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3 Apreciaciones sobre los nuevos modos de leer

De acuerdo con la Historia del Libro y de la Lectura, los cambios radicales en la cultura escrita se advierten en el pasaje de la lectura oral y colectiva a la lectura lineal que supone una práctica individual, y de esta forma de leer, a la lectura fragmentaria e interactiva que sugiere la digitalización de los contenidos y la hipertextualidad. Actualmente, las tecnologías de la información y comunicación no sólo remiten a la novedad de aparatos digitales con pantallas, sino a nuevos modos de percepción y de lenguaje, a nuevas sensibilidades y escrituras (Martín Barbero 2005). En este sentido, en la era digital, el análisis del comportamiento lector reviste un nivel de complejidad bastante mayor que hasta el momento, lo que implica todo un desafío intelectual y metodológico para las Ciencias Sociales, dado que los nuevos soportes de lectura modifican substancialmente la misma experiencia del acto de leer. También cambia esencialmente la naturaleza del diálogo y la forma de vincularse con los otros: la interacción es en simultáneo, a través de múltiples pantallas, en tiempo real y sin necesidad de presencia física. Entonces, ¿qué relación establecen los jóvenes con las pantallas? ¿Qué apreciaciones ofrecen los universitarios respecto de la lectura y los soportes digitales? ¿Cómo se apropian de los contenidos digitalizados y qué ventajas y desventajas consideran que tienen los nuevos modos de leer? Este capítulo propone explorar las imágenes mentales vinculadas con la lectura y los soportes digitales. Aquí no se piensa en un formato o contenido en particular: importa la cultura escrita en sentido amplio –libros, artículos de divulgación, blogs y blognovelas, contenido publicado en redes sociales, diarios y revistas, portales de actualidad. El análisis focaliza en cómo los universitarios perciben la palabra escrita digitalizada: en la lectura como ejercicio y en el dispositivo como soporte. Si en el Punto 3 se analizan las prácticas culturales mediante hábitos y pautas de consumo, en este capítulo se presta especial atención a los soportes de lectura que vehiculizan los contenidos digitales cualquiera sea su función: comunicativa, informativa o lúdica. Esta tesis plantea desde el inicio la importancia de considerar la relación fundamental entre la materialidad del texto y las prácticas de apropiación en el análisis de la cultura escrita (Chartier 1999b).

Posiblemente el uso de computadoras, tablets y smartphones modifiquen el modo de redacción de los textos, y en cierto sentido, el modo de pensar. En su artículo “El amargo encanto de la máquina de escribir” (1982), Cortázar mencionaba que la máquina determinaba el ritmo de su escritura. Si bien es posible que los nuevos dispositivos digitales transformen la organización textual, aún no hay estudios que permitan aseverarlo. No obstante, la experiencia cotidiana indica que el modo de leer, la forma en que se apropia de lo escrito, está alterado. Asimismo, si bien hasta el momento no hay trabajos que indiquen el impacto que la lectura fragmentaria e interactiva tiene sobre el rendimiento intelectual de los estudiantes, es un hecho que la forma de aprehensión de los contenidos somete a crisis la experiencia del acto de leer.

