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8 Adultos mayores en la Sociedad del Conocimiento

Presente y futuros

María Belén Odena

La ancianidad es una etapa natural e inexorable por la que atraviesa todo aquel que no muere joven (Rodríguez Feijóo, 2007: 28).

El envejecimiento poblacional

En América Latina el número de personas mayores (60 años y más) superará por primera vez al de niños (menores de 15 años) en el año 2036. En 1950 la población menor de 15 años representaba un 40 % y en el 2100 solo representará un 15 % (CEPAL, 2012)[1].

El envejecimiento poblacional es una de las transformaciones sociales más significativas del siglo XXI, con consecuencias para casi todos los sectores de la sociedad: el mercado laboral y financiero, la demanda de bienes y servicios, la estructura familiar y los lazos intergeneracionales. El campo de la salud es interpelado debido a la preocupación por la salud y la enfermedad de los adultos mayores y a la inmediata necesidad de garantizar programas y políticas de aseguren un envejecimiento con calidad de vida e inclusión social. Según los datos del informe “Perspectivas de la Población Mundial” (ONU, 2017)[2] el 13% de la población mundial tiene actualmente más de 60 años de edad. Mirando hacia el futuro, se espera que el número de personas mayores de 60 años se duplique para el año 2050 y se triplique en el año 2100. A nivel mundial, este grupo poblacional crece más rápidamente que los de personas más jóvenes, con una tasa de crecimiento anual del 3%.

El 25% de la población europea pertenece a este grupo etáreo, siendo la región con mayor índice de envejecimiento, seguida por América del Norte con un porcentaje del 22%. En América Latina y el Caribe (LAC), las personas mayores de 60 años alcanzan un 12% del total poblacional, al igual que en el continente asiático. En África este porcentaje desciende al 5%, mientras que Oceanía se mantiene en un promedio del 17%.

Argentina es uno de los países con más alta tasa de envejecimiento de Latinoamérica. Según el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas del 2010[3], la población de 60 años y más representa el 14,3% del total poblacional del país. Asimismo, proyecciones del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA)[4] indican que en el año 2050 el 25% de la población argentina tendrá más de 60 años; es decir, que el proceso de envejecimiento poblacional no se detendrá.

Según Semino (2002)[5], el proceso de envejecimiento de los países desarrollados difiere del proceso que se vive en países latinoamericanos. En los primeros, las causas del envejecimiento poblacional son consecuencia de los avances de las ciencias médicas y las mejoras en la calidad de vida de la población en general, debido al desarrollo económico, tecnológico y social; mientras que en los países subdesarrollados, este proceso está vinculado al descenso de la fertilidad, la mortalidad infantil y las migraciones de la población activa.

Las factores demográficos de envejecimiento poblacional coexisten, aunque en diferentes proporciones, en todo el mundo. En relación al flujo migratorio se observa que si bien puede retrasar el proceso de envejecimiento temporalmente, ya que los migrantes suelen ser jóvenes en edad de trabajar, a futuro formarán parte de la población de mayor edad. El envejecimiento poblacional es un proceso que coexiste con el desarrollo de la Sociedad de la Información y el Conocimiento en todos los ámbitos de la sociedad. En este contexto, Internet emerge como un gran apoyo para un envejecimiento activo y debe considerarse en el desarrollo de estas políticas en las actuales y futuras sociedades. El desarrollo de tecnologías orientadas específicamente a los adultos mayores es un reto para el presente con consecuencias en el corto, mediano y largo plazo. La mayor longevidad requiere de una mejor calidad de vida; a su vez, implica revisar las distintas concepciones del adulto mayor para evitar innecesarias estigmatizaciones y prejuicios.

¿Podemos seguir formulando estrategias de intervención en el campo de la psicología de la vejez y el envejecimiento desde las representaciones sobre la tercera edad del siglo XX? El fin del trabajo ¿es el final? ¿Cuáles son los prejuicios que obstaculizan el empoderamiento en la vejez? ¿Estamos psicológica y físicamente preparados para vivir más años? ¿Cómo se genera el conocimiento suficiente para afrontar exitosamente el desafío social de vivir más años con la mayor calidad de vida posible? ¿Cuáles son los aportes de la ciencia y la tecnología, y sobre todo de las tecnologías de información y comunicación (TIC), en relación a estos temas?

La tercera edad ya no es lo que era

Pero si la vejez, como destino biológico, es una realidad transhistórica, no es menos cierto que ese destino es vivido de manera variable según el contexto social (De Beauvoir, 1970: 16).

El concepto de vejez se ha modificado con los años de acuerdo a cada sociedad, cultura y época. En 1940, los modelos de envejecimiento occidentales estuvieron ligados al modelo médico que cuantificaba la enfermedad y la discapacidad como un resultado inevitable de la edad. Durante la década del sesenta, se agregan las teorías de Lynott que proponen que junto al envejecimiento se produce una retirada de la vida social. Posteriormente surgieron investigaciones, en el terreno de la neuropsicología, sobre los cambios cognoscitivos fundamentalmente aquellas que estudian la afectación de la memoria, el lenguaje y las praxias. En síntesis, hasta finales del siglo XX la vejez estuvo íntimamente relacionada a la patología y los déficits.

