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2 Uso del tiempo libre y consumo mediático

Este apartado procura determinar los patrones de comportamiento vinculados con los hábitos de consumo cultural prestando atención al contexto tecnológico que los enmarca y las interrelaciones posibles en la trama social. ¿Qué actividades desarrollan los universitarios cuando no estudian ni trabajan? ¿Cómo se vinculan con los consumos culturales clásicos, los mass-mediáticos y las redes digitales? Teniendo presente el perfil de la población –universitarios que promedian los 27 años y están empleados– es fundamental señalar la ausencia de tiempo libre durante la semana, y considerando que éste es un recurso limitado, el modo en que lo utilizan es un indicador clave de sus intereses, valoraciones y expectativas. Medir el ocio permite saber a qué actividades otorgan atención y sutilmente comenzar a indagar en el valor asignado a la lectura.

El sentido común indica que las redes digitales han minado la vida social de los jóvenes. Se suele oír decir que prefieren estar ‘a solas’ conectados mediante algún dispositivo digital con acceso a Internet o jugando video-games en la Play, antes que el diálogo personal en el mundo real. Se asegura incluso que Internet ha sustituido lo que se denomina sociabilidad directa o encuentro personal (Morduchowicz 2012). Sin embargo, hasta el momento no se dispone de evidencia empírica que permita afirmar que hubo una sustitución de vínculos en la era digital, sino más bien puede advertirse cierta resignificación de los lazos interpersonales y de las prácticas culturales. Esta tesis sugiere que Internet genera nuevas formas de sociabilidad juvenil. Durante décadas, los temas de conversación entre los jóvenes giraron en torno de la televisión, la radio, el cine o la música. Estas charlas tenían espacio en encuentros cara a cara en el centro educativo, el barrio o en las salidas grupales. Hoy disponen no sólo del teléfono de línea para comunicarse –ahora destinado a un uso residual hogareño–, sino además cuentan con su smartphone para enviar mensajes de texto e instantáneos, chatear, administrar un blog o interactuar en una red social. Sucede que las redes sociales les posibilitan expresarse con su voz y exponer vivencias con propias palabras e imágenes. Ser ‘autor’ de un perfil en Facebook o Instagram, por ejemplo, les permite ejercer el derecho de participar y construir su identidad según como quieren ser reconocidos. Desde que apareció la Web 2.0 surgió una nueva cultura participativa: los jóvenes se involucran mediante las afiliaciones en comunidades virtuales –membrecías en torno a intereses comunes– y también participan produciendo contenidos –textuales y/o audiovisuales–. (Jenkins 2006). El valor del networking no sólo radica en fortalecer los vínculos, sino en construir saberes mediante nuevos circuitos de información surgidos a partir del interés compartido y la participación de la comunidad virtual. Entonces, en el marco de la Revolución digital, ¿qué espacio queda para las actividades de ocio tradicionales y los consumos mass-mediáticos? ¿Compiten o se complementan con las redes digitales? Se sabe que los medios ofrecen modelos de identidad individual y nacional [esta tesis agrega ‘mundial’] que influyen en la imagen que los jóvenes tienen de sí mismos y de los otros. Las series del cable y los programas de televisión abierta, las películas, los diarios y revistas, los últimos videojuegos y las canciones y grupos de música proponen modelos de identidad cultural mundial. En efecto, las industrias culturales globales y las redes digitales están tan ligadas a la identidad juvenil que el sujeto se configura como tal a partir de la frecuentación y acceso a ciertos bienes y servicios culturales así como la forma en que los socializa. Por ello, es importante indagar en la relación que los universitarios tienen con los medios de comunicación y las tecnologías, porque permite comprender cómo construyen, con contradicciones y de modo complejo, su imagen del mundo (Reguillo 2000).

MATERIALES Y MÉTODOS. Esta investigación está especialmente centrada en la estructura social, en los patrones recurrentes de comportamiento y en las interrelaciones entre elementos del tejido social, reconociendo la importancia de la acción y el significado que los sujetos le otorgan a sus acciones (aunque las técnicas empleadas de recolección de datos no permitan captar las significaciones). Desde este capítulo hasta el sexto se presentan los resultados que surgen de la aplicación de la propia encuesta a la muestra conformada por 360 universitarios. Además del análisis descriptivo de datos primarios, se complementó con fuentes de consulta secundaria que permiten contextualizar y comparar.

Este capítulo aborda los objetivos a) determinar los usos y preferencias respecto de bienes, actividades y espacios culturales; y b) determinar el consumo de medios de comunicación masivos: diarios, televisión e Internet. Para cumplirlos se miden –en los universitarios– bienes tecnológico-culturales preciados, actividades de tiempo libre, salidas y espaciamiento cultural, medios de comunicación –desagregados en consumo de televisión, prensa gráfica e Internet–, y consumo de contenidos de colección en los kioscos de diarios. Se dividió la muestra según las hipótesis de trabajo que prevén diferencias por sexo y grupo de edad –utilizando el mismo criterio de segmentación que en las Encuestas Nacionales de Lectura–. Además de conocer la incidencia de cada variable y construir cuadros de contingencia, se aplicó la prueba de independencia Chi-cuadrado para las variables categóricas. Ésta permite determinar si existe relación entre dos variables de igual naturaleza: indica si se halla asociación, pero no indica el grado o el tipo de relación.

Los bienes más preciados

Inicialmente se preguntó a los jóvenes cuál es el objeto tecnológico-cultural que más aprecian con el fin de obtener una aproximación a su valoración respecto del tiempo libre. Los objetos ofrecidos como opciones implican actividades que pueden desarrollar a partir de su implementación. Se trata de dispositivos tales como la computadora, radio, celular o cámara de fotos, y soportes en sentido estricto como el libro o disco compacto. Con excepción del libro, se trata de objetos contemporáneos, cuya creación y difusión se remonta a las últimas décadas del siglo XX.

Sin duda, los jóvenes eligen dispositivos digitales. En primer lugar, el 44% prefiere la computadora –principalmente los varones y sobre todo los varones mayores (64%)–. Vale mencionar que en el cuestionario no se aludió a un tipo particular de computadora u ordenador; en cualquier caso, es muy significativa la proporción en comparación con el resto de las elecciones. En efecto, la medición más reciente a nivel nacional, la ENCCyED 2013, indica que la computadora es el equipamiento que más se ha extendido socialmente en los últimos tiempos.[1] Aunque con una diferencia importante respecto de la computadora, el segundo objeto más valorado es el celular (26%). Se destacan las mujeres, quienes con el 30% superan en diez puntos porcentuales la incidencia masculina; y en términos comparativos, las más jóvenes (32%) lideran la categoría. En los varones no hay diferencias significativas entre los grupos etarios. Si bien la concentración se da en las zonas metropolitanas del país, en numerosos lugares hay más penetración de telefonía celular que de telefonía fija.

La radio es uno de los objetos menos valorados, aunque la destaquen las mujeres mayores (7,5%). Piénsese que la radio como objeto en sí mismo es obsoleto: su uso ha sido reemplazado por el reproductor de audio digital[2] y el teléfono móvil. Por ello no se descarta que muchos de los que eligen al celular lo utilicen en gran parte para escuchar radio o reproducir música. Repárese en los smartphones: un mismo objeto con el potencial de desarrollar varias de las actividades para las que hasta no hace mucho precisábamos más de un dispositivo. En este sentido, no resultaría llamativo que sean precisamente los objetos tecnológicamente más antiguos los menos valorados, porque sus funciones fueron paulatinamente reemplazadas por la telefonía móvil. Si bien el auge de los smartphones comienza en 2007, un estudio de principios de siglo podría dar una idea de los otros usos que comenzaba a dársele al celular. Según el informe del SNCC, usar el celular solo para hablar o para aplicar otras herramientas, a mediados de 2000, dividía a los argentinos prácticamente en dos mitades. En aquel entonces, alrededor del 54% usaba el celular sólo para hablar –principalmente individuos de mayor edad y nivel socioeconómico medio-bajo–. El estudio señalaba a los jóvenes, precisamente a los adolescentes como “el segmento que se caracteriza por hacer del celular una herramienta multifacética”, como los individuos de nivel socioeconómico alto y residentes de la región metropolitana.[3] Según la ENCCyED 2013, el teléfono móvil gana amplio espacio constituyéndose como un consumo digital en sí mismo. Después de la TV y la radio que son los bienes predilectos entre los argentinos (95%), en orden de importancia, le sigue el teléfono celular (85%), que supera ampliamente al fijo, y que se ha ido convirtiendo en un equipamiento residual, presente en el 68% de los hogares (SInCA 2014). Este dato resulta marcadamente diferente a las preferencias de los universitarios encuestados, para quienes la radio es uno de los objetos menos valorados en términos de importancia.

Respecto del libro como objeto, se encuentra que más del 18% del grupo 18-25 años lo elige, tanto las mujeres como los varones; aunque si se mira sólo por sexo se nota que son las mujeres quienes lo eligieron en mayor medida (17%). Como era esperable, la videoconsola es únicamente valorada por los varones, principalmente por los más jóvenes. En tanto, cerca del 4% de las mujeres valora un dispositivo digital de lectura o navegación en mayor medida que los varones, sobre todo las mayores de 25 años –con dos puntos porcentuales más que el promedio del grupo–. Este dato es aparentemente contradictorio con otro que se verá más adelante: la mayor predisposición masculina hacia los aparatos tecnológicos. 