Existen varios discursos y argumentos ideológicos respecto de la Revolución digital, en general inspirados por un entusiasmo utópico sobre las posibilidades abiertas e infinitas que propician estos aparatos con acceso a Internet o, asimismo, por la nostalgia que lamenta una situación perdida. De un lado, se halla el discurso que surge desde el campo editorial, atemorizado ante la edición electrónica en contraposición con la actividad editorial clásica, pero que va perdiendo fuerza por las nuevas estategias de promoción cruzada y tendencias en la industria del entretenimiento que se esfuerzan por mantener los niveles de rentabilidad globales. De otro lado, se halla el discurso del campo educativo que tiende a asociar el descenso de las capacidades y niveles de lectura y su impacto negativo en el rendimiento escolar con una ‘supuesta’ disminución de los lectores frente a la competencia de los medios audiovisuales y las redes digitales. Finalmente, se halla el discurso del campo literario que siente socabado su espacio de autonomía creativa y derechos de autor frente a la profusa autogestión y participación del lector/cibernauta en los contenidos. Todos estos temores, incluídos los de los mismos consumidores, han dado lugar en los últimos años al cuestionamiento sobre el ‘futuro del libro’ manifiesto en la supuesta ‘crisis del libro’. No obstante, esta tesis sostiene que ‘en crisis’ está la experiencia de leer (Benjamín 2007), de ningún modo el libro. Precisamente, uno de los mitos populares contemporáneos sugiere que la lectura en papel está siendo desplazada por la lectura en pantallas, sin embargo, no hay evidencias empíricas que permitan aseverarlo. De hecho, las estadísticas demuestran que los principales lectores de libros en papel consumen libros electrónicos (SInCA 20112); asimismo los registros de la CAL (2013) demuestran una evolución creciente en la tirada de ejemplares impresos y también de libros digitales. La lectura digital más que desplazar los formatos de lectura tradicionales tiende a combinarse con ellos, reforzándose mutuamente. Al observar los resultados de la ENHL 2011 se advierte que la mayoría de los lectores digitales son también lectores de libros, diarios y revistas, y que tienden a leer sustantivamente más estos contenidos que los lectores no digitales. Por otro lado, lo que sí existe, curiosamente, son datos que sugieren que hay un reemplazo entre pantallas, no entre soportes de lo escrito. De acuerdo con un estudio de la Universidad Austral (2011), entre los individuos afines a la tecnología, progresivamente Internet va desplazando a la TV como pantalla favorita. En tanto, la atracción hacia los celulares es muy alta y semejante entre los distintos segmentos de consumidores de tecnología. Para corroborarlo basta recordar que los universitarios del propio relevamiento eligieron la computadora (44%) y luego el celular (26%) como objetos preferidos (Punto 3.1) y que mirar televisión (10%) está muy por debajo de otras actividades de interés (Punto 3.2). Además de un reemplazo de pantallas, esta tesis sugiere que hay un desplazamiento y reforzamiento del zapping televisivo hacia el espacio virtual. Este ‘zapping extremo’ está dado por el hipertexto que trastoca no sólo los canales clásicos de circulación de los contenidos sino también las formas de percepción y consumo. Este formato sobre estimula al lector y lo tienta a desplazarse de una aplicación a otra y/o de un sitio a otro en fracción de segundos, es decir, atender varias circunstancias simultáneamente. A propósito, estudios recientes sobre multitasking indican que si bien el ser humano está preparado para realizar más de una tarea al mismo tiempo el rendimiento de cada una de esas tareas es deficiente (Cole, et.al 2006; Stanford University 2011; Bachrach 2012). Un mito difundido dice que ciertas personas –sobre todo el colectivo femenino– pueden prestar atención a varias cosas simultáneamente, pero esto no es cierto, puesto que el cerebro se focaliza naturalmente en un concepto por vez y secuencialmente. Es decir, no es posible prestar atención a dos o más actividades de manera eficiente sin que alguna de ellas sufra un impacto negativo en comprensión, eficiencia o realización (Bachrach 2012:233). Entonces, cuando los alumnos en el aula colocan sus celulares sobre los bancos y miran hacia abajo y revisan mensajes mientras el docente diserta, ¿cómo pretender que incorporen aquello que se les está impartiendo? ¿Cómo pueden involucrarse con la clase si están atendiendo al mismo tiempo a un doble estímulo: el que proviene desde la pantalla y la exposición del docente? Alguna de las actividades, seguramente aquella que más interés les despierte –ya que está comprobada la relación entre el interés y la atención (Raz y Buhle 2006)– sea la que obtenga ventaja y acapare la eficacia del joven estudiante. De allí que el rendimiento académico pueda estar siendo obstaculizado por el constante bombardeo de información proveniente del exterior. Se sabe que cuanto mejor es la atención, mejor resulta el aprendizaje; y también se sabe que se presta atención a una cosa por vez. Así como el rendimiento escolar está asociado con los hábitos de lectura, el aprendizaje depende de los niveles de atención del alumno.

MATERIALES Y MÉTODOS. Este capítulo aborda los objetivos a) explorar las imágenes mentales de los jóvenes vinculadas con la lectura digital; y b) establecer relaciones entre estos imaginarios y la incidencia de lectura y el tipo de lectura por placer. Para cumplirlos, se mide por un lado, el uso de soportes digitales, propios o ajenos, en cuanto a los usos concretos de los equipos y a las valoraciones que los jóvenes tienen sobre ellos; y por otro lado, se mide la lectura en pantalla como práctica cultural. Ambas variables consideran a la base total y se las relaciona con la incidencia de lectura en el tiempo libre. El material de análisis surge de las respuestas de los universitarios a las preguntas 9 a 11 del cuestionario. Medir los atributos de los dispositivos digitales y las imágenes/apreciaciones de los jóvenes acerca de la lectura digital supuso un trabajo artesanal de reconstrucción de preguntas abiertas que implicó un razonamiento de tipo inductivo.

Uso de soportes digitales de lectura

El ejercicio de leer en soportes digitales comenzó a incidir en las prácticas tradicionales en los últimos diez años. Se sabe que de ser un fenómeno menor en 2001, con sólo un 21% de usuarios argentinos, llega en 2011 al 48%. Otro dato sugerente, que coincide con los hallazgos de esta investigación, es que entre los jóvenes menores de 25 años el uso de soportes digitales para leer es bastante mayor que en el resto de los grupos etarios redondeando el 75% (SInCA 2012). Según la CAL (2013), el libro electrónico experimentó un gran crecimiento después de 2010, pero luego encontró una meseta estancándose en el 16% de participación en la producción editorial nacional. Lo cierto es que la lectura digital gana espacio paulatinamente sin que descienda la lectura en los formatos tradicionales. Para corroborarlo, cabe decir que en el país la lectura de un libro al año creció alrededor de siete puntos, el diario se mantuvo estable y la lectura de revistas sólo cayó alrededor de cinco puntos, durante la década que media entre ambos relevamientos nacionales. Curiosamente, el segmentos de lectores que sólo usa la computadora, que no lee libros ni diarios en papel, apenas llega al 2% (SInCA 2012). De este dato se desprende que la pantalla podría atentar contra el soporte en papel, pero difícilmente contra la práctica lectora: “la imagen de los lectores digitales como gente que solo mira Facebook no se condice con los resultados” aseguró el Director de la Encuesta (en la entrevista concedida, mayo 2013).