Con la llegada del nuevo siglo comienza a producirse un cambio de paradigma en torno a la vejez y al envejecimiento exitoso. El envejecimiento activo fue definido por la OMS (2002: 79) como:

el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen.

Este concepto se enfoca en la tríada del bienestar biopsicosocial, implicando la participación e integración de las personas mayores en la sociedad. El año 2012 fue declarado por la Unión Europea como el “Año Europeo del Envejecimiento Activo y de la Solidaridad Intergeneracional” para promover la creación de una cultura del envejecimiento activo como un proceso permanente en una sociedad multiedad. La calidad de vida del adulto mayor depende de su trayectoria de vida. Actuar hoy sobre los lazos entre jóvenes y adultos enriquece la ayuda mutua, la confianza y la solidaridad.

La vejez es una construcción histórica y sociocultural. Cada sociedad define y otorga significado a las diferentes etapas de la vida de una persona. Entender el envejecimiento desde una perspectiva biopsicosocial implica analizarla en sus tres dimensiones: el envejecimiento biológico, el envejecimiento psicológico y el envejecimiento social (Scolich, 2005).

  • El envejecimiento biológico es acumulativo y gradual. Se refiere a las transformaciones, a lo corporal como consecuencia de los cambios en el funcionamiento celular. Este proceso se observa en la transformación del cuerpo, la dificultad para sobreponerse rápidamente a ciertas enfermedades, y en la disminución de la habilidad física.
  • El envejecimiento psicológico, está determinado por la transformación de la habilidad motora, sensorial, mental, la personalidad, las motivaciones, sensaciones e impulsos. Incluye el envejecimiento afectivo relacionado con la capacidad de adaptación a las nuevas o diferentes situaciones de la vida y el envejecimiento cognitivo vinculado a la capacidad de incorporar o memorizar datos y aprender otras capacidades por fuera de las aprendidas.
  • El envejecimiento social está relacionado con el ámbito vincular y a las actividades o interacciones que las personas tienen con la sociedad. El medio social es lo que demarca el significado de la vejez en la vida de las personas, ocasionando que misma se experimente como negativa o positiva.

El envejecimiento no es sinónimo de enfermedad, sino una etapa casi desconocida de la vida, tanto biológica como psicológica y socialmente. Este aparente desconocimiento no es casual: el envejecimiento está ligado consciente o inconscientemente a la muerte. El ser humano tiende a no hablar de aquellos temas que le causan miedo como si el silencio garantizara su inexistencia; algo similar ocurre con la locura, la menopausia o la sexualidad. La vejez, como la menopausia, es un fenómeno relativamente nuevo: en los inicios del Siglo XIX la esperanza de vida era de 30-40 años, a comienzos del Siglo XX era de 40-50 años y hoy es de 70 años.

En paralelo a la prolongación de la vida en las últimas décadas, acontece otro fenómeno: el envejecimiento de los “baby boomers”. La generación de la post Segunda Guerra Mundial se caracteriza por su oposición a los valores tradicionales y por considerar a la educación como un medio para el progreso. Buscan el éxito medido en ingresos materiales, status, profesión, productividad y poder (De la Mora, 2017). Vivieron los movimientos políticos de los 1960s y los 1970s y lucharon por la revolución sexual.Las mujeres acceden a estudios superiores y al mercado laboral de manera full time, inaugurando importantes movimientos y políticas de género. Al momento de retirarse de la vida laboral es esperable que se produzca un quiebre, Esta generación sabe de esfuerzo y el retiro, contrario a los valores sostenidos durante décadas, no siempre parece una opción posible.

La jubilación ¿es el final?

La vida (también) empieza hoy. Dr. Ricardo Iacub.

¿Qué función cumple el trabajo? ¿Quiénes están preparados para jubilarse? ¿Cómo se acompaña a los adultos que inician esta nueva etapa? ¿Cuáles son las variables psicológicas y demográficas que inciden en la actitud que se asume ante la jubilación? La jubilación, ¿es el final? El trabajo funciona como ordenador vital, generando rutinas en donde actividades diferentes y ligadas al ocio o a las actividades sociales, quedan relegadas o estructuradas en función del tiempo liberado (Iacub, 2015). Actúa como un organizador psíquico, cuando el sujeto está inserto en él sabe lo que debe hacer, ya que sin importar la modalidad que adopte presiona hacia el cumplimiento de objetivos y tareas. La contracara del trabajo aparece cuando las obligaciones laborales limitan el tiempo disponible para realizar proyectos vinculados al deseo, al ocio y los hobbies personales.

Otra característica fundamental del mundo del trabajo es que otorga identidad, muchas veces esta identidad es el resultado de años de dedicación dentro de una profesión. La vida académica le añade al nombre propio términos como: Licenciado/a, Magíster o Doctor/a, que probablemente son más propios que el mismo nombre porque se ha trabajado arduamente para conseguirlos. El sujeto define su existencia, y muchas veces es reconocido por su entorno, en base a su profesión donde la identidad laboral se fusiona al sí mismo. Así, muchas veces, quienes parecen apasionados por su trabajo están, en realidad, apasionados por quienes son en el trabajo, por ese ser que han ido construyendo a lo largo de la vida.

