente cómo experimentó América Latina la transición demográfica.

Observando casos europeos y latinoamericanos

Las largas series inglesas, reconstruidas pacientemente por Wrigley y Schofield a partir de 1541, nos permiten una observación privilegiada a lo largo de casi quinientos años. Hasta mediados del siglo xviii, las fuertes oscilaciones de la mortalidad comprometían a menudo el crecimiento demográfico; las tendencias en la tasa de crecimiento natural mostraban un continuo decrecimiento desde niveles próximos al 1 % anual en la segunda mitad del siglo xvi hasta casi cero en la segunda mitad del siglo xvii. La recuperación paulatina durante el siglo xviii cruza la línea del 1 % anual poco antes de 1800 y se mantiene en ese nivel durante todo el siglo xix; con todo, el crecimiento es moderado pues nunca llega al 2 % anual; durante el siglo xx, el descenso paulatino conduce otra vez a niveles próximos a cero ya en las puertas del siglo xxi. Estos movimientos responden, como se puede apreciar bien en el gráfico 1.2, a un descenso suave y desfasado entre las tasas de mortalidad y natalidad; durante el siglo xx, la proximidad de ambas curvas se asemeja, aunque con oscilaciones poco violentas, a la situación de los siglos xvi y xvii.

Gráfico 1.2. La transición demográfica en Inglaterra, 1541-1983.[5]

En el conjunto, la transición demográfica inglesa fue lenta y se produjo a ritmos moderados; no hubo nada semejante a la explosión demográfica experimentada por los países del tercer mundo durante el siglo xx. Nótese además que, en nuestro análisis de la transición, examinamos únicamente la tasa de crecimiento natural, derivada directamente del juego entre la natalidad y la mortalidad; la migración queda así excluida del análisis. Más adelante volveremos sobre el tema.

Suecia es otro caso emblemático en el estudio de la transición demográfica. Las tasas respectivas se presentan en el gráfico 1.3. El período de observación es mucho menor que en el caso inglés, pero se extiende a lo largo de 250 años. La coincidencia en las fases de la transición demográfica resulta sintomática; hasta inicios del siglo xix, impera el régimen demográfico tradicional, mientras que el descenso desfasado entre la mortalidad y la natalidad ocurre a lo largo de todo el siglo xix y parte del xx. La tasa de crecimiento natural es bastante similar a la inglesa, sobrepasando el 1 % durante toda la transición, para luego caer y acercarse a cero a finales del siglo xx.

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Gráfico 1.3. La transición demográfica en Suecia, 1736-1984.[6]

De nuevo tenemos un proceso largo con niveles de aumento constantes pero moderados. Inglaterra y Suecia ilustran bien lo que fue la transición demográfica europea más típica. Veamos ahora los ejemplos latinoamericanos.

En el caso de Costa Rica (gráfico 1.4), disponemos de series anuales a partir de 1750, algo único dentro de los países latinoamericanos. Esto nos permite observar la situación desde las últimas décadas del período colonial. Llaman la atención los niveles de mortalidad y natalidad, mucho más altos que los de Inglaterra y Suecia, con picos de mortalidad elevadísimos debido a grandes epidemias (por ejemplo, la pandemia de viruela en 1781 y el cólera morbus en 1856). La natalidad, en cambio, muestra menos fluctuaciones y se mantiene invariablemente alta hasta la segunda mitad del siglo xx.

El crecimiento demográfico supera el 1 % anual a lo largo del siglo xix y se eleva gradualmente en el siglo xx para alcanzar niveles explosivos (3 % o más) en la década de 1950. En resumen, la transición demográfica parece haberse iniciado en la segunda mitad del siglo xix, luego de la gran epidemia de 1856, y se completa más de un siglo después, hacia fines del siglo xx; es una transición larga, caracterizada por un crecimiento demográfico fuerte.