Considerando que la prueba de independencia indica que el tipo de objeto más valorado se relaciona con el sexo de los jóvenes, se toman las tres categorías con mayor incidencia y elabora el siguiente gráfico comparativo:Imagen1

Actividades de tiempo libre

Se entiende actividades de tiempo libre a las acciones, sean individuales o colectivas, asociadas con el ocio y el placer, que expresan cierto estilo de vida y una manera específica de organizar el tiempo que resta de las actividades obligatorias, como estudiar y/o trabajar. Con este concepto en mente, se preguntó a los universitarios acerca de las actividades que prefieren realizar en momentos libres, y ofrecieron varias alternativas –muchas de las cuales pueden desarrollarse sólo si se cuenta con alguno de los objetos mencionados anteriormente–. En este sentido, los resultados de ambas variables deberían leerse de modo complementario. Por otra parte, cabe destacar que algunas opciones remiten claramente a consumos culturales clásicos –libros, cine, teatro, diarios– y mediáticos –televisión y radio–; mientras que otras se ubicarían en una zona más híbrida. Es decir, se adoptó el mismo criterio utilizado en la ETLPCC 2005, mencionado en el punto anterior.

La lectura está lejos de ser una de las actividades preferidas de los jóvenes, aunque las mujeres –especialmente las de entre 26 y 40 años (16%)– parecen más proclives a leer durante el tiempo libre que el resto de los grupos. (Hasta el momento no se había distinguido en el cuestionario el tipo de lectura, la interpretación era libre, podría tratarse de cualquier material: libros o prensa escrita, e incluso en cualquier soporte). Cuando la ENHL 2011 indaga en las actividades de tiempo libre de la población en general, leer presenta una incidencia mayor que en el propio estudio.[4] La mayor proporción de jóvenes está concentrada en la categoría pasear: el 36% opta por salir en su tiempo libre. Sin embargo, cabe señalar que estadísticamente la gran incidencia femenina convierte a esta categoría en la más preponderante. Si se observa el comportamiento de la variable por sexo, aparece que la frecuencia femenina (48%) triplica a la masculina –esto es aún más acentuado en las más jóvenes: cinco de diez elige esta categoría–.

Por su parte, únicamente las mujeres eligen la alternativa estudiar como actividad de tiempo libre (2%); una frecuencia tan baja era previsible, y en cierto modo, también que fuesen las mujeres quienes la eligieran.

Luego, mirar televisión o ver videos y películas es una actividad optada en proporciones similares por mujeres y varones; sin embargo, se advierte diferencias al mirar las respuestas por grupos etarios respecto del sexo de los jóvenes: eligen esta actividad las mujeres más jóvenes (13%) y los varones mayores (12,5%). De acuerdo con la ENCCyED 2013, la televisión continúa ocupando la mayor parte del tiempo libre que, como se señaló, resulta ser el principal objeto tecnológico elegido por los argentinos.[5] Otro consumo vinculado con la TV es la radio: el 7,5% de los jóvenes opta por escuchar radio o música en su tiempo libre. Según la ENCCyED 2013, la radio, contra todas las previsiones, no ha perdido espacio y de hecho, así como la TV, resulta el objeto más valorado por la población argentina.[6] En el propio estudio, mientras no se advierten diferencias significativas entre las mujeres, que llegan al 8%, entre los varones se halla una clara predisposición en los más jóvenes (10%) hacia esta actividad respecto de los mayores que casi llegan al 6%. Se reconoce que en esta categoría al no distinguir música de radio, no se puede conocer con exactitud la incidencia de cada uno. Y en cierto modo, al notar que el grupo de varones menores de 25 años se destaca en esta actividad, queda el interrogante respecto de si prefieren escuchar música con su MP3 o smartphone por ejemplo, o son fieles oyentes de cierto programa radial. De cualquier modo, se preveía una incidencia baja entre los universitarios porque como otros consumos culturales, escuchar radio o música está adosado al tiempo productivo.

Por otro lado, el 4% de los varones juega video-games en sus momentos de ocio, coherente con aquellos que eligen la Play como objeto más preciado: pareciera que son los mismos varones que contestaron en una y otra pregunta. (Más adelante se verá que cuando se les pregunta por “actividad en Internet” y se les ofrece la opción jugar videojuegos, la frecuencia disminuye notablemente en tanto aumenta la cantidad de mujeres que juega online). Según el SNCC 2006, el promedio de horas semanales dedicadas al juego virtual rondaba las 5,8 horas para el Área Metropolitana de Buenos Aires; además, el informe revela que la actividad está fuertemente asociada con la edad y el sexo: los varones adolescentes y los jóvenes-adultos son los principales implicados en esta práctica.[7]

En tanto, el 54% de los varones disfruta el tiempo libre practicando un deporte. Este dato es sumamente relevante por la gran proporción. Si bien se desconoce el tipo de deporte, podría suponerse que se trata de prácticas grupales. Estadísticamente la gran incidencia masculina convierte a esta actividad en la segunda más preponderante dentro del sistema de categorías: pero también para las mujeres deviene la segunda actividad de tiempo libre (13%), aunque no parece tener suficiente relevancia: se separa bastante de pasear y se acerca a leer. Según la ENHL 2011, el 15% del total país menciona espontáneamente y como primera respuesta hacer deportes. Este dato es semejante a los propios resultados, aún en las diferencias significativas por sexo.[8]

La opción realizar tareas domésticas, que apenas el 1% de los universitarios marca, podría aglutinar un sinnúmero de pasatiempos no listados: desde la jardinería, la cocina, las manualidades o cualquier hobbie o entretenimiento hogareño.[9]

Revisando la ENHL 2011, se encontraron algunas diferencias significativas al comparar con los resultados propios: en primer lugar, mirar TV y escuchar música son las prácticas preferidas de los argentinos en los grupos etarios estudiados; asimismo, todas las actividades de ocio hogareñas presentan mayor incidencia.[10] Esta discrepancia en los datos se debe indudablemente a su condición de universitarios.

Si se toma a la muestra íntegra, casi un 3% señala Internet como espacio de recreación, pero si se observa por sexo, se nota que esta actividad cobra importancia entre las mujeres (4%). A diferencia de lo que el sentido común sugiere, la incidencia de Internet en el tiempo libre de los jóvenes es realmente muy baja. Se infiere que la Red está adosada a las actividades productivas de los universitarios, en las aulas y los ámbitos de trabajo están on line, entonces, ¿para qué sacrificar tiempo ocioso para hacen uso de Internet si se está conectado permanentemente?

Por otro lado, actividades poco frecuentes como mirar televisión o videos así como escuchar música, no presentan diferencias importantes entre mujeres y varones. En cualquier caso, las imágenes y los sonidos, prevalecen por encima del texto: si se consideraran las actividades vinculadas con la televisión, Internet y la música, se vería que superan ampliamente a la lectura –aunque permanecerían por debajo de las actividades recreativas–. Sin duda, los jóvenes prefieren actividades de esparcimiento. Esa imagen social del joven encerrado y aislado frente a algún dispositivo tecnológico podría ponerse en duda. Aunque la computadora sea más valorada que cualquier otro objeto, al momento de emplear el tiempo libre no parece estar incluida en sus prácticas. Escuchar radio o música, comunicarse por el chat o administrar un perfil en la res social son actividades incorporadas a la cotidianeidad acompañando a los jóvenes mientras desarrollan otras tareas. Cuando disponen de un momento libre, se imponen actividades distintas de la lectura, la cual se deduce, les resulta poco atractiva. Otra cuestión importante es que el grupo de pares es fundamental para compartir el tiempo libre, porque las principales actividades elegidas exigen la interacción con otros, sea acompañamiento o compañía de juegos aunque no se descarta los paseos a solas o deportes solitarios pero no es lo habitual.[11] Entonces y pese a que el sentido común sugiere la apatía y ensimismamiento de los jóvenes en torno a lo digital, se comparte con Winocur (2006) y Morduchowicz (2012) que las nuevas formas de comunicación generan otro modo de sociabilidad juvenil y que no han anulado su vida social, sino que les ofrecen canales alternativos que se complementan con los tradicionales espacios de encuentro, y que al mismo tiempo, les otorga una autonomía diferente (Urresti 2008). Sucede que el espacio virtual posibilita que se amplíen los espacios físicos de encuentro tradicionales así como el tiempo para estar en contacto con amigos y familiares; esto es: lo virtual extiende el tiempo y acorta el espacio. Finalmente, se compara a partir de las cuatro actividades con mayor incidencia según el sexo; la prueba de independencia evidencia relación entre ambas variables.

Para conocer la principal actividad online se conformó una subpoblación con los jóvenes que en la pregunta anterior comentaron que en su tiempo libre navegan en Internet, y se les preguntó qué uso específico hacen de la Red. (Originalmente esta variable tenía el mismo sistema de categorías que aquella que indagaba exclusivamente por el uso que dan a Internet, pero fue simplificada a partir de las reiteraciones).

La mitad de quienes emplean su tiempo libre en Internet utilizan redes sociales.[12] Esta forma de establecer vínculos nuevos y fortalecer los existentes mediante el intercambio de comentarios e imágenes fue creciendo en el mundo y particularmente en Argentina; de hecho, es el segundo país sudamericano con más cantidad de usuarios de Facebook.[13] Este dato registra el momento de auge de Facebook puesto que en la actualidad, la cantidad de cuentas es bastante menor, porque adolescentes y jóvenes se han volcado hacia otras redes sociales como Instagram, en tanto los perfiles que tienden a mantenerse en Facebook son los de los jóvenes-adultos y adultos-mayores. No obstante, la más reciente medición, la ENCCyED 2013 indica que Facebook –seguida por YouTube– es el sitio más visitado por los argentinos.