En su capítulo en este mismo libro, Susana Finquelievich acota:

algunos gobiernos de países desarrollados, así como ONGs tales como Age Friendly World, Agewatch, Aging 2.0, o el Centro Internacional sobre el Envejecimiento han elaborado políticas específicas, no sólo sobre el envejecimiento y el mundo del trabajo, sino también sobre los cuidados y servicios, infraestructuras y equipamientos (posibilitados por las TIC) a planificar para este sector de la población (… ). Es más que previsible que la prolongación de la vida humana lleve a los cambios en el sistema previsional.

Así como el trabajo supone un rol activo, productivo, generador de ingresos y de exigencias físicas, psíquicas y sociales vinculadas a la juventud y la mediana edad; la ancianidad se asocia con la pasividad, la improductividad y la pérdida de autonomía. Lehr (1980) demostró que esta suposición es errónea; las personas mayores no presentan menor nivel de productividad que las jóvenes ya que poseen la experiencia necesaria para compensar las posibles limitaciones físicas y/o cognitivas, prudencia para evitar accidentes y un mayor sentimiento de satisfacción laboral que se refleja en menor ausentismo.

La jubilación obligatoria basada en la edad deteriora la salud de muchas personas a quienes el trabajo les otorgaba una posición social, satisfacción creativa, relaciones sociales y una elevada autoestima (Rodríguez Feijóo, 2007). De acuerdo con esta afirmación, Finquelievich (2019) añade “cuando la jubilación es forzosa, sin que exista control por parte del individuo sobre este cambio, aparecen efectos adversos en la salud y en el deterioro cognitivo.”

En la sociedad actual existe una contradicción entre la obligatoriedad jubilatoria a una edad determinada arbitrariamente y la prolongación de expectativa de vida con buenas condiciones de salud. Los 60, 65 o hasta 70 años de edad de hoy ya no son lo que eran antes; la mayoría de los adultos mayores cuentan con las aptitudes necesarias para seguir desempeñando sus funciones en forma eficaz, pero fundamentalmente tienen el deseo de hacerlo. Otras perciben la llegada de la jubilación como una posibilidad para emprender actividades aplazadas, mientras que para muchos supone la llegada de una gran crisis vital, un punto de ruptura que puede constituirse en un evento traumático. Por lo tanto surge la necesidad de evaluar las particularidades de cada caso evitando generalizar y reducir a esta población a una idea preconcebida de adulto pasivo e incapaz de trabajar.

La actitud hacia la jubilación es una organización aprendida y duradera de creencias y cogniciones, dotada de una carga afectiva a favor o en contra de la jubilación y que predispone a una acción coherente con dichas cogniciones y afectos (Rodríguez Feijóo, 1995). Identificar cuáles son las variables situacionales y demográficas que influyen de manera favorable o desfavorable sobre las actitudes hacia la jubilación permite generar políticas y recursos útiles para quienes requieren de un acompañamiento específico en esta nueva etapa. Las situaciones que influyen de forma positiva en la actitud hacia la jubilación son:

  • La posibilidad de realizar un proceso de socialización anticipada con el objetivo de adaptarse a los cambios que esta nueva condición implica: reducción de ingresos, cambio de rol, etc.
  • La distancia temporal al inicio del cese laboral: la angustia vinculada a la crisis vital que ocasiona la jubilación comienza a incrementarse años antes de su acontecer, alcanzando su pico máximo cuando el sujeto se aproxima a la edad reglamentaria, y disminuye durante los dos años posteriores cuando se alcanza una adaptación a la nueva situación.
  • La interacción entre el deseo de jubilarse, los proyectos a futuro y el grado de satisfacción con el uso del tiempo libre que conforman una tríada facilitadora de la adopción de nuevos roles.
  • La posesión de otras fuentes de ingreso, como rentas o trabajos independientes, que se añaden a los haberes jubilatorios.
  • Las personas con rasgos de personalidad donde predomina la afectividad, la fortaleza yoica y la estabilidad emocional, con baja tendencia a la culpabilidad y a la ansiedad poseen actitudes más favorables hacia la jubilación (Rodríguez Feijóo, 2007).

Las situaciones que influyen de forma desfavorable en la actitud hacia la jubilación son:

  • El temor ante la reducción de ingresos y la posibilidad de tener que introducir modificaciones en la forma y calidad de vida. En ocasiones, las personas jubiladas pierden independencia al tener que recurrir al apoyo económico, y muchas veces habitacional, de otros miembros del grupo familiar.
  • La inexistencia de espacios de interacción social positiva por fuera del ámbito laboral, ya que el sujeto percibe la pérdida del apoyo social sin tener la posibilidad de generar nuevos vínculos.
  • Las personas más solitarias, inseguras, con tendencia a la culpabilidad y baja autoestima poseen una actitud desfavorable hacia la jubilación dado que prevalece el temor a la pérdida de la valoración familiar, del prestigio social y del rol construido durante toda la vida.

