Otras publicaciones:

12-2210t

saenz-gabini_frontcover1

Otras publicaciones:

12-3054t

9789871867745_frontcover

Capítulo 4

El Grupo Cooperativo Quali

Luego del recorrido previo que presenta e historiza el devenir de la estructura organizacional general, en este capítulo se avanza sobre el Grupo Cooperativo Quali y las características de tecnocracia socio ambiental.

Tras las transiciones organizativas y mutaciones, hacia el nuevo milenio “maduran” aquellos pasos. Esto se encuentra en que “refinan” y perfeccionan un modelo legal y administrativo que combina la forma de empresa social, asociación civil y cooperativa. En las entrevistas los fundadores discriminan entre las figuras normativas y las efectivas. Elaboran, de tal modo, una estructura institucional que integra: obtención de recursos externos con donaciones (a través de Alternativas y CEDETAC), servicios y capacitación (legales, financiera), realización de obras (Programa Agua para Siempre) y la cadena productiva con el amaranto.

Afianzan un modelo de decisión sobre cuadros técnicos y no sobre la base social de sembradores de amaranto.

En el año 2000 se constituye la Unión de cooperativas del Grupo Cooperativo Quali, de nombre legal Corporación Proteína Americana S.C., que conforman tres ramas: sembradores de amaranto, agrícola (técnicos) y agroindustria.

Al año siguiente tienen once cooperativas especializadas, en base –primeramente– a la experiencia con Xha Tlalli y al Plan Estratégico Económico-Social; según su autohistoria, en 2003 las legalizan. La formalización de esas organizaciones de base es un punto que –como se verá– queda en la indeterminación.

La Unión bajo la figura de Quali se integra con otras dos uniones cooperativas, una para el sector de administración financiera y otra ocupada por Alternativas[1]. Las formas legales distribuyen roles que expresan el modelo adoptado: mientras que la última se dedica a obtener fondos y brindar capacitación, la segunda lleva adelante lo financiero y la primera, lo productivo. Se observan aquí los elementos que toma –en las propias palabras de los fundadores– de los casos internacionales que conocen en sus viajes.

Los eslabones de la cadena particular del grupo productivo se enuncian a continuación.

Primero, acopian amaranto a través de cooperativas, “grupos” –en términos de los propios sembradores– en los cuales los técnicos del área agrícola hacen un seguimiento del ciclo completo del cultivo. Desde entrega de semilla hasta –en la mayoría de casos– siembra, trilla, pago y traslado del grano.

Segundo, procesan el amaranto en la agroindustria. Su edificio tiene dos alas de producción, una para productos para celíacos y la otra para productos en general. Elaboran un abanico de alimentos con refuerzo sobre el discurso orgánico y solidario, estos son: botanas, barras, galletas, bebidas (atole, horchata y malteadas), amaranto integral/saborizado y harinas. Según los testimonios de trabajadores de la fábrica, tienen el compromiso de cada año incorporar un producto nuevo.

Tercero, comercializan por medio de un área que se dedica a esa labor. A su vez la “Red de Aliados” hace “llegar alimentos saludables de amaranto orgánico certificado directamente a los consumidores finales en sus familias, escuelas y centros de trabajo en todo el país, impulsando procesos económicos con Sello de Equidad” (web Quali). Afirman desde Quali que tienen importancia las exportaciones a Europa y otras regiones. Según los testimonios, los precios elevados de los productos apuntan a compradores de medios y altos recursos, por lo tanto, inaccesibles para los campesinos.

Mapa 3. Estados en los cuales hay cooperativas de sembradores del Grupo Cooperativo Quali (Puebla, Oaxaca, Tlaxcala y Veracruz)

Fuente: elaboración de Santiago Báez, 2020.

En 2003, a pesar de que previamente sopesan el tema de contaminación de ambiente y personas, comienzan la transición orgánica con la Certificadora Mexicana de Productos y Procesos Ecológicos (CERTIMEX). En 2011 se da un paso más con la certificación norteamericana del National Organic Program (NOP) que alcanza a amaranto en grano, junto con maíz.

Según los datos que publican desde la propia organización a partir de 2006, tienen por primera vez –y de modo consecutivo– un superávit del ejercicio anual del Grupo (ver gráfico 3). En 2009 comienzan las operaciones de una nueva planta de amaranto que se traslada a las afueras de Tehuacán y en 2014 añaden una segunda –en espejo– de productos para celíacos.

