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5 El descenso de la fecundidad y la segunda transición demográfica

Definiciones

El descenso de la fecundidad debe estudiarse ahora con más profundidad, buscando la especificación de los mecanismos y procesos sociales que permiten explicar la reducción en el número de hijos, o, dicho en términos más generales, la caída de la tasa bruta de natalidad desde niveles del 40 por mil o más, a menos del 10 por mil. Como ocurre en toda la temática de la transición demográfica, comenzaremos por lo que mejor conocemos, es decir, el caso europeo.[1]

El descenso en la fecundidad europea se produjo a través de un mecanismo de autorregulación demográfica que incluyó la elevación de la edad al matrimonio de las mujeres, el aumento de la tasa de celibato definitivo y métodos contraceptivos “naturales” como el ritmo, el coitus interruptus o retiro, un largo período de lactancia y otros similares. Este proceso se dio en un contexto en el cual la fecundidad marital cubría el 90 % o más de la fecundidad total; es decir, había muy pocos hijos fuera del matrimonio. La elevación de la edad al matrimonio de las mujeres reducía el período de “exposición al riesgo” de un embarazo, en una edad (generalmente entre los 20 y los 30 años) en que la mujer alcanza un máximo biológico de fertilidad. Los métodos contraceptivos permitían espaciar los nacimientos, y el celibato definitivo de una cierta proporción de mujeres reducía el número de parejas en posibilidad de formar una familia. Por otra parte, este proceso de autorregulación demográfica ocurría en un contexto caracterizado por la rápida urbanización, la alfabetización, la industrialización, la fuerte migración del campo a la ciudad y la emigración al exterior. Gradualmente, el “valor” que las parejas asignaban a los niños se modificó sustancialmente: los niños dejaron de ser una inversión futura, como era el caso en las sociedades campesinas, y pasaron a ser un gasto, en términos del relativamente largo período de educación que ahora era necesario para lograr la incorporación de un joven al mercado de trabajo.[2]

Estas explicaciones combinan dos niveles diferentes de razonamiento: el macrosocial, referido a procesos como la industrialización y la urbanización, y el microsocial, relacionado a decisiones individuales o en familia. En 1973, Ansley J. Coale planteó un modelo para explicar las decisiones respecto al descenso europeo de la fecundidad marital en los siglos xix y xx;[3] el modelo consideró tres variables y quedó sintetizado con tres palabras: ready, willing y able. Ready, que se puede traducir como “disposición”, se refiere a que el control de la natalidad tiene que ser percibido por los actores como beneficioso y moralmente aceptable; willing, es decir, la voluntad (o deseo), apunta a que tiene que ser deseado como cálculo consciente; y able, es decir, la capacidad, implica que tiene que haber medios contraceptivos disponibles.

Otra pregunta importante es cómo se difunden las ideas y técnicas de control; aquí es donde intervienen estudios basados en modelos sociológicos de difusión. En términos del modelo de Coale, las preguntas que caben son dos: qué se difunde (técnicas de control más ideas, es decir, valores y actitudes) y cómo (grupos pioneros o de vanguardia seguidos luego por otros).

La fecundidad natural

¿Cuál es el máximo de fecundidad observado en las poblaciones humanas? Esto interesa sobre todo como marco general de referencia. La pregunta puede responderse de dos maneras. La primera es recurriendo a ejemplos observados, lo cual reduce el campo a la disponibilidad de datos precisos sobre poblaciones y períodos de tiempo determinados, puestos en la debida escala comparativa. La segunda opción es echando mano a modelos de simulación. En el primer caso, el ejemplo frecuentemente citado es el de las familias Hutteritas, observadas en comunidades rurales en el norte de los Estados Unidos entre 1880 y 1950; este grupo de anabaptistas, llegado desde el centro de Europa, pudo ser observado con gran detalle, y contaba con la particularidad de una fuerte cohesión ideológica, ausencia de soltería y de toda forma de contracepción, una edad al matrimonio de las mujeres de 20 años, baja mortalidad y reducida movilidad. El tamaño final de la familia hacia 1950 era de 10,4 hijos y solo había sido limitado por la esterilidad biológica (apenas un 3,4 % de las parejas), los abortos espontáneos y la ausencia de concepciones antes del matrimonio. En las condiciones señaladas, esa descendencia final de 10,4 hijos constituía un máximo de fecundidad observada, muy por encima de la registrada en poblaciones con poco o ningún uso de la contracepción.[4]

El segundo caso refiere a la utilización de un modelo de simulación, en el cual se toma una cohorte de mujeres a partir de los 15 años y se las somete a probabilidades razonables de fecundabilidad hasta los 50 años; se supone que no hay mortalidad de las madres y que solo opera la mortalidad intrauterina; el resultado del ejercicio, realizado por Hervé La Bras, produjo una descendencia final de 14,8 hijos. Se trata, obviamente, de un máximo biológico de la fecundidad humana, el cual nunca ha sido observado en poblaciones reales.[5] Ambos ejemplos permiten entender bien la noción de “fecundidad natural”, introducida por Louis Henry en 1961.[6]

Henry trataba de entender y definir con precisión la fecundidad en ausencia de contracepción y aborto inducido; compiló datos de trece poblaciones europeas y del tercer mundo, las cuales presentaban una familia completa entre 10,9 hijos por mujer casada a los veinte años (caso de las Hutteritas casadas entre 1921 y 1930) y 6,2 (caso de varias aldeas de Guinea, con mujeres casadas en 1954-1955). Comparando las tasas de fecundidad por edad de la madre, Henry observó dos cosas: primero, que, en todos los casos, la curva de las tasas tenía una forma similar, con un máximo en el grupo de 20-24 años y un descenso suave hasta el grupo de 45-49 años; segundo, que, si las tasas se expresaban como índices, con base 100 en el grupo de 20-29 años, todas las curvas se superponían, mostrando un patrón enteramente similar. La comparación de estas tasas con las de una población que practicaba el control natal, para el caso, las mujeres británicas casadas a los veinte años en 1920, resultaba más que ilustrativo: la descendencia final de las británicas era de 3,2 hijos, y la curva caía muy rápidamente, adquiriendo una forma convexa con respecto al cero del gráfico. Henry llamó “fecundidad natural” a la observada en las trece poblaciones que no practicaban la contracepción y explicó las notables diferencias en la descendencia final según tres factores: a) el lapso de tiempo que transcurre entre el nacimiento y el restablecimiento de la ovulación y las relaciones sexuales; b) la fecundabilidad o probabilidad de concepción durante el período recién indicado; [7] c) la frecuencia de los abortos espontáneos y muertes fetales. Como la proporción de C obedece más bien a factores biológicos que no deben variar mucho de una población a otra, las grandes diferencias observadas en la descendencia final parecen deberse a los factores A y B, dependientes de aspectos socioculturales y religiosos, y que se expresan en el espaciamiento diferencial de los nacimientos. Aunque el adjetivo “natural” no fue muy feliz, Henry pudo así definir la fecundidad natural como una estrategia reproductiva en la cual los nacimientos podían ser poco o muy espaciados, pero sin que las parejas tuvieran una estrategia para reducir la fecundidad una vez alcanzado un cierto tamaño de familia, o, como suelen decir los demógrafos, un cierto orden de “paridez”. En términos mucho más simples, puede decirse que Henry logró expresar analíticamente el dicho popular de que las parejas tienen los hijos que Dios manda.

La fecundidad natural: ejemplos latinoamericanos

¿Cuál es la situación de la fecundidad en el pasado latinoamericano? Notemos, ante todo, que antes de 1930 la disponibilidad de datos a nivel nacional es muy limitada. Como se sabe, para estimar el nivel de la fecundidad, hay que disponer de estadísticas de los nacimientos clasificados por edad de la madre o, también, de tabulaciones de preguntas censales a las madres sobre el número de hijos tenidos, con las cuales se pueden efectuar estimaciones indirectas, pero bastante seguras del nivel de la fecundidad. Los estudios parroquiales realizados aplicando el método de reconstrucción de familias de Louis Henry ofrecen una buena alternativa, pero su alcance es limitado; las limitaciones tienen que ver con la restricción a la medida de la fecundidad marital, lo cual deja por fuera la fecundidad de las madres solteras y de las no casadas legalmente, y con las dificultades de aplicación del método, que exige una cobertura completa de los registros parroquiales y mucha precisión en el registro de apellidos, nombres y fechas de los eventos. Por otra parte, la aplicación del método de Henry es extremadamente costosa en términos del trabajo requerido, sin que se pueda saber, hasta el final de la recolección de datos, si la reconstrucción es, o no, exitosa. Y una vez conseguida la reconstrucción en una parroquia, siempre queda planteado el tema de su representatividad. Por todo esto, el método se ha aplicado en forma relativamente limitada. Con estas prevenciones, podemos examinar ahora algunos datos seleccionados que resultan muy ilustrativos.

El gráfico 5.1 presenta las tasas de fecundidad de dos pequeñas parroquias rurales chilenas, San Felipe y La Ligua, en los siglos xviii y xix. El gráfico incluye también las tasas de fecundidad de las familias de comerciantes de la Ciudad de Buenos Aires en la segunda mitad del siglo xviii; este se trata pues de otro medio social, esta vez urbano.[8] Las tres curvas muestran las formas típicas de la fecundidad natural, es decir, son cóncavas con respecto al cero del gráfico; las pequeñas irregularidades en la forma se pueden atribuir al número reducido de casos, es decir, de familias reconstituidas. El gráfico consigna también en cada curva el número de hijos que cada mujer tendría al final de su vida fértil; esta medida es un índice sintético del nivel de la fecundidad y es también conocida como “tasa global de fecundidad”. Se puede observar que, en los tres casos considerados, el nivel es muy elevado y se sitúa en torno a 11 hijos.

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Gráfico 5.1. Tasas de fecundidad por edad en parroquias chilenas y en familias de comerciantes de la Ciudad de Buenos Aires (siglos xviii y xix).

El gráfico 5.2 también presenta datos chilenos de otra parroquia rural, observada en los siglos xix y xx; se trata del caso del valle Petorca entre 1840 y 1969, una zona rural y minera situada en el centro de Chile, con una población total que oscila en torno a los 10.000 habitantes, y que crece muy poco debido a diferentes procesos de emigración.[9] Las curvas de fecundidad muestran la forma típica de una fecundidad natural, con una descendencia completa que varía entre 8,4 y 9,8 hijos. El gráfico 5.3 presenta datos para el conjunto de la población de Chile entre 1930 y 1997;[10] ahí se puede observar el cambio notable de un patrón de fecundidad natural, en 1930 y 1970, con una descendencia completa entre 5,1 y 5.5 hijos, a una fecundidad controlada, mucho más baja, con un total de 2,2 hijos en 1997. El descenso en la fecundidad se explica básicamente por las campañas de planificación familiar implementadas desde la década de 1960. Volveremos más adelante sobre esto.

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Gráfico 5.2. Petorca, Chile, 1840-1969. Tasas de fecundidad por edad.

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Gráfico 5.3. Chile, 1930-1997. Tasas de fecundidad por edad.

El gráfico 5.4 ilustra el caso de México entre 1953 y 2004-2005.[11] Se observa aquí el paso de una fecundidad muy elevada en 1953 y 1970, la cual desciendió rápidamente en las décadas siguientes, hasta llegar a un nivel de 2,2 hijos en 2004-2005. Al igual que en Chile, este proceso se explica básicamente por la adopción de programas de planificación familiar en la década de 1970.

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Gráfico 5.4. México, 1953-2004/2005. Tasas de fecundidad por edad.

Para completar este panorama, conviene presentar datos sobre Argentina,[12] uno de los países (junto con Cuba y Uruguay) donde se produjo un descenso mucho más temprano de la fecundidad. Los datos básicos se presentan en el gráfico 5.5. En 1895 la fecundidad era muy alta, con una tasa global de 7 hijos por mujer; la curva muestra una cúspide en el grupo de 25-29 años y luego desciende muy gradualmente, lo que indica también una maternidad elevada en los 30 y 40 años de edad. En 1914, la tasa global de fecundidad había bajado a 5,3 hijos, y la tendencia al descenso continuó con una tasa de 3,3 hijos por mujer en 1947; estos niveles relativamente bajos se mantuvieron parecidos en 1960 y 1980; en 2010 se observa un nuevo descenso, con una tasa global de 2,4.

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Gráfico 5.5. Argentina, 1895-2010. Tasas de fecundidad por edad.

La trayectoria de Uruguay fue parecida a la de Argentina, pero el descenso en la fecundidad, medido con la tasa bruta de natalidad, fue ya notable en la década de 1920, con niveles de esta medida por debajo del 30 por mil. Cuba tenía una tasa global de fecundidad de 5,8 hijos por mujer en 1907; en 1931 este índice había descendido a 4,5; en 1953 llegaba a 3,51, y en 2001, a 1,6. Salvo un corto período de recuperación de la fecundidad en la década de 1960 e inicios de la del 70, la fecundidad cayó gradualmente hasta situarse por debajo del nivel de reemplazo, ya en la década de 1980.

Estimaciones de la fecundidad por cohortes

Otra medición de la fecundidad proviene de los llamados “métodos indirectos”, que la calculan a través de preguntas censales retrospectivas. Se interroga a las mujeres sobre el número total de hijos tenidos hasta el momento del censo, y, con este dato y el de la edad de cada mujer, se obtiene una estimación de la fecundidad por cohortes, es decir, por fecha de nacimiento de las madres.[13] Recordemos para fijar las ideas que, en la estimación de la tasa global de fecundidad, se incluyen los nacimientos de todas las madres, es decir, de todas las cohortes al mismo tiempo, lo cual da una cifra válida para un momento o período determinado. La estimación por cohortes se refiere a las mujeres nacidas en un año o grupo de años determinado; la idea es que cada cohorte o generación comparte una serie de características relevantes que permiten explicar los comportamientos. La estimación mediante preguntas censales retrospectivas no depende de las estadísticas vitales, y resulta complementaria de las estimaciones directas.

El gráfico 5.6 presenta estimaciones indirectas de la fecundidad por cohortes para Nicaragua, Costa Rica, Bolivia, México, Brasil, Chile, Panamá, Venezuela, Argentina y Uruguay, obtenidas de muestras de censos nacionales efectuados entre 1992 y 2001; estos microdatos censales están disponibles en las Integrated Public Use Microdata Series, International (IPUMS-I) del Minnesota Population Center, y han sido cuidadosamente trabajados por David Reher y Miguel Requena.[14] Las estimaciones que aparecen en el gráfico 5.6 indican la fecundidad total, en número de hijos, para cohortes quinquenales nacidas entre 1905-1909 y 1960-1964; los hijos nacieron, en promedio, cuando las madres tenían unos 30 años de edad, así que, si queremos comparar esta estimación con los cálculos directos, del momento o período, hay que desfasar el gráfico unos 30 años hacia delante; eso es lo que aparece en los años que se consignan en el eje superior del gráfico. Como se puede observar, todos los países estudiados, a excepción de Uruguay y Argentina, experimentan un fuerte aumento de la fecundidad en las décadas de 1930, 1940 y 1950, con una disminución progresiva después, a partir de los años 1960 y 1970; Bolivia muestra incluso una disminución más tardía que los demás países. Argentina y Uruguay reflejan en todo el período considerado una fecundidad total baja, que oscila entre 2 y 3 hijos por mujer. El gráfico 5.6[15] es muy ilustrativo del proceso de aumento y descenso de la fecundidad en la mayoría de los países latinoamericanos durante el siglo xx, en niveles y ritmos relativamente diferenciados. Las estimaciones coinciden plenamente con los resultados de estimaciones directas de la fecundidad que ya se presentaron en el capítulo 2.

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Gráfico 5.6. Todos los hijos tenidos por cohorte de nacimiento de las madres (1905-1964), según la información retrospectiva de los censos.