La segunda actividad que los jóvenes realizan en Internet es informarse mediante los medios de prensa: el 25% de quienes navegan en Internet durante su tiempo libre lee diarios y revistas online. En tercer lugar, el 17% visita sitios de interés. Y finalmente, el 8% descarga contenidos audiovisuales. Cabe señalar que las últimas dos opciones se superpondrían en sitios como YouTube, donde los jóvenes podrían bajar un contenido audiovisual después de verlo y comentarlo con otros usuarios. De todos modos, el hecho de ofrecer cuatro categorías bien definidas tuvo como propósito delimitar actividades y conocer qué lugar ocupan en su tiempo libre cada una. Por último, considerando que son las mujeres quienes refieren navegar en Internet en su tiempo libre, podría suponerse que son también quienes están distribuidas en estas actividades. Si bien los casos son pocos, y es un sin sentido mostrar un cuadro que discrimine por sexo y edad, puede advertirse que la utilización de redes sociales es muy frecuente en las mujeres más jóvenes, la lectura de diarios y revistas en los varones mayores, las visitas a los sitios de interés es recurrente en las mujeres de ambos grupos, y la descarga de audio y videos en los varones más jóvenes. (Este resultado surge de la lectura directa de la matriz de datos.)

Como conclusión parcial cabe decir que estos datos coinciden con los resultados de relevamientos entre adolescentes: en primer lugar, los jóvenes se conectan para comunicarse y en segundo lugar, para informarse. Aunque la tendencia es similar, las proporciones varían, porque mientras el 90% de los adolescentes utiliza Internet para comunicarse (Morduchowicz 2008; 2012), lo hace el 50% de los universitarios. Esto significaría que pierde peso la comunicación y gana espacio la información e interés general como intención de consumo digital. Se infiere que el ciclo vital, las necesidades y preocupaciones de estos jóvenes explicarían la mayor predisposición hacia la lectura y búsqueda de información y navegación en sitios de interés.

Salidas y esparcimiento cultural

Pensando en actividades que impliquen salir del hogar, se preguntó respecto de los sitios culturales a los que prefieren ir durante el tiempo libre. Se considera que son espacios culturales las construcciones físicas o espacios naturales cuyo fin es servir de escenario para el desarrollo de actividades y prácticas culturales, facilitando el acceso a diversos bienes y servicios culturales –bibliotecas, casas de cultura, museos, galerías de arte y salas de exposición, centros históricos–. Se ofrecieron varias alternativas más la opción “no asisto a eventos culturales”.

Se supo que sólo el 6% de los jóvenes encuestados y un notable 21% de los varones menores admite no participar de eventos culturales; en comparación con el resto de los grupos la proporción es notable: el 3% de las mujeres y el 7% de los varones mayores de 25 años. Del resto, el 43% indica asistir al cine. Se nota que esta salida es impulsada por el grupo 26-40 años (47%). Dentro de los más jóvenes, las mujeres superan en siete puntos la incidencia de los varones menores de 25 años (33%). Si bien diversos estudios demuestran que dentro de los consumos culturales fuera del hogar el cine concentra la mayor participación de la población joven, en el propio relevamiento la incidencia es bastante mayor. Para analizar este dato en contexto, cabe señalar que sólo el 2% de los argentinos asiste al cine regularmente (SInCA 2012) aunque el 40% comenta ir por lo menos una vez al año para ver, preferentemente, películas de acción, comedias o de aventuras. Las producciones extranjeras resultan las más elegidas, si bien el cine nacional es valorado positivamente (SInCA 2014).[14] Se supo que las preferencias por el tipo de películas reproduce la pauta de los criterios televisivos; esto se da en relación a los géneros y a los actores. Por otra parte, más del 60% de los encuestados afirmaba a inicios del nuevo siglo, que al menos una vez por semana alquilaba videos repitiendo los criterios de elección de películas en el cine (OPSM, ex IBOPE 2004).[15]

Regresando a la lectura del cuadro de resultados, apenas 17% de los universitarios opta por el teatro: se destacan las mujeres (18%) frente a los varones (15%), ya que estadísticamente las mayores de 25 años impulsan esta categoría con el casi 22%. A diferencia del cine, la asistencia al teatro es un consumo cultural de minorías asociado con los adultos y adultos mayores; no obstante, en el propio relevamiento presenta una incidencia superior que en el total país.[16] En las salidas culturales menos populares, las proporciones descienden previsiblemente. Por ejemplo, sólo el 7% de los jóvenes elige visitar ferias artesanales; las mujeres menores de 25 años son quienes promueven esta elección con el 10,5% mientras a los varones mayores parece no convocarlos la propuesta (2%). Respecto de las exposiciones, se nota que no hay diferencias por edad en los varones (4,5%) y sí entre las mujeres: las mayores de 25 años (8%) prefieren esta salida cultural en mayor medida que las más jóvenes (3,5%). El museo y las galerías de arte como espacios culturales sólo son marcados por las mujeres menores (7%) –de las alternativas dadas, ésta es la más ceñida a un público minoritario–. De cualquier modo, todas las salidas que impliquen un paseo de tipo cultural presentan baja incidencia, y se correlacionan con el sexo, la edad y el nivel socioeconómico de la población.[17]

Por otra parte, asistir a recitales de música es un consumo cultural típicamente juvenil que progresivamente ha ido extendiéndose hacia la población infanto-juvenil.[18] En el propio estudio, después del cine, los jóvenes eligen presenciar conciertos de música (19%) si bien la brecha que separa a ambas salidas culturales es amplia –de 24 puntos porcentuales–. En esta elección toman protagonismo los varones (22%) respecto de las mujeres (18%), aunque si se observa por grupo etario, se halla alguna particularidad: las mujeres más jóvenes (21%) superan a las mayores (14%) y los varones mayores (24%) superan a los más jóvenes (21%).

Como conclusión cabe decir que mientras las mujeres son convocadas a variadas manifestaciones culturales como ferias artesanales y exposiciones –y en menor medida, museos– los varones se concentran en el cine y en los recitales de música. En términos comparativos, se advierte que las proporciones de asistencia al cine y al teatro guardan coherencia con estudios previos, aunque la incidencia de los universitarios del propio relevamientos supera la incidencia de la población total.

Medios de comunicación

Mientras en los puntos anteriores se exponen los resultados de la medición de consumos culturales clásicos, aquí se analiza el consumo mass-mediático a partir de tres medios de comunicación: Internet, y de los tradicionales, la televisión y la prensa gráfica. En primer lugar, se midió el uso de la Red en función de las principales actividades que desarrollan los universitarios –hayan o no indicado que navegar es la actividad preferida de tiempo libre– y la cantidad de horas diarias que destinan a dicho hábito.

Algunas consideraciones previas a la lectura de los propios resultados darán un contexto respecto del estado de la conectividad: Argentina es uno de los países de la región sudamericana con mayor penetración de Internet. Según el relevamiento periódico de Internet World Stats, a diciembre de 2011, se registraba un 67% de penetración de la Red.[19] Por otra parte, los centros urbanos concentran la mayor participación en el acceso a Internet. En este sentido, el nivel socioeconómico es indudablemente una de las variables que más explica la incidencia de este consumo. También la edad está fuertemente vinculada con la práctica: en los relevamientos se hallan diferencias significativas en los diferentes grupos etarios, porque a medida que aumenta la edad de la población, disminuye la cantidad de usuarios de PC así como usuarios de Internet.[20]

En cuanto a los cambios recientes en la modalidad de acceso a la Red, se evidencia, empujado por las franjas de la población más joven y los adolescentes, un significativo aumento del uso de smartphones.[21] En relación con su apropiación, los teléfonos móviles son utilizados principalmente para escuchar música y radio, aunque un 24% los usa, además, como vía de acceso a Internet. (SInCA 2014).

En el propio relevamiento, se preguntó a los jóvenes acerca de la actividad preferida para realizar en Internet durante el tiempo libre y ofreció un sistema de categorías más amplio que el utilizado en la anterior. (Recuérdese que a quienes han señalado navegar en Internet como principal actividad de tiempo libre se pidió que especificaran la respuesta eligiendo entre consumo de redes sociales, diarios y revistas, sitios de interés y descarga de contenido audiovisual). En esta variable, que involucra a todos los jóvenes, se agregó leer blogs y sitios semejantes, acceder a fuentes de información específica, jugar videojuegos en plataformas de entretenimiento, experimentar música y videos online y acceder a bases de datos. Si bien se sumaron actividades, el sistema de categorías está acotado a las posibilidades de esparcimiento que da Internet –de hecho, como todas las preguntas de esta batería dicen ‘tiempo libre’– dejando afuera prácticas vinculadas con el trabajo y los estudios.[22]

Se obtuvieron resultados parejos y de proporciones pequeñas para ambos sexos en varias de las opciones, aunque se destaca que principalmente leer blogs y afines es una práctica elegida por las mujeres mayores (4%) y poco menos por los varones del grupo 18-25 años (3%). Entre los jóvenes, las mujeres mayores prefieren Internet para jugar en una proporción importante respecto del resto. Una conclusión a la que se llega después de observar las respuestas de la Pregunta 2 y ésta, es que los varones se entretienen con videojuegos en consola –se infiere que es la computadora la que deja de vehiculizar el entretenimiento, considerando que podrían jugar en red pero con videoconsola–. Recuérdese que cuando se indaga en la actividad preferida de tiempo libre, la opción jugar videojuegos presenta mayor incidencia masculina. En tanto, al preguntar por actividad en Internet, en la misma opción son las mujeres quienes se destacan ampliamente. En suma, se cree que la incongruencia responde a que Internet se asociaría con ‘computadora’ y por ende, al indagar en los consumos online y ofrecer como opción videojuegos, los varones se apartan y las mujeres se acercan a esta categoría.[23] De cualquier modo, podría sugerirse que además de su clara función lúdica, los videojuegos satisfacen en los jóvenes una necesidad de ficción. Sobre todo considerando la sofisticación que han adquirido en la última década, que de ser ciclos reiterados de destrezas carentes de narrativa, se presentan con personajes elaborados y una trama narrativa que ocasionalmente los jóvenes contribuyen a crear.

