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4 Imágenes, creencias y valores en la cultura light

(…) se le deben al cuerpo cuidado y atención, y si se descuida esa obligación, habría que sentirse culpable y avergonzado. Las imperfecciones de mi cuerpo son mi culpa y mi vergüenza. Pero la redención de los pecados sólo está –y exclusivamente– en las manos del pecador (Bauman 2002:73).

De acuerdo con el relevamiento y posterior interpretación de datos cualitativos, se destacan cuatro ideas fundamentales que expresan la imaginería light manifiesta en prácticas específicas, a saber:

  1. Calidad de vida, cuidado de la salud y estar en forma
  2. Disciplina: voluntad, autocontrol y responsabilidad
  3. Hábitos saludables sin sacrificios
  4. Retrasar el envejecimiento

Calidad de vida, cuidado de la salud y estar en forma

El mercado de consumo light evidencia cierta oferta y demanda de dimensiones simbólicas fundadas en valores posmateriales y materializadas a partir de la noción de “calidad de vida” y “vida saludable”. Estos valores simbólicos están cimentados en la nueva economía de signos desde la dimensión estética de la modernidad reflexiva (Lash y Urry 1998). Por su parte, Bell (1977) analiza esta idea como una contradicción cultural del capitalismo en la que el hedonismo socava y pone en jaque a la lógica del sistema mismo; sin embargo, Lash (1990) contrasta esta idea con la figura del yuppie posmoderno, narcisista y al mismo tiempo adicto al trabajo. A pesar de esta aparente contraposición de ideas entre ambos autores, este trabajo evidencia que el sujeto posmoderno resignifica el concepto de calidad de vida: revaloriza su salud en el marco de estilización de la vida cotidiana, y concreta consumos efectivos a partir de las representaciones sociales de la cultura light.

En este culto a la vida saludable, los excesos son el mal que debe evitarse. Se trata de desproporciones del tipo: fumar, beber alcohol, comer “comida chatarra” y el sedentarismo. El estilo de vida light enrola una serie de hábitos que se expresan en el “deber ser” cotidiano en donde la moderación es el patrón de conducta que rige a los sujetos. Se debe comer bien y respetar los horarios, no fumar, no excederse con el alcohol y hacer actividad física; éstos resultan ser los pilares de este “sano estilo de vida”. A propósito, en los grupos focales surgieron las siguientes ideas:

 

Moderadora:¿Qué les sugiere la siguiente frase: La calidad de vida se asocia con el tratamiento y la prevención de enfermedades?

Calidad de vida es preocuparse por uno mismo, por sentirse bien, con pilas…. ¡estar up! Y bueno, eso te lo da justamente ver muy bien qué comes, a qué hora ¿no? Porque la gente muchas veces dice que come bien pero lo hace a cualquier hora o solo a la noche, no desayuna bien como debe ser. Bueno, y también moverse. Evitar el sedentarismo: correr, salir a caminar, andar en bici, cosas básicas. ¡O meterte en un gym! Manejar el estrés, también. Me parece que no es sólo lo físico sino también tu estado mental… o espiritual, como lo quieras llamar.

Calidad de vida… y bueno, es tener un control sobre vos mismo. No excederte.

Moderadora:¿Cómo es eso de no excederte?

Y los excesos me parece que arruinan al hombre, es no zarparte en las comidas, en las bebidas, no quedarte haciendo zapping todo el día tirado en un sillón, eso es no excederte. Controlarte, me parece que es la clave. (Grupo de mujeres de entre 25 y 35 años).

 

Lo difuso del término “calidad de vida”, queda evidenciado en lo endeble de las palabras de quienes intentaron definir lo que se les preguntaba. Resulta un concepto que tiende a masificarse en boca de quienes hacen uso del vocablo sin saber exactamente a qué se hace alusión. El siguiente es un extracto de la entrevista realizada a un informante clave:

 

Preparador físico e instructor de yoga:– Eh… la calidad de vida es… la salud es importantísima… pero también es importante el bienestar social, la relajación… el cuidado… otros aspectos de la vida que no tienen que ver con la salud. Si la salud abarca muchas cosas… depende qué pensemos que es salud, pero la calidad de vida implica más… la forma en que definamos salud, si es el equilibrio psicofísico y también social, bueno sí… la calidad de vida es la salud.

 

En Modernidad líquida (2002) Bauman traza una línea divisoria entre modernidad y posmodernidad, según la sociedad sea de productores o consumidores. En la sociedad de productores se establecía un estándar de salud que todos sus miembros debían alcanzar; sin embargo, en la sociedad de consumidores se insta alcanzar un ideal de “estar en forma”. Bauman indica que ambos términos suelen usarse como sinónimos, no obstante, aluden a ideas diferentes. En el caso de “salud”, es un concepto normativo, propio de la sociedad de productores y que traza el límite entre lo normal y lo anormal. La salud es un estado correcto, deseable y concreto, consigue describírselo y evaluárselo con precisión. Se trata de una condición física y psíquica que permite satisfacer las exigencias de la sociedad. La salud le permite al individuo responder al rol que le fue encomendado: “Estar sano significa en la mayoría de los casos ser empleable: estar en condiciones de desempeñarse adecuadamente en una fábrica, llevar la carga del trabajo que rutinariamente pondrá a prueba la tolerancia física y psíquica del empleado” (Bauman 2002:83). Sin embargo, “estar en forma” es un estado que no puede ser definido con exactitud. Para Bauman, la prueba de que un individuo se encuentra en forma, está siempre circunscripta en el futuro e implicaría tener un cuerpo flexible y adaptable. Y mientras “salud” sugiere un estándar a alcanzar, llegar a cierto equilibrio, “estar en forma” indica un “potencial en expansión”, no mesurable e ilimitado.