En el propio relevamiento, en primer lugar, se averiguó sobre la frecuencia de lectura en soportes digitales. Presumiendo que los jóvenes los utilizan en los ámbitos de trabajo y también en los gabinetes de las instituciones de educación, se quiso conocer su uso en instancias ociosas. Se les preguntó por la frecuencia con la que emplean soportes digitales fuera del ámbito de trabajo o estudio, y ofreció un sistema de categorías de tipo ordinal en el que el uso máximo está en la categoría siempre y el mínimo en nunca.[1]

En los resultados obtenidos, se evidencia la baja proporción de jóvenes que siempre utiliza pantallas durante los momentos de ocio (29%); esto concuerda con que las actividades de tiempo libre no están necesariamente vinculadas con dispositivos digitales. Recuérdese que los principales intereses de los jóvenes son pasear y practicar deportes (Punto 3.2). Si se mira al interior de los grupos, se nota que los varones superan en diez puntos porcentuales al “siempre” y “frecuentemente” femeninos. En tanto las últimas dos categorías, aquellas que implican menor exposición, las concentran las mujeres. Como conclusión, los varones son quienes se vinculan más asiduamente con las pantallas –congruente con la incidencia que presentaron las actividades jugar videojuegos y leer diarios online–. Precisamente, la prueba de independencia indica que la frecuencia de lectura digital y el sexo de los jóvenes están relacionados. El próximo gráfico compara respuestas: 

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Es importante señalar que durante el procesamiento de datos se cuestionó si existe relación entre la lectura en soportes digitales fuera del ámbito laboral o académico –en función de la frecuencia– y el hecho de que los jóvenes lean o no por placer con cierta regularidad. Se aplicó la prueba de independencia y encontró asociación entre ambas variables. Es decir, la frecuencia con que leen en soportes digitales en el tiempo libre se relaciona con la predisposición hacia la lectura en esos momentos.

En segundo lugar, se indagó por el tipo de soporte de uso más frecuente. En este sentido, se preguntó a quienes leen en pantallas regularmente cuál es la de uso más frecuente, y ofrecieron tres opciones según sean los dispositivos digitales más populares: pantalla o monitor de computadora personal –notebook o netbook–, tablet o smartphone y e-reader.

Según lo evidencia el propio relevamiento, el 92% de los universitarios utiliza la computadora; dentro de esta gran proporción, son las mujeres (95%) y sobre todo las más jóvenes (98%) las principales usuarias. Si se miran las respuestas por edad, se advierte que los jóvenes-plenos de ambos sexos presentan mayor predisposición hacia el uso de computadoras personales –unos cinco puntos porcentuales por encima de los adultos–. Respecto del uso de la tablet y/o smartphone, los varones (12%) superan tres veces la incidencia de las mujeres –sobre todo los mayores de 25 años, que compensarían estadísticamente la categoría anterior–. La diferencia por edad se hace notable en el segmento de mujeres, puesto que el 7% de las mayores utilizan estos dispositivos, en tanto las menores apenas el 1%. Finalmente, sólo el 1% de los jóvenes marca la opción e-reader, proporción que llega al 3% en los varones mayores de 25 años. Los pocos casos registrados en este dispositivo de lectura podrían relacionarse, precisamente, con la baja incidencia de lectura –respecto de otras actividades– durante el tiempo libre. Recuérdese que el 9% de los jóvenes encuestados, elige la lectura como principal pasatiempo. Cabría suponer que los aficionados a la lectura son los consumidores de literatura en e-book, un nicho muy reducido del mercado de consumo literario; sólo quienes disfrutan realmente de la lectura y son proclives a las nuevas tecnologías, comprarían un soporte de este tipo. En términos generales, se advierte que los varones son más propensos a utilizar otros dispositivos distintos de la PC; como se ha venido señalando, existe cierta afinidad entre la tecnología y los intereses masculinos. De hecho, la prueba de independencia indica que el tipo de soporte se relaciona con el sexo de los universitarios. Por otra parte, se cree que si se hiciese la misma pregunta ahora, se obtendría mayor incidencia puesto que 2013 fue el año en que se masificó la venta de tablets. Cuando se llevó a cabo el relevamiento aún era una novedad, no estaba tan extendido su consumo, y pocos tenían un dispositivo similar.[2]

En tercer lugar, se indagó en los contenidos leídos en pantalla. A quienes indicaron leer en soportes digitales con alguna frecuencia se les preguntó por el contenido que leen. Se intentó nuclear las infinitas alternativas de lectura que circulan en el ciberespacio en cuatro categorías: blogs y sitios de interés general, libros de texto y literatura –algunos de acceso y descarga gratuita parcial o total–, diarios y revistas –que se han incluido en el cuestionario implícita o explícitamente–, material técnico-profesional y artículos de divulgación a los que se puede acceder mediante revistas científicas digitales e indexadas.[3]

Con una incidencia enorme en comparación con el resto de las opciones, el 43% de los universitarios refiere leer blogs y contenido publicado en sitios de interés; en esta proporción se destacan las mujeres, pero más aún, el grupo 18-25 años en ambos sexos. Se entiende que la lectura de blogs difiere de la consulta de sitios web, además puede involucrar a la literatura misma a partir de un relato ficcionalizado como la blognovela. Pero el hecho de utilizar una categoría que diferenciase los libros y la literatura, de los blogs y sitios en general, intentaba medir la incidencia de modo más prudente: lectores en sentido tradicional y cibernautas aficionados.

Los libros de texto y literatura digitalizados parecen no tener adeptos, con casi un 5%. De todos modos, vale mencionar a los varones mayores (7%) que únicamente eligen esta opción –entre las mujeres la elección es pareja en ambos grupos etarios–. En este sentido, se observa con claridad cómo la literatura continúa asociada con el papel. Por su parte, el 37% de los varones utiliza los dispositivos para leer diarios y revistas, más aún los menores (41%). Ya se ha demostrado la mayor predisposición masculina hacia la lectura de diarios, sobre todo, en soporte digital. (Recuérdese que al medir soporte para la lectura de diarios en el Punto 3.4, se destacó el 73% de los varones mayores de 25 años que consulta la edición online). Por otro lado, el 11% de la muestra lee textos técnico-profesionales o artículos de divulgación científica; dentro de esta proporción se destacan las mujeres, sobre todo las mayores (13%).

