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Prólogo

Juan José Rojas Herrera[1]

En las siguientes páginas intentaré, en forma breve, destacar las preocupaciones y fines que, a mi entender, motivaron la redacción de la presente obra, así como señalar su relevancia en el actual proceso de construcción del paradigma de la llamada economía popular, social y solidaria (EPSS) por el que atraviesa el mundo y, particularmente, la región latinoamericana. Procuraré, de igual manera, destacar algunas preguntas de investigación que se derivan de las reflexiones contenidas en este trabajo y apuntar alguna advertencia o recomendación de interés general, a fin de que los lectores saquen el mayor provecho posible de la lectura del texto.

Así pues, bajo el sugerente título de ¿Apropiadas o impuestas?, el libro versa sobre la experiencia organizativa de lo que hoy en día se autodefine como el Grupo Cooperativo Quali, cuyos antecedentes y evolución histórica comprenden una rica trayectoria que se extiende a lo largo de las últimas cuatro décadas. Se trata de uno de los núcleos cooperativos mexicanos más reconocidos a nivel nacional y mundial, objeto de varias investigaciones académicas y de numerosos reportajes periodísticos, así como de un merecido ganador de diversos premios locales, nacionales e internacionales.

Su área de actividad económica se concentra en la producción, transformación y comercialización del amaranto y en el cuidado y gestión del agua en la región Mixteca-popoloca, que abarca los estados de Puebla, Oaxaca, Veracruz, Tlaxcala y Guerrero: una de las regiones con mayores niveles de pobreza y marginación del país y, al mismo tiempo, con muy altos porcentajes de población hablante de alguna lengua indígena.

Entre los logros principales del Grupo Quali, se pueden destacar: la recuperación de un cultivo prehispánico con alto valor nutricional, el amaranto, que es sometido a un proceso de transformación agroindustrial para generar una amplia variedad de productos de consumo básico; la realización de numerosas obras hídricas de pequeña escala que permiten el uso sustentable del recurso agua en una región que se distingue por sus elevados niveles de erosión y sequedad, y la puesta en marcha de espacios de beneficio general como el museo del agua y un centro de capacitación técnica altamente especializado.

Desde el punto de vista financiero, el grupo no solamente es estable, sino que exhibe altas tasas de crecimiento en sus ingresos anuales, lo cual le ha permitido sobrevivir a las diferentes turbulencias que han cimbrado a la economía nacional y regional en los últimos años. Su membresía actual supera los mil socios, acuerpados en cerca de una centena de cooperativas de base, y manifiesta un potencial de crecimiento y expansión nada despreciable.

Y, no obstante los indicadores anteriores, Martín Bageneta, en su texto, en lugar de invitarnos a discernir acerca de los factores de éxito en los que se finca esta organización, como tradicionalmente sucede en estudios similares, nos interpela y demanda que enfoquemos la atención alrededor de los defectos y falencias. Que veamos más allá de los factores de orden técnico y financiero que, a primera vista, parecen asombrosos y admirables, para descubrir la existencia de problemas graves a nivel de la vida asociativa y de los procesos de gestión y dirección empresarial.

Para facilitar el tránsito de lo superficial y fenoménico a lo esencial y sustantivo, en la determinación del modelo organizativo que conforma el Grupo Quali, Bageneta utiliza como hilo conductor de análisis la problematización de la naturaleza del vínculo existente entre los sujetos sociales y su forma de organización, lo que equivale al análisis de los procesos de apropiación o imposición que resultan del lugar y función que ocupa el sujeto social con respecto a la gestión empresarial en su conjunto. Ello bajo la premisa de que toda organización social constituye un espacio en el que convergen distintos proyectos que se encuentran en diálogo, disputa y tensión. En el caso de Quali, los grupos de poder identificados son la tecnocracia-directiva y la base social campesina. Entre ambos existe una relación de patrón-cliente cuasi corporativa o instrumental mutuamente beneficiosa, ya que los campesinos obtienen ingresos y servicios de apoyo de parte de la empresa y, a su vez, el cuerpo directivo se beneficia de los privilegios que derivan de su posición de élite.

El sustento de esta interacción se encuentra en una primacía tecnocrática en la gestión cotidiana de la empresa, que se manifiesta en un estilo o forma de adopción de las decisiones que formalmente es democrática, pero que, en la práctica, suplanta la representación social por criterios de orden técnico y que, en términos operativos, se expresa en una división o separación funcional entre acciones de mando y de ejecución. Lo anterior se sostiene, además, en un liderazgo carismático-racional y en la obtención de recursos externos que legitiman la autoridad.

