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7 Los herederos de la ciudad

Horizontes residenciales
en j贸venes de sectores medios

Magdalena Felice

Introducci贸n

El proceso de modernizaci贸n de Buenos Aires, que comenz贸 a desarrollarse a partir de 1870 (Gorelik, 1998), no solo implic贸 la construcci贸n material de un espacio sino tambi茅n la conformaci贸n de una trama de significaciones sobre la ciudad. Por aquel entonces, las decisiones de pol铆ticos y urbanistas fueron configurando el ideal de una 鈥淏uenos Aires europea鈥 (Scobie, 1977; Gorelik, 1998) que, con el tiempo, se tradujo en la concepci贸n de Buenos Aires como una ciudad jerarquizada, reservada para las clases acomodadas. En la actualidad, este ideal no solo mantiene vigencia sino que adem谩s tiene una serie de implicancias simb贸licas, ya que opera en el imaginario territorial y en las pr谩cticas espaciales. Aunque en la Capital confluyan alrededor de 275.000 habitantes en villas, familias en hoteles-pensi贸n, cartoneros y personas en situaci贸n de calle, en los imaginarios sociales Buenos Aires les pertenece a los sectores medios y altos. Mientras aquellos otros son construidos como los intrusos que invaden la ciudad, los sectores medios y altos conformar铆an el universo de los vecinos, quienes merecen habitarla (Boy, Marc煤s y Perelman, 2015; Grimson, 2009).

En este cap铆tulo nos adentramos en los modos de percibir e interpretar la ciudad de un grupo espec铆fico de vecinos, los j贸venes pertenecientes a familias de sectores medios y medios-altos de la Ciudad Aut贸noma de Buenos Aires (CABA), a partir de analizar sus decisiones en torno a la vivienda y la localizaci贸n residencial al momento de emprender la salida de su hogar de origen y construir un hogar propio. Como se帽ala Margulis (2009: 91), los 鈥渟ignificantes urbanos鈥 son percibidos, usados y apreciados de modos diferentes por los diversos grupos que habitan la ciudad; 鈥渃ada grupo les otorga significaciones no coincidentes y a veces muy distintas, que var铆an en funci贸n de sus c贸digos culturales de clase, de etnia o de generaci贸n鈥. Desde una estrategia metodol贸gica cualitativa-interpretativa, este cap铆tulo aborda las valoraciones y las preferencias residenciales de estos j贸venes como una ventana estrat茅gica para explorar sus clasificaciones y sus distinciones espaciales, sus mapas cognitivos urbanos y sus modos de significar la ciudad. El 鈥渆spacio vivido鈥, como lo plantea Lefebvre (2013), ofrece pistas para analizar c贸mo intervienen los actores sociales en la construcci贸n del espacio urbano, tanto a trav茅s de sus pr谩cticas como de sus representaciones.

Diversos estudios han mostrado que, en Buenos Aires, la 鈥渃lase media鈥 se presenta como 鈥渦na poderosa identidad social y las narrativas articuladas en torno a ella resultan particularmente efectivas para (re)producir diferencias de clase y cartograf铆as normativas sobre qui茅nes pertenecen a d贸nde y qui茅nes no pertenecen a ning煤n lugar鈥 (Cosacov, 2017a: 95).[1] En di谩logo con estos trabajos, aqu铆 nos proponemos analizar, a partir de la experiencia de los j贸venes de sectores medios de la CABA, c贸mo operan la condici贸n juvenil y la pertenencia a un sector social determinado en sus percepciones y apreciaciones sobre la ciudad.聽驴C贸mo clasifican y marcan el espacio urbano al buscar una vivienda donde habitar? 驴De qu茅 modo influye en estas clasificaciones el tipo particular de condici贸n etaria? 驴Qu茅 narrativas hist贸ricas sobre la ciudad movilizan en sus relatos?

Para abordar estos interrogantes, trabajamos con un corpus de 20 entrevistas en profundidad realizadas a varones y mujeres de entre 24 y 30 a帽os, pertenecientes a los sectores medios de la CABA, que se han ido de su hogar de origen entre 2009 y el 2014. El trabajo de campo fue realizado entre septiembre de 2013 y diciembre de 2014. Consideramos a los j贸venes de sectores medios como aquellos que han alcanzado un nivel educativo igual o mayor al del colegio secundario completo, cuyos padres poseen trabajos de media o alta calificaci贸n y cuyo nivel educativo tambi茅n es igual o superior al del colegio secundario completo. Dentro de este marco, el tipo de muestra fue intencional, construida a trav茅s de la t茅cnica de 鈥渂ola de nieve鈥. La cantidad de informantes se determin贸 adoptando el criterio de 鈥渟aturaci贸n de la informaci贸n鈥, es decir, hasta considerar que nuevos contactos no aportar铆an elementos novedosos para las categor铆as surgidas de los datos emp铆ricos.

El cap铆tulo se estructura de la siguiente manera. En el primer apartado, presentamos la relaci贸n de los sectores medios y medios-altos con la CABA, a partir de una serie de investigaciones que describen en clave hist贸rica la ocupaci贸n del territorio de Buenos Aires; esta secci贸n pretende enmarcar las decisiones habitacionales de los j贸venes bajo estudio, al dar cuenta de los modos en que se fue construyendo material y simb贸licamente la CABA respecto del lugar que deb铆an ocupar en ella los distintos sectores sociales. En el segundo apartado, nos adentramos en la experiencia de los entrevistados, j贸venes de sectores medios y medios-altos porte帽os, y exploramos sus expectativas residenciales en torno al alquiler y la propiedad, en di谩logo con las condiciones habitacionales en las que emprenden el proyecto de formar un hogar propio. En el tercer apartado, analizamos sus representaciones sobre la ciudad a partir de indagar en sus decisiones sobre la localizaci贸n residencial. Finalmente, en las conclusiones, reflexionamos sobre los modos en que la condici贸n de clase y la condici贸n generacional influyen en sus decisiones sobre el habitar y las formas en que se (re)produce la ciudad.

Buenos Aires en perspectiva: ciudad, espacio dom茅stico y sectores medios

Habitar una vivienda implica ocupar una determinada ubicaci贸n en la estructura urbana que ofrece, de forma desigual, una serie de oportunidades en t茅rminos de acceso a bienes, servicios, infraestructuras, transporte, etc. La localizaci贸n que los agentes ocupan en el espacio f铆sico se encuentra estrechamente ligada a la posici贸n que ocupan en el espacio social y viceversa (Di Virgilio y Heredia, 2013). De acuerdo con Bourdieu (1999), esta localizaci贸n puede ser definida en t茅rminos de 鈥減osici贸n residencial鈥, es decir, como el punto en el espacio f铆sico en el que un agente est谩 situado con relaci贸n a las jerarqu铆as urbanas.

Buenos Aires posee una organizaci贸n espacial signada por sus diferentes sectores socioecon贸micos. En su an谩lisis sobre las caracter铆sticas socioespaciales del 脕rea Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), Grimson (2009: 19) plantea la existencia de dos sistemas espaciales superpuestos que producen un 鈥渟entido territorial en degrad茅鈥. Uno de los sistemas est谩 conformado por tres c铆rculos conc茅ntricos que van, a grandes rasgos, de menos a m谩s pobre: la CABA, el primer cord贸n del conurbano bonaerense y el segundo cord贸n del conurbano bonaerense. Mientras en la CABA 鈥揹istrito pol铆tico con mayor nivel de ingreso per c谩pita del pa铆s鈥 viven alrededor de tres millones de personas, en el conurbano bonaerense habitan alrededor de nueve millones (Grimson, 2009). Como advierte el autor, esta diferencia entre CABA y Gran Buenos Aires es la m谩s notoria y significativa, ya que 鈥渟e trata de una frontera que es jur铆dico-pol铆tica, con l铆mites muy precisos (por la frontera 鈥榥atural鈥 del Riachuelo o el l铆mite de la avenida de circunvalaci贸n General Paz) y resulta estructurante del imaginario territorial y de pr谩cticas espaciales鈥 (Grimson, 2009: 16).

El l铆mite entre la CABA y el Gran Buenos Aires constituye uno de los par谩metros cognitivos de la vida urbana, fuente de notorias implicancias simb贸licas. Desde la CABA, por ejemplo, predomina la tendencia a constituir el Gran Buenos Aires como alteridad. Segura (2015), por ejemplo, se帽ala que el 鈥渃onurbano fue 鈥榗onurbanizado鈥, construido como una unidad espec铆fica y opuesta a la ciudad de Buenos Aires鈥. En sinton铆a con el autor, Carman (2015: 534) destaca que 鈥渓a concepci贸n de Buenos Aires como una ciudad jerarquizada, reservada preferencialmente para las clases acomodadas, puede rastrearse en distintos momentos del siglo XX y, en rigor, jam谩s termin贸 de desmantelarse en los imaginarios sociales鈥.