Es evidente la gran predisposición de los universitarios a visitar sitios de interés así como leer blogs, manteniéndose constante esa proporción de la muestra que lee los diarios online.[4] Por último, el contenido leído en dispositivos digitales está relacionado con el sexo de los jóvenes. 

El siguiente gráfico compara las respuestas por sexo:

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Percepciones sobre la lectura y los soportes digitales

En este apartado se cuestiona el tipo de uso y la estimación respecto de los propios dispositivos digitales de lectura; es decir, el análisis se centra en las valoraciones que los jóvenes hacen sobre el propio objeto –si es que disponen de uno, se preguntó por su experiencia personal–. En principio, cabe decir que treinta de cada cien jóvenes dice tener un dispositivo digital de lectura. El grupo más relevante es el de los varones mayores de 25 años (39%) seguido por el de las mujeres menores de 25 años (28%). (Véase Cuadro 69 en Anexo). Después de varias evidencias, este dato permite ratificar con solidez la mayor inclinación masculina hacia la tecnología. Precisamente, la prueba de independencia indica relación entre esta variable y el sexo de los jóvenes.

En primera instancia, se indagó en los atributos del dispositivo digital de lectura propio. Para ello, se solicitó a los jóvenes que tuviesen un dispositivo para leer contenidos digitales que mencionaran espontáneamente sus principales atributos. Se cerró esta pregunta abierta y elaboró un sistema de categorías que permitiese agruparlos según la incidencia de cada respuesta –se consideró que más de una opción sea posible–. Curiosamente, se advierte que todos los universitarios, sin excepción, piensan en atributo como cualidad o característica positiva; y en rigor, un atributo remite a una particularidad, característica o propiedad del objeto en cuestión, pudiéndose admitir un aspecto negativo. También en esta variable se encontró una error interpretativo, así como cuando se pidió “valorar obra de autor preferido” y comentaron una sensación respecto de un libro o la capacidad del autor para, o cuando se pidió “valorar el último libro leído” y lo calificaron o puntuaron.

Según los resultados obtenidos, el primero de los atributos que aparece es almacenamiento que refiere a la gran capacidad de guardado que tienen los dispositivos de lectura. Casi el 4% de los universitarios menciona esta propiedad, destacando los diversos contenidos que pueden guardar en su equipo: “En el e-book puedo almacenar varios libros de mi interés”. Vinculado con el atributo anterior, el 31,5% comenta lo fácil que es trasladar los contenidos al estar digitalizados, almacenados en un mismo lugar, y la liviandad del objeto mismo, es decir, valoran la portabilidad: “Lo tengo siempre encima. Puedo leer en el transporte público”. Con un sentido similar, recurrentemente aparecen –aún formando parte de respuestas que engloban otras propiedades– las valoraciones ‘fácil y cómodo’, ubicadas en el atributo practicidad. El 40% de los jóvenes remarca esta característica que se constituye como la principal apreciación respecto del dispositivo digital propio: “Es práctico y lo uso en la cama, en cualquier lado. Es fácil y cómodo”.

En otro sentido, el 29% de los universitarios valora la accesibilidad como fuente inmediata de consulta. Es interesante destacar que el acceso lo vinculan con la información: una particularidad positiva del dispositivo digital es que les permite acceder a la información. Es decir, los universitarios no piensan en la posibilidad de conectarse (conexión/acceso), sino en la posibilidad de vincularse con las redes de información o comunicación (vinculación/acceso). “Facilita el acceso a la información.”

Por otra parte, se hallaron decenas de veces la palabra ‘rápido’ y otras tantas ‘veloz’. Los universitarios destacan con énfasis la velocidad en la transmisión de los contenidos. Al valorar la agilidad en la búsqueda y hallazgo de datos –siempre refiriéndose a diarios y en menor medida revistas– menosprecian implícitamente aquello que consideran una pérdida de tiempo; entonces, se ubicó al 20% de los jóvenes en el atributo rapidez. “Valoro la rapidez en el acceso a la información.” Nótese que la velocidad es apreciada para acceder a la información.

Las cuestiones vinculadas con la economía de costos son sugeridas sólo por el 2% de los universitarios. En este sentido, aluden a la conexión inalámbrica gratuita de los diferentes espacios por los que circulan cotidianamente como centros educativos y bares. Curiosamente no hablan de la asequibilidad del dispositivo en sí, sino que valoran lo módico que resulta la conexión a Internet. “Fácil acceso a cualquier tipo de información con costo cero de wi-fi”. Nótese que la facilidad y la economización son estimadas porque pueden acceder a la Red y obtener información.

El 13,5% de los universitarios menciona como un valor positivo el tipo de lectura y experiencia alternada que posibilita el dispositivo al conectarse a Internet. Aquí están aludiendo a la hipertextualidad e intertextualidad. Aprecian la simultaneidad y el dinamismo, es decir, desarrollar más de una tarea o mantener la atención en más de un estímulo al mismo tiempo. Relacionado con ello, cuando en los cuestionarios aparece la frase todo en uno, seguramente estén pensando más bien a las particularidades del dispositivo en tanto multifuncionalidad y variedad de aplicaciones móviles, pero de cualquier manera están aludiendo a la posibilidad de realizar varias actividades simultáneamente: Valoro poder realizar diferentes tareas al mismo tiempo.” A propósito del multitasking, una investigación de la Universidad de Stanford (2011) sostiene que los sujetos multitarea disminuyen sus capacidades de rendimiento. Si bien se reconoce que están mejor entrenados para cambiar de foco rápidamente, el estudio alerta que cuando este tipo de personas tiene toda la información delante de sus ojos, no puede separarlas en su cerebro y se equivoca.[5] Si bien la industria del entretenimiento y el software estimulan el multitasking mediante las pantallas, el cerebro no puede actuar en consecuencia: quien lo intenta se equivoca y tarda más en responer a cada tarea. Justamente, aunque con reservas porque las frecuencias están por debajo del mínimo esperado, el sistema identifica que el atributo simultaneidad estaría relacionado con la edad.

