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1 El Árbol de la Vida y el origen de la sexualidad

El cristianismo pre-nicénico (En torno a Gn 3, 22 – 4, 1ss.)

Juan Carlos Alby

Introducción

Las distintas interpretaciones del relato genesíaco de la caída nos permiten perfilar las diversas actitudes de los primeros cristianos con respecto a la sexualidad y al matrimonio. En ciertos textos del judaísmo tardío como en los testimonios de cristianos gnósticos y eclesiásticos es posible encontrar las manifestaciones más tempranas del encratismo, cuyo origen se remonta a tradiciones antiguas que vinculan el conocimiento con la sexualidad. En este contexto mítico-simbólico se introduce la figura del Árbol de la Vida y su identificación con Eva. Su connotación sexual fue conocida también por los gnósticos, los Apologetas, Clemente de Alejandría y el encratita Casiano.

En el presente trabajo intentaremos identificar los testimonios principales de esta tradición que impacta directamente sobre la concepción cristiana de la sexualidad en la antigüedad tardía. Para ello, estudiaremos en primer lugar los testimonios judíos y, a continuación, los de los cristianos pre-nicénicos, tanto gnósticos como eclesiásticos de la llamada Patrística asiática.

Testimonios judíos

Un escrito no anterior al siglo VIII pero que atestigua una tradición rabínica que influyó sobre gnósticos y eclesiásticos, conocido como los Pirké del Rabí Eliezer, al hablar sobre el árbol de la ciencia, dice:

He aquí lo que enseña el rabino Zehira. Escrito está (Gn 3, 3): <No comeréis del fruto del árbol que está en medio del jardín>. No se trata propiamente de un árbol, sino de un hombre, que se parece a un árbol, según aquello de Dt 20, 19: <El hombre es como un árbol de un campo>. En cuanto a las palabras: <que está en medio del jardín, no han de entenderse del jardín de Edén. Es una expresión honesta que designa otra cosa: ´Que quiere decir en medio del cuerpo, esto es, en medio del huerto, o sea, en medio de la mujer>. Este jardín es la mujer, comparada a un jardín, según aquello de: <Eres huerto cerrado hermana y novia mía, huerto cerrado, fuente sellada> (Ct 4, 12). ¿Qué es un jardín? Una tierra donde se siembra, donde la simiente germina y produce fruto.[1]

A continuación, describe el adulterio de Eva con la serpiente en términos tales como:

(Sammael) cabalgando sobre la serpiente vino a la mujer y ella concibió; luego, Adán vino a ella y Eva concibió a Abel, como es dicho: <Conoció Adán a Eva, su mujer’ (Gn 4, 1). ¿Qué significa ‘conoció’? (Él conoció) que ella había concebido. Y ella vio que su semejanza no era la de los seres terrestres, sino la de los seres celestiales, y ella profetizó y dijo: ‘He obtenido un varón con el Señor>.[2]

Según este relato, antes de que Adán se hubiese llegado a Eva o —según la anterior analogía— “allegado al árbol”, ya la serpiente se había subido a él, desde donde atentó contra Eva. Esto parece sugerir que Caín provendría de la unión entre la serpiente y Eva, mientras que Abel del matrimonio entre Adán y Eva.

Otro testimonio elocuente lo constituye el Targum del Pseudo-Jonatán, cuya tradición designa a la serpiente como “el que delata a su creador”. El latinismo hebreo dlṭwr (דלטור) se traduce por “sicofante”, el que informa con falsedad o “acusa solapadamente”, ya que dltwry (דלטורי) significa “información falsa”: “Entonces la serpiente, delatando a su creador, dijo a la mujer: <No moriréis, sino que todo artesano odia a los de su oficio; pues ha sido revelado ante Yahweh que el día en que comáis del árbol se iluminarán vuestros ojos y seréis como ángeles poderosos que sabréis distinguir el bien del mal>[3]”.

Para el PsJ la serpiente es Samael, el ángel de la muerte, de quien Eva concibió a Caín:

Y vio la mujer a Samael, el ángel de la muerte, y temió, y conoció que el árbol era bueno para comer y medicina para los ojos.[4]

Y Adán supo que Eva, su mujer, había concebido del ángel Samael y quedado encinta y pariendo a Caín, que se parece a los de arriba y no a los de abajo. Y dijo ella: <He adquirido un varón, el ángel de Yahweh>.[5]

Adán vivió ciento treinta años y engendró a Set, semejante a su imagen y apariencia. Pues anteriormente, Eva había dado a luz a Caín, que no era de Adán ni se le parecía. Abel fue asesinado por Caín.[6]

La correspondencia literaria entre los Pirké del Rabbí Eliezer y el Tragum del Pseudo-Jonatán es notable. Un texto poético de la cueva 1 de Qumrán, himno de probada antigüedad, también da testimonio de la concordancia de esta tradición:

… y la que está encinta del hombre está angustiada en sus dolores.

Porque de los bordes de la muerte

da a luz un varón,

y surge de los dolores del Sheol,

del ‘horno’ de la preñada,

un admirable consejero con su fuerza,

y el hombre es librado del útero.

En la que está encinta de él se precipitan todas las convulsiones

y los dolores desgarrantes en su nacimiento;

el espanto se apodera de las parturientas,

y en su nacimiento vienen a una todos los dolores

al ‘horno’ de la preñada.

Y la que está preñada de la serpiente

está con un dolor desgarrante;

y los bordes de la fosa

están con todas las obras del espanto.

………………………………………..

Con su tumulto se abren el [Sheol y el Abadón];

las flechas de la fosa

hacen oír su voz al irse hacia el abismo;

se abren las puertas[7] de […]

[…] las obras de la serpiente.

Y se cierran las puertas de la fosa

sobre la que está encinta de la impiedad,

y los cerrojos eternos

sobre todos los espíritus de la serpiente.[8]

Según la colección midráshica Jalkut Shim’oni, durante los 130 años inmediatos a la creación, los demonios tuvieron comercio carnal con Adán y con Eva engendrando así otros demonios. La cifra está tomada de Gn 5, 3: “Tenía Adán ciento treinta años cuando engendró un hijo a su semejanza, según su imagen, a quien puso por nombre Set”. Por su parte, Gn 4, 25 dice: “Adán volvió a tener relaciones con su mujer, que dio a luz un hijo, al que puso por nombre Set, diciendo: <Dios me ha otorgado otro descendiente en lugar de Abel, porque lo mató Caín>”.[9] De la conjugación entre ambos versículos, los rabinos pertenecientes a esta tradición dedujeron dos consecuencias. Por un lado, Adán estuvo separado de Eva durante ciento treinta años en penitencia por su transgresión. Por otro, Adán no conoció durante esos años a Eva según la providencia de Dios, sino de manera carnal, es decir, dominados por la pasión y la concupiscencia. Así lo atestigua el Bereshit Rabbah al presentar un elenco de interpretaciones sobre Gn 5, 1: “Esta es la lista de los descendientes de Adán[…]”, y menciona a continuación una serie de nombres de entre los cuales el citado midrash haggádico amoraíta del Génesis rescata tres: Yered o Irad (Gn 5, 15), Mahalael o Mehuya’el (Gn 5, 15) y Matusalén o Metusha´el (Gn 5, 21).