Otro ejemplo típico se puede observar en el caso de Chile (gráfico 1.5), con datos anuales a partir de 1850. La tasa de crecimiento natural se mueve siempre por encima del 1 % anual (o 10 por mil), y se eleva rápidamente en la década de 1930 (debido a la caída en la mortalidad) para superar el 2 % anual en la década de 1960. Al igual que en el caso de Costa Rica, los niveles de mortalidad y natalidad iniciales son bastante más elevados que en los casos de Inglaterra y Suecia. El descenso de la natalidad es rápido: en menos de veinte años, la tasa bruta cae de un 38 por mil (hacia 1960) a un 20 por mil (hacia 1980); y la declinación se prolonga luego hasta finales del siglo xx. En el descenso de la mortalidad, se observan dos fases: a) una caída fuerte desde la década de 1920 hasta 1950; y b) un descenso mucho más suave desde los años cincuenta hasta finales del siglo; al final, la mortalidad se estaciona en torno a un 8 por mil.

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Gráfico 1.4. La transición demográfica en Costa Rica, 1750-2000.[7]

Gráfico 1.5. La transición demográfica en Chile, 1850-2000.

Consideremos ahora otros casos latinoamericanos donde reencontraremos el patrón típico ya hallado en los de Costa Rica y Chile. Comencemos con México (gráfico 1.6). Una vez pasado el período de la Revolución mexicana (1911-1920), la mortalidad desciende en forma firme y continua hasta la década de 1980, cuando se estaciona en niveles muy bajos, alrededor del 8 por mil. La natalidad, en cambio, se mantiene por encima del 40 por mil hasta finales de la década de 1970, cuando empieza un descenso pronunciado que se prolonga hasta las primeras décadas del siglo xxi.[8] El fuerte desfase entre la caída de la mortalidad y la natalidad se refleja en una tasa de crecimiento natural “explosiva”, superando el 30 por mil (o tres por ciento anual) en las décadas de 1950 y 1960. El descenso en el crecimiento natural, paralelo a la caída en la natalidad, es firme, pero supera todavía el 1 % anual en los primeros años del siglo xxi.

Venezuela y Brasil (gráficos 1.7 y 1.8, respectivamente) reproducen, de cerca, el patrón mexicano, excepción hecha, claro está, de la coyuntura particular de la Revolución mexicana. Una natalidad muy elevada que solo comienza a descender en la década de 1960, y lo hace desde entonces en forma persistente hasta el umbral del siglo xxi, y una mortalidad que empieza a caer, de manera constante, desde la década de 1920, para estacionarse en niveles muy bajos hacia 1980. La tasa de crecimiento natural se eleva rápidamente desde inicios del siglo xx para alcanzar una cúspide notable (por encima del 3 % anual) hacia 1950/1960; una caída constante desde entonces se prolonga hasta inicios del siglo xxi, con un descenso más notable en el caso de Brasil que en el de Venezuela.

Gráfico 1.6. La transición demográfica en México, 1895-2010.

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Gráfico 1.7. La transición demográfica en Venezuela, 1887-2012.

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Gráfico 1.8. La transición demográfica en Brasil, 1900-2010.

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Gráfico 1.9. La transición demográfica en El Salvador, 1899-2010.

Un patrón similar de transición demográfica se observa en el caso de El Salvador (gráfico 1.9), aunque la natalidad cae algo más tarde, en las décadas de 1970 y 1980, mientras que lo mismo ocurre con la mortalidad, cuyo descenso recién empieza hacia 1945. La transición aparece bien consolidada hacia 2010. Aunque no tenemos series largas que nos permitan una observación detallada, este patrón típico también se encuentra en Colombia, Perú (gráfico 1.10), Ecuador (gráfico 1.11), Panamá y la República Dominicana.

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Gráfico 1.10. La transición demográfica en Perú, 1942-2012.

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Gráfico 1.11. La transición demográfica en Ecuador, 1917-2012.