Finalmente, en ciertas ocasiones, los jóvenes mencionan los atributos durabilidad porque no se deteriora y preservación del medio ambiente porque no consume papel, pero con una incidencia tan pequeña que no califica como proporción y se torna estadísticamente poco relevante.

Según se estuvo observando, en las respuestas espontáneas de los universitarios aparece de modo recurrente la palabra ‘información’ como un valor en sí mismo. La posibilidad de estar notificado constantemente si se dispone de un dispositivo digital de lectura con acceso a Internet es realmente un beneficio para los estudiantes: “Utilizo el celular para leer el diario. Lo bueno es que se puede estar informado en cualquier momento.” “Si quiero informarme de todo un poco, tengo todo en un mismo lugar.”En este sentido, se nota que la información propiamente dicha –concretamente la actualidad y las noticias– vehiculizada por los medios de comunicación, principalmente los diarios, aparece como una necesidad que canalizan con el dispositivo digital. Los universitarios necesitan estar informados constantemente, por ello, valoran la rapidez en informarse, el acceso a la información, la posibilidad de informarse en cualquier momento, la comodidad de informarse mientras están haciendo otra cosa, etcétera. Si se observa la selección de respuestas que acompaña a cada lectura de datos, se nota que los atributos se yuxtaponen en las transcripciones. Por ejemplo, una misma frase denota la valoración respecto de la practicidad y rapidez. Metodológicamente fue una tarea compleja cerrar esta pregunta abierta, y conformar un sistema de categorías coherente, exhaustivo y excluyente.

En términos estadísticos, la practicidad y la rapidez son atributos principalmente destacados por las mujeres, en tanto la portabilidad es apreciada por los varones. Si bien la accesibilidad se reparte en proporciones semejantes entre ambos sexos, se nota que son las mujeres menores de 25 años las que destacan este atributo en gran medida –el doble que los varones de la misma edad–.

La segunda variable de esta exposición remite a las imágenes de los jóvenes acerca de la lectura digital. A priori se suponía que podrían valorarla independientemente de los dispositivos de lectura. Sin embargo, al procesar las respuestas se encontró que el modo en que describen a la lectura como práctica y al dispositivo como soporte no difiere. Incluso, en ocasiones tergiversan los términos ‘lectura’ y ‘contenido’, que sumado a las desventajas que manifiestan respecto de la lectura en pantallas habla de cierto desconocimiento sobre las nuevas tecnologías.

En primer instancia, se indagó acerca de las ventajas de la lectura digital. La mayoría de los jóvenes, precisamente el 68% de la muestra, responde espontáneamente cuáles considera son las ventajas que proporciona la lectura digital en contraposición con la analógica. Así como ‘atributo’ es siempre una cualidad positiva, según la interpretación de los jóvenes, por momentos da la impresión que el dispositivo –como soporte– y la lectura no se diferencian, y por ende califican sin distinción. Al procesar las respuestas espontáneas, surgieron una serie de palabras claves: cómodo, rápido, fácil, práctico –en efecto, las mismas que en la variable anterior–. A partir de ellas, se elaboró un sistema de categorías de opción múltiple y se agrupó la muestra según la incidencia de cada respuesta –también aquí se consideró que más de una opción sea posible–.

Según los resultados obtenidos, el 46,5% de los jóvenes valora a la lectura digital en función de las cualidades accesibilidad, agilidad y rapidez. Leer en pantallas les resulta fácil, veloz y ligero: “Fácil acceso a toda la información, resuelves muy fácil dudas que surgen sobre la lectura”. “La información se puede obtener rápidamente y a la mano”. “Rápido acceso a la información, en caso de diarios, actualización continua de noticias”. Nótese, nuevamente, cómo aparece la información como un valor en sí mismo del que se apropian debido a las características intrínsecas del objeto mismo.

En tanto, el 39,5% de los universitarios destaca portabilidad, practicidad y espacialidad. Se nota que se refieren al soporte y no a la práctica en sí, porque son cualidades de una cosa y no de una acción. El objeto en cuestión es liviano y por ello, les resulta fácil de transportar: “Puedo leer en el colectivo” o “Me molesta llevar tantas hojas”.

Por su parte, el 7% de los jóvenes subraya las cuestiones vinculadas con la ecología, en términos de sustentabilidad y cuidado del medio ambiente; en este sentido, estarían asociando la lectura en papel con cierto daño al ecosistema. Posiblemente emerge la imagen de la tala de los árboles: Se ahorra papel” oLo digital es sustentable”.

Una proporción semejante de universitarios destaca la interactividad, simultaneidad y dinamismo. La ventaja radica, entonces, en la posibilidad de leer varios contenidos al mismo tiempo, o incluso desempeñar varias tareas simultáneamente: “Es más fácil porque tengo todo en uno, interactivo” o “Accedo a más textos en menos tiempo”.

