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4 El proyecto colectivo de la sanación

Rosana Paula Rodríguez, Victoria Pasero y Sofía da Costa

Para sanar, hay una dimensión de lo colectivo, del caminar junto a las otras/es, del encuentro, la caricia, el aprendizaje compartido (quien sana y quien es sanada/o/e). Su importancia reside en el potencial político transformador que tiene lo colectivo, y, que se conecta con la actual problemática de indagación que sostenemos: el paso del dolor a la sanación y la fuerza de las relaciones entre mujeres.

En contextos donde predominan lecturas soft o new age de la sanación, atravesadas además por lógicas de apropiación cultural y despotenciación de lo colectivo, a partir de la individualización neoliberal, reconstituir el tejido de lo comunitario/colectivo, constituye una estrategia para resistir ante la colonialidad, el despojo y la apropiación violenta, del extractivismo en todos sus niveles.

Las memorias, los territorios, los cuerpos, las manos, los saberes, los gestos, las emociones, hacen a un entramado sostenido y reparado en las distintas experiencias y trayectorias de sanación que fuimos encontrando en los relatos y testimonios, auto-corpobiografiados y dialogados, rememorados e incluso, soñados.

También abordamos la dimensión acción-creación, a partir de una práctica artística que reviste otras formas de sanar, que iluminan posibles caminos por los que transitar las dolencias, las enfermedades, y hermanar esfuerzos para una salida colectiva, reconfigurando nuestras relaciones con otras/es/os, con la naturaleza y con otras entidades no humanas.

Claves para la auto e inter-sanación

La comunidad como cuerpo colectivo

A lo largo de los relatos encontramos diversas estrategias de acompañamiento en auto-atención y promoción de autogestión de la salud y del buen vivir/estar de sus consultantes. Trazaremos algunos elementos en común. Para ello recurriremos a los aportes del feminismo descolonial latinoamericano. En particular, aquellos que complejizan la lectura de los cuerpos-territorios (Cabnal, Lorena 2010; Cumes, Aura, 2012).

Entender el espacio de la sanación y las concepciones de los cuerpos, resulta vital en nuestro análisis. El capital fractura, divide, jerarquiza y distancia. Mientras más separadas/os estamos de nuestro propio cuerpo, de las personas que tenemos al lado, de la naturaleza, más efectiva se hace la dominación y explotación. La violencia produce el extrañamiento de los seres humanos en el mundo, la inversión a partir de la cual se toma las cosas por seres y los seres por cosas. Las cosas, en el capitalismo podemos resumirlas en el dinero (mercancías), que cobra vida y se levanta por encima de los/as que lo producen. Los seres (humanos y no humanos) se vuelven cosas, abandonadas a padecer todo sufrimiento y dolor posible, son desposeídos de todo: hasta de su propia vitalidad y corporalidad sintiente.
Lisset Coba, desde una economía política sexuada, indica “la alienación implica el extrañamiento ante la fragilidad del tejido que permite la regeneración de la vida” (2015:10). Desde esta lectura, la alienación es la extrañeza que invade los cuerpos en forma de enfermedades desconocidas, sin diagnósticos ni tratamientos. Enfermedades que llevan a los cuerpos a la agonía y la soledad, al desamparo, cotidianas muertes silenciosas. La naturaleza, sus ríos, aguas, enferman también. Todo ello produce un mundo ajeno, extraño, territorios-espacios donde la vida simplemente ya no es posible.

Sin embargo, la vida continúa siendo posible. Y ello mediante el trabajo de reproducción social y de cuidados que llevan a cabo principalmente las mujeres, en procura de dar “aliento” a la vida de la comunidad. Trabajo que implica asistir a las personas enfermas, sostener mediante la ritualidad, la persistencia simbólica de la comunidad, la memoria y sus significados.

En las entrevistas a nuestras sanadoras el compromiso con lo comunitario resulta central, no hay respuestas individuales, sino colectivas. Este es el proyecto político de la sanación popular. En las sanadoras como en las terapeutas alternativas, la importancia de lo comunitario en los procesos de salud /enfermedad, emerge tanto en las explicaciones de las causas /origen de los padecimientos como así también para favorecer la sanación.

Patricia nos advierte de la conexión entre el latido comunitario y los propios ritmos cotidianos, cuando por la “alienación” y extrañamiento nos alejamos de esta escucha, se produce un desgaste y una pérdida. Allí es donde ella fija su atención como sanadora, para ayudar a recuperar ese ritmo, esa escucha, ese latir, íntimo y comunitario:

Patricia: Y yo, mirá, fíjate, cuando yo fui a México, llevé este tema… llevé un trabajo, un trabajo que se llamaba “Elementos integradores del paradigma de transición”, donde justamente lo que tomaba en cuenta era la pérdida de los ritmos propios, uno tiene que entender muy bien, escuchar el latido de la comunidad, como escucha el latido de la persona, escuchar el latido de la familia, eso es el latido, el ritmo ése que tiene cada individuo y cada, cada elemento de la naturaleza ¿no? Que tiene el universo mismo, de escucharlo. Otra, es… la, la pérdida de los amortiguadores internos y sociales, el desgaste…

Ana da cuenta de la complejidad del universo, su interrelación y de la enfermedad mortal que aqueja a nuestro planeta, y el riesgo de no existir más:

Ana: Pero nosotros, somos una célula cósmica. El mundo es una célula del cosmos. Ustedes imagínense cuántas galaxias, cuántos universos, cuántas formas… y nosotros somos una huevadita… pero esa huevadita ha enfermado. Ahora somos un cáncer para ellos. Estamos en la última etapa de la existencia y no es apocalíptico esto, es puramente la razón, la lógica. Si no servimos para desarrollar el objetivo final que es el amor, no nos van a querer… porque el universo funciona con la energía del amor, no con la del dinero.

Laura en cambio insiste en la supervivencia en armonía de la comunidad (se refiere en particular a las comunidades indígenas).

Laura: Si una piensa el curanderismo en pueblos tierra adentro, donde todos más o menos se conocen, es decir, la… el funcionamiento como comunidad, se conoce, eh… difícilmente haya patologías extrañas ¿no? Se conocen mucho. Funcionan más o menos todos al unísono y estoy hablando de personas, animales, tiempo, espacios, cosechas, sembradíos… entonces difícilmente haya cosas que son muy extrañas ¿no? Es decir, yo creo que se dan, pero deben ser las más raras. Eh… yo creo mucho en esta cosa de la comunidad.

La respuesta de las/os curanderas/os como sostiene Laura no se afinca en un órgano o en la parte del cuerpo enfermo, sino que entiende el problema de modo integral y para ello se requiere restaurar el equilibrio alterado entre cuerpo, comunidad y naturaleza.

Cuerpos y territorialidades

Desde una mirada de los “cuerpos como territorios vivos e históricos” (Delmy Tania Cruz, 2016:44) buscaremos trazar las redes de vida que se tejen, las “partes del cuerpo” que resisten a las invasiones espaciales-corporales y a las políticas de muerte lenta (Sofía Zaragocin, 2018), y las estrategias de sanación que se despliegan.

Entendemos que sanar es una manera de resistir, desde nuestra lectura feminista y descolonial, tanto de las mujeres sanadoras y curanderas, como de quienes asisten a ellas. “Hay partes del cuerpo que crean territorialidades propias”, sostiene Zaragocin, indagaremos entonces en esas territorialidades que se generan, en los sentidos y en los espacios que se propician en cada consulta, ya que podemos afirmar, junto a Sara Smith, que “los cuerpos no solamente son territorios, hacen también territorios” (citada en Cruz Hernandez, Delmy, 2016/2015:43).

Qué territorialidades, entonces, son las que se reparan en cada consulta, en las visitas, en los roces de los cuerpos, en los ungüentos, los brebajes, los dolores sentidos. Estos espacios de cuidado, contención y sanación, son fundamentales en momentos de recrudecimiento de las violencias hacia los cuerpos feminizados, de la creciente sobrecarga de trabajo, agotamientos y dolores. Son esenciales, en un contexto de crisis de los esquemas tradicionales de medicina, donde ya no es posible considerar la mente escindida del cuerpo, las emociones de los síntomas.

Así, explica Ana la emotividad de los órganos, la concepción de la enfermedad como desarmonía y los ciclos de sanación,

Ana: … he hecho las constelaciones.