Gráfico 3. Venta de alimentos de amaranto (1998-2017)

Fuente: Hernández, Herrerías y Díaz, 2019.

Según los informantes claves, los sembradores entregan entre 5 kilogramos y 3 toneladas de grano. Clasifican el amaranto en tres grupos, cada cual con precio diferente, y asimilan, para ello, calidad a su carácter orgánico, los grupos son: orgánico, en transición (cero y uno) y no orgánico.

Fotografía 1. Amaranto cortado y secándose al sol antes de la trilla en campo de campesino

Fuente: fotografía propia, enero 2019, Tehuacán.

Aparece en varios testimonios de los sembradores el desconocimiento acerca del eslabón industrial. Por ejemplo, uno de ellos afirma: “por ahí hasta lo exportan dicen, pero no sé a dónde lo exportan, ya la semilla o industrializado”.

Otra campesina denota sobre la industria:

Pues la verdad, no muy bien. Hemos ido nada más a conferencias y eventos. Pero conocerla muy a fondo pues casi no. Sí, porque dicen que tienen maquinaria, todo el producto que hacen. La verdad no hemos ido a conocer todo eso (entrevista).

Los diversos entrevistados, en distintas posiciones de responsabilidad en sus grupos de base y años en relación con Quali, dan cuenta de que si bien hay una búsqueda de parte de la organización de que los sembradores participen de actividades centralizadas, prima la ignorancia de los eslabones en el común de los campesinos, aunque pueda haber más información en aquellos que llevan roles de presidentes.

Otro de los nexos que establece Quali con los sembradores son los talleres con nutricionistas. Según los campesinos, estos técnicos aparecen en momentos particulares, como son al empezar el grupo y cuando los integrantes lo soliciten. Ante el desconocimiento del cultivo brindan recetas y preparaciones alimenticias, así como explicaciones sobre el valor nutricional. “Les enseñaba a las señoras a hacer comidas”, sintetiza el presidente de un grupo de sembradores.

La figura de los fundadores y, en particular, de Raúl Hernández cuenta con una gravitación carismática en el conjunto de la organización. En 2010 gana, en un formato de reality show televisivo, el Premio Iniciativa México del Bicentenario que otorga Televisa y Tv Azteca, con lo cual se catapulta a primer plano público. Dicha centralidad aparece en los testimonios de los sembradores:

ha venido el mero jefe Raúl Hernández, es el jefe pues, el del Agua para Siempre, porque tuvieron un concurso como el 80, el 2000, el 2002 o algo así. Y este señor, así lo llamaba el programa Agua para Siempre y ese tuvo el primer lugar […] el mero jefe pues, el que está al frente de toda Alternativa.

Mientras que otro campesino, por su parte, rescata el rol de “dadores”: “como no hay muchas de esas personas hay que buscar a uno de esos para que busquen apoyos, si hubiera muchos a todos se nos daría” (entrevista).

Los sembradores y las cooperativas “grupos”

Como se evidencia en la “prehistoria”, los primeros grupos de sembradores de amaranto provienen de las experiencias previas, tanto de la de ahorro (Unión Xha Tlalli) como de los proyectos de agua.

Estos agrupamientos son la base social de la Unión de segundo grado que constituye Quali. En términos de la EPSS de ellos emanaría, en tanto compuestos de intereses subalternos campesinos, las decisiones sobre el destino estratégico de la organización. En tal sentido, fijar el análisis sobre ellos es de gran importancia para el objetivo de este libro.

Según informantes claves el número mínimo de integrantes de las cooperativas de base, en función de criterios económicos y técnicos, es de 5 a 8, mientras que el máximo llegaría hasta 25. Cabe destacar que no hay una norma explícita que guíe a los sembradores, de hecho se conocen grupos que superan la supuesta cantidad mínima y, sin embargo, los técnicos no permiten que se formalicen. Hay, de este modo, una preeminencia de los ingenieros agrónomos sobre el campo organizativo, de ellos depende la vida de estos.

Una campesina narra un acontecimiento que muestra, por un lado, el vínculo vital con estos técnicos así como, por otro lado, la siembra de amaranto como una acción descendente, que deja de reproducirse sin “acompañamiento”. Cuenta que deja de ir el ingeniero que sigue el grupo:

Figúrese que en una ocasión ya no venían los ingenieros, nos abandonaron, ¿no? Empezó a venir el ingeniero y para nosotros es mucho ánimo […] nos da valor para seguir adelante. Un tiempo que no venían pues nosotros nos quedamos así porque ya no lo sembrábamos al amaranto (entrevista).