La nupcialidad y la edad al matrimonio

En el caso del descenso de la fecundidad en el noroeste de Europa, bien documentado gracias a los trabajos de demografía histórica, fue notable el papel de la nupcialidad, como ya lo indicamos al inicio de este capítulo. Aumentó la edad al matrimonio de las mujeres, se observaron altas tasas de celibato definitivo (personas solteras a los 50 años de edad), y hubo pocos hijos fuera del matrimonio; en estas condiciones, las variaciones en la nupcialidad afectaban la fecundidad ya que reducían o aumentaban el tiempo de exposición de las mujeres al “riesgo” del embarazo. A las regulaciones determinadas por la nupcialidad, se sumaban las prácticas tradicionales de limitación de los nacimientos: coitus interruptus, prolongación de la lactancia, etc. Las reducciones en la mortalidad, sobre todo de los niños, tuvieron como efecto aumentar el tamaño de las familias, y también prepararon el camino para futuras reducciones en la fecundidad. Este sistema demográfico del noroeste europeo lideró las grandes transformaciones de la transición demográfica, pero, en un contexto geográfico más amplio, era más bien excepcional. En un artículo famoso, publicado en 1965, así lo demostró John Hajnal.[16] En este sistema demográfico, el matrimonio no era universal, en contraste con otros sistemas donde sí lo era, como en China, India y el este de Europa.[17] En estas condiciones, es obvio que las modalidades de la regulación de la fecundidad del noroeste europeo difícilmente se observarán en otros contextos.

En el caso de América Latina,[18] durante el período 1940-1970, ocurrió una fuerte urbanización, acompañada en muchos casos de un importante desarrollo industrial, una intensa migración interna del campo a la ciudad, y un notable proceso de modernización; en términos demográficos, todo se tradujo en el descenso de la mortalidad, sobre todo infantil, el aumento de la nupcialidad, que seguía siendo temprana y sin variaciones (alrededor de 20 años para las mujeres), y un correlativo y fuerte aumento de la fecundidad; algunos autores argumentan que todo esto formó parte de un baby boom de alcance planetario.[19] El descenso de la fecundidad, que vino décadas después, no vio moverse los indicadores de la nupcialidad: la edad al matrimonio siguió siendo parecida y el celibato definitivo muy bajo; dicho de otro modo, las uniones conyugales siguieron siendo prácticamente universales. Este papel neutral de la nupcialidad ha sido repetidamente señalado[20], y se observa incluso en casos como el de Argentina, caracterizados por un descenso muy temprano de la fecundidad, generalmente relacionado con la intensidad de la inmigración europea y los patrones culturales introducidos por los contingentes de españoles e italianos recién llegados.[21] Por otra parte, conviene señalar que el descenso significativo en la mortalidad infantil precedió en unos 30 años al de la fecundidad en 18 países latinoamericanos: familias con más hijos sobrevivientes prepararon así el camino para un cambio de comportamiento en la generación siguiente.[22]

Después de estos comentarios sobre el papel de la nupcialidad y el descenso de la mortalidad en el declive de la fecundidad, podemos estudiar más de cerca los factores determinantes de este proceso.

Los determinantes del descenso

Para fijar las ideas, consideremos primero el modelo de Bongaarts. Este autor identificó cuatro determinantes próximos o variables intermedias de la fecundidad, y propuso un modelo multiplicativo para descomponer la tasa global de fecundidad; no nos interesan aquí los detalles matemáticos y estadísticos del método, sino más bien entender conceptualmente los determinantes próximos. La tasa global varía según los siguientes factores: a) la proporción de mujeres casadas y unidas; b) el uso de contraceptivos; c) el aborto inducido; y d) la duración del período de amenorrea y lactancia posparto durante el cual la mujer tiene baja probabilidad de quedar fecundada.[23] Según Bongaarts, estas cuatro variables son suficientes para explicar las variaciones en la tasa global de fecundidad; se trata de los determinantes próximos o las variables intermedias, es decir, son los factores que afectan más directamente la fecundidad; otros factores importantes son de contexto, como la urbanización o el grado de modernización de la sociedad, pero su efecto es más bien indirecto, al menos en el corto plazo. Estas cuatro variables dependen de determinantes biológicos y culturales; podemos pensar, sin embargo, que los factores propiamente biológicos, como esterilidad y fecundabilidad, son relativamente constantes y no pueden variar mucho de una sociedad a otra; los culturales, en cambio, son de otra naturaleza y presentan, de hecho, mucha mayor variabilidad.

En regímenes de fecundidad natural, la incidencia de la contracepción es muy baja y queda limitada básicamente al retiro o coitus interruptus; otros métodos como el del ritmo requieren de un nivel de educación elevado y normalmente ausente en las sociedades previas a la industrialización y modernización; en todo caso, hay que recordar que la fecundidad natural se caracteriza, a partir de la definición de Henry, por la ausencia de alguna forma de control en función del número de hijos ya alcanzado por la familia. El modelo de Bongaarts aplicado a datos de una gran cantidad de países en vías de desarrollo en las décadas de 1960, 1970 y 1980 ha permitido mostrar cómo el nivel de la fecundidad varía en relación inversa a la prevalencia de la contracepción; se observaron variaciones entre países y también dentro de ellos, en función de la distinción urbano/rural y del nivel de educación de las madres, entre otros factores relevantes.[24] El modelo de Bongaarts permite también entender cómo las notables variaciones en la tasa global de fecundidad que se observan en las poblaciones con fecundidad natural, entre 10,9 y 6,2 en los ejemplos estudiados por Henry,[25] se deben a variaciones en los factores A, C y D, señalados por Bongaarts. De todo esto se deduce que la contracepción es el factor predominante en el descenso sostenido y reciente de la fecundidad; esta observación es válida no solo para América Latina, sino para el mundo entero.[26]

Un problema conexo tiene que ver con una medida precisa del impacto del control de la fecundidad. Ansley Coale y James Trussell desarrollaron un modelo para capturar el rango de variaciones de la fecundidad por edad observada en las poblaciones humanas; consideraron que el fenómeno se podía descomponer en dos aspectos: a) la edad de entrada de la mujer al matrimonio, y b) el patrón de las tasas de fecundidad marital por edad. Después de una cuidadosa investigación, concluyeron que todo el proceso podía describirse con dos parámetros: uno (M) que reflejaba el nivel de la fecundidad total, y otro (m) que indicaba el grado de control de la fecundidad. Los valores de M y m se estiman con un modelo de regresión que utiliza tasas de fecundidad observadas y valores de referencia computados por Coale y Trussell de poblaciones que tenían una fecundidad natural; m es igual a cero cuando la población observada tiene un patrón de fecundidad similar a la del modelo de referencia, es decir, una fecundidad natural; cuando m aumenta, indica que se aleja del modelo de fecundidad natural y que se trata de una población que practica algún grado de control: M es igual a uno cuando la población observada tiene un nivel de fecundidad similar al de los modelos empleados por Coale y Trussell. El modelo de Coale-Trussell fue muy utilizado en la década de 1980 y sigue teniendo vigencia, pero solo como una primera aproximación; las estimaciones y los ajustes no siempre terminan siendo satisfactorios, y el valor de m, el coeficiente que mide el grado de control, resulta muchas veces difícil de interpretar. En el cuadro 5.1, se consignan algunos cálculos de los parámetros M y m para poblaciones latinoamericanas y europeas; en estos ejemplos los ajustes estadísticos al modelo de Coale-Trussell han sido aceptables. Se observa cómo, en Costa Rica en 1977 y en México en 2004, los valores de M indican un descenso en la fecundidad y los de m, un uso extendido del control.

Cuadro 5.1. Parámetros de fecundidad de Coale-Trussell. Ejemplos latinoamericanos y europeos

Población

M

m

Fuente

Crulai, 1647-1742

1,002

0,16

Gautier & Henry

Inglaterra, 1600-1699

0,816

0,04

Wilson

Costa Rica, 1950

1,46

0,22

Cálculos propios

Costa Rica, 1965

1,023

0,26

Cálculos propios

Costa Rica, 1977

0,756

0,90

Cálculos propios

Chile, La Ligua (1750-1850)

1,08

0,22

Salinas Meza

Chile, Petorca (1895-1929)

0,98

-0,06

McCaa

México, 1953

0,702

0,22

Cálculos propios

México, 2004

0,33

0,97

Cálculos propios

Fuentes: Gautier, Etienne & Henry, Louis. La population de Crulai, paroisse normande; étude histoirique. París, 1958. Wilson, Chris. “Natural fertility in Pre-industrial England, 1600-1799”. Population Studies, 38, 1984, pp. 225-240. Salinas Meza, René. “Crecimiento de la población y patrones de fecundidad en Chile colonial”. Cuadernos de Historia, 2, (1982): 63-71. McCaa, Robert. Marriage and Fertility in Chile. Demographic turning points in the Petorca Valley 1840-1976. Boulder, 1983.

La revolución de los anticonceptivos

Retornemos a la fórmula de Ansley Coale mencionada al inicio de este capítulo: RWA, en español DVC (disposición, voluntad y capacidad). Los dos primeros componentes se refieren a la aceptación consciente y calculada de la limitación de los nacimientos; el tercero, a la disponibilidad de contraceptivos. Hacia 1960 hubo, en este aspecto, una verdadera revolución al aparecer una oferta de contraceptivos eficaces y de uso masivo. Estos fueron básicamente de tres tipos: píldoras para uso femenino, dispositivos intrauterinos, barreras físicas como el preservativo y el diafragma, y procedimientos de esterilización. Las píldoras utilizan hormonas para prevenir la ovulación y provocan efectos adicionales que impiden la fecundación; la primera (Enovid) fue aprobada por la FDA de los Estados Unidos en 1960; en pocos años se convirtió en el método más popular y fue utilizado por millones de mujeres en todo el mundo. Con el tiempo se lograron nuevas fórmulas, disminuyendo los componentes hormonales, y buscando también la atenuación de efectos secundarios. Métodos relacionados fueron las inyecciones y los parches, con efectos más prolongados, y aparentemente más prácticos que la píldora de ingestión diaria.

Los dispositivos intrauterinos, más conocidos por la sigla DIU, comenzaron a fabricarse en Alemania en 1909, pero frecuentemente producían infecciones; recién en la década de 1960, hubo dispositivos más seguros, aprobados por la FDA, aunque tampoco exentos de efectos secundarios, sobre todo en los momentos de la inserción y la extracción. Con todo, es un método que se difundió mucho, aunque sin llegar a superar la popularidad de la píldora. Preservativos o condones masculinos fueron utilizados desde el siglo xvi, pero solo se generalizaron a partir de 1920, cuando empezaron a fabricarse con látex; el diafragma de caucho estuvo disponible desde finales del siglo xix y se difundió gradualmente; hacia 1940, alrededor de un 30 % de las mujeres casadas lo utilizaban en los Estados Unidos.

La esterilización femenina mediante la ligadura de trompas fue realizada por primera vez en Estados Unidos en 1880, durante una cesárea; la vasectomía masculina fue practicada durante el siglo xix; sin embargo, la utilización de estos métodos como técnicas contraceptivas fue limitada debido sobre todo al desprestigio causado por prácticas eugenésicas indebidas, que esterilizaban a hombres y mujeres contra su voluntad. La situación recién cambió radicalmente en las décadas de 1960 y 1970, cuando la oferta de anticonceptivos eficaces permitió lo que hoy se conoce como la revolución sexual de aquellos años; la aceptación creciente de la esterilización femenina y la vasectomía masculina fue facilitada también por la novedad de métodos quirúrgicos ambulatorios, de bajo costo y riesgo.

Un aspecto fundamental de estos métodos contraceptivos es que casi todos dejaban la iniciativa y el control en manos de las mujeres. En los comportamientos sexuales, esto también constituyó una verdadera revolución. Hasta entonces, muchos de los métodos contraceptivos disponibles, como el coitus interruptus, o el condón o preservativo, eran de iniciativa masculina. Los nuevos métodos, eficaces, baratos y accesibles, facilitaron la independencia femenina y abrieron la puerta a una verdadera revolución en las prácticas sexuales, las relaciones conyugales y las relaciones de género. La idea de una segunda transición demográfica sistematiza el impacto sociocultural y sociopolítico de estos cambios fundamentales en la vida cotidiana y el perfil de las sociedades.

Antes de considerar estos procesos, conviene dedicar alguna atención a la historia misma de esta revolución en la oferta de anticonceptivos; por cierto, que estuvo lejos de ser el resultado de un desarrollo científico espontáneo. En ella intervinieron tres movimientos sociales de distinto origen y propósitos: a) las asociaciones civiles que propugnaban por el control natal para combatir la pobreza y la delincuencia; b) los médicos y científicos interesados en la biología de la reproducción que establecieron la eugenesia; y c) los movimientos femeninos que luchaban por los derechos políticos de las mujeres y la igualdad de género. Estos tres movimientos cambiaron la ideología en torno al control de la natalidad, logrando emanciparla de la moral religiosa; el momento final de estos cambios se puede fechar en 1979, cuando en las Naciones Unidas se aprobó la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer. En los artículos 11, 12 y 16 de este documento, los Estados firmantes reconocieron los derechos reproductivos como un derecho humano fundamental.

Gran Bretaña

Las consecuencias sociales negativas de la industrialización y la rápida urbanización durante el siglo xix originaron reacciones muy diversas, tanto en Europa como en los Estados Unidos; estas abarcaron un amplio espectro que iba desde medidas de saneamiento ambiental y control sanitario, a cargo del Estado, hasta la acción filantrópica de organizaciones de la sociedad civil, inscritas en programas muy diversos de reforma social. En Gran Bretaña aparecieron varios movimientos de corte malthusiano[27] que proponían el control natal para combatir la pobreza, el hacinamiento habitacional y la delincuencia. Entre los inspiradores se encontraban pensadores como John Stuart Mill (1806-1873) y activistas como Francis Place (1771-1854) y Richard Carlile (1790-1843); algunos autores consideran a Francis Place como el fundador de los movimientos modernos procontrol de la natalidad.[28] Es obvio que estas luchas se mezclaban con otras de alcances más amplios, como las mejoras de los salarios y condiciones de trabajo, el derecho a la sindicalización y el sufragio universal; este cruce de agendas facilitó sin duda la difusión de un tema que era controversial y generaba oposición moral y religiosa.

En los Estados Unidos, el primero que defendió el control natal fue Robert Dale Owen (1801-1877), un político y reformador de origen escocés, en un folleto publicado en 1830. Pero el verdadero adalid del control fue un médico y librepensador de Massachusetts llamado Charles Knowlton (1800-1850); su librito, The Fruits of Philosophy, or the Private Companion of Young Married People, publicado en 1832, le valió inicialmente la persecución y condena judicial; pero, en un segundo proceso, en 1839, fue exonerado; el breve texto, que contenía información sumaria sobre la biología de la reproducción, los métodos de contracepción y tratamientos para la esterilidad, fue reimpreso después y llegó a Inglaterra editado por Charles Bradlaugh (1833-1891) y Annie Besant (1847-1933) en 1876. Ambos editores, activistas librepensadores, fueron enjuiciados y condenados en primera instancia por difundir literatura obscena, aunque, en segunda instancia, el proceso fue anulado; el juicio originó grandes debates y les dio tanto al libro como a los editores una gran publicidad.

En 1877 se formó la Malthusian League, una asociación “secular, utilitaria, individualista y malthusiana” orientada a promover la práctica de la contracepción y la educación del público en la importancia de la planificación familiar. En los primeros tiempos, la liga marchó a la par del movimiento socialista, sindical y femenino; sin embargo, ya en el siglo xx, se fue distanciando y renunció a todo programa reformista, focalizándose exclusivamente en el control natal como solución básica para la pobreza. La liga se disolvió en 1927.[29] Asociaciones similares fueron organizadas en Alemania, Francia y Holanda; en 1892 la liga holandesa estableció la primera clínica que, bajo supervisión médica, daba información sobre contraceptivos.