Por otra parte, considerando bases de datos a las bibliotecas virtuales, repositorios institucionales y reservorios de revistas científicas, sólo accede a dichas fuentes de información el 4% de las mujeres mayores. Como es el único grupo que marca esta opción, estadísticamente genera una frecuencia del 2% para las mujeres –dato sesgado, y de allí la importancia de segmentar por edad–. Algo similar ocurre con la categoría escuchar música y ver videos, porque sólo es una elección del grupo 26-40 años. Es decir, el 2% de los universitarios de esa edad, tanto mujeres como varones, indica que ése es el principal uso que hace de Internet. Luego, la categoría descargar contenido online presenta frecuencias similares en mujeres y varones; pero si se observa cómo se comporta esta actividad por grupos de edad, se advierte algo curioso: las mujeres menores de 25 años (9%) más que doblan la incidencia de las mayores, y los varones mayores (11%) son los únicos que marcan esta opción.[24]

En términos generales, otras opciones tienen una incidencia mayor. Por ejemplo, busca información específica el 22% de las mujeres sin distinción de edad y una proporción levemente inferior de los varones mayores (20%). Sin embargo, según la ENHL 2011, apenas el 13% de los argentinos utiliza Internet para informarse. Tampoco allí aparecen diferencias significativas por sexo, aunque sí por edad: los mayores de 25 años superan en cinco puntos la media nacional (SInCA 2012). Entonces, queda evidenciado que el hecho de asociar Internet con la información está muy presente en los universitarios. Por otra parte, el 18% de las mujeres y notablemente el 30% de los varones más jóvenes indican navegar sitios o portales de interés; éstos son espacios virtuales a los que se accede en busca de información específica, actualización de conocimientos y lectura sobre temas diversos, pero también para entretenerse. El nivel de incidencia así como la variedad de contenidos posibles exigiría una indagación profunda en esta categoría.

Por otro lado, a nivel nacional, si bien es pequeña la proporción de la población que accede a Internet para leer los diarios, al cotejar los propios resultados con los de la ENHL 2011, se halla cierta similitud: la lectura de diarios on line es una práctica más bien masculina y cuya incidencia aumenta con la edad.[25] En el propio estudio, la diferencia entre varones y mujeres es notable en la lectura de diarios y revistas en Internet: mientras que el 4% de las mujeres lee actualidad on line, lo hace el 17% de los varones destacándose los mayores (20%).

Finalmente, un cuarto de los argentinos utiliza Internet por las redes sociales, cifra que aumenta entre los jóvenes, según la ENHL 2011.[26] En el propio relevamiento, el 36,5% de los universitarios utiliza las redes sociales. Este dato concuerda con los objetos que más valoran, porque precisamente con la computadora y el celular pueden desempeñar esa actividad –y por el contrario, los objetos menos valorados, el CD o la radio, se corresponden con actividades poco frecuentes como escuchar radio y ver videos–. El 42% de las mujeres cuando navega en Internet utiliza las redes sociales sobre todo las más jóvenes (45,5%), una cifra similar se observa entre los varones más jóvenes (40%). Acá se advierte que la similitud se da principalmente por grupo etario.

De acuerdo con la prueba de independencia, esta variable se relaciona con el sexo de los jóvenes.

Como conclusión parcial, después del uso de redes sociales –que en consonancia con fuentes secundarias podría considerarse el uso juvenil prototípico–, los universitarios acceden a Internet para consumir información y actualizarse sobre temas de interés, ya sea mediante la lectura de diarios y revistas, consultas en sitios web específicos o bases de datos. Esto corrobora la evidencia empírica del Punto 3.2 respecto del uso que dan a la Red quienes eligen navegar como principal actividad de tiempo libre. No obstante, en este indicador las redes sociales pierden peso específico y cobra aún más relevancia la búsqueda de información y la actualización sobre intereses: porque si se sumaran todas las categorías que implican lectura e indagación en fuentes cibernéticas, la función para informarse alcanzaría a la función para comunicarse. Y en este sentido, si bien la tendencia es compartida con los adolescentes (Morduchowicz 2012), aquí las proporciones entre funciones se asemejarían. Ello revela dos cuestiones: por un lado, que el perfil del universitario explicaría el mayor interés en el aporte que Internet pueda darles en términos de información y conocimiento; y por otro lado, que las redes sociales están tan incorporadas a las actividades productivas y el ajetreo cotidiano que los jóvenes no las vinculan sólo con el tiempo libre. Finalmente, también ocupa un lugar importante el uso de Internet con función lúdica o pasatiempista: jugar video-games, visitar algún sitio de interés, descargar material audiovisual, escuchar la radio on line e incluso la lectura de blogs. Si se regresa al Cuadro 3 y se compara con el reciente, se observa que los universitarios que no emplean su tiempo libre en Internet (97%) –que podría denominarse cibernautas constantes–, presentan una distribución más pareja en los usos dados a la Red. En tanto, entre quienes eligen navegar como principal actividad de ocio (3%), los cibernautas de tiempo libre, la mitad se conecta para participar en las redes sociales y la otra mitad se divide en cuartos entre la función informativa y la lúdica. Vale aclarar que los ‘cibernautas constantes’ son quienes no destinan su tiempo libre para navegar porque prefieren otras actividades, lo que no significa que realicen un uso moderado de la Red, porque podrían estar constantemente conectados, incluso interactuando en las redes sociales.

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Por otra parte, se preguntó a los jóvenes por el tiempo –medido en horas diarias– que pasan navegando en Internet cuando no están trabajando o estudiando y se midió este indicador en escala ordinal. A cada categoría la separan intervalos de dos horas; se consideró una última opción “no navego en Internet en mi tiempo libre” –dejándola reservada para quienes asocian Internet sólo con los deberes laborales y de estudio–.

Se supo que la mayor parte de los jóvenes se concentran en las dos horas diarias aunque debería destacarse a las mujeres más jóvenes (58%) y los varones mayores (66%). En el siguiente rango, la muestra desciende notablemente: un cuarto navega en Internet entre dos y cuatro horas diarias. Esta categoría es la más homogénea, porque si bien se notan diferencias, todos los grupos rodean esta proporción: tanto las mujeres como los varones mayores presentan la misma incidencia (26%); y entre los más jóvenes, los varones (29%) superan en seis puntos la incidencia femenina. En tercer lugar, y aumentando la exposición, el 8% de los jóvenes destina más de cuatro horas diarias a Internet. Podría inferirse que son quienes no están empleados o que aún trabajando dedican íntegramente el tiempo libre que resta de la jornada al uso de la Red; en esta categoría presentan una incidencia considerable las mujeres (9%) y varones (14%) de entre 18 y 25 años. Es decir, los más jóvenes dedican más horas a Internet –sobre todo los varones que, presentan mayor tasa de desempleo– (Véase Caracterización de la población, en el Apéndice). Respecto de la categoría “no navego en Internet”, se observa que el 11% de los jóvenes no considera este espacio como sitio de recreación; particularmente se destacan las mujeres mayores (17%) y en el otro extremo, los varones menores (6%). Entonces, a medida que aumenta la cantidad de horas destinadas a Internet, disminuye la frecuencia relativa. Este dato es coherente con jóvenes que trabajan y estudian, y que en su tiempo libre prefieren actividades recreativas y de esparcimiento como se observó; no obstante, el descenso menos abrupto lo evidencian los varones menores.

Asimismo, se les preguntó por el tiempo –medido en horas– que pasan frente a la TV en sus momentos libres. Si bien el sistema de categorías es similar al utilizado para medir exposición en Internet, vale mencionar que en este caso la última opción es “no miro la TV en mi tiempo libre”.

Se supo que el 58% de la muestra está concentrada en el primer intervalo: poco más de la mayoría de los universitarios destina unas dos horas diarias a la televisión. Si se observa el comportamiento de la variable en la misma categoría por sexo, se encuentra que las mujeres (60,5%) superan en cinco puntos la incidencia masculina; y si se observan los grupos etarios, resulta que el grupo de jóvenes-adultos concentra más televidentes (61%) respecto de los menores (54%). Luego, aumentando el tiempo de exposición, el 27% de los jóvenes se ubica en el intervalo “de 2 a 4 horas”. Los varones superan en apenas un punto la frecuencia de las mujeres; además se advierte que los menores de ambos sexos presentan mayor exposición diaria frente al televisor –unos cinco puntos los separan de los mayores–. Sólo el 2% de los jóvenes pasa más de cuatro horas diarias frente al televisor. Al mirar las respuestas por sexo aparece un dato llamativo: mientras ningún varón mayor de 25 años mira TV más de cuatro horas por día, casi el 6% de los varones más jóvenes marca esta opción –podría deducirse que se trata de los estudiantes desempleados–. En las mujeres, la proporción es muy pequeña y similar en ambos grupos etarios.

Podría concluirse que pasan más tiempo frente al televisor los varones, porque si se considera el segundo y el tercer intervalo –es decir, de dos horas en adelante– representan el 30% mientras las mujeres el 28%. Sin embargo, aparece un dato curioso en la categoría “no miro la televisión” puesto que el 15% de los varones –casi sin diferencias por edades– elige esta alternativa, en tanto sólo la considera el 11% de las mujeres. Entre ellas, sí aparece una leve diferencia por grupo etario: las mayores de 25 años superan en poco más de un punto a las menores. Por otra parte, considerando que el 84% de los encuestados trabaja, no es llamativo que poco más de la mitad de los universitarios dedique dos horas diarias a ver TV durante su tiempo libre, porque es poco el tiempo libre que tienen para esta práctica diaria: podría deducirse que es en la franja horaria nocturna en la que miran TV, por ser la de mayor encendido.

