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Introducción

Los aparatos autogestionarios son conquistas, instrumentos de beneficio económico, palancas organizativas y a veces tan apasionantes como juguetes nuevos. Pero pueden transformarse en monstruos.

 

Bartra, 1991: 48

El dilema que presenta el epígrafe del mexicano Armando Bartra, escrito a comienzos de los años 1990, abre el problema que aquí se abordará. Es un asunto clásico de los estudios organizacionales el interrogante acerca del grado en que las construcciones grupales, que cristalizan en dinámicas y burocracias, pierden sus objetivos originarios, así como pueden no ser capaces de responder a las circunstancias cambiantes.

En el agro latinoamericano y, en particular, en México acontecen tensiones entre planos sociales que conviven, como son las formas organizativas adoptadas e impuestas, los cambios en la estructura social agraria y las intervenciones estatales y de la sociedad civil. Como resultado de esas distintas coordenadas en las cuales se sitúan miles de experiencias, no hay casilleros fijos para clasificarlas, sino un continuum de formas de agrupamiento social. Esta obra persigue la descripción e interpretación, luego de una profusa revisión bibliográfica, de las características que adopta en el Grupo Cooperativo Quali la apropiación/imposición organizacional de parte de los campesinos[1].

Desde mediados de los años 70 se produce en México, así como en la región, la crisis del vínculo del dominio que articula a la industria sobre la agricultura, propio de la llamada Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI). El Estado nacional despliega políticas de “desarrollo” para con los/las campesinos/as[2] con miras a aumentar la cantidad de alimentos e intenta contrarrestar la desarticulación inevitable del modelo social de mediados del siglo XX.

A fines de los años 80 y comienzos de los 90 se generan las condiciones para la primacía del modelo neoliberal. Su triunfo es posible luego de derrotar las resistencias políticas de los sectores subalternos, en muchos países mediante dictaduras sangrientas. El capital financiero especulativo enlaza su “dominio excluyente” junto a sectores minoritarios del capital de punta –nacionales e internacionales– que se asientan sobre nichos de agroindustria con destino de exportación a países desarrollados. Se expulsa del modelo socio-productivo a obreros y campesinos, de la mano del derrumbe del modelo mercadointernista (Rubio, 2012).

En el nuevo milenio la región demuestra una fuerte expansión en las producciones de commodities, que se enmarca en experiencias políticas populares en muchas de las naciones y en una fase de transición del capitalismo (2002-2014). Las disputas a nivel global entre las potencias encuentran en el mercado alimentario mundial una vía para su canalización (Rubio, 2015).

En el presente inmediato hay diferentes perspectivas acerca de cómo se resolverá dicha disputa. Algunos datos provisorios permiten dar cuenta de que –en el plano político– hay mayor presencia (directa o indirecta) estadounidense sobre su “patio trasero” y, a su vez, indicios de gravitación de las potencias emergentes (China y Rusia).

Estas páginas se encuentran en el campo político-epistemológico que sostiene la necesidad de construir matrices autónomas de pensamiento desde Nuestra América, desde valores y percepciones que los pueblos conforman frente a “cultomanías” impuestas (Argumedo, 2009; Rodríguez, 2015). Las ciencias sociales –la economía entre ellas–, según se conciben aquí, son capaces de un pensar crítico y situado que pregunte acerca de las relaciones sociales presentes en lo económico, que cuestione lo que entendemos por “económico” y que promueva la organización por/del pueblo.

De modo particular estas páginas se insertan en los diversos debates regionales acerca de las múltiples formas que asume la Economía Popular, Social y Solidaria (EPSS); términos como cooperativismo, comercio justo, buen vivir, ferias francas, ejidos colectivos, empresas comunitarias, son –entre otros– referencias de ricas experiencias. Los autores del campo recorren lecturas alternativas, aquellos que se limitan a considerar los avatares normativos de estas formas, los que las conciben como canales de reforma social, así como quienes afirman sus posibilidades para construir relaciones sociales que socaven las bases del sistema capitalista.

En México el campesinado y sus formas de organización son un eje colmado de debates que mutan ante las transformaciones de los modelos socioeconómicos.