Marie Stopes (1880-1958) fue una científica, profesora en la Universidad de Manchester y activista por los derechos de las mujeres, incluyendo el control natal. Con su marido, organizó la primera de varias Mothers’ Clinics de control natal en 1921 y editó la Birth Control News, pero lo que le dio gran notoriedad fue su libro Married Love or Love in Marriage, publicado en 1918, en Londres y Nueva York. Hubo juicios y apelaciones, pero finalmente la obra fue exonerada de las acusaciones de obscenidad, y se vendieron miles de ejemplares, a través de muchas ediciones y trece traducciones; otra publicación significativa fue Wise Parenthood, en ese mismo año. Junto con la clínica, Marie Stopes organizó la Society for Constructive Birth Control and Racial Progress (CBC). Entre 1934 y 1945, abrió cinco clínicas regionales en Leeds, Aberdeen, Belfast, Cardiff y Swansea, atendiendo más de 43.000 mujeres. Poco después agregó un servicio de clínicas ambulantes. Stopes financiaba las clínicas con fondos propios y también recurriendo a donaciones privadas; insistía siempre en ofrecer servicios gratuitos a las mujeres de los sectores obreros y más desprotegidos. Sus libros y panfletos incluían descripciones detalladas y discusiones sobre los métodos de control disponibles; también mantuvo un diálogo permanente con los fabricantes, y la reputación de sus clínicas hizo que el sello de aprobación de la CBC fuera considerado como un certificado de calidad. Es importante notar que las Mothers’ Clinics no solo tenían como propósito limitar los nacimientos, sino también lograr el nacimiento de bebés saludables; el término constructive birth control aludía a la prevención de nacimientos no deseados, el espaciamiento de los nacimientos dentro de la familia y la ayuda a las parejas infértiles. Stopes era firme partidaria de la eugenesia, pero en sus clínicas nunca aplicó los principios de este movimiento, y puso por encima de todo la felicidad y el bienestar de las mujeres.[30] A la par de las Mothers’ Clinics de Marie Stopes, surgieron muchas otras, pero no hay dudas de que el movimiento que ella lideró en las décadas de 1920 y 1930 tuvo, en la difusión del control natal, un papel dominante.

La eugenesia fue una disciplina establecida a fines del siglo xix para estudiar los factores biológicos de la herencia orientados al perfeccionamiento de la especie humana; su nombre fue inventado por el inglés Francis Galton (1822-1911), uno de sus proponentes. Fue un campo definido en el cruce de la biología, la medicina, la demografía y las ciencias sociales, y se expandió bastante rápido, interesando no solo a científicos, sino también a otros intelectuales, políticos y activistas. En 1907 se organizó la British Eugenics Society (hoy llamada Galton Institute) y en 1922 la American Eugenics Society (hoy conocida como Society for Biodemography and Social Biology). En las primeras décadas del siglo xx, fue común considerar que había dos tipos de eugenesia, una negativa, que buscaba eliminar la reproducción de los menos aptos y los defectuosos, y otra positiva, que, por el contrario, incentivaba la reproducción de los mejores. Es obvio que este programa, aunque incluía cuestiones científicas relevantes, podía caer fácilmente en el racismo y el sexismo; de hecho, esto es lo que ocurrió sobre todo en la Alemania nazi, con la persecución y el genocidio de los judíos y otras comunidades consideradas indeseables, y la realización de esterilizaciones y experimentos genéticos brutales en los campos de concentración. La eugenesia cayó así en el desprestigio y tendió a diluirse, aunque muchos aspectos de su programa de investigación fueron retomados más tarde, con otras perspectivas y protocolos de implementación. En relación con el control de la natalidad, hay que destacar que, a finales del siglo xix, la eugenesia tuvo popularidad e impulsó fuertemente los estudios sobre la biología de la reproducción; de hecho, casi todos los activistas del control fueron partidarios de la eugenesia, y viceversa.

Un cambio importante en torno al control natal en Gran Bretaña fue el pronunciamiento de la Séptima Conferencia Lambeth, de los obispos anglicanos, celebrada en 1930. En la resolución 15, se estableció que, bajo ciertas condiciones, podía autorizarse la limitación de nacimientos con métodos que no violentaran los principios cristianos. Esta eliminación de la prohibición absoluta tenía en cuenta, de alguna manera, el hecho de que la fecundidad venía descendiendo desde el siglo xix, lo cual implicaba que los métodos de control como el retiro o coitus interruptus venían utilizándose extendidamente.[31] Esta actitud flexible de la Iglesia anglicana contrasta notablemente con la actitud intransigente de la Iglesia católica, presente aún hoy (2022).

Otros ejemplos europeos

Como ya lo hemos indicado varias veces, en la segunda mitad del siglo xix, la fecundidad descendía regularmente, aunque a ritmos diferentes, en Europa Occidental y Central. Los métodos de control utilizados incluían el coitus interruptus y la lactancia materna, a la par de otros de menor importancia, como diafragmas, capuchones, preservativos, duchas vaginales, etc.; el aborto clandestino también tenía presencia, al igual que las creencias populares, de fondo campesino, sobre diferentes tratamientos y bebidas, en el límite de la magia. Un tema de gran interés es cómo se intersectan, en el proceso de descenso de la fecundidad medido estadísticamente, las creencias y prácticas de las parejas con el discurso médico, relativo a la sexualidad y la reproducción, las prescripciones religiosas y morales, la propaganda de los activistas del control y los aspectos legales. Estos tópicos requieren la combinación de enfoques cualitativos y cuantitativos y fueron considerados en un número temático del Journal of Interdisciplinary History publicado en 2003 (vol. xxxix, n.º 2), con artículos sobre Francia, Gran Bretaña, Noruega, Finlandia, Holanda, Bélgica y Quebec. Las conclusiones de este estudio comparativo muestran que la llegada a niveles bajos de fecundidad se produjo a través de caminos muy diversos, por lo cual es imposible acudir a algo como una modernidad psicológica emergente para explicar la difusión del control de la natalidad. La conexión entre el debate a nivel de las elites y las prácticas de las parejas ha sido muy tenue. En este sentido, es sintomático el fracaso de las prohibiciones de publicitar, vender a menores y difundir contraceptivos establecidas en Holanda, Noruega y Bélgica; el nivel de la fecundidad no cambió mucho después de estas restricciones.[32]

El caso holandés es particularmente interesante. Las acciones tempranas de la Liga Malthusiana provocaron un gran debate político interno que culminó en 1911 con la Moral Offences Act y las prohibiciones recién indicadas; la Ley de Aborto de 1886 fue modificada y este pasó a ser considerado un crimen contra la vida y la moral pública; el movimiento procontrol de la natalidad pasó a la defensiva; además se difundió el sentimiento de que la gente respetable no discutía el tema del control natal, asociado con la prostitución, el aborto y las enfermedades venéreas. El papel de los médicos fue estudiado en detalle por Frans van Poppel y Hugo Röling;[33] estos autores descubrieron que profesionalmente los médicos evitaban todo tratamiento del tema y públicamente solo recomendaban la abstinencia, temerosos de las asociaciones negativas que afectaban al control en la opinión pública. Sin embargo, el silencio de los médicos era más complejo. Al estudiar el comportamiento demográfico de un grupo significativo de médicos, estos autores concluyen que sí utilizaban diversas formas de control natal en sus propias familias; un estudio más profundo reveló también que, en las consultas privadas, asesoraban a las parejas sobre métodos contraceptivos, pero manteniendo todo en silencio, bajo el expediente del secreto profesional. Esta situación se mantuvo hasta la década de 1950.

El caso francés ofrece un panorama muy diferente. Durante el siglo xix, la fecundidad francesa iba bien por debajo de los niveles de la fecundidad de Inglaterra u otros países europeos que estaban experimentando un descenso parecido. Ello era un índice claro de que las parejas francesas practicaban, más temprano que en otras zonas, el control natal a través del coitus interruptus, la lactancia y otras formas tradicionales. Por otro lado, de las herencias de las revoluciones de 1789 y 1848, se derivó un anticlericalismo pronunciado y una fuerte impronta del socialismo y el anarquismo; sin embargo, en relación con la posición de la mujer y el control natal, nada de esto parece haber influido para cambiar las cosas.[34] A finales del siglo xix, surgieron así dos movimientos sociales antagónicos: por un lado, el maltusianismo, que, siguiendo el ejemplo inglés, proponía el control natal como solución para la pobreza y el mejoramiento de la condición femenina, y, por otro, la Alliance Nationale pour l’Accroissement de la Population Française, fundada en 1896 por Bertillon y que contaba entre sus miembros a figuras como Emile Zola y Adolphe Landry. El poblacionismo de este grupo se derivaba de aspectos políticos vinculados con la posición de Francia en relación con Alemania y Gran Bretaña. Los intensos debates, acrisolados por la Primera Guerra Mundial y su impacto demográfico negativo, culminaron en 1920 cuando una ley prohibió la publicidad y el uso de los anticonceptivos. A pesar de estas presiones, la fecundidad tuvo solo un leve repunte, entre 1920 y 1921. En 1939, al aprobarse un nuevo código de familia, se establecieron ayudas financieras para las familias numerosas; con estos se inició una política natalista sistemática, la cual continuaría en las décadas siguientes. Nótese que, en 1940, justificando el armisticio con Alemania, el mariscal Pétain dijo que no había otra salida, ya que Francia tenía “muy pocos niños, pocas armas y pocos aliados”. Recién en 1967 se eliminó la prohibición de utilizar anticonceptivos sin prescripción médica; en 1974 se autorizó el aborto voluntario en las diez semanas siguientes a la concepción. Esto fue en paralelo con un conjunto de leyes que otorgaron nuevos derechos a la mujer y modificaron profundamente la organización familiar.[35]

Estados Unidos

En los Estados Unidos, la difusión de información sobre los métodos de control natal fue severamente reprimida a partir de 1873. La New York Society for the Suppression of Vice, liderada por Anthony Comstock (1844-1915), denunciaba la circulación de materiales obscenos o lascivos, incluyendo todo lo referente a la práctica del aborto, la contracepción y la prevención de enfermedades venéreas; una ley federal, aprobada ese mismo año a instancias de dicha asociación, prohibía dicha circulación en el correo y cualquier otro medio de transporte. Restricciones adicionales fueron aprobadas a nivel de los estados, aunque el foco principal de atención se dirigía al aborto. La censura y persecución, extendida también a la literatura y la prensa, no impedía la difusión clandestina, aunque, obviamente, la tornaba difícil y riesgosa. De todos modos, entre los médicos, estos temas se trataban, y así lo atestiguan las publicaciones en las revistas profesionales;[36] parece más bien que también hubo un celo profesional de los médicos en el sentido de oponerse fuertemente a que esos temas fueran abordados por activistas diletantes. Al moralismo victoriano y al celo profesional, se les unió también el racismo blanco imperante a fines del siglo xix e inicios del siglo xx, promovido por personajes como Theodore Roosevelt y Edward A. Ross, que consideraba el control de la natalidad como un suicidio frente al avance de las “razas inferiores”.[37]

Durante varias décadas, las luchas a favor de la contracepción estuvieron indisolublemente ligadas a la figura de Margaret Sanger (1879-1966), primero dentro de los Estados Unidos y luego en una proyección internacional.[38] Enfermera obstétrica y activista, empezó a publicar The Woman Rebel en Nueva York, en 1914; esta publicación desafiaba las prohibiciones y llamaba a las mujeres a “pensar por sí mismas y luchar con consciencia”, recomendando la contracepción para las mujeres pobres y prometiendo información sobre el tema; al parecer recibió más de diez mil solicitudes al respecto. El correo se negó a distribuir la publicación, y, en el número siguiente, Sanger acusó a la institución de suprimir la libertad de expresión, contribuyendo además a la ignorancia sobre la higiene sexual; ese mismo año, Sanger publicó el folleto Family Limitation, que incluía indicaciones precisas sobre la contracepción. Enjuiciada, viajó a Europa, y luego regresó en 1916; su paso siguiente fue abrir una clínica de control natal en una vecindad pobre de Brooklyn; a los nueve días, siguiendo una denuncia, la policía cerró la clínica y la detuvo. Fue condenada, pero, en segunda instancia, en 1918, el juez resolvió que los médicos sí podían prescribir métodos contraceptivos si así lo requería la salud de la mujer. Todo esto hizo mucho ruido publicitario y puso el tema en el centro de la discusión pública; era lo que Sanger buscaba: mostrar que el tema no tenía nada de obsceno y era más bien un asunto de higiene pública y salud; en febrero de 1917, comenzó a publicar la Birth Control Review, una publicación de enfoque predominantemente médico que estuvo activa hasta 1940. En 1921 Margaret Sanger logró constituir la American Birth Control League, cuyos principios incluían la idea de que los hijos debían ser producto del amor, nacer de un deseo consciente de la madre y en condiciones de buena salud, y, además, de que toda mujer tenía derecho a evitar la concepción si estas condiciones no eran satisfechas. En 1923 Sanger estableció la Clinical Research Bureau; esta fue la primera clínica de control natal que contó con un equipo de médicas y trabajadoras sociales, bajo la cobertura legal de la resolución judicial de 1918 mencionada antes; en 1928 su nombre cambió a Birth Control Clinical Research Bureau.

Es importante notar que Sanger recibió, para estos diferentes proyectos, un fuerte apoyo financiero de entidades como la Fundación Rockefeller; esta vinculación con el sector empresarial y filantrópico aumentaría en los años siguientes y permitiría la consolidación de organizaciones y actividades. La American Birth Control League se transformó, en 1942, en la Planned Parenthood Federation of America, una institución que tenía ya en ese momento un fuerte alcance nacional dentro de los Estados Unidos y también una importante proyección internacional que había comenzado en 1922, cuando Sanger viajó a China, Corea y Japón. Otro aspecto importante que notar es que Margaret Sanger trató de lograr cambios en la legislación federal para acabar con las restricciones legales a la contracepción; no tuvo éxito, pero en 1932 importó un diafragma desde Japón, el cual fue confiscado por el correo; inició entonces una batalla legal que terminó en 1936, cuando la corte de apelaciones declaró que no podía aplicarse a los contraceptivos ordenados por un médico la prohibición de la Ley Comstock; este fallo fue fundamental y permitió que en 1937 la American Medical Association adoptara la contracepción como un servicio médico normal y un componente más en los planes de estudio de las escuelas de medicina.

Otra figura significativa en estas luchas fue Mary Dennett (1872-1947), activista por el sufragio, los derechos de las mujeres, la educación sexual y el control natal; entre 1914 y 1920, fue próxima de Margaret Sanger, pero luego se distanciaron. En 1915 organizó la National Birth Control League y más tarde la Voluntary Parenthood League, ambos destacados antecedentes de la American Birth Control League. Dennett escribió para sus hijos un importante texto de educación titulado The Sex Side of Life, el cual publicó en 1928; fue acusada y condenada por obscenidad, pero en 1930 la corte de apelaciones la declaró inocente; este fue otro importante antecedente jurídico en el camino hacia la legalidad de las publicaciones sobre el tema.

Hay que notar que, en los Estados Unidos, los obstáculos legales a la contracepción recién fueron eliminados en la década de 1960, cuando las prácticas estaban bien establecidas y eran seguidas por la mayoría de las parejas. Los hitos principales fueron el fallo de la Suprema Corte “Griswold vs. Connecticut” en 1965, el cual declaró inconstitucional cualquier prohibición del gobierno al control en las parejas casadas; en 1972 otro fallo similar extendió el derecho a las parejas no casadas; en 1970 una ley federal excluyó la contracepción de las leyes contra la obscenidad; finalmente, en 1973 quedó legalizado el aborto durante los tres primeros meses de embarazo. En 1970 el gobierno aprobó la planificación familiar para las familias de bajos ingresos y no aseguradas (Título x del Public Health Service Act). El cambio, tanto en las prácticas de las personas como en la legislación, se había completado.