Se ha observado que las mujeres tienen actitudes más favorables hacia la jubilación que los hombres; esta percepción responde a estereotipos de género que ubican a la mujer en un rol de cuidado de la familia y el hogar mientras que el hombre debe ser el sostén económico. El cambio de rol produciría un gran impacto psíquico en el hombre, a diferencia de lo que sucede con las mujeres, quienes pueden realizar funciones de cuidado, ya sea del hogar, del marido o de los nietos. Siguiendo esta línea de investigación, los hombres solteros o viudos poseen actitudes más positivas hacia la jubilación que los hombres casados; en la caso de la mujeres sucede lo contrario (Rodríguez Feijóo, 2007). Opinamos que esta observación será prontamente una tendencia del pasado; en la actualidad se están produciendo cambios profundos en cuestiones de género, de manera tal que tanto en el presente como en un futuro cercano el impacto psicológico ya no verá diferencias entre hombres y mujeres en función a ideas obsoletas vinculadas a la capacidad de cuidado y/o de producción y de reproducción de fuerza de trabajo.

Las mujeres encuentran mayores espacios de inclusión y se permiten a sí mismas relaciones sociales y participación en ámbitos diversos, tanto sociales como culturales, recreativos, religiosos y otros. En cambio, los hombres generan menos vínculos por fuera de lo laboral y tienden a centrar su atención en el trabajo, lo que se transforma en un problema cuando se pierde como espacio de realización.

Siguiendo a Rodríguez Feijóo (2007) las personas con estudios secundarios y/o superiores tienen un mayor porcentaje de actitudes negativas hacia la jubilación. En contraposición, se observa que las personas con un nivel ocupacional bajo que realizan trabajos de alta demanda física muestran actitudes favorables. Esto se debe al temor a la pérdida de prestigio y poder que vivencian los primeros. Aún así, son ellos quienes logran una mejor adaptación ante esta nueva situación, ya que pueden seguir desarrollando sus actividades de manera autónoma. Según Moragas (1995) es necesario resignificar la jubilación mediante un pasaje del antiguo rol sin rol a un rol con rol que asigne responsabilidades, estatus y prestigio social. Para esto es fundamental que los adultos mayores puedan reconectarse con los deseos y las actividades que no pudieron concretar durante la etapa laboral, por ejemplo mediante el estudio de un nuevo idioma o actividades artísticas.

En el escenario argentino, en el que la mayoría de los jubilados vive en condiciones de pobreza, la llegada de esta crisis vital se aleja del ideal del “merecido descanso” para asociarse a conceptos como marginación e inutilidad. A manera de ejemplo:

Más de 100 mil personas hoy están bajo la línea de pobreza por haber tenido que tramitar la Pensión Universal de Adultos Mayores (PUAM), creada por el gobierno de Cambiemos en 2016 como reemplazo del sistema de moratorias previsionales que permitía, con un criterio inclusivo, que todos los que estuvieran en edad pudieran jubilarse. La instalación de la PUAM, lanzada en el marco de la Ley de Reparación Histórica, implicó un cambio de paradigma, en el sentido de que puso a los trabajadores en edad de jubilarse en dos conjuntos que no se tocan: los que consiguieron mantenerse dentro del sistema laboral en blanco durante todos sus años productivos, que logran jubilarse en regla, y los que han tenido trabajos informales o períodos sin aportes, que sólo pueden tramitar esta pensión (Valñes, 2019).

La jubilación, que hoy se presenta como una imposición forzada para muchos, debería asimilarse como un derecho tras una vida de trabajo y aporte a la sociedad. La asistencia psicológica, los talleres focalizados y el intercambio con pares permite reducir el temor y la ansiedad de esta nueva etapa. Fundamentalmente, posibilitan un cambio de posición subjetiva necesario para construir y desempeñar nuevos roles. La jubilación no es el final. Los adultos mayores cuentan con recursos personales para mantenerse activos a pesar de los cambios físicos, cognitivos y sociales; la inteligencia no se pierde, la pérdida de memoria no es inevitable ni irreversible, y la capacidad de aprendizaje no disminuye aunque cambie la velocidad de asimilación. La realización de actividades placenteras generan consecuencias positivas en la autoestima reflejándose en un mayor bienestar psicofísico.

La vejez: del prejuicio al empoderamiento

En la antigüedad, en culturas como la china, la japonesa y la egipcia, los mayores ocupaban roles de importancia ligados a la religión, la ética, la política, la familia y la sabiduría. En Esparta, formaban parte de los estamentos institucionales integrando la Gerusía, un consejo de ancianos con funciones legislativas cuyas propuestas eran aceptadas o rechazadas por la asamblea popular. En Atenas, los nobles ancianos integraban el Consejo del Areópago, cumpliendo funciones políticas y judiciales. En la Edad Media, se produce una revalorización de la figura del anciano como patriarca, ya que la peste negra y la viruela diezmaron la población de niñas, niños y jóvenes.

Durante el siglo XV y XVI, el Renacimiento instala una valoración positiva de la belleza que no deja lugar para los ancianos. La Revolución Industrial:

supuso la búsqueda y valoración de aquellos individuos productivos, dándose por entendido que los ancianos presentaban menor capacidad de producción que los jóvenes (García Márquez, 2014 citado en INADI 2017).

Las cualidades positivas de los ancianos, como la sabiduría y la experiencia, caen en el olvido bajo una nueva lógica económica, política y social.