Evidentemente el género ficción en sus formatos serie, película o telenovela congrega frente a la TV al 67% de los universitarios. Las series son el formato preferido entre todos, aunque principalmente son elegidas por las mujeres (42%). No obstante, si se mira por grupo etario en ambos sexos, se nota que son los menores quienes siguen este formato. Las series son contenidos típicos de la televisión satelital o por cable. Por otra parte, también las mujeres miran películas en mayor proporción que los varones, y es en el grupo de jóvenes-adultos de ambos sexos donde se halla la mayor frecuencia. Una conclusión posible es que los más jóvenes siguen series y los mayores, películas. Por otra parte, los varones eligen noticieros, documentales, programas políticos y deportivos. (Este dato es coherente cuando más adelante se vea que para leer también tienen un criterio más amplio: mientras las mujeres se concentran en la ficción y literatura, los varones eligen otros géneros). En el caso de las telenovelas, es esperable que las mujeres lideren la categoría así como los varones para los programas deportivos –cuestión también coherente con las actividades señaladas al comienzo–.

Como síntesis, y cotejando datos primarios con secundarios, se advierte que la cantidad de horas destinadas a mirar televisión está por debajo de los resultados de estudios previos, pero los contenidos que eligen se asemejan, con la salvedad que la ficción se impone de modo contundente entre los universitarios.[27]

A los fines comparativos, teniendo en cuenta que la prueba de independencia indica que el tipo de contenido televisivo se relaciona con el sexo de los jóvenes, se elaboró un gráfico comparativo. Para ello, se simplificó el sistema de categorías agrupando programas de contenido similar, y eliminaron documentales y deportivos –por su baja frecuencia y porque son programas elegidos únicamente por los varones–.

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En tercer lugar, se indagó en la lectura de diarios. Ante todo es importante aclarar que se consideran a los diarios como parte de la prensa escrita así como publicaciones periódicas al diario propiamente dicho y el semanario, y se exceptuaron otros formatos como mensuarios, anuarios, boletines y revistas. Asimismo, se extiende el concepto hacia las publicaciones digitales. Es decir, para simplificar la medición se mencionó “diarios” porque su uso es cotidiano y los jóvenes sabrían rápidamente sobre qué se les preguntaba. De todos modos, con el análisis de las respuestas se tiene certeza si los jóvenes leen diarios o periódicos al constatar frecuencia de lectura, en qué soporte leen y cuáles eligen para informarse al preguntar por el medio que lo publica. Entonces, en este apartado, se mide la lectura de diarios como variable en sí misma –hasta el momento era una categoría que podrían asumir otras variables–. Además, a estas alturas se tiene una idea respecto de la lectura de diarios y revistas cuando al inicio se les preguntó acerca de actividades de tiempo libre y ofreció “leer” como alternativa sin dar precisiones, y luego cuando se analizó el uso de Internet y especificó la lectura de prensa al incluirla dentro de los valores que podrían asumir como principal actividad on line (Pregunta 2). Recuérdese que un cuarto de los jóvenes que navegan en Internet lee prensa escrita (Punto 3.2). Para medir la frecuencia con la que los jóvenes leen el diario se elaboró un sistema de categorías excluyente que contempla todas las posibilidades de lectura: diaria, ocasional –algún día entresemana y los fines de semana– y no lectura de diarios.

Según los resultados obtenidos, el 92% de los universitarios lee los diarios con cierta asiduidad. Realmente es alto el porcentaje de lectura entre los jóvenes. En términos generales, se observa que el 36% de la muestra lee los diarios salteado, algunos días durante la semana sin precisar cuáles; el 32% todos los días; el 24% los fines de semana y el 8% indicó que no lee diarios. Sin duda, los varones (45%) resultan los principales lectores de periódicos a diario destacándose los mayores (51%). Por su parte, las mujeres representan el 25% en esta categoría –también sobresalen las mayores (29%)–. Una conclusión parcial es que el grupo de jóvenes-adultos lee más el diario todos los días; y por sexo, la proporción de varones es bastante mayor con respecto a la incidencia femenina. En la siguiente categoría, algunos días entre semana, obviamente las proporciones entre mujeres y varones se invierte: aumenta la cantidad de mujeres (39%) y disminuyen los varones (31%); lo mismo sucede con el grupo de jóvenes-adultos (30%) respecto de los menores de 25 años que presentan mayor incidencia cuando la lectura se torna esporádica (39,5%). Luego, la cantidad de lectores de fin de semana resulta bastante pareja en todos los grupos; por ejemplo, la brecha que separa la incidencia entre mujeres y varones se acorta –unos tres puntos porcentuales–, y por grupos etarios, los más jóvenes superan en un punto a los mayores de 25 años (23%) que son los principales lectores asiduos. La última categoría permite ratificar las conclusiones: los varones son constantes con la lectura de diarios; de hecho en “no leo los diarios” apenas representan un 3% mientras las mujeres el 12%. Finalmente, según la prueba de independencia, la frecuencia con la que leen el diario está asociada al sexo de los jóvenes. El próximo gráfico compara respuestas:

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Se corrobora que los jóvenes del propio relevamiento doblan ampliamente la incidencia de lectura que arroja los resultados de la ENHL 2011. Podría inferirse que la actividad académica, es decir, su condición de estudiantes universitarios, estaría fuertemente asociada a la importante intensidad de lectura de diarios.[28] Si bien aparece una tendencia común –los varones leen más que las mujeres y los jóvenes-adultos más que los jóvenes-plenos–, lo llamativo es el valor relativo que asume la incidencia de lectura de diarios en uno y otro relevamiento, puesto que el 78% del total país lee los diarios con alguna frecuencia (SInCA 2012) frente al 92% de los jóvenes encuestados.

Por otra parte, a quienes leen frecuentemente los diarios se les preguntó por el principal formato utilizado y ofrecieron tres opciones: edición online, edición impresa y ambas ediciones por igual. (Originalmente esta pregunta era dicotómica, pero después de la prueba piloto se notó la necesidad de incluir la tercera opción). Cabe destacar que existen diarios que se publican sólo digitalmente, y otros en papel con una edición específica para sus portales en Internet.

De acuerdo con los resultados obtenidos, el 66,5% de los universitarios refiere leer diarios online –aunque este dato podría ser mayor si se considera que el 6% indica leer en ambas ediciones–. Tanto en mujeres como varones la proporción de lectura online es pareja ya que apenas un punto porcentual los separa –de allí que el sistema no identifica que la edición de lectura esté relacionada con la variable sexo–. Sin embargo, si se observan los grupos etarios, se halla que el 62% de los jóvenes lee online y el 70% de los jóvenes-adultos –aquí sí el sistema encuentra asociación entre soporte y edad–. No obstante, los principales consumidores del formato digital resultan ser los varones mayores (73%); esto coincide cuando se evidenciaba que son quienes principalmente navegan en Internet para leer diarios. Respecto de la edición impresa, las proporciones tienden a invertirse con respecto a la categoría anterior: mientras el 35% del grupo 18-25 años lee en papel, el 22% del grupo 26-40 años tiene este hábito. Se concluye que el grupo de mayores es más proclive a leer el diario desde algún dispositivo digital.

Así como en la frecuencia de lectura, en el soporte también se encontraron diferencias importantes al comparar ambos relevamientos. En principio, el 20% de la población nacional indica “lo leo por Internet” –frente al 67% de los jóvenes encuestados– (SInCA 2012). Asimismo, pareciera no haber diferencias significativas por sexo y edad en el relevamiento nacional, y sí como se vio en el propio relevamiento, el grupo etario se torna significativo.[29] Por otro lado, se sabe que el aumento generalizado y paulatino de la lectura de diarios online está correlacionado con la disminución en las tiradas de ejemplares impresos. Principalmente, Clarín y La Nación han reducido la cantidad de diarios de circulación neta diaria durante los últimos cinco años.[30] Este fenómeno no se debería a una disminución en los lectores de Clarín o La Nación, sino de lectores de diario en papel. Aunque en un contexto de crisis económica, en el estudio “El consumo cultural de la Ciudad de Buenos Aires en el marco de la crisis socioeconómica”, realizado en 2005 por OPSM (ex IBOPE), ya se advertía sobre la disminución del consumo de diarios al verificarse el incremento en algunos rubros que podrían considerarse como sustitutos menos onerosos.[31] Precisamente, después de preguntar por la frecuencia y el soporte de lectura de diarios, se pidió a los jóvenes que indicaran cuáles son los principales diarios leídos para conocer la incidencia de marca. Pero además se quiso distinguir la relevancia que tendría el tipo de diario según cómo se edite y/o publique sobre el total (así se distinguiría la lectura online de diarios que sólo se publican en ese formato, y que esto engrosaría el porcentaje de esa categoría, o bien leer los tradicionales con versión online).

Según los resultados obtenidos, el 21% de los jóvenes menciona sólo Clarín y el 20% sólo La Nación. Estas cifras se incrementan notablemente si se considera la tercera categoría que indica la combinación de ambos diarios (15%) e incluso la última en la que también se los menciona junto con otros de tirada menor.[32] Por otra parte, el 37,5% de los jóvenes sugiere otros diarios u otras combinaciones posibles. Dentro de ellos, un muy pequeño porcentaje indica diarios de edición únicamente digital, portales de economía y política, lo que permite suponer que consultan principalmente las versiones digitales de los diarios de mayor tirada. Finalmente, aunque con reservas, el sistema identifica que este indicador estaría relacionado con el sexo; de todos modos, cabría no especular con esta inferencia porque las frecuencias observadas están por debajo del mínimo esperado.

Fascículos coleccionables

Como cierre de los consumos culturales considerados, se indagó en la colección como práctica porque además de ‘acumular’ implica ‘lectura’. Para ello, se les preguntó si compran material de lectura para coleccionar, qué tipo de fascículos y con qué propósito lo hacen. Antes de la presentación de los resultados, cabe señalar que se considera fascículos coleccionables a todo material escrito y distribuido en entregas periódicas, sea en formato libro y/o fascículo, y cuyo punto de venta es exclusivamente el kiosco de diarios. Se sabe que su consumidor es una pequeña minoría: según los registros de la CAL (2013), sólo el 1% de las publicaciones corresponden al rubro part-work, es decir, fascículos. Además de las entregas de literatura, se comercializan cursos de idiomas, cocina, decoración, jardinería, informática u oficios varios, cuyo contenido está digitalizado en CD-ROMs que reúnen texto, imagen y audio. Vale mencionar que en el cuestionario no se alude a algún tipo en particular porque el propósito era conocer la compra reiterada: la colección de material de lectura como consumo cultural.