El otro sistema espacial descripto por Grimson (2009) es el de los 鈥減untos cardinales鈥, que contrapone el norte pr贸spero con el sur tradicional. Si bien no son homog茅neos, tanto en la CABA como en el Gran Buenos Aires, en el norte predominan los barrios de sectores medios y altos, mientras que en el sur suelen proliferar las villas miserias y los barrios populares. Dentro de la CABA, la frontera ser铆a la avenida Rivadavia, 鈥渜ue divide la ciudad en dos territorios sobre los cuales se construyen imaginarios diferenciales y maneras distintas de transitar y de vivir en la urbe鈥 (Boy et al., 2015: 371). Cabe advertir que este binarismo norte/sur es, en verdad, 鈥渓a naturalizaci贸n geogr谩fica de un binarismo social, hist贸rico y contingente鈥 (Grimson, 2009: 18). Se trata, en suma, de barreras territoriales que obedecen a procesos clasificatorios con un origen y un significado social caracter铆stico.[2]

Estas fronteras 鈥搈ateriales y simb贸licas鈥 son producto de la hist贸rica construcci贸n de Buenos Aires como una ciudad de 茅lites. Tal como lo caracteriza Oszlak, 鈥渆l patr贸n predominante de la distribuci贸n social del espacio tendi贸 a concentrar a los pobres urbanos en suburbios crecientemente alejados del centro metropolitano鈥 (1983: 4); mientras que los sectores m谩s acomodados se asentaron en el n煤cleo central, en zonas privilegiadas en t茅rminos de localizaci贸n y acceso a servicios. Esta construcci贸n de Buenos Aires como una ciudad reservada para los mejor posicionados en la escala social resulta de un conjunto de procesos que operan tanto a nivel simb贸lico como material, y en los que participan diversos actores sociales: el Estado, los habitantes y el mercado inmobiliario. A continuaci贸n reponemos un recorrido hist贸rico para comprender c贸mo se ha ido gestando este ideal.

Como punto de partida, la construcci贸n de la Buenos Aires merecida nos remonta al proceso de modernizaci贸n de Buenos Aires, iniciado en 1870, y a los relatos m铆ticos sobre la fundaci贸n de la ciudad capital en torno al ideal de la 鈥渃iudad blanca europea鈥.[3] Los primeros inmigrantes europeos (italianos, espa帽oles, rusos, jud铆os, franceses, alemanes, siriolibaneses, entre otros), provenientes de estratos populares urbanos y rurales, se asentaron en las ciudades puerto de la Argentina, entre ellas, Buenos Aires. Estos migrantes fueron conformando la naciente clase trabajadora y nutriendo el crecimiento de la poblaci贸n de esa ciudad, 鈥渜ue r谩pidamente se convert铆a en una ciudad populosa, en constante expansi贸n y desborde de las infraestructuras edilicias鈥 (Urresti y Cecconi, 2007: 44).

Si el conventillo era la vivienda arquet铆pica de estos sectores populares urbanos reci茅n llegados que se localizaron en el sur; entre 1890 y 1920, la decisi贸n gubernamental de lotear los terrenos perif茅ricos de entonces y ofrecerlos en cuotas a plazos largos para que fuesen adquiridos por los inmigrantes y sus hijos habilit贸 una nueva alternativa: la casa propia (Liernur, 1990). As铆, en el contexto del modelo agroexportador y de la ampliaci贸n del sistema educativo, el acceso a la vivienda en propiedad tambi茅n constituy贸 una de las formas de ascenso social posibles de protagonizar en el mundo urbano durante esos a帽os (Torrado, 2003). Retomando a Adamovsky (2009), Cosacov (2017a: 101) se帽ala que 鈥渢rabajadores, inmigrantes o nativos, encontraron en el 鈥榮er propietario鈥 no solo un elemento de seguridad sino tambi茅n de respetabilidad en el contexto de esa nueva sociedad que se iba conformando en las primeras d茅cadas del siglo XX鈥.

El plan de loteos y de asignaci贸n propietaria desempe帽贸 un papel central en la definici贸n de una grilla urbana cerrada y sin parques, trazada sobre la base de manzanas cuadradas de cien metros. Con este proceso comenzaron a tenderse los trazados urbanos de las periferias de entonces que dieron origen a los distintos barrios que completan la ciudad actual dentro de la traza de la CABA. Los actuales barrios de Boedo, Almagro, Caballito, Villa Crespo, Palermo, Flores, entre otros, conformaron el primer cord贸n de casas bajas que fueron reemplazando los terrenos bald铆os y las zonas de quintas y recreos t铆picos del siglo XIX (Urresti y Cecconi, 2007). Si los distritos del sur correspond铆an a los sectores migrantes m谩s pobres, en estos primeros barrios se localizaban los sectores migrantes protagonistas de una experiencia de ascenso social que dio origen a los estratos medios urbanos.

Durante la d茅cada de 1920, con el radicalismo en el poder, se generaron leyes que permitieron limitar el uso de la propiedad privada en tanto regulaban el mercado de alquiler. Por ejemplo, la Ley 11.156 anulaba cl谩usulas de contrato que exclu铆an a familias con menores y aseguraban al locatario un plazo m铆nimo de un a帽o y medio de alquiler; entre 1923 y 1925, la Ley 11.157 estableci贸 la pr贸rroga de alquileres por dos a帽os y la suspensi贸n de los desalojos en la ciudad y en los territorios nacionales (Ballent, 2005). Este tipo de medidas favorec铆an la localizaci贸n en la CABA de los sectores medios en crecimiento.

Con la crisis econ贸mica de 1930, la inversi贸n inmobiliaria comenz贸 a considerarse una de las pocas rentas seguras (Ballent, 1999). As铆 es que, en un clima econ贸mico y pol铆tico de incertidumbre, la construcci贸n de edificios de departamentos en altura se configur贸 como un modo de asegurar el capital (Aboy, 2010). Estas unidades estaban destinadas a la renta, ya que no pod铆an venderse porque la subdivisi贸n de la propiedad se encontraba prohibida por el C贸digo Civil; como advierte Ballent (1999: 35), este hecho 鈥渃ondujo a una construcci贸n de una calidad media alta, que intentaba minimizar los costos de conservaci贸n y mantenimiento鈥.

Estos departamentos modernos se transformaron en un s铆mbolo del habitar dom茅stico metropolitano, inserto en la ciudad (Ballent, 1999). La demanda de estas unidades fue impulsada por al menos dos factores: el crecimiento de los sectores medios y la concentraci贸n y mayor calidad de los servicios urbanos en el 谩rea central de la ciudad. Tal como explica Liernur (2006), durante este per铆odo, con ingresos similares, pod铆a optarse por vivir alquilando espacios dom茅sticos relativamente reducidos en el 谩rea central, o bien mudarse a 谩reas perif茅ricas con menores infraestructuras comparando la unidad y el terreno, y con mayores tiempos de viaje hacia los servicios y el trabajo desarrollados en el 谩rea central. Mientras la segunda opci贸n hizo surgir los barrios de sectores medios periurbanos, la primera deriv贸 en la masiva reproducci贸n聽de edificios de departamentos en altura para la renta en el centro de la ciudad destinados a sectores medios porte帽os.

A medida que el mercado inmobiliario avanzaba sobre la demanda de los sectores medios en crecimiento, lo hac铆a poco sobre el campo popular (Ballent, 2005), cuyas problem谩ticas habitacionales se incrementaban con la llegada a Buenos Aires de migrantes provenientes del litoral pampeano, atra铆dos por la naciente industrializaci贸n sustitutiva luego de la crisis de 1930. Esta poblaci贸n se localiz贸 en las zonas m谩s pobres. Algunos se alojaron en inquilinatos y conventillos de la ciudad y, cuando la capacidad resultaba insuficiente, en asentamientos irregulares, lo que fue dando origen a las primeras villas miseria (Marc煤s, 2011). Otros se asentaron en el primer cord贸n del conurbano, en los barrios nuevos y cercanos a las estaciones de tren (por ejemplo, Ramos Mej铆a, Hurlingham, Banfield, Temperley, Quilmes, Lan煤s, Gerli, San Mart铆n, Avellaneda), que se constituyeron en 鈥渧erdaderos bastiones de la nueva clase obrera industrial鈥 (Urresti y Cecconi, 2007: 47).[4]

Con la construcci贸n de la avenida de circunvalaci贸n General Paz, en la segunda mitad de la d茅cada de 1930, se establecieron los l铆mites 鈥搈ateriales y simb贸licos鈥 entre la capital y la provincia. Durante el desarrollo del proceso de urbanizaci贸n de la industrializaci贸n sustitutiva de importaciones, la presencia masiva de estos migrantes del interior en la ciudad fue cuestionada por los sectores medios porte帽os que, durante d茅cadas, 鈥渄isfrutaron de ese aislamiento respecto de la vida popular, y tendieron a considerar molesta la presencia de 鈥榣os otros鈥欌 (Grimson, 2009: 22). En este contexto, la General Paz se fue convirtiendo en la marca material de los 鈥渄os pa铆ses鈥 dentro de Buenos Aires: el 鈥渟铆mbolo del borde de la ciudad europea, l铆mite vergonzante detr谩s del cual se acomodar铆a mayormente la nueva poblaci贸n鈥 (Segura, 2015: 131).

Si hasta 1946 el parque habitacional se construy贸 en gran medida sobre la base de la suma de esfuerzos individuales, posibilitado por los procesos de ascenso social y de constituci贸n de los estratos medios, a partir de 1946, con el primer gobierno peronista, el peso de la acci贸n del Estado en materia de vivienda aument贸 de forma notable, ya que se implement贸 una pol铆tica habitacional que, adem谩s de apuntar a la construcci贸n directa de vivienda a cargo del Estado, involucraba el financiamiento de la demanda y una serie de medidas tendientes a la regulaci贸n del mercado inmobiliario (Aboy, 2005; Ballent, 2005). En este marco, la intervenci贸n del Estado 鈥揳 trav茅s de acciones directas o indirectas鈥 avanz贸 tanto hacia los sectores populares como hacia los sectores medios (Ballent, 2005).