Dice Génesis Rabbah:

Otra interpretación: Éstos eran descendientes, los primeros no eran descendientes. ¿Qué eran, pues? Demonios. Pues dijo R. Simón: Durante los ciento treinta años enteros que estuvo Adán sin unirse a Eva, los espíritus masculinos ardían de pasión por ella, y esta daba a luz, mientras que los espíritus femeninos se unían ardientemente a Adán y alumbraban, pues está escrito: <Si se pervierten, los castigaré con vara de hombres y con los castigos de los hijos de los hombres> (2S 7, 14), refiriéndose a los hijos del primer hombre […]. Otra interpretación: Éstos eran descendientes de Adán, pero los primeros no fueron descendientes. ¿Por qué? Porque fueron aniquilados por las aguas del diluvio, pues bien dijo R. Yehosúa ben Leví: Todos estos nombres significan castigo. <IRAD: los echaré (´ordan) del mundo>; <MEHUYA´EL: los barreré (mohan) del mundo<; <METUŠA´EL: los raeré (matišan) del mundo>. ¿Y qué haré con Lamec y sus descendientes?.[10]

De acuerdo a esta tradición, sólo después de ciento treinta años de adulterio Adán conoció a Eva para engendrar el primer fruto del verdadero matrimonio, es decir, a Set. Tanto Caín como Abel serían fruto del adulterio. Sobre el primero no caben dudas y, respecto de Abel, cierta tradición lo hace gemelo de Caín y ambos habrían nacido el día de la formación de la primera pareja humana. Según el Testamento de Adán, Caín nació junto a una hermana gemela que se llamaba Lubia[11] y, según el texto de la recensión oriental de la Cueva de los tesoros, Levuda.[12] En este mismo apócrifo cristiano se dice que también Abel nació con una hermana gemela llamada Quelimta.[13]

Hay una parádosis que hace de Caín y Abel gemelos, tal como puede leerse en las Vida de Adán y Eva o Apocalpsis de Moisés: “Esta es la historia de Adán y Eva. Después de salir del paraíso, tomó Adán a Eva, su mujer, y subió hacia Oriente. Permaneció allí dieciocho años y dos meses. Eva concibió y dio a luz dos hijos. Iluminado, llamado Caín, y Amilabés, llamado Abel”.[14]

También en Bereshit Rabbah: “Y volvió a dar a luz, [esta vez] a su hermano Abel (Gn 4, 2). Esto confirma lo que dijo R. Yehosúa ben Qorjah: <subieron al lecho dos y bajaron siete>, pues <Y volvió a dar a luz> implica un nacimiento adicional y no un embarazo adicional”.[15]

Según este midrash Caín y Abel fueron concebidos simultáneamente. El nacimiento adicional es el de las dos hermanas gemelas de Abel frente a una sola de Caín. Esta exégesis que propone aquí un nacimiento quíntuple se basa en la partícula del acusativo ‘et que es de amplificación y, como tal, añade al texto un sentido adicional. El pasaje bíblico, por lo tanto, debe leerse así: “Y dio a luz a Caín (es decir, Caín y una adición, su hermana gemela representada por a), a su hermano, a Abel (es decir, Abel y dos adiciones, sus dos hermanas gemelas, representadas por la doble aparición de la preposición a)”.[16]

Conforme a lo dicho anteriormente sobre el origen adúltero de Caín, de acuerdo a esta tradición que lo considera gemelo de Abel, se deduce que los dos provienen del mismo origen angélico o arcóntico, es decir, ambos son frutos del adulterio de Eva con la serpiente[17]. Esta última afirmación nos conduce directamente a los textos cristianos sobre el tema.

Testimonios cristianos

Gnósticos

Comenzamos por los gnósticos debido a que sus interpretaciones resultan mucho más cercanas a las parádosis rabínicas que las de los eclesiásticos.

Uno de los estratos más arcaicos de la gnosis, el de los setianos de Hipólito, ya tenía en cuenta la trilogía formada por Eva, Adán y la serpiente, pero apenas roza el tema:

El perfecto Logos de luz que proviene de arriba, hecho semejante a esta bestia que es la serpiente, penetró en el vientre impuro, engañando al viento con la apariencia de bestia, para desligar las cadenas que ceñían al perfecto Intelecto que había sido engendrado en la impureza de un vientre por el primogénito del agua, es decir, por la serpiente, el viento, la bestia. Ésta es, dicen, la <forma de esclavo> (Flp 2, 7) y de ahí la necesidad de que el Logos de Dios descendiera del vientre de una virgen.[18]

Dentro del rebuscado simbolismo de estos gnósticos, inusitado incluso para el gnosticismo clásico, es posible reconocer el “perfecto Intelecto” como término colectivo para designar a la comunidad de hombres espirituales, es decir, dotados con el pneûma de Sophía. En contraste con el origen de la raza humana que proviene del vientre impuro de la adúltera Eva, la humanidad nueva inaugurada por el Salvador exigía iniciarse en el vientre de una virgen. Este contraste se deja ver en la pregunta que se hace el decepcionado José de Nazareth —según el Protoevangelio de Santiago— al enterarse de que su mujer está embarazada:

Al sexto mes, he aquí que vino José de sus construcciones. Entró en su casa y la encontró embarazada. Se golpeó la cara, se arrojó en tierra sobre un saco y lloró amargamente diciendo: <¿Con qué cara voy a mirar al Señor Dios? ¿Qué voy a suplicar a propósito de ella? Porque la recibí virgen del templo del Señor Dios y no la custodié. ¿Quién es el que me ha acosado? ¿Quién es el que ha cometido esta maldad en mi casa? ¿Quién la cautivó separándola de mí y la mancilló? Así como estando Adán en el momento de la oración de alabanza, vino la serpiente, encontró a Eva sola, la engañó y la mancilló, así también me ha sucedido a mí>.[19]

Por su parte, los valentinianos del Evangelio de Felipe relacionan el adulterio con el homicidio al vincular el fraticidio de Caín con su padre que es “homicida desde el principio” (Jn 8, 44):

Primero surgió el adulterio, luego el asesinato, y él (Caín) fue engendrado del adulterio, pues era hijo de la serpiente. Por esto se hizo homicida como lo era su padre (Jn 8, 44) y mató a su hermano. Toda comunión sexual habida entre quienes no son semejantes constituye adulterio[20].