Argentina y Cuba muestran un patrón diferente (gráficos 1.12 y 1.13, respectivamente). Ambos países parecen experimentar la transición ya al inicio del período de observación, al menos si nos atenemos al movimiento descendente de la natalidad y la mortalidad, y a la diferencia entre ambas curvas. En Argentina la natalidad muestra tres fases: a) un descenso fuerte y continuo desde niveles muy elevados en las décadas finales del siglo xix; b) un largo estacionamiento alrededor del 25 por mil observable entre 1930 y 1980; y c) un descenso suave pero continuo a partir de la década de 1980. La mortalidad muestra también tres fases distintas: a) un descenso leve en las décadas finales del siglo xix; b) una declinación notable desde inicios del siglo xx hasta la década de 1950; c) y muy pocas variaciones, alrededor del 8 por mil, entre 1950 y 2010. La tasa de crecimiento natural se mueve alrededor del 20 por mil durante casi todo el período, con oscilaciones largas que siguen de cerca los movimientos de la natalidad; solo en la primera década del siglo xxi, la tasa de crecimiento natural llega al 10 por mil.

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Gráfico 1.12. La transición demográfica en Argentina, 1870-2010.

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Gráfico 1.13. La transición demográfica en Cuba, 1900-2010.

En suma, el caso argentino parece ejemplificar una transición demográfica muy peculiar;[9] el proceso se inicia muy temprano (a finales del siglo xix) y se prolonga durante todo el siglo xx.

Aunque la observación se limita al siglo xx, el caso cubano muestra similitudes con el argentino. La mortalidad desciende regularmente durante la primera mitad del siglo xx y se estaciona a finales de la década de 1950 bien por debajo del 10 por mil, y con escasas fluctuaciones. La natalidad también declina, pero cae por debajo del 30 por mil recién en la década de 1950; luego de un breve baby boom en los primeros años de la Revolución cubana, declina primero muy rápido y luego en forma más suave, tras lo cual llega al 10 por mil en los umbrales del siglo xxi.

Un caso relativamente similar es el de Uruguay,[10] donde la transición demográfica parece haber comenzado antes del período de observación, para el cual disponemos de datos.

La natalidad desciende regularmente desde finales del siglo xix y se estaciona levemente por encima del 20 por mil en la década de 1930; hacia 1980 comienza otra fase de descenso que continúa a inicios del siglo xxi. La mortalidad es muy baja ya a finales del siglo xix y desciende suavemente por debajo del 10 por mil en la década de 1940, manteniéndose en esos mismos niveles hasta el final del período de observación. De acuerdo con estos datos, el caso uruguayo sería el de transición más temprana en toda América Latina.

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Gráfico 1.14. La transición demográfica en Uruguay, 1897-2012.

Guatemala (gráfico 1.15) muestra un ejemplo de lo que podríamos denominar una transición tardía. La mortalidad empieza a bajar recién hacia 1950, mientras que el descenso de la natalidad solo se afirma en la década de 1980. A comienzos del siglo xxi, la tasa de crecimiento natural supera todavía el 2 % anual. Otros países que comparten esta situación, pero para los cuales no tenemos series largas suficientemente confiables, son Bolivia, Haití, Nicaragua, Honduras y posiblemente Paraguay.[11]

Gráfico 1.15. La transición demográfica en Guatemala, 1880-2010.

En resumen, la observación de los casos latinoamericanos parece mostrar tres patrones distintos de transición demográfica: a) la transición temprana, ilustrada por los casos de Uruguay, Argentina y Cuba; b) la transición típica, ejemplificada por Costa Rica, Brasil, Chile, Venezuela, El Salvador, Perú, Ecuador, México, Colombia, República Dominicana, Puerto Rico y Panamá; c) y la transición tardía, ilustrada por Haití, Bolivia, Nicaragua, Honduras, Guatemala y Paraguay. Las características básicas de cada uno de estos modelos se resumen a continuación.

En la transición temprana, la tasa bruta de mortalidad desciende regularmente desde finales del siglo xix hasta la década de 1950, y permanece desde entonces por debajo del 10 por mil; la tasa bruta de natalidad declina también desde finales del siglo xix, se estaciona en valores próximos al 25 por mil en la década de 1940, y baja pronunciadamente en la década de 1980. Lo que se observa en estos casos de transición temprana es un descenso casi paralelo en la mortalidad y la natalidad, lo que origina tasas de crecimiento positivas pero relativamente moderadas, con fluctuaciones que siguen de cerca las oscilaciones de la natalidad. En el caso de Cuba, se observa un rápido pero finalmente corto aumento de la natalidad durante los primeros años de la Revolución, el cual fue claramente excepcional.