De acuerdo con Torres (2006), durante el per铆odo 1947-1960, se observan dos procesos de urbanizaci贸n y de acceso a la propiedad de la vivienda. El primero refiere a la urbanizaci贸n del Gran Buenos Aires, que tuvo como protagonistas a los estratos medianos y bajos de los sectores medios. Estos sectores accedieron a la propiedad de lotes baratos, en los cuales se edificaron mayoritariamente casas individuales. Como explica Aboy (2010: 3), 鈥渓a expansi贸n hacia la periferia fue posibilitada por la infraestructura de transportes, fundamentalmente autobuses subsidiados, encargados de vincular entre s铆 las 谩reas que quedaban alejadas del ferrocarril y tambi茅n a 茅stas con el centro鈥. En cuanto al segundo proceso, Torres se帽ala la densificaci贸n de los barrios de la CABA mediante la construcci贸n de edificios en propiedad horizontal orientados a los sectores medios porte帽os, cuyo n煤mero se increment贸 como resultado de la movilidad social ascendente y la expansi贸n del sector terciario, acelerada en el per铆odo peronista.

Este segundo proceso est谩 asociado a un cambio introducido por el Gobierno peronista en el mercado de los edificios de departamento en altura: la sanci贸n en 1948 de la Ley 13.512 de Propiedad Horizontal, que permiti贸 la divisi贸n de la propiedad por unidades y, con ello, la adquisici贸n de departamentos. Este incipiente mercado de la propiedad horizontal comenz贸 a despuntar en 1950 y se consolid贸 en la d茅cada del sesenta con el otorgamiento de cr茅ditos a trav茅s del Banco Hipotecario Nacional, entre otras formas de financiamiento (Ballent, 1999). El apoyo del cr茅dito oficial benefici贸 fundamentalmente a los sectores medios porte帽os, quienes comenzaron a comprar de modo masivo peque帽os departamentos (Aboy, 2010).

Estas medidas tuvieron un impacto significativo en la materializaci贸n del sue帽o de la casa propia. Hasta entonces, este sue帽o no constitu铆a la modalidad dominante de tenencia del h谩bitat en la ciudad, a pesar de encontrarse arraigado en la cultura residencial de nuestro pa铆s desde la llegada de los primeros migrantes de ultramar, quienes, en un contexto de precariedad y hacinamiento, ve铆an en 鈥渓a casa propia鈥 un horizonte de seguridad que les permitir铆a la organizaci贸n de la vida en t茅rminos de proyecto (Torrado, 2003). Los datos registrados para 1960 por el estudio de Torrado (2003) evidencian el profuso acceso a la propiedad a partir de 1946. De acuerdo con la autora, la proporci贸n de propietarios en la ciudad pas贸 del 17,6% al 46%, entre 1947 y 1960; y en el Gran Buenos Aires, en el mismo per铆odo, el aumento fue del 43,4% al 67%. Para los a帽os sesenta, la Ciudad de Buenos Aires se consolidaba como residencia de los sectores medios y altos, quienes adem谩s se transformaban en gran medida en propietarios (Torres, 2006).

En este contexto, tambi茅n estaba creciendo la ciudad informal, al tiempo que se agudizaba la problem谩tica habitacional de los sectores populares. Esto se manifiesta, por ejemplo, en el crecimiento de las villas miseria que ocupaban terrenos fiscales de la CABA y algunas localidades del conurbano. Gran parte de los migrantes internos y de pa铆ses perif茅ricos, quienes arribaron durante el ciclo desarrollista iniciado en 1958, expandieron el conurbano con la radicaci贸n de las villas miseria en los bordes del primer y segundo cord贸n (Urresti y Cecconi, 2007). A principios de la d茅cada de 1960, con la creaci贸n del Fondo Nacional de la Vivienda y el Fondo Provincial de Vivienda, el Estado impuls贸 planes masivos en la CABA y, sobre todo, en el conurbano, basados en una nueva forma de edificaci贸n y localizaci贸n de los sectores populares: el complejo habitacional compuesto por monoblocks de altura.

Con la crisis econ贸mica de 1975 y el Golpe de Estado de 1976, se restringieron los cr茅ditos estatales y las pol铆ticas de vivienda sufrieron cambios dr谩sticos (Ballent, 2010). Durante la dictadura militar se materializa y explicita un proceso concreto de expulsi贸n de los grupos 鈥渋ndeseables鈥 (migrantes internos y de pa铆ses lim铆trofes, villeros, ocupantes ilegales, etc.) de la Capital hacia localizaciones perif茅ricas, que fue continuado durante los ochenta y profundizado en los noventa (Marc煤s, 2011). El Estado no solo se retir贸 de la construcci贸n de viviendas sociales, sino que llev贸 adelante un programa de erradicaci贸n de las villas mediante el uso de la fuerza y el desalojo, en el marco de un conjunto de expropiaciones para la construcci贸n de autopistas urbanas y el 鈥渃intur贸n ecol贸gico鈥 alrededor de la ciudad (Oszlak, 1991). Este proceso dio por resultado un significativo crecimiento del conurbano bonaerense, cuya cantidad de habitantes superaba para los a帽os setenta la poblaci贸n de la CABA.

Habitar la CABA se tornaba cada vez m谩s exclusivo o, en palabras de Cacciatore 鈥搃ntendente de la CABA durante la dictadura鈥, constitu铆a el privilegio de quienes la 鈥渕erec铆an鈥: 鈥渧ivir en Buenos Aires no es para cualquiera, sino para el que lo merezca. Debemos tener una ciudad mejor para la mejor gente鈥 (citado en Oszlak, 1991: 78).[5] As铆, la CABA se configuraba como una ciudad reservada a los sectores medios y altos; y, como reverso, la periferia urbana, operaba como 鈥渂asurero social鈥 (Gorelik, 2004: 98).

El retorno a la democracia en 1983 no implic贸 un cambio sustancial de las pol铆ticas p煤blicas en materia de vivienda. Durante las d茅cadas de 1980 y 1990, el problema habitacional continu贸 agudiz谩ndose en la CABA con el crecimiento sostenido de las villas y de la poblaci贸n en emergencia habitacional en casas tomadas, hoteles y pensiones o, directamente, en la calle (Ballent, 2010).[6] Mientras tanto, el mercado inmobiliario manten铆a su orientaci贸n hacia los sectores medios y medios-altos. Por ejemplo, los promotores inmobiliarios ampliaron el mercado de los countries club, dirigido a un sector medio alto y, en poco tiempo, a los beneficiarios de la 鈥減lata dulce鈥 de la pol铆tica econ贸mica del Gobierno militar (Ballent, 1999). A su vez, transformaron barrios tradicionales como San Telmo o Palermo mediante el reciclaje de viviendas construidas entre fines del siglo XIX y las primeras d茅cadas del XX (Ballent, 1999), que eran atractivas para los sectores medios. Este tipo de negocio inmobiliario elevaba los precios del suelo urbano, de modo tal que tornaba m谩s costoso habitar esos barrios.

Hacia 1993 se fue consolidando una 鈥渢rama de expulsi贸n鈥 (Rodr铆guez, 2003) sobre los sectores populares de Buenos Aires. La d茅cada de 1990, con su pol铆tica neoliberal, signific贸 la profundizaci贸n del retraimiento del Estado en materia habitacional y su orientaci贸n hacia las demandas de los capitales globales. En su conjunto, las medidas tomadas acentuaron la segregaci贸n socioespacial de los sectores populares.[7] Tal como se帽ala Rodr铆guez (2003: 99), el objetivo de las pol铆ticas urbanas durante d茅cadas 鈥渉a sido transferir la pobreza a municipios perif茅ricos, reservando el derecho a la ciudad para sectores sociales con mayores recursos鈥.

Aun as铆, con el aumento de la marginalidad y la pobreza en las 谩reas centrales, tambi茅n fue emergiendo una creciente presencia de otros en las zonas c茅ntricas de la ciudad, que habitaban en situaciones precarias: personas viviendo en la calle, ocupantes ilegales, cartoneros, cirujas, migrantes internos y de pa铆ses lim铆trofes que habitan en hoteles-pensi贸n. Como analizan Boy et al. (2015: 373), estos actores 鈥渟e encuentran en un contexto incorrecto para los c谩nones de los habitantes porte帽os: los barrios ricos de la ciudad. Para quienes habitan en esos barrios, ese 鈥榦tro鈥 extranjero utiliza un espacio que no le pertenece鈥. Si la ciudad se tornaba cada vez m谩s exclusiva, la presencia de esos otros tambi茅n la volv铆a peligrosa, desde la mirada de los vecinos.