A quien la mujer ama se asemejarán los hijos que ella conciba. Si es su marido, se asemejan a su marido; si es un adúltero, se asemejan al adúltero. A menudo, si una mujer se acuesta con su marido obligada, pero su corazón está con el adúltero con quien frecuentemente cohabita, el hijo que concibe se asemeja al adúltero.[21]

Aunque el anónimo no lo diga de manera explícita, es evidente que este último pasaje se relaciona con el anterior. La palabra “homicida” (copto, hatebrwme) es la misma que aparece en el Evangelio de María, cuando las siete potestades de la ira le preguntan al alma que asciende: “¿De dónde vienes, homicida?”, en alusión a que el alma había matado la concupiscencia y la ignorancia que le impedían ascender.[22]

El Libro de Baruc de Justino Gnóstico llega al punto de vincular el engaño de la serpiente a Eva con el origen no sólo del adulterio sino también de la sodomía, pues luego de haber violado a Eva hizo lo propio con Adán: “Naas (serpiente) se acercó a Eva, la engañó y cometió adulterio con ella, lo cual es contrario a la Ley; se acercó luego a Adán y usó de él como de un muchacho, cosa también contraria a la Ley; de aquí vinieron el adulterio y la pederastia”.[23]

Este intento de resaltar dos actos contrarios a la Ley sirve de contexto a Justino para defender de manera implícita la legitimidad del acto conyugal. En cambio, la tradición atestiguada por el Henoc eslavo rechaza la inclusión de Adán en el engaño sexual de la serpiente: Por ello [el diablo] maquinó contra Adán introduciéndose de esta manera en el paraíso y engañando a Eva, pero sin tocar a Adán.[24]

No obstante, la línea seguida por Justino encuentra un paralelismo con otros textos barbelognósticos, es decir, afines a su tradición literaria, de Nag Hammadi. En el primer caso se destaca la llamada Hipóstasis de los Arcontes, que da a entender que las Potestades pecaron no sólo contra Eva sino también contra Adán:

Entonces las potestades se acercaron a Adán, pero cuando vieron a su viva semejanza conversando con él entraron en gran agitación y la desearon. Y se dijeron unos a otros: <Ea, arrojemos nuestra simiente sobre ella>. Entonces la persiguieron y ella se mofó de ellos a causa de su demencia y su ceguera, y se transformó en árbol ante ello, dejando caer sobre ellos su sombra, que es una semejanza de sí misma. Los arcontes mancillaron abominablemente (a esta sombra) y mancillaron el sello de su voz. (Esto sucedió) a fin de que se condenaran a sí mismos en su hechura y en la semejanza [de ella].[25]

El último párrafo da a entender que también tomaron a Adán, es decir, su plasma o hechura ya que ellos lo habían formado y en la semejanza de ella, es decir, Eva. Pero en su ceguera e ignorancia, poseyeron a la copia sensible de la Eva espiritual, es decir, su sombra.

El otro escrito es Sobre el origen del mundo. Este tratado contiene un mito antropogónico que describe la creación de Adán por parte de los arcontes. Apenas había sido plasmado por ellos, Adán se asemejaba a un aborto carente de espíritu, por lo que al cabo de cuarenta días, Sophía Zoé insufló su aliento en Adán que no tenía alma y este comenzó a arrastrase sobre la tierra, ya que no podía ponerse en pie. Después del día de reposo Sophía envió a su hija Zoé, la llamada Eva, para poner de pie a Adán a fin de que los que iban a ser engendrados por él fueran recipientes de luz. Eva vio al que era su viva semejanza tendido sobre la tierra y sintió pena por él, por lo cual le ordenó levantarse. La palabra se convirtió en obra, Adán se levantó, abrió los ojos y, cuando la vio, dijo: “Tú serás llamada madre de los vivientes, pues tú me has dado vida”. Cuando las potestades se enteraron de que su criatura vivía y andaba erguida, se trastornaron muchísimo y enviaron siete arcontes para averiguar qué había sucedido. Cuando se acercaron a Adán, vieron que Eva conversaba con él y se preguntaron unos a otros: “¿Qué es esa cosa luminosa? Pues se nos parece a la semejanza que se nos manifestó en la luz”. Al momento, decidieron capturarla y poseerla para que quedara mancillada con la simiente de ellos y no pudiese regresar a la luz. Urdieron también infundir un letargo en Adán para que este creyera durante su sueño que ella procede de su costilla, de modo que la mujer le obedezca y él sea su señor. Entonces Eva, que era una potencia, se burló de su propósito, encegueció los ojos de los arcontes con una niebla y dejó subrepticiamente su semejanza junto a Adán. A partir de aquí, el tratado introduce el motivo del árbol que, como en el escrito anterior, aparece asociado a Eva:

Eva entró en el árbol del conocimiento y permaneció allí. Ellos la persiguieron, y ella les reveló que había entrado en el árbol y que era un árbol […] Después, cuando despertaron del sueño, se acercaron a Adán y cuando vieron que estaba junto a la semejanza de aquella quedaron trastornados, pues pensaron que era la verdadera Eva, y tuvieron la audacia de asaltarla, capturarla y arrojar su simiente sobre ella. Lo hicieron con astucia, pues la contaminaron no sólo físicamente, sino con algo vergonzoso, pues contaminaron el sello de su primera voz, aquella que les había dicho: ‘¿Quién es antes de vosotros?’ […] Sin embargo, las potestades erraban, por cuanto ignoraban que era su propio cuerpo lo que habían mancillado. La semejanza era lo que las potestades habían mancillado junto con sus ángeles. (Eva) concibió primero del primer arconte a Abel, luego engendró al resto de los hijos por obra de las siete potestades con sus ángeles.[26]

En este escrito como en La Hipóstasis de los arcontes aparecen varios temas desconcertantes. Por un lado, “el sello de la voz de ella”. Esta difícil expresión es posible que se refiera a la mujer material en la que Eva, mujer espiritual, dejó la impronta de su forma y le comunicó su propio nombre. Por lo tanto, se trataría de la Eva sensible o carnal, siendo esta a la que los arcontes mancillaron creyendo en su ignorancia que se trataba de la verdadera, la interlocutora de Adán, quien se convirtió en árbol y los engañó ofreciéndoles su sombra. Por otro lado, la conversión de Eva en árbol evoca un mito utilizado por el apologeta Taciano, el de la persecución de Daphne por parte de Apolo y su conversión en laurel[27]. La HipA no dice nada acerca del fruto del adulterio de Eva con los arcontes pero menciona el del matrimonio entre Adán y Eva expulsados ya del paraíso:

Los arcontes se volvieron hacia su Adán, lo tomaron y lo arrojaron del paraíso con su mujer […] Después de esto (la mujer carnal) engendró a Caín, el hijo de ambos. Caín cultivaba la tierra. (Adán) conoció de nuevo a su mujer y ella engendró a Abel […] Luego Adán (conoció) a su viva semejanza Eva. Ella concibió y engendró a [Set] para Adán. Y dijo ella: <Yo engendré a otro hombre por medio de dios, en lugar de Abel>. Otra vez concibió Eva y engendró a Norea, diciendo: ‘Él engendró para mí [una virgen] de ayuda para muchas generaciones de la humanidad. Esta es la virgen que las fuerzas no mancillaron. Entonces los hombres se multiplicaron y comenzaron a tener aspecto agradable.[28]

Si se compaginan las noticias gnósticas, se puede advertir que Caín y Abel no son hijos de Adán, sino del primer arconte y de sus potestades. A esto lo confirma el Apócrifo de Juan, donde aparece el dogma fundamental del encratismo, a saber, el carácter imperfecto de la generación que proviene de la cópula:

El primer arconte [Ialdabaoth] vio a la doncella que estaba junto a Adán y supo que la intelección luminosa se había manifestado en ella como vida […] Entonces el primer arconte la mancilló y engendró de ella dos hijos, el primero y el segundo, Elohim y Yahvé. Elohim tiene rostro de oso, Yahvé tienen rostro de gato. Uno es justo, otro injusto. Estableció a Yahvé sobre el fuego y sobre el viento, y a Elohim sobre al agua y sobre la tierra. A éstos les impuso los nombres de Caín y Abel. (Todo esto lo realizó) atendiendo a sus malas artes. Hasta el día de hoy ha persistido la copulación por causa del primer arconte, que implantó el deseo de la generación en la compañera de Adán. Por medio de la copulación suscitó la generación de la forma de los cuerpos y los gobernó por medio de su espíritu contrahecho.[29]

Set es el hombre espiritual unido a la viva semejanza de Dios que está en él, representada también por Eva. Set es el antepasado común de los hombres pneumáticos.

Por su parte, Norea (del hebreo Na’ara, “virgen”), ejerce junto a Set la misma función que la Eva espiritual ejercía junto a Adán.

Por otro lado, OgM no menciona el nombre de Caín, ni el de Set ni el de Norea, sino solamente el de Abel, a quien el tratado menciona como primer hijo de Adán y Eva. Además, parece afirmar que todos sus hijos son frutos del adulterio. Estas lagunas deben ser completadas con el recurso a los ophitas de San Ireneo, según los cuales Abel y los demás hijos habrían sido concebidos en el paraíso antes del destierro: “Después de éstos (Caín y Abel) por providencia de Prúnico engendraron a Set y luego a Norea, los cuales, según dicen, engendraron multitud de seres humanos”.[30]

La mención de Abel como primer hijo según OgM no pretende ser cronológica. El embarazo habría tenido lugar en el paraíso, pero los nacimientos ocurrieron en el destierro. El trato preferencial que el Demiurgo otorga a Caín y a Abel respecto de los demás hijos, estaría denunciando los distintos planos de procreación, antes y después del exilio del paraíso. Aquellos serían frutos del adulterio de Eva con el primer arconte, de ahí sus nombres Elohim y Yahvé así como sus apariencias arcónticas de oso y de gato y sus respectivos dominios sobre los elementos. Los hombres, en cambio, le atribuyeron nombres bíblicos y los llamaron respectivamente Caín y Abel. Como contraste y por iniciativa de Sophía, quien hizo descender sobre Adán la simiente divina, nació Set, fruto del matrimonio entre Adán y Eva. Se disciernen así los dos planos de la generación. Por un lado, la génesis adulterina de Caín y Abel, producto de la concupiscencia y del apetito de generación. Esta es de naturaleza carnal. Por otro, la generación de Set, de origen espiritual como la génesis que acontece entre los eones del Pleroma. De modo que para el ApJn ninguno de los tres hijos son hombres sensibles, sino el paradigma arcóntico según el cual los dos primeros son hijos resultantes de la concupiscencia entre marido y mujer, mientras que el tercero es fruto espiritual por iniciativa de Sophía. Los hombres de este mundo nacen a imagen de estos tres: la mayoría, como resultado del apetito carnal; la minoría, como fruto de la gracia de Dios.

Esta distinción resultará fundamental para entender la actitud de estos cristianos hacia el matrimonio. Para los valentinianos, sólo el matrimonio entre espirituales es legítimo ya que la procreación carnal que acontece dentro del mismo está superada por la naturaleza del pneûma, mientras que el matrimonio entre psíquicos —entre quienes se encontraban los hebreos y los representantes de la Magna Iglesia— conlleva el estigma de la procreación según la carne. De ahí la desigual aceptación del matrimonio por parte de los gnósticos y el visible encratismo que tiñe mucha de la literatura de Nag Hammadi.

Esto explica también el contraste que establecían los gnósticos entre los dos árboles del paraíso. El EvFlp señala sus diferencias:

Dos árboles crecen en el paraíso; uno produce animales, el otro produce hombres. Adán [comió] del árbol que produce animales, se tornó animal y engendró animales. Por ello los hijos de Adán veneran a los animales. El árbol […] fruto es el […] [por] esto fueron [numerosos los pecados. Si él hubiera] comido el [fruto del otro árbol, es decir, el] fruto del [árbol de la vida, que] produce hombres, [los dioses venerarían] al hombre.[31]

La sexualidad guiada por la pasión engendra animales, es decir, hombres materiales o “animales”, mientras la unión guiada por la providencia del Dios verdadero engendra verdaderos, espirituales, pneumáticos o gnósticos. De ahí la famosa perícopa que proclama la unión de lo semejante con lo semejante: “Un hombre engendra un hombre; un caballo engendra un caballo; un asno engendra un asno”[32]. El ApJn, en cambio, invierte la valoración de los árboles respecto del EvFlp.