La transición típica se caracteriza por un descenso continuo de la mortalidad a partir de la década de 1920, tras lo cual se llega a un nivel por debajo del 10 por mil recién hacia 1980; la natalidad, muy elevada, alcanza una cima en las décadas de 1950 y 1960, y cae de manera moderada a partir de 1970 y de manera drástica desde la década de 1990. La tasa de crecimiento sigue una curva en forma de campana, con máximos hacia 1960.

La transición tardía, por su parte, sigue de cerca el patrón de la típica, pero con dos diferencias: la tasa bruta de mortalidad recién llega a su nivel más bajo en la década de 1990, y la tasa bruta de natalidad solo comienza a descender en la década de 1980.

Para completar la observación de casos latinoamericanos y europeos, conviene examinar el caso español (gráfico 1.16). Algunos paralelismos con los casos latinoamericanos de transición temprana llaman la atención. La mortalidad desciende desde finales del siglo xix y recién se estaciona por debajo del 10 por mil hacia 1960, mientras que se observan tres momentos puntuales de fuertes aumentos: 1885 (epidemia de cólera), 1918 (epidemia de la gripe española) y 1938-1941 (guerra civil). La natalidad desciende regularmente desde los inicios del siglo xx y se estaciona alrededor del 20 por mil entre 1940 y 1978, para caer después a niveles similares a los de la mortalidad a finales del siglo xx.

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Gráfico 1.16. La transición demográfica en España, 1858-2010.[12]

El crecimiento de la población

Un efecto directo de la transición demográfica es el rápido crecimiento de la población. Nos concentraremos en el examen de la evolución de la población total y de su tasa de crecimiento medio anual, por países y regiones, a partir de 1800. Recurriendo a las proyecciones de las Naciones Unidas, del CELADE y del Bureau of the Census de los Estados Unidos, extenderemos la observación hasta 2050. El gráfico 1.17 muestra la evolución de la población total del conjunto de América Latina en una perspectiva comparativa con países asiáticos, Europa Occidental y los Estados Unidos. Las poblaciones de China e India[13] superan en muchos millones las poblaciones del hemisferio occidental y de otras regiones asiáticas; a finales del siglo xx, llama la atención el contraste entre el crecimiento explosivo de la India y el freno evidente de la población china. La de Europa Occidental[14] crece, en cambio, en forma muy lenta, pasando de 140 millones en 1820 a 400 millones hacia 2020; y esta última cifra se mantendrá fija probablemente hasta 2050. Japón e Indonesia tienen poblaciones de un volumen similar entre 1900 y 1970; luego las trayectorias divergen: la japonesa sigue creciendo muy pausadamente y empieza a declinar hacia 2010; hacia 2050 la de Indonesia superará probablemente los 300 millones, es decir, tendrá un volumen tres veces mayor que el de la japonesa: transición demográfica completa, en un caso, y fuerte explosión demográfica, en el otro.

La población de América Latina experimentó un crecimiento lento en el siglo xix, fuerte durante casi todo el siglo xx, y contenido en las primeras décadas del siglo xxi. La población latinoamericana supera a la de los Estados Unidos hacia 1950 y a la de Europa Occidental hacia 1990 (gráfico 1.17). La escala del gráfico no permite visualizar bien la evolución de América Latina con respecto a los Estados Unidos y Europa Occidental. Esto se puede hacer observando los gráficos 1.18 y 1.19. En el siglo xix, la población latinoamericana creció regularmente por encima del 1 % anual, el crecimiento se acelera notoriamente a partir de 1920 y alcanza una cúspide a mediados del siglo xx, para luego descender regularmente en el siglo xxi. La comparación con los Estados Unidos es interesante. Hacia 1800, la población de los Estados Unidos apenas superaba los 5 millones de habitantes, es decir, era tres veces menor que la población del conjunto de la América Latina; el crecimiento continuo del poblamiento norteamericano, que atrajo, como se sabe, a millones de inmigrantes europeos, revirtió la situación hacia 1860, cuando la población de los Estados Unidos superó los totales latinoamericanos. Esta situación se mantuvo durante casi un siglo, hasta que hacia 1950 la latinoamericana volvió a superar a la de los Estados Unidos, manteniendo una brecha de unos 100 millones de habitantes durante las primeras décadas del siglo xxi.