Los miembros de la base social entrevistados en su totalidad no hablan lengua indígena, aunque en algún caso reconocen haberla perdido y tener intereses en recuperarla. Además, los grupos demuestran –en tanto arraigan en pequeñas comunidades– una fuerte gravitación del nexo de parentesco para su edificación.

Para las “nuevas incorporaciones” de grupos de base, de cooperativas, es de gran importancia la llegada a los comisariados comunales. Allí los ingenieros agrónomos presentan en reuniones, tras pedir autorización a las autoridades, los “derechos y obligaciones” del sembrador de amaranto.

Quali –como se señala previamente– afirma que promueve la formación de grupos bajo el modelo habilitado por la normativa nacional (LGSC, 1994) y es parte central de su esquema organizativo. El director del grupo fundamenta la elección:

Este modelo de las cooperativas simplificadas nos permitió una libertad de trabajar con cooperativas muy pobres, de recursos muy escasos, sin imponerles [enfatiza estas palabras] la carga administrativa, fiscal, laboral, de todas las leyes que caen encima en el momento que tú registras en el registro público una cooperativa, ya es un mundo complejo, inmanejable para los campesinos. En cambio, el manejar las cooperativas con las reglas básicas del cooperativismo entre ellos vimos que lo podían hacer a la perfección, ya lo habíamos constatado durante años que a nivel de los grupos nunca habíamos tenido problemas (entrevista).

Los llamados “grupos” por técnicos y sembradores, y que en el discurso oficial nombran como “cooperativas simplificadas”, no se refieren a una figura que aparezca en la ley general. Más allá del plano normativo, que no es el objeto de este estudio, los rasgos que se enumeran previamente (criterios poco claros para su conformación, preeminencia de los ingenieros sobre ella, entre otros) suponen en dicha baja formalización, una –también– disminuida capacidad de incidencia de los campesinos.

En la misma dirección una investigación comprueba la debilidad del modelo:

De acuerdo a un entrevistado, hay cooperativas que tienen varios años funcionando y que no tienen este reconocimiento, debido a un supuesto ahorro de los gastos del notario. […] En esta misma línea, en caso de que exista el documento notarial, los socios de las cooperativas no reciben ninguna copia de este reconocimiento jurídico. En todas las entrevistas, los socios siempre respondieron que no tienen ningún documento que certifique su participación, por lo que si existen tales documentos, están en poder de la institución (Díaz Duarte, 2012: 63).

El trabajo concluye que esa dinámica “hace pensar en un manejo poco transparente de los acuerdos y en un manejo poco organizado, todo supuestamente avalado por acuerdos tácitos entre los miembros de la cooperativa y los integrantes de la asociación civil” (op. cit.).

En la misma línea en las cooperativas no se encuentra la estructura que determina la normativa; por ejemplo, nadie nombra el consejo de vigilancia o, un punto central, las asambleas generales. A su vez, el desconocimiento del nombre del propio agrupamiento se repite y evidencia la informalidad, baja identificación y externalidad; en una entrevista grupal ante la pregunta “–¿Qué nombre tiene su grupo?”, las respuestas –además de una posible confusión– dejan patente dicha condición: “–Alternativas, ¿no? [responde uno]; –No tiene nombre [otro]; –¿No le han puesto cooperativa La Casa[2]? [otro]” (entrevista).

Mientras, la venta de la cosecha es un hecho inevitable pues hay en la región mínima presencia de otras empresas compradoras de este cultivo.

En el momento de creación de cada grupo, los documentos –y testimonios sobre dicho proceso– muestran que Quali exige a los miembros que dediquen como mínimo un cuarto (1/4) de las hectáreas de cada uno al amaranto; a la par –la Unión– se compromete a comprar su producción a un determinado precio, según sea orgánico, en transición o no. De este modo lo comenta un sembrador:

Sí, nos lo dijeron, el compromiso es por 5 años, voy a estar en esa parcela moviéndome: maíz, frijol, amaranto. La cuestión es que los voy a ir cambiando de tal forma que como le estoy poniendo nutrientes naturales a donde estoy sembrando el amaranto y el año que viene lo voy a cambiar, al transcurso de cinco años ya fui beneficiando aplicándoles el abono[3] (entrevista).

Las notas de reunión del miembro de uno de los grupos expresan estos acuerdos a los que se llega: “el compromiso es por cinco años, 1/3 de amaranto, 1/3 de maíz, 1/3 de frijol. Mínimo 1/4 de hectárea para todos los integrantes” (documento, 2016).