Ahora bien, al árbol de la vida lo plantaron en medio del paraíso. Voy a explicaros cuál es el secreto de su vida: viene del conciliábulo que convocaron, [es su espíritu contrahecho] La raíz de ese árbol es amarga, sus ramas son muerte, su sombra es odio, sus hojas acarrean engaño, su savia es el ungüento de la perversidad, su fruto es la muerte, su simiente es un deseo que germina en la oscuridad, el infierno es el lugar de los que lo gustan y la oscuridad el lugar de su reposo. (Otro es) el denominado por ellos <árbol del conocimiento del bien y del mal>, esto es, la intelección luminosa.[33]

¿Se trata de dos árboles o de un solo árbol bivalente, a la manera de Eva que podía desdoblarse en carnal y espiritual? De este modo, la identidad Eva = árbol implica dos valoraciones contrapuestas. Si Eva era “conocida” según su concupiscencia sensible, significaba el árbol de la vida, propio de la génesis carnal. Por el contrario, si era “conocida” según la Gnosis, se trataba del árbol de la ciencia del bien y del mal cuyo fruto es la génesis espiritual. Más allá de las diferentes noticias de la literatura gnóstica de Nag Hammadi, se aprecia como sustrato común la relación del verbo “conocer” en sus diferentes formas con la unión[34]. Si esta es carnal y adulterina, produce animales; si es espiritual y divina, produce hombres pneumáticos. El paso de un significado a otro lo determina el contexto, pues tanto la Vida como la Gnosis representadas en sus respectivos árboles eran capaces de ambos sentidos, carnal y espiritual.[35]

Eclesiásticos

Con respecto a las tradiciones que hacen a Caín hijo de Eva con la serpiente, la parádosis johánica es una de las expresiones cristianas antiguas que mejor refleja la influencia de las mismas, tal como puede leerse en 1Jn 3, 12: “No como Caín, que, al ser del Maligno, mató a su hermano. Y ¿por qué lo mató? Porque sus obras eran malas mientras las de su hermano eran justas”.

La sintaxis del pasaje nos lleva directamente a pensar en una procedencia desde el diablo, ya que el adjetivo designa también al diablo en otros pasajes de 1Jn, además de ser inequívocamente masculino (cfr. 1 Jn 2, 13; 5, 18)[36]. Su vinculación con Jn 8, 44: “Vosotros sois hijos de vuestro padre el diablo […] Éste era homicida desde el principio”, que ya ha sido señalada en EvFlp 61, 5-10, se deja ver también en Policarpo, que en un contexto heresiológico utiliza una expresión parecida:

Porque todo el que no confesare que Jesucristo ha venido en carne, es un Anticristo, y el que no confesare el testimonio de la cruz, procede del diablo, y el que torciere las sentencias del Señor en interés de sus propias concupiscencias, ese tal es primogénito de Satanás.[37]

Es conocida la anécdota que trae San Ireneo en Adversus haereses III, 4, 3 acerca de que Policarpo se dirigió a Marción llamándolo “primogénito de Satanás”. El Epílogo al Martyrium Policarpii la relata en estos términos: “Ireneo cuenta, además, este caso: ‘Como una vez se encontrara con Policarpo Marción, cabeza que fue de los llamados marcionitas, y le dijera: ‘Reconócenos, Policarpo’, éste le contestó: ‘Sí, te reconozco, te reconozco, que eres el primogénito de Satanás”.[38]

En este caso, la vinculación de Marción con Caín se establece en que la teología marcionita rechaza las instituciones aceptadas de la justicia de Dios, a punto tal que atribuye al demiurgo el momento del juicio, además de negar la resurrección.[39] En efecto, según el Targum Neofiti a Gn 4, 8, Caín dice: “No hay justicia y no hay juez y no hay ningún otro mundo; no hay ningún don de la buena recompensa para los justos, y no hay reclamo para los malvados”.[40]

En la asociación que hace Policarpo como heredero de la teología johánica entre Caín y Marción, hay un fondo de interpretación sexual, conocida tanto por judíos como por cristianos gnósticos. Esto concuerda con las conductas encratitas que se habían comenzado a difundir en el siglo I d. C.

Los representantes de la Gran Iglesia también lograron discernir ambos sentidos del matrimonio, carnal y espiritual, y reaccionaron contra quienes denostaban al matrimonio. La Escritura ya advertía que aparecerían algunos que prohibirían la unión entre varón y mujer.[41] Ireneo identifica entre estos al gnóstico Saturnino, procedente de Antioquía y discípulo de Menandro: “Añade que casarse y dar vida serían obras inventadas por Satanás”.[42] El Lugdunense arremete también contra Marción y Taciano:

A partir de Saturnino y Marción nacieron los encratitas (gr. Enkrateîs, continentes), los cuales predican la abstinencia del matrimonio, destruyendo el plan de Dios sobre su antiguo plasma, al que de modo indirecto acusan de haberlo hecho varón y mujer para engendrar seres humanos (Gn 1, 27-28); introdujeron la abstinencia de todo lo que ellos llaman ‘animal’, haciéndose de esta manera ingratos a Dios quien hizo todas las cosas […] Taciano fue el primero al que se le ocurrió esta blasfemia. Este fue discípulo de Justino, pero mientras estuvo con él, no anduvo con estas teorías. Mas después que el maestro sufrió el martirio, aquel se separó de la Iglesia, y presumiendo con orgullo haber sido discípulo de tal maestro, se sentía superior a los demás y por ello inventó una doctrina con sus propios rasgos. Al igual que los valentinianos predica la fábula de los eones invisibles, y así como lo hacían Saturnino y Marción, denuncia el matrimonio como fornicación y corrupción. Y añade que Adán no pudo salvarse.[43]

Hipólito hace lo propio con los naasenos en su primera recensión de estos gnósticos: “[…] llevan a cabo la misma actividad que los castrados. Insisten, pues, poniendo en el empeño toda crudeza y cuidado en proclamar su apartamiento de todo comercio sexual con mujeres, como si fueran castrados. Todas las demás actividades, según hemos reseñado prolijamente, las ejecutan como los castrados”.[44]

Es posible que Hipólito se inspirase en un texto de Justino, quien también rechaza el encratismo: “[…] otros se mutilan públicamente para la torpeza y refieren esos misterios a la madre de los dioses”.[45]

No obstante, un texto de Ignacio de Antioquía está en la misma línea de los valentinianos respecto de la defensa del matrimonio mientras este no se encuentre impulsado por la pasión: “Si alguno se siente capaz de permanecer en castidad para honrar la carne del Señor, que permanezca sin engreimiento […] Respecto de los que se casan, esposos y esposas, conviene que celebren su enlace con conocimiento del obispo, a fin de que el casamiento sea conforme al Señor y no por sola pasión”.[46]

Pero más significativas resultan aun ciertas líneas de Clemente de Alejandría respecto del encariña Julio Casiano, quien habría enseñado en Egipto hacia el 170.