En la actualidad impera:

un proceso sistemático, estereotipado de discriminación contra la gente por el sólo hecho de ser vieja. Este es un problema penetrante y persistente a lo largo de la vida, que tiene sus raíces en el lenguaje, las actitudes, creencias, comportamientos, que a su vez está influenciado por la psicología, los cambios en la comunidad y en las políticas”conocido como viejismo (Orozco-Campo y López-Hernández, 2015).

Muchos de los prejuicios en torno a la vejez se adquieren durante la socialización, en el seno familiar y educativo, a una temprana edad. Cabe preguntarse qué rol ocupan los adultos mayores dentro de nuestras familias y que discursos circulan sobre sus capacidades físicas y mentales. Muchas veces se les adjudica un valor positivo para tareas de cuidado dentro del hogar pero se invalidan sus iniciativas, se critican sus pensamientos y costumbres; se enfatiza en la edad cronológica como causante de olvidos y dificultades motrices. “Los años no vienen solos” es una frase que se repite y comienza a dejar una huella profunda en el psiquismo de muchos adultos mayores que comienzan a dudar de sus capacidades.

Los prejuicios preconcebidos y culturales pueden afectar y alterar la visión del propio envejecimiento, la solución para esta problemática está en el empoderamiento de la vejez. La palabra empoderamiento proviene de empowerment, que significa autorizar, habilitar o facilitar (Orozco-Campo y López-Hernández, 2015). Implica una atribución de poder que permite una mayor autonomía, capacidad para elegir y decidir sobre todos los aspectos que afecten su vida.

El empoderamiento es un proceso que implica la revisión y problematización de ciertos códigos culturales, produciendo cambios de orden ideológico y social, posibilitando así el fortalecimiento del autoconcepto de la persona involucrada en la reconstrucción de identidades, tiene la finalidad de incrementar la autonomía y el autoconcepto, posibilitando el mayor ejercicio de los roles, derechos y deberes (Arias e Iacub, 2010: 4).

El empoderamiento de la vejez es un fenómeno actual, los adultos mayores del presente comienzan a exigir el cumplimiento efectivo de sus derechos. Interpelan a todos los sectores de la sociedad, en especial al discurso médico que en ocasiones se dirige a ellos como a niños sin entendimiento que requieren de un otro auxiliar. Tienen preguntas y exigen respuestas claras, soluciones rápidas y efectivas.

No es ingenuo pensar y proyectar una vejez activa y libre de etiquetamientos negativos. El adulto mayor del futuro estará empoderado, será dueño pleno de su cuerpo y su entendimiento. Es esperable una revalorización de la experiencia acumulada durante los años de vida, una experiencia nutrida por los cambios sociales y las experiencias personales, útil y necesaria para el desarrollo de la sociedad. Esta revalorización que se origina a un nivel individual, no tardará en llegar a niveles más amplios donde distintas empresas y organismos que hoy prescinden de los mayores por cuestiones administrativas, los convoquen y valoricen por su experiencia, no sólo en puestos Ad Honorem y bellas palabras sino con una posición debidamente rentada.

Envejecer conectados. De excluidos digitales a adultos en red

¿Es verdad que los +60 años hacen un uso limitado de las TIC? ¿El acceso a las tecnologías garantiza su verdadera apropiación? ¿Cómo se logra el uso significativo y la apropiación de tecnologías? ¿Qué sentidos otorgan los adultos mayores a las TIC? ¿Se han implementado de forma eficaz programas o políticas para garantizar la apropiación de tecnologías de los mayores? Como se ha mencionado anteriormente, con la llegada del siglo XXI los paradigmas centrados en los déficits de la población adulta comienzan a verse desplazados por los paradigmas emergentes centrados en la ciudadanía, los derechos y el empoderamiento de los mayores.

La primera pregunta hace alusión a un prejuicio extendido: que las personas mayores no utilizan TIC, o que lo hacen de manera limitada. Sin embargo, Internet se difundió en América Latina a partir del año 1995. Los que ahora tienen 60 años tenían en ese momento 36 años. Es muy probable que un alto número de estas personas se hayan habituado a utilizar cotidianamente las TIC, en la medida en que tuvieran acceso físico y cultural a ellas.

El Informe “Las TIC desde la mirada de los adultos mayores y los adolescentes”, de FASTA – Universidad de Mar del Plata (2015), revela que los adultos mayores rescatan que las TIC facilitan los vínculos sociales al permitir una comunicación fácil e inmediata sin la necesidad de la presencia física. A su vez, reconocen la posibilidad de acortar distancias y la oferta de medios gratuitos para hacerlo. Utilizan redes sociales: el 92% de los entrevistados utiliza Facebook, el 37% YouTube y en menor medida, Twitter. El 63% de los adultos mayores lo hace alguna vez a la semana o casi todos los días, en su mayoría mediante computadoras. La motivación principal para el uso de Internet es la búsqueda de información y conocimiento, en sus palabras “ver el mundo sin salir de casa”; en segundo lugar, se trata de distraerse y comunicarse con otros vía chat o correo electrónico. Si bien se le otorga un valor especial a la comunicación virtual, los adultos mayores prefieren el intercambio presencial cuando se trata de hablar de emociones y sentimientos. Según dicho informe, las TIC evitan el aislamiento en el adulto mayor. Existe una percepción de integración a través del acceso a las tecnologías “es mucho mejor que el teléfono fijo, no era fácil comunicarse y no todos lo tenían… hoy todos tienen acceso.”.