Estar en forma significa estar preparado para absorber lo inusual, lo no rutinario, lo extraordinario, y sobre todo lo novedoso y sorprendente. Se podría decir que si la salud significa apegarse a la norma, estar en forma se refiere a la capacidad de romper todas las normas y dejar atrás cualquier estándar previamente alcanzado (Bauman 2002:84).

Ante lo expuesto queda en evidencia que “estar en forma” es una experiencia subjetiva, en tanto la vive y siente sólo el individuo, no es un estado que pueda ser observado y juzgado por otro. Al mismo tiempo, el cuidado de la salud posee una meta concreta que el estar en forma no posee. Los fines que persigue quien se esmera en el estado o apariencia de su cuerpo implican esfuerzos importantes cuya satisfacción sería sólo momentánea. Los éxitos son parciales y la meta inalcanzable.

Por otra parte, Bauman asegura que lo que ayer se consideraba normal, hoy puede ser indicado patológico y proclive a la intervención médica, de ahí la proliferación de terapias. Además, la idea de “enfermedad” antes estaba claramente circunscripta, mientras hoy esa palabra se vuelve vaga y brumosa (2002:84). En vez de ser un acontecimiento excepcional, la enfermedad suele verse como la contracara de la salud, una constante amenaza que requiere vigilancia permanente. De modo que el cuidado de la salud se transforma en un modo de vida que incluiría el combate constante contra la enfermedad: un estilo de vida saludable. De esta manera, el cuidado de la salud se vuelve similar al esfuerzo por estar en forma, tan insatisfactorio y subjetivo como la apariencia e imagen que se cultiva.

Una de las pautas que tuvieron los grupos focales y las entrevistas a informantes clave fue pedirles que definieran ambos conceptos. Se les solicitó que contaran qué les sugería los términos “cuidar la salud” y “estar en forma”. Todos pudieron establecer diferencias entre uno y otro. En general tendieron a relacionar el cuidado de la salud con la preocupación por el bienestar orgánico, y “estar en forma” fue asociado con la apariencia física, con la imagen personal. A propósito, los siguientes extractos surgieron en los grupos focales femeninos:

 

–¿Cuidar la salud? Y… preocuparse por uno, por su bienestar… ¿no? Eh… y “estar en forma”, también… o parecido, ¿no? Me parece que tiene más que ver con la silueta. Yo pienso que ambas cosas son importantes… o que una lleva a la otra. Porque si te ponés a pensar, un gordo no va a gozar de buena salud, ¿no? Está siempre al borde de sufrir ataques cardíacos o hipertensión, o algo de eso, así que ser más o menos delgado es una forma de cuidarse la salud.

–“Cuidar la salud” es cuidarte el organismo, no tomar de más, no fumar; y “estar en forma”, por ahí tiene más que ver con la imagen.

Moderadora: –¿Te preocupa tu imagen?

–Sí, bastante. La verdad es que sí. Me fijo cómo estoy… la ropa… eh, el pelo… todo. Sí, lo admito, me preocupa.

–Y… Cuidar la salud, es estar a atento a tu cuerpo, a qué le pasa… ir al médico al mínimo llamado de atención, y por otra parte, evitar ir al médico, ¿no? Si te cuidás lo suficiente lo más seguro es que ni tengas que ir. Y “estar en forma”, bueno las mujeres sobre todo estamos más preocupadas por eso. O por lo menos, más pendientes.

Moderadora: ¿Por qué lo decís?

Y porque estamos muy al tanto de cómo estar físicamente, hay como cierta exigencia que han tenido las mujeres desde siempre con respecto a su cuerpo, ¿no? (Grupo de mujeres de entre 25 y 35 años).

–Bueno, “cuidar la salud” no significa “estar en forma” porque “estar en forma” es ir al gimnasio, hacer gimnasia… y estar todo musculoso… las mujeres delgadas… tener las medias ideales y por ahí la salud no está tan buena, digamos que… Lo ideal sería entonces estar en forma y cuidarse la salud. Entonces, cuidarse la salud es comer sano aunque no tengas una línea perfecta.

Sí, “estar en forma” lo logras con dietas más como equilibradas… “cuidarte la salud” es tener cuidado con lo perjudicial para tu organismo(Grupo de mujeres de entre 36 y 45 años).

 

Cuando se le solicitó al profesor de educación física que diferenciase ambos términos, le dio a “cuidar la salud” una connotación espiritual donde el equilibrio mente-cuerpo parecería ser fundamental; y “estar en forma” fue asociado a una buena alimentación y al desempeño de actividad física cuyos resultados se reflejan siempre en lo corpóreo.