Por último, algunos entrevistados reconocen el uso de prácticas comunales como el tequio para algunos de los momentos del ciclo del cultivo de amaranto. Por ejemplo, uno de ellos asegura:

cuando es en cosecha pues invitamos al grupito y nos ayudan, nos ayudamos, así nos vamos apoyando, como siempre sembramos maíz y hay muchos que siembran pues bastante, 1 hectárea por ejemplo o más, este… pues cuando llueve bonito se da harto la cosecha y hay que buscar gente pues para que nos ayuden. Y así se acostumbra aquí nos ayudamos entre todos, y si no tenemos quien nos ayude pues hay que pagar, ¿y de dónde? (entrevista).

Tecnocracia socio ambiental

[en referencia al amaranto] El primer año era tan desconocido que yo creo que estaban pensando que estaba yo sembrando marihuana […] pues se atrevieron a meterse entre los surcos porque se aseguraba que había sembrado marihuana (entrevista).

Al mismo pilar productivo del proyecto Quali lo caracteriza una decisión técnica, es resultado de un impulso que meditan y analizan –por sus diversas experiencias– los fundadores –junto a un grupo técnico– como portadores de saberes científico-técnicos. El testimonio de un sembrador, de modo jocoso, que abre esta sección da cuenta de que sus vecinos piensan que siembra marihuana y evidencia la implantación.

Otro productor reconoce la externalidad del cultivo: “ni lo conocíamos pues, porque hay una hierbita aquí que le decíamos ‘el Quelite’ y crece igualita, nomás que la semilla es negra, y este es blanquita la semilla, pero es la misma hoja que tienen” (entrevista).

La primacía técnica aparece –como se ve previamente– en los relatos de los fundadores y las evidencias documentales, se refiere aquí a tecnocracia socio ambiental, las decisiones y gobierno se sostienen en dicha sapiencia. El interés declarado es social (para con los campesinos) y las variables de “calidad” y “certificación orgánica” incorporan un elemento técnico más.

En esta sección se utilizan ejes de análisis acerca del modelo organizativo de primacía tecnocrática. Si bien se opta por separarlos a fines analíticos, en la compleja realidad se articulan e integran. El criterio teórico es que permita cada uno de estos ejes asir el hilo imposición/apropiación que articula el trabajo.

El primero se afinca sobre cuál es el sustento para ampliar/mantener/reducir acopio de amaranto; el segundo analiza la participación en los grupos de base; el tercero identifica el modo en que gravitan distintos valores al momento de sembrar amaranto y, por último, la percepción de los campesinos sobre la fijación de precios.

Acopio y centralidad técnica

El número de hectáreas y sembradores de amaranto se planifican en función de las necesidades de la agroindustria. Por lo tanto, dentro de la cadena productiva las decisiones acerca de ampliar o disminuir se asientan sobre ese eslabón, los sembradores quedan relegados al rol de “ejecutantes” de criterios en los cuales no se considera su parecer e intereses.

Un texto de los fundadores explicita la “funcionalidad” del mecanismo:

La ventaja de que las familias campesinas sean socias y estén integradas es que desde el principio del ciclo agrícola los agrónomos saben cuántas hectáreas deben promover para la siembra, de acuerdo a los requerimientos de cosecha que se prevean. Desde el inicio se estudia cuál debe ser la estructura de precios en la cadena productiva, para asegurar que sea justo y remunerador para las familias por el trabajo invertido y por el cuidado en la calidad, al mismo tiempo que se asegura que sea competitivo para la elaboración de alimentos nutritivos a un precio igualmente justo para los consumidores, de acuerdo a su valor nutrieconómico (Hernández y Herrerías, 2014: 5).

Por lo tanto, la integración no aparece como un modo de mediatizar decisiones desde la base, sino de tramitar de modo “rápido” lo que se considera en “la cabeza”. De arriba hacia abajo y, en todo caso, lo que sucede en el nivel de los sembradores se tramita con los ingenieros. En términos territoriales este modo de determinación implica una territorialización que se condiciona desde fuera de la unidad productiva o del grupo de trabajo.