Por otra parte, la posibilidad de actualizarse inmediatamente es mencionada por el 13% de los jóvenes. Una vez más, el valor está en la información, en la posibilidad de estar al corriente de las últimas novedades: “Permite tener acceso instantáneo a las últimas noticias y da mayor comodidad a la hora de leer en un transporte público.”

Una proporción semejante de jóvenes señala aspectos vinculados con la economía de costos que encierra la lectura digital, es decir, la gratuidad de la práctica. Leer resulta barato porque descargan contenidos, leen portales o diarios y revistas, visitan sitios de interés y utilizan redes sociales sin cargo, aunque lo que tiene costo sea el abono de Internet móvil o la conexión inalámbrica. En cualquier caso, curiosamente, la imagen que los jóvenes tienen en mente es Internet como espacio gratuito: “Es económico, está al alcance para quien trabaja todo el día con la PCo “Gasto menos plata en libros”.

Finalmente, un 10% hace alusión al almacenamiento, al caudal de información y la capacidad de guardado. Nuevamente se evidencia que confunden lectura con soporte, porque éstas son cualidades de un objeto: es el dispositivo el que posee espacio para guardar mucho contenido. El volumen de información es mucho mayor. La velocidad y la cantidad de enlaces posibles entre componentes textuales puede ser interminable.”

Como conclusión cabe decir que, como cuando se mide atributos del dispositivo digital, también se advierte la forma en que los universitarios asocian lectura digital con información. Es notable cómo actualizarse es un valor en sí mismo. Prácticamente todas las categorías sugeridas pueden ser pensadas como facilitadoras del acceso a la red de información: la rapidez, el almacenamiento o la portabnilidad están al servicio de una necesidad fuerte de estar al corriente de las novedades. Queda por indagar en la naturaleza de estos contenidos que reclaman con énfasis. No obstante, además aparece el ahorro de recursos económicos y naturales como valor en sí mismo: No se gasta plata, no se utiliza papel y se puede llevar a todos lados”. Podría interpretarse que lo que los jóvenes están apreciando es la economización de todo tipo de recursos, incluso la conservación de la propia energía y del tiempo consumido cuando destacan la facilidad en el traslado o la rapidez en el acceso, por ejemplo.

Como en la variable anterior, en las frases se yuxtaponen ventajas. Por eso, después de cerrar las preguntas abiertas, se elaboró un sistema de categorías de opción múltiple. Se tomaron aquellas con mayor frecuencia y distribuyó la muestra por sexo y grupo etario. Según el próximo cuadro, los varones –sobre todo los mayores de 25 años– valoran en mayor medida la accesibilidad, agilidad, y rapidez que encierra la lectura digital. En tanto, las cuestiones asociadas con la portabilidad, practicidad y espacialidad son valoradas por mujeres y varones; aunque si se mira por grupo etario, se nota que los más jóvenes acentuaron estas ventajas.

En segunda instancia, se indagó en las desventajas de la lectura digital. En comparación con la pregunta anterior, la tasa de respuesta es considerablemente menor: el 47,5% de los jóvenes responde espontáneamente sobre las desventajas que proporciona la lectura digital en contraposición con la analógica.

Dentro de las respuestas, hay desventajas directamente vinculadas con la práctica en sí –leer desde dispositivos digitales–, pero hay otras ligadas con el aparato y los contenidos. Esto no hace más que evidenciar que, del mismo modo que en la variable anterior, los textos, el objeto que los vehiculiza y la práctica de leer resultan lo mismo para los universitarios, y califican cada uno sin distinción.

En primer lugar, las desventajas asociadas con la lectura digital. El 36% menciona alguna frase vinculada con el deterioro de la vista y el cansancio visual que experimentan por causa del uso de pantallas. Ciertamente se encontraron decenas de frases reiteradas: “No me resulta cómodo para la vista” o “Desgasta la visión.” Pese a ello, se cuestiona cuántos de los que han afirmado esta desventaja leen con frecuencia en pantallas, y en ese caso, a cuáles se refieren.[6]

El 24% de las respuestas señalan cuestiones vinculadas con la tradición y ciertos aspectos sensoriales que se pierden al leer en pantallas: “La conexión sujeto-libro, el marcado y doblado de las hojas, la relación que uno establece con el objeto.” Otros jóvenes hablan de los cambios en la organización del texto y el modo en que se apropian de los contenidos: Lo digital deteriora el lenguaje y la escritura.” “Para leer algo yo necesito marcar, subrayar y escribir el libro. Es parte de mi proceso de aprender. En la lectura digital todas esas cosas son imposibles.” Esta última aseveración da cuenta del desconocimiento sobre las posibilidades reales de los dispositivos de lectura. Con un sentido afín, el 16% de los universitarios habla de cierta pérdida sensorial con la lectura en pantallas. Mencionan con desdén la falta de contacto físico con el objeto editorial: “Hay un valor simbólico en el tradicional ritual de sentir, tocar y oler un libro antes de leerlo que se pierde” o “No posee la calidez de las hojas, el olor. Son particularidades que hacen placentera la lectura”. En estas respuestas, los universitarios aprecian la agradable sensación del contacto con el papel en detrimento de la sensación artificial que les provoca leer desde las pantallas.

Por otro lado, el 12% de los jóvenes comenta algo vinculado con la dispersión de la atención. Se hallaron expresiones que indican la falta de concentración o la distracción que implica la lectura digital: “No logro concentrarme tanto porque me distrae más.” Estas ideas podrían remitir a la hipertextualidad que leer en pantallas presupone: “No se retiene bien la información” o “Dificulta la lectura y la comprensión.” Nótese cómo los estudiantes admiten la desconcentración que experimentan leyendo en pantallas.