La invención de la píldora anticonceptiva

En las décadas de 1940 y 1950, Margaret Sanger y la Planned Parenthood Federation of America seguían de cerca la investigación científica sobre el control natal. Katharine Dexter McCormick (1875-1967), bióloga graduada del MIT y líder feminista, heredó una gran fortuna al quedar viuda en 1950; al año siguiente decidió financiar las nuevas investigaciones sobre anticonceptivos orales; a lo largo de varios años, McCormick contribuyó con más de dos millones dólares a financiar los trabajos de Gregory Pincus y Min Chueh Chang en la Worcester Foundation for Exper­imental Biology de Massachusetts. Las investigaciones trataban de producir un anticonceptivo oral basado en progesterona sintética y aplicaban el hallazgo de Russell Marker de que varias generaciones de mujeres mexicanas utilizaban como anticonceptivo la raíz de Barbasco, un tubérculo salvaje conocido también como “cabeza de negro”. Fue de esta planta de la que se extrajo la progestina que Pincus combinó con estrógenos para producir la primera píldora anticonceptiva.

El paso siguiente fue la prueba clínica realizada por un ginecólogo eminente, el Dr. John Rock. Católico, el Dr. Rock consideraba que la Iglesia podía ver la píldora como una extensión del método del ritmo y aprobarla, algo que, como se sabe, no se produjo. Las pruebas no podían realizarse en Massachussets ya que la contracepción era ilegal, así que, luego de evaluar otros lugares, optaron por Puerto Rico. Las pruebas comenzaron en abril de 1956, y al año siguiente la FDA aprobó la píldora como un regulador de la menstruación; en junio de 1960, aprobó el ENOVID, producido por G.D. Searle and Co., como anticonceptivo oral. La píldora inhibe la ovulación y espesa el fluido cervical, lo cual evita que los espermatozoides lleguen a las trompas de Falopio y se produzca la fecundación; las dosis de hormonas eran al principio muy elevadas, y eso se derivaba en distintos efectos secundarios. Con el tiempo, se pudieron reducir esas dosis y disminuir los efectos indeseados. Pero, en todo caso, el esquema básico del medicamento seguía siendo similar al diseñado originalmente.

La píldora se difundió rápidamente en los Estados Unidos y los países europeos y fue, sin duda, uno de los soportes de la revolución sexual de los años sesenta y setenta. Su uso estuvo también acompañado de la polémica, tanto desde el plano religioso como médico. A pesar de ello, como ya se indicó, el presidente Nixon aprobó en 1970 el título x de la Public Health Services Act, con lo cual se otorgaban fondos federales para los servicios de planificación familiar de las familias de bajos ingresos. Un año después, la Planned Parenthood Federation of America estableció también un programa internacional financiado por la U.S. Agency for International Development (USAID) para desarrollar programas similares alrededor del mundo. Decididamente, la revolución de los anticonceptivos había triunfado.

La segunda transición demográfica. Implicaciones sociales y culturales

El concepto de “segunda transición demográfica” fue propuesto por Ron Lesthaeghe y D. van de Kaa en 1986, cuando el proceso tenía pocos años de recorrido en Europa Occidental y los Estados Unidos; sucesivos artículos de varios autores han ido actualizando las ideas y los datos básicos. De todo esto, resulta claro que la segunda transición demográfica es ya una tendencia global, caracterizada por una fecundidad que oscila en torno a la tasa de remplazo, y que puede incluso quedarse durante largos períodos por debajo del nivel de remplazo, un proceso de envejecimiento consolidado, y fuertes cambios en la organización familiar. Una fecundidad tan baja y persistente fue y es posible por la disponibilidad de anticonceptivos eficaces, lo cual desencadenó, desde la década de 1960, varios cambios de comportamiento muy significativos generalmente designados como parte de la así llamada “revolución sexual”. La sexualidad de las parejas se disoció radicalmente de la procreación, y lo mismo ocurrió con el matrimonio; aumentaron fuertemente los divorcios, la cohabitación y las uniones consensuales. La edad al matrimonio o a la unión estable aumentó, al igual que la edad a la maternidad; la vida sexual de las parejas comenzó a edades más tempranas y aparecieron nuevos arreglos de convivencia, incluyendo parejas del mismo sexo. Un aspecto de fondo en todos estos cambios es la modificación de las relaciones de género, centrada en la independencia y autonomía femenina frente al esquema familiar patriarcal; la participación femenina en la fuerza de trabajo y la ocupación aumentó significativamente y se consolidó en forma irreversible, al igual que el éxito profesional y político de las mujeres. Otro elemento destacable en todo esto es el hecho de que los nuevos anticonceptivos otorgan la iniciativa a las mujeres, abriéndoles así las puertas al pleno control de su cuerpo y su salud reproductiva.

La segunda transición demográfica, al igual que la primera, es un proceso global al que convergen, a distintos ritmos y modalidades, todos los países del mundo. Conviene recordar que la teoría de la primera transición demográfica, esbozada por autores como Frank Notestein y Kingsley Davis,[39] planteaba una convergencia futura de las sociedades hacia una población estacionaria, es decir, de crecimiento nulo, originado en un número de nacimientos igual al número de defunciones. Esta predicción se debía, en parte, a la idea de que todo el proceso de la transición demográfica ocurría como un simple juego de cambios en la mortalidad y la fecundidad, y sus consecuencias en la estructura de edades de la población; todo se pensaba bajo la hipótesis de una población cerrada, o sea, sin migraciones o con un efecto neutral o irrelevante de estas. Es obvio que este supuesto no era realista, y eso será examinado en el próximo capítulo. Otro supuesto fue que, a nivel del comportamiento individual, operaba la teoría de la modernización, en el contexto de la urbanización y la industrialización. La explicación del descenso europeo de la fecundidad era referida a un uso más eficiente y racional de los recursos familiares (Davis) y a un cambio de motivación en las parejas casadas (Notestein); ambos factores eran parte de los cambios socioeconómicos de la modernización y no tendrían necesariamente que ver con la disponibilidad de técnicas contraceptivas; estas ideas provenían de deducciones razonables, pero que no se basaban en datos empíricos sólidos. El proyecto de Princeton, liderado por Ansley J. Coale desde 1963 hasta 1984, se propuso investigar en detalle y en forma comparativa, el descenso de la fecundidad en Europa a partir del siglo xviii. Sus resultados finales, publicados en 1986,[40] mostraron que en el descenso de la fecundidad marital tanto los cambios de motivación como la disponibilidad de contraceptivos fueron importantes.[41] Esto permitió a Coale establecer la fórmula DVC, ya presentada al inicio de este capítulo.

La primera transición demográfica fue definida como un conjunto de hipótesis generales, descriptivas, de los cambios demográficos que ocurrieron en Europa a partir del siglo xviii, en el contexto de la urbanización y la industrialización. Luego, el concepto se extendió a otras regiones, incluyendo los países del tercer mundo durante el siglo xx. El modelo no era explicativo, sino descriptivo, e implicó fuertes simplificaciones y generalizaciones. El punto de partida planteado en poblaciones con una mortalidad y fecundidad altas era impreciso; al observarse poblaciones específicas, fue claro que “alto” podía tener un espectro de valores bastante amplio. Otro tanto ocurrió con las estructuras familiares; el modelo de la modernización, basado en el cambio de una sociedad rural tradicional a una urbana e industrializada, implicaba una tipología sumaria que postulaba la evolución desde una familia tradicional extensa hacia la familia nuclear moderna.[42] La investigación histórica y demográfica desde mediados del siglo xx ha ido especificando aspectos como la naturaleza del descenso en la mortalidad y la fecundidad, el cambio en las estructuras familiares y la profunda modificación en los patrones culturales; en los capítulos anteriores, hemos ido resumiendo los principales hallazgos en estos temas.

El concepto de “segunda transición demográfica” resulta un importante complemento, aunque, al igual que en el caso de la primera transición demográfica, no se trata de un modelo explicativo, sino más bien de un conjunto de hipótesis generales descriptivas. Hay debates todavía sobre las causas profundas que permitirían explicar, a nivel individual y colectivo, los cambios en el comportamiento demográfico de las parejas. Lesthaeghe focaliza esto en un cambio de valores, derivado del aumento de la secularización y la difusión de un individualismo hedonista; otros autores como Goldscheider, Bernhard y Lappegård,[43] basándose sobre todo en la experiencia de Suecia, lo consideran como parte de la revolución en las relaciones de género y la forma como estas afectan las relaciones familiares.

Según estas autoras, hay dos fases en la revolución de las relaciones de género. La primera se caracteriza por un fuerte aumento en el empleo femenino y la entrada de las mujeres en la esfera pública, en un contexto de reducción del tamaño de la familia; las estructuras familiares se debilitan y aumentan los divorcios y la cohabitación. En la segunda fase, se incrementa la participación masculina en la esfera privada del hogar, y eso conduce a la igualdad de género en el contexto familiar. Estos cambios, en el sentido de una negociación permanente de los roles dentro de las uniones, observados en Escandinavia, parecen extenderse también a otros países desarrollados. En todo caso, el argumento es complementario, y no antagónico, con las ideas planteadas por Lesthaeghe. Lo que resulta claro es que la segunda transición demográfica es un proceso en curso, y no podemos pensar que ha concluido o que ha desarrollado todas sus posibilidades.

La segunda transición demográfica en América Latina

Veamos ahora cómo se desenvuelve este proceso en América Latina. En el capítulo 2, ya se ha mostrado el fuerte descenso en la fecundidad, la cual llega a oscilar en torno a la tasa de remplazo; también se ha mostrado en el capítulo 3 el proceso de envejecimiento. Ahora comencemos por el uso de los anticonceptivos en 2002, en una comparación internacional (cuadro 5.2). A nivel mundial, una tasa global de fecundidad de 2,6, muy moderadamente por encima del 2,1 nivel de remplazo, va en paralelo con un 61 % de mujeres casadas que usan anticonceptivos; estos promedios ocultan, claro está, una notable diversidad regional. Por un lado, hay zonas como Europa, los Estados Unidos, Canadá y China donde la tasa global es muy baja y el uso de anticonceptivos, muy extendido; por otro, hay regiones como África donde la tasa global sigue siendo muy elevada y el uso de anticonceptivos alcanza apenas un 26 %. En 2002 el conjunto de América Latina se alineaba con los promedios mundiales, mientras que México y Centroamérica iban algo por encima de los del Caribe y Sudamérica. La correlación inversa entre la fecundidad y el uso de anticonceptivos parece, a la luz de esos datos, más que evidente.

Cuadro 5.2. Tasa global de fecundidad y uso de anticonceptivos en 2002

Regiones

Tasa global de fecundidad

% de mujeres casadas (de 15 a 49 años) que usan métodos anticonceptivos (todos)

% que usan métodos modernos

El mundo

2,8

61

55

África

5,2

26

20

EE. UU. y Canadá

2,1

76

71

América Latina y el Caribe

2,7

70

62

México y Centroamérica

3,1

65

57

El Caribe

2,6

61

57

Sudamérica

2,5

74

65

Asia

2,6

64

59

China

1,8

82

81

Europa

1,4

67

52

Oceanía

2,5

59

56

Fuente: Datos del Population Reference Bureau citados en Potter, Joseph E. y Mundigo, Axel I. “Fertility Planning”. En Handbook of Population, editado por Poston, Dudley L. y Micklin, Michael, 733-759. Nueva York: Kluwer Academic / Plenum Publisher, 2005., p. 739.

Conviene, en lo que sigue, examinar los países de América Latina con más detalle. Los datos básicos hacia 2015 se presentan en el cuadro 5.3. Lo primero que se puede ver es que las tendencias observadas en 2002 persisten en cuanto al descenso en la tasa global de fecundidad y al aumento en el uso de anticonceptivos; también se mantienen las diferencias entre países ya percibidas en 2002. Estos datos son suficientes para mostrar la importancia del uso de los anticonceptivos; como sabemos, este es un componente fundamental en el proceso de la segunda transición demográfica. Queda por estudiar –algo que haremos más tarde– los procesos de difusión y los programas que facilitaron el acceso a los anticonceptivos modernos. Entretanto, conviene observar los cambios en las relaciones familiares ocurridos a partir de 1980. Para esto, contamos con varios trabajos comparativos que utilizan las encuestas de hogares y microdatos censales.[44]

Cuadro 5.3. América Latina. Tasa global de fecundidad y uso de anticonceptivos hacia 2015

Regiones y países

Tasa global de fecundidad

% de mujeres casadas (de 15 a 49 años) que usan métodos anticonceptivos (todos)

% que usan métodos modernos

América Latina y el Caribe

2,1

67

65

México

2,3

73

66

Guatemala

3,1

61

49

Honduras

2,7

73

64

El Salvador

2,0

72

68

Nicaragua

2,4

80

77

Costa Rica

1,9

76

75

Panamá

2,7

63

60

Caribe

2,3

62

59

Cuba

1,7

74

72

República Dominicana

2,5

70

68

Haití

3,2

34

32

Colombia

1,9

81

76

Venezuela

2,5

75

s.d.

Ecuador

2,6

80

72

Brasil

1,8

80

78

Perú

2,5

75

52

Bolivia

3,2

66

45

Paraguay

2,8

68

67

Chile

1,8

76

69

Argentina

2,2

81

78

Uruguay

1,9

80

78

Fuente: Population Reference Bureau, 2015 World Population Data Sheet; United Nations, Population Division, World Contraceptive use 2018, datos en línea consultados el 25/05/2020.

Toda referencia a familia y hogares en América Latina debe enmarcarse en una matriz histórica compleja, originada en el período colonial, en la cual se combinan y fusionan los modelos europeos ibéricos, amerindios y africanos; la mezcla étnica y racial es parte constitutiva de esta matriz, al igual que las modificaciones introducidas por nuevas corrientes migratorias europeas y asiáticas en los siglos xix y xx. El mestizaje y el importante peso de las uniones consensuales e hijos fuera del matrimonio tienen fuerte presencia en un panorama que presenta muchas variaciones regionales, y que, por falta de estudios adecuados, no conocemos del todo bien. Es sobre estas herencias históricas profundas y complejas sobre las que debemos observar las tendencias recientes propias del descenso de la fecundidad y la segunda transición demográfica.

El cuadro 5.4 presenta la evolución de los tipos de hogar y familia en 18 países latinoamericanos hacia 1990, 2000 y 2010. Algunas tendencias se observan con claridad: disminuye la proporción de familias nucleares, se incrementan las de jefatura femenina y las que no tienen hijos y, correlativamente, desciende el número de familias biparentales; la proporción de familias extensas se mantiene estable, pero aumentan las de jefatura femenina y disminuyen las biparentales. La proporción de hogares no familiares crece, al igual que los unipersonales. Estas tendencias siguen lo esperado en la segunda transición demográfica, como también el incremento de las uniones consensuales y los nacimientos fuera del matrimonio, en un contexto de aumento de la edad a la maternidad y la proporción de divorcios. Algunos de estos aspectos se ilustran en los cuadros 5.5 y 5.6. El crecimiento del número de uniones consensuales[45] (cuadro 5.5) es más que notorio.

Cuadro 5.4. América Latina (18 países), evolución de los tipos de hogar y de familia, 1990-2010 (porcentajes ponderados)

Tipos

1990

2000

2010

NUCLEAR

68,0

66,4

63,6

Sin hijos

8,3

8,6

10,9

Jefa mujer

7,9

9,4

10,9

Jefe hombre

1,2

1,4

1,5

Biparental

50,5

47,1

40,3

EXTENSA

19,3

19,6

19,0

Jefa mujer

5,1

6,0

6,3

Jefe hombre

0,8

0,9

0,9

Biparental

13,4

12,7

11,9

COMPUESTA

1,4

1,2

1,4

NO FAMILIAR

11,3

12,8

16,0

Unipersonal

7,0

8,4

11,4

Hogar sin núcleo

4,3

4,4

4,6

Fuentes: datos de Cepal elaborados a partir de las Encuestas de Hogares, en Ullmann, Ute, Maldonado Valera, Carlos, y Rico, María Nieves. “La evolución de las estructuras familiares en América Latina, 1990-2010. Los retos de la pobreza, la vulnerabilidad y el cuidado”. Serie Políticas Sociales, n.º 193 (2014): 12. Santiago de Chile, Cepal-Unicef.