 

Profesor de educación física: Cuidar la salud es… yo hace mucho hice taekwondo, y dentro del taekwondo, había algo que siempre me quedó: para poder estar bien afuera, hay que primero estar bien por dentro; que los cambios se realizan siempre por adentro para llegar al afuera… justamente hay que tener una interacción entre el adentro y el afuera. Estar bien de acá, de acá… Mente, corazón- espíritu- alma y cuerpo. Tener eh… ese equilibrio, que es muy, muy complicado. Porque la vida te va llevando a hacer ciertas cosas…. Como dedicarle mucho tiempo al trabajo y olvidarte de comer bien, comer rápido, a las apuradas, y se descuida la parte espiritual.Cuidar la salud” es cuidarse de adentro hacia fuera. Es tener la mente tranquila, el alma en paz, y el cuerpo en armonía. Y después “estar en forma” sería algo más cotidiano, una buena alimentación, un buen descanso y un buen entrenamiento. La calidad de vida es el concepto de estar en forma y cuidarse el cuerpo.

Entrevistadora: La persona, entonces que logra un equilibrio entre ambos conceptos

Profesor de educación física: Tiene una buena calidad de vida.

 

El profesor de educación física asocia el cuidado de la salud con un sentido más abstracto en donde la armonía orgánica es tan importante como la psíquica, ubicando en lugar trivial pero no menos importante el estar en forma. Por su parte, la instructora de yoga, desde un lugar místico aseguró:

 

Instructora de Hatha Yoga: Cuidar la salud es incorporar una dieta sana, las respiraciones la gente no sabe respirar hacer ejercicios apropiados pero no matarse. Hay gente que está muy avanzada pero por competición, por ese ego que tenemos todos, quieren hacer igual o mejor que el otro. Tenés que ver lo que te pasa por dentro. Eh… por ejemplo, escuchar buena música, leer buenas lecturas, buscar información. Creo que eso es cuidar la salud, saber qué es bueno para tu cuerpo y qué para tu mente. Tu mente está pegada a tu cuerpo. La alimentación, la respiración, caminar al aire libre, las buenas compañías también influyen. El baño, la limpieza de la lengua… yo voy tirando consejitos en mis clases. Cómo tenés que bañarte, de qué forma. Eso me lo decía mi profesor: el tiempo en el baño, el agua, la fibra esponja, el masaje en tu cuerpo después del bañoaromas, velitas, música, la respiración, la forma de airear el dormitorio.

 

A partir de este testimonio, podría aseverarse que se instala en la cultura del hedonismo una moral individualista y de recuperación del yo, que se mezcla con una psicologización creciente (Lipovetsky 1983). En rigor, la cultura hedonista es también una cultura “psi”: un reencontrarse con los otros pero también con uno mismo, por medio del contacto con la naturaleza, entendida como vuelta a los orígenes y promotora de una cultura de la autoayuda y del “conócete a ti mismo” (Arizaga 2005:137). Por su parte, el discurso publicitario convoca a imaginarios formados en torno a estrategias de distinción e identificación, que implican una jugada valorativa hacia el intimismo versus la integración social ampliada, así como una mercantilización de los valores que construyen la idea de calidad de vida, señalada a partir de la naturaleza.

Por otro lado, en las sesiones de grupos focales se les pidió a los participantes que indicaran qué les sugería una frase leída. La intención fue formular una oración que tuviesen palabras que actuasen como disparador, del tipo “calidad de vida” y “prevención”.

 

Moderadora: –¿Qué les sugiere la frase: “La calidad de vida se asocia con el tratamiento y la prevención de enfermedades.”?

Calidad de vida… sería no tomar, no fumar, hacer deporte, ¿no? (Grupo de varones de entre 25 y 35 años)

 

Si bien la manera en que definen las nociones “cuidar la salud” y “estar en forma” es tan confusa como “calidad de vida”, se nota que los cuatro grupos pudieron diferenciarlos. En este sentido, se observa que el cuidado de la salud lo asocian a la preocupación por el organismo, la prevención de enfermedades, la alimentación y el deporte –lo llaman: una vida sana–. Mientras que el concepto de “estar en forma” lo relacionan con el estado físico, la imagen y la valoración estética de su cuerpo.

Finalmente, cabe señalar que las nociones “cuidado” y “calidad de vida” toman una dimensión democratizadora cuando el discurso publicitario hace hincapié en que estar sano y lucir saludable es un valor al alcance de todos. La democratización implica cierta carga simbólica que el concepto adquiere en las nuevas clases medias. Cuando el bien hecho signo aparece en los medios, es señal que el concepto es simbólico y se ha democratizado.

Disciplina: voluntad, autocontrol y responsabilidad

La sociedad de riesgo de Beck (1996; 1997) genera una nueva subjetividad: el individuo con incertidumbre (Sennett 2000). Tanto el sentimiento de inestabilidad como el de incertidumbre del sujeto posmoderno es fundamental en Sennett y también en Giddens, aunque hacen foco en cuestiones diferentes. Por su parte, Sennett analiza el impacto subjetivo que implicó el paso del fordismo al posfordismo generando un individuo a la deriva. El trabajador posfordista de Sennett es el integrante de la nueva clase media que analizan autores como Crompton (1994) y Lash (1990), actor paradigmático en la nueva economía que comienza en los ochenta y se expande durante los noventa. La subjetividad moderna implica cierta identidad firme y estable a partir de estructuras colectivas como los sindicatos, el estado asistencial, la burocracia gubernamental, el trabajo fondista y la clase social; esta identidad fue reemplaza por una nueva subjetividad condicionada por riesgos y oportunidades que demandan una identidad flexible y con iniciativas propias. Sin embargo, Giddens coloca su mirada en la autonomía que el desligarse de las estructuras tradicionales conlleva, y Sennett se centra en el coste psicológico que implica el proceso de individualización o “proyecto reflexivo del yo” de Giddens (1997). Para Sennett los lazos en la posmodernidad se vuelven débiles, sin embargo, Giddens encuentra la posibilidad de que éstos se vuelvan “puros”: el individuo produce su propia narrativa biográfica valiéndose de los sistemas expertos para combatir la inseguridad. Como se indicó, la seguridad ontológica, que en el nivel inconsciente y conciencia práctica implica poseer respuestas a cuestiones existenciales que reducen la angustia, se encuentra amenazada por la falta de marcos y necesita de los sistemas expertos para contrarrestar los riesgos psíquicos y sociales y mantener una estabilidad razonable [desarrollado en el Capítulo 2].