El acceso a las tecnologías ha sido el punto de partida para generar proyectos de inclusión digital, ya sea mediante la entrega gratuita o con facilidades de pago de equipamiento. Capacitar a los adultos mayores para que logren hacer un uso significativo de las tecnologías es una política secundaria, que se implementa a posteriori a través de cursos presenciales o virtuales.

La apropiación implica hacer propio, incorporar de acuerdo a las propias necesidades e intereses las tecnologías en la vida cotidiana produciendo transformaciones. Casamayou (2016) observa que este proceso se realiza de diferentes formas: cada persona traza su trayectoria de acuerdo al nivel de autonomía en el uso de la tecnología y en función del uso creativo o significativo que haga del mismo. Siguiendo esta lógica, la autora propone cuatro trayectorias:

  • Elemental: Consiste en un primer acercamiento a las tecnologías logrando un escaso desarrollo de las habilidades de uso.
  • Operante: Incluye a quienes tienen un buen manejo del equipamiento tecnológico pero no logran un uso creativo y/o significativo.
  • Proxy: Las tecnologías adquieren el valor de herramientas necesarias para la realización de proyectos propios pero deben recurrir a otras personas para concretarlos debido a las insuficientes habilidades de uso.
  • Independiente: Se caracteriza por la autonomía en el uso significativo de la tecnología posibilitando procesos creativos, productivos y con impacto social.

Si bien los jóvenes demuestran una capacidad asombrosa para el manejo de los dispositivos electrónicos desde una edad muy temprana, esta capacidad no implica necesariamente el desarrollo de una postura crítica y creativa para un uso consciente y autónomo. Los adultos mayores pueden traspasar la barrera de las dificultades de uso y lograr una verdadera apropiación de las tecnologías para lograr objetivos personales concretos. Utilizan las TIC como una herramienta eficaz para combatir las cuatro plagas de la vejez representadas por la soledad, el aburrimiento, la falta de ayuda y la reducción de las habilidades mentales responsables de afectar profundamente su salud psicofísica (Opalinski, 2001).

Barrantes y Cozzubo (2015) agrupan el conjunto de beneficios del uso de internet en seis categorías: salud, aprendizaje, niveles de actividad, entretenimiento y hobbies, bienestar personal y comunicación y actividades diarias. Si bien Internet permite el acceso a información relevante, confiable y actualizada sobre temas vinculados a la salud, la prevención y actividad física, el Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información (ONTSI) (2012) identifica la incertidumbre sobre la fiabilidad de la información, la falta de confianza y el riesgo a una mala interpretación de la misma como las principales barreras en la búsqueda de información sobre salud por parte de los mayores.

Actualmente existen aplicaciones que permiten la consulta médica online que, sin reemplazar a la consulta presencial, permiten un primer diagnóstico superficial ahorrando tiempo y costos de movilidad a los pacientes. Por otro lado, facilitan los trámites administrativos (gestión de pagos, autorizaciones médicas, pedido de turnos médicos, descarga de estudios, etc) cuando estos pueden realizarse de manera remota mediante plataformas amigables. Las historias clínicas digitales implican la incorporación de las TIC en el núcleo de la actividad médico-sanitaria; es un registro unificado y personal que permite a los profesionales el acceso a una información completa e integrada del paciente. Se le añaden tecnologías de monitoreo hogareño de los pacientes, el uso más sofisticado de datos de salud para optimizar los tratamientos médicos, y el uso de redes sociales para crear y desarrollar comunidades en línea con las que compartir intereses y combatir la soledad.

En lo que se refiere a educación y formación, las TIC posibilitan el aprendizaje a través de actividades virtuales sin restricción de edad permitiendo el desarrollo de nuevas habilidades mientras se evita el desgaste cognitivo acelerado. Existen cursos cortos, gratuitos y diseñados especialmente para los adultos mayores en base a sus intereses y necesidades.

El aprendizaje virtual presenta un reto mental que ejercita sus habilidades cognitivas, ayuda a la memoria retrasando la pérdida de la misma, disminuye los niveles de aburrimiento y los nuevos conocimientos les dan la oportunidad de aplicarlos en la vida cotidiana; lo cual hace frente a la plaga de la reducción de las habilidades mentales. Adicionalmente, aquellas personas que persiguen actividades intelectuales estarían más involucradas en la auto-dirección positiva de sus vidas, lo cual los aleja de los escenarios depresivos (Opalinski, 2001).

El uso de Internet no encuentra obstáculos en la limitación física, los adultos mayores pueden acceder desde sus hogares incrementando su nivel de actividad cotidiano. A partir de distintas investigaciones, se encontró que las personas mayores utilizan el correo electrónico y las redes sociales para mantenerse en contacto con familiares, amigos y vecinos mediante la comunicación y la observación de imágenes y conversaciones. (Bosch y Currin, 2015; González, Fanjul y Cabezuelo, 2015), Los principales impactos psicológicos del uso de las redes sociales son la mejora de la interacción social, el acceso a información significativa para los usuarios y el aumento del sentimiento de conexión con la sociedad disminuyendo el aislamiento social con el consecuente incremento del bienestar emocional (Bosch y Currin, 2015).