En este contexto, procesos simult谩neos de pauperizaci贸n (los 鈥渘uevos pobres鈥) y de enriquecimiento (鈥渓os que ganaron鈥) signaron a los sectores medios y fragmentaron a un sector de la poblaci贸n hasta entonces considerado homog茅neo (Kessler y Di Virgilio, 2008). Aquellos fragmentos enriquecidos de los sectores medios 鈥搊 clase alta emergente鈥 fueron protagonistas de una 鈥渉uida de la ciudad鈥 hacia el segundo cord贸n del conurbano, donde los promotores inmobiliarios hab铆an construido nuevos countries y barrios cerrados con el apoyo del Estado a trav茅s de la inversi贸n en infraestructura y autopistas (Svampa, 2001). Otros fragmentos, en cambio, permanecieron en la centralidad, 鈥渃apaz de condensar accesibilidad al trabajo y al consumo y proximidad con los v铆nculos familiares鈥 (Cosacov, 2014: 43).

A partir del a帽o 2003, luego de la crisis socioecon贸mica y pol铆tica-institucional de 2001, la acci贸n del Estado nacional frente a la cuesti贸n habitacional adopta un cambio significativo. La creaci贸n del Plan Federal de Vivienda ha constituido la principal estrategia para atender las dificultades de acceso residencial en el territorio metropolitano; se trata de un plan que consiste en la construcci贸n directa de vivienda nueva y el mejoramiento de la vivienda y los barrios precarios preexistentes (Cravino et al., 2012). Sin embargo, en la CABA, la implementaci贸n de la pol铆tica habitacional encuentra como principal inconveniente la escasez y el elevado precio del suelo urbano, lo cual se vincula con la imposibilidad o falta de iniciativa del Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC) para generar la oferta de suelo necesario (Baer y Kauw, 2016).[8] A modo ilustrativo, el estudio de Baer y Kauw (2016: 8), muestra que en la CABA, 鈥渆l precio promedio de oferta de los terrenos aument贸, entre junio de 2002 y junio de 2014, casi nueve veces, pasando de U$S 193 a U$S 1.682 el metro cuadrado鈥.

Bajo estas coordenadas, el acceso a una vivienda en la CABA se ha tornado una meta cada vez m谩s dif铆cil de concretar no solo para los sectores populares sino tambi茅n para ciertos estratos de los sectores medios que tradicionalmente la habitaron. Como analizamos a continuaci贸n, al emprender la salida del hogar de origen, los j贸venes entrevistados 鈥損ertenecientes a familias de sectores medios y medios-altos de la CABA鈥 enfrentan una encrucijada entre el deseo y el merecimiento de habitar la CABA y las restrictivas condiciones de acceso a una vivienda. Sin embargo, su pertenencia familiar, as铆 como la adaptaci贸n de sus expectativas habitacionales a las condiciones objetivas, los transforma en verdaderos herederos de la ciudad.

El sue帽o de la casa propia en la experiencia juvenil de sectores medios

La construcci贸n de un hogar propio pone a los j贸venes ante el desaf铆o de encontrar un lugar donde vivir. Al emprender la salida del hogar de origen, los j贸venes despliegan 鈥渆strategias habitacionales鈥, es decir, un conjunto de pr谩cticas y decisiones en relaci贸n con el modo de ocupaci贸n, el tipo de vivienda, la localizaci贸n, entre otros, en el marco de una estructura de opciones restringida por las condiciones materiales de vida (Bonvalet y Dureau, 2002). Estas 鈥渆strategias habitacionales鈥 se definen en la intersecci贸n entre las necesidades y las expectativas residenciales de los agentes sociales y los condicionantes estructurales (Di Virgilio y Gil y de Anso, 2011).

Recuperando los aportes de la sociolog铆a de la cultura, aqu铆 planteamos que tales expectativas est谩n orientadas por los 鈥渃贸digos culturales鈥 (Margulis, 2009) referidos a los modos de habitar que rigen en cada sector social y en cada generaci贸n. Como sugieren Bonvalet y Dureau (2002), en las formas de acceder a una vivienda influyen varios factores: socioecon贸micos, de car谩cter macro; microsociales, referidos a la situaci贸n socioecon贸mica del individuo y la familia; y culturales, entre los que se incluyen los modelos y valores de una sociedad, as铆 como los universos de sentido y valoraciones de los diferentes grupos sociales.

Los j贸venes entrevistados, que tienen entre 24 y 30 a帽os, pertenecen a familias de sectores medios y medios-altos de la Capital. Estos j贸venes terminaron sus estudios secundarios a los 18 a帽os y, al a帽o siguiente de finalizar, ya cursaban carreras como Dise帽o de Indumentaria, Psicolog铆a, Magisterio, Abogac铆a, Contador P煤blico, Odontolog铆a, entre otras. Algunos se orientaron hacia carreras art铆sticas e ingresaron a conservatorios o institutos universitarios de arte. La mayor铆a complet贸 los estudios superiores; los m谩s j贸venes contin煤an cursando. Un tercio de los que finalizaron inici贸 estudios de posgrado. En cuanto a su situaci贸n afectiva, ninguno est谩 casado ni tiene hijos, y la mitad est谩 de novio. Respecto de su situaci贸n laboral, todos son activos, perciben ingresos y se desempe帽an en empleos afines a sus estudios. Algunos trabajan en relaci贸n de dependencia en el Estado, en empresas privadas o en organizaciones no gubernamentales, y otros combinan diferentes trabajos.

Las trayectorias de los entrevistados se inscriben en la experiencia juvenil de sectores medios, caracterizada por la conjunci贸n de una 鈥渕oratoria vital鈥 y una 鈥渕oratoria social鈥 (Margulis y Urresti, 1998). Por una parte, ser joven supone ocupar una determinada posici贸n en la estructura temporal vital que, a diferencia de los mayores, les otorga un 鈥渃r茅dito temporal鈥 que se traduce en un menor n煤mero de compromisos asumidos y en un mayor tiempo disponible para experimentar. Por otra parte, el sector social de pertenencia introduce diferencias en los modos de experimentar la juventud; en particular, estos j贸venes suelen atravesar un per铆odo de 鈥渕oratoria social鈥, es decir, una etapa m谩s o menos prolongada dedicada a la capacitaci贸n, la experimentaci贸n y la preparaci贸n para la vida futura en la que a煤n no se asumir铆an las responsabilidades tradicionalmente asociadas a la vida adulta, tales como el empleo y la familia propia (Urresti, 2011).

La posici贸n en la estructura temporal vital involucra una experiencia hist贸rica particular, la de su generaci贸n, en la medida que tener una edad y no otra implica haber sido socializado en un momento hist贸rico determinado con una configuraci贸n social espec铆fica (Margulis y Urresti, 1998). La particularidad de los j贸venes como actores hist贸ricos radica en el hecho de ser 鈥渘ativos del presente鈥. Los j贸venes 鈥渁terrizan鈥 en este presente y en 茅l construyen sus mundos de vida: forman su personalidad, confeccionan su cultura y organizan su mundo perceptivo y sensible (Urresti, 2011). En este sentido, las clasificaciones, las pr谩cticas y las elecciones de los j贸venes est谩n orientadas tanto por un 鈥habitus de clase鈥 (Bourdieu, 1997) 鈥揺sos esquemas evaluativos de posibilidades y limitaciones objetivas asociados a la posici贸n ocupada en la estructura social鈥 como por un 鈥habitus generacional鈥 (Margulis y Urresti, 1998). De acuerdo con los autores, cada generaci贸n puede ser considerada como perteneciente a una cultura diferente, en la medida que incorpora en su socializaci贸n modos propios de percibir, apreciar, clasificar y distinguir.

En relaci贸n con las caracter铆sticas de la familia de origen, los j贸venes entrevistados son nietos o bisnietos de inmigrantes europeos, de pa铆ses como Italia, Espa帽a, Polonia, Alemania, entre otros. Seg煤n cuentan, sus abuelos lograron concretar el sue帽o de la casa propia en Buenos Aires a trav茅s del ahorro personal y, en menor medida, de cr茅ditos ofrecidos por bancos y empresas constructoras, durante las d茅cadas de 1950 y 1960. En relaci贸n con las caracter铆sticas educativas y laborales de los padres, que hoy tienen entre 55 y 65 a帽os, podemos dividir entre quienes tienen padres profesionales y propietarios (incluso de m谩s de una vivienda), y aquellos con padres empleados o comerciantes, y propietarios de la vivienda que habitan, la cual tienen como bien de familia. Los barrios de residencia de los padres son Flores, Caballito, Almagro, Villa Crespo, Palermo, Belgrano y Colegiales, es decir, barrios que hist贸ricamente fueron ocupados por los sectores medios y que se caracterizan por contar con una adecuada infraestructura urbana y servicios sociales b谩sicos.

Al emprender el proyecto de salida del hogar de origen, varios de los j贸venes entrevistados so帽aban con comprar una vivienda. Ser propietario se presentaba dentro del horizonte de lo probable y lo posible, como una forma habitual de habitar. Esta expectativa inicial parec铆a apoyarse, m谩s que en la evaluaci贸n de las condiciones objetivas del mercado de la vivienda y de las posibilidades materiales concretas, en la trayectoria residencial familiar: tanto los abuelos como los padres de estos j贸venes 鈥揾ist贸ricos vecinos de la Capital鈥 eran due帽os del inmueble donde habitaban. Como se帽ala Bonvalet (1997), la familia suele operar como un 鈥済rupo de referencia鈥 en relaci贸n con la 鈥渃ultura residencial鈥, ya que es productora de im谩genes de memoria y de proyectos respecto al habitar. Melina (30 a帽os), por ejemplo, planeaba comprar una vivienda a trav茅s de un cr茅dito hipotecario. Siempre hab铆a pensado en comprar, era un sue帽o colectivo, que compart铆a con su familia. 鈥淰engo de familia italiana y, viste que te dicen, mi viejo ten铆a una empresa de construcci贸n y siempre te dicen que alquilar es plata tirada, en definitiva鈥. En la familia de Melina, 鈥渘unca nadie alquil贸鈥.