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Gráfico 1.17. Evolución de la población total de América Latina, Europa Occidental, Estados Unidos, China, Japón, Indonesia e India, Pakistán y Bangladés, 1800-2050.[15]

Gráfico 1.18. Evolución de la población total en América Latina, los Estados Unidos y Europa Occidental, 1800-2050.

Las tasas de crecimiento medio anual de la población de los Estados Unidos (gráfico 1.19) muestran una disminución regular desde la segunda mitad del siglo xix, producto de la disminución relativa de las llegadas anuales de inmigrantes y de un descenso paulatino de la fecundidad. El lento crecimiento de la población de Europa Occidental contrasta con las explosiones americanas, y, como se puede apreciar en el gráfico 1.19, la tasa media anual osciló alrededor del 0,5 % en el largo período que transcurre desde 1820 hasta 2050. La comparación con las tasas de crecimiento de los países asiáticos considerados (gráfico 1.20) es también instructiva; hasta la segunda mitad del siglo xx, las tasas medias de incremento de la población latinoamericana van muy por encima de las asiáticas; solo hacia 1970 el ritmo de crecimiento de la población de la India, Pakistán y Bangladés alcanza valores similares a los del ritmo de crecimiento latinoamericano.

Gráfico 1.19. Tasas de crecimiento medio anual de la población de América Latina, los Estados Unidos y Europa Occidental, 1800-2050.

Gráfico 1.20. Tasas medias de crecimiento anual de la población de América Latina, China e India, Pakistán y Bangladés, 1800-2050.

Una de las lecciones más obvias que se desprende de los datos observados es que las poblaciones crecen, a lo largo de los 250 años examinados, a ritmos muy distintos; por otra parte, también es evidente que en los países de Europa Occidental, de donde provienen los casos típicos que dieron origen a la noción de “transición demográfica”, la población creció a un ritmo que se puede calificar, una vez planteada una perspectiva comparada, como muy moderado.

El multiplicador de la transición

Un intento por esclarecer el problema fue propuesto por Jean Claude Chesnais, recurriendo a la noción de “multiplicador de la transición”.[16] La idea es simple, una vez identificados el comienzo y el fin de la transición, se comparan las cifras iniciales y finales de la población total y se calcula el multiplicador necesario para pasar de la población inicial a la población final; el número de años transcurridos entre ambos momentos también se toma en consideración para completar la evaluación. Así, por ejemplo, en el caso de la India, la transición habría comenzado en 1920 y estaría completa hacia 2010; en un lapso de 90 años, la población total se multiplicó 3,77 veces. En México el proceso se habría también iniciado hacia 1920 y completado en 2000; la transición habría durado 80 años, mientras que la población se multiplicó 7,02 veces.[17] En el caso de los países europeos, la transición fue mucho más larga, y los multiplicadores, menores. En Suecia duró 150 años, desde 1810 hasta 1960, y el valor del multiplicador fue de 3,83; en Italia se habría extendido desde 1876 hasta 1965, con un multiplicador de 2,26, mientras que en Francia el lapso fue de 185 años (1785-1970), y un multiplicador de apenas 1,62.[18]