Y he aquí cómo pretende [Casiano] forzar a Pablo para decir que la generación consiste en un engaño cuando Pablo dice. ‘Temo que como la serpiente engañó a Eva, vuestros pensamientos se corrompan apartándonos de la sencillez que lleva a Cristo’ (2 Co 11, 3) En verdad, el Señor viene, como todos admiten, a salvar lo que estaba perdido; pero porque haya bajado de lo alto [para salvar] la perdida generación de aquí abajo (pues la generación ha sido creada y es creación del Todopoderoso, que jamás habría hecho caer al alma de un estado mejor a otro peor). Sin embargo, el Salvador viene para salvarnos a nosotros, extraviados por los pensamientos que por la desobediencia a los mandamientos se apartaron rápidamente, y por nuestra avidez de placeres; y ello, quizás, porque nuestro primer progenitor anticipó el tiempo, al dejarse llevar por la seducción del matrimonio antes del momento establecido, y por eso pecó, pues ‘quien mira a una mujer para desearla, ha cometido ya adulterio con ella’ (Mt 5, 28), sin aguardar el tiempo establecido. Y era el mismo Señor el que también entonces condenó la concupiscencia que anticipa al matrimonio.[47]

Clemente niega la exégesis gnóstica que hace Casiano de 2 Co 11,3, según la cual el engaño de la serpiente a Eva consistió en despertar su concupiscencia y arrastrarla hacia la generación adulterina. Para el alejandrino, en cambio, la falta original consistió en que Adán miró con codicia a su mujer y, antes de esperar el tiempo oportuno, incurrió en un pecado sexual. Y la causa de esta transgresión debe atribuirse, según Clemente, al estado psíquicamente infantil de nuestros primeros padres. En esta tesis concuerda con la mayoría de los apologetas.[48] Mientras Casiano condenaba la relación sexual por tratarse, según su juicio, de algo propio de los animales, Clemente le concede al encratita sólo que la serpiente aconsejó al inmaduro Adán la unión carnal con Eva, pero no está a dispuesto admitir que el matrimonio sea el resultado de la unión del diablo con Eva o de la sugestión diabólica para que Adán se uniera a ella.

El alejandrino conoció también el simbolismo del Árbol de la Vida:

Dice el profeta: ‘Árbol de la vida es el deseo cumplido’ (Pr 13, 2), para enseñarnos que los deseos limpios y puros son los que están en el Señor vivo. Pretenden ahora que la unión matrimonial del varón y la mujer, llamada conocimiento, sea pecado, puesto que eso significa comer del árbol del bien y del mal, indicando la violación de un mandamiento mediante el uso del verbo conocer. Pero si esto es así, entonces también la gnosis de la verdad es un comer del árbol de la vida. Es pues imposible que el matrimonio honesto se refiera a aquel árbol. Hemos dicho anteriormente cómo en el matrimonio se puede vivir bien o mal; y eso es el árbol del conocimiento: no transgredir las leyes del matrimonio.[49]

Para los encratitas el Árbol de la Vida simbolizaba la mujer, mientras que la Gnosis o Ciencia del bien y del mal era la unión con ella por parte del varón. Comer del fruto de aquel árbol significó para Adán conocer a Eva.

Consideraciones finales

La tradición de la filiación diabólica de Caín se encuentra en varios documentos judíos, de los cuales hemos destacado cuatro: los Pirké del Rabbí Eliezer, el Targum del Pseudo Jonatán, los Jalkut Shim’oni y Génesis Rabbah. Algunos de ellos denuncian interdependencia literaria, pero todos tienen en común el hecho de que atestiguan una arcaica tradición que aparece también en documentos cristianos gnósticos y eclesiásticos. En el ámbito intelectual cristiano ciertas lecturas del drama del paraíso influyeron en la valoración negativa del matrimonio, la que cobró fuerza en los ámbitos encratitas que a partir del siglo I d. C. comenzaron a manifestarse y a crecer, especialmente en la iglesia siria de la cual surge Taciano, uno de sus más conocidos representantes. Ninguno de los cristianos mencionados tomó en sentido obvio o literal el adulterio entre Eva y la serpiente, pero bajo su representación mítico-simbólica se escondía el rechazo al ejercicio de la sexualidad, aunque con sus respectivas distinciones. El mandato por el cual se prohíbe comer del Árbol de la Vida que, como vimos en los textos analizados, se trata del mismo árbol del conocimiento que es de carácter bivalente, puede entenderse como la prohibición a unirse con Eva en el ejercicio del matrimonio. Para los encratitas, esta prohibición era absoluta. Los gnósticos, en cambio, adoptaron una posición intermedia, pues aplicaron la condena encratita del matrimonio entre hombres materiales y entre hombres psíquicos o animales, con clarísimas sentencias en el Evangelio de Felipe. Para los hombres espirituales aplicaron el criterio de la Gran Iglesia, aduciendo que Dios prohibió a Adán y a Eva el uso del matrimonio hasta que fuesen capaces de la unión espiritual. Para los gnósticos de EvFlp, ApJn, HipA y OgM, la proscripción del matrimonio también era absoluta para los hombres psíquicos y hylikos, no para los espirituales, porque su naturaleza pneumática rebasaba la concupiscencia de la carne y, la unión física del matrimonio no era otra cosa que una figura del enlace pleromático de los Eones. No importaba la generación biológica, sino la pneumática. Para los eclesiásticos entre los que se destaca Clemente, esta prohibición era sólo temporal, hasta que el hombre “infante” e “inmaduro” pudiera consumar el matrimonio según la voluntad de Dios. Clemente de Alejandría escribe contra Julio Casiano en defensa del uso correcto de la sexualidad, en el tiempo y espacio en que Dios la bendice, es decir, en la santidad del matrimonio. Del mismo modo pensaban Ireneo y Teófilo antioqueno, anticipándose al alejandrino. Para los encratitas, el hecho de que la cópula haya sido la causa de la caída primigenia arroja sospechas definitivas sobre la práctica sexual humana y se la considera impropia de la unión con Dios y propia de las bestias. En resumen, tanto gnósticos como encratitas y eclesiásticos admitían que hubo matrimonio entre Adán y Eva. Los encratitas apuntaban a la unión con Dios en la oración y la mutua piedad. Los eclesiásticos a la unión carnal según la voluntad de Dios, mientras que los gnósticos reconocían uno carnal sólo válido entre los espirituales y el matrimonio propiamente pneumático. El problema del adulterio entre Eva y la serpiente y su consecuente maternidad de Caín y Abel es admitido por los tres grupos. La línea de la teología johánica deja ver el arrastre de esta tradición en 1 Jn 3, 12 y en ciertas sentencias de Policarpo. Según los gnósticos, sólo Set es de progenie espiritual porque fue el primer hijo de Adán después de haber recibido la gnosis, lo que convierte a Set en padre de los espirituales.