La seguridad ontológica de Giddens se evidencia en el autocontrol que conlleva el estilo de vida light. El sujeto que se muestra preocupado por su salud, vive con mesura, lleva una cotidianeidad prolija y ordenada, configura el habitus que lo resguarda de cualquier amenaza. En este sentido, Sennett (2000) es menos optimista puesto que el individuo a la deriva en un mundo vertiginoso, busca seguridad, un yo sólido que sólo puede conseguir por medio de valores de conservadurismo cultural.

En el estilo de vida light la voluntad es fundamental, una característica de las más valoradas. Se necesita voluntad para dejar de fumar, voluntad para comer como “se debe” y voluntad para ir al gimnasio. El sujeto light si quiere “pertenecer a la tribu de los saludables y en forma”, tiene que proponérselo y para ello el factor voluntad resulta clave. A propósito, en uno de los grupos focales se planteó la inquietud de un varón que deseaba dejar de fumar y fue clara la respuesta de su compañero:

 

–No… sí, sí, yo quiero pero lo veo difícil. Hice terapia, acupuntura, me compré parches, todo lo que te puedas imaginar…

–Yo creo que es cuestión de proponértelo. Voluntad.

Sí, qué sé yo

(Grupo de varones de entre 36 y 45 años.)

 

Se necesita de carácter, iniciativa y la plena convicción de lo que se hace. La vida que se lleva, el camino que se emprende, requiere de rigor y constancia, pero sobre todo de la certeza que lo que se ejerce se hace por uno mismo, y al mismo tiempo se asume la plena responsabilidad de ello. Asimismo, en las distintas sesiones de grupos focales se les preguntó a los participantes acerca de cuánto les preocupa su salud y estado físico:

 

Moderadora: ¿Cuánto les preocupa la salud o su estado físico?

A mí me preocupa, no por mí sino por mi familia, por el que tiene que estar a mi lado, les costaría mucho a mis hijos y realmente no quiero, en realidad me cuido más por ellos que por mí; tampoco es que me cuido pero trato de comer lo más sano posible.

Moderadora: ¿Qué es lo más sano posible?

Comer común, no me drogo, no fumo, no tomo, soy re aburrida (risas).

Moderadora: ¿Qué piensa el resto?

Yo hago yoga y cinta para estar bien para ser independiente, yo lo hago por mí… y también para que nadie tenga que cargar conmigo, aunque hoy día se usa que a la gente mayor la pongan en el geriátrico viste y los nenes en guarderías, la vida moderna es esa.

(Grupo de mujeres de entre 36 y 45 años.)

 

Además se les preguntó cómo se sentían a partir de la iniciativa de cuidarse, alimentarse correctamente y hacer actividad física. El siguiente es un extracto de una de las sesiones con jóvenes varones:

 

Moderadora: ¿Cómo repercute en ustedes la alimentación que llevan y la actividad física que practican?

–Y… te sentís bien…

Sí eso tiene la vida sana, que logra que te sientas mejor.

Moderadora: ¿Qué cambios notan desde que llevan un cuidado más riguroso de su organismo?

Yo, por ejemplo, mejoré mucho la resistencia, y eso lo veo en la cinta: cada vez un poquito más… un poquito más… Ni hablar de cambios concretos, ¿no? A nivel físico, los músculos y eso, los pectorales, las gambas, todo te cambia, y ni hablar si lo acompañás con suplementos.

(Grupo de varones de entre 25 y 35 años.)

 

Tal cual se estuvo indicando, el sujeto de la cultura light cultiva un estilo de vida propio basado en elecciones rigurosas y consientes –proyecto reflexivo–. Sabe qué comer y a qué horarios debe hacerlo. Conoce la importancia de hacer deporte, pues su imagen reclama la estética, pero su organismo también necesita irradiar salud. El individuo se convierte así en responsable de su vida. Cada una de las elecciones que realiza está minuciosamente pensada. Se trata de la cotidianeidad planificada como proyecto de vida. Se es sano por elección y también por convicción. Los riesgos del descontrol y los excesos se pagan en el futuro con enfermedades, o por lo menos, como una imagen no deseable. Es por eso que el estilo de vida light implica necesariamente una prevención constante. Llevar una vida ordenada y con mesura aminoraría riesgos. No tomar alcohol de más, tampoco fumar o comer en exceso. El autocontrol es una de las características más valoradas en el mundo light, de modo que el discurso del sujeto del estilo de vida light ronda constantemente sobre la idea de responsabilidad y la voluntad como característica fundamental para alcanzar la meta.