En este marco, 鈥渆ntrar en alquiler鈥 aparec铆a como un modo de renunciar al sue帽o de la casa propia, ya que disminu铆a su capacidad de ahorro al tener que pagar los costos de 鈥渋ngreso鈥 al alquiler y destinar parte del sueldo en el monto mensual. Seg煤n cuenta Manuel (26 a帽os), 鈥測o sent铆a que una vez que alquil谩s, no te mov茅s m谩s. Mis viejos me dec铆an 鈥榚l que alquila, alquila toda su vida鈥欌. Su testimonio resulta comprensible bajo las opresivas condiciones en las que opera el mercado de alquiler en la CABA. De acuerdo con el informe de Reporte Inmobiliario (2013), el alquiler medio de un departamento usado de tres ambientes se increment贸 entre un 47% y un 57% entre el 2011 y el 2013, seg煤n el barrio; esto insume entre un 30% a un 50% de un sueldo promedio de la CABA. Adem谩s, en general, se debe contar con el dinero de un mes de alquiler por adelantado, un mes de dep贸sito, comisi贸n de la inmobiliaria, gastos administrativos e, incluso, con un familiar que pueda acreditar una garant铆a inmueble en la CABA. Si tenemos en cuenta que este argumento se extiende a las renovaciones de los contratos de alquiler (con los consecuentes pagos de comisiones), la gravedad de la situaci贸n de los inquilinos se agudiza.

Los mensajes de sus padres, as铆 como sus propias valoraciones, reflejan la clasificaci贸n jer谩rquica de los modos de tenencia de la vivienda que existen en sociedades como la argentina, donde el valor est谩 puesto en la propiedad y la condici贸n de inquilino aparece como una forma transitoria de habitar la vivienda, un sustituto respecto de lo que se considera el objetivo ideal (Cosacov, 2012). En los relatos de los j贸venes, ser propietario se presenta como una suerte de patr贸n cultural transmitido de generaci贸n en generaci贸n y respaldado por la experiencia concreta de formar parte de una familia 鈥搎ue logr贸 ser鈥 propietaria. Este 鈥渕andato residencial鈥 influye en las decisiones habitacionales de los j贸venes y estructura la forma de concebir su inserci贸n en la ciudad. Al ser incorporadas, esas experiencias de 鈥渙tros significativos鈥 como la familia, transmitidas a trav茅s del lenguaje y de las pr谩cticas, influyen tanto en los cursos de acci贸n como en las aspiraciones y los planes para el futuro. Para expresarlo en t茅rminos de Bourdieu (1997), orientados por un 鈥habitus de clase鈥, la casa propia aparec铆a en el horizonte de estos entrevistados como una alternativa pensable, deseable y posible; en definitiva, una condici贸n merecida dado su curr铆culum residencial.

Sin embargo, las expectativas habitacionales de estos j贸venes se truncaron cuando se enfrentaron a la realidad de buscar una vivienda en el contexto presente. Los j贸venes repiten una voz que hace eco generacional: 鈥渃omprar es imposible鈥. 鈥淢e tir茅 para atr谩s鈥, explica Daniela (29 a帽os), cuando 鈥渕e di cuenta de que con un sueldo, a los 50 a帽os, con suerte, y priv谩ndome de muchas cosas [pod铆a llegar a comprar]鈥. Su testimonio da voz a la tendencia que revelan las estad铆sticas sobre el mercado inmobiliario y el acceso a la vivienda formal en la CABA. De acuerdo con Baer y Kauw (2016: 18), entre 2009 y el 2013, se debi贸 destinar entre 3,4 y 5,5 m谩s a帽os de ingresos medio para la compra de un inmueble en la CABA. Por ejemplo, mientras que en 2009 se necesitaban 8,5 a帽os de ingresos medio para comprar un departamento de dos ambientes a estrenar en el barrio de Villa Crespo, en 2013 se requer铆an 11,9 (Baer y Kauw, 2016).

Las posibilidades de obtener un cr茅dito hipotecario tambi茅n se vieron frustradas. Andr茅s (26 a帽os), por ejemplo, a pesar de tener un empleo calificado y en blanco como abogado en un organismo estatal, no pod铆a 鈥渆ntrar a un cr茅dito鈥. El principal motivo era que no consegu铆a el 30% inicial. Lucas (27 a帽os), junto a su novia, tambi茅n lo pensaron y averiguaron los requisitos. 鈥淭en铆a que sacar un cr茅dito hipotecario que no existe. Ni el banco me daba la plata鈥, recuerda el joven. Para Melina, que trabajaba en relaci贸n de dependencia, el problema era que le daban una suma de dinero 鈥渋rrisoria鈥: 鈥渆l tema es que por la entrada que yo ten铆a, lo que me daba me alcanzaba para una cochera. Era una cosa irrisoria鈥, explica. Pens贸 en aplicar al Programa de Cr茅ditos Hipotecarios Primera Casa BA,[9] pero no cumpl铆a con los requisitos porque 鈥渆ntre las condiciones est谩 que vos no pod茅s estar conviviendo con un propietario. Y como yo conviv铆a con mi vieja no pod铆a aplicar. [鈥 Son cosas como que no las pod茅s creer, ten茅s un buen laburo, y qu茅 s茅 yo鈥.

Las experiencias de estos j贸venes se encuentran enraizadas en un contexto en el que se ha reducido la oferta de cr茅ditos hipotecarios y su acceso resulta cada vez m谩s restrictivo. Altas tasas de inter茅s, plazos cortos, montos m谩ximos que no alcanzan a cubrir el costo de un departamento, una desproporcional relaci贸n cuota-ingreso: todos estos factores conducen a que el asalariado medio encuentre acotadas sus posibilidades de calificar para un cr茅dito en la CABA (Baer y Kauw, 2016). A modo ilustrativo, el informe de Cosacov (2012) revela que la incidencia de las hipotecas en la compra-venta de inmuebles en la CABA ha tendido a disminuir: mientras que en el 2000 representaba el 20% de las operaciones de compra-venta, en el 2010 representaba solo el 5,8%.

La experiencia hist贸rica en la que les toca vivir su juventud les va ense帽ando que 鈥渃omprar es imposible鈥. El relato de sus padres, una suerte de receta m铆tica sobre c贸mo llegar a ser propietario, resultaba inveros铆mil bajo las coordenadas del mercado habitacional presente. Recomendaciones del tipo 鈥渆sper谩, esper谩 a juntar plata para poder acceder a un cr茅dito鈥 o 鈥渟i pod茅s, en vez de alquilar, esa cuota mensual que pag谩s ponela en un pozo鈥, sonaban como a帽oranzas de otra experiencia hist贸rica. Sus padres, hijos de otra constelaci贸n temporal, repet铆an un discurso que en las generaciones recientes no encontraba anclaje material.

Frente a este aprendizaje generacional en torno a que 鈥渃omprar es imposible鈥, los j贸venes entrevistados no se quedan en la casa familiar de origen ni renuncian al proyecto de formar un hogar propio. Algunos 鈥搇os mejor posicionados en la escala social, con padres profesionales y propietarios de m谩s de un inmueble鈥 recurren a la 鈥渁yuda familiar鈥 que, bajo distintas modalidades,[10] les allana el camino hacia la conquista de la casa propia. Otros, que no cuentan con ese 鈥渞espaldo鈥 econ贸mico de la familia de origen, se vuelcan al mercado de alquiler bajo la consigna de que, si en el contexto socioecon贸mico presente 鈥渃omprar es imposible鈥, alquilar se torna la alternativa m谩s racional, incluso cuando implica enfrentarse al mandato familiar de ser propietario. Florencia (26 a帽os), por ejemplo, recuerda el momento en que, a pesar de la insistencia de su padre para que no alquilara, ella decidi贸 鈥渄esprenderse鈥 de esos mensajes.

Cada vez que yo lo hablaba era 鈥渢rat谩 de comprar, no tir茅s plata鈥. El tema es que vos dec铆s 鈥渂ueno, trat谩 de comprar鈥, pero no s茅 c贸mo hacerlo. […] Despu茅s eso se fue dilatando hasta que, bueno, fue como desprenderme de un mont贸n de cosas que yo sent铆a que me ten铆an atada y decir: 鈥渕e voy, no importa si alquilo鈥. Como que ya eso ni me influy贸 ni me importaba tanto鈥 Era la 煤nica forma de irme [de mi casa de origen].

Tal como analizamos en otro trabajo (Felice, 2017), si bien la historia residencial de la familia de origen influye en sus proyectos y expectativas, la experiencia generacional les permite introducir modificaciones en los mandatos heredados. Bajo las condiciones del mercado habitacional y en el marco del proyecto de construir un hogar propio, alquilar se presenta como una alternativa pensable y hasta necesaria, en contraposici贸n a los mensajes de los padres para quienes el alquiler representa una p茅rdida. Al adaptarse a la experiencia hist贸rica que les toca vivir, estos j贸venes de sectores medios revalorizan el alquiler como un instrumento para construir su autonom铆a.