En todos los casos, el tratamiento de una dimensión antropológica como la de la sexualidad resultó problemático entre los primeros cristianos, y las consecuencias de sus vaivenes se dejan ver hasta hoy. Es evidente que mucho antes de las exégesis targúmicas los cristianos ya habían prestado atención al tema de la sexualidad y su vinculación con el pecado. La complejidad que presenta la cuestión al análisis de los numerosos documentos nos delata la importancia de la misma y su impacto en la institución matrimonial. Esta preocupación contrasta notablemente con la banalidad característica de muchos abordajes contemporáneos a la educación sexual caracterizados por reduccionismos biológicos, prejuicios antropológicos y por un despojo absoluto de los mitos primordiales que han dejado una huella atávica e insoslayable en la psiquis humana.


  1. Pirké del Rabbí Eliezer XXI, trad. notas por Gerald Friedlander (London: Kegan Paul, 1916), 150.
  2. Idem, 150s.
  3. Targum del Pseudo Jonatán (en adelante: PsJ) Gen 3, 4-5, en Miguel Pérez Fernández, Tradiciones mesiánicas en el Targum palestinense. Estudios exegéticos (Valencia-Jerusalén: Institución San Jerónimo, 1981), 47.
  4. PsJ Gen 3, 6, 48.
  5. PsJ Gen 4, 1, 48.
  6. PsJ Gen 5, 3, 48.
  7. La palabra hebrea mšbr (משבר), “vulva”, “cuello del útero” (cfr. 2Re 29, 3) toma aquí el sentido metafórico de “puerta”. En plural significa oleadas (cfr. Jon 2, 4, 2Sa 2, 25: “oleajes de muerte”). Cfr. M. Pérez Fernández, Tradiciones mesiánicas, 49, n. 61.
  8. 1QHodayot (1QHa) Col. XI (= III + frag. 25), 9-18, edición y traducción por Florentino García Martínez, Textos de Qumrán (Madrid: Trotta, 20096), 369.
  9. Jalkut Shm’oni 35, en Jalkut Shm’oni al ha-Torah le Rabbenu Schim’on ha-Darschan I: Sepher Bereshit (Jerusalén: D. Hyman et alli, 1971), 120ss.
  10. Bereshit Rabbah (en adelante: GnR) XXIV, 6, en Luis Vegas Montaner, Génesis Rabbah I (Génesis 1-11). Comentario midrásico al libro del Génesis, Biblioteca Midrásica (Estella-Navarra: Verbo Divino, 2009), 283.
  11. Cfr. Testamento de Adán III, 5: “Escúchame, hijo mío, Set, porque vendrá el diluvio y barrerá toda la tierra a causa de la casa de Caín, tu hermano, que arrastró a los malos, que mató a su hermano por celos de Lubia, su hermana”, en Alejandro Diez Macho, Apócrifos del Antiguo Testamento V (Madrid: Cristiandad, 1987), 434.
  12. Cfr. La cueva de los tesoros (en adelante: CT) V, 18-19: “Adán y Eva descendieron desde aquella montaña santa hasta sus bordes inferiores y allí Adán tuvo trato carnal con Eva. Concibió y dio a luz a Caín y a Levuda, su hermana, gemelos, con él, en un solo vientre”, trad., introducción y notas por Pilar González Casado (Madrid: Ciudad Nueva, 2004), 99.
  13. Cfr. CT V, 20: “De nuevo concibió y dio a luz a Abel y a Quelimta, su hermana, en un solo vientre”, 99.
  14. Vida de Adán y Eva 1, en A. Diez Macho, Apócrifos del Antiguo Testamento… II, 325.
  15. GnR XX, 3, 257.
  16. Cfr. L. Vegas Montaner, Génesis Rabbah I…, 257, n. 15.
  17. Cfr. Antonio Orbe, “El pecado original y el matrimonio en la teología del siglo II”, en Gregorianum 45, 3 (1964), 449-500 (aquí, 461, n.46).
  18. Hipólito, Refutaciones (en adelante: Ref.) V, 20, en José Montserrat Torrents, Los gnósticos II (Madrid: Gredos, 2002), 89s.
  19. Protoevangelio de Santiago XIII, 1(texto griego), trad., introducción y notas por Consolación Isart Hernández, Colección Apócrifos cristianos (Madrid: Ciudad Nueva, 1997), 113.
    Con ligeras variaciones, puede leerse el mismo pasaje en el texto siríaco traducido y anotado por Pilar González Casado, quien propone la traducción: “Adán estaba alabando, vino la serpiente” (‘ezal hewyā); cfr. op. cit., 169, n. 148. Para iluminar esta tradición según la cual Eva abandonó a Adán en su glorificación a Dios y se apartó para <conversar> con la serpiente, quien la engañó y sedujo, cfr. Antonio Orbe, “El pecado de Eva, signo de división”, en Orientalia Christiana Periodica 29 (1963), 305-330.
  20. Evangelio de Felipe (en adelante: EvFlp) (NHC II 3) 61, 5-10, en Antonio Piñero, José Montserrat Torrents, Francisco García Bazán, Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi II: Evangelios, hechos, cartas (Madrid: Trotta, 1999), 33.
  21. EvFlp 78, 15-20, 46.
  22. Cfr. Evangelio de María (Papiro copto Berlinense 8502) 16, 15, en A. Piñero, J. Montserrat Torrents, F. García Bazán, Textos gnósticos…, p. 136.
  23. Hipólito, Ref. V, 26, 23,106.
  24. Libro de los secretos de Henoc (2 Henoc) 11, 75, en A. Diez Macho, Apócrifos del Antiguo Testamento… IV, 179.
  25. La Hipóstasis de los Arcontes (en adelante, HipA) (NHC II 4), en A. Piñero, J. Montserrat Torrents, F. García Bazán, Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi I: Tratados filosóficos y cosmológicos (Madrid: Trotta, 20002), 380.
  26. Sobre el origen del mundo (en adelante: OgM) (NHC II 5) 117, 1-20, en A. Piñero, J. Montserrat Torrents, F. García Bazán, Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi I, 409s.
  27. Cfr. Taciano, Discurso contra los griegos 8: “Ahora te alabo a ti, oh Daphne, que después de vencer la intemperancia de Apolo, confundiste su arte adivinatoria, pues al no saber de antemano lo que había de ser de ti, de nada le sirvió su arte”, en Daniel Ruiz Bueno, Padres apologetas griegos (s. II), (Madrid: BAC, 19963), 583.