Por otro parte, se puso de manifiesto frases que involucran cierta sensación de incertidumbre y de permanente inseguridad. Los sujetos le temen a las enfermedades y el factor prevención se vuelve esencial para minimizar riesgos. Es la sociedad de riesgo de Beck (1997) y que retoma Giddens extendiéndola al conjunto de la vida social como al trabajo, familia, y vida privada; esta sensación de destino que puede controlarse mediante la disciplina y el autocontrol pone de manifiesto el proceso de individualización. Así, las identidades se tornan flexibles condicionadas por oportunidades y riesgos, pues es necesario adaptarse o cambiar rápido en caso de que sea necesario. Precisamente, en la cultura light, el cuerpo toma la dimensión de objeto, es aquello que se posee, un bien propio al que se le debe cuidado y atención. Es un producto elaborado por el propio portador, es “una obra de arte” cuyo artista se responsabiliza por la creación.

Como el cuidado del cuerpo y el estar en forma son responsabilidades del sujeto que lleva un estilo de vida light, asume elogios o críticas desde el exterior. Se hace cargo de su apariencia. Su cuerpo refleja el esfuerzo personal y la disciplina. Los buenos hábitos y la dedicación. En este sentido, la voluntad se torna clave en esta exaltación de buenos y saludables hábitos. El esfuerzo personal aparece como la exacerbación de la creencia de “destino personal” que transforma al sujeto en exitoso o fracasado. Este éxito o fracaso está determinado por la sensación de bienestar y la imagen que proyecta el mismo cuerpo. Beck (1997) describe esta situación como propia de una subjetividad que valora el esfuerzo individual y que relaciona la idea de “destino personal” con la movilidad social. Esta modalidad por la cual lo propio del sistema se desplaza al individuo es característica del proceso de individualización.

Por su parte, el discurso publicitario incentiva optimizar el ritmo de vida. Elegir por un cambio de vida saludable haciendo a un lado los malos hábitos. Asimismo, el mensaje menciona los valores: ecología, vida verde, aire libre, energía, vitalidad, dinamismo, considerados signos que convocan a cierto modo de vida, lo que implica mutar hacia una mejor calidad de vida. Ser parte del estilo de vida light encierra, según las publicidades, una opción de vida por la cual se debería estar dispuesto en cierta medida a jugarse. Dejar la vida contaminada y elegir la saludable. Los bienes y servicios publicitados instan a optar y tomar una determinación, una decisión que implica un quiebre con lo que hasta ahora era su estilo de vida.

Hábitos saludables pero sin sacrificios

Según los testimonios recogidos, pareciera que la calidad de vida se asocia con el tratamiento y la prevención de enfermedades, y que el cuidado de la salud depende, en parte de la atención médica y de otros factores –como la alimentación adecuada y la actividad física–. Cada persona puede ejercer un control directo sobre estos aspectos. El sujeto que mantiene un estilo de vida light se jacta de su disciplina ante todo, luego admiten una dosis de voluntad, autocontrol y responsabilidad, y finalmente una cuota de constancia, dedicación, paciencia y mesura. Parece que estas son las características del sujeto light, pero sin que ello implique necesariamente “sacrificio” –ninguno de los participantes de los grupos focales mencionó esa palabra–. Recuérdese que el nuevo pequeño burgués no se describe a partir de la abnegación de su persona sino más bien del “disfrute” y el placer no diferido, experimentado al instante, y recuérdese además las características de la posmodernidad vinculadas con el goce y disfrute [desarrollado en el Capítulo 1].

La producción de la imagen personal, pensada, finamente planificada y cuidada con método y rigor, ya no precisa del sacrificio que caracterizaba a la pequeña burguesía. Hoy el placer acompaña la búsqueda del cuerpo perfecto y del organismo saludable. Las nuevas clases medias legitiman el placer. Las extensas y sacrificadas dietas ya no son necesarias. Las penosas rutinas en los gimnasios pueden reemplazarse con técnicas como el yoga, streching, pilates o sus derivados. Se incentiva el gusto por lo que se hace; los profesores y especialistas indican que no se obtienen resultados desde el sacrificio. Los productos en góndola abonan esta idea, en tanto ofrecen buen sabor y placer sin calorías. No obstante, la impaciencia es un rasgo del sujeto preocupado por su apariencia, según mencionó el preparador físico:

 

Profesor de educación física: –En base a una serie de preguntas se establece una rutina. Sus hábitos alimenticios, su vida cómo transcurre, si tiene algún tipo de enfermedad, como problemas cardíacos, diabetes, tiroides, y a raíz de eso, se le diseña una rutina y se le dice que esto es constancia, que sea consciente que el trabajo es a largo plazo. Y la gente quiere todo ya, ya, ya… y ya es imposible. Por eso está muy metido en el gimnasio el tema de los suplementos, vitaminas, aminoácidos, esteroides anabolizantes.

 

Sucede que los valores tradicionales de esfuerzo, sacrificio y disciplina fueron reconsiderados y reemplazados por valores posmateriales en donde se legitima el placer. El sacrificio ya no es necesario. Los valores ascéticos del pequeño burgués no sirven, pues el habitus de las nuevas clases medias ya no se dirime en el ascetismo por ascenso o la restricción por pretensión. El universo aspiracional que implicaba un “deber ser abnegado” en el mundo pequeño burgués ya no cuenta:

 

Moderadora: ¿Realizan actividad física? ¿Cuánto tiempo hace que la practican?