Esto no supone que el sue帽o de la casa propia deje de tener vigencia en los c贸digos culturales de estos j贸venes de sectores medios. Como sus padres, ellos tambi茅n desean ser due帽os porque la propiedad brinda 鈥渆stabilidad鈥 y 鈥渢ranquilidad鈥. Sin embargo, a diferencia de los mayores, estos j贸venes reconocen que, por ahora, la vivienda propia no ser谩 parte de su experiencia. En este sentido, sus decisiones habitacionales expresan un 鈥habitus de clase鈥 y, a la vez, un 鈥habitus generacional鈥, pues llevan la marca del tiempo hist贸rico y social en el que les toca vivir su juventud.

La inserci贸n en el mercado de alquiler parece ser una alternativa recurrente en la CABA si consideramos que, entre el 2001 y el 2010, se ha producido un aumento significativo de la proporci贸n de inquilinos respecto a la de propietarios. Seg煤n el informe del Cosacov (2012), mientras en el 2001 alrededor del 68% (692.210 hogares) de los hogares de la CABA eran propietarios de la vivienda en que habitaban y solo un 22% (14.051 hogares) eran inquilinos; en el 2010, la cantidad de propietarios disminuy贸 a un 56% (648.958 hogares) y la proporci贸n de hogares que alquilan la vivienda donde habitan aument贸 a un 30% (69.785 hogares).

El recorrido realizado hasta aqu铆 permite se帽alar que, aunque estos j贸venes de sectores medios sue帽en con ser propietarios, sus modos de significar el alquiler y la propiedad se adaptan al momento hist贸rico que les toca vivir. De alguna manera, su condici贸n juvenil construye nuevos sentidos sobre la tradicional jerarqu铆a en la que la propiedad se sit煤a en la cima de la escala residencial y el alquiler en la base. Ahora bien, cuando nos sumergimos en las tramas de sentido de estos j贸venes de sectores medios porte帽os, advertimos que la imposibilidad de comprar referida en las entrevistas tiene coordenadas espaciales definidas. Tal como analizamos en el pr贸ximo apartado, comprar es imposible en la CABA y en ciertos barrios en particular; en efecto, si el alquiler es la 煤nica alternativa, lo es como condici贸n para permanecer en la ciudad 鈥渕erecida鈥.

La Capital, divino tesoro: las decisiones de localizaci贸n residencial

En tanto implica el acceso a una nueva vivienda, la salida del hogar de origen en sectores medios puede ser abordada en t茅rminos de 鈥渕ovilidad residencial鈥, ya que habilita 鈥搖 obliga鈥 a realizar modificaciones en las formas de inserci贸n en la ciudad, que producen efectos sobre las condiciones de vida y el estatus social de los hogares (Cosacov, 2014; Di Virgilio, 2011). Elegir un lugar de residencia es optar por una relaci贸n con la metr贸poli y tambi茅n por un entorno inmediato f铆sico y social (Bonvalet y Dureau, 2002: 84).

Por una parte, residir en el n煤cleo central o en la periferia, as铆 como localizarse en un barrio o en otro, introduce diferencias en las posibilidades de acceso tanto a bienes y servicios como al desarrollo de actividades (Di Virgilio, 2011). Por otra, la localizaci贸n residencial es un soporte esencial del estatus social, 鈥渆s considerada como el signo de una posici贸n en la sociedad, y a este t铆tulo puede jugar el papel de una vitrina social鈥 (Bonvalet y Dureau, 2002: 81). En di谩logo con Bourdieu, Abramo (2002) acu帽a la categor铆a de 鈥渃apital locacional鈥 para referirse a las externalidades y a los beneficios que otorga una determinada 鈥減osici贸n residencial鈥. Esta posici贸n configurar铆a el capital locacional con el que cuentan los individuos y las familias.

En las decisiones habitacionales de los j贸venes entrevistados, la localizaci贸n constituye un aspecto central que encauza las b煤squedas y condiciona sus oportunidades. En sus relatos identificamos al menos dos recortes del espacio urbano configuradores de sus horizontes residenciales. El primer recorte acota el radio de opciones a la CABA, al reactualizar la frontera CABA/conurbano. El segundo moviliza las barreras internas de la CABA y selecciona los barrios hist贸ricamente asociados a los sectores medios, tales como Caballito, Almagro, Villa Crespo, Palermo y Colegiales, que cuentan con buena infraestructura urbana y servicios. Mientras la primera operaci贸n se produce de manera semiautom谩tica y pasa inadvertida para los j贸venes, la segunda es el resultado de un balance entre las expectativas y las posibilidades objetivas.

Al momento de buscar una vivienda, una condici贸n determinante act煤a de manera latente: habitar 鈥搊, m谩s bien, permanecer鈥 en CABA. De acuerdo con sus relatos, esta preferencia obedece a que all铆 est谩 鈥渢oda su vida鈥: sus afectos 鈥搇a familia de origen, los amigos y, con frecuencia, tambi茅n las parejas鈥 y sus actividades cotidianas 鈥揺l estudio, el trabajo, los cursos de idioma, de m煤sica o danza鈥. Andr茅s, por ejemplo, cuenta: 鈥渟iempre busqu茅 en Capital鈥 Caballito, Almagro. No irme de ac谩 porque tengo toda la vida ac谩. El comit茅 [de militancia pol铆tica], mis amigos, mi familia; todo. A otra zona no me hubiera ido. Viv铆 siempre ac谩鈥. La CABA constituye el territorio conocido de estos j贸venes, su punto de salida y 鈥搒eg煤n aspiran鈥 tambi茅n su destino.

En este marco, la Avenida General Paz representa el l铆mite material y simb贸lico de su horizonte residencial: mudarse al conurbano no aparece como una opci贸n. En verdad, no surg铆a en sus relatos hasta que introdujimos una pregunta al respecto para enmarcar sus expectativas residenciales. Por ejemplo, al preguntarle a Clara (25 a帽os) por las condiciones de la b煤squeda del depto, ella resalta que 鈥渘o ten铆amos muchas limitaciones de zona, est谩bamos buscando medio por todos lados鈥. Sin embargo, al sugerirle si consideraron buscar en el Gran Buenos Aires, enseguida se corrige y especifica: 鈥渂ueno, todo Ciudad, capital. Porque los tres somos de capital y estamos con una vida muy de capital. Los tres est谩bamos en el momento en que nos mudamos estudiando, trabajando, todo鈥. Algo similar se帽ala Florencia: 鈥渘o, nunca. No, no, no. Nunca pens茅 en alejarme mucho de la zona. Yo me siento c贸moda porque la conozco y porque鈥 ac谩 [en CABA] todo lo que es transporte es como que est谩 lleno鈥.

Para estos j贸venes de sectores medios que siempre habitaron en la CABA y all铆 se socializaron, el conurbano es una suerte de territorio ajeno 鈥搚, en este sentido, lejano鈥 en el que se sienten extranjeros. Como se帽ala Giglia (2012: 16), 鈥渓a relaci贸n reiterada con cierto espacio lo transforma en algo familiar, utilizable, provisto de sentido, en una palabra domesticado鈥 y, como contrapartida, aquellos espacios no cargados de tal familiaridad 鈥渟e nos figuran como potencialmente inh贸spitos, por no decir inseguros, por el simple hecho de ser territorios desconocidos, es decir, no domesticados鈥. Desde su posici贸n residencial de origen, articulada con su posici贸n en el espacio social, estos j贸venes han construido una experiencia urbana arraigada en la CABA; 茅ste es el 鈥渓ugar practicado鈥 (De Certeau et al., 1994), aquel del cual se apropiaron a trav茅s de usos y pr谩cticas.

Tal como manifiestan en sus relatos, en la CABA 鈥渟aben moverse鈥: tienen esos conocimientos pr谩cticos que les permiten saber c贸mo transitar o usar la ciudad; lo que implica, adem谩s, conocer qu茅 zonas son adecuadas y cu谩les inadecuadas, tanto en t茅rminos morales como de estatus social. En este sentido, los j贸venes portan un 鈥habitus socio-espacial鈥, esto es, 鈥渦n saber incorporado sobre el espacio que se hace presente en las pr谩cticas, pero que no es expl铆cito鈥 (Giglia, 2012: 16). Este habitus socio-espacial, que les permite habitar y usar el espacio, tambi茅n los ordena y los 鈥減one en su lugar鈥, de modo tal que, a trav茅s de sus pr谩cticas, construyen y reproducen la domesticidad (Giglia, 2012). Tal vez por ello la CABA opera en las decisiones de localizaci贸n de los entrevistados como una condici贸n naturalizada que solo se hace contingente para el observador externo.