Gabi: Y yo tengo -mi mamá tuvo cáncer de mama- ella falleció. Y su mamá falleció más o menos en la misma edad que falleció mi mamá… o sea, las dos perdimos a nuestra mamá en la misma edad, más o menos. Y yo nací el 20 de agosto que es el cumpleaños de mi abuela. Bueno, hay una cuestión media…

Ana: ¡Hacela! Lo que te hace la constelación que te abre caminos para la integración de esos cuerpos que yo hablo. Lo que pasa es que la mama, como es el órgano femenino más emotivo, el que más contiene nuestras emociones (y es muy atractivo) pero aparte hormonalmente es muy activo. Entonces puede recibir esta emocionalidad con mayor amplitud que… podría ser acá, o allá o en cualquier lado. ¡Nada más!, pero cualquier otro órgano de nuestro cuerpo puede recibir. Porque hace un ciclo. Yo tengo un escrito de eso… la enfermedad, o la desarmonía porque la enfermedad no existe- la desarmonía se manifiesta-. Si no la solucionás, va buscando en qué parte del cuerpo la puede solucionar. Si no puede solucionarlo en la parte física lo va a llevar a la parte emocional. Si no puede en la parte emocional lo va a llevar a la parte espiritual o lo que sea. Si no puede, lo regresa al físico otra vez y vuelve a pasar a los órganos. Pero en este caso como ya hizo todo el recorrido y no puedo lo encapsula y forma un tumor.

Los encuentros y testimonios de estas mujeres sanadoras nos posibilitan experimentar y conocer las prácticas de curación y los cuidados de la salud que realizan en sus intervenciones. Sus relatos nos trasladan por diversos caminos, y nos invitan a conocer las múltiples terapias que utilizan para resolver lo que demandan, solicitan sus consultantes. Fernanda Soru, Lucía Boris, Xilenia Carreras, y Dante Duero, rescatan la definición de “terapias culturales” de Raymond Fourasté (1992):

Aquellas prácticas terapéuticas que varían de una cultura a otra, de acuerdo con las creencias religiosas, los modos de significar el cuerpo y los órganos y el lugar que se le da al hombre (y mujeres) en el espacio natural y sobrenatural. En concordancia con esta perspectiva supone que las experiencias de enfermar y las prácticas curativas se sustentan en un sistema de significados que condicionan la forma de entender, explicar y responder ante las experiencias de sufrimiento (Soru, Boris et al., 2012: 94).

Las prácticas y estrategias curativas están teñidas de creencias, supuestos, significados e interpretaciones que cada una de las mujeres adopta. Laura, relata como fuente de poder y energía la impostación de manos.

Otro relato, el de Emilia, describe también una experiencia de impostación de manos vivida en su adolescencia:

Emilia: Las primeras manos que me sanaron desde pequeñita y hasta los 17 años fueron las de mi padre. Un dolor de panza, dolor de cabeza, espalda, bastaba con la imposición de manos de él para hacerlo cesar. No sé si era algo que él tuviera muy consciente, y sé que era algo transmitido de seguro desde mi abuela, pero había una complicidad en saber que de esa forma se podría sanar, que calmaría un malestar.

Sabrina liga su saber a la energía y a lo religioso, y lo describe de la siguiente manera:

Sabrina: Le pido nada más, a diosito. Si se tiene que sanar, que él haga lo que tiene que hacer… a través de mis manos. […] con la imposición de manos, ¿qué hace? Vos le mandás energía positiva.

Es fundamental, en todos los relatos de las mujeres sanadoras, curanderas, la conexión con los cuerpos sintientes. La significación de la imposición de manos es social pero también religiosa y mágica. Así, como vimos en el capítulo anterior, encontramos en el relato de Sabrina, su capacidad de sentir “el dolor del otro/a en el propio cuerpo”.

En otros relatos, encontramos además de esa capacidad de sentir, la importancia de no hacer un “fetichismo de la herida” (en los términos de Sara Ahmed, 2015), para completar el proceso de sanación, para que la/el paciente tome a cargo su propia sanación. Señala Patricia:

Sara: Y, digamos, en esto se iniciaría el proceso sanación, que vos decías… el paciente toma a su cargo ese proceso de sanación.

Patricia: (El paciente toma a su cargo) …ese proceso de sanación. Entonces uno lo explica, es un proceso más educativo, por eso no es fácil….
… O como dijo un colega que yo he querido mucho que ha tenido mucha trascendencia en mi formación, Rosa Scolnik, que es la hermana del Dr. Scolnik, que fue una gran bióloga […] y médica, y decía esto que…, el poder de sanación está dentro de uno verdaderamente, no está afuera. Cuando uno dice “yo estoy deprimida” y uno sale de la depresión si quiere. Hay gente que no quiere salir, hay gente que instrumenta esta depresión también como su monstruito como para transitar, y es lo que la sostiene de pronto también ¿no? […]. Es que se va descubriendo a sí mismo (a sí misma). Cuando uno hace el proceso de reconocimiento, de auto-reconocimiento, va soltando solamente. Por eso es una medicina más liberadora. A mí no me interesa sujetar a ningún paciente.

Del mismo modo, en las prácticas de Laura, el camino de la sanación termina en la persona, jamás el poder está en quien cura y permite así definir con límites, un “encuadre”, el lugar de quien cumple el rol de acompañar:

Laura: … yo creo que cada persona es capaz de sanarse a sí misma. Lo que pasa es que la persona busca el espacio donde sanarse. El maestro que le acompañe en esa sanación. La posibilidad de verse a sí mismos con sus miserias, con sus diablos con sus cosas y sacarlas. En este caso a través de la pintura. Sacar los diablos a través de la pintura es algo increíble.

Su labor consiste en acompañar, allanar esa búsqueda que implica poder sanar-se, encontrar-se con los propios “diablos y miserias” aquello que se instala sin permiso, invade nuestros cuerpos, reconocer en cada una/o nuestras más profundas inconsistencias, dobleces, para poder iniciar ese tránsito hacia “una medicina más liberadora”. Como afirma tajante Patricia: “No sujetar a ningún paciente”.

En este sentido, qué implica sanar lo que duele, cerrar la herida, ¿cómo evitar, después de conectar con el sentir profundo, el peligro de caer en las trampas del victimismo o del dolorismo, del que nos advierten Sara Ahmed e Ivone Gebara?

Evitar el dolorismo, ese regodearse en la tristeza, en las lastimaduras corporales, en el sufrimiento, de ahí deriva ese acompañamiento que hacen las sanadoras. Se trata de ayudar a conectar con el dolor, aprender a leerlo, pero no para construir allí un espacio cómodo en el que instalarse, sino en procura de formas crea(c)tivas que permitan generar otros espacios habitables, que impliquen un proceso de aceptación en rechazo de las prácticas enajenantes.

Se procura en definitiva que los cuerpos dejen de ser territorios colonizados, y pasen a ser territorios autónomos. Que cada una/o pueda ser y hacer parte de su proceso de salud-sanación, sin delegar ese poder a otros/as. Las palabras de las sanadoras y terapeutas refuerzan estos sentidos, para que sus consultantes alcancen esa capacidad poderosa sobre sí mismas/os.

“Desandar lo andado”

Aprender a pasar las emociones por el cuerpo, sentirlas, poder vivenciarlas sin racionalizarlas, en un proceso de deconstrucción -de aquello que se tiene internalizado- para la construcción de algo nuevo, es lo que propone la antropóloga y feminista Yolanda Aguilar (Delgado, Alejandra, 2016) cuando se refiere a “descolonizar las emociones”. De la misma manera, el camino de despatriarcalizar las ideas internalizadas, como lo menciona Dorotea Gómez Grijalva, pensadora maya k´iche´, cuando expresa en su texto Mi cuerpo es un territorio político:

Conforme fui entendiendo la complejidad de las sexualidades, profundizando en mis reflexiones político-feministas y ahondando en mi proceso de búsqueda y re-encuentro, a través de procesos de sanación, avancé en la descolonización de ideas patriarcales que habitaban no solo mi razón, sino también mis emociones y sentimientos (2012: 27).