La idea de Chesnais es interesante y permite un enfoque claro y sintético de la duración y la intensidad de la transición.[19] Su principal limitación tiene que ver con lo difícil que es establecer con claridad cuándo inicia la transición; lo cual se desprende claramente de la observación de series largas sobre la evolución de la natalidad, la mortalidad y las tasas de crecimiento. Nótese, por ejemplo, que, en la América Latina del siglo xix, se observan ritmos de crecimiento anual muy por encima del 1 % anual, algo que, si se compara con los ritmos europeos, parecería un patrón típico de la transición demográfica; se trata, sin embargo, de poblaciones y sociedades que difícilmente podrían calificarse como modernas, al menos en el mismo sentido en que lo serían Inglaterra y Francia. Un problema adicional, relativo al inicio de la transición, es que en muchos casos no existen buenos datos para el siglo xix, por lo cual estamos condenados a iniciar la observación en una época en la cual la transición demográfica podría perfectamente haber ya comenzado. Establecer el fin de la transición resulta mucho más fácil, en primer lugar, porque se trata de un fenómeno reciente y, por ende, disponemos de información demográfica mucho más abundante y confiable, y, en segundo lugar, porque la tasa de crecimiento cero, o próxima de cero, muestra muy pocas oscilaciones debido a los niveles muy bajos de la natalidad y la mortalidad. Muy distinta era la situación antes del inicio de la transición, cuando la tasa de crecimiento cero era el resultado de una mortalidad y natalidad elevadas pero fluctuantes, como bien puede observarse en las series largas de Inglaterra (gráfico 1.2), Suecia (gráfico 1.3) y Costa Rica (gráfico 1.4).

Conclusiones

La observación de las tasas brutas de natalidad, mortalidad y crecimiento natural, al igual que de las cifras sobre la población total y su ritmo de crecimiento, permiten un estudio somero de la transición demográfica. Sin embargo, no siempre es fácil identificar cuándo comienza y cuándo termina en verdad la transición. La dinámica demográfica depende del juego de la mortalidad, la natalidad y la migración, pero no se puede entender cabalmente sin considerar la estructura de la población por sexo y edades. Dicho de otro modo, un mismo juego de valores relativo a la natalidad y la mortalidad puede tener consecuencias demográficas muy diferentes en poblaciones con estructuras de sexo y edades también distintas.

Los clásicos trabajos de Lotka,[20] seguidos por los de Ansley Coale[21] y Bourgeois-Pichat,[22] han permitido entender apropiadamente el papel de la estructura por edades en la dinámica demográfica. El concepto central de estos análisis es el de “población estable”. Lotka demostró que una población sometida a tasas de mortalidad y natalidad constantes, durante un cierto período, termina teniendo una estructura por edades también constante; a estas poblaciones teóricas, las denominó “estables”. Resulta muy útil comparar las trayectorias de las poblaciones observadas con las condiciones de estabilidad. De hecho, las poblaciones estables ofrecen un marco comparativo que Livi Bacci[23] ha denominado “espacio estratégico del crecimiento”. La tarea del próximo capítulo es precisamente observar los diferentes casos latinoamericanos dentro de dicho espacio. Como veremos, esto permitirá un análisis mucho más detallado del proceso de transición demográfica.