A esta domesticaci贸n de la CABA versus el lejano conurbano, se suma otro factor por el cual eligen permanecer en la CABA: las condiciones de accesibilidad al trabajo y al consumo. Retomando a Miralles y Cebollada (2003), Cosacov (2014: 45) define la 鈥渁ccesibilidad鈥 como 鈥渓a facilidad con que cada persona puede superar la distancia que separa dos lugares y de esta forma ejercer su derecho como ciudadano, vincul谩ndola al n煤mero de opciones que tienen los diferentes ciudadanos para acceder a los lugares y las actividades鈥. Es decir, la accesibilidad depende de la conectividad entre los puntos del espacio; por ello, resulta crucial la relaci贸n respecto a la red de transporte p煤blico. Para los entrevistados, estar 鈥渂ien ubicados鈥 o 鈥渢ener acceso r谩pido鈥 a los 谩mbitos que frecuentan (como el trabajo y los espacios de consumo y ocio) constituye una de las ventajas de residir en la CABA respecto del conurbano. Mat铆as (24 a帽os), por ejemplo, indica: 鈥渘o, provincia, no. La distancia es la primera contra y, adem谩s, yo de provincia no conozco mucho. Eso es una clara desventaja鈥.

De alguna manera, la preferencia por la CABA tambi茅n incluye una referencia a las caracter铆sticas del desarrollo urbano que hist贸ricamente fue asumiendo el AMBA. Tal como se帽ala Oszlak (1991), con excepci贸n de ciertas 鈥渋slas residenciales鈥, a medida que se avanza desde el n煤cleo central hacia la periferia del 脕rea Metropolitana, el equipamiento y la infraestructura de servicios resultan m谩s precarios. Por ejemplo, el sistema de subterr谩neos con el que cuenta la CABA, a diferencia del conurbano, constituye un factor significativo en las decisiones de los entrevistados. 鈥淢e tomo un subte y estoy [en el trabajo]鈥, se帽ala Natalia (25 a帽os), y con ella coinciden varios j贸venes. Esta accesibilidad es parte del capital locacional que procuran (man)tener en su nuevo hogar.

Como han contribuido a mostrar diversas investigaciones,[11] el Gran Buenos Aires es un paisaje heterog茅neo en el que conviven barrios tradicionales de clase media, urbanizaciones privadas, zonas industriales, villas, asentamientos y conjuntos habitacionales construidos por el Estado, deteriorados o inconclusos (Carman, 2015). Sin embargo, desde la perspectiva de estos j贸venes de sectores medios porte帽os, cuya vida cotidiana est谩 anclada en la CABA y para quienes transitar el conurbano no constituye una necesidad, la diversidad del Gran Buenos Aires queda simplificada en la categor铆a 鈥減rovincia鈥, en la que adem谩s depositan los sentidos socialmente aprendidos 鈥搚 heredados鈥 de su 鈥渄esorden鈥 y su restringida conectividad. En el siguiente testimonio de Andr茅s, por ejemplo, podemos rastrear esta doble distancia que construyen entre la CABA y el conurbano: por un lado, una distancia asociada a la conectividad; por el otro, una distancia simb贸lica, en tanto lejan铆a experimentada por la falta de los conocimientos necesarios para transitar y habitar ese espacio.

Yo soy muy porte帽o, tengo todo ac谩. Aparte, creo, un tema de transporte, todo ser铆a鈥 tengo toda la vida ac谩, ser铆a鈥 si me voy a provincia, se me complica la vida, 驴entend茅s? Yo voy al laburo, vuelvo a las tres de la tarde, llego a casa, me pego una ducha, voy al comit茅 [de militancia], voy a visitar a mi abuela, un amigo鈥 Los s谩bados juego al f煤tbol ac谩 [en Capital], voy a comer a lo de mis amigos, nos juntamos por ac谩. Un tema de distancia m谩s que nada, el tema provincia, y el n煤cleo familiar y de amigos est谩 ac谩. (Andr茅s, 26 a帽os)

As铆 como el conurbano no aparece en el horizonte de estos j贸venes como una alternativa residencial pensable, deseable y posible para habitar, tampoco todos los barrios de la Capital figuran como alternativas viables. De acuerdo con sus testimonios, los j贸venes buscan zonas donde se 鈥渟ientan bien鈥 y 鈥渃贸modos鈥, y eso se vincula con el sentido de familiaridad atribuido a un barrio. Daniela, por ejemplo, cuenta: 鈥測o buscaba un lugar que me sintiera c贸moda [鈥 Y conocer, conocer el lugar, conocer el movimiento鈥. Mat铆as, por su parte, explica: 鈥渓a primera opci贸n era Caballito, porque ya nos mov铆amos, tanto yo como mis amigos y mi familia, nos mov铆amos en ese entorno鈥.

Como se帽ala Giglia (2012: 16), 鈥渓a domesticidad tiene que ver con la reiteraci贸n de ciertas pr谩cticas, con la acumulaci贸n de rutinas y con el 谩mbito de la cotidianeidad鈥. De aqu铆 que, al momento de buscar una vivienda, las opciones se enmarquen en el barrio de origen o en las zonas aleda帽as: Caballito, Almagro, Villa Crespo, Palermo y Colegiales. Ahora bien, a diferencia de lo observado por Cosacov (2017b) en familias de sectores medios, los relatos evidencian que el prop贸sito de la b煤squeda de estos j贸venes no es la cercan铆a con el entorno familiar sino habitar en el espacio habitado. Al preguntarle si tuvo en cuenta la ubicaci贸n de su casa familiar, Vanesa (28 a帽os) responde: 鈥渟铆, s铆. No por ellos, sino porque es mi barrio, digamos鈥. De alguna manera, podr铆amos sugerir, en di谩logo con Cosacov (2017b), que el barrio donde est谩 la familia 鈥渢ira鈥, pero m谩s por domesticado que por familiar.

Yo empec茅 a buscar un lugar donde tuviera cerca las cosas que ten铆a que hacer. Mi trabajo queda de ac谩 a cinco cuadras. O sea, no ten铆a vi谩tico. Para ir a la facultad, la tengo a 17 cuadras. [鈥 Adem谩s coincid铆a con que era el barrio de mi vida, digamos. Porque cuando me vine ac谩 yo iba bastante seguido a lo de mis viejos鈥 Y tambi茅n como que, viste, uno vivi贸 en un barrio toda su vida y ya ten茅s como tus lugares a donde vas, te manej谩s鈥 Como que es algo que me siento que鈥 Es m谩s, hoy por hoy que ya no tengo esta necesidad de tener tan cerca a mis viejos, igual, es como que ya estoy acostumbrada a estar ac谩, a tener cerca las cosas. (Daniela, 29 a帽os)

La experiencia prolongada en el barrio de origen les permite manejarse con un manual de c贸digos culturales en cuanto a c贸mo (no) moverse por el espacio y c贸mo (no) utilizarlo, que los hace sentir en casa, en un momento en el que est谩n abandonado el nido familiar. Ahora bien, conservar esa posici贸n residencial tambi茅n puede leerse como un modo de propagar el capital locacional de origen, ya que, al permanecer en esos barrios, mantienen la ubicaci贸n ventajosa que ofrece en t茅rminos de acceso a servicios urbanos. Adem谩s, resulta ineludible que tal posici贸n residencial les asegura conservar el capital simb贸lico que otorga el lugar de residencia. Al permanecer en los barrios asociados a los sectores medios porte帽os y relegar los barrios del sur, donde hist贸ricamente habitaron los sectores de menores ingresos, estos j贸venes procuran sostener cierta posici贸n social. En el siguiente testimonio, Vanesa, quien se mantuvo en Palermo, retoma el argumento de la distancia para explicar la opci贸n por este barrio.

En un momento pens茅 barrios m谩s baratos鈥 Buscamos y como que no era muy significativa la diferencia y despu茅s otro barrio donde puede ser m谩s barato, tipo Pompeya, Lugano, Mataderos, Flores, no. Me queda muy lejos de todo. O sea, ser铆a lo mismo que provincia, no me sirve. (Vanesa, 28 a帽os)

Por otra parte, consideramos que la importancia atribuida a conservar el barrio de origen por su cercan铆a con los espacios de sociabilidad frecuentados tambi茅n revela un modo de usar la ciudad estructurado por su tipo particular de condici贸n juvenil, lo que involucra tanto el sector social de pertenencia como el momento en la trayectoria vital. En el marco de la experiencia juvenil de sectores medios, las relaciones de parentesco pierden centralidad y gana fuerza la cercan铆a a los espacios de trabajo y de sociabilidad horizontal. Sin hijos por criar ni padres por mantener, en una etapa de capacitaci贸n y experimentaci贸n, estos j贸venes valoran la cercan铆a con sus pares de generaci贸n, esa 鈥渇amilia elegida鈥, como se帽ala Nicol谩s (28 a帽os), con quienes comparten espacios de encuentro cotidianos. Esta 鈥渕oratoria social鈥 tambi茅n parece influir en la b煤squeda del depto. Al encontrarse en una etapa de 鈥渃recimiento personal鈥 鈥搕al como definen los entrevistados la situaci贸n vital que atraviesan鈥, y en la que no hay proyectos de formar una familia propia en el corto plazo, estos j贸venes de sectores medios porte帽os priorizan la ubicaci贸n antes que los metros cuadrados.