Según los resultados obtenidos, el 56% de los universitarios adquiere ediciones coleccionables. Evidentemente, la incidencia de compra es bastante pareja entre los distintos grupos. No obstante, se advierte un leve destaque en las mujeres más jóvenes (61%) seguidas por los varones más jóvenes (60%). Esto permitiría deducir que una proporción importante del grupo etario 18-25 años compra material de colección.

Para conocer el tipo de material de lectura de colección entre los jóvenes que compran ediciones coleccionables se tomó una subpoblación conformada por quienes adquirieron alguna recientemente, y se les preguntó de qué tipo de colección se trata. Las opciones ofrecidas responden a un relevamiento de mercado entre los kioscos de la ciudad: una primera gran segmentación sugiere la edad –adultos, adolescentes y niños–, el sexo –mujeres y varones–, los intereses –saberes técnico-científicos u oficios– y las temáticas –cocina, deportes, manualidades, literatura, ciencia, etcétera–. Así como no se alude a un formato en particular –libro, fascículo, disco o combinados– se incluyó en el sistema de categorías varios contenidos posibles sin pensar en una segmentación en particular, asumiendo que un joven puede ser comprador y no consumidor –por ejemplo, si comprase algún material infantil para que lo experimente un niño allegado–.

De los resultados que arrojó la investigación, se desprende que el 33% de los universitarios ha comprado material de lectura por entregas de ficción y literatura; en esta proporción se destacan las mujeres (36%) que superan en ocho puntos la ocurrencia masculina. Si se mira el segmento de varones, aparece una diferencia notoria por grupo etario: mientras el 32% de los más jóvenes colecciona literatura –equiparable a la incidencia femenina–, un cuarto de los mayores de 25 años lo hace.

En proporciones considerablemente menores, aparecen otras temáticas. Por ejemplo, el 8,5% de los jóvenes ha comprado material de colección vinculado con el arte y el diseño –las mujeres concentran el 10,5% de esta categoría con mayor incidencia en las más jóvenes (12%)–; en tanto, en los varones existe una distancia de sólo dos puntos entre los menores de 25 años (6,5%) y los mayores de esa edad (4,5%). Y el 9% de los jóvenes encuestados indica que ha comprado material para realizar labores y manualidades; en esta categoría sobresalen las mujeres mayores (15%), y en menor proporción, los varones mayores (9%). Es decir, el grupo de jóvenes-adultos tiende a coleccionar este tipo de material en mayor medida que los menores. Luego, el 9,5% de los jóvenes ha adquirido recientemente material de tipo científico y tecnológico: mientras las mujeres compran esta temática en un 8% de los casos, los varones representa un 12%. La elección de esta temática se acentúa en el grupo 26-40 años (12%), y sobre todo en los varones mayores (14%). Los principales interesados en leer filosofía e historia son los varones más jóvenes (10%): una distancia importante los separa del grupo de mayores (2%) y las mujeres en general (3%). Mientras los varones no compran material infantil, casi un 1% de las mujeres mayores lo ha adquirido recientemente; aquí claramente se trata de una compra y no de un consumo. (Más adelante se verá que cuando compran libros infantiles también son las mayores de 25 años quienes presentan mayor incidencia.) Continuando con la tendencia, los principales compradores de material deportivo son los varones, sobre todo los más jóvenes –algo similar ocurre con el material musical–. Se constata que ambos datos son coherentes con los intereses masculinos: recuérdese que cuando salen, les gusta ir a recitales de música, que su principal actividad de tiempo libre es practicar algún deporte y que un contenido televisivo posible también son los programas deportivos.

Con respecto a los propósitos de la colección, luego se les preguntó por el motivo por el cual compran ediciones coleccionables. Sólo el 32% de quienes han comprado material de colección comenta el propósito de su compra. (Originalmente era una pregunta abierta que luego de la primera toma se cerró a partir de las reiteraciones; al categorizarla se contempló que más de una opción fuese posible.) Básicamente, los propósitos son el interés personal –que se asume, es una categoría demasiado general pero era la única que permitía englobar una cantidad infinita de frases dispersas pero afines–, la intención de formar un biblioteca propia en el hogar, el deber –en términos de obligaciones de tipo laboral y académicas– y “otros”, que incluye propósitos también dispersos pero sin afinidad entre sí.

Según los resultados obtenidos, el 28% de los universitarios compra sistemáticamente material en los kioscos por interés personal. Este propósito se hace notorio en los varones más jóvenes (39%) cuya distancia con los mayores es superior a los veinte puntos. Mientras en las mujeres las proporciones para cada grupo etario son similares (29%).

Luego, la opción formar una biblioteca representa el 18% de los casos encuestados; en esta categoría, que pone de manifiesto cierta predisposición al atesoramiento, también se destacan los varones (21%) que superan en cinco puntos porcentuales a las mujeres, sobre todo los varones mayores (23%) –curiosamente las mujeres de este mismo grupo etario son las que presentan menor incidencia con el 14%–. Nótese cómo el acopio del saber sigue girando en torno de las bibliotecas, desde los monasterios medievales, hasta cuando se establece el mundo de las escuelas y la lectura se vuelve una práctica intelectual, el reservorio de libros continúa gozando de absoluta legitimidad en el imaginario de los universitarios.

Estrictamente por trabajo, compra y colecciona, el 8,5% de las mujeres mayores; que sólo presente ocurrencia el grupo de jóvenes-adultas genera que las mujeres representen el 4% del total. Por eso, es importante mirar cómo se comporta la variable por edad, porque así pueden advertirse ciertos sesgos estadísticos. En tanto, los varones presentan una ocurrencia por debajo del 3%. También por deber, y no por gusto o afición, compra material de colección vinculado con el estudio el 7% de las mujeres –dos puntos por encima de la incidencia masculina–. Al interior del segmento de mujeres, se nota que la tendencia se invierte con respecto a la categoría anterior –colecciona por trabajo–, ya que el 9% de las menores de 25 años compra por estudio mientras lo hace el 5% de las mayores. En los varones las proporciones se invierten respecto de las mujeres, porque los mayores (7%) superan en cuatro puntos la frecuencia de los menores de 25 años.

Si se toman los dos principales propósitos que surgen de la lectura del cuadro anterior, se nota que en ambos la incidencia masculina es mayor: coleccionan por interés –podría especularse, por afición o inquietud respecto de cierta temática– y con el objetivo de formar una biblioteca propia. En cualquier caso, la colección vinculada con el placer de la práctica, por gusto y no por deber laboral o académico, se asocia al colectivo masculino. El próximo gráfico simplifica la exposición de datos, según sexo: 