En este sentido, el proceso de deconstrucción, cambio y sanación, lo relacionamos con lo que Iracema reconoce como “desandar lo andado”:

Iracema: O sea, le pagué para que sacaran todos los diagnósticos que tenía en las clínicas y todo eso lo traje, y todo eso lo quedamos y me dijeron que “Tu tienes que recoger tus pasos, desandar todo lo que has andado” (Y yo digo) “O sea ¿cómo es recoger tus pasos?” (Y me dicen) “Recoger todo lo que dice que tú eres estéril” Entonces esas cosas, el efecto de la negación, de la afirmación que hay antes. (Me dicen) “Pues si tu dejas algo…” Y después también me dice el maestro “Tienes que recoger y volver a hacer otra ceremonia de gratitud. Y tienes que quemar todo, no tiene que quedar nada. Porque algo que quede escrito, de lo que sí… está afirmando.

Del mismo modo que Iracema, la experiencia de “desandar lo andado” se encuentra expresado en palabras de Silvana, como “nexo”:

Silvana: Pues como un nexo entre lo que el paciente ha olvidado ser y quién es hoy. Al ir cruzando ese puente que comienza a construirse desde la primera sesión, se comienza a revalidar el sentido de nuestra existencia, a darnos cuenta que podemos elegir, y que no importa la vida que tengamos hoy, siempre podemos redireccionar nuestros pasos sin miedos y sin culpas. Un nexo entre nuestro mundo interno y el mundo que nos rodea. Un nexo entre nuestro Ser y todas las vidas que hacia atrás tuvieron que unirse para que la nuestra tuviera lugar.

Encontramos en estas mujeres sanadoras, una multiplicidad de estrategias populares de reparación, sanación y estabilización utilizadas para la vida de los/as consultantes/pacientes. Éstas son prácticas terapéuticas que nos instan a realizar un “giro descolonial” de aquellos modelos tradicionales de sanación basadas en las lógicas verticales, dominantes, hegemónicas y académicas.

Superar el destierro de nosotras mismas, el alejamiento impuesto con nuestras emociones y rescatar aspectos que han sido históricamente considerados inferiores, y por ello, han sido feminizados.

Dentro del territorio complejo de las emociones encontramos, íntimamente vinculada, la intuición, reconocida en sus propias palabras por varias de las sanadoras:

Laura: En la gran rueda de la vida del ser humano donde uno es una partecita nada más. […] Y en esa partecita está, bueno esa intención de ayudar a las personas a través del arte. A que se encuentren a sí mismas que se desarrollen que encuentren el valor de su intuición porque la intuición de cada uno es… muchísimo más que cualquier diccionario cualquiera, es decir, cualquier cosa de tu vida que quieras darle respuesta buscalo en tu intuición. Entonces darle esa posibilidad y aplacar la cuestión racional para que la intuición pueda surgir es una forma. Y eso podemos hacerlo a través de la pintura, del arte.

Iracema: Si, para poder curar. Para tener esas otras, dijéramos, “además de”. Al menos, sobre todo, si tomas conciencia de esto, por eso es que tenemos el don de la intuición también, que es algo que se suma.

María Galindo se refiere al feminismo intuitivo[1] para referirse a ese devenir que surge de la ruptura de los mandatos que cargaron nuestras madres, es un feminismo que surge de leer ese cuerpo materno y sus opresiones, de la indignación y la rabia contra las violencias y los femicidios, “que nace de las intuiciones y las lecturas irreverentes de este momento histórico desde diferentes sectores de mujeres (como las mujeres trans y las mujeres en prostitución, entre muchas otras). Entendiendo que el feminismo es una lucha por la despatriarcalización de la sociedad” (2020).

Tanto en las interlocutoras como en nuestras autonarraciones, la exploración de las emociones y de las experiencias sensibles en el cuerpo-conciencia, produce un desborde de los límites de la subjetividad y de la coherencia discursiva. Al mismo tiempo, para decirlo en coincidencia con Audre Lorde, a partir de ese ahondar en las heridas, se produce un conocimiento profundo respecto de una/o/e misma/o. Ese singular fluye para articularse y conectarse, en particular con nuestras madres, hermanas, tías, amigas y generar sanación con el fluir del dolor.

Julia: … los médicos le dicen a mi mamá que tiene que operarse el pie, a la altura de la tibia y el peroné, por una úlcera que se le había formado a partir de sus problemas de trombosis, padecidas por ella durante mi infancia. La operación podía salir bien, pero implicaba un riesgo importante. Unos días antes de la intervención, mi mamá me pidió que con toda mi energía le rozara mis manos sobre la herida, acordándose de lo dicho por un padre carismático, pero sobre todo conectándose desde nuestro vínculo. Conectamos. Y el día en que fue al médico, éste le dijo que ‘todo parecía un milagro’, en unos días la úlcera disminuyó considerablemente y por lo tanto no hizo falta operar.

El cuerpo se nos presentifica, en ocasiones con el dolor, pero también se activa con la memoria y el recuerdo placentero de las caricias, se articula con el conocimiento astrológico y la fuerza de los elementos en las emociones.

Las mujeres en general hemos sido definidas en torno de los avatares emocionales producto de la expresión emocional cultural. Expresiones tales como el cariño, el amor y el dolor/duelo, son trabajos emocionales y no sólo formas retóricas de control sexogenéricas en torno de una feminidad débil y vulnerable (Brigidi, Serena, 2010). Las mujeres cumplen un papel afectivo emocional, obligación que se construye en función de los cuidados y la atención de los demás. La empatía, por ejemplo, ese orientarse comprensivo hacia otras/es constituye una disposición perceptiva al sufrimiento de otras/es, que las mujeres manifiestan con mayor facilidad. De este modo, ellas consultan mucho a las medicinas complementarias sobre las expresiones emocionales tales como los males del corazón, el susto (miedos y pánicos), tristeza (depresiones), duelos, cólera (enojos y rabias) de sí mismas como de las/es/os integrantes de sus familias.

Emilia: … no puedo evitar remitirme a los ecos de la memoria en mi cuerpo. El sentido de tacto, presente, aflora recuerdos de calidez, de generación de bienestar, de sanar a través del cariño. La fluidez en mi cuerpo de sentimientos, y remitirse a mi signo de agua, hace que inevitablemente recuerde esos dolorosos llantos de niña, vivir exageradamente pero también sin restricciones cada alegría, como cada dolor.

En los relatos, podemos reconocer un territorio donde los cuerpos conjugan diversas posibilidades, las provenientes de la libertad creativa, los rituales de sanación y eficacia de sus dispositivos[2]. De alguna manera en los recuerdos respecto de la sanación surge una fuerza poderosa que nace de la capacidad y el poder de los cuerpos de dominar ciertos campos que se presentan incontrolables que tiene implicancias transformadoras en la conciencia corporal: crecimiento, resistencia, cambio, lucha, orientación, equilibrio, asentimiento, acción y ensamble. Sanar(se) conlleva la afectación en los cuerpos, mediante la generación de nuevos sentidos.

En Carmela observamos y vivenciamos otro dispositivo de sanación. Cuidar y sanar a las/es consultantes, constituyen el propósito de su acción, su procedimiento y práctica resulta un misterio, que ella misma no puede explicar.

Carmela: Bueno, él se sienta allá y yo acá y yo entre medio de los libritos le hacía mis rulitos.

Rosana: Yyyy… recién hablabas que tenías un sistema, por ejemplo, cuando le dibujaste a la doctora dónde estaba el tumor de su mamá, ¿cómo hiciste para ver eso?

Carmela: Y lo vi, lo vi, así como veo todo, natural. Es todo natural, chicas. No les puedo explicar cómo ni por dónde, a veces a veces me asusta, a veces no quiero, no quiero ver cosas así, porque yo digo por qué dios me las da que las vea si no tengo yo la solución para darle a esa persona, me entendés. Eso es lo que yo me niego a veces.

Rosana: Claro. … cuando ves esa luz y …cuando hay gente enferma se puede prevenir sino está destinado a morir como decís.

Carmela: Claro. Sí, sí.

Este dispositivo terapéutico, al que Carmela le denomina “rulito”, consiste en una práctica que involucra varias estrategias de sanación, en la que conjuga la adivinación, contención y sanación; el nombre, apellido y edad del/la consultante, o de otra persona que quiera consultar. En ese signo ella visualiza la situación, la vida, el contexto respecto de lo consultado. Ella detalla lo que “observa” en el gráfico (mediante adivinaciones) y se los transmite a sus consultantes a través del lenguaje.

La capacidad de sanar y las estrategias desplegadas para hacerlo pasan por distintas partes del cuerpo. En muchos casos, consiste en repetir lo que ayuda a sanar y no repetir aquello que daña o lastima.