Aunque con otro sentido, la misma proporción de universitarios asegura que la lectura digital es incómoda en sí misma. Aquí el tedio no estaría en el traslado, sino más bien en el ejercicio de la práctica: “Culturalmente estamos acostumbrados a leer en papel, la lectura en la pantalla es más molesta.” Tal vez esta categoría podría vincularse con el cansancio visual, lo que engrosaría aún más aquella proporción, aunque al carecer de expresiones más concretas es preferible mantener ambas categorías independientes.

Otra cuestión importante a señalar es que en una misma frase los jóvenes mencionan más de una desventaja, es decir, se encontraron respuestas con varias categorías. Por ejemplo: “La lectura en los dispositivos es más incómoda y restringe la libertad para subrayar o marcar contenidos que ayudan a la compresión.” En la mayoría de los casos, es el cansancio en la vista y la pérdida de alguna costumbre –principales desventajas– aquellas que conviven con otros comentarios negativos.

En segundo lugar, las desventajas asociadas con el dispositivo digital. Poco más del 2% señala cuestiones económicas, por ejemplo, el gasto inicial que implica comprar el dispositivo o el abono de conexión. Una proporción similar destaca que los hechos delictivos en la vía pública no les permiten trasladar el dispositivo ante la amenaza de robos o hurtos fuera del hogar: “No se puede llevar a todos lados por los robos.”

En tanto, el 10% de los jóvenes destaca aspectos vinculados con lo tecnológico como la escasa durabilidad de la batería, la imposibilidad de conexión en algunos lugares, demoras en la descarga de los contenidos o las dificultades técnicas de ciertos sistemas operativos: “Si entra un virus o se daña un archivo se puede perder la información.” “Si no hay electricidad, no hay lectura.”

Sólo el 3% de los jóvenes menciona la dificultad en el traslado y la portabilidad. Sin dar precisiones destacan cierto fastidio en el acarreo del dispositivo –considerando lo livianos que son, podrían referirse a las notebooks–: “Pocas veces se puede trasladar.”

En tercer lugar, las desventajas asociadas con los contenidos digitales. El 3,5% subraya que Internet es un sitio inseguro por la fugacidad de los contenidos. Utilizaron expresiones que aluden a la inestabilidad y no recuperación de los contenidos: “Prefiero comprarme un libro que dura toda la vida que algo digital que se descompone y pierdo información” o “Un texto te queda para que lo vuelvas a leer, si es digital quizá después ya no esté.”

Casi el 5% de los jóvenes señala la desconfianza respecto de los contenidos que circulan en Internet, es decir, la inconsistencia de las fuentes. En varias respuestas se encontraron manifestaciones respecto de la fragilidad o la desconfianza respecto de algunos sitios, así como la posibilidad de hallar información distorsionada: “No puedo confiar en algunas fuentes porque a veces no son seguras o no se abarcan los temas exhaustivamente.” Con frecuencias por debajo del 1% yacen quienes mencionan el profuso caudal de información, incluidos los avisos publicitarios: “No enfoca la concentración al 100% por la saturación de información y la publicidad invasiva en algunos sitios.”

Si se agruparan las categorías que aluden a los contenidos –exceso de información, fugacidad de los contenidos y desconfianza respecto de las fuentes– resultaría bastante significativa la proporción de universitarios que encuentra que la lectura digital trae aparejadas una serie de desventajas asociadas con la entidad e inestabilidad de lo escrito. En este sentido, la lectura digital está relacionada a textos de dudosa procedencia, como si la práctica condicionase el origen y la calidad de los contenidos.

Finalmente se tomaron las desventajas con mayor incidencia. Observando las respuestas por sexo en deterioro y cansancio visual, se encontró que las mujeres superan en cuatro puntos porcentuales a los varones al indicar que éste es un perjuicio que trae aparejado la lectura digital. Al interior de los grupos etarios, se advierten diferencias significativas entre las mujeres –puesto que las mayores (47,5%) superan la incidencia de las menores en unos quince puntos–, pero más notoria aún es entre los varones. Los menores de 25 años son quienes manifiestan este perjuicio en una proporción importante respecto del resto (52%). Precisamente, de acuerdo con la prueba de independencia, esta variable se relaciona con la edad de los jóvenes. Respecto de cuestiones culturales, no se hallaron diferencias por sexo aunque sí por edad: las mujeres menores (28%) y los varones mayores (30%) de 25 años reclaman aspectos vinculados con la tradición de la lectura en papel y la pena que sienten si se perdiese ese ritual literario. De todos modos, las diferencias entre los dos grupos generacionales no es marcada: los jóvenes manifiestan las mismas inquietudes que los advenedizos a la era digital.