Un empleado de importante rango en la agroindustria subraya que cuando se hacen planeaciones anuales estipulan las metas para cada eslabón. De este modo evidencia la dinámica vertical:

Nos fijamos metas de mantener mínimo los costos, el procesar la semilla de amaranto (se establece cuánto vas a procesar), qué alimentos vas a mantener sus costos, desarrollar nuevos alimentos (un alimento lo estamos desarrollando en un año), y se plantea cuál va a ser el camino. Este camino nos lo va dando la dirección de ventas, se plantea desplazar o vender (más bien) tantos millones de pesos y entonces ya de ahí el área agroecológica establece cuánta semilla de amaranto va a promocionar durante el ciclo para que nosotros podamos cumplir con esa meta (entrevista).

Por lo tanto, la “cadena de mando” es en un camino descendente: las decisiones pasan desde el área de ventas hasta el eslabón primario. La territorialización (expansión, retracción o permanencia) se decide a base de criterios de eslabones técnicos, en particular comercialización y agroindustria.

Los ingenieros, en vínculo constante con los campesinos, describen dicha relación de determinación desde el eslabón superior:

De acuerdo al consumo de la agroindustria cada año es la cantidad de toneladas que tenemos que ingresar nosotros de campo. Si agroindustria ocupó en un año anterior cuarenta toneladas de semillas, mínimo tenemos que ingresar cuarenta toneladas de semillas (entrevista).

El testimonio del técnico asume el modo en que los requerimientos agroindustriales conllevan el ampliar la territorialidad:

En este ciclo tuve que buscar más sembradores porque el ciclo anterior, por las condiciones de lluvia escasa hubo muy poca producción, entonces tuve que buscar otros sembradores que tengan pues como mejores condiciones que se les pueda dar al menos un riego de auxilio al amaranto para garantizar la cosecha (op. cit.).

De modo que, el territorio, espacio en disputa, es apropiado –en parte– por dinámicas y decisiones que son ajenas a los campesinos socios; en todo caso, como se verá, estos actúan con racionalidad instrumental, al ceder parte de su control a cambio de otros beneficios.

Grupos, Cooperativas como ejecutantes

Cada una de las cooperativas que están aquí [refiere a Unión sembradores] ellos eligen a sus representantes, hacen sus decisiones de qué hacer, qué fabricar (entrevista).

La afirmación del fundador contrasta con la concepción organizativa de los Grupos, en los cuales los campesinos no participan de la toma de decisiones estratégicas. En todo caso, su voz se limita al amaranto a través de los técnicos, que son el canal mediante el cual pueden plantear sus pareceres y posibles inconvenientes. Los agrónomos suponen una estructura estructurante, pues como “representantes” no son producto de decisiones de la base social, sino de una gestión tecnocrática superior, de modo que limitan las posibilidades y el tipo de demandas que pueden trasmitir y habilitar.

En todo caso el vínculo de representación de las formas de la EPSS permite típicamente, según el grado de burocracia, el constante miramiento de parte del dirigente a las necesidades de la base social. Las facciones conforman un vehículo necesario para viabilizar posibles demandas excluidas. Característica, esta, ausente en los grupos.

La fundadora, directora de Alternativas, evidencia el rol de los agrónomos: “ellos son los que tienen el contacto directo con las cooperativas de sembradores. Cuando hay algún tema con los sembradores, ellos a su vez lo ven con el director y él plantea esos problemas en el grupo” (entrevista).

Un trabajo de análisis de este caso asociativo subraya la condición de sembradores como vínculo central y limitante. De modo sintético afirma:

La colaboración de los socios de las cooperativas se resume a su participación como sembradores de amaranto para la Asociación y son, finalmente, quienes reciben el apoyo con diferentes programas que realiza Alternativas con apoyo de financiamiento de diferentes fundaciones, pero no están involucrados en ninguna otra fase del proyecto (Díaz Duarte, 2012: 69).

Fotografía 2. Campesino miembro de grupo en sembradío de amaranto

image13

Fuente: fotografía propia, enero 2019, Tehuacán.

Un técnico expone, al ser consultado por las interacciones con los campesinos, la primacía productiva del vínculo:

Más bien no lo hacen saber a Quali, me lo hacen saber a mí. Si tienen alguna plaga, supongamos, y ellos no saben o no se acuerdan qué aplicarle, y si yo en esa semana no fui a ver su parcela, pues entonces buscan otro ingeniero que tenga disponibilidad de avisarme a mí y me lo hacen saber (entrevista).

Los múltiples materiales demuestran la ausencia del rol político de representación.