  28. HipA 91, 8-92, 4, 381s.
  29. Apócrifo de Juan (ApJn) (versión larga, NHC II 1) 24, 8-31, en A. Piñero, J. Montserrat Torrents, F. García Bazán, Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi I, 253.
  30. San Ireneo, Adversus haereses (Adv. haer.) I, 30, 9, en Adelin Rousseau, Louis Doutreleau, Irénée de Lyon. Contre les Hérésies. Livre I, vol. II (SC 263-264) (Paris: Les Éditions du Cerf, 1979), 375s.
  31. EvFlp 71, 22- 32, en A. Piñero, J. Montserrat Torrents, F. García Bazán, Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi II, 41s.
  32. EvFlp 78, 25, 46.
  33. ApJn 21, 30-22, 5, en A. Piñero, J. Montserrat Torrents, F. García Bazán, Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi I, 251.
  34. En el texto de la LXX, Gn 4,1 se lee de la siguiente manera: “Conoció (el hombre a Eva, su mujer”; Gn 4, 25: “aún conoció Adán a su mujer”, mientras que Gn 2, 17: “Del árbol de la ciencia del bien y del mal”.
  35. Cfr. A. Orbe, “El pecado original y el matrimonio en la teología del siglo II”, 465.
  36. Para un completo estudio de este tema, véase Jan Dochhorn, “Caín, el hijo del diablo. Investigación en torno a la historia de la tradición de 1 Jn 3, 12”, eds. Juan José Ayán Calvo, Patricio De Navascués Bellonch, Manuel Aróstegui Esnaola, Filiación. Cultura pagana, religión de Israel, orígenes del cristianismo II (Madrid: Trotta, 2007), 145-163.
  37. Carta de San Policarpo a los Filipenses VII, 1, en D. Ruiz Bueno, Padres Apostólicos, edición bilingüe completa (Madrid: BAC, 19936), 667.
  38. Martirio de San Policarpo (Epílogo según el Códice de Moscú) 3, en D. Ruiz Bueno, Padres Apostólicos, 688. Cfr. Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica IV, 14, 3-8, versión española, traducción y notas por Argimiro Velasco-Delgado, Eusebio de Cesarea. Historia Eclesiástica I (Madrid: BAC, 19972), 220-221.
  39. Cfr. Tertuliano, Adversus Marcionem I, 6, 1, introducción, texto crítico, traducción y notas por René Braun, Contre Marcion, Tome I, Livre I, (SC 265) (Paris: Cerf, 1990), 105.
  40. Cfr. J. Dochhorn, “Caín, el hijo del diablo…”, 160.
  41. Cfr. 1 Ti 4, 3.
  42. S. Ireneo, Adv. haer. I, 24, 2, 323.
  43. S. Ireneo, Adv. haer. I, 28, 1, 355.
  44. Hipólito, Ref. V, 9, 11, 60.
  45. Justino, 1 Apología (1 Apol.) 27, 4, en D. Ruiz Bueno, Padres Apologetas griegos, 211.
  46. Ignacio de Antioquía, Carta a San Policarpo V, 2, en D. Ruiz Bueno, Padres Apostólicos, 500.
  47. Clemente de Alejandría, Strómata (en adelante, Stróm.) III, XIV, 94, 1-95, 1, introducción, traducción y notas por Marcelo Merino Rodríguez, Clemente de Alejandría. Strómata II-III: Conocimiento religioso y continencia auténtica, (Fuentes Patrísticas 10) (Madrid: Ciudad Nueva, 1998), 459.
  48. Cfr. Teófilo de Antioquía, A Autólico II, 25. “El mismo árbol de la ciencia era bueno y bueno era su fruto. Porque no fue el árbol el que trajo muerte, como algunos piensan. Pues en el fruto no había otra cosa más que ciencia, y la ciencia es buena si se la usa apropiadamente. Y es que por su edad, este Adán era todavía un niño y por eso no podía recibir de modo digno la ciencia. Aún ahora cuando nace un niño, no puede comer pan inmediatamente, sino que primero se alimenta de leche y, después, conforme crece en edad, pasa al alimento sólido. De la misma forma ocurrió con Adán. Pues no fue por envidia, como piensan algunos, que Dios le prohibió comer de la ciencia», introducción, traducción y notas por José Pablo Martín, Teófilo de Antioquía. A Autólico, edición bilingüe griego-español, Fuentes Patrísticas 16 (Madrid: Ciudad Nueva, 2004), 163; cfr. S. Ireneo, Epideixis 12: “Sin embargo, estos, es decir, los ángeles, se hallaban en la plenitud de su posibilidad, mientras que el dueño [de la tierra], es decir, el hombre, era aún pequeño, como niño, y debía crecer para llegar a la madurez […] Pero el hombre era todavía niño y no tenía aún pleno uso de la razón, de ahí que le fuera fácil al seductor engañarle”, introducción, traducción y notas por Eugenio Romero Pose, S. Ireneo de Lión. Demostración de la Predicación Apostólica (Fuentes Patrísticas 2) (Madrid: Ciudad Nueva, 1992), 81s.
    Más adelante, en el capítulo 14 de la misma obra, dice Ireneo: “Y Adán y Eva, pues así se llamaba la mujer, estaban desnudos y no sentían vergüenza, porque su mentalidad era inocente e infantil y no brotaban en ellos imaginaciones y pensamientos como los que engendran en el alma la concupiscencia y la pasión atizados por el mal. De hecho, vivían en estado de integridad, conservando su propia naturaleza, porque lo inspirado en el plasma era un soplo de vida. Ahora bien, mientras dura y persevera aquel soplo, en su orden y con su vigor, no es posible entender y concebir cosas abyectas. Por eso no sentían vergüenza al besarse y abrazarse con la inocencia más infantil”, 88. Para un mayor desarrollo del tema, véase M. C. Steenberg, “Children in Paradise: Adam and Eve as ‘Infants´ in Irenaeus of Lyons”, in Journal of Early Christian Studies, Vol. 12, 1 (2004), 1-22.
  49. Clemente de Alejandría, Stróm. III, XVII, 103, 4-104, 1, 477.


3 comentarios

  1. extendida 12/05/2019 3:50 pm

    Glorioso 🙋‍♂️🤗🤗🤗

  2. bernabesilas 15/09/2019 9:22 pm

    Sería interesante profundizar más en este tema

  3. lopezelpapi 19/08/2021 1:24 pm

    grande

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