  1. Para medir frecuencia de lectura y tipo de lectura en PC, en la ENHL 2011 no se distingue el tipo de soporte, simplemente se menciona PC, y se ofrece un sistema de categorías en el que la máxima frecuencia es “10 minutos o más” y la mínima “menos de un día por semana”. Habiendo hecha esta aclaración metodológica, cabe mencionar algunos resultados a modo de contexto. El 48% de los argentinos lee en PC durante 10 minutos o más por día –seguidos por el 22% que lee todos o casi todos los días–. Los lectores más frecuentes pertenencen al nivel socioeconómico alto (79%) –precisamente, la brecha entre el nivel alto y medio es de 11 puntos en tanto, entre alto y bajo la brecha es de 55 puntos–, y residen en la Patagonia (56%). Curiosamente, el Gran Buenos Aires (44%), es una de las regiones donde menos se lee en pantalla –por su parte, Centro (54%), Cuyo (52%), NEA (52%) y NOA (42%)–. (SInCA 2012).
  2. Según destaca la consultora Carrier y Asociados, una tendencia que surge ese año es el progresivo desplazamiento de la PC como dispositivo central para la conexión a Internet por smartphones, tablets y smart TV –como prueba, en 2013 se vendieron más del doble de tablets que en el año anterior–. Asimismo, en las ventas del segmento de los últimos años incidieron las compras estatales en el marco de programas educativos como “Conectar Igualdad”. Sin embargo, Carrier prevé un estancamiento hacia la baja de las tradicionales computadoras. Respecto de los teléfonos móviles, el rubro vendió 12,5 millones de unidades a lo largo del año, lo que representa una disminución del 7% respecto de 2012. Además, del total de teléfonos vendidos más de la mitad son smartphones. (“Smartphones y tablets, estrellas del mercado informático en la Argentina”. 23-12-13. Infobae.com http://goo.gl/Wq57Lt).
  3. En la ENHL 2011, cuando se mide tipo de lectura en PC, el sistema de categorías es bastante más amplio ya que incluye desde redes sociales hasta textos vinculados con lo laboral. A modo de contexto, cabe mencionar que el 33% lee mails, el 27% lee blogs, chats y redes sociales –el 54% de los menores de 25 y el 32% de los mayores de 25 años–, el 19% lee el diario, el 16% noticias y primicias –total país–. Por otra parte, textos de divulgación el 15%, comentarios sobre libros, series o películas el 10%, textos del trabajo el 10%, libros 6% y revistas 5%. (SInCA 2012).
  4. Se hallaron diferencias por sexo y edad en algunas categorías, en la ENHL 2011 y en el propio relevamiento que merecen mención. En principio, el 16% de las mujeres y el 23% de los varones, así como el 27% de los menores de 25 años y 32% de los mayores de 25 años lee el diario, según la Encuesta. (Una vez más queda evidenciado que los jóvenes del propio relevamiento superan la proporción de lectura de diarios online por sexo y por edad respecto de la media nacional). En segundo lugar, de acuerdo con la ENHL, el 13% de las mujeres y el 16% de los varones consulta textos de divulgación –según el cuadro de resultados, las mujeres leen más este tipo de material que los varones–. Y por último, en la categoría lectura de libros, de acuerdo con la ENHL, el 8% de los menores de 25 y el 10% de los mayores de 25 años lee literatura online –la proporción de jóvenes en el propio relevamiento es bastante menor–. (SInCA 2012).
  5. Se cree que se puede hacer varias cosas diferentes simultáneamente, pero en realidad lo que ocurre en el cerebro es que rota la atención rápidamente de un objetivo al otro. Y en este proceder automático es cuando se suele cometer errores o promover ciertas disfunciones o trastornos. Stanford University. Center on longevity. “Electronic multitasking is a brain drain”. 16-06-2011. Proceedings of the National Academy of Sciences. http://goo.gl/MRGmR7
  6. Si bien no hay trabajos científicos sobre el deterioro de la vista en las pantallas, se cuenta con la publicación de los ingenieros italianos, Zambarbieri y Carniglia, quienes han comparado los movimientos de los ojos cuando se lee con un ordenador, un iPad, un e-book y un libro convencional. De acuerdo con los resultados, no habría diferencias claras entre las formas de leer en dichos dispositivos. (Zambarbieri, Daniela y Carniglia, E. “Eye movement analysis of reading from computer displays, eReaders and printed books.” 09-2012. MedLine, PubMed. US National Library of Medicine, national Institutes of Health. http://goo.gl/UV1L5S). La razón por la que cansa leer de una pantalla no es el hecho de que tenga una fuente de iluminación trasera, sino que al leer en un ordenador la pantalla no está a la distancia correcta, la tipografía serif –de bordes no redondeados– no es tan legible, se usa en la web y se parpadea con menor frecuencia. Al leer un libro el pase de página funciona como un “reset” ocular. La fatiga ocular en usuarios de pantallas convencionales de ordenador se llama CVS (Computer Vision Syndrome). Los dispositivos electrónicos de lectura pueden de por sí participar en el CVS; sus causas son variadas, desde la pobre iluminación hasta la borrosidad en la pantalla, distancias inadecuadas de lectura, mala posición sin olvidar los problemas de graduación no corregidos. La diferencia fundamental entre ellos es que unos usan tinta electrónica, e-books, y otros llevan iluminación propia, tablets. Los ordenadores, las tablets y los smartphones son similares entre sí, porque todos cuentan con pantallas LCD o similares que se retroiluminan, lo que de por sí puede producir algo de fatiga ya que mantener la mirada fija en una fuente de luz directa provoca cansancio visual. Por el contrario, los e-book utilizan tinta electrónica, lo que significa que sus pantallas no están iluminadas, sino que ofrecen una imagen que debe ser iluminada desde fuera, como ocurre con el papel. El papel puede ofrecer una mayor satisfacción visual que una pantalla, pero los libros de tapa blanda y papel barato pueden proporcionar una calidad de lectura inferior a la de los medios electrónicos. (Dr. Fernando Soler; Grupo Innova Ocular. “¿Es bueno leer con iPad, e-books o tablets?” 08-11-2012. Blog de ojos, Clínica Soler. http://goo.gl/0CIknG; Dr. Rubén Pascual. “Fatiga visual: síndrome de las pantallas de visualización”. 14-10-2006. Ocularis. http://goo.gl/FfglNl).


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