Estaba buscando algo que me gustara hacer. Toda mi vida estuve metida dentro de un gimnasio, conozco todos los estilos, habidos y por habertambién practiqué natación de chica pero llegó un momento que la rutina del gimnasio me agotó. Si bien veía resultados, me di cuenta que me estresaba más que relajarme: y así no sirve. Si no la pasas bien, no sirve, definitivamente. Entonces, leyendo una revista, me acuerdo, vi la promo de Tamara Di Tella, se dio un día que andaba cerca, me metí, me contaron de qué se trataba y nunca más lo dejé.

–Bueno, yo voy al gimnasio, bastante. En realidad soy un poco fiaca. Pero voy con mi amiga. Y nos damos coraje, entre las dos; está bueno ir con alguien porque se te pasa más rápido; es como decís vos: ¡es el deber cumplido! Igual, estamos un poco hartas de la rutina: empezamos la semana pasada pileta… bah, acquagym.

Moderadora: –¿Y qué les pareció?

–Está bueno. Todavía no sé si da resultados. Por lo que me dijeron, quemás mucho sin matarte y eso está bueno. Además el agua a mí siempre me gustó… la profesora decía que no solo tonificás, a parte te mejora la respiración y la resistencia.

(Grupo de mujeres de entre 36 y 45 años.)

 

Las posiciones nuevas o renovadas que describe Bourdieu (2006) instalaron el mensaje de “relajación y placer” en lugar de “sufrir para estar bello”; de ahí el éxito de las nuevas terapias propiciados por los centros médicos y de estética. De modo que tratando al cuerpo como un signo y no como instrumento, los difusores del buen gusto producen todo una simbología centrada en la abolición del dolor. Se trata de una nueva ética basada en la resignificación estética de la salud.

Por otro lado, el individuo de la cultura light presenta signos de distinción y pertenencia poniendo énfasis en apartarse del “no sano”. Recuérdese que según Simmel (2002) los estilos de vida cumplen una doble función: distinguir y pertenecer, una dicotomía central al analizar estilos de vida light. En este sentido, “distinguirse del otro supone un acercamiento al nosotros que implique más que individualización, estandarización de estilos de vida” (Arizaga 2005:70). Se trata de una integración social que más que a partir del grupo de pertenencia y referencia, se da a partir del estilo de vida light, que encierra intereses y hábitos particulares. El otro no se vincula con un otro concreto, una persona física de la cual debe apartarse por ser mala compañía. En el estilo de vida light, “el otro” es el mal hábito, son las costumbres nocivas y perjudiciales para la salud que hay que revertir de manera urgente. El otro es la despreocupación por el cuidado de la salud y en cierto sentido también de la imagen. Pertenecer a la tribu de los que se cuidan y respetan, significa valorar la salud y revalorizar su cuidado. Los otros son quienes comen comida “chatarra”, los que fuman y beben, y los sedentarios. Las rutinas y costumbres, que como quedó expuesto se fundan en ciertos imaginarios que pululan en la cultura light, indican no sólo el estilo de vida sano que se cultiva, sino además todas las opciones de vida que no se consideran, todo lo que no se elige ser. Un sujeto que cultiva lo light elige con sus acciones no ser un despreocupado por su salud. En otras palabras, “lo que se elige, tanto como lo que es dejado de lado, resulta funcional al marcar una pertenencia a un micromundo de nosotros y una distancia a un macrocosmos de otros” (Arizaga 2005:134).

En una de las sesiones de grupos focales, un varón de 35 años de edad comentó sobre el cambio en su rutina alimenticia:

 

Trato de comer lo más sano posible, como además me gusta cocinarsé lo que estoy comiendo. Si yo te contara las porquerías que comía cuando era pendejo… por empezar me la pasaba en el Pumpper (es de mis tiempos) y después en el Mc Donald´s, o comía al paso, cuando era cadete, siempre un choripan o pancho en cualquier lado, era barato y rápido. Ahora nada que ver, también mi vieja me da una mano. Me prepara tartas o cosas más elaboradas y las meto en el freezer y chau. Es un cambio de hábitos¿no?

 

También las mujeres en una de las sesiones de los grupos focales comentaron acerca de sus buenos hábitos alimenticios:

 

Moderadora: –Y Uds., ¿cómo se ocupan de la alimentación?

–No azúcar, tal vez al café algún edulcorante, pero nada más que eso. Todo descremado. Buena alimentación es tener respeto y cuidado por tu organismo, por ejemplo, yo a la compota no le pongo azúcar –y sé que hay gente que le pone–.

–Sí, porque los alimentos ya tienen las sales y los azúcares incorporadas de forma natural.

–Como yo, que al mate le ponía azúcar hasta que un día lo empecé a tomar amargo.

–Y sí, es cuestión de hábitos…

(Grupo de mujeres de entre 36 y 45 años.)

 

A partir del necesario cambio de hábitos que se dispone el sujeto que consiente decide llevar un estilo de vida light, surge la pregunta ¿cómo inciden entonces los intermediarios culturales en esta toma de conciencia? En este sentido, se les preguntó a ellos mismos cuál consideran que es el mensaje que imparten desde su actividad cotidiana y cómo incide en quienes los consultan.

 

Nutricionista: –Es una manera de educar. Tengo un rol esclarecedor. Trabajo en educación alimentaria. Enseñar al paciente, enseñarle cómo comer, cómo combinar los alimentos, puede ir a un buen restaurante y elegir bien. Las personas están confundidas, los medios confunden a la gente.