En casi todos los países, el promedio total de uniones consensuales crece a algo más del 10 % entre 1990-1995 y 2000-2005; es notable el incremento en el tramo de 15-24 años: en 2000-2005, en ese grupo de edades más del 50 % de las uniones son consensuales. También se observa que, al aumentar la edad, disminuye regularmente la proporción de parejas en unión consensual, lo cual parece indicar que muchas de las uniones adquieren formalidad legal luego de varios años de convivencia, probablemente después del nacimiento de los hijos.

Cuadro 5.5. América Latina. Porcentaje de uniones consensuales entre el total de uniones conyugales, por grupos de edad, 1990-2005

Países

1990-1995

2000-2005

15-24

25-34

35-49

total

15-24

25-34

35-49

Total

Argentina

37,9

20,8

16,3

21,1

62,9

35,1

21,2

30,6

Bolivia

51,7

23,5

13,4

24,2

62,1

31,3

16,6

31,1

Brasil

36,5

21,8

15,2

21,1

55,5

35,5

22,3

33,3

Chile

16,6

11,3

10,1

11,6

44,2

21,0

14,0

19,8

Colombia

66,6

49,1

32,7

45,9

81,3

63,2

34,0

57,7

Costa Rica

33,1

19,5

18,2

21,0

48,4

29,2

21,9

29,4

Ecuador

40,8

30,3

24,6

30,7

52,3

35,0

28,4

36,4

Guatemala

47,2

32,8

28,7

34,8

51,2

35,9

33,2

38,9

Honduras

74,4

54,6

46,6

57,3

80,2

57,4

44,1

58,3

México

24,7

13,9

11,0

15,3

35,8

20,5

14,5

21,2

Nicaragua

71,5

53,5

45,9

55,9

68,7

48,6

42,2

51,8

Panamá

75,4

54,5

46,9

53,6

82,4

58,6

45,9

58,1

Paraguay

49,5

28,4

20,6

29,7

54,9

35,2

22,9

33,3

Perú

69,3

44,5

25,1

41,2

82,6

55,6

32,0

47,7

República Dominicana

76,7

59,4

53,4

61,5

80,6

64,4

53,7

63,6

Uruguay

18,6

13,6

10,0

12,6

40,4

20,7

14,8

21,1

Venezuela

42,4

34,8

30,4

34,8

65,7

48,2

44,4

47,8

Fuente: Cerrutti, Marcela y Binstock, Georgina. Familias latinoamericanas en transformación: desafíos y demandas para la acción pública. Serie Políticas Sociales n.º 147. Santiago de Chile: Cepal – UNFPA, 2009., p. 22, según datos de Teresa Castro Martín.

Otro tema significativo es la creciente inestabilidad de las uniones conyugales, caracterizada por el incremento tanto de los divorcios como de la disolución de las uniones consensuales. Ambos aspectos son difíciles de medir estadísticamente porque son procesos que se desenvuelven a lo largo del tiempo; sin embargo, la información disponible de censos y encuestas permite establecer dicho aumento.[46] La disminución de los hogares que incluyen adultos mayores y el aumento de los hogares sin niños son otros aspectos significativos de estos cambios.[47]

Tres estudios liderados por Albert Esteve[48] y basados en microdatos censales nos permiten trazar un panorama rápido pero preciso de los cambios en las uniones y la formación de los hogares en las décadas de 1980, 1990 y 2000. Se consideran las mujeres de 25-29 años en 13 países. La proporción de mujeres casadas antes de los 30 años disminuye, mientras que crece la proporción en cohabitación o unión consensual; la edad a la primera unión, tomando en conjunto casadas y unidas, permanece estable; las mujeres más educadas tienden a unirse a edades más tardías. Una peculiaridad latinoamericana es que las nuevas parejas, sean casadas o unidas, pueden permanecer en el hogar con los padres u otros parientes o allegados, o bien formar un nuevo hogar nuclear; en esto las diferencias son notorias con los ejemplos europeos y norteamericanos. Las mujeres unidas sin hijos tienden a seguir viviendo en el hogar con sus padres o allegados en Bolivia, Perú, Ecuador y Venezuela; este patrón de comportamiento no parece seguir la trayectoria de la segunda transición demográfica, sino más bien continuar con los esquemas familiares tradicionales. En otros casos, en cambio, como Colombia, Cuba, Panamá, Puerto Rico, Chile, Costa Rica, México, Argentina y Brasil, más del 50 % de las mujeres unidas sin hijos viven en hogares nucleares u otros arreglos, pero fuera de la familia extensa tradicional. En el caso de las mujeres casadas sin hijos, se observan patrones bastante similares; cuando hay hijos, en cambio, tanto en el caso de las unidas como en el caso de las casadas, la corresidencia con personas distintas de los cónyuges disminuye notoriamente. Pero la corresidencia es elevada en el caso de las madres solteras. Todo esto muestra que América Latina sí participa en la segunda transición demográfica, aunque en la organización familiar se observan también procesos de adaptación y combinación entre las formas más tradicionales, y los nuevos fenómenos de la cohabitación y el aumento de las madres solteras. Otro aspecto, señalado por estos autores, se refiere al cambio en los valores, con datos derivados del World Values Survey; particularmente en Argentina, Brasil y Chile, se observa una mayor tolerancia a la eutanasia, la homosexualidad, el suicidio y los arreglos de convivencia familiar no conformistas.[49]

En resumen, la segunda transición demográfica parece ser un proceso social ya bien implantado en las poblaciones latinoamericanas; pero, y esto debe tenerse bien presente, es un proceso en desarrollo que no ha concluido. En líneas generales, sigue las modalidades también en desarrollo en Europa, los Estados Unidos y Canadá, pero presenta también características culturales y sociales que son propias de América Latina y el Caribe.

El desarrollo de la planificación familiar y las políticas de población

Toca ahora estudiar el desarrollo de los programas de planificación familiar a partir de la década de 1960. Desde un punto de vista político, estas acciones resultaron muy exitosas y combinaron un conjunto muy variado de intereses: en primer lugar, fuertes presiones internacionales, lideradas por el gobierno de Washington y las Naciones Unidas; en segundo término, un clima de opinión modelado por la idea de la explosión demográfica; y, en tercer lugar, la respuesta positiva de los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil y la comunidad científica.

La idea de que el tercer mundo estaba viviendo una verdadera explosión demográfica se extendió durante la década de 1950. Luego de las Conferencias Mundiales de Población de Roma, en 1954, y de Belgrado en 1965, las Naciones Unidas promovieron fuertemente el desarrollo de la investigación demográfica y establecieron, en 1969, el Fondo de las Naciones Unidas para Actividades de Población (UNFPA). Ambas conferencias fueron de tipo científico y no contaron con representaciones gubernamentales. En 1974 se efectuó en Bucarest la Tercera Conferencia Mundial de Población, pero esta vez sí se convocó a los gobiernos y se buscó definir un plan de acciones políticas concretas. Los debates fueron intensos; mientras que la delegación de los Estados Unidos impulsaba una política firme y generalizada de control de la natalidad como solución para el subdesarrollo, la mayoría de los países del tercer mundo suscribían a la idea de que el desarrollo económico era el mejor contraceptivo. Al final, un total de 137 países aprobaron un plan mínimo que le daba legitimidad a las políticas de control natal. El UNFPA, el Banco Mundial y muchas fundaciones y organizaciones privadas pasaron a jugar un papel líder a nivel internacional, en el financiamiento y la implementación de dichas acciones.

Los Estados Unidos comenzaron a intervenir directamente en el tema del control natal en 1965; en su discurso al Congreso del 4 de enero el presidente Lyndon B. Johnson indicó que era necesario enfrentar la “explosión de la población mundial y la creciente escasez de los recursos”; de seguido, encargó a la AID apoyar los programas de planificación familiar, pero sin violentar la libertad de la elección individual; un generoso financiamiento fue canalizado a través de organizaciones privadas como la International Planned Parenthood Federation (IPPF), diversas fundaciones y el UNFPA. El 25 de junio, al celebrarse el 20.º aniversario de la creación de las Naciones Unidas, Johnson pronunció un famoso discurso donde expresó: “Menos de 5 dólares invertidos en el control de la población valen por 100 invertidos en el crecimiento económico”. Al mes siguiente, en un mensaje enviado a U Thant, saludó el inicio de la Conferencia de Belgrado, indicando que, después del tema de la paz, venía como segundo desafío para la humanidad la cuestión de la población. En 1968 Johnson nominó a su secretario de Defensa, Robert McNamara, como presidente del Banco Mundial; durante su larga gestión (1968-1981) al frente de esta institución, McNamara fue un decidido promotor de la planificación familiar y el combate de la pobreza. Al cambiar el gobierno en 1969, el presidente Nixon prosiguió y profundizó las políticas promovidas por Johnson. En 1974 la delegación a la conferencia mundial de Bucarest fue encabezada por Caspar Weinberger, secretario de Salud, Educación y Bienestar. La política de los Estados Unidos siguió sobre las mismas líneas bajo Gerald Ford y Jimmy Carter. Entre 1965 y 1992, Estados Unidos destinó más de 4 mil millones de dólares al financiamiento internacional en materia de población; indiscutiblemente, eso le permitió ejercer fuerte influencia y liderazgo en los países receptores.[50]

En 1984 la Cuarta Conferencia Mundial de Población se reunió en la Ciudad de México; la agenda del control natal había ganado mucho terreno y el consenso de las delegaciones gubernamentales era notable; sin embargo, la política de los Estados Unidos cambió notablemente como resultado del gobierno de Ronald Reagan (1981-1989). Siguiendo presiones de grupos protestantes fundamentalistas, los republicanos retiraron parcialmente el apoyo al control de la natalidad, argumentando que se promovía el aborto. El UNFPA perdió una parte importante de su financiamiento, y lo mismo ocurrió con los programas apoyados por la AID. Con George Bush (1989-1993), la línea de oposición fue más moderada, y volvió al esquema de apoyo decidido con Bill Clinton (1993-2001).

La Quinta Conferencia Mundial de Población tuvo lugar en El Cairo, en 1994. Hubo cambios muy significativos. Además de las delegaciones oficiales de los gobiernos (179), hubo una activa presencia de las organizaciones no gubernamentales (ONG) (alrededor de 1.500 en total), y se produjo un notable cambio de énfasis y prioridades: los derechos de las mujeres y la salud sexual y reproductiva, entendidos como parte de los derechos humanos, pasaron a un primer plano; además del empoderamiento de las mujeres, se llamó a la incorporación de los hombres a los programas de salud reproductiva y planificación familiar y se enfatizaron los derechos individuales. Otros temas acentuados fueron el medio ambiente, la educación y la lucha contra la pobreza; aunque se siguió considerando importante, la planificación familiar pasó a un segundo plano, subordinado a la salud sexual y reproductiva. De los 15 principios aprobados en el plan de acción de la Conferencia, es particularmente significativo el n.° 8, el cual establece, entre otras cosas, que “todas las parejas y todas las personas tienen el derecho fundamental de decidir libre y responsablemente el número y el espaciamiento de sus hijos y de disponer de la información, la educación y los medios necesarios para poder hacerlo”.[51]

La idea de la explosión demográfica, derivada del fuerte crecimiento poblacional de los países del tercer mundo, se popularizó en la década de 1960. Nos limitaremos a señalar algunos hitos importantes en la elaboración y difusión de dicha idea. La alerta roja frente al desbalance entre población y recursos, particularmente alimentarios, fue encendida por las Naciones Unidas y la crema y nata de los demógrafos y economistas de Estados Unidos y Europa; a ello se le agregó la preocupación geopolítica, en el contexto de la Guerra Fría, que visualizaba un tercer mundo con una población creciente que podía caer bajo la órbita de la Unión Soviética. Las ideas de Malthus resurgieron con fuerza y encontraron un rápido eco en los biólogos, preocupados por la conservación ambiental y la destrucción de los recursos naturales y la biodiversidad.[52] En 1968, la publicación de un libro de un respetado biólogo como Paul R. Ehrlich, el cual rápidamente se convirtió en un best-seller, tuvo, sin duda, un profundo impacto.[53] Por la misma época, el Club de Roma, reunión de expertos auspiciada por el MIT, documentaba, mediante proyecciones y simulaciones, el agotamiento mundial de recursos que parecía avecinarse a pocos años de distancia.[54] Dentro de la Iglesia católica, se produjo un intenso debate en torno al tema del control de la natalidad, particularmente en el contexto del Concilio Vaticano ii; un economista tan afamado como Colin Clark, [55] asesor pontificio en temas de población, refutó en un libro denso y documentado las tesis sobre el rápido agotamiento de los recursos, ratificando en cierto modo las posiciones adoptadas por Juan xxiii en 1961, en la encíclica Mater et Magistra. En 1968, el papa Pablo vi publicó la encíclica Humanae Vitae, en la cual ratificó la posición tradicional de la Iglesia, rechazando toda forma de control natal “no natural”. La decisión pontificia a favor de la prohibición absoluta de la contracepción desató fuertes controversias, dentro y fuera de la Iglesia; máxime cuando, dentro de la comisión constituida en 1965 para estudiar la familia, la población y la natalidad, había una mayoría favorable a una aprobación restringida de la píldora anticonceptiva.[56] Los intelectuales de izquierda se opusieron sistemáticamente a la idea de la explosión demográfica argumentando que era una mera artimaña del imperialismo, diseñada para ocultar la verdadera responsabilidad del sistema capitalista en la causalidad del subdesarrollo y la pobreza; estas opiniones también coincidían con las de muchos intelectuales de la derecha católica nacionalista.[57]

El tercer elemento importante en este proceso fue la respuesta positiva de los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil y la comunidad científica, en un juego entrecruzado y a veces muy complejo. En las décadas de 1960 y 1970, el financiamiento del gobierno norteamericano fue canalizado a través de la AID, pero fue preferentemente a ONG dedicadas a promover la planificación familiar. El modelo provino directamente de los Estados Unidos, donde ya existía la Planned Parenthood Federation of America (PPFA); la primera réplica fue en Puerto Rico en 1954, y, a partir de 1962, se produjeron otras en toda América Latina y el Caribe. La información pertinente se consigna en el cuadro 5.6, donde se incluyen las principales organizaciones, muchas de ellas afiliadas también a la PPFA. Estas organizaciones se dedicaban a la difusión del control de la natalidad, incluyendo muchas veces el establecimiento de clínicas y centros de atención a usuarios, el asesoramiento y entrenamiento de médicos y personal sanitario, la distribución de contraceptivos, y la investigación y el monitoreo del uso de los productos ofrecidos. La labor de estas organizaciones fue relativamente silenciosa y contó con diversos apoyos, tanto a nivel de los gobiernos como de diferentes organizaciones de la sociedad civil. La Iglesia católica, oficialmente opuesta al control de la natalidad, raramente asumió una actitud de confrontación directa; muchos médicos y profesionales de la salud también vieron con buenos ojos estas acciones y las apoyaron. Volviendo a la fórmula de Coale, evocada al inicio, podría afirmarse que ya en esta época en América Latina se había avanzado mucho en los dos primeros componentes, R y W, y que, por lo tanto, estas organizaciones facilitaban los recursos requeridos por el tercer componente, es decir, A.