Este aprendizaje, resulta fácil de decir, pero difícil de in-corporar. Sin embargo, a lo largo del tiempo, una vez que el cuerpo experimenta dolencias o placeres, y que se vinculan a experiencias diferentes, en contextos determinados, logra discernir lo nutritivo de lo tóxico y luego cada quien aprende una manera de procesar esa distinción.

Nos preguntamos cómo se tejen propuestas alternativas; cómo avanzar para reclamar nuestro cuerpo en su dimensión política y en su dimensión gozosa. En los relatos de estas mujeres encontramos pistas, ensayos y errores y, sobre todo, una profunda convicción en la capacidad de sanar autónomamente.

El arte como sanación

Las prácticas artísticas están enlazadas con la posibilidad de instancias de sanación, purificación, reconstrucción, transformación, reflexión y expresión de quienes están atravesando por distintas situaciones difíciles. Dentro de las estrategias de sanación de tipo terapéuticas, el arte se alza como un nuevo abordaje interno y externo para recorrer y superar esos momentos.

A lo largo de las diferentes entrevistas hemos identificado el destacado rol del arte como proceso de sanación. Se refleja la necesidad de expresión como un modo de encontrarse a sí mismas, de poder crear sin prejuicios, de entenderse y entender el mundo circundante, de atravesarlo, de transformarlo. Teatro clown, pintura, música, sonidos, danzas, poesías son algunas manifestaciones artísticas que aparecen en la cotidianeidad de las mujeres entrevistadas.

Con el teatro clown, se suscita un proceso de identificación entre la(s) artista(s) protagonista(s) de la escena y las mujeres del público que reciben el mensaje a través de la actuación, de lo sonoro, de lo visual, donde lo sensorial y espiritual se conectan con el cuerpo consciencia. De esta manera, no solo el arte se asume únicamente desde quién lo realiza, sino desde quien lo busca y lo percibe. Así, el protagonismo que adquiere la búsqueda de lo artístico como un medio sanador se potencia aún más.

Experiencias creativas/prácticas artísticas

Pero señor ¿qué podemos saber las mujeres sino filosofía de la cocina? Bien dijo Lupercio Leonardo, que bien se puede filosofar y aderezar la cena y yo suelo decir, viendo estas cosillas, que si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito.

 

Sor Juana Inés de la Cruz

“La actividad creativa e intelectual de las mujeres se ha caracterizado por un nexo recurrente entre conocimiento y reclusión, escritura y silencio” (de Lauretis, Teresa, 2000: 11). Esa ambigüedad no clausura la imaginación, por el contrario, permite vencer al silencio que nos encarcela, procurarnos un lenguaje en la escritura, a través de las metáforas, nuevas imágenes, invenciones que transforman, para encontrar la autoestima, la autoaceptación, la autorealización, un refugio, un consuelo, para curar el dolor, el miedo, la rabia. La imaginación permite trascender y porque no transformar la experiencia. Ana lo expresa así: “La imaginación es el ámbito de tu invención creativa, son los artistas, los grandes músicos, que solo te sale, pero eso lo puede tener cualquiera”.

El autoconocimiento que se requiere para sanarse, puede significar un proceso desorientador, doloroso y confuso, tampoco hay coherencia allí, debemos comprender nuestro ahogo en una sociedad basada en el dominio/explotación /sometimiento y control patriarcal y machista de las mujeres.

Gabriela: Como que siempre de alguna manera creí y creo que la metáfora tiene un poder enorme de transformación que está vinculada al lenguaje del inconsciente y que entonces de alguna forma alguien puede poner en un espacio una metáfora sobre algo que está pasando, que está transitando, que ha sido parte de su viaje, de su camino, hay algo que se abre frente a la mirada de otros y otras y eso ya es un acto sanador en sí mismo. Es decir, que vos estás poniendo algo que vos sólo hasta ese momento estaba adentro, y en ese ‘poner afuera’ suceden un montón de cosas y se establece un orden nuevo de todo eso, que probablemente te permita mirarlo de otra forma. Y eso para mí es como… lo más importante del trabajo.

Escribir es re nombrar, es expresar con palabras lo inefable, el poder de la escritura reside “en el proceso de nombrar y definir no es un juego intelectual, sino una captación de nuestra experiencia y una llave para la acción” (Rich, Adrienne, 1983: 239). La metáfora aparece aquí como el procedimiento ritual colectivo que procede de la escritura del y en el cuerpo para el develamiento de las intimidades, oníricas, inconsciente, de los lapsus. Una forma de nombrar los secretos de las palabras, sin encubrimientos.

El arte como acción, es una actividad de resistencia, una crítica por y desde y para el cuerpo de las condiciones de existencia, un discurso sobre el mundo y el malestar social. Expresiones que pueden ser improvisadas o preparadas con tiempo, ya sea por las mujeres que asisten al taller de pintura de Laura o que se incorporan al teatro clown, el ejercicio corporal material y simbólico sobre una misma estremece a sus espectadoras/es.

Las narrativas evocan sensaciones fisiológicas corporales tales como “desahogarse”, “vomitar”, “estallar”, “salirse de sí”, como si los límites del cuerpo no pudieran contener(nos). Una explosión interna activa, abre el cuerpo para expulsar lo innecesario, lo tóxico, lo acumulado.

Daniela: La escritura, la fotografía, la poesía han sido siempre herramientas y medio de expresión para desahogarme. Y en cada una de ellas, me han guiado y acompañado, mujeres.

Valeria: Desde pequeña, escribir ha sido mi vehículo para no estallar, para encontrar cobijo a los dolores y penas.

Laura: Cuando yo pinto, yo me transformo, yo me salgo de mi […]. De la vida habitual. El pintar para mí tiene un estado de transformación. De conciencia transformada. Yo no estoy hablando que pinto en un estado de trance. Para nada… pero sí hay una transformación de consciencia. Donde yo estoy absolutamente absorta en lo que estoy haciendo, y eso me, me transporta a mí en un vuelo que es absolutamente sanador. Es equilibrador es decir me, me… y yo estoy segura que hay muchos artistas que, que esto les sucede.

Otras palabras destacadas: “vehículo”, “cobijo”, “salvación”, expresan los sentidos que moviliza las terapias artísticas, el tránsito, el efecto y el resultado.

Rosana: No es casual que ante el dolor, daño o simple malestar sumergirme en la lectura significara la salvación.

Laura: Yo creo que cada persona es capaz de sanarse a sí misma. Lo que pasa es que la persona busca el espacio donde sanarse. El maestro que le acompañe en esa sanación. La posibilidad de verse a sí mismos con sus miserias, con sus diablos con sus cosas y sacarlas. En este caso a través de la pintura. Sacar los diablos a través de la pintura es algo increíble.

Estas terapias alternativas resultan complementarias, porque parten de un axioma diferente a la perspectiva heterónoma de la biomedicina, para recuperar el sentido de nosotras mismas, el tiempo/lugar propio, como protagonistas centrales en el proceso de sanación.

En ese trabajo de conocerse que implica la autosanación, Laura recupera el arte rupestre, de los inicios prehistóricos de nuestra pintura en América Latina y el Caribe, a partir del registro fotográfico pudo explorar, en sus viajes, esas primeras expresiones artísticas que cargan una sabiduría que excede la simbolización. Repara en los signos y destaca, un silencio, un vacío, no simbolizable que alude a lo inesperado.

Laura: En realidad los signos llegan… un poco porque existe una imposibilidad de leer la simbología abstracta del arte rupestre. Que yo, para mí no es abstracta. Porque tiene una significación para ellos que nosotros hoy no lo podemos saber, pero la tiene.

Es esa imposibilidad de leer y de contar y de transferir esa significación lo que a mí me atrapó en mi obra plástica. Entonces la idea fue generar una trama de signos donde no hay significación, donde no hay una posibilidad al leer. Eso genera un vacío. Un vacío que es inquietante para el que lo ve. Entonces el espectador de alguna manera se siente atraído porque hay una necesidad de saber más allá. Entonces ese vacío sirve para que haya una conexión entre el espectador y el artista. En este caso, yo. Emm… pero ese vacío no solamente es para el espectador. Ese vacío también es para mí. Es ese vacío de ese silencio que me permite a mí conocer cosas…. Introspectarme, ir a ese plano de consciencia modificada.