Las palabras del presidente de un grupo de sembradores ante la pregunta de si pueden participar en la toma de decisiones manifiesta la internalización de los papeles dentro de la organización:

No, porque solamente somos… hasta donde yo entiendo y lo que nos han comentado los ingenieros, somos sembradores, no nos han comentado si tenemos alguna opinión o aportes hacia ellos. Nada más sembradores y… a cambio de eso recibimos algunos apoyos (entrevista).

La participación acotada se evidencia en que los presidentes de los grupos tienen como función central –y casi única– la del control del avance del proceso productivo del amaranto. Son ejecutores. Sus palabras muestran que llevan adelante tareas que van desde armar los almácigos de la planta, sembrar, hasta “seguir” y vigilar que los demás miembros del grupo avancen en los distintos estadios. Luego, se encargan de la logística de trillado para sacar el grano de amaranto, para lo cual coordinan el uso de la máquina[4].

En sintonía con la función de los agrónomos, el rol limitado de los presidentes expresa una interpretación propia del Grupo Quali que –como se ve en los aparatos previos– separa el hacer del decidir o, más precisamente, deciden y ordenan aquellos que “saben”.

En tal sentido ante el interrogante para con los presidentes de los grupos acerca de cuál es su tarea, se perciben como “vasos comunicantes” con Quali, una especie de “agente de cercanía” entre el agrónomo y los demás sembradores. De este modo lo expresa el presidente de uno de los agrupamientos:

A cualquier comunicación de parte de Alternativas, sobre todo de los ingenieros, pues los convoco, ¿sí? Los reúno para reunión de información, para diferentes cosas que nos quiere informar, tiempo de siembra, de hacer almácigos, tiempo de, de,… hace unos años comenzamos a hacer obras de infraestructura.

En sintonía con el rol que se otorga a los presidentes de los grupos es evidente que no hay camino posible de ascenso hacia la conducción, por ejemplo, del Grupo Quali. De hecho, si bien se reconoce entre los técnicos entrevistados alguna trayectoria de incorporación a esquemas laborales dentro de la organización (habilitados por capitales técnicos), no se encuentran casos de incorporaciones a la dirección ejecutiva.

Fotografía 3. Trilladora de amaranto

Fuente: fotografía propia, enero 2019, Tehuacán.

La inexistencia de mayores desarrollos por parte de los grupos, o sea su limitación a los esquemas productivos que les presentan los técnicos, da cuenta de la sujeción a la función de ejecutar. Algunos de los entrevistados están en grupos que llevan más de 15 años en Quali y, aun en esos casos, no hay otros despliegues organizativos más allá del cultivo y su etapa primaria.

Sólo en un caso –de los entrevistados– los sembradores afirman que planean mayores procesos, más allá del acopio. Esto sucede en un grupo de reciente conformación, lo cual pareciera sintomático de la no incorporación –aún– de los patrones que demuestran los demás. Su presidente narra acerca de la iniciativa del grupo de adquirir una reventadora de grano de amaranto, o sea avanzar un paso más en el procesamiento, para hacer subproductos: “desafortunadamente no tenemos aquí una reventadora para que al cosechar podamos procesar el producto, pues sí, nos gustaría reventarlo y ya sacarlo al mercado uno mismo, ese sería un objetivo que pudiera tener un mejor beneficio hacia el campesino” (entrevista).

Luego, sostiene que buscan mayor elaboración de la materia prima por el bajo importe: “el precio como bajo, la alternativa sería de mejorar los precios, de reventarlo y que podamos tener nosotros un mejor ingreso, eso es lo que hemos analizado, todavía no lo hemos madurado” (entrevista).

Beneficios diferidos

En nuestras cooperativas de base la gente recibe el pago de su precio de su producción, pero sobre todo reciben muchos apoyos para las mejoras de sus parcelas […] esta yo creo que es hasta más importante para ellos que el puro pago del precio. El pago que Quali ofrece a los sembradores siempre ha estado más alto que el promedio nacional (entrevista).

Las palabras corresponden al fundador del Grupo, hay de su parte una claridad con respecto a que los precios del amaranto que paga Quali, a pesar de ser superiores a los del mercado, no son para los sembradores un motivo para incorporarlo. En tal sentido se refiere este estudio a beneficios diferidos, la posibilidad de obtención de obras es un punto sustancial que los campesinos evalúan al momento de sembrar y mantenerse en los grupos.

En las palabras de los asociados aparece indistintamente la referencia a Quali o Alternativas y, de hecho, apelan más a la segunda denominación. Esto patentiza una dificultad para reconocer las instancias superiores y –además– alumbra sobre la importancia de las obras que acometen con aquella. A su vez, se corrobora que Alternativas pasa –de manera progresiva–, ante la disminución de fondos, desde la figura de “beneficiario campesino” hacia la de “beneficiario sembrador”.