Cuadro 5.6. América Latina y el Caribe. Principales organizaciones no gubernamentales dedicadas a la planificación familiar

Nombre, sigla y país

Año de creación

Planned Parenthood Federation of America (PPFA), Estados Unidos.

1952

PROFAMILIAS, Puerto Rico.

1954

Asociación Chilena de Protección de la Familia (APROFA), Chile.

1962-65

Asociación Demográfica Salvadoreña (ADS), El Salvador.

1962

Asociación Hondureña de Planificación de Familia (ASHONPLAFA), Honduras.

1963

Asociación Uruguaya de Planificación Familiar e Investigaciones sobre Reproducción Humana (AUPF) (activa hasta 2015), Uruguay.

1963

Iniciativas Sanitarias (IS), Uruguay.

2001

Asociación Pro-Bienestar de la Familia de Guatemala (APROFAM), Guatemala.

1964

Asociación Panameña para el Planeamiento de la Familia (APLAFA), Panamá.

1965

Asociación Pro-Bienestar de la Familia Colombiana (PROFAMILIA), Colombia.

1965

Sociedade Civil Bem-Estar Familiar (BEMFAM), Brasil.

1965

Fundación Mexicana para la Planeación Familiar (MEXFAM), México.

1965

Asociación Demográfica Costarricense (ADC), Costa Rica.

1966

Instituto Peruano de Paternidad Responsable (INPARRES), Perú.

1966

Asociación ProBienestar de la Familia Dominicana (luego PROFAMILIA), República Dominicana.

1966

Asociación Venezolana de Planificación Familiar (AVPF), Venezuela.

1966

Centro Paraguayo de Estudios de Población (CEPEP), Paraguay.

1966

Asociación Demográfica Nicaragüense (desde 1988 PROFAMILIA), Nicaragua.

1970

Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer (CEPAM), Ecuador.

1983

Association pour la Promotion de la Famille Haïtienne (PROFAMIL), Haití.

1986

Centro de Investigación, Educación y Servicios (CIES), Bolivia.

1987

Fundación para la Salud del Adolescente (FUSA AC), Argentina.

2010

Caribbean Family Planning Affiliation (CFPA), el Caribe.

1971

Miembros de la CFPA: Anguilla; Antigua y Barbuda; Aruba; Bahamas; Bermuda; Curazao; Dominica; Grenada; Guadeloupe; Martinique; St. Lucia; St. Vincent

Miembros asociados de la CFPA: Barbados; Belize; Guyana; Haití; Jamaica; Suriname; Trinidad y Tobago.

Fuente: información oficial de las distintas organizaciones, obtenida de los respectivos sitios web.

Los países que entraron primero en la transición demográfica, como Argentina, Uruguay y Cuba, han tardado mucho más que los otros en sumarse al movimiento internacional de planificación familiar. En el caso de Cuba, esto es fácilmente explicable dado el carácter de la Revolución cubana y su oposición frontal a los Estados Unidos; por otra parte, el gobierno revolucionario cubano diseñó una política de salud que incluyó el aborto inducido como un derecho de las mujeres a partir de 1965. En Argentina y Uruguay, la reducción de la fecundidad estaba bien implantada y la utilización de métodos anticonceptivos era corriente mucho antes de la década de 1960. Por esto mismo, el movimiento internacional de planificación familiar tuvo poco impacto en ambos casos. Para entender mejor cómo se desarrolló este proceso en la mayoría de los países latinoamericanos, conviene ahora examinar con cierto detalle algunos casos específicos, como los de Chile, Costa Rica, México, Colombia y Brasil.

Chile[58]

La preocupación de los médicos por la salud materna, la mortalidad infantil y los abortos adquirió relieve en la década de 1930; muchos profesionales abogaron incluso por la legalización del aborto inducido; las prácticas abortivas clandestinas frecuentemente terminaban con mujeres hospitalizadas en serio peligro de muerte, y los casos se multiplicaban. En la década de 1950, algunos médicos se dedicaron a estudiar métodos contraceptivos y había una preocupación extendida por el tema del control natal; el Dr. Jaime Zipper llegó incluso a diseñar una versión mejorada del dispositivo intrauterino conocido como “anillo de Gräfenberg” y, a partir de 1959, lo utilizó en miles de mujeres de sectores populares que lo buscaban en su oficina del Hospital Barros Luco, en Santiago de Chile. Paralelamente, se desarrolló un proyecto piloto en el Distrito Quinta Normal, también de Santiago, liderado por el Dr. Benjamín Viel, el cual, buscando prevenir los abortos, llevó información y recursos a unas 120.000 mujeres que estaban en edad de procrear.

En este contexto, y sobre estas bases, llegó la Alianza para el Progreso y la acción de la IPPF en 1962. Se constituyó un comité de profesionales de la Universidad de Chile y la Universidad Católica como Comité Chileno de Protección de la Familia, bajo la dirección del Dr. Hernán Romero; se establecieron relaciones muy fluidas con el Servicio Nacional de Salud y se iniciaron varios programas de salud familiar, regulación de la natalidad y paternidad responsable mediante el uso de métodos contraceptivos (píldoras y dispositivos intrauterinos); el apoyo financiero y técnicos de la IPPF, las Fundaciones Ford y Rockefeller, y el Population Council fue, por cierto, tan generoso como crucial, lo mismo que el del gobierno demócrata cristiano del presidente Eduardo Frei-Montalva (1964-1970). En 1965, el Comité se transformó en la Asociación Chilena de Protección de la Familia (APROFA) y fue aceptado como miembro de la IPPF. En 1967 se llevó a cabo en Santiago la Octava Conferencia Internacional de la Federación Internacional de Planificación de la Familia; fue un evento multitudinario, el primero de ese tipo realizado en América Latina, auspiciado además por el UNFPA e inaugurado por el presidente Frei. Todo esto garantizó fuertes apoyos al desarrollo de la planificación familiar.

La encíclica Humanae Vitae, en 1968, generó una fuerte discusión ideológica entre los grupos católicos conservadores y quienes consideraban que el control natal era indispensable para proteger la salud y los derechos de las mujeres y los niños, sobre todo en los sectores populares. El propio cardenal Silva Henríquez mantuvo una posición ambigua,[59] y, aunque no dejó de acatar la encíclica, se cuidó de condenar en forma tajante el uso de los anticonceptivos. Esta posición reflejaba, como ya se indicó, la fuerte división de interpretaciones, dentro de la Iglesia misma, en el contexto derivado del Concilio Vaticano ii y el auge latinoamericano de la teología de la liberación.

La dictadura encabezada por el general Pinochet (1973-1990) apoyó en los primeros años la planificación familiar,[60] pero luego hubo restricciones y censuras en el uso de anticonceptivos y se penalizó el aborto terapéutico en 1989; la dictadura promovió una política pronatalista, pero esto no tuvo efecto alguno sobre las tasas de natalidad y fecundidad observadas. A partir de 1994, el gobierno de Chile se alineó con las recomendaciones de la Conferencia de El Cairo.

Costa Rica[61]

El caso de Costa Rica llama sobre todo la atención por el muy rápido descenso de la fecundidad, la cual bajó de una tasa global de fecundidad de 7,3 hijos en 1960 a 3,7 hijos en 1975. El descenso se originó, obviamente, en la rápida difusión de los contraceptivos liderada por las instituciones estatales de salud pública y apoyada por varias ONG como la Asociación Demográfica Costarricense. La difusión ocurrió de las zonas urbanas y más educadas a las rurales y menos escolarizadas; sin embargo, la convergencia de los diferentes grupos fue relativamente rápida. El gobierno comenzó a intervenir en el tema en 1967; las unidades de salud del Ministerio de Salud y la Caja Costarricense de Seguro Social distribuían anticonceptivos desde 1970 e incorporaron la planificación familiar a la consulta médica regular. El uso de la píldora, dispositivos intrauterinos y esterilizaciones femeninas (luego de varios partos) formaron parte integral del repertorio de tratamientos ofrecidos. La AID, la IPPF y el UNFPA canalizaron un financiamiento importante sobre todo a través de la Asociación Demográfica Costarricense. Al mismo tiempo, se formó mucho personal capacitado para la planificación familiar y se diseñó, junto con el Ministerio de Educación, un importante programa de educación sexual.

El uso de los anticonceptivos, medido a través de encuestas, fue monitoreado frecuentemente; en 1999, 92 % de las mujeres en edad fértil manifestaron haber usado contraceptivos en algún momento de sus vidas. El éxito de estos programas se debió a la acción conjunta de distintos factores: el sistema estatal de salud pública; las ONG y el financiamiento disponible; y los programas de educación. Ciertos factores de contexto no pueden tampoco olvidarse: desde la década de 1950, Costa Rica era una sociedad que experimentaba una gran expansión económica y modernización, con fuertes inversiones estatales en los ámbitos de la salud y la educación. Los efectos de interacción y sinergia entre todos estos factores son algo que conviene subrayar, pues se generó una especie de círculo virtuoso de causación acumulativa. Cuando, durante un corto período, entre 1978 y 1982, el gobierno pretendió limitar el control de la natalidad, las medidas emprendidas tuvieron escaso impacto. Fue este un buen indicador de que la planificación familiar había quedado bien internalizada en la conducta de las parejas y familias. A partir de 1994, el gobierno adoptó la agenda de El Cairo, y el énfasis se orientó a los derechos de salud reproductiva de las mujeres; en 2001, una ley de paternidad responsable se implementó utilizando ya la identificación de filiación haciendo pruebas de ADN.[62]

Un tema pendiente es el de la elevada fecundidad de las madres solteras adolescentes, complicado por la oposición fundamentalista, relativamente reciente, a la educación sexual en escuelas y colegios liderada por la Iglesia católica y grupos protestantes neopentecostales; la epidemia de sida y las firmes acciones estatales que promocionaban el uso del preservativo han limitado, en alguna medida, el impacto negativo del citado fundamentalismo religioso.

México[63]

México desarrolló, como ningún otro país latinoamericano, una política de población desde la década de 1930. La Ley General de Población de 1936, basada sobre todo en las ideas del economista Gilberto Loyo,[64] un discípulo de Corrado Gini, promovía el crecimiento de la población, la inmigración extranjera controlada, los matrimonios tempranos y las familias numerosas. Las ideas no eran nuevas, y se inscribían en una continuidad con las líneas seguidas por todos los gobiernos republicanos desde la Independencia; pero sí era nuevo el compromiso del Estado de considerar a la población como un componente fundamental del desarrollo económico a través de la urbanización, la industrialización y la expansión de la producción agrícola y minera. La Ley General de Población de 1947 ratificó lo anterior y estableció premios para las familias numerosas y autorizó los matrimonios a los 14 años para las mujeres y a los 16 años para los hombres; por otra parte, se prohibió el aborto y la propaganda relativa a los contraceptivos.

Debe notarse que, en paralelo, el gobierno mexicano desarrolló una política sanitaria y educativa muy agresiva, cuyos puntos culminantes fueron la creación del Instituto Mexicano del Seguro Social (1943), y un conjunto de modernos y grandes hospitales, clínicas y centros de salud; en el campo de la educación, se logró, tras un esfuerzo de varias décadas, la virtual eliminación del analfabetismo hacia 1988. Todavía en 1969, durante la campaña presidencial, Luis Echeverría Álvarez repetía la vieja máxima de Alberdi: “Gobernar es poblar”.

Pero las cosas cambiaron muy rápidamente. Los datos del censo de 1970 y el trabajo analítico de distinguidos demógrafos, junto con la percepción de políticos y economistas de que el “milagro mexicano” podía estar llegando a su fin debido a los desbalances entre el aumento de la población y el ritmo del crecimiento económico, llevaron a un fuerte cambio de política, anunciado por el presidente Echeverría en 1972: había que reducir el ritmo de crecimiento de la población. En diciembre de 1973, se aprobó la nueva Ley General de Población, la cual estableció que la política de población era parte de la política global de desarrollo, que la planificación familiar era un derecho de los individuos y las familias que el Estado debía garantizar, y que el Estado debía proteger a las mujeres y los niños, asegurando su bienestar y la igualdad de género. Se creó el Consejo Nacional de Población (CONAPO) como institución responsable de la planeación familiar y las políticas demográficas. Hubo varios programas sucesivos, que cubrieron desde la regulación del crecimiento natural hasta la distribución espacial de la población; el control de la fecundidad se definió a través de una política médica e incluyó los métodos contraceptivos más modernos como la píldora, el DIU y la esterilización. No está de más indicar que, de los ambiciosos objetivos definidos en las nuevas políticas, el que se logró con más éxito fue el relativo a la limitación de los nacimientos.

Dado el peso de la política estatal, el papel de las ONG fue bastante menor que en otros casos latinoamericanos; en 1959 se organizó la Asociación para el Bienestar de la Familia, la cual abrió una clínica en la Ciudad de México e inició programas rurales hacia 1963; en 1965 se constituyó la Fundación para Estudios de la Población AC (FEPAC), que estableció varios centros de planificación familiar en la Ciudad de México y luego también en zonas rurales; la FEPAC adhirió a la IPPF y cambió de nombre en 1984, pasando a llamarse Fundación Mexicana para la Planeación Familiar (MEXFAM); esta fue la ONG más importante dedicada a la planificación familiar en México antes de la ya mencionada intervención estatal, y continúa todavía hoy (2022) con un gran conjunto de actividades.

Brasil[65]

Hasta la década de 1960, Brasil siguió una línea pronatalista, aunque esto obedecía más a una cultura que a una política de población. Las cosas cambiaron con la urbanización y la modernización; la disponibilidad de la píldora y otros medios contraceptivos se difundió a través del mercado y de agencias privadas. En 1965 se creó la asociación Bem-Estar Familiar no Brasil (BEMFAM), como una ONG que ofrecía servicios de planificación familiar; en 1967 la BEMFAM fue reconocida por la IPPF. Años más tarde, se formaron otras organizaciones similares, como el Centro de Pesquisa de Assitência Integral à Mulher e à Criança (CPAIMC, 1975); en 1981 se creó la Associaçião Brasileira de Entidades de Planejamento Familiar (ABEPF), la cual, hacia 1989, tenía una red de 123 entidades que prestaban servicios de planificación familiar. Al comienzo, estas organizaciones llegaban a los sectores medios y altos; sin embargo, una vez que el control natal ganaba aceptación, emprendieron programas de cobertura más amplia.

Luego de la Conferencia de Bucarest, en 1974, el gobierno brasileño comenzó a cambiar de actitud; en 1977 el Ministerio de Salud lanzó un programa de salud materno-infantil que incluyó la prevención de embarazos de alto riesgo. Investigaciones posteriores mostraron que, en las zonas pobres del nordeste y el centro-oeste, donde predominan las poblaciones negras y mulatas, se había extendido notablemente la esterilización femenina.

El proceso de democratización, durante la década de 1980, sí cambió en serio las cosas. En 1983 comenzó el Programa de Assistência Integral à Saúde da Mulher (PAISM), un amplio proyecto sobre la salud de las mujeres, que incluía cuidados prenatales, prevención del cáncer, planificación familiar, tratamientos para la infertilidad, diagnósticos de enfermedades de transmisión sexual. En las discusiones hubo una participación amplia, sobre todo de grupos feministas, y comenzó a extenderse la idea de que no podía haber una política compulsoria, sino que el acceso y la disponibilidad de contraceptivos era un derecho de las parejas, libremente escogido. Estas ideas fueron incorporadas a la Constitución de 1988, la cual establece, en el inciso 7 del artículo 226.º, que la planificación familiar es un derecho de libre escogencia, mientras que es obligación del Estado, a través del Sistema Único de Saúde (SUS), proporcionar los recursos científicos y educativos para el ejercicio de este derecho. Ni el aborto ni la esterilización fueron incluidos en la Constitución, y ambos estaban prohibidos desde 1931 y castigados en el Código Penal de 1940. En 1991, una comisión parlamentaria comprobó la amplia difusión de la esterilización y abogó por establecer regulaciones; esto es lo que aparece en la Ley 9.263 de 1996, la cual regula la aplicación del artículo 226.º de la Constitución. Brasil adhirió plenamente a la política establecida en la Conferencia de El Cairo de 1994.