  1. Ver Chesnais, Jean-Claude. La transition démographique. Etapes, formes, implications économiques. Etude de séries temporelles (1720-1984) relatives à 67 pays. París: Presses Universitaries de France – INED, 1986., pp. 5-8.
  2. Lee, Ronald D. “The Demographic Transition: Three Centuries of Fundamental Change”. The Journal of Economic Perspectives, 17, n.º 4 (2003): 167-190.; Wilson, Chris. “On the Scale of Global Demographic Convergence, 1950-2000”. Population and Development Review, 27, n.º 1 (2001): 155-172.
  3. La razón o relación de dependencia es el cociente entre el total de la población dependiente económicamente (menores de 15 años más mayores de 65 años) y la población en edad de trabajar (de 15 a 64 años); frecuentemente, se lo expresa también como porcentaje.
  4. Ver Bayly, Christopher Alan. The Birth of the Modern World, 1780-1914: Global Connections and Comparisons. Malden, MA: Blackwell Publishing, 2004., pp. 49-82.
  5. Los datos provienen de Wrigley, Edward Anthony y Schofield, Roger. The Population History of England, 1541-1871. A Reconstruction. Cambridge: Harvard University Press, 1981.; Keyfitz, Nathan y Flieger, Wilhelm. Demografía: métodos y modelos estadísticos. Trad. Cambiaggio, Stella. Buenos Aires: Marymar, 1975., pp. 507-508.
  6. Datos de Keyfitz y Flieger, Demografía: métodos y modelos estadísticos., pp. 500-508; 526-534.
  7. Para las fuentes de datos de los gráficos 1.4 a 1.15, ver el anexo 1.
  8. Zavala de Cosío, M.aría Eugenia. Cambios de fecundidad en México y políticas de población. México: Fondo de Cultura Económica/El Colegio de México, 1992.
  9. Ver Pantelides, Edith A. Evolución de la fecundidad en la Argentina. Buenos Aires, Santiago, Chile: Centro de Estudios de Población. Centro Latinoamericano de Demografía, 1979.; Pantelides, Edith A. La fecundidad argentina desde mediados del siglo xx. Cuaderno del CENEP: Cuadernos del CENEP. Buenos Aires: CENEP, 1989.
  10. Ver Rothman, Ana María. Evolución de la fecundidad en Argentina y Uruguay. Buenos Aires: Instituto Torcuato Di Tella, 1970.
  11. En el caso del Paraguay, se carecen de estadísticas vitales confiables. Así, por ejemplo, en 1966-1999, la Dirección General de Estadística y Censos estimó un subregistro de la mortalidad registrada entre 37 % y 4 1 %; ver PAHO. “Paraguay, Country profile”. Epidemiological Bulletin, 25, n.º 2 (2004): 12-15.
  12. Los datos provienen de Nadal, Jordi. La población española (siglos xvi a xx). Barcelona: Ariel, 1971., pp. 129-130; Nations, United. Demographic Yearbook, Historical supplement, 1948-97. Nueva York: United Nations, 1998.; datos del Instituto Nacional de Estadísticas a partir de 1995.
  13. Para fines comparativos, se suman las poblaciones de la India, Pakistán y Bangladés, lo cual corresponde aproximadamente a la India bajo la dominación británica.
  14. Incluye Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Italia, Suiza, los Países Bajos, Suecia, Noruega, España, Portugal, Irlanda y el Reino Unido.
  15. Los datos de América Latina provienen del anexo 1; los de Estados Unidos, de las cifras oficiales del Bureau of the Census; el resto, de Maddison, Agnus. “Statistics on World Population, GDP and Per Capita GDP, 1-2008 AD (Vertical File)”. University of Groningen. Acceso: julio de 2012. En bit.ly/3sXrDyx.
  16. Ver Chesnais, La transition démographique. Etapes, formes, implications économiques. Etude de séries temporelles (1720-1984) relatives à 67 pays., pp. 291-308.
  17. Chesnais, La transition démographique. Etapes, formes, implications économiques. Etude de séries temporelles (1720-1984) relatives à 67 pays., p. 301.
  18. Chesnais, La transition démographique. Etapes, formes, implications économiques. Etude de séries temporelles (1720-1984) relatives à 67 pays., p. 294.
  19. Para una formalización más detallada del concepto, ver Chesnais, J.-C. “Demographic transition patterns and their impact on the age structure”. Population and Development Review, 16, n.º 2 (1990): 327-336.
  20. Lotka, Alfred J. Théorie analytique des associations biologiques. París: Hermann, 1939.
  21. Coale, Ansley J. The growth and structure of human populations: a mathematical investigation. Princeton: Princeton University Press, 1972.
  22. Nations, United. Le concept de population stable. Application à l’ étude des populations des pays ne disposant pas de bonnes statistiques démographiques. Nueva York: Nations Unies, Département des Affaires Économiques et Sociales, 1966.
  23. Livi Bacci, Massimo. Historia mínima de la población mundial. Trad. Pentimalli, Atilio. Barcelona: Ariel, 1990., pp. 33-37.


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