Programas, políticas e iniciativas para la e-inclusión de los +60

La falta de formación en el campo de las TIC es uno de los principales obstáculos para el uso y la apropiación de tecnologías por parte de los adultos mayores, muchos de los cuales experimentan sentimientos de desconfianza y ajenidad ante las tecnologías actuales. Por lo tanto, se requieren iniciativas dirigidas a los adultos mayores con metodologías adaptadas a sus necesidades, capacidades y limitaciones (Llorente, Viñaraz y Sánchez, 2015; González, Fanjul y Cabezuelo, 2015, op.cit).

La Red de Extensión de la Universidad Nacional del Este, en Paraguay, implementó en el año 2014 el curso “Adultos mayores en la red”, en el Laboratorio de Informática de la Facultad Politécnica. Consiste en clases semanales con el objetivo de contribuir a la mejora de la calidad de vida de los adultos mayores a través de la utilización de tecnologías, facilitar la comunicación y el ocio, mejor la autoestima, promover el empoderamiento, la autonomía y el desarrollo de las relaciones interpersonales ofreciéndoles la oportunidad de incorporarse y disfrutar de las ventajas del desarrollo tecnológico y digital. Este curso se enfoca en la creación de significados y en la apropiación de las tecnologías; en una primera instancia se incorporan las herramientas necesarias para su uso y luego se abre la posibilidad de darle una finalidad acorde a los intereses de cada usuario.

La Sociedad de la Información y el Conocimiento requiere también de la intervención estatal y/o privada para lograr la inclusión digital de la población. A su vez, es necesario que la industria tecnológica incluya entre sus productos y servicios una oferta adaptada a los adultos mayores. En Uruguay se implementó el “Plan Ibirapitá” con el objetivo de promover la inclusión digital de 350.000 jubilados. Este plan provee de una conexión a internet gratuita de 1 GB mensual, una tablet con un software intuitivo y amigable diseñado especialmente para los adultos mayores y un taller introductorio para su uso. Es obligatorio que el jubilado retire su tablet personalmente y se inscriba al curso. Esta iniciativa garantiza el acceso a las tecnologías para los jubilados que cumplen con los requisitos establecidos pero aún no propone prácticas que favorezcan su apropiación.

En Argentina, la empresa EXO S.A. implementó el plan “Mayores Conectados” cuyo propósito es facilitar el acceso a las tecnologías. Para acceder al equipamiento es necesario que los jubilados y pensionados cobren sus haberes a través del ANSES y soliciten un préstamo personal “Mi compu” en el Banco Nación Argentina que permite financiar la compra en 40 cuotas sin interés. El programa ofrece cursos gratuitos presenciales y en línea, pero al igual que el anterior no favorece la apropiación; por otro lado, los costos para la adquisición del equipamiento excluyen a los jubilados que perciben haberes mínimos.

También en Argentina, en el año 2007, el gobierno implementó a través de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES), una iniciativa nacional que suministró computadoras personales, software y capacitación a más de 50.000 ciudadanos de la tercera edad en Argentina. Dicho plan se denominó “PC Abuelos”. En los primeros cinco meses el programa PC Abuelos entregó más de 40.000 computadoras a ciudadanos de la tercera edad en Argentina. Además, el programa contaba con un Fondo de Responsabilidad Social, implementado a través de la Oficina de Relaciones Comunitarias de la ANSES, que equipaba a los Centros de Ciudadanos de la Tercera Edad con PC gratuitas en áreas de bajos ingresos. Una parte de las ganancias que se obtuvieron por cada PC vendida a través del programa se asignaba a un fondo con este propósito. De esta forma, los ancianos ayudaban a que otros se beneficiaran con los mismos servicios digitales en los Centros para la Tercera Edad más cercanos a su hogar. (Finquelievich y Prince, 2010).

En el año 2018, el gobierno argentino declaró que, con el fin de seguir acercando las nuevas tecnologías a los sectores de la población que más lo necesitan, se implementaría el Programa de Inclusión Digital para Adultos Mayores, desarrollado por ANSES y la Fundación Compañía Social Equidad, destinado a que los más grandes aprendan a usar Internet para informarse, comunicarse, entretenerse y realizar trámites. La ANSES dona para el reciclado su material informático a la fundación Equidad, quien a su vez desarma, limpia y repara estos equipos que se envían a las federaciones de centros de jubilados cargados con tutoriales, libros digitales y videos, donde los responsables de los centros los reciben e instalan. El Plan Nacional de Inclusión Digital elabora un curso de Alfabetización Digital de un mes de duración con contenidos especialmente dirigidos al público, incluyendo juegos, trámites previsionales y banca electrónica. Las clases se iniciaron en forma simultánea en 27 centros de jubilados del país. Son dictadas por estudiantes universitarios integrantes de la Red de Alfabetizadores Digitales del Plan Nacional.[6]

La reproducción y multiplicación de programas de este tipo abriría un panorama muy favorable para los adultos mayores. Este es un objetivo a incorporar en las políticas públicas relativas a la salud y el bienestar social, así como a las de Sociedades del Conocimiento.