Un avance importante fue también la creación, en 2003, de la Secretaria Especial sobre Políticas para as Mulheres. Hubo varias conferencias nacionales para discutir y preparar políticas orientadas a la salud y los derechos de las mujeres, las cuales contaron con una elevada participación popular a través de redes, sindicatos, asociaciones, partidos, foros, etc. Con un verdadero alcance nacional. En 2004 el gobierno federal aprobó un Plano Nacional de Políticas para as Mulheres (PNPM), el cual estuvo vigente y fue profundizado durante varios años.

Los datos de la Pesquisa Nacional sobre Demografia e Saúde da Mulher e da Criança realizada en 2006 permiten hacerse una idea clara no solo del rápido descenso de la fecundidad, sino también de los métodos de contracepción utilizados. En el caso de las mujeres unidas, solo el 19 % no empleaba ningún método; el 29 % estaban esterilizadas, un 25 % utilizaban la píldora, un 12 %, el preservativo masculino, y el 15 % restante, otros métodos. Si se comparan estos datos con los de la encuesta anterior (1996), se observa que ha disminuido el porcentaje de mujeres unidas que no utilizan ningún método y que ha bajado el porcentaje de esterilizaciones (40 % en 1996). Otro resultado muy interesante de la encuesta de 2006 es que hay ya poco desfase entre la fecundidad observada y la fecundidad deseada por las mujeres; a la vez, el desfase es mayor en el caso de las mujeres negras, menos educadas y residentes en las zonas más pobres del norte y el nordeste. El alcance de la planificación familiar tiene que ver, por supuesto, con la cobertura del SUS. Hacia 2015 puede afirmarse que, a través de la Estratégia de Saúde da Familia, llegaba a unos 100 millones de personas, es decir, un poco más del 50 % de la población brasileña.

El Programa MEASURE[66]

En 2015 el programa MEASURE, auspiciado por la AID del gobierno de los Estados Unidos, publicó una evaluación detallada de los logros de los programas de planificación familiar financiados por la AID a partir de 1965. La evaluación consideró los casos de Colombia, El Salvador, República Dominicana, Haití, Guatemala, México, Nicaragua y Paraguay tratando de descubrir los factores que explican el éxito de la planificación familiar como un logro para la salud y los derechos de las mujeres y los niños, a pesar de la fuerte oposición que se presentó con alguna frecuencia, e identificando también los desafíos pendientes. El estudio recurrió a detallados estudios de casos y contó con una metodología innovadora y sofisticada; el resumen de sus resultados es un buen cierre para este recorrido sobre la planificación familiar en América Latina.

Se identificaron diez factores claves para el éxito: 1) el fuerte desarrollo de ONG que estuvieron a la vanguardia del movimiento de planificación familiar; 2) un ambiente sociopolítico favorable; 3) un apoyo técnico y financiero externo y sostenido, proveniente de la AID y otros donantes; 4) la coordinación y los efectos sinérgicos entre los gobiernos, las agencias externas, las ONG y la sociedad civil; 5) el desarrollo de expertos locales en política y gestión de programas; 6) la disponibilidad de información para la toma de decisiones y la innovación; 7) el desarrollo de actividades de comunicación estratégicas y de amplio alcance para apoyar el cambio en las normas sociales y la conducta individual; 8) mecanismos flexibles que aseguraron la adaptación del financiamiento de los programas a cambios en el tiempo; 9) la capacidad de asegurar ganancias políticas; 10) la inversión significativa en contraceptivos y seguridad.

Entre los temas críticos pendientes, se identificaron la persistencia de una fecundidad adolescente elevada, la dificultad aún en países con una fecundidad próxima al remplazo para llegar a las mujeres jóvenes y pobres en zonas rurales y marginales, la presencia de interrupciones en las cadenas de abastecimiento de anticonceptivos, una vez que se retiran o redefinen los apoyos externos, al igual que la posible discontinuidad en la recolección de información pertinente, necesaria para el monitoreo de programas y resultados. La AID se ha retirado progresivamente, desde finales de la década de 1990, del apoyo directo a la planificación familiar en la mayoría de los países de América Latina. Otras agencias, como el Banco Mundial y el UNFPA, continúan aportando ciertos recursos, pero en forma más bien limitada.[67] De todo esto, resulta claro que, si la intervención externa resultó fundamental para iniciar y consolidar los programas de planificación familiar en la mayoría de los países, su continuidad y éxito duradero dependió, en última instancia, de los sistemas estatales de salud pública.[68]

Conclusiones

Es tiempo de resumir lo que conocemos y reflexionar un poco sobre causas y explicaciones. En América Latina el descenso de la fecundidad fue rápido y sin retornos. Hubo países pioneros, como Argentina, Uruguay y Cuba, que tuvieron un lento declive desde la década de 1920; como se ha explicado reiteradamente, esto se debió al peso de la inmigración europea, unido a un temprano proceso de urbanización, alfabetización y modernización. En la mayoría de los países latinoamericanos, el descenso de la fecundidad ocurrió a partir de la década de 1970, fue muy rápido, y dependió de la introducción masiva de anticonceptivos (píldora, dispositivos intrauterinos y esterilización). Algunos países, como Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Haití, Bolivia y Paraguay, se incorporaron a esta corriente recién hacia fines del siglo xx. En las primeras décadas de todo este proceso, la nupcialidad fue relativamente neutral, es decir, no aumentó la edad a la primera unión conyugal, y tampoco creció el celibato definitivo; como ya se dijo, esto entraña una importante diferencia con respecto al modelo de descenso de la fecundidad típico del noroeste de Europa a partir del siglo xviii.

El aumento del empleo femenino y el progresivo empoderamiento de las mujeres son otras características a menudo asociadas al descenso de la fecundidad. Aumentan también los embarazos de adolescentes y el número de hijos no deseados, sobre todo en parejas jóvenes e inestables; todo esto relacionado con una iniciación más temprana en la actividad sexual, en un contexto de limitaciones educativas y socioeconómicas, con poca disponibilidad de contraceptivos.

El aborto inducido es legal (2022) en Puerto Rico, Cuba, Guyana, la Guayana Francesa, Argentina, México (con variantes según los estados), Colombia, Uruguay y algunas islas del Caribe inglés, francés y holandés; en Costa Rica, Guatemala, Venezuela, Chile, Brasil, Bolivia, Ecuador, Perú, Paraguay, Panamá y Belice, es permitido, pero con muchas restricciones; en El Salvador, Honduras, Nicaragua, República Dominicana, y Haití está completamente prohibido.

Las tasas de abortos clandestinos han sido y siguen siendo relativamente elevadas. Así, por ejemplo, un cuidadoso estudio[69] reveló que hacia 1990 una alta proporción de los embarazos terminaban en un aborto inducido: en Brasil, 31 %; en Chile, 35 %; en Colombia, 26 %; en República Dominicana, 28 %; en México, 17 ; y en Perú, un 30 %; estas cifras eran similares a las tasas de aborto inducido observadas en los Estados Unidos (29 % en 1988); hay que notar, sin embargo, dos diferencias cruciales: en Estados Unidos el aborto inducido era legal, por lo cual las cifras indicaban casos observados y no estimados indirectamente, como ocurría con las cifras latinoamericanas. Solo en algunos países de América Latina, era permitido el aborto terapéutico para salvar la vida de la madre; en consecuencia, la inmensa mayoría de los abortos inducidos eran clandestinos y provocaban una importante mortalidad materna. Pero su persistencia está relacionada con la falla o no disponibilidad de contraceptivos, sobre todo en las mujeres de los sectores más pobres, marginales y desfavorecidos. La situación no era muy distinta veinte años después, hacia 2010.[70]

Hoy día (2022), el tema del aborto inducido es objeto de fuertes controversias y debates políticos; la Iglesia católica, los grupos protestantes pentecostales, y amplios sectores de pensamiento conservador se oponen tajantemente, mientras que los movimientos feministas y sectores “liberales y progresistas” lo apoyan, en los primeros meses del embarazo, siguiendo en esto las regulaciones ya adoptadas en los Estados Unidos y la mayoría de los países europeos. El tema es visto como parte del empoderamiento femenino, y completaría, en estas visiones, el derecho al control del cuerpo y la sexualidad.[71] Empero, no parece previsible que en los próximos años se produzcan cambios importantes en la legislación y las prácticas; por el momento, solo un uso apropiado de los contraceptivos puede eliminar las tensiones y presiones derivadas de los todavía numerosos embarazos no deseados.

El rápido descenso de la mortalidad primero y la fecundidad después hizo que la población de América Latina empezara a envejecer. Estos parámetros demográficos posibilitaron otros cambios sociales, políticos, económicos y culturales que se resumen en el concepto de “segunda transición demográfica” y que implican fuertes transformaciones en las estructuras familiares, el ciclo vital, los tipos de uniones y parejas, la composición de los hogares, etc. Hemos señalado también que las poblaciones latinoamericanas han entrado en este proceso, todavía incompleto si se lo compara con lo ya ocurrido en Europa, también con modalidades propias. Si el aumento de la esperanza de vida al nacimiento de 50 a 80 años condujo a una nueva valoración de la vida, la caída de la fecundidad en torno al nivel de remplazo tiene un impacto todavía más profundo en las relaciones sociales, las perspectivas del futuro y la percepción del yo de cada persona; por esto mismo, el concepto de “segunda transición demográfica” remite a un cambio fundamental de valores, actitudes e ideas, a veces sintetizado, en forma un poco apresurada, en el concepto sociológico de “secularización”.

María Eugenia Zavala de Cosio,[72] basándose en un detallado estudio sobre las generaciones femeninas mexicanas nacidas entre 1917 y 1947, ha formulado la hipótesis de que, en la transición de la fecundidad latinoamericana, habrían operado dos modelos distintos; en el primero habrían intervenido la urbanización, la escolarización y la participación femenina en el empleo presionando hacia familias más reducidas, lo cual se logró rápidamente gracias a la disponibilidad de la píldora contraceptiva, además de los métodos de control tradicionales. Dicho de otro modo, son las mujeres modernas y educadas las que lideraron un proceso de cambio endógeno. El segundo modelo está vinculado a las mujeres y familias pobres, en las cuales la planificación familiar fue, en cierto modo, impuesta por las circunstancias externas, y aparece más tarde que el primero. El mejoramiento en las condiciones de vida, un resultado esperable en el primer modelo cuando desciende el número de hijos, no parece observarse en el segundo. Necesitaríamos trabajos sobre otros países, siguiendo esta hipótesis sugestiva, para ver si es posible generalizarla al conjunto de América Latina.

Volvamos ahora, ya en el final de estas conclusiones, a la clásica fórmula de Ansley J. Coale: D-V-C, ya que por ahora no hay nada más claro y preciso disponible para entender el descenso de la fecundidad. D, es decir, la disposición, al igual que V, o sea, la voluntad, y C, la capacidad, son dimensiones que combinan tanto ideas y valores como conductas y prácticas concretas y que se insertan siempre en una compleja dinámica social de interacciones y redes que invariablemente conectan estructuras colectivas y conductas individuales. A menudo se ha acudido a los modelos sociológicos y económicos de difusión para tratar de entender mejor e incluso formalizar las características y modalidades de estos cambios sociales profundos y complejos.[73] Pocas conductas grupales e individuales han sido tan investigadas como el control de la fecundidad; ello se debió a, por lo menos, tres factores: a) el gran interés político en la planificación familiar a partir de la década de 1960; b) la disponibilidad de fondos tanto para la investigación como para la implementación de programas; y c) la abundante disponibilidad de datos provenientes de las encuestas de fecundidad y salud reproductiva. Todo esto se inscribió, naturalmente, como parte del notable desarrollo científico y disciplinario de la demografía y la demografía histórica, particularmente a partir de la década de 1940.