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  1. Según dicho relevamiento, el 71% de los argentinos tiene una PC, el 65% se conecta a Internet diariamente y 60% tienen conexión hogareña. La computadora, además, se usa bastante: dos horas y media diarias en promedio, para conectarse a redes sociales o chequear mails. (SInCA 2014).
    Resulta conveniente mencionar que, por su parte, la ENHL 2011 mide la cantidad de usuarios de PC preguntando a la problación si se considera “usuaria”. En este sentido, el 57% de la población se considera “usuaria de PC” –los varones superan en cuatro puntos la proporción de usuarias–. Se hallaron diferencias significativas por edad puesto que a medida que aumenta la edad de la población, disminuye la cantidad de usuarios de PC. Sin duda los más jóvenes son los principales usuarios: el 92% del grupo en edad escolar y el 84% del grupo 18-25 años se consideran usuarios (los denominados “nativos digitales”). Luego, el 75% del grupo 26-40 y el 49% del grupo 41-60, y por último apenas el 13% de los mayores de 61 años. Por nivel socioeconómico la brecha entre los segmentos también es notable: el 90% del nivel alto, el 80% del medio y el 29% del bajo se consideran a sí mismos usuarios de PC. Por región geográfica, las distintas regiones tienen una proporción de usuarios semejante, aunque se destaca el NOA con la más baja participación (48%) y la Patagonia (64%) con la mayor cantidad de usuarios. (SInCA 2012).
  2. Precisamente, otro equipo muy valorado por los argentinos, según la ENCCyED 2013, es el reproductor de CD –el 85% de los consultados dice disponer de uno– así como el reproductor de DVD –74% de los encuestados–. (SInCA 2014).
  3. Algunos datos que ya marcaban la importancia que iría adquiriendo el celular: enviar mensajes de texto (98%), bajar ring-tones (28%), sacar fotos (13%), navegar por Internet (12%), filmar (6%). (Nota: resultados calculados a partir de los encuestados que indicaron utilizar el celular con otros propósitos además de “sólo hablar”, base conformada por 994 casos en AMBA.)
  4. En este sentido, el 13% del total país menciona espontáneamente leer. En esta categoría se destacan las mujeres, el grupo amplio de 26 a 60 años, el Gran Buenos Aires y el Noroeste con el 14%. Por nivel socieconómico, el nivel medio presenta mayor incidencia (15%) frente al nivel bajo (12%) que supera notablemente al nivel alto (11%). (SInCA 2012).
    Según el BHLyCLE 2012, al 28% de la población le gusta leer en el tiempo libre. Se desataca esto porque es alto el porcentaje en comparación con la región iberoamericana. No obstante, esta cifra resulta inferior a la registrada en 2007 (36%). El informe advierte que la televisión, Internet y las reunio­nes con amigos vienen ganando participación en los momentos de ocio. (FGEE 2012).
  5. El 98% de los consultados yace frente a la pantalla casi todos o algunos días por semana. En promedio, los argentinos miran casi tres horas por día y casi la mitad supera las dos horas diarias. Consultados sobre para qué encienden la TV, el 73% dice que para mirar noticieros y más de la mitad para mirar también películas y series. El consumo de televisión es mayormente de señales pagas, puesto que el 81% de los hogares destina una parte de su presupuesto a un abono de TV por cable (68%) o satelital. Por otra parte, el consumo de cine y video en el hogar es una actividad muy practicada, con un 84% de menciones. Principalmente se miran películas a través de la TV paga. El consumo de películas on line o bajadas de Internet es bajo, por debajo del 20%. Por otro lado, del relevamiento surge que lo que más compraron los argentinos han sido películas en DVD, aunque por su costo –que obviamente incluye al circuito de películas pirateadas que se compran en la calle– es el rubro en que menos se gasta, en promedio $38 al año. En comparación, existen menos compradores de libros, pero que gastan sumas mayores ($178 anuales en promedio). (SInCA 2014).
  6. A nivel país, la incidencia es notablemente mayor que en los universitarios: en el 86% de los hogares se escucha radio; el encendido es en promedio de casi tres horas y media por día; los programas preferidos son los musicales (75%), seguidos por los informativos (58%); y FM es más elegida que AM. Acerca del consumo de música, el relevamiento indica que en los hogares argentinos hay, en promedio, una discoteca con 76 CDs. La encuesta revela, además, que escuchar música es la práctica cultural más extendida, ya que el 99% de la población lo hace diariamente. Se escucha más música en castellano que en otros idiomas. Gustan varios géneros, pero los favoritos son la canción romántica (85%), el folklore (84%) y el rock nacional (81%). En tanto, cerca de la mitad de los encuestados comenta haber descargado música de Internet. (SInCA 2014).
  7. El 64% de los adolescentes emplea su tiempo en estos hábitos de ocio –aunque también en menor medida, se destacan los jóvenes de 18 a 34 años–. Otros grupos que impulsan el uso de videojuegos son los hombres, los de nivel socioeconómico alto y medio y, especialmente, los residentes del AMBA. A la hora de detectar los lugares más utilizados para jugar sobresale el hogar (66%), en un segundo lugar los cyber, locutorios o locales de videojuegos y en menor medida la casa de amigos o familiares y el ámbito laboral. (SNCC 2006). Actualmente, según la ENHL 2011, cuando mide consumos culturales en general, el 5% de la población total se entretiene con videojuegos en su tiempo libre. De esta proporción, se destacan los varones (9%), el grupo 12-17 años (20%) y los sectores medios (7%). (SInCA 2012).
  8. Esta actividad presenta mayor incidencia entre los varones (24%) frente a las mujeres (7%), aunque la brecha es todavía más amplia en el propio estudio. Se destacan los jóvenes-adolescentes con el 31%, luego conforme aumenta la edad, disminuye la incidencia. Por nivel socioeconómico, el sector alto sobresale con el 22%, en tanto el nivel medio el 18% y el bajo el 11%. En términos regionales, la Patagonia es la “menos deportista” (9%) y el Noroeste la zona que mayor incidencia presenta (19%). (SInCA 2012).
  9. Cuando la ENHL 2011 mide prácticas de tiempo libre, ofrece una opción hacer trabajos en casa que se asemeja a esta la categoría. En este sentido, se hallan diferencias importantes puesto que el 22% de la población total menciona esta actividad como la principal destacándose las mujeres (26%). Asimismo, a medida que aumenta la edad, aumenta la incidencia de la práctica. Notablemente los sectores medios presentan menor proporción. En términos geográficos, la Patagonia se distancia bastante del resto de las regiones del país con el 32% de incidencia. (Las condiciones de vida afectadas por el clima sureño explicarían este dato.) (SInCA 2012).
  10. Entre los menores de 25, el 59% mira TV y el 52% escucha música, en tanto entre los mayores de 25 años, el 62% mira televisión y el 45% escucha música. Muy por debajo queda el resto de las actividades. Aún si se sumaran todos los paseos que la encuesta ofrece en su sistema de categorías –salir a tomar algo, ir a bailar, ir a shoppins, parques, etc.– no se llegaría al 36% de los jóvenes del propio relevamiento que indican que pasear es aquello que prefieren hacer en su tiempo libre. Con esto se destaca que la diferencia notable yace en el adentro y afuera como espacio de recreación. A modo de análisis se sumaron todas las actividades que pueden realizarse en el hogar y compararon las respuestas de los grupos: se encontró que estas actividades superan ampliamente aquellas que implican salir del hogar, mientras que en el propio estudio la proporción es inversa. Posiblemente, esta diferencia se explique a partir de las características intrínsecas de la muestra.
  11. En otro orden de cosas, pero siempre pensando en el uso del tiempo libre, la ENCCyED 2013 señala que el 43% de los argentinos sale a bailar regularmente, en fiestas o boliches. El género preferido es la cumbia. Asimismo existe un gusto por prácticas vinculadas con la música: el 20% de los consultados dice cantar o tocar un instrumento –la guitarra es el más popular–. (SInCA 2014).
  12. Entre 2001 y 2002, aparecen los primeros sitios web que promueven el armado de redes basados en círculos de amigos en línea. Éste era precisamente el nombre que se utilizaba para describir a las relaciones sociales en las comunidades virtuales. Estos círculos se popularizaron en 2003, con la llegada de redes sociales específicas, que se ofrecían ya no sólo para re encontrarse con amigos o crear nuevas amistades, sino como espacios de intereses afines. Hacia 2010 existían más de 200 redes sociales, con más de 800 millones de usuarios en todo el mundo. La mayoría de quienes mantienen una red social son jóvenes: el 80% de los usuarios en todo el mundo tiene entre 12 y 30 años –sobre todo los adolescentes de 12 a 19 años–. Con respecto a la frecuencia con que visitan la red social de pertenencia, el 50% de los jóvenes la usa día por medio, el 30% a diario y el 20% una vez por semana. (Morduchowicz, R. y et.al. 2010. “¿Qué son las redes sociales? en Los adolescentes y las redes sociales”. http://goo.gl/rz1ylc).
  13. En Argentina, hacia 2012, se registraban unos 20,048,100 perfiles en Facebook. (Internet World Stats. September 30, 2012. “Argentina Internet Usage Stats and Telecommunications Report.” http://goo.gl/vKvajr).
  14. Hacia mediados de década, el hábito de ir al cine oscilaba alrededor del 35% de los argentinos. Entre los que concurrían sobresalen los menores de 35 años, los de nivel socioeconómico alto y medio y los residentes del AMBA. (SNCC 2006).
    Cuando la ENHL 2011 mide prácticas y consumos culturales de tiempo libre, no se hallan diferencias significativas en la visita al cine por sexo, edad y zona geográfica –sólo por nivel socioeconómico: alto 3%, medio 2% y bajo 1%–. (SInCA 2012). No obstante, al observar los datos de la industria, se advierte una brecha importante en la asistencia al cine según sea la región del país. De acuerdo con las mediciones del Departamento de Estudio e Investigación del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina, CABA representa casi el 24% y el GBA poco más del 33% de la concurrencia sobre el total país. Siguen Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba –pero oscila entre el 7 y 9%–. Vale mencionar que la concurrencia al cine se mide en cantidad de espectadores y en términos de participación por provincia (DEISICA 2012).
  15. Según este mismo estudio, “El consumo cultural de la Ciudad de Buenos Aires en el marco de la crisis socioeconómica. Mediciones comparadas”, al analizar las preferencias por distintos tipos de establecimientos según el nivel socioeconómico, se observa que los niveles medios y altos prefieren centros comerciales y complejos, pero entre los sectores de bajos recursos los cines tradicionales y las salas de barrio aún captan adhesiones significativas.
  16. El estudio del SNCC indica que el 10% de los argentinos concurría a espectáculos teatrales con cierta frecuencia en 2006. En esta categoría sobresalen los mayores de 50 años y los de nivel socioeconómico alto y medio. Respecto a la gran mayoría que no asiste, se destacaban los hombres, los adolescentes de 12 a 17 años y los de nivel socioconómico bajo. La misma fuente revela que el 13% de los que habitan el AMBA asistían al teatro por aquel entonces. (SNCC 2006).