El autor Armando Bartra caracteriza certeramente que a partir de los años 70 las organizaciones campesinas colectivas se sitúan como interlocutoras y mediadoras de los recursos del Estado[3]. Encuentra que pierden el centro en el plano político y convierten la base de su legitimidad en la conquista de recursos económicos y, de modo complementario, naufragan en la capitalización. Si bien logran correr a los “coyotes” (mediadores), no utilizan aquella diferencia de capital –que generan– para aumentar la acumulación (Paas et al., 1990; Bartra, 1991).

Otros autores, en la misma línea, reconocen como una debilidad central del cooperativismo agrario que arrastra desde su conformación la consolidación como una herramienta de la acción política del Estado. Registran, en un abordaje corporativo, que a la base social de las organizaciones reivindicativas del campesinado la atraviesan discursos empresariales y campesinos (Moyano y Rojas Herrera, 1997; Rojas Herrera, 2013).

Para esta obra es de gran importancia que en México, así como en buena parte de la región, distintos estudios subrayan la presencia significativa que tienen actores externos a las organizaciones solidarias de los sujetos agrarios a la hora de su conformación y desarrollo. Desde mediados del siglo XX se evidencian intervenciones del Estado, de la Iglesia, y también de fundaciones internacionales, partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil.

A su vez, otros, recientemente, centran su análisis en la EPSS y conceptualizan sobre las características de independencia y autonomía del movimiento campesino-indígena, no sólo en la autogestión productiva, sino en la cultura y el autogobierno (Marañón, 2013).

En este trabajo se entenderán este tipo de organizaciones –al igual que lo han hecho otros autores– como aquellas en las que los actores sociales subalternos de manera autogestionaria, democrática y participativa buscan satisfacer necesidades sociales, económicas, culturales y políticas. Involucran –también– formas económicas que en la óptica del mercado autorregulado no tienen lugar, salvo que se vuelvan pasibles de generar ganancias. No persiguen ese lucro, sino fines sociales a través de su reproducción; hecho que los conceptos de capital social y excedente manifiestan. Según su politización y estructuración, aportan –en diferente grado– al cambio social.

En cuanto a la interpelación del contexto socio-político reciente se subraya que la apertura en México de un nuevo proyecto político (a partir de 2019) con Andrés Manuel López Obrador (AMLO) parece erigirse sobre pilares de la tanda de gobiernos populares de las últimas dos décadas en la región. Suscita expectativas acerca de si las políticas hacia las organizaciones campesinas de la EPSS repetirán los caminos ya transitados o, por lo contrario, implicarán la revisión de aquellas y de la estructura del modelo agroalimentario.

En este amplio panorama el caso de estudio, el Grupo Cooperativo Quali (Quali) se ubica desde hace 39 años en la región Mixteca-popoloca y emerge de la iniciativa de una pareja de fundadores que –desde fuera– impulsan diversas experiencias. La base social es de alrededor de 1088 sembradores de amaranto, en 80 cooperativas que se integran a un segundo nivel –Unión–; conforma una cadena agroindustrial que culmina con la venta de una variedad de productos del cultivo precolonial.

Esta organización tiene múltiples logros y recibe gran cantidad de premios a nivel nacional e internacional. Entre las cuestiones que –de modo sintético– interesa subrayar están: su capacidad de permanencia en el marco de andanadas de agresividad neoliberal; la adaptación del modelo organizativo (plano legal y agroecológico) y la dotación de recursos y servicios a poblaciones marginadas.

El Grupo se integra a una estructura organizacional general en la cual tiene un rol central Alternativas y Procesos de Participación Social A.C.; esta incluye la obtención de donaciones que vuelca en obras hidráulicas y que funcionan en complementariedad –cada vez mayor– con el proyecto productivo. Los testimonios de asociados sembradores expresan una participación limitada en la toma de decisiones, punto central para esta obra.

A diferencia de aquellos casos y momentos históricos en los cuales la forma organizativa se debe a la imposición del Estado, Quali da cuenta de una imposición de un modelo integral desde una tecnocracia a los campesinos, sin una apropiación de su parte.

Las preguntas centrales que guían este libro son: ¿es el Grupo una organización impuesta o apropiada por los campesinos? Y, en todo caso, ¿qué dinámica organizativa asume para la toma de decisiones? Se desprenden, entre otros interrogantes secundarios: ¿cuál es la concepción acerca de las tareas de los componentes de la organización, entiéndase campesinos, técnicos y dirigencia?, ¿qué importancia tienen los recursos que financian esta experiencia?