  1. Coale, Ansley J. y Cotts Watkins, Susan (editores). The Decline of Fertility in Europe. Princeton: Princeton University Press, 1986.
  2. Caldwell, John C. Theory of fertility decline. Population and social structure. Londres/Nueva York: Academic Press, 1982.
  3. Coale, Ansley J. “The demographic transition”. En International Population Conference, editado por IUSSP. Liège: IUSSP, 1973.
  4. Eaton, Joseph W. y Mayer, Albert J. “The social biology of very high fertility among the Hutterites: the demography of a unique population”. Human Biology, 25 (1953): 206-264.
  5. Le Bras, Hervé. La Démographie. París: Odil Jacob, 2005., pp. 44-51.
  6. Henry, Louis. “Some data on natural fertility”. Eugenics Quaterly, 8 (1961): 81-91.
  7. Esto se relaciona con la duración del período de lactancia, ya durante la lactancia la ovulación tarda en restablecerse.
  8. Salinas Meza, René. “Crecimiento de la población y patrones de fecundidad en Chile colonial. Reconstitución de familias en San Felipe y La Ligua durante los siglos xviii y xix“. Cuadernos de Historia, 2 (1982): 91-106. Los datos de Buenos Aires provienen de la obra de Socolow, Susan Migden. The merchants of Buenos Aires, 1778-1810 family and commerce. Cambridge Latin American Studies. Cambridge Eng., Nueva York: Cambridge University Press, 1978.
  9. McCaa, Robert. Marriage and Fertility in Chile. Demographic turning points in the Petorca Valley. Boulder: Westview Press, 1983.
  10. 1930-1970: Gutiérrez Roldán, Héctor. La Población de Chile. París: CICRED, 1975.; 1997: datos de CELADE.
  11. Datos de Zavala de Cosío, María Eugenia. Cambios de fecundidad en México y políticas de población. México: Fondo de Cultura Económica/El Colegio de México, 1992.; y el capítulo de la misma autora en Rabell Romero, Cecilia (coordinadora). Los mexicanos. Un balance del cambio demográfico. México: Fondo de Cultura Económica, 2014.
  12. Rothman, Ana María. Evolución de la fecundidad en Argentina y Uruguay. Buenos Aires: Instituto Torcuato Di Tella, 1970.; datos de CELADE en 1980 y 2010.
  13. Naciones Unidas, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales Internacionales. Manual x. Técnicas indirectas de estimación demográfica. Nueva York: Naciones Unidas, 1986. Capítulo ii.
  14. Reher, David y Requena, Miguel. “Was there a mid-20th century fertility boom in Latin America?”. Revista de Historia Económica, 32, n.º 3 (2014): 319-350. Los autores seleccionaron los censos disponibles en los IPUMS-I y procedieron a evaluarlos con datos de encuestas del World Fertility Survey y del World Population Prospects, para asegurar la calidad y comparabilidad.
  15. El gráfico original de Reher y Requena aparece en la p. 327 del artículo citado en la nota anterior. Agradezco a Miguel Requena la gentileza de facilitarme los datos originales para redibujar dicho gráfico en el formato que se utiliza en este libro.
  16. Hajnal, John. “European Marriage Patterns in Perspective”. En Population in History. Essays in Historical Demography, editado por Glass, D. V. y Eversley, D. E. C. Londres: Arnold, 1965.; Hajnal, John. “Two Kinds of Preindustrial Houselhold Formation System”. Population and Development Review, 8, n.º 3 (1982): 449-494.
  17. De hecho, Hajnal estableció una línea imaginaria, desde San Petersburgo hasta Trieste, como frontera entre ambos sistemas demográficos.
  18. Zavala de Cosío, María Eugenia. “La transición demográfica en América Latina y en Europa”. Notas de Población, xx, n.º 56 (1992): 11-32.; Chackiel, Juan y Schkolnik, Susana. “La transición de la fecundidad en América Latina”. Ibid., n.º 55: 161-192.
  19. Reher y Requena, “Was there a mid-20th century fertility boom in Latin America?”.
  20. Rosero-Bixby, Luis. “Las tendencias de la nupcialidad y la transición de la fecundidad en América Latina”. Notas de Población, xx, n.º 55 (1992): 103-128.
  21. Pantelides, Edith A. “Más de un siglo de fecundidad en la Argentina: su evolución desde 1869”. Ibid., n.º 56: 87-106.
  22. Bravo, Jorge H. “Visiones teóricas de la transición de la fecundidad en América Latina: ¿Qué relevancia tiene un enfoque difusionista?”. Ibid.: 33-55., especialmente p. 39.
  23. A estas cuatro variables, se les agrega un indicador del máximo biológico de fecundidad, el cual se sitúa alrededor de los 15 hijos por mujer. El modelo es multiplicativo.
  24. Bongaarts, John. “A Framework for Analyzing the Proximate Determinants of Fertility”. Population and Development Review, 4, n.º 1 (1978): 105-132.; Bongaarts, John. “The Proximate Determinants of Exceptionally High Fertility”. Population and Development Review, 13, n.º 1 (1987): 133-139.; Bongaarts, John. “Modeling the fertility impact of the proximate determinants. Time for a tune-up”. Demographic Research, 33, n.º julio-diciembre (2015): 535-560.
  25. Leridon muestra que, en 23 poblaciones con fecundidad natural, la TGF varía entre 3,7 y 9,5; las variaciones se explican por los determinantes próximos; ver Leridon, Henri. Human Fertility: the basic components. Chicago: University of Chicago Press, 1977.
  26. Moreno, Lorenzo y Singh, Susheela. “Descenso de la fecundidad y cambios en sus determinantes próximos en América Latina y el Caribe”. Notas de Población, 55, n.º junio (1992): 129-160.
  27. Inspirados, claro está, por la obra de Malthus (1766-1834) y su idea de que el crecimiento de la población era mucho más rápido que la producción de alimentos, por lo cual habría frenos preventivos (control de los nacimientos) o positivos (aumento de la mortalidad) para restablecer el equilibrio entre población y recursos. Eso sí, Malthus, como buen clérigo que era, consideraba el control solo a través de la abstinencia o el celibato.
  28. Himes, Norman. Medical History of Contraception. Baltimore: Williams and Wilkins Company, 1936.; pp. 209-222
  29. D’Arcy, F. “The Malthusian League and the Resistance to Birth Control Propaganda in the Late Victorian Britain”. Population Studies, 31, n.º 3 (1977): 429-448. La liga nunca superó en promedio los mil asociados y sus recursos fueron bastante limitados; las principales actividades eran conferencias y debates públicos.
  30. Cohen, Deborah A. “Private Lives in Public Spaces: Marie Stopes, the Mothers’ Clinics and the Practice of Contraception”. History Workshop, 35, n.º primavera (1993): 95-116.
  31. Noonan Jr., John T. Contracepción. Desarrollo y análisis del tema a través de los canonistas y teólogos católicos. Trad. García Venturini, Jorge. Buenos Aires: Ediciones Troquel, 1967., p. 438.; Fisher, Kate y Szreter, Simon. “‘They Prefer Withdrawal’: The Choice of Birth Control in Britain, 1918-1950”. Journal of Interdisciplinary History, xxxiv, n.º 2 (2003): 263-291.
  32. Szreter, Simon, Nye, Robert A. y Van Poppel, Frans. “Fertility and Contraception during the Demographic Transition: Qualitative and Quantitative Approaches”. Ibid.: 141-154; Pitkänen, Kari. “Contraception in Late Ninteenth and Early Twentieth-Century Finland”. Ibid.: 187-207.; Sogner, Sølvi. “Abortion, Birth Control, and Contraception: Fertility Decline in Norway”. Ibid. (209-234); Gervais, Diane y Gauvreau, Danielle. “Women, Priest, and Physicians: Family Limitation in Quebec, 1940-1970”. Ibid.: 293-314.
  33. Van Poppel, Frans y Röling, Hugo. “Physicians and Fertility Control in the Netherlands”. Ibid.: 155-185.
  34. Accampo, Elinor A. “The Gendered Nature of Contraception in France: Neo-Malthusianism, 1900-1920”. Ibid.: 235-262.
  35. Dupâquier, Jacques (editor). Historie de la population française. 4. De 1914 à nos jours. París: Quadrige / Presses Universitaires de France, 1995 [1988]., pp. 181-231.
  36. Himes, Medical History of Contraception., pp. 286-309.
  37. Painter, Nell Irvin. The History of White People. Nueva York: W.W. Norton, 2010., pp. 245-255.
  38. Reed, James. The Birth Control Movement and American Society: From Private Vice to Public Virtue. Princeton: Princeton University Press, 1978.; Guttmacher, Alan F. “Margaret Sanger’s Two Monuments”. The Journal of Sex Research, 3, n.º 4 (1967): 251-252.; Katz, Esther, Engelman, Peter C., y Moran Hajo, Cathy (editores). The Selected Papers of Margaret Sanger, Volume 4: Round the World for Birth Control, 1920-1966. Urbana: University of Illinois Press, 2016.
  39. Notestein, Frank W. “Economic Problems of Population Change”. En Proceedings of the Eight International Conference of Agricultural Economists, 13-31. Oxford: Oxford University Press, 1953.; Davis, Kingsley. “The World Demographic Transition”. The Annals of the American Academy of Political and Social Science, 237, n.º enero (1945): 1-11.
  40. Coale, The Decline of Fertility in Europe.
  41. Coale, Ansley J. “The Demographic Transition”. The Pakistan Development Review, 23, n.º 4 (1984): 531-552.; p. 544. Este artículo es una versión más elaborada del publicado en 1973, en la International Population Conference de la IUSSP.
  42. Ver la tipología Sociedad tradicional / Sociedad moderna, en Germani, Gino. Política y sociedad en una época de transición. De la sociedad tradicional a la sociedad de masas. Buenos Aires: Editorial Paidós, 1968.
  43. Goldscheider, Frances, Bernhardt, Eva, y Lappegård, Trude. “The Gender Revolution: A Framework for Understanding Changing Family and Demographic Behavior”. Population and Development Review, 41, n.º 2 (2015): 207-239. En bit.ly/3CGczZf.
  44. Las encuestas de hogares han sido homologadas por la Cepal, para permitir la comparación entre países. Los microdatos censales provienen de los Integrated Public Use Microdata Series, International (IPUMS-I) del Minnesota Population Center (ver bit.ly/3CGgXaT); en 2022 existen en este sitio microdatos de 547 censos correspondientes a 103 países.
  45. En el vocabulario usual en América Latina, se habla de “uniones consensuales”, “convivencia”, “cohabitación” o “unión libre” como términos equivalentes; se trata de uniones conyugales sin inscripción legal.
  46. Ver el artículo de Julieta Quilodrán Salgado en Binstock, Georgina y Vieira, Joice Melo (coordinadoras). Nupcialidad y familia en la América Latina actual. Río de Janeiro: ALAP – UNFPA, 2011., pp. 11-34.
  47. Ver Ullmann, Ute, Maldonado Valera, Carlos, y Rico, María Nieves. “La evolución de las estructuras familiares en América Latina, 1990-2010. Los retos de la pobreza, la vulnerabilidad y el cuidado”. Serie Políticas Sociales, n.º 193. Santiago de Chile: Cepal-Unicef, 2014., p. 15.
  48. Esteve, Albert, García-Román, Joan, y Lesthaeghe, Ron. “The Family Context of Cohabitation and Single Motherhood in Latin America”. Population and Development Review 38, no. 4 (2012): 707-727. Esteve, Albert, Lesthaeghe, Ron, y López-Gay, Antonio. “The Latin American Cohabitation Boom, 1970–2007”. Population and Development Review 38, n.º 1 (2012): 55-81. López -Gay, Antonio, Esteve, Albert, López-Colás, Julián, Permanyer, Iñaki, Turu, Anna, Kennedy, Sheela, Laplante, Benoît, y Lesthaeghe, Ron. “A Geography of Unmarried Cohabitation in the Americas”. Demographic Research 30, n.º 59 (2014): 1621-1638.
  49. Para datos adicionales sobre las variaciones de la tolerancia social hacia la diversidad étnica y sexual, ver el Barómetro de las Américas, del Latin American Public Opinion Project desarrollado en la Vanderbilt University bajo la dirección de Mitchell A. Seligson desde 2004 hasta 2018-2019, con rondas sucesivas de encuestas de opinión.
  50. Green, Marshal. “The Evolution of US International Population Policy, 1965-1992. A Chronological Account”. Population and Development Review, 19, n.º 2 (1993): 303-321.
  51. Naciones Unidas. Informe de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo. El Cairo, 5 a 13 de setiembre de 1994. Nueva York: Naciones Unidas, 1995. p. 11.
  52. Ver Malthus, Thomas, Huxley, Julian, y Osborn, Frederick. On Population. Three Essays. Nueva York: New American Library, 1960.; Hauser, Philip M. (ed.). The Population Dilemma. Englewood Cliffs, Nueva Jersey: Prentice-Hall/The American Assembly, 1963.; Viel, Benjamín. La explosión demográfica: cuántos son demasiado. Santiago de Chile: Universidad de Chile, 1966.
  53. Ehrlich, Paul R. The Population Bomb. Nueva York: Ballantine Books, 1968.; Ehrlich, Paul R. y Ehrlich, Anne H. The Population Explosion. Nueva York: Simon and Schuster, 1990.
  54. Meadows, Donella H., Club of Rome., y Potomac Associates. The Limits to Growth: A Report for the Club of Rome’s Project on the Predicament of Mankind. 2.º ed. Nueva York: Universe Books, 1974.
  55. Clark, Colin. Crecimiento demográfico y utilización del suelo. Trad. Paredes, Miguel y Enrique. Madrid: Alianza Editorial, 1968.
  56. Felitti, Karina A. “La Iglesia católica y el control de la natalidad en tiempos del Concilio: La recepción de la encíclica Humanae Vitae (1968) en Argentina”. Anuario del Instituto de Estudios Histórico-sociales (IEHS), 22 (2007): 349-372.
  57. Stycos, J. Mayone. “Opinions of Latin-American Intellectuals on Population Problems and Birth Control”. The Annals of the American Academy of Political and Social Science, 360, n.º junio (1965): 11-26.; Stycos, J. Mayone. “Politics and Population Control in Latin America”. World Politics, 20, n.º 1 (1967): 66-82. Torrado, Susana. Historia de la familia en la Argentina moderna (1870-2000). Buenos Aires, Argentina: Ediciones de la Flor, 2003., p. 16.
  58. Ver el texto de Jadwiga Pieper Mooney en Zárate Campos, María Soledad (compiladora). Por la salud del cuerpo. Historia y políticas sanitarias en Chile. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2008.; Jiles Moreno, Ximena y Rojas Mira, Claudia. De la miel a los implantes. Historia de las políticas de regulación de la fecundidad en Chile. Santiago de Chile: CORSAPS, 1992.; Castro Arcos, Javier. Guerra en el vientre. Control de la natalidad, malthusianismo y guerra fría en Chile (1960-1970). Santiago de Chile: Bicentenario, 2017.
  59. Ver Tobar Cassi, Leopoldo. “El Cardenal Raúl Silva Henríquez: La fidelidad hecha carne”. Revista de Historia y Geografía. Universidad Católica Silva Henríquez, 21 (2007): 13-42.
  60. Ver Asociación Chilena de Protección de la Familia. Investigaciones sobre planificación familiar. Santiago de Chile: APROFA, 1976.
  61. Ver el artículo de María Carranza en Cavenaghi, Suzana (org.). Demographic Transformations and Inequalities in Latin America. Historical Trands and Recent Patterns. Río de Janeiro: UNFPA – ALAP, 2009., pp. 307-314.; Rosero-Bixby, Luis. “El descenso de la natalidad en Costa Rica”. En Mortalidad y fecundidad en Costa Rica, editado por Asociación Demográfica Costarricense, pp. 66-77. San José: Asociación Demográfica Costarricense, 1984.; Sosa, Doris. “Las usuarias del programa de Planificación Familiar en Costa Rica, 1974-1980”. Ibid., pp. 90-105.
  62. Alvaro Ramos-Chaves examina el efecto inmediato de esta ley sobre la fecundidad y observa, entre otros efectos, un fuerte descenso en el número de nacimientos; ver Ramos-Chaves, Alvaro. Essays on Economic Development in Costa Rica. Ph.D Dissertation in Economics. Berkeley: University of California, 2010.
  63. Ver el artículo de María Eugenia Zavala de Cosío en CONAPO. El Poblamiento de México. Una visión histórico-demográfica. Tomo iv. México en el Siglo xx. Hacia el Nuevo Milenio: el poblamiento en perspectiva. México: CONAPO, 1993.; Rabell Romero, Los mexicanos. Un balance del cambio demográfico.
  64. Loyo, Gilberto. La política demográfica de México. México: Instituto de Estudios Sociales, Políticos y Económicos del Partido Nacional Revolucionario, 1935.
  65. Ver el texto de José Eustaquio Diniz Alves en Cavenaghi, Demographic Transformations and Inequalities in Latin America. Historical Trends and Recent Patterns.; ABEP. Brasil, 15 anos após a Conferência do Cairo. Campinas, San Pablo: ABEP – UNFPA, 2009.; UNFPA – Brasil. Planejamento Familiar no Brasil. 50 anos de história. Brasilia: UNFPA, 2008.
  66. Bertrand, Jane T., Ward, Victoria M., y Santiso-Galvez, Roberto. Family Planning in Latin America and the Caribbean: The Achievements of 50 Years. Chapel Hill: MEASURE Evaluation, 2015.
  67. Robinson, Warren C. y Ross, John A. (editores). The Global Family Planning Revolution: Three Decades of Population Policies and Programs. Washington D. C.: The World Bank, 2007.
  68. Fagan, Thomas, Dutta, Arin, Rosen, James, Olivetti, Aghate, y Klein, Kate. “Family Planning in the Context of Latin America’s Universal Health Coverage Agenda”. Global Health: Science and Practice, 5, n.º 3 (2017): 382-398.
  69. Singh, Susheela y Wulf, Deirdre. “Estimated Levels of Induced Abortion in Six Latin American Countries”. International Family Planning Perspectives, 20, n.º 1 (1994): 4-13.; datos del cuadro 5, p. 10.
  70. Kulczycki, Andrzeg. “Abortions in Latin America: Changes in Practice, Growing Conflict, and Recent Policy Developments”. Studies in Family Planning, 42, n.º 3 (2011): 199-220.
  71. Galeotti, Giulia. Historia del aborto. Los muchos protagonistas e intereses de una larga vicisitud. Trad. Cardoso, Heber. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión, 2004.; Lavrin, Asunción. Mujeres, feminismo y cambio social en Argentina, Chile y Uruguay, 1890-1940. Trad. María Teresa Escobar Budge. Santiago de Chile: Centro de Investigación Diego Barros Arana, 2005.; Bermúdez Valdivia, Violeta. La regulación jurídica del aborto en América Latina y el Caribe: estudio comparativo. Lima: CLADEM, 1998.
  72. Zavala de Cosío, Cambios de fecundidad en México y políticas de población.; Zavala de Cosío, “La transición demográfica en América Latina y en Europa”, pp. 29-30.
  73. Casterline, John B. (ed.). Difusion Processes and Fertility Transition. Selected Perspectives. Washington D. C.: National Academy Press, 2001.; Rosero-Bixby, Luis y Casterline, John B. “Interaction Diffusion and Fertility Transition in Costa Rica”. Social Forces, 73, n.º 2 (1994): 435-462.; Rosero-Bixby, Luis y Casterline, John B. “Modelling Diffusion Effects in Fertility Transition”. Population Studies, 47, n.º 1 (1993): 147-167.


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