Como puede apreciarse, lo aquí planteado por Bageneta remite a la rediscusión de la teoría de la autogestión empresarial en el ámbito de las formas de organización de tipo cooperativo o solidario. Problemática que, como es generalmente aceptado, inicia con el análisis de la forma en que se crea la organización social porque, indudablemente, la manera en que se fundan las cooperativas es determinante de su desempeño posterior en todos los campos de su acción colectiva. En el medio rural mexicano, las distintas vías de surgimiento de cooperativas que se conocen pueden sintetizarse en las siguientes: a) promovidas por el Estado a través de distintos instrumentos de política pública; b) creadas desde una organización externa, ya sea de carácter académico, político, religioso o sindical y c) por iniciativa autónoma de los campesinos. Así, condicionado por la génesis de las cooperativas, el carácter del modelo organizacional que lleguen a desarrollar, ya sea apropiado o impuesto, estará en relación directa con la motivación principal de su acción social, es decir, si responden preferentemente a los objetivos definidos y compartidos por sus socios o si sólo actúan en forma reactiva, producto de influencias externas.

Evidentemente, el caso que nos ocupa se inscribe en la segunda vía de surgimiento de las cooperativas. Pero intentar explicar la forma en que se ha naturalizado la tensión entre los grupos de interés al interior del Grupo Quali ameritaría una rápida revisión de algunos postulados de la teoría del clientelismo. Bajo esta perspectiva, John Durston, en un trabajo publicado por la CEPAL en 2002, intitulado El capital social campesino en la gestión del desarrollo rural. Díadas, equipos, puentes y escaleras, llega a tipificar el fenómeno subrayado por Bageneta como expresión de un semiclientelismo político, por el cual entiende un proceso de interacción social y orgánica en el que existe un organismo incubador y capacitador que fomenta la organización autónoma, capacita a los grupos de base y los protege y representa en los planos social, económico y político, tanto a nivel local como regional; pero con la finalidad siempre clara de que si los sistemas de autogestión impulsados al seno de las organizaciones de productores logran madurar, el organismo incubador deberá transformarse en un organismo empoderador y de apoyo, concentrado en ampliar el radio de acción territorial de los actores sociales de base, al tiempo que prepara su “destete” definitivo.

Pero, si esto último no ocurre, de acuerdo con la propuesta de Durston, la interacción entre el grupo incubador y los supuestos beneficiarios deriva en un clientelismo pasivo, en cuyos marcos la organización externa termina encajonando a los productores en una relación paternalista, tecnocrática y burocrática, que transforma a la organización social en un ente receptivo y pasivo de productos y servicios, totalmente dependiente del organismo promotor.

Visto así, la pregunta que subyace a las reflexiones del autor de esta obra podría formularse en los siguientes términos: ¿en qué momento o circunstancias una organización externa o empoderadora deja de serlo y se convierte en su contrario, es decir, en un ente controlador y subordinador de la acción colectiva de la base social que representa?

Pregunta que, a su vez, conduce a las siguientes: ¿para no incurrir en este error, en qué momento es necesario dejar que la organización que se incubó camine sola? ¿Qué factores o condiciones deben existir para saber que ha llegado el momento de efectuar el destete? ¿De qué forma se diseñó el proceso de transición, de tal manera que el resultado final fuera empoderar y liberar y no subordinar o sujetar? ¿Se fijó algún plazo, plan de trabajo o cronograma? ¿Se trata de un proceso en el que puedan identificarse fases o etapas definidas? ¿Cuáles serían? Y, en caso de que existan: ¿con qué métodos debemos monitorearlas y evaluarlas?

Desde otro ángulo, también cabría preguntar: ¿cómo sabemos que se ha incurrido en una desviación ideológica, técnica o política que ya no empodera, sino que genera y reproduce dependencia? ¿Cuáles son los factores o indicadores que dan cuenta de esa situación anómala? ¿Hasta qué punto extremo es posible mantener una relación orgánica en la que, entre dirección y base social, se ha perdido la unidad de concepción y de perspectiva estratégica?

Estas interrogantes son clave para el futuro del asociacionismo cooperativo y solidario en América Latina, toda vez que la formación de cooperativas agropecuarias por la vía de la incubación o la labor de animación externa va a continuar durante un largo período con los pros y contras que en el estudio de Bageneta se exponen.

Finalmente y a manera de recomendación general, únicamente sugeriría tener presente que, en definitiva, no se trata de crear cooperativas por crearlas o para que respondan a intereses ajenos, ya sean gubernamentales o privados, sino para que sean realmente autónomas, democráticas y transparentes, pues solamente con tales atributos podrán convertirse en actores colectivos con capacidad real para impulsar las transformaciones estructurales que el campo latinoamericano demanda. Nuevamente, las conclusiones y recomendaciones contenidas en este libro resultan altamente pertinentes a dicho fin.


  1. Departamento de Sociología Rural, Universidad Autónoma Chapingo.


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