Mariana refiere al chamanismo, en su relato respecto de los poderes de la vibración con el cuenco. Si bien, esta palabra deviene de los pueblos siberianos y budistas, alude a poderes singulares producto de un don en tanto sagrada devolución. El término se puede extender para abarcar una variedad importante de actividades de sanación, brujería, curanderas, adivinas, todas ellas ejercen sus prácticas a través de la fuerza mágica-religiosa para curar cuerpo y espíritu.

Mariana: La terapia con cuencos es tibetana, lo usaban los chamanes en la tribu Bön Po, trabajaban con la vibración del sonido, eran de 7 metales, que tenía que ver con la energía de cada planeta, ahora ya no son así.

El cuenco es milenario, incuestionable, y cuando alguien me cuestiona, lo hago vibrar y a los dos segundos lo entienden, te atraviesa. Se usa en yoga, en relajación, ese es uno de los beneficios, porque en realidad, con vibración estas moviendo toda el agua interna, activas la geometría sagrada en consonancia con el universo, el cuerpo energético, y sobre todo las emociones, el cuerpo emocional, el agua representa las emociones, estas moviendo esas emociones para liberarlas, desestancarlas, y no ponerle tanta mente, dejar lugar a lo nuevo. Yo lo entiendo ligado a la intención al agua.

Es el carácter mágico de la vibración, del sonido que activa ese cuerpo energético y vibrátil que somos, como las palabras mágicas-religiosas en los rituales de sanación por imposición de manos, evocando lo sagrado. Mariana rescata la memoria del agua y el efecto de la palabra en ella, del que hablara Masaru Emoto.

Mariana: Está el trabajo de Masaru Emoto, un japonés que pudo comprobar científica y filosóficamente cómo el agua tiene la capacidad de tomar la vibración que está a su alrededor. Emoto puso agua en un cuenco y puso a gente a intencionar con la palabra o con el pensamiento, palabras con connotación positiva: amor, gratitud. Congelaba esa agua y después las fotografiaba y estudiaba esos cristales, aparecían geometrías sagradas super bellas, una para cada palabra. Y cuando intencionaba palabras con connotaciones negativas esos cristales aparecían resquebrajados. El poder de la intención y del agua para trasladar esa información es una cuestión de frecuencia lo que estás enunciando, también.

La poesía es también una crítica al lenguaje, una transformación en las profundidades del yo como en la superficie exterior, produce nuevos sonidos, dimensiones nuevas que configuran otros posibles mundos, las palabras encarnadas en las experiencias innombrables crean y recrean nuevos sentidos. La poesía sana en su única manera:

La poesía es sobre todo una concentración del poder de lenguaje que es el poder de nuestra máxima relación con todo lo que existe en el universo. Es como si las fuerzas a las que no podemos reclamar de ninguna otra manera se volvieran presentes para nosotras en una forma sensual. El conocimiento y uso de esta magia proviene de muy lejos: la runa, el canto, la encantación, el hechizo, lo oculto, las palabras sagradas, las palabras prohibidas, el dar nombre al niño o la niña, la plata, el insecto, el océano, la configuración de las estrellas, la nieve, la sensación en el cuerpo. El ritual de contar los sueños. La realidad física de la voz humana, las palabras ranuradas o estriadas en la piedra o la madera, tejidas en la seda o en la lana, pintadas en pieles o dibujadas en la arena. Fuerzas que no podemos reclamar de ninguna otra manera…” (Rich, Adrienne, 2000:289-290).

Acerca de las artes visuales

Con la experiencia y la enseñanza artística de Laura Hart, retomamos el arte como creación vinculada al mundo interior, donde la pintura se constituye como un camino hacia la sanación, un habitar la introspección y dejar fluir en colores, donde se revela el autoconocimiento y la intuición hacia el encuentro de la imagen interna de sí misma. Así lo explica Laura en sus distintas alocuciones:

Laura: Enseñar a pintar y que alguien más pueda emprender su vuelo a través de su propia pintura […]Enseñar la sanación a través del arte […] Entonces empiezan a salir respuestas desde lo intuitivo […] El formato no me importa, lo que yo sí trabajo mucho es que ellos se introspecten y por eso yo hablo mucho en mi taller del desarrollo de la imagen interna, que es una cosa que yo saqué de mí. Porque yo tengo imagen interna, entonces no es sacada de médico porque si vos vas a buscar no hay ninguna academia que te diga en el arte que, estás desarrollando tu imagen interna. Pero para mí es importante eso, el desarrollar.

En una autodefinición de su práctica artística, Laura Hart describe una manera de contemplar, de sumar vivencias, de experimentar, una forma de amar la naturaleza y a sus seres queridas/os. Desde una perspectiva colectiva, su taller alberga diversas personas con dificultades y problemáticas que plasman, a través de este proceso de aprendizaje, sus estados anímicos. Se vive el arte como un espacio de disfrute con la técnica y de encuentro con el interior, donde afloran las personalidades, donde se vivencia el alivio, donde se enfoca el pesar desde un aire diferente. Así describe Laura Hart la práctica del taller, un detenimiento en la búsqueda del ser y su trayecto de vida, una nueva noción del tiempo y el espacio.

Laura: La gente viene a encontrarse a sí misma. Viene a encontrar cosas de su alma, de su espíritu. Esa parte que nosotros en el occidentalismo tenemos muy postergado […] De percepción, de contemplación.

Acerca del teatro clown en Mendoza

Continuando con la experiencia estética como instancia de sanación, nos centramos ahora en el teatro clown, donde el proceso creativo se inicia en el autoconocimiento, la autocrítica y la experiencia personal que se plasman en una propuesta teatral unipersonal y colectiva. Aquí importa el teatro como espacio terapéutico, donde confluye el malestar, la incomodidad, el dolor, la incertidumbre, la inseguridad, desde una perspectiva constructiva y sanadora, donde el humor es constitutivo y característico en la escena. Desde el grupo de teatro clown de Mendoza, conformado por mujeres, se traza una matriz común que delimita su esencia; así se imprime la puesta en escena de un proceso interior personal, cargado de perspectivas sociales y colectivas que se vivencian en lo cotidiano, en lo comunitario, en lo social, en lo político.

Las integrantes del colectivo teatral sostienen en torno de la práctica del clown, que formar parte significa experimentarse en esa propuesta creativa, coincidieron en señalar el arte como sanación, como un tránsito, un movimiento que se escribe individualmente y se comparte al público, donde la reescritura es posible e inevitable. El arte como cura y reconocimiento es parte de los aspectos que se asume en Clown; así lo vivencian sus referentas. Florencia señala: “A mí me pasa que se me viene a la mente la palabra sanar, tanto en esto del clown como en otros tipos de géneros”.

En el mismo sentido, otra integrante, describe la práctica del clown como algo inagotable, donde hay una constante renovación interior. Romina dice: “Hace diez años que hago clown y vas recogiendo como aprendizajes, pero siempre es un nuevo asombro […]es muy diferente a otros saberes que uno va estudiando”.

Asimismo, aparece en el trabajo de clown un fuerte compromiso con la lucha feminista y los cambios sociales y culturales. Si bien es un grupo activo mixto, el papel de las mujeres es central. En la iniciación actoral, Romina explica que cuando se acercó al clown la atrajo la idea de unión de diversos materiales personales y colectivos en escena y muchos están relacionados no sólo a las características individuales de sus vidas, sino a las problemáticas de género, situadas en una sociedad conservadora como Mendoza y en un contexto social problemático de violencia hacia las mujeres y de sus condiciones y elecciones de vida.

Romina: Siempre quedó resonando eso de la masa que une, que bueno, nos gustó como grupo trabajar eso y eso se fue transformando y en un punto eso fue mutando hacia que fueran las mujeres la que lo habitáramos porque también la realidad que fuimos atravesando este último tiempo nos fue llamando más, como un llamado más, con más urgencia para que se dijeran cosas, destinadas más a la mujer, para reflejar realidades de las mujeres y cada vez más directo, más concreto. Como que empezamos a ocupar este grupo, este espacio que se había creado naturalmente en muestras de clases y cosas que fueron surgiendo para poder trabajarlo y hacernos cargo desde un lenguaje de género.