 

El profesor de educación física indicó que parte de su tarea consiste en no transmitir a quienes lo consultan sus preocupaciones personales. Su rol es educar en lo referente a la actividad física pero sin permitir que se filtre su estado anímico.

 

Profesor: La gente quiere que estés bien, en mi ámbito, en el deporte, en el gimnasio, si tenés quilombos, problemas, no tenés que demostrarlo, al contrario. Es como que te ponés siempre una armadura y cuando llegás a tu casa dejás la armadura, la espada, dejás el chaleco, todo el equipo de batalla, y te desplomás. Es complicado. Es cuidarse el alma. Es complicado lograr una paz interior, una paz mental, y a partir de ahí poder poner en forma tu cuerpo. Porque todo depende de todo. El interior repercute en el afuera.

 

Por su parte, la instructora de yoga puso el acento en la unión cuerpo-alma y en cómo desde su actividad diaria contribuye con quienes la consultan a que logren armonía.

 

Instructora de yoga: –Se van bárbaros. ¿Cómo te sentís?, pregunto.Bárbaro, dicen. Al principio ninguno quiere empezar, todo el mundo niega a ver su cuerpo cómo esta. La gente lo usa para disimular lo que le pasa por dentro. Te arreglás el cabello, la cara, te vestís para no ver el problema, el dolor… tu mandíbula está apretada de dolor… te vestís, tapas al cuerpo, pero no lo curás. Lo que hace falta es escuchar al cuerpo; la gente no lo escucha. No lo visualiza, cosa que yo les enseño. ¿Qué pasa con tu cuerpo? ¿Dónde tenés el dolor? Mandále la respiración ahí, a esa parte. Mandále un color, acarícienlo. Ese es el mensaje que yo doy.

 

En tanto, el preparador físico hizo ahínco en el optimismo así como en la fuerza de voluntad y constancia como factores clave para lograr resultados.

 

Entrevistadora: –¿Cuál es tu rol como intermediario en este estilo de vida?

Preparador físico e instructor de yoga: Yo trato de que sean positivos, los animo, aunque sea si lograron un poquito más de elongación o si alguien se va descontracturado o si siente que trabajó su cuerpo o que la respiración le haya hecho bien. Un efecto, tiene que haber un efecto, que sea positivo para que vuelva, para que se lleve algo bueno de la clase.

Entrevistadora: ¿Creés que con tu tarea diaria contribuís a que las personas mejoren su calidad de vida?

Preparador físico e instructor de yoga: Yo me siento parte, porque creo que es un ida y vuelta. Hay gente que viene hace mucho tiempo y no avanza porque no se esfuerza, no nota cambios, no tienen una periodicidad, no tiene… ¿cómo se llama?

Entrevistadora: Constancia…

Preparador físico e instructor de yoga: Constancia, sí. Creo que es una interacción. No es de un lado solo. Siempre que trabajás con personas es un ida y vuelta, un feedback (y sí contribuyo, si encuentro a la persona que realmente quiere).

Retrasar el envejecimiento

Una imagen recurrente en las sesiones de discusión fue la exaltación de la juventud como estado en sí mismo, un ideal que no sólo es necesario alcanzar sino mantener, en lo posible eternamente –de ahí la juventud como estado–: “la juventud no es una edad sino una estética en la vida cotidiana” (Sarlo 1994:38).

A diferencia del grupo focal de los más jóvenes, se advierte que la preocupación por el envejecimiento comienza a asomarse en la franja que pasó los 36 años de edad. Cuando se les preguntó cómo se veían de aquí a 10 o 15 años, el grupo de entre 25 y 36 años proyectó su vida a nivel laboral y familiar. Sin embargo, cuando se les realizó la misma pregunta a los más grandes, interpretaron la pregunta en términos físicos. Se vieron ellos mismos dentro de algún tiempo y manifestaron cómo incidirían los años venideros y qué hacen para amortiguar el paso del tiempo:

 

Moderadora: –¿Cómo se ven ustedes dentro de diez o quince años?

–Más grandes… tal vez con nietos… no lo sé. Bueno, me encantaría. También con otra madurez… viendo la vida desde otro lugar.

Yo no me veo con mucha diferencia, a lo que me veo actualmente… no; es decir, diferente sí voy a tener menos salud eso seguro, porque uno se va gastando se va deteriorando…

(Grupo de mujeres de entre 36 y 45 años.)

 

Por su parte, los varones comentaron:

 

–Yo no sé si pelado, pero todo canoso seguro. Achaques no creo tener, para eso me cuido, para evitarlos ¿no?, o por lo menos para llegar a los 60 con decoro…

–Y sí, uno trata de cuidarse pero quién te garantiza llegar bien… uno trata: comer bien… bueno, yo por ejemplo, dejé el faso hace rato.

–¿Cómo hiciste? Yo ya intenté unas 12 veces en mi vida; fumo desde los 14 y no puedo… qué querés que te diga… es más fuerte que yo…

–Yo como te dije trato de hacer vida sana sacando el cigarrillo. Como bien, trato de tomar sólo los fines de semana, no siempre, y voy al gimnasio unas 3 o 4 veces por semana. Pero contestando tu pregunta, sí me preocupa el tiempo… mejor dicho, el paso del tiempo, que me pegue mal. Y parece que no, pero todo lo que puedas hacer por vos te mejora, te prepara para lo que viene.