Un trabajo académico describe, aunque no problematiza, las consecuencias del vínculo con dicha complementariedad entre Agua para Siempre y el Grupo Quali:

Aunque sus metodologías de acción se viven paralelamente, se pretende que se relacionen con mayor notoriedad durante el proceso de cada uno, integrando en la práctica las acciones de regeneración ecológica y producción agrícola; esto se puede observar al nivel de producción agrícola en las parcelas de los campesinos, quienes gozan de las ventajas de tener sistemas integrales que les proveen agua para la siembra (Bonilla Hernández, 2008: 59).

Fotografía 4. Tanque de agua, obras de Alternativas

Fuente: fotografía propia, enero 2019, Tehuacán.

Un elemento común que los testimonios subrayan es que los grupos en sus primeros momentos de conformación “pierden” miembros cuando no ven beneficios en obras. Un sembrador narra una especie de “castigo” para aquellos que dejan el grupo y luego piden regresar:

Se fueron muchos abriendo porque no había oportunidades, no había una forma de mejorarse, pero a través del tiempo se van ganando las cositas con el sacrificio. Últimamente ya nos vino unos tanquecitos [se refiere a tanques de agua que les da Quali] que tenemos allá, entonces ya los que salieron querían entrarle pues, ellos también tener eso, pero como se alejaron, ahorita no pueden porque ya está constituido el grupo (entrevista).

Otro campesino sentencia el mismo efecto punitivo y remarca la importancia de los beneficios diferidos: “en principio eran 22, pero se salieron algunos porque ya llevaban un tiempo y no habían apoyos, para acabarla en el año que salieron vino el primer apoyo. Quisieron regresar y dijeron:

–Uds. no quisieron, afuera” (entrevista).

Las palabras de otro sembrador ante la consulta acerca de las razones para ingresar al grupo confirman la importancia de las obras:

Como todos, ¿no?, si no hay organización, si no hay grupo pues no bajan proyectos. La finalidad de este grupito es que nos bajen proyectos pero uno de los requisitos pues es sembrar el amaranto, por eso se hizo esto. Pero ellos iban a buscar apoyos pues, nos han apoyado con tanques de fibrocemento, manguera por goteo y las máquinas para hacer bordos, emparejamientos, en eso nos han buscado apoyos (entrevista).

Fotografía 5. Obra hídrica en campo

Fuente: fotografía propia, enero 2019, Tehuacán.

Los propios entrevistados subrayan que no podrían, o les sería muy dificultoso, realizar dichas obras en sus campos sin el subsidio que les otorgan.

En el vínculo de integración a Quali los sembradores denotan la finalidad (racional) en la urgencia de capitalizar su campo. En términos de la problemática que plantea Bartra en su momento, al no tener participación efectiva sobre las decisiones estratégicas del Grupo, tampoco tienen (ni les dan) posibilidad de meditar sobre el riesgo que pueda significar para la capitalización de la organización en su conjunto. En esa dirección una productora subraya:

Somos varias personas en la cual nos afiliamos para tener un bien común para todos, ¿no? Y en el cual nos apoyan y nosotros tenemos que ser recíprocos para apoyar, en este caso a Alternativas. Le explicaría los beneficios que nos trae, pero a cambio de esos beneficios qué tenemos que hacer para que Alternativas nos pueda apoyar, también nosotros tenemos que ser recíprocos y no fallarles más. ¡Porque en realidad los beneficiaros que tenemos más beneficios somos nosotros! Porque ellos nos apoyan con asesoramiento, con maquinaria, con todo lo que esté al alcance de Alternativas (entrevista).

Sin embargo, el peligro de descapitalizar la organización tiene una resolución (parcial en tanto depende de factores que no maneja) por parte de Quali, en tanto –como se ve en una sección previa– los fondos para las obras no son originados en la faz productiva sino que provienen de fuera de ella. El dinero para la capitalización de los productores se origina en lo que recibe Alternativas y el Programa Agua para Siempre.

Opacidad de los mecanismos de precios

Ellos nos traen ese precio, yo desconozco el precio del mercado. Porque hay otras organizaciones en otros lados pero no sabemos nosotros cómo están los precios. Ellos nos manejan el precio y con ellos nos arreglamos. No hemos visto por otros lados (entrevista).