En cuanto a la participación de mujeres en este espacio teatral, su directora, Gabriela Simón, explica que mayoritariamente los entrenamientos son asumidos por mujeres (con orígenes, búsquedas y caminos diferentes), que buscan encontrarse y mostrar sus problemáticas frecuentes desde su condición de género hacia el público espectador, que también experimenta problemáticas idénticas o semejantes, como parte del mismo tejido social. La impulsora del clown explica:

Gabriela: Hay un montón de hombres en el trabajo, pero muchas somos mujeres y muchas con ganas de hacer[…]es como generar un espacio fértil, ¿no? Una tierra donde se pudieran mover los materiales y tuvieran la posibilidad de entrar y que eso implicara no como un espectáculo sino más bien como una experiencia con la gente.

Dicha experiencia en la recepción de las secuencias de clown en escena, dan cuenta de su potencial artístico; pues allí se despliegan diversas, simples y complejas individualidades, principalmente de mujeres, que se cruzan en algunos aspectos y que conviven en nuestras sociedades. Desde las distintas facetas de la cotidianeidad, de la vida familiar, de las amistades, del amor ideal y las experiencias diarias en el ámbito laboral, en el ámbito recreativo, en la interacción con la otra / otro, en la religión, en el statu quo, en los miedos, en las elecciones de vida, se alzan las voces de las payasas que alteran el formato tradicional de una obra de teatro y confluyen así en un relato que las integra y que interpela a la comunidad espectadora, porque podemos reconocer sus historias en muchas historias de mujeres en la sociedad actual en la que estamos inmersas.

Carolina, integrante del espacio clown, hace referencia a un ejercicio de construcción y reconstrucción que es incesante y que expone tanto al dolor propio como el de la otra/e/o: “El entrenamiento de clown es poder mirarse, con la mirada del otro (otra), que también eso es un lugar que está buenísimo, y la mirada que te devuelve el otro(a), tanto el público, los compañeros(as)”.

En el mismo sentido, otra artista retoma la idea de renovación, algo que permite esta acción-creación terapéutica a través del teatro clown, y afirma:

Belén: … se va renovando todo el tiempo porque una misma va cambiando y eso de que el clown no es un personaje que se queda y listo sino como que son muchos, sos vos en tus miles de facetas. Bueno y siempre me gustó mucho y respeté mucho a la gente que hace llorar y emocionar y hacer reír y un montón de cosas a la vez. Y creo que las payases son las que mejor lo han hecho.

En ese ir y venir de la intimidad e individualidad hacia lo público y colectivo, aparecen en los guiones casi espontáneos e improvisados del clown, la cuestión del cuerpo, de cómo atraviesa distintas dimensiones personales, sociales, culturales, económicas, políticas y religiosas. Al respecto, las actrices se refieren a los ejes que se repiten en sus actuaciones y que pasan por el cuerpo, que luego comunican: la vida, la muerte, la salud, la enfermedad, el miedo, el enojo, el amor, la soledad, la intolerancia, entre otros.

Gabriela: La materialidad del cuerpo que no es solamente que da cuenta de lo físico, que ya habla de por sí de distintas cosas. La materialidad en escena no es lo mismo que esa, ni que ésta, ni que ésta [señalando a sus compañeras]. Digo, respondemos a ciertas cosas y una cuando ve desde el público a alguien que está viendo, nosotras creamos pieles para jugar y eso para mí es muy importante porque la materialidad da cuenta de una memoria en el cuerpo también, hay algo que da cuenta de algo que vos portás, que querés decir de una manera que es propia, con un ritmo que también es tuyo, propio con una manera de decir que muchas veces es completamente diferente, digo, para alguien puede ser más a través de objetos, para alguien puede ser más a través de las palabras, para alguien puede ser más a través del cuerpo en acción, para alguien puede ser más a través de la existencia y para alguien a través de la torpeza o del mundo de la habilidad. Lo importante es descubrir con qué materialidades estamos jugando y en qué territorios, en qué zonas, en qué lugares nos movemos y qué espacios de la realidad estamos mirando.

El contenido de las historias que muestra este teatro de humor y realismo se basan en relatos de vida cotidiana, inmersos en una sociedad fluctuante en algunos aspectos y estáticas en otros. Aparecen y reaparecen concepciones sobre cómo afrontar la vida desde el autoconocimiento y la reflexión, son pasajes que logran identificación e interpelación con el público espectador. Sobre la vida y la muerte, por ejemplo, se afirma:

Cecilia: Creo que la vida, la muerte, es un pasaje, es un tránsito… El cuerpo te transporta. Y creo que las prácticas de clown hacen un trabajo de autoconocimiento, por ahí del cuerpo, y después de ese autoconocimiento llega el momento de compartir y ver que también existen otros cuerpos y otras realidades.

El humor aparece como antídoto para curar las heridas, combatir el estrés, el dolor, y los conflictos. Reírse reduce la ansiedad, aliviana el peso, la culpa, el malestar. Permite descontracturar y por ello las penas se alivian. Las mujeres por lo general tenemos dificultades con el humor, porque este está cargado de sentidos patriarcales, racistas, clasistas, xenófobos y discriminatorios. Encontrar en el lenguaje la forma de autonarrar las experiencias dolorosas para compartirlas con otras/es/os es la tarea que llevan adelante el colectivo de mujeres de teatro Clown en Mendoza.

Gabriela: Para mí hay muchas posibilidades en relación al lenguaje, ¿no? Se puede trabajar puramente la comicidad, tiene como muchas instancias desde el juego físico, con obstáculos, con elementos, o reírte de una situación o reírte de otros o de otras. Hay como muchas posibilidades. A mí siempre me ha interesado más el lugar que tiene que ver con la existencia, con lo que yo creo que tiene que ver la existencia, pero también como la mirada poética de cada quien respecto a la vida y a la realidad.

Gabriela: También es la posibilidad del lenguaje tan empático con la vida de cualquier persona, que tiene eso como universalidad, en la risa, en lo primario, que te hace ver el corazón, que la otra persona en un punto tiene su vulnerabilidad, que vimos que tiene una gran posibilidad de llegada a que alguien pueda ver reflejada ciertas situaciones que les está pasando.

Lo clown abre una dimensión existencial que habilita una narrativa que se aleja de la visión heteropatriarcal liberal de personas superpoderosas y autosuficientes. Se trata más bien de un registro de una humanidad precaria, donde la vulnerabilidad, el error, el errar, lleva a una apertura para el entendimiento y la aceptación propia. Como señala otra de las payasas, Florencia: “El clown te permite eso, poder equivocarte y que la equivocación puede ser más exitosa aún que la habilidad”.

Por otro lado, se vuelve sobre el arte terapia de lo teatral/clown como un espacio de empatía y lucha de mujeres, donde se integran en un todo colectivo y se siente al clown como una alternativa transformadora.

Belén: Creo que los materiales son tan personales y colectivos a la vez […] habitamos los mundos propios, pero a la vez estamos atravesadas por una realidad, por una vida, un género, que nos lleva a un encuentro en común y poder habitar esos problemas que traemos y razonamos […]Creo que el clown me ha permitido, no sé, agarrar esas cosas que me generan mucho dolor, mucho enojo, o muchas cosas feas y poder transformarlas y jugarlas y habitarlas de otra manera y poder decir algo de otra manera. Jugar con eso que nos pasa y tratar de entenderlo. Y entender que, así como me pasa a mí, le pasa a otra y bueno, esto que estamos viviendo hoy en día […] Entonces me parece que juntas poder decir y atravesar esas situaciones hoy más que nunca es un momento muy necesario.

El arte es un puente que permite transitar los problemas físicos y emocionales desde el lugar de la expresión, la creación, la contemplación.

El rescate del proyecto de la sanación popular

Derivado del encuentro dialógico con nuestras sanadoras populares y las terapeutas alternativas y de los encuentros auto-corpobiográficos con las integrantes del equipo, encontramos que en ambas actividades se rescata la complejidad de la experiencia corporal: cuerpo espiritual, cuerpo etérico, cuerpo emocional, cuerpo simbólico, cuerpo social, cuerpo-territorio-tierra, cuerpo físico y cuerpo psíquico. Respecto de la sanación popular, los dolores físicos, psíquicos y sociales están asociados a estas nociones de cuerpo, individual y colectivo simultáneamente.

En los diagnósticos de las mujeres sanadoras se reconocen experiencias tales como sueños, visiones, las causas de los bloqueos, el dolor del otro/a en el propio cuerpo y el autodiagnóstico, todos ellos elementos no jerárquicos que intervienen en los procesos de sanación y que no requieren de una objetivación consciente para que adquieran un sentido significativo.