La hipótesis es que Quali, progresivamente y de la mano del éxito del neoliberalismo, alcanza una forma impuesta de organización. Imposición que se corrobora en la primacía de una tecnocracia socio ambiental con la toma de decisiones sobre elementos técnicos ajenos a los campesinos y, asimismo, si bien porta discursos sociales y ambientales, el modelo de “éxito” es empresarial con una territorialización expansiva tras la demanda agroindustrial.

El diseño de la investigación, si bien sostiene una estrategia de triangulación metodológica, otorga un lugar central a las herramientas de índole cualitativa. A su vez, se opta por un estudio de caso instrumental: a partir de una experiencia (como Quali) se intentan reconocer características organizativas de la EPSS. Parte del esquema metodológico consiste en la lectura acabada de los antecedentes que redunde en una mejor comprensión del caso.

El trabajo se articula en cinco capítulos, cada uno tiene como hilo conductor la problematización acerca del vínculo entre los sujetos sociales y su forma de organización.

En un primer capítulo se presenta la apuesta teórico-metodológica. El andamiaje conceptual reúne aportes de distintos campos disciplinares, ubica estas asociaciones en un territorio en disputa, con una definición multidimensional y en el marco de las problemáticas de la EPSS. Luego se explicitan las herramientas metodológicas que tiene el uso del caso instrumental en diálogo con las concepciones analíticas.

La segunda parte problematiza los antecedentes bibliográficos e históricos de la EPSS en la región, en México y para el caso cooperativo elegido. El apartado es base de las posteriores interpretaciones en tanto visualiza las controversias y contribuciones insoslayables. Se destaca, dada su importancia para este libro, el cúmulo de estudios que señalan que a lo largo del siglo XX se conforma, por un lado, la centralidad del rol de tutelaje estatal sobre organizaciones económicas solidarias del campesinado y, por otro lado, la gravitación –mayor a partir de años 60– de actores externos a los sujetos que las encarnan, en tanto factores de creación y dirección de las organizaciones.

En tercer lugar hay una breve caracterización socio-histórica de la región Mixteca-popoloca, ubicación del caso. Posteriormente se presenta una historia de Quali para llegar a señalar las características presentes. Se comprende allí la narración de los fundadores, así como su problematización. Se identifica la estructura organizacional general en la cual se articulan distintas prácticas y formas legales.

Al alcanzar el cuarto capítulo, en primer lugar se compone una caracterización del Grupo Cooperativo Quali, sus eslabones y –en el plano formal– la Unión cooperativa de segundo grado. Luego, se avanza con ejes analíticos para identificar imposición/apropiación dentro del Grupo; participación y toma de decisiones son importantes para situar la técnica como determinante.

En el quinto capítulo, con base en el recorrido se comparten aportes para el estudio y la praxis de las organizaciones campesinas, para luego pasar a reflexiones e interrogantes. Ambas instancias se piensan de modo articulado entre aquello que se comparte como propuestas y los interrogantes que quedan en el tintero como desafíos.


  1. Este estudio es el resultado del plan de trabajo (UNAM) “Transformaciones y permanencias en la economía social y solidaria ante el agronegocio. Estudios de caso en México y Argentina”, que se desarrolla a fines de 2018 con la generosa dirección de la Dra. Blanca Rubio. A su vez, se articula y complementa con el plan de Carrera de Investigador (CONICET, Argentina) “Estrategias institucionales y desarrollo local ante el agronegocio: estudios de caso de cooperativas agropecuarias en el Gran Chaco Argentino (1990-2010)”.
  2. Si bien durante el libro, para simplificar la lectura, se utilizará el género masculino, se comprende la necesidad de visualizar la presencia de las mujeres y las diversidades de género, en tanto “borradas” en la construcción patriarcal de las organizaciones, así como de la sociedad en la cual se insertan (Segato, 2011).
  3. Mientras en la década del 70 otros autores observan que las organizaciones campesinas, particularmente las cooperativas, son medios insertados por un Estado de clase para eliminar autonomía del campesinado (Oswald, 1979).


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