Cabe advertir que si permanecer en la CABA y en esos barrios en particular no aparece en los relatos de estos j贸venes como una problem谩tica es porque pertenecen a familias de sectores medios porte帽os que intervienen para asegurar su posici贸n residencial. Mientras que algunos cuentan con el capital econ贸mico (dinero o patrimonio) de su familia, otros aprovechan el capital simb贸lico. Con esto nos referimos a que la 鈥減osici贸n residencial鈥 de sus padres opera como una carta de presentaci贸n; propietarios y residentes hist贸ricos en CABA, sus padres no solo aportan sino tambi茅n operan como una garant铆a. Hab铆amos planteado que tanto el lugar de residencia como el modo de tenencia de la vivienda 鈥渉ablan鈥 acerca de su morador, ya que funcionan como 鈥渆l signo de una posici贸n en la sociedad, y a este t铆tulo pueden jugar el papel de una vitrina social鈥 (Bonvalet y Dureau, 2002: 81). Al preguntarle por las condiciones de ingreso al alquiler, Daniela cuenta lo siguiente:

No me pidieron mucho porque como que confiaron mucho en la garant铆a de mi viejo y鈥 como que 茅l habl贸 con la due帽a, con el tipo de la inmobiliaria… Antes de firmar el contrato lo que les dijo es 鈥渕ir谩, ella te va a pagar el alquiler del primero al diez, si no te lo paga, me llam谩s por tel茅fono a m铆 y yo voy a hacer que te lo vaya a pagar y, si no, estoy yo ac谩 de respaldo鈥. (Daniela, 29 a帽os)

La posici贸n residencial de estos padres de sectores medios funcionar铆a como el testimonio de una trayectoria moralmente admisible, basada en la 鈥渃ultura del trabajo鈥, el sacrificio y el esfuerzo; es decir, a trav茅s de la posici贸n residencial, se actualiza aquello que Visacovsky (2014) denomina 鈥渆l relato de origen de clase media鈥. Un relato 鈥揺laborado durante la primera mitad del siglo XX鈥 sobre el 茅xito del inmigrante de origen europeo y de sus descendientes, que destaca las virtudes del trabajo y el esfuerzo como camino hacia el 茅xito y el progreso. As铆, ser de sectores medios significa haber atravesado ese camino moral de ascenso social, que otorga seguridad a otros vecinos propietarios quienes, a trav茅s de la inmobiliaria, lo eval煤an como un inquilino seguro. Por lo tanto, lejos de ocultar las marcas de su condici贸n de clase, estos j贸venes muestran su pertenencia familiar a los sectores medios porte帽os como una suerte de credencial social que, si ya les habilit贸 la pertenencia a la Capital, ahora debe asegurarles su permanencia.

Palabras finales

En este cap铆tulo abordamos las valoraciones y las preferencias residenciales de un grupo de j贸venes de sectores medios porte帽os, en el marco del proceso de salida del hogar de origen. Al explorar c贸mo toman sus decisiones en torno al modo de tenencia y la localizaci贸n, nos adentramos en sus modos de clasificar y distinguir la ciudad. Espacio domesticado, la CABA representa para estos j贸venes su lugar de pertenencia, donde se sienten c贸modos y en casa: saben usarla, moverse y, sobre todo, saben que ese es su lugar. Arraigados en este habtius socioespacial, el conurbano bonaerense no constituye una alternativa pensable, posible y deseable.

El sue帽o de la casa propia tambi茅n puede rastrearse en los relatos de estos j贸venes de sectores medios porte帽os. Se trata de un sue帽o compartido y transmitido de generaci贸n en generaci贸n, que configura sus horizontes residenciales. Sin embargo, este mandato cultural se diluye entre las generaciones recientes porque, aunque impl铆cita, una condici贸n resulta taxativa: habitar en la CABA y en ciertos barrios en particular, algo que, como vimos, resulta cada vez m谩s dif铆cil. Al emprender el proyecto de formar un hogar propio, estos j贸venes aprenden que, bajo las coordenadas en que opera el mercado habitacional de la CABA, el alquiler representa el precio a pagar para habitar en la CABA y los barrios tradicionalmente asociados a los sectores medios. En este sentido, sus horizontes residenciales est谩n configurados tanto por el habitus de clase como por el habitus generacional.

Con el apoyo de sus padres, hist贸ricos vecinos y merecedores de la ciudad, estos j贸venes afrontan las restrictivas condiciones de acceso a una vivienda en la CABA. Algunos logran cumplir con el sue帽o de la casa propia, otros se vuelcan al mercado de alquiler; de una u otra forma, la pertenencia familiar opera como un recurso 鈥搈aterial y simb贸lico鈥 para perpetuar la posici贸n residencial de origen. As铆, estos j贸venes pertenecientes a familias de sectores medios porte帽os se presentan como los herederos de la ciudad, quienes, al emprender la formaci贸n de un hogar propio, se (re)apropian de un espacio del que sus familiares ya se apropiaron. Portadores de este habitus socioespacial, al habitar y usar el espacio, estos j贸venes producen domesticidad y reproducen ciudad.

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  1. Sobre la construcci贸n de un barrio 鈥渄e clase media鈥, v茅ase tambi茅n L贸pez (2014).
  2. Como se帽alan Boy et al. (2015), y problematizamos en este libro, la CABA est谩 atravesada por (des)encuentros de las diferencias, donde se (re)produce la segregaci贸n espacial.
  3. En este libro, el cap铆tulo de Mart铆n Boy, titulado 鈥淭ravestis y vecinos/as en espacios dis.putados: argumentos conflictuados en torno a la reforma del C贸digo de Convivencia鈥, explora, a partir del an谩lisis de los debates p煤blicos en torno a la oferta de sexo callejera, c贸mo los diferentes actores sociales involucrados en tales debates recurren a ciertas narrativas de raza, clase y g茅nero para promover proyectos de ciudad dis铆miles de acuerdo con qui茅nes deben vivir en la ciudad y qui茅nes no.
  4. Para un desarrollo en profundidad de la evoluci贸n espacial y las demarcaciones que dieron lugar a los partidos del conurbano, v茅ase Di Virgilio, Guevara y Arqueros Mejica (2015).
  5. La liberaci贸n de los alquileres 鈥搎ue hab铆an sido congelados en 1943鈥, la implementaci贸n de una nueva ley que conten铆a mecanismos indexatarios en los precios de los lotes y alquileres, as铆 como el incremento de los impuestos inmobiliarios y el establecimiento de una nueva normativa que imped铆a los loteamientos sin infraestructura, fueron medidas que encarecieron significativamente habitar la ciudad (Marc煤s, 2011). Adem谩s, durante este Gobierno se estableci贸 un patr贸n que se mantiene hasta el d铆a de hoy: la dolarizaci贸n del mercado inmobiliario para las operaciones de compra y venta de propiedades; es decir, los precios se denominan y 鈥渕iden鈥 en d贸lares y las transacciones se realizan en la moneda norteamericana (Gaggero y Nemi帽a, 2013).
  6. A modo ilustrativo, la Ley de Alquileres 23.091, sancionada en 1984, no incorpor贸 modificaciones a la anterior, por lo que se mantuvieron la indexaci贸n, de acuerdo con el 铆ndice del costo de vida, los meses de dep贸sito y la exigencia de garantes; tampoco realiz贸 modificaciones esenciales al r茅gimen de alquileres liberados (Marc煤s, 2011).
  7. Cabe mencionar, por ejemplo, la flexibilizaci贸n de la posibilidad de inversiones en el sur 鈥撁ea donde hist贸ricamente los sectores populares hab铆an encontrado mayores condiciones para asentarse鈥; la recuperaci贸n de 谩reas centrales como Puerto Madero 鈥搎ue hizo aumentar el precio del suelo urbano鈥; y la realizaci贸n de obras viales que acompa帽aron este proceso, como las autopistas. Adem谩s, se endureci贸 el C贸digo Penal en materia de desalojos y, en cuanto a las villas miseria, se intent贸 un proceso de relocalizaci贸n-expulsi贸n de los habitantes de la Villa 31 debido a la alta rentabilidad de esas tierras ubicadas en Retiro. Para profundizar, v茅ase Rodr铆guez (2003).
  8. Tal como se帽ala Juliana Marc煤s en la Introducci贸n de este libro, durante la 煤ltima d茅cada se fue profundizando en la gesti贸n p煤blica del espacio urbano una l贸gica neoliberal, caracterizada por el hecho de que se priorizan las necesidades y los intereses del capital privado, de los grandes inversores y financieros, y de los promotores inmobiliarios, sobre la necesidad social del habitar.
  9. Se trata de un programa de cr茅ditos hipotecarios impulsado en junio de 2012 por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el Banco Ciudad y el Instituto de la Vivienda. Su particularidad radica en que ofrece una baja tasa de inter茅s y hasta quince y veinte a帽os, seg煤n la edad del postulante. Est谩 dirigido principalmente a familias j贸venes o de bajo nivel de ingresos. Para un an谩lisis al respecto, v茅ase Benitez, Felice y M谩rquez (2014).
  10. Entre las modalidades identificadas, se inscriben el pr茅stamo o regalo de vivienda, el regalo monetario y el 鈥渃redipapis鈥 (categor铆a nativa que deriva de la conjunci贸n entre 鈥渃r茅dito鈥 y el diminutivo de 鈥減adres鈥). Para un an谩lisis en profundidad de las modalidades que asume la 鈥渁yuda familiar鈥 seg煤n el tipo de capital movilizado y los intercambios econ贸micos intervinientes, v茅ase Felice (2016).
  11. Al respecto, v茅ase la compilaci贸n de trabajos sobre el Gran Buenos Aires en Kessler (2015).


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