Respecto de las actividades terapéuticas se reconocen prácticas rituales (ceremonias, oración, ofrendas, acompañamientos, invocación); remedios (plantas sagradas, impostación de manos, baños, limpiezas, armonización, desbloqueos) que conforman parte de un continuum espiralado e indeterminado.

Es importante señalar que son muchas las vertientes de análisis desarrolladas en las que se conjugan elementos místicos-religiosos, oníricos y empíricos en los procesos de sanación/curación/atención/acompañamiento. Dichos elementos configuran la relación sanadora-paciente/consultantes, los diagnósticos, las terapéuticas utilizadas y los diversos usos medicinales.

La palabra adquiere un sentido destacado en las prácticas de sanación, como así la afectividad/emocionalidad en el proceso de abordar el malestar o padecimiento como la detección de sus causas y el posible alivio. También juegan un rol central los sonidos, la música, los instrumentos musicales, las prácticas artísticas, las danzas y el teatro. Estos elementos vinculados a la creatividad y al hacer artístico-expresivo son considerados terapéuticos por las sanadoras populares y las terapeutas alternativas.

El vínculo entre las medicinas populares/indígenas y las terapias alternativas con las medicinas científicas es permanente y no excluyente, no hay una oposición sino una permeabilidad entre ellas, admitiendo la coexistencia y la retroalimentación que no siempre es recíproca ni carente de relaciones de poder, sin embargo, no se presentan como antagónicas ni excluyentes. No obstante, surge de las entrevistas que las terapeutas alternativas que han transitado espacios académicos prefieren diferenciarse del modelo médico hegemónico a medida que incursionan en otros saberes. Sus posiciones implican una fuerte crítica a la medicina alopática y establecen una discusión con sus lógicas y saberes. Las críticas y tensiones que ellas explicitan tienen que ver con que la medicina occidental alopática se construye sobre la base de la eliminación de toda intervención mística-religiosa, espiritual y emocional y que se sostiene en una concepción del cuerpo físico-químico-biológico racionalista.

Para las sanadoras populares entrevistadas, el cuerpo se constituye en un espacio en el que se debaten fuerzas espirituales adversas y favorables. Es mediante la acción de dios, de la virgen María y de los santos que las sanadoras adquieren el don de curar e intervenir sobre el cuerpo y su entorno para destrabar, desbloquear y retomar el equilibrio integral.

Lo artístico/creativo, lo emocional/afectivo, lo místico/religioso y lo genealógico constituyen dimensiones vinculadas al proceso de salud-enfermedad-atención que podemos identificar en una concepción no biologicista del cuerpo y sus procesos vitales. Resulta interesante destacar que todas las sanadoras populares y terapeutas alternativas significan el cuerpo desde una complejidad que incluye aspectos anatomofisiológicos, psicológicos, afectivos, culturales, sociales e históricos. El cuerpo /corporalidad aparece como un todo complejo indeterminado entre múltiples dimensiones que no se pueden segregar, desmontar, sólo adquiere sentido en esa unicidad. Es por esta razón que reconstruimos una práctica metodológica, las corpobiografías, capaz de dar cuenta de esa encrucijada intertextual de los cuerpos.

Debemos precisar que respecto de la salud mujeril popular tienen gran importancia los factores místicos para comprender el desequilibrio y desarmonización de la salud. Es a partir de una relación entre el saber mágico-religioso y el saber empírico, que se elaboran sus diagnósticos y sus estrategias de sanación. Otros de los logros de las sanadoras populares es que ellas generan mecanismos de autoayuda y autosanación entre mujeres, y muchas veces su estrategia funciona debido a su invisibilidad en la cultura patriarcal. Por lo general, desde la medicina académica se han desconocido y desvalorizado los aportes de la medicina popular, o peor aún, se ha saqueado sus saberes e invisibilizado sus contribuciones y el legado de las mujeres y disidencias sexuales a la medicina. Desde la racionalidad científico-académica, todas las medicinas tradicionales y los saberes sobre sanación antiguos son considerados propios del ámbito de la religiosidad/paganismo/supersticiones, al igual que las medicinas indígenas y la sanación popular de mujeres. Son asociadas a las búsquedas espirituales, rituales de magia y prácticas chamánicas y no a estrategias de diagnóstico e intervención sobre los cuerpos y sus procesos. Esto significa que son excluidas de la historia de la medicina y la sanación, de este modo suelen formar parte o integrar la historia de las religiones, sus saberes y prácticas de sanación resultan deslegitimados y descalificados como esotéricos y mágicos.

Sanando entre mujeres: la alquimia colectiva

En la sanación, el camino de la transformación es romper con el silencio y el mutismo, para iniciar el trabajo con las palabras y así renombrar el mundo creando una simbología de mujeres, estableciendo una coincidencia entre las palabras y nuestras experiencias. Respecto del lenguaje, resulta elocuente la pregunta que se hiciera Teresa de Lauretis, “si hablamos el lenguaje de los hombres o el silencio de las mujeres”, cuya respuesta es que hablamos ambas, es allí en esa contradicción que se sostiene nuestro discurso (de Lauretis, Teresa, 2000: 18).

Carolina: … está la posibilidad de transformar ahí, de construir simbolismos, de construir maneras de querer decir, desde el humor y desde el juego, que eso está bueno.

Gabriela: Sí, creo que es un momento muy importante con un montón de luchas y revoluciones también, donde un montón de mujeres estamos haciendo cosas. Yo creo que también tenemos una herramienta super poderosa como es este lenguaje, digo que también tiene muchas cosas como es la provocación, que también tiene que ver con algo, no sé, con algo amoroso. […] los problemas que tengo con los que juego también muchas veces son los problemas que tenemos las personas, entonces es como que pensamos que compartir eso es habilitante para también animarnos las mujeres a poner en palabras o en el cuerpo o en algo situaciones por las que pasamos o cosas que nos atraviesan, desde ese lugar creo que es urgente también compartirlo. Va más allá si es una necesidad propia.

Esta organización de mujeres actrices permite recuperar palabras con sentido, encarnadas, que dan cuenta de lo vivido, alcanzan autoridad en la escucha y esa lucha interna con las palabras se extiende, se colectiviza y se hace política. La palabra se sostiene de modo permanente en el cuerpo. Porque toda palabra pasa por el cuerpo, es un sonido sentido que se emite en el cuerpo y que permite a su vez, re-apropiarse del cuerpo al encontrarlo, sentirlo, vibrarlo. Pero también al habitarlo como “espacio político”, se lo dota de una otra territorialidad.

Carolina: Claro, y con respecto al cuerpo y a la práctica de clown, creo que en lo personal ha significado una manera de apropiarme del cuerpo y de pensar en una práctica más concreta. El cuerpo como un espacio en el cual se toman decisiones, se comunica, se transmite, […] como un espacio político, de decir algo desde ese lugar, independientemente de las experiencias que nos atraviesen a cada una.

Laura nos comparte el modo que prefiere elegir para duelar a su padre y a su madre mediante una performance que realiza para invocar sus espíritus, su vínculo con el agua y su defensa con la vida y la naturaleza. Esta invocación plantea un nuevo ritual celebratorio, una manera nueva de reconfigurar las relaciones entre humanos, no humanos y nuestro territorio tierra.

Laura: Ese encuentro curandero fue un antes y un después. […] a partir de ese momento mi vida tiene otra forma, otra percepción de la existencia donde ahora, por ejemplo, la preocupación de la muerte para mí está, pero no de una forma afligida […]Sabiendo que voy a morir ¿no? La muerte como… o la muerte de otros o la muerte de mis propios padres bueno, vos sabes que hice ahora una performance este año en relación a la muerte de mis padres, a una invocación a los espíritus del más allá […]Y eso tiene que ver con esto que te estoy contando. Tiene que ver también con lo que va a ser el futuro. Por eso la defensa del agua… la defensa. Tiene que ver con esta cosa de que, somos un segmento en esta cuestión universal en la gran rueda de la vida del ser humano donde uno es una partecita nada más.

Laura: Ese cambio uno lo quiere transferir. Uno quiere brindarle a los demás la posibilidad de comprender que hay otra manera de vivir. Que no es la… el sumar, restar, este… racionalizar todo, sino que vivir en una manera más en contacto con la naturaleza, porque la naturaleza te da todas las respuestas.