  17. Se cotejó con la ENHL 2011 cuando mide frecuencia con que realiza otras actividades. En este sentido, el 11% de los argentinos visita una feria y el 6% realiza alguna actividad cultural semanalmente. Por otra parte, el 3% de la población total visita un museo y el 6% asiste a una exposición cada tres meses –a medida que la práctica se hace más esporádica, aumenta la proporción–. Respecto de estas dos actividades, las mujeres superan en dos puntos porcentuales la incidencia masculina, los jóvenes presentan baja predisposición hacia estas salidas y la brecha entre el sector socioeconómico alto y el resto es amplia en estas categorías. (SInCA 2012).
  18. De acuerdo con la ENCCyED 2013, si se trata de escuchar música en vivo, la cantidad de argentinos que dice haber ido a un recital en el último año fue sólo el 34%. (SInCA 2014).
  19. Esto es unos 28 millones de usuarios sobre la población total –le siguen Chile con el 59% y Colombia y Uruguay con el 56%–. (Internet World Stats. June 30, 2012. “Internet Users and in Sounth America”. http://goo.gl/0K9hn2). Asimismo, según el INDEC, el acceso residencial, durante 2011, creció un 53%. Las conexiones desde los hogares están mayormente concentradas en los grandes centros urbanos del país: la Ciudad y Provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza, que aproximadamente acaparan el 80% de los accesos residenciales con banda ancha. (En este informe se presentan los datos de los accesos a Internet, que corresponden al período comprendido entre diciembre 2010 y diciembre 2011, y provienen de la Encuesta de Proveedores del Servicio de Acceso a Internet.) (INDEC. Marzo 13, 2012. “Accesos a Internet. Cuarto trimestre 2011.” http://goo.gl/4l5KP0). Por último, respecto de los proveedores en el Gran Buenos Aires, y según el último relevamiento de IDC Argentina, en el mercado hay tres grandes firmas que acaparan tres de cada cuatro conexiones: Telefónica (Speedy) que posee el 29,3% del mercado, Telecom (Arnet) con el 28,5%, Cablevisión (Fibertel) con el 24,2%, Telecentro con el 7,8%, y el 10,2% restante queda atomizado en pequeñas y medianas empresas. (“El mapa de Internet en hogares argentinos.” 16-03-12. http://goo.gl/QKs30U).
  20. Según las mediciones de la ENHL 2011, accede a Internet el 56% de la población argentina. Es contundente la diferencia por nivel socioeconómico: el 87% del nivel alto, el 78% del nivel medio y el 29% del nivel bajo. De acuerdo con la región geográfica, en la Patagonia se registra la mayor proporción (64%) mientras que en el Noroeste la proporción más baja (46%) de usuarios; y el 56% de la población del Gran Buenos Aires. Si se observan los grupos etarios, las diferencias son notables: los principales usuarios digitales yacen en el grupo 12-17 años (89%) seguido por el grupo 18-25 años (75%), en tanto los que superan los 61 años acceden en un 11%. Respecto del sitio desde donde se accede, en el Gran Buenos Aires, el 42% lo hace desde su hogar, el 13% desde el sitio donde trabaja, el 9% desde cibercafés o locutorios, el 3% en donde estudia y el 1% desde su celular. Si bien por sexo no se hallan diferencias que merezcan destaque aunque, por edad surge notablemente que el grupo 18-25 años es el principal consumidor de Internet que se conecta mediante su celular (5%). (SInCA 2012).
    En otro sentido, el 57% de la población total se considera usuaria de PC –los varones superan en cuatro puntos la proporción de usuarias–. Sin duda, los más jóvenes son los principales usuarios: el 92% del grupo en edad escolar y el 84% del grupo 18-25 años se consideran usuarios. Luego, el 75% del grupo 26-40 y el 49% del grupo 41-60, y por último apenas el 13% de los mayores de 61 años. Por nivel socioeconómico la brecha entre los segmentos también es notable: el 90% del nivel alto, el 80% del medio y el 29% del bajo se consideran a sí mismos usuarios. Por región geográfica, las distintas zonas tienen una porporción de usuarios semejante, aunque se destaca al NOA con la más baja participación (48%) y la Patagonia (64%) con la mayor cantidad de usuarios. (SInCA 2012).
  21. Hacia marzo de 2012, un 24% de los dispositivos celulares eran smartphones, según estudios recientes realizados por Google. Por otra parte, al analizar el tráfico de no-computadoras, los teléfonos móviles registran un 70% de actividad, mientras que las tablets cuentan con un 25% (BID 2013). (Banco Interamericano de Desarrollo. Abril 2013. “Informe de la situación de conectividad de Internet y banda ancha en Argentina.” http://goo.gl/azqrJ3).
  22. En tanto en la ENHL 2011, cuando se pregunta “para qué usa Internet”, se ofrece un sistema de categorías bastante más amplio que incluye opciones vinculadas con prácticas de ocio y otras vinculadas con el deber. En este sentido, cabe recuperar algunos indicadores que no se han medido: el 33% de los argentinos indica que revisa el correo, el 30% que se conecta para utilizar las redes sociales y el chat, el 13% para estudiar, el 10% para trabajar y el 1% para leer libros. Mientras que por sexo no observamos diferencias muy marcadas, el comportamiento por grupos de edad merece algunas distinciones: a medida que aumenta la edad, los jóvenes tienden a utilizar Internet para leer y con fines vinculados con el trabajo, por el contrario, los menores de 26 años se conectan principalmente para entretenerse y por cuestiones vinculadas con los estudios. Además, los más jóvenes son usuarios de redes sociales e intercambios por mensajes instantáneos –chat– en una proporción superior a los mayores de 26 años. (SInCA 2012).
  23. Según la ENHL 2011, entre quienes acceden a Internet, el 6% lo hace para entretenerse con videojuegos. Cuando se mira los datos de la encuesta por nivel socioeconómico, aparece algo interesante: el nivel alto y bajo tienen la misma proporción (6%) y el nivel medio los supera en un punto. Por edad, el 10% del grupo 18-25 y el 4% del grupo 26-40 años juega videojuegos online; y por sexo, el 4% de las mujeres y el 9% de los varones. (Con estos datos se observa similitud con los propios resultados respecto de la edad: jugar videojuegos online es una práctica típicamente juvenil. En tanto, de acuerdo con el propio estudio: si el juego virtual es en Internet, las mujeres presentan más incidencia, pero si se trata de consola, la práctica es masculina). (SInCA 2012).
  24. Consultando los resultados de la ENHL 2011, se observa que esta actividad en la población total presenta una incidencia bastante mayor: el 15% baja música y videos de Internet. Vale aclarar que en dicho relevamiento se utiliza dos categorías distintas: “oir y bajar música” y “oir y bajar videos”, y que a los fines comparativos sumamos. Si bien se corrobora la tendencia en cuanto a que la descarga de contenidos audiovisuales tiene mayor predisposición masculina, se advierte que sobre sale el grupo 18-25 años. (SInCA 2012).
  25. Según la ENHL 2011, sólo el 8% de los argentinos utiliza la Red para leer diarios, poco menos en el Gran Buenos Aires. Aparecen proporciones semejantes en mujeres, varones y menores de 25 años, aunque doblan la frecuencia los mayores. Pero cuando se pregunta por lecturas frecuentes en PC, la incidencia del hábito crece: lee diario y revistas, el 20% de las mujeres y el 28% de los varones, el 34% de los menores y el 39% de los mayores de 25 años. (SInCA 2012).
  26. Las mujeres (28%) superan en cinco puntos porcentuales a los varones, y el 48% de los menores y el 30% de los mayores de 25 años. En la encuesta, “redes sociales” reaparece cuando se pregunta acerca del “tipo de lectura en PC”. Esta vez compartiendo la categoría con “blogs y chat”, y alcanzando el 54% para los menores y el 32% para los mayores de 25 años; el 28% de las mujeres y el 27% de los varones. (SInCA 2012).
  27. Un sondeo de opinión, impulsado por el Comité Federal de Radiodifusión en 2004, realizado entre los concurrentes a la 30° Feria del Libro de Buenos Aires, revela que este público –mayoritariamente compuesto por integrantes de los sectores medios– suele dedicar aproximadamente 3 horas diarias al consumo de televisión. La permanencia frente al televisor es un hábito típico de los niños y los adolescentes, pero también de los adultos de nivel educativo medio y bajo, quienes tienden a superar el límite de 4 horas diarias destinadas a dicha práctica. Por otra parte, el relevamiento afirma que los programas de las emisoras Canal 13 y Telefé registran índices de preferencia comparativamente más altos que el resto de las señales, tanto de aire como de cable. Además aportaba que quienes mayor prioridad le confieren a la programación de cable son las personas que diariamente ven pocas horas de televisión. Y concluye con que el 70% de los programas que el público prefiere entran en la categoría ficción. (COMFER 2004).
    En tanto, la ETLPCC 2005, indica que nueve de cada diez entrevistados la mira todos los días, durante un promedio de 3 horas diarias, con porcentajes aún mayores para la franja más joven. Por otra parte, las telenovelas y los noticieros son los géneros que acaparan la mayor audiencia. Además señalaba que el principal público de televisión son los jóvenes, quienes a la vez son los que menor asociación poseen entre lectura y tiempo libre. A diferencia de los otros consumos culturales analizados, el hábito de consumo televisivo se torna menos intenso en la medida que aumenta el nivel de instrucción formal de las audiencias. Sin embargo, su audiencia se mantiene estable a través de todos los grupos socioeconómicos.
    Un estudio más reciente de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual indica que los principales programas consumidos son –por orden de incidencia– las variedades, los noticieros, las películas y la ficción. (AFSCA; SInCA 2012).
  28. Resulta interesante observar los datos que arrojó la ENHL 2011 para las categorías que están en los extremos: “no leo los diarios” –que sugieren como “no lee/nunca leyó”– y “todos los días” –que mencionan como “5-7 días por semana”–. El relevamiento señala que el 22% de los argentinos no lee los diarios; de esta proporción, el 20% son mujeres y el 24% son varones, y por grupos etarios, el 19% son menores de 26 años y el 17% son mayores de 25 años. En el otro extremo, el 27% de los argentinos lee todos los días: el 21% de las mujeres y el 34% de los varones; y por grupo etario, el 23% son menores de 25 años y el 30% son mayores de 25 años. (SInCA 2012).
  29. Cabe señalar que en la ENHL 2011 se preguntó sobre el modo en que se consigue el diario. Una de las opciones, “lo leo por Internet”, es la que se considera más se asemeja a la categoría propia “edición online”, y sobre este indicador se compara con la propia encuesta.
  30. Cf. Instituto Verificador de Circulaciones 2012. http://www.ivc.org.ar/consulta.
  31. A modo de ejemplo, se observaba una caída en la frecuencia de lectura de diarios y revistas en forma diaria (72% para el año 2000 a 45% para el 2004), compensada de alguna manera por el aumento en el consumo televisivo de programas de no ficción o por medio de la lectura de diarios a través de Internet, cuyo consumo pasó del 36% en el 2000 al 62% en el 2004. (SNCC 2005).
  32. Si se compara este dato con la ENHL 2011, se nota que las proporciones son similares para Clarín y Página 12, y muy dispar para La Nación –dice leer este último diario el 8% del total país y el 5,5% del grupo etario que se analiza–. (SInCA 2012).


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