El testimonio de un sembrador de amaranto demuestra que la fijación de precios, si bien tiene criterios –por grado orgánico– se hace de modo unilateral. El precio es una medida de confianza en tanto pilar económico, aunque en este caso es un mercado en el cual Quali maneja el cuasi monopolio, porque –como se vio previamente– en la región no hay otros compradores.

Por su parte, una trabajadora de la agroindustria describe cierta incertidumbre de los sembradores “a veces pues sí, tienen esa desconfianza que si va a mermar el precio. Siempre se les habla a los sembradores a través de la dirección agroecológica” (entrevista). Reafirma, a su vez, la cadena técnica de transmisión.

En cuanto al mismo eje, uno de los trabajos de investigación sostiene:

La realidad es que las opciones reales de venta de su producto en el mercado que tienen estos campesinos son nulas, y realmente ‘necesitan confiar’ en la honestidad de la institución sobre el peso y el pago, y en el recibo firmado (Díaz Duarte, 2012: 65).

Las palabras de un asociado se enlazan con la opacidad de los mecanismos para fijar los precios y, además, denotan que –como a muchos sembradores– el pago de amaranto se lo toman –de común acuerdo– para pagar la parte que no financia Quali de sus obras[5].

Un sembrador resume de esta manera las tratativas y desconfianza que habilita este manejo opaco de los precios:

Ellos nos dijeron que ellos nos lo compraban, nos dieron en ese entonces un precio de 16 pesos, pero (no me recuerdo bien), pero para mí que el año ante pasado me lo pagaron a 20 pesos, que ni siquiera recibí el dinero porque lo di a cuenta del trabajo que están haciendo de la olla. Porque algunos sembradores dijeron:

–Bueno, es que nos están pagando a 16 pesos y allá en México está a 30 pesos el kilo.

Pues sí, pero irte a México a buscar, no, no tiene caso. O no sembramos o lo vendemos al precio que nos compran. Quizás un atractivo de seguir sembrando el amaranto es lo que lleva implícito, por ejemplo las obras de infraestructura (entrevista).

En la mayoría de los campesinos, salvo pocos casos, la relación entre precio y el trabajo que implica el cultivo aparece en cuestión. A modo de ejemplo, un campesino sostiene que “pues parece ser un poco injusto el precio, pues bueno, es mucho trabajo. Y luego pues la semilla como que no rinde, pues. Como es muy chiquita yo digo que pesa mucha semilla y muy poco el precio” (entrevista).

Hay, como se señala al comienzo, ejes en articulación, los beneficios diferidos complementan las operaciones de racionalidad que hacen los campesinos en cuanto a los precios bajos.

El capítulo, neurálgico para los interrogantes que se plantean en el libro, brinda un análisis con base en material que permite sostener la existencia de una imposición organizativa.

El Grupo Cooperativo Quali genera una importante cantidad de consecuencias positivas para los campesinos, entre las cuales se subraya su capitalización, así como ofrecer alternativas alimenticias ante el alto grado de marginalidad.

Mientras, se describe y reflexiona sobre el tipo de relaciones por medio de las cuales se sujeta a los campesinos a una estructura y dinámica organizacional. Imposición que es mediada por la recepción de beneficios.

Reconocen estos “beneficios diferidos” de modo explícito, no sólo los sembradores sino también los fundadores. Hay, por tanto, una integración en la cual no gravitan proyectos e intereses societales comunes, sino principalmente réditos económicos en forma de obras.

La estructura no cuenta con representantes en el sentido de la EPSS sino una “cinta de trasmisión” en la cual cada engranaje se amolda a patrones técnicos que fijan decisores sin base de representación. Los decisores, en tal sentido, no deben responder a asociado ni representado alguno.


  1. Según afirma el fundador, los nombres de cada una de las uniones son: Corporación Proteínas Americana, Corporación Caudales de Empresas Sociales e Instituto Arizmendiarrieta.
  2. Se modifican los nombres a fines de mantener el anonimato.
  3. El entrevistado se refiere a que el Grupo Quali les garantiza abonos (estiércol y otros minerales), por tal motivo ve con buenos ojos que el amaranto vaya pasando por diferentes parcelas de su campo de modo que le agregue fertilidad.
  4. La máquina trilladora es propiedad de Quali y a medida que los sembradores la solicitan la llevan (los ingenieros) a cada grupo.
  5. Las obras, según los propios campesinos, las financia Quali en un monto mayoritario, alrededor de 80%. El resto la deben pagar los propios sembradores.


Deja un comentario