¿Hacia dónde vamos…? Porque hacia allí vamos todos

Es altamente probable que la vida humana se prolongue. Con el fin de proporcionar estadísticas sólidas sobre este tema, un equipo de investigadores de la Universidad de Washington ha publicado en “The Lancet” un estudio en el que se analiza cómo cambiará la esperanza de vida de un total de 195 países, de aquí a 2040. También se estudian cuáles son los factores que intervienen en la modificación de esta cifra, tanto positiva como negativamente.

Los datos de la ONU (2017) corroboran que la distancia entre la esperanza de vida de los países más ricos y de los más pobres se estrecha. Esta homogeneización se debe a la caída dramática de la mortalidad infantil y de la mortalidad por VIH, además de mejoras en el tratamiento y prevención de enfermedades infecciosas. Aún así, la brecha no desaparecerá en 2050: la esperanza de vida al nacer actualmente es de unos 72 años, y llegará a los 77 años de media para entonces en todo el mundo. Pero si se consideran sólo los países más desarrollados, la cifra será bastante mayor, cerca de los 85 años.

Estas tendencias, unidas a la disminución global de los nacimientos, apuntan a un futuro seguro: la humanidad será cada vez más vieja. Envejecer en una sociedad donde la mayoría de la gente es joven es muy diferente de hacerlo en una sociedad en la que la mayor parte de las personas están en los grupos de mayor edad. Este cambio influye sobre cada uno de nosotros, nuestros planes para la tercera y cuarta edad, y para la vejez de nuestros familiares y amigos. El envejecimiento de la población supone un desafío tremendo para toda la sociedad. Para los gobiernos, transformará el planeamiento de los servicios públicos (incluyendo el planeamiento urbano y el transporte), así como influenciará cada departamento gubernamental. Más importante aún: requerirá una respuesta coordinada entre diversos organismos estatales, que refleje la inter-conectividad de las políticas afectadas por el envejecimiento. Los estados necesitarán generar políticas públicas adecuadas para evitar o al menos morigerar la presión sobre las nuevas generaciones, sobre todo en lo que concierne los sistemas sanitarios y sobre los programas de pensiones y de ayudas para personas dependientes.

Mientras la población envejece, también lo hace la fuerza de trabajo. La productividad y el desarrollo económico de los países estarán crecientemente vinculados a los trabajadores de más edad. Será necesario hacer posible que las personas trabajen más años, al mismo tiempo que se les proporciona los recursos financieros y mentales adecuados para vivir bien sus largas jubilaciones. Será esencial apoyar a las personas para que disfruten de vidas laborales más plenas y más prolongadas, de acuerdo a las necesidades expresadas en los diversos tipos de trabajo, quitando las barreras para aquellos que desean permanecer en sus trabajos, facilitando que aquéllos que elijan la jubilación puedan disfrutar honorablemente de ella, posibilitando que los trabajadores interactúen con las tecnologías emergentes, y ayudándolos a adaptarse a los cambios socioeconómicos y tecnológicos para influir positivamente en el bienestar de los países. La educación y la formación a lo largo de toda la vida ayudarán a los trabajadores que lo deseen a permanecer más tiempo en sus trabajos, construir resiliencia física y mental, y a vivir las jubilaciones de manera más plena y vital. La educación permanente beneficiará tanto a los individuos como a las empresas, y a la sociedad en general.

En lo que se refiere al uso de las tecnologías emergentes, la conectividad será clave para la salud y el bienestar de la población de mayor edad. Esta conectividad debería ser considerada y planificada de manera integral, incluyendo la movilidad física, el transporte, el ambiente construido, el espacio público, las viviendas, el mundo virtual, y su intersección con el mundo físico. Las tecnologías ayudarán a proporcionar soluciones para los desafíos enfrentados por los adultos mayores, y a que puedan concientizar y disfrutar de los beneficios de una vida más larga. Para ello es necesario derribar algunas barreras existentes, como la falta de habilidades sociotécnicas, costos de equipamientos y conectividad, y los propios prejuicios de los ancianos y de su entorno sobre la utilidad y la accesibilidad de las tecnologías.

La vejez abandona su vínculo con la pasividad, para ser activa y participativa en cuestiones sociales, económicas, culturales, espirituales y cívicas. El envejecimiento activo tiene como objetivo principal ampliar la esperanza de vida saludable y la calidad de vida para todas las personas a medida que envejecen, aún cuando requieren asistencia. Sustituye las planificaciones basadas en las necesidades por proyectos fundamentados en los derechos de las personas mayores a la igualdad de oportunidades y trato en todos los aspectos de la vida.

Como fenómeno nuevo, y por lo tanto poco estudiado, encontramos pocas investigaciones enfocadas en la vejez y el envejecimiento, siendo la mayoría muy recientes. Los adultos mayores rompen el silencio, ocupan lugar visibles, se empoderan para el goce y el ejercicio de todos sus derechos. Entonces, al momento de proponer políticas específicas para este grupo de personas es esencial considerar cada aspecto arribando a una visión holística sin ignorar las particularidades de cada sujeto.

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