En esa dimensión política, colectiva, es donde se gesta la transformación, una capacidad alquímica de transmutar las emociones, las vivencias más íntimas, en posibilidades, aperturas y permanencias movedizas:

Romina: Yo entiendo o siento que es un espacio el clown donde podemos trabajar con nuestras emociones, nuestras vivencias y transformarlas, digamos, como un espacio transformador. Esto tiene que ver con lo personal y se transforma y pasa a ser colectivo, grupal y trasciende a las personas que lo transitan, que lo habitan, y cuando ya lo habitaste y trascendió ya no es más tuyo, sino que pasa a ser de todos, y se transforma en el camino. Es una transformación permanente.

El movimiento de lo íntimo a lo colectivo, que tiene como corolario la transformación, remite a la dinámica de las experiencias de concienciación propias de los feminismos de los setenta, que producen una relación diferente, nueva, entre mujeres. Las italianas la llamaron affidamento, las españolas “sororidad”, Adrienne Rich se refería al continuum lésbico, todas expresiones que denominan ese vínculo que surge entre mujeres que nos acompaña a resignificar los dolores colectivamente. Los círculos de mujeres han permitido y permiten, un proceso cuidadoso de amorosidad donde es posible la sanación individual, grupal y colectiva.

Emilia lo menciona como “complicidad” a esa construcción “entre mujeres”, que indica una “mediación que despierta el hacer simbólico” (Rivera, Milagros, 2008:96) en donde en la identificación con las otras, es posible sanar reelaborando la relación con otras mujeres significativas en nuestras vidas.

Emilia: Esa complicidad, de curar, de percibir lo que otras personas pasan de largo, la comparto con mi tía. Ella da unos besos en la frente o unos abrazos que hacen que nos entendamos… y compartimos esa creencia en las energías que mueven al mundo, que se tornan contradictorias con sus creencias católicas, pero que al fin y al cabo están.

En las narraciones de sanación de las mujeres, se destaca la importancia del contacto femenino, para juntas resistir y reencontrarnos a nosotras mismas en nuestras ancestras; reforzar nuestra seguridad con el cariño de otras, siendo acogida nuestra palabra en una escucha conmovedora. Buscar alivio entre mujeres ha sido y es la estrategia más poderosa de sanación. La recuperación de nuestra genealogía de mujeres de Abya Yala es una tarea pendiente por parte del feminismo latinoamericano. Empezar por el propio linaje, las ancestras, es un camino que varias mencionan en algún momento en ese transitar la propia sanación.

Daniela: Fue por las mujeres de mi familia que me empecé a cuestionar todo. Comencé escarbando en lo generacional y terminé (¿o empecé?) en mí. Reconocer mi linaje, desprenderme de la orden del clan. Rebelarme contra la familia.

Celia: “La Lela” era una mujer muy seria. Tal vez fue la insoslayable tristeza de sus últimos largos años que la suspendía completamente, porque no tengo recuerdo de escucharla reír. Sin embargo, no sé de qué modo, lograba transmitir contención y cariño. Con ella me sentía segura y tranquila.

Por otro lado, también las mujeres destacan a otras mujeres como referentes, de donde deviene su propia autoridad, afirmando su propia autoestima en el reconocimiento de otras mujeres como valientes luchadoras contra las dominaciones, estereotipos, mandatos y violencias sexistas. Esta práctica consolida una ética feminista, que se propone otorgar autoridad a las mujeres y a nuestras ancestras como en el caso de Afrekete en la biomitografía de Audre Lorde, Laura rescata a la señora Cao de la cultura mochica que representa el poder de las mujeres en el mundo prehispánico, porque alcanzó el estatus de gobernanta y de curandera de su pueblo. Destaca en su relato la importancia de ese contacto con la señora Cao, a partir de la mediación de su maestra Amaru Mayu con el objeto de ofrendarla y reconocerla.

Laura: La Señora de Cao está siempre presente en mi vida como un… No mi ancestra, porque no pertenece a mis ancestros […]de ella donde yo a veces me refugio y busco cosas ¿no? Como esa cosa muy antigua donde a veces uno va y pregunta, aunque no sea tu abuela o tu… pero, es decir, o quizás sí, o ¿quién sabe? No importa lo que sucede en el cosmos, allá. Pero… la generosidad que ella tuvo, que Amaru Mayu tuvo conmigo… a lo mejor ella nunca supo realmente toda la significación que tuvo ese día para mí. La Señora de Cao es una gobernanta y una sanadora, una curandera. Que ella vivió durante la época de los Chimú. Perdón, de los Mochica. Muy antigua… al norte de Lima. Y… encontraron su cuerpo en una Huaca, que se llama la Huaca de Brujo. Y ella estaba en una sepultura con todos sus atributos de gobernanta. Y… era una mujer joven que aparentemente murió de parto y… podría decirse que es la única mujer gobernanta de la cultura de los Mochica. Que es muy viril, muy varonil, muy fuerte muy… muy fuerte una cultura muy… eh… aguerrida, mucha sangre, mucho…mucho encuentro ¡muy fuerte! ¿no? Y esta ha sido una gobernanta sanadora.

Quienes pusieron el énfasis en la genealogía de mujeres, fueron las feministas de la diferencia cuya referente reconocida es Luce Irigaray, en Italia las feministas de la Librería de Milán con Lia Cigarini y Luisa Muraro, en España, con María Milagros Rivera Garretas, desde esta perspectiva se proponen reconstruir genealogías a partir de los vínculos entre mujeres, tarea que requiere de un rescate de las protofeministas en la antigüedad y en la edad media, rescatar aquellas mujeres negadas, invisibilizadas.

La propuesta de las feministas de la Libreria delle Donne de Milán consiste en otorgar autoridad entre mujeres, frente al mundo simbólico patriarcal se proponen construir un mundo simbólico de la madre, que constituye una fuente de riqueza para las mujeres, para reconocerse, validarse y a la vez, limitar, hacer cortes donde sea necesario.

La Autoridad femenina, la madre simbólica, es algo a disposición de todas las mujeres, a lo que todas pueden acceder…No hablaría de mujeres que encarnan la Autoridad, sino de ligámenes, de estructuras mediadoras que constituyen autoridad femenina” (Cigarini, Lia, 1994: 63).

Porque en el cobijo de mujeres es posible nombrar lo que no tiene nombre, organizar nuestro relato y que el mismo adquiera validez para la transformación colectiva. Lia Cigarini (2001) define esta relación entre mujeres, como una “relación sin más”, por el gusto de estar, este es el gran hallazgo, el aporte simbólico al movimiento, se trata de una relación no instrumental, o como sostiene Milagro Rivera Garreta una “relación sin fin” (2008), una epifanía de la realidad según María Zambrano, aquello que se vuelve consciente por el peso de su existencia y el trabajo de las palabras, al tiempo que político y colectivo.

Existen múltiples experiencias en el mundo de recuperación emocional y sanación de mujeres para trasmutar el dolor, la rabia, el padecimiento, y los miedos en contextos de “estados de excepción”, en países con conflicto armados como Colombia, México, Guatemala, entre otros. Donde las mujeres sanadoras/ cuidadoras requieren de un trabajo terapéutico de cuidado a las que sanan/cuidan (Aguilar Urízar, Yolanda; Fulchirone, Amandine, 2011; Gutiérrez Cabrera, Ángela Beatriz; 2012; Turati, Marcela, 2015).

Las terapias provenientes de las sanadoras del pueblo como de las medicinas alternativas son espacios que permiten compartir y analizar los problemas, los desequilibrios físicos, psico-emocionales y sociales, como así también aprender a negociar mejor las emociones. El trabajo terapéutico ya sea el proveniente de la experiencia creativa con el arte, la pintura o el teatro consiste en un proceso de autoafirmación, en particular cuando desde el feminismo surge esa expresión disruptiva para enfrentar el malestar de vivir y sobrevivir en un mundo patriarcal.


  1. Video de María Galindo, entrevista realizada el 15 de agosto del 2020 en Es la Política. Allí define su feminismo intuitivo. Disponible en: https://bit.ly/3nmoUcb
  2. Un dispositivo es “complejo haz de relaciones entre instituciones, sistemas de normas, formas de comportamiento, procesos económicos, sociales, técnicos y tipos de clasificación de sujetos, objetos y relaciones entre éstos, un juego de relaciones discursivas y no discursivas, de regularidades que rigen una dispersión cuyo soporte son prácticas. […]producen sujetos que como tales quedan sujetados a determinados efectos de saber/poder (García Fanlo, Luis, 2011:3).


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