–Yo pienso más o menos parecido… no es una preocupación es más que nada estar prevenido. La vejez va a llegar en algún momento, eso es inevitable pero ir preparando tu cuerpo para el cambio es lo mejor que podés hacer por vos mismo y por los tuyos, tener salud, bienestar.

–Sí, a mí también me preocupan las próximas décadas pero también me importa el presente, verme bien.

–A mí también me preocupa verme bien pero lo que no hiciste hasta ahora… por eso pienso de aquí en más. Yo como les decía, siempre hice algo, actividad física pero ahora, últimamente, le agregué el tema de la alimentación. Siempre hice deporte, fútbol, natación, pero no me cuidaba en las comidas, comía cualquier cosa… ahora no.

(Grupo de varones de entre 36 y 45 años.)

 

Si bien se dejó entrever cierta preocupación por los años venideros, el grupo de los más jóvenes aún lo ven como algo lejano. Para ellos, el bienestar presente y la imagen se imponen.

 

–Si te toca como a mí, que nunca hice nada, no te digo que es tarde pero ver resultados, pero es como medio imposible. Igual bajé un par de kilos, me siento mejor, pero más que nada me preparo para los próximos años.

–Hay flacos que piensan solo en la imagen, en sacar músculos y se olvidan de la salud. Tenés que hacer deporte pero también comer bien. ¿Cómo llegás a los 40 si no? Arruinado.

Moderadora: –¿Te preocupa el paso del tiempo con respecto a tu imagen?

–Y sí, un poco sí. Está bueno que vaya pasando el tiempo pero que lo vayas llevando bien, no que la vida te lleve a vos, ¿no?

(Grupo de varones de entre 25 y 30 años.)

 

El sujeto que porta un estilo de vida light, no sólo configura su cotidianeidad a partir de elecciones consientes que implicarían adoptar una vida saludable, sino también se construye exteriormente como joven, elige ser joven. Así funda su propia marca, construida a partir de una combinación de marcas elegidas.

De este modo el “sujeto consumidor” es estimulado e interpelado por una serie de signos, símbolos e imaginarios entre los que circula y con los que va construyendo la imagen de sí, al mismo tiempo que reconstruye o descifra el mundo en el que está inmerso (Molinari 2004:113).

En este aspecto, la exaltación del estado juventud puede relacionarse con el ahínco en retrasar el envejecimiento; por ello se le deben al cuerpo el cuidado necesario pues este cuerpo es en verdad un signo que refleja el éxito o fracaso en la tarea encomendada.

Por su parte, el profesor de educación física entrevistado, quien trabaja con personas de diferentes edades, cuando se le pidió que describiese el perfil del que concurre al gimnasio, aseguró que aquellos que pasaron el umbral de los 50 son quienes mayor entusiasmo presentan.

 

Profesor: Después de los 50 años con más pilas los ves. Cuanto más grandes, más predisposición. No hablemos si vienen por una enfermedad… Pero el compromiso que asumen es mucho mayor que la gente joven. Los pibes se te cuelgan en la máquina. Vos ves que les explicás el ejercicio y se quedan mirando fijo.

 

Sucede que a partir de los años ochenta y noventa la juventud trascendió los límites de la etapa vital que la definía y se transformó en un estilo de vida (Hepworth y Featherstone 1983)[1]. De acuerdo con lo manifiesto en los grupos focales, podría interpretarse que la juventud constituye una categoría sociocultural que trasciende la edad cronológica de los sujetos, un estado en sí mismo que conlleva vitalidad y energía, valores claves en la cultura light. En el imaginario, la juventud está asociada al mundo de la posibilidad, abierta a las promesas del presente y del futuro, mientras que la vejez se asocia al ámbito de la imposibilidad.

Por su parte, la comunicación publicitaria propone, al mismo tiempo que legitima, disímiles modelos juveniles éticos y estéticos; fomenta la postura del “eternamente joven” equiparándola con los valores de dinamismo, vitalidad y constante energía, posibles de obtener consumiendo determinadas marcas. La juventud es una forma de ser y el discurso publicitario tiene como punto de referencia justamente la aspiración del ser joven como sinónimo de éxito. Ser joven hoy es un estado, un estilo, un conjunto de elecciones, una trayectoria, una postura ante la vida. En este sentido, la construcción del sujeto joven, abarca lo corporal, la elección estética de construcción de imagen, un criterio específico en los consumos culturales y sobre todo la construcción del carácter o personalidad. Se trata entonces de cierto habitus juvenil: ser joven como modo de ser, como forma de vivir.

En la modernidad tardía se valoriza la apertura a la renovación continua, y en este sentido, los jóvenes son funcionales por ser permeables a las modas y flexibles para adoptar nuevas prácticas. En este sentido, ser joven o mantenerse joven es un trabajo en sí mismo, ya que se debe moldear la personalidad, exaltar las características legitimadas y adoptar prácticas asociadas a la cultura light. Por tanto, la juventud en sí misma se convierte en un nuevo parámetro de exclusión social. En suma, la juventud operaría en dos dimensiones: como vehículo de promoción del consumo y como producto consumido, el mismo sujeto joven que acompaña a los productos es el que se transforma en objeto del deseo.


  1. Estas ideas fueron publicadas en el artículo “The Midlifestyle of ‘George and Lynne’: Notes on a Popular Strip”, el 1 de enero de 1983, en la revista Theory, Culture & Society (vol.1, issue 3, pp.85-92) [disponible en línea https://goo.gl/XQy2R0].


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